Por un feminismo que no justifique los golpes

Aunque han pasado cinco meses del golpe patriarcal, racista, fundamentalista y clerical, en Bolivia, el debate continúa; a pesar de los muertos y las balas, hay quienes lo niegan y quienes lo aceptan como si nos hicieran un favor pero a la vez lo justifican. El racismo ha ganado a la razón o tal vez les ha comido el corazón.

Cuando la dignidad se va haciendo costumbre

El proceso de cambio en Bolivia, como las organizaciones sociales hemos llamado a las transformaciones del país en los últimos trece años, fue hecho desde las comunidades; desde los pueblos originarios y la memoria ancestral del vivir bien; desde los sectores empobrecidos e ignorados; y fue principalmente un proceso de dignidad, de mirarnos al espejo sin vergüenza de ser quienes somos, aymaras, quechuas, guaraníes, ayoreas, originarias; de no tener vergüenza de nombrarnos, de saber que nuestro único destino no es ser explotadas como sirvientas o peones en la casa del patrón. La dignidad nos ha devuelto la fuerza, la memoria. Los terratenientes, los patrones no soportan nuestra dignidad, les falta su poder si no pueden hacernos agachar la cabeza y humillarnos, les falta su dinero si ya no pueden explotarnos.

La nacionalización de los hidrocarburos, la Asamblea Constituyente, las autonomías indígena y campesina, el Estado plurinacional, la descolonización y la despatriarcalización, no como teoría, sino como acción, son parte de la dignidad y de los logros de este proceso. Cuestionamos y borramos el nacionalismo que siempre ha sostenido al fascismo y al genocidio de los pueblos en el mundo. Todo eso fue un atrevimiento, una provocación, un atentado contra la oligarquía blanca terrateniente fundamentalista y empresarial del país que gestó el golpe.

El golpe fue racista, patriarcal y escarmentador

Al día siguiente de las elecciones del 20 de octubre comenzaron las movilizaciones. Las calles de las principales ciudades fueron ocupadas por grupos paramilitares con armas de fuego, cascos, escudos, motocicletas que generaron terror. Su ataque era dirigido. Retenían a mujeres indígenas, mujeres de pollera, las golpeaban, les escupían, las orinaban, las obligaban a arrodillarse y a pedir perdón; las humillaban para escarmentarnos por habernos atrevido a soñar y hacer un país distinto. A los pocos días la policía se amotinó para actuar conjuntamente con los paramilitares.

Sobre el cuerpo de las mujeres se hizo el golpe.

El 8 de noviembre se intervinieron las radios comunitarias, se cortó la señal de la televisión nacional, destrozaron sus equipos y amenazaron a las reporteras comunitarias con violarlas. El 9, grupos cívicos quemaron casas de dirigentes sociales y autoridades del MAS y las de sus madres, secuestraron a esposas e hijas de diputados y amenazaron con violarlas si las autoridades no renunciaban: una tras otra llegaron las renuncias. El 10, la violencia estaba desatada con complicidad de un twitter de la OEA que cuestionaba el resultado de las elecciones. Evo presentó su renuncia. Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, que encabezaba el golpe, entró a la casa de gobierno con la bandera y la biblia en la mano. Se comprometió a sacar a la Pachamama y poner al país en manos de dios; quemaron la wiphala, símbolo de los pueblos originarios… sentimos una nueva colonización.

Se sumaron los militares y el 12 de noviembre su comandante posesionó a la presidenta de facto, Jeanine Áñez, brazo político de la oligarquía que financia. Áñez ordenó represión, militarización y es responsable de la masacres de Ovejuyo, Senkata y Sacaba. Los militares disparaban desde helicópteros, los policías disparaban en tierra y los paramilitares abusaban sexualmente de las mujeres en las calles y en las casas. El golpe se hizo sobre nuestros cuerpos, el golpe fue al pueblo antes que al Estado porque ahí residía el poder, porque ahí estaba la dignidad.

Un feminismo que no ve no alcanza

Como feministas comunitarias sentimos el golpe en nuestros cuerpos, pero sentimos además un golpe dentro del feminismo y desde la academia. Mientras la violencia racista era evidente, algunas feministas decían que era una campaña política como si no hubiera existido el racismo siempre, como si no tuviéramos una historia de colonización. Las voces reconocidas del feminismo como María Galindo anunciaban que en Bolivia no existía un golpe de Estado, sino desobediencia civil y borrachera de poder; se sumaron académicas de distintos territorios diciendo que Evo cayó por su propio peso; colectivos feministas negaron el golpe, lo alimentaron con su silencio o lo redujeron a una disputa entre machos, la machocracia. Para nosotras no sintieron el golpe en sus cuerpos por sus privilegios de clase, porque no iban a ser asesinados sus hermanos ni humilladas sus madres. Des-idealizamos entonces el feminismo: hay feminismos y feministas racistas y coloniales.

La comprensión falocéntrica del poder y la fijación con el Estado no ha dejado que algunas feministas y académicas vean que el proceso de cambio lo hemos hecho las organizaciones y los pueblos indígenas. Y que no pasaba solamente por el Gobierno, incapaces de mirar más allá del Evo, que no dimensionaron que el golpe no solo quería la administración del Estado, sino la de nuestros cuerpos, libertades y autonomías, ingenuas o funcionales. Creyeron que el fascismo tenía palabra y que iba parar la violencia si Evo renunciaba: no lo hizo. Que iba a ser un Gobierno transitorio y no lo es; que iba a convocar a elecciones que ya han sido suspendidas; que iba a dejar de perseguir y sigue llenando las cárceles de presas y presos políticos.

Otra vez hemos presenciado la soberbia que define al feminismo liberal individualista, aunque se autodenomine anarquista, y a la academia colonial que se sienten por encima del bien y del mal, y que desde la comodidad de sus escritorios y de sus libros puede juzgar el actuar, en este caso el morir de un pueblo, y así negar el golpe. Nuestras vidas no valen. Las vidas de los indios y las indias no cuentan en sus teóricas revoluciones. Podían opinar y especular, pero en este caso tienen una responsabilidad histórica porque su palabra desarticuló la denuncia internacional y la solidaridad feminista. Mientras, el golpe sigue ahora vestido de pandemia y nuestra resistencia también continua, vestida de memoria, sabemos que para sobrevivir al virus hay que sacar al golpe.

Feminismo Comunitario Antipatriarcal.

El virus de la corona

La Transición y el régimen del 78 se construyeron bajo la premisa del olvido intencionado de las víctimas de cuarenta años de dictadura y de la guerra civil, y del perdón de sus culpables. El golpe de Estado del 36, la guerra civil, cuarenta años de dictadura, la Transición del 78 y la posterior democracia están unidas por el mismo cordón umbilical: el franquismo y posfranquismo. El dictador sabía que Juan Carlos de Borbón cambiaría lo necesario para adaptar su monarquía a una nueva era, matizando su poder y adaptándolo para ejercer el despotismo de una corona supuestamente moderna bajo la protección de una constitución y supuestos estándares europeos.

Las élites franquistas formadas por militares, banqueros, terratenientes, magistrados, cardenales, catedráticos, medios de comunicación y empresarios comprendieron la necesidad de apoyar al rey durante la Transición. Admitieron un consenso con las clases medias, entendido como la necesidad de permitir ciertas cesiones a cambio de seguir manteniendo el poder. Nunca hubo una ruptura con el régimen autoritario anterior, siendo la corona el símbolo más claro de esta continuidad.

Nuestra monarquía —formalmente democrática, pero nacida de un régimen fascista— acabó siendo aceptada, por no decir impuesta. Un régimen distinto hubiera significado un enfrentamiento con las élites y las clases dominantes. Juan Carlos de Bordón supo avivar el miedo al conflicto. La imposición de los Pactos de la Moncloa, la ratificación de la Constitución y el apoyo de las élites a un partido de izquierdas que durante cuarenta años de dictadura había estado de vacaciones, el PSOE, acabó con cualquier tipo de alternativa democrática profunda.

Durante años nos habían dicho que el pueblo español no era monárquico, que éramos «juancarlistas». Ahora ya no sabemos lo que somos. Juan Carlos I había intentando confeccionar una imagen de rey «campechano», pero la realidad no se pudo ocultar por más tiempo. El rey estaba desnudo. Tras el accidentado viaje en plena crisis de deuda soberana a Botsuana en 2012 para matar elefantes, y con objeto de salvar a la monarquía, Juan Carlos I acabó abdicando en junio de 2014, pero manteniendo todos los títulos, asignaciones presupuestarias y honores.

Un escándalo desvelado por el rotativo suizo Tribune Genève a principios de marzo de este año ha puesto, de nuevo, en jaque a la institución: la realización de una transferencia en agosto de 2008 a una fundación controlada por Juan Carlos de Borbón, supuestamente como pago de una comisión de 100 millones de euros por su intermediación con grandes constructoras españolas del AVE a La Meca. De estos 100 millones, 65 millones fueron posteriormente transferidos a una cuenta de la amante del rey emérito, empresaria y también aristócrata, Corinna Larsen.

Es en este punto donde la historia con Corinna Larsen se vuelve truculenta, entrando en juego los servicios secretos españoles, con su director de entonces a la cabeza, Félix Sanz Roldán, un oscuro comisario, Villarejo, con sus grabaciones secretas a la empresaria alemana, publicadas en un dudoso medio de comunicación, OK Diario. A esto se sumó el allanamiento del apartamento de Corinna con regalo incluido de un libro sobre la muerte de la princesa Lady Di, a la que le siguieron veladas amenazas realizadas, supuestamente, por el CNI. Y las fiscalías anticorrupción, tanto de Suiza como de España, entrando a investigar el origen de estas transferencias millonarias.

Felipe VI, recién ascendido al trono, carente de la personalidad de su padre y sin un relato como el de la Transición y del golpe de estado del 23F, necesitaba un momento épico para legitimar su reinado. Socialmente muy alejado de su generación y de la posterior, pese a estar estas generaciones tan bien formadas como él. Una formación que no ha sido suficiente para que mucha gente haya tenido que emigrar para trabajar. Una generación que, en gran parte, comparte piso por no poder acceder a una vivienda digna. Una generación que padece la precariedad laboral y vital de dos crisis económicas. La fractura social entre parte de la ciudadanía con Felipe VI estaba servida.

Pronto, su imagen de heredero, el «mejor preparado» de la historia monárquica española, se vio ensuciada, poniéndose de manifiesto su carácter agrio, antipático y, sobre todo, soberbio. Intentó crearse su propio momento épico fundacional aprovechando la crisis territorial de Catalunya durante el otoño del 2018. Igual que su padre la noche del 23F, Felipe VI compareció ante las cámaras, pero ahora vestido de civil, dos días después del referéndum del 1 de octubre. Su aparición fue un rotundo fracaso. Aparte de romper la neutralidad política de la corona recogida en la Constitución, tomó partido por una parte olvidándose de las víctimas de las cargas policiales, con un discurso lleno de reproches al pueblo catalán y completamente falto de empatía. Se granjeó las críticas de gran parte de la izquierda y de los partidos nacionalistas. La fractura política entre la monarquía y parte de los partidos políticos se profundizaba.

Último capítulo. Pese al constante intento de la monarquía española por limpiar su imagen y de darnos lecciones de ejemplaridad y transparencia, la realidad volvió a imponerse. El diario británico The Telegraph desveló que Felipe VI estaba vinculado como beneficiario de la fundación Lucum, responsable de uno de los fondos secretos panameños que recibieron 65 millones de euros provenientes de las comisiones por la mediación de su padre en las obras del AVE a La Meca. Además, el actual monarca conocía su existencia y su propia relación con el fondo desde hacía más de un año.

Ante el último escándalo, Felipe VI ha intentado salvar lo que queda de su corona renunciado a la herencia económica, pero no política, de su padre, al que ha retirado la asignación anual de 194 232 euros de dinero público. Aunque tarde, diversos medios de comunicación se han hecho eco del escándalo. Se han impulsado varias iniciativas parlamentarias para la creación de una comisión de investigación parlamentaria, bloqueadas por el PSOE y el PP.

En plena pandemia de la covid-19, la nueva aparición del monarca en televisión, sin una sola mención al escándalo que le persigue, ha sido contestada con una considerable cacerolada desde las terrazas y balcones que duró más que su discurso paternalista, plano y cargado de estereotipos.

Sabemos que saldremos de la crisis del coronavirus luchando, de la misma manera que sabemos que, más pronto que tarde, deberemos enfrentarnos al virus de la corona que imposibilita, a estas alturas, cualquier nuevo cordón sanitario que la salve.

La Junta aprovecha la pandemia para aprobar un decreto de desregulación neoliberal

El Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprovechado el actual estado de alarma para aprobar y convalidar un decreto ley titulado «de mejora y simplificación de la regulación para el fomento de la actividad productiva de Andalucía». Un golpe que pretende desregular nuestra economía para favorecer los intereses privados en contra del control e interés público.

El Decreto Ley 2/2020 fue convalidado el 9 de marzo por la Mesa del Parlamento, al estar sus sesiones plenarias suspendidas a propuesta de Vox. Con solo 10 votos a favor (PP, Cs y Vox) y 8 votos en contra (PSOE y Adelante Andalucía), se cambian 28 importantes normas legales, algunas aprobadas por unanimidad por el propio Parlamento. Cuando la población andaluza empezaba a ser consciente de la dramática situación a la que entraba, cargada de temores e incertidumbres, 10 parlamentarios deciden, con alevosía y sin posibilidad de debate ni participación pública, cambiar 22 leyes y decretos leyes y 6 decretos.

Por el número y la importancia de las normas modificadas, lo lógico es que se hubiera tramitado un proyecto de ley y no un decreto ley. Esta estratagema legal ha permitido eludir la fase de información púbica que obliga todo decreto, y las fases de tramitación en comisiones y enmiendas en el Parlamento, que conlleva también un proceso de audiencia a las entidades ciudadanas interesadas. El voto de 10 diputadxs ha bastado para este pucherazo legislativo; han decidido por 8 414 240 habitantes de Andalucía.

Este decreto supone un total de 154 modificaciones repartidas en 22 leyes y 6 decretos aprobados entre 1991 al 2019, y que nada tiene que ver con la crisis sanitaria que estamos viviendo. Y es también una clara muestra de la salida que la derecha y la extrema derecha de nuestro país quiere darle a la situación de pandemia. Como si nada hubiera ocurrido con la crisis económica originada por la estallido de la burbuja inmobiliaria, aprovechan la pandemia para justificar cambios legislativos de profundidad bajo la óptica del neoliberalismo; cuando más necesitamos del Estado y de las políticas públicas, PP-Cs-Vox aprueban una batería de normas para desregular la economía.

El extraño decreto deconstructivo consta de 29 artículos, 1 disposición adicional, 17 disposiciones transitorias, 1 disposición derogatoria y 4 disposiciones finales. Pero lo que más llama la atención son sus 30 folios iniciales de «justificación». A esto se le dedica un gran esfuerzo, parece que les cuesta justificar lo injustificable.

En esta justificación se afirma que «las incertidumbres derivadas del brexit o de las tensiones de desaceleración económica, […] la crisis sanitaria provocada por el virus COVID-19 [sic], suponen evidentes razones que hagan prever una mayor desaceleración del crecimiento económico que alcanzará a la economía de Andalucía». Sigue insistiendo en que «el cambio de expectativas a nivel internacional y la ralentización económica, intensificada en las últimas semanas, obligan a tomar decisiones de política económica […] y la Administración autonómica ha de poner el acento en las políticas económicas de oferta […] lo que obliga a revisar aspectos tales como el exceso de regulación y sus costes para las empresas…» . En definitiva, una clara afirmación de que, aprovechando la pandemia de la covid-19, la prioridad es facilitar los negocios, introduciendo un liberalismo a ultranza.

El decreto ley modifica gran parte de la normativa autonómica en materia de urbanismo y medio ambiente, abriendo las puertas a una desregulación que, vista la reciente experiencia de la burbuja inmobiliaria, puede provocar importantes daños medioambientales, territoriales, sociales, sanitarios y de patrimonio histórico, y a fomentar, entre otras cosas, la especulación urbanística y la privatización de servicios públicos.

Analizando el articulado del decreto ley destacamos las siguientes modificaciones:

Ley 1/1994 de Ordenación del Territorio de la Comunidad Autónoma de Andalucía

Se modifica el Anexo II incluyéndose Planificaciones y Actividades de Intervención Singular de Interés autonómico. El anexo hace un listado de 18 Actividades de Planificación (de la red de carreteras, de la red ferroviaria, de los puertos, de aeropuertos, hidrológica…) y 14 Actividades de intervención singular (nuevas carreteras nuevas líneas ferroviarias, nuevos puertos, aeropuertos, embalses de más de 15 hectómetros cúbicos, transformación en regadío de zonas con superficie igual o superior a 500 hectáreas, urbanizaciones residenciales supramunicipales, grandes establecimientos comerciales, turísticos e industriales, etc.). Todo tipo de planes y de actuaciones de fuerte impacto territorial que, al declararse de «interés autonómico», se equiparan a actuaciones de utilidad pública e interés social. Es decir, se pueden hacer en cualquier tipo de suelos y con todo tipo de facilidades, obligando a su integración en los Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) de los municipios.

Ley 1/2002 de Ordenación, Fomento y Control de la Pesca Marítima, el Marisqueo y la Acuicultura Marina

Para la actividad de cultivos marinos se exige solo la autorización de la Consejería correspondiente, evitando la necesidad de informe favorable de Demarcación de Costas para la ocupación del Dominio Público Marítimo y Terrestre, hecho que puede ser contrario a lo determinado por la Ley de Costas.

Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística de Andalucía

Se modifican la LOUA para reducir el plazo del informe de la Junta de Andalucía de verificación del cumplimiento de la normativa sectorial, de tres a un mes. Si ya no se suele evaluar el informe en ese plazo de tres meses, esta reducción dificultará más su elaboración, por lo que no se garantizará el cumplimiento de la normativa sectorial en los planes urbanísticos.

También se elimina la obligación de tramitar planes especiales y proyectos de actuación para la implantación en suelo no urbanizable de infraestructuras hidráulicas y energéticas, y para canteras y minas. Estas actuaciones, cuyos planes hasta ahora estaban sometidos a un procedimiento de evaluación ambiental estratégica, solo necesitarán un informe favorable de la Junta de Andalucía.

Ley 7/2007 de Gestión Integrada de la Calidad Ambiental

Se modifica el Anexo I de la Ley para rebajar sustancialmente el estándar de evaluación de los tendidos eléctricos de más de 3000 metros, a los que se les exigía Autorización Ambiental Unificada, bastante rigurosa. Ahora, con menos de 15 000 metros solo necesitarán Calificación Ambiental, que emiten los ayuntamientos

Ley 9/2010 de Aguas de Andalucía

Se suprime el punto seis del artículo 25 que decía «Con carácter general, no se podrán incluir en los programas de actuaciones de canalización superficial o subterránea de cursos fluviales». Es decir, que ahora si se podrán canalizar los ríos.

Se va a permitir la aportación de recursos externos o no convencionales para la mejora del estado de las masas de agua y la satisfacción de las demandas. Es decir, que si un acuífero se declara contaminado, en vez de corregir las causas que lo motiva, pueden recargarlo con recursos externos, traídos de cualquier sitio —trasvases, depuradoras, desalación, etc.— con tal de satisfacer las demandas.

También se incluye una disposición adicional por la que se permite el uso del Dominio Público Hidráulico a empresas privadas cuando realicen obras o inversiones en el mismo. Mediante decreto, los cauces fluviales se podrán canalizar, soterrar, desviar, hormigonar, etc., por interés privado

Ley 1/2011 de Reordenación del Sector Público de Andalucía

La modificación habilita a enajenar todo el patrimonio público agrario de la Junta de Andalucía, en su mayoría trasferido del Estado desde el extinto IRYDA. Es una pérdida patrimonial importante, cuando algunas fincas tienen un gran valor ambiental, están en terrenos inundables, son colindantes con terrenos forestales, etc. Y potencialidades para fomentar una economía social ligada a cooperativas de trabajadores del campo.

Ley 13/2011 del Turismo de Andalucía

Se realizan 17 modificaciones. Entre ellas, se deja de considerar alPlan General del Turismo como Plan con Incidencia en la Ordenación del Territorio, eludiendo la obligación de someterlo a evaluación ambiental estratégica.Según el Gobierno andaluz, la principal industria andaluza, con fuerte implantación y consumo de suelo, territorio y paisaje, no incide en el territorio y no requiere evaluarla ambientalmente. También se elimina laEstrategia de Turismo Sostenible de Andalucía. La sola mención a la sostenibilidad no interesa a la Junta de Andalucía.

Y se elimina el principio básico de unidad de explotación de apartamentos turísticos; los establecimientos pueden constituirse en propiedad horizontal. Es una forma de convertir apartahoteles en uso residencial. Más especulación.

Ley 16/2011 de Salud Pública de Andalucía

Se elimina la obligación de someter a evaluación del impacto en la salud a las actividades y proyectos que se localicen a una distancia superior a 1000 metros de una zona residencial. O sea, que algo que está a un kilómetro de distancia ya no afecta a la salud; lo que, en tiempos de coronavirus y de emergencia climática, resulta patético y ridículo.

Decreto 18/2015 que regula el régimen aplicable a los suelos contaminados

Se elimina la prohibición de que en los proyectos de recuperación voluntarias de suelos contaminados se contemplen como alternativa la técnica de confinamiento in situ del suelo tratado. Esto supone que tanto los suelos de Palomares, en Almería, como los de fosfoyesos en Huelva, con contaminación radioactiva, pueden quedarse en el sitio.

Decreto 109/2015 que aprueba el Reglamento de Vertidos al Dominio Público Hidráulico y al Dominio Público Marítimo-Terrestre de Andalucía

Se elimina la obligación de soluciones conjuntas para acceder a los servicios básicos de las urbanizaciones ilegales, con el aplastante argumento de que «es difícil alcanzar un acuerdo entre los propietarios vecinos». Más facilidades para las viviendas ilegales. A los cientos de urbanizaciones ilegales existentes en Andalucía, con más de 3 00 000 viviendas, no se les exigirá para su regularización ni red de alcantarillado ni depuradora. Esto se califica de «mejora», según el decreto 2/2020.

Tras tres amnistías para las viviendas ilegales aprobadas por el anterior Gobierno de la Junta (PSOE) y por el actual (PP-Cs con apoyo de Vox), ahora se modifica de nuevo la normativa para favorecer al urbanismo ilegal, con el agravante de que se pretende permitir vertidos de aguas sin depuración al dominio público con parámetros de contaminación más altos que los exigidos a las estaciones depuradoras de aguas residuales de poblaciones y de urbanizaciones legales.

Ley 8/2018, de 8 de octubre, de medidas frente al cambio climático y para la transición hacia un nuevo modelo energético en Andalucía.

Se suprime el apartado ocho que decía: «La Consejería competente en materia de cambio climático deberá elaborar, con una periodicidad no superior a dos años, la huella de carbono de Andalucía, basada en el inventario de emisiones gases de efecto invernadero». Ya esto no será necesario, Andalucía no se molestará en conocer su huella ecológica.

La Junta de Andalucía no solo se ha comportado así con el Decreto 2/2020; también, en plena alarma sanitaria, ha sometido a consulta pública la prolongación temporal y ampliación de la actividad de los vertederos de residuos tóxicos y peligrosos de Nerva (Huelva) y Bolaños (Jerez). Son auténticas bombas de relojería con millones de toneladas de residuos tóxicos enterrados. La Junta de Andalucía, en vez de clausurar esos vertederos y fomentar un genuino programa de Economía Circular y de Producción Limpia en Andalucía, pretende prolongar su funcionamiento.

Es lamentable la forma de legislar que representa este decreto ley, su pretendida justificación y la forma y momento de validación; esperamos que este modelo fraudulento no se extienda al resto del Estado.

Por lo pronto, 80 colectivos sociales ya hemos solicitado al Defensor del Pueblo Español que presente un recurso de inconstitucionalidad contra este decreto ley de la Junta de Andalucía. Los argumentos jurídicos son sólidos. Un decreto ley debe justificarse por «un caso de extraordinaria y urgente necesidad». Visto el contenido de las modificaciones legislativas no parece que impida una tramitación normalizada mediante un proyecto de ley, con su preceptivo periodo de enmiendas, debate en comisión, audiencia a entidades interesadas, publicidad y, también, la posibilidad de que la ciudadanía se movilice, lo que ahora ha sido imposible debido a las limitaciones que impone el estado de alarma. Además, estas modificaciones legales vulneran el derecho constitucional de todos los españoles a disfrutar de un medio ambiente adecuado y quebranta la distribución de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas, vulnerando normativa básica estatal.

El Gobierno central ha acordado ya recurrirlo al Tribunal Constitucional, pero parece dispuesto a llegar a un acuerdo con la Junta para retirar el recurso si modifica los artículos que pueden invadir competencias estatales relativas a la protección del patrimonio cultural contra los expolios y a la comunicación audiovisual. Lo demás le da igual.

Ante el escándalo suscitado, la Junta parece también dispuesta a tramitar el decretazo como ley en el parlamento, eso sí, manteniendo su vigencia hasta tanto. Con Vox tienen la mayoría asegurada.

La memoria invertebrada. Hacia la reinterpretación conjunta de la huella memorialista en Sevilla

La activación de la memoria histórica de una ciudad pasa por tener un conocimiento interrelacionado de los lugares en los que ocurrieron hechos del pasado que no conviene olvidar. Sevilla ha avanzado poco a poco respecto a la recuperación de su memoria histórica, especialmente en los últimos diez años, pero adolece aún de una interpretación adecuada de lo que significa esa memoria en su escenario urbano.

Durante decenios, la principal acción llevada a cabo por el Ayuntamiento de Sevilla en relación con la memoria histórica fue la sustitución de nombres franquistas en calles y plazas, pero esta eliminación fue lenta y asistemática. Sin embargo, y sobre todo en el último lustro, la corporación ha diversificado sus acciones: creó la Oficina de la Memoria Histórica; ofrece subvenciones para la investigación y difusión de estudios memorialistas; facilita trabajos de exhumación, conservación y tutela de restos; convoca homenajes a las víctimas y coordina una mesa de participación de la que forman parte asociaciones, sindicatos y grupos municipales. Sin embargo, el mapa de la memoria histórica de Sevilla está por hacer.

La recuperación y vertebración de esta memoria va más allá de un callejero renovado y de acciones que, aunque necesarias, carecen de un plan global que permita la interpretación conjunta, profunda y veraz sobre el período que medió entre el 14 de abril de 1931, advenimiento de la Segunda República, y el 11 de enero de 1982, entrada en vigor del primer estatuto de autonomía de Andalucía (fechas en las que se enmarca el lapso objeto de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía de 2017). Para implementar medidas que establezcan una lectura justa, actualizada y divulgativa de esta memoria, se propone realizar un mapa de la memoria histórica de Sevilla basado en tres pilares.

a) Ad memoriam. Cómo y quién mantienen la memoria

El adjetivo histórico/a está maldito, fundamentalmente porque el pasado es un lugar que, desaparecidos sus protagonistas, solo se conoce a través de las miradas de otros. Al pasado real no se regresa nunca. La historia no deja de ser una apropiación presente de un pasado del que, además, se criba aquello que no encaja con nuestros intereses y creencias. A este respecto, la memoria histórica, y en España más, es un campo sin vallar. Un enfrentamiento civil cruel; una larga postguerra llena de necesidades físicas y espirituales; un desarrollismo autista y, finalmente, una transición que precisó (¿precisó?) hacer oídos sordos para volver a un contexto democrático normalizado como el de los países vecinos cerraron en falso deudas sociales que, como costuras que revientan, han dado la cara a finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

La emergencia de la memoria histórica en España ha sido asimétrica dadas las diferencias entre los territorios, grupos sociales y partidos políticos. Los agentes memorialistas (sobre todo asociaciones, sindicatos, partidos políticos, municipios y particulares) se han organizado, empoderado y han creado plataformas dinámicas para la consecución de sus objetivos. El resultado ha sido una demanda vibrante y sonora, pero no siempre sistemática con la memoria de todos los territorios. Sevilla es un buen ejemplo.

b) Ad locum. La necesidad de aferrarse a los lugares

Todas las memorias se anclan a sitios, pero la memoria histórica más aún. Si del tiempo es algo de lo que no podemos fiarnos por los motivos antes aludidos, ¿podemos hacerlo de los espacios? ¿Son tan veleidosos y sometidos a la manipulación como la historia? Sin duda, pueden serlo, pero hay una objetividad que marca la diferencia respecto al tiempo: al espacio siempre se puede volver físicamente. El espacio, aun en sus inseguridades y cambios, también proporciona certezas. En el lugar entendemos mejor lo que se nos explica, lo que queremos recordar y lo que somos. No es de extrañar, pues, que los lugares de la memoria sean un aspecto recurrente en los textos legales que pretenden recuperar y dignificar el pasado oscuro de la historia, también por supuesto de la sevillana. Desde este punto de vista del reconocimiento legal, existen siete lugares memorialistas en Sevilla: cuatro de ellos declarados Lugares de Memoria Histórica por el Decreto 264/2011 (Cárcel de Ranilla, Canal de los Presos, la antigua Comisaría de Investigación y Vigilancia —residencia de padres jesuitas en calle Jesús del Gran Poder— y el lugar de fusilamiento de Blas Infante —en la intersección de la SE-30 con el final de Kansas City—) y tres incoados como Lugares de Memoria Democrática (Jefatura Superior de Policía de la Gavidia, antigua Capitanía General —hoy Consejería de Cultura— y lugar del asesinato de Francisco Rodríguez Ledesma —en el Cerro del Águila—), pero la interpretación conjunta de estos lugares con los espacios que ocupan y entre sí es, o es muy deficiente, o no existe.

c) Ad agendum. Gestionar la memoria histórica

Parece que hablar de la gestión de la memoria la hace más frágil frente a la manipulación, pero precisamente para evitarlo deben prevalecer planteamientos razonados que permitan, desde el consenso, establecer protocolos de ineludible omisión. Una de las primeras herramientas con las que se debe contar es un mapa de la memoria local que interprete la historia de forma dinámica, que relacione los espacios y sitios que fueron escenario de hechos significativos y que sirva de referente a las actividades memorialistas (planes, programas, acciones específicas). Especial importancia tendrá como instrumento de difusión (señalética, carteles, placas, etc.) para informar desde los espacios públicos sobre su significado en la historia. Por eso, disponer del mapa memorialista de Sevilla es una tarea urgente que, uniendo conocimiento histórico y reivindicaciones de las asociaciones concernidas, ofrecerá una visión poliédrica y compleja de lo que significó el período que media entre la Segunda República y la transición democrática y que, al ser más el todo que la suma de las partes, aportará un instrumento de conocimiento y difusión que merece la aún no del todo conocida, ni mucho menos reconocida, historia de los peores decenios del siglo XX en la ciudad.

Barrio En Pie… ¡y caminando!

Paro, precariedad laboral, desahucios, cortes de suministro de luz, altos índices de fracaso escolar e incluso dificultades para comer dignamente son algunas de las carencias que vivimos día a día y a las que, lamentablemente, las instituciones no responden. El colectivo vecinal Barrio En Pie, creado en el 2014 en el barrio de la Macarena, trata de abordarlas desde la autoorganización vecinal.

La historia nos ha enseñado que todos los grandes cambios políticos y las mejoras en nuestras condiciones de vida han sido fruto de la organización y la lucha popular, necesarias para dar respuesta a las adversidades a las que nos enfrentamos socialmente. Solo desde esa autoorganización es posible sembrar la semilla que germine en la toma de un poder que está en manos de los sectores más ricos e influyentes, cuyos enormes beneficios son el resultado de la explotación de los más débiles.

Contexto

En el 2014, año de numerosos recortes sociales, aumentan las necesidades que ya existían tras el estallido de la crisis económica del 2008. Necesidades que, previsiblemente, se incrementarán dramáticamente en este rebrote de crisis que vivimos en 2020. En aquel contexto, la represión laboral era cada vez mayor y exigir derechos laborales podía llevar al despido. Ante estas condiciones, el barrio resurge como una especie de zona liberada de esa dictadura laboral para los/as vecinos/as, donde pueden expresar sus reivindicaciones sin represalias. 2014 fue también un año de numerosas y legítimas ilusiones electorales, donde mucha gente esperaba mejorar su situación a través de las urnas. Así, aunque la autoorganización popular se hacía muy necesaria, gran parte del activismo existente aparcó esta idea prefiriendo jugárselo todo a la carta electoral.

Estar en el barrio

Bajo esta premisa nace Barrio En Pie, con la intención de canalizar la organización vecinal de la barriada de El Rocío (aunque la zona ha ido variando con el tiempo y actualmente estamos en la barriada de Los Príncipes). A los primeros encuentros acudieron personas de diversos colectivos y con diferentes sensibilidades políticas, pero con la idea compartida de la necesidad del poder popular y del papel del barrio en la creación de este. No fue fácil superar las legítimas reivindicaciones políticas que cada uno traía de su casa. Hubieron largos debates sobre qué programa llevar al barrio, qué reivindicaciones había que acercar a los/as vecinos/as… La experiencia nos confirma que el error estaba en la raíz de la cuestión: no se trataba de discutir qué llevar al barrio, sino de estar en el barrio. Y es que, cuando la premisa es la autoorganización, la tendencia general activista es olvidarse de la primera parte de esa palabra, auto; porque se trata de ayudar a que los vecinos/as se organicen ellos mismos. Estar en el barrio es preguntar a sus habitantes qué dificultades tienen, colaborar con ellos e implicarlos en esa misma ayuda. Y eso fue lo que hicimos.

Contactando con colectivos y asociaciones del barrio, decidimos que era necesario hacer un reparto de comida a quienes lo requiriesen. En las puertas de los supermercados del barrio, nos presentamos a los/as vecinos/as que iban entrando, invitándoles a una próxima asamblea vecinal y a colaborar si podían. Su respuesta y sus palabras de apoyo fueron muy positivas. Así, entendimos que uno de los aspectos más importantes de formar parte de un colectivo barrial es el factor emocional. Afrontar colectivamente los problemas aleja la sensación de indefensión y aislamiento; la red de apoyo y las relaciones de amistad que poco a poco se construyen son sin duda el mejor antídoto ante ellos.

La primera asamblea vecinal, donde los/as vecinos/as hicieron suya la iniciativa, fue el verdadero origen de Barrio En Pie. Allí empezaron a compartir experiencias y se establecieron las primeras relaciones. Así surgieron, a requerimiento del propio barrio, otras iniciativas como las clases de apoyo escolar gratuito, más recogidas de alimento, la búsqueda de un techo digno para los/as desahuciados/as, las galas…En los últimos meses, nuestra actividad más regular ha sido el apoyo escolar gratuito a estudiantes de todos los niveles (todos los lunes de 18 a 20h en la Parcela 7 de la barriada de Los Príncipes), así como la realización de asambleas vecinales y diversas actividades culturales: talleres de fotografía, manualidades y grafiti, en los que decoramos la fachada de una tienda de alimentación de la zona con la ayuda de un experimentado grafitero. Además, desde Barrio En Pie colaboramos en las actividades culturales organizadas por Tu barrio en positivo, una asociación de vecinos/as y comercios éticos de la zona.

Presente

Ahora, con el brutal rebrote de crisis económica desencadenado por la pandemia, es indispensable establecer redes de solidaridad popular que, en lo posible, alivien las dramáticas situaciones que se están viviendo. Para ello, desde el comienzo del estado de alarma hubo vecinas que se pusieron a disposición de los/as más vulnerables para las nuevas necesidades que ha traído el confinamiento: cuidar de los/as niños/as, hacer la compra, ir a la farmacia… Actualmente, ya que las clases de apoyo son inviables, algunos integrantes de Barrio En Pie están colaborando con la red de apoyo mutuo RAMUCA impartiendo clases telemáticas a los niños con esta necesidad.

Sabemos que nuestro humilde colectivo no va a poder subsanar por completo todas estas situaciones. No queremos competir en caridad con otros organismos que tienen grandes empresas (y mucha mercadotecnia detrás). Nuestro trabajo se centra en dar poder a los/as vecinos/as desde la organización y la solidaridad,con elque aprendamos a no esperar que nos salven quienes se preocupan más por rescatar una banca, que luego nos echa de nuestras casas o nos niega los créditos para sacar adelante nuestras familias. Tenemos la oportunidad y la necesidad inmediata de organizarnos, de poner la primera piedra que construya el camino para desbancarlos.Creemos que Barrio En Pie no es aún el poder popular, pero es la demostración de que es posible. Creemos entonces uno, dos, mil Barrios En Pie en cada barrio poniendo en valor lo mejor de los mismos, potenciando la cultura y la formación, reforzando a los pequeños comercios que existen en ellos, participando en propuestas de otros grupos que ya estén funcionando. Escuchemos y tomémosle el pulso a nuestro barrio siendo parte activa de él.

Puedes contactar con nosotros/as a través de nuestras redes sociales. ¡Ponte en pie y anímate a participar! Trabajemos para tejer redes de colaboración y apoyo mutuo ya que, como estamos volviendo a comprobar, ¡solo el pueblo salva al pueblo!

Soberanía alimentaria

Tejiendo red desde la agricultura familiar

¿Sostenibili…qué? Eso mismo nos preguntamos. ¿De qué hablamos, qué queremos sostener? Muchas estamos un poco hartas de conceptos económicos y discursos vacíos. Y si algo está quedando claro en esta crisis, en su inicio sanitaria y ahora sistémica, es que no es ni en los ricos ni en la economía financiera, con todo su poder y sus privilegios, en quienes podemos confiar para seguir adelante. Sí, en cambio, en lxs que nos cuidan y curan, entre quienes se encuentran los productorxs de alimentos. Así que, continuando con las preguntas, ¿sabemos quién y cómo nos alimentan?

Parece que esta situación, originada por la covid-19 y amplificada por el capitalismo neoliberal y patriarcal, ha dejado claro de qué trata el sostén de la vida. Ha quedado, pues, patente que aquellas tareas más invisibilizadas y denostadas (como los cuidados, la limpieza o el trabajo en el campo) han resultado ser las más esenciales.

De todo el engranaje económico, financiero, industrial y político construido para mantener un ritmo de crecimiento y expansión feroz; queremos centrarnos en este artículo el sistema agroalimentario. Y de todos aquellos elementos que consideramos imprescindibles para sostener una vida digna de ser vivida por y para todas, queremos visibilizar la soberanía alimentaria como una realidad, una práctica posible de acción y resistencia.

Desde una mirada interna (con esto nos referimos a tener el privilegio de haber nacido en el medio rural, a haber vivido en una familia de origen campesino) se percibe como el sector primario ya no sustenta el tejido social y local, como sí lo hacía en épocas pasadas. Ahora, en cambio, sobrevive a expensas del mercado y no de las necesidades de las regiones donde se produce. Producimos para exportar, importamos para comer o engordar nuestro ganado, o incluso para cubrir nuestras modas alimenticias a través de, por ejemplo, proteína vegetal deforestadora, como la soja o la palma.

Pero, afortunadamente, también experimentamos cómo se abren paso nuevas generaciones para revitalizar el medio rural y la agricultura de una manera más digna, socioeconómicamente hablando, y más sostenible, ambientalmente hablando.

Y, para la supervivencia de estos proyectos, con suerte algunos aún estamos a tiempo de recuperar la memoria biocultural de nuestras regiones, custodiada por nuestrxs abuelxs. En sus memorias, que se van apagando poco a poco, se conserva la sabiduría, transmitida de generación en generación, que nos permite leer la naturaleza y garantizar la manutención alimentaria a sus gentes y pueblos. Aunque aquí nos encontramos con otro obstáculo: parte de ese conocimiento, el referido al clima, ya no es válido. Ahora es difícil que sean la luna y los proverbios quienes nos guíen en las labores culturales de la agricultura o ganadería debido a cómo hemos acelerado el cambio global (cambio climático, acidificación de los océanos, etc.).

En mi caso (en el de una de las dos patas de este artículo), cierto es que he bebido de diferentes visiones o paradigmas (permacultura, agricultura regenerativa, agroecología, etc.); pero mi principal mentor a la hora de la praxis es mi abuelo de 88 años, que nació de familia campesina, y que ha vivido toda la vida de la huerta y los animales. Sus conocimientos sobre la naturaleza y el cultivo de la tierra y sus ciclos han resultado insustituibles por cualquier teoría cuando se trata de echar mano a la azada.

Los proyectos locales de agroecología tienen además la virtud de poder generar una red, un espacio habitado y vivo con mayor capacidad de crear las condiciones para el encuentro, el apoyo mutuo y, en definitiva, la comunidad que tanto nos falta en esta sociedad atomizada. Y curiosamente es ahora, cuando falta harina y levadura en las estanterías de los súper, cuando nos damos cuenta de todo lo que perdimos; de la enorme erosión en nuestros ritmos y costumbres; de pueblos donde no faltaban molinos ni molinerxs, donde había hornos y masa madre, que además de nutrirnos nos cuidaban. Es ahora, que nos hemos visto abocados a la soledad y al aislamiento, cuando recordamos que solxs no podemos y nos cercioramos de lo importante que es la comunidad, la red que soporta la vida, aquella que nos cuida y cuidamos, la que nos hace ser animales sociales y dependientes tanto de los afectos como de la naturaleza.

Es cierto que para poder generar transformaciones capaces de permanecer en el tiempo con solidez y trascender más allá del entorno más inmediato, hacen falta sinergias entre proyectos locales, de defensa de la tierra y el territorio, de agroecología, etc. Y, al mismo tiempo, que dichos proyectos puedan soportarse por sí mismos sin tanta dependencia de las ciudades. Para crear esa comunidad mencionada más arriba, podemos comenzar por apostar por la soberanía alimentaria, la autogestión y el apoyo mutuo entre habitantes del mundo rural, revitalizando el medio y ofreciendo/nos servicios o productos, ocio y cultura, bienestar y cuidados.

Aunque ya hace décadas que desde diferentes colectivos ecologistas, movimientos sociales y demás agentes de cambio se viene trabajado para visibilizar la importancia de la agroecología y la autogestión alimentaria, ha sido esta situación, la de la crisis por el coronavirus, la que ha dejado entrever para muchas personas la importancia de la producción de alimentos. Ahora son diversas las iniciativas que han surgido en defensa de la agricultura familiar y el campesinado, apoyo que desde aquí abrazamos y agradecemos como agua de mayo.

Regresando a la pregunta de quién y cómo nos alimentan, apostemos por unas prácticas de consumo a través de las cuales podamos responder a esas preguntas con una postura activa, responsable, solidaria y lo más autogestionadora posible. Unas prácticas que nos ayuden a ponerle cara a ese quién y conocimiento a ese cómo, confiando en que se trata de productos que cuiden la tierra y sus habitantes. Apostemos por diferentes formas de hacer, que construyan una sociedad más justa y respetuosa donde cuidemos cada uno de los nexos de la única red que nos puede sostener: aquella que creamos entre todas; sobre la que tenemos capacidad de acción y decisión; que nos nutre y nos proporciona mucho del conocimiento que necesitamos para vivir de otra forma. Tal vez esto sea algo de lo más valioso que hemos ganado viviendo en el pueblo y trabajando la tierra: amigos viejitos que nos transmiten no solo saberes imprescindibles, sino también unos vínculos comunitarios férreos, una curiosidad y unas ganas de aprender infinitas, y una manera de vivir más y mejor con menos.

Ecología de los Cuerpos

Sí, definitivamente me atrevo, en mi primera línea, a afirmar que el automaltrato está de moda. ¡Ea! Después de darle vueltas y más vueltas a cómo enfocar la idea, desde dónde, de dónde viene y cómo se sostiene, mejor lo suelto ya, me quedo tranquila y así brotan ideas, acuerdos y desacuerdos en vuestras cabezas. Sí, sí, eso he dicho: tratarse mal a una misma. Autoexplotarse, autoagredirse, traspasar los límites físicos, emocionales y mentales. Todo esto es socialmente guay.

Pero ¿cómo puede ser? No, no, me debo estar equivocando. Los libros de autoayuda no paran de venderse, ¡si a Coelho le va muy bien! Las redes sociales están llenas de frases bonitas con fondos maravillosos, mensajes de apoyo, videos inspiradores, influencers, youtubers. ¡Si hay de todo para el autocuidado! Comida sana, movimiento sano, salud espiritual, meditación… Y, además, ¡tienen miles de seguidores! Debo estar equivocada.

Contextualizo un poco de dónde vengo y a dónde voy. Estudié medicina, me interesaba mucho la salud, pensé que era la elección correcta. Ciencias de la Salud. Estudiamos anatomía, fisiología, un poco de física, biología, bioquímica. Y de ahí nos metimos de lleno en patologías: enfermedades, diagnósticos y tratamientos. Guantes, batas, mascarillas, agujas, fármacos, bisturíes, gasas, pacientes. Mucho tiempo sentada, estudiando. Seis años. Juramos a Hipócrates y por fin terminamos. ¿Y la salud?

Como no me di por satisfecha empecé a investigar. Qué es, qué significa y si podemos hacer algo para preservar la salud: ¿es solo física?, ¿mental?, ¿emocional?, ¿es individual o colectiva?, ¿es igual para todas según país, genero, clase social?, ¿es un valor en nuestra vida?, ¿es un valor social?

Casi todos mis pasos, además de a las definiciones y largas teorías de determinantes de salud de la OMS, me llevaron a las medicinas tradicionales. Hipócrates, Galeno, los denominados padres de nuestra medicina en occidente. La ayurveda y la medicina tradicional china, las importantes y antiguas medicinas de oriente. Las mal arrojadas al gran saco de las medicinas alternativas, colocando muchos años de observación, estudio y práctica, a la altura de la brujería.

Para mi sorpresa, y teniendo en cuenta las particularidades de cada una, todas coinciden en la base: alimentación, actividad física, fitoterapia, higiene e incluso emociones saludables. Equilibrio natural. «Que el alimento sea tu medicina», nos resume Hipócrates, no hay que ser muy lumbreras para saber por dónde iban los tiros. Recomendación impresa a modo de homenaje en infinidad de textos médicos. Impresa una y otra vez, hasta el aburrimiento, hasta el olvido. Y tuvieron que venir los de los yogures a recordarnos aquello de «mens sana in corpore sano», expresión satírica que usaban los romanos para reírse de los griegos. Pues yo no le veo la gracia, ¿de que se ríen?, ¿qué tiene que ver eso conmigo o con mi cuerpo?

Llegamos a casa después de un día difícil, necesitamos despresurizar, rebajar el estrés. Decidimos mimarnos un poco, relajarnos del mundo. Dejamos la sesión de deporte para otro momento, abrimos la nevera y nos regalamos todos los caprichos y guarradas que encontramos, nos servimos un vino, nos sentamos en el sofá y engullimos cualquier serie que nos ayude a evadirnos. Suspiro. Esto es vida. Cuánto esfuerzo invertido en la infancia para hacer entender lo bueno de los límites, enseñar los cuidados y, justo después, la recompensa en forma de huevo de chocolate, chucherías, kilos de azúcar. ¿No es contradictorio? No relacionamos los cumpleaños, ni las celebraciones con ningún tipo con comida sana, con espacios de cuidados, más bien con bacanales de excesos y de lo prohibido. Esta idea me persigue.

No pretendo, ni por asomo, hacer de esta reflexión un castigo hacia los descuidos puntuales, hacia los placeres de la vida o hacia las pequeñas transgresiones, tan necesarias en algunos momentos. Ser rígidas, pretender ser perfectas y vivir para cumplir expectativas no son para nada los objetivos de lo que intento expresar. Sí resaltar lo llamativo de que nuestras listas de autoregalos no estén a rebosar de autocuidados. Esos cuidados de los que tanto hablamos y revindicamos, los que están minusvalorados socialmente, ocultos y no remunerados. Los que sostienen la vida y, en lo que aquí me atañe, la salud.

Reímos los atracones, las borracheras, las resacas en las que el cuerpo grita los excesos. Protector de estómago, ibuprofeno. Las jornadas extenuantes nos alimentan el ego, café. Estar siempre disponibles socialmente, vitaminas/zumo verde, más café. No es por ser una radical defensora del autocuidado y sí, claro, «de algo hay que morir». «No te fíes de la gente que no bebe», «¡cómete un puchero!», «eso es lo que se ha hecho toda la vida». Pero ¿en algún momento vamos a dejar de idealizar el maltrato? Comida sana: aburrida; acostarse pronto: aburrido; cuidar el espacio y el descanso: muermo total. Creo que empiezo a entender de qué se reían los romanos. De los cuidados.

Y es que la medicina científica brilla. Avances astronómicos como los antibióticos, la analgesia, las cirugías o las vacunas, nos deslumbran, nos solucionan fácilmente lo complejo de nuestros cuerpos. Soluciones rápidas a lo que cultivamos lentamente. La punta del iceberg, en términos feministas. Cualquier cosa con tal de seguir consumiendo actividades, relaciones, de seguir los ritmos frenéticos incompatibles con la vida. Lo que sea con tal de no parar, descansar de verdad y dedicarnos cuidados. ¿Para qué parar si puedo poner un parche y seguir adelante? ¿Preferimos morir de hedonismo o simplemente nos sentimos inmortales y protegidos por el dispensario de la farmacia?

Colocar al médico más influyente de nuestra historia dentro del saco de las alternativas, ponerlo a la altura de Rappel (sin ánimo de ofender a sus seguidores) puede haber tenido sus consecuencias. Nos convencimos de que, hagamos lo que hagamos con nuestro cuerpo, con nuestro mundo, nada importa. Estamos seguras de poder encontrar una cura rápida, otro parche para seguir adelante. Nos sentimos todopoderosas. Y mira que estoy evitando hablar de la pandemia, pero todos los caminos llegan justo a Roma, donde ya reíamos los cuidados. O quizás siempre fue así y aprendimos a convivir con una mal tratadora interna con la que nos peleamos, nos reconciliamos y, a veces, la ponemos de moda y nos emborrachamos con ella.

Ansío aquelarres de buentrato. Propongo al autocuidado como arma de reivindicación masiva.

La máscara que no ves

«Mamá, ¡llévame contigo!». Temo ese momento en el que ya no puedo seguir sin derrumbarme. «No puede ser, cariño. Te prometo que cuando esto pase te voy a gastar a besos». Empiezo a sentir el nudo previo al quiebre de la voz, así que carraspeo, sonrío muchísimo y me despido con un beso enorme y la promesa de otra charla mañana. Cuelgo y dejo que las lágrimas salgan, sin prisas; a solas, me permito ser frágil y sentir miedo.

Sé que es lo correcto, que somos unas privilegiadas las que cada día salimos a luchar contra este maldito virus sin el temor de traérnoslo a casa, con nuestros seres queridos.

Me resulta difícil explicar por qué el temor al contagio, siendo enfermera, es el menor de mis temores; me da más miedo pensar qué mundo quedará tras este paréntesis de tactos y abrazos; que nos haga más individualistas, que no haya sido más que un paso más para encumbrar a esta policía del pensamiento que llevamos dentro a cotas de más y más poder; que se convierta en hábito este sinsentido, este pedir permiso para vivir, esta especie de experimento social tan bien organizado. Hay momentos del día que necesito vomitar mis temores, gritarlos, para que vuelen lejos.

Cada una elige su estrategia de supervivencia, la nuestra fue que A se fuese lejos de mí, al campo: saber que ella es feliz allí aprendiendo a sembrar, viendo la vida abrirse paso en esta primavera que está siendo más extraña que nunca desde que el miedo nos encerró en nuestras colmenas de cemento, y ella explota salvaje sin nadie que la observe.

Y en casa se hace el silencio, al que engaño con música o hablando sola; es escurridizo y se te cuela entre los pelos cuando menos lo esperas.

Este tiempo va de echar de menos: con A echo de menos su risa incontrolable, las cosquillas, el olor de su pelo, ver su cama deshecha, cocinar juntas… esas rutinas que por arte de confinamiento ahora son deseos que te aprietan el pecho.

Y echo de menos otros muchos momentos: una conversación mientras nos cogemos las manos, aquel viaje a la playa cantando, compartir un plato de aceitunas, confundir nuestras cervezas, un mate, pasear una mañana de mercadillo, las risas de les niñes en la plazuela.

También se echan de más las ausencias, el silencio, la soledad y el tiempo perdido sin besos.

Hoy voy a trabajar y voy contenta: es el momento de cruzar miradas con otre igual sin una pantalla delante, y aunque las mascarillas y los guantes no nos dejen olvidar esta pesadilla, procuro poner todo mi cariño en mis ojos y mi voz para compartirlos.

Le faltan abrazos a esta primavera, pienso recuperarlos en verano… y la sonrisa aparece ahí, bajo la mascarilla

Desde el tajo ante la pandemia

La gestión de la pandemia de la covid-19 bajo las reglas capitalistas está generando una crisis socioeconómica profunda que se suma a la crisis estructural preexistente. En este contexto de crisis sistémica, entrevistamos a dos trabajadoras del sector de la hostelería afectados por ERTEs, Inma y Riccardo, que nos cuentan cómo la están viviendo.

Inma trabaja en un hotel llevando la administración y la recepción. «Sirvo, pa un roto y pa un descosío». Riccardo curra de camarero en un restaurante del centro histórico.

Cuando les preguntamos si alguna vez pensaron que algo como esto podía pasar, Inma contesta que «jamás. Esto era de película. La realidad supera la ficción. Pasé la anterior crisis con muchas dificultades, teniendo hijos que dependen de mí. Después de mucho tiempo encontré la estabilidad. Siempre temí volver a una situación económica como la que sufrí, pero nunca imaginé que iba a ser por esto». Riccardo nos comenta que «siempre he creído que hay que aprovechar los momentos porque, de repente, las cosas pueden cambiar; pero nunca llegué a imaginar esto. Estaba convencido que la hostelería no iba a verse afectada en Sevilla donde el turismo ha crecido exponencialmente. Lo que antes de la covid era nuestra mayor fuerza, ahora es nuestra mayor debilidad».

Respecto a cómo ha respondido su empresario ante esta situación, Riccardo comenta que «no me siento en condición de poder juzgarlo en la extraordinaria crisis sanitaria […] Qué hubiera pasado si el Gobierno no hubiera decretado el cierre de los negocios…». Inma opina que «en la empresa han hecho un ERTE necesario porque el hotel está cerrado. Lo que no sé, es si será posible el compromiso de seis meses de contrato mínimo después del ERTE».

En relación a cómo están respondiendo los gobiernos central y autonómico, Inma cree que «no es momento de echar culpas. En este momento hay que actuar a favor de obra. Cuando todo esto pase ya tendremos tiempo de hablar». Pero de los anuncios gubernamentales a la realidad va mucho, como nos explica Inma: «en teoría tendría que haber cobrado el 10 de abril, pero aún no he recibido ingreso alguno. Entiendo que están desbordados pero hay mucha gente que no puede esperar. Y por favor, ¡menos burocracía! Para intentar pedir la moratoria de la hipoteca te piden [los bancos] cuarenta papeles que no puedes tener ahora». Sin embargo, Riccardo cree que los gobiernos han respondido mal: «no han tomado las precauciones a tiempo. Al principio, el Gobierno ha querido subestimar un problema que ya estaba devastando Italia y, en vez que aprender de los errores italianos, ha preferido seguir para no afectar la economía. La única cosa buena es que ha permitido ERTEs y no despidos pero, las condiciones del sector (trabajan 40 horas semanales y el contrato es de 20) no permiten sobrevivir».

De cara al futuro, Riccardo ve las cosas difíciles: «no sé cuándo podremos sentarnos a tomar una cerveza en el bar bajo casa, imagínate cuando podré volver a trabajar con turistas. Muchas actividades no podrán aguantar y cerrarán». Inma ve su futuro profesional «muy negro. Ya me estoy planteando emigrar para mantener a mi familia. Pero ¿a dónde? A luchadora no me gana ni dios». Riccardo opta también por resistir: «mi trabajo ha existido y siempre existirá. Ahora hay que aguantar como sea». Inma ofrece algunas ideas para avanzar: «son necesarios los test. Si ya has pasado el puto virus y lo sabes, puedes hacer mucho por la sociedad. Ahora no somos Antonio, Lucía o Rosa. Ahora somos todas las personas. Tenemos que actuar coordinadas y con empatía».

Finalmente, las dos entrevistadas se despiden de forma positiva. «Gracias a todas las personas que se exponen, como basurerxs, conductorxs de autobús, trabajadorxs de supermercados y sanitarixs que se juegan la vida por el resto», agradece Inma. Riccardo saca lecciones de la pandemia: «este virus nos ha recordado que no lo sabemos todo, que hay que aprender de los errores. Nos ha recordado que vivimos en un sistema frágil, que hay que agradecer a lxs campesinxs, no a Cristiano Ronaldo. Que es importante dedicarnos tiempo a nosotrxs, a apreciar nuestra libertad. Y, sobre todo, nos ha recordado la importancia de apreciar la vida y querer con todo el corazón a la gente que está a nuestro alrededor, porque un día están, pero al siguiente…».

Viaje al centro de la madriguera

A quien además de estar cerquita de El Topo viene del mundo del periodismo le vamos a contar poco nuevo, pero para las demás que se pregunten cómo funciona este medio informativo capaz de descubrir los secretos más secretos y contarlos a susurros y a voces, cuánto tienen que fermentar las letras hasta que tengan vida propia, quién las pare y las cultiva, cómo se organiza el contenido y cómo es posible que llegue hasta tu casa, tu bar o tu librería, queremos mostrar cuál es el proceso de este periódico, a la par que estas dos nuevas coordinadoras van conociéndolo y haciéndolo un poquito suyo.

Todo empieza en el Consejo de Redacción (CdR), una reunión arreglá pero informal en la que además de las coordis, nos multiplicamos y somos muchas. Aquí se deciden los temas a tratar en cada sección, quién va a escribir y quién del CdR se hace persona responsable de cada uno de los artículos. Esto significa buscar a una persona experta que aborde el tema y nos presente una visión alternativa y profunda, pedirle que colabore con nosotras y estar pendiente de que su texto llegue a tiempo.

A partir de ahí hay un plazo de un mes para escribir y que lleguen los artículos a la madriguera. Conforme se recepcionan pasan por un proceso exhaustivo de revisión y corrección, donde un equipo de varias personas hace dos revisiones de los artículos, atentas a la gramática, las concordancias, que no sobre un punto y seguido ni falte una s que nos incluya a todas; y en un plazo de dos semanas llega a maquetación.

En paralelo a todo esto, los artículos que llegan se pasan también a la ilustradora de esta sección. Hay un equipo de ilustración que va creciendo y que se van redistribuyendo por diferentes secciones en cada El Topo, también hay colaboraciones puntuales. Y aunque las letras son importantes, las ilustraciones de los artículos son imprescindibles.

Nuestro maqueta, se encarga de la última parte, aunar artículos e ilustraciones y encajarlos en nuestro El Topo. ¡Ah! Al maqueta también se le revisa el currazo que hace en cada número y ¡listo para imprimir!

Se imprime con la presión y el cariño de las rotativas de la imprenta DITASA, en Dos Hermanas, y allí alguna de nosotras se acerca para recoger los números calentitos y pasar a su distribución a nivel local, nacional y, ¡ojo!, internacional.

En la distribución hay dos partes: por un lado se le hace llegar el periódico a nuestras suscriptoras por correo postal (se convoca el ensobrado, se mete topo por topo en un sobre y se lleva a correos) y, por otro, se da un paseo por Sevilla y se visitan a las entidades asociadas que nos brindan su apoyo y espacio donde poder estar. Gracias a esos lugares, esas familias, conseguimos tejer una red que ya conforma un mapa por toda la ciudad, haciendo más grande esta madriguera calentita donde guarecernos y sentir que no estamos solas.

Y tras todo este viaje, se hace posible que vayas pasando cada una de estas páginas.

Coordinación es también quien lee y contesta los mensajes que nos hacéis llegar, y escucha vuestras peticiones, críticas y aportaciones, cosa que nos encanta: saber que somos un medio de comunicación de verdad y que la información viaja también de la receptora a la emisora.

Además, nos encargamos de la gestión de vuestras suscripciones a través de bases de datos, movimientos bancarios, extracciones de segmentos cifrados alfanuméricos y nomenclaturados, y, esta es otra parte sin la que El Topo no tendría ningún sentido ni funcionaría, vuestro cálido apoyo que nos recuerda que la información desde cerquita, libre y de acceso para todas es necesaria en épocas de posverdad y de comunicación interesada basada en valores monetarios.

El Topo no podría tirar palante sin el colectivo. Nos necesitamos unas a las otras y por ello trabajamos juntas y tomamos las decisiones gracias a las experiencias y saberes que cada una aporta.

Vigilancia permanente

En 2013, un analista de las agencias de inteligencia estadounidense hizo una de las mayores filtraciones de la historia, la cual dibujaba un panorama desolador de control masivo. Gracias a estas terminamos de entender cómo el impacto del 11S y la convencionalización de las tecnologías digitales habían funcionado como catalizadores de una serie de programas de espionaje de alcance global: programas indiscriminados sin intervención judicial y efectivos, en parte, gracias a la connivencia de grandes gigantes corporativos. Edward Snowden adquiría así el linaje de whistleblower (denunciante), que es representado en el imaginario colectivo por Julian Assange o Chelsea Manning.

Pero, como todas ellas, Edward Snowden merece un análisis específico, en este caso por la escala de sus filtraciones; porque estas apuntalaron como lugar común el «carácter sistémico y cotidiano» del espionaje, y —un punto que merece la pena destacar— porque, a diferencia de los anteriores, tuvo, de algún modo, éxito. Edward Snowden es uno de los pocos que le ganó la partida a las agencias que le habían entrenado. Gracias a decisiones valientes que le permitieron construir la legitimidad y eficacia de su acto desobediente y, en cierto modo, su calado político más allá del contenido específico de las filtraciones en sí: que no parece que hayan permeado en el inconsciente colectivo más allá de vaguedades.

Es por ello que Vigilancia permanente, autobiografía escrita desde su exilio en Moscú, es un libro interesante. Tal vez algo afectado, a ratos, en su defensa de unos valores americanos que probablemente nunca han existido como tales, pero un libro honrado e inteligente, bien construido, y sumamente esclarecedor en sus detalles sobre el funcionamiento de las agencias de inteligencia americana y el factor humano que las sostiene. En suma, un libro valioso y recomendable. Porque una sociedad insensibilizada ante la aparente inevitabilidad de su vigilancia permanente es una sociedad condenada a un totalitarismo descarnado.

Flamencas como arma política

Pilar Albarracín juega con el folclore andaluz y lo transforma en arte reivindicativo que interpela hasta lo más profundo de la condición humana.

Atravieso la fachada de una calle cualquiera de Sevilla para adentrarme en un estudio colmado de candelabros dorados sacados de pasos de Semana Santa. Por las alturas se posan, y observan curiosos, dos pavos reales (no reales). En una bolsita, dispuestas para ser pegadas, diez uñas postizas con motivos tribales y cofrades. Sobre una mesa de trabajo dos copas de vino tinto.
Así me recibió un caluroso mediodía de invierno en Sevilla la artista multidisciplinar Pilar Albarracín, una mujer que le da la vuelta a las tradiciones y estereotipos de Andalucía para expresar sus inquietudes y utilizarlos como agentes de cambio. El pasado 28 de febrero cerró las jornadas sobre Conservación de Arte Contemporáneo en el Museo Reina Sofía con una ponencia sobre cómo conservar la memoria de lo maravilloso que se genera al presenciar una obra artística efímera. Arte, maravilla y magia, tres palabras que revolotean entre las piezas de la artista sevillana.

¿CUÁNDO Y POR QUÉ NACE PILAR ALBARRACÍN?
Nace en 1968, el 27 de septiembre por la noche tarde, de madrugada. Y del por qué, no tengo ni idea.

¿Y COMO ARTISTA?
Supongo que empecé a trabajar sin ser muy consciente de que me iba a dedicar a esto. Luego, que seas un personaje o no, lo decide la gente más que tú. No es mi voluntad.
¿CUÁL ES TU MOTIVACIÓN A LA HORA DE CREAR?
Es una curiosidad de conocer otras cosas, de experimentar, buscar respuestas a preguntas.

¿CON QUÉ DISCIPLINA TE SIENTES MÁS CÓMODA?
Con todas por igual.

¿QUÉ QUIERES CONTAR?
Por un lado que el arte tiene una capacidad movilizadora real y que creo que hay que creer un poco en la magia, en la magia de la vida que es posible. También el sentido del humor, que es necesario para poder sobrellevar todo lo que va surgiendo, de una forma más enfocado hacia lo positivo.

¿POR QUÉ LA ESTÉTICA ANDALUZA?
Cuando empecé mi serie de trabajos aquí en España era porque había estado fuera y me había dado cuenta de la idea tan superficial que tenía la gente de nosotros, que era algo así como: España igual a tortilla de patatas, paella, flamencas, toros; y somos muchas más cosas.
Utilizo la estética andaluza pero la compagino con otras estéticas que me gustan. ¿Por qué no usar lo que tienes más cerca y que también se merece una relectura desde otro posicionamiento? Me gusta por evitar prejuicios empezando por lo más cercano.

EN 1993 PARTICIPASTE EN ‘100%’, LA PRIMERA EXPOSICIÓN ESPAÑOLA SOLO DE MUJERES QUE
ACOGIÓ EL CAAC EN SEVILLA: ¿CÓMO FUE?
Fue una experiencia bastante buena para mí, me aportó muchas cosas porque además de ser una exposición también pretendía abrir la visión sobre el feminismo en España y en otros países. Había charlas, encuentros con artistas, comisarias, teóricas feministas, etc. Me encargaron una pieza específica y sí, para mí fue un antes y un después.

¿CÓMO VES EL PANORAMA PARA LAS MUJERES ARTISTAS?
Creo que con el tiempo ha ido mejorando pero aún queda mucho, tanto en el tema de la mujer como otros colectivos que están bastante castigados.

¿CUÁL ES TU EXPERIENCIA COMO MUJER ARTISTA EN SEVILLA?
He tenido que aprender a manejarme, ya que siempre he estado en contextos donde la mayoría eran hombres, esa ha sido mi realidad constante. Últimamente me ha molestado que se hayan utilizado términos como «exposición de mujeres» o «exposición feminista» por asuntos políticos, numéricos, cuando en el fondo no ha habido una verdadera intención de cambiar las cosas, las realidades.

FLIPO CADA VEZ QUE VEO TU OBRA VIVA ESPAÑA:¿DE DÓNDE SURGE LA IDEA?Las ideas no me salen de golpe, va siendo un cúmulo de preocupaciones, curiosidades. Esta obra en concreto está dentro de un grupo de trabajo al que pertenezco donde charlamos sobre la identidad española, y en este caso juga­ba con la idea de la canción Viva España que es una melodía muy reconocible fuera de nuestras fronteras y que te cues­tiona sobre la identidad.

¿CÓMO CREES QUE LO VIO LA GENTE?
Me encanta crear esa confusión rápida en el ámbito cotidia­no, en el espacio público, cuando los transeúntes que son el público, no sabe qué está pasando. La gente se preguntaba si yo era la alcaldesa, pensaban que era alguien famosa. En esos momentos te das cuenta del mal que hace la tele y la prensa amarilla, que van inculturizando.

MI SENSACIÓN ERA LA DE AGOBIO SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE DESPEGARTE DE LA IDENTIDAD…
…y también de las apariencias. Normalmente mis obras tie­nen diferentes lecturas y estratos de información y ya cada cual busca el más cercano. Viva España habla de la perse­cución de las famosas hasta el agobio. Te imaginas que es alguien importante simplemente porque rellena un tipo de cliché.

¿QUÉ VISIÓN CREES QUE TIENEN EN EL EXTRANJERO DE TU ARTE: ¿LO ENTIENDEN?
Lo entienden estupendamente. Si quitas la primera capa que es puramente estética (el uso del color, las faldas de volantes, los lunares, etc.) lo que hay detrás es cualquier cultura. Yo trabajo con mis estereotipos, pero todas las cul­turas tienen una imagen estereotipada.

¿CÓMO CREES QUE SE INTERPRETA AQUÍ TU ARTE?, ¿QUÉ COMENTARIOS HAS RECIBIDO?
De todo tipo: buenos, malos, eso es lo interesante. Si siem­pre fuera bueno sería preocupante, pero tengo la satisfac­ción de que a mucha gente le llega mi trabajo.

¿QUÉ BUSCAS CON TU ARTE: CONTAR, HACER CRÍTICA O ESCANDALIZAR?
Escandalizar no me gusta; contar y hacer una crítica es lo que intento. Que cómo lo hago le pueda resultar escanda­loso a alguna gente me da igual, no es mi propósito. Me parece que las cosas por sí solas, si hacen resonar algo en las personas que lo reciben, es suficiente. El escándalo es un punto más que no me interesa. Entiendo que presentar las tradiciones de otra manera saca a la gente de su espacio de confort.

¿CÓMO VIVISTE LA ACCIÓN VIOLENTA EJERCIDA CONTRA EL CUADRO DE CHARO CORRALES, RASGADO EN LA EXPOSICIÓN ‘MACULADAS SIN REMEDIO’EN CÓRDOBA?
Me parece que muchos problemas vienen de la mala edu­cación general, desde la escuela, y para mí la libertad, y por supuesto incluyendo la libertad de expresión, por ser nuestro medio de comunicarnos con los otros, es lo más importante. Creo que nos queda mucho por aprender. Te­nemos una gran labor de inculcar nuevos valores para que las generaciones del futuro sean más abiertas, y no que tengan que tolerar, porque al final tolera quien puede. Me sorprende que haya actos tan duros por culpa de la falta de respeto a otras opciones posibles, validísimas. Es muy fuerte que en el siglo XXI siga habiendo gente con tantos prejuicios.

ADEMÁS EN EL ARTE TE EXPONES TANTO…
El arte debería ser el laguito donde calmar tus heridas y tus llagas, eso lo decía Lorca. Ahora el arte es un poco más de lo mismo.

¿ESTÁ CONTROLADO?
No es general, pero hay una gran parte del arte que está acomodado. Las inquietudes que a veces mueven al artista son inquietudes personales de ser artista y ya, y no tanto de generar mensajes reales que se podrían transmitir. El arte es una herramienta política, social, de cambios en el sistema educativo, en la cultura…

¿CÓMO UTILIZAS TU ARTE EN ESE SENTIDO MÁS REIVINDICATIVO?
Yo lo hago como yo puedo, y relacionado con mi arte más conectado a lo folclórico, me parece que está muy bien no avergonzarnos de algo que es nuestro porque además es extrapolable a cualquier cultura, ¿por qué unas ensalzan lo suyo, lo característico, lo particular, y otras se avergüenzan o quieren ser como los otros? A veces considero que en Es­paña tenemos bastante complejo y nos parece que lo que hacemos no es tan bueno, cuando es buenísimo. Tenemos una riqueza cultural impresionante y no nos lo creemos.

APARECES COMO PROTAGONISTA EN MUCHAS DE TUS OBRAS: ¿POR QUÉ?
Cuando empecé a trabajar lo hice experimentando con mi cuerpo, con mi relación conmigo misma y también mi re­lación con el medio. Surgió así. Ahora estoy trabajando con otras personas. Se transmiten cosas diferentes si tú eres la artista y eres el motivo de tu trabajo que si trabajas con otras artistas. Hay muchas diferencias, por ejemplo la im­plicación. En una parte de mi trabajo no salgo y significa otra cosa.

El arte hecho por mujeres es un arte que es muy experimentado en los propios cuerpos, y eso me gusta por­que hay una continuidad en el arte vinculado al cuerpo: acción, performance, fotografía como documentación, etc.

¿CUÁL HA SIDO TU EVOLUCIÓN COMO ARTISTA?
Yo ni me he dado cuenta, yo he seguido y ya, y de pron­to han pasado 30 años. Puedo decir que es bastante difícil compatibilizar tu vida privada con tu trabajo. Ser artista no es un trabajo, es una formad de vida, y tienes que modular todo a la vez: la maternidad, el día día, etc.

Ser artista no es algo que te tenga que gustar mu­cho, es algo que te tienes que creer, que sea muy profundo, muy tuyo, muy verdadero, para llevarlo con naturalidad, si no, sería muy pesado.

¿LA VIDA DE LA ARTISTA ES UNA VIDA SOLITARIA?
Al final siempre estas muy cómoda trabajando sola, en un espacio apartado, eso no quiere decir que no me guste tener una vida social o compartir con colegas, pero me gusta te­ner mi espacio, entonces está bien. Lo que es difícil a veces es cómo encontrar tu espacio con los otros, con las otras, tu espacio de compartir. El primer año al volver a Sevilla me preguntaron qué es lo que echaba de menos y lo que más echaba era las charlas con mis amigos. En Madrid, donde tenía mi grupo de colegas, quedábamos para cenar y al fi­nal eran horas y horas de charla, de compartir, de debatir, y ese movimiento te genera preguntas, te da respuestas; eso lo echo de menos, mi núcleo de gente. Es muy importante tener compañeros y compañeras con los que debatir, com­partir experiencias, eso es lo que te hace tener preguntas para generar más trabajo.

El mundo del artista es solitario pero alegre, porque lo más triste es quien está rodeada de gente y está sola. Yo estoy sola ensimismada en mi mundo, pero des­pués tengo mi gente con la que tengo una conexión super especial y da igual que estén lejos. Lo triste es estar solo y acompañado.

¿CÓMO ES TU DÍA A DÍA?
Yo me levanto temprano, sobre las 7, y tengo un estudio con varias personas que vienen a trabajar o a estudiar sobre las temáticas que nos interesan. Así vamos abordando los proyectos. Actualmente estoy empezando a desarrollar dos nuevas vías: la tesis (llevo dos años investigando) y también estamos trabajando en piezas vinculadas al mundo del so­nido. Es ver el arte desde otras perspectivas.

¿CÓMO TE SIENTES CUANDO EXPONES UNA OBRA?
Doy por terminada la obra cuando la he hecho. El momento de ser expuesta es otro estadio diferente. Siempre te gusta que a la gente que confía en ti y le interesa tu trabajo, le guste, le agrade, le genere cuestiones… pero para mí en ese momento ya está terminada. La retroalimentación que re­cibes a veces coincide con lo que quieres contar y a veces te transmite cosas nuevas.

¿CUÁNDO EMPIEZAS ALGO SABES CÓMO VA A TERMINAR?
Para nada, puedo intuir algo: si estoy muy contenta, muy excitada, con mucha ilusión, casi siempre acaba bien. Lue­go depende, puede acabar bien para mí y no gustarle a la gente. A veces no me gusta el resultado pero pienso que transmite algo. El proceso es siempre una apuesta.

¿QUÉ DIFERENCIAS HAS ENCONTRADO ENTRE TRABAJAR EN ESPAÑA Y EN OTROS ENTORNOS?He empezado a trabajar aquí, pero siempre con una visión internacional, así que depende de las personas con las que trabaje. Lo más representativo aquí es la situación general del artista de precariedad: cuesta mucho recibir una retri­bución por tu trabajo. Poco a poco las instituciones públi­cas y privadas se están acostumbrado a valorar y pagar por tu trabajo, porque la realidad del artista, si vive solo de su arte, es muy complicada.

Si no tienes otro trabajo, o si no eres rica o tienes una pareja que te mantenga, vivir del arte no es fácil. O entras en unos circuitos de comercialización de tu trabajo o mercado donde mover tu trabajo o es muy difícil vivir, porque las instituciones no contemplan que el artista hace un trabajo que tiene que ser remunerado: ganan los carpin­teros, los guardias de seguridad, la gente de la sala; todo el mundo cobra menos el artista por el motivo que llevo escu­chando toda la vida: «eso le sirve al artista de promoción», pero con la promoción no se paga la luz ni se come. Tene­mos que seguir luchando por encontrar un equilibrio entre el trabajo y la dimensión más económica del arte.

¿SIENTES QUE TU TRABAJO SE RECONOCE?
Sí, recibo muchas muestras de ello y estoy encantada, pero me gustaría que eso fuera extensible a otras personas que conozco que no tienen tanto reconocimiento, pero que cuentan con una labor de años de trabajo maravillosa.

¿FUE DESDE EL PRINCIPIO?
Hay artistas que luchan por un reconocimiento y su ilusión es conseguirlo, y luego hay otro tipo de artistas, entre las que me incluyo, que trabaja en esto porque es lo que sabe hacer, y después puedes tener reconocimiento o no. Eso te puede aplacar o tener ansias de más. A mí cuando viene alguien y me dice que mi trabajo le gusta o le toca la fibra sensible, o que le ha evocado algo, a mí me encanta, porque es el mayor pago a mi espíritu. Pero luego está la parte más mercantil que, para bien o para mal, es necesaria, porque para producir una obra tienes que pagar a otras personas y esa parte no quita la otra, se complementan, y te da la opor­tunidad de llegar a mucha gente e ir creando un colchonci­to de personas que se sienten menos solas.

¿CONSIDERAS TU ARTE ANDALUZ, SEVILLANO O ESPAÑOL?
No lo considero. Hombre, mucha gente me ha dicho que hay pocxs artistas españolxs que se note que son españolxs, y que a mí se me nota. Eso me parece fenomenal, creo que está bien que se note tu raíz.

¿CÓMO SIENTES TU RELACIÓN CON EL ARTE?
El arte al fin y al cabo es investigar, si no, no tiene mu­cho sentido. Investigar es apostar, trabajar con la parte que nunca trabajas. Es interesante también tener cierto reconocimiento porque al valorar tu obra y entrar en el sistema es posible romper con lo establecido, concienciar, abrir los ojos.

 

INDYMEDIA 1 – GAFAM* 42 (1999-2020)

Anda estos días Tim Berners-Lee promoviendo lo que llama un «nuevo contrato (social) para la Web». ¿Qué está pasando para que al inventor de la Web se le ocurra ahora plantear un asunto así? Pues ocurre algo que, aun­que a milenials, generación Z, quin­cemayistas, pedros-sánchez y jóvenes varios pueda sonarle a chino, muchos y muchas de los que participamos en la construcción de los primeros diez o quince años de la Web sí que entende­remos.

Tal vez, una de las (pocas) cosas buenas de tener ahora más de cuarenta años de edad, y habiendo estado atento al mundo de la cultura digital durante las últimas décadas, es la de haber co­nocido de primera mano un proceso de cambio tecnológico bastante radi­cal comparable al que pudo haber sido la aparición de la máquina de vapor a finales del XVIII y principios del XIX. Durante aquellos años de la emergen­cia de la Web parecía que había un mundo nuevo lleno de nuevas posibi­lidades y oportunidades. Aunque más adelante también pudimos ir viendo cómo se hacían realidad algunas de las opciones, hasta llegar a conver­tirse en monstruosas, y cómo otras se quedaban en nada, como si hubieran sido abortadas. Todo aquello que ob­servábamos y que en parte nos pasaba se parecía un poco a cuando se lee un libro de historia o una novela de cien­cia ficción, pero estando ahí en medio de todo, aunque fuera como protago­nistas secundarios o, a lo peor, como figurantes… o como espectadores de gallinero.

Pudimos ver cómo el período cul­minó hacia mediados de la década de 2000 con el triunfo de las lógicas capitalistas que hicieron suyas todas las virtualidades y oportunidades que habíamos podido vislumbrar; usándolas, incluso, como medio para volver a insuflar los decaídos espíritus animales del capitalismo a un nuevo ciclo aún más intenso; que eso parece ser lo que ahora vivimos o, más bien, padecemos.

Indymedia, —estos días recién hi­cieron veinte años de su aparición fulgurante (diciembre de 1999 en Sea­ttle) y de ahí la presente reflexión—, representaba algunos aspectos de aquella Web (1.0 la llamaron en algún momento) que muchos de aquella generación imaginamos: ¿abierta?, ¿descentralizada?, ¿democrática?, ¿li­beradora?, ¿emancipadora? Algunos o algunos lo recordaremos, y otros, la mayoría, no tendrán idea de qué fue aquello; 20 años son muchos años… e incluso a los que estuvimos allí creo que a veces nos parece más un espejis­mo que algo real. De forma muy sinté­tica, Indymedia era una red de redes —se decía así también de internet entonces—, distribuidas globalmente para producir información indepen­diente, bottom-up, etc., pero que en su proceso de desarrollo o de emergencia se constituyó también en una red de lo que algunos llamábamos «producción biopolítica», esto es, de producción de otras formas de vida, relaciones sociales y de poder, subjetividades y esas cosas. Cabe señalar algo más que hoy resulta bastante sorprendente: que Indymedia en aquel momento era de las cosas más avanzadas, la vanguardia conceptual y tecnológica de internet. Durante algunos, pocos años, el software libre, la proliferación de la cooperación y lo que se llamó la «ética hacker», las «contracumbres» y los foros sociales mundiales, la glo­balización de la comunicación y las luchas, la prosperidad pre-crisis… a muchos nos parecía que algo de verdad diferente estaba (casi) a punto de ocurrir.

Veinte años después, tristemente, el escenario es bien diferente. La crisis, la austeridad y el disciplinamiento asociado, por un lado, y el éxito arra­sador del capitalismo digital, por el otro, hacen que lo de aquellos años nos parezca hoy más un sueño o un espejismo, como decíamos, que otra cosa. Entre las muchas descripciones de la situación actual, la del Stack de Benjamin Bratton (2015), me parece que es una de las más acertadas: una nueva hegemonía planetaria que tie­ne entre sus pilares fundamentales los grandes proyectos tecnológicos de control social y de extracción del valor de la cooperación. El subtítulo del libro de Bratton es precisamente «software y soberanía». El equipo que representarían los Berners-Lee, Stall­man, Swartz, Indymedia, Wikipedia y tantos otros sufrimos una derrota estrepitosa… Y aún cabe preguntarse, incluso, si los activistas del software libre, la cooperación sin mando y las redes descentralizadas, en realidad, sólo estábamos haciendo la cama al capitalismo digital. O si, por el contra­rio, aquello constituía verdaderamen­te una alternativa truncada, malogra­da, que fue capturada o comprada, o lo que fuera, por los que ahora tienen la sartén por el mango (de la nube).

Esta es la pregunta que planteaba Franco Berardi, Bifo, tan buen ami­go de Indymedia, en su libro Futura­bilidad (2017): en cualquier presente existen múltiples futuros posibles; la potencia sería la energía subjetiva que despliega las diferentes posibilidades y hace que sucedan unas u otras, lo que convertiría lo posible-virtual en actual; el poder serían «las seleccio­nes (y las exclusiones) que están im­plícitas en la estructura del presente, la selección y la ejecución de una de las posibilidades, y simultáneamente la invisibilización (y la exclusión) de las otras muchas posibilidades».

Llegados al 2020, podría decirse que en este juego tecnopolítico de las tres Ps, posibilidad, potencia y poder, el equi­po GAFAM, o como lo prefiramos lla­mar, está arrasando al equipo de Ber­ners-Lee, Indymedia y jipis varios. A ver cómo se da la década que ahora co­mienza. ¡Salud y convivencialidad!

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* GAFAM: acrónimo de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft.

El poder y la cultura

Existe cierta unanimidad sobre la importancia social del arte y la cultura. Parece que todxs, con matices, estamos de acuerdo en que sus manifestaciones son bienes que debemos preservar y fomentar, porque sus diferentes expresiones —la lengua, los usos y costumbres, la manera en la que concebimos nuestras relaciones personales y sociales, las formas artísticas o las del conocimiento, la manera de vestir o de alimentarnos— conforman nuestras vidas y, aunque también sean ámbitos de confrontación y antagonismo, nos constituyen como seres humanos capaces de convivir en comunidad.

Para poder entender y combatir la actual deriva neoconservadora mundial y el resurgir de la extrema derecha en toda Europa, no debemos pasar por alto que la educación, el arte y la cultura son campos dialécticos de sentido, muchas veces contrapuestos, donde se dirimen formas muy dispares de existencia. Cuando proclamamos de manera bienintencionada sus valores abstractos, desde una visión idealista, olvidamos la peor cara de sus formas específicas más opresoras.

A lo largo de la historia, el arte, la cultura y la educación, nos han aportado herramientas para ayudarnos a pensar el mundo, para transformarlo y mejorarlo, pero también han sido poderosas y peligrosas armas para perpetuar el fanatismo y la intolerancia. El franquismo, el fascismo, el nazismo y el estalinismo, lo tenían claro, por eso utilizaron también el arte y la cultura para imponer su ideología de orden y autoridad. En este sentido, cualquier cambio político de las estructuras de poder puede estar condenado al fracaso si no está acompañado también por una transformación de las sensibilidades culturales que animan el conjunto de la vida. De hecho, aunque casi ningún líder político hable sobre cultura de forma específica, la mayoría la enarbola con orgullo genérico, como seña de identidad y marca nacional. Por ejemplo, cuando Santiago Abascal dice que VOX ha llegado a las instituciones para producir un cambio político, suele añadir cultural y lo hace pensando en que la cultura puede ser una de las mejores armas para terminar con las ideas progresistas que él identifica, sin matices, con doctrinas de izquierdas, en las que incluye, por supuesto, a cualquier ideología que no comparta su ideario totalitario.La propia imagen que proyecta de sí mismo es un amplio catálogo de esas formas culturales que pretenden restaurar: virilidad dominante, orgullo de raza, nacionalismo y militarismo patriótico a ultranza, antiliberalismo intelectual… características todas ellas que, sin ningún reparo, les hacen proclamarse admiradores de las grandezas y la superioridad del viejo Imperio español y, por supuesto, como no, de las bondades ideológicas de la dictadura franquista. Una superioridad que, en el caso español, se enarbola desde una supuesta identidad grecorromana, latina y cristiana —ultracatólica—, que se concibe desde la construcción de un imaginario racista que necesita enemigos internos para proclamar la primacía de los españoles al son del «nosotros primero». Este españolismo nacionalista, mítico, étnicamente homogéneo y antieuropeísta que defiende VOX supondría el menosprecio de cualquier forma de expresión cultural o lingüística diferenciada de muchxs ciudadanxs del Estado, porque defiende una comunidad uniforme, en un territorio indivisible, un «pueblo» homogéneo con una sola cultura y religión y, desde luego, una lengua: el castellano. De esta manera, ese racismo naturalista que VOX enarbola encuentra en los migrantes el chivo expiatorio de los males económicos del país y de su decadencia cultural.

En sentido totalmente contrario a esa lógica xenófoba, Giorgio Agamben, en Arqueología de la política (2019, edición en catalán Ed Arcadia), cita a Shlomo Pines, autor de El desarrollo de la noción de libertad (1984), que ha formulado un interesante teorema para definir la identidad de los pueblos o la identidad cultural:

En general, cualquier cultura, en cualquier momento de su historia,
se construye siempre en combinación y en relación con otros pueblos y culturas diversas. Por lo tanto, la cultura que se crea en un momento determinado no es nunca una única cultura, sino que está, en cambio, constituida por el complicado encaje de las relaciones entre diferentes culturas. Así pues, cuando se habla de la identidad no se debe olvidar que se trata de una realidad temporal y discontinua. Esencialmente discontinua.

Con ello Pines invierte el enfoque habitual de los historiadores que, en general, consideran la realidad (judía, española, italiana, etc.) como un hecho y su desarrollo histórico como un problema. Pines, en cambio, considera que el desarrollo histórico discontinuo es un hecho y que la identidad es el problema. Pienso que esta inversión metodológica es muy importante para poder entender la cultura como un proceso en tránsito y no como una unidad de destino tal como la plantea la extrema derecha. Unx solo es unx mismx gracias y a través del cambio, del mestizaje, de la mezcla. Por tanto, el sujeto y la nación no serían sino ficciones normativas que buscan clausurar los procesos constantemente cambiantes de una multiplicidad de fuerzas heterogéneas, irreductibles a una única identidad, una única lengua, una única cultura o un único nombre.

En la misma lógica identitaria que VOX propone para la cultura nacional, los homosexuales, lesbianas o transexuales serían tratados como otras figuras de la antirraza; representarían la encarnación de una moral débil y el triunfo de las costumbres antinómicas de la virilidad que, en esencia, siempre es misógina y xenófoba.

No hay duda de que esta extrema derecha defiende la vuelta al orden patriarcal con el deseo de volver a convertir a las mujeres en sus «fieles aliadas y esposas». VOX asume una visión machista del mundo en el que las mujeres deben ocuparse, casi en exclusiva, de la reproducción y cuidado de la familia y, por consiguiente, de la expansión de la raza.
En definitiva, modelos de gobierno autoritarios que se apoyarían en el exceso de autoridad de las fuerzas de orden público y en el abuso judicial, con el menoscabo de nuestros derechos y la militarización de la sociedad, no solo aumentado el poder del Ejército, también permitiendo el uso particular de armas. Nuestra libertad, o lo que quede de ella, la pagaríamos con un aumento de todo tipo de medidas de control, censura, vigilancia sin restricciones y arbitrariedad ejecutiva. La discrepancia política y la libertad de expresión serían cercenadas y todxs tendríamos que comportarnos según los valores de ese nuevo orden. Una dictadura en toda regla.

*El texto completo puede leerse en el blog del autor

Otra generación perdida: de punkis a neopaganos

Toda una juventud politoxicómana crecida al amparo de la izquierda «radikal» busca ahora refugio y longevidad en la salud holística y la energía interior. ¿Por qué nos volvemos depresivos e hipocondríacos y ya no nos parece tan buena idea eso de vivir rápido y dejar un bonito cadáver?

Nos ha llegado la hora. La del baño. La del baño interior. Lo que viene siendo limpiar el cuerpo, lavarse por dentro. A nosotr@s, que crecimos entre España 82 y Barcelona 92 y fuimos madurando (ejem) a base de punk, marchas a Rota, litronas de casco reciclable y estupefacientes de origen incierto (que solo tomaban nuestros amigos, por supuesto), nos entra ahora la bulla y el carpe diem invertido por limpiarnos el hígado, el cerebro y otras zonas de la casquería humana. La gente más seria, racional y bienvestida de esta generación se ha tirado a la piscina. Hacen pequeñas maratones, visionan charlas TED y comparten imágenes de autoayuda neoliberal con arcoiris, besitos edulcorados y pseudofrases positivistas que parecen escritas por Paulho Coelho tras haberse practicado unas lavativas de MDMA con tazas de Mr.Wonderful.

Pero nuestra calaña, propia de gente revolucionaria y utópica, e incluso progresista, necesita algo más espiritual, cuasi religioso, que nos limpie las vísceras y, sobre todo, el alma. A falta de una buena misa que nos ilumine, el neopaganismo nos viene bien para contrarrestar sentimientos de impotencia y derrota, o simplemente paliar la sensación de estar haciendo el idiota, tan propia de militantes acostumbrados históricamente al fracaso. Aunque, ¿hay algo más humano que el fracaso? ¿Será porque nos volvemos depresivos e hipocondríacos y ya no nos parece tan buena idea eso de vivir rápido y dejar un bonito cadáver?

Un día, navegando por tu red social favorita, te topas con una foto grupo de los participantes a un retiro de yoga con terapia «neurobiointramegaemocional». Identificas a varios rostros conocidos. Viejas amistades comunes. Todos expunks, con hábitos de consumo politox de toda la vida, pero ahora con descendencia; e incluso algunos con pareja estable, trabajo fijo e hipoteca. Al día siguiente te encuentras con otr@ colega que en su día se hartaba de cartones y micropuntos, y ahora te mantiene la mirada fija mientras recita conjeturas sobre la teoría Gaia, tu deteriorada energía interior y la Gestalt. Al otro, te ves a quien se pimplaba un paquete de tabaco y cinco cafés en una mañana, practicando ramadanes de siete días mensuales y se aplica enemas de café para tener el esfínter limpio y cristalino. Y el que nunca faltaba al Espárrago Rock y ahora se gasta 400 pavos en un retiro en Tarifa para ayunar y guardar silencio comiendo healthy food.

Así pues, para sentirnos mejor, no tenemos más remedio que justificar nuestros nuevos rituales sin traicionar aquella juventud radikal que vivimos en su día con gratitud y que ha ido construyendo nuestra identidad. Rebuscar una mijita en la historia ayuda a entender que este tipo de paganismo no es nada nuevo ni tan inusual. El misticismo fue componente fundamental de muchos proyectos emancipatorios de la Edad Media (Hermanos del Espíritu Libre y toda la pesca), y muchos movimientos de raíz cristiana, como los cuáqueros, tuvieron planteamientos con un toque anarquista muy, pero que muy, puro: purísimo. No tienen coches ni teles, aunque rezan hasta para mear. Y bueno, ahí está el anarquismo cristiano de Tolstoy, Dorothy Day o Ernesto Sábato. No hay que olvidar el taoísmo, que también tiene cositas muy libertarias.

También hubo revolucionarios anarquistas que, tras el boom de la masonería, se apuntaron a una logia. Como por ejemplo el fundador de la Escuela Libre de Enseñanza, Ferrer i Guardia, o Salvochea y Anselmo Lorenzo, mismamente). A otros les dio por las ciencias ocultas y el espiritismo, como la anarcofeminista Teresa Claramunt, íntima amiga de una famosa médium de origen sevillano; o el de reporteros obreristas Luis Ponce y Valentín Cangas, que combinaron la militancia libertaria con el interés por las movidas paranormales a lo Cuarto Milenio. Y cómo no hablar de los protohippies españoles de los años 20 y 30: nudistas, vegetarianos y pacifistas que montaban sus anarcomerendolas en un prado y se iban de excursión a la montaña para leer poemas en bolas bajo la luz de la luna. Traemos a colación una cita sacada de una entrevista a Juan Tamariz: «hubo una época en que varios magos estábamos en la onda jipi o en la CNT. Arte y anarquía están bastante relacionados, y la magia ni te digo».

Estos prohombres y promujeres, eran capaces de conjugar su militancia de alto voltaje con la espiritualidad como si fueran la misma cosa. Sin embargo, nuestra generación lo ha dividido en etapas: primero practicamos el porculerismo activista contra la guerra de Iraq y ahora nos ponemos a buscar la paz interior, la conexión con la naturaleza y a darle abracitos cariñosos a un ciprés moribundo. Algo parecido a lo que hicieron los revolucionarios de la Transición tras el trileo de Felipe. Muchos dejaron la vía política de pantalón de pana para irse a la espiritualidad sufí. Hay relatos interesantes en primera persona sobre todo esto, como los de Antonio Escohotado o las Filosofías del underground de Luis Racionero. Tiene sentido: del rollo andalucista al andalusí no hay mucho trecho. Además, ya sabemos que los sufíes son proclives a buscar estados alterados de conciencia, tanto tolerando el vino y la grifa, como por otros medios sobreoxigenadores como la danza, el canto o las letanías. Y eso, claro, ayuda. El ahora sobrexpuesto Evaristo Páramos recopila en su libro de escritos íntimos, Cuatro estaciones hacia la locura (2015), muchas de sus reflexiones originadas con el uso de las runas, el tarot, los animales indios y el I Ching. Para él, no hay futurología ni fenómenos ocultos. Son solo herramientas de auto conocimiento.
Así las cosas, y como no nos gusta el gimnasio ni nos dejan entrar en las iglesias, qué mejor que abrazar a la Pachamama y la energía astral. Nunca es tarde. Al fin y al cabo, también consideramos legítimo, para losers como nosotros, entender que para cambiar el mundo hay que empezar a cambiarnos nosotros mismos desde dentro. Quizás aquí se refuerza el principio lampedusiano de que «algo tenemos que cambiar para que todo siga igual». El único problema es que, con tanta conexión, sanación y bendición que logremos con estos métodos neopaganos, nos asalte la duda que expresara Manuel Molina magistralmente en una instalación de arte conceptual: «aquí, ¿cuándo coño se dice ole?». Namasté.

Felices años veinte

Cuando a Emma Goldman un camarada
la reprendió por bailar, contestó:
«exijo libertad para expresarme y que todos tengan derecho a cosas bellas y radiantes.
Eso es para mí el anarquismo»

Mírenlos, ¿no los ven? Ya van a venir a etiquetarnos. Seguro que alguien, mañana en la prensa, se despacha con un manojo de adjetivos (de los que matan, por aburrimiento). Dirán indecente, brutal, vertiginoso, locas, ruidoso. Dirán que chirridos estridentes nos empujan a no pensar, no pensar, no pensar. Como si ellos. Dirán que es el vestido el que nos incita, dirán infierno, frenesí, brujas, diablos. Inmoralidad ladrante, sí. Eso dirán mañana los que madruguen para insultar.
¿Y saben qué? Que nos da igual. Que tenemos pensado volver a París, que pensamos pintar, escribir, dejarnos filmar por la industria del cine que acaba de nacer en Hollywood. Que pensamos hacer deporte, cortarnos el pelo, seguir rompiendo todos los gustos burgueses. Que sí. Que volveremos a París. Habrá pintoras, escritores, escultoras, escucharemos jazz, bailaremos tango, foxtrot, charlestón. Seguiremos sin corsé.
¿Dentro de cien años, dicen? ¿La guerra? Ah, la guerra. La guerra habrá terminado. Otra vez. Sí. La guerra recién muerta. ¿De qué si no esta vida? ¿A qué vienen si no estos pasos, estas letras, estas pinturas? Tendremos que explicar a los siguientes jóvenes que hagan otra guerra. Y que la terminen. No hay otra manera más eficiente de progresar. De hacer el cambio. De aquellos vestidos incómodos a estos. De aquellos bailes pasados a este trote, este salto. Esta cosa de brujas que los viejos critican, ya verán mañana. O una crisis. Si no es una guerra que sea una crisis. No hay otra manera más eficiente de progresar. De hacer el cambio. Solo así el arte se pondrá al servicio de las causas sociales, de la protesta. ¿No lo ven? Solo así el arte abandonará a las élites ¿Es que no lo ven?
Bailemos, sí. Un paso por aquí. Un salto por allá. Ahora juntas, ahora lejos. Mézclense. Es importante. No teman. ¿Qué pasará en cien años? ¿Bailarán más lejos? ¿Pintarán los pobres? ¿Qué pobres? No quedarán. Ni una, ni uno. Todas libres. Serán felices, bailarán más rápido, más loco. Si no puedo bailar no es mi revolución.
¿Es que no lo ven?

Los pasos en el vacío

Novela y realidad del sistema penitenciario

Uno de los mitos más compactos de nuestra sociedad es la prisión. La institución y las teorías jurídicas que la envuelven, pero también un mito hacia fuera por las creencias que nos genera. Un sistema penal que declara proteger los bienes jurídicos, ser proporcional y justo, que proclama una serie de garantías individuales de defensa y que se orienta a la recuperación de las personas para la vida en sociedad. Un derecho penal y penitenciario humano, superador de los atroces castigos de tiempos pasados.

Para hablar de este mito nos reunimos un jurista, un maestro y una madre de un preso, con la excusa de la presentación de la novela del maestro, Los pasos en el vacío (Ed. Cazador de Ratas, 2019), donde el autor nos relata algunas de las miserias de nuestras cárceles, descubiertas o intuidas en su trabajo diario. Novela de la que iremos intercalando fragmentos.

Con unas letras verdes oscuras sobre fondo gris, observé un cartel: “ODIA EL DELITO, COMPADECE AL DELINCUENTE”. Así, sin más, cual irónico y atroz mensaje a la entrada de un campo de concentración del siglo pasado. En aquella pared desconchada colgaba esa frase en un ridículo marco. Consiguió nublarme la mente ante las preguntas finales del funcionario y me hizo rememorar mis noches en blanco, mi juicio, aquella fatídica tarde de violencia y el odio que aún sentía pasado todo este tiempo. Salvo algunas personas que me mandaban apoyos y saludos, nunca nadie se había compadecido de mi situación con total sinceridad, creo que ni mi abogado. Yo fui culpable desde el principio y así lo iba a seguir siendo durante bastante tiempo. Casi todos hablaban del mal que yo había ocasionado y de la poca o ninguna justificación posible. Ninguna mano en el hombro, ningún abrazo de cortesía y ningún esfuerzo profundo para mostrar mi inocencia.

Este mito se promociona a diario por políticos y medios de comunicación, haciéndonos pensar que el sistema se excede en su benevolencia hacia las personas que cometen delitos, desatendiendo a la víctima y agasajando al infractor con unas condiciones de vida envidiables: formación, actividades educativas y laborales, instalaciones deportivas, piscinas o incluso penas excesivamente breves.
“Maestro, ¿me da usted las llaves del armario que hace tres años que no abro una puerta por mí solo?” Un interno cuyo rostro yo ya conocía, le imploró al profesor que le dejara abrir el armarito donde se guardaban las carpetas individuales de trabajo. Don Luis accedió mientras repartía bolígrafos y lápices para todos. Al minuto empezó a preguntarme por mis estudios, y si sabía leer y escribir. La clase transcurrió siendo una mezcla entre un estrafalario jardín de infancia y un sanatorio de payasos moribundos. Estuvimos una hora y media en la que cada quince minutos se tenía que levantar algún alumno que, diciendo que iba al servicio, le daba dos o tres caladas a un cigarro y entraba echando el final de la calada.

Tenemos casi sesenta mil personas presas en nuestros noventa y dos establecimientos penitenciarios, la mayoría por delitos contra el patrimonio y trapicheos de drogas. Una de las tasas más altas de Europa a pesar de tener un índice de criminalidad de los más bajos. Una persona por cada 20 delitos descubiertos mientras en Suecia, por ejemplo, es una por cada 214 delitos. Usamos mucho la pena de prisión, tenemos condenas más largas y menos posibilidades de salida anticipada.

¿Por qué las cárceles son factorías que dan cada día más trabajo? ¿Cómo se mira al espejo el funcionario que lleva a su hijo al colegio, le da dos besos entrañables y después aparece por allí con ganas de joderle la vida al personal? ¿Qué posibilidad hay de reinserción si allí estamos todo el día entre delincuentes, enganchados y violentos que no te permiten levantar cabeza ni vivir en un ambiente pacífico? ¿Cómo quieren que se defienda en un juicio un tipo pobre que no sabe leer? ¿Adónde va el que recobra la libertad si anteriormente ya fue preso de la droga y la soledad? ¿Por qué hay tantos presos que sienten orgullo de su paso por el presidio? ¿Por qué la reinserción es una auténtica falacia y sigo sin encontrar nada positivo en una prisión?

Las cárceles enferman y matan: hepatitis C, tuberculosis, VIH, problemas mentales, adicciones, agresiones físicas y psicológicas. En 2018 fallecieron 210 personas reclusas. No hay tratamientos ni actividades para toda la población. Solo el 20% realiza una actividad productiva, con un salario mísero o inexistente, y con tareas inútiles y repetitivas en la mayoría de los casos. El personal penitenciario se dedica en su mayor parte a la vigilancia y la burocracia, y las actividades y el trabajo se reparten como premios por la buena conducta, convirtiéndose en una forma de control y disciplina.

Los últimos días en enfermería me invitaron a salir al patio con todos los enfermos y residentes. Había la mitad de gente que en mi módulo, pero todos o casi todos me llamaban la atención de alguna manera. Lo primero que me sorprendió fue el silencio entre aquellas paredes, con gente que te miraba fijamente durante minutos sin disimular su gesto, algunos incluso babeando o con tics nerviosos bastante evidentes. Otros tenían un aspecto de criaturas agonizantes con las mejillas hundidas, abrigados excesivamente, con gorros de lana ajados y arrastrando sus pies. Y todos me pedían tabaco constantemente, algunos agarrados a la bombona de oxígeno portátil. […] Daban vueltas con la mirada perdida, fumando sin parar e invitando a la muerte a compartir mesa y mantel.

Pero aunque todo fuera bien, privar de libertad no sirve de mucho y acarrea consecuencias terribles para el cuerpo y la mente de la persona recluida, para sus familiares y para toda la sociedad. No, las prisiones no están para cumplir las funciones y los fines que declaran. No defienden nuestros derechos, no previenen los conflictos ni los resuelven, no re-socializan. Pero siguen en pie a pesar del supuesto fracaso. Esto no es una contradicción: es una ideología. No hay fracaso. El sistema penal y penitenciario es una gran fábrica de consenso social, de generación de mensajes sobre lo bueno y lo malo —y los buenos y los malos—, una maquinaria de reproducción de la desigualdad y de legitimación del sistema socio-económico.

¿Cómo es la cárcel? La cárcel es la nada. Quizás no haya nada que decir, ya que huele a nada, sabe a nada, haces nada y significas nada.
Villa Candado perdió el morbo el primer minuto del primer día, y se esfumó su aroma a legendaria clandestinidad cuando enfilé el pasillo principal. Me di de bruces con la realidad mientras palpaba la violencia, con unas pocas miradas y con el clima tenso que lo envuelve todo. […] Las cárceles y sus huéspedes indeseables pero necesarios. El sistema es lo que tiene. La cárcel es una mierda.

Diez años soñando alternativas desde lo rural

La Fábrika de toda la vida

EL PASADO 28 DE DICIEMBRE, LA FÁBRIKA DE TODA LA VIDA, UN PROYECTO AUTOGESTIONADO EN LOS SANTOS DE MAIMONA (BADAJOZ), CELEBRÓ SUS 10 AÑOS DE EXISTENCIAS Y EXPERIENCIAS, RENOVANDO 4 AÑOS MÁS SU CONVENIO CON EL AYUNTAMIENTO DE LA LOCALIDAD. REPASAMOS SU HISTORIA, SU IDENTIDAD, LOS RETOS POR LOS QUE HAN PASADO Y LOS DESAFÍOS A LOS QUE SE SIGUEN ENFRENTANDO. ES IMPOSIBLE HABLAR DE LFDTV SIN ENTENDER LOS PROCESOS ANTERIORES QUE SE VIVIERON EN EL PUEBLO ALREDEDOR DE LA ANTIGUA CEMENTERA DE ASLAND. NECESITAMOS CONTEXTUALIZAR Y SITUARNOS DE FORMA HISTÓRICA Y EMOCIONAL, YA QUE LAS HISTORIAS DE VIDA SIEMPRE CONLLEVAN EMOCIONES POR LO QUE ES LA FÁBRIKA PARA LAS PERSONAS QUE LA HABITARON O LA HABITAN.

DE LAS PROMESAS DE DESARROLLO AL ABANDONO Y EL OLVIDO

La antigua fábrica de cementos de la Compañía General de Asfaltos y Portland (ASLAND), en Los Santos de Maimona (Badajoz), fue inaugurada en el año 1956, y su construcción está relacionada con el Plan Badajoz, un proyecto aprobado en 1952 para la colonización, electrificación e industriali­zación de la provincia. Elaborado dentro del marco de los planes desarrollistas y autárquicos posteriores a la Guerra Civil, prometía ser la esperanza del auge y desarrollo de la comarca, una localización elegida por los yacimientos de calizas inmediatos al emplazamiento de la fábrica, en la sierra de San Cristóbal, y por la situación privilegiada de Los Santos respecto a las carreteras nacionales N-630 y N-432, al ferrocarril y por la distancia reducida a los puer­tos de Sevilla y Huelva. Para que nos ubiquemos del todo, estamos hablando de la construcción de los famosos panta­nos de Franco que iban a modernizar la agricultura de Ex­tremadura, y de los pueblos que se construyeron alrededor de los mismos.

Muchos fueron los cambios que sufrió Los Santos ante la llegada del proyecto de la cementera, no solo en cuanto a infraestructuras y economía. La transformación también conllevó un cambio social y también en el imaginario, del que aún hoy podemos ver las consecuencias. Muchas de las personas que trabajaban en el campo, por ejemplo, se prepararon para formar parte del nuevo sector industrial, quedando la actividad agrícola relegada a un segundo pla­no en pos del desarrollismo, además de sufrir los efectos de la contaminación irremediable. En 1965, por ejemplo, la Comisión Provincial de Servicios Técnicos instó a la em­presa a tomar medidas correctoras contra la polución que se estaba vertiendo sobre el campo; esta hizo caso omiso.

Solo 17 años después de su apertura, la fábrica cerró en 1973 a pesar de los intentos de trabajadores y trabajadoras (no olvidemos a las 2 mujeres que trabajaban como secretarias en la cementera) y de la Corporación por mantenerla a flote con una serie de protestas que pasaron a ser parte de esa larga lista de luchas invisibles que se dan en lo rural. Es así como se da por terminado el Plan Badajoz, se abando­nan las esperanzas del tan ansiado proyecto y se genera un enorme paro estructural, obligando a la emigración de unas 100 familias que antes vivían de la misma de forma directa o indirecta, con el consecuente decrecimiento de­mográfico y económico para el pueblo, que pasó de contar con más de 10 000 habitantes (datos del INE 1960), a los aproximadamente 8000 con los que cuenta en la actuali­dad. Un exilio masivo al que se vieron obligadas muchas personas jóvenes ya formadas para la actividad industrial y que buscaban no tener que volver al campo.

Tras su abandono, toda la estructura y terrenos fueron ce­didos al Ayuntamiento de Los Santos; una estrategia de los empresarios responsables de la misma que les facilitaba no tener que solventar el mantenimiento o derribo, realizando así una venta ficticia de la fábrica a cambio de una peseta al Consistorio. También de las canteras de caliza, que nunca fueron recuperadas como parte de la responsabilidad de la empresa y que durante mucho tiempo fueron utilizadas como vertedero en la sierra del pueblo. Desde entonces y hasta su proceso de transformación en «La Fábrika de toda la Vida», el terreno sufrió un abandono general que sigue presente hasta el día de hoy.

LA FÁBRIKA DE TODA LA VIDA

Muchos son los proyectos que se planearon para los terre­nos de la antigua cementera por parte de diferentes admi­nistraciones. Hoteles, oficinas y residencias, que quedaron solo en los planos o que, como las instalaciones de CETIEX, el centro tecnológico industrial de Extremadura, fueron inauguradas en 2011 y, hasta hoy, continúan cerradas y sin vistas a poner en marcha aquellas «líneas de investigación relacionadas con la salud, las energías renovables, la inno­vación empresarial y el diseño industrial» de las que tanto se hacían eco.

Es en verano de 2010 cuando ocurre algo radicalmente distinto. La parte de las naves que constituían las oficinas de la antigua cementera es okupada por el colectivo Con­ceptuArte, formado por un grupo de jóvenes de Los Santos y Zafra, estudiantes de la Universidad de Bellas Artes de Granada, con el fin de convertirlo en un centro para la crea­ción contemporánea como herramienta de movilización y transformación social, y un hogar para artistas y activida­des relacionadas. Es durante los siguientes años cuando se irán tejiendo diferentes redes de trabajo, colaboración y apoyo alrededor del proyecto, centradas tanto en la gestión social como en la propia rehabilitación; haciendo crecer las primeras ideas y generando dinámicas de contribución al procomún desde lo glocal, convirtiéndolo para entonces en un proyecto mucho más ambicioso, algo que considerába­mos impensable en estos contornos.

Entre 2011 y 2015 cualquiera que se acercase a La Fábrika podía encontrar a familiares y amistades trabajando a me­nudo en la rehabilitación de los espacios, ya fuera limpian­do tejas, lijando y pintando antiguo mobiliario urbano, o cocinando para las participantes. Nacieron así las «Fabri­kando», jornadas de trabajo que se siguen realizando ac­tualmente y en las que no solo se comparten herramien­tas, sino también tiempos y saberes. El proyecto técnico es llevado a cabo por los equipos de arquitectura Recetas Urbanas y bAuk, gracias a la intervención del arquitecto Santiago Cirugeda, con una primera fase para la puesta a punto de 130 m² para la reparación de cubierta y la esta­bilización de espacios interiores como la Oficina Técnica, lugar de trabajo y hoy también estudio musical abierto a todo el mundo que quiera utilizarlo. Es también en 2013 cuando se inicia la campaña de micro mecenazgo, a través de la plataforma Goteo, en la que se consiguieron 6000 € para la realización de todas estas obras.

En medio de estos cambios, el 27 de diciembre de 2013, se afianza el proyecto con la firma del convenio con el Ayun­tamiento en el que cede el uso del espacio interior de las dos naves a la asociación LaFábrika detodalavida a cambio de la rehabilitación de las mismas a través de la autocons­trucción; un convenio que fue realizado de forma partici­pativa, pública y visible durante todo su proceso. También comenzamos a contar de forma continua con la ayuda de Fundación Maimona, una organización que potencia el de­sarrollo del pueblo creada por Diego Hidalgo Schnur y que nos apoya tanto de forma económica como logística.

Todos esos esfuerzos se vieron materializados en el VIII Encuentro Internacional de Arquitecturas Colectivas (AACC) «P(W)orkinProgress», que basa su funcionamien­to en la construcción participativa del entorno urbano. En dicho encuentro se llevaron a cabo talleres de autocons­trucción, jornadas de trabajo, presentaciones de proyectos y espacios para compartir. Además, a lo largo de los años, actividades como los «Cines al Fresko», las «Pechakuchas»; eventos como «La Komuna» o el «RRCosmics», son las res­puestas ante demandas sociales que los medios comunes del sistema no satisfacen o fomentan de la manera oportu­na, creando así el ambiente ociocultural, formativo y pro­ductivo que necesitamos desde la autogestión.

Pero la Fábrika detodalaVida no es solo su historia, sino que también tiene mucho que ver con cómo ha ido for­mando parte de nuestra vida. Está siempre presente en el imaginario de todo el pueblo, al ser la estructura más alta e identificativa que se puede ver al entrar desde casi cual­quier punto, como una especie de esqueleto que nos descri­be perfectamente el paso del tiempo. Muchas de nosotras jugamos de pequeñas en los terrenos de la cementera: nos subimos a las torres, les tiramos piedras a los cristales de las mismas ventanas que ahora estamos volviendo a colo­car y encendimos alguna que otra candela. Todas hemos vivido multitud de procesos en ella, formas de entenderla, definiciones varias y gestiones dispares, algunas veces con el entusiasmo del cambio y otras con la necesidad de darles tiempo para entenderlas.

EL EXILIO OBLIGADO FRENTE AL ARRAIGO

Siempre señalamos el cierre de la fábrica en 1973 como el gran año del exilio en el que tantas familias tuvieron que abandonar Los Santos y emigrar para buscar alternativas laborales a las que se proporcionaban de forma limitada en el pueblo. Pero es igual de importante que hablemos de ese exilio continuo propio de lo rural, en virtud del que pensa­mos que irnos fuera será la solución para el paro, la falta de recursos, herramientas e, incluso, la falta de motivación. Nos enseñan desde que somos pequeñas que en el pueblo no tendremos nada que hacer, que no podemos quedarnos, que quien se queda es porque ha fracasado y quien vuelve también.

Por eso, para nosotras LFDTV es ante todo casa, como en los juegos que teníamos en la infancia. Es ese lugar donde puedes estar a salvo y donde da igual las veces que te vayas, porque siempre puedes volver. Y es que, a veces, muchas de las integrantes pasamos por procesos diferentes: tenemos que sostener nuestras propias vidas, salir a buscarnos a no­sotras y a la tan ansiada estabilidad, cuidarnos en momen­tos difíciles, luchar contra los fantasmas de la Extremadu­ra «vaciá» y «olvidá». Pero sabemos que siempre podemos volver al pueblo, a la periferia rechazada por otras muchas, a donde nos hemos criado, y a donde tenemos nuestro pro­pio refugio, el espacio donde podemos comunicarnos entre iguales, expresar nuestros sueños y proyectarlos con una comunidad.

No es tarea fácil construir una identidad dentro de la Fá­brika, ni a través o gracias a ella, pero es inevitable. La pelea interna entre querer ser «cosmopolita», para tener acceso a todo, y no olvidar el valor de dónde y cómo nos hemos cria­do; entre nombrarse como rural a pesar de los prejuicios so­bre «lo cateto» para mantener las raíces, pero defraudadas por la continua falta de alternativas. Todo eso hace que si­gamos participando del espacio, pero que a veces también tomemos decisiones como abandonar el espacio cuando de repente no nos sentimos identificadas, no va con nuestros tiempos, no aportamos lo que nos gustaría o no nos apor­ta lo que necesitamos, sin la presión de creer que ya nunca volveremos; sabiendo que somos cambiantes y dinámicos igual que el proyecto.

Por último, queremos visibilizar que los proyectos no fun­cionan igual en los pueblos que en las ciudades, y que lo rural tiene sus particularidades. Las mismas personas con las que te relacionas en el espacio son las mismas perso­nas con las que te criaste, con las que puede que tuvieras o no alguna pelea en el colegio, con las que compartiste jue­gos infantiles y no tan infantiles, con las que sales todos los días, con las que te relacionas para cualquier plan, con las que has estudiado, y con las que te desahogas cuando no puedes más. Es por eso que los procesos también son distintos y el cómo gestionamos los conflictos cambia radi­calmente cuando tenemos que pelear para cuidar(nos) más si cabe, porque el pueblo implica que si una asamblea tiene que aplazarse dos horas porque hay que ir a apoyar el ne­gocio de un amigo o la madre de una compañera está en el hospital, se hace y se adapta; y a tomar por saco los ritmos cerrados de las ciudades y de los que muchas aprendimos cuando empezamos nuestro activismo en las ciudades donde estudiamos.

Se nos vienen cosas muy bonitas en el futuro próximo: va­mos ya por el III Encuentro de Mujeres Rurales, estamos preparando el encuentro «Cuidadanías» dentro del Proyec­to Galaxia, y seguimos en marcha con nuestras actividades y talleres habituales y nuestros Fabrikando. Os invitamos a todas a visitar el espacio y a compartir nuestras formas de entender la realidad rural de nuestros procesos.

De la prostitución comemos todes

Una vez más, las putas alzamos nuestras voces en estas páginas. Como siempre desde nuestros tacones, levantando nuestro paraguas rojo y acompañadas por nuestras pilinguis (aliadas), en este caso por Tamara González, investigadora y activista del Colectivo Prostitutas de Sevilla.

Como ya sabréis, el dicho «más callá que una puta» no caracteriza a este colectivo. Otra vez más volvemos sin pelos en la lengua a contar cómo vivi­mos sin derechos como trabajadoras sexuales ni herramientas para recla­mar los derechos que se nos vulneran como ciudadanas.

Aparentemente, el problema de la prostitución es una cuestión de mo­ral y de vulneración de derechos de las mujeres pero, si miras dos veces el impedimento principal para recono­cer derechos laborales a las prostitu­tas, se convierte en una lucha por los intereses económicos de los empresa­rios del alterne y del Estado, apoyada por el discurso del feminismo aboli­cionista.

El 94% de las mujeres que ofrece servicios sexuales en España lo hace en espacios cerrados, ya sean clubes, pisos o centros de masajes. Las ordenanzas municipales que multan a las mujeres y la imposibilidad de ac­ceso a vivienda sin tener una nómina, explica este alto porcentaje. El trabajo sexual en clubes es muy diverso, pero no deja de ser trabajo por cuenta aje­na en situación de total desprotección legal. Las mujeres que ejercen dentro de clubes no están, por regla general, dadas de alta en la seguridad social, desde que el gobierno de Felipe Gon­zález regulara el alterne, los clubes cambiaron de estrategia y empezaron a funcionar como lugares de hospe­daje cobrando a las mujeres entre 50 y 120 euros por noche. Sin embargo, en la provincia de Sevilla tan solo uno de los clubes tiene licencia para tal actividad. El resto rezan como bares sin cocina, karaokes o salas de fies­ta. Según la nueva gestión de clubes, las mujeres que ofrecen servicios se­xuales pasan a ser clientas de un su­puesto hotel en el que deben limpiar la habitación cada día y tienen hora de entrada y salida, pero ni las asocia­ciones abolicionistas, ni Facua, han reclamado por los derechos de ellas como mujeres o como consumidoras.

Las experiencias de compa­ñeras que trabajan en estos espacios son muy diversas, pero todas parten de una situación de indefensión fren­te al empresario. En los clubes se suele trabajar por plaza, periodos de 21 días en los que las mujeres en sus habita­ciones deben estar 24 horas disponi­bles para trabajar. Cuando un servicio es requerido deben presentarse para que el cliente elija, pudiendo ser mul­tadas si se quedan dormidas o llegan tarde.

Además, hay que tener en cuenta que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en España son migrantes, una parte importante en administrativa irregular. Esta situa­ción hace que en los clubes se produz­can abusos no solo relacionados con el trabajo sexual en sí, sino también con la documentación y la situación legal de las mujeres. La experien­cia de las asociaciones y entidades que actúan visitando estos espacios.

y dando asistencia a mujeres, refle­ja que la mayoría no tienen acceso a sanidad pública principalmente por falta de información, falta de padrón y engaño de los gestores de los clubes. Ante el desconocimiento y el miedo a ser descubiertas sin papeles, las muje­res acceden a pagar seguros de salud que se venden directamente por los gestores de los clubes a precios muy superiores que en el mercado.

Aunque en España disfru­tamos del acceso universal a la asis­tencia sanitaria pública, este solo se puede hacer efectivo si las mujeres están empadronadas, lo que dificulta mucho el ejercicio efectivo de este de­recho salvo en ciudades como Barce­lona, donde es posible empadronarse en la ciudad sin domicilio fijo.

Otro de los abusos cometi­dos en los clubes son los controles de enfermedades de transmisión sexual impuestos por los dueños y pagados por las mujeres, también a precios inflados para sacar tajada de esta gestión. Y es que en los clubes de al­terne se generan muchos ingresos y puestos de trabajo que no están di­rectamente relacionados con el sexo: en ellos se vende oro, ropa y todo tipo de productos de higiene y de primera necesidad, a los que las mujeres que viven allí no tienen acceso debido a la situación geográfica alejada de los núcleos urbanos que normalmente ocupan estos espacios.

Mientras que el debate sobre la prostitución se polariza y divide el feminismo haciendo casi imposible plantear el discurso entre las dos po­siciones ideológicas contrarias, hay 95 000 mujeres ejerciendo en clubes en dependencia de terceros sin dere­chos laborales ni garantías judiciales. El objetivo abolicionista de eliminar la prostitución en el futuro se está olvidando de la vulneración de dere­chos que se está produciendo hoy. Por eso el debate en torno a la prostitución no puede ser otro que ¿putas clandes­tinas o con derechos?

La regulación de la prostitu­ción como una actividad laboral que se pudiera realizar por cuenta ajena es una cuestión bastante controvertida que debería hilarse fino porque están en juego bienes jurídicos muy im­portantes. Pero de nuevo la realidad se impone y es que de hecho ya hay trabajadoras sexuales ejerciendo en clubes por cuenta ajena contra las que se comente delitos de explotación la­boral y no pueden denunciar porque, al no ser consideradas trabajadoras, no se les aplica la normativa laboral ni las garantías previstas en el apartado primero del art. 311 del Código Penal. Aunque la relación de laboralidad y dependencia es clara, y hay sentencia de tribunales de lo social que así lo consideran, en España un contrato de trabajo que tenga por objeto los servi­cios sexuales es contrario al ordena­miento jurídico. Por lo que tenemos una realidad que es ilegal y a la vez favorecida por las políticas públicas implantadas, pero el problema que más parece preocupar a la vicepresi­denta Calvo es que las trabajadoras sexuales se sindicalicen para denun­ciar los abusos que se producen den­tro de esos clubs.

Porque aunque el feminis­mo abolicionista insista en que la regulación de la prostitución es vio­lencia hacia la mujer, parece olvidarse de que la prostitución ya está regu­lada en España, concretamente en el Código Penal, en la ley de seguridad ciudadana y en ordenanzas locales, de manera punitiva generando vio­lencia y vulneración de derechos ha­cia las mujeres que ejercen la prosti­tución. Parece olvidarse también de que el movimiento proderechos no pide la regulación de la prostitución (al menos no bajo un modelo alemán u holandés); la primera consigna de las mujeres que ofrecen servicios se­xuales es la descriminalización, que las mujeres que ejercen la prostitu­ción no sean perseguidas, expulsadas y victimizadas. Son numerosas las fuentes que recogen cómo este mode­lo regulador, en la práctica, se carac­teriza por quitar poder de actuación a las mujeres y abocarlas a trabajar para terceros, que son siempre em­presarios en posiciones privilegiadas. Además, la regulación en ese tipo de sistemas implica crear dos categorías de trabajadoras sexuales: las que reú­nen los requisitos para poder regula­rizarse (recursos, asesoramiento, si­tuación administrativa regular, etc.) y las que quedan fuera porque no los cumplen; así se convierten en ilegales con las correspondientes repercusio­nes administrativas, penales y migra­torias.

Ante este panorama, quie­nes ejercen la prostitución y ofrecen servicios sexuales reclaman, primero, la total descriminalización del trabajo sexual y, segundo, el reconocimiento de derechos laborales a todas las tra­bajadoras de la industria del sexo. Esta fórmula es la única que concen­tra toda la autonomía en las manos de las mujeres cualquiera que sea su situación. Esto que parece una utopía está funcionando en Nueva Zelanda, donde en 2018 no se registró ni una sola víctima de trata con fines de ex­plotación sexual.

El Gobierno de coalición que está trabajando en una ley para erradicar la trata no lo está haciendo desde el modelo neozelandés, sino desde el abolicionismo con el hori­zonte puesto en el modelo nórdico implantado en Suecia que ninguna prueba está dando de ser efectivo y de no empeorar la situación de las mu­jeres. Y si bien el Gobierno se define abolicionista, como también lo hizo la Audiencia Nacional en la sentencia donde se anula por completo los esta­tutos del Sindicato de Trabajadoras Sexuales (OTRAS), el marco legisla­tivo español entorno a la prostitución es, cuanto menos, abolicionista. Pu­diendo dividirse en dos categorías: la normativa que regula la prostitución ejercida en calle, de clara tendencia prohibicionista, y la normativa que regula el ejercicio en clubes, que se podría categorizar como regulacio­nista.

En primer lugar, la ley de seguridad ciudadana sanciona la soli­citud o aceptación por el demandan­te de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público, en las proximidades de lugares destinados a su uso por menores o cuando estas conductas, por el lugar en que se rea­licen, puedan generar un riesgo para la seguridad vial y la realización o in­citación a la realización de actos que atenten contra la libertad e indemni­dad sexual, o ejecutar actos de exhi­bición obscena, cuando no constituya infracción penal. Esta normativa se traduce en persecución, sanciones económicas y procedimientos de ex­pulsión contra las mujeres. Es impor­tante destacar que el 70% de las mul­tas impuestas lo son a mujeres que ofrecen servicios sexuales frente al 30% que se ha impuesto a los clientes. Una tónica parecida siguen las hasta 26 ordenanzas municipales que regu­lan de alguna manera el ofrecimiento de servicios sexuales, todas de carác­ter punitivo.

Por su parte, no hay norma­tiva estatal que regule el ejercicio de la prostitución en espacios cerrados, solo el Decreto 217/2002 y la Orden PRE/335/2003 de Cataluña. En estas se describen los requisitos que han de cumplir los locales de pública concu­rrencia en los que se ejerce la prosti­tución. El art. 2 define la prestación de servicios de naturaleza sexual como «la actividad ejercida de mane­ra libre e independiente por el pres­tador o prestadora del servicio con otras personas a cambio de una con­traprestación económica bajo su res­ponsabilidad, sin que haya vínculo de subordinación alguna respecto de la elección de la actividad». Esta comu­nidad autónoma ha regulado el traba­jo sexual como actividad autónoma e independiente, no criminalizada, en el ejercicio de sus competencias en materia de espectáculos públicos, ac­tividades recreativas y establecimien­tos de pública concurrencia. El de­creto fue impugnado por numerosas asociaciones de mujeres, ya que esta regulación supone la legalización de la prestación de servicios sexuales y siendo esto contrario al ordenamien­to jurídico español. Finalmente, el Tri­bunal Supremo en sentencia 506/2007 se pronunció sobre la legalidad del decreto afirmando que «la regulación administrativa lo único que pretende es minimizar o disminuir los efectos perjudiciales de una actividad que, siendo indeseable, se consiente por los poderes públicos por derivarse de su estricta prohibición unos efectos aún más perniciosos que los que se derivan de su tolerancia».

Es cuanto menos llamativo que el mismo Gobierno abolicionista mantenga dos estrategias tan distin­tas para el mismo fenómeno. Parecie­ra que las políticas públicas tienen por objetivo principal eliminar la prosti­tución de calle y favorecer los clubes. En estos no se multa a los clientes, no hay quejas de los vecinos, ni escraches de asociaciones abolicionistas. Ni si­quiera hay impedimento legal para que los empresarios que los gestio­nan se organicen en una asociación que mire por sus intereses económi­cos. Es también curioso que el mis­mo «Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena», adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 2 de diciembre de 1949 y uti­lizado para negar el derecho de sin­dicación a las trabajadoras sexuales, no fuese impedimento alguno para que el Tribunal Supremo ratificase el derecho de MESALINA a constituirse como asociación de empresarios aun­que específicamente se refiere a las casas de prostitución en su artículo segundo.

La situación legal actual es contradictoria e hipócrita con el discurso sostenido, pero beneficia claramente a una parte de los agen­tes involucrados en la prostitución: los clubes y el Gobierno. Los clubes, sin tener que pagar seguridad so­cial, tienen trabajadoras que generan 4100 millones de euros anuales a las que pueden explotar sin miedo a ser denunciados. Aunque el Código Pe­nal castigue el proxenetismo, han encontrado la fórmula para lucrarse con la prostitución de otra persona y, además, gracias a la ayuda del fe­minismo institucional, no tienen que preocuparse por los sindicatos de tra­bajadoras que puedan reclamar por sus derechos.

Por su parte, desde 2011, el Gobierno pudo aumentar en un 0,35% el PIB gracias a los ingresos genera­dos por la prostitución, lo que permi­tió reducir la deuda externa y mejorar las condiciones del rescate bancario de 2012. En última instancia, el Go­bierno y las instituciones públicas se están beneficiando de los ingresos que genera la prostitución. Como di­rían las putas, estamos todos comien­do pan de coño.

Nota bibliográfica: 

ABITS (2017). Informe anual. Dirección de Feminismos y LGTBI del Área de Derechos de Ciudadanía, Cultura, Participación y Transparencia de la Concejalía de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de
Barcelona

Resistencias comunales frente a parques eólicos en el istmo mexicano

En estos tiempos de jornadas mun­diales contra el calentamiento global, asistimos a un escenario de alarman­te colapso donde las manifestaciones se centran en exigir a los Gobiernos y a las empresas que asuman medidas serias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Se trata de medidas concretas que contengan esta inminente catástrofe ambiental a la que nos conduce el régimen de combustibles fósiles.

«El fin del petróleo ahora» se lee en las manifestaciones de Pa­rís. Una crisis energética señalan las expertas y, por tanto, una transición energética como alternativa se vuel­ve una carta de buenos deseos en las cumbres de cambio climático; es decir pasar de un régimen de combustibles fósiles a uno de fuentes renovables de tipo eólico, hidroeléctrico y solar. Sin embargo, ante la emergencia del colapso corremos el riesgo de velar la lógica colonialista en la que aún se in­sertan estas medidas que suponen ser una alternativa.

Es decir, la exigencia de pro­ducir energías renovables como una alternativa en la era del capitaloceno o antropoceno que vivimos puede llegar a ocultar e incluso a justificar como mal menor el trastorno ecoló­gico, cultural y político que miles de aerogeneradores están provocando actualmente en el Istmo de Tehuan­tepec, Oaxaca, la región más estrecha de México que separa al Océano Paci­fico del Atlántico.

En esta latitud del mundo habitamos una diversidad de pueblos indígenas milenarios: ikoots (hua­ves), ayuuk (mixes), angpøn (zoques), chontales, binnizá (zapotecos), chi­nantecos y tzotziles. Es justamente aquí dónde se está instalando el co­rredor de parques eólicos más gran­de de América Latina. De acuerdo al informe de la asociación Ecologistas en Acción se contemplan 5 mil aerogeneradores a lo largo de aproximadamente 100 mil hectáreas, cuya tenencia de la tierra es princi­palmente comunal y ha sido habitada históricamente por los pueblos zapo­tecas e ikoots.

Los 28 parques eólicos ya instalados, constituidos por 2123 ae­rogeneradores, tienen como principal destino abastecer de electricidad a las corporaciones del sector privado mientras decenas de comunidades de esta región no tienen acceso a la ener­gía eléctrica. Por tanto, el corredor que se despliega en el Istmo de Te­huantepec está muy lejos de ser una transición encaminada a garantizar la suficiencia energética de los habi­tantes de la región y el país.

Por el contrario, las tierras y territorios de los pueblos están siendo expoliados, puesto que la instalación del corredor eólico en la airosa plani­cie no ha respetado la tenencia comu­nal de las tierras zapotecas e ikoots y, peor aún, ha agudizado la violencia regional criminalizando a las asam­bleas comunitarias y agrarias que se oponen a este megaproyecto «verde», tal como lo ha registrado el Observa­torio para la protección de los Defen­sores de Derechos Humanos.

Es relevante señalar que las principales empresas inversoras son de capital español: Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Acciona, Renovalia y Gamesa. Después le sigue la inver­sión francesa, Électricité de France, y la alemana SIEMENS. La producción de energía renovable en México está situada en la lógica de despojo y viola­ción a los derechos humanos, agrarios e indígenas.

Tal como se manifiesta en el caso más latente en estos momentos suscitado en la comunidad zapoteca de Unión Hidalgo, Istmo de Tehuan­tepec, dónde actualmente la empresa Électricité de France (EDF) está invir­tiendo un monto de 3 mil millones de dólares para un nuevo parque eólico denominado «Gunna Sicaru» proyec­tado sobre 4400 hectáreas.

Lo crítico de este caso se refleja en las arbitrariedades que priman en la Consulta Indígena. Esta, que supone apegarse al convenio 169 de la OIT en los hechos, no ha respe­tado el carácter previo, ya que el 29 de junio de 2017 la Secretaria de Energía de México otorgó a la comisión regu­ladora de la paraestatal francesa un permiso para generar energía justa­mente nueve meses antes de que se promoviera la Consulta Indígena. A ello se le suma que desde el 2016 la empresa firmó contratos con peque­ños propietarios omitiendo el carácter comunal de las tierras.

Este caso nos revela el co­lonialismo que aún impera en lo que supone ser una alternativa al calenta­miento global, cuyas medidas siguen insertas en la lógica de despojo y vio­lencia contra los pueblos indígenas.

Lo que aquí está en cuestión son formas de existencia, puesto que una de las principales oposiciones a estos megaproyectos eólicos tiene que ver con la tenencia comunal de la tierra. Los pueblos indígenas históri­camente han defendido este carácter de las tierras ya que es la base mate­rial y espiritual de sus formas de vida. Una forma de vida que en esta región del mundo llamamos comunalidad: esto para referir a la asamblea como organización política y toma de deci­siones; las fiestas como las instancias de disfrute de lo común; el trabajo co­lectivo; la milpa (cultivo milenario de maíz, frijol, calabaza y chile), y el terri­torio comunal.

Esta forma de vida en co­munalidad para los pueblos ikoots y zapotecos que viven de la pesca en la planicie sur del océano Pacífico es de larga data y que exista aún revela que ha funcionado durante siglos e inclu­so en tiempos de colapsos, como lo fue durante el siglo XVI con el proceso de colonización, que implico debacle de­mográfica y un viraje al modo de pro­ducción, uno de tipo policultivo a otro de tipo monocultivo.

Es así como la instalación de miles de eólicos en toda la planicie sur del Istmo de Tehuantepec está signi­ficando el trastorno de un paisaje, la deforestación de árboles nativos y la privatización de territorios. En ese sentido es cuestionable que resulte una verdadera alternativa en los tiem­pos de crisis ambiental que atraviesa el planeta.

En este escenario catastró­fico de cambio climático las posi­ciones que sitúan a la energía eólica renovable como una alternativa no deben soslayar el despojo de los te­rritorios indígenas y la continuidad de las dinámicas colonialistas que allí anidan. Ante esto, se cuestiona que una transición energética justa no debe costar el exterminio de los pueblos indígenas y, por el contrario, ahora más que nunca hay que asumir que los modos de vida comunales de los pueblos indígenas —que siguen resistiendo frente a las renovadas formas de despojo «verde»— son en sí mismas alternativas de muy larga data aún vigentes.

Repúblicas digitales, dictaduras digitales

Contextualizando el Decreto ley 14/2019

TOTHOM A L’AEROPORT
Octubre de 2019. Se hace pública la sentencia a los líderes políticos del procés y las calles de Barcelona comienzan a arder. Tienen lugar gran cantidad de acciones descentralizadas, coordinadas a través de distintas herramientas digitales.
Se usan tecnologías sofisticadas. La aplicación móvil que articula las acciones se consigue a través de una red de personas de confianza, mediante códigos QR que solo funcionan si las localizaciones de las personas son próximas. Se usa encriptación en varias capas de los procesos, como los pagos en bitcoin, dificultando la búsqueda de responsables. Las webs que tumba la policía rápidamente se replican en otros dominios, cuando no se usan plataformas abiertas y servidores localizados en lo que se vienen a llamar «paraísos digitales», difícilmente intervenibles.
Al mismo tiempo, el Govern desarrolla sus planes para una «república digital catalana». Licita la base tecnológica de un sistema de identidad digital, IdentiCAT, basado en la tecnología blockchain. Jordi Puigneró, consejero de Políticas Digitales, llega a aludir a «futuras iniciativas de monedas digitales», así como anuncia una red de fibra óptica de la Generalitat, mejor conectada, para evitar su intervención por parte de la Guardia Civil.

TOTHOM A CROATAN
Pese a su sofisticación, muchos aspectos de este proceso no son originales. Las distintas caras de esta historia (Tsunami Democràtic, los CDR, el Govern, etc.) tienen referentes con los que comparten similitudes, como los planes de desconexión de la troika de Syriza durante la crisis o la coordinación de las protestas en Hong-Kong contra el Estado chino. Escenarios que muestran el inevitable calado de la tecnología en los movimientos soberanistas.
De hecho, de algún modo podemos entender algunas de las prácticas e ideas mostradas en este proceso como manifestaciones particulares de los postulados de la soberanía tecnológica, en su faceta menos antisistémica y sin obviar el contexto y composición del movimiento secesionista, proclive a gestos más cargados de relato que de realidad. La soberanía tecnológica es un concepto que describe prácticas de autogestión de distinta escala, algunas de ellas muy tecnologizadas. Aunque su imaginario es policromático, es destacable la influencia de todo el espectro anarquista, desde la Cooperativa Integral Catalana —un interesante ejemplo de laboratorio de investigación en este área— a ejemplos más relacionados con el anarco-capitalismo anglosajón.
Prácticas contemporáneas, de un amplio espectro ideológico, que convergen en una vieja idea: si no puedes cambiar el mundo, crea uno nuevo. Pero, evidentemente, a medida que se vuelven amenazadoras, cada statu quo se articula para suprimirlas o reapropiarlas.

TOTHOM A PRESÓ
El pasado 31 de octubre se aprobó el Real Decreto ley 14/2019. Pedro Sánchez lo describió como una medida «para poner punto y final a este proyecto del independentismo de la república digital».
En un ejercicio de neolengua descarada el decreto se defiende a sí mismo, entre otras cosas, como una herramienta de defensa de la privacidad y derechos digitales de la ciudadanía:
La hiperconectividad actual agudiza algunas de las vulnerabilidades de la seguridad pública y exige una mejor protección de redes y sistemas, así como de la privacidad y los derechos digitales del ciudadano.
Sin embargo, el resultado natural puede llegar a ser, precisamente, su imagen especular. El decreto plantea la potencial intervención de cualquiera de las distintas capas que componen lo que denominamos internet (servidores y otras infraestructuras de hardware, correo electrónico, páginas web, etc.) sin orden judicial. La ley de telecomunicaciones ya permitía en algunos supuestos la intervención sin orden judicial «de internet», de modo que el decreto la modifica para rebajar sus condiciones a supuestos más laxos relacionados con el orden y la seguridad públicos, abriendo la
puerta a su uso arbitrario. Por otro lado contempla medidas más específicas, como obligar a las Administraciones a tener todos sus servidores y datos en la Unión Europea —para facilitar su intervención— o establecer al DNI como único de sistema de identificación posible dentro del Estado.
De este modo España se une a una tendencia global imparable en la que el espacio radicalmente libre que una vez fue internet se convierte en un lugar cada vez más controlado a través de mecanismos de excepción y cercamientos digitales.
Al menos, hay que reconocerle el mérito a este decreto de haber hecho una instantánea del teatro de relatos de los principales partidos del Estado español durante la reciente crisis política. El texto recibió críticas de PP y Ciudadanos que, sin embargo, apoyaron su aprobación («produce perplejidad que hoy estemos aquí para tragar con este decreto, incluso si puede ser tumbado por inconstitucional»); fue criticado por VOX con declaraciones tan sensatas que suenan oportunistas y falsas en un partido de corte fascista («la Constitución ya tiene mecanismos para este asunto, deberían aplicarla y no un micro-estado de excepción para atajar problemas de orden público»); y, por último, fue criticado también por Podemos que, sin embargo, se abstuvo en la votación. Jaume Asens defendió esta postura como un complicado ejercicio de «ética de la responsabilidad» frente a la «ética de la convicción» al conseguir introducir de este modo modificaciones en un decreto que se hubiera aprobado de todos modos. Sin duda una posición acomodada, pobre de miras y difícil de separar del contexto de negociaciones de gobierno entre Podemos y el Partido Socialista.

TOTHOM ALS CARRERS
El pasado miércoles 15 de enero varias asociaciones y entidades de defensa de las «libertades digitales» presentaron ante el Defensor del Pueblo —paso previo al Tribunal Constitucional— un recurso contra el decreto, dada la grave amenaza que supone contra varios derechos fundamentales.
Aunque no pinta bien, es destacable que una plataforma similar tuvo éxito usando el mismo mecanismo para frenar la reforma que hubiera permitido a los partidos confeccionar bases de datos con información ideológica de los y las votantes.
Si la vía de los recursos legales fracasa solo nos quedará la presión popular para forzar la derogación de un peligroso decreto capaz, junto a la ley mordaza, de hipotecar considerablemente las capacidades de protesta y creación de alternativas de cualquier movimiento antagonista.

Estándar para el andaluz/ÊTTANDÂ PAL ANDALÛH

La historia del surgimiento de una ortografía normalizada andaluza/ La Îttoria der çurhimiento  d'una ortografía normaliçá andaluça

Escribir en andaluz no es nada original o descabellado: a lo largo de la historia, muchos han sido los que lo han hecho. Juan Ramón Jiménez, Nobel de litera­tura, lo hacía porque la ortografía cas­tellana no reflejaba bien lo que luego él recitaba. Los Quintero lo hacían en los diálogos de los andaluces de sus obras teatrales. Cientos de autores de anto­logías flamencas lo han hecho para plasmar las letras manteniendo la so­noridad, métrica y rima de los cantes. Incluso todas nosotras, actualmente, lo usamos en nuestras redes sociales y medios de comunicación digital. ¿Quién no ha escrito pa en vez de para? Sin embargo, todos estos casos tienen en común que la transformación de habla a texto se sigue sin una norma fija, a menudo de manera deslabaza­da, incompleta e inconsistente.

En las últimas décadas, va­rios han sido los intentos de establecer unas reglas ortográficas para el anda­luz, todas ellas alrededor de la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú (ZEA). Estas pro­puestas han sido iniciativas de carác­ter individual, entre las que destacan las de G. Reondo, H. Porrah, X. Ashra, J. Arjhona y T. Gutier / P. Arbadulí. Todas estas consiguen desde un prin­cipio identificar con claridad los pro­blemas fundamentales que deben ser resueltos a la hora de desarrollar una ortografía andaluza, aunque cada pro­puesta da diferentes soluciones. A pe­sar de su rigurosidad, estas propuestas han tenido un uso muy restringido a ciertos círculos académicos y no han prácticamente trascendido al conjunto de la sociedad andaluza.

En marzo de 2017, Huan Porrah publica la traducción al an­daluz mijeño de El principito, obra de Saint-Exupéry, provocando una gran repercusión (en la mayoría de casos negativa) en los medios de comunica­ción y en redes sociales. Como reacción a esto, nace de forma espontánea en Facebook un grupo de apoyo al autor llamado Er Prinçipito Andalûh, donde se reúnen un grupo de filólogas, tra­ductoras, historiadoras de la lengua y aficionadas a la lingüística en general. En dicho grupo intercambian impre­siones y respuestas, desde el conoci­miento, a los ataques recibidos hacia Porrah. Muy pronto vuelven su aten­ción a la (falsa) afirmación de que «el andaluz no se puede escribir porque en Huelva no se habla igual que en Alme­ría» —como si el inglés de Bristol fuese igual al de Glasgow—, y se comienzan a preguntar: y si hubiese de existir una ortografía que aúne todas las variantes del andaluz, ¿cómo sería?

Esta pregunta comienza un proceso abierto en redes sociales donde cada decisión ortográfica se somete a debate y análisis. Al principio decenas y al final cientos de personas, contrastan durante meses las distintas soluciones posibles hasta llegar a un consenso para cada una de ellas. Algu­nas de las líneas fundamentales en la elaboración de la ortografía fueron:

Debe ser integradora y estandarizante de las distintas variantes del andaluz.

Debe ser a su vez flexible para escribir registros específicos.

Debe contemplar un menor uso de grafemas y simplificación de los valores fonéticos.

Debe permitir contracciones y sinalefas.

Debe ser comprensible en ausencia de acentos.

Debe estar alineada diacrónica y sin­crónicamente con las demás ortografías romances.

Debe poder escribirse en un teclado con­vencional.

Debe ser estéticamente agradable y elegante.

Este proceso culmina en fe­brero de 2018 con la publicación de la Propuesta Ortográfica EPA (Êttandâ Pal Andalûh), una propuesta rigurosa, com­pleta y coherente para la escritura del andaluz en todas sus variantes, y sea cual sea la consideración lingüística que se tenga hacia la modalidad o lengua andaluza. El hecho de que participen tantas personas de conocimientos lin­güísticos y procedencias tan diversas, dota a la propuesta de una amplitud y una consistencia nunca vista antes en una ortografía andaluza.

Gracias a esta consistencia, combinada con una eficaz estrategia de comunicación en redes, la propues­ta EPA comienza a extenderse lenta pero firmemente durante el año 2018. Sin embargo, existen una serie de cir­cunstancias que limitan en parte su expansión. En primer lugar, a pesar de que la propuesta establece claramente las reglas de escritura, no existía un diccionario de consulta ortográfica para que las personas en proceso de aprendizaje pudiesen resolver sus du­das. En segundo lugar, la ausencia de textos grafiados en EPA hacían compli­cado que muchas personas empezasen a naturalizarla a través de la lectura. Para dar respuesta a ambas cuestiones surge AndaluGeeks, un colectivo de programadoras informáticas de có­digo libre y abierto, que se fijan como objetivo el desarrollo de herramientas digitales que asistan tanto al aprendi­zaje de la ortografía como a la produc­ción de textos en EPA. Este colectivo comienza a trabajar en verano de 2018 y culmina su primer desarrollo en fe­brero de 2019 con la publicación de su Transcriptor Andaluz.

El impacto del transcriptor de AndaluGeeks es muy notable tanto en redes como en medios de comuni­cación, apareciendo en multitud de periódicos y cadenas de radio y tele­visión. La aplicación recibe decenas de miles de descargas y visitas, y se produce un claro ascenso de cuentas en redes sociales que usan EPA para escribir sus publicaciones. Tras la pu­blicación de Transcriptor, el colectivo se enfoca en otra aplicación para asistir a la expansión del andaluz escrito: el primer teclado digital en EPA con dic­cionario predictivo en andaluz, que se publica en febrero de 2020.

La expansión de la EPA no se ha visto limitada al mundo digital, sino que también se ha dado en el analógi­co. Como muestra basta con indicar la aparición en estos últimos dos años de multitud de pancartas en manifesta­ciones, ilustraciones, poemarios, cami­setas, pintadas y grafitis, artículos en prensa y tatuajes, entre muchas otras expresiones artísticas y culturales. Es­pecialmente notable es la penetración de la EPA en el mundo de la música, con varios proyectos musicales de cierto im­pacto adoptando esta escritura para la publicación de sus trabajos. Destacan principalmente la FRAC, Cadipsonians, Trandalûh y Califato 3/4, los cuales con­tribuyen al prestigiado de la escritura en andaluz en general, y de la ortografía EPA en particular.

Como conclusión, la ortogra­fía EPA representa un hito histórico de tremenda singularidad. El desarrollo de una propuesta ortográfica colecti­va, colaborativa y sin ningún tipo de apoyo económico ni institucional, es un caso único en el mundo de habla hispana (y posiblemente a nivel mun­dial). Adicionalmente, es la primera vez que una ortografía andaluza se extiende con tanta profusión a lo largo de toda nuestra geografía y con tanta repercusión en el mundo digital. El fu­turo dirá si esto será la base para una futura normalización de la escritura del andaluz contemporáneo.

Êccribîh n’Andalûh no’ ná orihinâh o dêccabeyao; a lo largo la îttoria, muxô an çío lô que l’an exo. Huan Ramón Himenêh, Nobê de Literatura, l’açía porque la ortografía câtteyana no re­flehaba bien lo q’aluego ér reçitaba. Lô Quintero lo açían en lô diálogô de lô andaluçê de çû obrâ teatralê. Çien­tô d’autorê d’antolohíâ flamencâ l’an exo pa plâmmâh lâ letrâ manteniendo la çonoriá, métrica y rima de lô cantê. Incluço toâ noçotrâ, âttuarmente, lo uçamô en nuêttrâ redê çoçialê y me­diô e comunicaçión dihitâh. ¿Quién n’a êccrito “pa” en bêh de “para”? Çin embargo, tôh êttô caçô tien en común que la trâfformaçión de abla a têtto çe çige çin una norma fiha, a menudo de manera dêl-labaçá, incompleta e in­conçîttente.

En lâ úrtimâ décadâ, bariô an çío lô intentô de êttableçêh unâ re­glâ ortográficâ pa el andalûh, toâ eyâ arreôh de la “Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú” (ZEA). Êttâ propuêttâ an çío iniçiatibâ de caráttê indibiduâh, entre lâ que dêttacan lâ de G. Reondo, H. Po­rrah, X. Ashra, J. Arjhona y T.Gutier/P. Arbadulí. Toâ éttâ conçigen dêdd’un prinçipio identificâh con clariá lô po­blemâ fundamentalê q’an çêh reçuertô a la ora de deçarroyâh una ortografía andaluça, aunque cá propuêtta da di­ferentê çoluçionê. A peçâh de çu rigu­roçiá, êttâ propuêttâ an tenío un uço mu rêttrinhío a çiertô çírculô académi­cô y no an prátticamente trâççendío ar conhunto de la çoçiedá andaluça.

En março 2017, Huan Po­rrâ publica la tradûççión al andalûh “miheño” de “Er prinçipito”, obra de Saint-Exxupéry, probocando una gran repercuçión (en la mayoría de caçô ne­gatiba) en lô mediô de comunicaçión y en réê çoçialê. Como reâççión a êtto, naçe de forma êppontánea en Façe­book un grupo d’apoyo al autôh yamao “Er Prinçipito Andalûh”, donde çe reú­nen un grupo de filólogâ, tradûttorâ, îttoriadorâ de la lengua y afiçionâh a la linguíttica en henerâh. En dixo grupo intercambian impreçionê y rêppuêttâ, dêdde er conoçimiento, a lô ataquê reçibíô por Porrâ. Mu pronto guerben çu atençión a la (farça) afirmaçión de “l’andalûh no çe puede êccribîh porque en Guerba no çe abla iguâh que en Ar­mería” —como çi el inglêh de Bristol fueçe iguâh ar de Glasgow—, y çe co­miençan a preguntâh: y çi ubieçe de êççîttîh una ortografía que aúne toâ lâ bariantê del andalûh, ¿cómo çería?

Êtta pregunta comiença un proçeço abierto en réê çoçialê don­de cá deçiçión ortográfica çe çomete a debate y análiçî. Durante étte, ar prinçipio deçenâ y ar finâh çientô e perçonâ, contrâttan durante meçê lâ dîttintâ çoluçionê poçiblê âtta yegâh a un conçenço pa cá una de eyâ. Argunâ de lâ líneâ fundamentalê en la elabo­raçión de la ortografía fueron:

Debe çêh integraora y êttandariçante de lâ dîttintâ bariantê del Andalûh.

Debe çêh a çu bêh flêççible pa êccribîh rehîttrô êppeçíficô.

Debe contemplâh un menôh uço de grafe­mâ y çimplificaçión de lô balorê fonéticô.

Debe permitîh contrâççionê y çinalefâ

Debe çêh comprençible en auçençia de açentô.

Debe êttâh alineá diacrónica y çincrónica­mente con lâ demâh ortografíâ romançê

Debe podêh êccribirçe en un teclao com­bençionâh.

Debe çêh êttéticamente agradable y elegante.

Êtte proçeço curmina en fe­brero de 2018 con la publicaçión de la Propuêtta Ortográfica EPA (Êttandâ Pal Andalûh)1, una propuêtta riguroça, completa y coerente pa la êccritura del andalûh en toâ çû bariantê y çea cuâ çea la conçideraçión linguíttica que çe tenga açia la modaliá/lengua an­daluça. El exo de que partiçipen tantâ perçonâ, de conoçimientô linguítticô y proçedençiâ tan diberçâ dota a la pro­puêtta de una amplitûh y una conçît­tençia nunca bîtta antê en una ortogra­fía andaluça.

Graçiâ a êtta conçîttençia, combiná con una eficâh êttratehia de comunicaçión en redê, la propuê­tta EPA comiença a êttenderçe lenta pero firmemente durante l’año 2018. Çin embargo, êççîtten una çerie de çircûttançiâ que limitan en parte çu  êppançión. En primêh lugâh, a peçâh de que la propuêtta êttableçe clara­mente lâ reglâ de êccritura, no êççîttía un dîççionario de conçurta ortográ­fica pa que lâ perçonâ en proçeço de aprendiçahe pudieçen reçorbêh çû dudâ. En çegundo lugâh, la auçençia de têttô grafiáô en EPA açían compli­cao que muxâ perçonâ empeçaçen a naturaliçâl-la a trabêh de la lêttura. Pa dâh rêppuêtta a ambâ cuêttionê çurhe AndaluGeeks, un colêttibo de progra­maorâ informáticâ de código libre y abierto, que çe fihan como ôhhetibo er deçarroyo de erramientâ dihitalê que açîttan tanto al aprendiçahe de la or­tografía como a la prodûççión de têttô en EPA. Êtte colêttibo comiença a tra­bahâh en berano de 2018, y curmina çu primêh deçarroyo en febrero de 2019 con la publicaçión de çu Trâccrîttôh Andalûh2.

El impâtto der trâccrîttôh de AndaluGeeks êh mu notable tanto en redê como en mediô de comuni­caçión, apareçiendo en murtitûh de periódicô y caénâ de radio y telebiçión. La aplicaçión reçibe deçenâ de milê de dêccargâ y biçitâ y çe produçe un claro âççenço de cuentâ en redê çoçialê que uçan EPA pa êccribîh çû publicaçionê. Trâ la publicaçión de trâccrîttôh, er colêttibo çe enfoca en otra aplicaçión pa açîttîh a la êppançión del andalûh êccrito: er primêh teclao dihitâh en EPA con dîççionario predîttibo en an­dalûh, que çe publica en febrero de 2020.

La êppançión de la EPA no ça bîtto limitá ar mundo dihitâh, çino también al analóhico. Como muêttra bâtta con indicâh la apariçión en êttô úrtimô dôh añô de murtitûh de pan­cartâ en manifêttaçionê, ilûttraçionê, poemariô, camiçetâ, pintâh y grâffi­tî, artículô en prença y tatuahê, entre muxâ otrâ êppreçionê artítticâ y cur­turalê. Êppeçiarmente notable êh la penetraçión de la EPA n’er mundo de la múçica, con bariô proyêttô muçicalê de çierto impâtto adôttando êtta êccri­tura pa la publicaçión de çû trabahô. Dêttacan prinçiparmente la FRÂC, Ca­dipsonians, Trandalûh y Califato 3/4, lô cualê contribuyen ar prêttihiao de la êccritura en andalûh en henerâh y de la ortografía EPA en particulâh.

En concluçión, la ortogra­fía EPA repreçenta un ito îttórico de tremenda çingulariá. Er deçarroyo de una propuêtta ortográfica colêtti­ba, colaboratiba y çin ningún tipo de apoyo económico ni îttituçionâh êh un caço único n’er mundo de abla îppana (y poçiblemente a nibêh mundiâh). Adiçionarmente êh la primera bêh q’una ortografía andaluça çe êttiende con tanta profuçión a lo largo de toa nuêttra hografía y con tanta reper­cuçión n’er mundo dihitâh. Er futuro dirá çi êtto çerá la baçe pa una futura normaliçaçión de la êccritura del an­dalûh contemporáneo.

ESTE ARTÍCULO HA SIDO ESCRITO EN ORTOGRAFÍA CASTELLANA Y ANDALUZA PARA EJEMPLIFICAR Y PARA AYUDAR A QUIEN LO LEE A INFERIR Y ESTABLECER UNA CORRESPONDENCIA ENTRE UNA Y OTRA

CRUZCAMPO. DEL MÁRQUETIN URBANO A LA PROMOCIÓN INMOBILIARIA

En septiembre de 2006, tras comple­tarse la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), aparecía en la prensa local una fotografía del alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, con el presidente del holding Urvasco, que poco antes había adquirido a Heineken los terrenos de la antigua fábrica de Cruzcampo para construir allí un nuevo barrio resi­dencial y un gran parque. En el balcón del Ayuntamiento, el alcalde y el em­presario alavés estaban acompañados por tres arquitectos del star system, Arata Isozaki, Jean Nouvel y Noman Foster, y por el arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, que serían los encargados de llevar a cabo la ordenación urbanística y de proyec­tar los edificios. Fue una clara opera­ción de mercadotecnia urbana desti­nada a promocionar la imagen de una Sevilla deseosa de tener sus propios iconos arquitectónicos: las Setas de la Encarnación o la Torre Pelli de la Car­tuja se gestaron en esos mismos años.

La historia de la recalificación de los terrenos de Cruzcampo se remontaba a 2004, cuando el Ayuntamiento y la empresa holandesa alcanzaron un acuerdo por el que esta aceptaba tras­ladarse a otros terrenos dentro del término municipal de Sevilla y, a cam­bio, el nuevo PGOU cambiaría el uso del suelo donde se situaba la fábrica, para que pasara de industrial a resi­dencial, autorizando la construcción de casi 2000 viviendas. Casi al mismo tiempo que se firmaba este convenio urbanístico, el Ayuntamiento hacía una operación análoga con la firma de la ingeniera Abengoa que tenía su sede en esa misma manzana y que planteaba trasladarse a Palmas Altas. Con ello se completaba la transforma­ción de todo el entorno, que dejaría de tener un uso productivo para pasar a convertirse en un enclave destinado a usos habitacionales y terciarios, una vez que se aprobase el planeamiento urbano entonces en tramitación.

Tras consumarse la venta de los terre­nos a Urvasco en agosto de 2006, todo quedaba a la espera de que se cons­truyera la nueva fábrica de cerveza en unos terrenos próximos a Torreblan­ca, pues solo entonces sería posible co­menzar la reurbanización de la zona de Cruzcampo, previa aprobación del correspondiente Plan Especial. El traslado a esa renovada factoría industrial estaba previsto para 2008, pero un año antes irrumpía la crisis económica que puso en serios aprie­tos al nuevo propietario de los suelos de Cruzcampo. Al no poder cumplir con sus obligaciones financieras, Ur­vasco vio cómo la titularidad de los mismos pasaba al conjunto de entida­des financieras que le habían presta­do los 330 millones de euros que ne­cesitó para hacer frente a su compra. Terminaba así, de manera abrupta, la aventura de los arquitectos estrella; el llamado «efecto Guggenheim» se ha­bía cobrado una nueva víctima.

No obstante, las bases para la trans­formación de esos terrenos estaban puestas y era solo cuestión de espe­rar que se presentase una coyuntura económica más favorable. El Ayunta­miento quiso aprovechar esa recalifi­cación para obtener el suelo necesario para dotar de un parque al polígono de San Pablo, que carecía de zonas verdes en sus inmediaciones, y a tal fin se destinó un tercio de las 19 hec­táreas implicadas en la operación. Para que la operación tuviese la ren­tabilidad deseada, se necesitaba con­centrar en el suelo restante una gran edificabilidad, lo que forzó soluciones con edificaciones de gran altura; de hecho, el Plan Especial presentado en 2011 planteaba la posibilidad de levantar construcciones de hasta 23 plantas, que fueron reducidas a 16 a la vista de una alegación presentada por las ecologistas.

En el verano de ese mismo año co­menzó la demolición de las antiguas instalaciones fabriles, de las que úni­camente quedó en pie el edificio de comienzos de siglo XX donde comen­zó la actividad cervecera, ahora reu­tilizado como sede de la Fundación Cruzcampo. La tramitación del Plan Especial fue compleja, con recurso de la Junta de Andalucía incluido, pero no es cuestión de relatar aquí sus diversas vicisitudes, toda vez que el contenido urbanístico asignado a los terrenos no cambió sustancialmente. Finalmente, ese Plan se aprobaría en 2016 y solo señalaré que en 2018 hubo de ser modificado porque, de la zona destinada al parque, se segregó una parcela de 2000 m2, cedida al Mi­nisterio del Interior para que en ella pudiese situarse la nueva Comisaría de Policía, a cambio de que la antigua sede de la Gavidia pasara a propiedad municipal. El año pasado se aprobó también la ordenación urbanística de la zona de Abengoa, con lo que to­dos los terrenos recalificados sobre la base de aquellos convenios firmados en 2004 están ahora en condiciones de ser desarrollados.

Todo parece indicar que pronto podrá procederse a la urbanización y pos­terior edificación de esos suelos. Sin embargo, en el actual momento de in­certidumbre económica no sabemos lo que el futuro inmediato deparará a esa operación inmobiliaria, toda vez que la actual fragmentación de la propiedad, con intereses diversos y no necesariamente coincidentes entre los diversos titulares de la misma, no parece que vaya a facilitar su ejecu­ción. En todo caso hace ya más de tres lustros que comenzó este proceso de transformación urbana y aún no se ve próximo el momento en que los habi­tantes del inmediato polígono de San Pablo puedan disponer del prometido parque. Y es que casi nunca coinciden los tiempos de los intereses particula­res de la promoción inmobiliaria con los de la satisfacción de las necesida­des de las habitantes de la ciudad; es más, lo más frecuente, como en este caso se puede comprobar, suele ser que unos condicionen a los otros.

DECLARAR LA EMERGENCIA CLIMÁTICA SIN ASUMIR QUE TODO CAMBIE

El recién elegido Gobierno anuncia, dentro de los 100 primeros días, compromisos para afrontar la emergencia climática. Sin embargo, seguimos aún muy lejos de reconocer las indicaciones científicas. La magnitud de los cambios necesarios nos debería llevar a una transformación completa del empleo y el trabajo, pero seguimos sin asumir que además de reducir las emisiones hay que reducir el consumo.

La cumbre de cambio climático celebrada el pasado diciembre en la ciudad de Madrid fue el escaparate perfecto para que muchos políticos mostraran su enorme preocupación ante la crisis climática que enfrentamos. El reconocimiento del concepto de «emergencia climática» se ha plasmado en numerosas declaraciones más simbólicas que reales que vienen a reconocer «lo que dice la ciencia». Un concepto que parece restringirse a lo que son los impactos del cambio climático, es decir, el incremento de sequías, fenómenos meteorológicos extremos, grandes incendios forestales… Curiosamente las declaraciones de emergencia olvidan mencionar las reducciones marcadas por la ciencia.

El propio secretariado de las Naciones Unidas no ha querido que esto pase desapercibido, así, el pasado noviembre publicaba un informe que afirmaba con contundencia que las emisiones a nivel global deberían descender del orden de un 7,6% mundial. Un ritmo de descenso de las emisiones mundiales que no tiene en cuenta un principio de justicia climática que indica que los países más emisores históricamente deberían hacer recortes muy superiores, en el entorno del 10% anual. Una comparación de estos indicadores sería la caída de la industria soviética en los años 90 que alcanzó reducciones del 4%.

La realidad es que los compromisos presentados por el actual Gobierno español apenas llegan a alcanzar una reducción anual de un 3,5% de las emisiones. Los representantes políticos aciertan al decir que son objetivos alineados con la UE pues, en efecto, en todos los casos son claramente insuficientes. El camino aún se antoja largo. Muchas de las medidas planteadas en la declaración de emergencia climática aprobada por el Consejo de Ministrxs eran compromisos adquiridos ante la Unión Europea o piezas legislativas que habían quedado pendientes la legislatura pasada. Entre ellas, la ley de Cambio Climático, una normativa que viene existiendo desde 2008 en muchos países de nuestro entorno y que viene siendo prometida desde hace años por gobiernos del PP y del PSOE.

Entre las obligaciones europeas destaca el conocido como Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que es el documento que debe servir como guía para la descarbonización de la economía española. La metodología utilizada para el diseño de horizontes que asumen las máximas de un crecimiento sostenido ya aleja el cálculo de la comprensión real de las repercusiones de la emergencia. Prueba de ello es cómo incluso el 58% de la energía ahorra-da a través de mejoras de la eficiencia será utilizada para nuevos consumos energéticos, reforzando aún más nuestra dependencia de energía y materiales.

Alcanzar un horizonte eléctrico 100% renovable debería ser una máxima de la próxima década. Una sustitución tecnológica que no puede obviar las restricciones territoriales de nuestro país, del mismo modo que no debe seguir dejando en manos del oligopolio energético el desarrollo de grandes infraestructuras energéticas, pues la sostenibilidad del futuro pasa por la descentralización, el autoconsumo y la reducción de escala.

Es preocupante la falta de medidas en sectores tan clave como la movilidad, que es en estos momentos el mayor emisor. Junto a las imprescindibles medidas de «zonas de bajas emisiones», se hace fundamental apuntalar un cambio modal hacia la reducción del vehículo motorizado privado y los transportes por la red de carreteras.

Apenas se aborda en el discurso climático la creciente industrialización del campo, el deterioro de las condiciones de la agricultura comercial en manos de las gran¬des plataformas logísticas o la entrada de productos con una alta huella de carbono, que muestran precisamente la problemática y las potencialidades de este sector en la lucha climática. Fortalecer las redes agrarias locales y de pequeña escala, para ir encaminándonos hacia un modelo agroecológico, no solo reduce el impacto climático, sino que ayuda a frenar el continuo desmantelamiento de la agricultura tradicional que lleva años practicándose en el país e intenta paliar los procesos de vaciamiento rural.

El debate climático es enormemente profundo, las consecuencias de las reducciones necesarias afectan a todos los sectores y, especialmente, a debates como el empleo o la distribución de los recursos. Por ello, Ecologistas en Acción consideró necesario aventurarse a modelizar distintos escenarios de lucha climática y sus repercusiones en el trabajo. Un ejercicio que ayuda a imaginar los efectos que determinadas políticas podrían tener en el binomio de horas de trabajo y emisiones de gases de efecto invernadero. Los ocho autores del informe realizan una modelización de tres escenarios: continuar con las dinámicas actua-les (Bussines as Usual [seguir actuando igual], BAU), uno de los horizontes considerado dentro de la filosofía Green New Deal [nuevo pacto verde] (GND) y, por último, un horizonte que considera una reducción robusta en energía y materia¬les, nombrado como decrecimiento (D).

La modelización realizada arroja varias conclusiones: la más obvia es que el escenario BAU es completa¬mente incompatible con la lucha climática, pues supondría un aumento de las emisiones en un 21% en 2030. Mientras que el escenario GND se sitúa cerca de esa reducción recomendada por la ONU del 7,6% anual, sin embargo, es inca¬paz de alcanzar la contribución justa que sería necesario. Solo el escenario D consigue reducciones cercanas al criterio de justicia climática, con un ritmo de reducción de al menos el 10% anual.

Este ejercicio de abstracción apunta además a cómo, sin la complicidad del cambio del sistema de empleo o de otras cuestiones de carácter macroeconómico, será difícil proceder a la transición necesaria. Especialmente beneficiosas resultan las medidas de reducción de la jornada laboral, así, la reducción a 30 horas de trabajo a la semana y su distribución equitativa. Del mismo modo, ambos escenarios (GND y D) cuestionan el imaginario de un futuro que mantiene una inviable sociedad de consumo.

La respuesta necesaria para afrontar la emergencia climática será sin duda un crisol de soluciones. Las modelizaciones presentadas coinciden en lo obvio, que el camino necesario pasa por una transformación radical del sistema. Declarar la emergencia climática está bien, pero será inútil si se continúa en el error de creernos en el buen camino pensando que sin una transformación radical del sistema habrá un futuro que defender.

EL CORONAVIRUS DEL MEDITERRÁNEO

Un alga asiática llega en un barco coreano. Otro barco marroquí transporta fosfatos expoliados saharauis. Un puerto español no cumple una normativa internacional. El resultado: un ecosistema invadido y especies protegidas en riesgo. La historia de la Rugulopterix okamurae en el Estrecho bien podría ser un ejemplo perfecto de la teoría del caos.

Procede del continente asiático y se extiende a gran velocidad. No es el coronavirus, pero amenaza la salud de nuestros mares y, sin embargo, no ha recibido las atenciones y recursos de medios y administraciones. «El tema ya no es el Estrecho, es el Medi­terráneo el que esta siendo invadido» asegura Antonio Vergara, profesor en Tarifa del plan educativo Algas del Estrecho. Barbate, Conil, Estepona, Marbella, Almuñecar, Roquetas de Mar o Adra, son algunos de los puntos donde la plaga ya ha llegado desde el epicentro del Estrecho.

El Estrecho es la zona donde la afec­ción de la plaga se ha cronificado des­de su primer avistamiento en Ceuta en 2015 hasta los primeros arriba­zones de algas a Tarifa en 2016. Pero fue en 2017 cuando la bióloga marina y profesora de la Universidad de Má­laga María Altamirano daba la voz de alarma sobre el origen exótico y el comportamiento agresivo de la espe­cie, dando la alerta a la Junta de An­dalucía. Hasta la fecha, no ha recibido respuesta. Sin intervención institu­cional ni depredadores naturales, y con unas condiciones propicias para su expansión, la Rugulopterix okamurae se ha extendido sin control por todo el Estrecho, desde Ceuta hasta Tánger y desde Trafalgar hasta Sotogrande.

En verano de 2019 el asunto estallaba en Tarifa, la zona más afectada de esta plaga. Arribazones masivos en las cos­tas, putrefacción en las playas, reduc­ción de capturas y desplazamiento de especies autóctonas. El turismo y la pesca, principales motores económi­cos del pequeño municipio gaditano de algo más de 18 000 habitantes, se veían duramente afectados. «Es una cadena: el turismo vive de las playas. Pescamos para los chiringuitos, para las mesas del turismo» asegura Ma­nuel Suárez, patrón mayor de la co­fradía de pescadores tarifeños, que aglutina a 300 miembros. Con esta cadena averiada, ecologistas, empre­sariado, pescadores, partidos, clubes acuáticos y Ayuntamiento, se han agrupado en la «Mesa ciudadana con­tra el alga invasora» para reclamar actuaciones a las administraciones. Vergara denuncia que solicitaron reu­nirse con la consejera andaluza de De­sarrollo Sostenible y Pesca, la popular Carmen Crespo, en tres ocasiones y no han obtenido respuesta.

Las consecuencias de la plaga son cla­ras, pero como en toda enfermedad, se necesita conocer el origen para encon­trar la cura. La causa de la explosiva ex­pansión de la okamurae podría estar en una combinación fatal de geopolítica y comercio internacional, según la hipó­tesis de Antonio Vergara, que ha sido avalada por estudios científicos.

La primera incógnita es cómo llega la especie desde su ecosistema ori­ginario en el Pacífico Noroccidental hasta el Estrecho de Gibraltar. María Altamirano se muestra prudente, no obstante, señala que estudios de la UMA determinan que esta especie tiene resistencia para sobrevivir va­rias semanas en las aguas de lastre de los buques y cree que el tráfico marí­timo ha podido influir: «Sí que sabe­mos que el Estrecho soporta una pre­sión de tráfico marítimo de grandes mercantes con grandes volúmenes de aguas de lastre de manera frecuente y grandísima, y también es cierto que hay poca regulación en los vertidos de las aguas de lastre». Para el profesor tarifeño, sin embargo, resulta «irrefu­table», y apunta al inicio de una ruta marítima entre el puerto de Algeciras y Corea del Sur a través de su naviera Hanjin. Los primeros mercantes de la zona llegaron en mayo de 2010. Ade­lante Andalucía, al denunciar la pro­blemática en el Parlamento andaluz, aportaba el dato que de los 26 000 bu­ques al año que operan en la bahía de Algeciras, solo se inspeccionan 220.

Esto ocurre a pesar de la existencia de un convenio internacional para el control y gestión de las aguas de las­tre (convenio BWM) impulsado por la Organización Marítima Interna­cional (OMI) en 2004 y firmado por el Estado español, en el que el objeto principal era la protección ambien­tal. «La propagación de las especies invasoras se reconoce actualmente como una de las mayores amenazas al bienestar ecológico y económico del planeta» asegura la OMI y añadían que ante el aumento del comercio in­ternacional vía marítima «es posible que el problema no haya llegado aún a su momento más grave. Los efectos en numerosas zonas del mundo han sido devastadores».

La segunda incógnita es cómo la oka­murae ha invadido tan rápido el Estre­cho. Hasta ahora se achacaba a su capa­cidad reproductiva. Cada espécimen, una vez arrancado, es capaz de liberar varios cientos de nuevos especímenes. Esto hacía que la actividad humana (pesca, submarinismo o transporte marítimo de pasajeros) propagase la plaga. Sin embargo, un reciente estu­dio incorpora una nueva razón: los in­vestigadores Félix López y José Carlos García sostienen en un estudio junto con el Instituto de Estudios Oceano­gráficos que el fósforo potenciaría la fotosíntesis y crecimiento de la espe­cie. De este modo, Vergara señala que se da un doble vector, de nutrición y de dispersión. Y he aquí que Vergara introduce su hipótesis: las influencia de las rutas de tráfico de los fosfatos. Marruecos es el segundo productor del mundo de estos fertilizantes gracias al expolio de las minas en territorio saha­raui. La agencia EFE informa en una nota de marzo de 2018 que la compa­ñía estatal marroquí Oficina Jerifiana de Fosfatos se habría visto obligada a modificar sus rutas habituales por Sudáfrica y Panamá. Sendas victorias judiciales del Frente Polisario habrían dificultado estas vías. Vergara plantea que esto habría obligado a Marruecos a abrir nuevas rutas de exportación desde Tanger Med, pasando por el Es­trecho, con consiguientes episodios de contaminación.

Ante este panorama, la organización comarcal Verdemar-Ecologistas en Acción denunció ante la fiscalía de Algeciras a la Autoridad Portuaria Ba­hía de Algeciras (APBA) y a la Junta de Andalucía bajo la acusación de estar incumpliendo diversos artículos del Código Penal relativos a la protección de flora y fauna. No en vano la plaga afecta al Parque Natural del Estrecho, reserva de la biosfera por la UNESCO y cinco especies incluidas en el Catá­logo Nacional de Especies Amenazadas (CNAE) habitan en él. Una de ellas es la Patella ferruginea, una lapa cataloga­da en peligro de extinción, el mismo rango de protección que ostenta ac­tualmente el lince ibérico. La denun­cia fue archivada en septiembre por la fiscal de Medio Ambiente bajo el argumento de que «los hechos denun­ciados no revisten indicios suficien­tes de criminalidad». Y en mitad del extractivismo marroquí, los negocios coreanos y la inacción andaluza, el vi­rus continúa extendiéndose.

Sobre el omnipresente follar contemporáneo

Follamos por muchos motivos. Para encontrarnos, para demostrarnos, para probarnos o para romper monotonías, inseguridades o pactos. Incluso para buscar la intimidad o para dejar asomar nuestra vulnerabilidad.

El ser humano es un mono que crea significados y en ese sentido el sexo no podía ser menos; con la importancia que se le ha dado en nuestras sociedades, se ha convertido en uno de los grandes momentos simbólicos de la vida humana. Follamos por muchos motivos. Para encontrarnos, para demostrarnos, para probarnos o para romper monotonías, inseguridades o pactos. Incluso para buscar rápidamente la intimidad o para dejar asomar nuestra vulnerabilidad.

Raewyn Connell, la mayor autoridad de los estudios de masculinidades, a la hora de analizar las áreas sociales de (re)producción de la jerarquía de género, identifica tres: la división sexual del trabajo, las relaciones de poder (coerción, violencia y castigo), la simbolización (el mundo simbólico ligado a cada género) y la cathexis. Ésta última es el área donde se definen el deseo y las energías libidinales.

Cuando aterrizamos el deseo al mundo, éste se dirige a ciertos objetos, ciertos cuerpos y ciertas ideas. Y la forma en la que ese deseo aterriza, aunque sea muy compleja y dinámica, siempre está en diálogo con las estructuras sociales/culturales/políticas donde se sitúa.

Lógicamente, entre otros factores, la estructura concreta del género de cada sociedad moldea la codificación del deseo y la sexualidad. Así, es necesario analizar la sexualidad siempre en relación a los modelos de género. En concreto, en este artículo, lo ligaré a la forma en la que el sexo ocupa la centralidad de las masculinidades.

Masculinidades, en plural, porque hay muchas, pero para la mayoría el sexo es clave. Las distintas masculinidades desean y follan como sólo ellas saben. Y así, el sexo significa, pero muchas cosas.

Follar para ser hombres

Decía en otro artículo que el sexo para el hombre es un momento de validación. Tenemos sexo para adquirir la credencial que nos certifica (frente a uno mismo y frente a los demás) como hombres. Follar como un hombre es ser un buen amante, dejar satisfecha a la pareja sexual, rendir siempre, ser una máquina siempre disponible, siempre activa, siempre deseante. Follar compulsivamente, rápido y eficazmente. Como observaba sagazmente Analía en su último artículo, este tipo de sexualidad es muy útil a un capitalismo corporal que exige siempre disponibilidad y potencia.

El hombre vive como un mandato fundamental el sexo. Esta obligación, integrada desde los primeros momentos de la socialización masculina, pone lo sexual en el centro social. Y alrededor de este centro, se disponen multitud de discursos, prácticas y símbolos que lo justifican/reproducen: científicos hablando de la libido superior masculina, películas y series donde los hombres reconocen pensar con el cerebro del pene, la agresividad ligada a la territorialidad sexual, el fracaso sexual (el gatillazo) como la Gran Tragedia masculina, etc., etc., etc.

La hipersexualidad nos pesa como una losa. Pero no seamos simplistas. No es un follar cualquiera. Ya no son tan aceptadas esas tesis de los hombres como máquinas brutas y despreocupadas de follar. El sexo es importante para el hombre, y en muchísimos casos nos preocupamos (a veces neuróticamente) por cómo follar mejor (más y mejor, más bien). Entiéndase que, si follamos para validarnos, será la satisfacción de la pareja la que nos valida la tarjeta. Su satisfacción es el sello de “Aprobado” en el carnet de Hombre.

La trampa es que no nos preocupamos mucho por saber si de verdad está satisfecha la otra persona (sobre todo si es una mujer). Preguntamos alguna vez “¿te gusta?” durante el coito, y no incidimos demasiado en si el orgasmo que nos han dejado ver es verdadero o no.

En el genial documental De putas. Un ensayo sobre la masculinidad, de Nuria Güell, las trabajadoras sexuales cuentan cómo los clientes suelen preguntarles si les gusta cómo follan, si es el mejor polvo que les han echado nunca, si follan como nadie. Las chicas, lógicamente, les dicen que sí (a todos). Y ellos les creen, o hacen como que les creen.

El sexo se muestra en su realidad teatral: todas las personas implicadas representan un rol y, si alguien hace explícito que son actuaciones, rompe el espejismo.

Mi cuerpo
Ilustra La Alex

Follamos para crear intimidad

Sin embargo, puede que haya otra dimensión de la sexualidad masculina que se nos escapa. No todo es validar el género. En el fondo, el hombre también tiene corazoncito y puede que detrás de una hipersexualización compulsiva haya un intento desesperado por conseguir intimidad.

En una sociedad donde el tiempo se ha capitalizado al máximo, la intimidad es un problema. Tenemos todas grabado en la frente “el tiempo es oro” y, sin embargo, conectar y generar vínculos exige tiempo, energías y dedicación. No podemos comprar vínculos como se compran galletas en el supermercado, y eso frustra.

Yo lo viví en mi experiencia de la precariedad geográfica: te mueves de ciudad en ciudad y pierdes la red que te sostenía. De repente, te das cuenta de ello y empiezas a buscar gente que reemplace a Sergio, a Eduardo, a Natalí, a Eva y a Maialen. Buscas personas que rellenen los huecos creados y te topas con la realidad: el vínculo no se rellena. No son posiciones prefijadas que pueden intercambiarse. El vínculo necesita tiempo, mimo y ganas. Y eso, en una sociedad neoliberalizada, es complicado.

Por ello ponemos descripciones en las apps de citas: “Lionel, 29 años, sociólogo. Escribo en sitios, hablo mucho, soy majo, comprometido con la política y seguramente beba más cerveza que tú”. Yo-Marca deseando ser comprado. Pero también Yo-Comprador que ve descripciones imaginando quién puede encajar mejor en ese hueco libre.

Pero otra vez, el vínculo exige tiempo y no lo tenemos. Sin embargo, hay un camino secreto para alcanzar rápidamente intimidad sin esperar meses. ¿Adivinan cuál? Exacto. El sexo. El sexo aparece aquí como una forma rápida de conseguir una intimidad física que esperamos que se convierta en intimidad emocional. El sexo nos permite (o eso creemos) conectar en lo espiritual al poco tiempo de conocer a alguien. Aunque usar el sexo como fábrica de intimidad genera muchísimos problemas que ya explicaré en otro momento.

Antes de terminar, aún me queda una razón por la que creo que el sexo está tan presente en nuestra vida y, en concreto, en la codificación masculina.

Follamos para (poder) ser vulnerables

Las psicólogas de Indàgora suelen colaborar conmigo cuando ando preparando estos artículos. Sobre este tema, una de ellas me decía que quizás haya relación entre la prohibición masculina de mostrarse vulnerable a nivel social y la búsqueda compulsiva de intimidad sexual. Piénsenlo: si la vulnerabilidad está asociada a la debilidad, la intimidad emocional se ve limitada rápidamente. Así, la cama puede aparecer como uno de los pocos espacios donde un hombre puede vulnerarse sin ver fracturada su masculinidad. Eso sí, esa vulneración viene siempre después del sexo.

El momento posterior al coito siempre tiene un aire de fragilidad que un hombre no vive en ningún otro sitio: nos permitimos acurrucarnos, nos mostramos blandos, expuestos; las conversaciones de después de follar son siempre emocionales, afectivas. Los mimos se relajan, ya no tienen motivación sexual; la conexión es mayor, y se nota.

Desplazar el sexo del centro

En conclusión, la hipersexualización de nuestras sociedades no es porque hoy tengamos más libido o más necesidad de tener sexo que en otras épocas. La presencia absoluta del sexo en todas partes tampoco es sólo consecuencia de un capitalismo que ha comercializado lo sexual (aunque es evidente que lo ha hecho).

Quizás el sexo está en todas partes porque le hemos cargado de muchísimos significados sociales. El sexo significa muchas cosas: intimidad, validación, vulnerabilidad justificada. Puede estar relacionado con el poder, con la inseguridad, con el narcisismo o con la simple diversión. Lo hemos desbordado de significados, convirtiéndolo en una mancha de aceite que se expande y contamina muchísimos ámbitos sociales.

Quizás desplazar el sexo del centro de lo social sea un ejercicio rompedor. No sólo para los hombres (aunque sería sumamente enriquecedor para nosotros), sino para todas las sociedades que se preocupen por repensar los cuidados, las redes comunitarias y la intimidad.

Este artículo de Lionel S. Delgado fue publicado originalmente el asombrario.com 

Imposible entender el campo sin las mujeres

La noche antes de escribir este artículo soñé con mi abuela Ana. Me desperté con la sensación de haber estado con ella, de que me contaba algo, aunque en el sueño no apareció su cuerpo, no vi sus ojos ni su pelo blanco.
Mi abuela nació en el campo, creció en el campo, dio a luz en el campo. Vivió trabajando sin parar junto a mi abuelo, cuidando de los animales como si fueran parte de la familia, recolectando los frutos de la temporada, amasando pan y haciendo picón para las noches frías de invierno. Pero para mi abuela esas tareas nunca contaron como trabajo, era lo que había que hacer, y madrugaba tanto que a veces casi ni dormía. La figura de la mujer, como trabajadora y parte de la economía en los entornos rurales, se parece a esa sensación que tuve en el sueño: no aparecen, no existen, están invisibilizadas.
Conozco algunas familias que hoy en día siguen viviendo, con muchas dificultades, del campo. Por ejemplo, en la casa de un amigo pastor, su mujer es la que ayuda, colabora o acompaña, aunque su trabajo sea indispensable. La mujer del pastor no tiene descanso ni presta atención al día del almanaque. Las tareas se dilatan, desde que sale el sol y entra al corral a por huevos, hasta que cae la noche y descansa, mientras remienda alguna prenda rota por la faena, arropada por la mesa camilla, con el sonido de la tele de fondo y pensando lo que preparará al día siguiente para el almuerzo.
Esta preocupación es abordada por María Sánchez en Tierra de mujeres, un libro en el que a través de las historias de su tatarabuela, su abuela y su madre, visibiliza y cuestiona esta problemática
Todo lo que llegaba a casa, lo importante, las alegrías y las proezas, las buenas noticias, siempre venían de la misma voz. Nos contaron que solo trabajaba el hombre, que era él el que merecía descansar al llegar a casa. Silenciamos y pusimos a la sombra a aquellas que hacían las tareas domésticas, que se arremangaban las mangas y las faldas en nuestros pueblos, que ayudaban en las parideras, que trabajaban el huerto, cuidaban las gallinas, recogían aceitunas. (…) Teníamos como normal que nuestras madres y nuestras abuelas se encargaran de todo y pudieran con todo: la casa, los cuidados, los hijos, el campo, los animales. Les quitamos sus historias y no nos inmutamos.
Las mujeres siguen trabajando el campo sin cotizar, sin ser propietarias de las tierras, sin ser partícipes de la toma de decisiones, sin tener derechos ni ser valoradas. El pasado febrero se organizaron tractoradas de protesta en las provincias andaluzas más vinculadas con la agricultura y la ganadería. Se cortaron carreteras como demanda de mejoras en el sector agrario relacionadas con la producción, la economía, la política y la energía. Los representantes de las uniones y asociaciones de trabajadorxs del campo son hombres. Ellos deciden qué es lo importante, son quienes toman decisiones y establecen las dinámicas de trabajo, mientras las mujeres del campo siguen cuidando sin descanso y sin ser tenidas en cuenta.

Transformando el imaginario temporero

La palabra precariedad se deriva de prex, precis (ruego, súplica). Del neutro plural del adjetivo precaria viene nuestra palabra patrimonial plegaria. Si la definimos como lo hace la RAE entenderemos por ella pobreza o falta de recursos. Si ahondamos en su significado vemos como viene a definir algo de poca estabilidad o duración, o que se tiene sin título por tolerancia o inadvertencia del dueño.

Vamos a intentar desmontar esta palabra y re-significarla a nuestro antojo con cierta ironía para vislumbrar otras maneras de relacionarnos con el trabajo y reafirmar así nuestros reparos con el Homo asalariado. Para el neoliberal sevillano que se haya topado con este artículo y se esté frotando las manos pensando que las jipis y anarquistas nos arrodillamos por fin ante su maldita flexibilización del mercado laboral, avisamos que este no es un artículo neoliberal, sino libertario. Lo que quiere decir que no nos vamos a referir a la temporalidad enmarcada en la desregulación del mercado laboral, sino a la temporalidad del campo y de la tierra, entendiendo esta como el propio ciclo vital de la fruta que recolectamos durante las peonás.

Estas palabras se escriben para dignificar, no al trabajo, sino a las gentes que conscientemente apuestan por el trabajo temporero arraigado a la tierra y al campo. A quienes no sufren por la temporalidad, puesto que la eligen como forma de vida alejada de la rutina y el esclavizador trabajo asalariado; a quienes se enfrentan al circo del mercado laboral con ingenio y decrecimiento; a quienes deciden currárselo para vivir y no vivir para currar; a quienes han superado los discursos de fobia urbana al trabajo en el campo; a quienes han aprendido de verdad a vivir mejor con menos.

Los discursos sobre la precariedad siempre han estado copados por la izquierda rancia que sigue pidiendo pan y trabajo al Estado y su gobierno. Estamos huérfanas de otros discursos que pongan en valor otro tipo de relaciones con el mercado laboral. Esto es un alegato por la superación de los conceptos tradicionales que no reparan nunca en una posible ruptura de verdad con el mercado laboral y sus miserias.

Existimos las que apostamos por construir otras maneras aprovechando la siempre presente desigualdad norte-sur. Las que nacimos en el sur del norte, estamos acostumbradas desde pequeñas a ver como los pueblos, a medida que se acerca el verano, se van vaciando. Autobuses llenos de temporeras salen en dirección Europa desde que la modernidad llegó al campo. Casi un siglo después, los pueblos se siguen vaciando, pero las ciudades han visto como nacía un nuevo grupo social que imita las maneras de siempre pero reactualizadas con tintes libertarios.

Somos muchas las que apostamos por el lujo de tener el tiempo a nuestra disposición. Las que decidimos desde el privilegio de poder elegir, vender nuestra vida solo un par de meses al año y vivir el resto como diosas. Quienes hacemos de nuestra vida un viaje constante en busca de la libertad que nos da poseer el tiempo en nuestras manos.

Si definimos una vida digna de acuerdo con convenciones y estándares de la sociedad capitalista, la nuestra por seguro que no lo sería. Hemos convertido la precariedad en un lujo vital, de manera resiliente y, por qué no, oportunista, nos aprovechamos de los desmanes capitalistas. Si antes se miraba al norte más cercano, cuando miramos ahora al norte miramos mas al norte todavía. Francia y Alemania van dejando paso a Suiza, Noruega, California o Canadá.

Nos lanzamos a la aventura cada vez que comienza el verano o el otoño, sin seguridad alguna de lograr los objetivos económicos, pero con la certeza de que volveremos con algo en las manos. Desde el privilegio de poder elegir, elegimos vivir al margen del tiempo. Según lo que venga improvisaremos durante el año. La clave es siempre la misma: colectivizar la vida y decrecer. Es lo que nos permite de verdad vivir mejor con menos.

A las de siempre, gracias por resistir con alegría. Nos cruzaremos en los caminos pa’l norte pa encontrarnos en el sur nuestro, libres como el viento.

Romance Sonámbulas

El Topo está en duelo. Se bate contra sí mismo con el cuerpito roto. Hay pérdidas y también pierde. Y más vivo que nunca, bebe savia nueva con la cara recién lavá. Hay brotes y salen flores, aunque no toque. Por eso le quitamos el disfraz de carnavales al capitalismo verde y desmontamos la declaración de emergencia climática.

El Topo no se cuida. Se sobrepasa y se estrella sin poner límites. También fija perímetros de seguridad donde gastar los tenis bailando. En los diez años de La Fábrika de toda la vida se nos ha visto sandunguear por allí.

El Topo se pierde entre dimes y diretes que muerden en el cuello y no salen de las cabezas mientras busca la fuente de agua clara y se peina, mete los pies, recarga la botella, el vaso XXL de té, el vinito, el mate, la cantimplora, su petaca de licor café y el pacharán casero. El colectivo EPA también nos ayuda a calentar nuestras gargantas en andalûh.

El Topo no sabe, no dice, no habla, no quiere, no puede.El Topo no. No. Pero cuenta cuentos, alarga los desayunos y comparte recetas para media col del fondo de la nevera. Da paseos largos por Los Lances y se sacude el cuerpo invadido de arena y alga japonesa.

El Topo llega tarde porque en realidad no quiere ir. Y si aparece no está, porque no. Se mira en los espejos que se apoyan en contenedores, en las tapaderas de ollas que hacen pucheros grandes en cocinas de cárceles.

El Topo enmudece o grita, y va a clases lunes y miércoles de 19:30 a 21:30 donde acompaña a colectivos a encontrar la gama de grises. Los martes y jueves busca negros y blancos. En su walkman suena fuerte el romance sonámbulo, de un verde cogollo californiano, y así te llevamos al tajo.

El Topo se esconde y se descontrola, de la madriguera a los árboles, de los árboles a la madriguera. Olvida su ceguera, olvida que donde había árboles ahora hacen mudanzas las vecinas, sacando el fajo del sujetador para contar dinero de esquinas.

Y así vamos, con duquelas y alegrías.

Menas:

¿chavales o intrusxs?

Hace unos veinte años que chavales extranjeros cruzan las fronteras sin sus familias y llegan a Andalucía acompañados por otros chicos de su edad, jugándose la vida y poniendo su cuerpo como único escudo frente a ejes de camiones, concertinas y olas.  Desde hace veinte años estos chavales y chavalas dejan en evidencia el divorcio entre la legislación que protege a la infancia y adolescencia y la legislación de extranjería.

En aquel momento no existía ninguna etiqueta jurídica que los encasillase. Aún no tenían nombre en la legislación de extranjería española. En la primera ley de extranjería de 1985 no existían. En 1996 se aprobó el reglamento de dicha ley y se usó el término «menor en situación de desamparo» para referirse a ellos. Un año más tarde, el Consejo de Europa en su resolución de 26 de junio de 1997 definió el sujeto jurídico llamado «menor no acompañado» y se generalizó su uso en las distintas legislaciones de extranjería europeas.

En el artículo 91 del reglamento de la ley de extranjería del 2000 fue donde por primera vez en la legislación española de extranjería se utilizó el término «menores extranjeros no acompañados». Ese término dotado de cierto potencial jurídico —al definir la situación de desamparo que merece protección, el estar no acompañados de adultos y ser extranjero en un país— comenzó a usarse de forma extensiva. Las disciplinas de la intervención social empezaron a usar este término y se inventaron muchos otros ante la necesidad de nombrar lo desconocido, a veces pensado como amenaza.

El uso categórico de este término para describir los complejos procesos vitales de los chavales que migran trasluce un nacionalismo epistemológico y metodológico que no se debe pasar por alto. Se centra en la parte del proceso migratorio que corresponde al acceso al territorio europeo, como si antes (y después) no existiera nada digno de ser nombrado y tenido en cuenta. Se olvida el pasado, la historia del sujeto y se les construye como un colectivo homogéneo sobre el que se interviene de forma unívoca.

Además, la lógica territorial de la protección de la infancia construye un análisis y una percepción también territorial y parcializada sobre estos chicos y chicas. Solo se interviene sobre lo que ocurre en un territorio donde competencialmente los servicios sociales tienen poder. Pero cuando los usuarios cuentan con su movilidad como único recurso para responder a las estandarizadas respuestas institucionales y hoy están en Algeciras, mañana en Madrid y pasado en París, se queda corta la protección institucional.

Por este motivo el uso del término «menor no acompañado» fuera de la esfera jurídica es una forma de simplificar la complejidad vital de sus protagonistas. ¿Cómo nombrarlos entonces? Puestos a elegir, me quedo con las palabras de Amina Bargach:

El chico y la chica migrante debe ser conceptualizado y percibido como un ser social contenido y en posesión de redes sociales complejas (…) En este caso, una vez visualizada la persona como sujeto dentro de una red social compleja, podríamos anticipar una nueva definición en la que el chico o la chica quedaría caracterizada como un sujeto menor con pertenencias sociales múltiples que se mueve por diferentes territorios (el final es mío).

¿Y por qué se mueven? Ellos y ellas son personas menores de edad a proteger (según el derecho internacional) y también personas extranjeras a controlar (según las legislaciones de extranjería), pero la preeminencia del control migratorio hace que la titularidad de sus derechos esté constantemente puesta en duda. Se mueven —casi siempre— huyendo del maltrato institucional que sufren. La trama de la regulación jurídica sobre la infancia pivota en la protección mientras que la trama jurídica migratoria es eminentemente securitaria. En general, la protección de la infancia goza de un talante de defensa de derechos, apoyo, acompañamiento, amparo, tutela, resguardo, auxilio y atención. Por otro lado, la legislación de extranjería es restrictiva de derechos, está centrada en el control, la expulsión, la observación, la detención y la cuantificación de las personas extranjeras. Es decir, son los dos extremos de cualquier cuerpo legislativo. Este es el escenario donde se produce el maltrato institucional.

Los sistemas de protección europeos están raptados por la incapacidad de hacer prevalecer el mandato de la protección en esta doble condición. La imagen de niños temblorosos que desembarcan en las costas europeas tras travesías peligrosísimas perpetúa una visión mediatizada y racista sobre la complejidad de sus motivaciones, una visión raptada en la industria de la compasión.  Hemos asistido este verano al ataque por parte de grupos políticos de extrema derecha a chicos y chicas extranjeros en situación de desamparo que están dentro y fuera de los sistemas de protección. Estos discursos y acciones han incitado al racismo y al odio, y distorsionan la complejidad de los procesos migratorios que protagonizan estos chicos y chicas y sus subjetividades, alimentando falsas ideas y generando prejuicios.

En estos últimos 20 años, sin embargo, la presencia de niños, niñas, adolescentes y jóvenes menores de edad extranjeros ha significado una oportunidad para reformular la forma de gestionar la diversidad cultural en el ámbito de la infancia y para profundizar en la intervención desde el trabajo en red y la interdisciplinariedad. La movilidad infantojuvenil en este mundo globalizado es una oportunidad para pensar la calidad de los estados de derechos y nuestras sociedades democráticas.

Revolución por fuera y por dentro

ENTREVISTA A FERNANDO LÓPEZ RODRÍGUEZ

Quedamos en Tramallol, el espacio que alberga a Lanónima en la actualidad. Ponemos la grabadora con muchos sonidos de fondo, gente que pasa y saluda, una asamblea de Cactus, un taller, alguien que discute por teléfono... Jaleos, como no podía ser de otra manera si vamos a entrevistar a Fernando, metido en casi todos los movimientos sociales de la ciudad. «De Sevilla de toda la vida, de aquí de Marteles, el pasaje peatonal entre Enladrillada y Sol.» Sus padres se unen en el año 40 y se van a vivir a la Corza, donde vive un hermano de su padre (de la Corza conoce a Antonio Buenavida, de una ocupación vecinal muy buena que se dio en los 80 y que nos daría para otra entrevista). Se refugian allí, nacen sus primeros hermanos y, después, consiguen una vivienda de alquiler en Marteles, y nace la otra mitad. Son ocho. Años después, se van a San José Obrero. «La familia de mi padre era republicana, tenía hermanos en prisión —condenados a muerte, aunque al final no los mataron— y mi madre que también fue rapada en su pueblo, preparada para la muerte».

El Topo (ET): ¿Cómo es Fernando visto por Fernando?

Fernando (F): Un tío bastante nervioso, muy activo, necesito estar haciendo algo, maquinando algo, por eso estoy en todos los movimientos sociales. Como me gusta lo que se va a hacer, me lo tomo muy como si fuera mi casa. No sé eso por qué será, si huyo de algo, como un tiempo que no quiero ver, a lo mejor se me ha quedado la costumbre…

He sido un tipo que he tenido mis problemas de comunicación en relación al cómo soy, quién soy y, a lo mejor, por ahí viene ese estar siempre activo, para no ver esa parte de mí que no encaja en ningún sitio. Aunque ya está todo encajado. Me estoy refiriendo al tema de la sexualidad. Desde pequeño veo que soy distinto al resto de los amigos. Soy igual que todos, pero distinto, en la medida en que algunos de mis amigos me despiertan deseos.

Con 17 años empiezo a tocar el tema de la revolución por fuera, y eso me lleva a la revolución por dentro, quién soy, cómo soy, qué pasa conmigo. Dentro de la organización política en la que me integro, Juventudes Comunistas, voy viendo como también hay compañeros como yo, pero no se puede hablar del tema, somos gente normal con vidas normales.

En una ocasión, en una asamblea clandestina del Partido Comunista a las afueras de Sevilla, se plantea que hay compañeros que quieren pasar a la organización y que son homosexuales. Se dice que son buena gente pero que no nos podíamos arriesgar, en una situación de detenciones, torturas e interrogatorios, eran débiles y podrían no aguantar. Era el año 1969.

ET: Hubo también tiempo de prisión…

F: Me metieron en la cárcel porque nos cogieron haciendo pintadas con las consignas de aquel tiempo: «Libertad sindical derecho de huelga» y «salario mínimo 300 pesetas». Como éramos de Juventudes, teníamos consignas sindicales, fuera de la legalidad, pero más suaves. «Libertad presos políticos», era una consigna más grave para miembros del PC, no para los jóvenes. En la célula de mi barrio, San José Obrero, éramos unos 15 y un compañero al que cogieron pintando dio el nombre del resto.

Estuve tres meses en la cárcel. Los presos políticos (por pertenecer a organizaciones políticas que buscaban la destrucción del Estado, nos decían) estábamos aparte de los presos comunes.

La organización funcionaba como organización política también dentro de la cárcel, con sus responsables, vínculos con la calle, bolsa común, comíamos juntos, paseábamos juntos. Te das cuenta de que hay compañeros que sienten como tú. Vemos cómo los presos comunes se enrollan entre ellos, se emparejan para evitar violaciones, para protegerse y nosotros teníamos que ser los más puros, no hablar con nadie. Los mismos funcionarios de la cárcel participaban de esto, tenían sus ligues, pero nosotros no podíamos. La disciplina del partido no permitía relacionarnos. El régimen nos separaba, pero la organización también: era un doble aislamiento. Yo veo a amigos míos de la calle entre los comunes y los saludo y hablo, y ya ahí había ciertas disidencias y no estábamos de acuerdo con aquellas cosas. Éramos disidentes. Los comunes se divertían y desde luego que éramos los más tontos del mundo. Seguíamos muy reprimidos, tenía mi novia y lo otro estaba ahí, sin haber tenido nunca una experiencia.

Salí con libertad provisional con el dinero que dieron mis padres y la caja de resistencia del partido. Nos defendió Manuel del Valle, el que fue alcalde de Sevilla. Salimos absueltos y a la calle otra vez.

ET: ¿Cómo fue la lucha en la clandestinidad desde el Corte Inglés?

F: Mientras estaba en libertad provisional entré a trabajar como vendedor en moda joven de El Corte Inglés. Junto a compañeros que trabajaba en las calles comerciales y grandes almacenes, Puente y Pellón, Sierpes, Vilima… pretendíamos crear las Comisiones Obreras del comercio. Se estableció una reivindicación que era la del sábado por la tarde sin trabajar. Nos concentrábamos en el Duque, tirábamos octavillas desde la azotea del Corte Inglés y el día de la concentración me detuvieron por segunda vez. «No te muevas y sigue para adelante», me encañonaron y para la comisaría de la Gavidia.

Sabía a lo que estaba expuesto. Pasaba miedo cuando estaba en el calabozo y decían mi nombre. Arriba no sabía lo que me esperaba. Qué tipo de guantá, de patá, y la cara de odio y las ganas de comerte vivo. Abajo, en los calabozos, descansaba.

Si estabas arriba no te daban agua, si te estabas meando te meabas encima. Formaba parte de la tortura. Agáchate, pero no te apoyes, patadas en el lado de la pierna con palos, duele mucho la pierna, cabezazos contra la pared… pero lo que más me imponía eran las caras. «Te voy a matar, me pones de los nervios, me voy que te voy a matar», para ver si firmabas la declaración que ellos querían. Como no se podía estar más de 72 horas, aguantábamos y para la cárcel. Mi familia necesitaba mi sueldo y a mí me despidieron sin derecho a nada. Era 1972. Paso cuatro meses, una navidad, un fin de año. Los abogados que nos llevaron fueron Aurora León, Adolfo Cuéllar y José Julio Ruíz Moreno, los abogados de temas políticos del momento.

En el PC nos indicaban qué libro había que leer, estaba mal visto el tema porros, qué tipo de música escuchar, qué amistades tenías, y cada vez estábamos más incómodos. La segunda vez en prisión conozco a gente que piensa de otra manera: gente de la CNT, gente del Partido Comunista Internacional, que eran maoístas, relacionados con lucha armada, y me abren la mente a otras realidades. En el 1972, cuando salgo para ir a la mili, pierdo el vínculo con el PC.

ET: ¿La mili era peor que la prisión?

F: Salgo en libertad provisional porque me iba a la mili. El capitán tiene la lista de los reclutas señalados y ahí estamos unos cuantos a los que nos mandan a la oficina del capitán y nos advierten: «a la más mínima que ocurra aquí algo, sois los culpables. No quiero ver libro, papelito ni nada, y de aquí vais a un consejo militar, estáis vigilados, ya lo sabéis».

A los señalados nos mandaron como castigo a un destacamento en la sierra de Córdoba, un polvorín de municiones viejas. Nuestro trabajo era quemar una montaña de balas, un peligro. Estábamos en un barracón de chapa, en colchonetas llenas de chinches. Comíamos de un rancho que subía un burro del cuartel más cercano: comíamos frío y mal, y mientras olíamos el asado de los militares. Hacíamos turnos de 2 horas, cama y garita. Así estuvimos, con una calor tremenda, 6 meses. Eso no había cuerpo que lo aguantara. Cuando nos licenciamos, en la cartilla te ponían «persona que no merece ninguna confianza», para futuros trabajos. Uno de los chatarreros que va al Pelícano era compañero mío allí, Antonio Coronilla, sería interesante hablar también con él.

ET: Muere Franco y, ¿qué pasa contigo?

F: Después de la mili yo seguía teniendo el juicio pendiente y mi novia y yo nos fuimos, antes de que me mandaran otra vez a la cárcel. Íbamos en tren camino de Francia, pero paramos en Barcelona y allí nos quedamos en casa de compañeros de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), previo al PT.

En Barcelona empiezo a ver que hay mucha gente que se ha quedado igual que nosotros, sin papeles, y nos quedamos 8 años, hasta que muere Franco y con la ley de Amnistía volvemos a Sevilla, y obligan a El Corte Inglés a reincorporarme. Era 1979. La gente del PT ocupamos una barriada entera en Virgen de los Reyes en el Cerro del Águila (allí conocí a José Ignacio) y nos metimos mi mujer y yo en una casa.

ET: El feminismo, ¿cómo lo ves y lo vives?

F: Gracias a esta forma de ver el mundo, la vida, nos relacionamos mejor y detectamos al enemigo mejor. Antes era el capitalista, ahora también es el machista. Te sirve para entender la revolución, tus errores; nos faltaba esta manera más completa de ver la vida. Conozco este movimiento cuando vuelvo a El Corte Inglés con la amnistía y tengo un primer contacto con compañeras. Las más luchadoras dentro de El Corte Inglés son mujeres. Nos conocemos y me enseñan otras maneras, viven de otra manera, son lesbianas algunas, me coge en la época del MHLA, Movimiento Homosexual por la Liberación de Andalucía.

Siento que tengo que abrirme y hablo con mi mujer, le digo que quiero conocer todo esto, sacarlo, probar. Mi mujer considera que es la influencia de estas mujeres, un capricho pasajero, pero no es así, yo soy el mismo, pero más completo. Esto supone un escándalo en la familia y al final nos tenemos que separar. Ella quiere que continuemos juntos, pero yo no quiero una doble vida. Me reconozco bisexual. Tengo treinta y tantos. Los compañeros del PT con los que milito en la ocupación ya lo saben, en el trabajo también se enteran.

Tengo mi primera relación con un hombre: visibilizábamos mucho nuestra relación pero, cuando se rompe, llego a creer que las relaciones de pareja, entre hombres, no son posibles.

ET: En los 80 vino la heroína…

F: Probé la heroína al poco tiempo de volver a El Corte Inglés, en 1978. Un compañero del MHLA tenía un bar gay, el Charlotte, y lo quería dejar. Con mi compañero de entonces montamos Sangre Española (en relación a la sangre derramada en la Guerra Civil). Después vendría otro bar, el Bourbon. Entrábamos en el momento punk, en una fase musical diferente (yo venía de Joan Baez, Víctor Jara, Bob Dylan… y nos metemos con David Bowie, Lou Red, Iggy Pop). La clientela era muy contestataria, muy punk y eso iba asociado a la heroína. Estaba en pleno corazón del activismo y con el tiempo llegaron las primeras víctimas.

Yo quiero dejarlo y me fui a Cuba, el único país donde no había, en el resto de sitios encontrábamos por todos lados. Estuve casi un año sin consumir. Allí en Cuba conozco a la madre de mis hijos, no le oculto nada y se viene conmigo para España. Conseguí dejar la heroína con su ayuda en 1995.

ET: ¿Cómo te reincorporas a la movida política?

F: Me reincorporo al movimiento político sevillano después de todo eso. Me buscaba la vida haciendo figuras de papel, hasta que una antigua amiga de la CNT me consiguió un trabajo fijo en el mantenimiento de un edificio en Sevilla Este. Mis manos me gustan, creo que son muy habilidosas. Yo no sé hacer nada, son las cosas que responden bien a mis manos.

Del 15M me entero por las redes sociales, voy viendo que está la cosa calentita y quiero volver a integrarme. En el 1 de mayo de 2011 me encuentro a muchos antiguos compañeros y les hablo de la convocatoria del 15M y me dicen que son contrarrevolucionarios, burgueses. De ahí a la acampada de las Setas y me encantó lo que estaba pasando, se abre otra puerta y a partir de ahí llega otro cambio. Le digo a mi pareja, la madre de mis hijos, que quiero tener otras relaciones, aunque seguimos viviendo juntos, cada uno a su bola. Lo hicimos así unos pocos de años, hasta Lanónima, cuando decidimos dejar de convivir.

Después colaboro con casi todas las corralas, estoy en la intercomisión de vivienda, paso por Andanza, Lanónima, que es el punto de encuentro de todos los movimientos libertarios, autónomos. Me siento realizado en la asamblea de Lanónima y es necesaria, tiene que existir. Con los institucionalistas solo no podemos vivir, no vamos a demasiados sitios, no son de gran utilidad, y el movimiento libertario sí tira del carro e insufla una mirada más crítica.

ET: Para terminar,  recomiéndanos un vinilo que te guste mucho

F: He mojado en todo y también en la música de ese tiempo, el rock and roll prohibido. En los registros que hacía la policía en mi casa, se llevaba discos como prueba, discos y libros. Discos que no se vendían aquí, que entraban por la base de Rota y por la base de San Pablo.

Un disco revolucionario para mí fue el del plátano de la Velvet Underground, el London Calling de los Clash o el God Save the Queen de los Sex Pistols.

ET: ¿Tienes esperanza?

F: Sí, mucha. Cada vez tenemos mas identificado al enemigo.

Hemos vivido por debajo de nuestras posibilidades

Noticia de una verbena teatral que quiere acabar con los poderes de la periferia aumentando el conocimiento y la alegría colectivos

Los dramaturgos y dramaturgas son una especie en extinción con costumbres de lo más estrafalarias. Por lo visto, se dedican a inventar movimientos, cosas y palabras para que otras personas las interpreten en directo. No contentas con eso, aspiran a que aún otras personas se sienten a verlas mientras lo hacen. Pero no se vayan todavía que aún hay más: quieren que todas —las que hacen, las que ven y las propias dramaturgas— se diviertan. Incluso he leído que pretenden conmover y hacer pensar. Y ya en el abuso definitivo, quieren cobrar por ello.

A estas criaturitas, como a casi todas, se les da de durse quejarse de lo malita que está la cosa, porque es verdad que la cosa buena, lo que es buena, no está.

Una de esas criaturas se dijo un día: «La cosa es la cosa, pero yo soy yo. Y yo lo que quiero es aumentar el conocimiento colectivo».

Antes le daba miedo ser pretenciosa, pero ya estaba un poco mayor y empezaba a traérsela al pairo. Además, pensó que la cosa estaba tan escacharrada que no se podía estropear mucho más. Luego, leyó unas frases de un dramaturgo desconocido, Lorca, que le gustaron mucho: «Para los poetas y dramaturgos, en vez de homenajes yo organizaría ataques y desafíos en los cuales se nos dijera gallardamente y con verdadera saña: “¿A qué no te tienes valor de hacer esto?”, “¿A que no eres capaz de expresar la angustia del mar en un personaje?”». La misma criaturita estaba otro día meando y se le vino esta frase a la cabeza: Hemos vivido por debajo de nuestras posibilidades. Ahora que lo tenía casi todo, llamó a otras dos personitas con ganas de cambiar el mundo (sí, el mundo) y se pusieron manos a la obra. Diseñaron una especie de verbena teatral en la que se formarían compañías efímeras por sorteo. Cada compañía estaría compuesta por una dramaturga y varias intérpretes que pondrían en escena piezas concebidas e interpretadas en menos de veinticuatro horas. O sea, una pequeña locura para remezclar a la gente de la escena sin importar estéticas, edad o estado civil. Y luego compartir eso con el público que se quisiera apuntar. Un desafío en vez de un homenaje, como quería el desconocido y nunca homenajeado Federico García.

Las políticas culturales son los padres

Todo ese tinglao es, como la criaturita tuvo claro aliviando su próstata, para que nosotras (tú, yo, la vecina y el de la fruta) empezáramos a dejar de vivir por debajo de nuestras posibilidades, porque lo de aumentar el conocimiento colectivo es perita. También había algo de reto a algunas de las formas del poder, las que se encargan de esa cosa que llaman «políticas culturales» (aunque todos sepamos que las políticas culturales son los padres). Por último, también había una especie de pancarta invisible en la que se podía leer que la gente de la escena (como el resto de las personas) es dueña de su tiempo y, por tanto, lo regala cuando quiere y trabaja gratis cuando quieren ellas, no cuando otros quieren.

Hicieron dos ediciones en 2018 que fueron estupendamente. Pero la criaturita y sus dos secuaces querían más. Por ejemplo, ¿por qué no conseguir que todo el mundo cobrara por trabajar en vez de regalar su trabajo? ¿Por qué no implicar en la actividad a colectivos que habitualmente no son público de los teatros? ¿Por qué no hacerlo en un sitio más grande para que pudiera venir más gente? ¿Por qué no aspirar a salir en los medios (aunque también sepamos que los medios son los padres)? Se compincharon con la ATT y consiguieron dinero de la Fundación SGAE y la Fundación AISGE. En septiembre de este año han celebrado la tercera edición en la que han jugado veinticinco personas que han cobrado por su trabajo. La muestra contó con un público de más de trescientas personas y, entre ellas, estaban invitados alumnado del IES Velázquez, del CPAM Casco Antiguo e integrantes del grupo de teatro de Faisem, en Sevilla, para fortalecer los vínculos entre quienes inventan para la escena, quienes están en ella y quienes quieren (o podrían querer) asomarse para ver lo que la escena tiene que hacerles (divertirles, conmoverles, hacerles pensar). Y dicen que esto es solo el principio.

Una ateísima trinidad

Yo estuve allí, fue el pasado 26 de septiembre en el patio de la ESAD de Sevilla. Hacía una noche estupenda y, entre botellines y risas, creo que el mundo cambió una mijita y un ratillo para mejor. Yo soy también la criaturita a la que se le ocurren las cosas meando. Yo me llamo David Montero y tengo cuarenta y seis años. Tengo Facebook, Instagram y bigote. Ahora mismo tengo trescientos euros en mi cuenta, eso sí, en una banca ética. Tengo una hipoteca y una compañera de piso. Tengo dos títulos universitarios y el carnet de conducir. No tengo prisa, no tengo claro qué pienso de muchas cosas, no tengo hijos, no tengo hijas, no tengo coche, no tengo reloj ni ganas de rendirme.

Estoy mirando mis dedos mientras teclean y no sé dónde quieren llegar. Estoy mirando la vida mientras la vivo y no sé dónde quiere ir a parar. Así es todo. Las cosas se hacen por un impulso y luego (si acaso) se comprenden. Quizá por eso, ahora empiezo a comprender que el hemosvivido me surgió como una rebeldía radical contra cualquier poder. Quizá yo no tengo acceso al poder-poder, pero he observado que toda periferia tiene un centro y que ese centro vuelve a acumular poder, un podercito comparado con el poder del centro-centro, pero que también se traduce en desigualdad y, a poco que se descuide, en desprecio de quienes no están en ese centro. Este mecanismo se repite a escalas cada vez más pequeñas.

Creo que este proyecto surgió para cuestionar ese mecanismo porque cuestionarlo es la mejor forma que se me ocurre de aumentar el conocimiento y la alegría colectivos, de cambiar el mundo. Y es en la fuerza de lo colectivo donde esto se ha hecho real. El primer impulso lo tuve yo, más bien mi próstata; pero un impulso del yo no es nada hasta que no se encarna en un nosotras. Las secuaces que se sumaron son Rocío Hoces y Anabella Hernández. En esa ateísima trinidad que formamos, ha ocurrido la primera revolución: hemos cambiado el mundo porque hemos sido felices haciendo lo que hemos hecho, porque hemos agitado la vida y la escena con alegría y pensando mucho y escuchando mucho. Las tres pensamos que, aunque la palabra nunca nos gustó, ya va siendo hora de dejar de hablar de empoderar y empezar a hablar de desempoderar. En ello seguimos.

¡Las cuevas resisten!

Casas cueva de Granada. Contra la uniformización de las formas de vida

Las cuevas utilizadas como vivienda son una de las características más personales del paisaje urbano granadino. Excavadas sobre los cerros y barrancos del cinturón montañoso que rodea Granada, las cuevas aparecen en los límites de la ciudad edificada pero integradas en ella. El contraste que suponen se convierte casi en desafío. Las cuevas frente a los edificios; lo horizontal frente a lo vertical; lo orgánico frente a la cuadrícula; lo espontáneo frente a la planificación… A nivel social, el desafío es aún mayor si cabe. Moriscos entre cristianos; gitanos entre payos; anarquistas entre fascistas; los malditos entre la gente de bien.

A lo largo de la historia los barrios de cuevas de Granada han sido el contenedor de excluidos y el  refugio de minorías difíciles de someter. De una población que, por sus formas de vida diferentes y por su actitud, ha llegado a suponer una auténtica amenaza para el orden establecido y su dominación. Desde los moriscos levantiscos hasta la guerrilla antifranquista, cuando las tensiones se han agudizado, las cuevas han salido de su silencio habitual para jugar un papel protagonista, convirtiéndose en el escenario de conflictos religiosos, sociales y políticos.

En el recuerdo colectivo, las cuevas se configuran como territorio resistente. Pero, invariablemente, también se han convertido en cementerio y tumba. Cuando las tensiones han estallado por los aires, las cuevas siempre han acabado siendo el escenario de represiones brutales. El territorio de los vencidos. Tierra quemada.

El actual momento histórico por el que atraviesan las cuevas es este, el de tierra quemada. Barrios degradados física y socialmente, las ruinas de lo que fueron 50 años atrás. Y esto es así no como resultado de alguna catástrofe natural o por la falta de decoro de sus habitantes, sino como resultado de una acción política premeditada, necesaria para poder levantar su repugnante parque temático. A la devastación física y social sobre la que se levanta, el parque temático añade el borrado de la memoria incómoda de estos lugares y la sustituye por relatos fantasiosos para hacerlos más digeribles y rentables económicamente.

Si bien la parte baja del Sacromonte ya hace tiempo que fue «recuperada» en este sentido como falso decorado dispuesto para el consumo, el resto de barrios de cuevas se mantienen habitados por una población «indeseable» que supone un grave problema para el funcionamiento y expansión del parque temático. Estos habitantes, por un lado, cuestionan la imagen idílica de la ciudad y, por otro lado, suponen un obstáculo para llevar a cabo sus planes de «recuperación» y «puesta en valor». La estrategia para resolver el «problema» pasa por desalojar estos barrios, cueste lo que cueste.

La insistencia insana de los poderes públicos por desalojar y destruir los barrios de cuevas de Granada a toda costa no tiene nada que ver con supuestos argumentos técnicos de insalubridad o de inseguridad. Estos argumentos hipócritas solo intentan desviar la atención de los intereses reales y de sus propias contradicciones. Las cuevas vuelven a convertirse en territorio resistente. Escenario de conflictos.

Conflictos sociales y políticos que las cuevas ponen en juego

Vivienda

Uno de los conflictos más evidentes que la ocupación de cuevas pone sobre la mesa de nuestros gobernantes es que existe una clara necesidad de viviendas asequibles. Obviamente, la vivienda no es ningún derecho sino una mercancía más en manos de inmobiliarias, constructoras, fondos buitres, sociedades de inversión inmobiliaria, etc. Y los políticos gobiernan y legislan para favorecer a estos grupos. El Ayuntamiento de Granada desmanteló en 2015 sus políticas de vivienda protegida para destinar esos fondos a negocios más rentables, por lo que no tienen nada que ofrecer. Ante el aumento brutal de los alquileres y del precio de la vivienda (o ante otros métodos de violencia más directa como desahucios, desalojos o acoso inmobiliario), las cuevas, simplemente, se recuperan como lo que han sido históricamente: una alternativa habitacional.

– Represión

La adaptación de la ciudad a las finanzas y el turismo está teniendo altos costes en atrocidad institucional. Recientemente los juzgados han calificado al Ayuntamiento de Granada de organización criminal por sus delitos urbanísticos. Tratamos con una élite autoritaria que defiende sus intereses económicos a muerte. Y la población sospechosa que no consume y no les vota… se barre. El intento de desalojo de las cuevas del Cerro de San Miguel Alto en 2014 ejemplifica esto a la perfección. Incluso un concejal de la oposición llegó a calificar estos hechos de terrorismo de Estado. Sin órdenes judiciales, las excavadoras entraron de noche a destrozar cuevas con más de 5 siglos de antigüedad. Los antidisturbios de la Policía Local, despertaron y desalojaron a la fuerza a sus habitantes, sin dar tiempo a sacar las pertenencias personales de los hogares. Hubo identificaciones, detenciones, carga policial, hospitalizaciones, un compañero senegalés deportado (en 3 días) y a otro vecino implicado en la defensa de las cuevas decidieron utilizarlo como cabeza de turco para ejemplificar lo que le puede pasar a cualquiera que se interponga en sus negocios. Fue acusado de atentado contra la autoridad y condenado a 6 meses de cárcel y a indemnizar a los 4 policías que le pegaron una paliza. No hubo planes de emergencia social para las familias desalojadas ilegalmente y sin previo aviso. De hecho, los Servicios Sociales están actuando como una herramienta más del acoso. Entran en nuestros domicilios, donde no puede hacerlo la policía, amenazan con secuestrar a nuestras hijas por no considerar nuestras viviendas como dignas, impidiendo el arraigo y la regeneración del tejido social de nuestros barrios. Solo ofrecen tratamientos represores y punitivos. Con el fin de invisibilizar la protesta y la exclusión, la clase dirigente recurre cada vez más a la barbarie, y las cuestiones sociales son tratadas como cuestiones criminales.

– Patrimonio

En la defensa de las cuevas hemos caído en la ingenuidad de recurrir a las agencias que trabajan en el ámbito del patrimonio para intentar parar la destrucción de nuestros hogares (Unesco, Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, etc.), sin darnos cuenta de las contradicciones y de los intereses a los que se pliegan estos organismos: hemos ido a refugiarnos en las pocilgas del enemigo. Estas agencias reconocen que el turismo es un elemento peligroso para la salvaguarda del patrimonio y la difusión de sus valores. Pero, a pesar de esto, el patrimonio y el turismo son industrias colaborativas. Prevalece el consumo frente a la conservación, por lo que la función principal de estos organismos acaba siendo la puesta a punto del teatrillo para el espectáculo turístico.

Los distintos planes de «protección y reforma» redactados para los barrios de cuevas así lo demuestran. Para su «revitalización» y «puesta en valor», proponen la creación del Parque Etnológico de las Cuevas (PEPRI 2005) o la instalación de nuevos establecimientos hoteleros (PEPRI 2008). O sea, más museos (el Sacromonte ya es el barrio con más museos por habitante de toda Andalucía) y apartamentos-cueva para turistas, previo desalojo de sus habitantes. La «puesta en valor» de estos barrios se refiere, por lo tanto, a su valor mercantil.

En la patrimonialización de las cuevas no solo ocultan los conflictos presentes, sino que también borran la memoria de los conflictos antiguos. La sustitución del pasado real por otro inventado se hace en clave de folclore y cultura. Una historia hecha a medida de los vencedores, donde las verdaderas continuidades quedan ocultas. Desenterrar la memoria de estos lugares contribuye a cuestionar la dominación presente.

– Ocultación de la memoria incómoda: s. XV-XVI

Los primeros moriscos y gitanos que habitaron en las cuevas de Granada desarrollando sus costumbres lejos de la mirada cristiana, ya fueron considerados como un foco de infección y una amenaza para la consolidación del nuevo Estado. Contra ellos se dirigieron diferentes medidas de segregación, represión, persecución, expulsión y exterminio. Pero esta realidad histórica ha sido sustituida por relatos fantasiosos e imágenes idílicas congruentes con la estrategia de marca de la ciudad: una «tierra de mestizaje de pueblos y civilizaciones», ejemplo de «convivencia armónica y pacífica en la diversidad».

1936

La memoria reciente no es más idílica ni menos falsificada. La misma cruzada civilizatoria se emprende cinco siglos más tarde con el alzamiento fascista de 1936. En los suburbios proletarios la organización obrera y las ideas anarquistas tomaron tal fuerza que los sectores más conservadores desarrollaron un auténtico «pánico moral» ante la posibilidad de que el «cinturón rojo» estrangulara el centro burgués. Cuando estalla la guerra de clases los barrios de cuevas vuelven a ser territorio resistente. De difícil penetración para las autoridades franquistas, son el refugio de sus opositores. Terminada la guerra oficialmente en el 39, el proyecto de exterminio continúa en pie y surge la guerrilla. En Granada destacó la partida de los hermanos Quero, una de las pocas guerrillas que, gracias a la situación de los barrios de cuevas, actuaba en suelo urbano. Parte de los integrantes de esta guerrilla vivía en cuevas (y morirán también en ellas). Residían también familiares, amigos, enlaces e informantes, que les ofrecían la cobertura y el apoyo necesarios para hacer de estos barrios su refugio predilecto. Desde su primera acción guerrillera en la ciudad, «los hermanos Quero se convirtieron en una verdadera pesadilla para las autoridades, las cuales, empezaron a comprender que bajo la piedra de las cuevas latía un enorme sentimiento de resistencia» (Marco, J. 2019, p. 107).

La estrategia para vencer a la guerrilla consistió en eliminar el tejido social que le daba cobertura, es decir, vaciar los barrios de cuevas. La Guardia Civil había aprendido en Marruecos el valor del terror y la brutalidad como armas contra la población civil. Y el mismo terror se utilizó contra estos barrios. Desde las cuevas «los falangistas granadinos bajaban largas filas de personas humildes maniatadas con destino a las paredes del cementerio para ser fusiladas, ante los lamentos, gritos de dolor e impotencia de sus esposas, hijos, familiares, conocidos y vecinos, un crimen» (Ruiz, F. 2010, p. 167).

A la limpieza de las «cloacas marxistas» le siguió una operación de maquillaje, centrada en la recuperación de los valores patrios, el tipismo granadino y el folclore. Pues la represión y el terrorismo de Estado son difíciles de vender. Sobre todo si los que despliegan el parque temático son los descendientes de los asesinos.

1963

En 1963, con la excusa de unas inundaciones, se lleva a cabo un desalojo forzado y masivo de todos los barrios de cuevas y se destruyen parte de ellas para que no vuelvan a ser ocupadas. Estas actuaciones de desalojo y realojo (más de 12 000 personas desalojadas) han sido calificadas por el propio ayuntamiento que las llevó a cabo como «una de las etapas más negras del comportamiento de esta ciudad con la población» ya de por sí más castigada. No fueron decisiones técnicas a partir de criterios de inseguridad física, sino decisiones políticas. Esta medida político-administrativa de iniciar un desalojo masivo de las cuevas con carácter definitivo, obedece a intereses muy concretos. Por un lado estamos en pleno boom urbanístico. El crecimiento de Granada es irracional y devastador (y muy rentable para la clase dirigente) y su expansión se apoya en el vaciamiento de los espacios históricos sometidos a degradación (el viejo casco urbano y los arrabales trogloditas). Por otro lado, se aprovecha para completar, de una vez por todas, la operación de higiene social de los suburbios proletarios, justo en el momento en que la «paz» social de la dictadura se resquebrajaba.

-Cierre

Hoy como ayer, desde las cuevas donde habitamos quisiéramos cuestionar la ciudad que tenemos enfrente. Desafiar a la ciudad capitalista y su lógica criminal. No queremos solo un agujero donde caernos muertas. Apropiarse de los espacios habitables ya no es suficiente, queremos juzgarlos posibles para un mundo diferente, desviarlos del uso que el capital les tiene preparado. Sabemos que esta lucha contra la privatización y mercantilización del territorio transcurre en condiciones fascistas. El tejido social y la tradición de rebeldía que podía haber hecho frente al despliegue del parque temático ha sido eliminado. Nosotras apenas somos un estorbo que ensucia la imagen de postal. En estas circunstancias, el simple gesto de habitar ya parece radical. Como topos, esperamos que los agujeros que abrimos en el subsuelo de Granalandia socaven sus podridos cimientos hasta que se desmorone por su propio peso.

Nota bibliográfica:

Urbanismo, espacio y dominación. VVAA. La Neurosis o las Barricadas. Madrid (2013)

Renta para otra economía

«Desgraciao aquel que come / el pan en manita ajena. / Siempre mirando a la cara / si la ponen mala o güena». Popular. Letra flamenca

La economía del revés

La actual economía del revés, aquella que persigue acumular capital exprimiendo vida, es la economía lógica del «mundo del revés» del que escribió Eduardo Galeano en Patas arriba, ese mundo que «premia al revés: desprecia la honradez, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural».

La economía capitalista, la economía del revés, es la historia de cómo el capital, en grandes cantidades en poder de un número muy reducido de personas, ha logrado su soberanía o dominación a costa de la inmensa mayoría de la población. Tanto que es el capital el que otorga el derecho a la existencia. La mayoría de la gente tiene derecho a vivir si obtiene un salario, para lo que cual debe ser demandada y contratada como mano de obra en el mercado de trabajo. Las personas y la naturaleza convertidas en mercancías comprables y vendibles, con precios necios.

La instauración de la economía capitalista, tanto en Andalucía como en el resto de sociedades, convirtió a los bienes comunes y los medios de producción y vida, en propiedad privada. Desde ese momento, las personas propietarias pasaron a necesitar de otras dispuestas a trabajar para ellas, así como las no propietarias pasaron a necesitar un salario ante la imposibilidad creciente de ganarse la vida de forma autónoma. La imposición del trabajo «dependiente y servil» requirió de una enorme violencia, desde la sufrida por las mujeres en la «caza de brujas» hasta la causada por generaciones andaluzas por guardias poco cívicas.

En Andalucía, y sobre todo en su medio rural, la economía capitalista ha tenido como agente hegemónico al latifundio y la gran explotación agraria. La historia de la economía capitalista en Andalucía se caracteriza por la secular y extrema desigualdad en la propiedad de la tierra y, por tanto, en la apropiación del excedente económico generado. El sistema latifundista propició el que una mínima proporción de la población lo tuviera casi todo, mientras que la mayoría se quedaba sin nada, obligada a «mendigar trabajo». Es en ese momento en el que Andalucía, ejemplo de economía del revés, se convierte en una tierra extremadamente rica poblada por mujeres y hombre pobres.

El PER y las cooperativas agrarias: legitimación para la acumulación del revés

El Estado ha intervenido en esta economía en épocas más liberales y en épocas menos liberales, incluso en las neoliberales. Y lo ha hecho poniendo en marcha herramientas para consolidar y legitimar el gran capital agrario andaluz, el agente hegemónico en gran parte de nuestra historia. Entre las mismas nos encontramos con el Plan de empleo rural (PER) y el cooperativismo agrario. Tanto uno como otro han supuesto perfectas estrategias de acumulación y legitimación del capitalismo agrario andaluz.

El PER ha servido y sirve (con distintos nombres pero similares estructuras) como herramienta para disminuir los costes empresariales (salarios), al tiempo que «ayudaba» a las personas jornaleras a evitar la emigración (y seguir ofreciendo su imprescindible fuerza de trabajo al latifundista). Así, estas políticas estatales han sido muy útiles como mecanismo de control social que ha hecho desaparecer la reivindicación jornalera de la reforma agraria (reparto de la tierra) y ha reforzado la dependencia y marginación de las economías del medio rural andaluz y sus gentes. Es decir, que, antes que un «sistema de protección social» , sería más correcto denominarlo sistema de protección empresarial.

El cooperativismo agrario, por su parte, sirvió como herramienta para mejorar los ingresos de la gran explotación agraria mediante la mejora de los precios de sus productos. Este cooperativismo, con origen mayoritario en el franquismo e impulsado por la Junta de Andalucía en las últimas décadas, ha jugado un papel convergente con el realizado por el PER: mejorar las cuentas y beneficios de la agricultura latifundista, uno por la vía de los ingresos y otro de los costes. La inmensa mayoría de estas cooperativas agrarias consistieron, como dijo M. Haubert, en «empresas asociativas» o «cooperativas de servicios a los propietarios de tierras». De este modo, y en palabras del autor antes citado, «la modernización y la capitalización del campo, en vez de poner en tela de juicio el poder económico, social y político de los caciques, podía reforzarlo considerablemente.»

A pesar de denominarse cooperativas, estas grandes empresas apenas ponen en marcha estrategias de democracia económica. Además, la distribución de las ingentes rentas que generan no repercute de forma equitativa en el campo andaluz, sino que mantienen la injusticia y el mal reparto. Las cooperativas agrarias se han convertido en cooperadoras necesarias del actual capitalismo global, que las utiliza para succionar la riqueza que genera el campo andaluz. De este modo, las grandes cooperativas empresariales refuerzan, en pleno siglo xxi, como diría Haubert, el poder «económico, social y político de los caciques» y son legitimadoras y herramientas clave del capital global que succiona las riquezas del agro andaluz. Al igual que el Estado franquista, la actual administración andaluza, española y europea, favorece estos procesos y, disfrazado de cooperativismo, se afianza la injusta situación secular del medio rural andaluz.

Para ser justos, es necesario indicar que quedan al margen de estas prácticas pequeñas cooperativas agrícolas que sí tienen como objetivo la mejora de sus personas socias y llevan a cabo, o al menos lo intentan, estrategias participativas y democráticas de gestión. Además, y muy alejada de estas dinámicas, se encuentra la experiencia cooperativa de Marinaleda. No se trata de una cooperativa de personas propietarias de tierras, sino de jornaleras que trabajan de forma autogestionada una tierra pública; es decir luchando con el objetivo de que sea un proyecto de propiedad pública, planificación comunitaria y gestión cooperativa. 

Movimiento cooperativista transformador

Nos planteamos si es posible poner en marcha un movimiento cooperativo y un sistema de protección social que pongan del derecho, al menos en parte, esta economía del revés. Se trataría de pasar del PER a la renta básica (RB, un subsidio agrario sin peonadas para toda la población), y del cooperativismo agrario a un movimiento cooperativista transformador.

Una RB similar al PER, y un movimiento cooperativista como el actual agrario, no servirán para otra cosa que para continuar legitimando una relaciones económicas que están provocando que el 38,2% de la población de Andalucía está en riesgo de pobreza o exclusión social (datos de la Red andaluza contra la pobreza y la exclusión social). Sin embargo, una RB incondicional, individual y universal y un movimiento cooperativista con otro modo de entender la propiedad, el trabajo y el valor podrían servir para mejorar la realidad socioeconómica de Andalucía. Veamos.

Para intentar volver a poner del derecho a la economía del revés, hoy día se habla con profusión de economía social, valga la redundancia. Y es que, aunque es reiterativo poner el adjetivo social tras el sustantivo economía, la situación a la que ha llevado a esta sociedad la economía capitalista provoca estas situaciones que se acercan a lo absurdo. El movimiento cooperativo forma parte de esta economía, de este conjunto de iniciativas socioeconómicas que priorizan la satisfacción de las necesidades de las personas por encima del lucro, de los beneficios. Ahora bien, para que las cooperativas y el resto de entidades de la economía social andaluza tengan vocación transformadora es preciso buscar alternativas a las formas en que la economía capitalista considera el valor, el trabajo y la propiedad. Es decir, difícilmente podremos hablar de economías transformadoras sin buscar alternativas al trabajo asalariado dependiente, al valor de cambio y la propiedad privada, pilares básicos de la economía capitalista.

La economía capitalista convierte el trabajo social, es decir, el trabajo realizado para otras personas, en trabajo dedicado únicamente a la producción y reproducción del capital (y cada vez más contra la vida). Frente a esto, el movimiento cooperativista transformador debe contribuir a eliminar la explotación de unas personas por otras mediante el establecimiento de la cooperación en un proceso laboral común. Además, si como objetivo está la reproducción de la vida, debe atender a otros trabajos sin salario y, de este modo, la explotación específica de las mujeres en la economía capitalista.

La búsqueda de otro trabajo no dependiente está completamente relacionada con la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción o de vida en los que se sustenta las condiciones materiales de la gente. La economía social transformadora debe propiciar un nuevo sistema productivo comunitario que busque alternativas a la propiedad privada. En este sentido, es de interés reflexionar sobre la instauración de «fondos colectivos de recursos» donde la propiedad pase a ser colectiva, gestionada democráticamente, participada por múltiples agentes y tenga objetivos vinculados al movimiento transformador y alejados de la economía capitalista.

En tercer lugar, se trata de producir bienes y servicios en función de, hasta donde sea posible, el valor de uso, y que este sea capaz de subordinar al valor de cambio. La economía capitalista tiene como base otorgar a los bienes y servicios el valor que marca la demanda solvente o poder de compra. Si alguien no tiene poder de compra, es decir dinero, no podrá satisfacer sus necesidades y deja de tener derecho a la vida. Se trata, posiblemente, del eje o elemento más difícil de alcanzar por las actuales entidades o unidades productivas pues el contexto en el que se mueven no les permite tener un grado de autonomía demasiado amplio.

Autonomía para otra economía

Por tanto, la economía social que busca la transformación hacia el poscapitalismo requiere de la adopción de alternativas a la propiedad privada, al trabajo dependiente y al mercado o valor de cambio. ¿Hasta qué punto puede la renta básica impulsar este cooperativismo? En principio, hay que tener en cuenta que la renta básica no es una medida que vaya contra la propiedad privada de los medios de producción, ni signifique un cambio en las estructuras esenciales de la economía capitalista. Ahora bien, consideramos que puede servir o tiene un claro potencial para debilitar tanto la propiedad privada como el poder que ejerce el capital sobre el trabajo asalariado. Desde esta perspectiva, la renta básica es una medida que proporciona autonomía a las personas respecto al mercado de trabajo, respecto al trabajo dependiente y, por tanto, al capital. Se trata de una medida que resta poder al propietario de los medios de producción pues deja de otorgar el derecho a vivir.

Por otro lado, la renta básica dota de poder de compra a todo el mundo por lo que convierte la demanda de muchas personas en real. Así, es una medida que pone por delante de la ganancia la satisfacción de las necesidades de la gente y, por tanto, es una medida que subordina el valor de cambio al valor de uso.

Por último, y en relación con el movimiento cooperativo, una RB sería un potente apoyo de rentas para aquellas personas que deseen crear una cooperativa o cualquier entidad de economía social con vocación transformadora. La precariedad y el desempleo han impulsado a muchas personas hacia la economía social más como «actividad refugio» que como forma de trabajo o actividad con potencialidad enriquecedora y de transformación. La renta básica aumenta el grado de autonomía de las personas y de este modo facilita la generación de actividad económica transformadora, con menos precariedad y más capacidad de tomar decisiones.

Cualquier sistema de protección social, como cualquier tipo de economía social, pueden ser tanto agentes de legitimación como de transformación. Tanto el PER como la renta básica, tanto una cooperativa como una fundación o asociación, pueden asentar la actual economía del revés o ser agentes transformadores de la misma. No obstante, el potencial transformador de la renta básica es muy superior a la del PER o sistemas asistenciales similares, del mismo modo que lo es el existente en la nueva economía social andaluza representada por Coop57 o REAS respecto a cooperativismo agrario. Tanto la renta básica como el cooperativismo transformador son medidas útiles para desmercantilizar bienes y servicios prioritarios o estratégicos para la vida. En este sentido, la primera es una herramienta que puede impulsar a la segunda y, entre ambas, avanzar hacia una economía que deje de estar del revés, que deje de estar contra la vida.

Protestas en Ecuador y una nueva ola anti-neoliberal en América Latina

En el último mes Ecuador (y sobre todo Quito) se volvió un campo de lucha debido a que el Gobierno de Lenin Moreno retiró el subsidio a las gasolinas en el marco de una serie de reformas promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).[1] Organizaciones indígenas, sociales y barriales se movilizaron para protestar en contra de esta medida logrando su derogación. Sin embargo, las protestas mostraron la ilegitimidad del Gobierno y los reclamos contra el brutal giro neoliberal. En lo inmediato, urge comprender la situación de las empresas petroleras en Ecuador, en un contexto latinoamericano donde la extracción es cada vez más cara y contaminante[2], siendo un recurso disputado no solo por transnacionales estadounidenses, sino por empresas rusas, chinas y de la Unión Europea. En un análisis más profundo, vale describir el contexto institucional y político en el que estallaron las protestas.

El petróleo en Ecuador (y EEUU)

Según información de la Agencia de Energía de Estados Unidos (EIA), la empresa que controla el sector energético en Ecuador es Petroecuador, que se fusionó en 2012 con la empresa estatal de exploración y producción de Petroamazonas. En 2013, Petroamazonas tomó posesión de las Operaciones Río Napo, una empresa conjunta entre Petroecuador y Petróleos de Venezuela (PDVSA). El control de la producción petrolera entre Petroecuador y Petroamazonas ronda el 80% del total de la producción ecuatoriana. Petroecuador cuenta con tres refinerías: Esmeraldas, La Libertad y Sushifindi. La producción restante está en manos de Repsol (España), Eni (Italia), Tecpetrol (compañía estatal Argentina) y Andes Petroleum, consorcio entre la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) con un 55% de participación y la Corporación Petroquímica de China (SINOPEC) con 45%.[3]

De esta producción se exporta el 70% y Ecuador es el tercer mayor proveedor de importaciones de petróleo crudo a la costa oeste de EEUU, solo detrás de Arabia Saudita y Canadá. Lo interesante es que, a su vez, EEUU exporta derivados de petróleo a Ecuador (y es allí donde se consolida la relación asimétrica y dependiente). En diciembre de 2018 mediante licitación se adjudicó a la empresa Lukoil Pan Americas (LLC) la importación de 1,3 millones de barriles de Nafta Ron 87.[4]

La liberalización de precios, acompañada de las licitaciones petroleras presiona para abrir el mercado energético nacional ecuatoriano. A ello se suma la intención del Gobierno de concesionar la refinería Esmeraldas debido a fallas y problemas de contaminación.[5] Por último, la evaluación de construcción de una refinería nueva en Ecuador por parte de privados otorgará al capital privado toda la cadena de producción energética, desde la extracción hasta la comercialización. Es decir: una reforma energética cabal, sin ser declarada como tal. A lo anterior se suma la salida de Ecuador de la OPEP hacia 2020 y el plan del Gobierno de Lenin Moreno de incrementar la producción[6].

La restauración del neoliberalismo en Ecuador

Lo que sucede en Ecuador guarda similitudes con el caos de Brasil. Allí, para justificar la apertura total del sector de hidrocarburos (quitar el monopolio a la estatal Petrobras) se argumentó la incapacidad e ineficiencia del sector público, y se lo combinó con una guerra política por la vía judicial (lawfare) —el famoso caso del Lava Jato por el cual Lula da Silva sigue preso—.[7] En efecto, apenas asumió su mandato, Lenin Moreno acusó a sus compañeros de partido (Alianza País) de corrupción; especialmente a Rafael Correa (incluso lo denunció para su captura por la Interpol, que no procedió) y Jorge Glas, exvicepresidente (preso desde 2017). Se desató en Ecuador una persecución política por la vía judicial que se ha exacerbado con las movilizaciones del último mes: allanamientos domiciliarios, detención y prisión preventiva para líderes políticos y sociales, especialmente aquellos vinculados al círculo de Rafael Correa (como es el caso de la prefecta de Guayaquil, Paola Pabón). Hay exfuncionarios asilados y refugiados políticos en diferentes países.

La lucha contra la corrupción, de la que Moreno ha hecho su mantra de gobierno, tiene por objetivo la reinstauración del neoliberalismo por la vía judicial y se ajusta con bastante exactitud a los parámetros planteados desde EEUU para lograr economías y sociedades «estables» (objetivo que parece no lograrse en Ecuador). Esta afinidad con los mandatos del norte no sorprende cuando se revisan los WikiLeaks, donde Lenin Moreno aparece como informante de la embajada de EEUU. Esos documentos fueron publicados deliberadamente por Julian Assange, otra de las víctimas de lawfare y que fue expulsado de la embajada ecuatoriana en Londres por orden de Moreno —es probable que en febrero de 2020 sea extraditado a EEUU, donde es considerado criminal número uno por atentar contra la seguridad nacional—.

La lucha anti-neoliberal en América Latina

En Ecuador, como en América Latina, los recursos, en particular los hidrocarburos, marcan el pulso de la disputa global entre un EEUU que va perdiendo hegemonía y nuevas potencias que emergen y se meten de lleno en la batalla, como Rusia o China. En este escenario, los pueblos, la naturaleza y la soberanía parecen quedar al margen, pues al estar en la periferia, son «pueblos de segunda», la naturaleza es reducida a un «recurso» y la soberanía es un lujo que no pueden darse en su condición de subordinación en el sistema internacional. Es el territorio donde se estrenó el neoliberalismo, a sangre y fuego.

Sin embargo, es también en América Latina donde germinó la Revolución de Octubre en Guatemala (hace más de 70 años), la Revolución boliviana (a inicios de los 50) y la Revolución cubana; el gobierno comunista de Joao Goulart en Brasil (a principio de los 60) y la vía democrática al socialismo de Salvador Allende; donde se crearon los gobiernos progresistas del siglo xxi (experiencia única en el mundo, en este siglo, donde el Estado intervino deliberadamente en la economía para promover la redistribución de riquezas y recursos). Los pueblos no olvidan.

Tal como las comunidades indígenas, partidos políticos de oposición y otros sectores de la sociedad sorprendieron a Lenin, en un reclamo contra la profundización del neoliberalismo, también sorprendieron a Piñera en Chile, un Chile considerado como «ejemplo de neoliberalismo». Incapaces y desconectados de las necesidades de la gente de a pie, solo atinaron a desatar una brutal represión. Deberán saber que eso no será suficiente para acallar los históricos reclamos por una vida digna. 


[1]*https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2019/03/20/Ecuador-Selected-Issues-Paper-and-Analytical-Notes-46683

[2]https://issuu.com/topotabernario/docs/eltopo36

[3]https://www.eia.gov/beta/international/analysis.php?iso=ECU

[4]https://www.elcomercio.com/actualidad/petroecuador-importacion-nafta-gasolina-eeuu.html

[5]https://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/ecuador-busca-inversor-para-construir-nueva-refineria-de-hasta-300000-barriles

[6]https://www.primicias.ec/noticias/economia/ecuador-elevara-produccion-crudo-tras-abandonar-opep/

[7]https://www.celag.org/brasil-y-el-cono-sur-en-la-geopolitica-estadounidense/

También nos duelen vuestros golpes

El 25N, las feministas salimos a la calle a denunciar las violencias que nos atraviesan. Desafortunadamente, las trabajadoras Sexuales no solo padecemos violencia por ser mujeres, sino que también la sufrimos a raíz de nuestro estigma: violencia que muchas ejercen en nombre del feminismo y la igualdad.

Las violencias derivadas del abolicionismo han sido una constante a nivel mundial en las últimas décadas, pero en nuestro país han aumentado significativamente en los dos últimos años desde que el movimiento feminista ha crecido en importancia y protagonismo, y se ha empezado a utilizar de una forma partidista y electoralista.

Desde los grupos abolicionistas se nos acusa de ejercer una actividad que aumenta la trata con fines de explotación sexual, pese a que es sobradamente demostrado que la trata es un fenómeno ligado a las políticas de extranjería. También se nos responsabiliza de que haya mujeres que se ven abocadas a la prostitución por pura necesidad. Sin embargo, ninguna de las políticas abolicionistas ha conseguido acabar con la trata o con la feminización de la pobreza. Ante esta pasividad y permisividad, afirmamos que el abolicionismo instrumentaliza a las compañeras que desean abandonar la prostitución, así como a las víctimas de trata, como arma arrojadiza contra nuestra lucha proderechos. Es más: una plataforma como Granada Abolicionista —que ha hecho llamamientos para boicotear nuestros actos de debate universitarios en todo el Estado español— ha guardado silencio ante la persecución de nuestras compañeras en las calles de Granada, las cuales han sido multadas durante 8 años. Las compañeras de Málaga son multadas desde el 2013 mediante ordenanzas aprobadas por los mismos partidos abolicionistas.

El abolicionismo institucional también es testigo de cómo son precisamente sus propios partidos políticos los que conceden licencias a los clubs de alterne, con la intención de sacarnos de las calles (donde molestamos) y abocarnos a los clubs, espacios donde tenemos más probabilidades de sufrir abuso laboral impunemente ya que carecemos de derechos que nos amparen. Pero cuando nuestro movimiento lucha para que las compañeras de los clubs tengan un sindicato para defenderse, el neoabolicionismo se encarga de llevarlo a la Audiencia Nacional para ilegalizarlo.

Ante tanta incoherencia, hemos intentado incidir a través de los movimientos sociales y feministas, lo cual ha resultado en silenciamiento y boicot a nuestra participación en las diferentes asambleas de las coordinadoras del 8M —como ocurrió en Valencia— así como en las asambleas del 25N, con consignas violentas y estigmatizantes para las que ejercemos el trabajo sexual. El acoso hacia nosotras es una práctica habitual, con formas de deslegitimación y difamación machistas y fascistas que en ningún caso tienen cabida en el movimiento feminista.

El neoabolicionismo también nos ha silenciado en la Universidade da Coruña el pasado mes de septiembre, mediante una campaña amarillista y de presión violenta dirigida a la Universidad y a su rector. Una campaña que consiguió que se cancelaran las jornadas que llevábamos meses organizando. Esas jornadas estaban destinadas a explicar las violencias institucionales que sufrimos en primera persona, como mujeres y como trabajadoras, y los problemas y explotaciones reales que nos atraviesan. Durante esas jornadas queríamos dialogar juntas para encontrar herramientas que mejoren nuestras condiciones de vida y las de tantas mujeres que viven en la precariedad, las que optan por la prostitución como única alternativa laboral a su alcance.

Somos muy conscientes de que la prostitución se nutre de la feminización de la pobreza y es por eso que nuestra intención no es la de presentar el trabajo sexual de un modo romantizado ni como una práctica empoderante. Pero la prostitución, en este mundo sin oportunidades para las más pobres, constituye en muchos casos la única salida laboral y económica para personas atravesadas por los diferentes ejes de opresión, como son la pobreza extrema, el racismo, la transfobia y estar en situación de migrante irregular, entre otros. De nada sirve dejarnos sin derechos por no estar de acuerdo con nuestra actividad: es más coherente con el feminismo que, mientras esperamos el día en que todas las prostitutas sean vocacionales, apliquemos una visión de reducción de daños y de protección real, con opciones laborales y de formación subsidiada de calidad, que no consistan en otras opciones igualmente feminizadas y precarias.

Creemos que es muy necesario acercarnos a las futuras profesionales en sus centros de estudio y formación para informarles de todas las dificultades e injusticias que atraviesan nuestras vidas: ordenanzas municipales; vulneración de nuestra integridad física y psíquica debida a nuestra falta de derechos laborales; una ley de extranjería que fomenta la trata y no protege a las víctimas; vejaciones por parte de la policía; retiradas de custodia de nuestres hijes; psicopatologizaciones; malos usos de las subvenciones destinadas a proyectos para ayudar a las prostitutas —a quienes llega solo una ínfima parte—; programas de salud discriminatorios en los cuales solo importa nuestra salud sexual… Pero desde el abolicionismo institucional se nos está dificultando el acceso a ese altavoz.

Con todo lo ocurrido en las últimas semanas hemos podido comprobar que las universidades no son un espacio apolítico: al contrario, suponen un poderoso dispositivo estatal para el control social y, a su vez, legitiman determinadas decisiones políticas. Pero, al mismo tiempo, las universidades son espacios donde los estudios que se realizan van a incidir significativamente en nuestro colectivo. Por ejemplo, en un estudio del grupo Antígona (Barcons, 2018), se analiza cómo las ordenanzas municipales vulneran los derechos de las trabajadoras sexuales: criminalización, clandestinidad, deterioro de las condiciones, mayor aplicación de las ordenanzas a las trabajadoras que a los clientes, e inutilidad en la lucha contra la trata.

Nosotras, las putas organizadas, reivindicamos que la Universidad sea un espacio que promueva el debate y la crítica social, el contexto para que los colectivos históricamente reprimidos tomen la voz y reivindiquen su lugar en la sociedad como agentes políticos y de derechos, y no como sujetos pasivos de estudio. Es por eso que agradecemos la oportunidad que nos han brindado las más de veinte universidades que acogen la iniciativa «Debates Universitarios sobre Trabajo Sexual» en el territorio español. Reivindicamos y pensamos la universidad como un espacio no solo para reproducir el conocimiento, sino para crearlo, deconstruirlo, potenciar el pensamiento crítico y hacer política basada en los derechos humanos.

NOTA:

Barcons, M. (2018) «Las ordenanzas municipales: entre la regulación y la sanción de prostitución en España». Revista Crítica Penal y Poder, nº 15, pp.90-109. Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos. Barcelona: Universidad de Barcelona. http://revistes.ub.edu/index.php/CriticaPenalPoder/article/view/26785

En defensa de Doñana

50 años después de la declaración de Doñana como parque nacional son más las sombras que las luces a destacar entre las efemérides.

La recuperación por parte de la Junta de Andalucía del viejo proyecto de autovía por el trazado norte de Doñana, la intención de Naturgy de convertir Doñana en un almacén de gas o la insistencia del Puerto de Sevilla en promover dragados de profundización en el estuario del Guadalquivir, son buenos ejemplos de los peligros a los que aún se tiene que enfrentar el Espacio Natural de Doñana. Contar con todos los reconocimientos nacionales e internacionales por su importancia ecológica no le está sirviendo de mucho.

La historia de estos 50 años es una sucesión de acontecimientos que han ido mermando de forma sostenida la capacidad del espacio protegido para mantener la biodiversidad que atesoraba. Ya la propia declaración como parque nacional se debió a la defensa del espacio ante amenazas que se cernían sobre el mismo, especialmente el empeño de la Administración de la época de Franco por desecar las marismas mediante la transformación de los espacios adyacentes en eucaliptales que ya habían demostrado su capacidad desecante en otras zonas palustres.

Por sus características diferenciadoras de otros espacios protegidos, la Doñana actual está muy cerca del colapso. Su recuperación, además, está lejos de producirse, ya que los factores que la condicionan son estructurales y dependientes de un modelo económico basado en el crecimiento ciego, que se dan en paralelo a problemas de escala global, como el calentamiento planetario, que nos han llevado a la situación de emergencia actual.

Entre las actuaciones del siglo pasado poco coherentes con la conservación de Doñana, tenemos la apuesta en los años 60 por un turismo masivo de sol y playa mediante la creación de Matalascañas como centro de interés turístico nacional; la transformación de parte de la marisma para su puesta en cultivo en los años 70-80, con la consecuente alteración y anulación de los aportes hídricos al resto de la marisma no transformada; y la promoción y conformidad con los cambios de usos forestales a agrícolas en la zona de la corona norte y oeste para el boom de los frutos rojos desde los años 80. Este último hecho permitió la perforación de miles de pozos ilegales que siguen abiertos y que, junto con las extracciones de la marisma sevillana en la zona conocida como Los Hatos, está llevando al acuífero a una situación de clara insuficiencia para mantener los procesos biológicos que dependen de él debido a la eliminación de aportes de aguas superficiales.

En 1998, se produjo la catástrofe anunciada del vertido tóxico de Boliden desde la mina de Aznalcóllar. La presa de esta mina, al romperse, derramó 6 hectómetros cúbicos de lodos tóxicos en la cuenca del Guadiamar que han dejado un rastro de contaminación residual aún perceptible en el río. Mina que, por cierto, se pretende reabrir bajo el paraguas de esa supuesta minería sostenible que no acabamos de reconocer en los múltiples proyectos mineros por los que la Junta de Andalucía está apostando.

Ya a principios de este siglo comenzaron también los problemas de gestión de fauna materializados, por ejemplo, en la ausencia de conejos, que está poniendo en serio peligro precisamente a las especies más emblemáticas del Espacio Natural. Se han invertido cantidades ingentes de dinero en reforzar la población, realizando sueltas de más de 10 000 conejos en los últimos 10 años sin éxito por falta de alimento, pues tenemos un matorral envejecido que no les abastece de los nutrientes necesarios para alimentarlos. El movimiento continuo de ejemplares ante la proliferación de enfermedades tampoco parece haber funcionado, al no apostar por la recuperación de las poblaciones nativas que han desarrollado inmunidad y que lo que precisan para crecer sanas es alimento y protección inicial frente a la predación. Esto hubiera sido mucho más barato y sensato, pero parece que no hemos aprendido nada. Además sigue autorizándose la caza en los meses de verano.

La gestión de las aves constituye otro problema. La muerte de calamones de forma alegal en los arrozales o la matanza de especies protegidas como la cerceta pardilla y la ganga aprovechando batidas de otras aves cazables en la laguna de Sanlúcar, son consentidas por la Administración.

Llevamos varios años con las premisas de permeabilizar el territorio para la fauna, recuperar la cadena trófica y favorecer la reproducción y cría de las especies como fundamentos para su conservación. Pero, a pesar de tener un amplio conocimiento sobre las causas del declive, poco avanzamos.

Es sabido que las infraestructuras viarias existentes en Doñana suponen una fragmentación del Espacio Natural, por lo que se hace necesaria una moratoria de la creación de nuevas infraestructuras, la adaptación de la señalización vial y el seguimiento y la vigilancia en las carreteras y los caminos existentes en los corredores ecológicos y las áreas adyacentes. Es necesario eliminar los puntos negros de atropello de lince ya que están perfectamente definidos y son conocidos. Ni que decir tiene que el supuesto proyecto de trazado norte que ha lanzado el Gobierno andaluz dentro del próximo plan de infraestructuras supondría un eficaz y definitivo estrangulamiento para la conservación del Espacio Natural Doñana y sus valores, razón que debe ser causa automática de inviabilidad total de la propuesta y su renuncia definitiva.

Del mismo modo, bajo el criterio fundamental de dar continuidad al territorio para las especies de fauna y flora creando corredores ecológicos y fusionando el espacio protegido y su área de influencia, es también inexcusable frenar la descatalogación de montes, que paulatinamente van desmembrando Doñana. Hay que acabar con las propuestas de desafección forestal de terrenos plenamente sumergidos en el territorio, como la recientemente alegada por Ecologistas en Acción, de forma extensa y fundamentada, de convertir en una isla no forestal 75 hectáreas en la zona donde se ubica el Centro de Investigación El Arenosillo del INTA.

En materia de gestión del territorio para las especies, cada vez se hace más urgente la integración de la franja litoral en el espacio protegido del área marina que le pertenece a Doñana. De este modo se completaría ese todo terrestre-dunar-marismeño-marino, el mix de ecosistemas único que conforma el Espacio Natural Doñana.

Hay que tener también presente que un voraz incendio ocurrido hace solo dos años arrasó 10 000 hectáreas de Doñana, llevándose por delante algunas de las zonas de mayor riqueza ecológica. No obstante, en este caso el desastre puede conllevar una oportunidad, pues un buen plan de restauración podría permitir la recuperación de especies y hábitats eliminados con las reforestaciones realizadas desde mediados del siglo XX, que hicieron un inadecuado uso de especies y un abuso del pino.

Otro de los proyectos que hay que cancelar definitivamente y cuanto antes es el de Marismas de Naturgy. No solo pone en riesgo la biodiversidad y los hábitats de Doñana, sino también a las personas que habitan las localidades existentes, por posible inundación, contaminación del acuífero y sismicidad inducida.

En resumen, la multinacional Naturgy anda pretendiendo convertir el subsuelo del acuífero y Doñana en un almacenamiento de hidrocarburos. Este proyecto ha encontrado una oposición firme y documentada científicamente en diversas organizaciones ciudadanas, y en particular en Ecologistas en Acción, así como en algunos estamentos políticos, que han llevado el asunto al Comité de Peticiones del Parlamento Europeo, que ha recomendado al Estado cancelar el proyecto. Sin embargo, ni el Gobierno central ni el autonómico parecen haber puesto en marcha los mecanismos necesarios para ejecutar esta recomendación.

El proyecto Doñana 2005, diseñado por el Gobierno central para recuperar algunos de los aportes de aguas superficiales perdidos durante la transformación agrícola, se quedó muy corto. De las actuaciones realizadas, hemos aprendido el gran potencial de autorrestauración que tienen los sistemas marismeños a poco que se les facilite el recurso básico, el agua. Buenos ejemplos de esto son la espectacular recuperación de la zona de Caracoles con la apertura del Caño Travieso, la permeabilización del muro de la FAO o la retención de sedimentos en el arroyo de El Partido. Sin embargo, otras actuaciones también contempladas no se han ejecutado y el tiempo ha demostrado que son vitales, por eso hablamos de elaborar un Plan Doñana 2025 que las retome, rediseñe de manera ambiciosa con compromiso y sean ejecutadas en el menor plazo de tiempo posible.

En este marco, es obligado evitar que en las marismas transformadas de Trebujena, en la llanura de inundación del río Guadalquivir, se desarrollen proyectos urbanísticos de ningún tipo, como el propuesto megaproyecto Costa Guadalquivir. Este, además de producir un impacto negativo en el espacio protegido, a la larga se convertiría en un blanco fácil para inundaciones y catástrofes, arriesgando la vida de las personas.

El deslinde del dominio público hidráulico y la restauración de los bosques riparios, la recuperación de los aportes del Guadiamar por su Caño y la recuperación del Brazo de la Torre, cercenado al Guadalquivir, son la clave para recuperar aportes y territorios ocupados actualmente por una agricultura en muchos casos fallida o por arrozales, que tienen muy difícil su supervivencia en el escenario de cambio climático que se nos avecina.

La recuperación de estos aportes es incompatible con las pretensiones del Puerto de Sevilla de seguir creciendo, por lo que es evidente que no caben más dragados, y como puerto interior tendrá que ajustarse a sus limitaciones físicas y no imponer sus intereses al resto de sectores afectados. La clave estará en buscar modelos de colaboración y no de competencia con los macropuertos de Huelva, Cádiz o Algeciras, con mercantes de mediano calado y refuerzo de la conexión ferroviaria que permita el tráfico de mercancías sin mermar la capacidad del estuario de seguir ofreciendo servicios ecosistémicos a toda la comunidad.

Igual es el momento de revisar los modelos de crecimiento y apostar por los mercados interiores de cercanía y por la calidad ambiental de las producciones más que por el modelo extractivo en el que Andalucía lleva décadas instalada.

Doñana necesita una apuesta clara por que su conservación se convierta en el principal baluarte generador del bienestar social, invirtiendo en un Doñana 2025 para recuperar el régimen natural de aguas que le da la vida y los niveles del acuífero que le permiten mantenerla. También necesita acabar con las amenazas derivadas del turismo desaforado o de nuevos proyectos mineros o energéticos que ya han demostrado su capacidad letal. Doñana tiene que abrirse hacia el exterior por medio de corredores ecológicos que la interconecten con otros espacios naturales, completando las conexiones iniciadas con el corredor verde del Guadiamar, incorporando todos los arroyos y vías pecuarias con conexión a Doñana.

Por todo ello, como deseos para que Doñana pueda celebrar otros 50 años con el orgullo de seguir siendo el reservorio de biodiversidad único y patrimonio de la humanidad que aún es, desde Ecologistas en Acción, declaramos que en Doñana urge:

1. Virar la política socioeconómica desarrollista a otra de base agroecológica y de conservación en la que toda la comarca sea un referente de sustentabilidad ecosocial, en sus abastecimientos y en el tratamiento de residuos, en la movilidad, en una apuesta firme y decidida por la energías limpias y renovables, y en todos los aspectos de la vida social.

2. Recuperar todos los aportes hídricos en cantidad y calidad suficientes para eliminar el tapón artificial de la montaña del río, rejuveneciendo la dinámica de la marisma, diversificándola de nuevo y dando paso a la mayor biodiversidad que lleva asociada.

3. No más infraestructuras de asfalto, gas o dragados, considerando el espacio protegido, no como una isla, sino como una celdilla de una red interconectada, donde son necesarios los corredores y la defragmentación del territorio. Urge eliminar todo proyecto de infraestructuras o actuación que aísle zonas biológicamente conectadas porque interfieren en los procesos naturales que hay que preservar como criterio básico de conservación del Espacio Natural.

4. Hacer una evaluación de los impactos de actividades de otros sectores, como caza o peregrinajes rocieros, y planificar en consecuencia, ejecutando las medidas necesarias para eliminar los similares efectos de esos sectores sobre la fauna y los ecosistemas de Doñana, como la afección a la biodiversidad, el uso masivo de vehículos a motor o la proliferación de basura.

5. Apostar por la gobernanza en la toma de decisiones, que permita definir estrategias colectivas holísticas que anulen las tentaciones populistas que proveen pan para hoy y hambre para el futuro, con el rastro de destrucción irreversible que las acompaña.

De herejes y blasfemas a mamarrachas

Cuando en el año 2014 participé en la manifestación del 1º de mayo y en la performance del Coño Insumiso, nunca podía imaginar que acabara acusada de un delito que ponía en duda un derecho fundamental reconocido por esa Constitución, esa que tan vehementemente se defiende estos días.

Se nos acusaba de un delito de herejía ‘poner en cuestión un dogma religioso’ y blasfemia ‘insulto a una religión y a lo que esta considera sagrado’ y que, sorprendentemente, está recogido en el artículo 525.1 del Código Penal. Cuesta asimilar que en pleno siglo xxi una asociación (de abogados cristianos) ultracatólica, fascista y creada expresamente para perseguir y denunciar a quienes no comulguen con sus ideas, pueda usar recursos públicos en su propio beneficio; que la Audiencia Provincial de Sevilla rechace el archivo de instrucción y ordene la apertura de juicio oral argumentando que

la conducta descrita parece que colmaría las exigencias del tipo, pues la acción se realiza de palabra y con publicidad y, además, constituye un escarnio al dogma de la santidad y virginidad de la virgen María (…); una mofa del rito religioso de las procesiones de Semana Santa; así como una vejación a quienes profesan la religión católica (…);

 y que la fiscalía le ría la gracia ejerciendo la acusación pública. Es importante dejar claro lo que tan crudamente estamos viviendo estos días; que la justicia está altamente politizada, que el Estado a través de la fiscalía usa la justicia para reprimir y castigar la protesta y la disidencia, y que la Iglesia católica sigue teniendo unos privilegios y prebendas impropios de un Estado aconfesional.

Verte en una situación de represión judicial es frustrante. Si además es por un delito tan anacrónico y sectario, genera una rabia e impotencia difíciles de gestionar y, pese a plantearme la insumisión judicial, llevar la protesta a sus últimas consecuencias hubiera tenido unos costes para mi vida familiar y personal demasiado elevados, así que apretando los dientes y aguantando ese me da corahe tan nuestro, decidí asumir los cargos y comparecer.

El pasado 3 de octubre, en la sala n.º 10 del juzgado de lo penal, lo que vivimos mis compañeras y yo se parecía más a un Auto de Fe de la Inquisición que a otra cosa. Nos vimos asaltadas, acosadas e insultadas de forma violenta y furibunda por un grupo de fervientes católicos, entre los que se encontraban diputades y concejala de VOX, que en su afán por impedir el acceso de nuestras familias y amigues a la sala, llegaron a empujar violentamente a una de nuestras abogadas y a mí misma, por lo que tuvimos que solicitar la protección de la policía y la guardia civil.

El esperpento continuó en la sala: un sacerdote cabreado porque el juez lo rechazó como perito de la fe nos exorcizó durante las declaraciones crucifijo en mano; la abogada cristiana colocó una imagen de la Virgen mirando hacia nosotras, mientras exponía su alegato-clase de catequesis, sin fundamento jurídico alguno; la testiga de la acusación cuando la fiscal le pide que explique que vio el día de autos, describe entre sollozos la pena, el malestar y el sufrimiento que el Coño Insumiso le había causado, pero admite sin despeinarse que en realidad quien presenció la performance fue su prima y no ella. Si no fuera por la advertencia previa del juez de desalojar la sala en caso de interrupción, la carcajada se habría oído hasta en el Palacio Arzobispal; la fiscal, que previamente había informado en sala que pediría la absolución; que hace un alegato en el que deja entrever que nuestra causa está protegida por la libertad de expresión, se pone a jugar al despiste, y pide una sentencia condenatoria, en una actitud cobarde y de sumisión a «órdenes de arriba» que fue la disculpa que dio después a la defensa.

Nuestras abogadas estuvieron sublimes en su defensa, nuestras declaraciones fueron contundentes,  la jurisprudencia a favor era incuestionable, y nos podíamos haber ahorrado este circo, cinco años de intranquilidad, y el dinero de todas, porque la sentencia no podía ser otra que la absolución.

El 11 de octubre, como ha ocurrido a lo largo de todo este proceso judicial, nos enteramos por la prensa de la sentencia. El juez expone los argumentos legales y de jurisprudencia que avalan el fallo, reconoce que pese a que la performance del Coño Insumiso pudiera haber ofendido los sentimientos religiosos de algunes creyentes, ejercíamos nuestro derecho a la libertad de expresión y de manifestación. También deja claro que no correspondía a los abogados cristianos interponer la denuncia por no ser los titulares del bien protegido, y que nuestra intención de forma clara e inequívoca no era el escarnio de los dogmas cristianos, sino la protesta: «las acusadas participaron en una actividad de protesta (…) incardinada en el contexto social propio de aquellas fechas (…) que era el intenso debate social sobre el contenido del proyecto sobre la reforma de la regulación del aborto (…)».

Pero su señoría, para rematar el sainete, se permite darnos su docta opinión de juzgador y señoro al llamar mamarrachada y considerar totalmente prescindible la acción del Coño Insumiso, aunque sea  para visibilizar a la mujer y darle el sitio que reconoce le corresponde; no le parece glamuroso ni oportuno la exhibición de una vagina de plástico (vulva señoría, es una vulva), y mucho menos en la ciudad de Sevilla. Y pa rematá tiene un arranque castizo y cuñao con la intención de ridiculizar a una de nuestras compañeras, criticando el «poco arte» que tiene bailando sevillanas. Su señoría nos absuelve, sí, pero parece que no nos perdona, ni falta que hace.

Entendemos así que el juicio y la llamada de atención es a todas las mujeres, pero no hemos llegado hasta aquí para ahora aguantarle la chulería a nadie. Nuestro Coño Insumiso, mamarracho y poco glamuroso, reafirma su razón de ser y tiene motivos de sobra para seguir saliendo a la calle, y por muy juez que sea no le vamos a permitir ni a él, ni a nadie, que nos diga a las mujeres como debemos protestar. Queremos dejar clarito a su señoría que estamos hasta el mismo toto de que hombres como él sigan dictándonos como debemos comportarnos, estamos hasta el jigo de machirulos que consideran que nuestros cuerpos y nuestros coños no se pueden exhibir o que hacerlo es una vulgaridad. Y, sobre todo, que nos importa muy poco su opinión, que somos nosotras quienes decidimos y que no vamos a pedir ni permiso, ni perdón.

¿Son inmigrantes? ¿Son refugiadxs? No… ¡son zombis!

Ya sabemos que el cine, como los cuentos, el teatro y la literatura, influyen y modelan a las personas. Por esta razón, Platón expulsaría de su república perfecta a los poetas que no obedeciesen sus indicaciones sobre lo que se podía y no se podía decir. Por esta razón, distintos grupos de presión intervienen en los productos culturales, para asegurarse de que dicen lo que les conviene y callan lo que no les conviene. Lo primero se llama propaganda, lo segundo censura. La propaganda audiovisual ha ido evolucionando al mismo ritmo que el cine y la televisión, aunque ha habido momentos estelares coincidiendo con las guerras mundiales y la unificación de las agencias de inteligencia estadounidenses llevada a cabo por Eisenhower en los años 50.

Actualmente el estado de la cuestión es el siguiente: 1º. La mejor forma de hacer propaganda sigue siendo aquella en la que las personas que la reciben no se den cuenta de ello. El mejor vehículo, por lo tanto, es el entretenimiento: contar un cuento, una película, una serie… 2º. Para que el público no se dé cuenta, hay que hacerlo sutilmente, a través de una frase, una conversación, un símbolo, una escena. En otras palabras, hay que diseñar un subtexto, algo que se sugiere, que se connota, algo que no es literal sino simbólico. ¿Un ejemplo? El asesino de la película ultraconservadora Harry el sucio de 1971 lleva una hebilla con el símbolo de la paz. Es decir, que el malo de la película lleva un símbolo que portaban miles de jóvenes en las protestas contra la guerra de Vietnam en 1971. ¿Otro ejemplo? El león malo de El rey león aparece en varias escenas con una luna mora (cuarto decreciente) de fondo. El tono de piel más oscuro que su hermano, su sobrino y las leonas, y el rostro más alargado, refuerza la conclusión que todas sospechamos: el personaje está caracterizado como árabe.

Una de las últimas modas del mainstream audiovisual, que como el resto de planeta político, económico y cultural, ha escorado recientemente (más aún) hacia la ultraderecha, son los apocalipsis zombi y las distopías de tabula rasa, de empezar desde el principio, de olvidar las normas morales inscritas en las civilizaciones durante siglos y comenzar de nuevo, en un «estado de naturaleza» que ha sido siempre el sueño húmedo del liberalismo económico y del fascismo de corporaciones. Últimamente este fascismo de corporaciones diseña y paga películas y series para propagar el llamado darwinismo social y la ruptura con la antigua moral de la solidaridad. Incluso las religiones, generalmente poco sospechosas de favorecer la integración cultural, son enemigas de esta ultraderecha porque guardan las apariencias y hablan de las personas inmigrantes como de criaturas de Dios que merecen nuestra solidaridad y ayuda. (Véase por ejemplo Vox mandando callar al Papa).

Y llegamos al quid de la cuestión: cómo en estas películas y series distópicas se usan subtextos para asociar a zombis e inmigrantes. Por ejemplo, en la segunda temporada de la serie The Walking Dead, una de las series con más éxito mundial, el grupo protagonista se refugia en una granja durante varias semanas, hasta que una horda zombi sobrepasa el vallado y arrasa con la tranquila granja. Antes de la catástrofe, uno de los personajes avisa: «están migrando o algo así». O sea que los zombis vienen a quitarnos lo que es nuestro. En la serie derivada Fear The Walking Dead, uno de los protagonistas se encuentra en una comunidad mexicana en Tijuana, ciudad fronteriza, con un guía espiritual que habla así a la comunidad: «Nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros vecinos, se están yendo. La gran peregrinación de almas, la inmensa migración de los muertos, ha comenzado». Vaya por dios. El jefe espiritual y político de la comunidad habla literalmente de la muerte, pero el subtexto se refiere a las caravanas de emigrantes latinos como si de una invasión de muertos vivientes se tratara. Resumiendo, Nick, que así se llama el muchacho, comienza el viaje en Baja California, caminando hacia el norte acompañando a un grupo de zombis migrantes (se embadurna de sangre muerta para confundirse entre ellos), llega a Tijuana, donde cambia el grupo de zombis por uno de migrantes, y sigue hasta la frontera, donde son recibidos a balazos.

Usar la retórica narrativa para deshumanizar a las personas inmigrantes ante la población general (la población mainstream, recordemos, la que ve estas series) no es una estrategia exclusiva de series y películas. Prensa escrita y telediarios también lo hacen. Buscad por ejemplo el artículo «Zombis e inmigrantes. Análisis de un marco retórico común en el periodismo y la literatura española (un estudio de caso)» publicado en la revista Pensamiento al margen. Víctor Gutiérrez-Sanz llega a la conclusión, tras analizar un año de noticias de los periódicos El Mundo y El País, de que «tanto los zombis como los inmigrantes son construidos discursivamente con estrategias retóricas similares», a saber: una masa andrajosa, infecciosa y de instintos primarios.

Mención aparte merecen los muros, tan de moda gracias a Trump: en Juego de Tronos el muro que separa a humanos y zombis está al norte en vez de al sur, pero el resultado es el mismo: la amenaza de los que habitan fuera del muro. En la sexta temporada de The Walking Dead, justo cuando Trump empezaba a hablar de su muro, el protagonista no humano de la serie era el muro de Alexandria, la comunidad donde, a la sazón, habita el grupo de supervivientes. En diez de los dieciséis capítulos de la temporada se habla de los muros y ¿os imagináis lo primero que dice Rick, el líder del grupo cuando se hace con el poder en Alexandria? Que hay que reconstruir y reforzar el muro. Sin cambiar de cadena, la audiencia podía ver a Rick Grimes y a Donald Trump, serie y telediario, hablando del muro. Lo de fuera, zombis. Otro muro de la vergüenza aparece en la película Guerra Mundial Z, un muro construido para aislar Jerusalén de los zombis, un muro como el construido en Gaza y Cisjordania para aislar a los zombis, digo, palestinos. Algo diferente para terminar: la película The Rezort, donde Steve Barker soporta su crítica a la injusticia de la sociedad actual precisamente sobre esta identificación inmigrante/zombi, que la derecha y ultraderecha cultural está consiguiendo inculcar en la población.

Antiespecismo y agroecología a debate entre ecofeminismos

Alguna buena noticia hay de vez en cuando. La preocupación por el bienestar animal, la conservación de la naturaleza y la alimentación saludable, cada vez son mayores. Que el capitalismo nos ofrezca productos «eco» en los supermercados, que reportajes televisivos de denuncia de macrogranjas ocupen horas de máxima audiencia, que aparezcan restaurantes veganos como champiñones o que Brad Pitt, Natalie Portman o Bill Clinton sean iconos del veganismo, son algunos indicadores. Pero el auge del feminismo es aún mayor: la frecuencia de búsqueda de la palabra «feminismo» en Google ha alcanzado sus dos máximos históricos en el último año y medio, llegando a quintuplicar el número de búsquedas en un día. Pero ¿qué tienen que ver el ecologismo, el animalismo, el antiespecismo y el veganismo con los feminismos? Veamos.

El ecologismo vela por la conservación de la naturaleza, no solo de las especies, sino de los procesos ecológicos que hacen posible la vida en el planeta. El ecologismo social en concreto plantea que la sostenibilidad ambiental no es posible sin justicia social, y denuncia las relaciones entre el expolio de los ecosistemas y el de muchos pueblos. Por eso el ecologismo social es inherentemente decolonial y ecofeminista: defiende que las relaciones sociales deben dejar de girar entorno a los mercados, para poner la vida y las relaciones y procesos que la hacen posible, en el centro. Desde el ecofeminismo denunciamos que la misma violencia que se ejerce contra la naturaleza, se ejerce contra las mujeres y las personas más vulnerables por razón de edad, racialización, clase, tipo de cuerpo, capacidades, etc., y que ambas están estrechamente relacionadas.

Del mismo modo, desde el ecologismo social defendemos la soberanía alimentaria, es decir, el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas sustentables de producción, distribución y consumo de alimentos, garantizando el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción; respetando sus propias culturas y la diversidad de modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción y comercialización agropecuaria, y de gestión de los espacios rurales, en los que la mujer desempeña un papel fundamental (Foro  Mundial sobre  Soberanía Alimentaria. La Habana, 2001).

Dentro del paradigma político de la soberanía alimentaria, la agroecología mira a restablecer el modelo agrario vinculando la producción con la biodiversidad y la ecología. En este contexto se defiende la ganadería extensiva, es decir, aquella basada en el pastoreo, estrechamente ligada al territorio y los recursos locales, especialmente aquella pequeña o familiar y con base agroecológica, que respeta los ritmos y ciclos de la naturaleza y se inserta en sistemas agroalimentarios locales y justos. En esta defensa, trabajamos en red entre el ecologismo social, la agroecología, el ecofeminismo y los movimientos de mujeres campesinas y ganaderas extensivas, como Ganaderas en Red y Ramaderas.cat.

Por otro lado, el animalismo, o movimiento de liberación animal, se preocupa por la calidad de vida de todos los animales, con especial hincapié en los no humanos, y a menudo se relaciona con la dieta vegetariana (aunque no todas las personas vegetarianas lo son por motivos políticos). Dentro de este, el antiespecismo se opone a todo uso de animales para alimentación, investigación, entretenimiento o textiles, considerándolo formas de opresión. Por eso el anarquismo, opuesto a cualquier forma de autoritarismo y opresión, ha ido tradicionalmente de la mano del antiespecismo (en ámbito urbano, no así en contextos rurales). El anarcofeminismo y una parte del ecofeminismo tienen en común con el antiespecismo la denuncia de la violencia y la opresión que el sistema ejerce, no solo sobre las mujeres y otras personas vulnerables, sino también sobre los cuerpos y vidas de las hembras de otras especies, condenando todo uso de los animales, incluida la ganadería, y promoviendo el veganismo.

Y aquí es donde nos preguntamos ¿cómo tejemos redes entre estas luchas que tienen tanto en común? En torno a este debate nos escuchamos y reflexionamos en las III Jornadas Ecofeministas, coorganizadas entre el área de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción y Somos Garaldea. Tras meses de tensión acumulada y acusaciones cruzadas entre feministas en redes sociales y medios de comunicación, conseguimos generar y sostener un espacio respetuoso con voces tan diversas como las de PACMA, la Red Ecofeminista, el movimiento por la soberanía alimentaria y la ganadería extensiva. En el debate se entrelazaron argumentos éticos, políticos, ecológicos y relacionados con la salud. Nos centramos fundamente en los tres primeros ya que en torno a las cuestiones nutricionales ni la ciencia muestra consenso.

Reflexionamos sobre el caso de las especies invasoras planteándonos si consideramos ético o no matar a estos animales y cómo gestionaríamos los daños que ejercen sobre otras especies por depredación y desplazamiento de hábitat. También debatimos en torno a los distintos discursos y sensibilidades sociales según las especies de las que hablemos: la oposición al sacrificio del perro Excalibur, potencialmente infectado de ébola, logró más de 400 mil firmas en pocos días, mientras que la demanda a la UE de prohibición de los insecticidas con neonicotinoides para proteger las abejas y otros insectos, imprescindibles para la vida como polinizadores, consiguió 360 mil en una campaña de meses.

Hilando con esto, intercambiamos puntos de vista desde la inter- y ecodependencia y el antiautoritaritarismo, planteando conceptos como la lucha contra la domesticación de la vida animal o el concebirnos como parte de las relaciones de mutualismo o simbiosis que existen en la naturaleza entre cientos de especies. Debatimos sobre el papel de la ganadería extensiva, en nuestro contexto mediterráneo, para el cierre de los ciclos de nutrientes en la producción de alimentos de origen vegetal, que permite evitar emisiones de gases de efecto invernadero y contaminación, y su posible (o no) sustitución a gran escala por prácticas de permacultura. Y también se destacó su papel en la conservación de la biodiversidad y la defensa del territorio y los pueblos vivos así como en la denuncia del productivismo. Cuestionamos incluso si existe una cierta esencialización de la vida y un tabú sobre la muerte a la hora de hablar del significado de los seres y de sus vidas.

El debate completo no se agotó allí, pero una de las conclusiones fue la necesidad de recordar que, igual que no que hay un solo feminismo, podemos reconocer las discrepancias como diversidad dentro de los ecofeminismos. Por ello, nos llamamos a practicar, desde el ecofeminismo, la empatía, en sus múltiples formas y maneras de ser entendida y practicada. Y recordamos que, desde la decolonialidad, es necesario situar los argumentos en cada experiencia personal o colectiva y cada contexto ecológico, sociocultural y político.

Diversidades. Opresión y rebeldía.

Las construcciones de las identidades colectivas pasan necesariamente por reconocerse entre semejantes. Personas con vivencias similares se ven reflejadas en sus iguales.

En el caso de la diversidad funcional ha prevalecido históricamente el afán de clasificarnos por tipos, según las manifestaciones más evidentes y medibles de «discapacidad» que la sociedad pueda detectarnos y pueda cuantificar.

Así, se nos ha venido agrupando a las personas con diversidad funcional física por un lado, por otro a las de las diversidades sensoriales y aparte a las personas con diversidad intelectual. Todas bajo el prisma de un modelo médico que mide hasta qué punto somos o no «capaces» de contribuir al entramado productivo y hasta qué punto representamos una «carga» para la sociedad.

Esta disgregación ha favorecido, sin duda, la falta de conciencia colectiva de un enorme grupo humano, personas que sí tienen algo en común: la discriminación soportada por presentar cuerpos no normativos, ajenos al modelo heteropatriarcal y, por tanto, sospechosas de ser inútiles al mismo.

Se trata de una visión alejada del enfoque de los Derechos Humanos, que nos sitúa en muchos casos en los márgenes de la sociedad y que alimenta al mismo tiempo la visión que sobre nosotras, las personas con diversidad funcional, tiene gran parte del resto de la población. Solo de esta forma se explican la naturalización de las exclusiones en los espacios de participación pública e incluso en el ámbito privado, o la normalizada imposibilidad de acceder a los servicios, algunos tan básicos como la educación o la sanidad, otros tan necesarios como el ocio y la cultura, por no hacer una lista detallada de todos y cada uno en los que las personas crecemos, nos cuidamos, socializamos y nos enriquecemos como tales.

Este enfoque propicia también la profusión de servicios asistencialistas y paternalistas que se han diseñado para nosotras: con la excusa de atender nuestras necesidades básicas, se mantiene un entramado de empresas y entidades que deciden, casi siempre, cómo, dónde y con quién debemos vivir. Muchas de ellas obteniendo importantes beneficios económicos.

Son las que nos llevan, nos traen, nos ofrecen formas de ocupar el tiempo y las que, finalmente, gestionan centros residenciales en los que se nos aparta de la sociedad.

Se trata de todo un sistema cosificador que señala, clasifica y segrega desde la infancia, en mayor o menor medida, dependiendo de factores como el grado o tipo de «discapacidad» o el lugar en el que vivas: no es lo mismo vivir en zona rural o en el extrarradio que en el centro de la ciudad, como no es lo mismo vivir en una planta baja que en un segundo sin ascensor, en caso de usar silla de ruedas, por ejemplo. Del mismo modo, influyen factores como la capacidad económica, aunque la media está muy por debajo de la población en general, o el género. En este último caso, todos los indicadores de exclusión están bastante por encima de los de nuestros iguales hombres.

Estamos hablando de personas que sobreviven con muchos de sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, cercenados. Derechos humanos universales que se pueden concretar en dos: a la vida independiente y a vivir incluidas en la comunidad, ambos reconocidos por la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad en su artículo 19.

Obviamente, tanta y tan sistemática vulnerabilidad inducida consigue generalmente socavar el estado de ánimo de cualquiera que la soporte.

Es fácil entender que, cuando un grupo tan numeroso de personas se ve sometido a este trato degradante de forma habitual, impedidas de desarrollarse y convivir en plenitud en la comunidad, se merma su capacidad de reacción hacia la opresión. Lo más común es que transiten por la vida intentando sortear los escollos que se les presentan, en un ejercicio de pura supervivencia y agradeciendo, en muchos casos, los alivios puntuales y casi nunca emancipadores que se les ofrecen.

Pero la historia nos enseña que donde hay opresión también suelen surgir movimientos o corrientes en su contra. En este caso, tras siglos de ignominia, surge a finales de los años sesenta el movimiento de Vida Independiente. Nace como respuesta a los anteriores paradigmas sobre la discapacidad y se sustenta en el llamado Modelo social que señala al entorno como responsable de las limitaciones y barreras, no solo las físicas, que se nos imponen. Pone en primer plano la dignidad intrínseca de todas las personas y el derecho a controlar nuestras propias vidas.

De esta forma se ven superados modelos como el de prescindencia (nuestras vidas no tienen valor o tienen menos valor) o el médico-rehabilitador (tu vida tiene valor si consigues corregir «tu discapacidad» o mediante el esfuerzo personal, adaptarte al entorno). Estos tres modelos siguen conviviendo a día de hoy, de ahí las discriminaciones mencionadas. Eso no impide que los postulados de Vida Independiente sigan extendiéndose y se vayan implantando trabajosa y lentamente por todo el planeta.

En España lo introdujo el Foro de Vida Independiente en 2001. De ahí surge un grupo de activistas que, diseminados por todo el Estado, venimos difundiendo desde entonces este modelo, una filosofía asentada en las ideas de dignidad, libertad, igualdad, diversidad humana y derecho a vivir cada cual según sus preferencias. De este Foro surge también el concepto de persona con diversidad funcional, contrapuesto al enfoque capacitista, poniendo el acento en el valor de la diversidad y en las discriminaciones soportadas por funcionar diferente para algunos aspectos de la vida. Siendo conscientes al mismo tiempo de que nadie escapa a la diversidad funcional, sea esta más o menos evidente o catalogada.

En Andalucía, un grupo de personas pertenecientes a FVI, decidimos hace años unirnos para fundar la asociación Vida Independiente Andalucía (VIAndalucía), en un intento de conseguir la implantación del Modelo en nuestra comunidad.

El camino no está siendo fácil: las resistencias institucionales son tremendas a pesar de la profusión de leyes que nos avalan. Tampoco está siendo fácil enfrentar la inercia asistencialista, muchas veces impulsada y mantenida por entidades del sector. O la visión paternalista, la ignorancia o el desprecio a nuestros derechos. Pero ahí seguimos, con el convencimiento de que tiene que llegar el momento en que todas, personas con o sin diversidad funcional, vivamos libres y en pie de igualdad.

Lo que hay detrás de Metro de Sevilla

La plantilla del metro de Sevilla (unos 174 trabajadores y trabajadoras que cobrar unos 1200 euros al mes) ha estado movilizada los últimos meses, primero por un convenio colectivo digno que se firmó en septiembre tras varias huelgas y, ahora, para hacer frente a la represión empresarial. La punta del iceberg de esta represión son dos despidos arbitrarios y muchos expedientes injustificados. Entrevistamos a Antonio, delegado sindical de la CGT, para que nos cuente qué hay detrás de este transporte público tan conocido y, al mismo tiempo, tan opaco a la ciudanía.

Le preguntamos a Antonio quién gestiona la empresa Metro de Sevilla y nos llevamos la primera sorpresa, pues a pesar de ser un servicio público, «la Junta de Andalucía tiene un 12%, la mayor propietaria de Metro Sevilla es una empresa privada Globalvía cuyos propietarios son 3 fondos de inversión». En la página web de Globalvía podemos leer que sus accionistas son, desde marzo de 2016, como dice Antonio, los fondos de pensiones OPTrust (Canadá), PGGM (Holanda) y USS (Reino Unido). «Desde el punto de vista geográfico la presencia de Globalvia se desarrolla en España, EEUU, Irlanda, Portugal, Andorra, México, Costa Rica y Chile». En el Estado español tiene las concesiones de 7 autopistas y túneles, el Tranvía de Parla, los Transportes Ferroviarios de Madrid, la línea de Metro al aeropuerto de Barajas, Metros Ligeros de Madrid, los Tramvia Metropolità y del Besós en Barcelona, y el Metro de Sevilla. Antonio nos explica que «le hemos requerío a los partidos políticos que Metro de Sevilla esté gestionao por la administración pública, por la Junta de Andalucía, ya que es un servicio público». El Gobierno andaluz del PsoE fue el principal responsable de la privatización de este servicio público, «y ahora con el nuevo Gobierno andaluz de las derechas estamos notando incluso un poco más de dejadez».

Tras conocer quién gestiona nuestro Metro, le preguntamos a Antonio sobre su rentabilidad y volvemos a llevarnos las manos a la cabeza: «Metro de Sevilla es la corona de Globalvía porque es donde obtiene más beneficios. El 80% de los beneficios de Metro de Sevilla son subvenciones públicas que van directamente a Globalvía. Y el billete es uno de los más caros de España. Hay una gran cantidad de dinero público transferido a los fondos de pensiones privados de Globalvía que, al mismo tiempo, nos maltrata a la plantilla».

¿En qué se plasma este maltrato? «Desde que llegó Globalvia han recortado en las subcontratas de limpieza y seguridad. Nosotros, desde el comité de empresa, estamos en contacto permanente con el personal de limpieza porque han ido recortando su plantilla exigiéndoles cada vez más a quienes quedan y, claro, falta personal y la limpieza se resiente». Esta subcontrata y la de seguridad (que ha recortado cerca de un 70% de plantilla) están gestionadas por Ilunion del Grupo Social ONCE. Además, hay conductores, compañeros, que están tomando antidepresivos por el acoso de la empresa. Un caso que está provocando estrés y ansiedad, especialmente tras los últimos dos despidos y la apertura de los expedientes represivos. La empresa ha ido directamente a masacrar a la plantilla y a entrar en una política del miedo que no vamos a consentir, nos comenta Antonio golpeando una y otra vez la mesa de la cafetería donde nos hemos sentado para la entrevista.

¿Cómo hacéis frente a este terrorismo patronal, Antonio? El comité de empresa es multicolor. Estamos seis sindicatos y la parte del colegio de trabajadores, sin contar con la gente de oficinas. Somos una piña contra los dos despidos y los expedientes que acaban de hacer para atemorizarnos. Nos apoyan compañeros de CGT desde otras empresas como Tussam y Adif, que también son un servicio público. Estamos convocando concentraciones, denunciando en inspección de trabajo y planteándonos volver a la huelga. Le pedimos a los y las usuarias del Metro que comprendan que estamos luchando por la mejora de este servicio público, aunque a veces le inoportunen nuestras movilizaciones. Pedimos que lxs usuarixs se sumen y apoyen nuestra lucha que es la lucha por un transporte público accesible, democrático y de calidad».

HOMO OECONOMICUS

En ocasiones, desde El Topo intentaremos servir de altavoz para personas jóvenes. Tienen mucho que decir y es necesario que prestemos atención a sus reflexiones y propuestas. En esta ocasión toma la palabra Lucas, de 16 años. Pasen y lean.

Útil, según la RAE es ‘aquello que trae o produce provecho, comodidad o interés’. Pero, por regla general, el único beneficio esperado de nuestra acciones útiles es tangible. No importa que el provecho que se le pueda sacar a cada una de nuestras acciones sea inmediato o lejano.

Esta perspectiva utilitarista de las cosas que se ha trasladado a la realidad y ha penetrado en casi todos los aspectos de nuestra vida, es peligrosa. Especialmente para la educación ya que, por su duración indefinida, carece de un fin.

Es decir, los colegios públicos han dejado de ser un instrumento del saber. Y se han convertido en fábricas de trabajadores acostumbrados a renegar de su esencia, ignorar sus sentimientos y alinearse continuamente con un sistema que nos aísla a la mínima de cambio. Estas escuelas obligan a su alumnado a ceñirse a horarios insufribles y a asimilar cantidades ingentes de información que, en la mayoría de los casos, no sirve para nada más que para confundir. Y hace que los colegios estén más lejos que nunca de ser academias populares. 

Esta perspectiva utilitarista de las cosas creo que también nos ha alejado de nuestro cuerpo, haciendo que lo percibamos como una herramienta más a disposición del sistema, en vez de como el sustento material de nuestra vida.  

Se nos priva del tiempo necesario para cuidar nuestro cuerpo y acabamos tratando al cuerpo como a una máquina que nos permite ir a trabajar, dormir y emborracharnos. 

En fin, este artículo no puedo acabarlo yo solo. Necesito ayuda de toda persona que lo lea. Intentad responder a una pregunta que puede tener una apariencia un poco vana pero que creo es de vital importancia: ¿a quién estamos intentando satisfacer?

Matar cabrones

Mansilla como inspiración una vez más. Directo, sencillo, lúcido, franco, violento. Matar cabrones. Así se titula su última novela, la que no pudo terminar pero que acaba de salir a la luz. Otro texto en el que viajar por la Sevilla invisible donde habitan lxs desheredadxs, lxs invisibles, lxs desgraciadxs. Y una se pregunta después de mirar alrededor si no sería esa una buena opción: matar cabrones. Dejar por un rato la conversación, la empatía y los filtros, y acabar con ellos, sean quienes sean. Llevamos semanas escuchando hablar de violencia legítima e ilegítima y ya sabemos en qué lado estamos, de qué lado nos ponen. Las compañeras juzgadas por el coño insumiso lo han sufrido en sus cuerpos, acusadas de incitar al odio a una religión que desprecia a las mujeres, enorme paradoja. Han sido absueltas, pero desde el paternalismo y llamando mamarrachada a la acción. El colectivo de mujeres prostitutas de Sevilla también lo ha vivido y en su caso, además, la legitimidad se la conceden otros colectivos feministas. Más doloroso si cabe. ¿Hemos entendido de verdad lo que es la sororidad?

El libro de Mansilla trata la aporofobia, el rechazo a las personas pobres. Es una ficción sobre asesinatos en serie de personas sin hogar en Sevilla. Poco antes de que aparezca la novela nos enteramos de que dos jóvenes sin hogar han muerto en la calle, solos, en poco más de una semana. La realidad compitiendo en crudeza con la ficción. Las víctimas reales no han sido asesinadas por una mafia, han muerto por la violencia estructural de un sistema que los excluye y los maltrata. Como hace con lxs migrantes, con esos niños y niñas que cruzan solas las fronteras y se encuentran con el desprecio y el prejuicio de una sociedad que los etiqueta bajo unas siglas. Violencia que también sufren quienes se atreven a cuestionar las formas de vida consideradas correctas, como lxs habitantes de las casas cuevas de Granada, perseguidxs y acosadxs permanentemente, o aquellas cuyos cuerpos son considerados incapaces de contribuir al sistema productivo, o lxs que se levantan contra las consecuencias del neoliberalismo salvaje en América Latina, o las mujeres kurdas atacadas en Siria. Todas violencias legitimadas. Violencia sexual, violencia laboral, violencia judicial, violencia institucional, violencia policial, violencia militar. Violencia patriarcal. Violencia que se multiplica contra lxs que se atreven a responder. Violencia.

A la vez, de fondo, en un cuento de nunca acabar, vuelven a convocarnos a elecciones. ¿Elegir qué? Los resultados, el día que sale este número, seguirán siendo motivo de debate, cábalas, análisis, llantos, miedos, incertidumbre, indiferencia, lejanía… Estamos tan cansadas que no hemos querido hablar de ello más allá de este párrafo. Ni de exhumaciones e inhumaciones de dictadores ni nada parecido.

Pero vamos a sacudirnos la tristeza por un rato y a celebrar que este número de El Topo que tienes en tus manos inaugura el séptimo año del proyecto. Seis años acaba de cumplir nuestro periódico a pesar de las dificultades, la precariedad, la incertidumbre, el conflicto inevitable, los altibajos, las ausencias. Quién lo iba a decir, ¿verdad, compas? A ritmo de topo tabernario seguimos cavando galerías y dando voz a quienes se oyen menos. Y todo gracias a vosotrxs, que seguís apoyando, suscribiendo, difundiendo y asistiendo a nuestros actos. Y no hemos cambiado un ápice nuestro modo de existir, ni pretendemos hacerlo si seguís ahí. Hoy empieza un nuevo año para El Topo y esperamos que no sea el último. Hoy volvemos a inspirarnos en Mansilla. Hoy elegimos matar cabrones.

Coaching para la militancia tras las vacaciones

Septiembre es el mes de la vuelta a la rutina para la mayoría silenciosa. La Cúpula de Lisergia ofrece consejos inútiles para comenzar el nuevo curso con más temple y menos euforia, ayudando a equilibrar el compromiso con el individualismo.  

Se acabaron las vacaciones para aquellos que pudieron disfrutarlas. Rebrota el séptimo mes del calendario romano anticipando el otoño. La vuelta a la rueda del hámster, el pedaleo hipnótico en la ética protestante del trabajo, viene cargada de penurias postvacacionales. La efímera utopía estival de la clase trabajadora se ha esfumado. En estas fechas, además, el personal activista y simpatizante tiene su chispita: nuevos proyectos autogestionados, nuevos ciclos de lucha y resistencia, y ese cuaderno a estrenar deseando anotar gloriosas y kilométricas asambleas. Pero también sabemos que de todo lo que ahora se empieza con fuerza e ilusión, en navidad posiblemente se habrá olvidado; en marzo o abril muere de frío e inanición o, como mucho, muere en verano exhausta y heroicamente. Desde la humilde cúpula de Lisergia, os damos unos consejos para domar esa euforia septembrista y ser seres políticos más realistas.

Sevilla no es Londres, ni Berlín, ni Barcelona. Molaría, con movimientos sociales súper potentes bien relacionados con la administración local. La diáspora de nuestra tierra nos empuja a pasar una temporada en las capitales del imperio. Incluso siempre hay gente que se anima a ir a un campamento militante o matricularse en la Universidad de Podemos y, superado el Stendhal de ver a Monedero en bañador haciéndose el enrollado (ay, aquel spot), vuelven a Sevilla. Aquí tratarán de reproducir con energía algún proyecto inspirador que lo pete, como un comedor popular de comida reciclada, un cine okupa o cualquier otra cosa maravillosa, coherente, abierta, participativa y con pocos visos de mantenerse en el tiempo.

La militancia conlleva sacrificios y, como en tantos aspectos de la vida, las personas somos a veces esclavas de nosotras mismas. Se hará necesario equilibrar el compromiso con un poco de individualismo. ¿Existe la objeción de conciencia en la militancia? Esgrimir alguna razón de conciencia para dejar descansar la conciencia no parece muy defendible, pero si la sociedad considera «normal» y «con futuro» el modelo de sobreexplotación capitalista, ahora no vamos a ponernos tiquismiquis con nuestras propias contradicciones.

Para no encallar en tu meteórica carrera hacia el liderazgo social, es necesario que no lo vuelques todo ahora. Parece un consejo de retrete y medio gramo, pero vamos por otro lado. Es verdad que venimos con las pilas cargaditas y un subidón motivacional para cambiar de una vez esta mierda de sociedad. Ok, pero tranqui, dosifica, no quieras ponerte a cien o para cuando llegue tosantos habrás ya caído en una depresión maníaca que te devolverá al individualismo consumista, en ese rincón indolente donde el sistema te quiere. 

¿Hay lugar para el egoísmo sin remordimientos si quieres dejar tu activismo para el año que viene? El secreto está en ajustar la ecuación entre esfuerzo y tiempos.  Contemporiza. Usa la agenda. O sea, apúntate a algo ahora, pero déjate tiempo libre para tus cositas por si más adelante sale algo que te apetezca o porque en algunos proyectos alguien falle y tengas que ir a relevarle.

No te apuntes a todo. Delega. Te gustaría no perderte nada y asegurarte que todo se hace, pero deja que el resto asuma también responsabilidades y sé tú responsable con tus energías. ¡Eres activista, no ministra! Los límites existentes entre la motivadora reflexión y dar la brasa son cada vez más finos.

Sé un poquito egoísta, busca tus cositas individualistas que no sean de lucha y revolución: un poquito de running, una partidita a la play, vete al cine o a la sierra en fin de semana.

¿La excedencia y el año sabático son conceptos asumibles en los colectivos que lideran el tercer sector y movimientos adláteres? ¿Y las vacaciones militantes? Contempla la posibilidad de un añito sabático del activismo, sin remordimientos. No te lo creas todo. Vale que hay que apoyar y animar a la peña, pero no eres un saco de la risa. Practica un poco de objeción de conciencia antagonista.

La resilencia se ha convertido en el palabro de moda en muchos ámbitos. Hace falta adaptarse a la marea para salir adelante. Las luchas internas en grupos activistas son una fuente de estrés reconocida por la OMS. Sumar a tus compromisos laborales y a tus disfuncionales relaciones sociales más compromisos, responsabilidades y tareas, puede poner en riesgo tu salud mental. Asimismo, vivir alineadamente renegando del pensamiento crítico y la autogestión, te sumirán en la depresión del consumismo y la barbarie capitalista. En el resilente equilibrio entre la militancia y el discurrir de esta sociedad desalmada está la clave.

Huerta La Alegría – Cultivando comunidad

Leticia Toledo Martín es agricultora, a secas, ni menos ni más. Aunque huye de las etiquetas, es la hortelana de la Huerta La Alegría, un proyecto que satisface las necesidades de verduras y frutas locales de temporada de unas 200 personas. En torno al proyecto se ha creado una comunidad que busca nuevas formas de intercambio económico que trasciendan lo monetario y donde las relaciones personales y las necesidades de las integrantes estén en el centro.

Agroecóloga, activista por la soberanía alimentaria y el ecofeminismo, integrante del Consejo Editorial de la revista Soberanía Alimentaria, ¿quién es Leticia Toledo Martín?

Lo que me define mejor es mi pasado familiar campesino. La agricultura como cultura de la tierra y no como iniciativa empresarial productora de bienes para el capital. Son mis bisabuelas y bisabuelos quienes me han dejado este legado que aún hoy creo que me queda grande, ya que lo vivo como un proceso de aprendizaje continuo.

Empecé en la agricultura desde el activismo y la búsqueda de la transformación social. Cuando vivía en Córdoba creamos un colectivo de trueque, Kotruko, donde también experimentamos con la moneda social (el truko). Esta iniciativa bebe de la crisis en Argentina a principios de los 2000 y de todos los proyectos de autogestión que de allí surgieron. Hablamos de 2002-2003, en Córdoba había una ebullición de proyectos sociales autogestionados. Pero nuestro Kotruko se encontró con sus limitaciones ya que más allá de intercambiar ropas, trastos usados y servicios, no producíamos nada ligado al territorio. Aquí entró en juego el término territorio, las tierras vacías, las casas vacías y el movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que nos servía de inspiración y aprendizaje. También entablamos contacto con el Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC) y a nivel estatal empezaba a formarse una red de iniciativas agroecológicas con gran variedad de formatos. Este contexto generó un proceso de reflexión en el colectivo que viró hacia el cultivo de la tierra, ya que hubo personas que cedieron sus tierras y personas que nos ofrecimos a trabajarlas. Es así como montamos la asociación cooperativa agroecológica La Acequia en Córdoba, que fue mi gran paso por la universidad de la vida. Hasta entonces nunca había currado en serio en el campo.

Aun huyendo de las grandes etiquetas, tú no haces agricultura convencional. ¿Qué principios y valores definen tu actividad?

Las relaciones la definen. Cuando la gente me pregunta cómo hacer para tener acceso a mis verduras les hablo de relación, de apoyo mutuo, de compromiso, de espacios de cuidados mutuos. Es una forma de entender las relaciones y los intercambios económicos, nuestra interdependencia. El sostén de mi actividad son las relaciones que establecemos las personas que participamos en el proyecto, poniendo en juego nuestras necesidades y echándolas a dialogar. Desde hace tiempo le doy vueltas al tema del poder en las relaciones económicas: el campesinado que yo he conocido en mi familia y su falta de autoestima y valoración en contraposición a la sobrevaloración de quien tiene dinero, puede comprar y decide. Sin embargo, en la Huerta La Alegría estas relaciones desiguales y de clase son subvertidas haciéndose más horizontales.

Me sorprende que te hayas presentado desde lo colectivo y que sin embargo actualmente este proyecto lo lleves adelante tú sola, ¿cómo es eso?

Los colectivos y sus cositas (risas). Te diría que es un conflicto personal en el que llevo varios años.  Por momentos me he sentido cansada de lo colectivo, pero ese cansancio no me ha venido porque no me lo crea. En los 15 años que llevo en esto los procesos colectivos han ido modificándose y yo con ellos. Los últimos pasos que yo di en Córdoba tras años de trabajar el campo en colectivo fueron hacia una «profesionalización» de la actividad. Estuvimos muchos años «jugando a las casitas» en esto de la autogestión, pero poca gente tomaba riesgos para llevarla hasta sus últimas consecuencias. Llegamos a un punto donde el siguiente paso hubiera sido formalizar una cooperativa donde colectivizar los esfuerzos y los riesgos y es ahí donde realmente nos damos cuenta de nuestras limitaciones. Que lo de colectivizar está muy bien, pero ¿hasta dónde colectivizamos? Y las dos veces que hemos llegado a este punto, la cosa no ha terminado de funcionar. Unas veces por un conocimiento desigual de la huerta y de la sistematización del trabajo y otras por diferentes niveles de compromiso. A día de hoy ninguna de las personas con las que emprendí estos proyectos colectivos sigue trabajando en el campo y, sin embargo, para mí no cabía duda de que ese era mi camino. Tras estas dos experiencias ya decidí venir a la tierra de mi familia, lo que conllevaba recomenzar sola.

Entonces, ¿no se llegó a dar el caso de que los proyectos se cayeran por falta de viabilidad económica?

Bueno, eso siempre ha estado ahí. Esa era una de las contrariedades entre tantas otras. Cuando te encuentras con mucha precariedad durante muchos años, seguir pensando que ese es tu trabajo es duro. Yo me he visto muy precaria pero en esa precariedad salían otras creatividades y a algunas nos servían para continuar, pero no a todas. Y ahí vuelve a salir el tema del poder, entender que cada una tiene sus habilidades y que todas juntas suman más que cada una de las individualidades. Pero esto no lo he encontrado. Lo que me he encontrado es que ciertas habilidades son privilegiadas y dotadas de un poder que no se otorga a otras, y eso es difícil de gestionar. No fuimos capaces y ahora me encuentro en las tierras familiares con un proyecto personal que llevo adelante con mucha ayuda de mi padre, quien en realidad desde que me dedico a la agricultura siempre ha estado ahí.

¿Y cómo estoy ahora transformando esto de lo colectivo para no quedarme huérfana? ¿Cómo gestiono que ya no estoy en colectivo y casi ni siquiera participo en nada más allá de mi huerto? Y hablándolo con colegas me decían: «tienes que ampliar el ángulo desde el que miras al proyecto. ¿Cómo puedes decir que no es un proyecto colectivo?» Y es cierto, el hecho de que el funcionamiento no se base en asambleas y todas las decisiones se discutan no quiere decir que no lo sea. La Huerta La Alegría es un proyecto colectivo y probablemente de los más sólidos y fuertes en los que he estado. Siento ahora mismo muchísima seguridad vital, me siento muy apoyada, y además creo que también estoy consiguiendo hacer partícipe a la gente del proyecto en la medida de sus demandas y posibilidades. Seguramente si ahora propusiera hacer asambleas regulares y un domingo de trabajo colectivo en el campo al mes, el proyecto se caería porque no es lo que el grupo necesita. No son las individualidades las que sostienen el proyecto, sino un tipo de relación entre nosotras muy orgánico.

En ocasiones parece que caemos en la sacralización de la asamblea como templo único de lo colectivo, ¿no es así?

Claro, pero bueno esta es la forma de funcionamiento a la que hemos llegado, que es muy parecida a la que tienen las AMAP (asociaciones de  agricultura sostenida por la comunidad) en Francia. Diversas colectividades para diversos territorios y personas. Desde esos colectivos que empezaron jugando a las casitas, como he dicho, con muchísima implicación, como Crestas y Lechugas, La Alegría de la Huerta, El Julián y La Mari, etc., en Sevilla, hemos ido llegando esas mismas personas y muchas otras nuevas a otras formas de organización que se adaptan mejor a nuestros ritmos sin renunciar a nuestra participación y nuestro compromiso. Todo forma parte de ese proceso de politizar nuestra alimentación, no viene de la nada.

¿Cuáles son ahora las mayores dificultades que te encuentras a la hora de realizar tu actividad?

Ampliando un poco la mirada, yo diría por este orden: tierra, semillas, agua y una buena red de proyectos campesinos en el territorio. No se puede crear una islita ecológica, sostenible, autosuficiente y que dé de comer a muchas personas. Esto está ligado a un sistema en el que fallan muchas cosas. El acceso a la tierra, que creo que como lucha se abandonó hace mucho tiempo, sigue siendo una gran dificultad. En la mayoría de proyectos que he nombrado hemos estado saltando de tierra en tierra. La relación con la tierra es cada vez más especulativa y menos de sustento. Actualmente cultivo 1,4 hectáreas que eran de mi abuelo, que pasaron a sus hijos no sin dificultades y una parte de ella está en venta. Esto es una limitación para poder proyectarte en el mismo territorio a medio-largo plazo.

El agua la saco de un pozo que cada año está más vacío y tarda más en recuperar. Y hay que sacarla con electricidad. Me he planteado el uso de fotovoltaica para bombeo pero a día de hoy amortizarlo sería un esfuerzo excesivo para el proyecto. Tenemos una dependencia energética brutal que aún está lejos de resolverse. Por eso pedí una ayuda para jóvenes agricultoras que me fue concedida, pero los requisitos burocráticos, entre ellos la titularidad de la tierra, me impidieron su cobro. Estas subvenciones no están pensadas para proyecto «atípicos».

Y las semillas, de las que dependemos totalmente y que cada vez más están en manos de multinacionales. Este es un eje de trabajo clave para la autonomía. Llevo trabajando 15 años recuperando variedades locales. También colaboro con la Red Andaluza de Semillas en algunos proyectos de recuperación. Se puede decir que tengo un nivel de autosuficiencia de semillas bastante alto, pero aún así sigue siendo una limitación. Las redes campesinas tradicionales de intercambio de semillas ya casi no existen y se está dejando en manos de las multinacionales la mejora de las variedades. Nos falta conocimiento, que se ha ido perdiendo, y tiempo.

Y, por último, facilitaría mucho las cosas una buena red de proyectos campesinos en el territorio que se complementen. Por ejemplo, una ganadería extensiva que se coma los restos de las cosechas y abone la tierra generaría una sinergia muy necesaria. El acceso a abono ecológico de animales libres de antibióticos y hormonas se ha convertido en un lujo.

¿Cómo crees que ha cambiado el trabajo campesino durante las últimas generaciones en tu familia?

Mi padre te hablaría de la dureza del trabajo, de los medios que tenía. Los utensilios de los que disponemos hoy en día para trabajar facilitan mucho la faena. Pero para ellos el trabajo en el campo no era solamente la agricultura, era mucho más. Generalmente tenían también ganado, tenían que hacer los mercados, y eso implicaba muchos conocimientos diversos. Eso era una vida dedicada a currar. Yo por ejemplo me he especializado y profesionalizado: hago huerta exclusivamente, lo que me facilita la vida muchísimo. La capacidad que tenemos hoy día de producir en una hectárea con los medios energéticos y materiales es mucho mayor, con todas las contradicciones que esto conlleva. Pero un tema que les sorprende mucho a los mayores es el funcionamiento del proyecto en sí. Les fascina el nivel de autoestima en comparación con cómo ellxs trabajaban y se valoraba su trabajo. Cuando yo cultivo sé para quién es, quién se va a comer esa verdura. Mi trabajo no es tirado en vano ni nadie lo infravalora, todo lo contrario. Les sorprende muy gratamente que mi trabajo sea tan apreciado, no solo económicamente, sino que es importante para la gente. Es cierto que no sucede lo mismo en todos los proyectos ya que hay compañeras que se quejan de lo poco que se valoran sus productos o los pocos espacios de venta que encuentran. Y un gran problema que veo a mi alrededor en gente que produce ecológico es la cantidad de verdura que tiran. Yo no tiro nada y eso marca una gran diferencia, porque todo mi trabajo está valorado.

¿Crees que la agricultura campesina podría alimentar a toda la población mundial?

Si la que no alimenta a la población mundial es la agricultura industrial. La mayor parte de la población mundial se alimenta de la agricultura campesina, lo que sucede es que no genera dinero y eso no le interesa a los productores de agricultura industrial, que buscan grandes márgenes de beneficio.

Sin embargo, hay gente que dice que consumir ecológico es cosa de pijos.

Claro, porque se ha desarrollado una agricultura ecológica totalmente separada de las necesidades básicas del territorio y se ha insertado en el libre mercado con los mismos principios con los que funciona la agricultura industrial. Sí, esa es de pijos, pero la agroecología que se lleva pensando mucho tiempo y de la que se alimenta gran parte de la población mundial no lo es.

Este número de El Topo aborda la emergencia climática desde diferentes perspectivas. ¿Cómo se siente la crisis climática desde la huerta?

En los 15 años que llevo trabajando la huerta no puedo sacar grandes conclusiones, pero sí que resaltaría las lluvias torrenciales. De un tiempo a esta parte estos fenómenos extremos están sucediendo de manera más habitual. Estamos acostumbradas los largos periodos de sequía, pero no a las grandes trombas de agua. Y otra cosa que estoy observando en los últimos años es el alargamiento de la primavera. El invierno llega tarde, se alarga la primavera, el calor duro viene a final de agosto y se mantiene en septiembre y octubre. Eso en la huerta genera procesos de floración que antes en julio se podían cargar los tomates o los calabacines, pero ahora florecen y hay tomate verde, por ejemplo. Pero, sobre todo, se nota el otoño, las verduras de otoño llegan a primavera y crecen muy rápido. Son percepciones de cuatro años para acá, se necesitaría mucho más tiempo de observación para detectar cambios de patrones reales.

Bueno Leti, muchas gracias por compartir y ¡larga vida a la Huerta La Alegría!

Gracias a ustedes y ¡nos vemos en el Pichilín!

Vivir del Sol

¿De qué se alimentan las plantas? Es una pregunta que llevo más de veinte años planteando a alumnxs procedentes de carreras como Ciencias Ambientales o Biología. Casi sin excepción responden que las plantas se alimentan del agua y el suelo pese a haber estudiado la fotosíntesis un mínimo de 4 o 5 veces en estas carreras. Pocas personas relacionan este proceso con la posibilidad de que hortalizas, árboles frutales o cualquier otro tipo de organismos fotosintéticos (algas, plantas, árboles, etc) crezcan sirviendo como base de la red alimenticia que sustenta la vida.

Debemos saber que la fotosíntesis es el único proceso (prácticamente) que permite que las plantas y demás seres fotosintéticos utilicen la energía del sol para aumentar sus propias estructuras (desde una brizna de hierba a un tomate) poniendo así a disposición del resto de los seres vivos esta energía. Energía (que en la naturaleza) va transitando de unos seres a otros (en forma de lechuga, conejo o ser en descomposición) constituyendo ciclos cerrados de manera que los materiales implicados se reciclan continuamente. Así funciona la vida o, más bien, funcionaba hasta que las personas hemos intervenido.

Las diferentes sociedades humanas necesitan incorporar energía y materiales del exterior para existir, para funcionar. Al menos hasta el momento no hemos desarrollado ningún mecanismo a través del que realizar la fotosíntesis (entiéndase el tono jocoso, no vaya a ser que algún tecnoentusiasta esté leyendo este texto y lo vea como una solución posible).

A este proceso de incorporación de energía y materiales (y emisión de residuos) para realizar las diferentes funciones lo llamamos metabolismo. Consideramos que a lo largo de la historia de la humanidad ha habido tres momentos metabólicos.

Un primer momento de metabolismo forrajero en el que los grupos de personas iban cazando o recolectando bayas y otros alimentos. En esta etapa consideramos que las sociedades humanas vivían del Sol. Por un lado, todo lo que tenía origen vegetal y, por otro lado, lo de origen animal que para su subsistencia se alimentaba de productos vegetales o de otros animales que en última instancia también se alimentaban de productos vegetales. Si bien las fuentes de energía de la que se abastecían las personas eran poco diversas, la accesibilidad era universal; todo el mundo podía cazar o recolectar, esto quizás favorecía la posibilidad de comunidades más horizontales. No había ningún sistema para almacenar la energía y la única forma de dominarla era el fuego. La interacción persona naturaleza estaba básicamente integrada en los ciclos naturales.

El primer gran cambio del metabolismo energético fue del forrajero al metabolismo agrario. Todavía había poca energía disponible pero esta ya empezó a ser almacenable. Los granos se podían guardar de unas siembras para otras y la domesticación de animales supuso una importante revolución respecto al almacenaje y disponibilidad de energía para arar las tierras, cargar, etc. Era un poco más versátil respecto a las diferentes fuentes de energía. Y el acceso que al principio era universal empezó a estar más restringido. Quién y cómo se controlaba la tierra tendría mucho que ver con cómo se controlaba la socialización y qué pasaba. Se pasó del nomadismo a la aparición de sociedades sedentarias. Aumentó la complejidad de la sociedad porque aparecen nuevas tareas necesarias para la supervivencia que antes no se daban. Por ejemplo pensar y diseñar estructuras para almacenar los granos, el riego en las zonas de regadío, etc. También aumentó la población y las interacciones entre el comercio y las comunidades sedentarias y la especialización social en cuanto a las tareas o trabajos necesarios para el mantenimiento de la vida humana en estas comunidades.

A partir de este momento los seres humanos podían controlar en parte como funcionaban los ecosistemas naturales, siendo capaces de domesticar animales o de cultivar la tierra. Así y todo, durante los primeros 4000 años de esta etapa, las relaciones humanas seguían siendo principalmente igualitarias con pocas jerarquías. A partir de aquí y hasta la revolución industrial (o a hasta el momento presente) los mecanismos acumulativos iban de la mano de los mecanismos autoritarios, jerárquicos y de opresión de unos grupos sociales sobre otros. Aun así cabe destacar que tanto en los primeros 4000 años de la era agrícola como en esta etapa hasta la industrialización seguíamos viviendo principalmente del Sol.

El tercer salto respecto al metabolismo energético viene de la mano de la revolución industrial. Existía mucha más energía disponible debido al descubrimiento de los combustibles fósiles y se intensificó su uso, siendo así la energía fácilmente almacenable y muy barata, si solo tenemos en cuenta los costes económicos y energéticos. Evidentemente en este momento no se atendía a la naturaleza finita de estas fuentes energéticas, ni las repercusiones socioambientales (guerras por el control de estos recursos, cambio climático, etc.). El momento actual responde a este último periodo que se caracteriza entre otras cosas por usar mayoritariamente estos materiales finitos, ya sea en forma de combustibles para la obtención de energía, ya sea en forma de minerales cuyas reservas también se están agotando en numerosos casos.

Este modelo metabólico está basado principalmente en el consumo de recursos no renovables (no vienen del Sol) está sustentado y sustenta a un sistema socieoeconómico cuya lógica solo responde al crecimiento y acumulación. Y sobra decir que si bien la disponibilidad energética ha sido mayor (al menos hasta el momento), la posibilidad de acceder a ella dista mucho de ser universal. Cambio climático, guerras, desplazadxs climáticos, hambrunas, pobreza energética, agotamiento de los recursos y acumulación de poder, desigualdades e injusticias, son solo alguna de las consecuencias de este modelo metabólico. Un modelo depredador nos está llevando a la aniquilación de la vida. Así que no nos queda otra que aprender de los caminos ya recorridos, analizar la historia con miradas que vayan más allá de la que nos ofrecen los libros de texto y recuperar la posibilidad de Vivir del Sol, fuente energética que al menos hasta que el astro rey se apague (y siempre dependiendo de los vegetales) nos puede abastecer de lo realmente necesario sin hipotecar la capacidad de supervivencia de las generaciones futuras y de otras formas de vida.