Transformando el imaginario temporero

La palabra precariedad se deriva de prex, precis (ruego, súplica). Del neutro plural del adjetivo precaria viene nuestra palabra patrimonial plegaria. Si la definimos como lo hace la RAE entenderemos por ella pobreza o falta de recursos. Si ahondamos en su significado vemos como viene a definir algo de poca estabilidad o duración, o que se tiene sin título por tolerancia o inadvertencia del dueño.

Vamos a intentar desmontar esta palabra y re-significarla a nuestro antojo con cierta ironía para vislumbrar otras maneras de relacionarnos con el trabajo y reafirmar así nuestros reparos con el Homo asalariado. Para el neoliberal sevillano que se haya topado con este artículo y se esté frotando las manos pensando que las jipis y anarquistas nos arrodillamos por fin ante su maldita flexibilización del mercado laboral, avisamos que este no es un artículo neoliberal, sino libertario. Lo que quiere decir que no nos vamos a referir a la temporalidad enmarcada en la desregulación del mercado laboral, sino a la temporalidad del campo y de la tierra, entendiendo esta como el propio ciclo vital de la fruta que recolectamos durante las peonás.

Estas palabras se escriben para dignificar, no al trabajo, sino a las gentes que conscientemente apuestan por el trabajo temporero arraigado a la tierra y al campo. A quienes no sufren por la temporalidad, puesto que la eligen como forma de vida alejada de la rutina y el esclavizador trabajo asalariado; a quienes se enfrentan al circo del mercado laboral con ingenio y decrecimiento; a quienes deciden currárselo para vivir y no vivir para currar; a quienes han superado los discursos de fobia urbana al trabajo en el campo; a quienes han aprendido de verdad a vivir mejor con menos.

Los discursos sobre la precariedad siempre han estado copados por la izquierda rancia que sigue pidiendo pan y trabajo al Estado y su gobierno. Estamos huérfanas de otros discursos que pongan en valor otro tipo de relaciones con el mercado laboral. Esto es un alegato por la superación de los conceptos tradicionales que no reparan nunca en una posible ruptura de verdad con el mercado laboral y sus miserias.

Existimos las que apostamos por construir otras maneras aprovechando la siempre presente desigualdad norte-sur. Las que nacimos en el sur del norte, estamos acostumbradas desde pequeñas a ver como los pueblos, a medida que se acerca el verano, se van vaciando. Autobuses llenos de temporeras salen en dirección Europa desde que la modernidad llegó al campo. Casi un siglo después, los pueblos se siguen vaciando, pero las ciudades han visto como nacía un nuevo grupo social que imita las maneras de siempre pero reactualizadas con tintes libertarios.

Somos muchas las que apostamos por el lujo de tener el tiempo a nuestra disposición. Las que decidimos desde el privilegio de poder elegir, vender nuestra vida solo un par de meses al año y vivir el resto como diosas. Quienes hacemos de nuestra vida un viaje constante en busca de la libertad que nos da poseer el tiempo en nuestras manos.

Si definimos una vida digna de acuerdo con convenciones y estándares de la sociedad capitalista, la nuestra por seguro que no lo sería. Hemos convertido la precariedad en un lujo vital, de manera resiliente y, por qué no, oportunista, nos aprovechamos de los desmanes capitalistas. Si antes se miraba al norte más cercano, cuando miramos ahora al norte miramos mas al norte todavía. Francia y Alemania van dejando paso a Suiza, Noruega, California o Canadá.

Nos lanzamos a la aventura cada vez que comienza el verano o el otoño, sin seguridad alguna de lograr los objetivos económicos, pero con la certeza de que volveremos con algo en las manos. Desde el privilegio de poder elegir, elegimos vivir al margen del tiempo. Según lo que venga improvisaremos durante el año. La clave es siempre la misma: colectivizar la vida y decrecer. Es lo que nos permite de verdad vivir mejor con menos.

A las de siempre, gracias por resistir con alegría. Nos cruzaremos en los caminos pa’l norte pa encontrarnos en el sur nuestro, libres como el viento.

Gazpacha negra. Precaria y temporera por elección

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