Protestas en Ecuador y una nueva ola anti-neoliberal en América Latina

En el último mes Ecuador (y sobre todo Quito) se volvió un campo de lucha debido a que el Gobierno de Lenin Moreno retiró el subsidio a las gasolinas en el marco de una serie de reformas promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).[1] Organizaciones indígenas, sociales y barriales se movilizaron para protestar en contra de esta medida logrando su derogación. Sin embargo, las protestas mostraron la ilegitimidad del Gobierno y los reclamos contra el brutal giro neoliberal. En lo inmediato, urge comprender la situación de las empresas petroleras en Ecuador, en un contexto latinoamericano donde la extracción es cada vez más cara y contaminante[2], siendo un recurso disputado no solo por transnacionales estadounidenses, sino por empresas rusas, chinas y de la Unión Europea. En un análisis más profundo, vale describir el contexto institucional y político en el que estallaron las protestas.

El petróleo en Ecuador (y EEUU)

Según información de la Agencia de Energía de Estados Unidos (EIA), la empresa que controla el sector energético en Ecuador es Petroecuador, que se fusionó en 2012 con la empresa estatal de exploración y producción de Petroamazonas. En 2013, Petroamazonas tomó posesión de las Operaciones Río Napo, una empresa conjunta entre Petroecuador y Petróleos de Venezuela (PDVSA). El control de la producción petrolera entre Petroecuador y Petroamazonas ronda el 80% del total de la producción ecuatoriana. Petroecuador cuenta con tres refinerías: Esmeraldas, La Libertad y Sushifindi. La producción restante está en manos de Repsol (España), Eni (Italia), Tecpetrol (compañía estatal Argentina) y Andes Petroleum, consorcio entre la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) con un 55% de participación y la Corporación Petroquímica de China (SINOPEC) con 45%.[3]

De esta producción se exporta el 70% y Ecuador es el tercer mayor proveedor de importaciones de petróleo crudo a la costa oeste de EEUU, solo detrás de Arabia Saudita y Canadá. Lo interesante es que, a su vez, EEUU exporta derivados de petróleo a Ecuador (y es allí donde se consolida la relación asimétrica y dependiente). En diciembre de 2018 mediante licitación se adjudicó a la empresa Lukoil Pan Americas (LLC) la importación de 1,3 millones de barriles de Nafta Ron 87.[4]

La liberalización de precios, acompañada de las licitaciones petroleras presiona para abrir el mercado energético nacional ecuatoriano. A ello se suma la intención del Gobierno de concesionar la refinería Esmeraldas debido a fallas y problemas de contaminación.[5] Por último, la evaluación de construcción de una refinería nueva en Ecuador por parte de privados otorgará al capital privado toda la cadena de producción energética, desde la extracción hasta la comercialización. Es decir: una reforma energética cabal, sin ser declarada como tal. A lo anterior se suma la salida de Ecuador de la OPEP hacia 2020 y el plan del Gobierno de Lenin Moreno de incrementar la producción[6].

La restauración del neoliberalismo en Ecuador

Lo que sucede en Ecuador guarda similitudes con el caos de Brasil. Allí, para justificar la apertura total del sector de hidrocarburos (quitar el monopolio a la estatal Petrobras) se argumentó la incapacidad e ineficiencia del sector público, y se lo combinó con una guerra política por la vía judicial (lawfare) —el famoso caso del Lava Jato por el cual Lula da Silva sigue preso—.[7] En efecto, apenas asumió su mandato, Lenin Moreno acusó a sus compañeros de partido (Alianza País) de corrupción; especialmente a Rafael Correa (incluso lo denunció para su captura por la Interpol, que no procedió) y Jorge Glas, exvicepresidente (preso desde 2017). Se desató en Ecuador una persecución política por la vía judicial que se ha exacerbado con las movilizaciones del último mes: allanamientos domiciliarios, detención y prisión preventiva para líderes políticos y sociales, especialmente aquellos vinculados al círculo de Rafael Correa (como es el caso de la prefecta de Guayaquil, Paola Pabón). Hay exfuncionarios asilados y refugiados políticos en diferentes países.

La lucha contra la corrupción, de la que Moreno ha hecho su mantra de gobierno, tiene por objetivo la reinstauración del neoliberalismo por la vía judicial y se ajusta con bastante exactitud a los parámetros planteados desde EEUU para lograr economías y sociedades «estables» (objetivo que parece no lograrse en Ecuador). Esta afinidad con los mandatos del norte no sorprende cuando se revisan los WikiLeaks, donde Lenin Moreno aparece como informante de la embajada de EEUU. Esos documentos fueron publicados deliberadamente por Julian Assange, otra de las víctimas de lawfare y que fue expulsado de la embajada ecuatoriana en Londres por orden de Moreno —es probable que en febrero de 2020 sea extraditado a EEUU, donde es considerado criminal número uno por atentar contra la seguridad nacional—.

La lucha anti-neoliberal en América Latina

En Ecuador, como en América Latina, los recursos, en particular los hidrocarburos, marcan el pulso de la disputa global entre un EEUU que va perdiendo hegemonía y nuevas potencias que emergen y se meten de lleno en la batalla, como Rusia o China. En este escenario, los pueblos, la naturaleza y la soberanía parecen quedar al margen, pues al estar en la periferia, son «pueblos de segunda», la naturaleza es reducida a un «recurso» y la soberanía es un lujo que no pueden darse en su condición de subordinación en el sistema internacional. Es el territorio donde se estrenó el neoliberalismo, a sangre y fuego.

Sin embargo, es también en América Latina donde germinó la Revolución de Octubre en Guatemala (hace más de 70 años), la Revolución boliviana (a inicios de los 50) y la Revolución cubana; el gobierno comunista de Joao Goulart en Brasil (a principio de los 60) y la vía democrática al socialismo de Salvador Allende; donde se crearon los gobiernos progresistas del siglo xxi (experiencia única en el mundo, en este siglo, donde el Estado intervino deliberadamente en la economía para promover la redistribución de riquezas y recursos). Los pueblos no olvidan.

Tal como las comunidades indígenas, partidos políticos de oposición y otros sectores de la sociedad sorprendieron a Lenin, en un reclamo contra la profundización del neoliberalismo, también sorprendieron a Piñera en Chile, un Chile considerado como «ejemplo de neoliberalismo». Incapaces y desconectados de las necesidades de la gente de a pie, solo atinaron a desatar una brutal represión. Deberán saber que eso no será suficiente para acallar los históricos reclamos por una vida digna. 

 

Silvina Romano y Aníbal García. Silvia es topera argentina y Aníbal es topero mexicano.

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