Rehogar – diseño abierto y reutilización

Más de una década rehogando el diseño que se hace poc a poc

Rehogar es una exposición colectiva y un encuentro anual alrededor del diseño abierto y la reutilización como herramientas de transformación social. Organizada por el colectivo Makea Tu Vida, Rehogar presta una especial atención a los procesos de transformación que se hacen posible mediante técnicas de reutilización de materiales y metodologías de diseño abierto, un diseño que crece y evoluciona porque puede ser mejorado por y con otras personas.

Nos está tocando vivir un momento que es quizás un punto de inflexión y de no retorno en la evolución del planeta Tierra. Una situación de emergencia climática sin precedentes generada en gran parte por la explotación masiva de los recursos naturales, la producción irracional de bienes de consumo y la desigual distribución de la riqueza.

La práctica del diseño no es ajena. Bajo su inocente apariencia, los productos que nos rodean y con los cuales convivimos, forman parte de este modelo de producción y consumo desaforado con elevados impactos sociales y medioambientales. Una silenciada y silenciosa catástrofe de la que numerosas voces vienen alertando desde hace tiempo.

En los inicios, y casi como un manifiesto fundacional, tomamos la idea de «Otro mundo es posible» lanzada por los colectivos en el Foro Social Mundial de Porto Alegre de 2001 y la transformamos en «Otro mueble es posible». Desde entonces nos ha acompañado cada día, contagiando y sumando activos a esta masa deslocalizada, informe e inconforme, que propone y construye otra manera de habitar.

Lo que empezó en 2009 como una fiesta de amigas y amigos que nos proponíamos construir todos los elementos que conforman una casa a partir de reutilización de materiales, ha ido evolucionando a través de una llamada global a propuestas, abierta a todas las personas que experimentan con otras maneras de hacer y desarrollan estrategias para habitar nuestra cotidianidad con responsabilidad, amor y en compañía.

En todo el mundo son muchas las comunidades, profesionales, colectivos y redes que, en distintos contextos y con los medios disponibles, están dando pasos hacia la construcción de un mundo más justo, activando procesos de transformación de su entorno, y posibilitando su reproducibilidad y adaptabilidad a otros contextos. Proyectos diversos en complejidad y escala, quizás pequeños frente a los problemas que pretenden resolver, pero cuyo valor va más allá de su materialidad y aplicación. Un ecosistema de prácticas, herramientas y productos que se alejan de la cultura mercantilista del usar y tirar, para acercarnos a una conciencia colectiva y global basada en la cultura del usar, cuidar y transformar.

Y así surgió Rehogar en 2009 como contrapunto a la Feria Internacional del Mueble de Valencia, con una visión y una práctica del diseño desde la responsabilidad social y medioambiental. Decir a través del hacer que el modo en el que construimos nuestros hábitats es más importante que las tendencias de consumo que año tras año se muestran en expositores y pabellones feriales. Mostrar objetos capaces de generar nuevas dinámicas y procesos, con una mirada desde la ética del cuidado, en simbiosis con el entorno y los recursos, y en los que destaca la dimensión colectiva respecto a la proyección, producción, distribución y uso. Rehogar como un espacio temporal de exhibición donde formular ideas para un hábitat futuro más sostenible y confabular próximas acciones.

Rehogar continuó edición tras edición, realizándose tanto en espacios autogestionados y autónomos, como en centros asociativos e instituciones culturales.

Las primeras seis ediciones se celebraron en Valencia. En 2009, los amigos de la Galería Magatzems Wall&Video acogieron la primera edición donde Rehogar se cristalizó en una casa en la que todos los objetos partían de la reutilización de residuos para su creación. Un formato expositivo singular que permitía y alentaba a las personas visitantes a tocar, probar y usar todos los prototipos exhibidos. Rodeados literalmente por las antiguas murallas de la ciudad de Valencia, la segunda edición de Rehogar se convirtió en un refugio dentro del Octubre CCC. En 2011, y como siempre a través de un montaje colectivo, transformamos en hogar el centro de documentación de Acció Ecologista Agró. La 4ª edición supuso un punto de inflexión con el soporte de la Universitat de Valencia y el montaje en el Centre Cultural La Nau. Apoyo que se afianzó con el uso del antiguo edificio de investigadores del Jardí Botànic de Valencia, que tras un duro trabajo colectivo de rehabilitación se convirtió en sede de Rehogar durante 2013 y 2014, transformándolo en un laboratorio de fabricación con máquinas y procesos para la recuperación de residuos, y propuestas open source de mobiliario.

En 2015 Rehogar aterriza en Barcelona y modula de nuevo su formato centrando su atención no solo en los objetos, sino también en los por qué, quiénes, cómo, cuándo y dónde. La 7ª edición tiene lugar en el espacio autogestionado Txema BioBui(l)t de la asociación BioArquitectura Mediterránea, siendo un éxito en cuanto a calidad de las propuestas, visitas y relaciones con entidades del barrio y la ciudad. Con la colaboración del Institut de Cultura de Barcelona, Rehogar celebra su 8ª edición en el Museu del Disseny, ampliando su radio de convocatoria y dimensión expositiva. La 9ª edición se traslada al Centre d’Art Contemporani y Fàbrica de Creació – Fabra i Coats, con una fuerte apuesta práctica con el Espacio Taller — A Les Eines!, un laboratorio abierto a la ciudadanía para experimentar con los procesos de fabricación.

Para celebrar la décima edición de Rehogar decidimos organizar una itinerancia por diferentes centros culturales y de producción del Estado. Arrancando en 2018 en el Espai Zero de Fabra i Coats de Barcelona, la muestra ha estado durante 2019 en el espacio Hirikilabs en Tabakalera/Centro Internacional de Cultura Contemporánea de Donostia y, de la mano de Medialab Prado, en la Central de Diseño DIMAD en Matadero Madrid. Antes de cerrar la itinerancia en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de Valencia en diciembre de 2019, en otoño volvemos a la Fabra i Coats para trabajar en una residencia que hemos denominado «Rehogar Plus – Dispositivos en Abierto». Un paréntesis, abierto a todas las personas interesadas, para ampliar los contenidos y desarrollar colectivamente diferentes dispositivos donde rastrear referentes, adentrarnos en los proyectos que han formado parte de Rehogar, y explorar con nuestras propias manos las posibilidades transformadoras de algunos de ellos, compartiendo saberes e imaginando posibles nuevos contextos del habitar. ¡El cambio está en tus manos!

El Green New Deal: Mucho y poco

El 7 de febrero de 2019, Alexandria Ocasio-Cortez y otros congresistas presentaron una proposición para la adopción del Green New Deal (GND, Nuevo Pacto Verde), emulando y poniendo al día el New Deal de Roosevelt. El texto, catorce páginas, es un plan de choque para que EE UU lidere los esfuerzos mundiales en la lucha contra el cambio climático y al mismo tiempo cree nuevo empleo de más calidad, que mejore las condiciones de vida de tantos trabajadores abandonados y humillados por el sistema productivo norteamericano. Con esta proposición, el sector más progresista del Partido Demócrata pretendía marcar la iniciativa política para de un solo golpe hacer frente a la gran crisis ambiental de nuestro siglo y al mismo tiempo recuperar a esa clase trabajadora desclasada que se ha abonado a las tesis del infantil simplismo trumpista.

Huelga decir que la proposición fue rechazada por la mayoría republicana, que en un alarde de desprecio ni siquiera permitió que fuera debatida.

Para ser un texto tan breve y poco detallado, es increíble la cantidad de análisis que se le ha dedicado. Durante estos meses se han publicado artículos —y algún libro— en los que se alaba o se ataca el GND. La izquierda reformista y el ecologismo más institucionalizado alaban al GND por ser un gran paso en la dirección correcta, mientras critican el pensamiento económico convencional por no comprender la necesidad de algo como el GND. Los grandes poderes económicos y políticos, por su parte, atacan el GND por ser un disparate económico y por su falta de fundamentación técnica, mientras insisten en perseverar en las políticas convencionales en las que el cambio climático es una variable económica más.

Como suele pasar en las riñas, lo que afirman de sí mismos es bastante discutible, mientras que lo que se reprochan suele ser bastante atinado.

El cambio climático es un problema real que necesita ya una respuesta que implica grandes cambios; sin embargo, el GND es muy somero y asume que todo se va a resolver substituyendo simplemente unas fuentes de energía (combustibles fósiles) por otras (renovables), pero efectivamente esa substitución sería muy nociva para la economía, porque las renovables son mucho menos competitivas. Se podría decir que ninguno de los dos bandos tiene la razón: ni se puede esperar más tiempo para actuar, ni el GND es una respuesta adecuada al problema que tenemos.

Hubo otra propuesta, en 2008, que también recibió el nombre de Green New Deal. Una propuesta pergeñada por ambientalistas británicos que hicieron un análisis mucho más certero de la situación; por ello, fueron capaces de hacer propuestas que, aunque insuficientes, están mucho mejor orientadas que las de la presente reedición del GND. No en vano, el documento del GND Group británico es muchísimo más extenso que la banalidad propositiva de Ocasio-Cortez y sus correligionarios. En el GND británico se va mucho más allá de la mera substitución energética, porque se comprende que la crisis en la que estamos inmersos no es una sino trina: ciertamente la crisis ambiental (con el cambio climático como espolón de proa), la crisis financiera (porque nos empuja al crecimiento y por tanto al sobreconsumo y al extractivismo irrefrenable) y la crisis de recursos (cuyo mayor exponente es el peak oil o cenit de extracción de petróleo, que implica que la cantidad de energía disponible va a disminuir cada año). Por tanto, el camino de la transición no es una cosa simple, sino un sendero tortuoso que si perdemos nos puede condenar como civilización.

E incluso así, el GND británico peca de cierto optimismo tecnológico infundado, puesto que no identifica los límites de las renovables. Las renovables son el futuro, pero eso no quiere decir que podamos obtener toda la energía que queramos de ellas, ni que la energía renovable sea válida para todos los usos. Aún se discute académicamente cuál es el límite renovable, pero hay bastante acuerdo en que la energía renovable disponible en el planeta Tierra es mucho más limitada de lo que se pensaba y que su posible aprovechamiento es aún más limitado. Por tanto, nuestro sistema económico tendrá que estacionar en cierto momento, porque los combustibles fósiles van a ir disminuyendo aunque no queramos e incluso si ignoramos el peligro del cambio climático, mientras que la energía renovable tiene un techo del que no puede pasar. La idea de crecimiento tendrá que ser desdeñada, no por inconveniente, sino por imposible.

¿Es bueno que se abra el debate de la transición energética? Sí, pero en realidad no es Ocasio-Cortez quien lo ha abierto: hace años que comenzó. ¿Tenemos que apostar por hacer una gran inversión en lo renovable, como dice el GND americano? Pues no necesariamente; justamente cambios revolucionarios en el modelo productivo y el financiero, que son los más necesarios, tendrían muchísimo más impacto en la disminución de las emisiones de CO2 y en la creación de empleo de calidad. ¿No son, en todo caso, las medidas del GND algo útil? Pues podría ser que no, puesto que al no atacar al verdadero corazón del problema (que el capitalismo es expansivo y tal cosa no puede durar en un planeta finito) el GND puede ser un instrumento más para la depauperación de las clases trabajadoras y el descenso hacia modelos ecofascistas o directamente neofeudales. El ejemplo actual de la demonización del diésel nos muestra el peligro de esa tergiversación de los problemas: se nos dice que el diésel es muy contaminante (es cierto, siempre lo fue, aunque menos con los motores nuevos) y que por tanto hace falta eliminar los coches de diésel (obviando que en España eliminar la mitad de los camiones equivaldría a reducir las emisiones de NOx en cinco veces la de todos los coches, pero de los camiones —verdadero corazón de la globalización— nadie habla). Lo que no se explica es que la producción mundial de gasóleos decae rápidamente desde hace 12 años (el diésel, desde hace 4), debido a que la producción de petróleos de mejor calidad, necesarios para producir diésel, está en retroceso desde 2005. Se oculta la razón real, la escasez de petróleo, y se explica una razón espuria, la contaminación, para conseguir una solución asimétrica que beneficia a unos pocos pero perjudica a la mayoría: al final, solo quien pueda pagarse un coche eléctrico o híbrido tendrá coche. Son ese tipo de soluciones asimétricas las que pueden venderse usando el GND. Por eso, si queremos mantener un mínimo de equidad e incluso de democracia, no debemos aceptar a pies juntillas soluciones simplistas a problemas mucho más complejos de lo que se quiere hacer creer.

Comedores escolares saludables por el clima

Nuestra alimentación, y de forma más amplia la agricultura y la ganadería, es uno de los sectores claves en la situación de emergencia climática que padecemos. En agosto de 2019, el IPCC (grupo de expertes de la ONU) publicó su informe especial Climate change & Land, sobre las relaciones entre el cambio climático, la degradación de los suelos, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero (GEI) en los ecosistemas terrestres. El informe establece que un 23% de todos los GEI que expulsa el ser humano procede de la agricultura, la silvicultura y los usos de la tierra. Pero si se añaden las emisiones asociadas a la producción mundial de alimentos, esa cuota puede llegar hasta el 37%. Estudios realizados por otras organizaciones han calculado una contribución aún mayor del sistema agroalimentario global, de entre el 44 y el 57%.

Además de esta ingente huella climática, el informe alerta de los daños en la productividad del sistema agroalimentario, consecuencia del cambio en los patrones de precipitación y del aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, derivados ambos de la crisis climática. Las proyecciones no son buenas, previéndose un aumento en la frecuencia e intensidad de las sequías, particularmente en la región mediterránea y en África meridional, afectando así a la seguridad alimentaria de la población. 

Así, el IPCC urge a poner en marcha múltiples acciones que ayuden tanto a contrarrestar la creciente degradación de los suelos y ecosistemas terrestres, como a reducir las emisiones GEI derivadas de su manejo. Muchas de ellas tienen que ver con la alimentación: prácticas agronómicas sostenibles para la producción de alimentos (incluyendo la agricultura y ganadería ecológicas, que incrementan los niveles de carbono en los suelos y reducen las emisiones GEI vinculadas a la fertilización mineral o las grandes densidades ganaderas); impulsar hábitos de consumo sostenible y saludable; la adopción de «dietas equilibradas» basadas en alimentos de origen vegetal, como cereales, legumbres, frutas y verduras, y un consumo moderado de alimentos de origen animal; o acciones para reducir el desperdicio de alimentos, responsable por sí solo de entre el 8 y el 10% de las emisiones GEI de todo el sistema agroalimentario.

Algunos trabajos han evaluado precisamente el potencial de reducción de emisiones GEI de algunas de esta medidas: si la agricultura devolviese la materia orgánica al suelo, se podrían neutralizar el 20-35% de las emisiones actuales; con la integración de la ganadería con la agricultura, se podría reducir otro 5-9%; con la promoción de circuitos cortos, un 10-12% adicional; y parando la deforestación, un 15-18%. En total, entre un 50-75% de las emisiones del sistema agroalimentario.  

Por lo tanto, algo tan cotidiano, simbólico y universal como la alimentación es una de las herramientas estratégicas a nuestra disposición para combatir la crisis climática. Si bien nuestro consumo en hogares u hostelería está fuertemente condicionado por las decisiones individuales, hay un importante (y creciente) sector, el de la restauración colectiva, en el que las administraciones tienen una gran influencia para fomentar dietas más o menos sostenibles. En concreto, más de 1,8 millones de estudiantes de todas las etapas educativas no universitarias utilizan a diario (¡cerca de 200 días al año!) los servicios de comedor escolar en el Estado español. El 64% de los centros educativos ofrecen este servicio, determinante en un país con cifras récord en obesidad y sobrepeso infantil, y con un mercado laboral que tan pocas facilidades da para la conciliación familiar. Siendo utilizado por el 43,7% del alumnado de Educación Infantil y el 34,2% del de Primaria, el comedor escolar debería tener además una función educativa central que, en la práctica, ha quedado relegada a un papel marginal en la mayoría de los casos, como consecuencia de varias tendencias promovidas por las administraciones autonómicas, quienes determinan cómo se presta el servicio, su financiación, etc.

Dos factores destacan sobre todos los demás: la apuesta por el sector privado y el cierre de cocinas en escuelas y colegios, con los que las administraciones persiguen abaratar el coste del servicio. En el 81% de las escuelas y colegios es una empresa privada la que gestiona el comedor escolar (el 100% en varias comunidades como Madrid o País Vasco), mientras que solo un 36% tiene cocina en el propio centro. Esta externalización creciente y dominante crea un abismo entre los comedores escolares y los proyectos educativos: con menús marcados por una empresa a partir de criterios definidos por la consejería de turno, con monitoras precarias cuidando a les comensales sin apenas participación del profesorado o familias, y sin una cocina ni cocineres que, de existir, podrían ser partícipes de dicho proyecto (que por ejemplo aborde la crisis climática fomentando menús de temporada, un mayor consumo de verduras y menor de carnes) y adaptar los menús a las singularidades y objetivos educativos de cada comunidad.

Pero además, la mercantilización de la alimentación escolar resulta determinante para sus implicaciones medioambientales. La concentración creciente del sector en cada vez menos empresas (tan solo cuatro multinacionales se reparten el 58% de los comedores escolares en el Estado, muchos de ellos alimentados por grandes cocinas centrales desde los que salen miles de menús al día destinados a escuelas, residencias de mayores, centros de trabajo, etc.), hace inviable un suministro de alimentos descentralizado basado en granjas de proximidad, lo que reduciría las emisiones derivadas del transporte de los alimentos; así como una necesaria «personalización» de los menús a las preferencias de cada centro (aspecto determinante para reducir la cantidad de comida desperdiciada). ¿Y qué hay del consumo energético de la «línea fría», en el que los menús son enfriados a entre 0 y 4 ºC inmediatamente después de cocinados, transportados —a veces cientos de kilómetros— y conservados a esa temperatura durante días —incluso semanas—, para ser finalmente calentados en las escuelas antes de sus consumo?

Con un sector mayoritariamente delegado al sector privado, la entrada en vigor de la nueva ley de Contratación Pública en 2018 podría a priori paliar la alarmante carencia de criterios sociales y ambientales existente en la mayoría de normativas y estrategias sobre alimentación escolar y prevención de la obesidad (estrategia NAOS, programa Perseo, etc.) que sí incluyen aspectos nutricionales e higiénico-sanitarios. Dicha ley ha introducido modificaciones importantes en los procesos de licitación, como el principio de mejor relación calidad-precio, la introducción de criterios sociales y medioambientales, y la mayor transparencia.

No obstante, existe un temor entre múltiples actores agroecológicos en la eficacia de las medidas de la nueva ley, por varios motivos: 1) que las administraciones incumplan la obligatoriedad de incorporar criterios socioambientales, tal y como ya ha denunciado la Mensa Cívica; 2) que la complejización de los procesos derivados de los nuevos criterios perjudique a los actores económicos pequeños (como productores o pequeñas gestoras de colectividades), con menor capacidad de responder a exigencias administrativas o sistemas de monitoreo socioambiental frente a grandes empresas; 3) la muy limitada capacidad de las administraciones de supervisar la ejecución de los contratos y garantizar el cumplimiento en la práctica de unas mejoras medioambientales o sociales recogidas en el papel pero cuya ejecución complejiza o encarece el servicio.

Comedores escolares sostenibles y saludables para enfriar el planeta, ¡y mucho más!

Frente a esta dinámica de degradación de la alimentación escolar, cada vez en más territorios de la geografía española se ponen en marcha campañas o programas de defensa y mejora de los comedores escolares. Iniciativas que persiguen múltiples y complementarios objetivos, como reivindicar o potenciar la importancia de los comedores como espacio y recurso educativo, así como por su relevancia en la salud de los escolares y su papel estratégico para fomentar sistemas alimentarios más sostenibles.

Campañas activistas o sindicales, programas impulsados desde algunas administraciones públicas o proyectos de innovación social, vienen alimentándose de —y a su vez alimentando— una serie de hitos y dinámicas crecientes de cooperación entre diferentes actores (educativos, Ampas, ecologistas, agroalimentarios, académicos, etc.), tanto a nivel local como regional y estatal.

En Madrid, la cooperativa Garúa viene desde 2013 impulsando la transición agroecológica en más de 30 centros escolares. La transformación de los menús escolares, y la sensibilización y movilización de las comunidades escolares a favor de dietas con baja huella de carbono, es uno de los pilares de nuestro trabajo que se apoya —junto a la intervención directa en los centros— en la creación de diferentes materiales prácticos y pedagógicos disponibles en el banco de recursos en internet alimentarelcambio.es. De nuestro trabajo compartido con la fundación Fuhem (proyecto «Alimentando otros modelos»), y la fundación Daniel y Nina Carasso (proyecto «Alimentar el Cambio»), destacamos algunos aprendizajes.

Las comunidades educativas constituyen un entorno estratégico, pues son colectividades amplias donde conviven una pluralidad de actores y cuya composición es muy heterogénea, siendo una de las muestras más significativas de la diversidad de nuestras sociedades. Ante la inercia, la resignación y el menosprecio, conseguir que una comunidad educativa cambie de forma significativa la percepción de un problema como la huella climática de la alimentación y genere nuevos consensos; que reorganice su funcionamiento implicando a una parte significativa de la misma, y que desarrolle cambios en los menús, las políticas de compras, la gestión de las cocinas, los contenidos formativos o las celebraciones escolares, supone un enorme éxito.

Estas transformaciones comunitarias serán indudablemente conflictivas: donde algunas familias ven un aventurismo revolucionario, otras ven pasos insignificantes. El gran reto es conseguir y poner en valor los cambios institucionales que implican colectivamente a miles de personas, asumiendo que transformar realidades complejas exige de procesos sostenidos en el tiempo. A modo de ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid se comprometió en 2016 a introducir progresivamente grupos de alimentos ecológicos y circuito corto en su red de escuelas infantiles municipales 0-3 años, que en el curso 2019/20 está formada por 69 centros públicos, sumando más de 7500 alumnes y varios cientos de trabajadores. La continuidad de esta línea política es precisamente incierta a raíz del cambio de gobierno en 2019. Estos proyectos van a a exigir la necesidad de experimentar con nuevos enfoques y herramientas, donde la dimensión pedagógica (actividades didácticas, comunicación, formación específica para los distintos actores,etc.) se combine con transformaciones prácticas (cambios en los menús, políticas de compras, grupos de consumo, huerto escolar,etc.).

Los proyectos de comedores escolares saludables y sostenibles tratan de llevar la agroecología a la mesa, tanto en su acepción metafórica como literal. En la parte metafórica suponen socializar el conocimiento y las propuestas ligadas a la agroecología entre el conjunto de la comunidad escolar, haciendo que se compartan nociones como agricultura ecológica, canales cortos de comercialización, proximidad, temporada, comercio justo o dietas menos cárnicas. Unos saberes que se comparten dentro del aula y en el comedor, en talleres con equipos de cocina y profesorado, en negociaciones con la empresa gestora, con la comisión de comedor, el AMPA y las comunicaciones a las familias. Y es que más relevante que sustituir unos productos por otros es cambiar los imaginarios culturales.

En la parte literal se trata de aprovechar las potencialidades que ofrece dar de comer diariamente a miles de personas para que la compra de alimentos realizada desde la Administración apueste por reconstruir circuitos económicos alternativos con pequeña y mediana producción lo más local posible, fomentar la alimentación ecológica o introducir nuevas recetas y menús, como vías para (entre otros beneficios) mitigar el cambio climático. El desafío es lograr que la comida que se sirve en los comedores alimente otros modelos nutricionales, agrícolas y socioeconómicos. 

Energía en Latinoamérica

Cuando el consumo alcanza la producción 

Hace cinco años comenzábamos con las estadísticas energéticas en Latinoamérica. Aprovechando los datos que ofrece el BP Statistical Review of World Energy, revisamos el estado de producción y consumo de los diferentes países y diferentes fuentes en nuestra región. Estos análisis mostraban entonces que si la producción de energía seguía creciendo al ritmo promedio en el que lo hacía entre 2004 y 2014 se chocaría con el consumo que crecía a ritmos mucho más vertiginosos, y esto debería suceder en 2021…

Sin embargo, señalábamos entonces, la caída en la producción de petróleo arrastraría antes al consumo de petróleo y con ello se desbarrancaría todo el sistema. Así fue, no hubo que esperar a 2021, la producción de energía tocó techo en 2013-2014 y de allí en adelante se mantuvo una caída constante (principalmente en la producción de petróleo y en menor medida de gas y carbón). Sólo las energías renovables pudieron recuperar fuerza pero a un ritmo que no alcanza a los niveles de las fósiles y mucho menos cuentan con las mismas utilidades.

Así estamos hoy: les mostramos el cuadro y les dejamos que vayan pensando un título apropiado.

Calma, mi vida con calma…

La producción de petróleo está en caída, haciendo espejo con el crecimiento de los años 90. Una curva de Hubbert sin más.

El petróleo representa el 45% del mix energético en 2018, es sin duda la fuente de energía más preciada y ya no nos sobra, se terminaron las décadas de región exportadora. Incluso si dejamos de lado a Venezuela que, evidentemente no está con la capacidad política, tecnológica y financiera de desplegar todo su potencial en la producción del viscoso oro negro, vemos que en la suma del resto de países llevamos tres años de caída constante. Las únicas razones para dejar en puntos suspensivos al colapso definitivo es que el año pasado la región fue condecorada con los hallazgos más importantes del mundo: 4.500 millones de barriles en Guyana (y 1.000 millones más en los inicios de este) y 130 millones de barriles en Brasil (que se sumarían a otros 500 millones que pasaron de “reservas” a “reservas probadas”). 

Las nuevas reservas de Guyana son semejantes a la suma total de reservas probadas de petróleo de Colombia, Ecuador y Perú por lo que tendrán que luchar contra la llamada “maldición del petróleo” en un país agrícola que no llega a un millón de habitantes. Por otro lado, las reservas más grandes del mundo siguen estando en Venezuela (303 mil millones de barriles) aunque las dudas sobre la rentabilidad de producir esos petróleos extrapesados le dan un enorme suspenso a los abultados números. 

El hecho de pasar a ser una región importadora de petróleo suena un tanto extraño. Nos hemos acostumbrado a vernos como una región que exporta materia prima y adquiere productos industrializados y ahora resulta que estamos a un pie de ser importadores. No hay mucho que analizar, mientras México vio desaparecer su gran cuenca de Cantarell, su vecino, EE.UU. realizaba una vertiginosa escalada productiva de Tight Oil por medio del fracking. Hoy México importa más desde EE.UU. que lo que le exporta, en un intercambio de diferentes productos petrolíferos donde en la cuenta monetaria gana el vecino del norte por vender los productos ya refinados.

Los gases de la vaca muerta 

La meseta del gas que se puede observar se convierte ya en declive si se compara con las necesidades en aumento que está teniendo hoy esta fuente de energía tanto en América Latina como en el resto del mundo.
 

El foco está actualmente en Argentina que viene invirtiendo dinero público en subsidiar la extracción de gas en Vaca Muerta a costa de que algunas operadoras se muevan de zonas de mayores reservas petroleras a esta cuenca donde predomina el gas. De todos modos un informe elaborado por IEEFA llama la atención sobre lo riesgoso que es para las empresas y lo peligroso que es para el fisco del Estado el plan de subsidios vigente, al mismo tiempo que ambientalistas y comunidades originarias llevan sus reclamos sobre el efecto del fracking en el agua y en el desarrollo de otros emprendimientos productivos.

El carboncito

El carbón se mantiene tanto en producción como en consumo y su demanda dependerá de la capacidad de las renovables de cubrir las necesidades eléctricas, tanto acá como en el resto del planeta.

Las renovables vienen creciendo sostenidamente pero es difícil de comparar si se las pone al lado de las caídas de producción de fuentes fósiles

Decrecimiento y descreimiento

Para la mayoría de la gente estos gráficos no significan mucho, para eso es interesante traducirlo a valores de PBI, que si bien tampoco aclaran demasiado gozan de mayor difusión. A nivel global es necesario que se efectúe un crecimiento en el consumo de energía para que pueda crecer el PBI y lo mismo sucede en caso que haya declives … Entonces qué sucederá con la segura caída del consumo de energía en la región, sería lógico que caiga el PBI… Por ahora lo que observamos es, aún con estancamiento en el consumo de energía, que el PBI no puede acompañar un mísero 1% de aumento poblacional…

El problema parece ser que cuando no hay crecimiento, la sociedad culpabiliza a los gobernantes y en eso puede elegir tanto a Bolsonaro, dando un giro de timón absoluto luego de una década de PT, o decirle basta al neoliberalismo “Washington-friendly” de varias décadas en México y poner a López Obrador en el gobierno. En el tercer país en importancia, Argentina, bastó solo un año de caída de PBI para terminar con el nacional desarrollismo de una década de crecimiento incesante y optar por Macri, un neoliberal que el año pasado batió todos los records de endeudamiento con el FMI, organismo que luego de la crisis del 2001 era visto casi como el mismísimo demonio por la sociedad argentina.

El objetivo de nuestras publicaciones anuales en torno al declive de los recursos energéticos es básicamente alertar sobre la necesidad de planificar el decrecimiento. Si bien hemos tenido toda clase de sátrapas en nuestros gobiernos, ante el malestar de la economía podemos terminar eligiendo a otros peores por las razones equivocadas.

Tenemos claro que el decrecimiento no vendrá dirigido por gobiernos de tinte verde/eco/ambientalista que de modo planificado consensuarían con la población reducir el consumo, y así las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) caerían rápidamente. No, el decrecimiento está sucediendo más allá de los deseos de gobiernos neoliberales o nacional desarrollistas. Es el efecto de la imposibilidad geológica, tecnológica y económica de aumentar la producción de hidrocarburos más allá de ese pico dibujado en los gráficos.

Sin embargo, este obstáculo al que se enfrentan que llamamos decrecimiento, ya está generando políticas racionales pero en una lógica errada, en la lógica de la recesión, suponiendo que deben capear la crisis y luego volverán a la senda natural del crecimiento. En esa lógica es pertinente recurrir al endeudamiento mientras realizan diversos planes de ajuste. Suponen que volverán suficientes años de crecimiento para pagar la deuda y sus intereses, e ir bajando de a poco el desempleo.

Los países que parecen estar comenzando una lógica distinta son los netamente importadores de hidrocarburos como Chile, Uruguay o Costa Rica, que en los últimos diez años han visto aumentar los precios del petróleo y el gas y tomaron la única salida posible que es aumentar a toda prisa las nuevas energías renovables. El problema al que ahora se enfrentan es que sus países vecinos ya están dejando de ser exportadores de esos combustibles que siguen alimentando el transporte, calefacción y a las termoeléctricas (estas son el sostén a la inconstancia, inmadurez y poca versatilidad de la energía eléctrica eólica y solar).

El desafío es particular en cada país pero, como vemos, también es regional, sin embargo aún parece que declamar que la energía declina(rá) o que la economía decrece(rá) es un tabú. Esperamos contribuir a la difusión para que se generen los debates o estudios necesarios que aclaren el panorama sobre el futuro inmediato y a mediano plazo de la región. El problema es grave socialmente, hay que evitar el desastre tremendo que significaría un decrecimiento no programado pero a la vez es la única manera de bajar de manera efectiva las emisiones de GEI y comenzar el  camino hacia una sociedad más sostenible.

Silencio cómplice

Desde que tengo uso de razón me gusta pensar en las cosas a través de números, mi afición por las relaciones entre cantidades me llevó a formarme como físico, y dentro de sus especialidades, elegí la Meteorología y Climatología, campos en los que doy clase a futuros graduados en Ciencias Ambientales. Mi especialidad es bonita, pero ocasionalmente es difícil de llevar. Todo el mundo habla del tiempo y lo que para el resto es una anodina conversación, para mí se convierte en un examen. Puede imaginarse el lector que, tras el procedimiento estándar para interrumpir un silencio tenso en el ascensor un día que amanece nublado: “pues parece que va a llover ¿no?” si yo respondo con el consabido “pues sí, pues sí”, y luego es que no, el cachondeo del personal puede durar días. Particularmente perturbadora resulta esa apostilla tan nuestra: “si es que el que vale vale, y el que no, da clases…”. Es lo que hay.

Fuera de bromas, lo cierto es que predecir eventos meteorológicos es complicado. Nótese que digo “meteorológicos” y no “climatológicos” ya que son conceptos distintos (por mucho que se empeñen los locutores deportivos en confundirlos). La predicción del tiempo concierne a la meteorología y se refiere al estado a corto plazo de la atmósfera. El pronóstico meteorológico requiere describir el estado de la atmósfera en escalas de horas y kilómetros. A estas escalas, la atmósfera se comporta como un fluido turbulento, y eso complica extraordinariamente las soluciones de las ecuaciones que la gobiernan y, por lo tanto, dificulta hacer un pronóstico. Supongo que no es casualidad que fuera un meteorólogo (Edward Lorenz, del MIT) el que nombró a este efecto “Teoría del Caos” desesperado con estas movidas matemáticas.

La climatología es otra historia. En esencia la climatología estudia el estado promedio de la atmósfera a largo plazo. Aunque parezca increíble, hacer predicciones sobre el estado de la atmósfera a esta escala es relativamente sencillo. Cuando las propiedades de los fluidos se promedian para grandes escalas, los términos turbulentos tienden a anularse y los problemas matemáticos se difuminan. Paradójicamente, resulta más fiable predecir el estado promedio de la atmósfera al final del siglo XXI que decir si va a llover en Meadero de la Reina (provincia de Cádiz) dentro de dos semanas.

Dentro de la climatología, el estudio del cambio climático debido a la emisión de gases de efecto invernadero es merecidamente la rama más conocida y, en consecuencia, es un tema de conversación habitual. De hecho, el tema es tan popular que es relativamente frecuente acabar hablando de él. Escribo estas líneas durante los últimos días de mis vacaciones de verano. Un periodo en el que las largas sobremesas tras una comida entre amigos y/o familiares a veces se complican, cuando tras dos o tres cervezas y la desinhibición consiguiente comienza el “momento cuñao” y todos empezamos a solucionar los problemas del mundo. Lo mejor que me puede pasar es que el tema derive hacia existencia/no existencia de funcionarios o independencia/no independencia de Cataluña, las broncas son siempre contenidas. Pero si tengo la mala suerte de que la conversación acabe tratando sobre el cambio climático, para mí se acabó el tema. Ni con esas tres cervezas consigo animarme a contribuir constructivamente a la discusión.

La razón principal de mi silencio es que me siguen gustando los números y los he aplicado a mi estilo de vida y a su relación con el clima. Y no me siento muy a gusto con los resultados. Hasta el año 2015, no tenía mucho problema. En el famoso protocolo de Kioto de 1997 se estableció como objetivo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Un 8% en el caso de Europa. Es hecho destacable que en Andalucía se nos consideraba “deprimidos” y se nos dejaba emitir ¡un 15% más! para que nos desarrolláramos (ya compensarían los países más ricos del norte nuestro incremento). Así yo, como residente en Andalucía, con no aumentar mi consumo energético, estaba cumpliendo sobradamente con Kioto. Era feliz montado en mi bici sintiéndome adalid de la revolución sostenible. Procuraba no pensar mucho en que mi intuición como climatólogo me decía que tratar de frenar el cambio climático reduciendo un 8% las emisiones de gases de efecto invernadero es como tratar de adelgazar 30 kg quitándote la manzana de media mañana de tu grasienta dieta habitual.

Pero en 2015 se aprobó el “Acuerdo de París”. Por primera vez se puso en negro sobre blanco un número con significado climático. La versión española del Acuerdo ocupa 29 densas páginas (del estilo de “…la parte contratante de la primera parte se considerará la parte contratante de la primera parte…”) pero en mi opinión, la esencia del documento se resume en el apartado 2 que reza: “El presente Acuerdo […] tiene por objeto reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático […] y para ello: Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

Es difícil exagerar la relevancia de ese 1,5. Significa que los que hemos ratificado el protocolo, como todos y todas las andaluzas, nos comprometemos a hacer lo que haya que hacer para que el clima no se caliente más de 1,5ºC con relación a la era preindustrial. Es decir, para “reducir considerablemente los efectos del cambio climático” debemos conseguir que la temperatura media mundial no aumente más de 1,5ºC con relación a la era preindustrial para el año 2100. Y no queda tanto tiempo. Muchas de las personas que vivirán durante ese año ya están entre nosotros.

Llegados a este punto podemos plantearnos qué debemos hacer para cumplir el Acuerdo de París. ¿Bastará con reducir un 8% las emisiones de gases de efecto invernadero como se nos decía en Kioto? (o algo parecido). Si fuera así, no parece muy difícil. En Andalucía, con un ligero aumento de la eficiencia energética y poner algunos parques eólicos más en el Estrecho para quitar alguna central térmica, podríamos mantener nuestro acomodado estilo de vida. Siempre, claro está, que los millones de personas que viven actualmente en el límite de la subsistencia unos pocos kilómetros más al sur, sin apenas consumir energía y pasando frio y hambre, sigan conformándose con seguir así. Este último es un tema derivado tan serio que ni siquiera me siento legitimado para discutirlo en este breve ensayo, por lo que en lo que sigue me concentraré en lo que, olvidándonos del carácter global del problema climático, deberíamos hacer como andaluces para cumplir con nuestro compromiso.

Desde finales del siglo XIX, se sabe que el dióxido de carbono (CO2) absorbe radiación infrarroja, genera efecto invernadero y determina la temperatura del Planeta. Como quien lee estas líneas sabe sobradamente, un incremento de la concentración de CO2 en la atmósfera implica aumentar la temperatura del planeta. Este efecto se conoce desde finales del siglo XIX y por mucho que se empeñen algunos personajes en decir que es algo “opinable”, es científicamente tan opinable como la existencia de la fuerza de la gravedad. La única diferencia es que para aplicarlo con precisión a un sistema tan grande como el climático, hemos tenido que esperar hasta finales del siglo XX. De hecho, actualmente es posible hacer cálculos sobre el estado global del clima de aquí al año 2100 utilizando un ordenador portátil. Sólo necesitamos decirle al ordenador cuantas emisiones de gases de efecto invernadero creemos que vamos a verter a la atmósfera de aquí al año 2100 y el ordenador calcula la temperatura media resultante.

Como dije al principio, me gustan los números, y las relaciones entre ellos. Y me gusta inculcar a mis estudiantes mi aburrida afición. El curso pasado, mis compañeros y yo propusimos a un grupo de estudiantes de Ciencias Ambientales que realizaran su Trabajo de Fin de Grado utilizando un modelo del clima para determinar cuáles deberían ser las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global para que cumplamos el acuerdo de París. Un par asumieron el reto y llegaron a la conclusión de que para que no superemos ese incremento de 1,5ºC en 2100, debemos comenzar ya mismo a reducir las emisiones de manera que para el año 2050, sean CERO. Y de hecho, entre el 2050 y el 2100, deberíamos conseguir ¡emisiones negativas! (es decir, retirar CO2 de la atmósfera). Sí. Lo que oyen. Así de fuerte. Emitir cero equivale a no quemar nada (o al menos a absorber el mismo CO2 que generamos, una “sociedad neutra en carbono”). Y lo de emisiones negativas, implica que no sólo tendremos que dejar de emitir, sino que habrá que inventar algo para absorber parte de lo que ya hayamos acumulado (en realidad ya tenemos un invento para eso, se llama “reforestación”).

Debo decir que no sólo nuestros estudiantes han llegado a esa conclusión. Estos resultados ya se conocen desde hace algún tiempo. Sin embargo, no dejan de ser sorprendentes. ¿Emisiones cero y luego negativas? Me permito ponerlo en perspectiva. De aquí a 30 años ¡no deberíamos estar quemando nada! Pero ni yo, ni todos los andaluces, ni todos los españoles, ni todos los estadounidenses, ni todos los chinos ni todos los rusos, ya ven cómo va… ¿Cómo vamos a hacerlo? 30 años están a la vuelta de la esquina. Es poco más del tiempo que ha pasado desde la Expo de Sevilla hasta que yo estoy escribiendo esto.

Resulta que hay más relaciones entre números interesantes–espero no aburrir mucho a la paciente lectora-, pero ya estoy terminando. Uno de mis menos favoritos es la relación entre la cantidad de gasoil/gasolina quemadas y la cantidad de CO2 que se emite a la atmósfera. La relación es sencilla. Por cada litro de uno de estos combustibles, se generan unos 2,5 kilogramos de CO2. Este verano me he tenido que mover algo más de lo habitual, pero nada fuera de lo común. Entre algún compromiso laboral en la otra punta del país en las postrimerías del curso y mis burguesas vacaciones con sus vaivenes playa-pueblo-ciudad, ha resultado que he rellenado el depósito del coche 5 veces entre julio y agosto. Mi coche tiene 60 litros de capacidad, por lo que yo solito he usado 300 litros de gasoil. Bien tostados en el motor, han tenido que resultar en unos 750 kilos de CO2 “fresco” para que se quede en nuestra castigada atmósfera absorbiendo un poco de infrarrojo extra. He emitido en dos meses el equivalente a diez veces mi peso en CO2 sólo por mi uso del coche. ¡Toma ya!

Podría haber decidido quedarme en casa. Pero vivo en la cuenca del Guadalquivir, donde no es raro que se superen los 40ºC en verano. Como muchxs de mis vecinxs, tengo un aire acondicionado. Es de bajo consumo y tiene todas las pegatinas de color verde que pude permitirme. Pero al final, necesita 1000 W para funcionar. Con esa potencia, producir la electricidad necesaria para que yo esté fresquito requiere la emisión de unos 200 gramos de CO2 a la atmósfera ¡cada hora! Y eso que en Andalucía tenemos un sistema de generación con un alto porcentaje de energías renovables como la eólica y la hidroeléctrica que ya quisieran otros países. Pero ni por esas. En invierno es aún peor. Aquí es muy normal no tener calefacción central. Y las viviendas antiguas se hicieron con unos aislamientos lamentables, y en invierno te congelas. Necesitas calor rápido. Y eso requiere potencia. El calefactor con el que caliento el cuarto de baño por las mañanas requiere la emisión de 400 gramos de CO2 por cada hora que lo tengo encendido… Uff. ¿Y si me quedo en casa mirando el Facebook indignándome o viendo videos de gatitos en YouTube? Pues no sé. Hace tiempo leí que se estima que la electricidad necesaria para que funcione Internet implica la emisión de más de 800 millones de Kg de CO2 ¡por día! A lo mejor ni siquiera debería estar escribiendo esto en mi portátil. Joder. Hasta yo me canso de hacer números.

La cosa es que si queremos cumplir el Acuerdo de París tenemos que emitir cero CO2 para 2050. Y eso no es que evite el cambio climático, es que lo limita a 1.5ºC para “reducir considerablemente los riesgos y los efectos”. Como andaluces, estos “riesgos y efectos” deberían preocuparnos especialmente. Estamos en una región altamente vulnerable. Es dolorosamente evidente que no podemos permitirnos mucho más calor ni mucha menos lluvia. Pero no somos capaces de traducirlo en bajar las emisiones a cero. Yo al menos no lo consigo. Todo lo que hago implica emisiones que no son cero. Unas son 200 gramos, otras son 800 millones de kilos. Pero nada es cero. ¿Se puede hacer algo neutro en carbono hoy en día?

Y en las sobremesas me quedo en silencio. Me siento cómplice. Tengo que usar la bici más a menudo, y seguiré apoyando a los mandamases que al menos tienen el Cambio Climático en sus agendas y no hablan de él con vergonzante desprecio (aunque haya que votar varias veces al año, por lo visto) y a quienes investigan para descubrir cómo absorber el carbono que ya he emitido. Y a las organizaciones que consiguen que cada vez haya más gente que conozca el problema y aunque sean tan cómplices como yo, al menos se preocupen.

Pero sigo emitiendo más que cero.

Alimentarnos en tiempo de crisis climática

El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático) ha publicado este agosto un informe especial en el que analiza el uso del suelo y su relación con el cambio climático. En el informe se evidencia cómo nuestra forma de alimentarnos está contribuyendo seriamente a agravar el problema. En términos globales, el 25-30% de las emisiones totales de GEI (gases de efecto invernadero) son atribuibles al sistema alimentario, incluyendo las emisiones derivadas de la agricultura y el uso de la tierra, el almacenamiento, el transporte, el empaquetado, el procesamiento, la distribución, el consumo y el desperdicio de alimentos.

El informe demuestra la necesidad urgente de impulsar cambios para frenar no solo las emisiones de GEI, sino también el deterioro de los suelos fértiles y los ecosistemas. Y apunta los riesgos que el cambio climático nos va a plantear en términos de abastecimiento de alimentos y equidad. De hecho, el cambio climático observado ya está afectando a la seguridad alimentaria (provocando una disminución en las cosechas en diferentes partes del mundo) debido al aumento de las temperaturas, a los cambios en los patrones de precipitación y a la mayor frecuencia de algunos eventos extremos.

Los escenarios de futuro apuntan además a una subida de precios de los alimentos, lo que afectará muy especialmente a las poblaciones más desfavorecidas, así como una peor calidad nutricional y mayores riesgos de plagas. Además, la ganadería extensiva y el pastoreo van a sufrir riesgos derivados de las sequías y la ausencia de precipitación, que se sumarán a las graves dificultades que afronta ya esta actividad como consecuencia de la competencia de la ganadería industrial y la ausencia de políticas públicas que defiendan al sector.

Para el IPCC, los sistemas alimentarios deben cambiar sus prácticas, tanto en términos de oferta como de demanda. En materia de producción agroganadera es esencial basar la fertilización en materia orgánica y regenerar los suelos, así como diversificar los cultivos y razas de ganado para optar por especies y variedades más resistentes al calor y la sequía. Una mayor diversidad que debe adoptarse también por parte del consumo, virando hacia dietas más saludables y sostenibles, en las que se reduzca sensiblemente el consumo de carne —evitando la de origen industrial— y se amplíe el de legumbres y verduras y frutas frescas. Para el IPCC, el conocimiento indígena y local puede contribuir significativamente a mejorar la resiliencia del sistema alimentario.

El informe del IPCC ha tenido una notable atención mediática y una abundante cobertura en los medios generalistas. Era agosto, es cierto, pero aun así, es obvio que el tema ya está dentro de las agendas públicas. La cuestión a analizar es si se está abordando bien, si el enfoque es el adecuado y si las conclusiones que nos invitan a extraer son suficientes para la transición que necesitamos.

En nuestra opinión el foco se está poniendo casi en exclusiva en el cambo de dieta como solución al cambio climático y, en particular, en eliminar o reducir drásticamente el consumo de carne. Un enfoque parcial que transfiere al individuo —y sus decisiones sobre lo que come— la responsabilidad sobre un problema que no es, ni de lejos, solo individual.

Es obvio que necesitamos reducir el consumo de carne y que debemos hacerlo de forma significativa. Pero esto no es suficiente ni va a solucionar todos los problemas que genera nuestra alimentación en términos de cambio climático; de calidad y fertilidad de los suelos; de conservación de los ecosistemas y la biodiversidad; de equidad y vulnerabilidad; de salud; de pérdida de pequeñas explotaciones agroganaderas; de despoblación y abandono del medio rural; de dependencia de las grandes corporaciones agroalimentarias y de las de distribución; de quebranto de nuestra soberanía alimentaria, o de merma en nuestra capacidad de decidir qué cultivamos y qué comemos.

Pero la solución es irremediablemente colectiva. Necesitamos cambiar todo lo que gira en torno a la alimentación y, muy particularmente, el conjunto de las políticas públicas que están influyendo en lo que comemos: desde las políticas internacionales de libre comercio —como el reciente tratado con Mercosur, que va a perjudicar gravísimamente al sector agroganadero—, hasta las políticas europeas de subvenciones agrícolas (es urgente dotarnos de otra PAC), pasando por las instituciones estatales, autonómicas y locales, que deben dejar de apoyar sistemas de producción y distribución hiperintensivos y concentrados en cada vez menos manos.

Sin embargo, en nuestro país, uno de los más sensibles al cambio climático, resulta significativa la escasa atención al tema tanto en los programas electorales como en los debates políticos, y su presencia no deja de ser tangencial en la acción de la mayoría de los Gobiernos. Son significativos, por ejemplo, los problemas que están surgiendo para aprobar una ley de cambio climático que dé por fin a este tema la relevancia y la transversalidad que merece en todas las políticas públicas. El impulso de un sistema agroalimentario sostenible puede generar grandes aportes tanto en materia de mitigación como de adaptación pero, a pesar de los pasos dados por algunas ciudades en los últimos años, la transformación que requiere nuestra alimentación está todavía lejos de ser suficiente.

Es urgente impulsar políticas alimentarias sostenibles, de carácter integral, que impulsen una forma de alimentarnos capaz de regenerar nuestros campos y pueblos; de preservar el clima, los suelos, acuíferos y ecosistemas; de reactivar el pequeño comercio y los mercados en nuestras ciudades; y de ayudarnos a elegir mejor lo que comemos y de garantizarnos salud y equidad a todas y todos.

El reto es complejo y requiere una acción integral e integrada, un propósito firme y un compromiso compartido. Los intereses en juego son enormes, la batalla va a ser ardua y va a haber que pelear duro en todos los frentes y en todos los foros. Desde lo más pequeño e individual, como puede ser apoyar a las pequeñas productoras de ecológico de nuestra zona, organizarnos para consumir mejor o promover cambios en los comedores escolares o en nuestros barrios, hasta activar con fuerza redoblada la batalla política, la de la comunicación (compartir experiencias e información es esencial) y la de la reivindicación.

Por un área metropolitana realmente sostenible

A los políticos que gestionan el área metropolitana de Sevilla se les llena la boca de sostenibilidad. Incluso, desde su Ayuntamiento se apuesta por que Sevilla sea Capital Verde Europea en 2023. Sin embargo, la realidad está muy lejos de su discurso hipócrita. Ya en 2001, el déficit ecológico de la provincia de Sevilla era de 3,2 ha/hab. y la huella ecológica de la aglomeración urbana de Sevilla superaba en once veces el territorio productivo disponible en la misma, según un estudio promovido por la Junta de Andalucía. Desde entonces, las cosas han seguido empeorando al aumentar, por ejemplo, el consumo energético total y las importaciones.

Los políticos sistémicos han demostrado, con el paso de las décadas, su incapacidad para conducir al área metropolitana de Sevilla hacia un futuro realmente sostenible. Ha llegado un momento en el que ya no podemos esperar más porque la crisis ecológica, con el cambio climático como ejemplo paradigmático, se agrava hasta llegar a puntos de no retorno con consecuencias catastróficas para la biodiversidad y la mayoría de la población. Por tanto creo que no podemos confiar en que los políticos sistémicos arreglen el problema. Cuando planteamos alternativas debemos huir de una lista, tipo recetario, de las medidas a llevar a cabo por un futuro más verde sin plantear cómo y quiénes las pondrían en marcha. En este contexto, es clave una visión glocal y holística, una praxis anticapitalista desde lo global a lo local y viceversa.

Creo que debemos seguir impulsando y ampliando, desde abajo, las luchas sociales actuales, así como generar nuevas luchas en pro de la defensa de nuestro entorno. Solo estas luchas conseguirán los avances profundos necesarios para alcanzar la sostenibilidad. Por un lado, estas luchas presionan a los políticos del sistema para que avancen y, más importante, generan redes de activistas con capacidad de poner en marcha, mediante la acción directa y la autorganización, alternativas democráticas y reales de mitigación y adaptación a la crisis ecológica. Además, esta autorganización ecologista desde abajo podría llevar al planteamiento de nuevas alternativas políticas radicales y masivas frente a los partidos reformistas e insostenibles.

¿En qué se plasma en la realidad de Sevilla este discurso teórico? Partamos de ejemplos concretos en nuestra área metropolitana. Recientemente, vecinxs de Montequinto se movilizan contra un nuevo aparcamiento que quiere eliminar un solar con arboleda y consiguen la paralización del proyecto y la construcción de una zona verde en dicho solar. Al mismo tiempo, la Asociación Sevilla Más Verde y la Red Ciudadana de Sevilla plantan árboles en la cornisa del Aljarafe y Ecologistas en Acción hace lo propio en la isla de Tercia. Cientos de vecinxs ponen en marcha huertos urbanos y suburbanos. La movilización vecinal consigue la paralización de la construcción de una nueva gasolinera en Pino Montano. Una plataforma ciudadana se moviliza contra un tanatorio con incineración en la Carretera Amarilla y las asociaciones de vecinas de Los Bermejales siguen preocupadas con el aumento del tráfico rodado en su barrio producto de un desarrollo urbanístico basado en el coche privado. La sección sindical de CGT en la fábrica de Renault apuesta por un futuro sostenible en la industria del automóvil con una reconversión hacia transportes más sostenibles, de mano de una mayor calidad en el empleo. Cada vez más vecinas denuncian públicamente la política arboricida del Ayuntamiento de Sevilla. A estas y otras luchas ecologistas en nuestra ciudad se unen ahora movimientos internacionales, presentes también en Sevilla, como Fridays For Future y Rebellion Extinction (Salmorejo Rebelde, en Sevilla) que plantean cambios radicales en el funcionamiento del sistema productivo para frenar a tiempo el cambio climático. Ha llegado el momento de coordinar todas estas iniciativas para golpear juntas en pro de objetivos glocales. Aquí es cuando entran en juego las alternativas que queremos y podemos impulsar en un principio. Y tenemos muchas ideas que crearían trabajo de calidad al mismo tiempo que mejorarían nuestro entorno radicalmente.

Pongamos en marcha cooperativas de valorización de residuos que vayan más allá del monopolio de Ecoembes basado en un modelo privatizado e insostenible que prima el reciclado frente a la reutilización y la reducción. Impulsemos cooperativas en el sector alimentario que pongan en contacto directo a consumidoras y productoras, y animen a la producción local, ecológica y masiva de alimentos frescos en el seno de nuestras ciudades (desde parques y jardines a terrazas y azoteas). Promovamos la participación masiva en cooperativas distribuidoras de energía renovable como Som Energia. Obliguemos a todas las administraciones públicas a instalar placas solares en sus cubiertas. Utilicemos las nuevas tecnologías para poner en marcha iniciativas de economía colaborativa controladas desde abajo para, por ejemplo, compartir vehículos. Apoyemos las huelgas en sectores claves de la economía como el energético o el del transporte, para que sean gestionados bajo control obrero. Abramos comedores, guarderías y lavanderías populares, exijamos fondos públicos para financiarlas al tiempo que las hacemos autosostenibles. La colectivización de los cuidados durante las huelgas feministas del 8M nos muestra el camino. Bloqueemos puntos claves de nuestra ciudad para el tráfico rodado hasta que el Ayuntamiento ponga en marcha rutas exprés de carril de uso único para buses eléctricos (bus de tránsito rápido, BTR). Organicemos una huelga general en pro de un transporte público gratuito y de calidad. Exijamos, mediante la ocupación del Ayuntamiento, que se extiendan las fuentes, el arbolado, las pérgolas, etc., en nuestras calles, contando con una participación ciudadana real a todos los niveles, para disfrutar de un clima urbano más acogedor y habitable. Con la movilización más o menos atomizada que hay ahora en nuestra área metropolitana tenemos fuerza para conseguir esto y mucho más si nos coordinamos con objetivos comunes.

Ahora necesitamos luchas sociales concretas para problemas concretos en sitios específicos, y de manera urgente. Las ideas expuestas en el párrafo anterior son solo algunas propuestas que podríamos poner en marcha mediante la movilización coordinada y sin sectarismos de los grupos que actualmente se movilizan en nuestra área metropolitana por un entorno de mayor calidad. Algunas de estas iniciativas se han llevado a cabo en diferentes ciudades. Como nos ha demostrado la experiencia de las últimas décadas, los políticos sistémicos locales no van a hacer lo necesario en Sevilla para reducir su huella ecológica a niveles sostenibles. Tenemos que hacerlo nosotras. Las primeras victorias, aunque sean en pro de objetivos modestos, nos darán fuerzas para seguir luchando. Tengamos claro en todo momento que el sistema socioeconómico capitalista es un cáncer en nuestro planeta. Con esta visión anticapitalista como bandera común, con organización en asambleas de base y con acciones concretas que mejoren nuestra calidad de vida, impediremos caer en las trampas del sistema como la institucionalización o la adoración a líderes más o menos carismáticos. De esto hemos aprendido mucho en los últimos años desde el nacimiento de Podemos. Necesitamos un terremoto político ambientalista, un 15M ecologista en Sevilla y más allá, que construya puentes entre las diferentes luchas sociales (desde los sindicatos a los movimientos feministas y LGTBIQ). Solo así tomaremos en nuestras propias manos la gestión de nuestro ambiente.

Somos aquellas personas a las que estábamos esperando

Sembrando semillas para la rebelión por el clima

Es el año 2019. Han pasado décadas desde que oímos hablar por primera vez de la crisis climática. La falta de acción es increíble. Vivimos con terror. Lo que parecía un problema lejano ha evolucionado hacia una emergencia tras décadas de ignorancia intencionada. Pero algo ocurrió el último año: algo flotaba en el aire, por primera vez. Una brisa de poder y esperanza alcanzaba nuestro estado de ánimo y nuestra imaginación. No se podía tocar pero algo era diferente. A lo largo del otoño de 2018 nos unimos en marchas y reuniones, miramos a nuestro alrededor y vimos nuevos rostros, más que nunca. El cambio estaba llegando. Tras un verano tórrido, el cambio climático había pasado a encabezar las noticias. El clamor de la ciencia se hizo incluso más apremiante cada año y por fin se empezó a escuchar. Incluso algunas personas de la Administración empezaron a decir la verdad. Hemos visto nacer nuevos movimientos; gente que nunca antes había dado indicios de que fuera a llevar a sus hijos y padres a las marchas climáticas. Las personas jóvenes y mayores se miraban las unas a las otras, y había un destello de reconocimiento, un pensamiento: estamos todas las personas juntas en esto. Podemos complementarnos. Somos aquellas personas a las que estábamos esperando. Ahora hagamos planes para ganar esta batalla. Durante varios meses, grupos y personas hemos estado hablando entre nosotrxs. Tendiendo puentes sobre antiguas brechas. Dándole vueltas a la cabeza sobre cuestiones de estrategia y coordinación. Hemos entendido que nuestra diversidad es la clave para provocar un cambio real, no simplemente un nuevo ajuste cosmético dentro del antiguo sistema de explotación. Hemos tenido múltiples llamadas; nos hemos reunido; nos hemos sentado juntxs; hemos llegado a acuerdos, discrepado y planificado.

Así empieza la narrativa de la primera ola de 2020: Rebelión por el clima (By 2020 We Rise Up, en inglés). Una ola de resistencia, que empieza cuando sale esta edición de El Topo.

2020: Rebelión por el clima es un intento de cerrar una brecha, una brecha bastante grande entre nuestro diagnóstico de una emergencia climática, ecológica y social, de un colapso de la civilización industrial; un diagnóstico que insiste en la necesidad de un decrecimiento rápido, un descenso del consumo de energía y recursos y un cambio profundo de valores: poner la vida en el centro. Se acaba el tiempo: tenemos 18 meses (no 11 años) para cambiar el rumbo, ya que el informe del IPCC de hace un año exige un pico de emisiones de CO2 en 2020. Pese a eso, las emisiones siguen creciendo. Al otro lado están nuestras acciones en los últimos años —quizás décadas—: sensibilización, educación, lobbying, y una manifestación o concentración, de vez en cuando. Sabíamos que esto no era suficiente. Sabíamos que no podíamos forzar un giro radical dentro de un sistema capitalista cisheteropatriarcal con lo de siempre.

Así, surgió la idea de 2020: Rebelión por el clima. Unxs activistas por la justicia climática de varias partes del Estado español que compartíamos la misma sensación. Estábamos desesperadxs, hablábamos, buscábamos maneras de iniciar un movimiento potente por la justicia climática en nuestro territorio. Y a finales del año pasado llegó la oportunidad. Tuvimos varias reuniones. Finalmente llamamos a una primera asamblea para constituir 2020: Rebelión por el clima en la península ibérica (es decir, incluimos a Portugal) el 22 de febrero en Madrid.                          

Mucho ha cambiado desde entonces: Fridays for Future, Extinction Rebellion (en el Estado español), Huelga por el clima, etc. La sensación de una emergencia se está extendiendo. Existen ya las primeras declaraciones de una emergencia climática (Catalunya, Sevilla, etc., aunque son simbólicas e insuficientes. Sabemos que hace falta desobediencia civil, a niveles nunca vistos en el Estado español. Sabemos que nos enfrentaremos a la represión. Sabemos que necesitamos construir comunidad, confianza y apoyo para afrontar lo que viene. Estamos en esto. No estamos jugando. Nos rebelaremos.

En el Estado español partimos de una base de desmovilización desde el 15M de 2011, y de un alto nivel de represión. Existe poca capacidad de formación en desobediencia civil. Hay mucho miedo: miedo por la aceleración de la crisis climática, miedo por la amenaza de represión, miedo a fracasar. Tenemos que empoderarnos, fortalecernos, cuidarnos, construir redes de confianza y apoyo. Entrenarnos en la acción directa, para rebelarnos.

La rebelión no se hace realidad si no la llevamos a los territorios, a nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestros barrios. Estamos construyendo 2020 Rebelión por el clima Sevilla, porque no nos dejamos tranquilizar con una declaración de emergencia climática. No queremos más turismo que destruya el clima y nuestra ciudad. No queremos la ampliación del aeropuerto de Sevilla. No podemos permitirnos crecer. Necesitamos decrecer, relocalizar. Necesitamos una visión de otra sociedad, unas medidas urgentes y radicales, no parches socialdemócratas capitalistas verdes.

Nos rebelaremos en Sevilla a partir de finales de septiembre. Estamos construyendo las bases, tejiendo redes. La rebelión será ecofeminista, la rebelión será querer. La rebelión será de la gente de los barrios, de les trabajadores precarizades, de les migrantes. La rebelión será lo que creamos juntes, y estamos solamente al inicio, dando los primeros pasos. La rebelión será alegre también, con la rebelión recuperamos nuestra esperanza. Deseamos una vida mejor, otra economía, otras formas de relacionarnos, poner la vida en el centro: la vida de todes les seres vivos. Nos rebelaremos por la vida.

Estamos construyendo la primera ola de esta nueva rebelión, en Sevilla, en Andalucía, en la península ibérica, en Europa, en el planeta. La rebelión por el clima. Y luego, evaluaremos, descansaremos, nos fortaleceremos, para la segunda ola: la tercera. Te necesitamos. Somos aquellas personas a las que estábamos esperando y te necesitamos a ti, y a muches más. Por el planeta, por la vida, por el futuro; para que haya un futuro y sea un futuro justo. Un futuro respetando los límites de nuestro planeta. Un futuro mejor.

Rebelión o extinción.

El cambio climático mata

Algunos datos sobre sus efectos en la salud[1]

Las consecuencias nefastas de la emergencia climática en nuestros cuerpos son ya una certeza. Esta afirmación, lejos de ser una arenga catastrofista, viene avalada por informes de instituciones poco sospechosas de ecologistas radicales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). El último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas animaba ya a los gobiernos a tomar medidas drásticas.

El cambio climático tiene como consecuencia el incremento de fenómenos meteorológicos catastróficos, la variabilidad de los climas, que afecta a los suministros de agua y alimentos, los cambios de la distribución de los brotes de enfermedades infecciosas o las enfermedades emergentes relacionadas con los cambios de los ecosistemas.

Según los datos oficiales, las repercusiones sanitarias del cambio climático ya se están haciendo sentir: aumento del número de personas fallecidas por olas de calor, aumento de los desastres naturales y cambios de la distribución de enfermedades potencialmente mortales como el paludismo.

Los informes de la OMS aseguran que el cambio climático continuado tendrá profundas consecuencias negativas en algunos de los determinantes sociales y ambientales de la salud, como los alimentos, el aire y el agua. Y, por supuesto, serán los países empobrecidos quienes más lo sufrirán, ya que no disponen de infraestructuras sanitarias para dar respuesta a estos problemas.

Durante los últimos 50 años, la actividad humana, en particular el consumo de combustibles fósiles, ha liberado cantidades de CO2 y de otros gases de efecto invernadero suficientes para retener más calor en las capas inferiores de la atmósfera y alterar el clima mundial.

En los últimos 130 años el mundo se ha calentado aproximadamente 0,85 ºC. Durante los últimos 30 años, cada década ha sido más cálida que cualquier década precedente desde 1850.

El nivel del mar está aumentando, los glaciares se están fundiendo y los regímenes de lluvias están cambiando. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos y frecuentes.

¿Y cómo afecta esto a nuestra salud?

Empecemos por el calor extremo. Las temperaturas elevadas contribuyen directamente a las defunciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, sobre todo entre las personas de edad avanzada.

Los niveles de polen y otros alérgenos también son mayores en caso de calor extremo. Pueden provocar asma, dolencia que afecta a unos 300 millones de personas en el mundo. Se prevé que el aumento de las temperaturas que se está produciendo aumentará esa carga.

Otra de las consecuencias es el incremento de desastres naturales, que se ha triplicado desde los años sesenta, y la variación de la pluviosidad. Cada año, esos desastres causan más de 60 000 muertes, sobre todo en países empobrecidos.

El aumento del nivel del mar y unos eventos meteorológicos cada vez más intensos destruirán hogares, servicios médicos y otros servicios esenciales, y más de la mitad de la población mundial vive a menos de 60 km del mar.

La creciente variabilidad de las precipitaciones afectará probablemente al suministro de agua dulce, y la escasez de esta puede poner en peligro la higiene y aumentar el riesgo de enfermedades diarreicas, que cada año provocan aproximadamente 760 000 defunciones de menores de cinco años. En los casos extremos, la escasez de agua causa sequía y hambruna. Se calcula que a finales del siglo XXI es probable que el cambio climático haya aumentado la frecuencia y la intensidad de las sequías a nivel regional y mundial.

También están aumentando la frecuencia y la intensidad de las inundaciones y se prevé que sigan aumentando a lo largo de este siglo. Estas contaminan las fuentes de agua dulce, incrementando el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y dando lugar a criaderos de insectos portadores de enfermedades, como los mosquitos. Causan asimismo ahogamientos y lesiones físicas, daños en las viviendas y perturbaciones del suministro de servicios médicos y de salud.

El aumento de las temperaturas y la variabilidad de las lluvias reducirán probablemente la producción de alimentos básicos en muchas de las regiones más pobres. Ello aumentará la prevalencia de malnutrición y desnutrición, que actualmente causan 3,1 millones de defunciones cada año. Según este informe de la OMS, es probable que los cambios del clima prolonguen las estaciones de transmisión de enfermedades y alteren su distribución geográfica.

¿Podemos medir estos efectos?

La medición de los efectos sanitarios del cambio climático solo puede hacerse de forma aproximada. No obstante, según las previsiones de la OMS, el cambio climático causará anualmente unas 250 000 defunciones adicionales entre 2030 y 2050; 38 000 por exposición de personas ancianas al calor; 48.000 por diarrea; 60 000 por paludismo; y 95 000 por desnutrición infantil.

La infancia, en particular la de los países empobrecidos, es uno de esos grupos de edad más vulnerables a los riesgos sanitarios resultantes y se verán expuestos por más tiempo a las consecuencias sanitarias. Se prevé asimismo que los efectos en la salud serán más graves en las personas mayores y en las personas con dolencias preexistentes. Por otra parte, las zonas con infraestructuras sanitarias deficientes son las que tendrán más dificultades para prepararse y responder si no reciben asistencia.

La situación de emergencia climática es crítica y la propia Organización Mundial de la Salud pide la intervención de los países para reducir las emisiones de dióxido de carbono. La contaminación del aire en las viviendas y la contaminación atmosférica provocan cada año unos 4,3 millones y 3,7 millones de defunciones, respectivamente.

En 2015, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó un nuevo plan de trabajo de la OMS en materia de cambio climático y salud que apuesta por la concienciación y la puesta en marcha de una agenda de investigación mundial. Además de interpelar a los Estados para que hagan «cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad para frenar el calentamiento global». Queda ver si los Gobiernos pondrán en práctica medidas transformadoras o se quedarán, como nos tememos, en el Green New Deal. El tiempo apremia y es la vida la que está en juego.

[1] Estos datos están extraídos del informe sobre cambio climático y salud de la OMS. El texto íntegro está disponible en su web https://www.who.int/globalchange/environment/es/

Stay Grounded-Quédate en Tierra

Cambios sistémicos ante el mito del crecimiento verde

Stay Grounded es una red global para construir un sistema de transporte socialmente justo y ecológicamente racional y por el decrecimiento de la aviación. Cuenta con el apoyo de casi 200 grupos y organizaciones y más de 130 de ellos son miembros activos.

La industria de la aviación crece a pasos agigantados, convirtiéndose en el sector económico de la UE con mayor crecimiento. Es impactante visitar páginas como flightaware.com donde muestran cómo en este preciso momento al menos medio millón de personas están en el aire. El futuro no es alentador, se prevé que la cantidad de aeronaves y kilómetros volados por pasajerx se duplique en los próximos veinte años. Según el Centre for Aviation (CAPA) hay proyectados o en construcción más de 400 aeropuertos y más de 100 nuevas pistas de aterrizaje

Tan en auge está la industria de la aviación y tanto está contaminando, que una aerolínea de bajo coste ha entrado por primera vez la lista de las diez empresas más contaminantes de la UE. Lista en la que solo había empresas eléctricas de carbón. Según el informe publicado por la red de Stay Grounded (Quédate en Tierra), El espejismo de volar verde, este crecimiento ha sido posible a costa de gozar de privilegios fiscales, la precarización laboral, la desregulación del sector y la promoción de la industria a través de discursos basados en el mito del crecimiento verde. El queroseno (combustible de los aviones), no está sujeto a impuestos; en muchos países no hay impuestos a la propiedad de los aeropuertos ni a los billetes agregados. Los fabricantes de aviones y las aerolíneas se benefician de importantes subvenciones. El discurso del crecimiento verde pretende hacernos creer que el bioqueroseno (combustible derivado de biomasa como la palma de aceite), nuevas flotas de aviones más «eficientes» o medidas compensatorias por contaminar recogidas en el actual plan Corsia reducirán los daños a la naturaleza y a nuestras vidas.

¿Cuáles son algunas de las verdaderas consecuencias de vivir en la fantasía del crecimiento «verde»?

La aviación es el modo de transporte con mayor impacto climático: por cada 1000 kilómetros recorridos por pasajerx, un vuelo genera de promedio 18 veces más CO2 que un viaje en tren. El cambio climático, no es solo que suba la temperatura de la Tierra, significa mayores desastres ecológicos, crisis humanitarias, subidas del nivel del mar y desplazamientos forzados de población como migrantes climáticos.

Han sido registrados más de 300 conflictos socioambientales en los últimos diez años relacionados con la expansión o creación de nuevos aeropuertos o aerotrópolis (aeropuertos rodeados de zonas industriales y comerciales). Sesenta de ellos han sido analizados y mapeados en https://stay-grounded.org/map/ por el proyecto EnvJustice (http://www.envjustice.org) del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y la red de Stay Grounded. Más del 50% de los casos están ubicados en Asia y casi un 20% en Europa. La mayoría de las causas son nuevos aeropuertos o la expansión de otros ya existentes, orientados a la defensa militar, pasajerxs o al comercio; e infraestructuras para el transporte y almacenamiento de queroseno, junto con proyectos de aerotrópolis. En estos conflictos la población local sufre desalojos forzosos y expropiación de tierras, y graves daños a la salud y la vida causados por la contaminación química y acústica, y por la destrucción de ecosistemas de alta biodiversidad como manglares, humedales o densos bosques, y zonas sagradas y de alto valor cultural. Además, no solo se dan conflictos por la propia construcción del aeropuerto; sino también por la extracción de grandes cantidades de tierra, transporte y almacenamiento de los materiales necesarios para que la aviación funcione y la masiva entrada de pasajerxs que ha acelerado los procesos de turistificación. Este proceso incrementa las malas condiciones de trabajo en el sector servicios, la expulsión de vecinxs de sus barrios; redes de movilidad colapsadas; altos niveles de ruido y contaminación del aire; y generación de residuos y abuso de los recursos naturales que comprometen la salud de las personas y el medio ambiente.

Cambio sistémico: decrecimiento de la aviación

Desde la red internacional de Quédate en Tierra, formada por más de 200 organizaciones de académicxs, activistas y sociedad civil, ponemos de manifiesto que la única alternativa que nos queda es el decrecimiento de la aviación. Este decrecimiento solo será posible con cambios en el sistema del transporte, económico, energético y comercial y un nuevo ordenamiento territorial en el que la vida se ponga en el centro de las decisiones.

Para discutir todo ello, se realizó en Can Batlló, Barcelona, el pasado 12 de julio, el encuentro sobre decrecimiento de la aviación sin un solo vuelo. Las jornadas reunieron a más de 150 personas de movimientos sociales, plataformas vecinales de Barcelona afectadas por la turistificación y la contaminación de los aviones, ​​científicxs, activistas del clima, organizaciones feministas, ONG, sindicatos y personas que luchan por diferentes alternativas.

En esta conferencia se han explorado y debatido siete propuestas para reducir la aviación de una manera socialmente justa. Además de acabar con la injusta ausencia de impuestos del queroseno, ha quedado patente que se necesitan medidas adicionales para garantizar que volar no se convierta en un privilegio aún mayor de la gente rica. Una propuesta innovadora sería un impuesto a lxs viajerxs frecuentes, lo que significa que cuanto más vuela una persona, más impuestos paga. También la reducción o poner límites a los vuelos de corta distancia y vuelos nacionales innecesarios. Fomentar las alternativas a la aviación, como los trenes nocturnos y las videoconferencias. Moratorias a la ampliación de los aeropuertos y poner límites al turismo masivo. Estas propuestas se discutieron para ser implantadas a nivel de políticas públicas, instituciones como universidades, municipios, escuelas y ONG.

Stay Grounded comenzará la campaña Let’s Stay Grounded! (quedémonos en tierra), este año. Se hace un llamado para actuar activamente contra la aviación y por la justicia climática. Junto con diferentes iniciativas en Europa, queremos construir un movimiento fuerte y conectado para mantenernos firmes.

Como dice Mira Kapfinger, de Stay Grounded, «Para lograr el cambio necesario, necesitamos movimientos sociales que exijan esto en las calles, necesitamos acciones directas en los aeropuertos, necesitamos ciencia, instituciones, compañías e individuos que muestren las ventajas de quedarse en tierra y viajar lentamente, y necesitamos que la sociedad civil presione a los Gobiernos».

Límites minerales de la transición energética

¿De qué está hecho un panel fotovoltaico? ¿Y un aerogenerador? ¿Qué materiales contienen las baterías que permitirán electrificar los vehículos? ¿De dónde provienen estas materias primas? ¿Hay suficientes materiales en la corteza terrestre para abastecer el crecimiento necesario de las renovables y frenar así el cambio climático? ¿Qué porcentaje de materiales se está reciclando actualmente, es suficiente?  ¿Cuál es la relación energía-materiales-medio ambiente?

La primera clase que di en la Universidad de Zaragoza sobre cambio climático fue en el año 2003. Por aquél entonces, cuando preguntaba a mis alumnos si habían oído hablar de ello, la respuesta general era que no. Quince años después, sigo impartiendo una clase sobre cambio climático, pero con la diferencia de que ahora todos los alumnos conocen el problema, aunque no son conscientes de la gravedad del mismo. Así que me pongo una corbata, y actúo como si fuese el secretario general de las Naciones Unidas y simulamos entre todos, una conferencia sobre cambio climático. Divididos en tres grupos representando a países ricos, emergentes y pobres, los alumnos deben llegar a acuerdos de reducción de emisiones con el objetivo de no superar los 2ºC de aumento de temperatura global del planeta. A continuación simulamos la temperatura del planeta gracias a un magnífico software desarrollado por el MIT denominado C-Roads. ¡Qué sorpresa se llevan cuando ni en la tercera ronda de negociaciones logran no sobrepasar el límite planteado! Luego se dan cuenta, jugando con el programa, que la solución está en actuar inmediatamente y de forma drástica. En efecto, para evitar superar los 2ºC o incluso menos, tal y como se estableció en los Acuerdos de París en el 2015, es necesario descarbonizar la economía lo antes posible. ¿Y cómo lograr esto? Fundamentalmente, realizando una transición energética en la que se pase de una economía basada en los combustibles fósiles, a otra basada en las energías renovables, o sea, ir hacia lo que algunos llaman una “economía verde”.

La energía eólica, la fotovoltaica, la solar termoeléctrica, la biomasa, o el coche eléctrico no emiten CO2 (o tienen emisiones neutras como es el caso de la biomasa). Sin embargo, nos olvidamos de un aspecto importante: para construirlos, son necesarios muchos materiales. Pensemos que por ejemplo para producir 1 gigavatio (GW) de potencia eléctrica que es la equivalente a la que podría suministrar una central térmica de gas natural, se necesitan 200 aerogeneradores de 5 megavatios (MW) o bien 1000 aerogeneradores de 1 MW. Esto implica el uso de unas 160.000 toneladas de acero, 2000 de cobre, 780 de aluminio, 110 de níquel, 85 de neodimio y 7 de disprosio para su fabricación[1]. La central térmica en cambio habrá necesitado principalmente de 5500 toneladas de acero, 750 toneladas de cobre y 750 de aluminio aproximadamente, o lo que es lo mismo, en peso, unas 25 veces menos de metales que en el caso de la eólica. Dicho esto, la cantidad de materiales no es el aspecto más preocupante del problema, sino la variedad de los mismos. Mientras que en la central térmica entran en juego metales convencionales y relativamente abundantes, las nuevas tecnologías son altamente voraces en muchos elementos distintos, algunos de ellos escasos en la naturaleza o bien controlados por unos pocos países. En la siguiente figura podemos ver la variedad de materiales necesarios para producir algunas de estas tecnologías limpias.

Figura 1. Algunos de los elementos que se emplean para la fabricación de tecnologías verdes (basado en Valero, A., Valero, A., Calvo, G., & Ortego, A. (2018). Material bottlenecks in the future development of green technologies. Renewable and Sustainable Energy Reviews, 93, 178–200.)

Así que el aerogenerador es en realidad una de las tecnologías renovables que menos variedad de materiales necesita para su fabricación. Por lo tanto, más que una economía verde, podríamos hablar de una “economía multicolor”, ya que las nuevas tecnologías están empleando prácticamente toda la tabla periódica de los elementos. Es probable que muchos de los lectores de este artículo no hayan oído hablar de estos elementos, pero estoy convencida de que al igual que pasó con el cambio climático, pronto las tierras raras, el indio, el litio o el teluro serán bien conocidos por la sociedad. Hablemos de algunos de ellos.

Empecemos por las tierras raras. Se denomina así a un conjunto de 17 elementos de la tabla periódica compuesto por los 15 lantánidos más el itrio (Y) y el escandio (Sc). Al grupo de las tierras raras pertenecen varios elementos esenciales para el desarrollo de las nuevas tecnologías y las energías renovables, como son el neodimio (Nd) y el disprosio (Dy) en los imanes permanentes en la eólica. Además, encontramos cada vez mayor número y variedad de tierras raras en iluminación eficiente (fluorescentes y LEDs), en vehículos o en electrónica.  No es de extrañar por tanto que su producción se haya multiplicado por 7 en los últimos 40 años. Estos elementos se extraen fundamentalmente de dos minerales, la monacita y la bastnasita y a pesar de su nombre, no son especialmente raros en la naturaleza, aunque requieren de mucha energía para poder obtener los elementos por separado. Otro problema fundamental es que su producción está hoy día controlada en más de un 80% por China, país que en 2011 hizo temblar a muchos gobiernos cuando limitó drásticamente sus exportaciones a 24000 toneladas frente a la demanda exterior que se cifró en unas 55000 – 60000 toneladas.  ¿Por qué exportar tierras raras cuando pueden exportar aerogeneradores cuyo valor añadido es muchísimo mayor? Periódicos como el Wall Street Journal o el Financial Times ya alertaron al mundo de que, al controlar la llave de la exportación, China llegará a controlar el desarrollo global de las nuevas tecnologías sostenibles.

Otros dos elementos de los que se va a oír hablar mucho en los próximos años son el litio y el cobalto. Ambos elementos son fundamentales para el desarrollo de las baterías eléctricas. En veinte años, la producción de cobalto y litio se ha multiplicado por cinco y ocho, respectivamente. En el 2017, el precio del cobalto se duplicó en menos de un año y hoy se ha convertido en uno de los elementos más críticos en el sector de la automoción que está apostando fuertemente por el vehículo eléctrico. El litio se obtiene de dos fuentes principales: de los salares chilenos y del espodumeno, un mineral que se extrae y exporta fundamentalmente en Australia. Aunque preocupante, el litio no parece presentar tantos problemas de suministro como el cobalto, que se encuentra en su mayoría en el Congo y cuya extracción es cuanto menos éticamente cuestionable.

El indio (In), galio (Ga) y el teluro (Te) son otros tres elementos clave para las nuevas tecnologías y la energía solar fotovoltaica. El indio y el galio se encuentran en la tecnología fotovoltaica de capa fina llamada CIGS (por sus siglas cobre-indio-galio-selenio), mientras que el Te en las células de telururo de cadmio (CdTe). Ambas tecnologías ofrecen las mejores prestaciones en términos de eficiencia del mercado y es por ello que su producción va a ir en aumento en los próximos años. El problema está en que estos elementos son muy escasos en la corteza terrestre. Hoy en día se obtienen de los barrillos del refinado del zinc, cobre y del aluminio, principalmente. Al año, la producción de estos elementos juntos no supera las 1000 toneladas y sin embargo cada vez son más habituales en nuestros hogares. La tecnología táctil se debe al ITO (óxido de indio y estaño en sus siglas en inglés), un material semiconductor presente en teléfonos móviles o tabletas electrónicas. El indio y galio están también presentes en las tecnologías LED, confiriendo distintos colores a la iluminación eficiente.

Hablemos ahora del fósforo (P). Este elemento es mucho más conocido que los anteriores porque es un nutriente esencial en la agricultura y por tanto en los cultivos energéticos. Junto con el nitrógeno (N) y el potasio (K), es el ingrediente básico de los fertilizantes. Mientras que el potasio y el nitrógeno son abundantes en la naturaleza, la roca fosfórica (mineral de donde se extrae el fósforo) es escasa. Los nutrientes, al contrario que el resto de elementos, no pueden sustituirse. ¡A una planta no podremos alimentarla con plomo o cobre cuando escasee el fósforo! Por otra parte, los biocombustibles pueden entrar en competición por los nutrientes y el suelo con otros cultivos para la alimentación de una población creciente y que va ritmo de alcanzar los 10.000 millones en el año 2050. Esto significa que el fósforo tiene muchas papeletas para que se convierta en el próximo “oro verde”. Además, su producción se limita a unos pocos países. En el Sáhara Occidental se encuentran las mayores reservas de roca fosfórica a nivel mundial. ¿Podemos entender ahora quizás mejor la razón de los conflictos en esa zona inhóspita del planeta? Y sin embargo las oportunidades de reciclado de fósforo son inmensas ya que todos los seres vivos estamos hechos de fósforo y los animales miccionamos y excretamos fósforo.

En efecto, una de las grandes diferencias que hay entre los combustibles fósiles y los minerales no energéticos es que mientras los primeros desaparecen al quemarlos, convirtiéndose en CO2 y agua, los segundos no se pierden. El capital mineral de cada elemento en la tierra es constante y en teoría podríamos usarlo una y otra vez sin que se perdiese. Y entonces, ¿por qué no se hace? De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas[2], el porcentaje de reciclado de muchos de los nuevos elementos esenciales para la descarbonización de la economía es inferior al 1%. Los esfuerzos de reciclado, excepto para los metales tradicionales como el hierro, cobre o aluminio, se han centrado en evitar contaminar, más que en recuperar los materiales valiosos que contienen. De hecho, el metal que hoy en día tiene la mayor tasa de reciclado es el plomo, que se encuentra principalmente en baterías de coche y para las cuales hay una legislación de reciclado muy estricta. Los tubos fluorescentes también deben someterse a un proceso de reciclado, pero no para obtener los elementos valiosos que contienen como las tierras raras y los fósforos que no se reciclan, sino para evitar que el mercurio que contienen contamine el entorno. El resultado es que los metales menores, pero valiosos, acaban o bien en vertederos o bien subciclados con otros metales como el acero y perdiendo por tanto su funcionalidad original.

Al contrario que los combustibles fósiles, los materiales no se pierden, pero se diluyen, se dispersan. Este hecho provoca que la energía necesaria para recuperar de nuevo el elemento puro de la dilución sea tan elevada, que sale más rentable desechar la mezcla. Esto no es más que una consecuencia del segundo principio de la termodinámica, que nos dice que mezclar es uno de los procesos más irreversibles que hay y volver al estado inicial es costosísimo en comparación con el proceso de mezcla. O sea que, en la práctica, cuando un teléfono móvil por ejemplo acaba en el vertedero, los más de 30 elementos distintos de los que está compuesto, incluyendo miligramos de oro, platino, indio, galio, cobalto, etc. acaban perdiéndose para siempre.

Afortunadamente las tasas de reciclado van en aumento y las tecnologías de reciclado, aunque todavía siguen en pañales, están desarrollándose. Pongamos el caso del aluminio. Desde el año 1950, las tasas de reciclado han aumentado a ritmo de un 0,25% anual. Esto ha provocado una reducción neta de producción primaria de aluminio (extracción de la corteza). A este ritmo, se necesitarán unos 250 años para alcanzar una supuesta eficiencia del 98%. Sin embargo, si la demanda de aluminio sigue aumentando cada año en un 2%, haciendo un simple cálculo exponencial, nos daríamos cuenta de que la demanda se duplicaría cada 40 años y aunque alcanzásemos la cifra de reciclado del 98% (el 100% es imposible debido a restricciones físicas del segundo principio), la extracción seguiría duplicándose cada 35 años. Por tanto, mientras la demanda aumente año tras año, ni aun reciclando cerca del 100% de material, podríamos prescindir de la extracción.

Si analizamos globalmente la extracción de los distintos minerales a lo largo del último siglo, nos damos cuenta de que, como el aluminio, la tendencia general ha sido hacia un aumento exponencial (Figura 2).

Figura 2. Producción acumulada mundial total de 48 minerales y elementos desde 1900 hasta 2016. En la figura solamente figuran los nombres de aquellos minerales que tienen un mayor peso. Fuente: elaboración propia.

Una consecuencia de ello es que las minas se agotan. Conociendo la cantidad de recursos disponibles del planeta y la evolución de la extracción, se puede estimar a través de las denominadas “curvas de Hubbert”, el año en que la demanda de minerales supere a la oferta (o el pico). Este modelo que se aplicó con éxito a los yacimientos de petróleo en el sur de EEUU por su creador Marion King Hubbert en los años 50, lo hemos aplicado nosotros a los minerales, tal y como muestran las Figuras 3 y 4. Aunque son modelos teóricos y aproximados, pueden servir para establecer tendencias y alertar de posibles escaseces si se continua con los ritmos de producción actuales. Como muestran las figuras, a este ritmo y considerando los recursos minerales publicados por el United States Geological Survey, el pico de muchos minerales se alcanzaría antes de que acabase este siglo.

Fig_5_HP_big6

Figura 3. Picos máximos de producción para los seis minerales más producidos a nivel mundial. Fuente: Calvo, G.; Valero, A.; Valero, A. (2017) Assessing maximum production peak and resource availability of non-fuel mineral resources: Analyzing the influence of extractable global resources. Resources, Conservation and Recycling, 125: 208-217.

Fig_6_HP

Figura 4. Picos máximos de producción para otros minerales. Fuente: Calvo, G.; Valero, A.; Valero, A. (2017) Assessing maximum production peak and resource availability of non-fuel mineral resources: Analyzing the influence of extractable global resources. Resources, Conservation and Recycling, 125: 208-217.

Al agotamiento de las minas hay que añadirle otro factor importante. Si las menas más ricas se agotan, van quedando las menos concentradas para las que se necesita más energía por unidad de material extraído. En la figura 5 se muestra el aumento de energía consumida en función de la concentración de cobre en un centenar de minas de todo el mundo. Aquí de nuevo entra en juego el segundo principio de la termodinámica. A medida que las minas van agotándose, la energía de extracción aumenta exponencialmente. Como ocurre en el reciclado, cuanto más diluido está el metal, mayor es la energía de separación. Es cierto que, gracias a mejoras tecnológicas, somos capaces de extraer más eficientemente los recursos minerales de la tierra. Lamentablemente las mejoras tecnológicas deben ir a la par de las reducciones en leyes de mina y este no es el caso. Así que, con el aumento de energía, también hay asociado un aumento en el impacto ambiental. Además de los inmensos “agujeros” que se hacen en la corteza en la minería de cielo abierto, las emisiones de CO2 se disparan, ya que gran parte de la energía empleada en la minería hoy en día es en forma de diésel para transportar los miles de toneladas de roca extraída. Si actualmente la minería es responsable según la Agencia Internacional de la Energía, de entre un 8 y un 10% del consumo de energía primario mundial y emisiones de CO2, es probable que, en el futuro, esta tasa aumente considerablemente.

Figura 5. Consumo energético global de cobre frente a la concentración media en la mina. Fuente: Calvo, Mudd, Valero and Valero (2016). Resources  5(4), 36; https://www.mdpi.com/2079-9276/5/4/36

Si analizamos ahora la demanda esperada de materiales hasta el 2050 necesarios para desarrollar la fotovoltaica, eólica, la solar de alta temperatura o el vehículo eléctrico, teniendo en cuenta las proyecciones realizadas por la Agencia Internacional de la Energía en su escenario 450 (que implica no superar los 2ºC de aumento global de temperatura), podemos detectar posibles cuellos de botella que aparecerían para algunos elementos clave. Para ello, en un estudio realizado en colaboración con mis colegas en el Instituto CIRCE, establecimos tres tipos de riesgo:  muy alto, alto y medio; correspondiendo la categoría “muy alto” a que la demanda acumulada superará los recursos disponibles, la categoría “alto” a que la demanda acumulada superará las reservas y la categoría “medio” a que la demanda anual sobrepasará la producción anual esperada calculada con el modelo de Hubbert. La diferencia entre recursos y reservas se encuentra en que los primeros son cantidades de minerales potencialmente valiosos, y por los cuales existen prospectivas razonables para una eventual extracción económica; las reservas en cambio representan a aquellas cantidades de minerales que son valiosas y son legal, económica y técnicamente viables de extraer hoy en día. Entonces las reservas son dinámicas y suelen aumentar a medida que se encuentran nuevos depósitos minerales o el aumento de los precios hace que determinadas minas no rentables en el pasado, lo sean en el presente. Los recursos sin embargo son más estáticos y son considerablemente mayores a las reservas. 

Considerando las “tecnologías limpias” analizadas (ver Tabla 1), los vehículos eléctricos son aquellos que más materiales críticos demandarán, estando las posibles limitaciones centradas en los elementos necesarios para las baterías (litio, cobalto, níquel). Además, podría haber otras limitaciones a la hora de fabricar aleaciones de acero que necesiten cromo o molibdeno, y también para la fabricación de algunos equipos electrónicos. Por elemento, aquellos que presentan un mayor riesgo de suministro en el futuro son: teluro, plata, cadmio, cobalto, cobre, galio, indio, litio, manganeso, níquel, estaño y zinc. 

Tabla 2. Clasificación de elementos en función de su riesgo de suministro junto a la lista de sectores “verdes” en los que se emplea. Fuente: Valero, A., Valero, A., Calvo, G., & Ortego, A. (2018). Material bottlenecks in the future development of green technologies. Renewable and Sustainable Energy Reviews, 93, 178–200.

¿Cómo evitar entonces estos problemas detectados en el suministro de materias primas clave? En el lado de la demanda, habrá que apostar fuertemente por la desmaterialización, la sustitución de materiales críticos por otros más abundantes y la reutilización y reciclado. Para ello, será imprescindible diseñar los productos pensando en su fin de vida, haciéndolos robustos, modulares y fácilmente desensamblables y así promover la denominada “economía circular”. Esto permitirá reducir drásticamente los residuos, reutilizar y reparar los productos dándoles una segunda, tercera, cuarta… vidas y recuperar los materiales valiosos para reintroducirlos en el sistema productivo. En este sentido, habrá que aprender de la naturaleza, que no produce residuos y vive y se regenera exclusivamente de la acción del sol. Dicho esto, y conociendo las limitaciones que nos impone el segundo principio de la termodinámica en cuanto a la imposibilidad de cerrar totalmente los ciclos, la principal medida a adoptar debe ser la reducción del consumo, abriendo paso a nuevos modelos económicos que fomenten el “uso” más que la “posesión”. Una economía de los servicios en donde las empresas no vendan el producto sino su función. De esta forma, los objetos serán más robustos y al final de su vida, los productores se encargarán de recuperar sus materiales valiosos y reintroducirlos en el sistema de forma más eficaz.

En el lado de la oferta, si la demanda sigue aumentando, no podremos prescindir nunca de la minería. Esto hará que nos enfrentemos a diversas contradicciones, como la del efecto “Nimby” (en sus siglas en inglés “Not in my backyard” – no en mi patio trasero). No deseamos actividad extractiva cerca debido a los impactos que genera y preferimos relegarla a terceros países, en muchos casos con bajos o nulos estándares ambientales y sociales. Pero no renunciamos a la renovación constante de objetos tecnológicos, que requieren de la actividad minera para su fabricación. Reducir la dependencia exterior, que es una prioridad de muchos gobiernos como la Unión Europea, implica apostar por extraer en el propio territorio y probablemente abrir o reabrir nuevos yacimientos que, con mucha seguridad, crearán o están creando rechazo social. En este sentido, la minería deberá ser sostenible ambiental y socialmente, en mi patio trasero y en el de los vecinos. Y el capital mineral, que es un patrimonio natural de los que viven hoy, pero también de los que nacerán, deberá valorarse de forma justa, no sólo considerando los costes de extracción de hoy, sino los que deberán afrontar las futuras generaciones cuando se agoten los yacimientos. Sólo así se creará un verdadero sentido de la conservación.

En definitiva, evitar la dependencia de combustibles fósiles implicará aceptar la dependencia de materiales, algunos de ellos con importantes riesgos de suministro. Sin materiales no hay energía, ¡pero sin energía, tampoco hay materiales! Es necesario por lo tanto considerar el diálogo, o mejor triálogo energía – materiales – medioambiente, porque las soluciones no serán unidimensionales sino multidimensionales y complejas, especialmente cuando entran en juego los graves problemas sociales que acarrea la minería.

[1] Según los estudios que realizamos en el Instituto CIRCE para la siguiente publicación: Alicia Valero, Antonio Valero, Guiomar Calvo, Abel Ortego, Sonia Ascaso, Jose-Luis Palacios. Global material requirements for the energy transition. An exergy flow analysis of decarbonisation pathways. Energy 159 (2018) 1175-1184.

[2] UNEP (2011). Recycling Rates of Metals, A Status Report. United Nations Environmental Programme. www.resourcepanel.org/

Negación

El calentamiento global es debido al exceso de almas pecadoras quemándose en el infierno, ya que al ser la tierra plana y el infierno estar debajo de la misma, se produce un efecto sartén. Pastora Soraya. @SoldadaDeCristo

Negación, ese concepto… Yo misma y mi miedo al conflicto la hemos practicado con más asiduidad de la que deberíamos, «eso no puede ser…», «no es para tanto…», «ya se arreglará…» La capacidad del ser humano para esconder la cabeza es tan fascinante como habitual. Parece ser que se trata de un fenómeno ampliamente estudiado por la psicología que no tiene claro si considerar esta debilidad humana como defensa o error cognitivo. Si, además, la información de la que huyes tiene que ver con la destrucción del planeta, pues buscas un agujero bien hondo para dejar de oír. Cuando a eso le añades un discurso mediático absolutamente contradictorio al respecto, la negación pasiva se convierte en la opción más elegida, a no ser que tengas menos de 20 años y este escenario sea una realidad demasiado cercana. Pero hablamos de una reacción fruto del miedo y cierta desinformación. La cuestión es que yo quería aprovechar este espacio para hacer una incursión en los argumentos negacionistas del cambio climático en los medios, aquellos que consideran una patraña las interpretaciones consensuadas por la mayoría de la comunidad científica y aportan datos más o menos contrastables. Lo reconozco, me da morbo indagar en las posiciones opuestas.

Ni el tiempo ni el espacio de esta sección me daban para mucho, así que me limité a un barrido superficial en el que mis ganas de carnaza no se vieron debidamente recompensadas. A excepción de un documental, un libro de hace más de una década y algunos artículos de Libertad Digital (o medios similares), poco más sustancioso encontré. El negacionismo lo abanderan los sectores más ultraliberales de la más extrema derecha, sectores tan poderosos y peligrosos como ridiculizables. ¿Es ese el discurso hegemónico sobre la crisis climática? No, no lo es. El negacionismo explícito más difundido tiene que ver con tuits sarcásticos como el del inicio de este texto. El capitalismo, verdadero culpable de la situación, ha vuelto a hacerlo; como si la emergencia climática en la que nos encontramos no tuviera que ver con el modelo productivo, asume la crisis como propia y devuelve almibaradas las historias de lucha. Los medios están repletos de actrices y actores compungidos exigiendo salvar el Amazonas, celebrities pidiendo que se tome conciencia de la gravedad del asunto y Greta Thunberg —queremos tanto a Greta— viajando en velero a Nueva York y encontrándose con Alexandra Ocasio-Cortés, una de las principales impulsoras del Green New Deal e icono del activismo limpito y canalizado por la Institución. El hombre hecho a sí mismo, superando barreras y cuestionando al poder, ahora es mujer ecologista. Poco más ha cambiado en el discurso. Así que no, el problema no es la negación, el problema es cómo pretenden darle un meneo a esto sin cuestionar el problema de fondo. Cuidado con los iconos que nos pueden cegar. Salgamos a la calle. Sigue siendo la mejor opción.

¿ES QUE HAY QUE ELEGIR?

A veces hay decisiones imposibles como aquel «qué dedo de la mano prefieres que te corte?»; pero, en la mayoría de los casos, lo que encontramos es el capitalismo poniéndonos por delante con total naturalidad opciones inmorales como «¿qué prefieres: trabajo o salud?»   La respuesta es inevitablemente otra pregunta: ¿es qué hay que elegir?   Un nuevo episodio de este dilema se vivió el pasado junio en el Campo de Gibraltar, cuando un incendio en una nave de almacenamiento de la fábrica de productos plásticos de Indorama, en San Roque, provocaba el pánico en la población local. No solo por la gigante columna de humo negro con ocasionales llamas que surgía del polígono de Guadarranque, sino porque en los primeros momentos se desconocía si el humo era tóxico o no, pese a la activación del plan de emergencias en la zona.   Este nuevo accidente ha puesto el foco en un debate que se sucede cada cierto tiempo: hasta cuándo tenemos que aceptar que nos den a elegir entre generar puestos de trabajo o una industria que no ponga en riesgo nuestra salud y la de nuestro entorno.   Desde el Campo de Gibraltar denuncian que el alto índice de cáncer en la zona, muy superior a la media nacional, está directamente relacionado con la industria petroquímica. Según el mapa de mortalidad elaborado por el Instituto de Salud Carlos III, dependiente del Ministerio de Sanidad, San Roque aparece teñida de rojo, lo que significa que tiene uno de los mayores porcentajes de casos de cáncer, especialmente de pulmón o de vejiga en la población masculina y de mama en la femenina. Las localidades que le rodean también están en índices elevados. Chipiona, Puerto Real o San Fernando, no se salvan de aparecer teñidas en este mapa. No solo eso, otros estudios alertan de cómo la contaminación provocada por la industria petroquímica afecta a ecosistemas locales y a la propia bahía.   Nos encontramos con zonas históricamente deprimidas que se ven sometidas a un chantaje tramposo: aceptar las industrias que nadie quiere instalar en su patio trasero a cambio de la promesa de empleos. La desigual relación centro-periferia fuerza a municipios o comarcas afectadas por altos niveles de paro y una precariedad agudizada por la crisis a tolerar en sus territorios las industrias contaminantes que los centros económicos no quieren en sus ciudades, aunque dependan de su energía y sus productos. La población de la zona, sin embargo, no se resigna a tener que negociar entre la salud o precariedad y pocas semanas después del incendio más de treinta organizaciones y colectivos convocaban una manifestación en San Roque para reclamar «Salud, clima y dignidad». Los convocantes reclamaban una diversificación de la industria de la zona que acabe con la concentración de industrias contaminantes y empiece a caminar hacia un nuevo modelo productivo con visión ecológica, partiendo de la economía social y que sea capaz de tener en cuenta las reivindicaciones ecofeministas que apuestan por poner la vida en el centro.   La respuesta del Gobierno andaluz, en cambio, apunta a más de lo mismo y así, apenas un mes después del incendio, aprobó una ampliación de fondo de barril de la refinería Cepsa de San Roque. La comisión delegada para Asuntos Económicos ha declarado dicho proyecto de interés estratégico para Andalucía, lo que permitirá una tramitación preferente a pesar de que el proyecto había estado en suspenso ante la falta de la declaración de impacto ambiental. No parece, por tanto, que el actual Gobierno andaluz esté tomando medidas por el camino que le indica la sociedad civil, que reclama, en primer lugar, una moratoria para la industria petroquímica y una apuesta por las energías renovables.   Las organizaciones convocantes, entre las que se encuentran la asamblea Ecofeminista, Marea Violeta, Extinction Rebellion, Ecologistas en Acción y muchas otras, han resumido sus reivindicaciones en una petición: «un cambio de modelo energético que mejore la calidad de vida de la ciudadanía, que respete nuestro medio ambiente y que no ponga en peligro nuestro futuro».    

¿Somos la generación perdida?

En un curso sobre educación ambiental al que asistí hace años, nos preguntaron si pensábamos que nuestras madres y padres habían vivido mejor o peor que nosotrxs. Respondimos mayoritariamente que creíamos que habían vivido peor, claro. Vivieron muchos años de represión franquista, algunxs incluso la guerra y el hambre, muchxs migraron de sus pueblos a barrios del extrarradio donde no había ni colegios, ni parques ni ná de ná. Fueron años de duro trabajo salpicados con algunas vacaciones en Matalascañas o un dominguito comiendo en una venta. Nuestrxs madres y padres trabajaron duro para darnos una vida mejor que la que ellxs habían vivido, estaba claro.

Luego nos preguntaron cómo pensábamos en el futuro que  vivirían nuestrxs hijxs y, tras unos segundos de desconcierto, contestamos, mayoritariamente, que también creíamos que vivirían peor. De repente, la distopía que el cine tantas veces había dibujado parecía estar echándosenos en lo alto. «Nos enfrentábamos a la dura afirmación de que somos la primera generación que piensa que dejará un planeta mucho peor del que se encontró, y esto implica una gran responsabilidad histórica».

Estábamos asistiendo al derrumbamiento de los derechos sociales y a la depredación de los recursos en un proceso tan rápido que quizá dábamos por hecho que era irrefrenable…Y no es que no hubiera voces que alertaran y denunciaran lo que estaba ocurriendo —que había muchas y desde hacía décadas—, pero no se estaba consiguiendo hacer comprender a la sociedad la urgencia y gravedad de aquello a lo que nos enfrentamos.

Sin embargo, cuando parecía que el futuro estaba perdido, «nuestrxs hijxs» se han levantado para decirnos «¡basta!» Esa generación más joven se ha rebelado ante la sentencia condenatoria que les habíamos dictado y exigen especialmente a aquellos que ocupan el poder, asumir nuestra responsabilidad ante la crisis climática, ecológica y civilizatoria a la que nos enfrentamos.

De ahí surge este número de El Topo  que tienes entre manos, propuesto por Salmorejo Rebelde-Extinction Rebellion Sevilla. Como ellxs mismxs nos cuentan en las páginas que sostienes, mientras esta edición de El Topo sale a las calles,  se está gestando una ola de rebelión climática en Sevilla, en Andalucía, en la península ibérica, en Europa, y en el planeta. Prevista para la primavera de 2020. Una rebelión surgida de la desesperación de activistas por la justicia climática ante la comprensión de que lo hecho hasta ahora no ha sido suficiente… hay que ir un paso más allá.

Este número tratará de hacer su humilde contribución a esta necesaria acción de resistencia planteando cuestiones como si el Green New Deal es una respuesta adecuada al problema que tenemos; si hay suficientes materiales en la corteza terrestre para abastecer el crecimiento necesario de las renovables y frenar así el cambio climático; si la caída en la producción de petróleo en América Latina arrastrará antes al consumo y si con ello se desbarrancará todo el sistema; si «otro mueble es posible»; si hacemos lo suficiente o simplemente calmamos nuestra pequeña voluntad de cambio compartiendo mensajes en las RRSS; o cuáles son las luchas sociales concretas que acometer en el área metropolitana de Sevilla para afrontar los problemas concretos existentes, en sitios específicos y de manera urgente.

Nos acercamos peligrosamente a puntos de no retorno donde se prevé un colapso económico que no vendrá de la mano de la financiarización de la economía, sino de enfrentar los límites físicos del crecimiento. Como leí hace poco a Yayo Herrero:

En esta situación, con la economía globalizada estancada y teniendo problemas estructurales para que crezca de forma sostenida y permanente, generando puestos de trabajo, asistimos a un proceso de saqueo, desposesión, expulsión de personas de sus territorios, fragilización del derecho al trabajo y empobrecimiento acelerado.

 No se trata (o no solamente) de la supervivencia del planeta, o de la humanidad como especie, sino de cómo esa supervivencia va a afectar (o está ya afectando) a la vida de las personas según el territorio o el barrio donde les ha tocado nacer.

La Real Fábrica de Artillería de Sevilla es una máquina del tiempo

«Habitar significa dejar huellas», Walter Benjamin.

    En la Fábrica de Artillería de Sevilla se encuentran los cuatro elementos clásicos definidos por Aristóteles y Empédocles que nos ubican en el pasado ancestral de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en sus relaciones con los procesos metalúrgicos allí desarrollados.  

El Aire. Es la innovación, el ingenio de la gente a lo largo del tiempo para sobrevivir mejorando constantemente sus condiciones de vida. A pesar de los conflictos y las dificultades y, siempre, pensando en la solidaridad. La Tierra. Es la materia prima, los productos que obtenemos del entorno, cercano o lejano; es la riqueza de la naturaleza que, a pesar del expolio, nos ha de resituar en un presente de carácter resiliente. El Fuego. Es la energía, tanto natural como artificial; es el motor de los cambios, pero también el límite de nuestro progreso, ya que hemos de reafirmarnos en la idea de que en todo intercambio de energía siempre hay pérdidas. El Agua. Es el flujo, aquella idea que expresa la permanente evolución; el dinamismo que nos ha permitido transformar el medio para comunicar, transportar y relacionar tanto a las personas como a las ideas. Pero nos falta un quinto elemento, tal como Miyamoto Musashi, en 1643, dejó escrito en su famosa obra El libro de los cinco anillos, el vacío, que en nuestra comprensión de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla significa la historia, la memoria, es decir, el patrimonio activo de esta fábrica y de la Sevilla industrial. Nuestra conceptualización de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla tiene que ver con el patrimonio industrial en su dimensión inmaterial de memoria del trabajo. El objetivo es ver y hacer ver los valores patrimoniales de este conjunto industrial desde su interconexión: la arquitectura, las máquinas, las fuentes de energía, los modos de organización laboral, los conflictos sociales y los procedimientos técnicos; para hacer que la fábrica hable, que cuente su historia, no con voces prestadas, sino con las auténticas voces de sus protagonistas. Los testimonios orales del personal laboral constituyen una información activa: histórica, económica, técnica, social y laboral sobre la Real Fábrica de Artillería de Sevilla. Componiendo un panorama de voces e imágenes que denominamos Rostros-Rastros-Restos. Un panorama compuesto por las historias de vida, los sucesos cotidianos, los acontecimientos extraordinarios, los recuerdos, las casualidades, los rastros invisibles, los restos tangibles y los rostros emocionantes de todas aquellas personas que, en algún periodo de vuestras vidas, habéis estado relacionadas con la RFAS.   Pensamos que no solo las catedrales, los palacios y los castillos, sino que también las fábricas deben formar parte del patrimonio cultural. A ello hay que unir el testimonio directo del personal técnico, del obrero y del empresarial, cuando sea posible, para componer una sinfonía de lo laboral; para poder establecer como fueron las condiciones de trabajo, los niveles salariales, las carencias económicas, el ambiente fabril, su higiene, los turnos, la relación con las máquinas. La memoria del trabajo, desde el presente, hacia el pasado, desde el conocimiento reflexivo que dan los años y la experiencia; para que lxs historiadorxs cuenten con nuevas fuentes para hacer historia. Para hacer historia antes de que lxs historiadorxs y la ciudadanía se olviden de nosotrxs y, nosotrxs, nos olvidemos de lo que hemos sido.  

Contribuir a una arqueología de la memoria obrera, patronal, técnica, que sugiere, que interroga, que muestra, que interpreta, que enseña, que denuncia, que valora, que, en definitiva, contribuye a hacer historia.  

El proyecto Rostros-Rastros-Restos quiere resaltar el papel crucial que han tenido en este proyecto las dinámicas de participación de la sociedad civil sevillana a través del antiguo personal laboral de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, de sus familiares y amistades. Queremos insistir en que las estrategias de gestión de los espacios industriales históricos de la ciudad de Sevilla deben articularse a través de un proyecto activo que utilice una metodología multidisciplinar más global que la puramente urbanística o arquitectónica que incorpore mecanismos de participación. Porque, con este proyecto, pensamos que la cohesión social y la gobernanza democrática pueden ser mejoradas desde la aceptación social y a través de la identificación y el compromiso de todos los entes interesados. En la Real Fábrica de Artillería de Sevilla se pueden conciliar las funciones de producir, aprender, vivir, crear y trabajar como acciones solapadas y en tránsito, que atraigan y generen conocimiento e innovación para fomentar la emergencia de una economía creativa, activando sinergias entre el patrimonio industrial y su potencial urbano. Trazar las líneas de acción específicamente dirigidas a potenciar los proyectos sectoriales integrados en ámbitos territoriales, culturales y ambientales que tengan implicaciones con otras políticas de las diversas áreas departamentales (empleo, turismo, educación, medio ambiente, energía, …).  

Nos gusta recalcar el concepto metodológico utilizado en Rostros-Rastros-Restos en su dimensión documental oral, viva y activa, concebida como bioinformación que constituye una base de datos disponible en tiempo real y actualización continua. Y nos encanta aplicar el modelo metodológico desarrollado para este proceso de investigación  que constituye un laboratorio virtual de trabajo que facilita el conocimiento de los espacios industriales históricos de Sevilla para su valoración y activación.   El proyecto Rostros-Rastros-Restos es un espacio simbiótico y de transición en las estructuras industriales abandonadas, una nueva cultura de hacer ciudad inmersa en las nuevas redes de comunicación entre colectivos e individualidades de la ciudad de Sevilla. Rostros-Rastros-Restos ofrece un soporte para establecer sinergias entre patrimonio, sociedad, contexto y cultura contemporánea. Rostros-Rastros-Restos fortalecerá los vínculos ya establecidos entre el grupo del antiguo personal de la RFAS con el sector productivo de la ciudad, las iniciativas de las pymes, las instituciones y las entidades sociales.   El proyecto Rostros-Rastros-Restos ha tratado de: capturar, documentar y producir los datos no visibles de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla y de su contexto urbano, social y patrimonial. Conectar el espacio físico y el social; los grupos de investigación y los espacios de producción; la energía y la innovación; la creatividad y la sociedad; la activación y la comunicación, y la gestión y la experimentación.  

Ilusión y subversión. Desmontando mitos de la arquitectura

Suena repetidamente en mi cabeza la famosa melodía: «It’s a kind of magic…». Será porque lo he vuelto a escuchar a alguien que pasó por uno de nuestros recintos de obra: «¡Esto que habéis hecho es mágico!». Nunca pensé que la arquitectura podía depender de alguna ciencia oculta. En todo caso, lo que hacemos desde Recetas Urbanas puede hacernos sentir el privilegio de vivir algo fuera de lo normal. Pero las normativas a las que nos acogemos lxs arquitectxs son las mismas que las que manejan las administraciones que nos supervisan. ¿Cómo es posible entonces actuar de manera poco convencional intentando cumplir la normativa?   Los proyectos suelen partir de una colectividad que no encuentra respuesta frente a una necesidad, la mayoría de las veces espacial y funcional. Son proyectos que bien por falta de recursos económicos, de conocimiento, de estructura legal, de presión pública o directamente por el color del gobierno en el poder, son rechazados por las administraciones públicas.       Lo ilustraré con el proyecto todavía reciente del Aula de Convivencia de Dos Hermanas, Sevilla. Se trata de un grupo de cuatro madres que un día nos escriben contando que llevan siete años reclamando a la Junta de Andalucía la construcción de un comedor para el centro escolar, público, donde sus hijos reciben la enseñanza infantil y primaria.  Habían mantenido varias reuniones infructíferas con el consejero de Educación, que representa a ocho millones de personas y basaba su respuesta en que no había dinero para el proyecto. Finalmente se comprometió a valorar una propuesta si encontraban una alternativa al modelo oficial. Claro, lo dijo sin imaginar que pudiese existir alguna y lo soltó como el que promete lo imposible. Es una estrategia conocida, la de detener una propuesta hasta que los burros hablen. Así consiguen cansar a un equipo hasta que se desintegre y, con él, sus proyectos. Pero esta vez no ocurrió así. A la invitación que recibimos por parte de las madres a presentar una propuesta, al igual que otros familiares técnicos del colegio, respondimos con la metodología que ya llevamos veinte años desarrollando. Propusimos trabajar con materiales de segunda mano e incluir la participación de voluntarios en la obra, consiguiendo abaratar el proyecto a una tercera parte del precio oficial presupuestado por la Junta para este tipo de infraestructura, y generando además una experiencia colectiva de valores incalculables. Todo se fue definiendo a base de reuniones, con técnicos del ISE (que si no sabéis qué es y queréis buscarlo, seguramente no podréis porque cambió de nombre) y otras entidades, a priori invisibles, que generan la supuesta magia. El Ayuntamiento de Dos Hermanas desbloqueó finalmente el presupuesto de 140 000 euros adjudicando una partida de la Delegación de Educación e Igualdad. Aunque parezca evidente, al área de Educación no le corresponde la edificación de los edificios docentes, eso es una competencia regional, únicamente se encargan de su mantenimiento. No obstante, y aprovechando que ambas áreas estaban bajo la misma concejalía, nos sacamos de la manga con todo el criterio, que Igualdad, entendiendo este proceso como de mediación y participación, pagase la factura, y así se resolvió uno de los muchos trámites, quizás el más importante, en un momento en que la reunión parecía dar al traste con el proyecto.   Hablemos de magia y de la cara de sorpresa o de tontos, según como preferís llamarla, que se nos queda al proponer algo a la EPSA, que ya es AVRA (os aseguro que no viene seguido de cadabra), cuando la maraña de papeles, regulaciones y exigencias para cumplir un derecho se convierte en algo imposible, entonces es el momento de descubrir al mago a veces llamado farsante. Era la época en la que La Carpa, cerrada a demanda del Ayuntamiento de Sevilla, vuelve sus ojos a la Junta de Andalucía donde están todas estas áreas anteriormente citadas y reales. Nuestra magia reside más en descubrir el truco, pero haciendo algo que la administración no está preparada para entender ni controlar. Por ejemplo, incluir gente no profesional, menores, abuelos, personas con diferencia funcional; «el gran ejército de los locos», como a Santi Cirugeda (impulsor de Recetas Urbanas) le gusta llamarlos, reunidos en un recinto de obra que se presenta cara al público con un cartel que sería totalmente convencional si no pusiera: «permitido el paso a toda persona ajena a la obra».   Si a estas alturas todavía esperáis algún truco os daré un par de definiciones. Primero la de la arquitectura alegal que son proyectos que utilizan para desarrollarse un vacío legal, una ausencia de reglamento o la falta de definición exacta dentro de un marco jurídico. Puede incentivar el cambio legal para su posterior legalidad y la creación de un mejor soporte jurídico, o servir como situación transitoria. La versión menos elegante pero muchas veces más eficiente es la arquitectura ilegal o los proyectos que asumen directamente la ilegalidad por no estar contemplados dentro de la ley ciertas necesidades o ciertos cambios demandados por comunidades o grupos humanos. Puede considerarse un acto de desobediencia civil o simplemente una solución de emergencia frente a una necesidad que no puede esperar a los tiempos de la administración o el cambio legal. Pone en juego la estabilidad o mejora de un grupo de usuarios.   Que más de 1200 personas, entre ellas más de 600 menores; involucrando a 17 entidades sociales, un centro penitenciario, tres universidades, sea el truco para autoconstruir el Centro Sociocomunitario Intercultural en la Cañada Real Galiana, en solo cinco meses, no nos deja impasibles al propio equipo de Recetas Urbanas. Además, todas las cláusulas sociales que esta metodología implementa, y que no venían en el pliego técnico de contrataciones sacado por el Ayuntamiento de Madrid, lo hace mucho más sorprendente y arriesgado. Es importante decir, que ese más difícil todavía, ha sido acompañado por un público activo y muy comprensivo como han sido las Consuelos de la EMVS (empresa municipal de vivienda y suelo) y el resto de su equipo, el comisionado de Cañada Real y algunos personajes del Ayuntamiento que han entendido la necesidad de una cogestión público y social.   Por eso lo más importante es la colaboración y el querer llevar a cabo un proyecto conjunto. Suena a sentido común, pero frecuentemente nos olvidamos de este fundamento y desgraciadamente son muchos los casos que no tuvieron un final feliz por falta de apoyo o porque una sola persona, con cierta relación de poder, se interpuso. Ya no sé si hacemos magia o no, pero sí hemos aprendido a cogerles el truco y al final la magia no se juega tanto con el público sino entre grandes magos.    

El Corral de San Antón

La calle san Antón, antiguamente conocida como Corral de san Antón, alberga en su número 5 al único corral que sobrevive, a duras penas, entre las calles del barrio de san Miguel de Jerez. Sus orígenes no están fechados con exactitud. Hay historiadoras que creen encontrar elementos del siglo XVIII y otras, sin embargo, que lo trasladan a finales del XIX e incluso principios del XX.

Claro exponente de la arquitectura popular, su valor reside fundamentalmente en su carácter etnológico, es decir en las formas de vida asociadas a este. La construcción horizontal en la que las casas se miraban unas a otras a los ojos y con multitud de zonas comunes, facilitaba que estas formas de vida se cimentasen en relaciones más colaborativas y cooperativas. Sin romantizar estas épocas a las que no les fueron ajenas el dolor y las injusticias, colocamos a estas casas y a los barrios que las albergaban, como cuna de una cultura popular de la que nos sentimos herederas. Los oficios artesanales, la cocina de la abuela o el flamenco, por ejemplo, tienen en estos espacios su lugar en la historia. Y la transmisión oral de saberes fue su vehículo. Este carácter etnológico es básico para comprender nuestro proyecto en esta época del patrimonio del selfie (o autoretrato), que viene a ser « considerar como bien patrimonial solo aquello ante lo que me puedo fotografiar». Y es que está claro que si un turista pasea por el barrio de san Miguel, es difícil incluso que se adentre por estas calles e impensable que se fotografíe frente a la fachada de nuestra casa. Sin embargo, los oficios, las formas de relacionarnos, las fiestas, los rituales, los saberes, la gastronomía, los modos de expresión, todo eso también forma parte del patrimonio, del patrimonio inmaterial o intangible.     Esta cultura del selfie puede ser el cenit de la cultura de la imagen, de la apariencia, de la sustitución o del espectáculo, como nos diría Debord, y es causa directa de que pensemos que solo debemos otorgar la categoría de bien patrimonial protegible sin discusión alguna a aquello que nos parece extraordinariamente bello, por el simple hecho de ser bonito, y conservar así solo aquello que lo hace parecer bonito. Pero ¿realmente estamos conservando la identidad de aquello que es patrimonial? El ejemplo más claro de esto en nuestra ciudad es el de las zambombas. Hace escasos años que fue declarada bien de interés cultural y, sin embargo, ¿es la zambomba de hoy en día la que recordamos de tiempos atrás? A esto nos referimos con una cultura de la sustitución, de la apariencia, de cómo lo que hoy protegemos es tan solo la apariencia de aquello que algún día fue y un reclamo turístico y de consumo más.   Este argumento de la cultura del selfie nos puede trasladar a esa leyenda tribal que nos cuenta que la fotografía te roba el alma. La magia de la fotografía hace posible presentar nuestro cuerpo despojado de su ente metafísico, sin vida, sin identidad, sin definición, sin biografía. Y en estas nos encontramos, en intentar darle vida al cuerpo objeto fotografiado.   La vida en las casas de vecinas, como en los barrios que las albergaban, nada tiene que ver con las formas asociadas a las nuevas urbanizaciones de unifamiliares. Así, cuando hablamos de ciudad no lo hacemos (únicamente) en términos físicos o estéticos, sino que (también) nos referimos a ese patrimonio inmaterial al que apuntábamos. Una frase nos ha acompañado desde el principio de esta andadura: «no eliges un tipo de casa ni un modelo de ciudad; lo que realmente eliges es una forma de vida». Por tanto, la ciudad también debe ser explicada en términos de relación y entendemos el urbanismo como la relación de quienes viven con el espacio en el que viven. Esto no es un factor único, sencillo e intrascendente, sino que el desarrollo urbanístico de la ciudad tiene enormes consecuencias en la política, en lo social, en lo cultural, en lo económico… Así, estamos pasando de un modelo de ciudad (la de los barrios históricos como san Mateo o san Miguel) que de manera intrínseca conlleva relaciones más colaborativas, cooperativas, a otro modelo de ciudad (el actual de unifamiliares y urbanizaciones cerradas-privadas) en la que prima el individualismo.   A día de hoy, ya podemos valorar las consecuencias de la globalización al margen de las consabidas de naturaleza económica: las ciudades, a modo de supermercado, se nos presentan como expositores de una gran superficie comercial y pierden por completo sus identidades. ¿Podría, por ejemplo, haber surgido, o haber resistido, el flamenco con la estructura de este nuevo modelo de ciudad? No nos imaginamos el flamenco surgiendo en una urbanización privada, con calles cerradas, en las que solo transitan coches, y en una unifamiliar. Jerez presume de duende y el duende está noqueado, contra las cuerdas. Nuestro trabajo, en definitiva, no es el de la defensa de estos saberes, sino el de la rehabilitación y consolidación de las estructuras que los hacen posibles.   Una de las características más agresivas de estos nuevos modelos de ciudad es la eliminación de los espacios de encuentro (tanto en lo privado, con la desaparición o la reconversión de las casas de vecinas, como en lo público). En las últimas décadas nuestras ciudades se han transformado, primando un modelo de ciudad ligado al capitalismo, en el que la rentabilidad económica es el eje sobre el que gira. Así, el espacio público se ha convertido en mero nexo de unión de mercancías en lugar de ser un punto de encuentro, un espacio dialéctico; y la calle se considera tan solo el camino para ir a trabajar o a consumir. Este lugar de encuentro ha ido siendo conquistado lentamente por la privatización del espacio público y ahora vemos cómo solo nos relacionamos en las calles o en las plazas de nuestros centros cuando el espacio ha sido privatizado en forma de terraza de bar. Hablar de el Corral de san Antón es hacerlo también de su alter ego, la asociación el Arrabal de san Miguel, cuyo trabajo de barrio ha quedado sobradamente demostrado en su corta pero intensa existencia, con actividades como las «Jornadas de uso del espacio público» o la denuncia del abandono del solar que une las calles san Antón y Pollo. En estos trabajos hacemos hincapié en la necesidad de pelear estos espacios de encuentro en los que los vecinos y las vecinas del barrio puedan volver a relacionarse. Este es un barrio, el de san Miguel, con dos núcleos poblacionales muy diferenciados (población autóctona de edad avanzada y una nueva población inmigrante), en el que apenas hay lugar para conocerse y compartir, y en cuya vida el Corral de san Antón quiere verse integrado y realizar actividades que sirvan de herramientas para la conexión tanto generacional como multicultural. En el ámbito privado también se eliminan los puntos de encuentro. Nuestra educación nos hace entender el mundo dividido en dualidades: lo bonito y lo feo; lo bueno y lo malo; la verdad y la mentira. En los últimos años ha resurgido un debate de mucha importancia histórica en la teoría política: lo público versus lo privado. Sin embargo, la forma de gestión que realmente está siendo derrotada es la que se escapa de todo tipo de control: la popular. Ese era el caso de las casas de vecinas, en las que los espacios comunes eran integrados en el día a día de la vida personal, pues se compartía hasta la cocina y los baños. Volvemos a resaltar que no queremos romantizar la vida en estas casas de vecinos, pero la estructura de estas forjaban un carácter que nada tiene que ver con la creciente atomización de la sociedad. Así, por ejemplo, cuando no había para que todas las vecinas hicieran un guiso, cada vecina compraba uno o varios de los ingredientes del plato y entre todas hacían una gran olla para repartir, tal como nos cuentas antiguas vecinas de nuestro barrio.   El proyecto de rehabilitación del Corral se sustenta en su conversión en un espacio para el barrio y para la ciudad; un lugar de encuentro para los movimientos sociales y para la economía combativo-colaborativ,a y, sobre todo, un espacio para la cultura crítica, alejada de los objetivos de los cánones de mercado. Es por todo ello que el Corral no es un simple espacio en el que convivirán distintos proyectos, sino que se entenderá en su común, como un espacio colaborativo y cooperativo en el que todas las personas que participen deben crecer.   Aún en fase de rehabilitación, el Corral contará con tres zonas: Por un lado, una estable de trabajo. No era difícil ver que los bajos de estas casas servían de esparterías, estererías, platerías, zapaterías, talleres de relojería, carpinterías, sombrererías, tapicerías, y que la transmisión oral de saberes permitía que los niños y las niñas de estas casas y de las de alrededor, aprendieran y heredaran estos oficios. Los oficios se han transformado mucho, pero la cooperación, el aprendizaje y el crecimiento colectivo, deben guiar estos espacios tal como en muchas ocasiones ocurría en aquellas antiguas casas. Por otro lado, un local multiusos para asambleas, ponencias, jornadas, talleres, cine-club, presentaciones de libros, sala de exposiciones, etc. Este espacio se encuentra en un estado bastante avanzado en su fase de rehabilitación, lo que ha posibilitado que en los últimos meses hayamos podido hacer ya un uso provisional de él: el Festival de Cultura Compartida; la presentación de la revista La Madeja; unas jornadas sobre migrantes y refugiadas; un ciclo de cine feminista; un taller de serigrafía y otro de fanzines; o la creación de un grupo de masculinidades, han sido algunas de las actividades que ha acogido nuestro local multiusos en los primeros meses de este año. La idea  es que este espacio sirva para todo aquel colectivo que lo necesite, que se coordine una agenda común y se posibilite el encuentro con otros colectivos. Toda persona que haya participado en los movimientos sociales de nuestra ciudad sabe lo complicado que es encontrar lugares de encuentro para nuestras actividades, cuya asistencia se reduce en la mayoría de los casos a las personas integrantes del colectivo organizador. Así, pretendemos que la asistencia a las actividades pueda ser más diversa y crear ese espacio de encuentro que tanto anhelamos. Y por último, un mercado social librería-cafetería. La cafetería nos dará un elemento clave: la cotidianidad, y, con ella, la posibilidad de crear relaciones de afinidad basada en los cuidados, un espacio en el que nos encontremos de manera natural, que propicie unas relaciones de confianza que se nos hacen necesarias. Con el mercado social pretendemos facilitar el acceso a los productos de economía social de nuestra ciudad. La librería, por su parte, será una librería vinculada a los movimientos sociales y a la formación de una conciencia crítica, en la que cada libro será como un ladrillo de la casa que entre todas vamos a construir. De esta casa: el feminismo, los movimientos migratorios, la ecología, la salud, la política antiautoritaria o la cultura crítica, no serán invitados, sino que serán algunos de sus habitantes, y un gran salón será su lugar de reunión. Tampoco dejaremos de lado la decoración de la casa y haremos de la belleza estética otro de los frentes de reapropiación. De momento ya contamos con una pequeña distribuidora de la mano de nuestras amigas y amigos de Libros de la Herida, Cambalache, Traficantes de Sueños y Virus. Hablamos de socializar el espacio y no de alquilar talleres. No queremos crear proyectos que no tengan nada que ver unos con otros, sino que queremos hacer visibles otras formas de trabajar en las que la cooperación, la autogestión y el apoyo mutuo sean ejes vertebradores. Es necesario caminar hacia la reapropiación de la economía y lo económico. Hablar de economía ha sido siempre un tabú para ciertos sectores de los movimientos sociales y políticos antiautoritarios, al tener la extraña sensación de que la economía es algo de lo que solo deben hablar los de derechas o aquellos regímenes autoritarios, mientras nosotras seguíamos mendigando por un trozo de pan y vendiendo nuestra fuerza de trabajo a aquellos contra los que luchamos. Sin embargo, la economía es algo que creamos entre todas y que existe desde mucho antes de que existiera el capitalismo. Un reparto equitativo de la economía debe ir de la mano del resto de luchas (feminista, anticapitalista, antiautoritaria, ecologista, etc.) y estas no deben olvidar el aspecto económico. Queremos educar en la economía social y cooperativa, dándole el significado que pensamos que debe tener, es decir, reapropiarnos del concepto y de las realidades económicas usurpadas por el capitalismo y, por tanto, hacer de la economía uno de nuestro campos de batalla. Queremos, a su vez, colaborar en la consolidación de aquellos proyectos que trabajan desde esta perspectiva. Una solidez del común que no permita que lo individual vaya cayendo poco a poco y que sí permita, en la medida de lo posible, crear realidades que faciliten nuestra salida del mundo laboral asalariado, explotador y asesino. El Corral, en definitiva, es una necesidad política, social y cultural. El Corral es la necesidad de la belleza de los corazones en llamas.

Un pinar, un Metro, dos bases

Andalucía al servicio de la soberanía del capital: sobre pinares, transportes públicos, bases militares y sus relaciones con la acumulación del capital global

Para el historiador canadiense Quinn Slobodian, el neoliberalismo, desde su origen, responde a la pregunta de cómo proteger el capitalismo de la democracia. El neoliberalismo tiene por objetivo afianzar la soberanía del capital sobre las personas. En plena hegemonía neoliberal, apenas nos sentimos con el derecho de pensar qué economía queremos para nuestro pueblo, para nuestra ciudad, para Andalucía. La actual soberanía del capital impide no solo la soberanía popular, sino siquiera imaginarla. Nos parece normal que se pueda comprar o vender algo que no ha sido producido como una mercancía (como un pinar en Chiclana), que se pueda ganar dinero financiando una empresa que gestiona un servicio público (Metro de Sevilla) o que los recursos naturales de un continente entero (África) estén al servicio de una revolución económica supuestamente inmaterial (la economía digital). Todo ello bajo una desregulación y descontrol (del capital) que requiere, ahora más que nunca, del control estatal y del uso de su herramienta por antonomasia (el ejército). A continuación vamos a ver, a través de algunas noticias aparecidas en las últimas semanas en Andalucía, algunos casos de cómo la soberanía del capital pone la vida al servicio del dinero.

Un pinar en Chiclana y unos chicos de Mineápolis

La financiarización o expansión del capital financiero tiene sus raíces en el declive de los beneficios industriales, lo que obliga a los capitales a buscar otros lugares más rentables para sus inversiones. La política monetaria también ha servido para fomentar la financiarización. En este sentido destaca la «flexibilización cuantitativa» mediante la cual los bancos centrales han puesto ingentes cantidades de dinero en manos de fondos privados con las cuales han podido comprar enormes cantidades de activos. En Andalucía, los grandes fondos de capital han impulsado la especulación inmobiliaria especialmente en las grandes ciudades y en las zonas de litoral.

En esta situación hay que enmarcar la denuncia de Toniza-Ecologistas en Acción Chiclana respecto a la destrucción del mayor pinar de la costa de Sancti Petri, con una superficie de más de 60 000 metros cuadrados, destinado a urbanizarse con 206 viviendas de lujo. La operación la promueve Aedas Homes, una promotora ligada al fondo de capital estadounidense Castlelake.

En el año 2013, un desconocido fondo de Mineápolis, Estados Unidos, decidió entrar en el mercado inmobiliario español. El fondo aprovechó la mejor oferta de suelos de la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB o «Banco malo»), el Proyecto Crossover. Castlelake pudo así hacerse con un lote de suelo con gran descuento. Los «chicos de Mineápolis» fueron haciéndose con más suelos a la mitad del precio de lo que se paga hoy. Su secreto estuvo en detectar que los bancos necesitaban vender terrenos al valor al que los tenían en libros. El problema es que, entonces, no valían ese precio, así que este fondo estadounidense aceptó esos importes a cambio de realizar el desembolso en largos plazos. Así logró crear una cartera de terrenos a precio de crisis, que en realidad pagó cuando alcanzaban precios mucho más elevados. Chicos listos.

Posteriormente el fondo entendió que necesitaba crear su propia inmobiliaria para lo que creó Aedas Homes. En todos los casos, la inmobiliaria compra suelo denominado «no finalista» para promover su transformación urbanística hasta que alcancen el estadio de suelo finalista, es decir, estén listas para construir sobre ellas. Para ello negocian con gente como el alcalde de Chiclana, José María Román Guerrero. Así lo venden:

esta nueva línea estratégica aumenta la visibilidad del plan de negocio de Aedas posterior a 2023 y se suma a la habitual disciplina de inversión de la compañía focalizada en la compra de suelos residenciales fully permitted en las zonas de mayor demanda del país.

A día de hoy el mapa de los grandes especuladores de suelo en Andalucía y España lo componen tres grandes fondos internacionales: Castlelake, Lone Star y Värde. Como dice un conocedor del sector: «No van a quedarse, son financieros. Se irán para volver en otro momento o a otro segmento». Compran barato, venden caro, se van y esperan a la siguiente oportunidad para continuar especulando con todo aquello que pueda reportarle beneficios.

El Metro de Sevilla y los fondos de pensiones de las universidades inglesas

La Línea 1 del Metro de Sevilla tuvo un coste definitivo de 890 millones de euros, más del doble de lo presupuestado. Inaugurado en abril de 2009, hoy día esa infraestructura pública la gestiona la multinacional Globalvia, que pagó 157 millones de euros en 2014. Desde 2012 el Metro de Sevilla no ha dejado de incrementar sus ingresos y beneficios. En 2018 ingresó 61,3 millones de euros y los beneficios alcanzaron los 18,1 millones de euros. Estos beneficios no son suficientes para contentar las demandas sindicales de mejor cobertura de las bajas, excedencias y reducciones de jornada, lo que ha llevado a paros y huelgas en los últimos meses.

Globalvia nació en el año 2007 de la unión entre Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) y Bankia. A día hoy está controlada por tres fondos de pensiones, a saber: el canadiense OPTrust, el holandés PGGM y el inglés USS. Optrust tiene unos activos de 16 440 millones de euros, administra el plan de pensiones Opseu, con más de 86 000 personas entre miembros y jubiladas, fundamentalmente en el territorio de Ontario. PGG, por su parte, dispone de 186 600 millones de euros en activos. Por último, USS, Universities Superannuation, es el principal fondo de pensiones para universidades e instituciones de estudios superiores en Reino Unido y tiene un fondo de activos de unos 68 365 millones de euros. Globalvia destina fondos a «seguir creciendo mediante la compra de proyectos de autopistas y ferrocarriles». De este modo, estos fondos utilizan los ahorros de estudiantes ingleses o jubilados holandeses o de Ontario para apropiarse de riqueza proveniente de la prestación de servicios públicos como el Metro de Sevilla. Es un claro ejemplo de globalización financiera.

Con la financiarización el capitalismo contemporáneo crea un mercado mundial de dinero. Los capitales pueden entrar y salir con facilidad de negocios, Estados, y los inversores institucionales o «ZinZin» (como compañías de seguros, bancos, fondos de pensiones o fondos de inversión) se convierten en los actores relevantes. Estos fondos imponen la rentabilidad requerida a la actividad económica que financian, ya sea a costa de precarizar el empleo, destruir el medio natural o, incluso, atacar a personas que denuncian sus malas prácticas (para otro artículo dejamos la posibilidad de analizar cómo medios de comunicación como El País y la Cadena Ser hablan de Green Blood al mismo tiempo que colaboran con Cobre las Cruces, del grupo minero canadiense First Quantum Minerals).

Rota, Morón y la mano visible militar del capitalismo global

Tanto la globalización financiera como la economía digital o capitalismo de plataformas han necesitado y necesitan la intervención estatal. El capitalismo y el militarismo (en particular el imperialismo de EE UU) no son dos fuerzas paralelas, sino que están inextricablemente entrelazadas. Los estrechos vínculos entre crisis ecológica, capitalismo y militarismo se pueden observar si se tiene en cuenta para lo que son movilizadas estas fuerzas: se despliegan principalmente en regiones ricas en recursos y cerca de rutas estratégicas de transporte marítimo que mantienen en funcionamiento la economía globalizada. En palabras de Thomas Friedman: «La mano invisible del mercado no puede funcionar sin un puño escondido. McDonald’s no puede prosperar sin McDonnell Douglas, el diseñador del F-15. Y el puño escondido que mantiene el mundo a salvo para que las tecnologías de Silicon Valley prosperen se llama el Ejército, las Fuerzas Aéreas, la Armada y los Marines de EE UU».

El capitalismo de plataforma no es algo «etéreo», sino que en realidad conlleva enormes impactos ambientales y energéticos. Jim Thomas, codirector del Grupo ETC, ejemplifica esto en tres sectores: el iceberg de la infraestructura digital, la demanda de almacenamiento de datos y la voraz demanda energética del uso de las plataformas digitales. En la satisfacción de esa demanda energética y de materiales es donde juegan un papel esencial los ejércitos. Y Andalucía, mejor dicho su suelo, es esencial en la estrategia del mayor ejército del mundo y «puño escondido» del capital global.

Así podemos entender la noticia, de escasa repercusión por cierto, sobre el refuerzo del despliegue militar en la base de Rota. El Gobierno español ha dado el visto bueno a Estados Unidos para que un destacamento de helicópteros navales se localice en la base militar gaditana. Y todo ello sin reformar el convenio bilateral de defensa, como se había hecho hasta ahora en casos similares.

Tanto Rota como Morón forman parte la vasta infraestructura militar de EE UU, formada por más de 800 bases con sus flotas navales y aéreas. En particular, las bases estadounidenses en suelo andaluz son muy importantes para el control de África. La base de Morón se convirtió en 2015 en base operativa de Africom, el mando militar de Estados Unidos para África y el Mediterráneo. Rota es también la ruta ideal para comenzar las operaciones en el continente africano, subraya el Pentágono en su estrategia de movilidad aérea. La distancia entre la localidad gaditana y Yibuti es de poco más de 3000 millas náuticas (5500 kilómetros).

La violencia policial y militar contra las poblaciones a menudo está relacionada con la resistencia que se ofrece ante proyectos extractivos. La organización de derechos humanos Global Witness observó en 2015 que cada semana son asesinadas tres personas por defender sus tierras, bosques y ríos en su lucha contra de las actividades extractivas necesarias para el capitalismo digital. «Los productos realmente innovadores son los que dejan su huella en el mundo, no en el planeta», afirma Apple en su página web. Si atendemos a este bonito eslogan propagandístico, apenas existen productos realmente innovadores en la nueva economía digital. Casi todos dejan una huella de sangre en el mundo.

Ni buitres, ni cocainómanos, ni Estado mínimo

Y sin embargo, la situación no se explica mediante fondos «buitre», cocainómanos avariciosos o Estados mínimos o no intervencionistas.

Los buitres limpian lo muerto, no matan lo vivo, por tanto la metáfora carroñera apenas tiene que ver con el capitalismo extractivo y sus fondos de capital «chupópteros», que parasitan o destruyen vida para extraer riqueza. Los directivos avariciosos no son la causa de nada, sino meras herramientas, al igual que los puños y manos visibles de la soldadesca que utiliza la violencia al servicio del capital desde suelo andaluz.

Comencemos a llamar a las cosas por su nombre y a ser capaces de relacionar lo que ocurre en nuestro territorio, pueblo o barrio con un sistema global de sustracción de recursos que provocan destrucción y muerte.  

EE UU vs China:

guerra comercial, geopolítica y cinismo

El Gobierno y una parte del sector privado estadounidense, se empeñan en una guerra comercial con China que en apariencia responde a los caprichos de Trump. Se habla menos —porque preocupa más a Occidente— de que China se perfila como el próximo líder tecnológico a nivel mundial, lo que desata serias disputas por la primacía geoeconómica y geopolítica.

La guerra comercial: bombardeo de aranceles

EE UU ha declarado una guerra comercial contra su competidor número uno a nivel mundial centrada en la imposición de aranceles, que generaron una reacción de China en la misma dirección. Esto ha implicado un aumento en los costes para las empresas y las consumidoras estadounidenses, la proyección de una disminución de la producción económica anual en China y un escenario de ansiedad ante una posible desaceleración del comercio mundial.

Al tropel de aranceles contra productos chinos se agregan medidas controversiales que exacerban las tensiones: una orden ejecutiva de Trump que restringe la venta de productos Huawei y ZTE Corp en EE UU. A su vez, el Departamento de Comercio de EE UU, colocó a Huawei en la lista negra que prohíbe a personas y empresas estadounidenses vender productos a estas compañías, a menos que cuenten con una licencia especial del Gobierno (licencia que puede ser denegada en virtud de la seguridad nacional o para resguardar los intereses de EE UU en el exterior).

La clave de la disputa es que China está liderando el desarrollo de la tecnología 5G, que implica un cambio profundo en tecnologías de la comunicación y la información: permitirá un tiempo de respuesta de la red de un milisegundo y una velocidad de conexión 100 veces más rápida que la actual red 4G, además de un ahorro de energía del 90% respecto a los sistemas actuales. Todo indica que en 2020 esta tecnología llegará a las principales ciudades del mundo y China será la gran exportadora.

La nueva Guerra Fría tecnológica

Así, la ira de Trump contra el gigante asiático se explica por el hecho de que en breve China pasará de ser un Estado que copia recetas, a diseñar tecnología punta. Y es que China ha aumentado exponencialmente su inversión en ciencia y tecnología, como lo muestra la política industrial «Hecho en China 2025», que apunta a lograr mayor autonomía en áreas clave de la economía. A esto se suman las joint ventures con empresas de tecnología de punta extranjera, a cambio de abrir acceso al enorme mercado chino y el crecimiento exponencial en el pedido de patentes.

Mientras tanto, en EE UU los expertos declaran la existencia de una crisis en STEM (ciencia tecnología, ingeniería y maquinaria) sin precedentes que está beneficiando el desarrollo tecnológico en otros países a costa del rezago tecnológico en EE UU. Esto pondrá en peligro no solo el «bienestar económico», sino la «seguridad» estadounidense, pues la tecnología 5G «podría aumentar la capacidad de espionaje de Beijing sobre gobiernos y empresas occidentales» —le quitaría a Occidente el monopolio que viene detentando en este rubro— como muestra Wikileaks.

Lo bueno de este escenario (según los expertos estadounidenses) es que los retrotrae al lanzamiento del Sputnik soviético en los años 60. En ese momento hubo un giro por parte del Estado y sector privado de EE UU para empujar y reforzar el desarrollo científico tecnológico: «los estadounidenses se focalizaron en ganar la carrera espacial en cada aula, en cada campus universitario (…) Estamos acercándonos rápidamente a otro momento Sputnik», advierten.

Dos apuntes sobre la Guerra Fría

El primero, sobre el cinismo: los procesos económicos nunca están escindidos de la política y las posibilidades de cambio. En la periferia —América Latina, África y buena parte de Asia— la Guerra Fría fue muy caliente: una guerra contrainsurgente que se cobró millones de víctimas y que aniquiló procesos revolucionarios o reformistas por doquier. Contrainsurgencia especialmente financiada por EE UU y las potencias occidentales (en un revival de dominación colonial). Lo cínico es que es en esos mismos territorios donde existen hoy pueblos que carecen del acceso a avances tecnológicos propios del siglo XX: no tiene agua potable, no tienen luz o alcantarillado, no tienen internet, porque no tienen luz y deben soportar los avatares climáticos desatados por esta guerra tecnológica (desertificación, montañas de basura y residuos químicos, etc.) que termina beneficiando a un puñado de corporaciones transnacionales y a minorías privilegiadas a costa de mayorías empobrecidas y un planeta al borde del colapso. Son víctimas directas (no «colaterales») de las diversas guerras libradas por las potencias.

El segundo: la guerra tecnológica es siempre guerra por recursos estratégicos, disputa geopolítica. ¿Quién se apropiará de los recursos necesarios para estar en la punta del viento? Ejemplo: EE UU importa casi el 80% de los metales de tierras raras de China, minerales utilizados para todas las nuevas tecnologías: celulares, baterías, vehículos eléctricos, energías verdes, aplicaciones militares, insumos médicos, etc. Es probable que China se niegue a brindarle acceso a estos recursos clave. Fuera de China, las mayores reservas de tierras raras del mundo se encuentran en Brasil. El Gobierno de Bolsonaro está «orgullosamente» alineado al Gobierno estadounidense, en particular en materia de seguridad. Pero sigue siendo uno de los principales socios comerciales de China a nivel latinoamericano. Así, EE UU busca ampliar su influencia en ese país, especialmente en el ámbito militar, como una forma de garantizar mercado (y de paso consolidar el cerco militar contra Venezuela, para garantizar futuro acceso al petróleo de ese país). Las Fuerzas Armadas de EE UU tienen clara la necesidad de garantizar el acceso a los recursos estratégicos. Es un alto precio que deben pagar los pueblos latinoamericanos.

Desde el Sur reclamamos: más dignidad, más justicia, más conciencia. No a las guerras.

Ganadería industrial, capitalismo agrario 2.0

La industrialización capitalista del sistema agroalimentario va de la mano de los oligopolios de la agroindustria, el uso masivo de insumos, la mecanización y la expulsión o explotación laboral de campesinas y destrucción ambiental. A cambio, ¿qué se hace con las enormes cosechas de cereales fruto de esta industrialización?: alimentar ganado, lo que transforma el modelo ganadero extensivo milenario, acoplado a cada territorio, por uno intensivo y cada vez más industrializado.   ¿Cómo funciona y por qué decimos #StopGanaderíaIndustrial?

El proceso de industrialización del sistema agroalimentario ha ido de la mano de la rápida transformación desde una dieta saludable —rica en legumbres, verduras, frutas y cereales— al predominio de otra dominada por alimentos de origen animal como la carne, los preparados, los huevos o los lácteos, y con repercusiones en la salud como enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes o cáncer. Pero no solo el excesivo consumo de productos de origen animal nos enferma, sino que ingerimos enormes cantidades de antibióticos y hormonas que se suministran al ganado para que sobreviva y (re)produzca en condiciones de hacinamiento. Esto genera bacterias multirresistentes que acaban en los organismos humanos, perdiendo eficacia los tratamientos antibacterianos: la OMS pronostica que en 2050 la resistencia a los antibióticos será la principal causa de muerte por enfermedad.

Pero la ganadería industrial y la enfermedad humana contribuyen al PIB. Y mucho. Así que necesitamos urgentemente consumir #MenosYMejor: si consumes productos de origen animal, que sean locales y de ganadería extensiva, preferiblemente con base agroecológica. Además, no hay planeta B y estamos destruyendo el que habitamos. La ganadería industrial es una de las principales causas del cambo climático, ya sea por sus propias emisiones de gases de efecto invernadero, como por las que generan otros sectores asociados, dada su naturaleza transnacional. Sumemos: la agricultura industrial, fuente del alimento de la ganadería industrial, es gran emisora de dióxido de carbono y óxido nitroso por la mecanización y la fertilización química. La deforestación asociada a la transformación de bosques en cultivos de soja para producir piensos emite igualmente grandes cantidades de dióxido de carbono. Las fuentes de energía no renovable, necesaria para transformar los productos y mantenerlos refrigerados o congelados durante sus largos viajes, emiten muchísimo dióxido de carbono. Juntos, el transporte, la deforestación y la energía no renovable, emiten entre un 25% y un 30% de los gases de efecto invernadero a nivel mundial. La ganadería industrial achicharra el planeta.   Y, al menos, ¿el mundo rural sale beneficiado? Desgraciadamente, tampoco. El capitalismo agrario no necesita personas. Las explotaciones industriales están mecanizadas, no precisan más que una única persona, a menudo falsa autónoma que asume sus propios costes laborales aunque trabaje, de forma encubierta, para una empresa. Todo se sustenta en un modelo de integración vertical en el que lo que lo importante (animales, piensos o servicios veterinarios) es propiedad de la empresa integradora, mientras que lo malo (costes laborales, inversiones y deuda para la construcción de las naves ganaderas o la gestión de los purines) se lo queda la persona trabajadora. Además las zonas rurales, ya con problemas de falta de servicios sociales, agudizan su despoblación con el desarrollo de esta industria. Para sectores como el turismo rural sostenible o la ganadería extensiva resulta imposible desarrollarse o permanecer: los malos olores, el agua contaminada y la emisión de gases tóxicos como el amoniaco, no solo no atraen gente ni para vivir ni para disfrutar, sino que interfieren con otros modelos productivos agroecológicos.   ¿Y por qué ahora tanto ruido? España y China acaban de firmar un acuerdo comercial, en parte motivado por una epidemia en el sector porcino asiático, según el cual se podrá exportar no solo carne congelada o deshuesada y curada como hasta ahora, sino también carne fresca, jamón y embutidos. España se consolida así como el tercer exportador mundial de carne de cerdo, solo detrás de EEUU y, precisamente, de China. Así, cada día en nuestro territorio se registran nuevas solicitudes de ampliación o apertura de fábricas de carne, leche, huevos o mataderos.   En Andalucía, por ejemplo, la multinacional El Pozo —cuya integradora se llama Cefusa— ya ha expandido sus tentáculos hacia Huércal-Overa, Gacia y María, en Almería, y La Puebla de Don Fadrique, Castillejar y Bácor-Olivar, en Granada. En estas comarcas, plataformas vecinales se oponen a sus proyectos porque conocen desde hace años las consecuencias de tener estas fábricas. De hecho, las plataformas de Pozuelo en Albacete y Yecla en Murcia han logrado parar proyectos similares de la misma empresa, por lo que saben que es posible. En la provincia de Sevilla, la comarca de los Alcores se lleva la peor parte, con unas 80 000 cabezas de ganado (¡una cada dos personas!) en 57 granjas autorizadas. Todas están en el término municipal de Carmona, donde no hay una ordenanza municipal que regule el tratamiento de los purines. Resultado: a partir de los años 80, el agua de los pozos empezó a acumular nitratos, antibióticos y residuos de productos fitosanitarios (herbicidas, pesticidas, fertilizantes químicos) que redujeron su disponibilidad e hicieron el agua no apta para consumo humano.   Así que toca luchar para explotar la burbuja de la ganadería industrial. Año tras año, el censo porcino en España va batiendo récords y supera ya la cifra de 30 millones de cerdos (¡en Aragón ya hay 8 cerdos por persona!) y llega al 19% de toda la producción europea. Plataformas vecinales coordinadas en la plataforma Stop Ganadería Industrial están obteniendo éxitos parciales con la paralización de proyectos, pero se necesitan consumidoras críticas para sacar de nuestros platos este modelo industrial y administraciones públicas responsables que hagan lo propio con los comedores escolares, de los hospitales o de los centros para la tercera edad. El capitalismo agrario morirá porque con recursos limitados no se puede crecer indefinidamente, lo sabemos. Eso sí, morirá matando y la duda es quien morirá antes: él o nosotras. Se acabó el tiempo, ahora es la hora de la soberanía alimentaria.  

Andalucía ante el cambio global

Una gran convergencia de sectores sociales diversos a favor de la transición hidrológica

Culminando por el momento una trayectoria de quince años, el pasado mes de marzo la Red Andaluza de la Nueva Cultura del Agua celebró en Priego de Córdoba la XII Fiesta Andaluza del Agua. Como conclusión del encuentro se aprobó un manifiesto que fue apoyado por trece importantes organizaciones de ámbito andaluz, además de muchas otras de carácter local. Un gran conjunto que representa a un amplio abanico de perspectivas e intereses sociales, desde el mundo ecologista hasta el agrario, pasando por el sindical y el vecinal. Tras las experiencias de las alegaciones conjuntas al Plan de Sequías y al borrador del Reglamento del Ciclo Urbano del Agua, este manifiesto representa otra iniciativa muy significativa de coordinación y acción unitaria de sectores sociales diferentes.

La trayectoria de la Red Andaluza de la Nueva Cultura del Agua

En 1995, un pequeño colectivo de activistas malagueños formó el Grupo de Trabajo del Valle del Genal. Su elaboración de discurso (con el libro El Genal apresado. Agua y planificación: ¿desarrollo sostenible o crecimiento ilimitado, de 1998) y su ágil y flexible organización, fue un punto de referencia fundamental para el movimiento andaluz en defensa del agua y está en el origen de la Red Andaluza de la Nueva Cultura del Agua (Ranca, Málaga, 25 de mayo de 2001), que desde entonces agrupa a colectivos que trabajan en los ríos Genal, Guadiaro, Vélez, Nacimiento y Grande, en la provincia de Málaga; Riopudio, Guadaíra, Corbones y Guadalquivir, en Sevilla; sistema Fuente-Charca y Huerta de Pegalajar y acuíferos de Jódar y de la Loma de Úbeda, en Jaén; ríos Almanzora y Adra y acuíferos del Campo de Níjar y de Dalías en Almería; ríos Hozgarganta, Guadalete, Barbate y la laguna de la Janda en Cádiz; ríos Castril, Guardal,  Guadalfeo y Guadiana Menor, en Granada; estuario del Guadiana, Tinto, Odiel y acuífero de Doñana, en Huelva; Guadiato, Hornachuelos y arroyo Bejarano, en Córdoba, entre otros.

Desde su constitución, la Red se fijó como objetivos fomentar iniciativas de encuentro entre colectivos comprometidos en la promoción de una nueva forma de entender la relación social con el agua; presentar proyectos de acción en torno a los problemas más relevantes del agua en Andalucía, sin excluir las conexiones con el conjunto de la península Ibérica; dinamizar la interacción entre el mundo científico-técnico y los movimientos sociales, fomentando el debate y la coproducción de conocimiento (como el mapa colaborativo de los conflictos del agua que acabamos de poner en marcha).

En sintonía con estos objetivos, la Ranca lleva 16 años trabajando en la difusión de los valores naturales, económicos y patrimoniales de los ríos, fuentes, manantiales, acuíferos y zonas húmedas de Andalucía. La Red se articula a través de lista de correos electrónicos, redes sociales y página web; y de la Fiesta del Agua de Andalucía, cuya primera edición se celebró en Ronda en el 2004, tras la que la Red ha recorrido buena parte de los escenarios sociales del agua en Andalucía: Pegalajar, Alcalá de Guadaíra, Coín, Ayamonte, Almería, Arcos de la Frontera, Jódar, Guadalcacín-Jerez de la Frontera, Castril y Priego.

En estos años, los movimientos ciudadanos defensores de los valores de la nueva cultura del agua han conseguido éxitos importantes como la paralización del azud de río Grande en Coín o del complejo urbanístico de Los Merinos, la sentencia contra el dragado de profundización del Guadalquivir o el encauzamiento del Guadalete en Grazalema, pero también quedan muchos conflictos por resolver, como el uso de las aguas subterráneas en el entorno de Doñana, la proliferación de permisos para fracking (fracturación hidráulica) en Jaén, la recuperación de los ríos Guadalete o Guadaira, o la privatización de servicios públicos del agua, y problemas de fondo que afrontar, como la aplicación definitiva de la Directiva Marco del Agua, lucha contra el cambio climático, etc.

En la etapa más reciente, al calor de procesos globales (crisis, activación del movimiento por el derecho humano al agua) y locales (intensificación de dinámicas de privatización de sistemas de abastecimiento, surgimiento de grupos municipales alternativos) se ha constituido en toda España un movimiento de defensa de la gestión pública del agua (Red Agua Pública) en su dimensión urbana (abastecimiento y saneamiento). Esta corriente, que ya ha tenido eco en las páginas de números anteriores de El Topo, se está materializando en la Red Agua Pública Andalucía. Marea Azul del Sur, con una interesante, e imprescindible confluencia con el movimiento de carácter más rural, territorial y patrimonial de la Ranca, que sintoniza plenamente con la defensa del discurso antagonista frente a la privatización neoliberal. En noviembre de 2017 se celebraron unas jornadas de la Red Agua Pública Andalucía. Marea Azul del Sur, en las que se profundizó en los aspectos discursivos y organizativos de este movimiento.

El Manifiesto de Priego[1]

Con este telón de fondo, en este último encuentro de Priego, se aprobó el siguiente documento:

«El objetivo de la XII Fiesta Andaluza del Agua (Priego de Córdoba 22-24 de marzo de 2019) ha sido contribuir a la construcción de la nueva mayoría social, ambiental, ciudadana, sindical y agraria capaz de cambiar las políticas hidráulicas agotadas, y de impulsar la transición hidrológica, en el marco de la transición ecológica general que los cambios globales (económicos, energéticos, climáticos y laborales) están imponiendo.

El nuevo Gobierno andaluz ha puesto sobre la mesa la necesidad de redactar un Pacto Andaluz por el Agua. Esta iniciativa solo tendría sentido en la medida en que siente las bases para poner freno a una política del agua que favorece la sobreexplotación de recursos a través de dinámicas especulativas que ocasionan la actual situación de degradación de ríos, arroyos, humedales, estuarios, aguas costeras, acuíferos y de los servicios ecosistémicos asociados, agravada por los efectos del cambio climático. Esta situación de deterioro de los ecosistemas y de los recursos hídricos y la urgencia en la adaptación al cambio climático, exigen abordar el reto de la transición hidrológica que deberá ser uno de los elementos claves de los mensajes y las acciones de las organizaciones sociales que apuestan por la sostenibilidad. El escenario de grave preocupación que ha señalado el último informe del Panel Internacional de Cambio Climático para 2030 no admite dilaciones.

La aplicación del derecho humano al agua y la defensa de la gestión pública del agua, que han sido ejes fundamentales de la movilización social en Andalucía en la última década para hacer frente a los problemas de pobreza hídrica y de privatización de servicios públicos, son también cuestiones claves para seguir promoviendo modelos avanzados de gestión del agua en nuestros pueblos y ciudades. En este proceso, la declaración de Cádiz de noviembre de 2017 evidenció el compromiso de varios operadores públicos por el cambio de modelo de gestión en unas jornadas impulsadas por las mismas organizaciones que estamos hoy en Priego. En este  sentido, el borrador del reglamento del Ciclo Urbano del Agua de Andalucía ha incorporado, fruto del trabajo colectivo desarrollado hasta el momento, importantes avances en esta materia, y ha servido para ampliar y articular el discurso social y ecointegrador del derecho humano al agua. Aunque el reglamento no se ha aprobado en la pasada legislatura y en la nueva haya dudas razonables sobre su aprobación, este trabajo es ya un referente que debemos seguir defendiendo en pro de la gestión pública como mejor garante del derecho humano.

Desde el punto de vista de la cohesión social y territorial, es necesario atender de manera solidaria a los territorios en los que continúan los procesos de despoblación y empobrecimiento, agudizados por el cambio climático. En estos casos debe contemplarse como criterio prioritario la integración del paisaje en las actuaciones de desarrollo, permitiendo la modernización de territorios deprimidos con el menor impacto posible en el medio. Es esencial la conservación y gestión sostenible de las zonas de sierra y cabeceras hidrográficas de gran importancia para la cantidad y calidad de las aguas que todas las personas necesitamos y usamos. El desarrollo de estas zonas no puede someterse a criterios mercantilistas ni mucho menos debe amenazarse con el desarrollo de negocios agroganaderos esquilmadores, sobre todo de agua y suelo.

Es necesario abrir un profundo debate sobre el regadío que incluya el apoyo a pequeñas y medianas explotaciones profesionales que contribuyen al equilibrio territorial, al asentamiento de la población rural y al relevo generacional; la denuncia de los procesos de crecimiento abusivos y especulativos; el desarrollo de modelos de agricultura y ganadería ecológica y de baja huella hídrica; la redistribución del agua disponible con criterios de eficiencia productiva y laboral; las posibilidades de reutilización de aguas regeneradas y la desalación, preferentemente con energías renovables; las tarifas volumétricas, y la aplicación de instrumentos de bancos públicos de agua.

Es necesario también establecer criterios de cohesión y justicia territorial en relación con las políticas de recuperación de costes en los sistemas del ciclo urbano del agua, incluidos los niveles de eficiencia y los sistemas de depuración de aguas residuales que arrastran importantes déficits en Andalucía y que requieren una atención prioritaria.

En estos momentos, tenemos que afrontar de manera inmediata el comienzo de los trabajos del tercer ciclo de planificación hidrológica (2022-2027). Los documentos iniciales de las demarcaciones andaluzas ya están en información pública y las aportaciones de los colectivos y organizaciones implicados en la defensa del agua son fundamentales para garantizar el «control social» de los planes hidrológicos. Además, este proceso coincide con la revisión de la Directiva Marco del Agua que está en pleno debate y la discusión entre defensores de esta norma y un grupo de Estados y sectores con intereses que piden una rebaja de los niveles de exigencia de la DMA.

En el contexto de sobreexplotación y deterioro de las masas de agua en el que nos encontramos, es indispensable la prohibición de los permisos de prospección y explotación de hidrocarburos mediante técnicas de fracturación hidráulica debido al volumen de agua que requieren y al alto riesgo de grave contaminación que implica.

Es necesario que las fuerzas políticas no solo incorporen las adecuadas propuestas a sus programas, sino que además tengan la voluntad real de ponerlas en práctica eficazmente, de forma transparente y con mecanismos válidos de participación proactiva de la sociedad. Es necesario también desarrollar una pedagogía social efectiva para facilitar la transición hidrológica, ya que se trata de una transformación de modelos de pensamiento, para el que el cambio de la educación ciudadana y escolar son básicas.

2018 fue el año del acuerdo social por los ríos y la gestión pública del agua suscrito por más de 150 entidades en toda España. En Andalucía elaboramos las alegaciones conjuntas al Plan de Sequías del Guadalquivir por parte de organizaciones ambientales, consumidores y usuarios, sindicatos y organizaciones agrarias (un hito en los movimientos sociales andaluces relacionados con el agua) y las aportaciones colaborativas de esos mismos colectivos al reglamento del Ciclo Integral del Agua de Andalucía (otro gran hito). Esto nos debe servir de base para seguir ampliando y fortaleciendo los lazos entre organizaciones de la sociedad civil que tenemos, ahora más que nunca, el reto de seguir planteando alternativas a las políticas del agua que garanticen la protección de los ecosistemas, la gestión pública, la participación, la solidaridad y la justicia ambiental.

Estos retos son solo algunos de los que tenemos que abordar durante 2019, para lo que contamos con la experiencia de muchos años de organización y movilización social y la implicación de organizaciones sociales y de personas a título individual desde el mundo académico, técnico y la sociedad en general.


[1] Firmantes del manifiesto: AEOPAS (Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento), CCOO (Comisiones Obreras), COAG Andalucía (Unión de Agricultores y Ganaderos de Andalucía), EeA (Ecologistas en Acción), FACUA Andalucía, Consumidores en Acción, FNCA (Fundación Nueva Cultura del Agua), Fundación SAVIA, ISF (Ingeniería Sin Fronteras), SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), SEO/BirdLife (Sociedad Española de Ornitología), UGT (Unión General de Trabajadores), UPA (Unión Pequeños Agricultores y Ganaderos), Marea Azul del Sur, WWF-ESPAÑA (World Wildlife Fund).

La actuación portuaria en la avenida de las Razas

Reflexiones sobre su incidencia en las relaciones puerto-ciudad

En 2007, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, firmaron un convenio de colaboración entre ambas administraciones para la desafectación de los terrenos pertenecientes al dominio público portuario situados en la avenida de las Razas, denominados ARI-DBP-08.

Había transcurrido poco más de un año desde la aprobación definitiva del plan general de ordenación urbana (PGOU) que, considerando que esos terrenos ya no tenían interés para la actividad portuaria, los incluía bajo la novedosa denominación de «zona de servicio con carácter transitorio», con vistas a su desafectación futura. A este extraño modo de clasificar unos suelos incluidos en el sistema general portuario se unía la aceptación por parte del Ayuntamiento —recogida en la normativa correspondiente del Plan— de todos los postulados de la Autoridad Portuaria relativos a su total autonomía en cuanto a plazos y ámbitos a desafectar de la zona de servicio del puerto y a la posterior aprobación de los correspondientes instrumentos de planificación.

Así, tras unas primeras fases de elaboración del PGOU especialmente controvertidas en lo que a la relación puerto-ciudad se refiere, volvían a prevalecer los intereses del puerto sobre los de la ciudad, convirtiendo en papel mojado buena parte de los postulados defendidos por los redactores del Plan al inicio del proceso. Esta circunstancia se viene repitiendo en Sevilla cada vez que se procede a revisar el planeamiento urbanístico municipal.

La génesis de la operación que comentamos se remonta al plan de desarrollo que, por encargo de la Autoridad Portuaria, redactara en 1999 la consultora McKinsey. En dicho documento se sugería la posibilidad de obtener recursos mediante la desafectación y enajenación de terrenos para así financiar la construcción de la nueva esclusa y el dragado del río, considerados por entonces la única opción viable de desarrollo del puerto.

De hecho, con base en el programa de infraestructuras y ordenación de actividades portuarias incluido en el Plan director de infraestructuras del puerto de Sevilla de 2006, se desafectaron del dominio público portuario unos suelos situados en el entorno de la avenida de las Razas, que ocupan una superficie aproximada de 232 000 m2, de los que algo más de la mitad corresponden a viales de circulación. Asimismo, a tenor de la valoración realizada en 2008, el Consejo de Ministros autorizó a la Autoridad Portuaria a enajenar 160 000 m2 situados en dicha avenida, tasándose los bienes en un monto de 52 millones de euros.

La crisis económica sobrevenida por esas fechas, así como las dudas que planteaba el polémico dragado, supusieron un freno a las pretensiones del puerto. Solo diez años más tarde, la Autoridad Portuaria decide impulsar la operación, que en septiembre de 2018 se presenta como parte del Plan Estratégico 2025.

Las determinaciones para el desarrollo del ámbito finalmente recogidas en el PGOU comprenden una superficie total de 165 698 m2 de suelo, de los que 77 230 m2 se destinan a zonas verdes y equipamientos y 57 820 m2 se consideran de viario, resultando una superficie aproximada de suelo edificable de 30 648 m2, a los que asigna una edificabilidad total de 137 529 m2 construibles para uso de «servicios avanzados», con una altura máxima de once plantas y una tolerancia de usos compatibles (terciario o vivienda en alquiler de carácter público y social) del 25% de la edificabilidad asignada al área. Y conforme a estos valores se halla actualmente en tramitación el plan especial que permitirá transformar esos suelos y ejecutar una propuesta que concentra los usos lucrativos en cuatro grandes manzanas a lo largo de la avenida de las Razas y localiza la mayor parte de los usos terciarios en las cabeceras norte y sur.

Sin embargo, con anterioridad a la aprobación definitiva del PGOU, el desarrollo de esta área había sufrido muy diversas modificaciones y así lo reflejan las distintas fichas elaboradas en el proceso de redacción del mismo. Así, en el documento aprobado inicialmente en 2004, la ficha correspondiente, con un ámbito idéntico al de la aprobación definitiva, destinaba esos suelos a vivienda y servicios terciarios. En cambio, en el avance de 2002, reflejo de la voluntad municipal de ordenar de modo conjunto ambas márgenes de la cabecera del puerto, se recogía un ámbito de 297 734 m2 que se extendía al norte del puente de las Delicias, con el objetivo de configurar un frente público que contextualizase las sinergias entre el área universitaria de Reina Mercedes y las propuestas singulares de la margen derecha. Para ello, se introducían usos residenciales en dos manzanas de la margen oriental de la avenida con cuatro plantas de altura, así como actividades terciarias y equipamientos en las naves del frente occidental, destinándose a espacios libres la totalidad del muelle.

Era una previsión muy alejada de las determinaciones finalmente aprobadas en el PGOU, reflejo de la paulatina renuncia por parte del Ayuntamiento a la deseada remodelación y recuperación por parte de la ciudad de la actual cabecera del puerto, significada en las notables diferencias entre la ordenación contemplada en el avance y la del texto refundido del PGOU: reducción del ámbito a casi la mitad de la superficie inicialmente prevista, incremento de la edificabilidad lucrativa a más del doble, eliminación de la preceptiva incorporación de viviendas, destinándose la totalidad de los suelos lucrativos a «servicios avanzados», así como el incremento de la altura máxima de la edificación desde las cuatro plantas del avance a las once que se contemplan en el documento de aprobación definitiva.

Hemos asistido pues, una vez más, a un entendimiento fragmentado y parcial de las relaciones puerto-ciudad, de indudable trascendencia en la reconfiguración del frente urbano de la margen izquierda de la dársena en un tramo de más de dos kilómetros de longitud, donde será difícil generar esas sinergias inicialmente pretendidas por los redactores del PGOU. Por contra, asistiremos próximamente al anuncio de la subasta de estos suelos, así como a la reconversión de las naves de la margen occidental de la avenida a usos terciarios que, mediante concesiones, contribuirán a la banalización de la ordenación de esta única y sensible parte de la ciudad en contacto con la dársena, que se sumará a la ya aprobada implantación de una gran superficie comercial —Sevilla Park— en la otra margen, dando al traste con cualquier posibilidad de ordenación conjunta de la actual cabecera del puerto.

Mi cuerpo queer

Cambiar mi cuerpo y transitar hacia un mundo sin género

Desde hace algunos años me defino como genderqueer, una identidad de género no binaria: ni hombre, ni mujer, ni —en mi caso— tampoco en algún punto entre ambos extremos. He llegado a definirme así después de un proceso de muchos años. Fui asignado hombre al nacer; fui criade y educade como chico. En este proceso me he beneficiado de los privilegios que el patriarcado asigna a los chicos, pero también he sufrido mucho y sigo viviendo con mis heridas y cicatrices. Tenía una relación bastante conflictiva con mi/la masculinidad, habiendo intentado encajar en varias masculinidades (hetero, gay…), cada vez con menos éxito. Llegué a un punto en el que dije «¡ya basta!», estaba cansade de ser definide como hombre, y de la presión de cumplir con (o resistir a) lo que significa ser hombre en nuestra sociedad.

Definirme como genderqueer es una forma de romper las normas del género. El binarismo es un sistema tan hegemónico que es difícil salir de él. No solo soy yo quien define mi identidad, sino que estoy definide en casi cualquier encuentro social. Me niegan cada día mi existencia, y la verdad es que estoy harte, harte de esta negación de mi identidad como persona genderqueer, harte de que la gente me ubique a la fuerza en sus cajas binarias sin que nadie me pregunte dónde me sitúo yo. No sé cuántas veces me ha ocurrido que, cuando una persona me saluda en el supermercado como caballero, me gustaría responder «¡Jódete!, no soy hombre, ¡no me niegues mi identidad!». Pero no lo hago. No tengo la fuerza para corregir a cada una de las personas que me lee (sin preguntarme).

Definirme como genderqueer también ha sido una liberación, un acto político, mi rechazo al patriarcado, a los privilegios masculinos que este me ofrece (y que algunos todavía me otorgan cuando me leen como hombre). Desde entonces, ya no estoy luchando contra mi/la masculinidad, ni intentando encajar en nada.

Queerear mi cuerpo

Pese a ello, la invisibilidad continúa, y esto me ha llevado a plantearme cambiar mi cuerpo, empezando un tratamiento hormonal para demasculinizarlo, siempre con la idea de transitar hacia ningún lugar específico, sobre todo no hacia un género opuesto (¿opuesto a qué?). Mi objetivo es quizás un cuerpo más raro, más queer; es decir, salir de lo normal y con esto hacer más difícil ser leíde socialmente como hombre.

En un principio no ha sido fácil conseguir el tratamiento. El sistema de salud de Andalucía se queda en el binarismo y solo encontré incomprensión en la Unidad de Atención a Personas Transexuales (!) en el hospital Virgen de Rocío en Sevilla. La guía de buenas prácticas del Servicio Andaluz de Salud se limita a recomendaciones para la transición de hombre a mujer o viceversa. Lo queer, lo no binario, no está previsto. Finalmente he conseguido tratamiento con el apoyo de Transit, en Barcelona, donde respondieron a todas mis preguntas y dudas, y me ayudaron a conseguir las hormonas a través de mi centro de salud en Sevilla.

Un cuerpo en transición

He optado por tomar solo estrógenos y no tomar antiandrógenos, algo que normalmente también se toman en un proceso de transición de hombre a mujer para bloquear la testosterona. Los estrógenos, pese a que también bloqueen un poco la producción de testosterona, inician principalmente el desarrollo de aspectos sexuales secundarios femeninos. Finalmente, después de casi un año de tratamiento, puedo contar algunos cambios:

  • Los pechos están creciendo, también noto un aumento de los pezones y más sensibilidad tanto en los pezones como de los pechos en general.
  • Una disminución de la libido y también de la respuesta sexual. La respuesta sexual me había preocupado bastante antes del inicio del tratamiento, pero ahora me da realmente igual. Eran los restos de un miedo masculino que se ha evaporado. También la producción de semen ha disminuido. Me da igual, pues no quiero reproducirme: ¿infertilidad?, ¿y qué? No hay cosa menos relevante en mi vida que mi fertilidad.
  • Las primeras dos analíticas de seguimiento muestran un nivel de testosterona muy bajo, dentro de los niveles típicos femeninos. Esta bajada sorprendió tanto a Transit como a mí, ya que no estoy tomando antiandrógenos. Por otro lado, los niveles de estrógeno están ahora dentro los niveles típicos femeninos.

Más allá de los cambios físicos, es difícil atribuir los cambios emocionales directamente al tratamiento hormonal, pues el inicio del tratamiento coincidió con otros cambios en mi vida. Me siento más equilibrade, más cómode dentro de mi cuerpo cambiante, llene de curiosidad en relación al proceso de cambio.

Más allá de esto, con un cuerpo cada vez más queer vienen otros problemas. Para comprar ropa hay tiendas y secciones masculinas o femeninas (la ropa es ropa, ¡la ropa masculina o femenina no existe!) y, además, ¿a dónde voy?, ¿a un baño público? Hombre o mujer, no hay otras opciones. Si voy al baño de mujeres y me leen como hombre podría tener problemas. En el baño de hombres es peor, ya que las personas trans o queer no son bien vistes y el riesgo de acoso es alto, especialmente en bares. Prefiero evadir los baños públicos siempre que puedo. ¿Qué pasa con los vestuarios en la piscina pública?, ¿O qué pasaría en caso de una detención en una acción directa no violenta?

Hacia un mundo sin género

¿Podría haberme planteado cambiar mi cuerpo en otro contexto, en una sociedad post-género, es decir, sin género? Es poco probable. La decisión de hormonarme tiene mucho que ver con cómo esta sociedad cisheteropatriarcal niega mi existencia y me impone su sistema binario. Un cuerpo —mi cuerpo— es tan socialmente construido como el género. En cada encuentro se lee a mi cuerpo dentro de un marco binario, y aunque los cambios resultantes de la hormonación no pueden evitarlo por completo, al menos lo hacen más difícil.

A veces sueño con un mundo sin género. ¿Qué significaría un mundo sin género? Para mí, si el género no importara, nos permitiría más diversidad; la no necesidad de adaptarnos a normas (escritas o no), y la no necesidad de cambiar el cuerpo. En un mundo sin género las personas podrían elegir una profesión, el modo de vestirse (solo habría secciones de ropa para todes) y comportarse libremente. Además, podrían expresar, sentir, amar y desear a quien quisieran y como quisieran y, en definitiva, elegir de manera propia todo lo que el género construye y atribuye. Y, por último, lo más importante: un mundo sin género sería un mundo que no asume la dominación masculina sobre lo femenino. Un mundo sin género sería un mundo sin privilegios masculinos.

Algas

Hay frases que de repente te las encuentras y se te enredan. Se enganchan de tu muñeca como un alga que cuando avanzas se va apretando en el lugar colonizado como un brazalete, como si siempre te hubiera acompañado.

Yo tiendo a coleccionarlas: de vez en cuando me palpo los brazos, los tobillos, el pelo… comprobando que las algas-frases me siguen acompañando. Trato de fijarlas con una estricta ausencia de metodología: en las notas del móvil, en un cuaderno, mandándole mensajes a mi yo del futuro, con fotos… por si las pierdo en el camino.

La última frase que me atrapó me cortó la circulación y me dejó instalada una angustia recostada sobre el esternón, pero también me hizo recordar todas las otras frases que aún seguían conmigo.

Leía un cómic sobre Tina Modotti paseándome con pereza por las viñetas y de repente llegó el alga-frase y me dio un latigazo helado y gelatinoso en la cara: «Otro tiempo vendrá distinto a este. Y alguien dirá: hablaste mal, debiste haber contado otras historias…». Me sonó a epitafio maldito. A la condena eterna que te diría tu peor enemigo en el lecho de muerte. ¿Puede haber algo peor que desperdiciar la vida contando las historias equivocadas? Implica no haber sabido elegir el bando, no distinguir lo importante, pelear las batallas que no eran. No haber sido capaz de crear una cama de historias que nos sirviera de colchón donde poder echarnos, desde el que poder saltar.

Tengo otra que me acompaña y me sirve de contrapeso. Supongo que en realidad puede tomarse por el lado negativo, pero a mí siempre me reluce con algo de glitter optimista. Me la encontré un día en una residencia de Zemos98, creo que en un taller con Marina Garcés: «lo que pasa no despasa», se repetía. Y a mí me dio mucha tranquilidad, porque nada era en balde aunque no hubiéramos ganado. Porque aunque las cosas se acaben (bien, mal, finito) no se acaban del todo, queda una huella que se autoreplica. Pero, sobre todo, porque aunque al final parezca que nada cambia, nosotras somos cambiadas. Somos cambiadas, me gusta así, en pasiva, como atravesadas por un rayo.

Tengo otra que viene conmigo desde hace mucho tiempo. De cuando Greil Marcus me daba patadas en la cabeza al compás de Rastros de carmín. Esta es una frase que quizás solo exista en mi cabeza porque en el libro del que la saqué nunca he vuelto a encontrarla. Al menos no tal cual. Pero en algún momento se agarró a mi nuca porque tengo un recopilatorio hecho por mí con una carátula donde perpetré uno de mis primeros acercamientos al Photoshop, sobre una foto en blanco y negro de Sid Vicious, escribí con una tipo horrible: «El punk hace que todo parezca posible». Marcus aseguraba que la potencia del punk está en crear situaciones en las que todo puede suceder. He tenido esa sensación varias veces, a menudo con el corazón retumbando al ritmo de una batería y un montón de gargantas berreando al unísono, pero también rozándonos los codos en las manifestaciones o acarreando escombros para robarle algún solar desolado a la especulación. Mirarnos y pensar: «somos capaces de todo».

«Hay que ir a los sindicatos, informarse y luchar para perder el miedo»

Muchas luchas laborales consiguen sus objetivos y empoderan a las plantillas que participan en ellas. Una de estas luchas victoriosas fue la de algunas camareras de piso del hotel Barceló Sevilla Renacimiento a finales de 2018. Lucía, Ángela y Lola, kellys en este hotel y organizadas en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), nos lo cuentan.

«De un día para otro el hotel decide, por una denuncia a inspección de trabajo, echar a la subcontrata para la que trabajábamos. Un día, de repente, nos dijeron que dejáramos el uniforme y no volviésemos más a trabajar», empieza Lucía cuando le preguntamos por qué comenzaron su lucha. En aquellos momentos, antes del despido, estas camareras de piso sufrían fuertes niveles de precariedad: «echábamos unas 8 horas al día y, por ejemplo, hacíamos 10 habitaciones y cobrábamos a destajo por habitación hecha, unos 2 euros por habitación», sigue explicando Lucía.

Tras el despido, «fuimos solo 8 compañeras a la lucha de unas 32 trabajadoras porque las demás tenían miedo. Cuando ganamos nos favorecimos solo las 8 que luchamos y que firmamos el acuerdo con la empresa con el apoyo de la CNT», comenta orgullosa Lucía.

«Decidimos ir con la CNT porque sé que es un sindicato por y para las trabajadoras, no como otros sindicatos», expone Lucía; y añade: «Es importante que un sindicato no se deje gobernar por nadie». Así, asesoradas y apoyadas por la CNT,

no hizo falta llegar a la huelga. Cuando estábamos despedidas, estuvimos concentrándonos en la puerta del hotel durante un mes tras meses intentando que la empresa entrara en razón y nos readmitiese. La empresa cedió cuando estábamos planificando una manifestación por el centro de Sevilla,

expone Lucía. Ángela añade que durante las movilizaciones

tuvimos el apoyo de la Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla (AFUS), la Asociación Élite del Taxi, grupos de kellys de Huelva, Málaga, Granada, compañeros y compañeras de CNT de otras secciones sindicales, partidos políticos como IU y Participa, que presentaron una moción de apoyo que se aprobó en el pleno municipal.

También les apoyaron familias y amigos. «Decían que lo íbamos a conseguir. Creo que nosotras éramos las que menos nos creíamos que íbamos a ganar», comenta Ángela esbozando con una sonrisa.

Ahora tenemos mejores condiciones laborales porque la nueva subcontrata cumple el convenio. Entramos y salimos a la hora marcada, la carga de trabajo no está regulada del todo, pero es mejor que antes, más controlada. Ahora cobramos unos 1000 euros al mes,

expone Lucía. «También hemos mejorado porque ahora estamos dadas de alta de manera continua. Antes, los días que no trabajábamos nos daban de baja, no teníamos antigüedad, ni vacaciones, nada», añade Lola. Desde entonces, estas trabajadoras siguen en contacto con las kellys de otras zonas. «Hemos ido a Jerez a apoyar a Manuela Vargas porque su empresa no quería pagarle. Hemos apoyado también a los compañeros de CNT en los autobuses del Consorcio de Transporte en Sevilla y en otras empresas», comenta Lola. La combatividad de estas trabadoras llevó, por ejemplo, a que el último 8M, cuando había convocada una huelga general feminista, la empresa diera descanso a todas las trabajadoras que estuvieron en lucha.

«Ahora tenemos menos miedo. Algo que es mío que no me lo quiten. No estoy pidiendo más de lo que he trabajado y que se me valore», dice Ángela. «No se valora nuestro trabajo, porque en un hotel sin las camareras de piso no hay nada», añade Lola. «Hay que ir a los sindicatos, informarse y luchar para perder el miedo», apostilla Lucía. «Nosotras teníamos muchísimo miedo la primera vez que fuimos a CNT y ahora no. Me pasa cualquier cosa en el trabajo y protesto. Antes nos castigaban sin contratarnos, nos faltaban al respeto. Ya no», explica Ángela.

«Nos deberían contratar directamente. Muchos de los problemas que tenemos es por culpa de las subcontratas, como que no se nos reconozcan muchas enfermedades laborales como las esqueléticomusculares y el estrés. Vamos a seguir, esto no se acaba aquí, esto es solo el comienzo».

Las grietas de la doctrina:

caravanas de esperanza

Afirma Naomi Klein que vivimos en un estado permanente de shock, esto es, en un estado de conmoción social permanente que nos impide reaccionar frente a nuestros propios miedos. Existimos en el horror de una profunda crisis que tiene su correlato de salvación: el neoliberalismo y la extrema derecha. Esta asociación no es casual, pues es el antídoto propuesto por los mismos agentes que inyectan en las sociedades el veneno de la crisis: los mercados, la banca, la desregulación, la privatización y los títeres políticos.

El capitalismo necesita un rostro humano, entre amable y mediocre, capaz de convencer a un pueblo anestesiado de que no existe otra salida. Frente a la razón política única, lo demás es utopía. Durante la resaca poselectoral en Europa, pudimos asistir a una rotunda metáfora acerca de este absolutismo: la imagen del líder de Liga Norte, el italiano Matteo Salvini, besando un crucifijo en su comparecencia a los medios, agradeciendo a dios el resultado de las elecciones y afirmando que este no lo ha ayudado a él: ha salvado a Europa y a Italia del enemigo, que es la izquierda. Los designios de dios son inapelables, supremos. De este modo, Salvini y sus aliadxs se acogen a este derecho divino, el de consolidar una Europa blanca y católica; en consecuencia, islamófoba y enemiga de lxs migrantes. Este derecho divino se presenta como contraposición a los Derechos Humanos inherentes a la vida y a la libertad.

Naomi Klein también dice que lo que nos mantiene alerta y a salvo de la conmoción, es nuestra propia historia. La sociedad vive bajo la aceptación común del dogma que afirma que la democracia es concurrir cada cuatro años a unas elecciones. Esta creencia actúa como tabla de salvación de un sistema que legitima sus prácticas durante un período de tiempo, con posibilidad de revalidarlas. Es la ley. Pero ¿es esta la legitimidad última? ¿Y si aceptamos los Derechos Humanos como legitimidad última, por encima de los derechos de los diferentes Estados? Si así fuese, podríamos aceptar que en nosotres mismes se encuentra la fuente del derecho y no exclusivamente en los campos políticos e institucionales. Entonces, ya no habrá que temer a nada, excepto al miedo en sí.

El bombero malagueño Miguel Roldán es un ejemplo de esta actitud por derecho legítimo y propio: el derecho a salvar vidas. En el año 2016 pone rumbo a Lesbos, decidido a colaborar en el rescate de personas refugiadas en la isla griega. Un año después, se embarca con la ONG alemana Jugend Rettet para salvar vidas en el Mediterráneo central durante veinte días; 14 000 personas rescatadas en total. Hoy, Miguel está acusado, junto a nueve compañeres, de un supuesto delito de tráfico de personas. Completan el grupo siete alemanes, un portugués y una escocesa, con acusaciones idénticas que les pueden acarrear hasta veinte años de prisión. Por poner cuerpo-cabeza-corazón, por defender que la vida y la dignidad humana no se negocian, por entrar en la grieta de una doctrina de la muerte. No obstante, afirma Miguel que esos veinte días se desarrollaron sin incidentes, en un barco coordinado con la MRCC de Roma, la autoridad de búsqueda y rescate de Italia. «Si ellos decían que no nos podíamos mover, no lo hacíamos, aunque incluso en alguna ocasión un barco se estuviera hundiendo ya.»

Es también este estado de shock el que nos permite generar tolerancia al relato del horror. La imagen del niño Aylan Kurdi, ahogado en una turística playa turca, nos zarandea unos instantes de nuestra zona de confort y nos conmueve al mismo tiempo que nos permite aumentar nuestra resistencia a tanta atrocidad. Nada puede ser peor, mucho menos una cifra: 35 597. Al amparo de los medios de masas, la doctrina sabe que no es la muerte en sí lo que remueve, sino su condición de existencia, es decir, hacerla visible. Frente a la cifra de les invisibles, pesa más nuestro propio miedo a la supervivencia individual, regida por el principio de escasez: aquí no hay para todes. Nadie quiere ser el otro. No queremos ser pobres, no queremos ser sospechosos, pero ¿quién determina los límites de lo propio, los límites de un nosotros? Hace unos días, analizaba un documental[1] que expone el relato de diferentes mujeres subsaharianas refugiadas en Melilla a la espera de poder cruzar a Europa. Me atravesó especialmente el testimonio de una mujer que, al tomar conciencia de los peligros del viaje justo al salir de Mali, pensó en regresar a su país. Le frenó aceptar que el peligro que perseguía tanto a ella como a su familia —la pobreza—, era peor que el peligro que ella perseguía —Europa—. Hay, por tanto, un nosotros, en el miedo. De Mali es también Abou Sidibe, un temporero de Lepe que ha perdido todo en el último incendio que ha arrasado el asentamiento de chabolas en el que viven más de 800 migrantes. Es solo uno de los múltiples asentamientos que coexisten con los campos de fresas en la provincia de Huelva y que arden cada año. Bajo plásticos, de nuevo, invisibles. Abou muestra en su teléfono móvil, uno tras otro, los vídeos emitidos en diferentes canales de televisión donde expone su lucha. Mientras, los comenta y nos da a les presentes una lección de economía política: «He venido a Europa a recuperar lo que es mío».

Lepe es uno de los destinos de Caravana Abriendo Fronteras que ya habrá recorrido cuando leas ésto, entre los días 12 y 22 de julio, esta Frontera Sur. Huelva, Cádiz, Ceuta, Granada… Son algunos de los territorios calientes de nuestra geografía en materia de xenofobia y racismo. En un panorama que refuerza la idea de la Europa Fortaleza, tenemos la responsabilidad de decir NO desde esta frontera, tal como lo hicimos en ediciones pasadas en Italia y Grecia, con el objetivo de hacer visibles las violaciones de los Derechos Humanos y de los acuerdos internacionales que de manera sistemática se incumplen en asuntos de refugio e inmigración. Desde nuestra legitimidad, vamos a salir fuera y a obligarlos, con Abou, con Miguel, con diferentes organizaciones y con todas las personas que a título individual quieran colarse por las grietas del miedo para decir basta de vulnerar aquello que nos es propio como individuos. Hasta que la dignidad humana no sea moneda de cambio; hasta que salvar vidas no sea delito y que impedirlo, sí lo sea; hasta hacer visible lo invisible; hasta decirles, desde nuestro propio relato: «¿Escucháis? Es el sonido de vuestro mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo».

NOTA [Más info y convocatorias: Facebook/Twitter “Caravana Abriendo Fronteras” // email: caravanafronterasursevilla@gmail.com]

[1]              “Bolingo, el bosque del amor”, Alejandro G. Salgado, 2016.

Transporte Aéreo

Privilegios y desigualdad frente a la crisis climática

Si la aviación fuera un país, sería el sexto mayor emisor de gases de efecto invernadero. Aunque su papel es clave para limitar el aumento de la temperatura global, es, junto al transporte marítimo, uno de los dos sectores económicos mundiales que no cuenta con objetivos de reducción de emisiones en el marco del Acuerdo de París de 2015. Sus previsiones de crecimiento exponencial han obligado a la Organización de Aviación Civil Internacional a lanzar CORSIA, un plan de compensación y reducción de emisiones.

¿Cuánto CO2 emite la aviación?

En 2018 los vuelos nacionales e internacionales emitieron alrededor de 895 millones de toneladas de CO2 (MtCO2), que es el 2,4% de las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía. Así dicho y utilizando los datos de la propia IATA (asociación internacional del transporte aéreo) no parece excesivo respecto a otras actividades económicas. Sin embargo, algo de trampa hay. Según la ONG europea Finance and Trade Watch, si tuviéramos en cuenta todas las emisiones de gases de efecto invernadero, y no solamente el CO2, se llegaría al 5%. En particular, las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y las estelas de condensación (mezcla de hollín y vapor de agua) que se forman en ciertas condiciones, provocan también calentamiento global. A esto habría que añadir todos los impactos medioambientales debidos a la extracción del carburante, la fabricación de maquinaria y la construcción de aeropuertos. Para visualizar lo que esto significa: por cada tonelada de CO2 emitida, 3 metros cuadrados de hielo se derriten en el Ártico. Si una persona hace un vuelo ida y vuelta de Viena a las Islas Canarias, esto provocará la fusión de unos 4,5 metros cuadrados de hielo ártico.

La cosa se pone aún más interesante cuando tenemos en cuenta el rápido crecimiento del sector —cuyas emisiones han aumentado un 26% solo en 2013— y consideramos que solo vuela entre un 3% y un 7% de la población mundial. La industria de la aviación prevé que el número de pasajeros llegue a 8200 millones en 2037, el doble que en 2017. La aviación podría consumir una cuarta parte del presupuesto global de carbono hasta 2050 para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C en 2100, según un análisis publicado por Carbon Brief. Esto quiere decir que de todo el carbono que el planeta puede emitir hasta 2050 para cumplir París la aviación emitiría el 25% con estas tasas de crecimiento.

Estamos trabajando en ello

En esta situación la industria nos tranquiliza: las mejoras pronosticadas en la eficiencia de las aeronaves y su consumo de combustible serán de alrededor del 1 o 2% por año. Pero, aun siendo cierto, no es suficiente para compensar el crecimiento del tráfico esperado de alrededor del 5% por año, lo que significa que las emisiones de CO2 podrían aumentar entre 2,4 y 3,6 veces para 2050 respecto a 2018.

¿Qué se esconde detrás de las mejoras de eficiencia? Es cierto que los motores actuales consumen menos combustible que hace décadas y se han optimizado las prestaciones de las aeronaves, pero esta realidad no ha llevado a una reducción de emisiones del sector. Las mejoras en eficiencia han permitido rebajar el consumo de combustible por kilómetro y, teniendo en cuenta que el combustible puede llegar a representar hasta el 50% de los costes de operación de las aerolíneas, han permitido a las aerolíneas bajar los precios de los vuelos, produciendo un aumento exponencial del número de vuelos y por tanto de emisiones. Pero además, detrás de los vuelos baratos también se esconden subvenciones públicas a compañías aéreas. Las líneas aéreas que operan en España tienen acuerdos en vigor por valor de al menos 91,5 millones de euros, según un estudio elaborado por Expansión en 2011.

Dado lo abultado de las emisiones ligadas al transporte aéreo internacional y siendo la emergencia climática una realidad difícil de esconder ya a la opinión pública, la industria auspiciada por la OACI acordó en 2016 un plan denominado CORSIA.

¿Qué propone CORSIA?

CORSIA es la abreviatura de «esquema de reducción y compensación de carbono para la aviación internacional»; un acuerdo diseñado para ayudar a esta industria a alcanzar su objetivo de hacer que todo crecimiento en vuelos internacionales después de 2020 sea «neutro en emisiones de carbono». ¿Qué quiere decir esto? Pues que una vez se conozcan las emisiones netas asociadas a vuelos internacionales en 2020 éstas se fijarán como referencia para los años sucesivos, y todo aumento de emisiones respecto a esa referencia tendrá que ser compensado. ¿Y cómo se compensará? Mediante un mecanismo basado en el mercado donde las aerolíneas tendrán que comprar compensaciones de reducción de emisiones de otros sectores para compensar cualquier aumento en sus propias emisiones o, lo que es lo mismo, escurrir el bulto. Este acuerdo será obligatorio solo a partir de 2027, lo que se antoja un poco tarde para tomar medidas ante una emergencia climática ya evidente que requiere emisiones netas globales nulas en 2050 para limitar a 1,5 ºC el aumento de temperatura global. Pero además, 181 de los 197 países firmantes de CORSIA están exentos, ya sea porque se les considera «en vías de desarrollo» o porque no tienen salida al mar. Lo que significa que cualquier vuelo que aterrice o despegue de uno de estos 181 países no se verá afectado por CORSIA.

La propuesta es, cuanto menos, flojita. Limitar las emisiones a valores de 2020, año en el que llegarán a sus máximos históricos no se antoja muy exigente. Y, menos aún, si lo que se propone es la compensación mediante mercados de emisiones que han demostrado no conducir a una reducción, sino simplemente al traslado de emisiones de un sector a otro y, en el mejor de los casos, a que el resultado no suponga un aumento neto[1].

Esta vez la tecnología tampoco nos salvará

La industria aérea se aferra al green-washing. Se prometen mejoras técnicas aún inmaduras para los aviones y sus operaciones en el futuro. Pero, como hemos visto, estas serán insuficientes para compensar el aumento de emisiones. Las mejoras previstas en la eficiencia del uso de combustible son superadas por las tasas de crecimiento históricas, actuales y planificadas. La certificación para el vuelo de cambios significativos en la tecnología aeronáutica, como el avión eléctrico, necesita de tiempos incompatibles con la urgencia de la reducción de emisiones. Incluso los aviones del futuro propulsados por electrocombustible serán perjudiciales si no se establecen criterios sólidos de sostenibilidad en su fabricación y una reducción drástica del tráfico aéreo. Por todo ello, en las próximas décadas el tráfico aéreo descarbonizado o el «crecimiento neutro en carbono» seguirá siendo una quimera.


[1]Véase, por ejemplo, Movimiento mundial por los bosques tropicales (2015): REDD: una colección de conflictos, contradicciones y mentiras https://wrm.org.uy/es/files/2014/12/REDD-Coleccion_de_conflictos_contradicciones_y_mentiras_expandido.pdf

No temamos al arte

A finales de julio, el juzgado de instrucción número 1 de Córdoba admitió a trámite la querella de Abogados Cristianos contra la exposición "Maculadas sin remedio" y en concreto por el cuadro de Charo Corrales. La demanda va dirigida a la Diputación de Córdoba por promover la exposición y a la autora del cuadro. En este artículo la propia Charo Corrales nos relataba el episodio censor que había vivido, antes de conocer que la pesadilla continuaba. 

«No temamos al arte», decía un grafiti que encontré en mi camino el día 26 de marzo cuando iba de la estación de tren de Córdoba al Palacio de la Merced, donde fui a entregar el catálogo de Maculadas sin remedio a la secretaria de la Delegada de Igualdad. Fue un buen presagio, estaba a la espera de reunirme con Cultura e Igualdad para concretar fecha y lugar de la exposición. Le hice una foto al grafiti y decidí que sería la foto del día para mi blog «Cada día un Autorretrato»1.

Casi tres meses después, ese grafiti se convierte en el título de este artículo. El buen presagio se convirtió en premonición de algo para lo que no estaba preparada.

Maculadas Sin Remedio es un proyecto colaborativo de catorce artistas que tiene como doble objetivo visibilizar a mujeres artistas y contribuir a crear un nuevo imaginario para la mujer actual, partiendo de una revisión de los estereotipos y perjuicios de lo femenino creados durante siglos por nuestra sociedad patriarcal. Aunque parte de una revisión de la herencia del pintor Murillo en la formación del modelo impuesto de feminidad, mediante la figura de la Inmaculada que representa la virginidad inalcanzable, las propuestas hechas por las artistas van más allá. Construyen discursos que nos hacen pensar, aun a costa de incomodarnos. Huyen del relato único, que es la manera de ver la realidad que no acepta otros relatos distintos al propio. Así, a veces, el arte comprometido es polémico, incluso repulsivo.

La muestra se inauguró el 9 de mayo en la galería Presidencia de la Fundación Botí de la Diputación de Córdoba, con muy buena acogida de público.

El lunes 13 de mayo, los grupos del Partido Popular, Ciudadanos y Vox de la Diputación de Córdoba exigen la retirada inmediata de la exposición Maculadas sin remedio, a la que consideran«una ofensa al sentimiento religioso de una mayoría de la sociedad cordobesa», según describían en una nota de prensa. Centran su crítica en mi obra Con flores a María I. Esa misma tarde, la obra aparece rasgada de arriba abajo.

Posteriormente, el PP presentó una denuncia ante la Fiscalía para esclarecer si con la exhibición de este cuadro se cometía «un ilícito penal» por ofensa «de los sentimientos religiosos», amparándose en el artículo 525 del Código Penal.

Agradezco el artículo «Ni siervas ni inmaculadas» que Octavio Salazar escribió en El País el 14 de mayo, que con palabras sabias pone luz a tanto oscurantismo a donde nos quieren dirigir. Pienso como él que es necesario que se hagan reformas legislativas para suprimir el delito de ofensa de sentimientos religiosos y que se debería excluir de la educación pública la enseñanza de los dogmas. Censurar y poner límites a las libertades de pensamiento y creación va en contra de nuestra Constitución, según su art. 20.

Por ello, todas y todos nos deberíamos sentirnos como esa artista callada, es decir, no solo indignados y ofendidos (ahora sí), sino también rebeldes frente a quienes se alinean con los jerarcas. 2

El 14 de mayo, la obra Con Flores a María I es retirada de la exposición, argumentando que era «por acto vandálico». La exposición continuó sin esta obra en la que se centró la polémica, hasta el día fijado para su clausura, el 2 de junio.

Todo ello tuvo una gran repercusión mediática. Fueron dos semanas intensas; de insultos y amenazas hacia mi persona en las redes sociales; de detractores en prensa, radio y televisión por «ofensas al sentimiento católico». En el lado opuesto, contamos con multitud de comunicados, escritos y declaraciones emitiditas por las principales asociaciones y personalidades del mundo de la cultura de España. Las artistas participantes en la muestra (donde me incluyo como artista y comisaria) emitieron un comunicado donde se agradeció el apoyo recibido y en el que se hizo un llamamiento a la ciudadanía por la defensa del articulo 20 de la Constitución que habla del derecho a la de la libertad de expresión y que en esta ocasión se ha puesto de entredicho. 3

El 6 de junio recibimos la buena noticia de que La fiscalía de Córdoba decidió archivar la denuncia de la exposición Maculadas sin remedio, por no apreciar «intencionalidad» de delito… días después de la fecha de clausura de la exposición.

Animo al lector a que se haga su propia opinión sobre la obra. Puede encontrarla en internet, en los muchos artículos que se han escrito sobre ella. Se exhibirá de forma permanente en Barcelona, como parte del proyecto Censored, colección de obras de arte que ha sufrido algún tipo de censura a lo largo de la historia, de Tatxo Benet. Censored se materializará en un futuro próximo en un proyecto museístico sobre arte y libertad de expresión a nivel internacional.

Con la pieza Con Flores a María I manifiesto mi objetivo de que reposen sobre mí y, por extensión, sobre todas las mujeres reales, las cualidades positivas atribuidas al icono femenino que representa en nuestra cultura la Virgen María, sin dejar de reivindicar el derecho a vivir la sexualidad sin tapujos ni castraciones; reivindicando el autoconocimiento y auto placer para una vida más plena. Esta obra es un fotomontaje de mi autorretrato con el cuadro Inmaculada Concepción «de Aranjuez» de Murillo.

Como artista uso mi cuerpo como símbolo de lucha, como contrapartida al control del patriarcado del cuerpo de la mujer. Yo intento crear resistencia a través del arte sobre cómo quiero vivir mi cuerpo y por extensión el cuerpo de muchas otras mujeres. Nuestro imaginario condiciona nuestras vidas, nuestras emociones, pensamientos. Es necesario tambalear y cuestionar ese imaginario colectivo impuesto y heredado.

Y aunque ciertas corrientes ideológicas pretenden poner límites al pensamiento y a la expresión artística, no conseguirán callar la voz de los artistas.

El deber del artista es el de provocar la reflexión y la crítica y para ello necesitamos que nuestra libertad de expresión sea respetada.


1 https://selfportrait-diary.tumblr.com/

2 Octavio Salazar, «Ni siervas ni sumisas», https://elpais.com/elpais/2019/05/14/mujeres/1557853321_011483.html

3 Comunicado Maculadas sin remedio: https://www.facebook.com/maculadas/photos/a.246705805997764/323828321618845/?type=3&theater

RÉQUIEM POR UN BARRIO

Ganarán los chinos, las grandes superficies, las ofertas de chope que no podemos rechazar… Mansilla y los espías. 

Una vez más, pecaré de «centro-céntrica» pero, ya que esto es un réquiem, me voy a permitir centrarme en «el barrio», el fragmento de territorio del casco histórico de Sevilla situado entre la Encarnación, la Alameda y San Julián. Quienes habitáis o habéis habitado o frecuentáis o habéis frecuentado esta zona de Sevilla, sabéis de sobra a qué zona me refiero. Quizás sobra decir que ya no queda nada de todo lo que hoy recuerdo en palabras. 

Antes de que la ciudad se transformara en una masa informe donde no se distinguen claramente los bordes, vivir en la periferia hacía que venir «al barrio» fuera el equivalente a «ir a Sevilla». Coger la maltrecha línea 13, entonces desde San Jerónimo, suponía una auténtica excursión. Y mis recuerdos de «Sevilla» a finales de los 70 y los primeros 80 transcurren principalmente por la zona «del barrio». Para mí no existía el polígono San Pablo o las letanías, ni Nervión, ni los Remedios, ni tan siquiera Triana. Para mí Sevilla se limitaba a las zonas alrededor de las últimas paradas de las líneas 10, 12 y 13. 

Recuerdo los raboneos del conservatorio que a los 9, 10, 11 años me permitían haraganear y deambular por una Alameda que nada tiene que ver con el boulevard de ahora. Me acuerdo de los cartuchos de papas fritas de la calle Jesús del Gran Poder, y recuerdo los paseos por la plaza, toda de albero, toda vallada. Recuerdo el Multicine que era moderno como el que más. Recuerdo a mi padre, llevándome al Mercaillo, que molaba mucho más que el Corte Inglés. 

Recuerdo el mercao de la calle Feria, jediendo a pescao semipodrido y lleno de gente comprando los «mandaos» básicos. Recuerdo la calle José Gestoso y la mercería que surtía a mi madre de todo tipo de prendas interiores con las que pasar los meses de frío. Camisetas, bragas, calcetines y pijamas.   

Recuerdo mis primeras incursiones ya de mocita sobre todo a las bodegas. Cincuenta de las antiguas pesetas y un cochinito y una cerveza en la taberna Peinao, La Bañera, el Góngora. Curtiéndonos los intestinos a golpe de inmundicias inmunizadoras. Y tentando la suerte y la rotura de huesos en el Roll Dancing de Calatrava. Recuerdo la Holli pintá como una puerta (yo) y oliendo a Brumel cosa mala (los demás). 

Recuerdo el Chispitas (y sus tapas entre pececitos de colores), el Brujas y el Europa. Recuerdo el Sirena, el Farándula y el Fun club. Recuerdo que se bebía, algunas veces se bailaba y muchas veces se pensaba la posibilidad de un mundo diferente. Y recuerdo que se comía: la Agustina y la Gallega alimentando a toda una cohorte del underground Sevillano. Recuerdo gente encalomá a los árboles protestando por un aparcamiento que pretendía robarnos la plaza de albero… resistencia que se transmitió a lo largo de los años, con la que se consiguió ¿evitar el parking? Pero lo que no hemos sido capaces de evitar es el cambio de paisaje urbano y humano que ha sufrido la plaza de albero. Hace ya años que en esa plaza no se piensa en un mundo diferente.   

Recuerdo que a medida que desapareció el albero, reapareció el Pumarejo en nuestro horizonte. Parecía que nos fueran acorralando expulsándonos del barrio por el corredor de San Julián. En esos tiempos fui consciente de las okupas, Casas Viejas, la Fábrica de Sombreros; más tarde Andanza y la Revo. Todas cayeron, ya solo quedan testimonios virtuales o pintadas donde estuvieron. Y seguimos perdiendo y perdemos los lugares, que aún teñían de «autenticidad» este protoescaparate. El Guadiana, la Hacienda, el Gonzalo, el Julián y hasta el Árbol que aunque estuvo poco fue mucho para muchas. 

Perdonadme la nostalgia de viejuna, pero se fueron esos lugares y no puedo evitar sentir que se está yendo demasiado deprisa el espíritu de un barrio que al menos para mí, es una zona especial, con mucha gente especial y que también se están yendo… 

«Hay un vínculo fortísimo entre las voces femeninas que funcionan en lo comercial y la imagen que quiere el patriarcado»

Mediodía en un bar. Tres topas y Rocío. Té rojo, charlamos, terminamos de ajustar las preguntas. Suena su teléfono, Bohemian Rhapsody. Ahora sí, empezamos la entrevista. Tres horas de conversación fluida que acabaron de la mejor manera posible, con Rocío cantando y nosotras emocionadas.

Se dice de ti que rompes los estereotipos flamencos, empezando por la transmisión familiar y acabando por el faranduleo

Ahora los espacios son otros y las maneras de relacionarnos y aprender son otras. Me flipa la visión romántica del flamenco y las tabernas. Mi abuelo tenía una taberna y yo me he criado en las peñas, pero creo que hoy en día a esos espacios apenas se va. Me da pena, pero alrededor de eso hay mucho de mito. Queda menos bonito decir las horas que estoy con Spotify o con Youtube aprendiendo cantes. Y es cierto que eso se hacía antes de una manera mucho más informal, pero la sociedad ha cambiado. Si somos sincerxs, en el momento en el que se profesionaliza algo, todo cambia. Si tengo tres actuaciones a la semana, el día libre quiero estar en mi casa tranquila con mi perra, porque además tengo otra actuación al día siguiente. Antes, como todo se movía en ese mito de la fiesta, llegabas hasta las trancas a una actuación y no pasaba nada. Ahora si actúas así en un escenario no te llaman más. Lo que se permitió a la generación anterior a nosotrxs no se nos permite. Y esto ha hecho que todo cambie muchísimo.

La Piriñaca decía que «cuando canto a gusto la boca me sabe a sangre». ¿Tu tesis sobre la técnica vocal en el flamenco te ha ayudado a encontrarte como cantaora?

A mí me ha servido mucho porque yo cuando empecé a cantar ponía la cejilla al ocho para todo y me salieron nódulos a los dos años. En el flamenco empezamos a hacer cantes de gran dificultad técnica sin haber tenido una mínima noción, solo por imitación. Hay algunxs que de una manera innata encuentran una técnica que le funciona muy bien y a otrxs nos cuesta mucho más y lo hacemos de una manera más consciente. Afortunadamente, hay muchas maneras de llegar y eso es algo que siempre me ha obsesionado. Recuerdo que destrocé una cinta VHS con una actuación de Maite Martín de las veces que la vi para fijarme en cómo colocaba la voz. Hablar de técnica vocal en el flamenco es muy complicado al ser un arte de tradición oral y con muchas escuelas. Lo que planteo en mi tesis es que todas las personas tenemos todas las posibilidades de colocación a la hora de cantar pero, por diversas cuestiones, nos sentimos más cómodas o nos suena mejor una cosa que otra. Lo enfoqué como una herramienta en búsqueda de la libertad —cómo puedo tener más colores y más recursos— que tener un tipo de voz no tiene por qué limitarte a un solo tipo de cante.

En la tesis también hay una parte que está centrada en la menstruación. Me basé en el libro de Erika Irusta (Diario de un cuerpo) e hice lo mismo con la voz: apunté cómo me sentía cada día y me di cuenta que hay momentos de mi ciclo en los que me cuesta más afinar o hacer filigranas y, curiosamente, son momentos en los que recibo más devolución del público.

Últimamente estoy muy obsesionada con ese tema y con las distintas colocaciones: las que están más en la máscara (frontal y paranasal) son más dulces, de más precisión; y esmoidal y esfenoidal tienen más fuerza, más resistencia. Cuando me voy para atrás y abro el sonido me han dicho que sea más contenida (técnicamente que me vaya para adelante); y comercialmente lo que lo peta es eso, cantar adelante, dulce. Si quieres estar en radio, y eres mujer, no abras la voz.

Por eso veo que hay un vínculo fortísimo entre las voces femeninas que funcionan en lo comercial y la imagen que quiere el patriarcado. No se quiere una voz sonando fuerte ni con un posicionamiento de un timbre menos amable: todo tiene que ser muy bonito, que estemos muy bien vestidas, muy cuidadas. A mí me han pedido que me contenga, que no me vaya de la dulzura, de lo comedido, que saco demasiado la voz.

Saliéndonos de lo estrictamente musical. Te hemos visto en un campo de refugiados en Lesbos, cantando a mineros en huelga en lo profundo de una mina leonesa. ¿Cómo vives ese compromiso político? ¿Tiene que ver con el arte o viene de antes?

Ha sido mi forma de pensar siempre, pero hacer público ese compromiso es algo que he hecho sobre todo en los últimos años. Yo por carácter tiendo mucho a ser muy correcta, pero llegó un momento en que me aburría a mí misma. Dejé de sentirme cómoda con cantes que había hecho muchas veces. Entonces me decidí a compartir lo que pensaba. Si te pones a componer es lo que te sale. Si buscas letras, esas son las letras que quieres cantar. Ha sido algo progresivo. Me cuesta mucho separar lo que soy de lo que hago. Una canta como es y mis debilidades y cualidades como artista creo que son las mismas que como persona.

Ahora bien, siempre ha habido artistas excepcionales que no tienen ningún posicionamiento político y a mí me parece muy bien. Igual que me parece bien quienes lo han tenido siempre. No es nada nuevo.

¿Y cómo llegas al feminismo?

Me ayudó el máster (de estudios avanzados de flamenco). Había una asignatura que se llamaba Sexuación en el Arte y lo primero que pensé es que eran ganas de buscarle tres pies al gato. No creía que hubiera tanta diferencia entre la mujer y el hombre en el arte, así que fui a hablar con la profesora, Assumpta Sabuco, y le comenté mi inquietud. Ella me dijo que le parecía interesante mi posición, pero me pidió que siguiera yendo a ver qué tal y al poco me alegré. Hicimos un ejercicio de revisión de críticas flamencas destacando la diferencia en la descripción de mujeres y hombres. Impresionante. Nosotras sensuales y dulces, y ellos la fuerza. Hay veces que hace falta ser muy explícita porque si no estás en ese punto de conciencia no te das cuenta. A partir de ahí dejé de normalizar ciertas cosas que tienes tan integradas que no ves.

¿Y estos temas se hablan entre compañeras?

No. No se hablan mucho. No hay conciencia. A veces creo que tengo desdoblamiento de personalidad porque a lo mejor estoy escuchando una charla de Paul B. Preciado y al rato estoy con personas que ni se han planteado la perspectiva de género. Pero hay que ser comprensivas con otras partes del proceso y respetar el momento en el que está cada una. También es muy importante observar esto desde lo económico. Desgraciadamente, cuando tienes seguridad económica te permites decir ciertas cosas mucho más fácilmente. Cuando he necesitado el dinero para pagarme la luz y el agua, he tenido la boca más chica. A mí me ha coincidido con un buen momento y me lo he podido permitir, pero entiendo la situación de otras compañeras. Soy menos comprensiva con los hombres. Ahí tengo una guerra con los críticos. Me cuesta entender ciertos artículos. Por ejemplo, cuando ese señor (se refiere a una crítica de Manuel Bohórquez a la que ella respondió públicamente) que, por ser hombre, heterosexual y vivir en el primer mundo tiene ciertos privilegios de los que no es consciente, dice que el flamenco no es machista, cuando no ha tenido que aguantar que se pasen con él en una peña. Eso no pienso consentirlo, me parece muy injusto. Soy comprensiva con mis compañeras, pero no con los hombres que intentan seguir ejerciendo su fuerza contra nosotras, con más o menos conciencia.

¿Hay mujeres críticas de flamenco?

Soy muy fan de Silvia Cruz Lapeña y de Sara Arguijo. Son menos, pero creo que esto va cambiando. La entrevista que me hizo Silvia ha sido de las más interesantes que me han hecho nunca. Me dijo una cosa que me encantó: que era mucho menos nuera perfecta de lo que nos quieren vender los críticos y que ella no lo compraba. Y me dio una alegría empezar una conversación así. Eso me da libertad para salir de ser una bienqueda.

Según los carteles de los festivales más prestigiosos, las figuras más destacadas formáis parte de un flamenco heterodoxo. ¿Es este flamenco heterodoxo la nueva ortodoxia del flamenco?

Totalmente. Ese es el movimiento que se ha dado y además muy rápido. En tres o cuatro años la contracultura ha pasado a ser cultura y al revés. Por eso yo siempre he apoyado visiones muy abiertas. Porque sobre todo en el cante ha costado mucho trabajo ocupar ese espacio. Enrique Morente lanzó el testigo, pero ha costado. Ahora, una vez que ha pasado, el capitalismo lo ha hecho suyo, como hace con todo, y de repente se ha llevado por delante mucho de lo que le daba sentido a esa visión. Igual que antes me parecía necesario que conviviesen las distintas formas del flamenco, ahora tenemos que seguir luchando por lo mismo porque casi están en desventaja quienes cantan con unas maneras más ortodoxas y más tradicionales. Y es muy necesario que ese pilar esté ahí, lo que pasa es que eso no genera tanto dinero. Por eso al capitalismo le interesan más otros nombres que llenan estadios y al final se acabará entendiendo que eso es flamenco. Ha pasado todo muy rápido y lo que antes me parecía un discurso revolucionario ahora me parece muy consumista.

Es complejo porque se necesitan las dos corrientes para evolucionar. Que haya diversidad es lo positivo, que la paleta sea cuanto más grande mejor nos enriquece a todxs, aunque sí creo que hay que repensar a dónde vamos. Frente a la idea de que el flamenco es de minorías, vemos que hay grietas por las que se puede colar y puede ser de masas. Por eso creo que es un momento para replantearnos el a dónde. Y si alguna vez el flamenco fue una zona de resistencia de algo, en el momento en el que nos incorporemos de esa manera tan clara al capitalismo más desenfrenado, lo hemos perdido.

De las tablas del Primavera Sound a las de las peñas de media Andalucía, del ruidismo de Los Voluble a la experimentación de Raúl Cantizano. ¿Se podría decir que tienes un pie en Radio3 y otro en Radiolé? ¿Cómo te sientes en esa frontera entre lo moderno y lo rancio?

En Radiolé creo que no quepo, en Canal Sur puede ser. Lo de tener un pie en cada lado a mí me apasiona, lo necesito. Yo diría que ese es el hilo conductor de mi propuesta artística. Recuerdo que tuve un mánager que me decía que no debía ir a las peñas porque así se quema la ciudad e impide que te lleven a un buen teatro con un buen caché. Pero yo necesito estar ahí también, para componer, para rebuscarme, para estar a gusto y encontrarme yo en mi centro.

¿Qué has visto en el Jueves?

Pues, sobre todo, vinilos y cintas. Cuando vas a una tienda buscando algo concreto es difícil que otra cosa te sorprenda, pero si vas al Jueves, donde no puedes ir buscando algo concreto, te encuentras sorpresas. De repente ves discos antiguos de artistas consagrados en los que hacían de palmeros a otros artistas. O descubres artistas que no conocías, como Emilio el Moro, al que me aficioné en el mercadillo. Me gusta el mercadillo del Jueves de la calle Feria por las sorpresas que te vas encontrando.

Te hemos visto dando clases en el IES Carmen Laffon. ¿Te interesa la enseñanza?

A mí la parte didáctica me ha interesado mucho, aunque ahora cada vez me interesa menos. Al principio estaba muy a favor del flamenco en la Universidad y ahora no lo veo tan claro. Vamos a intentar meter lo menos posible la mano que al final la cagamos. Eso estoy pensando últimamente. Pero en este tipo de proyectos sí creo. Fui un día a la semana al bachiller de artes escénicas durante un curso y ver gente tan joven tan volcada con el arte me emociona mucho. Es muy distinto enseñar a futuros profesionales que a personas a las que les gusta el flamenco. Es una cuestión de actitud. El arte en general es algo tan vocacional que, si en algún momento te lo vas a tomar como tarea, mejor no lo hagas.

De hecho, una de mis obsesiones, por las que he seguido estudiando, es que tengo que prepararme para otras cosas, porque si alguna vez no quiero estar en un escenario no voy a estar. Por respeto a la gente, al arte y sobre todo a mí misma. Porque tener que estar en un escenario si no quieres es una sensación muy desagradable.

¿Y te ha pasado alguna vez?

Me ha pasado. He tenido rachas. Afortunadamente no me ha pasado mucho, pero tuve una crisis hace unos cinco años y me duró unos meses. Y me pongo plazos. Me digo que si en nueve meses esa sensación no se ha quitado no cojo contratos. Luego me recupero, pero es un momento en el que no me sale ni la voz, siento que no tengo nada que ofrecer. Es una sensación extraña porque tienes que aguantar el tipo. Respetarme y conocerme también ha sido un trabajo y no vivirlo desde la presión, sino buscarme otras opciones, otras puertas.

Decía Juan Talega que «pasados los 40 es cuando se empieza a cantar con fundamento». ¿Cómo te ves dentro de 10 años?

A mí ahora me apetece mucho —y esto es una primicia— hacer un disco de flamenco tradicional de guitarra y voz, que es algo que no he hecho, algo más antológico. Y siento que ahora es el momento: estoy bien de facultades y he tenido tiempo para interiorizar los distintos palos. Cada edad tiene su momento. Ahora estoy disfrutando mucho de tener algunos cantes que llevo haciendo desde hace muchos años, haberlos revisitado y permitirme pasarlos por mi filtro sin la imitación exacta. Espero tener ganas de disfrutar de lo que cada etapa ofrece, eso es lo que tengo en mente y todo lo demás queda abierto.

CONTRA EL ESTADO

Emmanuel Rodríguez, escritor y miembro de Traficantes de Sueños

Estamos a finales de marzo, la vorágine electoral aún queda lejos y esperamos que nos permita analizar con cierta calma algunos de los temas que dan vueltas por la última obra de Emmanuel Rodríguez: las apuestas municipalistas del pasado ciclo, la extraña fijación de la izquierda con la piedra estatista, cómo se hace la revolución cuando lo revolucionario suena rancio.

Cuestiones eternas que esa cosa que llamamos izquierda rumia con mejor o peor tino desde antes de Twitter y que ahora, con un nuevo ciclo electoral por delante, la irrupción de la ultraderecha en el panorama y una crisis del régimen que parece que se ha resuelto de gatopardas maneras, parece necesario abordarlas desde otro lugar si queremos andar hacia algún sitio.

Emmanuel Rodríguez viene a la X edición de la Feria Anarquista del Libro de Sevilla a presentar su libro La política contra el Estado. Por una política de parte, y allá que nos vamos nosotras a echar el rato con él, a meterle mano a sus tesis y a intentar dispersar la neblina cortoplacista que ya empieza a envolvernos con las nubes electorales.

Pero empecemos por el principio. Emmanuel Rodríguez es doctor en historia, sociólogo y uno de los responsables del proyecto de producción y comunicación política Traficantes de Sueños. Además, estuvo involucrado en el movimiento municipalista de Madrid que cristalizó con la candidatura de Ahora Madrid y la alcaldía de Manuela Carmena. Para empezar a meternos en verea, dejamos que él mismo nos introduzca el tema.

Hola, qué tal. ¿Esto de qué va?

En primer lugar, el libro, aunque lo escriba yo, son síntesis de discusiones que se tienen por ahí y básicamente es el producto del aburrimiento con el ciclo institucional en el que hemos participado, sobre todo, desde la parte más municipalista. Y aunque sabíamos que no iba a salir muy bien, todo ha ido más rápido de lo que imaginábamos, los procesos de institucionalización han sido mucho más acelerados de lo que conocíamos en otras ocasiones. El libro pretende plantear preguntas que afloran en un momento bajista, después de ciclo alcista del 15M, haciendo un recorrido intelectual y político por la vieja pregunta de la revolución a lo largo del siglo XX y sobre el poder y las instituciones hasta hoy.

El concepto de democracia fue una de las piedras de las reivindicaciones frente al régimen del 78, pero parece que ha ido perdiendo fuelle. ¿Podemos recuperar dicho concepto de alguna manera o, como el Estado, se lo hemos entregado ya al enemigo?

Las palabras se usan y se desgastan. El concepto democracia en el siglo XVIII no parece que agrade a nadie. Cuando surge el 15M, sorprende que la palabra de oro fuera democracia, porque conectaba con algo que no está claro pero vemos que baila entre dos polos: por un lado, una reivindicación de una democracia vinculada a la descomposición del Estado, que recuerda al federalismo de Margal, de construir de abajo arriba, la democracia directa, con cierto fetichismo del procedimentalismo y todo eso de la democracia 3.0. Es decir, un intento de estirar la democracia hasta sus límites. Y, por otro lado, un alma más conservadora y meritocrática que entendía la democracia como la vuelta a una imagen nostálgica de la democracia de los años 80: que aquello que las instituciones dicen que son, lo hagan de manera correcta y aquello para la que yo me he formado en la sociedad, se me dé. Parece que esta segunda hipótesis, que muchos apoyaban, es la que llevó a cabo Podemos. De ahí que el resultado del 15M en principio fuera tan decepcionante, pero se pueda explicar.

Parece que el asalto a los cielos post 15M no era tan buena idea al fin y al cabo, ni ha traído tan buenos resultados. ¿Abandonamos ya la idea de tomar las instituciones y volvemos a la organización y la autogestión?

Uno puede reivindicar una vida sin espectáculo, sin mediación, donde todo es autoorganización, un comunismo desde abajo. Se puede reivindicar, es gratis; pero en la realidad vivimos en una sociedad absolutamente mediada por instituciones y aparatos del Estado. No es una cuestión de ponerse en el polo de la institución o el polo de la autoorganización, porque este segundo polo no está dado. De hecho, este libro parte de la tesis de que la figura central actual en la sociedad es una clase media, no entendida como nivel de renta, sino como ciudadanía con derechos que participa de los consensos y se integra en la sociedad capitalista. Y nosotros no estamos al margen de eso. Lo que sería necesario es ver cómo se pueden construir las condiciones para la autoorganización, y para eso no se exige por principio una renuncia a lo institucional, siempre que lo institucional esté subordinado a otra cosa que todavía está por construir. La paradoja es esa: en una posición de debilidad tú no puedes confiar en una política de atajo, de que la contraparte se construya a través de las instituciones del Estado, porque estas están justamente diseñadas para hacer lo contrario.

Y sin embargo, lanzáis un proyecto como Bancada Municipalista, ¿creéis que ese equilibrio institución-contrapoder se puede dar? ¿Ha cambiado algo para que ahora vaya a salir de otra manera?

No. Esto no es un proyecto prioritario y no todas lo ven necesario. Dentro de las hipótesis iniciales del municipalismo, hay algunas que han fracasado estrepitosamente y otras que no. La más ambiciosa, que a través del control institucional se iba a ser capaz de generar organización, ese rollo partido-movimiento no se ha dado. Y Podemos ha hecho todo lo posible para que no se diera. La segunda hipótesis es que esto era un proyecto de recambio de élites y eso se ha dado. Hay nuevos intelectuales, nuevos referentes, nuevos medios de comunicación… y la posibilidad era estar dentro o quedarse fuera. Apostamos por participar y generar algunas interferencias y eso sí se consiguió. Y que los intereses de muchos colectivos tuvieran una voz dentro del Ayuntamiento. Ahora, sin mucho convencimiento, sí creemos que no está mal tener una posición institucional que esté vinculada a ciertas dinámicas de los movimientos. Pero no es prioritario y lo que venga no va a salir de que tengamos 2 o 3 concejales.

Propones crear focos de contrapoder fuerte en base a instituciones populares: ateneos, centros sociales, sindicatos… Pero llevamos muchos años haciendo este tipo de políticas y no parece que traspasemos los límites de nuestro gueto ni que vaya a empezar la revolución por ahí.

Si me preguntas que si lo que hacemos nosotros funciona, te diré que no, es una cosa obvia. Somos una militancia tirando a envejecida y muy clase media. Hay una parte popular pero no es la que tira, la que ha creado los proyectos: los centros sociales, las cooperativas, determinados sindicatos… Durante el 15M se atisbó algo distinto que estaba muy bien, de la parte más creativa de los movimientos sociales surgió una suerte de oficinas de derechos sociales, un sindicalismo de la vida diaria, lo que pijamente se ha llamado biosindicalismo y que ha tenido capacidad de tejer con sectores migrantes, sin papeles, manteros y que derivó en el movimiento por la vivienda, dando lugar a uno de los ejercicios de sindicalismo más original en un ciclo económico no solo de crecimiento fordista, sino sobre todo financiero. Ahí se da un ejemplo de lo que podría ser una nueva potencia sindical en lo que creo que ha sido el movimiento más vivo hasta hace dos días. Ha puesto en el foco los modelos de acumulación españoles, las finanzas asociadas al sector inmobiliario y al turístico y a la vez como sistema de financiación del consumo.

Y se ha dado la discusión entre los movimientos sobre si optar por la vía de la lucha sindical o la institucional, el debate se dio, por ejemplo, en Barcelona, que se optó por la vía institucional. Resumiendo, ¿a través de estas iniciativas activistas vamos a ser capaces de cambiar el mundo? No, pero que son las que articulan de alguna manera la posibilidad de crear contrapoder, sí. Considero que esto es imprescindible; que sea suficiente, no. Tienen que entrar en la lucha aún sectores sociales no previstos.

Pones en tu libro el ejemplo de Bolivia como sociedad donde existe una autonomía fuerte gracias comunidades afianzadas, ¿cómo trasladamos esto a sociedades donde la individualidad, la atomización y el aislamiento son la norma? ¿Cómo construimos comunidad?

Se dice que nuestras comunidades están completamente rotas y probablemente lo estén. Estamos aislados en la vida social y reunidos en lo político a través de las instituciones públicas.  Pero también es verdad que hay un montón de formas de sociabilidad que están continuamente produciéndose y más aún en el tipo de experiencias políticas a las que pertenecemos. Nuestras formas de vida están muy atadas a lo colectivo. La cuestión en un horizonte a futuro es saber si esta forma de vida en la que nos mantenemos se va a mantener para siempre. ¿Pensamos que el Estado va a ser capaz de mantener mecanismos de provisión social que, aunque sea con alfileres, van a sostener la vida de la gente? Pues es probable que no. El reto es ser capaz de articular mecanismos de autoorganización que partan de la necesidad, pero también de otras esferas que no son  las principales, sino también culturales.

El movimiento feminista es uno de los que más potencia está teniendo, no solo en el Estado, sino a nivel internacional. ¿Hay posibilidad de que sea capaz de articular las diferentes luchas parciales desde la reclamación de desmercantilizar las vidas y hacerlas sostenibles?

Una de las cosas que pone en el centro el feminismo, que es esencial, es que cualquier articulación política tiene que partir de lo que llamamos la reproducción de la vida, que no son solo los cuidados, sino todos los ámbitos que no pasan por el trabajo productivo en términos marxistas, es decir, el que no genera plusvalor. Uno de los problemas del movimiento obrero hoy es que tiene poco poder estructural: no hay muchas situaciones donde si algo para se interrumpe la cadena de valor, porque nuestro trabajo cada vez produce menos valor. El único ámbito donde tenemos la capacidad de articularnos es a través de la reproducción. El feminismo y las luchas que vienen tienden a confluir en ese terreno central.  

Ante este panorama, la revolución como horizonte ¿es ya una idea imposible?

La revolución mola, ¿no? Es una palabra que genera tantas evocaciones, tanta potencia que no podemos decir que ya no nos interesa, que no nos revoluciona. Seguramente va a haber un montón de crisis políticas parciales donde vamos a conseguir modificaciones puntuales de normas, leyes… Habrá países que se fragmentarán, vamos a ver muchas revoluciones políticas en los próximos cien, doscientos años, pero el viejo mito de la revolución social, aquella en la que se producía una transformación completa de los sujetos que organizan la sociedad en un corto periodo de tiempo, yo eso no me lo creo. Creo que es algo a desechar. La revolución es siempre el cambio de élites del Estado, eso es lo que entendemos por revolución, salvo en la tradición anarquista. Es un cuento ideológico, pero no es la cuestión central. La cuestión es imaginar, en un futuro donde se descomponen muchas cosas, cómo estimular la imaginación política. Básicamente, a partir de lo que ya haces, qué tipo de potencialidad política puedes construir desde ahí. ¿Puedes imaginarte comunidades urbanas que gestionan algunos recursos y que sean capaces de construir eso como una experiencia política? ¿Pueden ser estas realidades las que se fuercen a sí mismas a construir un nuevo horizonte político? Esa es la clave hoy. Por ejemplo, con el caso de las cooperativas, ¿pueden no ser únicamente un mecanismo de externalización de servicios sino convertirse en un campo de experimentación de producción real?

Las preguntas se nos amontonan pero decidimos darle tregua, parece que no vamos a encontrar la fórmula mágica para tumbar al capitalismo en la próxima media hora, pero nos apuntamos algunos ingredientes para la receta: comunidad, autonomía e imaginación.

El Neolítico y la dominación masculina

El feminismo ha experimentado un impulso considerable en los últimos años, llenando portadas de periódicos, conversaciones, calles y plazas. La Universidad, aunque más lenta a la hora de incorporar ciertos cambios, también se ha hecho eco del movimiento y ha abierto sus puertas a cursos, seminarios o incluso másteres centrados en la diferencia o la desigualdad de género. Por motivos evidentes, la transformación es especialmente visible en las ciencias humanas y sociales, donde las personas y las relaciones que establecen entre ellas constituyen el objeto de estudio por excelencia.

Entre los temas que, poco a poco, se han hecho un hueco en la agenda de investigadoras —y algún que otro investigador— se encuentra el del origen de la desigualdad entre hombres y mujeres. No se trata de un asunto novedoso; ya a finales del siglo XIX autores como Bachofen o Engels escribieron acerca de ello. Con posterioridad, antropólogas como Sacks y Ortner recuperarían el interés por esta problemática, entonces desde una perspectiva claramente feminista. El objetivo no era otro que intentar responder a por qué existen diferencias de poder entre mujeres y hombres que, de forma sistemática, sitúan a los segundos en una posición de privilegio.

Pero ¿qué hay del cuándo?

La inmensa mayoría de las publicaciones que entonces vieron la luz abordaban el asunto desde el por qué, buscando ejemplos de sociedades con funcionamientos no patriarcales. Sin embargo, muy pocos trabajos dirigieron su atención al cuándo. ¿Fue durante el Paleolítico Superior?, ¿en el Neolítico con la sedentarización y la domesticación de plantas y animales?; ¿tuvo la aparición y consolidación de la figura del guerrero durante la Edad del Bronce algo que ver con ello?

No es cuestión baladí responder al cuándo, puesto que hacerlo pone en evidencia su carácter de constructo, de artificio. Lo natural no debe ser explicado, lo cultural sí. Lo natural no tiene una fecha de inicio porque siempre ha sido así, lo cultural en algún momento nació y, si nació, también puede morir. A nivel teórico, tampoco esto es nada nuevo, ya lo dijo hace décadas Simone de Beauvoir. La novedad radica no en la teoría, sino en la práctica. Y aquí es donde la arqueología juega un papel fundamental.

Los restos materiales

En 1985 una escritora e historiadora estadounidense llamada Gerda Lerner publicó el libro La creación del patriarcado. En esta obra Lerner intentaba, por primera vez, rastrear los restos materiales de la dominación masculina, para lo que llevó a cabo un ambicioso estudio de las evidencias arqueológicas, artísticas y lingüísticas. Su investigación estuvo centrada en el Próximo Oriente y en ella cobraron especial relevancia las fuentes históricas, es decir, escritas. A partir de estas Lerner planteó la hipótesis de que el patriarcado se habría consolidado paralelamente a los Estados, durante el II milenio a. n. e., teniendo como elementos centrales el control de la sexualidad femenina, la legislación o la propiedad privada. Lerner marcó así una clara división entre las sociedades estatales y preestatales, y sugirió que los inicios de este largo proceso hacia la dominación se encontrarían en la Prehistoria. La pelota caía entonces en el tejado de la arqueología, única disciplina capaz de proporcionar información sobre las sociedades que no conocieron la escritura.

La península Ibérica

La investigación arqueológica occidental ha cambiado mucho desde la publicación de La creación del patriarcado. Aunque con particularidades propias y ritmos diversos, la transformación también ha tenido lugar en España, donde los trabajos de Arqueología Feminista o Arqueología del Género se han multiplicado. En ellos se cuestionan asociaciones tradicionales (los hombres cazaban y las mujeres recolectaban), se abordan aspectos antes no tratados como el papel de niñas y niños, o se hace hincapié en la necesidad de generar materiales de divulgación responsable que expliquen el pasado colectivo, y no solo el de unos pocos.

Todos estos trabajos han abonado el camino, sirviendo de soporte a investigaciones que intentaran recoger el testigo de Lerner para poder situar cronológicamente los orígenes de la desigualdad. Con ese objetivo en mente, en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla iniciamos hace varios años un análisis de las sociedades prehistóricas de la península Ibérica desde el Paleolítico Superior hasta la Edad del Cobre. Se trata de un periodo comprendido, aproximadamente, entre el 35 000 y el 2000 a. n. e., desde las sociedades nómadas cazadoras recolectoras que pintaron Altamira, hasta quienes vivieron en el asentamiento de Valencina y construyeron el tholos de Montelirio. Los resultados de esta investigación dieron su fruto en 2018 en forma de tesis doctoral, y hemos podido publicarlos recientemente en el artículo «Gender Inequalities in Neolithic Iberia: AMulti-proxy Approach».

El Neolítico y la dominación masculina

El análisis funerario y arqueológico de 2500 esqueletos de hombres, mujeres, niñas y niños procedentes de yacimientos peninsulares en el citado periodo sugiere que fue durante el Neolítico (entre el 6000 y el 4000 a. n. e. en la península Ibérica) cuando aparecieron las primeras diferencias de poder. Los datos muestran que los hombres fueron enterrados con más frecuencia que las mujeres, a quienes quizás se excluyó de ciertas tumbas. Sus esqueletos presentan evidencias de trauma (consecuencia de accidentes o golpes) de forma más habitual que los de ellas. Junto a los varones se depositaron puntas de flecha más comúnmente, y en el arte levantino aparecen en escenas de caza y enfrentamiento. Siempre que hay diferencias en el tratamiento funerario son ellos los beneficiados y ellas las relegadas a la segunda posición. Además, sus cuerpos, sus tumbas y sus representaciones tienen el denominador común de la violencia, ausente en los cuerpos, tumbas y representaciones de mujeres. Sabemos que el Neolítico fue toda una revolución para la humanidad. La nueva vida en poblados estables, la agricultura y la ganadería o el inicio de la acumulación de excedente modificaron completamente desde entonces y hasta el día de hoy nuestra forma de vivir y relacionarnos con el medio. ¿Se sentaron también entonces las bases del patriarcado? La cautela impide hacer afirmaciones rotundas, pero los datos señalan sin duda la progresiva vinculación de los varones con la violencia y el papel que esta jugó en el nacimiento de la dominación masculina. Que podamos responder con firmeza pasa por hacer más investigación, que esto sea posible depende en buena medida de que el feminismo siga presente en nuestras calles, nuestras plazas y nuestras conversaciones.

Revolver la historia de héroes y naciones

Ya han comenzado los actos de conmemoración del V centenario de la primera vuelta al mundo, que se inició en el puerto de Sevilla en agosto de 1519 y concluyó tres años después en el de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz. Durante este próximo trienio las instituciones públicas y privadas desplegarán un sinfín de eventos para ensalzar la pionera aventura capitaneada, primero por Fernando de Magallanes, nacido en Sabrosa, Portugal y, después, por Juan Sebastián Elcano de Getaria, País Vasco, entonces parte del Reino de Castilla. La expedición también contó inicialmente con más de doscientos marineros de diferente origen y tan pioneros como los primeros, de las cuales casi nadie se acuerda.

En términos generales, haciendo caso omiso de la complejidad histórica y de sus implicaciones en la actual configuración del mundo, estos eventos se suelen enmarcar, lamentablemente, en una concepción romántica, heroica y patriótica de la historia. No hace falta ir muy lejos para recordar los fastos culturales llevados a cabo durante 1992, con evidentes sesgos de propaganda nacionalista, rememorando también la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas. Ahí están las polémicas que ya han empezado a aparecer en los medios de comunicación sobre la identidad nacional de los protagonistas o la titularidad patrimonial de aquella primera circunnavegación. De hecho, los Gobiernos español y portugués han tenido que firmar una especie de paz entre vecinos para poner fin a las ridículas desavenencias. Estas disquisiciones chauvinistas olvidan que, durante esos siglos, la adscripción al territorio fue totalmente relativa. Las monarquías feudales no estaban delimitadas por fronteras en el sentido clásico del término, sino por una imbricación de múltiples espacios constantemente unidos, desunidos y recombinados a través de guerras, conquistas o matrimonios.

Como nos recuerda el historiador y sociólogo Immanuel Wallerstein en su trilogía sobre el sistema-mundo y el origen de la economía-mundo capitalista, este sistema apareció con la crisis del feudalismo, motivada por la rivalidad económicomilitar imperante entre las monarquías absolutas. El choque entre ellas incentivó la asociación de las nuevas burguesías con las viejas aristocracias, apuntaló la acumulación y pavimentó la aparición del comercio global, con un carácter marcadamente expansivo y extractivista. De hecho, aquellos viajes de «descubrimientos» o «vueltas al mundo» se inscriben en el marco de un conjunto de grandes travesías marítimas y expediciones comerciales que durante los siglos XVI y XVII fortalecieron a las monarquías absolutas, después consolidaron a los Estados nación europeos que, a su vez, reconfiguraron los mapas de las colonias y abrieron el camino a un nuevo orden económico, el capitalismo, en el que predominaba la explotación de los recursos materiales y humanos de las colonias y, en menor media, el intercambio de bienes.

Cierta historiografía académica ha intentado demostrar que aquellos ciclos de expansión y de acumulación también se hicieron en nombre de un pretendido nuevo mundo más justo y civilizatorio, en teoría. De hecho, cuando se elude a los mutuos beneficios se olvida que la reciprocidad cultural se llevó a cabo más en beneficio de unos y en detrimento de otros, como ha ocurrido siempre en todos los procesos de conquista territorial y colonización imperial. No podemos olvidar que el inicio de la modernidad europea coincide precisamente con el comienzo de un largo periodo de explotación y de intensos procesos de segregación racial y discriminación social que han llegado hasta nuestros días.

Por tanto, no se trata de pedir perdón por lo ocurrido en la conquista de aquellas tierras —tal vez también haya que hacerlo—, como reclama el actual presidente de México, López Obrador, sino de ser capaces de pensar la historia de forma menos eurocéntrica y triunfalista, con mayor capacidad de abrir debates para acercarnos a las voces e inteligencias que reclaman su derecho a una memoria más justa para con las comunidades afectadas.

Hoy, dar la vuelta al mundo debería significar revolver los relatos hagiográficos de aquellos héroes, darle un vuelco a la propia historia de los descubrimientos para preguntarnos dónde y quiénes son las heroínas y los héroes del presente que merecen nuestra atención. Las actuales políticas racistas de los desarrollados Gobiernos occidentales contra las personas inmigrantes son la verdadera cara de esa modernidad eurocéntrica y colonial que no deja de ser más que la continuidad de aquel, como mínimo, imperfecto proyecto civilizatorio, por no decir de barbarie si tenemos en cuenta el cúmulo de disparates xenófobos que se están escuchando como la ocurrencia del PP de incluir en su programa una propuesta de «ley de apoyo a la maternidad» para que se puedan retrasar los trámites de expulsión de migrantes sin papeles en el caso de que den a sus hijos en adopción.

En respuesta a esta descabellada proposición, la antropóloga Mafe Moscoso en «Invierno demográfico, racismo y extraccionismo de niños (a la española)», publicado en El Salto, afirma que la descabellada idea de Casado no es más que otro eslabón de un sistema estatal –aquí también el PSOE tendría mucho que decir— que separa de distintas maneras a los niños y niñas de sus madres migrantes con muros burocráticos y obstáculos fronterizos.

Tal vez, frente aquellas viejas gestas y batallas marinas, cuyas aventuras suenan a anacrónicas, ensalzamientos nacionales, estas sean las vueltas al mundo que actualmente deberíamos reconocer y haciéndolo, además, desde una visión de la historia más comprometida con la politización y las voces y silenciadas y subjetividades chuleadas, que diría Suely Rolnik, de las experiencias poscoloniales. Sobre todo, aquellas que vienen de la crítica contemporánea a todos los procesos históricos de racialización y marginalización sistemática que todavía hoy en día subsisten en las relaciones entre Europa y la tricontinentalidad poscolonial.

Por encima de la hagiografía biográfica de los «héroes» y «descubridores» habría que traer la historia al presente para repensarla al hilo de las contradicciones que han generado los procesos históricos de discriminación de clase y raza. Romper ese estigma racista que domina muchos aspectos de nuestra realidad, desde la economía hasta los sentimientos, debería implicar un mayor ejercicio de relectura de la historia, con énfasis en la contra lectura de las relaciones jerárquicas, siempre opacas y negadas.

La química del poder

Gobernantes y drogas componen una relación estrecha, una realidad silenciosa que, de Lenin a Albert Rivera, ha tenido protagonistas dispares e inspira sugerentes relatos sobre el origen de la propia democracia o el devenir de la revolución soviética.

Desde el principio de los tiempos, el uso de sustancias tóxicas para buscar estados alterados de conciencia ha acompañado a la humanidad. Las causas están alojadas en los velados principios rectores del espíritu humano: sea por la búsqueda de la trascendencia más allá de lo terrenal, la cuestión dionisíaca, la evasión o porque, total, son diez pavos cada uno y es viernes por la noche. Desde Baudelaire (y su Spleen de Paris) a Joaquín Sabina («pon gramos, que hablo de Madrid») sólida ha sido siempre la relación entre el mundo de la droga y la cultura; pero poco se ha hablado sobre la conexión entre la droga y el poder político. Aquí unas líneas (je, sí, sí, ya, ya) a modo de repaso histórico y exopolítico.

En tiempos ancestrales y sociedades sin estado, el chamán (el dealer de la tribu) era uno de los nodos fundamentales de poder. Mediante el rito de la ayahuasca o inhalando humos, ayudaba a tomar decisiones y fortalecía los vínculos de la comunidad. Pero su poder era oculto y no cualquiera podía a acceder a él. Ya empezamos.

El opio en la antigüedad —junto con el garum y el vino— era consumido regularmente por la población. Eurípides o Dioscórides reflejaron en sus tratados el uso de plantas psicotrópicas como un elemento de sanación habitual entre los griegos más pudientes. Si bien el uso era terapéutico, es bien sabido que a todo el mundo le gusta cogerse un morazo; o ponerse methyon, como dirían ellos. Incluso el emperador romano Marco Aurelio tomaba su dosis diaria de droga –se cree que opio– para paliar sus dolencias y su posible úlcera crónica.

La bebida Vin Mariani, creada en 1860 por el químico francés Angelo Mariani a base de vino de Burdeos y cocaína, era recomendada por el mismísimo papa Leon XIII, quien apareció en algunos de sus posters publicitarios. Otros aficionados poderosos de Vin Mariani fueron el papa Pio X, Thomas Edison, la reina Victoria de Inglaterra, los presidentes de Estados Unidos Ulysses Grant y William McKinley; o el primer ministro francés Jules Méline.

El uso de drogas en las guerras se ha dado desde los bersekers vikingos, que combatían puestos de amanita muscaria, hasta los soldados americanos en Vietnam, que lo mismo fumaban marihuana, que tomaban LSD o se hinchaban a opiáceos.

Sergei Sholokhov, Lenin, durante su exilio en Siberia, consumió habitualmente amanita muscaria, lo cual alteró poderosamente su personalidad y, quien sabe, cambió el rumbo de la humanidad. Así lo afirman alguna fuente de la BBC, nada sospechosa de anti-comunismo. Fuera aparte de las comprensibles risillas y pequeñas maldades que se le ocurra al lectorado a propósito de la relación entre la supuesta extrema inteligencia de Lenin, el consumo de hongos alucinógenos y la recanalización de la revolución soviética hacia el capitalismo de Estado, esta relación entre gobernantes y drogas nos remueve una vieja tensión en nuestros corazones toxicofílicos y libertarios. Lo dejamos para otro día.

Ya en la edad moderna, las drogas pueden ser, además de una ayuda para sobrellevar el peso del poder, un magnífico recurso publicitario para con el electorado más liberal. No crean que no lo pensaron los social-liberales Obama o Rodríguez Zapatero cuando reconocieron haberse fumado algún porro en su juventud; o el mismísimo y hedonista Bill Clinton, que no se le ponía la cara roja cuando le achacaban haberse fumado sus petardos de marihuana en la facultad.

En la viva política española actual hay algunas asociaciones de ideas evidentes, pero no, aunque el cuerpo lo pida, no vamos a hacer chistes sobre Albert Rivera. Eso lo dejamos para los medios mainstream. Vale con decir que en 2005 la cadena de televisión alemana Sat-1 realizó un reportaje en el que asegura haber encontrado trazas de cocaína en 41 lavabos de la sede del Parlamento Europeo en Bruselas. Es como si Ciudadanos tuviera allí mayoría absoluta. Por cierto, ¿sabéis cuánto cuesta un gin tonic en el bar del Congreso? 4,80 €. Quizás eso ayude a explicar algunas cosas.

Por último, volviendo a David Hillman, un mensaje para que rumien sus cábalas sobre la política y el poder: la Democracia fue concebida en un ambiente de consumo lúdico de drogas. «Los antiguos filósofos griegos que inspiraron la revolución mental que influyó el nacimiento de la democracia fueron los mayores lunáticos consumidores de drogas de todos (…) Eran más como hombres de medicina que filósofos». Por lo tanto, no sólo la democracia floreció en una cultura de las drogas, sino que hunde sus raíces en un movimiento intelectual, chamánico y drogota.

Bien mal

«No hay bien que por mal no venga»*

¿Te gusta viajar? ¿Quieres conocer Estambul, Lisboa, Granada, Toledo, New York?

¿Te gustan los barrios auténticos? ¿Los mercados, el bar con la cerveza a buen precio, la ferretería de toda la vida?

¿Quieres viajar mucho pero tu presupuesto es corto?, ¿te encantaría quedarte en casa de alguien, hacer como que vives cuatro o cinco días como si fueras local?

¿Te vendría bien un ingreso extra y alquilas un cuarto de tu casa de vez en cuando?

¿Empiezas a despertarte con ruido de ruedas sobre los adoquines?

¿Te gustaría vivir en un hotel?, ¿quieres cambiar de vecinas cada tres días?

¿No es interesante escuchar pasar por tu calle inglés, francés, ruso, chino?

¿Quieres vivir en un hotel, sin recepción?

¿Envidias las reuniones de trabajo que ocurren debajo de tu balcón, en plena calle, bajo el quicio del portal?

¿No es curioso ese ruido de aspiradoras, esas mujeres que entran y salen con bolsones azules de Ikea cargados de sábanas?

¿Te gusta viajar?, ¿quieres conocer los lugares auténticos de los sitios a los que vas?, ¿no mola eso de la economía colaborativa?, ¿quieres seguir comprando en el mercado?, ¿te gustaría seguir teniendo vecinas?, ¿estás harta de que crezcan carrefures and go por todas las esquinas?

¿Tiemblas cada vez que anuncia el «cierre por jubilación» una tienda de toda la vida?

¿Estás harto de que nazcan mesas como setas sobre las aceras de la calle Feria?

¿Recuerdas dónde había una mercería, una tienda de ultramarinos, una perfumería; que Regina era un reino de zapaterías?

¿Estás apostando qué será más barato que en El Mato? ¿De precios de alquileres mejor ni hablamos?

* D. suele venir a clase con la mirada perdida. A veces hablamos. A veces me escucha y trabaja. Muchas veces me enfado porque no lo hace. El otro día iba diciendo un refrán. «No hay bien que por mal no venga». M. se rió. «No hay bien que por mal no venga.»

Desmontando el mito del reciclaje

Ecoembes es una empresa privada

Has visto su logotipo en los contenedores amarillos, pero no es una contrata municipal de recogida de basuras ni una unidad de la administración ambiental. Has visto su marca en campañas que hablan de compensar la contaminación y proteger el medio ambiente, pero no es una ONG  ecologista. También has visto su marca en estudios sobre reciclaje de residuos pero no es una institución científica. Entonces, ¿qué es Ecoembes?

Ecoembes, Ecoembalajes España SA, es una empresa privada con forma de sociedad anónima creada por corporaciones, grupos y organizaciones empresariales relacionadas con los envases de usar y tirar (fabricantes de envases, envasadores, distribuidores de productos envasados y comercios) para gestionar el dinero que obligatoriamente deben destinar a la gestión de los residuos de los envases que ponen en circulación.

¿Por qué crean una sociedad como Ecoembes las empresas del envase de usar y tirar?

La Unión Europea estableció el principio de responsabilidad ampliada del productor, que obliga a los fabricantes a aceptar y eliminar los productos devueltos tras haber sido utilizados; quien pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos debe cubrir los costes de la gestión de esos residuos.

El objetivo de este principio es conseguir que toda la cadena de distribución de productos se implique para reducir la generación y prevenir el abandono de residuos. Exigiendo a los fabricantes  hacerse cargo de la gestión de los residuos de envases se incentivan estrategias para reducir el impacto ambiental: ecodiseño, economía circular, concienciación, prevención, recogida selectiva…

La legislación propone cobrar una cantidad en la venta de productos envasados que puede ser recuperada por quienes entreguen de vuelta los envases que dejan de cumplir su función y se convierten en residuos. Para los responsables de envases que no quieran acogerse a este mecanismo existe la opción del sistema integrado de gestión.

Ecoembes es el sistema integrado de gestión de residuos de envases domésticos que funciona actualmente en España. Se complementa con Ecovidrio, para envases de vidrio, y con Sigre, en el sector farmacéutico.

Muy básicamente, es un sistema financiero en el que las empresas adheridas delegan una cantidad de dinero —500 millones de euros—  que, a lo largo del año, la empresa Ecoembalajes España, SA utiliza para gestionar el sistema de recogida selectiva de envases domésticos de plástico y papel o cartón a través del contenedor amarillo y el contenedor azul.

¿Cuál es el modelo de negocio de la empresa Ecoembes?

A pesar del nombre, el negocio de Ecoembes no es muy ecológico. Su principal fuente de ingresos es la cuota que pagan los envasadores por los productos envasados que ponen en el mercado. Así, cuantos más envases de usar y tirar se pongan en circulación, más ingresos tiene Ecoembes.

Toda su estrategia se basa en este modelo de negocio. Ecoembes admite en su sistema a empresas que ponen en el mercado envases que no pueden recuperarse ni reciclarse en el modelo de gestión del contenedor amarillo. Los sobres individuales de salsas: ¿se reciclan porque se vendan con el sello que muestra la adhesión al sistema integrado de gestión de envases de Ecoembes? No, pero permite a la empresa que los vende justificar el cumplimiento de la responsabilidad ampliada del productor.

Si el sistema integrado de gestión no los admitiese, los responsables de estos envases deberían establecer un mecanismo para aceptar de vuelta los residuos generados. Esta segunda opción sería inviable en muchos casos, lo que desplazaría esos envases insostenibles por otros o quizá forzaría la venta a granel de determinados productos.

No es solo medio ambiente, también es economía y salud. Cuando el distribuidor decide sobre el tamaño de la ración individual de su producto también decide sobre nuestro modelo de consumo. Que incurra en sobreembalajes para agrupar en lotes de venta esas unidades de producto cada vez más pequeñas es solo un mal menor para tu cuerpo y tu bolsillo.

Para mantener su modelo de negocio, Ecoembes utiliza su auto asignado «eco» en campañas publicitarias y mensajes que apelan al medio ambiente para fomentar el consumo de envases de usar y tirar tranquilizando la conciencia ambiental del consumidor.

En definitiva, Ecoembes es una empresa privada que está hipotecando el modelo de gestión de residuos en España. Pero, gracias a sus potentes campañas de comunicación para despistar la atención sobre los datos reales y las estadísticas oficiales de gestión de residuos, todavía hay mucha gente que cree que Ecoembes es una especie de ONG que se dedica al cuidado del medio ambiente.

¿Qué pasa con el ánimo de lucro?

La legislación que regula la creación de sistemas de responsabilidad ampliada del productor establece que las entidades que los gestionan no pueden tener ánimo de lucro. Así, Ecoembes es quizá la única sociedad anónima sin ánimo de lucro en España.

Ecoembes no da beneficios. Conforme al mandato legal, gasta todo lo que ingresa en acciones destinadas a perpetuar el insostenible modelo de consumo basado en envases de usar y tirar.

Y no es transparente, no sabemos cuántos envases se ponen en el mercado, por lo que no podemos saber cuántos de estos se recogen y, a su vez, qué porcentaje del total es efectivamente reciclado. Por eso la oposición de Ecoembes a la incorporación de modelos alternativos o complementarios de gestión de residuos. En el contenedor amarillo todo se mezcla, pero si los envases se recogiesen uno a uno (por ejemplo en un sistema de depósito, devolución y retorno) se contarían, lo que permitiría a otras entidades tener acceso a los datos sobre envases gestionados.

¿Hay soluciones?

Lo primero tomar conciencia de la problemática y reducir al máximo el consumo de envases de usar y tirar.

El cambio no depende solo de las opciones individuales. La industria tiene la responsabilidad de elegir modelos sostenibles para poner en el mercado sus productos y servicios. ¿Por qué no optar por envases reutilizables que supongan una menor huella ecológica?

La vía institucional también está abierta. Varias comunidades autónomas estudian la viabilidad de los sistemas de depósito, devolución y retorno de envases en sus territorios.

Posiblemente, ante el avance de la incipiente competencia, la propia empresa Ecoembes evolucione y diversifique la forma de recoger residuos de envases, aplicando esquemas mixtos de devolución y retorno complementando al contenedor amarillo.

La transición energética será ecofeminista o no será

¿De qué hablamos cuando hablamos de energía?

La concepción de la energía es cultural. Si buscamos su definición en la Wikipedia, nos encontramos con que, desde las ciencias de la tecnología y la economía, se refiere a un recurso natural, incluyendo a la tecnología asociada para poder extraerla, transformarla y darle un uso industrial o económico. Buen ejemplo de ello sería el petróleo.

Sin embargo, existen sociedades radicalmente distintas que consideran a este último como la sangre de la Tierra. Un ejemplo de ello son los U’wa, habitantes de las profundas selvas del oriente colombiano, que amenazaron con un suicidio colectivo si su territorio era intervenido por la industria petrolera. Bajo su cosmovisión promovían su lema: «El petróleo es ruiría y ruiría es la sangre de la Madre Tierra… tomar el petróleo es para nosotros como matar a nuestra propia madre».

La energía, por tanto, va mucho más allá de un concepto físico que se mide en julios, pues es un elemento también social, político, económico y cultural. No se puede entender sin el contexto en el que se usa y se extrae.

En términos generales, la energía que consumimos podemos agruparla en la producida por los propios cuerpos  —endosomática— a partir principalmente de la alimentación. Y la generada fuera de estos —exosomática—. Los debates actuales de expertxs en transición energética ponen el foco, no casualmente, en esta última.

De esta forma se invisibilizan una serie de flujos energéticos necesarios para el mantenimiento del actual modelo económico-energético y, sobre todo, de la vida. Aquí nos encontramos con los trabajos de cuidados, llevados a cabo de forma mayoritaria e injusta por cuerpos feminizados. Estos trabajos comprenden una parte material, como puede ser la preparación de alimentos, entre otros. Pero también una parte relacional y emocional tan reclamada por el movimiento feminista: necesitamos amor y afectos para vivir. Esto también es energía, y de la buena.

Un modelo que expolia territorios y cuerpos

Sin embargo, como decimos, el discurso dominante se centra en la energía exosomática. Históricamente siempre ha estado presente el fuego —producido por la combustión de la madera en un primer momento, después turba, carbón, petróleo y gas—, siendo también antiguo el uso de las energías renovables de origen solar. Pero recientemente ha cobrado especial importancia un vector energético: la electricidad, pudiendo utilizarse esta como trabajo, calor y luz.

Así, este vector se ha tornado tan importante que se han llegado a crear grandes monopolios en torno a su control. Ello se ha traducido en una lucha sin fin por el dominio de los recursos materiales y del territorio, así como del cuerpo de otras personas.

Sin embargo, esto no es nuevo. El control de la energía ha sido a lo largo de la historia el control de las fuentes (recursos y territorio) y de los vectores (trabajo humano y trabajo animal). Es imposible entender el momento actual de consumo energético sin los procesos de colonización de los países del Sur Global en su momento, y los de neocolonización actuales. Un ejemplo de estos son los tratados de libre comercio (TTIP, TISA o el CETA) que afectan de forma agravada a la población femenina, así como a otros colectivos en una situación vulnerable.

Entre los muchos derechos que se pierden con ellos, se encuentran los energéticos y la construcción de la soberanía energética de los pueblos, que se ve amenazada por la acentuación del modelo fósil y mercantilizado, la posibilidad de ampliación de la frontera extractiva (fracking, arenas bituminosas, etc.). Además de la amenaza que suponen estos tratados y políticas para los procesos de remunicipalización de los suministros, ya que facilitan el terreno para que las empresas lleven a los Estados y administraciones ante los tribunales de arbitraje (ISDS).

La consecuencia directa de estos impactos es que aumenta la vulnerabilidad y hace falta cuidar todavía más. Los impactos del modelo energético —y socioeconómico— nos muestran cómo degradamos el planeta a la vez que excluimos más vidas, precarias y abandonadas a su propia suerte o a la de las personas de su entorno, que las acaban sosteniendo. A la vez, en contextos de precariedad se acentúa la búsqueda de apoyo en redes de soporte mutuo que pide una mayor inversión de tiempo en tareas de cuidados, que principalmente asumen las mujeres.

La historia de la humanidad puede ser detallada, por tanto, a partir del funcionamiento de las sociedades y sus ciclos energéticos. Estos se basan en el agotamiento de unos recursos y en una fe ciega en la tecnología para que invente una nueva forma de acceder a ellos. A través de esta visión se invisibiliza el límite de los recursos tanto del planeta como de las personas y de las externalidades que estos procesos conllevan: crisis alimentarias, conflictos medioambientales, guerras, etc., allí donde la población cada vez es más vulnerable y necesita mayor asistencia. Se solapan de esta forma la crisis ecológica con la crisis de cuidados.

Unido a todo ello se suma la creencia de que, ante la superación de los límites físicos del planeta debido a los altos consumos energéticos, la solución estará una vez más en la tecnología. Además, ante percepciones de mejoras basadas en la creencia de que si algo es bueno, entonces más de lo mismo será mejor, aceptamos el crecimiento continuo de la producción, de la movilidad, del consumo y del comercio internacional. Incluso en ocasiones, las alternativas que se presentan desde este paradigma como sostenibles, pueden tener efectos negativos en el bienestar humano y del planeta.

Un ejemplo de esto último es el caso de los biocombustibles: si bien en cantidades pequeñas podrían jugar un papel importante para garantizar las necesidades de movilidad en unas sociedades que limitaran su transporte, en un marco como el actual, su generalización resulta físicamente imposible. Además, sus implicaciones ecológicas y sociales (deforestación y hambre) pueden ser mucho más desastrosas que afortunados sus pretendidos beneficios.

A pesar de todo ello, el debate actual sobre la transición energética, vuelve a centrarse en una sustitución tecnológica: energías renovables. Sin embargo, está comprobado que si bien estas energías serán necesarias, no son la solución, ya que el equilibrio energético del planeta depende también de la energía que llega del Sol. Además, los sistemas de captación de éstas dependen de unos materiales finitos y por tanto no puede asegurarse su permanencia en el tiempo. Con lo que, aunque serán útiles, la solución que se hace urgente debe contemplar un decrecimiento energético en el Norte Global.

Propuestas ecofeministas desde la energía

Así, parece que las dimensiones más relevantes a abordar para una transición sostenible y justa son: (1) cambio de matriz productiva hacia energías renovables descentralizadas, esto es, producción a pequeña escala y cerca del punto de consumo, (2) un descenso del consumo en el Norte Global y (3) la construcción de un modelo basado en la justicia, la participación y la soberanía energética. Esta última reside en la capacidad de una comunidad de gestionar la producción de la energía que consume. Esto se contrapone a cualquier modelo de producción centralizado y en manos de pocas personas o empresas.

Sin embargo, desde una lógica ecofeminista se va más allá. De igual forma que por parte del ecologismo se denuncia la explotación de la naturaleza al considerarla como recursos infinitos apropiables, el feminismo pone encima de la mesa la explotación de los cuerpos feminizados, los cuales han sido, y siguen siendo, fuentes energéticas indispensables para el sistema. Ambos paradigmas se unen y confrontan a través del Ecofeminismo que propugna un modelo económico ligado a la sostenibilidad de la vida, humana y no humana.

Por ello, al hablar de energía, la propuesta ecofeminista la considera como un bien público y un derecho social y por tanto es imprescindible priorizar su uso para abastecer de manera equitativa las necesidades básicas de la población. Por lo que habrá que preguntarse: ¿qué necesidades sociales tenemos?, ¿cuáles son los trabajos que están sosteniendo la vida?, ¿y los necesarios para garantizar vidas dignas? Abastecer estas necesidades y trabajos debería ser la prioridad esencial en la distribución energética, por encima de la obtención de beneficios económicos.

El cambio cultural se torna entonces clave en todo este proceso. Es necesaria una combinación de experimentación y reflexión, de crítica y pedagogía. Como se señala desde el pensamiento crítico ecofeminista, el hecho de que los seres humanos vivamos de espaldas a nuestra supervivencia viene determinado principalmente por dos elementos articuladores de nuestra cultura: la desvalorización de los trabajos de cuidados, promovida por el patriarcado, y el tratamiento de la naturaleza como recurso apropiable, desde el antropocentrismo.

Es hora de que las sociedades europeas (y otros sectores del Norte) se empiecen a cuestionar también el sistema cultural. Es necesario aprender de otras experiencias y saberes de distintas latitudes que nos pueden proporcionar enseñanzas básicas para nuestra propia supervivencia y para la construcción de un modelo centrado en el mantenimiento de la vida, también en el energético.

Para ello, una vez más, el papel de las mujeres es primordial. Estas, junto con otros colectivos vulnerabilizados, son las que más sufren los impactos de las políticas energéticas neoliberales. La desigualdad de género es un factor de riesgo para sufrir pobreza energética, o un obstáculo para exigir la plena participación y poder de decisión en los temas referidos a la energía. Factor que es interseccionado con otros como la edad, diversidad funcional, tipo de vivienda, municipio, país o continente en el que se viva.

Sin embargo, también son ellas las que a partir de esas discriminaciones han creado experiencias únicas de superviviencia que pueden insertarse en proyectos emancipadores. Debido a sus papeles de cuidadoras, poseen un conocimiento real y situado de las necesidades de abastecimiento energético de sus comunidades y de cómo afrontarlas manteniendo además una relación armoniosa con los ecosistemas donde viven.

La Red de Mujeres por una Transición Energética Ecofeminista

Así, conociendo el modelo energético actual, siendo conscientes de las ausencias presentadas y del camino ya construido pero no suficiente, desde el ecofeminismo proponemos nuevas maneras de relacionar las necesidades energéticas con los recursos naturales.

Sin embargo, como hemos visto, este modelo actual además de oligopólico, ecocida e injusto, es machista y falocrático. Y de esto último no se habla. Ello supone que, tanto en los espacios de poder del sector eléctrico tradicional, como en aquellos en los que se están articulando propuestas de cambio de modelo, se reproducen conductas y prácticas que profundizan en las desigualdades y crean barreras a nuestra participación como mujeres.

Todo ello, unido a la creación de la comisión de 14 expertos —todos hombres—, seleccionados por el Gobierno, oposición, CCOO y UGT en 2017, colmó el vaso de la indignación común de mujeres profesionales y activistas de la energía. Y siguiendo la premisa de defender la alegría, organizar la rabia, se llevó a cabo el I Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía, en el 2018 en Bilbao.

Allí nos reunimos hasta 150 mujeres de diversos territorios, demostrando que la masculinización de los espacios de mayor visibilización del sector eléctrico, poco tiene que ver con la ausencia de mujeres y mucho con la falocracia imperante en este campo.

De ahí surgió la Red de Mujeres por una Transición Energética Ecofeminista, sustentada por la elaboración de unos principios de identidad y con acciones llevadas a cabo, como el manifiesto En energía, no sin mujeres, cuyo objetivo es promover la presencia pública femenina en los eventos del sector.

Otra acción destacada ha sido la creación de una base de datos de mujeres expertas en energía, para visibilizar que no hay ni una, ni dos, ni catorce; sino muchas más. Y donde entendemos que el adjetivo experta tiene mucho más que ver con la persona que trabaja para acabar con la pobreza energética que con la que sabe del negocio pero poco hace por cubrir las necesidades de la gente.

Por ello, tanto en el encuentro de Bilbao como en su continuación a través de la Red, no hablamos de precios, ni de cómo extraer más cantidad de combustible fósil a menor coste. No. Hablamos de impactos diferenciados, de solidaridad con las mujeres y de los territorios expoliados; de cómo relacionar los cuidados de las personas con los cuidados al planeta… Hablamos, en resumen, de la vida, en el centro.

Claves para entender el problema de las casas de apuestas.

Los juegos de azar privados estuvieron prohibidos en España hasta marzo del 1977, año en el que se permite la habilitación de bingos, casinos y la instalación de máquinas tragaperras en establecimientos de ocio y bares en un decreto ley de 1977. Hasta aquel momento el control de los juegos de azar era exclusivamente estatal y la oferta se limitaba a la Quiniela, la ONCE, el Sorteo de Navidad, el Sorteo del Niño o la Primitiva.

Décadas después de la legalización del juego privado, el mercado ha renovado la oferta, ha buscado incidir en otros sectores de la población y se han impuesto nuevas preferencias de juegos a la vez que las empresas centraban su inversión en la incorporación de nuevas tecnologías y en la compra de espacios publicitarios en los principales medios de comunicación. Casinos, bingos, salones de juego y casas de apuestas aumentan la presencia en las ciudades y junto con las empresas del juego online, se acercan en beneficios a los números de la ONCE y a las loterías y apuestas del estado. Un mercado donde millones de personas ponen en circulación más de 9 mil millones de euros, y que emplea a casi 85 000 personas, el 54% del sector privado.

Con la llegada del juego virtual de apuestas, casinos, póquer y bingo por internet se revolucionó el mercado del juego en España. Después de una época marcada por la crisis económica, en apenas 7 años la cantidad de capital jugado se multiplicó. En 2018 había 832 000 cuentas activas de clientes que invirtieron 700 millones de euros para jugar en este segmento del mercado, según los datos oficiales proporcionados por la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ). Las empresas de este sector económico han pasado de la clandestinidad virtual a comprar tiempo de exposición prime time en medios de comunicación públicos y privados, y esponsorizar eventos y equipos deportivos de primera línea.

Las apuestas privadas representan un segmento importante aunque todavía secundario del mercado del juego. La implantación en el mercado es menor si la comparamos con las loterías y apuestas del estado, pero crece todos los años a un ritmo del 20% anual desde 2012, movilizando más de 600 millones de euros de 1,7 millones de clientes, mayoritariamente de sexo masculino y entre 18 y 35 años, de todos los estratos sociales derivados de las clases medias. Gastaron 330 millones de euros en terminales de casas de apuestas, salones de juego y bares en 2017, según datos de la DGOJ y el Anuario del Juego en España del Instituto de Política y Gobernanza, financiado por la multinacional del juego Codere. 

Muchos de los negocios que verás por las calles son diferentes marcas de unas pocas operadoras. Aunque el estado ha habilitado este año a 52 operadores para la comercialización de juegos y apuestas, el mercado de las apuestas está dominado por 6 empresas que operan a nivel nacional: Codere, Juegging, Kirolbet, Luckia, Orenes, Reta y Sportium.

Buena parte de las empresas multinacionales europeas más conocidas de apuestas y el juego online pagan sus impuestos de sociedades en paraísos fiscales europeos como Gibraltar, la isla de Man o Malta, aunque igualmente deben satisfacer los tributos nacionales y autonómicos por los beneficios obtenidos y por la actividad desarrollada. El aspecto impositivo es un elemento importante para entender el interés de las administraciones en regular la actividad de los juegos de apuestas y azar. 

Comunidades Autónomas y Estado obtienen una creciente financiación por el auge del mercado, 1500 millones de euros en 2018 para el juego privado online y presencial. El grueso procede de impuestos al juego, que recaen tanto del lado de la empresa que comercializa los juegos como del cliente que abona impuestos por la compra del boleto y también por el premio obtenido. Las apuestas presenciales son competencia autonómica y las online en su mayoría estatales, y ciertas instituciones ven en el sector del juego un factor de desarrollo económico y fomento del empleo, pues representa un mercado que moviliza en España más de 7300 millones de euros anuales para jugar (aunque esta es una cantidad global; tras detraer los premios, las retiradas de dinero y los bonos regalados por las empresas a los nuevos clientes, el montante final real es de aproximadamente 700 millones) que generaron unos 32 millones de euros en impuestos para las comunidades autónomas en el segmento de las apuestas presenciales, un 4,3%.

Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla compiten con Malta para atraer a las empresas del sector radicadas en Gibraltar que se verían perjudicadas por el Brexit, con unas tarifas impositivas hasta un 50% más bajas que las del resto de comunidades autónomas y el estado. Ello supone trasladar la sede fiscal y pagar más impuestos en el territorio, pero la opción de los paraísos fiscales del Estrecho es menos atractiva que trasladarse a Malta si prefieren operar en toda Europa y hasta la fecha hay pocas empresas que hayan dado el paso.

El mercado español del juego es un sector económico que emplea a más de 84 mil personas entre puestos de trabajo directos e indirectos, según el Anuario del Juego en España 2018. Teniendo en cuenta los beneficios que genera y el volumen de capital que ponen en juego anualmente, no parece ser un número suficiente de puestos de trabajo. Observados desde otra perspectiva, las ocupaciones de juegos de azar y apuestas eran las más rentables después de los empleos en el sector de las telecomunicaciones, con 97 342 euros producidos por persona ocupada en un año.

Es por ello que, frente a la demanda social de que se produzca una respuesta institucional a la implantación masiva de casas de apuestas a los barrios de las ciudades, las instituciones y una mayoría de partidos vean más pros que contras.

Contar con datos fiables sobre la magnitud de las apuestas en los barrios es todavía complicado. Los principales datos de explotación económica figuran en las bases de datos que publica la Dirección General de Ordenación del Juego del Ministerio de Hacienda, aunque la transparencia de todas las administraciones en este sentido es relativa. La armonización de los datos para poder construir una fotografía real es complicada, pues estos provienen de diferentes fuentes, información corporativa del sector o estudios por encargo de grandes multinacionales, como el Anuario del juego en España realizado por la Universidad Carlos III y financiado por Codere, multinacional del ramo y patrocinadora del Real Madrid, con estrechas relaciones con el Partido Popular.

Respecto al contexto andaluz, sabemos que en 2018 contábamos con aproximadamente 800 salones de juego, donde es posible apostar en una terminal específica de las casi 4000 que existen, el 35% de todas ellas en Málaga y Sevilla según datos de Codere y la patronal andaluza Anmare.

La Junta de Andalucía no proporciona datos públicos específicos sobre apuestas a las estadísticas nacionales, ni los publica en su memoria, por lo que es necesario acudir a los datos que presenta el sector: 107 millones de euros jugados y 21 millones de euros de juego real, con un gasto medio de 6 €  por persona, cifra muy por debajo de las cifras de otras comunidades autónomas como País Vasco, Madrid, Valencia o Galicia. La particularidad de Andalucía es que la legislación prohíbe instalar terminales de apuestas en bares, aunque no es difícil encontrar en Sevilla o Málaga algún local de apuestas que simula ser un café, o un salón de juegos disfrazado de bar, sirviendo tapas y bebidas alcohólicas o desayunos sin ningún control aparente de entrada a menores y personas auto-prohibidas.

Así pues, dando un paseo por las calles más concurridas de tu localidad seguramente te puedas topar con algún llamativo establecimiento del ramo: una casa de apuestas, un salón de juegos tradicional un tanto oscuro, o uno moderno repleto de vinilos y lucecitas estroboscópicas, donde además puedes hacer apuestasA finales de 2018 en Sevilla ya podías encontrar casi 200 establecimientos y más de 600 terminales de apuestas de alguna de las grandes empresas que operan en Andalucía: Sportium, Vive la Suerte, Luckia, Codere, Orenes o Reta, y apenas había pasado un año desde la promulgación del decreto que ponía en funcionamiento el Reglamento 144/2017 de Apuestas de la Comunidad Autónoma Andaluza. 

Es posible que a estas alturas ya hayas tomado conciencia del riesgo que entraña este tipo de actividades y hayas oído hablar de alguna campaña contra las casas de apuestas. ¿Qué deben hacer las instituciones para prevenir el riesgo hacia las personas más vulnerables? Parece que en principio, pocas cosas, pero de calado: expedir licencias de juego a operadores, determinar la legalidad o ilegalidad de su actividad (supervisar), perseguir el juego ilegal y proteger a la infancia y a las personas consumidoras. La DGOJ ha abierto más de 157 expedientes y ha recaudado más de 100 millones en sanciones en el período comprendido entre 2013 y 2017.

La comparación con el problema de la venta de tabaco y alcohol es obligada. ¿Se están tomando las medidas necesarias? ¿Existe el mismo celo supervisor del estado? Juzga tú misma si quieres. Ahora quizá repares en que has visto algún establecimiento de apuestas excesivamente cerca de la puerta de un colegio o un instituto, que no ves medidas suficientes para impedir la entrada a menores en estos establecimientos y que en general, no hay ningún control publicitario. En este particular, el sector ha tomado la precaución de crear un acuerdo de autorregulación publicitaria para prevenir la intervención institucional, pero es evidente que no está funcionando.

Todos estos son los efectos de un mercado en plena expansión, que demanda espacio físico en la geografía urbana por medio de la compra o alquiler de locales comerciales en un contexto de alza de los precios de los inmuebles. El centro urbano y los barrios con mayor renta per cápita en la mayoría de ciudades tienen menos espacio disponible y asequible para este tipo de negocios, que priorizarán establecerse en barrios populosos donde habite una mayoría de gente joven con trabajo, de ingresos medios o medio bajos y en el que el precio del alquiler de locales no suponga un problema.

El segmento de las apuestas presenciales es un sector con grandes variaciones anuales, representado por muy pocas empresas que venden diferentes tipos de juegos de azar y apuestas, por lo que es posible que una parte relevante de sus casi 2 millones de clientes se haya acostumbrado a participar en algún juego más de los que oferta en el menú la empresa: tragaperras, apuestas deportivas, apuestas cruzadas con otros clientes, apuestas no convencionales, juegos de casino o de póquer virtual. El rubro de las apuestas está tan interconectado con el resto del catálogo de productos virtuales y presenciales para apostar el dinero personal debido a que, en última instancia, el mercado está concentrado en unas 74 empresas a nivel nacional.

Las previsiones más optimistas del Instituto de Política y Gobernanza de la Universidad Carlos III calculan en unas 20 000 las personas afectadas por un uso abusivo de los juegos de apuestas y azar, y el Estudio y análisis de los factores de riesgo del trastorno de juego en población clínica española 2017, coordinado por la DGOJ, ha identificado que las personas con un estado de salud psicológica más vulnerable tienen mayor facilidad para vivir situaciones de riesgo derivadas de la participación en juegos de azar: aumento de la deuda, adicciones al juego y al consumo de alcohol y problemas psicológicos graves.

Por el momento, el acuerdo de autorregulación publicitaria y su fuerte inversión en los medios de comunicación le ha servido al sector del juego para ondear la bandera de la responsabilidad social y el juego limpio en un contexto con demasiado ruido mediático debido al clima político imperante, pero existe contestación social  contra la presencia masiva y la actividad de estas empresas en los barrios de clase trabajadora por todo el Estado.

Las campañas contra las casas de apuestas en los barrios nacen en territorios donde la incidencia del problema es mayor como el País Vasco o Madrid, aunque hay iniciativas sociales en cada vez más puntos del Estado español que están enunciando un serio problema. No hay distancias mínimas respecto a centros educativos o a lugares frecuentados por menores, publicidad abusiva, riesgos para la salud mental, acaparamiento de locales comerciales, más políticas públicas, o la connivencia de los medios y el deporte profesional, son algunas de las muchas quejas y reclamos enumerados.

Estas demandas se pudieron materializar en las medidas que Podemos incluyó en los acuerdos presupuestarios y de legislatura con el PSOE en 2018, aunque finalmente no se llevaron a cabo debido a la disolución de las Cortes y el adelanto electoral de marzo de 2019. También en elecciones este problema se ha trasladado a la agenda de escasos partidos políticos, como Unidas Podemos, Compromís o Ciudadanos, aunque de manera bastante tibia. Parece que una vez más la solución de este problema deberá recaer sobre la iniciativa social.

Brumadinho:

una tragedia anunciada

Viernes 25 de enero de 2019. Brasil se despertó con la noticia de que una presa, perteneciente a la explotadora minera multinacional Vale, se rompió en las proximidades de Brumadinho, ciudad localizada en la región de Minas Gerais, sudeste de Brasil.

Más de 200 personas murieron, 41 siguen desaparecidas y 135 se quedaron sin casa. Diversos movimientos sociales, especialistas, periodistas e incluso el Ministerio Público Federal y la Procuraduría empezaron a hablar de la «tragedia anunciada».

El motivo es la regularidad de casos parecidos por falta de una fiscalización adecuada y de la impunidad de las empresas responsables. Maria Dalce Ricas, superintendente-ejecutiva de la Asociación Minera de Defensa del Medio Ambiente (AMDA): «Los daños ambientales son muy grandes debido a las características de la región. Esta tragedia lleva a una conclusión que no puede ser ignorada durante más tiempo: si las presas no tienen seguridad, entonces no son posibles más explotaciones minerales con presa».

La Procuraduría del Ministerio Público Federal ya alertaba sobre la posible rotura: «Especialistas alertaban sobre el grave riesgo existente en las innumerables presas del país, tanto por la falta de gestión adecuada como por la falta de fiscalización eficiente». Desde 2016 se intensificó la actuación del Ministerio Público Federal (MPF) en la región, entre las varias conclusiones de ese trabajo están la fragilidad del marco regulativo, la desestructuración de órganos de control y la falta de punición rápida y efectiva a los responsables. «La legislación brasileña no estaba adaptada, los órganos de fiscalización ambiental no recibieron la debida valoración y no se aplicaron las sanciones adecuadas. En ese escenario, no parece adecuado hablar de accidente cuando hablamos de la catástrofe de Brumadinho», concluyó la nota lanzada por el Ministerio Público.

Alessandra Cardoso, asesora política del Instituto de Estudios Socioeconómicos (Inesc), dijo a BBC Brasil que el hecho de que la represa llevara inactiva desde hacía tres años, sin recibir residuos, habría desgastado la estructura. Para ella, cuando una mina o presa paraliza sus actividades, «la tendencia es que la empresa le ponga menos atención» a los criterios de seguridad.

Según Vale, la balsa rota había pasado las inspecciones de seguridad en junio y septiembre de 2018 que establecieron que era una infraestructura segura.

El lodo de la Vale llegó a una aldea del pueblo indígena Pataxó, a 26 km del lugar de la rotura. Según lxs indígenas, el agua del río empezó a sufrir cambios. «El agua estaba clara, pero hoy está roja oscura. Ya hay peces muertos», afirma el líder de la aldea. Después de lo ocurrido, seis ayuntamientos pidieron a la población que se alejara del río, ya que el nivel del agua podía subir con la cantidad de lodo.

Víctimas no humanas

Además de las dificultades en calcular el número exacto de personas fallecidas, hay muchas incógnitas relacionadas a las especies no humanas (los animales) que también fueron víctimas de la rotura de la presa de Vale. Activistas, ONGs y veterinarixs voluntarixs hasta la tarde del día 27 no habían sido autorizados a actuar en la zona.

Además de solidarizarse con las víctimas humanas, pidieron que se rescataran los animales. La compañía declaró en una nota de prensa que se rescataría a los funcionarios y las personas de la comunidad, pero no mencionó qué haría en relación con los animales y la reparación ambiental.

Bloqueo de los bienes de la compañía

La justicia embargó 11 billones de reales brasileños de Vale (alrededor de 2,75 mil millones de euros). El objetivo era garantizar los recursos para reparar los daños causados, indemnizar a las personas afectadas y costear los destrozos ambientales.

OTROS CASOS

Mariana

El 2015, otra presa de la misma compañía (Vale/Samarco) se rompió en Minas Gerais dejando 19 fallecidos. Aldeas enteras fueron inundadas por el lodo y los impactos socioambientales llegaron a las ciudades de Minas Gerais y Espirito Santo. 22 personas y 4 empresas respondieron ante la justicia, 21 de ellas por homicidio. Para el Ministerio Público Federal faltaron medidas para prevenir la tragedia y las muertes. Solo en Ibama se presentaron 25 multas, pero la compañía las recurrió y no tuvo que pagar ninguna.

Ese fue el mayor desastre ambiental de Brasil. Solamente un mes después fueron retiradas 11 toneladas de peces muertos. Tres años después, los Estados todavía sufren los impactos socioambientales. Además de eso, varixs habitantes perdieron sus casas sin que haya comenzado la construcción del sitio donde iban a ser reubicados.

Miraí

En 2007, otra presa se rompió en la ciudad de Miraí, localizada también en Minas Gerais. Hubo una fuga de 2 280 000 m³ de lodo tóxico, resultado de una mezcla de agua y argila (utilizada para lavar la bauxita). La tragedia dejó a 4 mil personas desalojadas. No fue hasta 2014 cuando la empresa fue condenada a pagar una indemnización. De acuerdo con un documento divulgado por el Ayuntamiento de Miraí, el perjuicio para la ciudad se contabilizó en 73 985 millones de reales brasileños (18 496,25 millones de euros). Nueve veces más que el presupuesto anual del municipio.

Cataguases

En 2003 se rompió una presa de celulosa en Cataguases (Minas Gerais), con una pérdida de 520 mil m³ de residuos compuestos por residuos orgánicos y sosa cáustica. Los residuos afectaron directamente a poblaciones de pescadores que vivían del río, además de áreas de Rio de Janeiro.

¿QUÉ DICE EL PRESIDENTE?

Durante su campaña, el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, declaró en varias ocasiones que quería acabar con el Ministerio de Medio Ambiente. Cuando fue elegido, una de las primeras medidas fue vincularlo al Ministerio de Agricultura, y este pasaría a interferir directamente en las decisiones de licencia ambiental para grandes empresas en áreas de preservación ambiental, tierras indígenas y comunidades tradicionales. La liberación de esas obras pasó a manos de los principales interesados en sacarlas adelante: los terratenientes y grandes empresarios.

Este nuevo contexto tiene impacto en grandes proyectos, como es el caso de Vale, que devastó la ciudad de Brumadinho. El motivo es que cuanto más blandas son las investigaciones sobre los posibles impactos ambientales, más probable es que los mismos vuelvan a repetirse.

Se vende humo (verde)

Ecologistas en Acción presenta sus observaciones al anteproyecto de ley de cambio climático y al borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.

La emergencia climática empieza a ser una preocupación prioritaria para la ciudadanía. Gran parte de la población ha tomado conciencia de la necesidad de que las instituciones tomen medidas reales para atajar la crisis ecológica y social. Las nuevas generaciones son mucho más conscientes del colapso que estamos viviendo. Miles de estudiantes se están movilizando en muchos puntos del planeta bajo la etiqueta Fridays for Future para exigir a los Gobiernos un compromiso real. Ante la evidencia los partidos políticos no pueden mirar para otro lado, pero ¿cuál es su mirada?, ¿dónde colocan el foco?, ¿hay realmente voluntad de transformación? En plena temporada de elecciones y por tanto de campañas electorales, el Gobierno del PSOE presentó un anteproyecto de ley de cambio climático y un plan nacional de energía y clima colocando el foco en los cambios tecnológicos para seguir pensando en términos de crecimiento y desarrollo. Ecologistas en Acción analizó cada uno de los temas planteados y en este número de El Topo nos hacemos eco de las puntualizaciones presentadas sobre ambos documentos.

El reconocimiento de la urgencia climática de los discursos políticos no tiene su reflejo en compromisos acordes con la evidencia científica. Las medidas propuestas para la lucha climática siguen sin comprender que el cambio necesario es más profundo que una sustitución tecnológica. El aumento de la ambición respecto a la anterior propuesta es para la organización ecologista una noticia positiva, pero sigue aún muy lejos de las reducciones necesarias.

Un reciente informe de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) cifra los efectos del cambio climático en la prolongación de cinco semanas del periodo de verano, la duplicación de las noches tropicales y la reducción de los recursos hídricos disponibles. Una pequeña muestra de los cambios que se experimentarán de no contener el incremento de la temperatura global y una nueva señal de alarma que muestra la emergencia climática actual. Sin embargo, para Ecologistas en Acción las propuestas presentadas hasta el momento repiten varios errores que impedirán limitar el aumento de la temperatura global muy por debajo de 2 ºC.

1. Los objetivos no son suficientes. Todas las propuestas deberían incluir una evaluación comparativa de sus compromisos con los objetivos presentados en el informe del IPCC, explicando con claridad la ruta de descenso anual de emisiones. De nuevo es necesario señalar que solo una reducción del 7% anual constituiría un mínimo a garantizar, siendo un 10% anual la reducción necesaria y adecuada bajo criterios de justicia climática.

2. El 58% del ahorro de energía alcanzado mediante mejoras de la eficiencia, especialmente en el sector residencial, se utiliza para generar nuevos consumos. Esto indica que en 2030 la huella ecológica de España será superior a dos planetas. La propia modelización utilizada asume las máximas del crecimiento ilimitado, de forma que los horizontes desarrollados son por definición insostenibles.

3. Aunque el transporte es el sector más emisor, la falta de medidas a nivel nacional deja a las entidades regionales y locales la responsabilidad de la reducción de las emisiones. La promoción del vehículo eléctrico oculta la inviabilidad del transporte individual y la falta de voluntad de atajar la reducción del número vehículos privados. En cuanto a las mercancías, se sigue apostando con claridad por el transporte por carretera, dejando de lado otros medios menos contaminantes como el ferrocarril convencional eléctrico.

4. El sistema eléctrico está en condiciones de lograr una descarbonización rápida sin carbón, nuclear u otras energías fósiles. Sin embargo, la falta de ambición solo protege las cuentas de amortización de las grandes eléctricas, como ha quedado demostrado en el pacto de prolongación de la vida de las centrales nucleares. Sigue sin impedirse que la fijación del precio de la luz esté en manos del oligopolio energético, empresas que concentran gran parte de la producción eléctrica. Para ello, se continúa con grandes e innecesarias infraestructuras como las interconexiones eléctricas o gaseoductos.

5. Es patente la falta de medidas en muchos aspectos clave que pueden fortalecer un cambio de escala de lo local a lo global. No se apuesta por lograr que el consumo local y sostenible se articule como la cadena alimentaria mayoritaria para la población, lo que se contrapone con la falta de freno de un proceso de industrialización agroalimentaria creciente. Evitar el debate sobre el regadío y el excesivo consumo de agua agrícola no va a impedir que su escasez se incremente en las próximas décadas. La compensación de las emisiones por los bosques va a someter a mayores presiones a ecosistemas frágiles, mientras que la elección de falsas soluciones como los biocombustibles o la captura y el almacenamiento de carbono solo agravarán problemas ya existentes. El centro de la discusión climática debe ser frenar la despoblación, un nuevo concepto de empleo y la sostenibilidad, no cómo influir en los mercados.

Ecologistas en Acción recuerda que numerosas declaraciones de políticas y políticos han reconocido públicamente la necesidad de cambiar el sistema para frenar el cambio climático. En este sentido, la organización ecologista remarca que una transformación del sistema no es una reformulación del mismo esquema productivista que ha llevado hasta la ruptura de los límites planetarios. La reducción del consumo es una realidad física ineludible. Cuanto más se tarde en dar una respuesta viable, mayores serán las pérdidas a afrontar durante los próximos años.

El laboratorio neoliberal de la fresa de Huelva

Los debates dentro de la izquierda plantean si es más importante empezar por la lucha de clase, la lucha contra el racismo, contra el patriarcado o contra el desarrollismo. Muchos de estos debates buscan una respuesta unívoca del tipo: «la clase en el centro» o «lo racial es lo determinante». La polarización en los debates obvia algo esencial y es que estas son realidades entrecruzadas, indisolubles que se encarnan en los cuerpos de trabajadores, y que se manifiesta con mayor violencia dependiendo del género y el origen.

Cuando decimos que el neoliberalismo se basa en la explotación del trabajo, asalariado o no, y que esta explotación se realiza entrecruzando diferentes ejes de opresión, como son el género y la raza, no estamos diciendo algo abstracto e intangible. Esta evidencia de la alianza opresiva entre clase-raza-género puede verse, olerse y tocarse a escasos kilómetros de la Sevilla natal de esta publicación: en la macro explotación del fruto rojo de Huelva. Además, esta acumulación de riquezas no solo necesita la explotación del trabajo vivo, sino que necesita también la sobre-explotación de la tierra y los recursos naturales. La agricultura intensiva del fruto rojo en Huelva es un claro ejemplo de todo esto.

Bajemos esta hipótesis de la alianza clase-raza-género-desarrollismo a la tierra de Huelva.

La explotación laboral de la fresa

En Huelva se dedican once mil hectáreas al cultivo del fruto rojo, aunque popularmente se conoce como la fresa. Huelva produce el 100% de la frambuesa española, el 96% de los arándanos y el 97% de la fresa. Durante los meses de marzo a mayo se lleva a cabo la recolección de la fruta, una tarea que, se calcula, necesita más de ochenta mil personas trabajando. Los beneficios que supone el cultivo de este fruto para la comarca onubense ascienden a cuatrocientos millones de euros.

Las empresas que conforman la patronal fresera, al igual que cualquier patronal, tienen dos recursos disponibles para aumentar sus beneficios: la innovación tecnológica y el abaratamiento del salario. La innovación tecnológica en un proyecto empresarial como este es muy limitada. Cultivar bajo los invernaderos, los famosos plásticos, supuso en su día una de estas innovaciones tecnológica que disparó los beneficios porque permitió producir fresas fuera de sus ciclos naturales. Sin embargo, la innovación tecnológica toca techo y, máxime en la recolección y por la propia delicadeza del fruto, no permite usar máquinas. La mata de la fresa no es un olivo al que se pueda zarandear con una máquina para la recolección: se necesitan manos. El único recurso que tiene la patronal para aumentar beneficios es por tanto el salario, es decir, pagar lo menos posible por el mayor trabajo posible, para lo que requiere a las personas que más necesitan el ingreso. Veamos tres estrategias utilizadas para este abaratamiento salarial que revierte directamente en las ganancias de la empresa:

  1. El Convenio del campo de Huelva es el que establece el salario más bajo para esta labor en el Estado español. En la actualidad el salario día para una jornada de trabajo es de cuarenta y dos euros, un precio por debajo del nuevo salario mínimo interprofesional. Para que pudiera pactarse un salario mayor sería necesario que los sindicatos negociaran con presión frente a la patronal. La realidad es que los sindicatos mayoritarios firmantes del Convenio huyen de esta confrontación y temen romper la paz social de la industria más importante de la provincia. Los sindicatos minoritarios, con una tradición más combativa, tienen poca representación en la comarca principalmente porque la población jornalera es inmigrante con mucha movilidad y difícilmente se quedan a construir sindicatos.
  2. Otro de los recursos para abaratar el salario lo puso en bandeja la propia ley de extranjería. Esta ley permite la contratación de personas trabajadoras en su país de origen que vendrán directamente para la campaña de recogida de la fruta y se volverán cuando esta acabe. Este año vinieron más de 19 000 mujeres marroquíes a través de esta posibilidad que otorga la ley de extranjería. Las jornaleras desconocen el Convenio y gran parte de sus derechos, viven en situaciones de aislamiento en las fincas y se les ocultan los mecanismos que deben activar en el caso de que sufran algún abuso empresarial. En teoría deben cobrar el salario que establece en el Convenio del campo en la provincia, pero según sus testimonios rara vez lo cobran y sus posibilidades de reclamar judicialmente son escasas porque entre otros motivos serán devueltas en cuanto acabe la campaña. En la parte del salario legal que la patronal no paga a estas trabajadoras está la ganancia empresarial.
  3. Otro mecanismo histórico que la patronal tiene para abaratar los salarios es tener una mano de obra de reserva dispuesta siempre a trabajar más por menos porque sus necesidades de supervivencia son extremas. Esta función la cumple en Huelva las personas inmigrantes que viven en los asentamientos chabolistas. Más de 1500 personas malviven en estos asentamientos sin agua, luz o saneamientos básicos, en viviendas autoconstruidas, a la espera de poder trabajar algunos días en el campo e ingresar así algún salario. En su mayoría son hombres originarios de Ghana, Malí, Marruecos, Rumanía y Senegal, aunque la población de mujeres comienza a ascender. Esta mano de obra en situaciones de extrema necesidad estará dispuesta a vender su fuerza de trabajo por un salario bajo a cambio de obtener alguna mejora vital. A la vez es un mecanismo de contención para la lucha sindical de otras personas trabajadoras que no se quejarán si sufren algún recorte en sus derechos porque siempre existe una persona inmigrante con extremas necesidades dispuesta a hacer su trabajo por menos dinero.

La explotación racial de la fresa

Como viene exponiéndose, uno de los recursos del capital para obtener mayores beneficios es abaratar salarios y esto será más fácil cuanto más extremas sean las condiciones vitales de las personas trabajadoras. Según el orden económico mundial, las personas hijas de la colonia, es decir, no occidentales, siempre estarán en una desventaja económica respecto a occidente.

El mundo funciona por la sustracción sistemática de recursos materiales y humanos de dos terceras partes de la población mundial hacia una primera parte. Esta ordenación económica, que comienza en el siglo XV con la expansión del capitalismo, situó en la jerarquía de la pirámide social a la población europea blanca y las poblaciones del resto del mundo quedaron convertidas en colonias productoras de materias primas y cuerpos trabajadores baratos en pos del desarrollo de la Europa blanca. Es por esto que el racismo es un factor de ordenación de la riqueza en el mundo y no solo una actitud de intolerancia de los diferentes como suele usarse coloquialmente. Por eso siempre es más barato contratar a personas migrantes: porque son más pobres.

El contrato en origen de personas trabajadoras inmigrantes se empezó a utilizar con población de Europa del Este y las jornaleras eran polacas, lituanas o ucranianas. En el año 2006 se decidió cambiar por población marroquí y el acuerdo se hace desde entonces con el Reino de Marruecos. Esta decisión no fue casual. Las trabajadoras de Europa del Este eran problemáticas, exigían derechos, salían de noche, querían quedarse después de la campaña y hasta se echaban novios onubenses. Las marroquíes se presentaban como una opción más dócil: son musulmanas, salen menos, deben respeto a sus familias y maridos, no se han criado en el comunismo y están naturalmente acostumbradas a servir sin rechistar. Esto es el racismo y el colonialismo como estrategia de explotación a favor de los intereses del capital.

La explotación de género en la fresa

La patronal fresera solo quiere mujeres. Como decíamos al principio, durante la recogida de la fresa se requieren varios miles de personas trabajando. Muchas de ellas son mujeres y hombres autóctonos, pero para los puestos que no se llegan a cubrir con la población autóctona se requiere la contratación de personas inmigrantes. Para esto es para lo que se utiliza la contratación en origen. Al Gobierno marroquí se le hacen llegar las necesidades de mano de obra de cada empresa y se encargarán de una preselección en origen. La patronal les hace llegar el número de personas que necesita y sus cualidades. Hay una cualidad en la que coinciden al 100% todas las empresas: que sean mujeres. Además, se requiere que tengan familia a su cargo en su país de origen, al menos un hijo menor de 12 años. Los empresarios justifican la decisión por la delicadeza que requiere el trabajo de la recogida de la fresa. La realidad que se oculta detrás es que en el imaginario machista se considera que una mujer será menos conflictiva sindicalmente que un hombre a la hora de reclamar sus derechos. Si a esto además se le suma que es una mujer pobre, que por el mismo trabajo de recolección en su país cobra un jornal de siete euros, que tiene hijos a su cargo y una familia musulmana, su docilidad será mayor. Fue viral aquel vídeo del encargado de una finca amenazando a las mujeres con contarle a la familia cómo se portaban. La infantilización en el trato es muy común: incluso en declaraciones públicas, los empresarios hablan de castigos a las trabajadoras en lugar de sanciones laborales. La mujer pobre, musulmana, inmigrante y con hijo a su cargo, se convierte en el sujeto perfecto para abaratar salarios y condiciones laborales, en general, sin temor a una respuesta sindical organizada. Cuando hablamos de la alianza entre el capital y el patriarcado no es solo una consigna, es esto. 

La sobrexplotación de la tierra en la fresa

La producción fresera está regada con las aguas subterráneas que nutren las lagunas y los ecosistemas del Parque Nacional de Doñana. La Junta de Andalucía reconoce que el 15% de estos riegos son ilegales pero las asociaciones ecologistas que trabajan en la zona mantienen que el 30% de las plantaciones de fresa se nutren de acuíferos ilegales que afectan directamente al Parque Natural. Esto supone que una de cada tres hectáreas de plantaciones de fruto rojo se riega ilegalmente a costa de las aguas subterráneas del Parque. En la actualidad, España se enfrenta a una sanción por incumplir la normativa europea sobre aguas. Sin embargo, la Junta de Andalucía se niega a declarar la zona con acuíferos sobrexplotados en una clara connivencia con los intereses de la patronal fresera. Los expertos insisten en equilibrar la explotación económica con la protección de los recursos naturales de Doñana, pero por ahora el capital va ganando. Este agotamiento de los acuíferos repercute directamente en la perdida de biodiversidad. La supervivencia de varias especies autóctonas de aves, mamíferos, plantas e insectos está en peligro. Esto no va de salvar pajaritos desmontando la economía local y la renta de muchas familias. Esto va de que la pérdida de biodiversidad repercute en la desaparición del ecosistema que nos procura el alimento, el agua y la salud. Estamos cortando la rama del árbol sobre la que estamos sentadas.

De lo aquí contado se puede concluir que la ganancia de la patronal fresera pasa por el abaratamiento de las condiciones de trabajo de las jornaleras y jornaleros. Y que, para que este ataque a los derechos de personas trabajadoras genere la menor protesta posible, se escogen a las personas en una situación de vulnerabilidad mayor. En un sistema-mundo patriarcal y racista las personas en una situación de mayor vulnerabilidad son las personas no-blancas que no habitan en Occidente, la migración y, de entre estas gentes, las mujeres. Pobreza, machismo, racismo e insostenibilidad de la tierra al servicio de la ganancia del capital.

Ante esta realidad tenemos que tomar posiciones. Podemos reivindicar y luchar por una subida del convenio, por el saneamiento de los asentamientos chabolistas, para que acudan inspecciones de trabajo, por papeles para todas y para que la Junta de Andalucía declare la sobrexplotación de los acuíferos. Podemos y hacemos todo esto, pero hace falta más. Hace falta pararse a pensar si es posible que un tipo de economía que requiere esta sobrexplotación de la tierra y las personas entre dentro de un marco donde los derechos de todas estuvieran garantizados. Posiblemente, a pesar de todas nuestras conquistas salariales, la situación seguiría siendo incompatible con la dignidad humana y la salvaguarda del territorio. Tenemos que ir a más y proponer soluciones reales, teniendo en cuenta que este negocio cubre el sustento de numerosas personas autóctonas e inmigrantes. Una nueva economía sostenible, ordenada y local que garantice las cosas del comer a todas, y no solo a la patronal, debe estar entre nuestras prioridades políticas para una salida realista y duradera a esta sinrazón.

Ventura, un honor haberte conocido

Nos deja un arquitecto y ciudadano bien comprometido

El pasado 27 de febrero la vida nos dio a muchxs un fuerte mazazo: un accidente de tráfico se (nos) llevaba a Ventura Galera, compañero de enredos y también amigo de tanta y tanta gente. Sirvan estas pocas palabras como muy modesto apunte y reconocimiento de su gran valía.

Golpe, incredulidad, pesadumbre, rabia, recuerdos, despedida, lágrimas…

Conocí a Ventura mediando los noventa, en una actividad de Arquitectura y Compromiso Social (ACS), la asociación que él y más gente habían creado poco antes en la Escuela de Arquitectura de Sevilla. Luego fueron muchas las iniciativas ciudadanas que tuve la fortuna de compartir con él, en ACS y otras entidades.

Ventura nació empezando 1965, en el hospital de Lorca (Murcia) más cercano al pueblo familiar, Albox (Almería). Llegó con su hermana melliza, Resurrección. En 1983 vino a estudiar arquitectura a Sevilla. Pronto tuvo un gran grupo de amigos. Su casa de estudiantes era lugar de referencia: varias estancias comunes, terraza para fiestas, sala de encuentro, de reuniones… y también de oración: desde joven Ventura mantuvo una fe religiosa tan profunda como discreta.

La asociación IAESTE lo becó a Brasil, un viaje que le marcó bastante: allí conoció a gente relacionada con la teología de la liberación.

Su carrera la sacó con becas. Le atrajo especialmente el urbanismo. Su proyecto final, en 1991, fue premiado.

Un año antes, Ventura se casó con Esther, compañera de estudios. En 1995 nació Andrés.

Poco después de terminar la carrera empezó a trabajar en el Ayuntamiento de Carmona (Sevilla), donde obtuvo la plaza de arquitecto municipal en 2003. Allí redactó el Plan Especial de Protección del Patrimonio Histórico, del que quedó muy satisfecho. Pero no pudo ver terminado su Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU), en el que tanto trabajó.

Más tarde se pidió una excedencia de un par de años y se centró en el estudio de arquitectura que compartía con Esther. 

Como profesional libre no hizo muchos trabajos; pero los que hizo, fueron excelentes. Su obra más emblemática quizá sea el conservatorio Gonzalo Martín Tenllado de Málaga, que realizó tras ganar un concurso, concluyéndose en 2014, con un resultado notable. Ventura se sentía muy orgulloso de su conservatorio.

En cuanto a la implicación social de Ventura, apuntar, de entrada, que su contribución a las numerosas iniciativas ciudadanas en las que colaboró tuvo mucho que ver con su formación técnica; con su querencia por el trabajo en equipo y comunitario; y, de manera determinante, con su generosidad y bonhomía. Y seguro que también con la generosidad también de su esposa e hijo, Esther y Andrés, que contribuirían lo suyo a que Ventura pudiera hacer tanto para tantas y tan bien.

Al poco de titularse ya vinculó sus conocimientos al compromiso social: en 1993 fue socio fundador de la ya referida Arquitectura y Compromiso Social (ACS), en la que participó activamente más de 25 años, hasta su reciente disolución, ejerciendo la coordinación durante unos años. Desde su área de Vivienda y Ciudad intervino en numerosas problemáticas. Entre otras, en la del chabolismo. Ahí lideró, junto a la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía el acompañamiento a las familias chabolistas de Los Perdigones. Organizó el concurso de ideas para su realojo en una parcela municipal cercana. Ello no evitó la pésima «salida» dada al asunto por los «responsables» públicos, pero sí la evidenció aún más al haber conseguido alumbrar soluciones dignas y congruentes.

Con el seminario anual de ACS del año 2000, «La ciudad que tenemos, la Sevilla que queremos», Ventura y sus compañerxs reclamaron y promovieron que la elaboración del PGOU de Sevilla, que se iniciaba entonces, fuera lo más participada posible por la ciudadanía. Perseguían tanto una mejor planificación como que el tejido social se fortaleciera: tras el seminario crearon la coordinadora Red Ciudadana la Sevilla que Queremos.

También colaboró desde el Taller de Barrios de ACS en el asesoramiento a muchos vecindarios con problemas. Destaca aquí su gran implicación con La Bachillera, desde el año 2000, trabajando con sus asociaciones en la reivindicación de regular la titularidad del suelo y mejorar este barrio de casitas autoconstruidas con una compleja situación urbanística y de propiedad.

El otro día recordaban las vecinas que el primer arquitecto que apareció por el barrio fue Ventura; y que ahí arrancó con fuerza esta gran lucha vecinal, que aún sigue. Una vecina apuntaba sobre su humildad: «Nos ha llevado de la mano a todos sitios, no sintiéndose protagonista. Parecía que no hacía nada».

Con víctimas, y otrxs comprometidxs, Ventura hizo un recorrido reiterado de la Sevilla empobrecida a la que acoge las instituciones. ¡Qué bien acompañaba! ¡Y qué bien escuchaba!Recogía atento las intervenciones ajenas, hasta a las más banales les daba una vuelta, encontraba algo útil y lo devolvía mejorado.

Gran implicación del amigo igualmente en la Plataforma Ciudadana ¡Túmbala! Contra la Torre Cajasol, creada en 2009 para evitar la erección del primer rascacielos en Sevilla. Aunque ese tótem a la iniquidad terminaron alzándolo, se les puso difícil.

Por último, cabe señalar que Ventura ha estado estos últimos años muy vinculado a la defensa de la Casa Palacio de Pumarejo, implicándose en su tan reivindicada rehabilitación. Desde la Asociación Casa del Pumarejo era el principal interlocutor técnico con los responsables municipales que redactan el proyecto de obras, siendo su empuje decisivo para el avance de este. El 24 de febrero, domingo, tres días antes de su muerte, Ventura preparó una asamblea de la asociación para estudiar el proyecto básico elaborado por el Ayuntamiento y decidir propuestas de mejora. Fue su último servicio a esta lucha ciudadana.

Pero, más allá de las bregas concretas y de su rigor como técnico, hay que destacar la calidad y calidez de Ventura como persona. Trabajar con él era siempre fácil y grato. Solícito, afable, sencillo, dialogante, mediador, respetuoso, cercano, lúcido, cumplidor, hombre de paz… Y todo ello jamás buscando notoriedad o reconocimiento. 

En definitiva, un lujo de persona y de compañero.

El afán, la entrega, los logros y el legado de Ventura para una Sevilla más justa, integradora y habitable no esperan recibir honores oficiales, inscripciones en mármol, nombre de calles… Pero bien que se los merecerían. Por lo pronto, el amigo cuenta con el respeto y el cariño de la mucha gente con la que colaboró, a la que ayudó.

Amigo, te vamos a echar de menos. Tu legado, en nuestra ciudad y en nuestros corazones, ha sido grande.

NOTA: en arquisocial hay dos magníficos libros que documentan el gran trabajo de Ventura y otrxs muchxs compañerxs desde la asociación Arquitectura y Compromiso Social.

Viviendas colaborativas:

una nueva forma de envejecer

En la mañana en que comienzo a escribir este artículo, el titular de un periódico me informa de que existen en España cerca de dos mil municipios con más personas jubiladas que trabajando. Las noticias sobre un futuro demográfico en el que la longevidad se considera una amenaza y no un generador de oportunidades son una constante en nuestros medios informativos. Y sin embargo puede haber también muchas oportunidades y, para aprovecharlas, es necesario tener en cuenta que, quienes ahora envejecen, tienen otras necesidades, han vivido de manera muy diferente a la de sus abuelxs y desean mantener ese estilo de vida también en su vejez. Quienes comenzaron su vida activa a partir de la democracia, están llegando ahora a la edad de jubilación y lo hacen con una nueva actitud que demanda cambios en la organización de su atención para que las soluciones tradicionales se adapten a una realidad social muy distinta. Algunos ensayos hablan ya de una nueva economía, la plateada, y de una serie de innovaciones que pueden generar desarrollo social.

Porque resulta indudable que la edad nos discrimina y un dato muy común que lo prueba es que a quienes somos mayores se nos infantiliza, se nos habla frecuentemente en un tono indulgente y conmiserativo, aunque desde luego tampoco la infancia debería ser destinataria de ese lenguaje simplificado. Además se nos denomina «clases pasivas», un ejemplo más que evidencia los perjuicios de una sociedad que, una vez finalizada nuestra vida laboral, nos aparca, considerándonos incapaces de generar riqueza, aportar conocimientos o de cuidar de nosotrxs mismxs.

Son estereotipos que la omnipresente publicidad refuerza y cuyas consecuencias constatan diversos trabajos de investigación realizados recientemente por universidades europeas y americanas. Unos estudios que han podido comprobar que el interiorizar conceptos negativos sobre el envejecimiento influye de manera determinante en cómo se vive esa etapa de la vida, lo que permite concluir que quienes tienen una visión positiva sobre su propia vejez tendrán una mayor y mejor esperanza de vida.

Pero además de los factores psicológicos, también nos determinan los factores sociales y está igualmente demostrado que la cohesión social favorece nuestra salud y la soledad la empeora; quienes viven aislados se medican más y tienen más riesgo cardiovascular. Son solo algunas de las razones que deben empujarnos a buscar soluciones que nos faciliten vivir de una manera activa esa nueva etapa, manteniendo nuestro protagonismo y fomentando esa cohesión social imprescindible a través de la colaboración y el compromiso.

Por todas estas razones, un grupo de personas cuyo nexo común es que queremos envejecer entre amigxs, en un ambiente en el que sea posible mantener nuestro estilo de vida y evitando ser una carga para nuestros hijxs o terminar en una residencia en la que perdiéramos el protagonismo sobre nuestras vidas, creamos en 2018 la asociación Abante Jubilar Sevilla, cuya finalidad es poner en marcha un modelo residencial en el que sea posible cumplir nuestros objetivos vitales. Sabíamos lo que no queríamos y juntxs empezamos a definir un proyecto común que deseábamos autogestionado y basado en la convivencia, la ayuda mutua y la responsabilidad. Y el modelo que encontramos acorde con nuestras intenciones fue el conocido internacionalmente como cohousing o viviendas colaborativas, que cuenta ya con una larga tradición porque, aunque comienzan ahora a construirse en España, se generalizaron en numerosos países europeos y americanos a partir de los años 60, lo que permite tener ya datos muy concretos, y en este caso favorables, sobre sus resultados.

Como todo lo que innova, son muchos los obstáculos a superar para convertirlas en una realidad en España, porque en nuestra sociedad actual la mentalidad que prima es el individualismo y en este proyecto —como su mismo nombre indica— es primordial la colaboración. Ya en los años 70, y porque ese individualismo se generalizaba, Aute cantaba —y con ello nos recordaba— que el otro es uno mismo. En este 2019 esa deriva se ha agudizado y lo más habitual es que vivamos rodeados de personas a quienes no vemos y que no nos ven, de vecinos que no saludan, de una soledad cada vez más frecuente.

De entre sus características destacaremos que, en las viviendas colaborativas, sus futurxs usuarixs son también sus promotorxs. Es un llamado grupo motor quien define primero, tanto su estilo de vida como el rango económico de la inversión necesaria y la ubicación de las mismas. Después, una vez decidida esta, es el momento de buscar los socios necesarios para formalizar una cooperativa que será la propietaria de unas viviendas que se disfrutarán en régimen de cesión de uso y cuyo diseño se llevará a cabo por los cooperativistas, con la ayuda técnica necesaria. El diseño debe combinar la privacidad de los domicilios particulares con unos espacios comunes que faciliten el encuentro y la vida social y en los que se organicen aquellas actividades que la comunidad decida. Finalmente, la gestión estará en manos de unas personas residentes que deberán ejercerla de manera democrática e igualitaria, primando el consenso, y que además mantienen su independencia vital y económica, contribuyendo en lo que se consideren gastos comunes.

Por último, resulta destacable el que, en su ya larga trayectoria, se haya podido constatar que, las personas que en ellas residen, disfrutan de un mayor bienestar personal, se consideran  más felices, enferman menos y se medican menos, cuestiones todas que suponen un importante ahorro para el gasto público. Son razones que deberían ser suficientes para que los poderes políticos se comprometieran en su fomento, bien actuando como facilitadores, bien llevando a cabo las reformas legislativas necesarias para que la normativa urbanística las considere equipamiento social. De esta forma se reducirían las numerosas trabas que ahora encuentran quienes, como es nuestro caso, pretenden habitar un modelo que resulta ser además muy beneficioso para los municipios en los que se ubica, especialmente si son de pequeño tamaño. En este 2019 hay ya datos esperanzadores, tanto por los numerosos grupos que desde hace un par de años están surgiendo en toda España, como por las particulares iniciativas de ayuntamientos que están concretando fórmulas innovadoras para promover la ubicación en sus municipios. Esa es también nuestra esperanza: que se faciliten y se multipliquen.

Aportaciones desde la teoría queer al ecologismo en tiempos de extinción

«No es suficiente señalar a les “uno de diez” ecologistas, como si la mera presencia de cuerpos homosexuales en los bloqueos de las carreteras de tala fuera una forma significativa de inclusión o conversación. No es suficiente simplemente agregar “heterosexismo” a la larga lista de dominaciones que dan forma a nuestras relaciones con la naturaleza, pretender que podamos simplemente “agregar queers y agitar” en nuestras construcciones de lo que significa “opresión” y “explotación”. No es suficiente con ponerse iconos con triángulos rosados junto a los que dicen “Salvemos a las ballenas” y “Detengamos la lluvia ácida”. No es suficiente, incluso, imaginar que el árbol que estás abrazando es del mismo sexo que tú. O tal vez eso es un inicio. Tal vez incluso esté coqueteando contigo.» (Sandilands, 1994)

Desde que Catriona Sandilands escribiera estas palabras en 1994 se ha desarrollado, al menos en el mundo anglosajón, un debate partiendo de la idea de «queerear al ecofeminismo» (Greta Gaard, 1997) hasta la propuesta de una «ecología queer». En este artículo me gustaría explorar algunos aspectos de este debate.

¿«Crimen contra la naturaleza»? o ¿una naturaleza inherentemente queer?

Lo que es supuestamente «natural» se ha usado desde hace mucho tiempo en nuestras culturas occidentales en contra de las sexualidades e identidades no heteronormativas. No obstante, la mirada de los (!) científicos-biólogos heterosexuales ha sido bastante sesgada, como dice Bruce Bagemihl en su libro Biological Exuberance. En la «naturaleza» podemos observar abundancia de actos sexuales no heteronormativos, animales «transgénero» o «transexuales»: es decir, la naturaleza es abundantemente queer. Es más, los investigadores sistemáticamente han hecho encajar sus observaciones no heteronormativas en su marco moral cristiano; ocultaron lo que observaron para construir una naturaleza heteronormativa.

Con esto no quiero usar el mismo argumento: como ahora sabemos que lo queer es natural, entonces es bueno (como lo intentan hacer algunes cientifiques con la búsqueda de un gen de la homosexualidad). Más bien, como explica Greta Gaard en Toward a queer ecofeminism,

el problema de la opresión basada en la sexualidad no es limitada al dualismo heterosexual/queer. (…) El problema mayor es la erotofobia de la cultura occidental, un miedo tan fuerte que solamente una forma de sexualidad es abiertamente permitida; solamente en una posición; y solamente en el contexto de ciertas sanciones legales, religiosas y sociales.

¿Ecología sin naturaleza?

En los movimientos ecologistas encontramos a veces una glorificación de la naturaleza, construida como algo distinto a nuestra cultura humana, a nuestra civilización. Desde el ecofeminismo hablamos de nuestra ecodependencia como seres humanos. Pero, ¿podemos realmente diferenciar entre cuerpos humanos (con cultura) y cuerpos no humanos? ¿Podemos mantener el dualismo cultura-naturaleza y simplemente deconstruir la jerarquía?

En su articulo Naturally Queer, Myra J. Hird señala que difícilmente podemos ver nuestros cuerpos «como seres discretos», que nuestros cuerpos «están construidos con mayor precisión a partir de una masa de seres que interactúan… Nuestras células también proporcionan asilo para una variedad de bacterias, virus e innumerables fragmentos genéticos.» Cuando decimos ser humano, necesariamente hablamos también, en el ámbito físico, de bacterias y de otras materias (virus, gusanos de hilo, etc.). Es decir, «en la biología no lineal, la penúltima realización de lo queer pueden ser los cuerpos en sí mismos» (Hird).

Desde el feminismo queer se señala que el sexo (supuestamente biológico, natural) es tan culturalmente construido de forma binaria como el género. La investigadora queer Joan Roughgarden identifica en su libro Evolution’s Rainbow varios géneros en animales, y dice que «muchas especies tienen tres o cuatro géneros». Si definimos cultura por la existencia de estructuras sociales, lengua, aprendizajes, afectos, es cierto que podemos observar bastante cultura en animales, una abundancia de relaciones afectivos y sexuales que se escapan de la heteronormatividad.

Para el filosofo queer Timothy Morton «la Naturaleza es una especie de concepto planteado desde un prisma antropocéntrico. […] De hecho […] emplearlo puede llegar a ser desastroso. En primer lugar porque separa el mundo humano y el no humano mediante una pantalla estética más bien arbitraria.» Según Morton, el «fantasma de la “naturaleza”» es un producto de la modernidad que «paralizó el crecimiento del pensamiento ecológico.»

Una ecología queer en tiempos de extinción

Un ambientalismo que pretende mantener áreas silvestres o unas especies especialmente lindas (ballenas, etc.) hace poco más que mercantilizar lo que pretende proteger. Vivimos en tiempos de extinción, incluso el riesgo de nuestra propia extinción se ha acercado al 5%, como muestran Yangyang Xu y Veerabhadran Ramanathan, en un artículo en PNAS de 2017. Mientras seguimos disfrutando de nuestros «privilegios de carbono», ¿qué nos puede ofrecer una perspectiva queer?

En su contribución en Queer Ecologies, Catriona Mortimer-Sandilands pregunta: «¿Qué tal si nos tomamos en serio el hecho de que la naturaleza actualmente no puede ser llorada y que las naturalezas melancólicas de las que estamos rodeades son un intento desesperado de aferrarnos a algo sobre lo que ni siquiera sabemos cómo hablar sobre el duelo?»

Aquí hay paralelismos con las experiencias queer. En un contexto homofóbico, el afecto homosexual y la pérdida de vidas queer no son valorados como merecedoras de ser lloradas, impidiendo pasar por el dolor y aceptar la pérdida. Para Judith Butler, el luto es un proceso de aceptación de que la pérdida que vivimos nos transforma, posiblemente para siempre.

Quizás en tiempos de extinción, con una pérdida diaria de más que 200 especies, deberíamos aceptar nuestro luto por las especies, hábitats y ecosistemas perdidos que en nuestra cultura occidental no merecen ser llorados, y reconocer ese luto para transformar nuestro dolor y rabia en militancia.

El movimiento Act UP creó el lema «silencio = muerte», que permitió convertir el luto y el dolor por la pérdida de seres queridos en rabia. Quizás en tiempos de nuestra propia extinción el lema «rebelión o extinción» expresa algo similar, y nos permite transformar nuestro dolor en rabia, en energía para la revolución.

Hasta siempre, Consuelo

El pasado 8 de marzo sobre las 16:00 h fallecía inesperadamente nuestra compañera Consuelo Saldaña, una luchadora social histórica de Cerro-Amate y referente barrial en la defensa de los derechos de la mujer trabajadora.

La conocí a mediados de los ochenta en el Bourbon Garage-bar. Entre el ruido de la gente y del alto volumen de la música hablábamos de la revolución, de la lucha. Nos subía la adrenalina con las letras combativas y libertarias de Joe Strumer, The Clash, Sex Pistols, Iggy Pop, Lou Red, David Bowie, The Velvet Underground, Kortatu, Escorbuto, Barricada, Polla Records, Reincidentes, Parálisis Permanente… Nos divertíamos y aportábamos nuestro granito de arena en la lucha contra la herencia del franquismo y la represión que seguía ejerciendo sobre las protestas y organizaciones que exigían justicia social.

En aquellos años, yo caí en la trampa que diseñaron desde las alturas del poder político y entré en fase oscura, que me llevó al nihilismo más destructivo. Pude salvarme, pero tenía que alejarme de todo y de todos. Coincidimos en la acampada de Las Setas, en mayo de 2011, como quien regresa de un largo viaje. Luego nos vimos en las asambleas de barrios, creando grupos con las vecinas, parando desahucios. Más tarde, en las Marchas de la Dignidad con su gran amigo Diego Cañamero; rodeando el Parlamento de Andalucía durante aquel movimiento de Rodea el Congreso. Formó parte del grupo Solidaridad con el Pueblo Saharaui en Sevilla, marchando a los campamentos en Tinduf, Argelia. 

Activista feminista, compañera inseparable de María José Barrera Márquez en el Colectivo de Prostitutas de Sevilla (CPS) donde se volcó con toda su fuerza en la lucha por los derechos de las personas trabajadoras del sexo.

En el centro social autogestionado y libertario L`Anónima le abrimos las puertas a ella y al CPS. Participaba activamente con el funcionamiento del centro y con grupo del que formaba parte.

Ella esperaba participar en la jornada de huelga y manifestaciones del pasado día 8 de marzo para la que trabajó en la organización y preparación, pero no pudo porque la tarde de ese mismo día, falleció.

Al día siguiente muchas personas junto con Manuel, su inseparable compañero, vimos su cuerpo inerte, rodeado de flores, detrás del cristal de una ventana de una habitación de un tanatorio. Por la tarde fue incinerado su cuerpo.

El curre del top manta en Sevilla

Seguro que has visto más de una vez a trabajadoras y trabajadores del top manta vendiendo sus productos en la calle. Posiblemente les hayas comprado algo. ¿Te has preguntado alguna vez por qué venden en la calle? ¿De dónde vienen? ¿Cómo han acabado trabajando ahí? ¿En qué trabajaban antes de hacerlo en la venta ambulante? Vamos a intentar contestar a estas y otras cuestiones entrevistando a Mbay, uno de los representantes de la nueva asociación de manteros de Sevilla.

Nos cuenta Mbay que «los manteros que trabajan en Sevilla proceden mayoritariamente de Senegal, aunque también hay gente de Guinea, alguna de Latinoamérica y personas españolas». «Cerca de un 15% son mujeres que prefieren los mercadillos al Nervión Plaza, donde hay que correr mucho por la policía».

¿Qué pasa con la policía? «Tenemos muchos problemas con la policía que nos roba las mercancías frecuentemente. Otras veces te cogen el número de identificación y te denuncian como a un peligro público.»

¿Qué ocurre si te denuncian? «Te pueden poner seis meses de multa, cada día seis euros, o seis meses de cárcel. Todo esto puede pedir el fiscal.»

¿Qué hacíais en Senegal antes de emigrar? ¿Por qué decidís jugaros la vida migrando a miles de kilómetros? «La mayoría de los inmigrantes de aquí son pescadores. Mi país tiene muchos pescadores, pero las multinacionales están arruinando la pesca artesanal.»

¿Qué niveles de estudios tiene la gente que curra en el top manta, Mbay? «La mayoría sabe leer y escribir y muchos tenemos estudios básicos, algunos universitarios.»

¿Cómo llegan los manteros a Europa? «La mayoría llegamos ilegalmente con pateras. Muchos son pescadores y saben navegar. Ahora en pateras desde Marruecos, antes en cayucos directamente desde Senegal.»

El que al llegar se os catalogue de ‘personas ilegales’, ¿qué consecuencias tiene? «Si tuviéramos papeles dejaríamos el top manta. Cada vez hay menos manteros porque muchos se legalizan y trabajan en la agricultura, por ejemplo en Huelva. Aun así, hay gente que lleva doce años en el top manta y aún no tienen papeles. Aunque la media es de seis meses a un año vendiendo.»

¿Cómo os organizáis? «Hay mucha solidaridad y ofrecemos vivienda y dinero a la gente que llega nueva para comprar mercancía para el top manta.» «Ahora nos hemos organizado en asociación de trabajadores y trabajadoras del top manta para tener voz y que la gente nos conozca mejor.» «Queremos legalizarnos, vivir legalmente y pagar impuestos como todo el mundo. No queremos seguir vendiendo en la calle.»

¿Os apoyáis entre manteros de diferentes ciudades? «Estamos en contacto con otras asociaciones y sindicatos de manteros, como con los hermanos del top manta de Barcelona. Queremos organizarnos y tener más fuerzas para reivindicar nuestros derechos.»

¿Os conoce bien la gente de Sevilla? ¿Tenéis problemas de racismo con la clientela? «Nunca hemos tenido problemas, porque comprenden nuestra situación.» «No sufrimos mucho racismo en Sevilla. La gente es buena y cariñosa. Se llevan muy bien con nosotros.»

Una vez que llegáis aquí y encontráis trabajo, ¿hay mucha gente que quiera volver a Senegal? «La mayoría quieren volver a Senegal para ver a la familia o para trabajar allí o aquí. En Senegal no hay trabajo y nosotros mandamos dinero para ayudar a nuestras familias. No estamos aquí solo para disfrutar de esta ciudad, estamos aquí para trabajar.»

¿Cómo ves tú futuro Mbay? «A mí me gustaría vivir en Sevilla. Ahora estoy haciendo una formación profesional de mantenimiento de edificios y me gustaría tener un trabajo y estabilidad en mi vida, y seguir ayudando a mis compañeros para que hagan lo mismo. El curso que hago lo organiza Cáritas y he pasado una selección para hacerlo. Gracias a Dios espero que la cosa va a mejorar.»

Frente al discurso de odio racista de la ultraderecha, ahora que conocemos un poco mejor a estas personas, conciudadanas y compañeras del top manta, cuando las veamos por la calle quizás las miremos con otros ojos. Quizás, incluso, les compremos por solidaridad y nos acerquemos más a ellas fuera de su trabajo. Podemos disfrutar de la multiculturalidad que la inmigración trae a nuestra ciudad y escuchar un concierto de música africana, comer thiéboudienne en un restaurante senegalés, charlar con algún amigo africano, apoyarles en sus reivindicaciones contra el racismo institucional…

Huéspedes y anfitriones, esbozo de una idea

Ciudades dignas de ser vividas

Recientemente se ha celebrado en Sevilla el Encuentro Social sobre Turistificación: Alternativas y Resistencias (EST.AR), dedicado a analizar el modelo de turismo que empieza a asfixiar a las ciudades. Un encuentro motivado por las inquietudes y malestares ante el secuestro de nuestro entorno y, con ello, la invasión a las convivencias y el deterioro de las relaciones o, como escribía Bauman, la modernidad líquida ávida de novedades y fabricante de trampas que hacen de la comunidad un ejército de «hombres grises».

Este modelo de turismo, coherente con el paradigma de consumo que lo sostiene, está traspasando las fronteras, no solo las geográficas, también las de nuestras relaciones. Sevilla es una ciudad monumental, con espectaculares emplazamientos, mágicos rincones, pero… ¿qué sería de todos estos lugares sin las gentes que los habitan, que los llenan de vida? Las ciudades, los barrios, no son una sucesión de edificios y calles más o menos bonitas. Las ciudades y los barrios los hacen sus gentes. Lo mismo ocurre con la erótica. Por mucho que añadamos juguetería, velas, cremas o lo que cada cual prefiera, lo realmente importante, aquello que no puede faltar en un encuentro erótico, son sus amantes. Igual que sabemos que el mayor patrimonio de las ciudades no se encuentra en los monumentos sino en sus gentes, también sabemos que el mayor patrimonio de la erótica no se encuentra en escaparates, sino en sus amantes.

Eróticas dignas de ser cultivadas

Hay muchos modelos de turismo, unos más sostenibles y respetuosos y otros menos. Con frecuencia, los más sostenibles son aquellos en los que huéspedes y anfitriones tienen una relación más cercana, más amable, aquellos que se centran en el cuidado y en el bientrato mutuo.

En la actualidad, lo frecuente son modelos que convierten la relación de hospedaje en una mera transacción comercial que no tienen en cuenta al barrio, al vecindario; que venden los espacios, es decir, que anteponen los grandes titulares de la ciudad a la letra pequeña del barrio (sus gentes, sus historias, sus vidas). Son los hegemónicos, los que están transformando nuestros espacios en parques temáticos para turistas.

La sociedad consumista en la que vivimos trata de hacer algo parecido con nuestras relaciones, intentando convertir la erótica en un parque temático en el que el consumo es la base de la relación. Consumo de juguetes, de lencerías, de cremas y, sobre todo, de recetas milagrosas: tienes que probar esto o lo otro, tienes que hacer tal o cual cosa, tienes que comprar, tienes que sentir, tienes, tienes, tienes… Como buen reflejo de la sociedad capitalista: cuanto más tienes, mejor.

Pero… ¿y si no tengo? ¿Si no siento eso que se supone que tengo que sentir? ¿Si no me gusta lo que dicen que me tiene que gustar? A nuestra consulta nos llegan cada vez más personas a las que no les vale eso que tiene que valer para todos o todas, que no les funciona o no les gusta lo que se supone son fórmulas mágicas para el placer.

Estos paralelismos nos recuerdan a la invitación que hace nuestro amigo Marcos Sanz para convertirnos en huéspedes y anfitriones de nuestros encuentros eróticos, traspasando, y resistiendo, las normas externas que intentan regular nuestros deseos, que nos sitúan de forma binaria en nuestras relaciones, placeres, convivencias…

Los mandatos sobre qué hacer y qué no en los encuentros eróticos (sexuales) proliferan por doquier, casi todos, pensados para la estimulación genital y el coleccionismo de orgasmos: «trucos (comprobados) para ser mejor en la cama», «saca partido a tu cuerpo, sucumbe al placer, haz realidad tus fantasías», «cómo ser la pareja ideal», «descubre todas sus zonas erógenas», etc. Desde estos titulares se estandarizan y normativizan las vivencias sexuadas. Se nos dice qué debemos ser, qué nos debe gustar, cómo, cuánto y con quién, y se convierten en parafilias y trastornos lo que, por regla general, no son más que dificultades comunes o expresiones de diversidad.

El sexo como materia prima

Si la gentrificación supone un claro deterioro de las convivencias en las ciudades, el genitocentrismo desplaza a la periferia lo realmente importante: el sexo. El sexo es un valor, el valor de ser sexuado, sexual, deseable y deseante, convivencial. Desde esta idea de sexo, los encuentros sexuales (eróticos) no son una performance de usos genitales con los complementos de moda. Son encuentros, no lo olvidemos, entre amantes, es decir, entre personas que se gustan, se atraen y quieren estar y hacer juntas, según sus peculiares gustos, sinergias y biografías. Encuentros que se rigen por los deseos, no por los deberes. Los «tienes que», los «deberías», constriñen los deseos.

Cada encuentro es distinto no solo porque las personas lo somos, sino porque, además, vamos cambiando, como lo hacen también nuestros gustos y apetencias, en encuentros que siempre suceden en plural y se viven en gerundio. Como dice Efigenio Amezúa, «no se trata tanto de amar, en su infinitivo, ni del amor, en su sustantivo, sino del gerundio del ars amandi que dice y expresa lo que se está haciendo y se hace».

Sabemos que no es fácil trasladar un gerundio cuando hay tanto infinitivo y tanto sustantivo. El ars amandi se ha traducido por el arte de amar o arte del amor o, en sus fórmulas más modernas, como tener sexo, hacer el amor, (man)tener relaciones sexuales, follar, etc.

Estos infinitivos (tener, hacer, follar, etc.) nos llevan a pensar en acciones concretas, cuantificables, temporales, consumibles. Un gerundio es una forma no personal de un verbo que demuestra una acción que se está desarrollando; aun sin encontrar una expresión con la que sustituir ese ars amandi y hacerlo más accesible, pensándolo así, como algo que se va haciendo, creando, no puede ser sino propio y particular de amantes, en una entidad que no es la suma de quienes participan, es algo nuevo y distinto.

Para hacer el amor o follar se han diseñado y divulgado diversas técnicas sexuales, trucos que convierten lo que debería ser un encuentro deseado, en el que se hace lo que apetece, en un encuentro en el que prima lo que se debe hacer y lo que se debe sentir.

Terminando de escribir este texto nos hemos quedado pensando (en gerundio) que quizá estas trampas para amantes son posibles con los infinitivos, los gerundios abren otros horizontes…

Quien construye el relato, ¿controla el mundo?

«Espejito, espejito mágico»... (Fragmento célebre de un relato patriarcal)

La realidad es inasible e inabarcable.

Quien pretende narrar la realidad jamás podrá ofrecernos un reflejo fiel de la misma: una imagen especular. Todos los relatos están construidos a través de percepciones e intenciones; nuestras entendederas, nuestra psiquis, nuestras categorías mentales, están condicionadas por cientos de miles de relatos que nos van configurando el telencéfalo desde que nacemos. Esos relatos nos llegan en forma de película, de cuento, de leyenda, o de publicidad; nos llegan en forma de libro de texto, de imagen; nos llegan como noticia de un telediario o como artículo de un periódico; nos llegan en forma de conversación…

Nuestra manera de actuar está, en cierta forma, condicionada por una compleja recombinación de todos los relatos que nos atraviesan y que han sido a su vez filtrados por nuestra propia percepción; y estos realmente no son relatos de la realidad, son relatos construidos a través de una percepción subjetiva o a través de conveniencias o a través de miradas intencionadas o a través de falsas realidades que, al ser narradas, dejan de ser falsas o, más bien, dejan de considerarse falsas por las personas que las reciben a medida que se alejan del foco descrito.

El mundo real no es el mundo que se cuenta, pero el mundo que se cuenta afecta a las personas que terminamos interactuando e incidiendo en el mundo real.

El discurso no es la realidad (letanía que deberíamos repetirnos como un mantra), pero es fundamental  tener en cuenta quién construye el relato —en tanto en cuanto afecta a las personas—. Evidentemente, este no es un tema nuevo, incluso es un tema ya hablado en editoriales anteriores, pero observando el momento actual —desde mi percepción—me preocupa especialmente la construcción de relatos en los que hay una clara intención de manipulación: ya sea por desacreditar, ya sea por no querer asumir y dar la cara por errores cometidos, ya sea para engañar directamente al personal.

También es extremadamente importante considerar que ningún relato tiene la capacidad de mostrar la realidad de una manera completa.

Atendiendo a la realidad compleja, debemos buscar distintos relatos desde diferentes focos: relatos que amplíen y complementen al hegemónico, pero sin olvidar que hasta este es esencial para aproximarnos a los escenarios analizados. Y también tener en cuenta, que no todo el mundo tiene la posibilidad u oportunidad de construir relatos. Los relatos no los construye todo el mundo por igual y la capacidad de alcance no es la misma. La construcción de relatos es cuestión de género, de clase, de etnia, de origen, y esta es una de las razones por las que considero básico buscar esos relatos invisibilizados; facilitar que los relatos desfavorecidos sean construidos por las propias protagonistas, y no por nosotras: «personas bienintencionadas».

¿Quién ha construido los relatos acerca de los orígenes de la humanidad?, ¿quién nos mostró lo que debía ser nuestra sexualidad?, ¿quién relató y sigue relatando cómo funciona el mundo, la vida?, ¿qué hacer con el agua, con los cuerpos, con la tierra, con la energía?, ¿quién construye el relato de lo verdaderamente importante?

Ahora más que nunca, mantener la capacidad de construir relatos, y facilitar la construcción de relatos por los cuerpos más oprimidos, es resistencia. No podemos ni debemos renunciar a la construcción de relatos para poder seguir ofreciendo otra lectura del mundo y de las realidades inasibles, inabarcables. Y no podemos olvidar que en ese contar relatos no debemos, ni podemos, limitarnos a narrar lo que sucede, sino también cómo se vive, cómo se siente…

«No hay ninguna gran ciudad ni ninguna gran cumbre que no tenga su contracumbre»

David Gómez, activista 

Si hay una cara visible de los movimientos sociales sevillanos que luchan por el derecho a la ciudad desde hace varios lustros, esa es la de David Gómez. Amable, sensible, incansable, creador de un vocabulario propio, optimista. Hablamos con él de turismo, ciudad y militancia y, como siempre, fue un placer, joven.

¿Por qué un chaval de Córdoba acaba implicado en la construcción de Sevilla?

Yo en Córdoba no había hecho nada, estaba en otras historias. En Sevilla no empecé de inmediato, fue una casualidad, aunque alguna sensibilidad tendría que haber. Viviendo con mi abuela en la Barzola cuando estudiaba, descubrí una farola en una avenida sin la tapa de registro. Me puse en contacto con el Ayuntamiento y mandé un escrito que no tuvo ninguna respuesta. No sé qué me indignó más, si que esta gente pudiera dormir tranquila cuando había vecinos que se podían electrocutar… o que no contestaran. Años más tarde, me encontré a Javier Queraltó, que era el concejal entonces, y le dije: «tú tienes la culpa de que yo me reliara en estas cosas». Así empezó.

Unos años más tarde creé la asociación Taller de Ecología Urbana, centrada en la habitabilidad del espacio público. Pero mi bautismo de fuego se produjo en la segunda mitad de los noventa, cuando vivía en San Lorenzo y se puso en marcha el Plan Urban para el que se organizó, por imperativo de Europa, un Consejo Vecinal. Ahí entramos varias asociaciones y nos conocimos muchas personas, pero qué sensación de impotencia nos dejó aquello.

Por esos mismos años, rescatan la intención de hacer el aparcamiento en la Alameda que Javier Queraltó y otros arquitectos jóvenes, en el año 76 y 77, consiguieron parar. Este, en 1998, fue el segundo intento. La plataforma contra el aparcamiento volvió a unirnos a gente diversa que luego hemos seguido trabajando juntas para otras cosas. Gente de la que te fías, con la que me gusta trabajar… esas confianzas y esos haceres y confianzas se han reciclado para otras luchas.

Por aquella época también formabas parte de Arquitectura y Compromiso Social.

ACS llevaba funcionando dos o tres años cuando yo entré. No recuerdo si fue por un seminario anual temático, quizás el de accesibilidad. Yo en ese momento estaba muy motivado con ese asunto, también por una casualidad. Estaba tomándome un café en la Alameda y vi como una abuelita de ochenta y tantos años largos era incapaz de subir un bordillo de quince centímetros. Nunca me había fijado antes en eso.

Otra de las plataformas de las que has formado parte ha sido la de la Liga de Inquilinos. ¿Crees que sería un momento para retomarla?

La Plataforma de Inquilinos nace a partir de la lucha por la Casa del Pumarejo que empezó en el año 2000. Cuando estábamos inmersas en ese proceso empezaron a acercarse personas a pedirnos ayuda. Venían con cartas de Urbanismo que no entendían y que les avisaban del tiempo que les quedaba para desalojar sus viviendas. Entendimos que necesitaban atención y se creó en 2004 la PIA (Plataforma de Inquilinos Amenazados). Después organizamos unas jornadas en la Casa de las Sirenas en las que tratamos el problema de los asustaviejas, los inquilinos amenazados… Y se conectó con el Plan Urban.

La PIA (2003-2004) nace de esa urgencia por intentar parar el desalojo de estas ancianas. Algo después decidimos darle más formalidad cuando vimos que había suficiente número de personas afectadas para crear una Liga de Inquilinos. Así lo hicimos y la bautizamos La Corriente en honor de Eduardo Corriente, que fue presidente de Copavetria, una asociación pionera de defensa de los patios y corrales de Triana.

Durante un tiempo estuvo funcionando, a pesar del esfuerzo que supone unir a militantes con personas afectadas que venían con miedo, sin experiencia en trabajos colectivos, desconfiando de las intenciones del resto, con vergüenza… Después se fue desinflando. Llegó la explosión de la burbuja inmobiliaria y el foco pasa a las hipotecas y ahí el perfil sociológico es otro. Aparecen las plataformas de afectados por la hipoteca, la PAH o Stop Desahucios en otras ciudades y por ahí se va canalizando esa lucha. Pero quizá sí que va llegando el momento de retomar algo diferente. Quizá deberíamos pensar algo que trascienda el problema de las hipotecas o de las abuelitas. Una lucha que aúne otros perfiles por el derecho a la ciudad o el derecho al hábitat o a una vida digna.

Cómo sería Sevilla sin las luchas en las que has participado, con otras muchas, claro, pero en las que tú has tenido un papel fundamental. Cómo sería el plano de Sevilla…

No lo sé, nunca he hecho ese ejercicio, pero sería curioso plantearme ¿a qué he dedicado mi vida y para qué ha servido? He estado en unas cuantas movidas, sí. Citando a José Ignacio Aguilar (abogado y activista de muchas de estas luchas), ante una intervención muy derrotista en alguna asamblea, dijo: «los poderosos ganan muchas veces, seguramente la inmensa mayoría, pero cuando los no poderosos se unen, no torpean demasiado, persisten y se organizan medianamente bien… la mayoría de las veces ganan». Quizás alguna palabra es mía, pero esta frase me parece clave. Si la gente sale del aislamiento y curra un poquito… Solo con eso, es tal el silencio que hay, que una pequeña voz se escucha mucho.

Proyectos faraónicos tenemos unos cuantos de los que ahora atraen a muchos turistas.

El primer proyecto para la Encarnación se paró. Aunque visto lo que acabó levantándose allí, podría haber salido mejor el primero, y eso que llevaba un parking de 500 plazas que iba a incrementar el tráfico por la calle Imagen e iba a ser un caos. Aquel proyecto iba para delante, pero coincidió con un cambio de gobierno municipal y se paró para convocar un concurso público. Y ese concurso lo gana el Metropol Parasol de Jürgen Mayer, conocido por todas como Las Setas. Yo pude acceder a todos los proyectos, los 65 que se presentaron. Se preseleccionaron diez, cinco eran normalitos (una plaza, un mercado…) y otros cinco muy locos. Pues de esos cinco eligieron el más loco. Y es que Jürgen Mayer dijo: voy a poner Sevilla en el mapa.

Y es verdad que viene turismo a verlo específicamente, pero si la gente que pasa al lado supiera que ha costado 130 millones de euros, faltando tanto dinero para equipamientos, para cosas que hacen más fácil la vida a la ciudadanía… quizás se miraría con otros ojos. Y eso sin entrar en temas de paisaje urbano, patrimonio…

La inauguración se la amargamos, eso sí. A través de Barrios en Lucha organizamos un encuentro para que no le saliera totalmente gratis la «gran escultura». Hicimos la comparativa de otros gastos que pueden hacerse con ese dinero. 130 millones de euros son tres hospitales generales equipados hasta la bandera, por ejemplo. Y es verdad que eso es competencia autonómica, pero imaginaos cuantos equipamientos deportivos podrían ponerse en los barrios con ese dinero. Que por cierto, el dinero que se gastó lo hemos ido conociendo poco a poco. Por aquel entonces estaba en unos 90 millones y vamos ya por 130…

¿Las cosas solo pasan en el centro?

El centro es un sitio muy tensionado por su densidad de población, su uso, su significado urbano, patrimonial, sitio de mayor atracción turística, mayor concentración de instituciones y comercios… Hay muchas investigaciones que concluyen que la ciudad está demasiado volcada en el centro. Los barrios están muy mal equipados. El PGOU vigente desde 2006 detectó este problema y planteaba que en cada distrito debería haber un pequeño centro, una zona peatonal, comercial. Ahora bien, fue aprobarse el PGOU y estallar la burbuja. Es verdad que el PGOU preveía la construcción de 50 000 casas, existiendo entonces 40 000 vacías… que era una barbaridad, pero si hubieran podido construir, a lo mejor también hubieran hecho alguna de estas cosas.

Lo que hay es una impresionante carencia en los barrios de una mínima calidad urbana. Muchos barrios son meros aparcamientos de coches. Cuando me detectaron colesterol y me castigaron a andar, decidí ir por los barrios y empecé a ver cosas… Sitios donde la arquitectura y el urbanismo son para salir pegando voces. Coches y coches… Y así no sé cuántas periferias habrá, seguramente será el mal uso de ciertos paradigmas arquitectónicos y urbanísticos de hace ochenta años, que cuando se aplican se hace mal y tarde. 

Es decir, las cosas también pasan en otros barrios, pero en el centro es más fácil por los contactos, la cercanía, por las luchas… hay más facilidad en la contestación.

Una vecina de Bellavista, ¿tú crees que está preocupada con la turistificación o con la gentrificación?

No creo que lo piense en su medio, pero la gente que está siendo echada de los barrios más centrales se están moviendo y están elevando los precios en otros barrios. Es como tirar una piedra a un estanque… la onda va a llegar. A lo mejor no de la misma manera, pero llega.

Si el centro va a ser un escaparate y cada vez más difícil y más caro, todo se irá transformando, esa gente se tendrá que ir y habrá movimientos migratorios internos.

¿Andalucía qué opciones tiene al turismo? ¿Qué alternativa tiene esta tierra al modelo productivo basado en el turismo?

La única alternativa a los monocultivos es que nuestros gestores no piensen de cuatro en cuatro años. No tienen un esquema, tiempos que requieren tiempo, acuerdos entre partidos…

Si solo tienes ese horizonte de cuatro años, eso es una planificación estratégica, potencialidades, pero eso va más allá de los mandatos, y eso aquí no lo disfrutamos. No son extraterrestres, han salido de esta sociedad, pero no… Hace tiempo que Europa dijo que la industria estaba en el norte y el sur para las vacaciones… Pero nuestras autoridades no han aprendido nada. ¿Qué se aprendió de la burbuja inmobiliaria? Nada, estamos en otra burbuja, que ahora llamamos turística, sí, pero mientras podamos ganar dinero…. Por otro lado, ¿quién hubiera dicho que Sevilla iba a ser un referente aeronáutico…? Julián Sobrino (arquitecto y experto en arquitectura industrial de Sevilla) dice que ese mito de que Andalucía nunca ha sido industrial no es verdad, la Fábrica de Vidrio fue un referente en la industrialización de Andalucía. Más tarde hubo una apuesta política por potenciar unos territorios y no otros.

Es muy arriesgado hacer depender todo del turismo, todos los huevos en un mismo cesto. El turismo representa el 13% del PIB de Andalucía y genera muchos puestos de trabajo, vale, pero muy precarios, porque esos precios competitivos ¿de dónde salen? ¿De la contención de beneficios empresariales? No creo.

Para cuándo un banco con ADN del Gómez para clonarlo.

El virus del enredo, una vez que te entra por alguna movida, ya lo tienes. Siempre ha sido un trabajo colaborativo, unos aprendemos de otras y este tipo de historias no se pueden clonar, pero pueden generar otras luchas. Cuando ayudamos a Basilio Moreno a que salvara su casa en Retiro Obrero, pues ya que estaba en la calle defendiendo su casa, aprovechó para defender la Fábrica de Vidrio. Que salgan y hagan algo por sí mismos y de paso colateralmente se beneficien otras, con la educación que tenemos individualista, es un logro. Los proyectos pioneros también sirven, una pequeña victoria te ayuda a ver que no siempre se pierde.

¿Qué come el Gómez que no pierde el optimismo?

Café.

¿Tienes previsto acabar la carrera?

No, estuve muchos años intentándolo, pero cuando llegaba noviembre ya no iba más a clase. Me entretuve demasiado, esta carrera duraba seis años, pero la media eran nueve, si te entretienes, ¡es muy fácil dejarlo…! Yo para terminar la carrera me tendría que ir a un convento y a lo mejor me quitaría las asignaturas que me quedan.

En unos días se celebra en Sevilla la Cumbre Mundial de la Industria Turística, una de las razones por las que este número de El Topo es monográfico. ¿Qué significa esto?

Bueno, primero que no hay ninguna cumbre que no tenga su anticumbre. Hace dos años empezaron a echar a amigxs del barrio, escuchamos cada vez más el tracatrá de las maletas por las calles y hasta los políticos han empezado a hablar de ello, aunque solo les preocupe la competencia desleal a los hoteles y a los pisos turísticos legales. Está de moda hablar de los problemas del turismo, aunque va muy lento. Ya han incorporado que hay que procurar que no moleste al vecindario. Esta gente se pasa el mandato estudiando y diez minutos antes de las elecciones sacan lo que sea. Por eso la anticumbre es necesaria. No significa que vaya a cambiarlo todo, pero todo lo que se hace, te lo llevas puesto. Aunque no sirviera para nada, aunque la policía no te deje llegar a la manifestación que se convoque, solo por las redes que se crean y el trabajo realizado, ya merece la pena organizarla.

Sevilla:

dos exposiciones y una sinrazón

La marca Sevilla, entendida como los argumentos históricos y espaciales que la han conformado, es un estuario en el que confluyen varios ríos. Entre ellos, el siglo XX proporcionó dos: sus exposiciones. Estas, con sus luces y sombras, explican en parte la personalidad, además de la realidad física, de la Sevilla que se abre camino en el siglo XXI. Tanto la Exposición Ibero-Americana de 1929 como la Universal de 1992 perseguían servir de acicate a la modernización y apertura al mundo de una ciudad que ha tendido, al menos en la contemporaneidad, a una actitud acomodaticia y conformista. 

La idea de ciudad en el encuentro iberoamericano deriva de los continuos devaneos de la Sevilla de la Restauración, entre renovación y conservadurismo, escorados casi siempre hacia el segundo término. La bancarrota municipal a la que abocó la deuda de la exposición en 1934 fue un buen reflejo de la incapacidad de la ciudad para llevar a cabo operaciones de calado sin resentirse. No obstante, existe una herencia tangible e intangible de aquel certamen. Sevilla incorpora por fin piezas urbanas potentes más allá del casco y arrabales (Sector Sur de la Exposición, Nervión, El Porvenir, etc.), aunque casi todas compuestas de edificios de baja densidad para familias acomodadas. Esto fue paralelo al desarrollo de barriadas marginales que la rodeaban por casi todos sus flancos. En lo intangible, la huella de aquella exposición fue mayor. Se trata de la Sevilla eterna, la idealizada, la que retratan Manuel Chaves Nogales, Luis Montoto, José María Izquierdo; pero también Cernuda o Juan Ramón Jiménez; la ciudad que vivió con protagonismo la segunda edad de oro de la literatura española; la que combinaba la gracia y el costumbrismo, los palacios, las iglesias y los corrales de vecinos; el paraíso que se resumía en un jardín, en un patio, en un verso, pero también la que se polarizaba socialmente y era asiento de toda miseria, tanto en su corazón como en sus periferias.

Si con la Exposición Ibero-Americana Sevilla reaccionaba a la crisis noventayochista, la Exposición Universal de 1992 supuso el corolario de la urbe, ya metropolitana, que sintetizaba las bondades y optimismos de la nueva etapa democrática. Tres circunstancias la antecedieron: la elección de Sevilla como capital de la Andalucía autonómica, la coyuntura económica favorable de la segunda mitad de los años ochenta del siglo XX y la aprobación del plan general de 1987, el primero de la nueva etapa democrática. Sevilla, que había crecido de forma desorganizada a partir de las vías de acceso, creó una serie de anillos de circunvalación que aliviaron la ronda histórica. La maraña de barriadas que se habían construido con subvenciones públicas, mal articuladas y con escasos servicios, pasa a conformar piezas urbanas de mejor lectura en el plano urbano. Además, la renovación de los grandes sistemas de transporte y la recuperación de no poco patrimonio histórico para instituciones públicas (San Telmo, Cinco Llagas, etc.) se acompañan de nuevas y potentes zonas de expansión urbana (Pino Montano, los Bermejales y Sevilla Este). Paradójicamente, el espacio en el que se concentraba el grueso de las instalaciones de la Exposición Universal, la llamada Isla de la Cartuja (sí Cartuja, pero no isla), mantendrá una importante desconexión mental con el resto de la ciudad en tanto que su planificación y gestión no generaron ciudad, sino solo lugar de trabajo y, en menor medida, de ocio. La negación del uso residencial es una idea respetable, pero condenó a esta gran pieza urbana a su utilización solo durante las horas laborales o, en todo caso, de apertura de sus parques (Alamillo, Jardines del Guadalquivir, Isla Mágica, etc.) y, en consecuencia, a la presencia de una gran barrera psicológica, la dársena, poco permeable a considerar este gran espacio urbano del noroeste de la ciudad como plenamente ciudadano.

En lo simbólico, la Exposición Universal fue menos prolífica que la anterior. Su germen coincidió con el proceso globalizador, en el que las ciudades se abocan a la mercadotecnia competitiva y sus recursos culturales se comercializan. Sevilla, aun convirtiéndose en una ciudad mercantilizada y pasto de la turistización, terrible neologismo, se ha quedado a medio camino entre la realidad y el deseo, parafraseando a Cernuda. Mantiene la nostalgia de ese tiempo que nunca fue, o que fue algo bien distinto a lo que nos imaginamos hoy, y se mantiene hambrienta de verdadera modernidad, esa que no dan los rascacielos banales ni las arquitecturas espectáculo, sino la innovación y la creatividad.

Pero soy optimista. Sevilla mantiene islas que, más allá del encefalograma plano que hoy proyecta la parte meridional del casco histórico, destellan y son signo de que aún hay vida. Todos los días se libra una sorda batalla entre el monocultivo de los apartamentos turísticos y las propuestas múltiples y variadas de aquellxs que, aunque menos visibles, tienen algo que expresar. La tendencia es que, al menos el centro, se convierta en un desierto paradójicamente abarrotado: de monumentos, de turistas, de bares… pero sin sevillanxs. Al final, aunque de forma dramática, se está cumpliendo el viejo lema machadiano, pero no creo que él lo calificase hoy de ¡oh, maravilla!

Sin salir de la paradoja, y huérfanas de ambas exposiciones, otras zonas de Sevilla están afianzando su condición urbana y ofreciendo laboratorios nuevos con los que entender la ciudad que siempre se reinventa de la manera inesperada. La Macarena más allá de la Ronda, la Triana más allá de la Cava, los nuevos puntos de la periferia donde, con sus contrastes, renace trasplantado el espíritu sevillano en forma de balaustre, peña y cofradía, pero también de nuevos perfiles humanos, de asociaciones, de inmigrantes, de espacios colaborativos.

Hoy el mapa de Sevilla es tan complejo que no está pintado en ningún sitio. Las exposiciones, como espejos en los que la ciudad se miró un día y de cuya imagen recogió lo que le apeteció, siguen siendo un referente que explica algo, pero no todo ni mucho menos. La explicación de la personalidad urbana de Sevilla, arrolladora y sentimental, no está solo en su pasado, sino en su capacidad, aliñada de soberbia, de entender el mundo sin salir de la plaza de cualquier barrio. Lo universal aquí se hace provinciano, pero a partir de ello también hay quien inventa lo sublime. A Sevilla hay que entenderla en su sinrazón.