Política entre fogones

MUJERES SUPERVIVIENTES

La iniciativa comenzó en 2013 con un grupo de mujeres que buscaba dar respuesta a mujeres migrantes violentadas o en situación de vulnerabilidad. Conocidas por ofrecer de comer a cualquiera que se acerque un miércoles a medio día por el Centro Vecinal del Pumarejo.

Si queremos comprender la naturaleza de la organización debemos adentrarnos en la profunda herida histórica que sufrimos aún hoy en día las migrantes. Nacer en un continente despojado de historia y nutrido por la sangre de nuestras propias ancestras es una herencia que atraviesa nuestro sentir-pensar, pero sufrir discriminación, violencia y precariedad, es algo que no podemos aceptar en Europa.

Al ser mujeres racializadas, violadas, asesinadas y acalladas en esta Europa racista y patriarcal, normalizamos silenciosamente la violencia colonial. Desde aquí, aceptando trabajos precarios, abusivos y hasta vejatorios, lo único que nos queda es soñar con la cima de una rocosa montaña donde el final del túnel se llama tener «papeles» y «¡regularización ya!»

En este sentido, tenemos por cometido un feminismo decolonial que considera las distintas opresiones de las mujeres por motivos de género, raza, clase social, profesión (incluyendo la prostitución), orientación sexual, identidad y disidencias, siendo este un paradigma emergente que cuestiona las instituciones creadas por el colonialismo y ¿cómo no? cuestionando el feminismo eurocéntrico y hegemónico que excluye y oprime a  las mujeres desde todas estas diversidades.

El feminismo decolonial reivindica la existencia de la mujer latinoamericana como sujeto político, con historia, cultura, dignidad y sueños. Una praxis política que incida y cuestione al Norte Global, para que repare y se responsabilice de los  abusos cometidos durante siglos en América Latina y sus habitantes.  Con el ardiente deseo de que, algún día, se produzca el reconocimiento  de las otras como seres humanos; pensantes, adultas y como las legítimas herederas de un linaje femenino poderoso capaz de sobrevivir en Europa, a pesar de toda su violencia, abusos y humillación.

Nuestro comedor social es el centro vital y amoroso de encuentro cada semana. Donde todas nos juntamos para organizar la comida, cocinarla y brindarnos cuidados y afecto; un espacio que, con mucho esfuerzo, sacamos adelante entre todas. Solemos servir casi cien fiambreras de comida. En eso de repartir somos expertas: repartimos ternura, confianza, cuidados y hasta abrazos. Construimos alrededor de los fogones a fuego lento «el  plato nuestro de cada día», solidaridades y porvenir con nuestras hermanas andaluzas y venidas de otros continentes.

Con pocos recursos tenemos que jugar para conseguir cocinar platos nutritivos y sabrosos. Construimos comunidad a golpe de lentejas, gazpacho y fruta de temporada; la fuerza nos viene de los fogones y calderos donde se cocina la solidaridad y la esperanza. Con el estómago lleno el alma vuela.

Lidiamos con esta precariedad impuesta por el sistema, intentando no naturalizar la pobreza, el hambre y la exclusión. A pesar de esta escasez continuamos nuestra labor de manera cariñosa y llenas de esperanza, haciendo todo lo posible para que alcance el puchero para todas las personas. Esto no siempre lo logramos, aunque, aun así, siempre recibimos palabras de reconocimiento y cariño. Nos  sentimos agradecidas de poder sentir nuestro barrio en las tripas.

Al mismo tiempo, nuestra entidad proporciona a las mujeres que han sufrido violencia machista un acompañamiento, asesoramiento y apoyo psicológico. A través de nuestro modelo de intervención Cartografía del proyecto vital, donde se sitúa en el centro a las mujeres y sus procesos personales, rompiendo con los ciclos de la violencia machista.

De esta manera, intentamos evitar la revictimización de las mujeres, la violencia estructural y la falta de credibilidad de las denuncias. Promoviendo procesos subjetivos y autogestivos de  reconstrucción personal y amor propio. La entidad también plantea como objetivo fundamental evitar que las mujeres que han sido acompañadas profesionalmente, no repitan relaciones de abuso o maltrato con otra pareja.

Formándonos y formando permanentemente pues, debemos entender que es de vital importancia la formación constante a lo largo de la vida, aprender y ser mejores personas cada día.

Partiendo de esta base, Mujeres Supervivientes realiza talleres, conversatorios, charlas y jornadas dirigidas tanto a mujeres como a hombres, con el objetivo de concienciar y fomentar la igualdad, la creatividad, el empoderamiento y la autoestima de las mujeres. Haciendo pedagogía y  círculos de aprendizajes colectivos, en torno al patriarcado, derechos humanos, cambio climático, arte, poesía.

Un buen ejemplo de estos planes son las jornadas feministas  Cartografía de las subjetividades migrantes que realizamos a mediados de septiembre en el centro cívico Las Sirenas, con la colaboración de la Universidad de Sevilla y con la colaboración de una experta invitada desde México.

Somos mujeres diversas con capacidad de agencia, entonces, no somos solo un comedor social que administra y comparte alimentos un día en semana. El trabajo que hacemos es luchar por la dignidad y sanación de nuestros cuerpos, por la herida migratoria, a través de nuestro pensamiento insumiso y rebelde. Por honrar, celebramos la vida con alegría, pan, lentejas y cumbia. Esta dignidad comienza en nuestra propia organización, trabajando como mujeres autogestionadas, sin estar sometidas al  yugo de un sistema que nos explota.

Entendemos que el patriarcado no afecta por igual a todas. Las otras, las migras, vivimos determinadas discriminaciones y desventajas, debido a estructuras de opresión que se intersectan como clase, raza, orientación sexual, cultura, religión.

No queremos esencializar nuestras opresiones: es justamente a través del enfoque interseccional que pudimos identificar las condiciones históricas del racismo colonial y el patriarcado como las causas estructurales que dan forma a las relaciones de opresión, poder y privilegio. Rechazamos la exotización de nuestros cuerpos migrantes por su color de piel, su sexualidad, sus costumbres y la construcción de imaginarios alrededor de las pieles negras, las latinas, donde aparecen vinculados nuestros cuerpos y deseos a la naturaleza, a una condición lubrica y sensual.

En realidad, no hay voluntad verdadera de profundizar en el hecho colonial y en las consecuencias de esos procesos históricos en el presente. En el racismo, en la discriminación y en los delitos de odio; en la violencia estructural que vivimos día a día por ser extranjeras quiénes sostenemos la vida y el sistema con nuestro trabajo. Nosotras, las que llegamos a estas tierras expulsadas de nuestros territorios por un sistema que ha construido la abundancia del Norte a costa de la explotación del Sur, nosotras que aún no hemos asimilado que nuestras bisabuelas fueran esclavas, cuestionamos este sistema de opresión patriarcal.

De esta manera, nuestro comedor social, surge como un espacio de cuidados, de resistencia y apoyo mutuo entre iguales, siendo este la fuente que nos brinda  el soporte para identificar, resistir y enfrentar  toda esta violencia machista y neoliberal sobre nuestras vidas. Soñando en colectivo con un mundo mejor, lleno de ternura y cuidados, sin tanta injusticia social. Y es desde ahí, solo desde ahí, desde donde nace nuestra fuerza para luchar.

Entendemos nuestro activismo feminista como el incidir políticamente en nuestro entorno y construir gestos revolucionarios basados en el amor. Nuestro gesto revolucionario es, a través del día a día, entendiendo la migración como un proceso generado por la explotación capitalista en todo el mundo. Nosotras entendemos la interculturalidad como la única apuesta hacia la convivencia, la justicia social y el intercambio de saberes alejados de la colonización.

Con esto queremos decir, que realizamos un reconocimiento de nuestra historia, nuestros orígenes y culturas como el lugar de enunciación de los sujetos migrados hacia la construcción de identidades diversas para el diálogo, la convivencia, el respeto mutuo y la aceptación de nuevas identidades   diversas.

En definitiva, para comprender nuestro qué hacer en la organización de Mujeres Supervivientes no basta con exponer el trabajo territorial autónomo de Sevilla en el comedor, sino que nos consideramos sujetos políticos.

Mujeres Supervivientes tiene como principios una ética y estética para la sostenibilidad de la vida, de los cuidados, de los afectos que construyen redes y comunidad; ya que la habitabilidad de la tierra es un problema existencial en el que tenemos que tomar partido.  La única manera en la que concebimos este afecto es desde una práctica horizontal, de igual a igual, ejerciendo  un liderazgo compartido, evitando cualquier jerarquía o ejercicio de poder. Deviniendo así un equipo de mujeres que se autorregula y fortalece con sus propios lazos de sororidad y apoyo mutuo.

Haciendo uso de la antigua frase africana: «Yo soy porque nosotras somos», pensamos y nos sentimos más felices compartiendo lo que tenemos y somos. Reconocernos como personas importantes y dignas a nosotras mismas y a las otras, en nuestra propia valía. No solo somos un deseo y sueños compartidos; somos palabra, acción y coherencia en un mundo posible.

Recortes presupuestarios, cuestionar el testimonio de las mujeres víctimas, falta de formación sobre la perspectiva de género de los/as profesionales que atienden a mujeres en situación de violencia machista, androcentrismo de la justicia, falta de voluntad política y de recursos en el desarrollo de programas para la atención integral a mujeres víctimas de violencia machista, etc. Estas son las  múltiples caras de una de las violencias más invisibles y dramáticas: cuando el Estado y sus agentes fallan en la atención y protección frente  al maltrato machista, es decir, ¡¡VIOLENCIA INSTITUCIONAL!!

«El derecho de ciudadanía no es pleno para las personas migrantes en España, existe discriminación en el acceso a ciertos derechos. Por tanto, no somos ciudadanas de pleno derecho. No solo duele el hambre, sino también el abandono institucional», nos dice la presidenta de la asociación, Antonia Ávalos, y con esto tenemos que hacer algo.

A nosotras nos sostienen los fogones y nuestras hermanas, puesto que el Estado y la Administración nos han dado la espalda con sus absurdas promesas y políticas sociales que nunca llegan a nuestras vidas. En efecto, estos falsos discursos que proclaman el tan oído «que nadie se queda atrás» lo único que hacen es poner en entredicho derechos ya conquistados que tanto  nos ha costado conseguir.

Esta es nuestra pequeña derrota, no sentirnos apoyadas por la Administración pública, la misma que transitamos con «organizarse es empezar a vencer», porque la rabia que desata esta desafección e indiferencia es la que nos infunde energía para reiventarnos la vida y arañar la superficie.

Como diría Pasolini «debemos aprender del valor de la derrota, construir una identidad capaz de imaginar una comunidad en la que se pueda fallar y recomenzar sin que el valor y la dignidad se vean afectados».

En resumen, Mujeres Supervivientes nos ha permitido formar parte de un proceso que genera transformación social, conciencia feminista, ternura, alegría, otras formas de praxis y, por tanto, otras formas de pensamiento, de habitar el mundo y de subjetividades sensibles frente a la naturaleza y el medio ambiente, reconocimiento de nuestra interdependencia con ella y nuestra fragilidad humana.

Sabemos que nunca dejaremos de luchar, de amar; de apostar a la justicia social, a una sociedad diversa, feminista, ecologista; que pueda ser habitada por mujeres y hombres libres, sin importar su origen, procedencia, clase social, religión o identidad sexual porque el cariño y nuestra convicción política y amorosa por nuestro colectivo es mucho más fuerte que el hartazgo que sentimos frente al Poder. Esta red que creamos y sostenemos día a día, sabemos que puede salvar la vida de una mujer y esto es una elección radical que asumimos de manera cabal y comprometida. Por todo ello, nos sabemos imbatibles y supervivientes.

La memoria de tu barrio

La Digitalizadora de la memoria colectiva

¿Qué es La Digitalizadora?

El propio proyecto se define como una red de profesionales del sector audiovisual, del archivo y la documentación, colectivos sociales y ciudadanía que trabaja junto a las instituciones para recuperar y difundir la memoria audiovisual de los movimientos sociales. Suena bien, ¿verdad? Pero hagamos un poco de historia para conocer con más detalle en qué consiste esta propuesta de archivo colaborativo, abierto y replicable.

Orígenes

Todo colectivo, como toda casa, guarda en sus cajones y armarios cientos de fotografías, cintas de vídeo o incluso películas de super-8, que recogen parte de su memoria. A partir de la década de los setenta, con la aparición de los aparatos de grabación domésticos, los documentos audiovisuales dejan de ser exclusivos de las élites sociales. Desde entonces, en todos los colectivos, como en todas las familias, se empieza a grabar, además de fotografiar, todo lo que ocurre. Asociaciones vecinales, grupos ecologistas, agrupaciones de mujeres, el movimiento LGTBI, pacifistas y muchos otros grupos de activistas sociales comienzan a producir sus primeras obras audiovisuales. Casi no hay acción o celebración que no sea grabada. Siempre hay alguien con su cámara en los eventos. Las cintas magnéticas y las películas se acumulan en cajas, álbumes y archivadores con más o menos orden, y se convierten en depositarios de la historia, de nuestra historia.

El problema viene con el paso del tiempo (como casi siempre y con casi todo). Todo ese material grabado hace varias décadas en cintas de vídeo o super-8 corre el riesgo de deteriorarse y desaparecer. Además, en la era digital, es prácticamente imposible reproducir estos documentos, con el consiguiente riesgo de que se conviertan en desechos. Ya sabemos que el vídeo no mató a la radio, ni el CD al vinilo, pero los formatos de grabación audiovisual pelearon entre ellos hasta que llegó el digital y los mató a todos.

A partir de esta inquietud nace La Digitalizadora de la memoria colectiva. Las y los impulsores del proyecto, profesionales del mundo audiovisual, reciben cada vez más peticiones (a título personal) de digitalización de documentos de esa época por parte de personas y asociaciones. En algunos casos se encuentran con horas y horas de grabaciones que recogen episodios fundamentales de la historia de Sevilla. Son conscientes de que una parte importante de la memoria social de finales del siglo XX puede desaparecer si no se salva este material. Su relevancia para la memoria histórica es incuestionable pero, aunque las instituciones empiezan a interesarse por estas grabaciones, no se hacen cargo de ellas. Con esa toma de conciencia deciden dar un paso más y, tras reunirse las y los actores implicados hasta el momento, en septiembre de 2019, empieza a tomar forma el proyecto.

Desde el inicio, La Digitalizadora nace como una red cuyo funcionamiento se basa en la colaboración entre agentes de diversos perfiles, privados y públicos, profesionales y voluntarios, para inventar una solución alternativa a la digitalización de conjuntos de documentos audiovisuales por los archivos públicos, una tarea inasequible con los actuales recursos de que disponen.

El objetivo del proyecto es ejercer de mediador cultural promoviendo la simbiosis entre las partes implicadas: ciudadanía, profesionales del audiovisual y del archivo e instituciones, para lograr el objetivo de recuperar, conservar y difundir esos documentos, que de manera separada sería inviable. La ciudadanía es capaz de localizar colecciones que serían difícilmente accesibles sin su agenda de contactos personales. Los y las profesionales audiovisuales y de archivo garantizan que los procesos de digitalización y descripción archivística cumplan los estándares de calidad. Y las instituciones apoyan con recursos e infraestructuras un proceso participativo que rescata y pone en valor la memoria ciudadana.

Primeras colecciones

Una de las primeras colecciones de La Digitalizadora se crea a partir del proyecto «San Diego, memorias de la periferia urbana». Una iniciativa que nace como resultado de un proceso participativo para la recuperación de la memoria audiovisual de San Diego y Los Carteros. Se lleva a cabo junto a la Asociación de Vecinos Andalucía de San Diego y con el apoyo del banco de proyectos del Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, ICAS.

Durante el desarrollo del proyecto se recogieron 400 metros de película super-8, 95 cintas de vídeo de diferentes formatos, 1 500 fotografías en papel y negativos, 98 ejemplares del periódico local Habla San Diego y material gráfico diverso descrito por sus protagonistas.

Al visionar la colección, llena de auténticas joyas, se pone de manifiesto la importancia de la participación vecinal en la transformación de los barrios. San Diego comenzó siendo un conjunto de bloques desconectado de la ciudad y hoy es uno de los distritos con espacios públicos de mayor calidad de Sevilla.

La memoria del trabajo vecinal en la creación del parque de Miraflores, los recuerdos de la velá del barrio, autorganizada durante más de venticinco años, o los registros audiovisuales de la iniciativa voluntaria para alfabetizar a las mujeres del barrio son algunas de las historias que aparecieron durante el proceso de trabajo con el vecindario.

Ejemplos de organización y autogestión que trascendieron no solo las fronteras del barrio sino, en algunos casos, de la ciudad: el proceso de alfabetización impulsado por las propias vecinas inspiró lo que después sería la educación formal de adultos en Andalucía; la pedagogía llevada a cabo en el colegio público Hermanos Machado del barrio educó en el libre pensamiento a toda una generación de escolares y la asociación juvenil Aire Libre inició a muchos jóvenes en la participación social. Episodios que forman parte de nuestra memoria colectiva y es necesario preservar.

El proyecto crece

San Diego, el archivo del MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia de Sevilla), los documentos del director y guionista Nonio Parejo, la historia de una propuesta de reforma educativa en Riotinto o el archivo de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) son algunas de las primeras colecciones que se han ido digitalizando y documentando. Todas ellas van conformando un archivo que va creciendo a pasos agigantados. Cada vez son más las personas y asociaciones que se unen de alguna manera al proyecto posibilitando que aparezcan documentos como los de la barriada sevillana de La Bachillera, una de las últimas colecciones digitalizadas.

Allí, al igual que en San Diego, han aparecido episodios y testimonios que describen la vida en este barrio del norte de Sevilla al que la ciudad ha dado históricamente la espalda. El vecindario, una vez más, se ha entregado por completo al proyecto de recuperación de su memoria colectiva reciente recogiendo material, ubicándolo y participando en la presentación de los vídeos digitalizados.

De hecho, el proyecto de recuperación de la memoria de La Bachillera (que cuenta con el apoyo de Factoría Cultural, del Ayuntamiento de Sevilla) ha ofrecido algunas experiencias inolvidables en y con el barrio. Para animar al vecindario a ejercer de espigadoras, se organizó un recorrido por el barrio con el carrocine. Un artilugio en parte carrito, en parte proyector de cine, que discurre por las calles proyectando en las paredes algunos de los vídeos ya digitalizados. Merece la pena conservar las escenas vividas para La Digitalizadora del futuro. De momento, quedan recogidas en las fotografías de Antonio Pérez, que ha retratado a los y las protagonistas de las imágenes antiguas en las mismas ubicaciones en la actualidad.

Las colecciones de San Diego y La Bachillera han sido algunas de las más conocidas hasta el momento, pero como decíamos, son muchas más y con el objetivo de que la experiencia se vaya replicando en otras ciudades y otros lugares.

¿Cómo funciona?

Hablemos ahora de cómo funciona el proyecto y como se puede participar si alguna lectora está interesada. La Digitalizadora es un proyecto comunitario y necesita del trabajo colectivo y conjunto de todas las partes implicadas para lograr sus objetivos. Como hemos dicho anteriormente, los conocimientos técnicos sin la memoria de la ciudadanía o sin el apoyo institucional en algunos casos, no irían a ningún lado. Para llegar a las colecciones, que pueden consultarse en la web del proyecto o en www.archive.org, hay que pasar por un proceso de trabajo organizado hasta el último detalle. Las acciones comienzan con la localización de las colecciones, siguen con el inventario y el plan de acción, continúan con la digitalización propiamente dicha, la descripción y catalogación de los documentos y, por último, la difusión y la participación. Cada una de estas fases corresponden a los y las diferentes agentes del proyecto: espigadoras de los documentos, coleccionistas, digitalizadora, colaboradoras y ciudadanía en general.

Una vez pasan todas estas fases, el documento está disponible para su consulta enriquecido, además, con otros materiales que los complementan: entrevistas y comentarios de sus protagonistas en la actualidad, otros vídeos, artículos de periódicos de la época narrando el episodio, etc.

No (solo) nos mires, únete

Ya hemos comentado que el proyecto es posible gracias al trabajo conjunto de una red compuesta por profesionales, ciudadanía e Institución. En la página web www.ladigitalizadora.org, puedes encontrar toda la información necesaria para participar ya formes parte de una institución, seas una profesional del audiovisual o el archivo, tengas información sobre alguno de los episodios descritos en las colecciones ya digitalizadas o te hayas acordado de aquel archivador de la asociación de vecinos o de tu grupo ecologista lleno de viejas fotos y vídeos. Y si lo que quieres es replicar el proyecto en otro lugar, recibirás toda la asesoría posible. En cualquiera de los casos, puedes aportar tu granito de arena en este proceso comunitario de recuperación de nuestra memoria colectiva.

Feminismo rural situado

Reivindicación de la importancia de las mujeres en el medio rural

Para acercaros a la identidad del Feminario de URPF tenemos que comenzar nombrando a la Universidad Rural Paulo Freire, una asociación creada hace ya veinte años, en sus inicios con carácter estatal, comprometida con el medio rural. Nuestra proyección se ha plasmado a través de trabajos de dinamización en territorios rurales muy diversos, centradas en la recuperación y puesta en valor de los conocimientos campesinos y sus gentes. En nuestro caminar fuimos siendo conscientes de la necesidad de construir una estrategia para hacer feminista la organización y profundizar en las actividades dispersas que incidían en el papel de las mujeres en nuestros pueblos.

De esa necesidad nace el Feminario de la Universidad Rural Paulo Freire – Serranía de Ronda y Sierra de Cádiz, a propuesta de nuestra querida Rocío Eslava Suárez. Lo conformamos un grupo de personas que vivimos, casi todas, en los pueblos de estas dos provincias y que tenemos una amplia trayectoria de trabajo colectivo en estos territorios.

La actividad más visible del Feminario es la celebración de un Foro Feminista Rural anual. Este foro nos sirve de excusa para profundizar en los temas que nos interesan compartiéndolo después de manera pública. Elegimos un tema y un pueblo y trabajamos durante todo el año, cerrando con la celebración del Foro. Siempre que la situación nos lo permite, desarrollamos un trabajo de dinamización con las asociaciones de mujeres del pueblo elegido. Consensuamos con ellas qué les interesa y qué podemos ofrecerles nosotras, la forma de trabajo y cuál va a ser su participación en el foro.

Paralelamente, en el grupo investigamos y reflexionamos sobre ese tema a partir de documentación y personas que consideramos interesantes para nuestra reflexión. El final es la celebración del foro donde se invita a teorizar y a compartir experiencias que puedan ayudarnos a avanzar en nuestra propuesta feminista personal y colectiva y lo compartimos con todas las asistentes. Nuestro reto es la incidencia en nuestros territorios y la construcción de teoría feminista rural.

Todas nos identificamos con el mundo rural como espacio vital, social y reivindicativo. Entendemos que los espacios rurales ofrecen unos potenciales para vivir con más armonía en general. Y una de nuestras tareas es traducir esas posibilidades, al mismo tiempo que tratamos de visibilizar las experiencias vitales que dan carácter a esas ruralidad. Vivir y trabajar en nuestros pueblos realizando actividades que visibilicen las propuestas feministas, es una manera de romper clichés y que se tenga una imagen más real del feminismo. No trabajamos solas, hacemos participe a los ayuntamientos, a grupos, y a personas con las que hemos trabajado en otros ámbitos y que se van sumando a nosotras o contamos con ellas cuando las necesitamos.

Respecto a la práctica, hay un intento en la mayoría de nosotras de ir incorporando las miradas que trabajamos desde el Feminario y en los Foros: en la vida cotidiana, en el trabajo, en las tareas de dinamización, en los talleres… Y además, hay un aprendizaje personal que se va incorporando al propio bagaje y que utilizamos tanto en la mejora de nuestras relaciones personales y sociales como en nuestro ámbito laboral.

Dentro de este feminismo rural nuestras miradas están puestas en: los saberes tradicionales que están feminizados y que responden a prácticas que vinculamos a la sostenibilidad; las prácticas de las vidas cotidianas que generan economías sostenibles; la visibilización y apoyo a experiencias femeninas dentro del mundo de la agricultura y la ganadería, y desde ahí el cuestionamiento de los modelos de organización, producción y reparto de tareas; compartir con mujeres que puedan ser referencias para nosotras y aprender de ellas y con ellas; indagar con las mujeres y la población en general de nuestros pueblos sobre qué necesitamos para tener vidas más vivibles y dignas y buscar las fórmulas y medios para conseguirlo: en la ruptura de estereotipos, en las relaciones sexuales, en la concepción de las relaciones heteronormativas, en la corresponsabilidad de tareas de cuidados… Desde estas realidades conectamos praxis y pensamiento.

En el pasado 2021 hemos celebrado ya el onceavo foro. «Este Foro ha quedado muy redondito», dice nuestra querida Sofía. Sí, estamos contentas porque hemos conseguido darle coherencia interna, acompañada del calor de todas. Los días 18, 19 y 20 de noviembre de 2021 celebramos, después de un año sin foro, el XI Foro Feminista Rural Rocío Eslava Suárez, bajo el título «Simbolismos y representación de la ruralidad», en la localidad de Jubrique, en el corazón del Valle del Genal (Serranía de Ronda-Málaga).

Tras un periodo en el que el medio de comunicación principal ha sido lo virtual, donde los cuerpos han quedado en lo más doméstico y han salido poco a la calle, queríamos reflexionar sobre cómo nos atraviesa la tecnología, el uso de las redes, nuestra representación social virtual como mujeres rurales. En torno a estos temas ha girado nuestro último foro. A pesar de ser un tema que nos daba un poco de miedo ha resultado de lo más gratificante, estimulante, y sobre todo ha acercado a varias generaciones de mujeres, tanto en sus maneras de ver el mundo, como en las herramientas que utilizamos para relacionarnos con él de manera crítica.

Comenzamos el viernes por la tarde haciendo alusión al simbolismo femenino con la colocación de un árbol de croché colorista en una pared de la calle, hecho por un grupo de mujeres de Jubrique. De ahí pasamos a la dimensión de la virtualidad, con una performance representada por la Asociación Ondula, que abordó de manera crítica la repercusión de las tecnologías en nuestros cuerpos, en nuestras vidas.

Las mejores lluvias de este otoño, que en Jubrique se presenta con sus castaños más dorados que nunca, abrieron el primer espacio de la mañana, con un grupo de mujeres dialogando desde la que renombramos y reivindicamos mesa camilla, frente a la mirada atenta y cálida de las fieles asistentes al foro. Abordamos muchas cuestiones y aparecieron matices y sutilezas nuevas, de la mano de Isabel Muñoz Cobos, cordobesa veterinaria y experta en desarrollo rural; Ángela Accardi Toledano, campesina de Ronda y de Ganaderas en Red; Arrate Corres Velasco, que viene de Humilladero, de Spiga Negra; María del Rocío Vallejo Melgar, de Algatocín, activista feminista, trabajadora social y antropóloga; y Silvia Márquez, periodista de Prado del Rey.

Hablamos de la imagen plana que se proyecta de las mujeres rurales frente a la complejidad y profundidad de lo que realmente somos, y de la diversidad de mujeres y de ruralidades que componen nuestros mundos. Por eso queremos contarnos nosotras, el no ser narradoras de nuestra propio relato nos margina y simplifica. Como siempre en nuestros espacios feministas, los cuidados se nombraron y resignificaron. Nuestras referentes, abuelas y madres salieron a la palestra. Ahora nos toca pensarlas y cuidarlas. Si pensamos la ruralidad en clave de cuidados de personas y de cuidados de la tierra, con perspectiva de economía feminista podemos construir soluciones para que muchas personas puedan retornar y seguir generando vida en los pueblos.

De un análisis físico y emocional pasamos a problematizar nuestra presencia y visibilidad en las redes sociales, «hemos pasado de estar hipoinformados a estar hiperinformados», lo que no significa que se represente adecuadamente la vida de los pueblos, del campo… ¿Podemos afirmar que esas informaciones constantes y rápidas en las que no da tiempo a profundizar, favorecen mentalidades más conservadoras? Es posible. Y el riesgo más grave es que todo lo que gira en torno a las redes sociales esté en el centro de nuestra vida. Pero, si hacemos un uso consciente, las redes son herramientas para la comunicación, la visibilidad y la inspiración de otras, y eso es necesario, puesto que «tenemos la responsabilidad sobre nuestro hombros». Somos nosotras las que hemos de dar contenido propio a esa visibilidad. Las compañeras más jóvenes, que venían de Algatocín, de Arriate, de Ronda… agradecidas por la acogida a este foro, manifestaron su reivindicación del uso de las redes sociales para visibilizarnos y dar a conocer cómo es la vida de los pueblos, pues no se conoce, por mucho que se hable de ello en las redes.

Otra cuestión de riesgo que se abordó es el mantenernos con esa identidad heredada que nos remite a sentirnos y que se nos vea como mujeres que poseemos gran variedad de saberes tradicionales importantes, que hay que mantener y transmitir desde una nueva perspectiva. Reconocemos que son saberes estratégicos para la autogestión y la sostenibilidad, pero que hay que combinarlos con otros nuevos. No quedarnos en lo que fuimos, revisarnos, repensarnos. Y todo esto enlaza con la ruralidad en la que creemos, que puede dar soluciones no solo a los pueblos, también a las ciudades. Cerramos este espacio emocionadas por la generosidad, la energía y el compartir tan amoroso que se dio durante dos horas.

En el siguiente espacio se creó una mesa diversa de mujeres jóvenes que nos hablaron sobre sus proyectos y perspectivas feministas que siguen avanzando hacia un feminismo andaluz, situado, que hace más grande el feminismo de pueblo que veníamos reivindicando hace años desde estos foros. Esta mesa es una muestra del soporte físico que queremos dar a nuestros pensamientos y avances, reivindicando el papel y la lectura profunda, y que las jóvenes feministas más vanguardistas están desarrollando. Participaron Sala L. de Suburbia, Araceli Pulpillo, Anouk y Viki, quienes presentaron el monográfico Feminismo Andaluz y Ana Belén García, que presentó El Topo.

En la tarde del sábado nos introdujimos en el aprendizaje y manejo práctico de herramientas de comunicación y difusión propias. La idea era conocer nuevas herramientas, para crear colectivamente contenidos de diseño gráfico y audiovisual que representen desde una perspectiva propia lo que significa para nosotras el feminismo rural, no dejando en manos de nadie nuestra representatividad. Hubo tres talleres: «Expresando mi ruralidad. Crea tu propio programa de radio», dinamizado por Caterina Tena, «Cartelería de guerrilla» con Anouk y «El fanzine como herramienta para la emancipación», a cargo de Araceli Pulpillo.

El resultado de todos estos talleres ilustraron lo que nos recordaba Ani en la mañana: nosotras tenemos que dar el contenido… y la visibilidad y el mensaje depende de nosotras, con el manejo de herramientas propias podemos hacer nuestro propio relato.

Nos gusta hacer siempre algún tipo de evaluación, que normalmente recogemos en paneles donde todas participamos. En ellos se muestra el agradecimiento por el espacio de encuentro y hacen propuestas, lo que nos da muchas orientaciones a las organizadoras para los diseños de los siguientes foros.

Como llevamos ya más de una década celebrando este evento anual, muchas compañeras vuelven fieles cada año y nos encanta encontrarnos, sabernos y ser conscientes de que damos un significado especial a los espacios que habitamos en esos días, que se manifiesta tanto en los talleres y mesas como en las comidas, conversaciones mientras paseamos por las calles del pueblo o bien en la fiesta final, con la que cerramos el sábado bailando, animosas y felicitándonos por lo que estamos construyendo.

Como colofón nos gusta organizar una visita guiada por alguien de la localidad, a veces dentro del pueblo, otras por el entorno. Para nosotras la puesta en valor de nuestro territorio a través de estos encuentros feministas rurales, forma parte de las finalidades que tenemos como activistas de lo rural. En esta ocasión, el domingo dimos un paseo guiado por Chico a la Loma de la Serena, para que todas tocáramos tierra y sintiéramos el otoño dorado de Jubrique.

La Marea y El Salto, #UnidasFrenteAlOdio

Los dos medios se han enfrentado a un ciberataque en mitad de una campaña de suscripciones en común para sumar lectores y lectoras.

El Salto y La Marea no son los únicos medios de comunicación que han sufrido un ciberataque recientemente. Pero justo esos días, El Salto y La Marea estaban unidos por una campaña conjunta: #UnidasFrenteAlOdio. Las dos redacciones trabajamos por separado, como hasta ahora, pero al dar este paso quisimos cubrir una demanda que muchas socias y lectores nos habían trasladado hacía tiempo. Desde la lógica de cooperar y no competir con las que desarrollamos este oficio desde hace años, planteamos la posibilidad de unificar el apoyo a dos proyectos con diferencias, por supuesto, pero con muchas cosas en común: entre ellas, el mensaje combativo contra la extrema derecha.

No es fácil crear una agenda propia en un contexto de profunda transformación —podríamos echar mano de esa palabra tan conocida en Andalucía como la «reconversión»—. Sin embargo, poco a poco, el trabajo que venimos haciendo cala cada vez más en ámbitos muy diversos. Tampoco fueron agradables aquellos momentos en los que ibas a publicar una información y no podías. O, lo que es lo mismo, ibas a trabajar y no te dejaban hacerlo. Ver cómo el medio en el que escribes no funciona porque alguien no quiere que funcione te genera impotencia, desasosiego y es, sobre todo, desmotivador.

Miremos por donde miremos, vivimos momentos desalentadores —por momentos, parece que estoy haciendo el discurso navideño del rey—. Bromas aparte, no nos engañemos. En los medios, el panorama es desolador, en el periodismo también. Y la situación entre quienes apostamos por un trabajo riguroso, sin dependencias de los poderes económicos, políticos y gubernamentales, es, como mínimo, incierta. Por eso campañas de suscripciones como la que hemos desarrollado en La Marea con El Salto son vitales. No solo para quienes trabajamos en esos medios, que, obviamente, comemos, pagamos alquiler, hipoteca, tenemos hijos/as, nos gusta ver pelis en plataformas de pago… sino para garantizar un periodismo honesto y de calidad a nuestras lectoras y lectores, a veces, incluso molesto para ellos mismos. Es importante no olvidar esta cuestión: en La Marea dedicamos todos nuestros esfuerzos a hacer un periodismo profesional. Comprometido, por supuesto, con los derechos humanos, con el feminismo, con los servicios públicos —con la ética, en resumen—, pero sin perder de vista la rigurosidad.

Nos hace más fuertes estar unidos, está claro. ¿Es posible un periodismo así? ¿Es posible trabajar como siempre habíamos soñado? ¿Como, en algún momento, pudimos llegar a trabajar? Es posible, pero siempre y cuando haya, también, lectores y lectoras comprometidas. Esa es nuestra principal fuente de financiación. Y sin ello, no vamos a ningún sitio que no sea precariedad, angustias y frustración. Grandes compañeros y compañeras periodistas están abandonando esta profesión porque, sencillamente, no se puede vivir del aire, ni de la vocación, ni del amor al arte, por mucho que nos guste, por mucho que amemos este oficio. Esta es la realidad. Y no verla no nos ayuda.

Les pongo un ejemplo. Hace unos años, en nuestra revista en papel, publicamos un especial sobre rutas de la memoria. El coste total de la primera ruta que emprendimos, al campo de concentración en Castuera (Badajoz), ascendió a 417 euros. La hicimos, sí. Pero hubiéramos necesitado más tiempo y dinero para, en primer lugar, pagar un precio justo a los trabajadores/as. Y, en segundo lugar, para realizarla de un modo más completo: nos dejamos por el camino otros lugares destacables de la memoria y viajamos sin un fotógrafo/a.

Nuestro objetivo era llegar a 50 rutas repartidas por toda la geografía española, que supondrían un coste mínimo de 20 000 euros. Para ello, creamos una suscripción específica de apoyo a Rutas de la Memoria de 60 euros, que incluía, además del boletín mensual, una suscripción semestral a la revista La Marea en papel y una joya artesanal conmemorativa de la República (pin o colgante), realizada en acero inoxidable con los principios: libertad, igualdad y fraternidad.

¿Qué pasó? No lo pudimos concluir. Publicamos algunas con mucho esfuerzo, en muchas ocasiones a costa de nuestros bolsillos personales, de jornadas excesivas.

No tenemos corresponsales, ni enviadas especiales ni podemos hacer coberturas a lo grande. En La Marea, si uno vive en Canarias, como le pasa a nuestro compañero Eduardo Robaina, cubre la crisis migratoria o los primeros días del volcán. Y si está en Lesbos documentándose para una historia justo cuando se incendia el campamento de Moria, como Patricia Simón el verano de 2020, puede enviar una crónica diaria desde Grecia. Luego puedes hacer un encaje de bolillos con un viaje pendiente a EE UU para poder cubrir las elecciones. O a Cuba. Pero eso, como saben, es cuestión de suerte, de estar un día en el sitio que hay que estar —o costeártelo por tu cuenta, como digo— y en el que no podríamos estar de manera natural, como requiere el periodismo, por la falta de recursos.

Y es importante estar, insisto, porque no siempre se cuentan las cosas que pasan o las cosas que interesan o las cosas que a otros no les interesa que se cuenten. En La Marea, al menos, lo intentamos. Nos pasa con las informaciones que hacen referencia al IBEX. «Casi nunca vemos en el titular la palabra Endesa», me dijeron algunos familiares afectados por la explosión de un transformador en un hotel de Tarifa en el verano de 2017 en la que murieron dos trabajadoras y varios compañeros y compañeras resultaron heridas.

En La Marea apostamos por contar su historia cuando se olvida el titular del día, cuando las administraciones no prestan tanta atención a las familias, cuando la actualidad deja de serlo por las prisas y se olvida. El caso sigue abierto en los tribunales. Fuimos, costeamos el viaje, invertimos el tiempo necesario sabiendo que dejábamos otras cosas de lado, como la información diaria, por ejemplo.

Y algo más: no podíamos permitirnos el lujo de contar solo esa historia. «¿Qué podemos hacer más en aquella zona?», preguntó la directora, Magda Bandera. Así que aprovechamos también aquella cobertura para narrar una de esas rutas de la memoria, la de la playa de Bolonia y las fortificaciones que 30 000 prisioneros construyeron en el Campo de Gibraltar entre 1939 y 1940. En aquella ocasión, al menos, las vistas hicieron más llevaderos el viaje y la sensación de impotencia que te dejan dos historias de desgarro separadas por el tiempo.

Un año después, tras los resultados de las elecciones municipales, cuando los diarios estaban llenos de declaraciones y entrevistas con los nuevos alcaldes y alcaldesas de las grandes ciudades —con razón, obviamente—, nosotros volvimos a Tarifa. Uno de los trabajadores que resultaron heridos en la explosión acababa de ser elegido concejal en el Ayuntamiento de esta localidad gaditana. Le hicimos la entrevista en la playa, con la Isla de las Palomas al fondo, separada del continente por un camino de piedra. «¿Has estado alguna vez ahí dentro?», le pregunté. Y el concejal de Tarifa, como los parroquianos del pueblo, respondieron: «Qué va, nunca».

Después, La Marea entró en la isla y contó cómo era aquel lugar paradisíaco y a la vez nauseabundo donde se ubicaba una de las vergüenzas de España: un CIE.

Y, visto así, hay una cosa buena de ser «pequeños» en este océano de medios de comunicación: estamos obligados a mirar donde otros no miran, no quieren o no los dejan mirar. Por eso es importante el apoyo de quienes nos leen. Por eso fue posible también PorTodas, una investigación periodística basada en el análisis de los 55 asesinatos por violencia machista cometidos en España en 2014, según los registros oficiales. Pensamos que cinco años después de que mataran a estas mujeres, reconstruir sus historias nos permitiría averiguar si hubo factores que favorecieron o posibilitaron los homicidios, y qué medidas y cambios se han adoptado posteriormente para evitar que se pudiesen repetir. Y en ello estamos, gracias a las casi 3 000 personas que microfinanciaron el proyecto a través de un crowdfunding. Sí, un crowdfunding para hacer periodismo.

Recientemente, nos acaban de dar un premio por uno de esos reportajes, el de Antonia, una mujer asesinada en Cúllar Baza (Granada) por su marido. ¿Qué pasó después?, ¿qué pasó con la familia?, ¿y con el asesino?

Eso es lo que explica con detalle este trabajo, que ha permitido, siete años después, detectar cómo afecta la violencia a mujeres mayores, cómo el sistema judicial, en ocasiones, alarga el dolor de las familias y cómo determinados atenuantes, como la reparación del daño, resultan complicados de explicar y entender en casos en los que se arrebata una vida.

El día que recibimos el premio no se podía leer ni este ni ningún otro artículo de La Marea ni El Salto porque estábamos en mitad del ciberataque. No sabemos cómo hubiéramos afrontado esta amenaza en solitario, aunque sí sabemos con total seguridad que juntas nos ha ido muchísimo mejor.

MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN DE MUNDOS

O CÓMO AGUJEREAR LA VIDA

El número 4 de la calle Ana Bernal en el barrio malagueño de Lagunillas ha estado siempre en construcción: ahora es una librería llamada Suburbia. Este espacio en su momento estuvo conectado con el número 18 de la calle Vital Aza, formando el polvero Elías Materiales de Construcción. Un lugar donde se vendían principalmente azulejos, pero también otros materiales de construcción que, entre otras cosas, contribuyeron a edificar una parte del barrio. Desde 2016, la parte que da a Vital Aza comenzó a llamarse Casa Azul aunque el letrero de Elías nunca desapareció, únicamente se completó; Elías Materiales de Construcción de mundos. Aquí comenzó a reunirse la asociación vecinal Lagunillas Por Venir o el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Málaga, así como distintos seminarios y encuentros facilitados por transversal.at. Entonces, ya en 2021, se abrió un agujero y los espacios volvieron a entrar en relación, en Ana Bernal 4 los azulejos ahora son libros, sin dejar de ser materiales de construcción.

En la librería no entendemos los libros como mercancías, sino como materiales de construcción de mundos, materiales a disposición de lxs vecinxs para seguir construyendo barrio, facilitar el encuentro, imaginar otros mundos y agujerear la vida. La apertura de la librería es un nuevo agujero en la ciudad, no tanto por lo que perfora, sino por lo que abre, por lo que deja pasar. No solo por lo que deja pasar en la ciudad sino también por las formas de vida que genera; no solo por lo que se abre sino por lo que nos abre. La librería fue un acontecimiento que surgió de entre las ruinas de nuestras vidas enmarañadas por la precariedad, la incertidumbre, la militancia y los malestares que íbamos comprendiendo juntxs en forma de politización, escucha, resonancias, junteras.

Todo el mundo nos pregunta cómo es sostenible una librería. Muchxs vecinxs han dado por hecho que somos una biblioteca y nos aprendimos de memoria cómo explicar que no, que somos una librería asociativa, que la gestionamos —de momento— entre tres personas pero que se sostiene entre muchas. También es un espacio de encuentro entre lxs vecinxs y no tan vecinxs, uno de esos refugios necesarios para resistir e insistir, para seguir abriendo puertas, grietas, agujeros.

Nosotrxs no paramos de preguntarnos cómo es sostenible una vida. Nos dimos cuenta de que no podíamos seguir pensando la vida, el trabajo y la militancia como compartimentos estancos que ir llenando y optimizando, mejorando. Que no tenía sentido seguir sacando «huecos» libres, desdoblando nuestras vidas en una, dos, tres o infinitas partes. No queremos seguir repitiendo la misma retahíla de bloqueos propios de la inercia militante: el agotamiento, la falta de tiempo, la retirada por «autocuidado» o directamente la huida, como si militar tuviera en efecto un sentido militar. Ese terreno de conflictividades en el que se reproduce una y otra vez una sociabilidad que, en muchas ocasiones, está lejos de ser revolucionaria. Por lo que no paramos de preguntarnos; ¿cómo se cuida una vida militante?, ¿cómo se revolucionan de manera sostenible y enmarañada esas vidas posibles?

Lo que se esconde debajo de cómo se sostiene una librería es el cómo se sostienen las vidas que sostienen una librería. Y, más importante aun, cómo son y cómo se sostienen esas formas de vida. Lejos de conceptos como empresarialidad, emprendimiento, esfuerzo o voluntarismo, la librería no nace para estabilizar los elementos dados por el imaginario neoliberal de la vida privada o la carrera profesional, sino para desplazar, desestabilizar y agujerear nuestro día a día del sistema de trabajo, de la propiedad, de la idea de familia nuclear, de la ficción de la individualidad o la identidad, de la mercantilización y la representación de la vida o de la actividad militante como algo puntual. Lo militante es lo que agujerea la vida, lo que la desestabiliza, lo que la revoluciona a pesar de, e incluso mediante, la precariedad; no lo que reproduce una vida cómoda, material y simbólicamente, como extensión alternativa pero complementaria del modus vivendi neoliberal. Lo militante no en un sentido militar o partidista en el que hay miembrxs que profesan obediencia a un ejército o un partido, ni tampoco en un sentido ficcionado o representativo —como si fuera una tribu urbana dentro de las opciones del mercado de subjetividades—, sino como la práctica de multiplicar las máquinas de guerra, es decir, las sociabilidades que permiten revolucionar la vida en vecindades vitales que inventen mundos. Abandonar y desertar de la idea de una vida con los componentes que nos enseñaron a desear. Porque el deseo también se construye en la práctica. En las distintas conversaciones que se dan en la librería, pero también en el bar Pedroso o en La Polivalente —y hasta hace poco también en las Camborias—, abundan deseos de imaginar, de debatir, de conocer, de hacer memoria, de resistir, de vivir muchas (otras) vidas.

Dicen que el momento no ayuda, que vivimos una época reaccionaria, que la gente no lee y mucho menos lee pensamiento crítico, que la acción política de los movimientos está muy debilitada, que todo es triste y violentamente amenazador; y es bastante cierto. Pero es que no existe el momento perfecto, ni un futuro en el que las cosas de pronto sean más fáciles, donde el fascismo y la mercantilización de todo se desvanezcan; la vida es un territorio de batalla y en construcción, por eso necesitamos materiales para construir otros mundos posibles desde este, aquí y ahora. La minúscula pero intensa experiencia de la librería demuestra que las socialidades que se crean al poner en circulación materiales críticos ya está creando mundos nuevos. Los libros pueden ser materiales críticos que ayuden a abrir mundos y agujerear la vida, ya que son herramientas para pensar. Pero la cuestión más importante es qué, cómo y para qué se lee, porque leer es solo un disparador, un punto de partida. Una librería lo que hace es abordar estas cuestiones; por un lado, seleccionando materiales de lectura y conformando con estos itinerarios y, por otro lado, generando grupos y ecosistemas alrededor de los libros —grupos de estudio, de lectura, de cine, de debate— para transformar la realidad. Precisamente lo que diferencia una librería comercial de las librerías críticas y asociativas es la forma de responder a estas preguntas, unidas a la forma de entender el trabajo. Mientras una librería comercial se diferencia poco de cualquier otro comercio mercantil, una librería crítica y asociativa es una apuesta política por el trabajo cooperativo y militante, la difusión de la cultura libre, la generación de espacios de socialización y la colaboración en red. Una librería crítica y asociativa no puede funcionar de manera aislada, se cuida y sostiene gracias a una comunidad de socixs que no solo las apoyan económicamente, sino que forman parte de su apuesta política.

La calle Ana Bernal siempre fue un espacio periférico y marginal incluso dentro de Lagunillas. Es un callejón sin salida que, aunque no sea peligroso, es percibido como descuidado, sucio y algo tenebroso. Este callejón sin salida albergaba la entrada de mercancías del polvero Elías Materiales de Construcción, el resto de los bajos han sido desde hace mucho tiempo de uso residencial. El día que abrió la librería en el número 4, apareció un cartel en el número 2 visibilizando una actividad que llevaba produciéndose de manera invisible desde 1992, se trata del vecino V. S. que se dedica a la encuadernación, reparación y restauración de libros. De algún modo la apertura de la librería hizo que este reparador de libros se sintiera tan cómodo en la calle como para visibilizar su labor. De pronto, el callejón sin salida de Ana Bernal se convirtió en la primera calle de Málaga, y puede que la única del mundo, donde todos sus locales se dedican a los libros. La cuestión no se quedó ahí, resulta que unos días antes, cuando todavía se estaban montando las estanterías de la librería, unx compañerx —también librerx—  vino con la fantástica y estrafalaria idea de convertir una parte del espacio trasero e interior de la librería, el lugar intermedio entre la Casa Azul y la librería, en un laboratorio de impresión «sub géneris» trayendo, no sin dificultades técnicas, la máquina de imprenta de tipos que en los últimos treinta años había usado el poeta Francisco Cumpián para imprimir los libros de poesía de su editorial —y que durante un tiempo también fue la librería El Árbol de Poe— en calle Frailes 26, también en Lagunillas. Y no solo esa máquina, también la guillotina que usaba Cumpián y otras dos máquinas aún más antiguas cedidas por la Asociación en Defensa de las Chimeneas y el Patrimonio Industrial de Málaga. Además, en este espacio también se está creando un pequeño estudio de sonido para grabar audiolibros y recuperar una práctica que ya parecía desaparecida que es la de las radios comunitarias y libres.

En este callejón sin salida, justo en frente de la librería puede leerse una pintada que dice «Juntas», acompañada de una ilustración de dos manos entrecruzadas. Es algo que puede verse muy bien desde el interior de la librería, desde el mostrador y los sillones donde se suelen hacer las presentaciones de libros o los grupos de lectura. Solxs parece que todo callejón es sin salida, sin embargo, esa idea revolucionaria de juntarse y hacer juntxs puede hacer que un callejón sin salida se agujeree, que se creen multitud de subterfugios nuevos que vayan socavando esa idea de que no se puede, de que estamos solxs y no hay salida. Se trata de agujerear, de escuchar más, y dejarse atravesar por las resonancias, por las oleadas de deseo que se concretan en encuentros informales, en grupos de lectura y de estudio, en pequeños gestos como el del cartel del vecino V. S., en conversaciones que a veces son llaves para ensanchar nuestros imaginarios, en definitiva, para pensar y vivir juntxs. Y cuando pensamos y vivimos juntxs, es bueno tener libros alrededor. La librería intenta hacer eso, poner libros alrededor, materiales de construcción de mundos.

Esa vecindad, que no está formada únicamente por lxs vecinxs del barrio sino que es una distancia y una intensidad con las cosas, está ahí, en construcción. En ese proceso ensayamos aquello que Anna Tsing llama «las artes de vivir en un planeta dañado». Vivimos en una ciudad dañada por el turismo y la gentrificación que también se nutre de los efectos del colonialismo. A nuestro alrededor vemos cómo se expulsa a lxs vecinxs, cómo se derriban sus casas y cómo se destruyen las ecologías de territorios, paisajes y memoria, en las que ahora se dibujan nuevos campos de batalla. Queremos construir refugios que se multipliquen, que den lugar a otros lugares, otras formas de lucha, otros movimientos, en cada casa, en cada calle, en cada barrio, en cada solar, en cada pueblo, en cada terreno, en cada paisaje que se niega a ser cercado y homogeneizado, ahí donde se materializan ya mundos nuevos.

¿Y SI EL SÚPER FUERA NUESTRO?

SUPERMERCADOS COOPERATIVOS: EN LA BÚSQUEDA DE MODELOS FÁCILES DE EXPANDIR Y DE REPRODUCIR PARA EL COOPERATIVISMO DE CONSUMO

EL COOPERATIVISMO DE CONSUMO TIENE NUEVAS PROPUESTAS FRENTE A LA HEGEMONÍA DE LAS MULTINACIONALES DE LA ALIMENTACIÓN QUE VIENEN DOMINANDO LAS RELACIONES DE LAS PERSONAS QUE CONSUMEN Y QUE PRODUCEN BIENES DE PRIMERA NECESIDAD. ¿QUÉ NOS HA TRAÍDO HASTA AQUÍ?

Tengo que decir que es una de las cosas que más me gusta. Me mola ir al supermercado, estar a tu aire. Hacer la compra, ver lo que te apetece en ese momento.
Qué vas a cocinar o qué falta en casa…, toallas…, has tenido un problema…, siempre es emocionante

Fernando Alonso

En las últimas décadas, vienen sucediéndose experiencias de cooperativismo de consumo que vinculan a grupos de personas en las ciudades con producciones locales, con la tierra y con la agricultura. Es el proceso en el que se ha acuñado una nueva cultura de relaciones agroalimentarias alrededor del consumo responsable y la empatía entre formas de vida urbanas y rurales.

Las experiencias de cooperativismo de consumo vinculadas a la agroecología, abundantes en número por todo el territorio y pequeñas (o muy pequeñas) en relación al volumen de consumo urbano, son diversas. Existen desde cooperativas de consumidores que gestionan tierras y producen alimentos a comercios especializados en colaboración con agricultores locales y proveedores alternativos. Cientos de experiencias que son diversas y se vienen transformando y enriqueciendo con el tiempo y los cambios sociales. También han demostrado una increíble resiliencia ante lo inesperado, al adaptarse a la realidad ante conmociones colectivas, como las derivadas del confinamiento domiciliario, reafirmándose como esenciales para la reproducción de formas de vida en tiempos pandémicos.

Factores como la falta de visibilidad, los bajos salarios y la escasez de tiempo de reproducción social en las vidas cotidianas han condicionado la mejora de los modelos de cooperativismo de consumo. En ese contexto, la búsqueda de propuestas para aumentar la capacidad de reproducir (los modelos) o saltar de escala han abundado en estas comunidades, al tiempo que se han desarrollado culturas específicas en cada ciudad, adaptadas a la realidad socioeconómica y cultural de las comunidades urbanas y de la capacidad de relación con el agro, de activación de proyectos de producción y el entendimiento con agricultoras y ganaderas.

Esta eclosión, marginal por su escala, ha sido paralela al impresionante despliegue del modelo hegemónico, el de las grandes cadenas de supermercados que se han constituido como el principal mediador del capitalismo entre el consumo y la producción de alimentos. Desde que en los años 50 abriera sus puertas el que se considera el primer supermercado de la península en la ciudad de Cádiz, hasta el 80% del consumo doméstico (y subiendo) que representa hoy en día la actividad de supermercados e hipermercados convencionales hay un largo viaje, el de la construcción de una hegemonía. «Ir al súper» es la forma en la que una inmensa mayoría de la población adquiere alimentos, la única opción, en muchos casos.

Un modelo que copiar

Tengo un trato,

lo mio pa mi saco

La Mala Rodríguez

Se está citando, copiando, referenciando mucho un proyecto, con casi 50 años a sus espaldas y originario del otro lado del atlántico, gracias a una película.

Park Slope es un barrio de Brooklyn que, allá por los 70, era un barrio obrero en un momento en el que el declive industrial de la ciudad lo estaba vaciando y en el que siquiera se percibía la posibilidad de que aquello se convirtiera en el objeto de deseo global que una ciudad como Nueva York significa.

Hoy en día es un barrio en el que se han incrementado, al tiempo, la renta per cápita y la desigualdad social. Hay comunidades que han sido expulsadas y nuevas generaciones con otras formas de vida habitan el barrio. No todo cambia allí, la cooperativa continúa y hay personas que se desplazan grandes distancias en la ciudad para mantener el vínculo. Sorprendente, cuando para la mayor parte de la población el principal criterio para elegir súper es «el que esté más cerca».

No son pocas las experiencias relacionadas con la autogestión y con la agricultura en ciudades norteamericanas de esa época y las que llegan a nuestros días, pero Park Slope Food Coop se encuentra con un par de cuestiones, diferenciales respecto a otras, que han posibilitado su crecimiento, desarrollo y posibilidad de reproducción.

En primer lugar, lo tenían claro: eran anticapitalistas con deseos de cambiar el mundo pero no querían hacer proselitismo o convencer con discursos, querían convencer con una opción que fuera mejor que las demás. Tenían la visión de ampliar el consumo de productos ecológicos, pero también la de adaptarse a todas las realidades culturales y socioeconómicas de las personas en torno al barrio.

Otro factor determinante fue el del territorio, el acceso a la propiedad de un local y después de todos los que le rodeaban, gracias a generosas donaciones de algunos de los socios iniciales. Con el local, la capacidad de consumo y de organización del trabajo cooperativo vienen creciendo y mejorando protocolos todos estos años. Han generado una cultura suficientemente fuerte y un canal claramente mejor que el resto de opciones en el barrio. Buena prueba de ello es el hecho de que, desde hace tiempo, ya no pueden crecer más —no caben— y han superado el relevo generacional de aquellos que lo empezaron. Este grupo del 73 permanece como una especie de leyenda en la tradición oral de la cooperativa y en «la gaceta de los que esperan en la cola», su periódico.

Ese tiempo en la cooperativa, en las colas, en los turnos de trabajo, en las asambleas y en las actividades que se generan alrededor ha resultado también en todas estas experiencias un importante pegamento para la comunidad. En una cultura urbana que tiende al individualismo y al afecto contenido dentro de las familias y las amistades de toda la vida, un entorno de confianza y valores compartidos permite que las personas se reconozcan y que la sociabilidad en torno a la cooperativa sea un factor muy valorado, cuidado, impulsado por los supermercados cooperativos y por las personas que los habitan.               

La película a la que hacemos referencia la produjeron personas vinculadas al supermercado cooperativo parisino por excelencia, «La Louve». Estaban convencides de que contar bien el proyecto de Nueva York les iba a permitir a más personas implicarse en el nacimiento de La Louve, y así fue. No solo ha servido para la comunicación entorno a La Louve en París, sino que también ha sido fundamental para la comunicación de proyectos más cercanos, como Supercoop y La Osa en Madrid, o Food Coop en Barcelona. Les productores, además, están encantades de facilitar proyecciones en otras ciudades ( 😉 ).

Otros referentes, otras copias

Tomate. / Qué culpa tiene el tomate /

que está tranquilo en la mata /

y viene un malaje / y lo mete en una lata / y lo manda pa Caracas

Fandango popular

La genealogía de este modelo se viene expresando en esa correlación entre Park Slope Food Coop en Brooklyn, La Louve en París y sus réplicas en otras ciudades europeas, pero el panorama es más amplio. El cooperativismo en torno a la idea de supermercados tiene también raíces en diversas experiencias de economatos sindicales e incluso en la diferentes formas de colectivización obrera. En el panorama internacional se han trabajado referencias desde el Supercoop del Hogar obrero en Argentina, hasta Coop y Migros en Suiza y, como se ha comentado, hunde sus raíces en experiencias vinculadas a grupos de consumo y centros sociales autogestionados en Madrid y Barcelona, y a realidades similares en otras ciudades.

También existen en la península proyectos previos de cierta escala como Landare en Pamplona, donde manejan un modelo comparable, aunque reflejo de la tradición de las relaciones agrourbanas de la zona y del nivel adquisitivo de los consumidores locales. Territorios como La Rendija en el Pumarejo, los pasillos del Mercado de San Fernando y otros rincones de Lavapiés, o las naves de Can Batló en Barcelona vienen siendo territorio de experimentación y de socialización para comunidades urbanas de personas consumidoras y también para productoras y distribuidoras en busca de otros canales de comercialización.

En la actualidad, los proyectos de La Louve en París y La Osa en el norte de Madrid son las experiencias en torno a este modelo que más impacto están teniendo. Al margen de sus diferencias, una de las similitudes fundamentales de estos dos proyectos es la capacidad que han tenido para acceder a subvenciones o avales públicos para la financiación de la puesta en marcha de los mismos, dado que la denominada banca ética está teniendo problemas en apostar por estos modelos, y rechaza incluso propuestas vinculadas a la autoconstrucción y la eficiencia energética en pro de la efectividad de la industria de la construcción.

Así las cosas, parece que la capacidad de expansión de los modelos de consumo responsable se topan en uno u otro lugar con los límites del dinero y existe dificultad en alcanzar modelos que ofrezcan al consumidor experiencias suficientemente atractivas para salir de la dinámica curro-metro-súper-casa, aun más en los tiempos que corren. La resiliencia de organizaciones o culturas a medio plazo puede tener que ver con estas conquistas de territorio, pero también con las relaciones que se crean y con la capacidad que tengamos de inventar y poner en práctica nuevas soluciones.

Los supermercados cooperativos y las comunidades que los impulsan han venido para quedarse y para crecer porque eliminan el lucro empresarial de la ecuación, ponen el trabajo cooperativo en juego y generan un nuevo espacio de socialización. Los retos pueden tener que ver con la generosidad de los proyectos con la transmisión de conocimientos y por la inquietud de grupos locales para invertir tiempo y esfuerzo en crear nuevas estructuras.

Cualquier grupo interesado en impulsar un proyecto de este tipo tiene la oportunidad de verse la película de Food Coop, indagar por la web y preguntar a las organizaciones y personas implicadas en los proyectos mencionados. La cultura libre y la voluntad de ser generosas con el conocimiento es una de las mejores ayudas que podremos encontrar en el camino. La otra parte es la de mirar al entorno del barrio/ciudad/campo y buscar gente que quiera consumir cooperando y productores que quieran experimentar y buscar nuevos canales.

UNA COOPERATIVA DE CINE

LAS SALAS DE CINE DECRECEN Y BAJAN LOS BENEFICIOS, PERO A PESAR DE ESO SURGEN INICIATIVAS DE SALAS DE CINE COOPERATIVAS O ASOCIATIVAS Y (¡SORPRESA!) NO LES VA MAL

Una, que siempre ha sido muy peliculera, vio en el cine, con 10 años, Cinema Paradiso y lo de la magia del cine me lo tomé muy a pecho. Uno de mis mayores sueños era tener mi propia sala de cine. Elegir las películas, hacer sus fichas técnicas para repartirlas a los ilustres espectadores, empalmar los rollos de película de 35 mm… Cuando llegué a la facultad me aprendí dónde estaba el bar y me metí en el cineclub. No podía ser más feliz: proyectábamos cine pedante en VO y en 35 mm, robábamos algún fotograma de recuerdo de cada película y perdíamos dinero a espuertas. Pero basta de batallitas. Parece que este sueño lo han ido teniendo muchas otras personas y que, a algunas, les han salido mejor las cuentas. Vamos a darnos un paseo por el mundo de las salas de cine cooperativas o comunitarias. Silencio, que empieza la proyección.

La idea de estas salas está muy vinculada a dos pilares: la concepción del cine como herramienta de cambio social y el trabajo con las comunidades donde ese cambio debe empezar.

Por un lado, se trata de recuperar la tradición de los cineclubes o las salas de arte y ensayo y otros intentos de distribución de cine alternativos a los circuitos comerciales. Por otro, se busca adaptar a la gestión cultural unas formas de organización más horizontales e implicar a les usuaries en la gestión del proyecto a través de diferentes formas jurídicas, bien cooperativas o asociaciones sin ánimo de lucro.

UN POQUITO DE HISTORIA

Estos intentos tienen bastante tradición en nuestro país. Durante la república, la aparición de cineclubes estaba a la orden del día, en un intento de acercar la cultura a la capas populares de la población, destacando el Cineclub Español, vinculado a la Residencia de Estudiantes, aunque hubo muchísimos otros que nacieron en pueblos y provincias donde muchas veces ni siquiera llegaba el cine comercial. Tras la Guerra Civil y la dictadura, los cineclubes programaban películas prohibidas por el régimen o documentales hechos por militantes y aprovechaban para celebrar actos políticos antifranquistas de escaqueo tras las proyecciones, siendo los sindicatos unos de los grandes impulsores de estas iniciativas, destacó el Volti, la red de locales de CC OO en la que se proyectaban películas clandestinas y servían no solo como distribución alternativa a la de las grandes productoras, sino como espacio para el debate político entre los asistentes.

Con un contenido político menos marcado, las salas de Arte y Ensayo tuvieron su momento de auge en los 70 y se alzan contra las prácticas casi mafiosas de las majors que imponían su catálogo a todas las salas, dejando fuera a las productoras independientes. Se proyecta cine clásico, películas de culto, documentales o filmes al margen de la industria mainstream. Son más del rollito del cine como arte y no como mero entretenimiento, que debe conmover y hacer reflexionar. Más profundos, pero también molones.

Estas dos tendencias se mantienen a día de hoy en los diferentes proyectos que han ido apareciendo en el Estado español. En otros países como el Reino Unido (mycommunitycinema.org.uk) o EE UU existen extensas redes de cines comunitarios, gestionados por asociaciones y voluntarios, cuya misión es acercar otro tipo de cine a comunidades con difícil acceso a salas no comerciales o, simplemente, a salas. En nuestro país, varias circunstancias se unieron en la última década para propiciar la aparición de estos proyectos.

Numerosas salas de cine vivieron la tormenta perfecta a raíz de la crisis de 2008, a la que se sumó el aumento del precio del IVA al cine por parte del PP, la aparición de las primeras plataformas de visionado por internet (streaming) y el proceso de digitalización de las salas con los gastos que conllevaba. Muchas salas cierran en esos años y así, desde 2011 hasta 2017, el número salas en España se redujo un 11,2% y el número de butacas un 13,4%. Ciudades medianas como Pontevedra, Tarragona o Jaén, por ejemplo, pasan en unos años a tener el dudoso honor de ser ciudades medianas sin salas de cine.

En diferentes puntos, grupos de cinéfilos comienzan a ponerse en marcha para recuperar algunas de estas salas cerradas o impedir un cierre inminente.

LA COMUNIDAD AL RESCATE

Surgen iniciativas individuales, colectivas y cooperativas que unen la cinefilia y una militancia política que pasa por trabajar desde las comunidades y los barrios y no dejarlos huérfanos de oferta cultural.

Uno de los proyectos pioneros fueron los CineCiutat, en Mallorca. En mayo 2012 cerraron los cines Renoir, en S’Escorxador en Palma de Mallorca. Un grupo de asistentes habituales se negó a quedarse sin su sala de referencia, crearon una asociación, buscaron financiación a través de Coop57 y buscaron el apoyo de personas socias que se implicaran en el proyecto. 800 asociades acudieron a la llamada y consiguieron reabrir la sala tres meses después de que cayera el telón. A les socies les ofrecieron una implicación además de una cuota económica y mantienen una metodología participativa Open Space para que puedan aportar su visión del proyecto.

En una tónica que se repite en el resto de proyectos, combinan cine más convencional o comercial con cine de autor o experimental, pero, además de trabajar por la diversidad cinematográfica, el trabajo con la comunidad es esencial, por un lado, realizando una labor de laboratorio creativo y cultural y, por otro, abriendo espacios para la participación de les vecines y el activismo social y ambiental. En diciembre del año pasado recibieron la categoría de asociación de utilidad pública por este trabajo. En el aspecto meramente empresarial tampoco les va nada mal, ya que han sorteado la pandemia y obtenido una respuesta muy buena por parte de su público en cuanto abrieron (y ofreciendo entradas gratis a les trabajadores esenciales, ¿los puedes querer más?). El verano pasado decidieron dar un paso más y lanzar un micro mecenazgo que les permitiera renovar equipos y adaptarse a los cambios que les marcaban desde la industria y, por supuesto, fue todo un éxito.

Romper con la hegemonía de los grandes éxitos estadounidenses que copan todas las pantallas es uno de los principales objetivos que se marcan desde estas iniciativas, apostando por estrenar películas que no podrán verse en el resto de salas. Hasta el 60% del mercado autóctono europeo se ve copado por producciones de Hollywood y sus productos diseñados para el taquillazo instantáneo.

La siguiente escena nos conduce hasta Zumzeig, que, como elles mismes se definen, abrieron sus puertas en Barcelona como un cine cooperativo y participativo sin ánimo de lucro, con una programación multidisciplinar en versión original que comparte protagonismo con otras actividades culturales y sociales. El cine empezó en 2013 como una sociedad limitada, con la idea de proyectar cine alternativo y tener un espacio en el que tomar algo y comentar las películas, pero les socies iniciales decidieron dar un paso a un lado y apostar por un modelo más participativo. Algunas de las personas cercanas al espacio y al mundo del cine decidieron aceptar el reto y se hicieron cargo de la sala montando una cooperativa en noviembre de 2016 con la ayuda de una campaña de micro-mecenazgo.

Forman parte de la iniciativa más de 300 personas, 30 de ellas son voluntarias activas y se organizan en grupos de trabajo. Se apuesta por un cine que queda invisibilizado en la mayoría de salas comerciales. Mantienen un espacio en la programación para el cine infantil y pretenden ser un espacio cultural abierto que realiza charlas con directores, mesas redondas, talleres o performances, ya que el barrio es una pata fundamental de su proyecto. Trabajan en alianza con otros colectivos de Sants y buscan, a través
de una programación variada, abrirse al barrio y dar cabida a las iniciativas de los colectivos y asociaciones.

Si continuamos con la panorámica, encontramos más proyectos afines como los Cines Zoco de Majadahonda. De nuevo una sala de cine en versión original que se ve abocada al cierre y un grupo de cinéfiles que decide dar el salto y pasar de espectadores a autogestionar su consumo de cine. Con los ojos puestos en el ejemplo de Cine Ciutat, montan una asociación cultural sin ánimo de lucro en 2013. Antes de abrir el cine, consiguieron 900 socies, en su primer año alcanzaron los 1 400. El grupo más implicado de voluntaries se organiza de forma horizontal a través de distintas comisiones de trabajo.

Cuentan con 4 salas y en cartelera mezclan el cine taquillero con el independiente para poder atraer a todos los públicos. El aspecto formativo es importante y se realizan actividades con alumnado de centros, desde primaria hasta bachillerato, utilizando el cine para fomentar el debate sobre valores sociales y promover una cultura audiovisual crítica en la infancia y la juventud.

Antes de fundir a negro, paramos en la cooperativa Numax, de Santiago de Compostela. Decir que es una sala de cine se queda corto. Son cine, librería y un laboratorio de diseño, producción y comunicación audiovisual. Casi na. Su sala de cine bebe de la herencia de los cines de arte y ensayo y combina cine de estreno de todo tipo, películas de repertorio, y cine de vanguardia con una distribución más restringida o que ni siquiera encuentra distribución. Y su existencia debe también agradecerse al trabajo de Coop57, que les concedió un crédito avalado por más de 200 personas.

En este breve repaso observamos muchos puntos en común en los diferentes proyectos: la necesidad de formas de financiación desde lo común, bien a través de micro mecenazgos y socias o de iniciativas de banca ética como Coop57, la apuesta por la horizontalidad y la gestión asamblearia, con la implicación de las socias en la gestión cotidiana de los cines, con figuras voluntarias; la vinculación con el territorio al convertirse en espacios culturales donde se hacen presentaciones, se apuesta por la formación y se deja espacio a la creación intentando estar en sintonía con las necesidades del barrio. Así, intentan adaptarse a la comunidad, tanto en las actividades que se realizan como en la programación que se selecciona, alternando en muchos casos el cine más experimental con apuestas comerciales.

En este paseo no hemos hecho ninguna parada en Andalucía: no hay proyectos de salas de cine comunitarias en nuestra tierra. Bueno, no hay todavía.

El barrio tiene razones, defiende sus corralones

Artesanas, artistas y vecinas nos organizamos por Castellar

Habrá pocas lectoras que no hayan entrado alguna vez en un corralón del centro de Sevilla. Son espacios que funcionan al interior de la manzana, con grandes patios, calles y adarves en torno a los que se distribuyen locales y talleres. Su origen es algo incierto, aunque algunas investigadoras lo sitúan con la industrialización, cuando el centro norte (donde se encuentra la mayoría) se colmató con patios de vecinas y fábricas. Formaban parte de un mismo ambiente obrero en el que se fraguaron las principales huelgas y sindicatos de principios de siglo XX, acogiendo todo tipo de oficios manuales, de pequeña industria y artesanía. Son los últimos testigos vivos de este momento fundamental en la historia reciente de la ciudad.

Además, ejemplifican un modelo de ciudad multifuncional, donde convivían la vivienda, el comercio y la producción, muy opuesto al espacio segregado de monocultivo residencial y turístico del que tanto se beneficia el mercado. La desaparición de muchos de estos conjuntos no solo se debe a la deslocalización industrial y a la flexibilización de la mano de obra, sino a la especulación inmobiliaria y a los altísimos beneficios de las rentas del suelo. Los corralones que han sobrevivido a la gentrificación, aún con instalaciones centenarias, han acogido otros perfiles como artistas, creativos y flamencas, que han encontrado en estos lugares un espacio para la creación. En este texto contaremos la historia de resistencia de los corralones de la calle Castellar.

CARTA ABIERTA DE UNA ARTESANA DEL ESPACIO

La primera vez que visité los corralones de calle Castellar era 2013. Para mi sorpresa, a finales del año siguiente ya estaba dentro de uno de sus locales. Lo he visto derribar decenas de veces, metafóricamente hablando, y, por hablar, también podría contar todas las veces que se ha atacado a la integridad, la actividad e incluso a las propias usuarias del espacio. Pero prefiero hablaros de por qué sigo aquí y por qué solo puedo pedir su protección para que siga existiendo.

Con tan solo entrar por alguna de sus puertas se despiertan los sentidos con curiosidad, intentando catalogar lo que están recibiendo, —meeeec— error, es imposible. Para mí es uno de los lugares más canallas y nobles de la ciudad; un lugar de polaridades, en donde está irrumpiendo un huracán o que se encuentra en el silencio previo a su inminente paso. Aquí unos tacones de pan de oro bailan entre chinos y fango para regalarte parte de su arte. Entre cipreses, buganvillas y geranios se encuentra esa magia tan compleja de explicar, exaltar y muchas veces hasta de apreciar. La homogeneidad brilla por su ausencia para regalarte pluralidad, colaboración y esa chispa salvaje indescriptible que conmueve a quien lo visita. Son espacios con identidad propia que dan cobijo y posibilidades a quien tiene que producir, crear y, claro está, a quien necesite obtener estos servicios.

Observando la arqueología social de estos espacios podremos entender algunos ciclos de su vida en los que la interrelación entre usuarias y vecinas fueron pilares fundamentales para su permanencia. Aquí cada una entiende que forma parte de un engranaje que hace funcionar esta máquina híbrida de innovación y tradición tan vinculada al carácter alternativo de Sevilla. Parte de unos profundos y antiguos cimientos para construir una arquitectura social, diversa e intergeneracional compuesta por actividad gremial, artesanal y sacra que convive con el arte emergente del barrio. Juntas formamos un campo diverso de disciplinas con presencia de carpinteros, imagineras, tallistas, músicas, ilustradores, ceramistas, orfebres, pintoras, doradores, grabadoras, escultores… Aunque cada vez hay menos plurales y más singulares. Joaquín, por ejemplo, es uno de los últimos torneros manuales de la ciudad. Por supuesto, también encontramos anticuarios, restauradoras, bailaores y cantaoras, así como la huella activista y de acción social que ha podido producirse en asociaciones como la Trompeta Verde. Hablamos de un espacio en peligro de extinción, pero por el que todavía se puede hacer mucho.

SOBRE PATRIMONIO, URBANISMO Y OTROS ARTILUGIOS

La defensa de este espacio no es ninguna novedad. En 2006, la Plataforma de Artesanos y Artistas del Casco Antiguo (PACA) denunció los desalojos de artesanos (muchos llevaban allí toda una vida) que se estaban produciendo tras la compra del inmueble por la actual propiedad, Garajes Santa Inés SL. También luchó para que el entonces nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), en proceso de redacción, mantuviera los usos productivos en los corralones. Este documento es una especie de plan maestro que determina qué usos y con qué intensidad deben existir en cada trozo de la ciudad, entre otras cosas. En el documento de avance, los productivos habían sido sustituidos por residencial y dotacional, lo que finalmente (y afortunadamente) se revirtió. En la memoria del Plan se reconoce la importancia de los talleres artesanales, con una apuesta clara por su permanencia. Se propone el mantenimiento de estos usos de manera compatible con los residenciales para favorecer así la multifuncionalidad y la complejidad del tejido social; pero, a la vez, el Plan entiende que el centro debe ser un lugar adecuado para la modernización y actualización de su tejido socio-económico. La propuesta quiere que estas industrias artesanales contribuyan a la revitalización del centro, manteniendo y recuperando funciones tradicionales o introduciendo nuevas actividades que al tiempo podrían incentivar la rehabilitación de los edificios. Se establece que estos espacios pueden contener industria no contaminante, artesanía y podrían albergar empresas dedicadas a las nuevas tecnologías, el conocimiento o la información, bajo el paraguas de lo que denomina «servicios avanzados», algo parecido a los barrios@ como el Poble Nou de Barcelona. Específicamente, la manzana de Castellar está incluida en un Área de Reforma Interior que contempla estos servicios avanzados, viviendas, espacio público abierto y dotacional educativo. Además, recomienda la gestión pública del desarrollo.

Otro documento de importancia es el Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico y cada uno de los sectores en los que se divide, que establecen los elementos patrimoniales a conservar y proteger. Mantiene la filosofía de conservación y defensa de estos espacios por su importancia en la configuración urbana actual del centro norte. Por un lado, el sector 8.2 San Andrés-San Martín, en donde está incluido Castellar, cataloga este corralón con Protección Parcial Grado 1 y lo declara Edificación de Interés Tipológico con el subtipo de Edificio Singular. Además, está incluido en el entorno de un monumento, el Palacio de las Dueñas, por lo que su desarrollo debe tener especial sensibilidad al respecto. Por otro lado, el sector Sta. Paula-Sta. Lucía, en donde se incluyen los corralones de Pasaje Mallol y Pelícano, realiza un análisis histórico y social minucioso y sirve de base para el artículo anteriormente mencionado del PGOU en el que se desarrollan las normas específicas para los corralones. Su voluntad es la de preservar los mismos como representativos de la multifuncionalidad del centro histórico, y defiende que el sector se encuentra fuertemente caracterizado por la industria, siendo el último reducto en el casco intramuros. Se lamenta la evolución del barrio hacia viviendas de pisos contemporáneos, eliminando la variedad y diversidad tipológica, un patrimonio que este Plan Especial intenta salvaguardar.

Como hemos visto, existen argumentos urbanísticos y patrimoniales para justificar no solo la protección y valoración de este lugar, sino su expropiación por parte del Ayuntamiento, algo que ya hemos trasladado a la Gerencia de Urbanismo en una reunión el pasado marzo. Sabemos que las herramientas de las que disponemos no son suficientes y así hemos asistido recientemente a la pérdida de otros corralones. Es el caso de Pasaje Mallol 11, 13 y 15, que actualmente se están convirtiendo en viviendas loft donde lo productivo brilla por su ausencia y cuyos precios son inasumibles por trabajadoras manuales como nosotras. La expropiación fue un compromiso que asumió el Ayuntamiento en su momento con la PACA y, 15 años después, sigue sin cumplirse. Unos lugares tan valiosos y significativos para la memoria de las clases populares de Sevilla no deberían depender de la voluntad de una nefasta propiedad privada para su supervivencia. Como otros espacios de gran valor histórico, etnológico e industrial, este debería ser de gestión pública.

ORGANIZANDO LA RESISTENCIA

El estado de degradación del conjunto viene de largo. Desde hace mucho tiempo, la mayoría de inquilinas de los corralones de la calle Castellar hemos tenido que invertir periódicamente en el mantenimiento de su local y zonas comunes debido al abandono que sufren. La propiedad genera contratos verbales para evitar formalizar y estabilizar la situación de las usuarias, pues luego puede hacer y rehacer a su gusto, y la precariedad e incertidumbre les beneficia. Desde dentro se ha hecho lo posible, pero no es fácil negociar en solitario. Esto ha sido un factor favorable a la hora de perjudicar a las inquilinas y crear conflicto entre estas, siguiendo la estrategia del «divide y vencerás». Por ello, las usuarias actuales del espacio llevamos algún tiempo queriendo formar una asociación que nos aglutine y que no permita más abusos. Los más recientes son el cierre de los aseos públicos, la prohibición del paso y uso de los espacios comunitarios, o las amenazas de desalojo y cierre de locales. El acoso hacia las inquilinas sigue siendo indiscriminado, aunque suelen apretar a aquellas que más sufren la exclusión social, como las familias que viven en el conjunto.

Pese a todo, nosotras llevamos años cuidando las fachadas, cubriéndolas con cal, aplicando lechadas en el suelo, que se deshace a menudo, y generando zonas verdes en los espacios comunes. Este movimiento ha cobrado fuerza en el 2019 y sobre todo desde el confinamiento. Se realizaron bancales con un pequeño huerto, crecieron plantas sobre piezas artísticas o maceteros pintados, proliferaron murales y grafitis que algunos artistas pintaron en los patios. Todo ello hizo que cobrara una nueva vida, con alegres colores y texturas. Finalmente, a finales del 2020 formalizamos nuestra asociación La Ermandá Indûttriâh con objetivos artísticos, sociales y culturales, y con intenciones de mejorar y adecentar el espacio.

Este impulso de comunidad se vio mermado por la administración del inmueble, cuando ante un juicio testificamos a favor de uno de los usuarios del espacio. Desde entonces comenzaron a destruir las zonas verdes, coartaron la comunicación y uso de las zonas comunes, cubrieron murales, quitaron las papeleras, amenazaron con cortar los suministros básicos, acosaron mediante envíos de burofax, etc. La Asociación fue directamente expulsada de su local, a vistas de cerrar un contrato ya apalabrado. Sabemos que no hemos sido las primeras que han sufrido este tipo abusos en este lugar, pero nosotras estamos aquí y ahora resistiendo de manera creativa, con el apoyo comunitario y articulando una defensa jurídica por nuestro derecho a desarrollar nuestra actividad aquí.

Nada de esto es fácil, pero hemos comenzado a gestionar las redes desde Instagram, Facebook y Twitter, donde podéis darnos calorcito en @salvemosloscorralones.

APUESTAS POR LA VIDA

Los y las zapatistas nos invitan a caminar junto con ellas y ellos, a construirnos otras posibilidades, desde otros imaginarios, a construirnos nuestro propio mundo.

Tararear «Marichuy, color de la tierra, anticapitalista de corazón», es inevitable cuando viene a nuestra mente y corazón ese tiempo. La cumbia de Marichuy, de Los Rebeldes del Sur estuvo también, de manera permanente, acompañándonos en esa nueva apuesta de los pueblos zapatistas y los pueblos del Congreso Nacional Indígena (CNI).

El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y la Asamblea del V Congreso Nacional Indígena anunciaban que, por decisión unánime, María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy), mujer indígena nahua, vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) contendería en el proceso electoral para obtener la candidatura a la presidencia de México en el 2018.

Recordamos, algunas de las que pudimos escuchar la plenaria del V Congreso del CNI, cómo ante la guerra de exterminio contra los pueblos en resistencia y el incremento al despojo de sus territorios, al estar entre «la espada y la pared», la Asamblea tomaba la decisión de ir «a la ofensiva». 
Recordamos lo difícil de esta decisión. A todas nos estremeció, fue una propuesta muy discutida y polémica. Fueron muy criticados los pueblos del CNI y los zapatistas, sobre todo en los medios de pago, se tergiversó la información. Muchos se distanciaron.

Sin embargo, también fueron un montón de personas que vieron en esta idea, una luz. Luego, luego se pusieron a hacer análisis y a sacar su lista grande de muchas preguntas, desvelaban la dignidad con la que se proponía, no ir por el poder, sino irse conformando como Concejo Indígena de Gobierno, tejerse como CNI con otros pueblos que aún no estaban organizados e impulsar la conformación de redes de apoyo. Se proponía conseguir una coordinación muy amplia y organizada. Nosotras, aún sin entenderla del todo, decidimos escuchar y participar.

Para nosotras, esta iniciativa fue muy importante. La convocatoria a conformarnos en Redes de Apoyo al CIG para buscar que Marichuy apareciera en la boleta electoral, fue muy compleja. Nos enfrentamos a muchas dificultades, imposiciones, carencias, torpezas. Vivimos una experiencia organizativa a nivel nacional y, tenemos que decir, organizarse no es nada fácil, genera conflictos y duele, cuesta mucho trabajo.

Quienes atendimos al llamado, desde distintas geografías, desde distintos modos, como redes de apoyo, fuimos aclarándonos que ese esfuerzo organizativo nacional no tenía como destino ganar las elecciones. La lucecita iluminaba lo importante: tejernos.

Participamos muchas, muchos, desde colectivos, organizaciones, como individuos; tanto del campo como de la ciudad. Conocimos otros territorios, aprendimos de otras maneras de hacer las cosas, conocimos diferentes luchas, muchas que no se sienten representadas ni por las instituciones ni por los partidos políticos, pues en México se encuentran en una profunda crisis de credibilidad. Nos encontramos con quienes podemos caminar.

Nos tocó ponernos en mucho movimiento. Hicimos brigadas, «casitas Marichuy» como puntos de información, mesas de trabajo, asambleas, reuniones, actividades varias, canciones, festejos, recorridos, tenemos muchas anécdotas de esas actividades. Aprendimos a disfrutar de los esfuerzos colectivos, a convivir y a alegrarnos con los trabajos. Fue muy grato poder asistir a los eventos organizados en los cinco primeros caracoles zapatistas. No nos cupo duda de lo mucho que hay que aprender de las y los compañeros zapatistas.

En el transcurso de las actividades de recabación de firmas, encuentros y reuniones, que fueron muy constantes, fuimos confirmando que el esfuerzo que se iba realizando ayudaba a agruparnos desde abajo y a la izquierda. Desde ahí se generó un trabajo importante que, ahora vemos, no solo fue a corto plazo, pues algunas y algunos, todavía resistimos de manera organizada, no sin dificultades, en nuestros espacios.

Pero las y los zapatistas no paran en su construir, no cesaron sus invitaciones a no rendirnos y a no olvidar que «la Hidra capitalista» no descansa. Principalmente vimos mucho avance en las compañeras zapatistas: organizar dos encuentros internacionales de mujeres fue una tarea titánica y maravillosa, resultado de mucha organización, de muchos recursos y muchos esfuerzos de ellas para con nosotras. Estos encuentros han sido muy importantes para nosotras mujeres, pues en ellos escuchamos las realidades de muchas otras, iguales y diferentes a nosotras, entendimos que tenemos que hacer mucho todavía, pero juntas, para mantenernos con vida. «La lucha es por la vida», nos dijeron; «El acuerdo es vivir», resumió el modo y la urgencia para organizarnos, movilizarnos, aun y con el miedo, encontrar un modo común para que ya no seamos asesinadas, violadas, agredidas, cada quien a su tiempo y en su lugar. La lucecita que en esos encuentros de mujeres se encendieron con ellas, las mujeres zapatistas, nos dio la esperanza de que sí es posible, y que tenemos que seguir contagiándonos las ganas de luchar por todas las que somos, las que estuvieron y las que estarán, principalmente, para que puedan vivir y que un día haya mujeres viviendo sin miedo.

En este año 2021, dentro de un contexto global muy complicado, en el que las formas de comunicarnos y las posibilidades de acción común están muy restringidas, el EZLN lanza una nueva iniciativa a recorrer los cinco continentes; expandir, a través de su recorrido por el mundo, lazos que puedan dar luz a lo que sigue. Intercambiar conocimientos entre los pueblos que en el mundo luchan para seguir existiendo, seguramente traerá claridad sobre el camino, ese que vayan a trazarse, en esta necia apuesta por la vida, todas y todos aquellos que hoy declaran su lucha por vivir.

Pensamos que esa «Declaración por la vida» es una nueva apuesta a romper nuestros paradigmas, a construir puentes donde ni siquiera los imaginamos, a organizarnos a niveles más amplios de los que podemos ver e imaginar, a encontrarnos con quienes no sabemos siquiera que existen. El contexto global que estamos viviendo, necesita que nos hagamos preguntas más amplias, que las redes se hagan más fuertes y más extensas y que la lucecita de las compañeras zapatistas se extienda a todos los rincones y corazones del mundo.

Un viaje por la libertad y la justicia

GIRA ZAPATISTA POR EUROPA

Las compañeras zapatistas han decidido venir a visitarnos a Europa después de habernos recibido a miles de nosotras en su territorio en las etapas más importante de su camino para compartir luchas, espacios y para que la palabra corriera más allá de las fronteras. Ahora, han decidido conocer con sus ojos los movimientos de abajo al otro lado del charco. Y así, vendrán hacia acá.

Aunque aún no sabemos cuándo llegarán, uno de los momentos que se barajan para su viaje es una fecha simbólica de la conquista y el expolio cometido en sus territorios y en el mundo desde hace más de 500 años: la derrota de los aztecas. Desde siempre, la simbología y el uso de la palabra han sido muy importantes en el movimiento zapatista y ahora, de nuevo, toma una importancia que transciende lo superficial. La decisión de venir en uno de los años más difíciles, debido a la pandemia mundial, no es banal. Remarca la distancia que hay entre mundos: algunas estamos en espera de vacunas mientras que otras no las recibirán nunca. Algunas estamos preocupadas porque se nos acabe el dinero, otras ni tienen acceso a él. Algunas somos hijas rebeldes del capitalismo pero seguimos comiendo de su plato, otras luchan, resisten y mueren sin recurso alguno, excepto dignidad y coherencia.

Generar una red desde abajo anticapitalista, antimperialista y antipatriarcal es un reto que las compañeras zapatistas y el EZLN y el CNI persiguen desde siempre, pero quizás nunca como ahora fue tan necesario en el territorio europeo después del fracaso de las nuevas izquierdas y las izquierdas institucionales.

La fecha más conocida del nacimiento del movimiento zapatista es el levantamiento en armas declarado el 1 de enero de 1994, un grito de desesperación y denuncia donde se colocan como protagonistas, por primera vez, indígenas tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, mames y zoques, juntos declarando la guerra al Gobierno de Carlos Salinas y al Ejército Federal Mexicano, ocupando 7 municipios, entre los cuales San Cristóbal se erige como uno de los enclaves más importantes. Hicieron pública la ya famosa Declaración de la Selva Lacandona, que recoge las 11 demandas básicas: trabajo, tierra, casa, alimentación, salud, educación, autonomía, libertad, democracia, justicia y paz.

Parte de la sociedad civil internacional descubre ahora la existencia de los indígenas mexicanos y bajan a las plazas a manifestarles su apoyo y pedir el cese de la guerra. Tras un corto periodo de guerra de 12 días, la lucha zapatista se transforma en una lucha que tiene como pilar fundamental la comunicación, un movimiento hecho de indígenas para indígenas.

Ser indígena en México, en general, desde la conquista de las Américas, supone no ser visto, no ser considerado una parte con derechos de la sociedad, por el simple hecho de reivindicar su identidad. Y de esta identidad indígena, el EZLN se alimenta en su cosmovisión retomando prácticas comunitarias de solidaridad, su forma colectiva y democrática de tomar decisiones, su concepción cíclica del tiempo y el armónico vínculo con la naturaleza y el mundo.

Los indígenas de México son rebeldes. Un revolucionario está dispuesto a hacer concesiones para tomar el poder, un rebelde es un freno al poder. Los indígenas zapatistas son los rostros de los hombres y mujeres que luchan siempre contra algo, pero que luchan a la luz del día, que no tienen miedo. Hombres y mujeres generosamente enojados. La lucha zapatista está hecha de símbolos, palabras, comunicación, cultura, diversidad, dignidad y coherencia y ha llegado más allá de Chiapas porque es una lucha que alcanza a todas aquellas que se sientan diversas, no aceptadas, oprimidas. Las que deciden decir un simple no. Leer el movimiento zapatista en clave grupo armado en resistencia es una visión muy limitada de su potencia. La lucha zapatista es una lucha de la comunicación. La lucha de los últimos hecha de símbolos.

Precisamente, por este carácter simbólico, el hecho de convocar el viaje en una época tan incierta, puede ser interpretado como una llamada a la esperanza, un estímulo para volver a trabajar por un cambio real y no ficticio. Un empujón para organizarnos desde abajo y retomar el impulso, más allá de que el viaje se haga realidad este mismo año o el año que viene. Una oportunidad para volver a mirarnos y a organizarnos, a rehacer las redes de solidaridad en estos tiempos en los que tanto nos hacen falta.

Que veinte años no es nada

Dos décadas de ‘cuidadanía’ en la Casa del Pumarejo

Se cumplió el vigésimo aniversario de la lucha en defensa de la Casa Grande, como se la conoce entre el vecindario. Se trata de un ejemplo de larga resistencia ciudadana a la especulación y en defensa de la memoria popular que hoy sigue reclamando la rehabilitación del inmueble, y que ha generado gran cantidad de iniciativas sociales. Aquí nuestro homenaje.

«¡Quieren convertir la Casa del Pumarejo en un hotel y están presionando a las vecinas para echarlas!». Ese rumor fue el detonante para que la lucha social por esta emblemática casa se iniciara allá por el 2000, así que esta ha cumplido ya veinte primaveras. En estos años, dicha lucha vecinal ha perseverado y además se ha enriquecido; primero a través de la Plataforma por la Casa del Pumarejo y, después, con la Asociación Casa del Pumarejo (ACP). Esta última aglutina hoy la defensa de la Casa y a los colectivos que acoge a través del Centro Vecinal Pumarejo Felisa García. Un espacio que ha desarrollado un gran corpus de actividades contestatarias, reivindicativas, feministas, ecologistas, culturales, de apoyo mutuo, de crecimiento personal, de formación social, etc., y también festivas y disfrutonas. La historia reciente de este barrio, y también de la Sevilla enredante, no puede entenderse sin su Casa Grande.

Un poco de historia

La Casa del Pumarejo se sitúa en la plaza a la que da nombre, en la zona noreste del casco antiguo de Sevilla. Se construyó en el último tercio del siglo XVIII para ser residencia señorial, ejemplo de casa palacio sevillana, si bien ha alojado muy diversos usos a lo largo de su historia. Mandada levantar por el hidalgo Pedro de Pumarejo, al poco la familia la vende al municipio. Empezando el siglo XIX pasa a albergar un hospicio y escuela de Niños Toribios, obra benéfica particular. Durante la guerra de la Independencia, el palacio fue ocupado por las tropas francesas y convertido en cárcel de mujeres, quedando después abandonado por años, hasta que en 1861 una entidad privada solicita licencia para convertirlo en biblioteca popular y escuela de adultos; la primera de Sevilla. A partir de 1883 el inmueble comienza a funcionar como casa de partido o vecindad, es decir, como edificio de vivienda colectiva, combinando el uso residencial con el escolar en algunas dependencias.

La Casa pasó de mano en mano mientras fue acrecentando su función residencial, llegándose al hacinamiento de las familias humildes que la habitaban. Este hecho, y circunstancias como la amplitud de los espacios comunes, contribuyó a afianzar este modo de convivencia vecinal, donde las celebraciones colectivas vinculadas a dichos espacios juegan un importante papel. A su vez, las dependencias de la planta baja acogieron talleres, comercios, bodegas, etc., que ligaron fuertemente la Casa al barrio, convirtiéndola en centro de sociabilidad y servicios para su entorno. Desde los setenta, el edificio inicia una progresiva degradación por la dejación de los propietarios que se acelera en los años noventa debido al desuso y cierre de dependencias. Las viviendas, habitadas por personas mayores en su mayoría, se redujeron a la mitad.

La historia de la lucha social que hoy mantiene viva la Casa se inicia en la primavera del año 2000, al rumorearse que una cadena hotelera había comprado el 50% del edificio para crear un «hotel con encanto». Al poco se confirma, cuando la empresa empieza a tocar a las familias con vistas al vaciado del inmueble, pero estas apuestan con tenacidad por permanecer en sus viviendas. Ante tal amenaza, un puñado de vecinxs creó la Plataforma por la Casa del Pumarejo, que se impulsa con fuerza tras haberse sufrido ya el desalojo de mucha gente en el barrio por el proceso especulativo desatado al calor del plan europeo Urban (de los barrios Alameda-San Luis-San Julián), lo que llamamos gentrificación. A esta batalla contribuyeron la experiencia, los contactos y el trabajo en red que el vecindario más inquieto, con sus diversos colectivos, había ido acumulando en los últimos años de luchas por diversas problemáticas del barrio (aparcamiento en la Alameda, desalojos, etc.).

La Casa se pone en jarras

La diversidad y complementariedad de los perfiles agrupados en la plataforma generó una mezcla rica y productiva de saberes y prácticas. El debate sobre estrategias e iniciativas en defensa de la Casa apuntó la conveniencia de se declarara bien de interés cultural (BIC). En este caso, la protección patrimonial se usó como herramienta contra el expolio de uno de los últimos ejemplos de palacio devenido casa de partido que quedaban en Sevilla. Ese mismo septiembre se presentó ante la Consejería de Cultura una argumentada solicitud. Por otro lado, también se escribió a varios departamentos municipales competentes para adoptar medidas de diverso tipo y alcance en pro del edificio y su gente.

La plataforma sabía que su labor no podía limitarse a registrar instancias. Así que a estas se suman acciones de protesta, visibilización, difusión y concienciación, como manifestaciones, encuentros, pasquines, jornadas de puertas abiertas, visitas guiadas, recogidas de firmas, fiestas, artículos en prensa, etc. También se realizaron incursiones-acciones en territorio gubernativo: encierro y picnic en la sede central de la Consejería de Cultura; un rey mago llevó carbón al delegado de Urbanismo; o se acarrearon hasta Plaza Nueva cubos con agua de las innumerables goteras de la Casa. A las prácticas vecinales habituales se añadieron las surgidas desde planteamientos provocadores, creativos y de divertimento, todo con una consigna simple y reiterada: permanencia del vecindario y los usos sociales, y rehabilitación integral de la Casa.

Finalmente, el edificio se catalogó como BIC con categoría de Monumento. En la Orden se recogen los valores materiales e inmateriales del bien y se prohíben explícitamente las actividades que frenen la normal continuidad de los usos tradicionales y las que monopolicen el uso del edificio. Por tanto, la Casa ya no podrá ser ni hotel ni sede institucional, puesto que los usos residenciales artesanales, comerciales, asociativos y creativos están protegidos y vinculados a las distintas zonas del inmueble.

En 2006, al aprobarse el nuevo Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de Sevilla, se consigue también que la calificación del inmueble pase a ser de equipamiento público; y que se establezca que su titularidad, además, debe de ser pública. Por ello, de inmediato se empieza a presionar al Ayuntamiento para que inicie el proceso para hacerse con la propiedad, lo que se alcanza en 2009.

La Casa se revitaliza: el Centro Vecinal Pumarejo

Volvamos atrás a una iniciativa que ha sido clave en toda esta historia. En mayo de 2004 comienza un proyecto que trasformará la Casa, sus significados y su alcance: tras nueve meses de trabajos de adecuación y debates organizativos, abre al público el Centro Vecinal Pumarejo. Se ocupó un local ocioso situado en la esquina suroeste del edificio con la idea de revitalizar la vida asociativa y cultural que la Casa había tenido.

Ese local pronto se quedó pequeño, así que en 2006 se puso en uso otro, con acceso desde el patio: el bajo n.º 5. En 2009 sucede una nueva ampliación con el acondicionamiento de otra sala: el espacio Rosa Moreno Peral (en homenaje a esta anciana vecina de la Casa, luchadora por el derecho a la vivienda hasta su muerte), en la que se instala una biblioteca popular, la Bibliopuma. La última fue recientemente, en 2019: se reabre el bajo n.º 4. Todas estas dependencias habían estado cerradas, abandonadas y desaprovechadas durante muchos años. Entretanto, en 2011, se negocia y obtiene del Ayuntamiento la cesión a la ACP, por 15 años, del uso de las dependencias que esta ya ocupaba en aquel momento y conforman el centro vecinal, más una vivienda.

En sus 16 años de funcionamiento, el centro vecinal se ha ido llenando de vida por colectivos de variado corte y por personas a título individual, que tanto de manera estable como puntual han dado con sus actividades contenido social, político y cultural a la Casa, al barrio y a la ciudad. Por citar algunos, de los más de 75 que se han sumado en este tiempo: Oficina de Derechos Sociales de Sevilla, Mercadillo Cultural Pumarejo, Liga de Inquilinos, Asociación Vecinal La Revuelta, Coro Dominguero, La Calle Es de Todos, Arquitectura y Compromiso Social, Plataforma de Afectados por la Hipoteca, comedor social de Mujeres Supervivientes de Violencias de Género, Plataforma SalvaTusÁrbolesSevilla, Moneda Social Puma, Merca Puma, Ecologistas en Acción… así como talleres de costura, de idiomas, de yoga, de español para migrantes, de cocina, de filosofía, de teatro o de fotografía.

La Casa se gestiona por medio de una asamblea mensual, donde se citan los colectivos integrados en el centro vecinal y cualquier persona interesada. Desde esta se crean comisiones de trabajo para desarrollar tareas específicas y cotidianas. Los acuerdos se procuran adoptar desde el diálogo y por consenso, lo que no significa que no existan conflictos, los cuales se intentan resolver de manera creativa e inclusiva; así como relaciones de poder que tienen que ver con el género, la trayectoria militante, las capacidades o la formación.

A todo lo anterior se suma el mantenimiento y reconversión de fiestas tradicionales propias de las casas de vecindad. Así, la Cruz de Mayo se recupera con nuevos significados con los que gran parte del colectivo se identifica: la cruz se construye con vigas procedentes de un derribo o con una pala clavada en un montículo de arena. Lo mismo ocurre con la Zambomba navideña, en la que, alrededor de una gran hoguera situada en el patio principal, se festeja en común con todo tipo de coplillas y bailes.

Toda esa rica actividad a lo largo de tanto tiempo le han dado a la Casa un valor como referente social también fuera de Sevilla, construyendo relaciones con otras iniciativas y colectividades como el espacio Can Batlló de Barcelona, La Casa Invisible malagueña o el Centre International de Culture Populaire (CICP) de París. También ha sido objeto frecuente de estudio académico y educativo. Su legitimidad se ha visto fortalecida, así mismo, a través de contactos e iniciativas conjuntas con instituciones como el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) o las dos Universidades sevillanas, con las que tiene un convenio de colaboración para estudiantes en prácticas.

Patrimonio, rehabilitación, autogestión: ¿conflicto?

En todos estos años, mucho ha bregado la ACP con el Ayuntamiento buscando la rehabilitación integral de la Casa, también para que mientras tanto vaya realizando las debidas labores mantenimiento. En 2013, con el 60% del inmueble recién clausurado «por seguridad» y la comunicación con el consistorio rota, la asociación decide acometer por sus medios el arreglo del patio principal, cuyo mal estado impedía un uso seguro. Para ello, inicia una campaña de microfinanciación bajo el título Lo hacemos nosotras, y se consiguen los fondos suficientes. Las obras acaban con una gran fiesta y rueda de prensa en la que se muestra que la colectividad aglutinada en la Casa se responsabiliza de tareas de conservación que corresponden legalmente al Ayuntamiento.

En octubre de 2015, el nuevo alcalde de Sevilla, el Sr. Espadas, se reúne con la ACP para tratar sobre la tan reclamada rehabilitación del inmueble. Su compromiso es que antes de que termine el mandato, en mayo de 2019, la ejecución de la obra estuviera al menos adjudicada. No fue así, y cinco años después aún seguimos sin tener ni siquiera aprobado el proyecto. Según nos dicen, su redacción estaría ya prácticamente terminada (¡por fin!), así que la licitación, adjudicación e inicio de la obra, podrían tener lugar durante este 2021. Lo veremos.

Más allá de lo proyectual y constructivo, y dada la complejidad y delicados valores sociales y patrimoniales que atesora la Casa, la ACP ha defendido en varias ocasiones ante el Ayuntamiento la conveniencia de redactar un Plan Director que defina su (auto)gestión futura, el destino de las viviendas previstas, las prevenciones sociales durante las obras… y ello desde una profunda participación vecinal. Tras asumir la propuesta en su día, Urbanismo se ha desvinculado de su elaboración. Ante ello, la ACP optó por acometerla de manera autónoma, realizándose un buen trabajo con un esfuerzo importante en asegurar la participación. Se trata de un proceso que requiere de unos medios y disponibilidades que desde la ciudadanía son difíciles de garantizar en plazo razonable.

Esta nueva fase de contacto con la administración tampoco ha estado exenta de altibajos, disensos y tensiones, también en el seno de la asamblea, debido a diferentes posturas, expectativas y temores ante el proceso de negociación. Se ha lamentado, entre otras cosas, que las dinámicas autoorganizativas se subordinen a un proceso de participación instrumentalizado, acaparado en sus contenidos por los aspectos meramente técnicos, hurtándose el espacio para el debate fundamental de la gestión futura de la casa y en sus tiempos por la rigidez de los procesos reglados de las instituciones.

En estos tiempos inciertos, solo podemos afirmar que lo iremos viendo. Estamos seguras de que la Casa del Pumarejo volverá a dar lo mejor de sí, con sus herramientas y capacidades, como en todos estos 20 años de aprendizaje colectivo.

No queríamos cerrar este texto sin acordarnos de los compañeros de esta lucha que ya no están entre nosotrxs: Eladio Parodi, Ventura Galera y Lolo Pedrinazzi.

Historias de los Balcanes

Historias de vida y de muerte transitan por Velika Kladuša o Bihać (Bosnia y Herzegovina), por Šid (Serbia) o por Patras (Grecia). Personas con esperanzas y anhelos truncados por demarcaciones geopolíticas y racismo institucional. Empezaremos por un cuándo y un dónde, el lugar y la época son la Europa del primer cuarto del siglo XXI.

Son ya demasiadas las vidas a lo largo de la ruta de los Balcanes cruelmente interrumpidas, muchas personas ahogadas en los múltiples ríos que cruzan la región. Sus historias circulan aquí y allá, sin fechas precisas, contadas por aquellos que sabían nadar. En estas habrá nombres propios, algunos reales y otros inventados.

La ruta balcánica se ha convertido en una de las puertas a Europa por donde intentan acceder personas de diferentes lugares del mundo, lugares como Pakistán, Afganistán, Irak, Siria… y también provenientes de Marruecos o Argelia, que optan por esta vía en lugar de la frontera sur.

Se asumen con naturalidad las políticas migratorias europeas, discriminatorias y violentas, y nos parece profundamente lógica la existencia de fronteras y su control. Todo gracias a un discurso oficial basado en la seguridad, que promueve una «migración controlada». La comunicación de la Comisión Europea relativa al Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo (Bruselas, 23/09/2020) nos recuerda que «Con un sistema bien gestionado, la migración puede contribuir al crecimiento, la innovación y el dinamismo social. Los principales retos sociales a los que se enfrenta el mundo de hoy (demografía, cambio climático, seguridad, carrera mundial por el talento y desigualdad) tienen repercusión en la migración». Sin entrar en detalles sobre qué significa para la Comisión «una gestión sólida y justa de las fronteras exteriores, incluidos los controles de identidad, salud y seguridad», «unas normas de asilo justas y eficientes, racionalizando los procedimientos de asilo y retorno» o «una política de retorno eficaz y un enfoque coordinado de la UE en materia de retorno».

En su día a día las personas en terreno de la No Name Kitchen, miembro de la red Border Violence Monitoring Network, llevan años denunciando las prácticas represoras, la violencia y las torturas que se llevan a cabo en las fronteras de la ruta balcánica.

La mayoría de las personas en tránsito por esta ruta son hombres adultos, aunque también hay menores y familias, que intentan cruzar las fronteras haciendo el Game, es decir, caminar por los bosques durante días y noches para intentar llegar a Italia o Eslovenia donde comenzar el trámite de asilo. Las familias tienen prioridad en el acceso a los campos y muchas veces no disponen de capacidad económica ni física para afrontar la ruta balcánica, quedándose atrapadas en Turquía o Grecia. Muchas personas haciendo el Game son detenidas por policías de los estados por los que circulan y devueltas ilegalmente a los países limítrofes.

Una historia fue la de Willian, que fácilmente podría haberse perdido entre la mirada de dramas no contados que pululan en este infortunado lugar, y ocurrió en Šid (Serbia).

El largo viaje de William empezó hace un tiempo en Turquía. Desde allí, fue abriéndose camino hacia Europa, entre autobuses y trenes, aunque la mayor parte del tiempo fue atravesando a pie Grecia, Albania, Kosovo y finalmente Serbia.

En cuanto llegó a Šid, las autoridades le confinaron en el campo Principovac, convertido en una prisión por el ejército, donde impedían que nadie entrara o saliera, medidas extremas supuestamente adoptadas para evitar la propagación de la covid19. Esto obligó a muchas personas a intentar encontrar soluciones alternativas para hacer el Game.

La primera parte del trayecto se desarrolló de acuerdo a los planes. Consiguió entrar en Croacia y por fin estaba en la Unión Europea. Sin embargo, tras poco más de 20 km, cuatro policías croatas le detuvieron —estaba solo— y le exigieron que les entregara el teléfono y el dinero.

El dinero que William llevaba en el bolsillo era todo cuanto tenía, unos 1 000 euros (dijo que iba a utilizarlo para pagar a un traficante que le llevaría a otro lugar donde pudiera establecerse). Ese dinero venía de su familia, de años de trabajo duro, y de la esperanza de que, inshallah, consiguiese un buen trabajo y pudiera ayudar a los seres queridos que habían quedado en su país. La policía le robó violentamente, le metió en una furgoneta y le llevó a una zona aislada en la frontera con Serbia. Allí, le obligaron a echarse sobre las vías del tren y le rompieron la pierna derecha pateándosela salvajemente.

Penosamente, se arrastró durante horas hasta Šid, donde se vio rodeado por cuatro policías serbios que le gritaban palabras incomprensibles. Entró en pánico, intentó escapar salvando una altura y cayó sobre la pierna sana que lamentablemente no pudo soportar el impacto. William fue trasladado al hospital con las dos piernas rotas y le operaron durante horas, dándole el alta al día siguiente «debido al coronavirus».

Otra historia es la de Rahim, que fue víctima de una devolución en caliente desde Croacia la última semana de agosto, junto con otros hombres de Afganistán y Pakistán. Estuvieron doce días caminando por el interior del país antes de que cuatro agentes croatas los detuvieran cerca de la frontera con Eslovenia. Después de varios días detenidos, fueron trasladados en furgonetas sin ventanas de vuelta a la frontera entre Croacia y Bosnia.

Allí fueron llevados a las orillas del río Korana al amparo de la oscuridad, y se les ordenó que salieran de los furgones. Rahim vio que allí había otros seis agentes, todos ellos vestidos con uniformes negros y con el rostro cubierto con pasamontañas. Les pusieron en fila de cara a la orilla del río, les ordenaron que se metieran en el río y lo cruzaran a nado: «Nos dijeron a todos que nos fuéramos… Estábamos en una fila y nos empezaron a golpear, hasta que la gente se metió en el río», recordaba Rahim.

Muchas personas gritaban que no sabían nadar pero aun así les obligaron a entrar en el agua. Rahim estaba con dos amigos y consiguieron ayudarse para cruzar. No fueron los primeros ni los últimos en entrar al agua. Todos estaban muy asustados.

Dos días después, Rahim escuchó que dos hombres del grupo deportado se habían ahogado. Uno de ellos era un hombre de Pakistán, amigo de un amigo, Rahim recordó haberlo oido gritar cuando lo obligaron a entrar al agua, como contó al equipo de la No Name Kitchen en Bihać.

O aquella historia presenciada por una compañera de la No Name Kitchen, quien encontró a tres personas de 17, 18 y 19 años, cubiertas de barro, agotadas y todavía traumatizadas. Reaccionaban lentamente, con una sonrisa amarga en el rostro. La policía croata las había apaleado antes de devolverles ilegalmente a Bosnia. Les habían pegado con las manos, los pies y con porras… les habían golpeado en la cabeza, la espalda, las piernas, la barriga. Por todas partes.

No podían caminar bien y uno de ellos necesitaba ir urgentemente al hospital. Lo llevaron hasta Bihać, donde le trataron groseramente y se negaron a darle analgésicos. Finalmente, accedieron a hacerle las pruebas de rayos X: un hueso roto de la mano y otro del brazo. Con la mano hinchada e inflamada, moratones y golpes por todos lados, una espinilla hinchada y dolor en todo el cuerpo, le pusieron escayola pero no le dieron analgésicos.

Las personas en tránsito se enfrentan, entre otras medidas, a la prohibición de entrada a los campos en el Cantón de Una-Sana, restricciones de acceso al transporte público, impedimentos para recibir dinero a través de sistemas como Western Union (método empleado para acceder al dinero que les envían sus familiares) o, como en Velika Kladuša, donde han cortado el agua de las fuentes, lo cual dificulta las condiciones de las personas en tránsito. Allí hay dos opciones para poder acceder a agua: comprar botellas en tiendas o usar la del río, muy sucia, con consecuencias terribles para la salud.

Para evitar ser llevados por la policía a lugares apartados o para evitar la violencia, muchas personas en tránsito se esconden en los bosques. Hay mucha humedad, mosquitos, suciedad y mucho frío por las noches. Esto ha generado problemas muy graves en la piel. Las noches son frías, cada vez más.

Saím y Valentina, se conocieron en Velika Kladuša. Él es de Pakistán y ella de Italia. Un día, charlando, ella pudo ver que el chico tenía la piel de su pie y su pierna muy roja, parecía que estaba quemada.

El chico se había ido a hacer el Game y durante los días en el bosque, algún insecto se coló en su piel y se estaba comiendo la capa protectora de la dermis.

El servicio médico del campo oficial Miral (servicio financiado por la Unión Europea para atender a las personas a las que no permite entrar en sus fronteras) no ofrece servicio dermatológico, lo que llevaba a que Saím estuviese varios días con un dolor inmenso y sin una solución a ello.

Una tercera persona, Ricardo, decidió costear un tratamiento privado. Siendo uno de los casos que impulsaron el programa de salud de la No Name Kitchen, «Salud en movimiento». Desde su comienzo ha conseguido tratamiento para unas 400 personas en Montenegro, Serbia, Grecia y Bosnia. Funciona de una forma muy sencilla: una persona necesita un tratamiento de pago y otra persona decide costearlo. Ambas se pueden poner en contacto para conocerse y comunicarse, normalmente a distancia, porque las fronteras los separan.

«Saluld en movimiento» tiene el compromiso de brindar asistencia médica, acompañando y apoyando durante el proceso médico a las personas y cuidando de que reciban los tratamientos necesarios.

Las principales necesidades que se encuentran las personas en tránsito son problemas dentales y de la vista, seguidos de dolencias a causa de la violencia (en su mayoría cruzando las fronteras), problemas respiratorios como asma o asuntos ginecológicos, dermatológicos, gastrointestinales o del corazón.

Oussama es un chico que conoció al equipo de la No Name Kitchen hace tiempo en Patras (Grecia). Haciendo el Game, Oussama se cayó y se rompió la clavícula. Durante las visitas de seguimiento en el hospital público llevaba unas gafas en muy mal estado. Sin esas gafas rotas y de cristales arañados era prácticamente ciego. Gracias al programa de salud de la No Name Kitchen, «Saluld en movimiento», se está trabajando para que pueda recibir unas nuevas gafas.

La situación de Oussama no es un caso aislado, muchas personas en movimiento necesitan unas nuevas gafas: a algunos se les dañan durante el largo viaje y en ocasiones es la policía quien rompe, intencionadamente, algo tan necesario para continuar la marcha. A las puertas de la Unión Europea, la tortura y la brutalidad son un lugar común.

A lo largo de la ruta de los Balcanes el sistema de salud pública rara vez es accesible para las personas en movimiento. En general, hablamos de países de tránsito donde tanto las personas en movimiento como las comunidades locales no piensan en una migración de llegada y esto se refleja de forma confusa y compleja en los servicios de atención médica.

Da la sensación que el sistema no está bien definido y que deja mucho margen a la interpretación o, mejor dicho, a la discreción individual. Si una persona puede o no puede acceder al servicio dermatológico, por ejemplo, no depende tanto de que el sistema público prevea o no este tipo de atención medica, sino de la persona que te encuentras en la entrada del hospital: sin dar demasiadas explicaciones a veces dejan entrar y a veces no. El sistema se convierte en discriminatorio y prejuicioso.

El objetivo, dicen las autoridades, es parar el flujo de personas que llega a la región. El resultado es un mayor sufrimiento para muchas personas que solo han decidido migrar y a las que la Unión Europea no ofrece vías legales ni seguras para ello. El invierno se aproxima y aquí hay mucho miedo a lo que pueda suceder. Está en juego la vida y la salud de las personas, personas a las que se les despoja día a día de más y más derechos. Toda esta persecución viene acompañada de un constante acoso a quienes las ayudan. Las autoridades pueden ocasionarle problemas a alguien que ayuda simplemente por meter una manta en un coche. Y también hay acoso por parte de personas locales.

Os pedimos que no perdáis de vista lo que está pasando aquí, necesitamos una sociedad consciente. No podemos seguir consintiendo esta crueldad.

Huelgas de Alquiler : Revoluciones a Punto Cero

La historia de los sindicatos de inquilinas y las huelgas de alquiler en el Estado español son un capítulo en blanco en los libros de historia sobre los movimientos sociales. Hasta la fecha, pocas fuentes historiográficas nos asisten en la laboriosa tarea de rastrear los momentos de mayor efervescencia colectiva en asociaciones y sindicatos de inquilinas e inquilinos, que suelen coincidir con la eclosión de huelgas de alquiler. Despertar la memoria colectiva del movimiento inquilino no solo contribuye a elaborar una genealogía crítica de las luchas que se están llevando a cabo por los sindicatos de inquilinas en el presente. También ayuda a pensar la vivienda como un espacio de conflicto que, bajo el mando de los actuales dispositivos de especulación inmobiliaria del capital financiero, alberga la potencia de un movimiento antagonista capaz de defender y desmercantilizar el derecho a la vivienda.

LA HUELGA DE ALQUILER ES DESMOVILIZACIÓN ACTIVA

El concepto de huelga se ha relacionado en exceso con la categoría de trabajo asalariado, es decir, con la (des)movilización colectiva que interrumpe la producción y el trabajo a fin de conseguir mejoras laborales. Sin embargo, el fenómeno de la huelga reluce por su modularidad, pues se ha empleado en múltiples lugares, por una gran variedad de actores sociales y contra una gran variedad de adversarios políticos. La capacidad de adaptación a diferentes contextos hace de la huelga uno de los repertorios de acción colectiva más flexibles y modulares. Las huelgas de alquiler, ampliamente utilizadas por asociaciones y sindicatos de inquilinas a lo largo del siglo XX, son un ejemplo de huelga al margen del ámbito laboral.

Una huelga de alquiler consiste, muy sencillamente, en dejar de pagar el alquiler de la vivienda al arrendador. Es el modo de protesta que los inquilinos e inquilinas emplean, de forma colectiva, contra aumentos injustos del precio del alquiler o por la falta de mantenimiento y de servicios en la vivienda. La huelga de alquiler es una estrategia de presión económica que fuerza a los propietarios a cumplir las demandas de las inquilinas, utilizando el único lenguaje que el capitalismo entiende: la pérdida de beneficios. Aunque en el Estado español la huelga de alquiler no está reconocida como un derecho del inquilinato, otras legislaciones extranjeras en materia de vivienda sí que han incorporado esta práctica como parte fundamental de los derechos y obligaciones que regulan la relación entre inquilinas y arrendadores. En el estado de Nueva York, por ejemplo, se permite la reducción o el impago del alquiler cuando los arrendadores no cumplen con sus obligaciones de manutención o reparación de los servicios básicos de la vivienda.

La particularidad de la huelga de alquiler está en poner término, de forma coordinada, a la transferencia económica habitual que el inquilino realiza a su arrendador. Es en este sentido que la huelga de alquiler deviene una desmovilización activa: una acción política que, al dejar de hacer, abre un litigio con el objetivo de reconfigurar las relaciones de poder entre el inquilino y el arrendador. Pero la desmovilización activa que instaura la huelga de alquiler no es solo un medio para cumplir las demandas de las organizaciones de inquilinas, sino que también tiene su fin en sí misma: su potencia cobra cuerpo en cuanto se despliega en el proceso de empoderamiento colectivo. Con la incertidumbre que origina toda huelga, se abre también un proceso de aprendizaje colectivo, de apoyo mutuo y de cooperación vecinal. Es en el propio proceso donde aflora la potencia política de una huelga de alquiler: cuando se hace valer la consigna feminista de que «lo personal es político».

LA HUELGA DE ALQUILER ES LA GENEALOGÍA CRÍTICA DEL MOVIMIENTO INQUILINO

A mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que el capitalismo industrial se consolidaba en Europa y forzaba el desplazamiento masivo de la fuerza de trabajo a las grandes ciudades, el problema de escasez de vivienda aumentaba y el espacio urbano se convertía en otra fuente más de extracción de riqueza. Es entonces cuando podemos localizar los primeros brotes de conflictos entre la condición de inquilino y la figura del arrendador rentista, quien aprovechaba el aumento de la demanda en vivienda para subir los precios del alquiler. No sorprende, entonces, encontrar las primeras evidencias de huelgas de alquiler a finales del siglo XIX. En 1872, el diario hegemónico en el Estado español, La Correspondencia, hacía eco de una misteriosa convocatoria en las calles de Madrid:

Se invita a todos los inquilinos a que acudan el domingo próximo, a las cinco de la tarde, frente a la casa del Ayuntamiento, para una manifestación, con el fin de obtener que los caseros, desde el próximo mes, rebajen el 25 por 100 del precio actual de los alquileres y, en caso de negativa, dejar todos de pagarlos hasta obtener la rebaja que con justicia pedimos. (La comisión, representante de gran número de inquilinos, 16-08-1872).

Mientras el tiempo de los trabajadores se convertía en una mercancía a explotar en las fábricas, el espacio de las ciudades se organizaba de tal suerte que permitiera la extracción de valor económico para otro tipo de clase capitalista: la del rentismo urbano. Por ello, los congresos de trabajadores de la época empezaron a dar respuesta al conflicto latente entre el rentismo urbano y la clase obrera en el terreno de la vivienda. En Valencia, en 1883, tuvo lugar el Congreso de la Federación de Trabajadores, cuyo orden del día incluía el siguiente punto: «¿Es conveniente emprender una campaña en pro de la rebaja de alquileres?» (El Constitucional: diario de Valencia, 4-10-1883). El congreso acordó que la rebaja de alquileres se realizara por medio de huelgas en cada región federada.

Pero fueron las primeras décadas del siglo XX las que inauguraron un ciclo de luchas inquilinas sin precedentes, tanto en el Estado español como en las grandes ciudades europeas. La organización de sindicatos de inquilinas crecía de forma exponencial y la huelga de alquiler se convertía en el verdadero dolor de cabeza de los rentistas. El Congreso de la Federación Obrera de 1903 incorporaba como punto de extrema importancia la «cuestión del inquilinato»: se acordó pedir la reducción de un 50% del precio de los alquileres, apelando si fuera necesario a la huelga de inquilinos. Ese mismo año, en Barcelona y Bilbao se preparaban huelgas generales de inquilinos: «¡Abajo los caseros tiranos!», «¡Viva la renta módica», «¡Viva la huelga de inquilinos!», eran los gritos de protesta que registraban los diarios de la época.

En 1905, Baracaldo fue testigo de una gran movilización inquilina que culminó en una huelga de alquiler. El exorbitante precio de los alquileres, el hacinamiento de varias familias en las mismas casas y la injusta rutina de los desahucios encendió la mecha de una revolución liderada por las mujeres vizcaínas. Manifestaciones multitudinarias, prácticas antidesahucios y alborotos contra la Guardia Civil provocaron que las autoridades declarasen el estado de alarma en la ciudad durante un mes. Así se pronunciaba uno de los manifiestos inquilinos:

(…)

«¡Consigamos nuestros propósitos, que son justos!

¡Firmes en nuestra actitud, somos el océano que lo invade todo!

¡Nuestros muebles en la calle, porque el desahucio es inicuo!

¡No pagar a los caseros si estos no rebajan los alquileres y sanean las habitaciones!

¡Abajo el robo legalizado!

¡Viva la justicia y la salud!

¡Viva la unión y el apoyo mutuo!

Los inquilinos»

(25-05-1905, La Rioja: diario político)

Las huelgas de alquiler se propagaban como el fuego de ciudad en ciudad; y de sus cenizas nacían sindicatos y asociaciones de inquilinas. En Barcelona, Bilbao, Baracaldo, Valencia, Madrid y muchas otras ciudades, florecían de forma simultánea organizaciones en defensa de los derechos de las inquilinas e inquilinos. En 1920, Madrid fue el escenario de la primera asamblea constituyente de la Federación de Ligas de Inquilinos del Estado Español.

Fue precisamente ese mismo año, en 1920, cuando se aprobó la primera legislación garantista en materia de arrendamientos urbanos: el Decreto Bugallal de reducción del precio de los alquileres. Este decreto no solo congeló el precio de los alquileres, sino que además limitó las causas de desahucio, prohibiendo así las expulsiones por causas injustificadas. El Decreto Bugallal fue el fruto de décadas de movilización y de luchas de los sindicatos de inquilinas, logrando impugnar el statu quo de los rentistas urbanos y limitar sus privilegios de forma decisiva. Y la huelga de alquiler fue la estrategia más poderosa que permitió defender el derecho a unos alquileres dignos.

LA HUELGA DE ALQUILER ES FEMINISTA

Resulta inverosímil comprender las huelgas de alquiler que se han desarrollado a lo largo del siglo XX sin atender al protagonismo femenino que las caracterizaron. En el ámbito de la vivienda, históricamente, no es exagerado afirmar que la organización colectiva del movimiento inquilino no hubiera sido posible sin la iniciativa y el liderazgo de las mujeres.

Solo hay que mencionar algunas de las huelgas de alquiler más importantes de principios de siglo XX para darse cuenta de la feminización de la lucha inquilina. La histórica huelga de alquileres de Buenos Aires, de 1907, es conocida como «la huelga de las escobas», pues fueron las mujeres bonaerenses quienes «barrieron la injusticia» de sus casas, negándose a pagar las subidas de alquiler que imponían los arrendadores de forma injustificada. La famosa huelga de Glasgow de 1915 es recordada como «el ejército de Mrs Barbour», en honor a la activista escocesa Mary Barbour que lideró el movimiento por la rebaja de los alquileres junto a la Glasgow Women’s Housing Association (La Asociación de Vivienda para las Mujeres de Glasgow). Si prestamos atención a las huelgas de alquiler que tuvieron lugar en Viena y París, Bilbao y Barcelona, durante las primeras décadas del siglo XX, la organización y protesta femenina sigue siendo determinante en la creación de sindicatos de inquilinas y en la eclosión de las huelgas.

La discriminación de género que impuso el capitalismo industrial con la división del trabajo abonó el terreno para que emergiera el antagonismo femenino en la esfera de la reproducción. La labor teórica del feminismo ha permitido comprender el modo bajo el cual las relaciones de poder del capitalismo industrial penetraron en los hogares, explotando el trabajo doméstico femenino, sin remuneración ni reconocimiento, como parte fundamental del modo de acumulación capitalista. La crítica del marxismo a la explotación del tiempo de trabajo bajo el capitalismo industrial no solo eclipsó las formas de poder que el capitalismo emplea fuera de los muros de la fábrica (en los hogares, las escuelas, las prisiones…), sino que también desatendió otras formas de resistencia y luchas que nacían fuera del ámbito productivo.

El pensamiento feminista, además de poner en tela de juicio el concepto de trabajo desde un punto de vista de género, también ha reformulado los términos para pensar las formas de lucha y resistencia en la actual fase del capitalismo. La esfera doméstica, en tanto epicentro de la producción de la fuerza de trabajo, es el espacio donde surgen los movimientos sísmicos de resistencia contra otros modos de explotación capitalista. El ámbito de la reproducción, como suelo que sostiene la fuerza de trabajo, es el punto de partida de toda revolución. En palabras de la pensadora feminista Silvia Federici: «la reproducción es la revolución a punto cero». Es desde este punto de vista que hace falta pensar las huelgas de alquiler —en tanto acción colectiva que se despliega desde la esfera de la reproducción— como un modo de declinación de la revolución a punto cero: el terreno preliminar que alberga la potencia política de restablecer otras relaciones sociales en el ámbito de la vivienda.

Las huelgas de alquiler y el movimiento inquilino que las impulsó forman parte de la historia del antagonismo constituyente y feminista en la esfera de la reproducción. Históricamente, las huelgas de alquiler han demostrado ser una estrategia de presión económica muy poderosa en la lucha por el derecho a la vivienda. La infravaloración e invisibilización del movimiento inquilino, de las huelgas de alquiler y de su feminización está íntimamente relacionado con la poca atención prestada a los conflictos políticos que se han dado en la esfera de la reproducción. Pero si algo pone en evidencia la historia del movimiento inquilino y de las huelgas de alquiler es su potencia constituyente: es decir, la capacidad de cristalizar sus demandas políticas en más derechos sociales. En suma, la genealogía del movimiento inquilino y de las huelgas de alquiler nos coloca ante el reflejo de un pasado del cual aprender, con el objetivo de seguir pensando y construyendo otro mundo posible, donde la vivienda sea un derecho social efectivo y no un activo financiero que alimenta sin cesar la máquina especulativa del capital financiero.

El patrimonio gráfico como resistencia

Rótulos, señales y tipografías comerciales conforman el patrimonio gráfico de nuestros territorios. Son vestigios, arqueología de nuestras vidas, cuentan historias, nos hablan de quienes un día estuvieron ahí y, en demasiados casos, evidencian los conflictos sociales y las transformaciones del capitalismo en nuestros barrios.

Hacia la ampliación (o destrucción) de lo patrimonial

A estas alturas, aún necesitamos explicar por qué es transformador y por qué es una cuestión política hablar de la defensa del patrimonio gráfico de las ciudades. Incluso en el seno del consejo de redacción de este periódico hemos debatido si el tema tenía cabida, o no, en el marco de la sección de Construyendo posibles. Vamos a tratar de situarnos.

En el año 2003, la Unesco celebra la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial, donde se reconocen oficialmente los «usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas —junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes— que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural».

En 2008, Andalucía comienza a documentar por primera vez este patrimonio en un proyecto vivo que ve la luz cuatro años más tarde, en 2012, el Atlas del patrimonio inmaterial de Andalucía (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico), donde han participado, por cierto, topas antropólogas muy queridas.

El salto de escala necesario a nivel teórico, pero también en cuanto a prácticas y políticas culturales se refiere —al pasar del monumento al entorno, del objeto al territorio, al paisaje—, es muy reciente y supone poner el énfasis en los contextos y en las personas que viven, habitan y dan sentido a ese patrimonio. En esa misma línea, pasar de lo histórico artístico a lo cultural es muy reciente. Nadie duda del valor que supone la pátina del tiempo, lo monumental, el patrimonio mueble e inmueble, pero aún necesitamos justificar que lo industrial, lo contemporáneo o lo intangible sea reconocido como tal. Y esto, obviamente, no es solo una cuestión que tenga que ver con los tiempos del debate académico; tiene que ver con lo político. A qué se ha dado valor, quiénes son sus protagonistas, qué formas de lo cultural se han estudiado, conservado, transmitido, identificado como elementos que nos definen y que se convierten en imágenes y, en los procesos capitalistas actuales, qué se ha convertido en marca. La selección de determinados acontecimientos, protagonistas y narrativas olvida las complejidades, contradicciones y personajes que no encajan en el relato patrimonial.

A partir de aquí, si entendemos que las formas de lo cultural son tantas y tan diversas como quienes de ellas se apropian, podremos pasar a un modelo en el que esas otras culturas no hegemónicas sean reconocidas, promocionadas, exportables, etc. Por eso, ampliar el concepto de lo patrimonial (¡o acabar con él para siempre!) deviene transformador. La reformulación del patrimonio en términos de capital cultural nos permite presentarlo no como el conjunto de bienes estables y neutros, sino como un proceso social que, como cualquier otro capital, se acumula, se renueva, y del que los colectivos se apropian de manera desigual. Por ello, los rótulos, las señales y la tipografía de las ciudades son patrimonio. Lo patrimonial es una construcción y cobra sentido como tal, y también su defensa, desde el momento en el que un colectivo se lo apropia, lo hace suyo, se identifica. Y así ha ocurrido con la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico y, en nuestro contexto más cercano, con Sevilla Tipo.

Sevilla Tipo. Rótulos y marginalia tipográfica sevillana

El 10 de junio de 2018 nace este proyecto en línea del diseñador (también del periódico que tienes entre tus manos) Ricardo Barquín Molero para la documentación y puesta en valor de rótulos comerciales, señalética y azulejería de Sevilla (y parte del universo). Poco a poco, el proyecto va convirtiéndose en un catálogo vivo que se nutre de aportaciones y que conecta con otros colectivos estatales que andan en temas de defensa de este patrimonio tipográfico, hasta llegar a la acción y recuperación de elementos. También supone una llamada de atención ante esa otra cultura.

¿Qué puedes ver si entras en la cuenta?: cabeceras de comercios en activo, rótulos de establecimientos ya desaparecidos, carteles escritos a mano; esos que nos hablan de que ya ha llegado la época del mosto o de los caracoles, o nos explican el know how de los cuartos de baño; o pegatinas comerciales de escaparates y rótulos con prohibiciones, como el de fijar carteles con multa de 500 pesetas. La idea que subyace a este proyecto es la concepción de que estas imágenes son patrimonio gráfico, expresiones culturales, parte de nuestra cotidianidad, de nuestras calles, nuestros bares, nuestras tiendas. Elementos reconocibles, y ahora también reconocidos, de nuestro paisaje urbano.

Pensad en las historias y vivencias que os puede evocar el rótulo de un cine, de un restaurante o de una tienda, son memoria viva. Pensad sino en esos topónimos populares como la plaza del Rialto, la Cuesta del Bacalao o La Campana. No son sus nombres reales, derivan del rótulo de un comercio que antaño estuvo allí o que allí sigue. O pensad en expresiones tan sevillanas como «más gordo que las moscas de Marciano» (una charcutería) o «más mala cara que los pollos del Simago».

También es un homenaje a todas esas personas, rotulistas, ceramistas, delineantes y diseñadoras que, encargo tras encargo, le fueron dando una identidad variada pero común a nuestras calles. Identidad que en plena ola de gentrificación y turistificación se está viendo sustituida por un mar uniforme de rótulos de franquicias o de negocios de souvenirs. Un homenaje a esas artesanas que hicieron un trabajo manual y singular, en neón o a pincel, corpóreo y palpable, que en nuestro presente está siendo sustituido por rótulos planos hechos con plotters, rotulados en vinilo de corte… Pensad en la pérdida de identidad que supone para las ciudades todo esto.

Con este mismo objetivo, nace en 2020 la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico. Diseñadorxs, fotógrafxs y rotulerxs han decidido organizarse ante la debacle gráfica que está suponiendo el contexto de especulación y gentrificación, como un tejido de iniciativas libres y autónomas unidas en el apoyo y cuidado del patrimonio gráfico, aunando proyectos de todo el Estado. El patrimonio gráfico comercial, testigo de la historia de los territorios y de la de sus vecinos y vecinas. Nace con la idea, a largo plazo, de promover una ley de defensa del patrimonio gráfico.

El paisaje urbano no es neutral

Y es que, como ya supondrás, el paisaje urbano no es casual. Colores, materiales, formas, nomenclaturas… nuestro entorno cotidiano no es un ámbito neutral. Las calles, las plazas, las fachadas y los suelos, pero también sus rótulos, anuncios y tipografías, son textos que deben ser leídos e interpretados. Desde los años ochenta la academia crítica ha estudiado los significados culturales e ideológicos del paisaje, y su papel en la reproducción de las relaciones de poder que determinan no solo qué se percibe a simple vista en la ciudad, sino también qué queda oculto.

Los cascos históricos y sus barrios fueron un tejido mixto, popular, donde las clases humildes vivían, compraban, fabricaban y trabajaban. Esto no quiere decir que no pasaran penurias ni existiera segregación pero, desde luego, formaban parte activa del centro de la ciudad. Cuando este pasado —y presente— desaparece de nuestra vista cotidiana, la desafección de las clases populares por estos lugares facilita «la vuelta al centro» de las clases medias-altas, estrategia revanchista de la gentrificación.

La permanencia de los rótulos de espacios productivos, comercios y talleres de trabajo manual es mucho más que el ejercicio de preservar un determinado estilo tipográfico bajo premisas estéticas. Nos habla de qué personas y qué clases sociales
desarrollaron su vida en esa misma calle donde ahora se ejecutan desarrollos inmobiliarios de lujo y para el sector turístico.

Ahora bien, no basta con mantener un nombre o una tipografía mientras las dinámicas socioespaciales injustas de la ciudad capitalista siguen ahondando en la brecha centro/periferia, terciarizando y turistificando los espacios centrales, marginando a las clases populares y borrando su memoria. No basta con quedarnos en la superficie.

El paisaje se produce activamente y, como tal, resulta imprescindible atender a cómo se mercantiliza en el sistema de producción capitalista y a cómo se representa —incluyendo los materiales con los que se construye— en tanto que forma de poder. No podemos permitir que las transformaciones urbanas borren la geografía y la historia de la clase trabajadora, los nombres de sus bares, tiendas y talleres, pero tampoco que la reescriban o reinventen en la renovación de un pasado ideal, estetizado y fetichizado.

La belleza es una forma de resistencia

Alberto Graco, Colectivo Paco Graco (MADRID)

Diciembre de 2014: finalizan todas las prórrogas que contemplaba la ley Boyer a los alquileres de renta antigua. Miles de comercios se ven obligados a cerrar por no poder afrontar el nuevo alquiler. En Madrid coincidimos dos tours para despedirnos de algunos bares donde habíamos aprendido a vivir: el Lozano, el Noviciado, el Prado, el Palentino, la Pepita… Todos los bares que recorrimos aquellas noches han desaparecido hoy. Esos y muchísimos otros.

Desde entonces, recogemos rótulos de todas las tiendas y bares que van desapareciendo de nuestras calles. ¿Por qué lo hacemos? No queremos ser nostálgicos, pues la nostalgia paraliza las luchas, ni tenemos tampoco un interés excesivo en el diseño o la tipografía. Será que creemos que la belleza es una forma de resistencia o que nos gusta saber de qué está hecha la historia del suelo que pisamos, sobre qué otras experiencias podemos desarrollar las nuestras. Lo hacemos, tal vez, para recordarnos que las ciudades son de su gente, y que cada generación debe hacerla suya: convertirlas en los lugares donde queremos vivir, echar raíces y ser felices. En el taller mecánico que mi abuelo construyó con sus manos en 1945, hoy en día hay un estudio fotográfico de la comunidad china; su historia es la misma que la de mi familia: esos chinos de Useras son los gallegos de antes.

Pasar a la acción

Chio Romero, @tiponuba (HUELVA)

De profesión diseñadora gráfica y aficionada a la fotografía de siempre, creé @tiponuba para que fuera una enciclopedia de la poca, pero valiosa, gráfica de Huelva, destinada a desaparecer en algún momento próximo, como gran parte del patrimonio (de cualquier tipo) de esta ciudad. Quería que, de esa manera, se conservara en algún sitio parte de mi historia, de las tiendas donde mi abuela compraba, de los bares donde mis padres solían ir y a los que yo continúo yendo. Lo había visto en muchas otras cuentas de Instagram que ya seguía, como buena voyeur de rótulos y, ¿por qué no hacer lo mismo en mi ciudad? Llevaba años recopilando material o almacenando localizaciones que fotografiar en mi cabeza. Aún vivía en Londres cuando empecé a tomar fotos durante mis visitas a casa. Pero, en esos periodos, volvía y algún que otro letrero había desaparecido.

Fue Ricardo (@sevillatipo) quien me habló de la Red y me fascinó la idea. No se trataba solo de rescatar estas joyas en instantáneas para luego llorar sobre ellas un día cuando ya hubieran desaparecido, sino que era pasar a la acción. Dejar de ser una mera observadora para pasar a ser una activista de lo gráfico; de lo que, al parecer, ya es caduco en la era de lo digital. Lo artesanal, frente a la inmediatez de un plotter de gran tamaño, ya no es rentable para los nuevos negocios que abren. Si algo creo que define a la Red, es que no solo amamos las letras, sino que también queremos poder abrazarlas, literalmente. Devolverles el amor que ellas nos dan en forma de historias, pues detrás de todas esas letras se cuentan muchas vidas, las nuestras y las de aquellas pequeñas empresas familiares que aún sobreviven en la era de lo fugaz.

En mi opinión, la Red proclama la vuelta a la pausa. Que sigamos apoyando a aquellos negocios de siempre que, con «pulso y buena letra», han conformado y definido un paisaje único de neones, chapa y pintura. Negocios con nombre y apellidos.

El rótulo: Un objeto inmaterial

Federico Barrera Garaña, santatipo.es (SANTANDER)

Desde que la Unesco aprobara en octubre de 2003 la convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, se abrió la vía para proteger lo que forma parte intrínseca de una de sociedad y la necesidad de registrar aquello que no tiene tipología común, sino que, de algún modo, tiene peculiaridad propia y por tanto dota de identidad cultural y social.

A partir de las definiciones que establece, cuando hablamos de defender este patrimonio gráfico no es solo por su parte física (objeto), sino lo que de ellos trasciende.

Las distintas tipologías de comercios habituales en nuestras calles han sido epicentro de actividad social y económica de la calle, y también el alma de la vida de la comunidad como punto de reunión vecinal. Aquí las relaciones humanas trascienden al propio comercio como elemento para tejer y fortalecer las redes sociales locales, pero también como centro de la memoria local y de recuerdo. Conceptos como parroquianos nos indican el grado de pertenencia que existía en este tipo de locales.

Los cambios actuales en la sociedad en hábitos de consumo, la irrupción de las nuevas tecnologías y las nuevas normativas hacen que el comercio local vaya desapareciendo en pro de una unificación visual, de consumo y social de las ciudades, donde las grandes marcas y cadenas asumen un rol de aglutinante meramente comercial, perdiendo por tanto ese trasfondo social que caracterizó al comercio.

Otro punto que debemos tener en cuenta es la parte industrial y artesanal del rótulo. En muchos casos fueron realizados a mano con técnicas que hoy se están volviendo a recuperar del olvido en el tratamiento de distintos soportes, especialmente el vidrio, partiendo de la experiencia manufacturera y memoria artesanal.

Aquí nadie se queda atrás

Redes de apoyo vecinales en tiempos de pandemia

—Hola. Uno de los comercios que se apuntó para ayudar pregunta si se necesitan más alimentos y productos de limpieza.

—Por supuesto, ¿de qué zona es?

—Los Príncipes

—Estamos trabajando con tres familias allí, nos hemos dividido por barrios dentro de nuestra zona, te meto en el grupo.

—¡¡Gracias!!

Los mensajes salpicados de emoticonos se suceden con rapidez en el chat de mensajería de uno de los grupos de barrio en los que se organiza Ramuca, la agrupación de Redes de Apoyo Mutuo surgidas en Sevilla a raíz de la crisis del coronavirus.

Conversaciones similares se repiten en redes que se han multiplicado como esporas vecinales por todo el Estado. Muchas de ellas nacen de colectivos ya existentes, otras surgen con el decreto del estado de alarma, pero a día de hoy todas las comunidades del Estado cuentan con numerosos grupos en los que vecinos y vecinas se autoorganizan para intentar echar una mano a aquellas personas que se encuentran en situaciones más vulnerables.

Una de las primeras experiencias visibles fue «Frena la curva». Una iniciativa estatal que nace impulsada por el gobierno de Aragón y que, aunque rápidamente se convierte en plataforma ciudadana, sigue teniendo un cierto tono institucional. Aun así, es una herramienta útil que sistematiza gran parte de las experiencias de todo el Estado a través de un mapa en el que se pueden localizar redes en cualquier calle de cualquier municipio. El mapa divide los puntos en cuatro categorías: peticiones, ofrecimientos, necesidad con intermediación y necesidad sociosanitaria. La información se va actualizando y alcanza casi los 10 000 puntos registrados. La plataforma se ha ido complejizando y ofrece ya aplicaciones para móviles, asesoramiento en la propia web y planea un festival de innovación social con el que se busca mantener el impacto a largo plazo de las iniciativas que han surgido a partir de la pandemia. ¿Demasiado institucional? Quizás sí, pero apunta a uno de los grandes dilemas al que se enfrentan estas iniciativas autogestionadas: ¿cómo sobrevivir una vez que la situación excepcional pase?

El número de redes de apoyo que han comenzado a funcionar en el Estado es tan alto que es difícil hacer un repaso exhaustivo de todas ellas. De hecho, habrá grupos de vecinas improvisados que no se hayan incluido en ninguna red o que incluso desconozcan la existencia de estructuras de coordinación. Ateniéndonos a aquellos grupos que han sido incluidos en redes de apoyo mutuo, hacemos, a continuación, un pequeño repaso de las iniciativas andaluzas. Encontramos iniciativas de apoyo vecinal en todas las provincias y aquí incluimos las que hemos rastreado:

Huelva. El Brote. Moguer y PAH Huelva

Córdoba. Red de Apoyo Mutuo de Córdoba capital. STOP Desahucios 15M Córdoba

Jaén. Apoyo Mutuo CGT de Jaén. Plataforma Solidaria Jaén-Covid-19. PAH Jaén

Málaga. Asamblea popular de Málaga. Sindicato de inquilinas. PAH Málaga

Cádiz. Apoyo Mutuo San Roque

Granada. Sindicato de Inquilinas de Granada y STOP Desahucios Granada.

Almería. Red de apoyo mutuo La Resistencia. PAH Almería

Sevilla. Ramuca. Red de Apoyo Mutuo de Écija. Red de Apoyo Mutuo de Mairena del Aljarafe, PAH Sevilla y PAH Sevilla Este-Amate

A pesar de la imposibilidad de movimiento entre provincias, cabe destacar la iniciativa puesta en marcha por el colectivo de ayuda a personas sin hogar, La Carpa de Sevilla, que junto a Ramuca y un grupo de taxistas voluntarias, pusieron en marcha el envío de suministros a las inmigrantes asentadas en Lepe para la recogida de la fresa. Un grupo de 500 personas que sobreviven en chabolas sin condiciones mínimas, sin agua y sin luz, y a las que las instituciones dan la espalda.

El funcionamiento de todas ellas es similar, pero poniendo el foco en lo local que es lo que mejor conocemos, vamos a centrarnos en Ramuca. Una red que surge en una zona muy concreta de Sevilla, centro-norte y Macarena pero que rápidamente se expandió y ya está presente en más de una veintena de barrios de la ciudad.

Entre estas iniciativas es destacable la unidad mínima de la que se parte para actuar: el barrio. Importa, no solo porque supone el territorio físico que podemos abarcar con las restricciones de movilidad, sino también porque es el territorio afectivo en el que disponemos de redes que hacen posible esta forma de ayuda. Sin grandes infraestructuras, la confianza, el boca a boca y ponerle rostro a las personas con las que cooperas son herramientas esenciales para conseguir apoyar durante la crisis a la gente que lo necesita. Así, Ramuca se ha dividido en 25 grupos territoriales para abarcar el entorno más inmediato. La autoorganización vecinal suple a menudo las carencias de un sistema público mermado por los recortes neoliberales que se vieron, además, agravados tras la pasada crisis de 2008, pero está cubriendo también otras necesidades que muchos de los recursos públicos ni siquiera prevén.

La relación con los servicios sociales municipales es fundamental y, aunque no se trata de sustituir su trabajo, se comparte un terreno en el que, a veces, es esencial dar una respuesta rápida. Uno de los protocolos de Ramuca a la hora de atender las peticiones de ayuda es derivar a la gente que cumpla los requisitos a los servicios sociales, en muchos casos, lo que se necesita es un acompañamiento por los vericuetos burocráticos para ver qué ayudas se pueden pedir y cómo solicitarlas. Sin embargo, en otras ocasiones, se hace llegar una primera ayuda de emergencia para los casos muy extremos; para aquellas personas a las que los 7 o 10 días que tarda de media un bono de alimentos se les hacen eternos con la nevera completamente vacía.

Además de proporcionar alimentos y productos de limpieza de emergencia, las redes de apoyo reciben muchísimas peticiones de información, sobre todo, del ámbito de lo laboral. Ante medidas que se anuncian todas las semanas, muchas personas no consiguen mantenerse al tanto ni encontrar la información concreta que desarrolla las medidas anunciadas en los telediarios con titulares grandilocuentes que, a menudo, simplifican o, directamente, maquillan la realidad. Cuando por fin se accede a la información, no siempre es comprensible. Los reales decretos no se caracterizan por estar redactados con el método de lectura fácil. «¿Tengo que hacer algo para cobrar si me hacen un ERTE?», «limpio casas a domicilio sin contrato: ¿cómo justifico que voy a trabajar?», «¿puedo pedir la ayuda del alquiler?». También han surgido necesidades como: el apoyo a los menores con las tareas escolares, recados y paseos de mascotas o, simplemente, un poco de charla y acompañamiento. Sin embargo, a medida que han pasado las semanas de confinamiento, cada vez más familias se han visto obligadas a sobrevivir sin ningún ingreso, por lo que las llamadas de emergencia solicitando alimentos aumentaron hasta alcanzar el 43% del apoyo prestado, según indica Ramuca.

A pesar de los lugares comunes que repiten que frente a la enfermedad todos somos iguales, esta aseveración tienen poco de real. El virus sí entiende de clases sociales. Y de género. Según los informes publicados por Ramuca, la mayoría de solicitantes de ayuda son mujeres, alcanzando un 82,8% de las solicitantes. Este fenómeno también se observó en otros movimientos de autoorganización como las Corralas, surgidas del movimiento por la vivienda en la estela del 15M y la ocupación de las plazas en 2012. La mayoría de personas que acudían a los puntos de información y se integran en grupos para okupar una vivienda eran mujeres. Aunque, evidentemente, este sesgo de género tiene una respuesta multifactorial, había un hecho que las propias mujeres de las Corralas explicaban y es que, para los hombres, asumir el desahucio y quedarse sin vivienda suponía un fracaso en su papel de proveedor de la familia, así que esta humillación que suponía no poder cumplir con el rol asignado se sobrellevaba en la intimidad. Las mujeres, sin embargo, se veían más interpeladas por la necesidad de «sacar la familia adelante» y, a pesar de la vergüenza inicial de pedir ayuda, primaba la necesidad del bienestar de la familia. Dentro del modelo neoliberal que asume la pobreza como un fracaso individual, los hombres son los que viven más la solicitud de ayuda como un fallo personal, mientras que las mujeres son más proclives a sobreponerse a la vergüenza inicial. Parece que este mismo patrón se repite en esta crisis y, de nuevo, son las mujeres las que solicitan ayuda y ponen la cara (y el cuerpo) para sacar a la familia1 adelante.

La brecha digital también marca las diferencias. En primer lugar, a la hora de configurar las propias redes y comenzar su difusión. Muchos de estos proyectos comienzan su andadura organizándose a través de redes sociales (grupos de Facebook, difusión por Twitter e Instagram), webs y listas de correo. A través de estos medios comienzan a ponerse en contacto la gente que se ofrece para echar una mano. Sin embargo, para alcanzar a las personas destinatarias de esa ayuda hace falta a menudo dar un salto analógico: carteles en las calles, folletos en los comercios y el eterno boca a boca entre las vecinas. Por otro lado, uno de los servicios más demandados es el apoyo con los deberes para familias que se ven descolgadas de las clases por internet a las que se han visto abocadas estudiantes y profesoras. Hogares sin conexión a la red, sin ordenadores, y chavales incapaces de seguir las explicaciones en línea o mandar y mantenerse al día con las tareas. La educación vía internet ha puesto de relieve la precariedad en la que viven cotidianamente muchos alumnos y nos empuja a reflexionar si el sistema educativo actual es, por sí mismo, un nivelador social.

Como en muchas otras experiencias que se lanzan desde el activismo y en las que se trabaja conjuntamente con gente diversa, de diferentes contextos y clases sociales, surge el problema de cómo trabajar la autogestión y construir relaciones horizontales de apoyo mutuo que consigan no caer en el asistencialismo. Por un lado, ¿cómo mantener relaciones horizontales cuando, a veces, se parte de posiciones muy desiguales? ¿Cómo evitar que personas que provienen de realidades muy diferentes compartan un proceso sin reproducir los roles que socialmente se asignan? En este caso, es fácil que el proveedor de la ayuda adopte el papel de «técnico» mientras que el que la demanda se coloque en el papel de usuario de un servicio.

Más cuando una constante en la puesta en marcha de estas redes ha sido que el número de personas que ofrecen su ayuda es mucho mayor que el de quienes la demandan. Y la mayoría de proveedores son a su vez activistas con un papel importante en la construcción de la propia red. Un ejemplo ilustrativo de esto es que las redes son mucho más tupidas en los barrios en los que viven más personas vinculadas al activismo de la ciudad, mientras que en zonas más alejadas de ese entorno político apenas hay nodos. Habrá redes, pero probablemente mucho más desestructuradas y analógicas. Esto pone de manifiesto cierto riesgo de endogamia que siempre acecha al activismo político.

El reto de conseguir que estas redes se conviertan en estructuras duraderas (con las mutaciones que sean necesarias para conformarse como algo estable) debe partir de una reflexión crítica: con esta crisis y a partir del excelente trabajo de Ramuca, por ejemplo, estamos conociendo la situación de vulnerabilidad de muchxs vecinxs. ¿Esa vulnerabilidad no existía antes? ¿Dónde estaban esxs vecinxs?, ¿no los conocíamos? Desde los movimientos sociales luchamos constantemente por romper la dinámica que nos lleva a saltar de emergencia social en emergencia social, cambiando de una causa a otra según los vaivenes de una agenda que no marcamos nosotras. El reto, el cómo hacer aterrizar este trabajo en organizaciones estables arraigadas en lo cotidiano, es la piedra filosofal a la que aspira cualquier colectivo. Quizás en esta ocasión demos un paso más que nos acerque a este objetivo.

1 Entendiendo por familia un concepto amplio que no solo abarca parejas con hijes e incluye convivencias de amigas, monomarentales…

Diez años soñando alternativas desde lo rural

La Fábrika de toda la vida

EL PASADO 28 DE DICIEMBRE, LA FÁBRIKA DE TODA LA VIDA, UN PROYECTO AUTOGESTIONADO EN LOS SANTOS DE MAIMONA (BADAJOZ), CELEBRÓ SUS 10 AÑOS DE EXISTENCIAS Y EXPERIENCIAS, RENOVANDO 4 AÑOS MÁS SU CONVENIO CON EL AYUNTAMIENTO DE LA LOCALIDAD. REPASAMOS SU HISTORIA, SU IDENTIDAD, LOS RETOS POR LOS QUE HAN PASADO Y LOS DESAFÍOS A LOS QUE SE SIGUEN ENFRENTANDO. ES IMPOSIBLE HABLAR DE LFDTV SIN ENTENDER LOS PROCESOS ANTERIORES QUE SE VIVIERON EN EL PUEBLO ALREDEDOR DE LA ANTIGUA CEMENTERA DE ASLAND. NECESITAMOS CONTEXTUALIZAR Y SITUARNOS DE FORMA HISTÓRICA Y EMOCIONAL, YA QUE LAS HISTORIAS DE VIDA SIEMPRE CONLLEVAN EMOCIONES POR LO QUE ES LA FÁBRIKA PARA LAS PERSONAS QUE LA HABITARON O LA HABITAN.

DE LAS PROMESAS DE DESARROLLO AL ABANDONO Y EL OLVIDO

La antigua fábrica de cementos de la Compañía General de Asfaltos y Portland (ASLAND), en Los Santos de Maimona (Badajoz), fue inaugurada en el año 1956, y su construcción está relacionada con el Plan Badajoz, un proyecto aprobado en 1952 para la colonización, electrificación e industriali­zación de la provincia. Elaborado dentro del marco de los planes desarrollistas y autárquicos posteriores a la Guerra Civil, prometía ser la esperanza del auge y desarrollo de la comarca, una localización elegida por los yacimientos de calizas inmediatos al emplazamiento de la fábrica, en la sierra de San Cristóbal, y por la situación privilegiada de Los Santos respecto a las carreteras nacionales N-630 y N-432, al ferrocarril y por la distancia reducida a los puer­tos de Sevilla y Huelva. Para que nos ubiquemos del todo, estamos hablando de la construcción de los famosos panta­nos de Franco que iban a modernizar la agricultura de Ex­tremadura, y de los pueblos que se construyeron alrededor de los mismos.

Muchos fueron los cambios que sufrió Los Santos ante la llegada del proyecto de la cementera, no solo en cuanto a infraestructuras y economía. La transformación también conllevó un cambio social y también en el imaginario, del que aún hoy podemos ver las consecuencias. Muchas de las personas que trabajaban en el campo, por ejemplo, se prepararon para formar parte del nuevo sector industrial, quedando la actividad agrícola relegada a un segundo pla­no en pos del desarrollismo, además de sufrir los efectos de la contaminación irremediable. En 1965, por ejemplo, la Comisión Provincial de Servicios Técnicos instó a la em­presa a tomar medidas correctoras contra la polución que se estaba vertiendo sobre el campo; esta hizo caso omiso.

Solo 17 años después de su apertura, la fábrica cerró en 1973 a pesar de los intentos de trabajadores y trabajadoras (no olvidemos a las 2 mujeres que trabajaban como secretarias en la cementera) y de la Corporación por mantenerla a flote con una serie de protestas que pasaron a ser parte de esa larga lista de luchas invisibles que se dan en lo rural. Es así como se da por terminado el Plan Badajoz, se abando­nan las esperanzas del tan ansiado proyecto y se genera un enorme paro estructural, obligando a la emigración de unas 100 familias que antes vivían de la misma de forma directa o indirecta, con el consecuente decrecimiento de­mográfico y económico para el pueblo, que pasó de contar con más de 10 000 habitantes (datos del INE 1960), a los aproximadamente 8000 con los que cuenta en la actuali­dad. Un exilio masivo al que se vieron obligadas muchas personas jóvenes ya formadas para la actividad industrial y que buscaban no tener que volver al campo.

Tras su abandono, toda la estructura y terrenos fueron ce­didos al Ayuntamiento de Los Santos; una estrategia de los empresarios responsables de la misma que les facilitaba no tener que solventar el mantenimiento o derribo, realizando así una venta ficticia de la fábrica a cambio de una peseta al Consistorio. También de las canteras de caliza, que nunca fueron recuperadas como parte de la responsabilidad de la empresa y que durante mucho tiempo fueron utilizadas como vertedero en la sierra del pueblo. Desde entonces y hasta su proceso de transformación en «La Fábrika de toda la Vida», el terreno sufrió un abandono general que sigue presente hasta el día de hoy.

LA FÁBRIKA DE TODA LA VIDA

Muchos son los proyectos que se planearon para los terre­nos de la antigua cementera por parte de diferentes admi­nistraciones. Hoteles, oficinas y residencias, que quedaron solo en los planos o que, como las instalaciones de CETIEX, el centro tecnológico industrial de Extremadura, fueron inauguradas en 2011 y, hasta hoy, continúan cerradas y sin vistas a poner en marcha aquellas «líneas de investigación relacionadas con la salud, las energías renovables, la inno­vación empresarial y el diseño industrial» de las que tanto se hacían eco.

Es en verano de 2010 cuando ocurre algo radicalmente distinto. La parte de las naves que constituían las oficinas de la antigua cementera es okupada por el colectivo Con­ceptuArte, formado por un grupo de jóvenes de Los Santos y Zafra, estudiantes de la Universidad de Bellas Artes de Granada, con el fin de convertirlo en un centro para la crea­ción contemporánea como herramienta de movilización y transformación social, y un hogar para artistas y activida­des relacionadas. Es durante los siguientes años cuando se irán tejiendo diferentes redes de trabajo, colaboración y apoyo alrededor del proyecto, centradas tanto en la gestión social como en la propia rehabilitación; haciendo crecer las primeras ideas y generando dinámicas de contribución al procomún desde lo glocal, convirtiéndolo para entonces en un proyecto mucho más ambicioso, algo que considerába­mos impensable en estos contornos.

Entre 2011 y 2015 cualquiera que se acercase a La Fábrika podía encontrar a familiares y amistades trabajando a me­nudo en la rehabilitación de los espacios, ya fuera limpian­do tejas, lijando y pintando antiguo mobiliario urbano, o cocinando para las participantes. Nacieron así las «Fabri­kando», jornadas de trabajo que se siguen realizando ac­tualmente y en las que no solo se comparten herramien­tas, sino también tiempos y saberes. El proyecto técnico es llevado a cabo por los equipos de arquitectura Recetas Urbanas y bAuk, gracias a la intervención del arquitecto Santiago Cirugeda, con una primera fase para la puesta a punto de 130 m² para la reparación de cubierta y la esta­bilización de espacios interiores como la Oficina Técnica, lugar de trabajo y hoy también estudio musical abierto a todo el mundo que quiera utilizarlo. Es también en 2013 cuando se inicia la campaña de micro mecenazgo, a través de la plataforma Goteo, en la que se consiguieron 6000 € para la realización de todas estas obras.

En medio de estos cambios, el 27 de diciembre de 2013, se afianza el proyecto con la firma del convenio con el Ayun­tamiento en el que cede el uso del espacio interior de las dos naves a la asociación LaFábrika detodalavida a cambio de la rehabilitación de las mismas a través de la autocons­trucción; un convenio que fue realizado de forma partici­pativa, pública y visible durante todo su proceso. También comenzamos a contar de forma continua con la ayuda de Fundación Maimona, una organización que potencia el de­sarrollo del pueblo creada por Diego Hidalgo Schnur y que nos apoya tanto de forma económica como logística.

Todos esos esfuerzos se vieron materializados en el VIII Encuentro Internacional de Arquitecturas Colectivas (AACC) «P(W)orkinProgress», que basa su funcionamien­to en la construcción participativa del entorno urbano. En dicho encuentro se llevaron a cabo talleres de autocons­trucción, jornadas de trabajo, presentaciones de proyectos y espacios para compartir. Además, a lo largo de los años, actividades como los «Cines al Fresko», las «Pechakuchas»; eventos como «La Komuna» o el «RRCosmics», son las res­puestas ante demandas sociales que los medios comunes del sistema no satisfacen o fomentan de la manera oportu­na, creando así el ambiente ociocultural, formativo y pro­ductivo que necesitamos desde la autogestión.

Pero la Fábrika detodalaVida no es solo su historia, sino que también tiene mucho que ver con cómo ha ido for­mando parte de nuestra vida. Está siempre presente en el imaginario de todo el pueblo, al ser la estructura más alta e identificativa que se puede ver al entrar desde casi cual­quier punto, como una especie de esqueleto que nos descri­be perfectamente el paso del tiempo. Muchas de nosotras jugamos de pequeñas en los terrenos de la cementera: nos subimos a las torres, les tiramos piedras a los cristales de las mismas ventanas que ahora estamos volviendo a colo­car y encendimos alguna que otra candela. Todas hemos vivido multitud de procesos en ella, formas de entenderla, definiciones varias y gestiones dispares, algunas veces con el entusiasmo del cambio y otras con la necesidad de darles tiempo para entenderlas.

EL EXILIO OBLIGADO FRENTE AL ARRAIGO

Siempre señalamos el cierre de la fábrica en 1973 como el gran año del exilio en el que tantas familias tuvieron que abandonar Los Santos y emigrar para buscar alternativas laborales a las que se proporcionaban de forma limitada en el pueblo. Pero es igual de importante que hablemos de ese exilio continuo propio de lo rural, en virtud del que pensa­mos que irnos fuera será la solución para el paro, la falta de recursos, herramientas e, incluso, la falta de motivación. Nos enseñan desde que somos pequeñas que en el pueblo no tendremos nada que hacer, que no podemos quedarnos, que quien se queda es porque ha fracasado y quien vuelve también.

Por eso, para nosotras LFDTV es ante todo casa, como en los juegos que teníamos en la infancia. Es ese lugar donde puedes estar a salvo y donde da igual las veces que te vayas, porque siempre puedes volver. Y es que, a veces, muchas de las integrantes pasamos por procesos diferentes: tenemos que sostener nuestras propias vidas, salir a buscarnos a no­sotras y a la tan ansiada estabilidad, cuidarnos en momen­tos difíciles, luchar contra los fantasmas de la Extremadu­ra «vaciá» y «olvidá». Pero sabemos que siempre podemos volver al pueblo, a la periferia rechazada por otras muchas, a donde nos hemos criado, y a donde tenemos nuestro pro­pio refugio, el espacio donde podemos comunicarnos entre iguales, expresar nuestros sueños y proyectarlos con una comunidad.

No es tarea fácil construir una identidad dentro de la Fá­brika, ni a través o gracias a ella, pero es inevitable. La pelea interna entre querer ser «cosmopolita», para tener acceso a todo, y no olvidar el valor de dónde y cómo nos hemos cria­do; entre nombrarse como rural a pesar de los prejuicios so­bre «lo cateto» para mantener las raíces, pero defraudadas por la continua falta de alternativas. Todo eso hace que si­gamos participando del espacio, pero que a veces también tomemos decisiones como abandonar el espacio cuando de repente no nos sentimos identificadas, no va con nuestros tiempos, no aportamos lo que nos gustaría o no nos apor­ta lo que necesitamos, sin la presión de creer que ya nunca volveremos; sabiendo que somos cambiantes y dinámicos igual que el proyecto.

Por último, queremos visibilizar que los proyectos no fun­cionan igual en los pueblos que en las ciudades, y que lo rural tiene sus particularidades. Las mismas personas con las que te relacionas en el espacio son las mismas perso­nas con las que te criaste, con las que puede que tuvieras o no alguna pelea en el colegio, con las que compartiste jue­gos infantiles y no tan infantiles, con las que sales todos los días, con las que te relacionas para cualquier plan, con las que has estudiado, y con las que te desahogas cuando no puedes más. Es por eso que los procesos también son distintos y el cómo gestionamos los conflictos cambia radi­calmente cuando tenemos que pelear para cuidar(nos) más si cabe, porque el pueblo implica que si una asamblea tiene que aplazarse dos horas porque hay que ir a apoyar el ne­gocio de un amigo o la madre de una compañera está en el hospital, se hace y se adapta; y a tomar por saco los ritmos cerrados de las ciudades y de los que muchas aprendimos cuando empezamos nuestro activismo en las ciudades donde estudiamos.

Se nos vienen cosas muy bonitas en el futuro próximo: va­mos ya por el III Encuentro de Mujeres Rurales, estamos preparando el encuentro «Cuidadanías» dentro del Proyec­to Galaxia, y seguimos en marcha con nuestras actividades y talleres habituales y nuestros Fabrikando. Os invitamos a todas a visitar el espacio y a compartir nuestras formas de entender la realidad rural de nuestros procesos.

El vacío en Madrid

Centros sociales autogestionados, desalojos y afectos

Ganar y perder La Ingobernable

Un centro social autogestionado como La Ingobernable es un condensador de actividad y de creatividad urbana difícilmente comparable con cualquier otro espacio en la ciudad. Esta intensidad es algo propio de los deseos de afecto y organización colectiva alegre de las personas que habitan un territorio. No es fácil organizarse con alegría ante los retos de la vida urbana contemporánea: la precariedad, la xenofobia, la dificultad de acceso a la vivienda, a los consumos básicos, el individualismo de las formas de vida, etcétera.

Un desalojo es un proceso intenso. Hay intensidad física sobre los cuerpos y el espacio, pero también una intensidad afectiva, política. El anhelo de espacios seguros para el desarrollo de estos proyectos es un motor de superación para las comunidades que los sostienen. Condensan una cantidad de actividad muy superior a la de centros públicos gestionados por la Administración o por entidades privadas, y esa actividad, autogestionada y abierta, es un motor de afecto al tiempo que genera instituciones monstruosas para la ciudad convencional. «Un desalojo, otra okupación» es un grito que resume un deseo, una forma de estar, pero que no los agota. El vacío que genera dejar de gestionar un territorio así es una fábrica de movilización en sí mismo: la búsqueda de otro lugar para seguir cuidando la ciudad.

Treinta años de hilo. Continuidad y discontinuidad

No es nuevo, desde los años noventa se han sucedido centros sociales autogestionados en el centro de Madrid. Cada desalojo genera un vacío, pero también una latencia. Si vemos ahora cómo en hacerlaboratorio.net se recuperan archivos, elementos de memoria y formas en que la experiencia de los Labos (sucesión de centros sociales en Lavapiés entre 1997 y 2003) ha perfundido en diversas prácticas, podemos hacer evidente que la potencia de un centro social no acaba con su desalojo. Más bien, podemos ver cómo convive un carácter mutante y diverso con una continuidad de sentido. No se parece tanto a la continuidad entre windows 95 y windows 10, si no al carácter copyleft/copyfight del movimiento hacker y por una cultura libre. Es decir, se parece un poco más a la lógica de la biología: mutaciones que permiten la supervivencia de formas de vida en un ecosistema hostil. Estas mutaciones resultan ser una necesidad para la adaptación de estos procesos-territorio, de las personas que atraviesan y, desde luego, de la ciudad.

En estas décadas hemos visto a la ciudad de Madrid transmutarse en varias formas: la principal es la de la consolidación del modelo desarrollista de ciudad-Estado «a la parisina» que enunció y desplegó Alberto Ruiz Gallardón y que han consolidado los sucesivos gobiernos municipales en connivencia con el poder inmobiliario-financiero. El Madrid de la Operación Chamartín, pero también el de la colmatación del centro de la ciudad y su orientación hacia la reproducción de los capitales inmobiliarios y las formas de vida más acomodadas. A esta aceleración fuerte, hormigonada, violenta, triste, se le ha opuesto y superpuesto otra capa de la ciudad combativa, feminista, ecologista, cuidadosa, alegre. La cultura madrileña de los comunes urbanos, heredera y partícipe de la continuidad entre los Labos, los Patios, La Tabacalera, La Ingobernable (y tantos otros: el Eko de Carabanchel, la Morada de Chamberí, la Osera de Usera, el EVA, la Traba, la Quimera, la Villana, el Puesto en Construcción, Esta es una Plaza, el Campo de Cebada, los huertos urbanos, incluso el local que acaban de comprar Ecologistas en Acción y Traficantes de Sueños…), es una realidad fuerte que no solo ha afectado a la dinámica dentro de los centros sociales, sino que ha contagiado en diversas formas de hacer. El 15M y su cultura anómala, asamblearia, afectiva, múltiple, no salieron de la nada, son un elemento más de un despliegue que no ha dado referentes fuertes, pero sí una continuidad líquida, amable, muy compartida incluso por quienes no han pisado estos lugares. Desde luego esas culturas no han convergido en ningún partido político, permanecen como legado vivo en la ciudad. Un otro Madrid más frágil que la Operación Chamartín, pero cargado de verdad, de sentido y de comunidades afectivas que no pretenden confluir en una ideología hegemónica ni en una estética específica, sino compartir, cuidar y habitar infraestructuras del común con los mejores deseos y acciones posibles. Pretendemos cuidar de la ciudad y garantizar espacios de relación sanos, que luchen por dejar fuera la violencia patriarcal y fomenten otras formas de vida.

El vacío se acaba y se conquista

Podría suponerse que esta es una relación infinita entre la ciudad-hormigón de la Operación Chamartín y la elitización versus la ciudad-cuidado de los movimientos y centros sociales, pero no es así. El afán desarrollista y el dominio inmobiliario-financiero están cerca de uno de sus objetivos: colmatar la ciudad consolidada. Puede resultar una obviedad, pero la apertura de centros sociales (okupados, cedidos, alquilados o incluso comprados) depende de la existencia de edificios vacíos. En ese sentido, Madrid no es el que era. Si bien permanecen algunos (diversos) centros sociales en el centro a día de hoy, el desalojo de La Ingobernable hace patente un nuevo ciclo, marcado por la escasez de espacio y por el trabajo de deslegitimación de este tipo de proyectos que han hecho los diferentes partidos políticos.

En el Patio Maravillas de Pez 21 se abrieron una serie de vías de lo más interesante, entre las que constaban la apertura al diálogo con la propiedad del edificio y con el Ayuntamiento, de tal forma que se argumentó judicialmente la oportunidad de expropiación del inmueble y su destino para satisfacer las necesidades de espacio para el desarrollo de proyectos de intervención social positiva. Esto es, se argumentó que la ciudad es un derecho de las personas vinculado al territorio y que existen herramientas para garantizarlo. También se mantuvo una hipótesis de trabajo que atravesó diversos contextos: la de no pedir un edificio para el Patio, sino reivindicar un derecho vinculado al territorio, un centro social para cada barrio, para cada comunidad. Esta hipótesis se desarrolló desde la humildad del que fue el penúltimo Patio Maravillas, en la calle Divino Pastor (el último, en la calle San Mateo, solo duró unas horas). Un desarrollo muy productivo que supuso poner en conversación a un buen número de centros sociales de la ciudad en lo que se constituyó como la Red de Espacios Ciudadanos (conocida como la REC, espaciosciudadanos.org). La idea era proponer un marco de autodeterminación y reconocimiento de estos espacios, que finalmente el Ayuntamiento de Manuela Carmena y Nacho Murgui negó después de años de conversaciones y trabajo de toda esa red, abogando por la judicialización del conflicto y el desalojo policial de espacios como La Ingobernable frente a una solución política y al diálogo. ¿Os suena?

En el mismo espacio-tiempo, el desarrollo anómalo de un CSA como la Tabacalera de Lavapiés resulta una buena referencia por contraste: más de 10 000 metros cuadrados en un edificio incoado como bien de interés cultural que diversos ministerios de cultura (PSOE-PP-PSOE) han venido posibilitando, no solo renovando el convenio de cesión a la asamblea del CSA cada dos años desde 2011, sino cooperando en el cuidado del edificio. Lamentablemente, el ciclo de renovaciones se acaba y está en el aire la consolidación de una fórmula que resuelva la incertidumbre sobre la continuidad del proceso, acechada por futuras obras y el fantasma de la consolidación de instituciones culturales privadas internacionales en el edificio, en un barrio que, al mismo tiempo que acumula el mayor número de metros cuadrados de superficie de exhibición cultural de toda Europa, asiste a una de las más vertiginosas expulsiones de población humilde en los últimos años.

Puede que ante los ojos de la política institucional y de partidos esto sea irrelevante, pero la persistencia de clases populares y de espacios pobres en el centro de la ciudad es una gran riqueza, en peligro de extinción.

Tradición oral, memoria, archivo

El legado y la transferencia de formas de hacer dentro de un centro social, entre centros y a lo largo del tiempo se da de formas diversas. Hay centros que han comunicado mucho y otros poco. Hay trabajo de organización interna, de elaboración de marcos de relación, de comunicación hacia afuera. En el Patio Maravillas la comunicación a través de redes y en el espacio público en general ha sido determinante en su desarrollo como sujeto político (múltiple, conflictivo, autoamplificante), mientras que en La Ingobernable se han desplegado mecanismos sofisticados de amplificación de la defensa del espacio y su proceso.

En colaboración con el Instituto de Imaginación Radical y diversos agentes vinculados a centros sociales (como la propia Ingobernable, La Tabacalera de Lavapiés, EVA Arganzuela, Esta es una Plaza, La Invisible de Málaga, La Casa Grande del Pumarejo o El Asilo de Nápoles) desarrollamos lo que se llamó Máster de Comunes Urbanos, un espacio de pensamiento y acción colectivo que pretendía servir como autoformación crítica al tiempo que replantear la situación de oportunidad que podíamos leer en el contexto de una conversación abierta. La parte de autoformación colectiva y refuerzo de afectos entre espacios ha sido muy productiva a partir de entonces; la de abrir situaciones de oportunidad, no tanto. Lo que sí generó ha sido un proceso que denominamos ahora «Archivos Comunes» en base al afán de memoria que se ha venido dando en varios espacios como RTVI (Radio Televisión Ingobernable, incansable colectivo dentro y fuera de La Ingobernable que han sido claves en los últimos años: 8M, Juventud por el clima/Fridays for Future, y un largo etcétera) o CRAS (Centro Revolucionario de Arqueología Social), ocupado en documentar la realidad de La Tabacalera de Lavapiés desde la percepción de los colectivos que la habitan. Este proceso, abierto a la participación de cualquier persona interesada, ha resonado recientemente con el ya comentado hacerlaboratorio.net y ha desarrollado acciones de autoformación alrededor de la producción audiovisual, las prácticas de archivo y herramientas de empoderamiento tecnológico. Estas acciones se han desarrollado en La Ingobernable, La Tabacalera y EVA Arganzuela y tienen como objetivo principal la producción de afecto y cuidado entre personas, vinculadas o no a centros sociales específicos, interesadas en colaborar en la construcción de herramientas y reflexión en torno al asunto de la memoria de los centros sociales autogestionados y a los comunes urbanos en general.

La cuestión, desde luego, no es —solo— la producción de archivos, sino —también— la consolidación de espacios seguros para abrir, aún más, la posibilidad de continuidad de prácticas de producción de afecto, cuidado y memoria, en un contexto de amenaza política sobre la propia legitimidad de formas de vida que dejan la individualidad a un lado y socializan la alegría de la lucha cotidiana.

Espacio seguro

Okupar de nuevo, negociar cesiones, adquirir espacio en el mercado son estrategias que se han superpuesto sin consolidar formulas estables. La okupación de espacios se hace difícil en una ciudad cada vez más colmatada y segurizada, los acuerdos de cesión no han superado los marcos más frágiles y la compra/alquiler de espacios es limitada para comunidades con orgullo pobre. Este conjunto de dificultades puede parecer pesimista, pero solo define el contexto. El optimismo se hace evidente cuando comunidades renovadas, rejuvenecidas (especialmente por los movimientos feministas y ecologistas) se hacen cargo de la alegría que supone afrontar en comunidad retos de este calibre.

Puede que el futuro del territorio Madrid esté fuertemente condicionado por el extractivismo inmobiliario-financiero y por la centralidad del Estado, pero existen comunidades que renuevan la oportunidad de la lucha por el derecho a la ciudad y, seguro, la mejor creatividad está en el futuro.

Relaciones entre centros, relaciones entre ciudades… ¿Es esto interesante en Sevilla?

Los CSA son diversos. No solo entre ellos, sino dentro de cada uno. La relación entre personas vinculadas a diferentes centros aporta la riqueza del contacto y, en el símil biológico de la evolución y las mutaciones, genera evolución y afectos cruzados, fortalece lazos sociales. Como hemos comentado, en los últimos años en Madrid ha habido relaciones enriquecedoras con gentes de otras ciudades. Incluso hemos oído que en los lejanos años noventa un viaje de un nutrido grupo de personas de Madrid por los centros sociales italianos desencadenó una reconceptualización de la forma de poner en valor espacios en Madrid, la propia cosa de los centros sociales tal y como los reconocemos.

Madrid es un agujero, no solo de recursos, también de sentido. El Madrid capitalino no le es ajeno a nadie. ¿Como sería fortalecer vínculos y afectos con procesos sevillanos? ¿Es verdad que te puedes sentir andaluz en Lavapiés? ¿Por qué carajo es tan caro el AVE? Las ciudades, como los centros sociales, son diversas y múltiples, estrechar lazos afectivo-políticos entre territorios parece que sigue mereciendo la pena.

¡Las cuevas resisten!

Casas cueva de Granada. Contra la uniformización de las formas de vida

Las cuevas utilizadas como vivienda son una de las características más personales del paisaje urbano granadino. Excavadas sobre los cerros y barrancos del cinturón montañoso que rodea Granada, las cuevas aparecen en los límites de la ciudad edificada pero integradas en ella. El contraste que suponen se convierte casi en desafío. Las cuevas frente a los edificios; lo horizontal frente a lo vertical; lo orgánico frente a la cuadrícula; lo espontáneo frente a la planificación… A nivel social, el desafío es aún mayor si cabe. Moriscos entre cristianos; gitanos entre payos; anarquistas entre fascistas; los malditos entre la gente de bien.

A lo largo de la historia los barrios de cuevas de Granada han sido el contenedor de excluidos y el  refugio de minorías difíciles de someter. De una población que, por sus formas de vida diferentes y por su actitud, ha llegado a suponer una auténtica amenaza para el orden establecido y su dominación. Desde los moriscos levantiscos hasta la guerrilla antifranquista, cuando las tensiones se han agudizado, las cuevas han salido de su silencio habitual para jugar un papel protagonista, convirtiéndose en el escenario de conflictos religiosos, sociales y políticos.

En el recuerdo colectivo, las cuevas se configuran como territorio resistente. Pero, invariablemente, también se han convertido en cementerio y tumba. Cuando las tensiones han estallado por los aires, las cuevas siempre han acabado siendo el escenario de represiones brutales. El territorio de los vencidos. Tierra quemada.

El actual momento histórico por el que atraviesan las cuevas es este, el de tierra quemada. Barrios degradados física y socialmente, las ruinas de lo que fueron 50 años atrás. Y esto es así no como resultado de alguna catástrofe natural o por la falta de decoro de sus habitantes, sino como resultado de una acción política premeditada, necesaria para poder levantar su repugnante parque temático. A la devastación física y social sobre la que se levanta, el parque temático añade el borrado de la memoria incómoda de estos lugares y la sustituye por relatos fantasiosos para hacerlos más digeribles y rentables económicamente.

Si bien la parte baja del Sacromonte ya hace tiempo que fue «recuperada» en este sentido como falso decorado dispuesto para el consumo, el resto de barrios de cuevas se mantienen habitados por una población «indeseable» que supone un grave problema para el funcionamiento y expansión del parque temático. Estos habitantes, por un lado, cuestionan la imagen idílica de la ciudad y, por otro lado, suponen un obstáculo para llevar a cabo sus planes de «recuperación» y «puesta en valor». La estrategia para resolver el «problema» pasa por desalojar estos barrios, cueste lo que cueste.

La insistencia insana de los poderes públicos por desalojar y destruir los barrios de cuevas de Granada a toda costa no tiene nada que ver con supuestos argumentos técnicos de insalubridad o de inseguridad. Estos argumentos hipócritas solo intentan desviar la atención de los intereses reales y de sus propias contradicciones. Las cuevas vuelven a convertirse en territorio resistente. Escenario de conflictos.

Conflictos sociales y políticos que las cuevas ponen en juego

Vivienda

Uno de los conflictos más evidentes que la ocupación de cuevas pone sobre la mesa de nuestros gobernantes es que existe una clara necesidad de viviendas asequibles. Obviamente, la vivienda no es ningún derecho sino una mercancía más en manos de inmobiliarias, constructoras, fondos buitres, sociedades de inversión inmobiliaria, etc. Y los políticos gobiernan y legislan para favorecer a estos grupos. El Ayuntamiento de Granada desmanteló en 2015 sus políticas de vivienda protegida para destinar esos fondos a negocios más rentables, por lo que no tienen nada que ofrecer. Ante el aumento brutal de los alquileres y del precio de la vivienda (o ante otros métodos de violencia más directa como desahucios, desalojos o acoso inmobiliario), las cuevas, simplemente, se recuperan como lo que han sido históricamente: una alternativa habitacional.

– Represión

La adaptación de la ciudad a las finanzas y el turismo está teniendo altos costes en atrocidad institucional. Recientemente los juzgados han calificado al Ayuntamiento de Granada de organización criminal por sus delitos urbanísticos. Tratamos con una élite autoritaria que defiende sus intereses económicos a muerte. Y la población sospechosa que no consume y no les vota… se barre. El intento de desalojo de las cuevas del Cerro de San Miguel Alto en 2014 ejemplifica esto a la perfección. Incluso un concejal de la oposición llegó a calificar estos hechos de terrorismo de Estado. Sin órdenes judiciales, las excavadoras entraron de noche a destrozar cuevas con más de 5 siglos de antigüedad. Los antidisturbios de la Policía Local, despertaron y desalojaron a la fuerza a sus habitantes, sin dar tiempo a sacar las pertenencias personales de los hogares. Hubo identificaciones, detenciones, carga policial, hospitalizaciones, un compañero senegalés deportado (en 3 días) y a otro vecino implicado en la defensa de las cuevas decidieron utilizarlo como cabeza de turco para ejemplificar lo que le puede pasar a cualquiera que se interponga en sus negocios. Fue acusado de atentado contra la autoridad y condenado a 6 meses de cárcel y a indemnizar a los 4 policías que le pegaron una paliza. No hubo planes de emergencia social para las familias desalojadas ilegalmente y sin previo aviso. De hecho, los Servicios Sociales están actuando como una herramienta más del acoso. Entran en nuestros domicilios, donde no puede hacerlo la policía, amenazan con secuestrar a nuestras hijas por no considerar nuestras viviendas como dignas, impidiendo el arraigo y la regeneración del tejido social de nuestros barrios. Solo ofrecen tratamientos represores y punitivos. Con el fin de invisibilizar la protesta y la exclusión, la clase dirigente recurre cada vez más a la barbarie, y las cuestiones sociales son tratadas como cuestiones criminales.

– Patrimonio

En la defensa de las cuevas hemos caído en la ingenuidad de recurrir a las agencias que trabajan en el ámbito del patrimonio para intentar parar la destrucción de nuestros hogares (Unesco, Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, etc.), sin darnos cuenta de las contradicciones y de los intereses a los que se pliegan estos organismos: hemos ido a refugiarnos en las pocilgas del enemigo. Estas agencias reconocen que el turismo es un elemento peligroso para la salvaguarda del patrimonio y la difusión de sus valores. Pero, a pesar de esto, el patrimonio y el turismo son industrias colaborativas. Prevalece el consumo frente a la conservación, por lo que la función principal de estos organismos acaba siendo la puesta a punto del teatrillo para el espectáculo turístico.

Los distintos planes de «protección y reforma» redactados para los barrios de cuevas así lo demuestran. Para su «revitalización» y «puesta en valor», proponen la creación del Parque Etnológico de las Cuevas (PEPRI 2005) o la instalación de nuevos establecimientos hoteleros (PEPRI 2008). O sea, más museos (el Sacromonte ya es el barrio con más museos por habitante de toda Andalucía) y apartamentos-cueva para turistas, previo desalojo de sus habitantes. La «puesta en valor» de estos barrios se refiere, por lo tanto, a su valor mercantil.

En la patrimonialización de las cuevas no solo ocultan los conflictos presentes, sino que también borran la memoria de los conflictos antiguos. La sustitución del pasado real por otro inventado se hace en clave de folclore y cultura. Una historia hecha a medida de los vencedores, donde las verdaderas continuidades quedan ocultas. Desenterrar la memoria de estos lugares contribuye a cuestionar la dominación presente.

– Ocultación de la memoria incómoda: s. XV-XVI

Los primeros moriscos y gitanos que habitaron en las cuevas de Granada desarrollando sus costumbres lejos de la mirada cristiana, ya fueron considerados como un foco de infección y una amenaza para la consolidación del nuevo Estado. Contra ellos se dirigieron diferentes medidas de segregación, represión, persecución, expulsión y exterminio. Pero esta realidad histórica ha sido sustituida por relatos fantasiosos e imágenes idílicas congruentes con la estrategia de marca de la ciudad: una «tierra de mestizaje de pueblos y civilizaciones», ejemplo de «convivencia armónica y pacífica en la diversidad».

1936

La memoria reciente no es más idílica ni menos falsificada. La misma cruzada civilizatoria se emprende cinco siglos más tarde con el alzamiento fascista de 1936. En los suburbios proletarios la organización obrera y las ideas anarquistas tomaron tal fuerza que los sectores más conservadores desarrollaron un auténtico «pánico moral» ante la posibilidad de que el «cinturón rojo» estrangulara el centro burgués. Cuando estalla la guerra de clases los barrios de cuevas vuelven a ser territorio resistente. De difícil penetración para las autoridades franquistas, son el refugio de sus opositores. Terminada la guerra oficialmente en el 39, el proyecto de exterminio continúa en pie y surge la guerrilla. En Granada destacó la partida de los hermanos Quero, una de las pocas guerrillas que, gracias a la situación de los barrios de cuevas, actuaba en suelo urbano. Parte de los integrantes de esta guerrilla vivía en cuevas (y morirán también en ellas). Residían también familiares, amigos, enlaces e informantes, que les ofrecían la cobertura y el apoyo necesarios para hacer de estos barrios su refugio predilecto. Desde su primera acción guerrillera en la ciudad, «los hermanos Quero se convirtieron en una verdadera pesadilla para las autoridades, las cuales, empezaron a comprender que bajo la piedra de las cuevas latía un enorme sentimiento de resistencia» (Marco, J. 2019, p. 107).

La estrategia para vencer a la guerrilla consistió en eliminar el tejido social que le daba cobertura, es decir, vaciar los barrios de cuevas. La Guardia Civil había aprendido en Marruecos el valor del terror y la brutalidad como armas contra la población civil. Y el mismo terror se utilizó contra estos barrios. Desde las cuevas «los falangistas granadinos bajaban largas filas de personas humildes maniatadas con destino a las paredes del cementerio para ser fusiladas, ante los lamentos, gritos de dolor e impotencia de sus esposas, hijos, familiares, conocidos y vecinos, un crimen» (Ruiz, F. 2010, p. 167).

A la limpieza de las «cloacas marxistas» le siguió una operación de maquillaje, centrada en la recuperación de los valores patrios, el tipismo granadino y el folclore. Pues la represión y el terrorismo de Estado son difíciles de vender. Sobre todo si los que despliegan el parque temático son los descendientes de los asesinos.

1963

En 1963, con la excusa de unas inundaciones, se lleva a cabo un desalojo forzado y masivo de todos los barrios de cuevas y se destruyen parte de ellas para que no vuelvan a ser ocupadas. Estas actuaciones de desalojo y realojo (más de 12 000 personas desalojadas) han sido calificadas por el propio ayuntamiento que las llevó a cabo como «una de las etapas más negras del comportamiento de esta ciudad con la población» ya de por sí más castigada. No fueron decisiones técnicas a partir de criterios de inseguridad física, sino decisiones políticas. Esta medida político-administrativa de iniciar un desalojo masivo de las cuevas con carácter definitivo, obedece a intereses muy concretos. Por un lado estamos en pleno boom urbanístico. El crecimiento de Granada es irracional y devastador (y muy rentable para la clase dirigente) y su expansión se apoya en el vaciamiento de los espacios históricos sometidos a degradación (el viejo casco urbano y los arrabales trogloditas). Por otro lado, se aprovecha para completar, de una vez por todas, la operación de higiene social de los suburbios proletarios, justo en el momento en que la «paz» social de la dictadura se resquebrajaba.

-Cierre

Hoy como ayer, desde las cuevas donde habitamos quisiéramos cuestionar la ciudad que tenemos enfrente. Desafiar a la ciudad capitalista y su lógica criminal. No queremos solo un agujero donde caernos muertas. Apropiarse de los espacios habitables ya no es suficiente, queremos juzgarlos posibles para un mundo diferente, desviarlos del uso que el capital les tiene preparado. Sabemos que esta lucha contra la privatización y mercantilización del territorio transcurre en condiciones fascistas. El tejido social y la tradición de rebeldía que podía haber hecho frente al despliegue del parque temático ha sido eliminado. Nosotras apenas somos un estorbo que ensucia la imagen de postal. En estas circunstancias, el simple gesto de habitar ya parece radical. Como topos, esperamos que los agujeros que abrimos en el subsuelo de Granalandia socaven sus podridos cimientos hasta que se desmorone por su propio peso.

Nota bibliográfica:

Urbanismo, espacio y dominación. VVAA. La Neurosis o las Barricadas. Madrid (2013)

Comedores escolares saludables por el clima

Nuestra alimentación, y de forma más amplia la agricultura y la ganadería, es uno de los sectores claves en la situación de emergencia climática que padecemos. En agosto de 2019, el IPCC (grupo de expertes de la ONU) publicó su informe especial Climate change & Land, sobre las relaciones entre el cambio climático, la degradación de los suelos, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero (GEI) en los ecosistemas terrestres. El informe establece que un 23% de todos los GEI que expulsa el ser humano procede de la agricultura, la silvicultura y los usos de la tierra. Pero si se añaden las emisiones asociadas a la producción mundial de alimentos, esa cuota puede llegar hasta el 37%. Estudios realizados por otras organizaciones han calculado una contribución aún mayor del sistema agroalimentario global, de entre el 44 y el 57%.

Además de esta ingente huella climática, el informe alerta de los daños en la productividad del sistema agroalimentario, consecuencia del cambio en los patrones de precipitación y del aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, derivados ambos de la crisis climática. Las proyecciones no son buenas, previéndose un aumento en la frecuencia e intensidad de las sequías, particularmente en la región mediterránea y en África meridional, afectando así a la seguridad alimentaria de la población. 

Así, el IPCC urge a poner en marcha múltiples acciones que ayuden tanto a contrarrestar la creciente degradación de los suelos y ecosistemas terrestres, como a reducir las emisiones GEI derivadas de su manejo. Muchas de ellas tienen que ver con la alimentación: prácticas agronómicas sostenibles para la producción de alimentos (incluyendo la agricultura y ganadería ecológicas, que incrementan los niveles de carbono en los suelos y reducen las emisiones GEI vinculadas a la fertilización mineral o las grandes densidades ganaderas); impulsar hábitos de consumo sostenible y saludable; la adopción de «dietas equilibradas» basadas en alimentos de origen vegetal, como cereales, legumbres, frutas y verduras, y un consumo moderado de alimentos de origen animal; o acciones para reducir el desperdicio de alimentos, responsable por sí solo de entre el 8 y el 10% de las emisiones GEI de todo el sistema agroalimentario.

Algunos trabajos han evaluado precisamente el potencial de reducción de emisiones GEI de algunas de esta medidas: si la agricultura devolviese la materia orgánica al suelo, se podrían neutralizar el 20-35% de las emisiones actuales; con la integración de la ganadería con la agricultura, se podría reducir otro 5-9%; con la promoción de circuitos cortos, un 10-12% adicional; y parando la deforestación, un 15-18%. En total, entre un 50-75% de las emisiones del sistema agroalimentario.  

Por lo tanto, algo tan cotidiano, simbólico y universal como la alimentación es una de las herramientas estratégicas a nuestra disposición para combatir la crisis climática. Si bien nuestro consumo en hogares u hostelería está fuertemente condicionado por las decisiones individuales, hay un importante (y creciente) sector, el de la restauración colectiva, en el que las administraciones tienen una gran influencia para fomentar dietas más o menos sostenibles. En concreto, más de 1,8 millones de estudiantes de todas las etapas educativas no universitarias utilizan a diario (¡cerca de 200 días al año!) los servicios de comedor escolar en el Estado español. El 64% de los centros educativos ofrecen este servicio, determinante en un país con cifras récord en obesidad y sobrepeso infantil, y con un mercado laboral que tan pocas facilidades da para la conciliación familiar. Siendo utilizado por el 43,7% del alumnado de Educación Infantil y el 34,2% del de Primaria, el comedor escolar debería tener además una función educativa central que, en la práctica, ha quedado relegada a un papel marginal en la mayoría de los casos, como consecuencia de varias tendencias promovidas por las administraciones autonómicas, quienes determinan cómo se presta el servicio, su financiación, etc.

Dos factores destacan sobre todos los demás: la apuesta por el sector privado y el cierre de cocinas en escuelas y colegios, con los que las administraciones persiguen abaratar el coste del servicio. En el 81% de las escuelas y colegios es una empresa privada la que gestiona el comedor escolar (el 100% en varias comunidades como Madrid o País Vasco), mientras que solo un 36% tiene cocina en el propio centro. Esta externalización creciente y dominante crea un abismo entre los comedores escolares y los proyectos educativos: con menús marcados por una empresa a partir de criterios definidos por la consejería de turno, con monitoras precarias cuidando a les comensales sin apenas participación del profesorado o familias, y sin una cocina ni cocineres que, de existir, podrían ser partícipes de dicho proyecto (que por ejemplo aborde la crisis climática fomentando menús de temporada, un mayor consumo de verduras y menor de carnes) y adaptar los menús a las singularidades y objetivos educativos de cada comunidad.

Pero además, la mercantilización de la alimentación escolar resulta determinante para sus implicaciones medioambientales. La concentración creciente del sector en cada vez menos empresas (tan solo cuatro multinacionales se reparten el 58% de los comedores escolares en el Estado, muchos de ellos alimentados por grandes cocinas centrales desde los que salen miles de menús al día destinados a escuelas, residencias de mayores, centros de trabajo, etc.), hace inviable un suministro de alimentos descentralizado basado en granjas de proximidad, lo que reduciría las emisiones derivadas del transporte de los alimentos; así como una necesaria «personalización» de los menús a las preferencias de cada centro (aspecto determinante para reducir la cantidad de comida desperdiciada). ¿Y qué hay del consumo energético de la «línea fría», en el que los menús son enfriados a entre 0 y 4 ºC inmediatamente después de cocinados, transportados —a veces cientos de kilómetros— y conservados a esa temperatura durante días —incluso semanas—, para ser finalmente calentados en las escuelas antes de sus consumo?

Con un sector mayoritariamente delegado al sector privado, la entrada en vigor de la nueva ley de Contratación Pública en 2018 podría a priori paliar la alarmante carencia de criterios sociales y ambientales existente en la mayoría de normativas y estrategias sobre alimentación escolar y prevención de la obesidad (estrategia NAOS, programa Perseo, etc.) que sí incluyen aspectos nutricionales e higiénico-sanitarios. Dicha ley ha introducido modificaciones importantes en los procesos de licitación, como el principio de mejor relación calidad-precio, la introducción de criterios sociales y medioambientales, y la mayor transparencia.

No obstante, existe un temor entre múltiples actores agroecológicos en la eficacia de las medidas de la nueva ley, por varios motivos: 1) que las administraciones incumplan la obligatoriedad de incorporar criterios socioambientales, tal y como ya ha denunciado la Mensa Cívica; 2) que la complejización de los procesos derivados de los nuevos criterios perjudique a los actores económicos pequeños (como productores o pequeñas gestoras de colectividades), con menor capacidad de responder a exigencias administrativas o sistemas de monitoreo socioambiental frente a grandes empresas; 3) la muy limitada capacidad de las administraciones de supervisar la ejecución de los contratos y garantizar el cumplimiento en la práctica de unas mejoras medioambientales o sociales recogidas en el papel pero cuya ejecución complejiza o encarece el servicio.

Comedores escolares sostenibles y saludables para enfriar el planeta, ¡y mucho más!

Frente a esta dinámica de degradación de la alimentación escolar, cada vez en más territorios de la geografía española se ponen en marcha campañas o programas de defensa y mejora de los comedores escolares. Iniciativas que persiguen múltiples y complementarios objetivos, como reivindicar o potenciar la importancia de los comedores como espacio y recurso educativo, así como por su relevancia en la salud de los escolares y su papel estratégico para fomentar sistemas alimentarios más sostenibles.

Campañas activistas o sindicales, programas impulsados desde algunas administraciones públicas o proyectos de innovación social, vienen alimentándose de —y a su vez alimentando— una serie de hitos y dinámicas crecientes de cooperación entre diferentes actores (educativos, Ampas, ecologistas, agroalimentarios, académicos, etc.), tanto a nivel local como regional y estatal.

En Madrid, la cooperativa Garúa viene desde 2013 impulsando la transición agroecológica en más de 30 centros escolares. La transformación de los menús escolares, y la sensibilización y movilización de las comunidades escolares a favor de dietas con baja huella de carbono, es uno de los pilares de nuestro trabajo que se apoya —junto a la intervención directa en los centros— en la creación de diferentes materiales prácticos y pedagógicos disponibles en el banco de recursos en internet alimentarelcambio.es. De nuestro trabajo compartido con la fundación Fuhem (proyecto «Alimentando otros modelos»), y la fundación Daniel y Nina Carasso (proyecto «Alimentar el Cambio»), destacamos algunos aprendizajes.

Las comunidades educativas constituyen un entorno estratégico, pues son colectividades amplias donde conviven una pluralidad de actores y cuya composición es muy heterogénea, siendo una de las muestras más significativas de la diversidad de nuestras sociedades. Ante la inercia, la resignación y el menosprecio, conseguir que una comunidad educativa cambie de forma significativa la percepción de un problema como la huella climática de la alimentación y genere nuevos consensos; que reorganice su funcionamiento implicando a una parte significativa de la misma, y que desarrolle cambios en los menús, las políticas de compras, la gestión de las cocinas, los contenidos formativos o las celebraciones escolares, supone un enorme éxito.

Estas transformaciones comunitarias serán indudablemente conflictivas: donde algunas familias ven un aventurismo revolucionario, otras ven pasos insignificantes. El gran reto es conseguir y poner en valor los cambios institucionales que implican colectivamente a miles de personas, asumiendo que transformar realidades complejas exige de procesos sostenidos en el tiempo. A modo de ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid se comprometió en 2016 a introducir progresivamente grupos de alimentos ecológicos y circuito corto en su red de escuelas infantiles municipales 0-3 años, que en el curso 2019/20 está formada por 69 centros públicos, sumando más de 7500 alumnes y varios cientos de trabajadores. La continuidad de esta línea política es precisamente incierta a raíz del cambio de gobierno en 2019. Estos proyectos van a a exigir la necesidad de experimentar con nuevos enfoques y herramientas, donde la dimensión pedagógica (actividades didácticas, comunicación, formación específica para los distintos actores,etc.) se combine con transformaciones prácticas (cambios en los menús, políticas de compras, grupos de consumo, huerto escolar,etc.).

Los proyectos de comedores escolares saludables y sostenibles tratan de llevar la agroecología a la mesa, tanto en su acepción metafórica como literal. En la parte metafórica suponen socializar el conocimiento y las propuestas ligadas a la agroecología entre el conjunto de la comunidad escolar, haciendo que se compartan nociones como agricultura ecológica, canales cortos de comercialización, proximidad, temporada, comercio justo o dietas menos cárnicas. Unos saberes que se comparten dentro del aula y en el comedor, en talleres con equipos de cocina y profesorado, en negociaciones con la empresa gestora, con la comisión de comedor, el AMPA y las comunicaciones a las familias. Y es que más relevante que sustituir unos productos por otros es cambiar los imaginarios culturales.

En la parte literal se trata de aprovechar las potencialidades que ofrece dar de comer diariamente a miles de personas para que la compra de alimentos realizada desde la Administración apueste por reconstruir circuitos económicos alternativos con pequeña y mediana producción lo más local posible, fomentar la alimentación ecológica o introducir nuevas recetas y menús, como vías para (entre otros beneficios) mitigar el cambio climático. El desafío es lograr que la comida que se sirve en los comedores alimente otros modelos nutricionales, agrícolas y socioeconómicos. 

El Corral de San Antón

La calle san Antón, antiguamente conocida como Corral de san Antón, alberga en su número 5 al único corral que sobrevive, a duras penas, entre las calles del barrio de san Miguel de Jerez. Sus orígenes no están fechados con exactitud. Hay historiadoras que creen encontrar elementos del siglo XVIII y otras, sin embargo, que lo trasladan a finales del XIX e incluso principios del XX.

Claro exponente de la arquitectura popular, su valor reside fundamentalmente en su carácter etnológico, es decir en las formas de vida asociadas a este. La construcción horizontal en la que las casas se miraban unas a otras a los ojos y con multitud de zonas comunes, facilitaba que estas formas de vida se cimentasen en relaciones más colaborativas y cooperativas. Sin romantizar estas épocas a las que no les fueron ajenas el dolor y las injusticias, colocamos a estas casas y a los barrios que las albergaban, como cuna de una cultura popular de la que nos sentimos herederas. Los oficios artesanales, la cocina de la abuela o el flamenco, por ejemplo, tienen en estos espacios su lugar en la historia. Y la transmisión oral de saberes fue su vehículo. Este carácter etnológico es básico para comprender nuestro proyecto en esta época del patrimonio del selfie (o autoretrato), que viene a ser « considerar como bien patrimonial solo aquello ante lo que me puedo fotografiar». Y es que está claro que si un turista pasea por el barrio de san Miguel, es difícil incluso que se adentre por estas calles e impensable que se fotografíe frente a la fachada de nuestra casa. Sin embargo, los oficios, las formas de relacionarnos, las fiestas, los rituales, los saberes, la gastronomía, los modos de expresión, todo eso también forma parte del patrimonio, del patrimonio inmaterial o intangible.     Esta cultura del selfie puede ser el cenit de la cultura de la imagen, de la apariencia, de la sustitución o del espectáculo, como nos diría Debord, y es causa directa de que pensemos que solo debemos otorgar la categoría de bien patrimonial protegible sin discusión alguna a aquello que nos parece extraordinariamente bello, por el simple hecho de ser bonito, y conservar así solo aquello que lo hace parecer bonito. Pero ¿realmente estamos conservando la identidad de aquello que es patrimonial? El ejemplo más claro de esto en nuestra ciudad es el de las zambombas. Hace escasos años que fue declarada bien de interés cultural y, sin embargo, ¿es la zambomba de hoy en día la que recordamos de tiempos atrás? A esto nos referimos con una cultura de la sustitución, de la apariencia, de cómo lo que hoy protegemos es tan solo la apariencia de aquello que algún día fue y un reclamo turístico y de consumo más.   Este argumento de la cultura del selfie nos puede trasladar a esa leyenda tribal que nos cuenta que la fotografía te roba el alma. La magia de la fotografía hace posible presentar nuestro cuerpo despojado de su ente metafísico, sin vida, sin identidad, sin definición, sin biografía. Y en estas nos encontramos, en intentar darle vida al cuerpo objeto fotografiado.   La vida en las casas de vecinas, como en los barrios que las albergaban, nada tiene que ver con las formas asociadas a las nuevas urbanizaciones de unifamiliares. Así, cuando hablamos de ciudad no lo hacemos (únicamente) en términos físicos o estéticos, sino que (también) nos referimos a ese patrimonio inmaterial al que apuntábamos. Una frase nos ha acompañado desde el principio de esta andadura: «no eliges un tipo de casa ni un modelo de ciudad; lo que realmente eliges es una forma de vida». Por tanto, la ciudad también debe ser explicada en términos de relación y entendemos el urbanismo como la relación de quienes viven con el espacio en el que viven. Esto no es un factor único, sencillo e intrascendente, sino que el desarrollo urbanístico de la ciudad tiene enormes consecuencias en la política, en lo social, en lo cultural, en lo económico… Así, estamos pasando de un modelo de ciudad (la de los barrios históricos como san Mateo o san Miguel) que de manera intrínseca conlleva relaciones más colaborativas, cooperativas, a otro modelo de ciudad (el actual de unifamiliares y urbanizaciones cerradas-privadas) en la que prima el individualismo.   A día de hoy, ya podemos valorar las consecuencias de la globalización al margen de las consabidas de naturaleza económica: las ciudades, a modo de supermercado, se nos presentan como expositores de una gran superficie comercial y pierden por completo sus identidades. ¿Podría, por ejemplo, haber surgido, o haber resistido, el flamenco con la estructura de este nuevo modelo de ciudad? No nos imaginamos el flamenco surgiendo en una urbanización privada, con calles cerradas, en las que solo transitan coches, y en una unifamiliar. Jerez presume de duende y el duende está noqueado, contra las cuerdas. Nuestro trabajo, en definitiva, no es el de la defensa de estos saberes, sino el de la rehabilitación y consolidación de las estructuras que los hacen posibles.   Una de las características más agresivas de estos nuevos modelos de ciudad es la eliminación de los espacios de encuentro (tanto en lo privado, con la desaparición o la reconversión de las casas de vecinas, como en lo público). En las últimas décadas nuestras ciudades se han transformado, primando un modelo de ciudad ligado al capitalismo, en el que la rentabilidad económica es el eje sobre el que gira. Así, el espacio público se ha convertido en mero nexo de unión de mercancías en lugar de ser un punto de encuentro, un espacio dialéctico; y la calle se considera tan solo el camino para ir a trabajar o a consumir. Este lugar de encuentro ha ido siendo conquistado lentamente por la privatización del espacio público y ahora vemos cómo solo nos relacionamos en las calles o en las plazas de nuestros centros cuando el espacio ha sido privatizado en forma de terraza de bar. Hablar de el Corral de san Antón es hacerlo también de su alter ego, la asociación el Arrabal de san Miguel, cuyo trabajo de barrio ha quedado sobradamente demostrado en su corta pero intensa existencia, con actividades como las «Jornadas de uso del espacio público» o la denuncia del abandono del solar que une las calles san Antón y Pollo. En estos trabajos hacemos hincapié en la necesidad de pelear estos espacios de encuentro en los que los vecinos y las vecinas del barrio puedan volver a relacionarse. Este es un barrio, el de san Miguel, con dos núcleos poblacionales muy diferenciados (población autóctona de edad avanzada y una nueva población inmigrante), en el que apenas hay lugar para conocerse y compartir, y en cuya vida el Corral de san Antón quiere verse integrado y realizar actividades que sirvan de herramientas para la conexión tanto generacional como multicultural. En el ámbito privado también se eliminan los puntos de encuentro. Nuestra educación nos hace entender el mundo dividido en dualidades: lo bonito y lo feo; lo bueno y lo malo; la verdad y la mentira. En los últimos años ha resurgido un debate de mucha importancia histórica en la teoría política: lo público versus lo privado. Sin embargo, la forma de gestión que realmente está siendo derrotada es la que se escapa de todo tipo de control: la popular. Ese era el caso de las casas de vecinas, en las que los espacios comunes eran integrados en el día a día de la vida personal, pues se compartía hasta la cocina y los baños. Volvemos a resaltar que no queremos romantizar la vida en estas casas de vecinos, pero la estructura de estas forjaban un carácter que nada tiene que ver con la creciente atomización de la sociedad. Así, por ejemplo, cuando no había para que todas las vecinas hicieran un guiso, cada vecina compraba uno o varios de los ingredientes del plato y entre todas hacían una gran olla para repartir, tal como nos cuentas antiguas vecinas de nuestro barrio.   El proyecto de rehabilitación del Corral se sustenta en su conversión en un espacio para el barrio y para la ciudad; un lugar de encuentro para los movimientos sociales y para la economía combativo-colaborativ,a y, sobre todo, un espacio para la cultura crítica, alejada de los objetivos de los cánones de mercado. Es por todo ello que el Corral no es un simple espacio en el que convivirán distintos proyectos, sino que se entenderá en su común, como un espacio colaborativo y cooperativo en el que todas las personas que participen deben crecer.   Aún en fase de rehabilitación, el Corral contará con tres zonas: Por un lado, una estable de trabajo. No era difícil ver que los bajos de estas casas servían de esparterías, estererías, platerías, zapaterías, talleres de relojería, carpinterías, sombrererías, tapicerías, y que la transmisión oral de saberes permitía que los niños y las niñas de estas casas y de las de alrededor, aprendieran y heredaran estos oficios. Los oficios se han transformado mucho, pero la cooperación, el aprendizaje y el crecimiento colectivo, deben guiar estos espacios tal como en muchas ocasiones ocurría en aquellas antiguas casas. Por otro lado, un local multiusos para asambleas, ponencias, jornadas, talleres, cine-club, presentaciones de libros, sala de exposiciones, etc. Este espacio se encuentra en un estado bastante avanzado en su fase de rehabilitación, lo que ha posibilitado que en los últimos meses hayamos podido hacer ya un uso provisional de él: el Festival de Cultura Compartida; la presentación de la revista La Madeja; unas jornadas sobre migrantes y refugiadas; un ciclo de cine feminista; un taller de serigrafía y otro de fanzines; o la creación de un grupo de masculinidades, han sido algunas de las actividades que ha acogido nuestro local multiusos en los primeros meses de este año. La idea  es que este espacio sirva para todo aquel colectivo que lo necesite, que se coordine una agenda común y se posibilite el encuentro con otros colectivos. Toda persona que haya participado en los movimientos sociales de nuestra ciudad sabe lo complicado que es encontrar lugares de encuentro para nuestras actividades, cuya asistencia se reduce en la mayoría de los casos a las personas integrantes del colectivo organizador. Así, pretendemos que la asistencia a las actividades pueda ser más diversa y crear ese espacio de encuentro que tanto anhelamos. Y por último, un mercado social librería-cafetería. La cafetería nos dará un elemento clave: la cotidianidad, y, con ella, la posibilidad de crear relaciones de afinidad basada en los cuidados, un espacio en el que nos encontremos de manera natural, que propicie unas relaciones de confianza que se nos hacen necesarias. Con el mercado social pretendemos facilitar el acceso a los productos de economía social de nuestra ciudad. La librería, por su parte, será una librería vinculada a los movimientos sociales y a la formación de una conciencia crítica, en la que cada libro será como un ladrillo de la casa que entre todas vamos a construir. De esta casa: el feminismo, los movimientos migratorios, la ecología, la salud, la política antiautoritaria o la cultura crítica, no serán invitados, sino que serán algunos de sus habitantes, y un gran salón será su lugar de reunión. Tampoco dejaremos de lado la decoración de la casa y haremos de la belleza estética otro de los frentes de reapropiación. De momento ya contamos con una pequeña distribuidora de la mano de nuestras amigas y amigos de Libros de la Herida, Cambalache, Traficantes de Sueños y Virus. Hablamos de socializar el espacio y no de alquilar talleres. No queremos crear proyectos que no tengan nada que ver unos con otros, sino que queremos hacer visibles otras formas de trabajar en las que la cooperación, la autogestión y el apoyo mutuo sean ejes vertebradores. Es necesario caminar hacia la reapropiación de la economía y lo económico. Hablar de economía ha sido siempre un tabú para ciertos sectores de los movimientos sociales y políticos antiautoritarios, al tener la extraña sensación de que la economía es algo de lo que solo deben hablar los de derechas o aquellos regímenes autoritarios, mientras nosotras seguíamos mendigando por un trozo de pan y vendiendo nuestra fuerza de trabajo a aquellos contra los que luchamos. Sin embargo, la economía es algo que creamos entre todas y que existe desde mucho antes de que existiera el capitalismo. Un reparto equitativo de la economía debe ir de la mano del resto de luchas (feminista, anticapitalista, antiautoritaria, ecologista, etc.) y estas no deben olvidar el aspecto económico. Queremos educar en la economía social y cooperativa, dándole el significado que pensamos que debe tener, es decir, reapropiarnos del concepto y de las realidades económicas usurpadas por el capitalismo y, por tanto, hacer de la economía uno de nuestro campos de batalla. Queremos, a su vez, colaborar en la consolidación de aquellos proyectos que trabajan desde esta perspectiva. Una solidez del común que no permita que lo individual vaya cayendo poco a poco y que sí permita, en la medida de lo posible, crear realidades que faciliten nuestra salida del mundo laboral asalariado, explotador y asesino. El Corral, en definitiva, es una necesidad política, social y cultural. El Corral es la necesidad de la belleza de los corazones en llamas.

La transición energética será ecofeminista o no será

¿De qué hablamos cuando hablamos de energía?

La concepción de la energía es cultural. Si buscamos su definición en la Wikipedia, nos encontramos con que, desde las ciencias de la tecnología y la economía, se refiere a un recurso natural, incluyendo a la tecnología asociada para poder extraerla, transformarla y darle un uso industrial o económico. Buen ejemplo de ello sería el petróleo.

Sin embargo, existen sociedades radicalmente distintas que consideran a este último como la sangre de la Tierra. Un ejemplo de ello son los U’wa, habitantes de las profundas selvas del oriente colombiano, que amenazaron con un suicidio colectivo si su territorio era intervenido por la industria petrolera. Bajo su cosmovisión promovían su lema: «El petróleo es ruiría y ruiría es la sangre de la Madre Tierra… tomar el petróleo es para nosotros como matar a nuestra propia madre».

La energía, por tanto, va mucho más allá de un concepto físico que se mide en julios, pues es un elemento también social, político, económico y cultural. No se puede entender sin el contexto en el que se usa y se extrae.

En términos generales, la energía que consumimos podemos agruparla en la producida por los propios cuerpos  —endosomática— a partir principalmente de la alimentación. Y la generada fuera de estos —exosomática—. Los debates actuales de expertxs en transición energética ponen el foco, no casualmente, en esta última.

De esta forma se invisibilizan una serie de flujos energéticos necesarios para el mantenimiento del actual modelo económico-energético y, sobre todo, de la vida. Aquí nos encontramos con los trabajos de cuidados, llevados a cabo de forma mayoritaria e injusta por cuerpos feminizados. Estos trabajos comprenden una parte material, como puede ser la preparación de alimentos, entre otros. Pero también una parte relacional y emocional tan reclamada por el movimiento feminista: necesitamos amor y afectos para vivir. Esto también es energía, y de la buena.

Un modelo que expolia territorios y cuerpos

Sin embargo, como decimos, el discurso dominante se centra en la energía exosomática. Históricamente siempre ha estado presente el fuego —producido por la combustión de la madera en un primer momento, después turba, carbón, petróleo y gas—, siendo también antiguo el uso de las energías renovables de origen solar. Pero recientemente ha cobrado especial importancia un vector energético: la electricidad, pudiendo utilizarse esta como trabajo, calor y luz.

Así, este vector se ha tornado tan importante que se han llegado a crear grandes monopolios en torno a su control. Ello se ha traducido en una lucha sin fin por el dominio de los recursos materiales y del territorio, así como del cuerpo de otras personas.

Sin embargo, esto no es nuevo. El control de la energía ha sido a lo largo de la historia el control de las fuentes (recursos y territorio) y de los vectores (trabajo humano y trabajo animal). Es imposible entender el momento actual de consumo energético sin los procesos de colonización de los países del Sur Global en su momento, y los de neocolonización actuales. Un ejemplo de estos son los tratados de libre comercio (TTIP, TISA o el CETA) que afectan de forma agravada a la población femenina, así como a otros colectivos en una situación vulnerable.

Entre los muchos derechos que se pierden con ellos, se encuentran los energéticos y la construcción de la soberanía energética de los pueblos, que se ve amenazada por la acentuación del modelo fósil y mercantilizado, la posibilidad de ampliación de la frontera extractiva (fracking, arenas bituminosas, etc.). Además de la amenaza que suponen estos tratados y políticas para los procesos de remunicipalización de los suministros, ya que facilitan el terreno para que las empresas lleven a los Estados y administraciones ante los tribunales de arbitraje (ISDS).

La consecuencia directa de estos impactos es que aumenta la vulnerabilidad y hace falta cuidar todavía más. Los impactos del modelo energético —y socioeconómico— nos muestran cómo degradamos el planeta a la vez que excluimos más vidas, precarias y abandonadas a su propia suerte o a la de las personas de su entorno, que las acaban sosteniendo. A la vez, en contextos de precariedad se acentúa la búsqueda de apoyo en redes de soporte mutuo que pide una mayor inversión de tiempo en tareas de cuidados, que principalmente asumen las mujeres.

La historia de la humanidad puede ser detallada, por tanto, a partir del funcionamiento de las sociedades y sus ciclos energéticos. Estos se basan en el agotamiento de unos recursos y en una fe ciega en la tecnología para que invente una nueva forma de acceder a ellos. A través de esta visión se invisibiliza el límite de los recursos tanto del planeta como de las personas y de las externalidades que estos procesos conllevan: crisis alimentarias, conflictos medioambientales, guerras, etc., allí donde la población cada vez es más vulnerable y necesita mayor asistencia. Se solapan de esta forma la crisis ecológica con la crisis de cuidados.

Unido a todo ello se suma la creencia de que, ante la superación de los límites físicos del planeta debido a los altos consumos energéticos, la solución estará una vez más en la tecnología. Además, ante percepciones de mejoras basadas en la creencia de que si algo es bueno, entonces más de lo mismo será mejor, aceptamos el crecimiento continuo de la producción, de la movilidad, del consumo y del comercio internacional. Incluso en ocasiones, las alternativas que se presentan desde este paradigma como sostenibles, pueden tener efectos negativos en el bienestar humano y del planeta.

Un ejemplo de esto último es el caso de los biocombustibles: si bien en cantidades pequeñas podrían jugar un papel importante para garantizar las necesidades de movilidad en unas sociedades que limitaran su transporte, en un marco como el actual, su generalización resulta físicamente imposible. Además, sus implicaciones ecológicas y sociales (deforestación y hambre) pueden ser mucho más desastrosas que afortunados sus pretendidos beneficios.

A pesar de todo ello, el debate actual sobre la transición energética, vuelve a centrarse en una sustitución tecnológica: energías renovables. Sin embargo, está comprobado que si bien estas energías serán necesarias, no son la solución, ya que el equilibrio energético del planeta depende también de la energía que llega del Sol. Además, los sistemas de captación de éstas dependen de unos materiales finitos y por tanto no puede asegurarse su permanencia en el tiempo. Con lo que, aunque serán útiles, la solución que se hace urgente debe contemplar un decrecimiento energético en el Norte Global.

Propuestas ecofeministas desde la energía

Así, parece que las dimensiones más relevantes a abordar para una transición sostenible y justa son: (1) cambio de matriz productiva hacia energías renovables descentralizadas, esto es, producción a pequeña escala y cerca del punto de consumo, (2) un descenso del consumo en el Norte Global y (3) la construcción de un modelo basado en la justicia, la participación y la soberanía energética. Esta última reside en la capacidad de una comunidad de gestionar la producción de la energía que consume. Esto se contrapone a cualquier modelo de producción centralizado y en manos de pocas personas o empresas.

Sin embargo, desde una lógica ecofeminista se va más allá. De igual forma que por parte del ecologismo se denuncia la explotación de la naturaleza al considerarla como recursos infinitos apropiables, el feminismo pone encima de la mesa la explotación de los cuerpos feminizados, los cuales han sido, y siguen siendo, fuentes energéticas indispensables para el sistema. Ambos paradigmas se unen y confrontan a través del Ecofeminismo que propugna un modelo económico ligado a la sostenibilidad de la vida, humana y no humana.

Por ello, al hablar de energía, la propuesta ecofeminista la considera como un bien público y un derecho social y por tanto es imprescindible priorizar su uso para abastecer de manera equitativa las necesidades básicas de la población. Por lo que habrá que preguntarse: ¿qué necesidades sociales tenemos?, ¿cuáles son los trabajos que están sosteniendo la vida?, ¿y los necesarios para garantizar vidas dignas? Abastecer estas necesidades y trabajos debería ser la prioridad esencial en la distribución energética, por encima de la obtención de beneficios económicos.

El cambio cultural se torna entonces clave en todo este proceso. Es necesaria una combinación de experimentación y reflexión, de crítica y pedagogía. Como se señala desde el pensamiento crítico ecofeminista, el hecho de que los seres humanos vivamos de espaldas a nuestra supervivencia viene determinado principalmente por dos elementos articuladores de nuestra cultura: la desvalorización de los trabajos de cuidados, promovida por el patriarcado, y el tratamiento de la naturaleza como recurso apropiable, desde el antropocentrismo.

Es hora de que las sociedades europeas (y otros sectores del Norte) se empiecen a cuestionar también el sistema cultural. Es necesario aprender de otras experiencias y saberes de distintas latitudes que nos pueden proporcionar enseñanzas básicas para nuestra propia supervivencia y para la construcción de un modelo centrado en el mantenimiento de la vida, también en el energético.

Para ello, una vez más, el papel de las mujeres es primordial. Estas, junto con otros colectivos vulnerabilizados, son las que más sufren los impactos de las políticas energéticas neoliberales. La desigualdad de género es un factor de riesgo para sufrir pobreza energética, o un obstáculo para exigir la plena participación y poder de decisión en los temas referidos a la energía. Factor que es interseccionado con otros como la edad, diversidad funcional, tipo de vivienda, municipio, país o continente en el que se viva.

Sin embargo, también son ellas las que a partir de esas discriminaciones han creado experiencias únicas de superviviencia que pueden insertarse en proyectos emancipadores. Debido a sus papeles de cuidadoras, poseen un conocimiento real y situado de las necesidades de abastecimiento energético de sus comunidades y de cómo afrontarlas manteniendo además una relación armoniosa con los ecosistemas donde viven.

La Red de Mujeres por una Transición Energética Ecofeminista

Así, conociendo el modelo energético actual, siendo conscientes de las ausencias presentadas y del camino ya construido pero no suficiente, desde el ecofeminismo proponemos nuevas maneras de relacionar las necesidades energéticas con los recursos naturales.

Sin embargo, como hemos visto, este modelo actual además de oligopólico, ecocida e injusto, es machista y falocrático. Y de esto último no se habla. Ello supone que, tanto en los espacios de poder del sector eléctrico tradicional, como en aquellos en los que se están articulando propuestas de cambio de modelo, se reproducen conductas y prácticas que profundizan en las desigualdades y crean barreras a nuestra participación como mujeres.

Todo ello, unido a la creación de la comisión de 14 expertos —todos hombres—, seleccionados por el Gobierno, oposición, CCOO y UGT en 2017, colmó el vaso de la indignación común de mujeres profesionales y activistas de la energía. Y siguiendo la premisa de defender la alegría, organizar la rabia, se llevó a cabo el I Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía, en el 2018 en Bilbao.

Allí nos reunimos hasta 150 mujeres de diversos territorios, demostrando que la masculinización de los espacios de mayor visibilización del sector eléctrico, poco tiene que ver con la ausencia de mujeres y mucho con la falocracia imperante en este campo.

De ahí surgió la Red de Mujeres por una Transición Energética Ecofeminista, sustentada por la elaboración de unos principios de identidad y con acciones llevadas a cabo, como el manifiesto En energía, no sin mujeres, cuyo objetivo es promover la presencia pública femenina en los eventos del sector.

Otra acción destacada ha sido la creación de una base de datos de mujeres expertas en energía, para visibilizar que no hay ni una, ni dos, ni catorce; sino muchas más. Y donde entendemos que el adjetivo experta tiene mucho más que ver con la persona que trabaja para acabar con la pobreza energética que con la que sabe del negocio pero poco hace por cubrir las necesidades de la gente.

Por ello, tanto en el encuentro de Bilbao como en su continuación a través de la Red, no hablamos de precios, ni de cómo extraer más cantidad de combustible fósil a menor coste. No. Hablamos de impactos diferenciados, de solidaridad con las mujeres y de los territorios expoliados; de cómo relacionar los cuidados de las personas con los cuidados al planeta… Hablamos, en resumen, de la vida, en el centro.

Cómo parar un tsunami con las manos

Un paseo por las resistencias a la turistizacion

A veces parece que todo nos sobrepasa, que el monstruo que intentamos frenar es demasiado grande para nuestras resistencias de hormiguita. Se acumulan las noticias de edificios convertidos en apartamentos turísticos, otra tienda de barrio mutada en Carrefour Express, un puesto más del mercao que pasa de despachar pescao a producir en serie tapas de tataki, otra conocida más que se muda obligada por una subida loca del alquiler, mil políticos declarando al unísono que el turismo es nuestro principal motor económico… Se diría que intentamos frenar un tsunami con nuestras manos y un cubo de juguete.

Es el momento en el que necesitamos pararnos y buscarnos. Porque el trabajo de hormiguitas es lento y a veces no se ve desde arriba, pero si algo tiene de bueno es que hormigas hay muchas, así que frente al turismo desbocado, a la turistificación salvaje, a la especulación rampante, al overtourism cafre; frente a un capitalismo que todo lo que roza lo convierte en mercancía, queremos dibujar el mapa de las aldeítas galas. Hacer un repaso de las experiencias, de las redes, de los proyectos que están trabajando por ciudades vivibles, no solo resistiendo, sino construyendo otras maneras de habitar la ciudad.

Os invitamos a un tour por el derecho a la ciudad, una excursión por la defensa de los barrios y sus habitantes, un paseo de la mano para recuperar los espacios comunes. Si el turismo intensivo te tiene el barrio loco, no hay excusa para no organizarse. A lo largo y ancho de este desierto neoliberal que arrasa nuestras ciudades y las mercantiliza, siempre encontrarás movimientos de resistencia con los que montar una buena acción vecinal. Aquí tienes esta cartografía para vernos, conocernos, reconocernos, reencontrarnos y coger aire, mirándonos en espejos que nos sirvan para crecer.

RECETARIO DE IDEAS Y PROYECTOS

Muchas de las experiencias por las que vamos a asomarnos están englobadas dentro de la Red SET, ciudades del sur de Europa ante la turistificación. Está compuesta por diferentes ciudades y regiones del Sur de Europa que están viviendo movimientos de denuncia, movilización y resistencia ante los procesos de turistificación que en ellas se están produciendo. Entidades y colectivos de estas ciudades (Venecia, Valencia, Sevilla, Pamplona, Palma, Lisboa, Málaga, Malta, Madrid, Girona, Canarias, Donostia, Camp de Tarragona, Barcelona) han decidido encontrarse periódicamente desde hace al menos un año y medio, con el fin de compartir e intercambiar experiencias y conocimientos. Vamos a ir haciendo paradas en algunas de las experiencias que componen la red, no pretendemos ni podemos ser exhaustivas, pero aceptamos pistas para completar el dibujo.

0. Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS)

Se trata de una asamblea compuesta por numerosos colectivos y asociaciones de la ciudad de Barcelona. A través de las dos ediciones del Foro Vecinal sobre Turismo que han organizado se han planteado análisis, críticas y propuestas sobre las consecuencias del turismo intensivo en la ciudad: sustitución de usos habitacionales y de espacios públicos por usos productivos, el modelo económico que implica y alienta este turismo y las condiciones laborales que impone, o la incidencia en la ciudad del turismo de cruceros. Y planteando algunas claves: la necesidad de colaborar en red con otros movimientos y ciudades, el establecimiento de alianzas con el mundo académico para la formación y el aprendizaje, y la importancia de las acciones para conseguir visibilidad.

1. Ajuntamientos Granada

Se definen como una apuesta municipalista desde los movimientos sociales. Buscan reactivar las asociaciones vecinales creando espacios de confluencia que sirvan de contrapeso ciudadano a las instituciones. Pretenden que su forma de actuación se vincule a la calle, en oposición al modus operandi de las asociaciones tradicionales. Combinan las «estrategias simpáticas», en las que se llevan a cabo acciones proactivas destinadas a intentar construir sociabilidad, con actividades como cine de barrio, con «estrategias antipáticas» que visibilizan el malestar por los efectos del turismo en la calle, plazas y viviendas. En sus últimas campañas se han centrado en la denuncia de la ocupación de turistas en zonas saturadas y calles masificadas, así como en la problemática de aparcamientos de autobuses y microbuses de turistas y en que se cumpla la ley de veladores y terrazas de bares.

2. Lagunillas (Málaga)

Se trata de una asociación cultural de vecinas y amigas del barrio de Lagunillas que busca reanimar el barrio mediante actividades socioculturales y trabajos colectivos para la conservación y disfrute del entorno. Han realizado una estrategia de trabajo vecinal a través de mapeos, en los que se ha estudiado el fenómeno de espacios vacíos en la ciudad y de viviendas con fines turísticos en la zona. Han establecido relaciones con otros colectivos como Incide (una organización que promueve la inclusión, la ciudadanía, la diversidad y la educación) para utilizar las plazas con fines deportivos, han puesto en marcha un taller de bicis y también han celebrado verbenas populares. Por otra parte, han realizado acciones directas de denuncia, como recuperar un solar como huerto social, un festival de cine de denuncia o una contra-ruta turística. Participaron también en la convocatoria internacional por el Día Mundial del Turismo en el que se realizaron acciones en múltiples ciudades.

3. Vallcarca (Barna)

Se trata de una asamblea de vecinas, colectivos, asociaciones y plataformas que se han articulado en torno a la gestión de espacios frente a la especulación y la destrucción del barrio. Realizan una actividad intensa con varias okupaciones de centros sociales, pisos y solares que se han rehabilitado. Trabajan con el fin de generar un «polo social» y otras estrategias de acción directa frente a la llegada masiva de turistas. Se han realizado también campañas visibilizando a las constructoras que especulan en el barrio a expensas de las vecinas, denunciando desahucios o exigiendo un instituto para la zona.

4. Ciutat per a qui l’habita (Palma)

Se trata de una asamblea abierta de vecinos y vecinas que buscan construir una red de apoyo mutuo para visibilizar y soportar los efectos del turismo en su ciudad. Han trabajado bastantes estrategias para integrar a quienes quieren incorporarse al colectivo y la asamblea tiene varias fórmulas para acoger a las activistas que estén interesadas en las acciones que se desarrollan. Se han desarrollado una asamblea de bienvenida y una comisión de cuidados. Dado el fuerte impacto que el turismo tiene sobre las islas, han centrado mucha de su actividad en el impacto de los alquileres temporales y vacacionales para la población residente y los crecientes desahucios.

5. Parte Zaharrean Bizi (Donosti)

Son una asociación de vecinos y vecinas que han visto progresivamente como a sus preocupaciones habituales, por las necesidades sociales y los servicios para el barrio, se le sumaba el impacto del turismo intensivo en el casco antiguo: ruido constante, suciedad, desaparición del comercio local a cambio de franquicias, desaparición de la población tradicional… ¿nos suena? Las acciones llevadas a cabo han sido principalmente buzoneos y socializar datos que ayuden a tomar conciencia sobre el estado en que se encuentra el barrio. El problema ha sido en parte asumido por la administración, que está realizando algunas propuestas para repartir la afluencia de turismo y controlar los pisos turísticos, aunque siguen siendo aplicadas con tibieza. También se está realizando una campaña ante las nuevas licencias hoteleras llamada Stop Hoteles.

6. Lavapiés, ¿dónde vas? (Madrid)

Gentes diversas y proyectos colectivos de Lavapiés empezaron a juntarse en 2016 para construir un espacio común que trabaja desde una óptica crítica con la concepción del barrio como un espacio con el que hacer negocio. Se ha realizado un diagnóstico (relámpago) sobre los efectos de la turistificación y durante el último año han venido realizando una acción al mes, algunas con bastante impacto. Entre las más destacadas se encuentra «¿Conoces a Raquel?», una manera de llamar a la participación para realizar un mapeo colectivo que identificara a las empresas que concentran gran número de pisos destinados a alquiler turístico, diferenciándolos de los perfiles de vecinas y vecinos que alquilan su casa de forma esporádica. Para participar en el mapeo se realizó una acción en la calle, aunque también se lanzó un formulario en internet, explicando la iniciativa. El nombre de Raquel fue escogido ya que es el que utiliza la empresa Friendly Rentals Madrid, tras el que se esconde como una usuaria particular. También han desarrollado unas jornadas sobre vivienda, turistificación y espacio público, en las que se buscó generar una batería de propuestas tangibles de cara a crear «políticas de contención» para frenar las potenciales transformaciones visibles o invisibles del barrio.

7. Sindicatos de inquilinas (Barcelona, Madrid, Málaga)

Tradicionalmente vinculado a los ámbitos laborales, los sindicatos de inquilinas tienen, sin embargo, larga tradición en Europa y aún resuena en la memoria la huelga de alquileres del 31 llevada a cabo en el Estado español. Aunque han nacido de forma independiente, estos colectivos realizan una labor similar y comparten recursos e información entre ellos. Si bien el principal objetivo es hacer que cambie la ley de alquiler, mientras esto ocurre se han desarrollado varias estrategias de acción directa. En Barcelona se presentó el 4 de noviembre un grupo de autoapoyo llamado Ens quedem, que terminó derivando en una campaña de resistencia contra la subida abusiva de los precios del alquiler en Barcelona y su área metropolitana en febrero de 2018. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Málaga realiza un trabajo de asistencia y acompañamiento jurídico a las personas afectadas, buscando que pasen del problema individual a las soluciones colectivas y reivindicar conjuntamente sus derechos e incidir en el ámbito ejecutivo y legislativo. En Madrid se han organizado igualmente para luchar con la misma herramienta buscando organizar a inquilinos e inquilinas frente al problema de la vivienda y construir y unir a un colectivo que actualmente se encuentra desprotegido. En los últimos meses han conseguido que la problemática gane gran visibilidad con el caso de Argumosa 11.

8. Calle Viva – Laboratorio de Resistencia Ecourbano (Cádiz)

Apenas tienen unos meses de vida pero el tremendo impacto de plataformas como Airbnb en los alquileres, dada la escasez de suelo de la ciudad y la creciente afluencia de cruceros, les han movido a activarse para hacer frente a los problemas que tantas ciudades comparten. En el centro de la ciudad es prácticamente imposible encontrar alquileres de larga duración, pero sus vías de acción no se limitan a la vivienda, sino a todo lo que tenga que ver con los derechos ambientales, el transporte o el derecho a la ciudad.

Queremos terminar el paseo con una mirada a la distancia y otra a lo más cercano, para ayudarnos a enfocar. En ciudades como Venecia o Lisboa existen movimientos muy activos. La primera de estas ciudades ha visto cómo la población autóctona estaba en peligro real de extinción y a las movilizaciones se han sucedido las okupaciones de edificios habitados solo durante escasos días al año por vecinos que ven como son expulsados por causa de la transformación de las viviendas en alquileres vacacionales. En Lisboa se repite la historia de vecinas expulsadas y servicios pensados para unos visitantes constantemente efímeros y colectivos como Moram em Lisboa se han organizado para exigir una ciudad en la que poder vivir.

Por último, y sacando el microscopio, aquí a nuestra verita tenemos a Cactus, el Colectivo Asambleario contra la Turistificación en Sevilla, que nació de un encuentro con muchos de los colectivos a los que hemos echado el ojo y anda ahora embarcado en la organización de una contracumbre como respuesta al fiestón de la Cumbre Mundial del Turismo, patrocinado por el Ayuntamiento, en parte con dinero de proyectos sociales. De la mano en este evento se encuentra Jartura, un colectivo que busca remover conciencias con las consecuencias de la gentrificación.

Directorio

assembleabarris.wordpress.com

albayzin.info/tema/ajuntamientos-granada

assembleadevallcarca.wordpress.com

ciutatperaquilhabitablist.blog

partezaharreanbizi.blogspot.com

lavapiesdondevas.wordpress.com

sindicatdellogateres.org 

inquilinatomalaga.org
inquilinato.org

facebook.com/ColectivoCalleViva

moraremlisboa.org

Gimnàs Social Sant Pau, una historia diferente

La historia del Gimnàs Social Sant Pau es una extraña combinación de lucha por la supervivencia, desconocimiento de los métodos empresariales ortodoxos, el convencimiento de que toda empresa tiene una obligación con su territorio y mucho de aquella frase coloquial de «de perdidos al río». Una suerte de encuentros bajo un escenario hostil y un sin fin de amenazas. Una especie de homenaje a las comedias de Buster Keaton.

En junio de 1940, se inauguraron los Baños Populares de Barcelona, construidos por Aguas de Barcelona, en aquellos tiempos de titularidad municipal. Un espacio donde ducharse y con la primera piscina con cloro en Barcelona. Lxs vecinxs podían ir a ducharse por una peseta y por una peseta y media también tenían acceso a la piscina. La idea era clara; que la gente pobre del barrio del Raval (en esos tiempos conocido como barrio Chino), no fuera origen de infecciones y epidemias, como la epidemia de tifus que sufrió la ciudad en 1914.

Con el paso del tiempo, lxs vecinxs del Raval fueron teniendo baños en sus casas, y cada vez tuvo menos sentido el proyecto de Baños públicos. Entre 1960 y 1992, el espacio del Sant Pau lo gestionó la Federación Catalana de Natación y, más adelante, la Escuela de los Escolapios. En 1992, un grupo de profesorxs de INEF comenzó el proyecto del Gimnàs Sant Pau. Debido a una descapitalización del Gimnasio con la compra de un club de tenis, otro gimnasio, varios pisos y alguna plaza de parking (en vez de invertir en modernizar el gimnasio) se acabó en bancarrota en el año 2012.

En ese momento, había un escenario de pérdidas mensuales de 3000 €, y 60000 € acumulados a proveedores, además de unas instalaciones desfasadas por la falta de inversiones. Se daba la paradoja de que a lxs propietarixs les era más barato regalarnos el gimnasio a lxs trabajadorxs que cerrarlo. La mayoría de estxs llevaban 25 años trabajando en el gimnasio y en aquellos años aún se pagaban 45 días de salario por año trabajado. La operación de cerrar el gimnasio rondaba los 200 000 €, así que nos ofrecieron comprar las deudas y la empresa por 1 €.

En los primeros meses conseguimos equilibrar las cuentas, pero en septiembre del 2012 el gobierno subió el iva cultural del 8 al 16 % en el que los deportes estaban incluidos. Por el perfil de nuestrxs socixs decidimos no reflejar la subida en los precios, así que los impuestos de 16 000 € los tuvimos que asumir nosotrxs como empresa. Esta subida no fue el único elemento distorsionador ya que en los últimos seis años la parte variable de la factura de consumos había subido un 180 % para las empresas.

En este escenario complejo con un gran componente de precariedad, en el que teníamos que pedir dinero para pagar las facturas y muchas veces apenas había para pagar los sueldos, decidimos crear un proyecto que nos ilusionara desde el comienzo. Queríamos dejar de sentirnos cansadxs al pasar la puerta de entrada y cambiarlo por ilusión. Así comenzó un proyecto social que, de haber nadado en la opulencia, nunca hubiera existido. Así comenzamos a escuchar:

A las personas sin papeles, vulnerabilizadas por el sistema, que no podían acceder a los gimnasios. Conociendo la importancia del deporte en situaciones de estrés y precariedad, decidimos abrir nuestras puertas a todas las personas. En los gimnasios municipales no puedes solicitar la inscripción sin cuenta bancaria, por lo que no puedes hacerte socix ni tener acceso.

A nuestrxs socixs que profesaban la religión musulmana cambiando nuestros horarios especiales en Ramadán. Desde hace cinco años, nuestros horarios en Ramadán se amplían para que nuestrxs socixs puedan venir al gimnasio después de cenar. Concretamente, el cierre habitual de las 22:30 se cambia durante unas semanas a la una de la madrugada.

A nuestrxs socixs con problemas económicos les dejamos escoger la cuota. Cuando alguien tiene dificultades económicas, basándonos en relaciones de confianza, le indicamos el precio del gimnasio y ellxs dictaminan qué pueden pagar. El acuerdo también obliga al nuevx socix a avisarnos cuando su situación económica haya cambiado para comenzar a pagar la totalidad de la cuota.

A nuestrxs socixs trans, que nos pidieron vestuarios para personas transgénero, convirtiéndonos en el primer gimnasio del Estado con vestuarios trans.

A lxs progenitorxs que se quedaban sin trabajo, dejando venir a sxs hijxs gratuitamente y haciendo un seguimiento a su expediente escolar, además de dejar tres meses de carencia mientras buscaban faena.

Hoy somos 500 socixs que pagamos nuestra cuota y 900 personas que vienen de forma gratuita derivadas de 38 entidades y colectivos. Estas 900 personas que vienen de forma gratuita son personas vulnerabilizadas por nuestra sociedad. Entre ellas hay 350 niñxs, 200 personas refugiadas y 250 niñxs ex-tuteladxs. También abrimos nuestras instalaciones 4 horas al día para que las personas que duermen en la calle puedan acceder al servicio de duchas. Hoy día estamos en 1400 duchas al mes.

Nuestro paso a cooperativa

Siempre nos gusta contar cómo llegamos al mundo cooperativo porque explica muy bien qué es la economía social y solidaria. Quizás sea más correcto decir que fue el mundo cooperativo quien llegó a nosotrxs. Simplemente, pedimos ayuda porque el equipo estaba roto y vinieron además a reconstruirnos las emociones, a acompañarnos a volver a caminar. Descubrimos una forma de entender la economía donde las personas estaban en el centro.

A principios del 2016 decidimos cerrar. Tener abierto el Sant Pau significaba generar 225 000 € al año. Llevábamos cuatro años empujando el proyecto con el agua al cuello así que se comunicó el cierre al Ayuntamiento. Nunca habíamos hecho público el proyecto social y les solicitamos que derivaran a servicios públicos todas las personas vulnerabilizadas que venían al Sant Pau. En ese momento, nos rogaron que no cerráramos y recibimos un sin fin de promesas de ayudas. Comenzó así un carrusel de golpecitos en la espalda y alabanzas. La realidad es que los tiempos de las instituciones y los tiempos de la calle no son parejos, por lo que durante el año que esperamos a formalizar alguna ayuda la situación se complicó aún más con una orden de desahucio para enero de 2017.

En ese momento decidimos luchar. No era lo mismo cerrar nosotrxs a que nos echaran, así que se inició la defensa del espacio con contenido y transversalidad, pero sobre todo, con la unión de los tres barrios cercanos al Sant Pau. Con la generosidad de colectivos, entidades y vecinxs, se comenzó una campaña de defensa con mucha presión mediática. Por una vez todos los partidos políticos se pusieron del lado del débil. Con el ayuntamiento como negociador con la propiedad, pudimos llegar a un acuerdo. No solo conseguimos parar el desahucio y firmar un nuevo contrato de alquiler por cuatro años, sino que el ayuntamiento acabó comprando la finca de al lado del gimnasio (que es del mismo propietario) para hacer pisos sociales. Así se evitó también la construcción de pisos nuevos con precios inasumibles.

Una vez vuelta la calma pero con la misma precariedad, quisimos aprovechar una nueva herramienta que se estrenaba en la ciudad, la multiconsulta, una prueba piloto de democracia participativa. Cualquier propuesta con 15 000 firmas de apoyo, se podría votar por la ciudadanía de la ciudad. En el Estado español, los referéndums no son vinculantes, por lo que en realidad una vez aprobados por lxs ciudadanxs, aún faltaría la aprobación en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona. La propuesta que presentamos era la compra del gimnasio por parte del ayuntamiento y la construcción de 40 viviendas sociales con un modelo cooperativo nuevo basado en los Community land trust americanos y Marinaleda. Un modelo de autoconstrucción comunitaria que suponía una nueva y modesta herramienta contra la gentrificación. Con ayuda de 400 voluntarixs conseguimos 20 846 firmas, pero solo 14 540 pasaron la validación. Al final la multiconsulta nunca llegó a celebrarse. Pero eso ya es otra historia.

En mayo de 2018 decidimos pedir a los partidos políticos que llevaran la propuesta de la compra del gimnasio al plenario del Ayuntamiento de Barcelona. Se aprobó la compra y el compromiso de hacerla efectiva antes del 31 de diciembre del 2018. No hubo ningún voto en contra. Por desgracia, en el Estado Español solo son vinculantes las decisiones que se toman en el congreso de los diputados, no las votaciones en los ayuntamientos. En junio, estábamos con 5000 euros de deuda al mes, por lo que decidimos reestructurar la cooperativa para equilibrar las cuentas y no dar una excusa al ayuntamiento para no efectuar la compra. Pasamos de 16 compañerxs a 10, y nos bajamos el sueldo un 30 %. En diciembre nos comunicaron que no harían efectiva la compra. Pero eso también es otra historia.

A día de hoy, estamos al corriente del pago del alquiler y a pesar de ello hemos tenido otra fecha de desahucio para enero del 2018. Esto es debido a que hace unos meses se aprobó en la ciudad de Barcelona la obligación de construir un 30 % de vivienda social en todas las nuevas construcciones de más de 600 m2. Esta nueva ordenanza hace que si la propiedad de nuestro edificio nos echa en los próximos meses perderá un 30 % de valor por la parcela. Frente a este peligro, iniciaron una batalla judicial para expulsarnos. Ganaron en primera instancia, pero pusimos un recurso y este 3 de enero de 2019, la Audiencia de Barcelona lo aceptó y paralizó el desahucio. No tenemos dudas de que ganaremos esta batalla y podremos continuar escribiendo la historia del Sant Pau.

Carta abierta de unx trabajadorx del Gimnàs

Hace aproximadamente un año, más o menos por estas fechas, empecé a formar parte del equipo del Sant Pau. Unos meses antes, ya había hecho mis pinitos, haciendo las prácticas de monitorx de natación con ellxs, durante el verano. En diciembre tuve la suerte de encontrarme con una vacante en sus filas y no perdí la oportunidad de subirme al barco y seguir mi rumbo con ellxs.

Previamente, como usuarix, nunca me había encontrado un gimnasio así, donde personas o grupos con necesidades específicas (usuarixs trans*) tuviéramos cabida, y como trabajadorx, aún menos.

En la entrevista de trabajo, un café con Ernest, no se juzgó ni mi aspecto físico ni mi currículum, sino que se me preguntó por mi capacidad para trabajar y la motivación por un proyecto como este. Respondí sinceramente a todo y al día siguiente empecé a trabajar. Agradezco mucho la falta de juicio y la confianza depositada.

Desde entonces, formo parte de esta gran familia donde entre todxs estamos sacando el proyecto adelante. No es ni un camino fácil ni un camino sin obstáculos. Trabajar aquí es duro: las instalaciones son antiguas, lxs usuarixs son muy diversxs, algunxs vienen de contextos muy complicados y otrxs son socixs barceloninxs de toda la vida, lxs hay que no hablan castellano, contamos con material limitado para las clases… y con algunos días que nos han cortado el agua, el gas y hace mucho frío. Hay días en los que piensas que te gustaría trabajar en un vivagym, donde las pesas tienen ventilador incorporado, ascensor e hilo musical dentro del centro y los monitores van con uniforme de trabajo marca Nike, pero esto se te pasa rápido. El calor y la humanidad que se respira en el Sant Pau, donde no hay jefxs, sino compañerxs, las sonrisas de los usuarixs que vienen gratis a piscina o las risas de los niñxs, hacen que vea el Sant Pau como un lugar que quiero y quiero cuidar y no como un centro de trabajo al que estoy deseando no ir.

El Sant Pau ha sido y es un espacio donde he crecido muchísimo como profesional (y como persona). Sin competitividad con el resto de compañerxs, sin tener que convencer a nadie de lo que valgo, simplemente haciendo bien mi trabajo. Un día, unx de lxs responsables de la cooperativa me dijo «Kar, si hay alguna clase que te apetezca hacer y ves que va a funcionar, adelante, da rienda suelta a tu imaginación», y así fue. Tenía muchas ganas de introducir clases de piscina para gente transgénero o identidades no normativas, ya que habitualmente se quedan fuera de los gimnasios precisamente por sus especificidades, y fue un éxito. Poco a poco fui cambiando el modelo de algunas clases que tenía, acercándolas a mi creencia de lo que es la actividad física y el deporte, con cosas poco vistas en los centros municipales. Creo que las clases y el gimnasio han ganado con estos cambios, y esto solo ha podido ser gracias a la confianza que el Sant Pau deposita en cada uno de los monitorxs/trabajadorxs. El Sant Pau te deja crecer en la medida que tú quieras. Si quieres seguir aprendiendo y formándote, aquí vas a poder desarrollarlo y ponerlo en práctica.

Aparte de esto, es un proyecto social de los pies a la cabeza. Nadie, y se puede decir NADIE, se queda sin hacer ejercicio físico porque no tenga dinero, no tenga cuenta bancaria o no tenga papeles. A nadie se le niega la entrada y precisamente gracias a esto, el gimnasio cuenta con un gran capital humano. Aunque, a veces, gestionar todas las diferencias o problemas que nos van surgiendo puede ser un poco desgastante, unx recupera pronto la compostura cuando se da cuenta de dónde está, lo que estamos haciendo y hacia dónde vamos.

Huerta las Moreras:

belleza y complejidad de la gestión vecinal

Una de las iniciativas sociales que ha ido instalándose en el paisaje de nuestra ciudad estas últimas décadas ha sido la creación de los huertos urbanos. Si paseamos por el parque de Miraflores nos encontramos con los que fueron los primeros de estos huertos de ocio. Cualquier vecino o vecina que esté cultivando en este momento nos dirá que, aunque hay una Asociación de Hortelanos, Huerta las Moreras, que organiza el día a día de los huertos, la gestión oficial actual está en manos del Ayuntamiento de Sevilla, a través de una empresa de servicios externa a la que fue adjudicada hace dos años.

Pero ¿cómo se crearon y cómo han funcionado estos huertos desde su creación, allá por 1991, hasta 2016? ¿Qué procesos sociales fueron necesarios para generar y consolidar esta iniciativa ciudadana por la que han pasado miles de escolares durante estos 25 años y que cuenta hoy con 175 parcelas de huertos familiares y para entidades?

Una mirada hacia los años 80 nos puede aclarar estas preguntas y puede propiciar un análisis socio-político sobre cómo ha ido transformándose la relación de la ciudadanía con su entorno en cuanto a la concepción de su capacidad vecinal para intervenir en él y transformarlo. En la huerta las Moreras se intervino directamente, cuando aún no existía la ventanilla oficial de ningún «Área de participación ciudadana» sino que dicha participación se ejercía in situ, por derecho propio, por nuestros medios, por identificación y conexión natural con nuestro entorno y sin pedir permiso previo en algunas ocasiones. También, esta mirada nos puede invitar a reflexionar sobre la complejidad que conlleva la gestión vecinal de un proyecto reivindicativo que genera a su vez puestos de trabajo y el entramado que dichas relaciones sociales y económicas van tejiendo a lo largo del proceso.

Queremos unos huertos, manos a la obra

El Programa Huerta las Moreras inició su andadura en 1991. Para comprender cómo fue este parto vecinal tenemos que remontarnos a Pino Montano, barrio obrero construido como tantos barrios del norte de Sevilla sobre las antiguas huertas que abastecían la ciudad.

Se construyó precisamente sobre las tierras aledañas al cortijo de las Casillas, cercano a la hacienda Miraflores que da nombre al parque. Quienes pasamos nuestra infancia y juventud en Pino Montano y San Diego, conocíamos el actual terreno del parque de Miraflores (86 hectáreas, divididas hoy por la S30) como un terreno agrícola cultivado en la zona de Pino Montano y lleno de escombreras y montículos en la zona de San Diego; terreno ya expropiado y de propiedad municipal, destinado a ser parque. En el PGOU de 1963 ya estaba prevista su construcción, que vendría a cubrir la necesidad de zonas verdes, tan olvidadas en el rápido y desordenado crecimiento urbanístico de estos nuevos barrios. Pero el parque, en la década de los 80, seguía sin construirse. En ese contexto se creó el Comité Pro-Parque Educativo Miraflores, en 1983, de la mano de vecinos y vecinas provenientes de diferentes movimientos asociativos, de las APAs (actualmente AMPAs), movimientos sindicales, etc., que vieron clara la necesidad de organizarse para que el parque empezase a construirse pero, sobre todo, vieron claro que dicha construcción tenía que hacerse teniendo en cuenta qué querían los vecinos y vecinas, cómo lo querían y para qué.

Y se empezó por donde era lógico empezar: investigando cómo era el terreno del futuro parque. Así descubrieron que en la abandonada hacienda Miraflores y edificios aledaños había importantes restos arqueológicos, testigos de este pasado rural.

Estas señas de identidad agrícolas se vivieron desde el principio como un legado patrimonial que enriquecía la zona histórica y culturalmente. No solo hay historia y patrimonio en el casco histórico de la ciudad, también nuestro territorio periférico nos ofrecía su propio bagaje y tesoros.

El siguiente paso era dar a conocer este patrimonio, especialmente en los barrios colindantes, hacer visible la riqueza y a la vez el abandono de la hacienda, el retraso del PGOU en la construcción del parque y, todo ello, conectarlo con las necesidades de la población. Una de las líneas de actuación en torno a los años 1985-86 fue el acercamiento al barrio de San Diego, su Asociación de Vecinos Andalucía y su colectivo de jóvenes ecologistas Aire Libre. Los terrenos cercanos a San Diego, pertenecientes al futuro parque, eran unas escombreras y no se cultivaban, así que el abandono y la dejadez municipal eran más visibles. La reivindicación del parque en esta zona era urgente.

Las acciones reivindicativas e informativas de esta primera etapa se concretaron en múltiples charlas en barrios y centros educativos, jornadas, publicaciones y pasacalles que poco a poco fueron ampliando la red vecinal sensible e involucrada en el proceso.

De estas primeras fases de investigación y difusión se pasa a las propuestas y al diseño de programas específicos de intervención: no solo se reivindica que queremos un parque educativo sino que se pasa a idear y diseñar propuestas concretas vecinalmente. Desde esta visión del entorno como patrimonio vivo, como recurso para el desarrollo, se generan los dos grandes proyectos impulsados desde el Comité Pro-Parque Educativo: la escuela taller Miraflores y el programa Huerta las Moreras.

En las campañas de difusión, se empiezan a transmitir mensajes muy claros a través de las rimas, por ejemplo, de un canto de ciegos, función teatral utilizada en los pasacalles lúdicos‑informativos de esa etapa: «¿Nuestros jóvenes parados y el cortijo abandonado? ¡ESCUELA TALLER YA!». La escuela taller se consiguió, se fue renovando año tras año pasando por diferentes etapas (casa de oficios, talleres de empleo, etc.) hasta que la crisis provocó su paralización en el curso 2014-15.

Del dicho al hecho no hubo mucho trecho

El pasado agrícola de la zona, la convicción de la necesidad de intervenir directamente sobre el terreno, la visión clara de utilizar el entorno como herramienta educativa, la presencia de representantes de varias AMPAs en el Comité, la participación de jóvenes activistas y ecologistas del barrio de San Diego, el deseo de muchas personas jubiladas de la zona, provenientes muchas del mundo rural, de recuperar su conexión con la tierra; eran todas premisas más que suficientes para la creación de los huertos escolares y los huertos de ocio.

Y, como en muchas de las transformaciones sociales que se han ido consolidando, la apropiación por parte del vecindario de la idea y del terreno fue el motor inicial. Tanto la hacienda Miraflores como la Casa de las Moreras y las casi tres hectáreas aledañas a ambas fueron ocupadas por integrantes del Comité Pro-Parque, de las AMPAs de colegios de Pino Montano y San Diego, por abuelos y abuelas con ganas de cultivar, por niños y niñas de los colegios y por jóvenes en paro con ganas trabajar. El primer día que entramos en la torre mudéjar muchas nos fuimos a casa con todas las picaduras de pulgas del mundo, las que se pueden esperar al entrar en un cortijo agrícola abandonado, pero nos picaba más la emoción del empoderamiento, ese picor vigorizante de las acciones justas y llenas de sentido: ya que el Ayuntamiento no lo rehabilita, empezamos a hacerlo nosotras.

Esas primeras jornadas de intervención fueron claves para el arranque del proyecto. Convertimos la Casa de las Moreras en la sede del Comité, en una jornada de limpieza y encalamiento colectiva que aglutinó a vecinos y vecinas de todas las edades, participando activamente en la adecuación de la Casa para su nueva función histórica.

Paralelamente, se redacta el «Programa Huerta Las Moreras», con el diseño didáctico propuesto desde el Comité:

  • Huertos escolares: para trabajar con alumnado de 5º de Primaria de los colegios de la zona, dos tardes por semana cada centro, 15 alumnxs por centro.
  • Huertos de ocio: repartición paulatina de parcelas a personas, familias, entidades y colectivos para producción agroecológica destinada al autoconsumo.
  • Itinerarios pedagógicos: rutas por el parque de Miraflores para mostrar su riqueza patrimonial y natural, ofertadas a centros educativos y entidades.
  • Aula de la naturaleza: realización de talleres de educación medioambiental.

Este proyecto se presentó inicialmente al distrito Macarena, que aportó las primeras subvenciones y un equipo inicial de profesionales (que empezaron a ser gratificados como monitores), para organizar y llevar a cabo todo el programa.

Pero en honor a la verdad, no son esas pequeñas e inconstantes subvenciones las que hacen posible que el proyecto echase a rodar, sino el nivel de implicación personal tanto del vecindario como de las primeras personas remuneradas, que no eran solo técnicas, eran a la vez vecinas participantes en el proyecto y cocreadoras del mismo. Y, también, la amplia red de recursos vecinales que se utilizó, como el contacto directo con agricultores de las huertas cercanas, que vinieron con su tractor a arar gratis la tierra para trazar las primeras parcelas.

Posteriormente, el Ayuntamiento asume la existencia y consolidación de los huertos dentro del diseño del parque (aunque la gestión de estos está siempre en manos del Comité) y, junto con las primeras intervenciones de la escuela taller, se empieza a construir el parque por la zona de San Diego y, años más tarde, en la zona de Pino Montano.

Las personas que participamos en esta creación colectiva aprendimos que la intervención ciudadana directa en el entorno puede abrir las puertas a la posterior implicación municipal, que podemos plantear iniciativas y llevarlas a cabo, y que el motor de los verdaderos cambios sociales se enciende siempre a partir de respuestas reales y concretas a las necesidades detectadas.

La complejidad de la gestión vecinal

Y, junto a la belleza del proceso creativo, la complejidad de la gestión vecinal. Una vez conseguida la creación de los huertos ahora tocaba gestionarlos. Durante 25 años ininterrumpidos, hasta 2016, el Comité Pro-Parque ha reinventado y gestionado el proyecto, recibiendo la subvención correspondiente y pagando a las personas que trabajaban (como educadoras o técnicas) en los huertos escolares, huertos de ocio y demás proyectos vinculados.

El proceso, lógicamente, fue pasando por diferentes fases en todo este tiempo. De la subvención inicial del distrito Macarena se pasó a la del Área de Participación Ciudadana. Y los proyectos de intervención diseñados inicialmente fueron transformándose, surgiendo otras iniciativas como la creación del invernadero y la tienda ecológica dentro de los huertos de ocio. Se consolidaron la Cata de la Patata, el programa de hortelanos tutores (personas adultas que colaboraban con los huertos escolares) y un largo etcétera de iniciativas educativas.

Las dificultades empiezan a notarse cuando, a partir de la crisis, las subvenciones empiezan a disminuir pero los proyectos y la plantilla continúan funcionando.

El cansancio de tantos años de gestión y el temor de tener nóminas impagadas lleva al Comité Pro-Parque a delegar la gestión, se retira de dicha responsabilidad en 2016 y la gestión pasa al Ayuntamiento, quien contrata a una empresa de servicios externa, con su personal propio. El proyecto de huertos escolares desaparece y el nuevo equipo técnico actual se encarga de gestionar todos los huertos de ocio de Sevilla. La crisis generada entre el Comité y el antiguo y veterano equipo de trabajadorxs del programa, que ya no era el cocreador del proyecto desde 1994, hace patente la dificultad de este tipo de procesos, en los que una entidad vecinal, de carácter reivindicativo y socioeducativo, se convierte a la vez en gestora de un proyecto que genera empleos y que recibe dinero público.

Esta experiencia, repetida en otros colectivos y asociaciones de nuestra ciudad, nos puede servir de reflexión y análisis, de aprendizaje colectivo de cara a nuevos procesos sociales. Podríamos hacernos una serie de preguntas a raíz del desenlace vivido en la huerta las Moreras:

  • ¿Podría haberse hecho de otra manera?
  • ¿Cómo funcionan los canales de comunicación entre el comité vecinal impulsor y el equipo técnico?
  • ¿La constitución interna del Comité fue transformándose y reciclándose a lo largo de los años para garantizar el necesario relevo generacional y los nuevos apoyos que se necesitan para evitar el desgaste?
  • ¿Se podrían haber planteado otras fórmulas ante las dificultades económicas que fueron apareciendo, por ejemplo, la creación de una cooperativa de trabajadorxs?
  • ¿Cómo garantizar la estabilidad y dignidad laboral del equipo técnico cuando el empleo generado no cuenta con una base económica estable?
  • ¿Qué diferencias hay entre la vinculación laboral de un técnicx que trabaja para la administración y la de un técnicx que trabaja con un colectivo vecinal reivindicativo?
  • ¿Cómo influye en las acciones y el proceso de un colectivo vecinal el hecho de recibir dinero público? ¿Le hace menos crítico por temor a la pérdida del apoyo económico o de la buena marcha de las negociaciones?
  • ¿Cómo se toman las decisiones en los procesos colectivos?
  • ¿Se podrían investigar nuevas formas de gestión ciudadana para evitar que proyectos tan arraigados socialmente queden en manos de personal ajeno al contexto y al margen de las conexiones vecinales que lo han creado?
  • ¿Se puede llegar a percibir al vecindario que ha propiciado los puestos de trabajo como patrones del equipo técnico?
  • ¿Sería posible algún tipo de cogestión entre Ayuntamiento y Comité?

Complejo, pero ahí está

En 1983 se empezó a soñar que un parque educativo sería construido y, gracias al esfuerzo vecinal, ahí está. Todo proceso ciudadano que genera frutos visibles nos aporta pistas para nuestras realidades actuales, así como sus dificultades y crisis nos pueden invitar también a reflexiones constructivas para seguir inventando la ciudad y las relaciones sociales que queremos.

Ni jefes, ni empleados

Prisma, un club cooperativo de música electrónica

Prisma. Un club dedicado íntegramente a la música electrónica, gestionado de manera colaborativa, con trabajo voluntario a través de un banco de tiempo y con moneda digital propia. Rara avis en la escena nocturna estatal, que incluso ha llamado la atención fuera de nuestras fronteras.  Entrevistamos a Elio, coordinador del equipo de comunicación de Prisma.

¿Cómo nace la idea una sala de electrónica sin dueños, sin promotores, socies capitalistas o empresaries, gestionada por una asamblea horizontal?

Lo principal que nos llevó a adoptar esta estructura organizativa fue la falta de capital. Quizás de entrada, para empezar la entrevista, esto pueda sonar poco heroico, pero es la verdad. Nuestro asamblearismo no responde, como en otros proyectos colaborativos, a un ideario político o económico bien aprendido; lo nuestro es simple y llanamente adaptación a un medio hostil, lo que quizás sea incluso más interesante desde el punto de vista sociológico.

En nuestros inicios identificamos que teníamos mucho capital humano (habilidades, tiempo, fuerzas o ideas) pero muy poco capital del que manda. Así que tuvimos que ponderar nuestras virtudes frente a nuestras carencias y ello nos llevó a darnos cuenta de que lo importante iban a ser las personas: era inevitable que íbamos a parecernos más a un movimiento social que a una empresa jerarquizada.

Una vez vimos que las personas iban a ser nuestro recurso más preciado, era evidente que no podíamos tener una estructura vertical. Cada compañere, ya fuera a aportar mucho o poco, debía sentirse parte de una organización abierta, plural y horizontal, regida de forma descentralizada por una asamblea general, sin que nadie ostentara más poder que nadie.

¿Hubiéramos adoptado esta forma organizativa si hubiéramos sido gente del taco? No lo sabemos; probablemente no, ya que la autogestión es muy laboriosa y externalizar puestos de trabajo y sueldos es más sencillo y directo. Lo que está claro es que hemos llegado a cumplir casi dos años porque abrazamos la autogestión horizontal: estaríamos muertes y enterrades hace tiempo de no haberlo hecho así.

Al margen de lo anterior: ¿cómo presentarías a Prisma? Aforo, estilos…

Prisma es un club centrado en los sonidos de corte underground dentro de la música electrónica. Como en muchos otros estilos musicales, hoy día existen dos partes diferenciadas: un circuito comercial, de consumo rápido y dudosa calidad artística, y un circuito alternativo con más experimentación y profundidad. Nosotres pertenecemos a este segundo grupo.

Intentamos promover eventos muy cuidados en cuanto a lo artístico, para un ambiente en el que predomina gente que sabe lo que escucha, con un equipo de sonido monstruoso y un grupo humano alegre y agradable que intenta romper con el trato agropecuario que se le suele dar al público en el sector del ocio nocturno, poblado de empresas que lamentablemente suelen estar más centradas en exprimirle la cartera al personal que en hacerle sentir cómodo y valorado.

El tamaño de nuestra sala es pequeño (aforo de 200 personas) pero idóneo por el tipo de propuestas musicales arriesgadas que tenemos. Y, sobre todo, por la ciudad en la que nos encontramos, que sigue siendo muy tradicional, poco apegada a las vanguardias e incluso reacia a todo lo que huela a nuevo.

Nuestra misión principal no es la de obtener beneficios económicos, sino la de aportar a la ciudad una forma diferente de vivir esta cultura que amamos. Y si luego resulta que puede darnos beneficios económicos, pues no le haremos ascos. Pero como resulta que la mayoría de compañeres, cada une en lo suyo, tiene su trabajo de lunes a viernes, podemos arriesgar y cambiar un poco la dinámica de la ciudad, aportando cosas diferentes.

Muches de les componentes de Prisma somos djs, producimos o promovemos, pero sobre todo somos —y seguiremos siendo— parte del público. Ahora que regentamos un club, podemos poner en práctica todo lo que siempre deseamos como clientela y evitar todo aquello que no nos gustó un pelo.

¿Qué tal se porta la jefa (la asamblea de Prisma)? ¿Cómo se toman las decisiones? Funcionamos por consenso, así que por regla general se porta muy bien;

aunque en algunos momentos sea muy tediosa. En el equipo de Prisma conviven más de treinta personas de diferentes edades y estratos socioeconómicos que aportan tiempo y trabajo de forma voluntaria. Muchas de ellas —la mayoría— no tenían ni idea de que cómo funcionaba una asamblea antes de formar parte de Prisma. Es muy gratificante ver como poco a poco va calando la idea de trabajar desde el respeto y la empatía, hasta tal punto, que dentro de unos años todos acabaremos sintiendo que no hay realmente alternativa sustentable ni deseable a la cooperación, el cuidado y la comunicación entre iguales.

A la hora de aportar trabajo, tiempo o habilidades: ¿de qué manera se valoran estas aportaciones de la membresía?

Estamos dividides en ocho equipos de trabajo que abarcan, con un nivel de exigencia bastante alto, todas las tareas posibles: administración, programación musical, puesto técnico, barra, creatividad, etc. Cada compañere va aportando donde cree oportuno y donde el proyecto lo necesita. Todo lo que trabajamos se apunta en nuestro sistema informatizado de moneda social (a la que llamamos prisma) para que quede constancia de las diferentes intensidades de aportación entre les compañeres. Es una especie de semi-voluntariado, pues no trabajamos sin remuneración real. Todes ingresamos moneda virtual que luego gastamos en el propio club, ya que nadie entra gratis o bebe gratis, por poner los ejemplos más inmediatos. Lo que aportas al proyecto, el proyecto te lo devuelve en la misma medida.

Hay otro uso secundario de esta moneda, y es que nos sirve como inversión de futuro: quizás un día, si el proyecto continúa en la fantástica línea que lleva ahora mismo, podremos ir haciendo pequeñas devoluciones monetarias en moneda de curso legal a quien lo desee, a partir de todo lo que hemos ido acumulando en nuestros monederos digitales.

Por temas legales, hay una serie de horas en ciertos puestos de trabajo, sobre todo los que están de cara al público, que se pagan en euros y que cotizan a la Seguridad Social. Pero el resto de horas más invisibles de organización, gestión y sostenimiento del proyecto, las volcamos a prismas, porque sería imposible, al menos ahora mismo, pagarlas todas en euros.

¿Cómo funciona vuestra moneda digital, el prisma?

No es una criptomoneda como las que están ahora de moda, pues es, de momento, 100% interna y por ello no necesita blockchain (cadena de bloques) para validar transferencias entre personas alejadas miles de kilómetros entre sí. Es una especie de banco de tiempo solidificado en moneda digital, que puede luego intercambiarse por los productos o servicios que da el proyecto, o, incluso, intercambiarse entre la membresía.

Está basada en la fantástica aplicación Clickoin, creada y gestionada por un equipo andaluz de desarrollo de software. Tiene una interfaz sencilla tipo Telegram o Whatsapp, donde a un lado ves lo que has ido ingresando por tus aportaciones y, al otro, lo que has ido gastando. Varios compañeres del equipo de administración de Prisma son les encargades de ir controlando el flujo monetario y los datos que se generan.

¿Conocíais otros proyectos de monedas sociales o alternativas?

Si, ciertamente en el apartado económico Prisma le debe mucho a la moneda creada por el Centro Vecinal del Pumarejo, el puma, pues su ejemplo es el que nos llevó a crear nuestra propia divisa. De hecho varios de les compañeres de Prisma tenemos cartilla de pumas y hemos funcionado con ella. Podemos constatar que su semilla germina y se expande, nosotres somos un ejemplo vivo.

¿Tenéis alguna otra herramienta colaborativa, por ejemplo para el público en general?

Prisma es un proyecto abierto, cualquiera que vibre con la idea general se puede acercar al grupo motor y aportar cuanto desee, una vez pase por un proceso de acogida que hemos dispuesto para que todo quede regulado y ordenado, tanto para nosotres como para la persona que entra nueva.

Pensando en el público, una de las últimas iniciativas que hemos puesto en marcha ha sido la de fomentar la creación colectiva de eventos, no a través del crowdfunding, pero casi. En redes sociales vamos valorando de forma rutinaria propuestas e ideas de eventos diferentes que, si colectivamente se desea que se hagan realidad, ahí vamos de cabeza. Lo llamamos #prismaentretodos y ha tenido éxito en tres ocasiones: noches con artistas internacionales muy destacades en sus estilos, que nadie se hubiera arriesgado a traer en esas condiciones de incertidumbre, pero con el apoyo de todes cuesta menos dar el salto.

Hablando en general, nuestro ideal sería hacer el proyecto lo más abierto posible, pero hay que hacerlo sin que se ponga en riesgo su equilibrio. Sentimos que todo debe ir dando pasos seguros pero firmes en esa dirección.

En cuanto a la gestión y a lo económico: ¿qué esperáis del futuro? ¿Tenéis planeado remunerar las distintas labores en moneda de curso legal?

Sí, ciertamente poder remunerar todas las tareas en euros sería el mejor de los indicios de que el proyecto va como un cohete. Lamentablemente, Endesa o Mercadona aún no aceptan prismas —ojalá [sonríe]— y para vivir aún necesitamos moneda de curso legal, por lo que todes coincidimos en que estaría bien poder percibir más en este sentido. Sabemos que es una carrera de fondo y que todo lleva su tiempo. Será algo que, si todo va bien, se irá adoptando progresivamente.

En cuanto a la gestión interna del proyecto, esperamos poder estar mejor organizades cada día como grupo, con la finalidad de optimizar la energía física o mental que cada voluntarie aporta, y así poder estar más descansadas, persona a persona. Porque la verdad es que llegamos a final de temporada con una carga bastante grande: piensa que son casi cien eventos al año.

También esperamos poder cumplir el sueño inicial que tenemos de que Prisma no sea algo 100% nocturno y que nos abramos a otras disciplinas artísticas —cine, pintura, fotografía, etc.— en formatos diferentes también durante el día. Es lo que denominamos Espacio Prisma, una segunda rama del proyecto que inauguramos hace poco y que irá cogiendo fuerza con el paso de los meses.

En lo musical: ¿qué podríamos esperar encontrarnos si vamos a Prisma una noche a bailar?

Los viernes suelen estar dedicados a la música centrada en el espectro de frecuencias bajas: drum&bass, breaks de corte elegante, electro añejo, etc. Y los sábados buceamos más en el ámbito de la música puramente club: techno, deep o IDM.

De forma habitual tenemos grandes nombres de la escena underground internacional en la cabina de nuestro club. Ya han pasado por Sevilla artistas como Perc, Inigo Kennedy, Djrum, Umwelt, Lewis Fautzi, DLR, Enei o Rennie Pilgrem, por mencionar solo algunes. La línea ascendente se dibuja con gente que ha venido a visitarnos o que está deseando hacerlo. El club va muy bien pero lo mejor, como siempre, está por llegar aún [sonríe].

A la hora de programar a una artista u otra: ¿también os guiáis por criterios éticos?

Criterios éticos en este mundillo, lamentablemente, hay pocos, seamos sinceros. Nosotres programamos en un 80% en base a criterios artísticos (calidad, originalidad o trayectoria) y un 20% por criterios económicos. Aunque en Prisma el lucro no es el motor principal, tenemos que cumplir con unos números muy exigentes que todo proyecto de este tipo debe afrontar. No te imaginas todas las facturas que hay que pagar hasta que te involucras en un gigante de este tipo. Es muy duro llegar a fin de mes con solvencia.

¿Qué le dirías a la gente que todavía no conoce Prisma?

Si te gusta la música electrónica, o bailar y charlar con gente interesante y agradable, muy probablemente —y sin saberlo— te estás perdiendo algo que tiene mucho que ver contigo. Ya es hora de que nos visites.

Prisma se encuentra en la calle Terbio, 18, en el Polígono Calonge (Sevilla). Puedes ver su programación en las redes (Facebook: prismasevilla, Twitter: @prismasvq) y contactar en prismasevilla@gmail.com

Resistencia y creatividad

Impresiones de un viaje a Palestina

Visitas a diferentes colectivos, charlas con jóvenes, familias, campesinado a quienes destrozan sus cultivos… Y ningún discurso de odio. A nosotras, como dice la poeta palestina Raffeef Ziadah, lxs palestinxs nos enseñaron vida. Eso podría resumir nuestra experiencia en los escasos once días que pasamos en Palestina. La propaganda israelí, junto con los discursos de sus aliados en Europa y EE UU, nos insta a creer que entre lxs palestinxs el terrorismo y el odio campan a sus anchas. Sin embargo, si queremos hacer de altavoces para ellxs (petición recurrente, encargo que aceptamos) debemos hablar de un pueblo que lucha de forma continua por la vida y su belleza. Quizás por ello han conseguido resistir setenta años de ocupación y apartheid.

Nos enseñaron cómo son sus vidas en medio del hostigamiento continuo, sin olvidar nunca poner acento también en lo bello. Nos mostraron sus paisajes, sus placeres y sus dificultades diarias. A hacer humor sobre asuntos lacerantes. Nos enseñaron gastronomía, arte e historia. Sus estrategias para gestionar la pérdida o el encarcelamiento de un ser querido, o para soportar la escasez de agua que les impone Israel o el dolor de una bala de caucho clavada en el cuerpo. Y, por supuesto, nos mostraron su capacidad de lucha, resistencia y creatividad en un entorno tan hostil, donde la violencia y el odio del ejército invasor y de lxs colonxs se respiran veinticuatro horas.

Youth Against Settlements (Jóvenes contra los asentamientos)

Nuestro primer destino fue Hebrón, una ciudad que en 1997 fue dividida en dos: H1, bajo la Autoridad Palestina (AP), y H2 bajo el control israelí. Como resultado sobrevive atravesada por checkpoints donde se humilla y se limita la vida del pueblo. Su zona comercial fue destruida y ocupada por colonxs, y su casco histórico está bajo presencia militar constante que a punta de fusil impide el paso a palestinxs.

En la zona H2 nos reunimos con la YAS (Youth Against Settlements), grupo de acción cuya finalidad es terminar con la expansión de los asentamientos israelís a través de la lucha y resistencia popular.

La sede está rodeada de familias de colonxs y militares 24 horas. Este edificio y el descampado donde se sitúa, resisten y sirven de espacio para reuniones, talleres y juegos infantiles, a pesar del hostigamiento, los ataques por parte de colonxs y soldadxs y las detenciones arbitrarias. La YAS, y de forma más concreta Issa Amro, su fundador, se movilizó tanto en los tribunales como a través de la resistencia en la zona, hasta conseguir recuperar lo que era y sigue siendo la sede de este colectivo. Esta es una de sus victorias.

La YAS lleva adelante un buen número de iniciativas en línea con uno de los lemas que se reproducen en las paredes de Hebrón: «existir es resistir». Samidon Campaign es uno de estos proyectos, basado en la creación de redes de apoyo para estas familias que viven en H2. Vivir aquí supone dificultad o incluso imposibilidad de acceso a servicios o recursos necesarios para la vida diaria. Con esta red se atienden sus necesidades, sobre todo en cuando al mantenimiento de hogares, construcción, etc., facilitando así su derecho a permanecer en la zona.

También se organizan en torno a la campaña de recogida de aceitunas, uno de los momentos más importantes del año para la comunidad palestina. El aceite de oliva está en la base de la economía de muchas familias. Además, los olivos, cuidados y heredados de generación en generación, son un símbolo de su identidad como pueblo. Israel suele dificultar o directamente impedir la cosecha, por ello la recogida debe de ser rápida y suele estar acompañada de vigilancia, día y noche, de los olivares para que no sean destrozados por lxs colonxs. Es usual que durante la campaña haya presencia de activistas internacionales, especialmente sirviendo de escudo humano, para intentar evitar las agresiones físicas y abusos por parte de colonxs y soldadxs.

Además, la violencia y los ataques sufridos diariamente requieren de acompañamiento, información y denuncia que desde el colectivo también se proporciona. Una de las herramientas que utilizan es la grabación de todos los abusos. Y para ello realizan talleres en los que enseñan a la población a usar cámaras y proteger los dispositivos y las tarjetas de memoria de los soldados en los momentos de tensión.

Laylac

Desde Hebrón nos fuimos a Belén, concretamente al campo de refugiados Dheisheh. En este lugar las calles se estrechan, se apilan casas que crecen en vertical y las paredes se llenan de grafitis con las caras, cuerpos y nombres de mártires y presos. En este laberinto sin espacios libres de 1 km2 donde viven alrededor de 17 000 personas, las tiendas de campaña se sustituyeron por casas, porque el «Derecho al Retorno» de las personas refugiadas es, además del eslogan de las banderas negras que vemos en los campamentos, el eterno tema pendiente. La UNRWA es el organismo encargado de proveer de recursos a las personas refugiadas, recogida de basuras, tendido eléctrico, escuela, etc., pero la «seguridad» sigue en manos del ejército de Israel, ayudado por la Autoridad Palestina (PA). La población de Dheisheh (al igual que la de los demás campos de refugiadxs de Palestina) ha tenido que aprender a naturalizar que las fuerzas militares entren habitualmente en el campo, de madrugada. Estas incursiones, que se hacen en busca de alguien o simplemente como entrenamiento, siempre están acompañadas de bombas de sonido, gas, balas de caucho y también munición real. Son imprevisibles, nadie sabe cuándo, por qué o cómo terminarán, lo cual aumenta la tensión y el nivel de sufrimiento y frustración de la población. Toda familia tiene al menos una historia marcada por la violencia de Israel, un hermano preso sin cargos ni fecha de liberación, una hija que no puede caminar tras recibir un estratégico balazo en la rodilla o un amigo directamente asesinado.

Laylac nació dentro del campo con el objetivo de empoderar a este grupo humano invisibilizado y maltratado, intentando contrarrestar los efectos del individualismo, de las normas del patriarcado y del sistema opresor y capitalista que les rodea. Oponiéndose a la sistematizada educación formal, este centro de activismo social y político se fundó bajo los principios de la educación popular y confía en la propia comunidad como agente de cambio. La clave aquí es la independencia social, económica y política. Nadie implanta proyectos para la comunidad, sino que todos nacen de ella. Todo el trabajo es voluntario y se escoge muy bien con qué otras organizaciones colaborar; por ejemplo, rechazan cualquier acercamiento con la AP, proyectos que traten de normalizar la situación con Israel o cualquier financiación supeditada a condiciones. Practican la autogestión y un nivel de compromiso muy alto por parte de las personas voluntarias: así obtienen su libertad de acción. En Laylac funcionan diferentes departamentos que fluyen en función de las necesidades de la comunidad: arte, ocio, teatro, trabajo social… Los tiempos se marcan a diario. Las decisiones son consensuadas desde abajo hacia arriba; las responsabilidades son compartidas. El último éxito de este centro fue el proyecto In & Out, continuación de In Between; proyecto artístico que a través de la pintura y la música denuncia y canaliza las emociones sobre la situación de las personas presas políticas en Palestina y en Israel. Este centro está abierto a cualquier tipo de individualidad o colectivo que llegue con ganas de observar, aprender y compartir experiencias, ya que es así como se nutren y es en ese tipo de redes en las que confían.

Tent of Nations (Carpa de las naciones)

Desde Belén nos acercamos, hacia el sur, a la finca donde la familia Nassar desarrolla su proyecto Tent of nations. Lo primero que observamos es un cartel en el que se lee el lema que sirve de base a su proyecto: «nos negamos a ser el enemigo».

Esta finca ecológica de unas cuarenta hectáreas que los Nassar trabajan desde 1916 se encuentra rodeada y asediada por cinco asentamientos de colonxs e incomunicada de la carretera principal, la cual lxs colonxs bloquearon hace ya quince años, en un intento de dificultar la vida de la familia e impedir que lxs voluntarixs internacionales llegasen al terreno.

En 1991 sus tierras fueron clasificadas como «tierra del Estado de Israel» y, ante la amenaza de confiscación, la familia decidió comenzar un proceso judicial para reclamar ante los tribunales la propiedad del terreno. Saben que estos procesos son muy lentos y prácticamente imposibles de ganar. Pero ellxs, convencidxs de que la única opción es seguir construyendo, mientras optaban por la vía judicial seguían trabajando y transformando su finca. Un lugar que no solo es una granja ecológica, sino que alberga otros proyectos como campamentos de verano para menores o talleres de género.

Los Nassar resisten negándose tanto a huir como a sentarse «a esperar y llorar»; no quieren ser víctimas. Y eligen además no vivir en el odio, porque saben que eso puede consumirte hasta destruirte. Por lo tanto, optan por construir. Creen firmemente que el futuro de su pueblo está en el campo, en las tierras de cultivo palestinas, pues consideran que en las ciudades el asedio militar y la falta de oportunidades hacen que la situación sea insostenible. Por ello, a pesar de la prohibición de construir en su propio terreno, de la falta de agua y de las continuas amenazas, apuestan por la agricultura sostenible y el empoderamiento de la comunidad como opción de vida. Como nos contaba, Daoud Nassar, uno de los hermanos de la familia, sortear los obstáculos que les pone el Estado israelí es solo un desafío más a su creatividad y capacidad de trabajo, no un freno. Un buen ejemplo de esto es el hecho de que construyan y vivan en cuevas, ante las órdenes de demolición que reciben cuando construyen hacia arriba.

Daoud apuesta más por la acción que por la reacción. No cree que la solución pase por defenderse una vez que el ataque ya ha sido producido. Sino por trabajar con determinación, creando a pesar de las dificultades. Tienen de su parte la calma que da el saber que lo que haces es legítimo, pues responde a la verdad de la historia.

Al finalizar la jornada, los Nassar nos invitaron a volver para echar una mano en las labores del campo y en la defensa del territorio (desde que acogen a voluntarixs internacionales, los ataques violentos de los colonxs prácticamente han desaparecido).

Jordan Valley Solidarity (Solidaridad con el valle del Jordán)

El último día en el campo de refugiados Dheisheh (Belén), recibimos una llamada de la organización Jordan Valley Solidarity. Nos pedían estar al día siguiente en Bardala, pequeño pueblo del valle del río Jordan, a primera hora de la mañana. Más de 300 olivos habían sido cortados y arrancados.

Esa noche no hizo falta que sonara el despertador, los militares hicieron su tarea realizando una de tantas incursiones al campo, arrojando explosivos y gas lacrimógeno. Así comenzamos nuestro viaje hasta Bardala, donde gracias a la Unión de Campesinos Palestinos y la ayuda voluntaria de vecinxs se pudo llevar a cabo la replantación de nuevos olivos.

La situación del valle del Jordán es especialmente difícil debido a que el 95% está en zona C, es decir, bajo el control total de Israel. Por lo que existen pueblos enteros casi sin servicios, puesto que Israel solo los proporciona a los más de 37 asentamientos para colonxs construidos en tierra de palestinxs.

Una de las estrategias del Estado para despoblar el valle es usar el territorio como zona militar para el entrenamiento de los soldados, lo que conlleva confiscación de tierras, e incluso desalojo forzoso de pueblos enteros durante tiempos indeterminados. Otra de las amenazas constante es el robo de agua en el valle, que poco a poco está siendo desertificado. Secan sus pozos y cortan sus tuberías, incluso les confiscan los camiones cisternas que alquilan para poder comprar agua de otras zonas. El acoso continuo conlleva también la destrucción de sus tierras y casas, y la confiscación de herramientas, maquinaria y ganado.

Ante el asedio continuo, las comunidades se organizaron en una red de municipios, junto con simpatizantes y activistas internacionales, y crearon Jordan Valley Solidarity.

Esta organización se centra en la colaboración y el apoyo mutuo para posibilitar la vida de estas comunidades palestinas y mantener su presencia en el valle. El trabajo varía según las necesidades: arreglo de caminos, reconstrucción de casas y escuelas, lucha por el agua. Además de denuncia y sensibilización acerca de la situación y la necesidad de apoyo a nivel nacional e internacional. Como en otros colectivos que visitamos, la prioridad aquí es avanzar y construir a pesar de los obstáculos. Rashid, uno de los integrantes, nos contaba que lo que prima es la idea, el proyecto que han imaginado. No importa si faltan recursos o conocimientos para llevarlo a cabo. Investigan, aprenden, trabajan y finalmente consiguen aquello que se han propuesto.

De nuevo, la determinación y el convencimiento como base de la resistencia palestina. De nuevo, el pueblo palestino enseñándonos creatividad y arrojo.

Por ello, tras estas visitas y alguna más, llenas de experiencias enriquecedoras a nivel político y personal, volvimos a Sevilla con el convencimiento de haber aprendido vida, resistencia y dignidad. Y con la silueta de una cometa palestina grabada en nuestra retina, símbolo todo en uno de libertad, lucha, placer y futuro.

Jin, jiyan, azadî, Jineolojî y la propuesta del movimiento de mujeres kurdas

Jin, jiyan, azadî – Mujer, vida, libertad; un eslogan que no solo se repite en las manifestaciones kurdas, sino que es el núcleo de la revolución del Kurdistán. Como dicen allí: «La liberación de la sociedad, la completa destrucción del capitalismo y del Estado, solo será posible a través de la liberación de las mujeres. Esta lucha no solo corresponde a las mujeres kurdas, sino a todas las mujeres del mundo»

El movimiento de mujeres kurdas afirma que la primera opresión que se dio en la historia humana fue la opresión sobre la mujer. La mentalidad patriarcal se impuso a través de la dominación, explotación y esclavitud de las mujeres, enfrentó al ser humano con la naturaleza y abrió la puerta al resto de sistemas de dominación y discriminación que enfrentan a la sociedad entre sí: imperialismo, clasismo, nacionalismo, racismo, son productos de esta mentalidad de dominación masculina.

El patriarcado apareció aproximadamente hace unos cinco o seis mil años, pero antes de esto los seres humanos vivieron durante miles de años organizados en sociedades matriarcales pacíficas, igualitarias y respetuosas con la naturaleza, denominadas «sociedades naturales» o también «socialismo primitivo». Pero, ¿cómo la posición, la libertad y el respeto a las mujeres en estas sociedades se perdió progresivamente hasta alcanzar el punto de no ser ni nombradas en la historia? Volver atrás, investigar nuestras raíces, conocer cómo éramos y cómo cambiaron las cosas, es esencial para entender quiénes somos y cómo es la sociedad hoy. Si no hacemos esto, si no buscamos la verdadera raíz de los problemas, no seremos capaces de ganar nuestra lucha contra el sistema actual, es más, no seremos capaces de proponer una alternativa apropiada que haga de la revolución social un cambio verdadero y definitivo.

Amargî es una palabra sumeria, la primera conocida en la existencia humana que expresa el significado de libertad, la búsqueda de libertad. Porque la conciencia de libertad no aparece hasta que esta no se pierde por primera vez. La sociedad oprimida bajo la civilización estatal sumeria anhelaba la igualdad y la libertad vividas en las sociedades matriarcales. Es por eso que Amargî significa literalmente ‘volver a la madre’. Las mujeres en particular y las (nunca desaparecidas) sociedades naturales en general, han resistido y luchado siempre por volver a la libertad. Las historias mitológicas de Mesopotamia en las que las diosas madre se defendían del nuevo poder emergente de los dioses masculinos; la resistencia y organización clandestina de las brujas, mujeres sabias, en Europa; las tres olas del feminismo y la lucha presente de las mujeres en todo el mundo contra el feminicidio, son ejemplos de este conflicto que continúa desde hace más de cinco mil años contra el sistema y mentalidad de dominación masculina.

De la teoría a la práctica, creando un conocimiento de las mujeres para la revolución social

Jineolojî es una nueva fase en la perspectiva de lucha del movimiento de mujeres kurdas que surgió y evolucionó hace más de treinta años dentro de la lucha de liberación nacional kurda liderada por el PKK (Partido de los trabajadores de Kurdistán). Comenzó en el año 1987, al mismo tiempo que trabajaba su organización autónoma internamente, también transmitía y compartía sus avances en todas las áreas de la lucha social. Las insurrecciones populares contra la colonización de Kurdistán (en kurdo Serhildan), que comenzaron a partir de 1989, fueron lideradas por mujeres. Desde el punto de vista de la sociedad kurda, este fue el comienzo de una nueva fase de la resistencia nacional con un carácter centrado en la mujer. En este sentido, el movimiento de mujeres continuó su trabajo teórico y práctico en áreas intelectuales, políticas, sociales, culturales y de autodefensa. Las siguientes fases claves en la historia del movimiento serían: 1993, formación de guerrilla autónoma de mujeres; 1996, teoría y práctica de desconexión total del sistema patriarcal; después de 1998, ideología de liberación de las mujeres y creación de una identidad emancipadora de la mujer; 1999, formación del partido ideológico de mujeres; desde el 2000 en adelante, construcción del sistema confederal democrático dentro del marco del nuevo paradigma social cuyos tres pilares básicos son: democracia, ecología e igualdad de género. En este contexto se procedió a la creación de consejos de mujeres, academias y cooperativas. Después de toda esta evolución y bajo el lema «la liberación de las mujeres es la liberación de la sociedad», el movimiento de mujeres pasó entonces a centrarse en el trabajo ideológico, filosófico e intelectual.

Abdullah Öcalan, representante del movimiento de liberación kurdo, se cuestionó y reformuló el papel de las ciencias sociales. Se preguntó especialmente por qué el socialismo real y los movimientos de liberación nacional no pudieron materializar sus ideales y objetivos de una sociedad liberada. En este contexto, Öcalan describe la necesidad de un modelo social alternativo a las nociones de revoluciones dirigidas al derrocamiento y la toma del poder. En este contexto, introduce la noción de una «sociedad ético-política» que se autoorganiza bajo un tipo de democracia de base y se distancia de la sociedad de consumo incapacitada y homogeneizada del capitalismo.

El proceso de convertirse en una sociedad libre no puede ser planificado desde el exterior y aplicarse como un modelo definitivo, porque entonces la sociedad nuevamente se queda incapacitada. Por el contrario, este proceso debe ser moldeado por la propia sociedad, los grupos sociales y los individuos mismos. Aquí, la moralidad social (conciencia y ética colectivas) y la capacidad política de la sociedad son factores decisivos. En este contexto, Abdullah Öcalan considera que la tarea central de las ciencias sociales y del conocimiento es fortalecer la conciencia libre en un proceso social abierto y desarrollar soluciones a los problemas sociales. Si observamos la noción actual de las ciencias vemos que es contraria a este entendimiento. La ciencia ha adquirido las características masculinas, sexistas y clasistas del sistema patriarcal y es usada como herramienta del poder para el mantenimiento de su dominación.

Es en este punto que proponemos Jineolojî. Jineolojî significa por tanto una intervención radical en la hegemonía de la mentalidad masculina dominante, un cambio radical de la percepción del mundo y de la vida, un cambio de paradigma. Öcalan hizo mención a esta palabra por primera vez en 2008 en su libro Sociología de la libertad. Ahí expresó la necesidad de crear una ciencia de la mujer como sistema de conocimiento alternativo para la superación del sistema científico actual y que formará la base fundamental para el desarrollo de una nueva vida y sociedad libres. El trabajo de Jineolojî comenzó en 2011 con la formación de un primer comité en la guerrilla, en las montañas liberadas del Kurdistán. Desde entonces se ha extendido a todas las áreas del movimiento y puesto en práctica en las cuatro partes del Kurdistán y Europa, creando comités, centros de investigación y academias.

El término Jineolojî se forma por un lado por la palabra kurda jin que significa ‘mujer’ y que comparte su raíz con las palabras kurdas jîn y jiyan que significan ‘vivir’ y ‘vida’ respectivamente; y por otro por el sufijo –lojî que deriva del término griego logos y que significa ‘conocimiento, entendimiento, ciencia’. Por tanto, se puede traducir Jineolojî como la ‘ciencia de la mujer y de la vida’. Nos preguntamos entonces, ¿cuál es el significado de la vida?, ¿qué conocimiento nos proporciona la vida misma?, ¿cómo crean las mujeres conocimiento? De hecho, una de las características principales del movimiento de mujeres kurdas es que la práctica y la teoría van de la mano y se mejoran recíprocamente. Las experiencias revolucionarias de las mujeres crean conocimiento y al mismo tiempo este conocimiento es el que define nuestra acción revolucionaria. El conocimiento se hace posible mediante la acción; se trata de construir conocimiento viviendo la vida misma. Este es el conocimiento en el que Jineolojî se basará y con el que guiará la revolución social.

En la historia de la humanidad, la mujer es considerada como la primera existencia que toma consciencia de sí misma y entorno a la cual la vida era organizada. Sin embargo, cuando el patriarcado se apoderó del conocimiento social y del poder natural que las mujeres habían desarrollado, las convirtió en pecado, en algo a ser castigado. Todos los sistemas de dominación de la historia se han basado en la construcción de un conocimiento y una mentalidad que legitiman esta lógica de dominación y esclavitud impuesta sobre las mujeres. El sexismo y la misoginia expresadas mediante la mitología, la religión, la filosofía y la ciencia son resultado de esto. Por tanto Jineolojî analizará cómo, cuándo y dónde el patriarcado ha influido en todas las áreas de la vida y de la mentalidad de la sociedad, proponiendo al mismo tiempo soluciones concretas y radicales usando también las partes positivas que ya existen en las ciencias. Encontrará métodos y respuestas libertadoras que llevarán a las mujeres y a todas las personas de la sociedad a una verdadera existencia y relación entre ellas.

Además de la experiencia adquirida por el movimiento de mujeres kurdas, Jineolojî tomará su conocimiento de las experiencias y logros del feminismo y de las luchas globales de mujeres. El feminismo nos enseñó que las ciencias modernas sostienen su conocimiento basándose en la división artificial entre sujeto y objeto. El control y el poder se legitiman sobre dicotomías sexualizadas y jerárquicas impuestas sobre la sociedad: yo y el otro, opresor-oprimido, emocional-racional, público-privado, etc.; La mujer es definida en diferencia al hombre y subyugada al control de este. Bajo esta realidad ficticia la sociedad identifica como valores positivos los definidos como masculinos: razón, fuerza y competición. De esta manera, la violencia, la destrucción y la muerte se han convertido en parte del poder y del conocimiento del hombre y en la base del entendimiento científico. Esto ha traído y trae consigo la devastación de la naturaleza, de los animales y de toda la humanidad.

Jineolojî señala que otro problema actual de las ciencias es que han adaptado el paradigma positivista. Con el positivismo la experiencia humana es reducida solo a hechos objetivos empíricamente probados, dando prioridad a algunas estructuras de conocimiento sobre otras y por tanto otorgándole el acceso al conocimiento y la posesión de la verdad universal a una élite. Jineolojî se presenta por tanto como un método de autodefensa contra los ataques del positivismo y la modernidad capitalista. Cuando decimos autodefensa no nos referimos solo al sentido armado, sino también a la construcción de estructuras sociales y mentales que sean capaces de hacer frente y responder a la represión y los ataques del sistema. Jineolojî define varias áreas prácticas para la organización y defensa de la vida social que serán desarrolladas con la perspectiva libre de las mujeres y mediante las cuales Jineolojî en sí podrá también mejorar y desarrollarse: ética y estética, demografía, ecología, economía, salud, educación y política.

Jineolojî analiza la construcción social de la identidad femenina y masculina y los entendimientos conservadores de género. Cuestiona las relaciones actuales entre las mujeres y los hombres y el concepto de sexualidad para rescatar a la mujer de definiciones como «virgen, esposa u objeto sexual», devolviéndola a la sociedad en la posición que se merece como sujeto libre. Propone unas nuevas relaciones humanas sobre las que se desarrolle la vida social y que se basen en el compañerismo y el respeto mutuo. Este concepto se conoce como «relaciones de convivencia libre» y son descritas en el libro de Introducción a Jineolojî de la siguiente manera:

La vida de pareja es una construcción social. La vida actual no se desarrolla entre un hombre y una mujer, sino entre la masculinidad y feminidad que han sido construidas socialmente. No podemos negar que la construcción hegemónica de los sexos binarios ha influido en las relaciones que se dan entre ellos y por tanto crea también una forma hegemónica de relaciones. No puede existir amor en una relación hegemónica impuesta. La primera condición básica para que se dé el amor entre seres humanos es que ambas partes sean libres y tengan una voluntad libre.

La cuestión de la igualdad de género y de todas las oprimidas nunca antes había sido tan urgente e intensa. Por tanto se hace también más necesaria que nunca una correspondiente organización y desarrollo de estructuras alternativas. En este contexto, el movimiento de mujeres kurdas nos propone Jineolojî como solución a las problemáticas sociales históricas y como método de desarrollo de un conocimiento de las mujeres que tenga el potencial de unir y guiar a todas las luchas antipatriarcales, anticapitalistas, antiimperialistas y antiautoritarias del mundo.

Con Amargî la lucha de la liberación de las mujeres comenzó —y con Amargî continúa—. La revolución de las mujeres que está teniendo lugar hoy en día en las tierras de Rojava, en Kurdistán, representa la necesidad histórica de ese retorno a la libertad exactamente donde primero se perdió. Con Jineolojî el movimiento de mujeres kurdas está tomando la responsabilidad de la victoria de este conflicto, poniéndose al frente de la lucha global por la liberación de las mujeres y de la sociedad, e invitándonos a todas nosotras a luchar con ellas. 

¿La trampa comunitaria?

Problematizar el activismo local

Las luchas comunitarias, el trabajo de barrio, el proyecto localizado en una plaza, en un edificio, siempre han tenido una atracción especial para las gentes activistas. Vinculadas a la construcción de comunidad e identidad, este tipo de acciones han ocupado un lugar preferente en el imaginario de la izquierda. En nuestro territorio, la idealización de las asociaciones vecinales puede ser un buen ejemplo de este planteamiento. Esta forma organizativa puede resultar un caso paradigmático de movimiento con influencia social y dimensión espacial y temporal relevante; parte del movimiento obrero y del proceso de La Transición. En este marco, las AA VV presentaban la novedad de centrar su campo de acción en la esfera de la reproducción, de las prácticas cotidianas, de la producción de vida. Este legado perduró, tanto en las AA VV más longevas, como en experiencias políticas posteriores y de una naturaleza diferente.

Desde los años ochenta, el paradigma de los movimientos sociales fue sustituyendo paulatinamente los modelos de izquierda radical previos, basados en la clase, las instituciones políticas del sindicato o el partido, y la toma del Estado (o al menos algún tipo de planteamiento respecto del mismo), teniendo como uno de sus elementos característicos la concreción en proyectos transformadores locales, micro-utopías, centros sociales, espacios de cooperación y participación, etcétera. Una tendencia que se prolonga y consolida en la actualidad pero que, al menos en nuestro ámbito territorial, no ha trascendido de las redes de activistas con unas dimensiones y un impacto social ciertamente limitado.

Algunas personas teníamos la expectativa de que las asambleas de barrio del 15M fueran un fenómeno con una relevancia similar al de las AA VV de los setenta. El 15M o el movimiento de vivienda inmediatamente posterior fueron procesos que continuaron en gran medida con afinidad por la iniciativa local, la asamblea, los problemas inmediatos y las prácticas espaciales sobre los grandes proyectos de transformación histórica; la militancia orgánica y la intervención en las instituciones del Estado; al mismo tiempo que tuvieron una influencia política y cultural innegable en términos generales. Sin embargo, pasado su momento de auge, las asambleas del 15M o los grupos conformados en torno a la lucha contra los desahucios han tendido a reducirse muy rápidamente a las mismas redes de activistas que existían previamente, o incluso a otras más exiguas y más débiles.

Aquí barajamos la posibilidad de que el problema podría encontrarse en la propia focalización y, a veces, idealización de la fórmula local-comunitaria como única forma política legítima para la izquierda radical, que impide un trabajo a escalas mayores y planteamientos fuera del corto plazo. Cualquier movimiento político de base amplia tiene su origen y su cuerpo en una política de la comunidad inmediata y en las redes de solidaridad que se generan en torno a la existencia de un espacio común: fábricas, plazas, barrios, pueblos, etcétera. Ahora bien, lo contrario no puede afirmarse, y no todo activismo comunitario puede o pretende ser parte de movimientos políticos transformadores más allá de su práctica local.

Lo político es personal

Fredric Jameson (1), considerándose él mismo un autor postmoderno, proponía que debía tomarse la postmodernidad como oportunidad al mismo tiempo que como tragedia. Esto podría valer para el activismo radical contemporáneo. Estas tendencias indudablemente ofrecen una oportunidad de trasladar el antagonismo y la radicalidad política a ámbitos que habían sido ajenos al viejo movimiento obrero y productivista, esto es, a los espacios de la reproducción, a la producción de vida, al propio cuerpo. Pero no dejan de tener un trasfondo de tragedia, en la medida en que son en parte resultado de la derrota histórica del mencionado movimiento obrero, del comunismo y de la izquierda, indiscutible y casi total en el siglo XX. Los actuales movimientos suelen definirse, de hecho, negativamente respecto del comunista: movimientos de protesta no convencionales, postmaterialistas y postobreristas, volcados en reivindicaciones culturales e identitarias, y con desdén hacia las instituciones del Estado. Hay algunas buenas razones por las que este tipo de tendencias se vinculan a fórmulas de acción políticas basadas en la construcción local y comunitaria.

Cada vez más, los grandes proyectos políticos de transformación histórica parecen, no solo improbables, también indeseables. En este contexto, las utopías locales resultan ser una buena alternativa. Frente al gran relato histórico reduccionista, que pretende englobar todas las historias dentro de una sola metanarrativa, probablemente blanca, masculina y occidental, hay un vuelco foucaultiano en la geografía. La historia es múltiple, por lo que los lugares tienen y pueden tener la suya propia (y tal vez desobediente). Con la muerte de la historia desaparece la noción original de revolución y utopía, pero, en su lugar, surge la posibilidad de crear múltiples pequeñas utopías en la realidad, simultáneas y diversas.

Por otro lado, frente al fetichismo de la política parlamentaria, se ha podido tomar esta forma de activismo como una manera de llevar la política a otros ámbitos que se representaban como falsamente despolitizados. El liberalismo siempre ha estado muy preocupado por encerrar la política dentro de unos límites seguros que impidieran cuestionar las bases de la sociedad, limitándola a la política parlamentaria. El vuelco sobre la comunidad inmediata, como el vuelco sobre las políticas del cuerpo, implican señalar la existencia de contenidos políticos fuera de este encierro en las instituciones convencionales de la democracia liberal. De hecho, el marxismo y el viejo socialismo realizaban una operación similar, al sacar la política del parlamentarismo y llevarla a las fábricas y a las relaciones económicas.

Estos son, a día de hoy, argumentos bien establecidos dentro de la izquierda radical y difíciles de cuestionar. No obstante, todo tiene sus matices. Tomemos por ejemplo el conocidísimo lema de «lo personal es político», que sintetiza bastante bien la voluntad de sacar la política de su encierro parlamentario. Tomando una figura prestada (2), podríamos preguntarnos si, ya avanzado el siglo XXI, con el cadáver del movimiento obrero hace ya tiempo enterrado, el problema podría no ser tanto que se excluyan las cuestiones personales de la esfera de la política legítima, como que lo político sea planteado cada vez más como una cuestión meramente personal. En el consenso actual sobre democracia liberal y capitalismo de mercado, la participación política tiende a reducirse a una elección individual entre una serie de productos políticos formalmente distintos, pero también entre una serie de estilos de vida, dentro de los cuales se incluyen estilos no convencionales. El lugar de la política acaba siendo otro mercado, donde reina la (aparente) libertad del consumidor. Podríamos incluso aventurar que, en el consenso liberal actual, pareciese que cualquier contenido es politizable excepto los contenidos económicos (el neoliberalismo ha hecho todo lo posible por transformar la economía en una esfera progresivamente separada e independiente de la política. ¡Quita tus sucias manos políticas de la economía! pregona el discurso neoliberal).

¿La trampa comunitarista?

Lo anterior no niega la legitimidad de las reivindicaciones de comunidad, diversidad y concreción territorial del radicalismo postmoderno. Todo lo contrario. Los proyectos locales, materializados en prácticas sociales y espaciales concretas son, al fin y al cabo, no solo una buena opción en el contexto actual, sino la base indispensable de cualquier proyecto político emancipatorio en cualquier contexto. A pesar de esto, el activismo local-comunitario en sí mismo, si no forma parte de proyectos más amplios, de instituciones con unos valores más allá de las prácticas concretas del grupo local, corre algunos riesgos que podemos visibilizar con bastante claridad a día de hoy.

Primero, por sí mismos, los proyectos comunitaristas siempre corren peligro de caer en un cierto parroquialismo político. Cuando la construcción comunitaria tiene éxito, siempre existe un componente conservador que es difícil de exorcizar. Cuanto más cerrada sea una comunidad, mayor carácter normativo suelen tener los códigos culturales propios del grupo, y mayor vigilancia existe sobre los individuos; de tal manera que pueden generarse ambientes extremadamente opresivos. Por otro lado, a la solidaridad hacia el interior del grupo, no pocas veces le corresponde una falta de solidaridad con lo que queda fuera del espacio común.

Segundo, si no se atiende al «contexto de contextos» en el que se desarrolla la actividad política, es relativamente fácil que comunidades, iniciativas y proyectos acaben sirviendo a intereses distintos de aquellos para los que se plantearon. Proyectos vitales original o teóricamente antagonistas, pueden acabar convirtiéndose en meros nichos de mercado para un capitalismo que tiene que producir constantemente nuevos productos y nuevas formas de consumirlos. A veces pareciera que la izquierda está condenada a salvar al capitalismo, mientras que el único planteamiento anti-sistémico procede de la derecha.

Finalmente, la falta de adscripción a estrategias políticas que apunten más allá de la realidad local no deja de implicar un cierto grado de resignación. Podríamos barajar que, detrás del encierro activista en los pequeños proyectos locales, lo que se encuentra es la certeza de que el capitalismo está para quedarse. Si no hay revolución, ni sociedad postcapitalista, no hace falta estrategia para alcanzarla, ni organización basada en compromisos sólidos y duraderos para desarrollarla. El radicalismo de lo efímero, lo espontáneo y lo epicúreo, lleva implícito una renuncia a cierta dimensión política, aunque al mismo tiempo potencie otras, sin lugar a dudas.

Sindicalidad y espacios de oportunidad

Diría que una parte importante de los peligros del localismo y el comunitarismo, como forma de operar de la izquierda radical, procede principalmente de la ausencia, que en muchos casos es renuncia, a la creación de instituciones mediadoras. Instituciones estables en torno a las que se generen unos compromisos y consensos fuertes, que medien entre las solidaridades que se constituyan en el espacio concreto y otros niveles de abstracción, otras escalas de acción política, otros valores más allá de lo local, otras dimensiones temporales más allá de la coyuntura inmediata, etcétera.

En este sentido, lo más interesante de algunas formas de acción local, desde las viejas asociaciones vecinales a las plataformas de Afectadas por la Hipoteca, es su potencialidad a la hora de generar este tipo de construcciones políticas mediadoras. Es lo que podríamos llamar una especie de sindicalidad; que se encuentra en muchos movimientos sociales y de acción comunitaria; que tienen la capacidad de extrapolar el apoyo y la solidaridad fuera de las prácticas cotidianas en las que nacen; de expandirse y de agregarse; y, quién sabe, si de exportar ciertas prácticas y valores a constructos políticos como la nación o la clase u otra cosa que esté por venir.

Una organización no es necesariamente una organización revolucionaria, pero es un comienzo. Crearla, es un trabajo arduo. Cada vez que intentamos construir algo más allá de las AA VV o los diversos y atomizados proyectos locales, nos encontramos con el parroquialismo conservador, generalmente escéptico frente a la política en su conjunto, que solo mira su ombligo y que es más proclive a desarrollar rivalidad que solidaridad con asociaciones de características similares. En otros casos, como las asambleas del 15M o el movimientos por la vivienda, en lugar de afrontar el problema que supone organizar a la gente cuando somos mucha, se ha optado por eludirlo, para retirarnos rápidamente de nuevo a la comodidad del pequeño grupo o la pequeña red local. Un grupo de amistades no es una organización, tampoco lo es una lista electoral, ni mucho menos pretender meter a centenares de personas en una asamblea y ponerlas a hablar por turnos. Organizarse implica asumir los problemas y los conflictos implícitos en coordinar a mucha gente. No asumir los problemas y los riesgos de la organización a otras escalas puede ser una posición cómoda a nivel personal, pero políticamente negligente en el contexto actual. Esto no deja de ser una hipótesis particular y parcial, que rema a contra-corriente dentro de la contra-corriente.

Notas:

(1)    Friedric Jameson es crítico cultural y ensayista, autor del libro El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado.

(2)    Es una idea que tomo de Jodi Dean y de su libro Partido y multitudes, recientemente traducido al castellano.

Utopías autónomas

Existe en la Muy noble , Muy leal , Invicta y Mariana ciudad de Sevilla una pequeña porción de territorio de apenas medio kilómetro cuadrado conocido como el «triángulo de las verduras» (nos referimos a la zona ubicada en San Luis, San Julián y aledaños). También lo llaman «el gueto» o «el barrio» y es alabado y criticado con igual intensidad por personas propias y ajenas. Nos llaman autorreferenciales, ombliguistas, endogámicos y guais; críticas todas y, posiblemente, con el mayor de los fundamentos. Pero lo que es innegable es que en esta fracción territorial amenazada y diversa ocurren cosas a las que no debemos dejar de prestar atención.

Antes de continuar describiendo los procesos y proyectos que suceden en «el gueto», consideramos menester identificar y describir una sociopatología que acompaña a los seres sevillanos de izquierdas y/o con deseos transformadores o revolucionarios (aunque no exclusivamente). Este es el «síndrome del jevy». Esta patología recibe su nombre de la conocida expresión de la tribu urbana conocida como los jevys: ¡Pa jevy yo, ese, ese es una marico…! Este mal del que adolecemos provoca en numerosas ocasiones, que no seamos capaces más que de criticar (o de referir) las cosas que suceden. Aunque con esto es más que evidente que solo conseguimos restarle importancia y potencialidad de aprendizaje a los procesos y contextos de autonomía que se están dando en estos lugares. Procesos y contextos que se fraguan a costa del tiempo y los cuerpos de muchas personas, que de manera solidaria y basadas en el apoyo mutuo, le van dando forma y realidad a numerosas situaciones que desde luego se aproximan al mundo nuevo que según Durruti (uno y trino) llevamos en nuestros corazones. 

También es menester aclarar qué consideramos como proyectos autónomos. Podríamos afirmar que tiene que ver con la capacidad individual y colectiva de darnos y definirnos las propias normas de existencia. Pensamos y actuamos con unos principios políticos eminentemente prácticos y no solo teóricos. Tenemos como anhelos y premisas la democracia radical repeliendo las representaciones (aunque no siempre y/o en todos los contextos lo consigamos). Atendemos a prácticas que horizontalizan la toma de decisiones. Buscamos estrategias que amortigüen o frenen las actitudes machistas o patriarcales, las cuotas de poder (generalmente dominadas por hombres maduros que hablan más que callan y escuchan). Y nos inventamos nuevas reglas del juego para gestionar y definir los diferentes proyectos que de diferentes maneras atienden a la resolución de las necesidades básicas reales. Otro aspecto que posiblemente se esté desarrollando tiene que ver con el derecho de uso y no de propiedad. Y también destacaremos que, aunque atendiendo a un gradiente de posibilidades, se evita la relación con la burocracia institucional. Hablamos de gradientes de posibilidades porque evidentemente este territorio y estos proyectos integran a una gran diversidad de gentes, y en esta diversidad sigue habiendo quien cree que la institución puede ser una aliada (aunque la historia reciente de nuestras luchas nos muestre que siempre que aparecen lo hacen como elefantes en cacharrería).

Y bueno, así estamos, en laboratorios de nuevas (o antiguas) prácticas, o al menos de prácticas no deseadas, ni favorecidas por el sistema capitalista, que nos quiere solas, individuales y compitiendo entre nosotras. Que quede claro que hay mucho que mejorar, que no queremos vender motos, pero en este momento en el que «la cosa está tan mala» nos es preciso poner en valor estos reservorios de prácticas comunitarias que tanto nos van a servir en futuro no demasiado lejano. Y no olvidemos que todos ellos surgen como respuesta a amenazas, agresiones o carencias y manipulaciones estatales e institucionales al servicio de los mercados. 

Así describiremos proyectos que seguro conoceréis, pero nunca está de más recordar su existencia y animar a la participación y apoyo de la vecindad (cercana o lejana).

El Huerto del Rey Moro

Ante la falta de espacios verdes… ¡Nos montamos un huerto!

El HRM es un espacio libre interior de manzana, de 3500 m2, con puerta a calle Enladrillada. Junto a otras parcelas aledañas, es la antigua huerta de la Casa del Rey Moro.

Por sus altos valores patrimoniales, en 2001 la casa y su huerto se declararon Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento. Lustros antes el espacio estaba «pintado de verde» en los planes urbanísticos (aunque en una parte también se preveía, y se sigue previendo […] construir pisos). Pero permanecía «solar» inaccesible.

En 2004, varixs vecinxs conocimos del lugar, investigamos y, dada la carencia de zonas verdes y de encuentro en el barrio, nos constituimos en asamblea y decidimos abrir el espacio para uso vecinal.

El HRM deviene así punto de cohesión barrial, concitando a personas de todas las edades, que cultivan la tierra, contemplan la natura en mitad de la ciudad, toman el aire, organizan y disfrutan de actividades, hornean pan, aprenden otras maneras de considerar el medio ambiente, llevan a sus criaturas a jugar… Y que gestionan un espacio comunitario de manera colaborativa; algo que solo se aprende en estas «escuelas de ciudadanía», que son los espacios de gestión colectiva.

Funcionamos mediante asamblea, de reunión mensual, y con varias comisiones estables o temporales que realizan tareas específicas, acordadas por la asamblea.

El Topo. El periódico tabernario bimestral más leído de Sevilla. 

Frente a la manipulación de los medios de comunicación creamos nuestro propio proyecto informativo

Hace poco más de cinco años, en el año 2013 y en el mismísimo corazón del triángulo de las verduras, comenzamos a fraguar el proyecto cuya vigesimosexta materialización tienes hoy entre tus manos o estás leyendo a través de una pantallita de colores. Desde el comienzo tuvimos clara la necesidad de que fuera un proyecto autogestionado y autónomo. Ya hemos ido contando en diferentes momentos nuestro firme propósito de que sea un laboratorio, un espacio de prueba, una demo que nos permita experimentar la posibilidad de generar una herramienta de transmisión de información contrahegemónica. A parte debemos añadir que en este proyecto no es importante solo lo que se cuenta, sino toda la urdimbre que sustenta el proyecto, compleja y rica, y que nos está suponiendo una fuente de aprendizaje inagotable. La cuestión económica la resolvemos (como podemos) con las personas suscriptoras y las entidades asociadas que apoyan el proyecto además de algunos de los eventos que organizamos. Es importante recordar que El Topo no se vende, y que se puede conseguir de manera gratuita en diferentes puntos de distribución.

Respecto a la gestión del proyecto, se dan numerosos procesos que se mantienen en un curioso equilibrio dinámico coordinado (en la actualidad) por tres mujeres y que ha conseguido que no se haya faltado a la cita bimestral ni una sola vez en sus cuatro años de vida material.

Los contenidos los decidimos en asamblea y a través de diferentes comisiones y con colaboración de muchas personas se llevan a cabo las tareas de ilustración y maqueta, escritura, revisión ortotipográfica, enturulamiento y envío, ajuste de cuentas, organización de eventos y una larga lista de faenas que hace que El Topo exista tal y como hoy lo conocemos y disfrutamos.

Mercao social La Rendija

La Rendija es un proyecto compuesto por otros dos proyectos: los colectivos El Enjambre sin Reina y Buenaventura Comunicación Social. Frente a la pérdida de soberanía alimentaria y la alienación de nuestras mentes y cuerpos por el mercado, en 2012 decidimos organizar nuestro propio mercao social. Nuestros primeros pasos los dimos en el Pumarejo, en la antigua Casa de la Paz (nunca nos salimos de los difusos límites del Triángulo de las Verduras). Y nos impulsó la idea de poner en valor la producción de bienes y servicios locales, ecológicos, artesanales y de comercio justo; acercándolos a nuestro barrio, en un diálogo abierto entre quienes producen y quienes consumen. Nuestro objetivo era construir un espacio de consumo, suministro y distribución, donde podamos ejercer nuestra opción de consumo con compromiso social.

Dos años después nos mudamos a San Julián, otro epicentro de la movida promovida por el gueto. ¿Por qué es tan importante para nosotras insertar nuestro proyecto precisamente en este territorio? El consumo local nos permite conocer a la persona que elabora o cultiva aquello que comemos, usamos o llevamos. Sabemos de dónde viene y cómo se hace y es más fácil controlar la calidad de lo que compramos. Comprar y producir localmente implementa responsabilidad. La distancia reduce la responsabilidad. Además supone beneficios para el medioambiente al reducir el transporte de las mercancías. Y por si fuera poco, crea economía local y da vida a nuestros barrios. 

¿Solo eso? No. Aquí estamos acompañadas y enredadas. Nos reliamos con proyectos comunes. Buscamos productores en colectivos afines que a su vez vienen buscando productos para su lista de la compra ética cuando organizan eventos para apoyar a otros proyectos en los que también estamos reliadas. Si queréis un rizoma, aquí tenéis uno.

Y frente a la falta de puntos de encuentro que podamos usar sin que un sufrido funcionario abra y cierre y la burocracia decida qué se hace y qué no. Abrimos y gestionamos nuestros propios centros sociales. 

COAF La Revo. Los feminismos por bandera

«Estamos en el año 2018 d. C. Toda la SeviGalia está ocupada por el capital… ¿Toda? ¡No! Una casa poblada por irreductibles femillanas resiste, todavía y como siempre, al invasor.» Nos gustaría decir también aquello de «y la vida no es fácil para las guarniciones de represores y burócratas sevillanitos en derredor».  Pero seamos realistas, eso es ya demasiada literatura. 

Pues sí. Desafortunadamente, la Revo es el último reducto de la okupación en está pía ciudad. Y aunque no tenemos una poción mágica que nos de fuerzas, no la necesitamos; nos tenemos a nosotras, y a las aliadas de los colectivos que en este artículo aparecen, y de otros muchos más. 

La Revo va más allá de las paredes del centro social. La asamblea nació previamente a la okupación del espacio, con la intención de ir creando apoyo mutuo, empoderamiento y sororidad, herramientas que deseábamos que fueran parte de nuestra cotidianidad. Desde entonces, continuamos creando y luchando desde los feminismos y la autonomía, dando espacio, por ejemplo, a un grupo de apoyo y respuesta ante las violencias machistas; o a otro sobre crianza colectiva, que recién comienza. 

Así, desde la horizontalidad colectiva, seguimos construyendo nuevas formas feministas de vivir y resistir frente a la hostilidad del imperio roman… qué diga, del patriarcado y el capital.

Lanónima. Resistencias alquiletas

Lanónima surge como apuesta ante la carencia de espacios autogestionados en el barrio y la  ausencia de edificios abandonados susceptibles de albergarlos vía okupación.  Siendo así nos  planteamos un nuevo formato que, haciendo de la necesidad virtud, es decir, transigiendo con el  alquiler, pudiera sostenerse con las cuotas de las personas que en función de sus posibilidades aportan para el sustento económico.  Un año y medio después podemos decir que se ha confirmado la necesidad de su existencia, que el barrio necesitaba de un espacio  como este. 

Tras un primer año de rodaje y tanteos varios se ha consolidado la asamblea que gestiona el espacio  y también los usos que de él se hace (tantos como nos permite el espacio diáfano donde estamos).   

Usos que van desde las presentaciones de libros, debates políticos y talleres, pasando por las  asambleas de colectivos o como simple lugar de encuentro, al uso cotidiano del espacio por parte de un grupo autogestionado de crianza.  Todo ello con la intención de desmercantilizar, en la medida  de lo posible, un fragmento, otro, de nuestras vidas, poniendo en común un recurso escaso como es  el espacio común.  Todo ello, también, con el deseo de experimentar con un prototipo que pueda ser  replicable en otros barrios/contextos.

Casa grande del Pumarejo. El buque insignia

Desde el 2000 llevamos afianzando una iniciativa de autogestión de todo un palacio; justo desde que el vecindario y algunas entidades crearon la plataforma en defensa de las familias residentes y su casa, la Casa Grande para el barrio, ya amenazadas por la centrifugación.

Este inmueble de casi 250 años era y es ejemplo vivo de residencia popular tradicional, y de nodo de sociabilidad barrial por los usos asociativos, artesanales, comerciales y culturales en él desarrollados.

Con la idea de fortalecer este papel, y de ayudar a revitalizar y a defender la casa como patrimonio común, desde 2004 hemos ido ocupando y abriendo locales abandonados, conformando el Centro Vecinal Pumarejo (en cesión desde el 2011, por 15 años); soporte de diversos colectivos y también de actividades propuestas por personas implicadas.

La declaración de monumento en 2003, que reconoce sus valores materiales y etnológicos, y su calificación como equipamiento público, son también logros ciudadanos.

La Casa ha reclamado hasta hoy la rehabilitación integral del edificio al propietario, el Ayuntamiento de Sevilla; aunque «dando ejemplo»: su gente también se ha esforzado por frenar su deterioro físico -de ahí la campaña Lo Hacemos Nosotras-. Y sigue trabajando por consolidar un espacio comunitario donde se desarrollan formas propias de experimentación social y cuidadana.

Kale Amenge.

Hacia una lucha decolonial romaní

  1. Una historia, un presente

Más de 600 años de persecución, opresión sistemática, control social e intentos de genocidio y epistemicidio en Europa han dado lugar a un sistema de dominación anti-gitano constitutivo al proyecto civilizatorio de la modernidad occidental. A pesar de ello, hasta hoy las cuestiones relacionadas con la población romaní de los Estados nación europeos han sido creadas y problematizadas de dos maneras fundamentales. Por una parte, las comunidades gitanas han sido tratadas como un problema de política social, por otra, han sido gestionadas como un asunto de políticas de la identidad. Sin embargo, como es lógico ninguna de las políticas sociales —articuladas en base a las lógicas coloniales de la integración y de la asistencia— ha mejorado significativamente las condiciones existenciales de la comunidad gitana, así como tampoco el problemático y acrítico llamado a defender nuestra cultura ha contribuido a la movilización y transformación política del racismo de Estado.

Las políticas de la identidad suponen, de hecho, una forma efectiva de asimilar las interpelaciones del denominado antirracismo moral. Esta dinámica consiste en añadir sujetos que representan identidades diversas con un perfil intelectualmente afín. Tales sujetos están epistémicamente descentrados de su condición como racializados de abajo y se piensan de forma inconsciente a través de las narrativas de liberación de la izquierda blanca, por lo tanto edifican sus proyectos de emancipación centrados epistémica, política y emocionalmente en la modernidad gachí.

Así mismo, para que un proyecto político no desemboque en posturas meramente identitarias o culturalistas, se ve en la necesidad de ofrecer algo a aquellos segmentos sociales interesados en una transformación real de la sociedad. Por pura necesidad e inteligencia estratégica no podemos permitirnos dar la espalda a las alianzas, pero por esas mismas razones no podemos postergar más la creación de una organización autónoma y fuerte con vocación de servir a un movimiento amplio.

El antigitanismo, como forma de racismo, es un problema estructural, sistémico, que forma parte de las sociedades modernas y que es solidificado desde las instituciones de los Estados−nación occidentales. Así bien, la romafobia no es un problema interpersonal relacionado con determinados prejuicios o estereotipos que la sociedad mayoritaria alberga sobre la diferencia romaní. Existen los prejuicios, los estereotipos, los tópicos, no lo negamos, pero estos son solo síntomas psicosociales del racismo de Estado que utiliza diferentes marcadores para poner en marcha lo que Ramón Grosfoguel, en base a la filosofía fanoniana caribeña, llama «una jerarquía global de superioridad e inferioridad sobre la línea de lo humano». El racismo es un principio organizador de la materialidad de la opresión en el mundo moderno y es imposible destruirlo si no se cuestiona enérgicamente el proyecto civilizatorio en el que emerge. Toda crítica verdaderamente decolonial parte de una premisa fundamental: es imposible destruir una de las cabezas sin atacar al corazón del monstruo. Es aquí donde se generan todas las alertas de la conciencia occidental liberal, es aquí donde se producen las acusaciones de rigor: «anti modernos», «esencialistas», «peligrosos»; es aquí donde se pone en duda la verdadera matriz del racismo, donde el antirracismo moral se desvanece; es aquí donde eso que Houria Bouteldja llama «antirracismo político» puede emerger.

Si el racismo es un problema político que determina de forma estructural la materialidad de la dominación en las sociedades de la modernidad, la lucha que se pretenda emprender contra el mismo ha de ser política. Desde ese punto de vista, la ultra derecha deja de ser el leivmotiv de nuestras proclamas —lo que no quiere decir que se olvide— para volver a poner la mirada sobre la violencia estructural ejercida desde las instituciones del Estado (narrativas institucionales, policía, escuela, institutos, universidad, empresas, programas de vivienda, instituciones penitenciarias, sanitarias, etc.) y vinculando siempre, tanto en análisis como en prácticas políticas, dichas violencias al carácter antigitano del Estado moderno.

Aunque según la opinión liberal, la larga estancia de los kalè en el territorio español, que oficialmente alcanza desde 1425 hasta la actualidad, debía garantizar la inclusión de las demandas de nuestras comunidades en la conformación de la sociedad española en su conjunto, la realidad está muy lejos de representar dicho ingenuo ideal. La larga tradición española antiromaní de persecución, opresión sistemática, intentos de genocidio y epistemicidio, se ha materializado en la aplicación de 2 500 leyes durante 479 largos años iniciados en 1499 y aparentemente clausurados en 1978. Esta historia ha sido invisibilizada por el Estado racista y sus instituciones, lo cual no representa sino un nexo de unión entre el olvido patológico del racismo doméstico español y la negación neurótica de su legado colonial en el denominado Sur Global. La ausencia de políticas de reparación destinadas a resolver los graves daños infligidos durante siglos, unida a las expresiones actuales del racismo estructural de Estado tales como la violencia y hostigamiento policial, la segregación escolar, el control y disciplinamiento social a través de los denominados «agentes de intervención comunitaria», la discriminación laboral o la violenta conformación del gueto racializado, y la sobrerepresentación gitana en las cárceles españolas, hacen de la comunidad gitana de nuestros territorios una población radicalmente subalternizada en base al paradigma racial del poder moderno colonial

2. Qué pudo ser

En la década de los setenta, figuras notables surgidas del incipiente movimiento gitano del Estado español lograron introducir una posibilidad soñada por los anhelos y demandas históricos de nuestra comunidad: la introducción del racismo antigitano en la agenda pública española desde una perspectiva romaní. Artistas y activistas articulaban sus voces de manera coherente en base a las exigencias de justicia, dignidad, libertad, derechos civiles y hacia el fin del racismo. Aunque el germen de la movilización fue sembrado, hemos de reconocer que su germinación definitiva ha permanecido en estado de letargo por más de 30 años. El régimen del 78 colocó a la población kalí en la situación de mayor vulnerabilidad en comparación con los derechos colectivos otorgados a otras naciones del Estado español.

Por otra parte, en los movimientos sociales existentes, encontramos que el racismo antigitano no ha sido tenido en cuenta, ni siquiera en el contexto de su vertiginoso aumento a lo largo y ancho de toda Europa. En este espacio político donde todos los nexos de unión de las diferentes luchas sociales comenzaron a construirse —no exentos de contradicciones y fricciones—, la forma de racismo ante la que el pueblo gitano resiste desde hace siglos no ocupó ni ocupa lugar alguno en las agendas políticas de la izquierda, a pesar de constituir la comunidad humana racializada más antigua y numerosa del Estado español. Al contrario, de izquierda a derecha, todo lo que tiene que ver con la denominada «cuestión gitana» ha sido recluido en un espectro antipolítico de folklore y culturalismo, perpetuando la colonización mental y política a la que nuestras comunidades son sometidas. Como tal, todas las formas políticas españolas manifiestan, en una u otra forma, este antigitanismo, ya sea como racismo de Estado o en el seno de las organizaciones políticas. Por ello, consideramos que ninguna organización política española, de uno u otro signo político, ha conseguido superar la lógica moderna antigitana y por lo tanto concebir, entender, apoyar o desarrollar la emancipación romaní en el Estado español.

En lo que respecta al racismo, la débil estrategia de la izquierda gachí del Estado español —cuando existe— consiste en desarrollar, afianzar y solidificar la idea de que descolonizar sus organizaciones consiste en colorear ligeramente su militancia con la presencia intermitente de rostros racializados. El paradigma multiculturalista en las organizaciones de la izquierda, nacionalista o no, que evita una revisión y compresión profunda del racismo estructural y del privilegio blanco, provoca que la militancia de las personas racializadas en dichas corrientes acabe necesariamente en una falacia: pensar que se están conquistando espacios de poder para las poblaciones gitanas u otras comunidades racializadas, cuando en realidad se está trabajando para alcanzar las prioridades de la agenda política blanca y justificar su modelo, desarticulando así proyectos políticos antirracistas basados en la autonomía de las propias comunidades. De hecho, este proceso, descrito en innumerables ocasiones, provoca el nacimiento de una cultura política de contención para cualquier movimiento crítico que abogue por la emancipación y la autoorganización romaní; y es que como lúcidamente explica Frantz Fanon, no importa cuántas «máscaras blancas» acabes usando para ocultar tu ser, el sistema de dominación étnica siempre te sitúa dentro de los límites marcados por el mismo.

Estas experiencias muestran una profunda incapacidad para entender el papel del racismo y su interacción con la clase social, que acaba teniendo unas consecuencias nefastas para las aspiraciones políticas romaníes, y que desgraciadamente seguimos observado en la izquierda actual. Aún a riesgo de poder parecer excesivamente categóricos, podemos afirmar que no existen, ni han existido iniciativas políticas en el Estado español capaces de superar el paradigma moral y articular el antirracismo político en toda su dimensión.

3. Kale Amenge

Es en este clima que Kale Amenge nace. Kale Amenge se define como una organización romaní independiente que, desde una perspectiva decolonial, pretende contribuir a la emancipación colectiva del pueblo gitano. Mediante la producción de conocimiento crítico y la confrontación de narrativas y prácticas racistas, la incipiente organización hará su aportación para poner en crisis los mecanismos de dominación estructural racista que sustentan la discriminación de nuestro pueblo.

Nuestro deseo de ser integradas en la modernidad, inoculado por lo que José Heredia Moreno llama «subsistemas de legitimación del sistema de dominación antigitano», representa el mayor impedimento para que se produzcan nexos políticos con las otras alteridades, con otras genealogías de resistencia y otras lucha construidas desde abajo de la línea de lo humano. Cada vez que un gitano intenta trazar estas alianzas, alguien se siente amenazado: «no es lo vuestro», «es demasiado radical». Pero es el gachó hablando. Es el blanco hablando desde nuestras propias subjetividades colonizadas, controladas, automatizadas. Se nos impone urgentemente interrogar nuestras referencias políticas adquiridas en el seno de nuestras sociedades, cuestionar las identidades y las retóricas de liberación a través de las cuales no solo luchamos, sino gracias a las cuales nos definimos. Y ello implica buscar alianzas horizontales, dejar de pensar en el blanco, adquirir otros paradigmas: mirar la propia genealogía con otros ojos. El objetivo principal es centrarnos en nuestra condición como subjetividades racializadas y descentrarnos de aquello que desde la blanquitud se espera del pueblo gitano; esperanza que si es aceptada nos guía fatalmente de vuelta a reproducir las jerarquías de poder que nos atrapan.

Por todo ello, es voluntad de este grupo construir puentes de solidaridad con otros pueblos que, al igual que el gitano, están inmersos en la lucha por su emancipación, contribuyendo así a la construcción de espacios de diálogo antirracista hacia la articulación de una sociedad descolonizada. Nuestra situación en el continente europeo, como nación racializada sin Estado, nos sitúa en la zona del no-ser junto a los sujetos postcoloniales de la diáspora en el Norte Global. A pesar de no pertenecer a ninguna colonia física, hemos sido transformados en contrapunto interior racializado en el seno del continente desde los inicios de lo que Enrique Dussel llama «modernidad temprana»: el siglo XVI. La relación de la organización con diferentes movimientos, originados para desarrollar una lucha frontal contra el racismo, puede funcionar como vínculo político del movimiento kaló con otras organizaciones y grupos antirracistas liderados por las comunidades racializadas que conducirán a una alianza estatal contra el racismo institucional, cuyos nexos son, en realidad, internacionales.

Kale Amenge es una organización formada por personas gitanas con una formación interdisciplinaria y una trayectoria de militancia y activismo en diferentes movimientos sociales así como en el amplio espectro de la izquierda del Estado español. Todo ello hace que una de las intenciones fundamentales de la organización sea la creación de un nuevo activismo romaní, apoyando fraternalmente a sus actuales representantes, sin generar quiebras dentro del asociacionismo gitano. El pueblo gitano necesita desarrollar nuevas narrativas articuladas desde una perspectiva crítica antiracista que pongan el estado de subdesarrollo de la causa romaní en el espectro político.

La ocupación de tierras en Somonte y el Cerro Libertad

Recobrando la tierra

“Piden tierra y se la niegan

tierra para trabajar

hay otros que piden más

armas para hacer la guerra

y a esos sí que se las dan”

El Cabrero

En Andalucía hay 8 millones de hectáreas en tierras de cultivo, el 50%, es decir, 4 millones de hectáreas, está en manos del 2% de la propiedad. Lxs trabajadorxs agrícolas representan el  43% de todo el Estado.   El grito “La tierra pa quien la trabaja”, que lideró las luchas por la tierra en Andalucía desde el siglo XIX, no es un anacronismo romántico. En la actualidad, la lucha por la democratización del acceso a la tierra y la soberanía alimentaria en Andalucía es una cuestión de sostenibilidad de la vida para todas, más allá de la lucha jornalera.

Esta vez queremos presentar la realidad de las ocupaciones de tierra en Andalucía a través de dos proyectos de reapropiación de las tierras baldías por jornalerxs andaluzas. Las fincas ocupadas de Somontes y del Cerro Libertad suponen un necesario ejemplo de lucha por la soberanía de la tierra.

Hablamos con compañerxs que en este momento están haciendo posible que estas ocupaciones se mantengan día a día y esto fue lo que nos contaron.

¿Qué está ocurriendo en Somonte?

El 4 de marzo de 2012 jornalerxs del Sindicato Andaluz de Trabajadoxs (SAT) ocupaban una finca de 400 hectáreas de Palma del Río en Córdoba para evitar que la Administración de la Junta de Andalucía la enajenara. Tenían la convicción de  aliviar el paro jornalero que azotaba la comarca. Nacía así la finca ocupada de Somonte. Si en este instante asomáramos nuestra cabeza por allí veríamos que, un año agrícola más, se ha conseguido sembrar la finca entera.  Algo que, dada la extensión y la precariedad de medios, no deja de ser una proeza.  Hablamos de distintos cultivos anuales entre los cuales destacaríamos los cereales autóctonos.  En la campaña cerealera que está concluyendo en estos días (el presente texto fue redactado a principios de Junio) hemos plantado algo más de 20 hectáreas de variedades locales de cereales en riesgo de extinción gracias al apoyo popular que recavó la iniciativa vía crowdfunding[1].  Precisamente hemos cosechado hace pocos días y ya podemos decir que la campaña ha sido un éxito, especialmente en un año que no ha sido bueno para el cereal en toda la península. 

Hasta aquí el presente pero, ya que toda semilla es una promesa, queremos avanzar lo que (esperemos) ocurrirá próximamente en Somonte.  La próxima campaña de cereales autóctonos contará con más superficie a sembrar ya que lo cosechado este año se va a usar, casi exclusivamente, para multiplicar semillas, es decir, no vamos a vender lo cosechado este año para así poder seguir extendiendo su cultivo en la próxima campaña.

 De este modo podremos llegar en un par de años a sembrar una cantidad considerable de hectáreas de cereal autóctono en ecológico.  Además, estamos trabajando en la posibilidad de colaborar con alguna institución científica interesada en realizar aquí algunos cultivos ecológicos experimentales; la huerta seguirá afianzándose con el inicio del año agrícola y esperemos que aún sobre tiempo para concretar y desarrollar algún proyecto más de los muchos que tenemos en mente.

¿Qué está ocurriendo en el Cerro Libertad?

Siguiendo el ejemplo de Somonte el 1 de abril de 2017, cuando Andrés Bódalo cumplía un año de injusta prisión, el SAT ocupaba la finca de Adarves Altos, en las faldas del Cerro de San Cristóbal, a tan sólo 6 km de Jaén. Tras ocupar la finca fue rebautizada como Cerro Libertad en reconocimiento a nuestro compañero encarcelado y a la reivindicación de su liberación inmediata. La finca de 73 Ha (64 Ha de olivar) fue propiedad de la SAREB, el llamado banco malo, y actualmente pertenece al  BBVA.

¿Qué veríamos si nos asomáramos ahora mismo por Somonte y por el Cerro Libertad?

Si pasáis por Somonte justo ahora veríais girasoles en su plenitud, garbanzos agostándose y cantidad de hectáreas de cereal recientemente cosechadas.  En la era podríais ver los montones, las toneladas de grano autóctono que comienzan a ser cribadas y ensacadas a la espera de la próxima campaña que iniciaremos en otoño.  Veríais también cómo van cuajando los primeros frutos de la huerta de verano o cómo crece el maíz destinado a alimentar a las gallinas, o el ensayo que estamos haciendo con cacahuetes.

Mientras tanto en el Cerro estamos realizando un ejercicio de recuperación en toda regla. Aquí hemos rehabilitado una casa que estaba medio derrumbada, ahora cuenta con salón, diferentes habitaciones en la que viven unas 10 personas, almacén, cocina, baño… Se ha sembrado un huerto de 1H donde solo había broza y una cuadra para caballos que hoy es la casa de Mariano y Susana (nuestra pareja de cerdos ibéricos), conejos y gallinas, estamos arreglando los más de 6500 olivos que hay, habiéndole quitado las varetas y podado más de 1000.

¿Qué se pretende con la ocupación del Cerro Libertad?

Lo que reclamamos con nuestra acción que ya dura cerca de 3 meses es que la tierra no puede estar abandonada mientras nos carcome el paro, la desidia y la angustia. Reclamamos que la Junta cumpla su propia ley, ya que de momento ha hecho caso omiso al escrito que le hemos presentado en el que se pide se aplique la Ley de Reforma Agrarias de 1984 que dice que una finca abandonada más de dos años es susceptible de expropiación para que pase a cumplir una labor social.

Reclamamos que la tierra tiene que estar viva y que para ello hay que hacerla diversa, acabar con el monocultivo y diversificar nuestros campos. Por eso nuestro proyecto contempla también la ganadería, el cultivo del almendro o el pistacho, la huerta, etc. Reclamamos que libres debemos ser y libre debe estar nuestra tierra para poder vivir en armonía en ella y con ella.

Reclamamos, queremos y sentimos que la tierra no se puede poseer, que es patrimonio del pueblo que en ella habita. La tierra, ni se vende ni se compra, y la gestiona quien la cuida y la trabaja, que son las manos de las campesinas y jornaleros que la han trabajado toda la vida. Eso es dignidad, futuro y esperanza, eso es el Cerro Libertá.

¿Qué se sigue defendiendo en Somonte?

En primer lugar, la okupación de Somonte (hace ya 5 años de aquello) tuvo por objetivo visibilizar que la Junta de Andalucía se disponía a vender, una vez más, una de las fincas que había expropiado anteriormente con el fin de atender, siquiera tímidamente, la demanda secular de una reforma agraria que, huelga decirlo, nunca pasó de sus primeros estadios.

Por otra parte, se trataba de una acción directa que ponía la tierra a disposición de quien la trabaje. Desde entonces todo el empeño ha ido dirigido a constituir cooperativas que puedan hacerse cargo de la producción de alimentos y, en una segunda fase, de transformarlos en la finca.

El esfuerzo es grande… ¿ En qué mejora Andalucía y el mundo con este proyecto de Somonte?

En Somonte queremos hacer realidad, ya lo estamos haciendo, la vieja demanda de la autogestión de los que la trabajan y la creación de empleo, una vez que se socializan los medios de producción, y del reparto justo de la riqueza así creada. 

Por otra parte, esta gestión no puede ser acrítica, es decir, no podemos limitarnos a autogestionar el mundo tal y como nos lo encontramos.  Menos aún en nuestro caso, pues no se trata de un medio cualquiera, hablamos de la tierra y de la alimentación, base de toda comunidad humana, hablamos de nuestro metabolismo con el medio, de nuestra relación con la Naturaleza.  Por tanto, nuestra labor en Somonte pretende ir más allá y trabajamos para hacer realidad la soberanía alimentaria de los pueblos con todo lo que ello implica, hacia dentro y hacia fuera.  Hacia dentro: recuperación de suelos, de la fertilidad, de la biodiversidad, de variedades locales olvidadas (se estima que se ha perdido el 90% de las variedades locales).  Hacia fuera, potenciando el consumo local de la riqueza aquí creada, favoreciendo así el cierre de ciclos en el ámbito local y fortaleciendo y ampliando las redes ya existentes de producción y consumo.

Pero no todo son girasoles creciendo… ¿Qué cosas lo están poniendo difícil?

Obviamente, todos los problemas inherentes a una okupación: inestabilidad, incertidumbre, alegalidad, etc.  A lo que hay que añadir que no basta con liberar una finca, son necesarios otros medios de producción bastante costosos (tractores, aperos, maquinaria) más aún, para una finca de secano como Somonte, son indispensables.  Poco a poco, con esfuerzo y constancia, vamos consiguiéndolos, aumentando así nuestra capacidad de acción.

¿Y el esfuerzo en el Cerro Libertad? ¿En qué mejora Andalucía y el mundo?

Entendemos que No se puede hablar de transformar Andalucía desde la izquierda si no se contempla y se pone en el centro el problema de la tierra. Y desde luego no se puede hablar de dicha transformación firmando presupuestos que venden tierra pública, o leyes que liquidan la función social de la tierra convirtiéndola en pura mercancía.

Con este proyecto ponemos en práctica que la tierra sea para quien la trabaja sin esperar a los gobiernos que mucho prometen y poco cumplen, con la ocupación hacemos que las autoridades y la sociedad se tengan que posicionar porque nadie puede permanecer neutral cuando se produce el conflicto de intereses. O con la banca  y su usura o con el pueblo.

¿Qué cosas lo están poniendo difícil?

En el Cerro, al igual que en Somonte, encontramos dificultades de dos tipos por un lado la Guardia Civil que se dedica a denunciarnos, a pasarse por la finca e incluso en unas jornadas de trabajo voluntario monto un dispositivo con más de 8 coches de la guardia civil para asustar y amenazar a los que fueran a las jornadas con una denuncia por “ocupación temporal”, saltándose sus propias leyes ya que la causa está en el juzgado por lo penal por una ocupación permanente, por el otro, el BBVA que no solo se niega a negociar con nosotros alguna cesión o tipo de acuerdo sino que nos ha denunciado a 20 compañerxs por “usurpación y daños”, juicio que tendremos el 23 de junio, y por último la Junta de Andalucía la cual según el propio estatuto de autonomía podría expropiar la tierra al llevar más de dos años abandonada como hemos solicitado

Queridxs compas, ¿Qué cosas hemos aprendido por el camino y por qué esta vez sí es la nuestra?

Somonte ya lleva en pie 5 años y una okupación de estas características ha mostrado, a mi entender, que no basta en este caso con poner a funcionar un medio de producción, sino que es necesario trabajar también la convivencia [en Somonte no sólo se trabaja, también se (con)vive].  Es decir, una okupación como esta necesita trabajar todos los planos de la vida cotidiana, no sólo aquellos relativos a la producción.  Teniendo esto en mente creo que estamos mejor preparados para afrontar los retos presentes.  En ello estamos, no nos faltan ganas ni voluntad, ideas ni proyectos.  Confío en que dentro de un año nos encontraremos otra vez en estas páginas para hablar de los nuevos logros conseguidos y de  los nuevos retos que nos planteemos.

En el Cerro Libertad, estamos aprendiendo muchas cosas nosotros destacaríamos tres:

La primera es la escuela de formación que supone la ocupación, en valores, en dinámicas de gestión, en recuperación de saberes agrícolas, de trabajo colectivo, un espacio donde los conocimientos fluyen gracias a que hay gente de diferentes generaciones, diferentes movimientos sociales, podemos decir que es una escuela a nivel agrícola, a nivel político, a nivel vital.

En segundo lugar y unido con el primero, que  las alianzas son fundamentales y que  deben pasar y están pasando desde los movimientos que están luchando por una vivienda digna y contra los bancos como el BBVA, a los movimientos de la soberanía alimentaria que luchan como nosotras por que la tierra sea para quien la trabaje, a las plataformas de desempleados/as que se movilizan  por que haya trabajo, y a los jóvenes andaluces que ven que no solo la salida a la crisis es la emigración, que mediante el apoyo mutuo y el cooperativismo puede haber futuro en esta tierra.

En tercer lugar la demostración de que es posible el cuidado de una finca en este caso de 75 hectáreas desde la autogestión y el apoyo mutuo. Sin un euro público la finca está funcionando mejor que los 5 años que la ha tenido abandonada el BBVA. Es una demostración práctica de que hay salida a la crisis desde una lógica no capitalista.

[1]   Somonte Vs Monsanto.  Todavía se puede consultar la información: https://www.goteo.org/project/somonte

LGTB en África y sus aliadas, atrapadas en la red

Espiadas, atrapadas, acosadas, las Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales (LGTB) están pagando un precio alto por culpa de la vigilancia digital. En manos de homófobos, internet, las redes sociales y las plataformas de citas se convierten en armas para atacarlas así como a las asociaciones que defienden sus derechos.

A pesar de que las percepciones sobre la homosexualidad pueden variar mucho entre comunidades y de un país a otro dentro de África, el informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, así como el de PewGlobal sobre la percepción que se tiene de los homosexuales en 39 países, mostró un aumento de la intolerancia y la violencia contra las personas LGTB en África. El fuerte aumento de discursos que incitan al odio, así como las violaciones «correctivas», las detenciones arbitrarias y los asesinatos son ciertamente cometidos por individuos homófobos, pero a menudo son impulsados por gobiernos o instituciones religiosas que tratan de explotar a su favor el rechazo de una gran parte de la población hacia las relaciones homosexuales. La legislación en 37 países africanos criminaliza las relaciones homosexuales y/o la «propaganda LGTB». En el norte de Nigeria, Sudán y Mauritania incluso prevén la pena de muerte. Actualmente, solo Sudáfrica ofrece a su ciudadanía LGTB protección institucional contra la discriminación basada en el género o la orientación sexual y otorga el derecho al matrimonio para las parejas del mismo sexo. Esto no les libra aún de prejuicios y agresiones.

Todo esto acontece en un contexto legal ambiguo ya que en mayo de 2014, la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos adoptó la resolución 275 que trata sobre «la protección contra la violencia y otras violaciones de derechos humanos dirigidas contra personas por su orientación sexual o identidad de género, real o percibida». Por otra parte, el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por todos los Estados de África, subraya que «nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques a su honor y reputación. Toda persona tiene derecho a que la ley la proteja contra tales injerencias o ataques». A pesar de esta disposición, las leyes destinadas a regular la protección de datos, la vigilancia y la interceptación de las comunicaciones electrónicas, son a menudo parciales o inexistentes en Uganda, Kenia, Burundi, Ruanda, Tanzania y Nigeria.

En Zimbabwe, la policía allanó recientemente las oficinas de la organización GALZ confiscando sus ordenadores y accediendo por tanto a datos sensibles relativos a la red LGTB local. En Costa de Marfil, las oficinas de la organización Alternativa LGTB fueron atacadas por una turba que también robó sus ordenadores. En Uganda, un empresario fue detenido por «tráfico de publicaciones obscenas» después de que su portátil fuera robado y los ladrones enviaran los vídeos porno gay que contenía a un periódico que publicó el caso en portada. En Nigeria, un profesor titular de la universidad ha tenido que hacer frente a amenazas de muerte después de publicar en las redes sociales una foto de sí mismo besando a su novio. En Marruecos, un ciudadano británico fue encarcelado por fotos encontradas por la policía en su teléfono móvil. En Argelia, dos hombres fueron detenidos después de anunciar su matrimonio y cambiar su estado civil en sus perfiles de Facebook por «marido y mujer». Por último, en Egipto, la policía usa las redes sociales y aplicaciones como Grindr para cazar a individuos y activistas LGTB. En 2014, seis personas fueron condenadas a 6 años de prisión por «incitar a la depravación» después de, al parecer, haber utilizado Facebook para alquilar su apartamento como sitio de citas.

Los individuos y colectivos LGTB están en una situación crítica. Las tecnologías digitales son para ellos una herramienta esencial para estar en contacto con otras personas LGTB, explorar y afirmar sus identidades, desarrollar vínculos de apoyo, acceder a contenidos censurados en sus países, dar a conocer las situaciones de violencia a las que están expuestos o incluso coordinarse con otros actores y organizaciones. Al mismo tiempo, internet se ha convertido en el lugar donde se les controla, ataca y criminaliza. Además, en un contexto marcado sobre todo por el vacío legal en torno a la protección de datos, la vigilancia y la confidencialidad de las comunicaciones electrónicas y con un desfase de competencias, donde los individuos y colectivos tienen un nivel conocimientos tecnológicos relativamente reducidos, la censura y la vigilancia ejercida por los gobiernos mediante el bloqueo de sitios web y el seguimiento de las actividades de los militantes en las redes sociales y la blogosfera se han convertido en un medio privilegiado de control para identificar personas LGTB y aliadas. Un tweet, un historial de navegación o una carpeta de imágenes pueden convertirse en pistas y/o pruebas para capturar a una persona o criminalizarla. Por tanto, aprender a proteger la integridad, confidencialidad y el anonimato de las comunicaciones en línea se ha convertido en una de las habilidad necesaria.

Plataformas de citas, peligros añadidos

Muchas plataformas de citas representan una vía para poder encontrarse y comunicarse con otras personas LGTB, más aún para las que viven en entornos que reprimen y criminalizan estas relaciones. Desgraciadamente, hasta hace poco, la mayor parte de estas plataformas no tenía en cuenta como sus aplicaciones podían facilitar mecanismos de identificación y represión de sus usuarias y han tardado en desarrollar protocolos de protección de su privacidad  y seguridad.

Casi todas estas plataformas obligan a modular una opción de género (generalmente binaria) y una orientación sexual cuando una se abre un perfil. Pero prácticamente ninguna de estas plataformas encripta los datos que circulan a través de ella: esto significa concretamente que terceros pueden acceder e interceptar informaciones relativas al aparato desde el que se conecta el usuario, su sistema operativo, la aplicación que está usando, su ubicación geográfica, su proveedor de internet y/o los detalles de su tarjeta de crédito. Además, el hecho de que muchas plataformas de citas estén vinculadas a otras aplicaciones y redes sociales provoca que terceros puedan también utilizar esos datos para incrementar el conocimiento que tienen sobre las personas LGTB.

Todo ello significa que estas plataformas han sido de gran utilidad para que grupos de odio y gobiernos identifiquen a las personas LGTB así como para fortalecer los procesos de chantaje y extorsión en contra de ellas. Varias empresas como Tinder estuvieron compartiendo más información de la que debían o el portal Ashley Madison, cuyos usuarios fueron extorsionados a cambio de no publicar su información personal.

Cajas de herramientas para que las LGBT se re-apropien de internet

No obstante no todo pinta de color negro. Se cuecen cambios interesantes desde hace un par de años. Los creadores de Grindr anunciaron en 2014 que deshabilitaban la función que geolocalizaba otras usuarias de la plataforma que se encontraban cerca tuyo en los  países con legislación anti-gay. Ahora trabajan con organizaciones internacionales para implementar medidas de seguridad adicionales y mejorar el sistema de envio de información útil a las personas que se conectan desde entornos hostiles y de riesgo. De la misma manera Planet Romeo ha dado un giro a sus políticas de privacidad y seguridad implementando buenas prácticas y creando también una sección especifica llamada «care» en su web donde se brinda información útil acerca de los riesgos que las personas gays están afrontando en varios lugares del mundo.

Por otra parte, Tactical Technology Collective es una ONG internacional que trata de ofrecer a las personas y comuniddaes LGTIQ recursos y herramientas necesarias para reapropiarse de internet como espacio de libertad y de acción.

Seguridad en un caja: guías con enfoque comunitario

Vista la naturaleza de estos riesgos, Tactical Technology Collective publicó en 2014 dos cajas de herramientas para la seguridad digital orientadas a las comunidades LGTB que viven y/o trabajan en países de habla árabe o en el África subsahariana. Estos recursos proporcionan herramientas y tácticas para aprender a protegerse en el mundo de la tecnología digital. Con base en el marco jurídico, social y político al que se enfrentan las personas LGTB, se proporcionan métodos para facilitar la comprensión de los riesgos y su naturaleza cambiante dependiendo de las prácticas de los usuarios y las de sus relaciones en línea. Dos capítulos abordan en particular la forma de eliminar documentos y sus metadatos, cómo protegerse en los sitios de citas LGTB y cómo usar redes sociales alternativas más respetuosas con la privacidad de las usuarias. Desde su publicación, las guías se han visitado más de 16 000 veces, lo que demuestra el interés por este tipo de manuales. Versiones en papel y DVD han sido también distribuidas por cientos durante las conferencias y eventos que reúnen a las comunidades LGTB. Finalmente, Tactical Tech ha publicado el pasado año su investigación acerca de las mejores prácticas en seguridad digital adoptadas por los activistas LGTB en Egipto, Nigeria, Uganda, Kenia y Sudafrica que podrás encontrar en nuestra web.

El 15M ha muerto, ¡larga vida al 15M!

Mucha tinta se ha vertido asegurando de manera más o menos vehemente la defunción de esa catársis colectiva que supuso el 15M en el Estado español. Parece obvio que las calles y las plazas se han vaciado de manera sustancial desde aquel 2011, pero ¿significa eso que el movimiento esté muerto? ¿Acaso no han germinado multitud de iniciativas fruto de sus esporas? ¿Y qué decir de prácticas como la horizontalidad y el asamblearismo abrazadas, al menos en intención, por numerosas organizaciones? Presentamos aquí dos iniciativas locales, vivitas y coleando, surgidas del movimiento.

CSA Otro Mundo Es Posible

En el barrio de Montequinto, los casi seis años de activismo ininterrumpidos del 15M han dado fruto a un nuevo Centro Social Autogestionado llamado Otro Mundo Es Posible. Nace como un espacio alternativo, abierto a todas y a todos, creado para compartir experiencias, actividades, acciones y formación sobre otras formas posibles de resiliencia local y global desde abajo y desde la diversidad.

Proyección y nacimiento

La asamblea 15M de Montequinto es una de las pocas de Sevilla que se ha mantenido activa durante estos casi seis años. Quizá el secreto sea que su actividad no se ha centrado únicamente en la denuncia y la acción directa contra el caciquismo y los abusos del poder (como ocurrió con su larga lucha contra el cierre de la residencia de ancianos y grandes dependientes de Montequinto), sino que al mismo tiempo promovió y desarrolló proyectos que buscaban alternativas (sociales, ecológicas, económicas, culturales…) al poder. La alternativa a un sistema que colapsará y que, por tanto, necesita espacios donde compartir experiencias de resiliencia ante las dificultades que se avecinan.

Sin embargo, siempre fue muy difícil desarrollar estas actividades y, lo que era más importante, compartirlas con nuestras vecinas y vecinos sin tener un espacio físico amplio, atractivo y versátil. Tras quedarnos sin nuestro anterior local —un pequeño local cedido generosamente por un vecino—, la asamblea optó por aventurarse en la responsabilidad y la complejidad de la creación de un centro social autogestionado (CSA), como siempre habíamos soñado. Localizado en una nave industrial en las afueras del barrio —pero bien comunicada—, el nuevo espacio social se inauguró, después de un arduo verano de trabajo, el 8 de octubre de 2016 con múltiples actos y una gran asistencia. Una noche muy emocionante.

¿Cómo se mantiene?

El CSA Otro Mundo Es Posible es totalmente independiente de instituciones, partidos políticos o empresas. Sin subvenciones ni hipotecas, está únicamente sustentado por las donaciones voluntarias de las personas asociadas para poder pagar el alquiler y los demás gastos. Este CSA está abierto a cualquier plataforma, asociación, colectivo, vecina o vecino que quiera hacer uso de él para sus proyectos, y lo sienta como suyo participando, proponiendo y colaborando en su cuidado y gestión.

El trabajo se desarrolla en comisiones. La Comisión de Cuidados se encarga del cuidado del espacio físico, material, etc., mientras que la Comisión de Cultura y Eventos se encarga de las actividades que se desarrollan en él y su calendario.

Objetivos y actividades

Este centro social se proyectó con el objetivo de crear un espacio libre y abierto para todo el barrio, donde cualquier persona pueda plantear actividades, talleres o acciones para compartir conocimientos. Se trata de crear un «laboratorio de ideas» ciudadano para investigar y llevar a la práctica planteamientos alternativos y realmente transformadores para una vida más digna y libre. Al mismo tiempo, invitamos a compañeras y compañeros con formación para dar charlas y coloquios, siempre bajo la filosofía «otro mundo es posible»: otra economía es posible, otra escuela es posible, otra forma de relacionarnos es posible, etc.

Las actividades del CSA Otro Mundo Es Posible se dividen en cuatro:

  • Comisiones o reuniones: son los espacios utilizados por las comisiones del 15M o reuniones  periódicas que suceden generalmente cada semana. Entre ellos destacan el PIVE (Punto de Información de Vivienda y Encuentro) y la Moneda Social El Kinto, que organiza su mercado Mundo Kinto semanalmente.
  • Talleres: son espacios de formación e intercambio de conocimientos que se dan normalmente entre semana. Como por ejemplo el taller de costura, el taller de inglés, etc.
  • Ocio alternativo: el Ocio Alternativo Creativo Saludable Compartido y Gratuito nace de la falta de oferta cultural alternativa o independiente para jóvenes en nuestros barrios, y propone un espacio libre donde la juventud aprende a gestionar su tiempo libre y de ocio de una forma creativa y saludable, partiendo de sus intereses y libre de agresiones o desigualdades. De esta forma, las y los jóvenes encuentran vecinas y vecinos de su edad que comparten sus mismas aficiones, aprenden a desarrollar sus proyectos —proponer, planificar, calendarizar, evaluar…—, a compartir sus recursos y a responsabilizarse del cuidado del espacio y el material común.
  • Grandes eventos: son eventos que requieren de una preparación especial y que atraen a un gran número de personas, como lo fue la inauguración con la charla-coloquio sobre decrecimiento, las actuaciones del Coro Dominguero y TransCrea, o la charla-coloquio «Colapso» presentada por el profesor Carlos Taibo.

Además, el CSA también está disponible para ensayos teatrales, sala de estudios, etc.

Futuro: hacia una «escuela altermundista»

El CSA Otro Mundo Es Posible (o «el otro mundo», como se le empieza a conocer en el barrio) es un proyecto que requiere de mucha responsabilidad y un gran trabajo para repartir, pero hay razones —y motivaciones— más que de sobra para emprender estos proyectos. Queremos pensar que dentro de un tiempo, en nuestro barrio, las vecinas y vecinos sabremos que podemos optar por varios espacios donde poder participar: unos serán los que ofrecen las instituciones, otros los que ofrecen las empresas, pero habrá otro, un espacio libre, donde tomar la opción alternativa.

Pensamos que con el rodaje, el esfuerzo y las nuevas compañeras y compañeros que aún están por sumarse, podríamos plantear con el tiempo un gran proyecto interdisciplinar, de intercambio de conocimientos y experiencias de resiliencia, para plantearnos una escuela altermundista donde empezar a llevar a la práctica el «otro mundo posible». Mientras tanto, los pies en la tierra y a seguir trabajando con salud, ánimo y alegría.

Nazarí

Nazarí es una organización política juvenil, libertaria, andalucista y feminista, y es precisamente por estos adjetivos por los que nace, por la necesidad que un grupo de jóvenes que ya habíamos coincidido previamente en otros proyectos (como Estudiantes Libertarios de Sevilla) percibíamos de una organización que confluyera con diversos movimientos sociales sin caer en el —exclusivo— enfoque juvenil imperante en el movimiento estudiantil.

¿Por qué y cómo formamos Nazarí?

Este fue el contexto de las primeras reuniones donde dibujaríamos con una mayor profundidad el proyecto y en las que comenzaríamos un proceso de formación interna —que prácticamente acaba de finalizar— tras el que concretaríamos aún más las principales líneas ideológicas y de trabajo. En dicho proceso tuvimos claros referentes, tanto a nivel práctico como ideológico, siendo nuestros principales modelos algunos proyectos locales como la Asamblea 15M Montequinto y otros estatales como Apoyo Mutuo o Procés EMBAT, de los que extrajimos ideas para luego poder ponerlas en común y matizarlas.

Nuestra estructura

Al calor de estas primeras reuniones es cuando decidimos nuestra estructura, horizontal y asamblearia, dividida en comisiones «funcionales» con asambleas propias y específicas al margen de las asambleas generales y con una preocupación principal: entender el feminismo como una necesidad —y responsabilidad— estructural, derivada de la amplia cantidad de agresiones machistas que hemos visto perpetradas con total impunidad en el seno de la gran mayoría de colectivos y proyectos en los que hemos participado. De esta manera, en Nazarí existe una comisión feminista no mixta, así como un protocolo contra las agresiones machistas internas y externas basado en un principio que vemos imprescindible en cualquier organización preocupada por el feminismo —que entendemos que deberían ser todas aquellas que defienden un proyecto contrahegemónico—: el hacer públicas las agresiones machistas. Además, la comisión feminista no es la única comisión específica dentro de Nazarí, sino que también existe una comisión estudiantil encargada de dicho movimiento.

Nuestras líneas ideológicas

En paralelo a la estructura ya descrita, fuimos profundizando en las líneas ideológicas, que definimos como tres pilares interrelacionados: el socialismo libertario, el feminismo y la liberación nacional.

El primero de estos pilares, el socialismo libertario, lo entendemos como una forma de sociedad totalmente opuesta al sistema capitalista en el que vivimos basada en una economía controlada por las trabajadoras y que mediante la democracia directa, el asamblearismo y el federalismo busca lograr el poder popular. Consideramos imprescindible no solo el análisis y la crítica, sino también la articulación de discurso acompañado de un movimiento permanente que lo apoye. Estamos enormemente preocupadas por cómo hacer llegar este discurso a personas no identitariamente libertarias, motivo por el que definimos el objetivo del colectivo como la difusión de herramientas libertarias y la promoción de una sociedad más horizontal e igualitaria.

Con respecto al segundo pilar, desde Nazarí vemos esencial el feminismo para la liberación de la mujer del sistema patriarcal y de las relaciones de poder. La comisión feminista no mixta se encarga de todo lo relacionado con el feminismo. Desde charlas o colaboraciones con otros colectivos feministas a la toma de decisiones sobre cuestiones que afecten o tengan que ver con feminismo dentro del colectivo y a conflictos de carácter machista dentro y fuera del colectivo.

Consideramos el patriarcado como el principal enemigo de la mujer y luchamos contra él y sus armas (siendo la perspectiva de género una de ellas y la que más tenemos en cuenta) a diario y en todos los ámbitos posibles.

Finalmente, el tercero de estos principios es la liberación nacional, que quizá fue la línea ideológica que más nos costó articular, dada la —con evidentes excepciones— repulsión de los movimientos libertarios a los nacionalismos. Esto es algo que, en nuestra opinión, es fruto de la interpretación de los nacionalismos como chovinismos burgueses, lo que tiene poco que ver con nuestra idea de liberación nacional. Desde Nazarí reivindicamos la liberación de los distintos pueblos de su burguesía o de los Estados que los oprimen, además de defender sus diferentes identidades oprimidas mediante imposición o apropiación cultural. Esta defensa de las culturas menospreciadas históricamente nos hace declaramos también andalucistas.

Además, entendemos que la ideología —en tanto que constituye un marco estratégico— no es algo inmutable y que podamos entender como unos principios y dogmas «divinos», por lo que continuamos en una constante formación sobre temas diversos para los que funcionamos con un sistema de ágoras internas y externas, en el que hemos tenido la oportunidad de posicionarnos sobre temas como las drogas en la juventud, el porno o la prostitución.

Líneas de trabajo

Conforme hemos ido formándonos nosotras mismas y en paralelo al colectivo y su estructura, hemos ido definiendo también nuestras líneas y espacios de trabajo. En estos, hemos confiado plenamente en los movimientos sociales de barrio y en la creación de estructuras horizontales que favorezcan la participación juvenil. Hemos realizado difusión en el sentido más «tradicional» y cultural de nuestra dimensión ideológica, con varias charlas y jornadas a lo largo del pasado año —sin olvidar así nuestro interés pedagógico de intentar hacer que estas ideas puedan llegar a muchas personas diversas—.

El CSA Otro Mundo Es Posible, de Montequinto, se convirtió en uno de los principales proyectos en los que hemos participado y participamos, habiendo encontrado así nuestro principal espacio —físico—, donde hemos realizado ya varias jornadas entre las que cabe destacar la andalucista del pasado 26 de noviembre. Para este nuevo año tenemos más actos y proyectos en marcha, como un programa de ágoras y debates en los que trabajaremos la gentrificación en enero, y el Kurdistán y el conflicto sirio en febrero. Además, en febrero tenemos previstas unas jornadas sobre el amor romántico con motivo de San Valentín.

Con vistas al futuro, también estamos dibujando varios proyectos muy por encima, como una campaña de visibilización histórica de la mujer en Andalucía o una red de asambleas estudiantiles autónomas en Montequinto.

nazarisev.wordpress.com

Schools for Refugees, un proyecto de trabajo voluntario hacia la autogestión y la transformación social

No somos conscientes de que también nosotrxs somos culpables de esta tragedia. La solidaridad seguirá fallando mientras miremos a esos niñxs y no seamos capaces de ver a los nuestrxs. Hay que cambiar la mirada; mirar las imágenes y ver en ellas la historia de sus protagonistas. Ser capaces de ver en esos rostros a nuestras familias y amigxs. Joaquín Urias

Schools for Refugees comenzó a tomar forma a principios de la primavera. En aquellos momentos, todxs estábamos impresionadxs aún por las imágenes diarias de familias cargadas de niñxs que llegaban a las playas de Lesbos, empapadas y aterrorizadas, después de un viaje espantoso desde Turquía. Muchxs no consiguieron terminar el viaje y las fotografías de sus cadáveres se convirtieron en símbolos del horror.

La llamada «crisis de lxs refugiadxs» que aparece de forma masiva en los medios de comunicación a partir del verano de 2105 se ha instalado en el imaginario colectivo bajo la forma que había adoptado hasta el pasado abril: las barcas que llegaban a Lesbos y eran sacadas del mar por brazos voluntarios. Se trata de una imagen derivada de la experiencia personal y fragmentaria de periodistas y voluntarixs, amplificada interesadamente a través de los medios y las redes sociales, fijada en un momento puntual de la tragedia de quienes huyen, sobre todo, de la guerra en Siria: el de cruzar el Mediterráneo a bordo de embarcaciones precarias, jugándose la vida entre las olas.

Pero aquella imagen ya no refleja la realidad. A finales de marzo se firmó el acuerdo entre la UE y Turquía que puso freno a la llegada masiva de refugiadxs a Europa a través de las islas griegas. Eso no significa que el problema haya desaparecido. Al contrario, cada día que pasa la situación se vuelve más intolerable. No podemos olvidar que la guerra en Siria —que no comenzó en 2015, sino mucho más atrás, en 2011— continúa. Se ha intensificado el tránsito de personas hacia Europa a través de otras rutas más largas y peligrosas. Millones de personas sobreviven como refugiadas en países como el Líbano, Jordania o Turquía. Recientemente se ha publicado en la prensa internacional la explotación ilegal de hombres, mujeres y niñxs en la industria textil turca que surte a esas marcas europeas que son presentadas frecuentemente como modelos de triunfo empresarial. Al mismo tiempo, y a raíz del cierre de la frontera macedonia, más de 50 000 personas quedaron varadas en Grecia, sin posibilidad de seguir su camino hacia el norte de Europa, donde esperaban reunirse con sus familias, ni de volver al infierno en el que se han convertido sus hogares. Las condiciones de vida de estas personas, en un país de la UE, son lamentables: malviven en campos de refugiadxs sin tener acceso a servicios mínimos, a una sanidad o a una educación dignas.

La dimensión de la catástrofe humanitaria desencadenada por la guerra en Siria merece una respuesta política y social que lamentablemente no se ha producido. No se ha desarrollado un movimiento de contestación siquiera comparable a las movilizaciones del «No a la guerra» contra la intervención en Irak de hace algunos años, ni aun teniendo en cuenta las diferencias entre ambos conflictos, relativas a consideraciones geopolíticas y de relaciones internacionales, y a las implicaciones en política interna de aquel conflicto en el Estado español.

Con todo lo anterior, la «crisis de lxs refugiadxs» es tan solo la cara más visible de un problema que viene de muy atrás, mucho más profundo y de amplio calado: los movimientos migratorios masivos de personas que huyen de la violencia, la persecución y el hambre y que se topan con las políticas excluyentes de la «Europa fortaleza». En ese sentido, merecería una más amplia reflexión el papel que ha jugado la focalización del centro de atención sobre lxs refugiadxs de guerra sirixs, a la hora de establecer categorías entre refugiadxs e inmigrantes, entre aquellxs migrantes que deben ser objeto de nuestra atención y solidaridad y lxs olvidadxs que son observadxs como una amenaza por una Europa que solo tiene para ellxs persecución y, en el mejor de los casos, indiferencia.

Pensando en todo lo anterior, un grupo de personas provenientes de diferentes ámbitos del activismo político y social en Sevilla, nos propusimos la tarea de poner en marcha un proyecto de trabajo voluntario con personas refugiadas. Claro está que siendo conscientes de las múltiples facetas que podrían abordarse, no teníamos capacidad de abarcar toda la problemática que implican las migraciones hacia Europa, ni tan siquiera de dar una respuesta seria y significativa a las políticas europeas y del Estado español en torno a la actual «crisis de lxs refugiadxs». Sabiendo eso, quisimos impulsar e implicarnos en un proyecto que tuviera en cuenta una serie de consideraciones.

En primer lugar, nos propusimos que lo que terminó siendo Schools for Refugees tuviera una incidencia real en la vida de la gente con la que trabajáramos, desde una perspectiva seria y realista. Más importante todavía era diseñar un proyecto que tuviera como objetivo principal el empoderamiento de esa gente. Se trataba de proporcionarles herramientas, dentro de nuestras posibilidades y en base a nuestras experiencias, para que fuesen capaces de retomar las riendas de su vida y su capacidad de autogestión que en gran medida les había sido arrebatada por la guerra, la huida, el desarraigo y la situación de abandono que padecen. Por otro lado, quisimos poner el foco de atención sobre la situación actual y real de las personas refugiadas, alejándonos de la imagen estereotipada de rescates en las playas que hace meses dejó de tener lugar. En relación con lo anterior, nos obsesionaba especialmente el plantear un proyecto en Grecia que tuviera al mismo tiempo capacidad movilizadora en nuestro entorno. Por eso, tenía que poner de relevancia la situación actual para servir de palanca a la concienciación y la acción aquí y ahora. Por último, tuvimos siempre claro que el proyecto que íbamos a desarrollar estaría basado en el trabajo voluntario y la autofinanciación, sin recurrir a subvenciones de ninguna clase, pero sin cubrir servicios que han de ser proporcionados por las administraciones públicas y los organismos internacionales.

Los planteamientos expuestos han sido la base de todo el proyecto y unos parámetros que siempre hemos observado como vacunas para prevenir ciertos peligros que tuvimos en cuenta desde el inicio. A veces puede llegar a confundirse la solidaridad con el asistencialismo y la caridad. Por eso, la autogestión y la autonomía de las personas con las que hemos trabajado han sido la meta de todo el proyecto. La tentación paternalista y condescendiente con gente que se encuentra en una situación de indefensión, solo puede eludirse teniendo presente que lo único que podemos aportar es nuestra formación y experiencias anteriores que hemos tratado de transmitir y reproducir como meros dinamizadores de nuevos aprendizajes colectivos. Hemos querido que nuestro trabajo en un campo griego sirviera como elemento de concienciación y movilización, pero teniendo siempre presente que la prioridad eran las personas refugiadas y poniendo la máxima atención en que no podían convertirse en objetos al servicio de una causa política, por más justa que esta nos pareciera, sino en sujetos de su propia acción individual y colectiva.

Sentadas las bases sobre las que queríamos trabajar, el proyecto comenzó a andar, tomando como referencia el trabajo y las experiencias anteriores en este tipo de entornos de Joaquín, a quien se debe en gran medida el impulso de esta iniciativa. A partir de ahí, las aportaciones y el trabajo voluntario de mucha gente, provenientes de ámbitos diversos, han sido fundamentales para el diseño y la realización de lo que ha sido Schools for Refugees.

La idea de la que partíamos es que Schools for Refugees sería un proyecto de preescolarización de niñxs refugiadxs en el campo de Lagadikia, en el norte de Grecia. Partíamos del análisis de que miles de niñxs, sobre todo sirixs, pero también kurdxs, iraquíes y de otros lugares, llevaban meses e incluso años viajando en condiciones penosas, de campo en campo, malviviendo en condiciones miserables hasta llegar a Idomeni, y de allí a los campos diseminados por toda Grecia. Así, entre otras muchísimas cosas, habían perdido las habilidades mínimas para su reincorporación al ámbito escolar. Las noticias que teníamos eran que el Gobierno griego se había comprometido, al fin, a cumplir con la obligación de escolarizar a estxs menores. Pero para que pudieran aprovechar la vuelta a la escuela en unas condiciones mínimas, sería necesario un trabajo previo de recuperación de la capacidad de concentración, de trabajo cooperativo o de socialización en el ámbito escolar. Era algo que un grupo de docentes y personas vinculadas al trabajo con niñxs podíamos llevar a cabo durante los meses de verano con unas expectativas razonables de resultados positivos.

Fueron necesarias semanas de búsqueda de voluntarixs, recaudación de fondos a través de donaciones y una campaña de crowdfunding, preparación y formación de los integrantes del proyecto, diseño y planificación de actividades… A principios de julio, lxs primerxs voluntarixs de Schools for Refugees llegamos al campo de Lagadikia. Observamos y nos contaron que la información que teníamos, desgraciadamente, era correcta: la situación de lxs niñxs en el campo era desoladora. Las condiciones de vida en los campos son inaceptables para cualquier persona, pero lxs niñxs, además, han visto transcurrir una etapa fundamental de su vida y su formación como personas sin poder asistir a la escuela y desasistidxs en muchas ocasiones por familias tan desesperadas y angustiadas por su situación que no pueden ocuparses de sus hijxs como lo hacían antes de verse convertidxs en refugiadxs. En estas circunstancias, lxs niñxs desarrollan comportamientos y formas de relación de una violencia y agresividad que solo se explica por las circunstancias por las que han atravesado. Salieron de una guerra y se vieron arrastrados a un viaje terrible, pero eso ya pasó. Su situación en los campos de Grecia es atroz, eso es lo que hay que denunciar ahora, sobre eso era sobre lo que había que trabajar.

El proyecto se puso en marcha con dos talleres de manualidades: uno para niñxs de entre 4 y 7 años y otro para niñxs de entre 8 y 13 años. En total, casi cien niñxs para los que se realizaban simultáneamente talleres diarios de 2 horas. En pocos días, la continuidad de un trabajo basado en la cooperación y el respeto comenzó a dar frutos y se pusieron en marcha otras actividades, como clases de inglés y de música. Fue increíble comprobar como a lo largo de los días, lxs niñxs del campo se convirtieron en un grupo de amigxs que cada mañana trabajaban y se divertían juntxs y por las tardes participaban en otras actividades que Schools for Refugees impulsó: juegos y deportes para todxs. Pero el objetivo era sentar las bases para que, al final del verano, no solo pudieran incorporarse a la escuela en mejores condiciones, sino que las actividades continuaran en el campo, organizadas y disfrutadas por la gente que vive en él. Nuestro trabajo de organizadores de las actividades fue dejando paso progresivamente a una actuación de dinamizadores de un trabajo que poco a poco fue pasando a manos de gente del campo y a lxs propixs niñxs. Después de que el último grupo de voluntarixs internacionales dejara el campo a finales de septiembre, las actividades han seguido realizándose con personas voluntarias del campo: lxs más pequeñxs continúan realizando manualidades, lxs mayores se han convertido en un grupo de teatro… ¡y todxs han vuelto a la escuela!

Aunque el punto de partida fuera el trabajo con niñxs, una vez en Lagadikia surgieron otras actividades complementarias que han enriquecido y hecho crecer el proyecto. Entre ellas un periódico, escrito y distribuido por jóvenes, y un grupo de mujeres que se reúnen cada día para aprender inglés, ver cine, bailar, cantar o charlar. El proyecto se ha desarrollado desde una perspectiva activista, evitando el asistencialismo y pretendiendo siempre impulsar la autogestión y la autonomía. En estas actividades con adultxs donde este matiz se hace más evidente. Animar e impulsar el periódico o el grupo de mujeres ha sido una práctica mucho más cercana de lo que imaginábamos a las experiencias previas que teníamos como activistas en centros de estudio, de trabajo o en nuestros barrios. Hemos llevado a Grecia nuestro bagaje y experiencias, hemos vivido un nuevo proceso de aprendizaje junto a las personas del campo; ahora ellxs y nosotrxs debemos seguir construyendo redes e impulsando la acción y la movilización.

El proyecto Schools for Refugees ha terminado. Las clases de inglés y música han dejado de realizarse porque lxs niñxs van a la escuela y allí, esperamos, seguirán aprendiendo. El taller de manualidades, el grupo de teatro, el periódico y el grupo de mujeres son ahora las actividades del Lagadikia Club, del que forman parte hombres, mujeres y niñxs del campo, con lxs que hemos trabajado durante el verano. Ellxs tienen ahora la responsabilidad de transmitir su experiencia y desarrollar nuevos proyectos, en Grecia o, como todxs ellxs desean, en algún país de Europa. Y ojalá cuanto antes en sus pueblos y ciudades de Siria, Irak o el Kurdistán. Nosotrxs hemos vuelto a casa y aquí seguiremos trabajando, contra la guerra en Siria, por una Europa abierta y solidaria o en los muchos proyectos que quedan por hacer y de los que seguiremos aprendiendo.

Propuestas para una educación emancipadora

Dejar la educación en manos únicamente del Estado se antoja, cuanto menos, arriesgado. Es una ilusión pensar, parafraseando a Paulo Freire, que las élites del poder vayan a propiciar un tipo de educación que las desenmascare más todavía de lo que ya lo hacen las contradicciones sociales en las que se encuentran envueltas. Ante esta realidad, la contestación se organiza de múltiples formas. Hay colectivos que siguen pensando que otra educación pública estatal es posible, y necesaria, y desde ahí construyen. Otras comunidades apuestan por crear otras formas de organización de la vida que sustituyan a las del Estado.

Una mirada alternativa

Hablar de educación alternativa es hablar de muchas educaciones, de todas las posibles alternativas que cualquiera pueda proponer ante la imposición del sistema español de enseñanza reglada como única opción educativa posible. Y opciones, hay tantas como personas, tantas como familias, tantas como niñas. No hay una educación alternativa, hay mucha gente que, ejerciendo su derecho natural a la duda, hace una propuesta alternativa a la educación convencional.

Que sea alternativa es una cuestión de espacio y tiempo, lo que aquí es una alternativa, en Suiza puede formar parte de la oferta privada y en Holanda ser directamente pública. Las apuestas de la Institución Libre de Enseñanza son ahora alternativas en España, mientras que en Alemania se integran en la propuesta pública del bosque-escuela.

La educación alternativa no está fuera del sistema, es una respuesta responsable ante las deficiencias del sistema en el que se integra. Aunque cueste mucho reconocerlo, lo alternativo ocupa una posición muy concreta e importante en el sistema. Es el loco y es el genio visionario, es lo que está al borde, lo que visibiliza los fallos del sistema. Creces cuando amplías tu límite; lo alternativo está marcando el límite del sistema, el lugar mismo por donde el sistema tiende a crecer.

Y, ¿quiénes son los artífices? Muy variados. Hay quien llega tras un mal trago en el sistema público y quien nunca lo ha probado. Los estudios sociológicos realizados no hablan de un contexto social determinado. Pero sí de un alto nivel de estudios; profesiones de los ámbitos cultural, social, educativo o terapéutico, muy activas y comprometidas socialmente.

¿Para qué se embarcan en el farragoso trabajo de poner en marcha un proyecto alternativo? La respuesta más generalizada es: «Quiero que mi hijx sea feliz». Se valora, sobre todo, ofrecer un entorno de respeto y libertad que permita el desarrollo de cada niñx a su ritmo, cuidando y protegiendo su interés y curiosidad naturales. Buscan ofrecer herramientas a lxs niñxs para crear relaciones sanas y de calidad, a la vez que entornos ricos en los que puedan satisfacer sus intereses según su etapa de desarrollo. Proponen un aprendizaje manipulativo y vivencial ligado a emociones positivas. Son filosofías holísticas que tienen muy en cuenta la salud emocional y el respeto por unx mismx y el entorno. Se vivencian valores como autoestima, cooperación, respeto, autonomía, autodisciplina, libertad, amor por la naturaleza, comunicación empática, agradecimiento, pertenencia, etc. Son los mismos objetivos de la educación reglada, la diferencia está en el orden de prioridades y las maneras de poner todo esto en pie cada día delante de lxs niñxs.

Y formas, toman muchas distintas, van desde la no escuela, hasta las distintas escuelas con metodologías respetuosas pasando por la escuela en casa. La no escuela, pareciendo la más radical, es sin embargo la más antigua, si tenemos en cuenta que la escuela tal como la conocemos hoy en día es un invento muy moderno, que nace de una necesidad productiva de la sociedad industrial. La no escuela parte de que cualquier coyuntura es adecuada para el aprendizaje y lxs niñxs no siguen una educación sistemática como pueden ofrecer algunas de las familias que hacen escuela en casa.

Las corrientes más dominantes son: Escuela Activa, Democrática, Regio Emilia, Waldorf o Montessori. Pedagogías —ninguna nueva, ya— que se proponen con distintos grados de purismo: Waldorf y Montessori se ciñen, quizá, más a los modelos propuestos por sus creadores, mientras que el resto suelen tomar, dentro de su propia estructura, aquello de cada modelo que más les encaja en su realidad particular.

Quizá la diferencia fundamental de estas escuelas la marca el grado de implicación de las familias. La mayoría son proyectos que surgen de familias que, inquietas con el desarrollo de sus hijxs, deciden unirse en colectivo y formarse para crear un espacio de aprendizaje. Que nunca se queda en un espacio para los peques, sino que da estructura también a la vida de los adultos y crea una comunidad de apoyo muy particular y cercana. Esto permite un trabajo muy conectado entre la casa y la escuela que es la base de un cambio de vida para muchas familias.

¿Su fortaleza más significativa? Sin duda, construir personas felices, posiblemente el acto más revolucionario que existe. La creación de comunidades responsables y concienciadas que, con su sola existencia, están cambiando la realidad hacia modelos más respetuosos con la vida. Actualmente, la neurociencia explica científicamente los motivos por los que este tipo de acompañamiento sirve tan hondamente a la construcción de la persona.

¿Y debilidades? Tantas como fortalezas. Estamos haciendo dos cosas muy importantes y muy difíciles juntas: crear y gestionar comunidades autónomas en un contexto de respeto a las necesidades de cada uno y hacer escuela. Las dos tareas para las que, solo por ser padres, no tenemos herramientas efectivas. Buscamos modelos en los que no hemos crecido, eso nos deja un poco desubicados y esa frustración a veces nos lleva al natural, pero poco práctico, movimiento pendular de rechazo a todo lo anterior.

Paralelamente hay que sostener económicamente proyectos que se convierten en escuelas «de pago», con una carga ingente de trabajo y tiempo de gestión, en un contexto de mucha ambigüedad legal. Tanto desgaste familiar hace su permanencia insegura y a los proyectos inestables. Aunque el número de proyectos crece exponencialmente, el alcance en número de niñas es muy limitado. De momento es solo para esas aguerridas familias que deciden desafiar al sistema. Esto implica una cierta sensación de gueto.

Pero el principal escollo que deben superar estos proyectos es el legal. Cada grupo encuentra su camino: unos son asociaciones sin ninguna actividad económica, otros ludotecas, otros complejos turísticos, otros gabinetes terapéuticos, otros madres de día, también hay guarderías privadas, colegios internacionales e incluso colegios privados españoles. Pero no existe un epígrafe que defina correctamente la actividad que realizan. No es pertinente que la única vía que ofrezca el Estado para legalizar esta situación sea obtener una autorización administrativa como centro de enseñanza reglado, puesto que ninguno de estos proyectos tiene como objetivo ofrecer esa enseñanza. Es cómico que, si quiero ser legal, todo pase por construir un cole con una infraestructura descomunal que solo posibilita un tipo de pedagogía, la que ya hay.

Todos estos proyectos son un derroche de resiliencia. Constituyen una apuesta local, de tamaño humano, autogestionada, integrada en el entorno y vinculada, de una comunidad por sí misma y para sí misma. Sin los impedimentos actuales, con un número moderado de niñxs, pueden llegar a ser económicamente sostenibles y el gasto por alumnx no sería jamás el de la escuela pública.

Pedagógicamente funcionan. Logísticamente… vamos a seguir encontrando el hueco. Lxs niñxs están aquí y lo están pidiendo, este cambio ya no se puede evitar.

La educación pública que queremos

La educación pública en Andalucía está siendo desmantelada, los derechos educativos que parecían intocables están siendo vulnerados. La privatización progresiva nos deja en manos del mercado.

Esta pérdida de inversión en la educación pública corre paralela a otra clave fundamental: la necesidad de modernizar la educación, conseguir que sea verdaderamente un arma de transformación social y personal.

Los funcionarios de la educación vemos como año tras año se cambian leyes que profundizan en el fracaso de la educación pública. Tanto el gobierno del PSOE como el del PP han contribuido al aumento de la ratio, la disminución del profesorado, la eliminación de materias claves como la historia del mundo contemporáneo o la filosofía. Los datos son claros, un ejemplo: la inversión en la educación concertada privada aumenta exponencialmente con la equiparación de complementos retributivos para el profesorado[1]. Estos profesores no pasan por ninguna prueba, solo un perfil que el director valore; el contrato es directo, no hay oposiciones. Es un hecho patente que todos pagamos una enseñanza privada en manos principalmente de la Iglesia, a la que el Estado colma de privilegios. Los centros públicos tienen que rendir cuentas al detalle del gasto que tienen, en cambio a la concertada no se le exige. Esto supone que el gasto de la pública tiene que disminuir si la partida presupuestaria es la misma o menor. Se estima por datos aportados por funcionarios, que la concertada recibe en muchas partidas un 20% más que la pública.

La actual ley educativa que está implantándose, la LOMCE, profundiza en crear una educación para una élite, haciendo continuas pruebas de contenido, levantando una barrera para que solo lleguen unos pocos a la meta. La pérdida de becas, el plan Bolonia y el encarecimiento de los estudios universitarios hacen que solo unos pocos, los que tienen dinero, puedan estudiar. Mientras que en la privada y en la concertada inflan las notas, porque lo demanda el cliente, en la pública, donde el profesorado es más fiel a los conocimientos del alumnado, cuesta más trabajo elegir la carrera.

El bilingüismo, lejos de ser una mejora para el sistema educativo, es un obstáculo más para que el aprender sea una barrera infranqueable.

A pesar de esta realidad, la comunidad educativa debe ser consciente de que la educación es un arma poderosa para cambiar y mejorar la sociedad, y debe luchar porque lo importante sea la formación de individuos conscientes que estén preparados para resolver problemas personales y sociales y les lleve a la emancipación. Denunciar esta política de robo encubierto a lo público es el primer paso para cambiar las cosas. La sociedad debe reclamar sus derechos, ser conscientes de lo que está pasando.

Centrándonos en el segundo punto, existirían, grosso modo, dos modelos educativos: un primer modelo en el que el alumno repetiría los contenidos sin elaborar nada propio, fomentando la competitividad y la obtención de un título, no el aprendizaje en sí. Se tiene la impresión de que lo que se aprende no es práctico, no sirve para nada y se olvida fácilmente. Es el modelo actual de la sociedad en la que estamos viviendo, acrecienta las diferencias sociales, la marginación. Solo unos pocos consiguen un título universitario. Las élites del país y el Estado a su servicio, son las que lo promueven.

El segundo modelo fomentaría la justicia social y el equilibrio mediante la oportunidad de una educación para todos. Partiría de la cooperación, el conocimiento del otro, la búsqueda del bienestar de la sociedad en su conjunto. Se encaminaría a desarrollar a cada persona partiendo de su situación inicial, de su entorno, es una educación desde y para la vida. Sus bases se encuentran en pedagogos como Ferrer y Guardia, Montessori o Paulo Freire. Actualmente, algunos métodos se están trabajando en algunas escuelas e institutos, pero la ley educativa es la que impone las finalidades de la educación.

Las leyes educativas se hacen para reforzar uno de estos dos modelos. Actualmente en España las políticas recortan gasto en educación pública y en democracia con la elección de modelos pedagógicos autoritarios y obsoletos. La mejora social no es lo prioritario, el empoderamiento ciudadano, menos. Las diferencias sociales, el fracaso escolar, la apatía por un sistema de títulos y no de una comprensión humanística de la educación, es lo que tenemos.

La UNESCO consideró en la cumbre de 2005 que los mecanismos para erradicar la pobreza partían de una profundización y un conocimiento de la cultura propia, consiguiendo el empoderamiento como base para desarrollar el emprendimiento individual y social.

Una educación emancipadora debe promover la adquisición de competencias tales como el pensamiento crítico, la elaboración de hipótesis y la adopción colectiva de decisiones.

Una educación que promueva la participación democrática debe trabajar en la propia escuela los principios de equidad, intentando paliar las desigualdades; la sostenibilidad, que supone que las acciones que hagamos no pondrán en peligro a las generaciones venideras; la productividad, en la que la teoría no es ajena a la vida y, por último, el empoderamiento, con el conocimiento de una misma y de su entorno.

El sistema de educación memorístico y homogeneizador debe transformarse en un aprendizaje que fomente el desarrollo de la creatividad para resolver necesidades humanas individuales y colectivas. Conseguir alumnxs felices, conscientes, equilibradxs afectivamente que conozcan la realidad en la que viven y puedan trasformar lo que no funciona. Es un proyecto educativo que nace de la idea del derecho a la igualdad de oportunidades que cada ser humano tiene respecto a los demás.

La escuela como espacio para la participación y la democracia es la llave para evitar regímenes tiránicos o autoritarios que eliminan explícita o implícitamente la participación ciudadana.

De estas premisas partimos para luchar por conseguir la educación que queremos.


[1] BOJA del 10 de marzo de 2016 – 3. Otras disposiciones de la Consejería de Educación.

Donde todo es posible

Un paseo por las naves de circo de Sevilla o de cómo nos guisamos la cultura Era el año 2002 cuando nuestro comando gaditano aterrizado en Sevilla tuvo su primera toma de contacto, con los pelitos de punta —como después hemos recordado en muchas ocasiones— con el mundo del circo. Aunque sería más descriptivo decir que fue un choque frontal que nos dejó secuelas permanentes y la carne de gallina.

Estábamos en Casas Viejas, el centro social okupado del barrio, la nave grande estaba hasta la bola para ver uno de los numerosos cabarés que se hicieron allí. Fueron casi dos horas, número tras número, y en nuestras cabezas la misma idea: «si somos capaces de esto, de generar entre escombros la cultura que demandamos, somos capaces de todo».

Más allá de nuestra tendencia genéticamente gaditana al pelopico, lo que ese día experimentamos fue la certeza (obvia) de que nuestro ocio también es político. El cabaré de Casas Viejas nos tocaba. Lo hacía su humor, su música y sobre todo lo hacía el saber que detrás estaba lo colectivo.

Hoy no existen centros sociales en Sevilla[1] pero siguen existiendo espacios llenos de cultura y vida, la que nos apetece producir, consumir y gestionar en común. Entre estos espacios, hoy nos damos un paseo por las naves que desde hace unos años han ido multiplicándose en nuestra ciudad y en tantas otras como proyectos relacionados con el circo y otras artes escénicas híbridas.

¿Qué está pasando? Que necesitamos espacios donde dar rienda suelta a nuestra creatividad, nuestras ideas, nuestros proyectos. Que necesitamos juntarnos, que solas somos mucho, pero en manada nos gusta más. Que nos enriquecemos, nos ayudamos, nos enfadamos… y todo eso nos pone.

Memoria y espacios
Un mapa temporal que pasa de los centros sociales Casas Viejas, Sin Nombre o La Fábrica de Sombreros a la nave de San Jerónimo, La Carpa, La Nave, Espacio Vacío y la recién llegada Factoría de Arte y Polvo. Es un hecho que no solo siguen existiendo espacios de circo en Sevilla, sino que además continúan naciendo proyectos nuevos. Sin contar otros espacios que, sin ser naves, acogen mucho circo en Sevilla, como El Rincón del Búho o muchos semáforos de la ciudad. Y cerca, muy cerca, otra nave, la del Espacio de Vejer. Y todas las que nos dejamos, las que se están abriendo ahora, las que aún no tienen nombre… cada una con sus particularidades en la organización, pero todas espacios autogestionados de encuentro, creación, formación y, en ocasiones, vías de autoempleo.

Uno de los proyectos más ambiciosos e integrales dedicados al circo y otras artes escénicas en Andalucía fue, y es, La Carpa. Hablar de La Carpa es contar la historia de un desencuentro kafkiano con las instituciones. Si normalmente la cultura no es una prioridad para los que gestionan «lo público», en el caso de una cultura invisibilizada como el circo y otras artes, la desgana amenaza con matar el trabajo y la energía.

En 2008, la compañía Varuma Teatro decide proponer un proyecto que abarcara la sede de la compañía, un espacio con programación estable y la futura Escuela Superior de Circo de Andalucía: La Carpa – Espacio Artístico. El arquitecto Santiago Cirujeda (Recetas Urbanas) se suma al proyecto y comienza un largo peregrinaje por los recovecos de la burocracia sevillana y andaluza. En 2010, el Ayuntamiento cede un solar que llevaba 28 años abandonado y ahí acaba la ayuda pública ofrecida al proyecto.

El eterno conflicto con las instituciones
Las relaciones entre las culturas más invisibles o invisibilizadas con las instituciones siempre patinan en un juego resbaladizo donde ambas partes intentan beneficiarse, pero con una correlación de fuerzas evidentemente desigual. Por un lado, se busca salir del gueto; si creemos en la cultura como un bien común de fuerza transformadora, esta debe estar en el espacio de la visibilidad. Pero el peligro es más que evidente, el difícil malabarismo para que los focos nos iluminen pero no nos conviertan en sombras chinescas, pasear por el campo minado de los espacios de reconocimiento pero también de control. Un eterno debate: cómo dar luz a prácticas invisibles sin perdernos por el camino, cómo hacerlas visibles y mantener la crítica cuando la mano de quien paga aprieta.

Los meses de burocracia no paralizaron la actividad de La Carpa: allí vivimos varias ediciones de las Jornadas de Circo de Sevilla, cursos regulares, performances fusionando flamenco, danza contemporánea abrazando esculturas y colectivos que fueron sumándose al proyecto (Kataplof, el Cuarteto Maravillas, Al Aire, Cuarto Revelado…). En 2014 finalizó la cesión del solar y ante la indiferencia del Ayuntamiento, se abandonó el espacio.

A día de hoy, La Carpa no se rinde y tras un parón para coger aire ha vuelto a comenzar su ronda enloquecida de reuniones y presiones con las instituciones. Más cansados, más resabiados. ¿Merece la pena? Una danza complicada sin respuestas claras, el camino de la autogestión nos libra de los peligros de trabajar con el enemigo, pero ¿debemos dejar la gestión de la cultura común abandonada en manos de las instituciones? Si la cultura es política, ¿hasta qué frontera llevamos nuestra lucha por una cultura como bien común?

De un abandono institucional nace también La Nave. Cuando el Ayuntamiento decidió repentinamente cerrar el espacio que tenían cedido en San Jerónimo, otra nave, algunas personas comenzaron a plantearse opciones al margen de las instituciones. Okupar no era viable porque no permitía guardar los materiales de forma segura, así que se lanzaron a buscar un espacio en el que poder entrenar, ensayar, crear y aprender.

Lo encontraron en una nave de Nuevo Torneo (y no es casualidad que muchos de estos proyectos vayan ubicándose alejados del centro, creando extrañas relaciones con los polígonos industriales de la periferia, reapropiando y resignificando estos espacios tantas veces no lugares) donde se dieron encuentro teatro, danza, batucada y circo.

Hoy, La Nave está en una etapa nueva e ilusionante, autogestionada con las cuotas de sus socias y las actividades que realizan: clases regulares de aéreos (trapecio, cuerda, telas…), de acroyoga, entrenamiento libre e intensivos de acrobacia, verticales o flexibilidad, pero sobre todo con ganas de abrirse a quienes busquen un lugar en el que juntarse, crear o simplemente pararse a estar.

La Factoría de Arte y Polvo nace, precisamente, de la inquietud de un grupo de profesionales del circo que se encuentran habitualmente en La Nave para dar clase o entrenar por libre en este y otros espacios. En La Nave era complicado compatibilizar las clases con el entreno libre debido a las dimensiones del espacio. De nuevo, el desalojo en verano de 2015 del centro social que servía para entrenar, presentar cabarés y como punto de encuentro el CSOA Andanza, fue el detonante para lanzarse a buscar un espacio propio. Su búsqueda también les lleva a rondar la periferia y encuentran su hogar en una nave del polígono Calonge.

Pese a su corta vida, La Factoría presenta una agenda repleta de actividades y eventos, cursos e intensivos de acrobacia, verticales, alambre, danza, aéreos, portes acrobáticos… y fines de semana llenos de cabarés y actuaciones musicales. En sus cuatro meses de vida, La Factoría valora el apoyo que ha recibido para que el espacio se mantenga vivo y siga creciendo.

El espacio vacío es el título del célebre ensayo sobre teatro de Peter Brook, una referencia para cualquiera que quiera adentrarse en el mundo de las artes escénicas. No es casualidad que ese sea el nombre elegido para las dos naves transformadas, en su día taller de torneros, en los corralones del Pelícano.

Espacio Vacío parte de una pareja con una cría que quiere volcar sus saberes en un lugar. Practicaban la danza vertical profesionalmente, el circo, el teatro… venían impregnadas del espíritu del proyecto Ateneu Popular de Nou Barris de Barcelona, de la mezcla del ambiente profesional con el del barrio. Al llegar a Sevilla, la ausencia de espacios en los que se pudiera trabajar les llevó a alquilar una nave. Así arrancan con la escuelita de circo para niñxs.

Llegaría también al espacio el taller de movimiento, yoga, danza, música, cabarets, el circo para puretas… Los logros son muchos, lxs niñxs van al espacio con ganas y felices, quieren ir y seguir yendo, y no es solo por la actividad en sí de circo, que es atractiva, sino también por todo el trabajo de alrededor que les permite ser ellxs mismxs, encontrarse y expresarse. Y lo mismo con el grupo de puretas: adultos y adultas que practican circo, con sus cuerpos más cerrados, pero capaces.

Hoy, una persona tira del carro de Espacio Vacío, sostenida por unas relaciones que aportan mucho a un espacio donde se trabaja desde la horizontalidad. No hay asamblea, pero sí acercamiento y escucha, encuentro de quienes curran en el espacio, y todo ello con la seguridad de estar donde se quiere estar.

Si repetimos que la cultura es política, las formas de producción de esa cultura también lo son. La gestión horizontal es la respuesta organizativa de estos espacios a una forma de funcionar que plasma esa idea de la cultura como posibilidad abierta de pensarnos las unas con las otras.

Espacios con personalidad propia
Cada uno de estos espacios aporta su carácter a esta red. Si hay algo que caracteriza a La Nave, es su vocación de espacio abierto donde cabe todo: circo, teatro, música, danza o yoga. El objetivo del espacio es seguir siendo un punto de encuentro donde puedan intercambiarse saberes.

La Factoría de Arte y Polvo se planteó desde su nacimiento fomentar y mejorar la imagen del circo, así como buscar espacios de presentación y divulgación de sus disciplinas. Para ello, intentan aportar un espacio de encuentro y entrenamiento y favorecer un ambiente de creación para las artes escénicas de la ciudad.

El proyecto de La Carpa pretende (volver a) poner en marcha un espacio de referencia en creación y programación cultural que pueda a la vez integrarse en la vida cotidiana del barrio sin perder su ambición de proyección nacional e internacional.

Espacio Vacío se ubica en pleno centro de Sevilla, lo que lo convierte en un espacio de mezcla e integración con el barrio y sus distintos ambientes. Desde el principio, apuesta por el respeto y los cuidados y una concepción de las artes escénicas como sustento para la salud y la calidad de vida. El espacio no está volcado en el entreno y la práctica, sino en el intercambio y el encuentro: La Pelícana (encuentro de papás y mamás con sus bebés y sus dudas), los cabarés, fiestas, espectáculos para acercar el arte a la gente y regalarles una desconexión.

Como hemos visto, los espacios y sus habitantes están interconectados por redes de afinidad, colaboración y apoyo mutuo. Este año, el Festival Circada, que se celebrará del 1 al 12 de junio, ha decidido reflejarlo en su programación. Circada supo canalizar el creciente interés por el circo que se estaba despertando en Andalucía. Desde su nacimiento en 2008 hasta hoy ha vivido un crecimiento imparable: el año pasado, 20 000 espectadores disfrutaron de sus más de 60 funciones. Este año, Circada no solo tomará las calles, sino que volverá su vista a todos estos espacios donde el circo se vive día a día. La Nave, La Factoría de Arte y Polvo y Espacio Vacío colaborarán con algunas actividades en esta edición.

Al fin y al cabo, de lo que se trata es de ser capaces de producir la cultura que queremos de la forma que queremos. No queremos consumir, queremos implicarnos. No queremos generar actividad tras actividad en la que no pase nada. Lo que nos llega es saber que para que el cabaré que disfrutamos sea posible es necesario un grupo de personas con la energía suficiente para juntarse y pensarse con otrxs, hace falta que existan espacios donde crear y ensayar, lugares donde presentar los espectáculos; necesitamos técnicas, diseñadores, maquinistas, la que pone las birras, el que hace cenadores… Pero, sobre todo, hace falta dejarse atravesar por lo colectivo y entender que la cultura es un campo de batalla más que no queremos dejarnos arrebatar. Lo bueno es que en esta batalla, al menos, disfrutamos del espectáculo.

La Carpa: https://www.facebook.com/LaCarpaRedCreativa

La Nave: https://www.facebook.com/lanavesevilla

La Factoría de Arte y Polvo: https://www.facebook.com/LaFactoríadeArteyPolvo

Espacio Vacío: https://www.facebook.com/espacio.vacio.3

Festival Circada: https://www.facebook.com/FestivalCircada

[1] Las experiencias de circo en Sevilla han estado a menudo muy vinculadas a los espacios okupados. Leíamos estos días un artículo de Dani Foncu, Okupasión por el circo para la revista Ambidextro (Tercera Etapa, nº 51, diciembre 2010) donde recorría los espacios okupados de toda la geografía española que servían de hogar a muchos proyectos cirqueros: La Makabra, Kukutxa, El Patio Maravillas, La Galleta…

La Red de Decrecimiento de Sevilla

Vivimos en una crisis en el que el mantra del crecimiento económico se presenta como la solución a todos nuestros problemas, cuando la realidad es que dicho mantra ha sido el que nos ha traído hasta aquí: no solo a esta crisis económica y financiera, sino a todo un conjunto de crisis —energética, ecológica, social, de cuidados, política y cultural— que podríamos llamar «crisis civilizatoria».

¿Qué es eso del decrecimiento?

El dogma del crecimiento económico está tan arraigado en nuestra sociedad y en nuestros dirigentes políticos que nos es más fácil imaginar un desastre climático, una guerra nuclear, un milagro tecnológico o irnos a vivir a otro planeta, que un abandono de esta fe que nos dice que seremos más felices cuanto más dinero tengamos, más cosas poseamos y más objetos acertemos a consumir.

El decrecimiento tiene como eslogan el abandono del objetivo del crecimiento por el crecimiento. Este objetivo no tiene tanto que ver con un desafío a la centralidad política de la mejora del PIB, sino con proponer un marco para la transición hacia modelos de producción y consumo más reducidos y sustentables que permitan establecer una nueva relación de equilibrio en y entre las comunidades humanas y de estas con la naturaleza, en pos de la felicidad.

Tiene que ver con encontrar un camino, una transición, hacia modelos de bienestar que sean justos socialmente y sustentables ecológicamente. Un camino que implica conjuntos de acciones individuales y colectivas que, con base en un cambio de mirada y de valores, hagan que sean las comunidades —más que los mercados, los Estados o las tecnologías— las que decidan la dirección de la evolución de la sociedad. Una transición que aporte sentido a la vida humana, valorando y visibilizando su naturaleza interdependiente y ecodependiente.

Como expone Manfred Max-Neef, «un nuevo sistema económico debe sustentarse en cinco postulados fundamentales y un principio valórico irrenunciable. El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos. Tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no precisa necesariamente del crecimiento. Cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas. Y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible. Y el principio valórico irrenunciable que debe sustentar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia a la vida».

Ecofeminismo, permacultura, buen vivir, decrecimiento y transición son algunas de las respuestas sociales que cuestionan y pretenden revertir esta doctrina del crecimiento, colocando en el centro del discurso la sostenibilidad de la vida, y no de cualquier tipo de vida, sino de una que merezca la alegría de ser vivida. Reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reducir, reutilizar y reciclar son las ocho erres, las ocho claves que propone Serge Latouche para lograr ese cambio de paradigma.

Respuestas y claves de las que pueden derivarse algunas iniciativas más concretas: crear comunidad local y reconectarnos con el territorio, producir y consumir en el ámbito local, cambiar los modos de producción y recuperar los oficios tradicionales, usar los recursos naturales locales y una tecnología apropiada, revalorizar los cuidados, pasar de ser consumidoras a prosumidoras1, reducir el consumo material y energético y recuperar el espacio de la comunidad entre lo público y lo privado.

En el siguiente cuadro, de elaboración propia, expresamos algunos elementos que diferencian, a nuestro parecer, a las organizaciones surgidas bajo el nuevo paradigma decrecentista frente a las predominantes en el contexto capitalista.

Pantallazo-EL TOPO 14.pdf

Transición en Comunidad

La Red de Decrecimiento Sevilla, Transición en Comunidad (RDS) nació a finales de 2009 en la Casa Grande del Pumarejo, a raíz del impulso que supuso el encuentro del activista catalán Enric Durán con algunas personas vinculadas a los movimientos sociales de la ciudad. En esas fechas, el movimiento por el decrecimiento era muy incipiente en el Estado español y solo en Cataluña había logrado organizarse para empezar a desarrollar algunas acciones visibles como la marcha en bici por el decrecimiento celebrada en 2008 o las acciones realizadas por el Colectivo Crisis, también durante ese año.

Partiendo de la multitud de iniciativas y colectivos que ya desarrollaban prácticas alternativas al modelo capitalista en nuestra ciudad, un primer grupo de personas puso en marcha una red diversa que sirviera como foro de participación, autogestión y apoyo mutuo y cuyos objetivos pueden resumirse en:

– Dar a conocer, estudiar y discutir la crisis sistémica global y sus consecuencias, así como las propuestas teóricas y prácticas alternativas, abordando los debates derivados de las críticas recibidas por el marxismo, el ecologismo, el feminismo, el antimilitarismo y el movimiento libertario.

– Impulsar nuevas iniciativas comunitarias que conecten las iniciativas preexistentes en un nivel que vaya más allá de los colectivos y proyectos particulares, promoviendo comunidades en transición y formando una red de apoyo mutuo más amplia y diversa que promoviera procesos participativos de creación colectiva.

Los hitos

Durante la primera etapa, desde diciembre de 2009 hasta el verano de 2010, la RDS se constituye, acordando un manifiesto de principios, desarrollando un primer mapeo de iniciativas y realizando algunas actividades formativas y divulgativas, además de elegir su nombre y logotipo a través de un proceso participativo.

Desde el otoño de 2010 hasta mayo de 2011, la RDS impulsa un proceso participativo para organizar el I Encuentro Local por el Decrecimiento2 que, finalmente, se celebraría en mayo de 2011, durante diez días, con un amplio programa de actividades en las que participaron más de 300 personas y 60 organizaciones.

Desde otoño de 2011 hasta la primavera de 2012, la RDS impulsa dos procesos participativos de creación colectiva para desarrollar la Red de Moneda Social Puma y la Red Sevilla EcoArteSana, al tiempo que inicia también el programa de radio Vivir mejor con menos en Radiópolis.

En febrero de 2013, organiza las Jornadas sobre Trabajo y Decrecimiento con el objetivo de propiciar un debate social en torno al papel del trabajo en nuestra sociedad y la necesidad de desvincularlo de su mercantilización productivista y consumista, desmontando el mito que relaciona el crecimiento económico con la generación de empleo y explorando alternativas que favorezcan la realización y el reparto de aquellos trabajos que sean social y ambientalmente necesarios, así como propuestas para reducir la jornada laboral.

En noviembre de 2013, organiza el III Encuentro de Iniciativas Decrecentistas y Transicioneras3, en distintos espacios públicos y comunitarios, dando continuidad a los dos encuentros anteriores realizados en Zarzalejo (2011) y Vitoria-Gasteiz (2012). Este encuentro desarrolló un programa de actividades para adultos, niños y niñas durante tres días, posibilitando la participación de más de 300 personas y un buen número de iniciativas, organizaciones y redes decrecentistas y transicioneras de todo el Estado. Sus objetivos fueron los de dar a conocer y conectar experiencias de apoyo mutuo e indagar sobre diferentes estrategias para realizar la transición social y ecológica, así como convivir y disfrutar del ocio creativo.

En 2014, la RDS suspende sus asambleas mensuales, manteniendo el programa de radio y atendiendo a algunas demandas puntuales para colaborar con otras organizaciones impartiendo charlas y talleres divulgativos. En 2015, se constituye un grupo de personas bajo el nombre de Decreacciones con el objetivo de llevar a cabo acciones de sensibilización creativas no violentas.

Actualmente, la RDS es una red de apoyo mutuo informal en el que nos conectamos personas, iniciativas, colectivos y redes, sin una estructura permanente (ni asambleas ni grupos de trabajo), pero en la que aparecen y desaparecen grupos de trabajo específicos en función de las necesidades e intereses que van surgiendo.

La RDS, un enjambre de redes y proyectos

Aunque, en una primera fase, la RDS impulsó directamente la puesta en marcha de algunas iniciativas como la Moneda Social Puma o la Red EcoArteSana, posteriormente han sido algunas de sus integrantes quienes han sido promotoras de otras redes y proyectos afines al decrecimiento. A continuación, describimos algunas de esas criaturas que han visto la luz al calor de la Red:

  • Red de Moneda Social Puma4: es una moneda complementaria al euro que se crea mediante la actividad de todas las personas que conforman la red, de forma asamblearia y transparente. Los pumas sirven para intercambiar cualquier tipo de bien, servicio o cuidado acorde con los principios éticos de la moneda social. Su ámbito es el Casco Histórico Norte de la ciudad de Sevilla, se basa en el crédito mutuo y sus objetivos son: favorecer que la riqueza se quede entre la gente del barrio; apoyar a sus vecinos, comercios y profesionales; mejorar las relaciones entre el vecindario, fomentar su empoderamiento; cuidar el medio ambiente promoviendo los bienes y servicios producidos principalmente de forma ecológica y/o artesanal, y se intercambian a nivel local; y financiar proyectos de interés comunitario (por ejemplo, la rehabilitación de la Casa del Pumarejo).
  • Red Sevilla EcoArteSana5: es una red formada por grupos de consumo y personas productoras que comparten la inquietud por «comer bien», entendiendo este concepto como algo que va más allá de un mero intercambio de comida por dinero, promoviendo la soberanía alimentaria y el cuidado de la naturaleza. Quienes participan en esta red apuestan por la creación de alternativas de producción y consumo diferentes a las convencionales, basadas en la producción ecológica y artesana, en la relación directa entre productoras y consumidoras, y en la confianza, el apoyo mutuo y la cercanía geográfica.
  • Mercado Social de Sevilla6: es una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios. El objetivo de esta red es cubrir una parte significativa de las necesidades de sus participantes y desconectar, tanto como sea posible, la economía solidaria de la economía capitalista.
  • Holonautas7: es un colectivo de facilitación que ofrece acompañamiento a los grupos durante sus procesos, velando por sus objetivos, al mismo tiempo que cuida de las personas que lo integran. Trabaja sobre cuatro espacios: indagación, gobernanza, gestión emocional y conexión.
  • Santa Cleta8: una cooperativa de trabajo sin ánimo de lucro que relocaliza la economía en torno a la movilidad sostenible y la bicicleta urbana. Espacio compartido para colectivos, autotaller, aula de personas adultas, cursos de mecánica de bicis y proyectos de investigación.
  • Sevilla Guifi9: un artefacto (ideológico, legal, social y técnico) que ayuda a «compartir» recursos de redes de telecomunicación en comunidad: una red ciudadana libre y abierta. Se basa en Guifinet, un proyecto de soberanía tecnológica en materia de redes de telecomunicación, cuyas bases ideológicas se definen en el procomún XOLN (del catalán: Red Abierta Libre y Neutral).
  • La Comunidad de Intercambio Comarca del Sureste «La Oliva»10: se define como una comunidad de personas que tratan de satisfacer sus necesidades y las de los demás a través de la solidaridad y el apoyo mutuo, agrupando distintas iniciativas como un mercado de moneda social, un club de trueque, un banco de tiempo y un punto de encuentro entre vecinos y vecinas del sureste de la ciudad de Sevilla.
  • CantaGaia11: un proyecto de prosumidoras, ubicado en el municipio de Dos Hermanas, en el que se cultivan hortalizas para el autoconsumo, combinando diseños y técnicas procedentes de la agroecología y la permacultura.

Cuando la RDS comenzó a dar sus primeros pasos, ninguna de las personas que allí estábamos intuimos que en tan poco tiempo podríamos llegar tan lejos. Pero todavía queda mucho camino y en el horizonte se vislumbran numerosos retos que deberemos afrontar juntas: favorecer que el conjunto de los agentes sociales incorpore estos diagnósticos y propuestas, hacer sostenibles nuestras iniciativas en sus tres dimensiones —social, ecológica y económica— o contribuir a la creación de nuevas instituciones que mejoren la resiliencia de nuestros territorios y poblaciones locales en el contexto de esta crisis sistémica y global.

NOTA

Para más información: www.sevilladecrece.net

1 Acrónimo formado por la fusión de las palabras productor/a y consumidor/a. Es una actividad realizada a través de redes de colaboración que agrega valor de manera colectiva a la relación producción-consumo, compartiendo conocimientos e incentivando la creatividad.

2 www.sevilladecrece2011.blogspot.com

3 encuentrodecrecentista2013.wordpress.com

4 monedasocialpuma.wordpress.com

sevillaecoartesana.wordpress.com

6 mercadosocialsevilla.org

7 holonauta.wordpress.com

8 http://www.santacleta.com/

9 sevilla.guifi.net

10 olivasureste.wordpress.com

11 cantagaia.blogspot.com

La fuerza de la ciudadanía traspasa las fronteras impuestas

La crisis humanitaria vivida por las personas sirias que morían o sufrían situaciones extremas a las puertas de la «Europa de los derechos humanos» y que generó gran interés el pasado septiembre, no ha pasado desapercibida para nadie.

Tristemente, el revuelo mediático pasó ya a un segundo orden, sin que esas personas hayan mejorado su situación ni tengamos información de los pasos que se están dando. Sin embargo, no podemos perder de vista los movimientos institucionales y ciudadanos que se están produciendo y preguntarnos por sus consecuencias.

Sin duda esta tragedia hizo reaccionar a toda Europa, pero… ¿qué hay de diferente en esta ocasión a tantas otras noticias de muertes a las puertas de la Europa fortaleza? Podríamos pensar (algo ingenuamente) que ha sido la gota que ha colmado el vaso y que por fin Europa ha reaccionado tras años de tragedias en sus fronteras, o que esta vez los medios han mostrado una imagen tan cruenta y explícita que la ciudadanía europea y sus líderes no puedan seguir mirando hacia otro lado. Sin embargo, este supuesto giro «humano» en las políticas migratorias queda en contradicho cuando asistimos atónit*s a la decisión de la jueza del caso de las quince muertes de migrantes producidas el pasado 14 de febrero en Tarajal, que ha exculpado a los guardias civiles y responsabilizado a l*s migrantes. ¿Será que en esta situación confluyen otros intereses no mostrados?

Una respuesta insuficiente y un proceso opaco

Sin dejar de reclamar la reacción ante la situación de las personas sirias, como plataforma no queremos dejar de llamar la atención sobre los riesgos de este proceso y hacer hincapié en algunos elementos. En primer lugar, la respuesta de Europa es a todas luces tardía e insuficiente, tanto en número como en procedimiento. Las cuotas establecidas están lejos de dar respuesta y de agotar la capacidad real de acogida del continente. El número de personas sirias desplazadas se estima en cuatro millones y la acogida prevista para toda Europa será solo de 120 000 —la cuota para España es de 17 680 personas en dos años— sin saber el destino que correrán el resto.

La respuesta de Europa es a todas luces tardía e insuficiente, tanto en número como en procedimiento

El proceso, a su vez, está siendo opaco y al margen del movimiento de reacción ciudadano que está forjando procesos de autorganización en muchos municipios para responder a la situación. Poniendo como caso Sevilla, mientras son innumerables las iniciativas ciudadanas (desde redes de coordinación a la declaración de facultades como zonas de refugio), es inaccesible la información para conocer la previsión de personas que llegarán a nuestro municipio, el proceso que se seguirá y si se resolverán problemas cruciales de atención a estas personas. Tras una primera reacción del Ayuntamiento, a día de hoy este ha paralizado la declaración de «Sevilla como ciudad refugio» y el proceso de coordinación, culpando al Gobierno central y aduciendo que este no está proporcionando información. Tal es el nivel de opacidad que, tras varios intentos por parte de la Plataforma de demandar más información, igual se nos habla de la llegada de casi 1000 solo a la ciudad de Sevilla, que de solo sesenta personas a toda Andalucía según las últimas referencias.

Por otro lado, esta propuesta de cuota no conlleva un cuestionamiento del proceso de asilo que en la actualidad desarrolla el Estado español, quien de forma reiterada ha bloqueado el acceso a este. En 2014, ante las 6000 solicitudes presentadas, denegó el 75%; del 25% restante, no alcanzaron el 7% las que merecieron la condición de refugiado (el otro 18 % se derivó a protección internacional subsidiaria). Por otro lado, encontramos que los puestos habilitados en Ceuta y Melilla son inaccesibles. A esto se añade la limitación de la libertad de tránsito únicamente a estos territorios a las personas que solicitan en dichas ciudades el asilo (quedando retenidas durante largos periodos sin poder acceder a la península).

Otra flagrante carencia es la inexistencia del reglamento que desarrolle y comprometa acciones de la Ley de Asilo. A esto debemos sumar las innumerables carencias en el sistema de atención a personas refugiadas, que van desde un proceso angustiante que conlleva retrasos y renovaciones continuas cada seis meses (lo que genera una gran inestabilidad personal, pudiendo desestimarse y encontrarse en situación irregular de forma inmediata a la notificación), a la precariedad de los recursos destinados. Finalmente, este proceso de cuestionamiento del derecho de asilo traspasa los límites estatales para requerir una revisión conjunta a nivel europeo, con elementos claves como los acuerdos de Dublín III, que limitan la libertad y accesibilidad del proceso de demanda de asilo obligando a realizarlo en el primer país de paso y no en atención al proyecto migratorio.

Una nueva vuelta de tuerca: mantener las violaciones de derechos y crear inmigrantes buen*s y mal*s mientras se aparenta un gran altruismo

Muchas personas, llevadas por razones nobles, se sienten contentas con la reacción de Europa y aplauden que sus gobernantes aparezcan como más humanos y justos. Esto se ha logrado gracias al despliegue mediático que ha cubierto la barbarie vivida por el pueblo sirio en las fronteras y la respuesta europea, que hoy parece haber dejado de ser noticia, sin que sepamos del proceso o cómo se van a afrontar las condiciones extremas que sufrirán con la llegada del invierno los millones de personas que quedarán fuera de las cuotas previstas. Desde Somos Migrantes apoyamos la respuesta ante la situación del pueblo sirio pero cuestionamos diversos elementos que hacen que esta acción repercuta en el mantenimiento de una política migratoria cruel y asesina.

¿Cómo puede el Estado español plantear la acogida de ciertas personas mientras viola sistemáticamente los derechos humanos de personas en sus propias fronteras y querer mostrarse como país de acogida? ¿Por qué personas refugiadas de otras regiones como África, que huyen de conflictos, deben jugarse la vida y exponerse a fallecer en el mar, acuchillad*s en las vallas o por la respuesta de fuerzas como la Guardia Civil en el caso del Tarajal? ¿En base a qué criterios de derechos humanos se decide qué conflicto es legítimo y cuál no, o qué motivo podemos aceptar como lícito para que una persona quiera luchar por su vida y la de sus familias?

Este juego peligroso de considerar a unas personas merecedoras de derechos fundamentales y otras no, debe hacer que nos revolvamos desde lo más profundo de nuestra humanidad. ¿Acaso quienes huyen tras haber sido expulsadas de sus tierras por fuerzas militares que protegen a multinacionales explotadoras de yacimientos petrolíferos o minerales no tienen motivos suficientes para querer luchar por sus vidas? En la actualidad, el Gobierno español está retirando los permisos de asilo a compañer*s de Costa de Marfil que vivieron un proceso de guerra civil y huyeron por riesgo a morir por haber defendido sus ideas; hace apenas dos años que finalizó el conflicto y el Gobierno español considera que ya es hora de volver. No, realmente esto no es un proceso que cuestione la política migratoria europea y española. Todo lo contrario, se avanza en flagrantes violaciones de derecho como las devoluciones en caliente legalizadas con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana.

¿Cómo puede el Estado español plantear la acogida de ciertas personas mientras viola sistemáticamente los derechos humanos de personas en sus propias fronteras y querer mostrarse como país de acogida?

Esto nos lleva como plataforma a cuestionarnos qué otros movimientos se están produciendo. Así, en las reuniones que hemos mantenido encontramos testimonios de personas sirias que nos reclaman hablar sobre el conflicto, hacer una llamada a pararlo y volver a gritar «NO a la guerra». Nos explican que su deseo ha sido quedarse en su tierra, no venir, pero que ven cómo sus ciudades se van vaciando, dejando juego libre a opresores y extranjeros (situación que nos resulta familiar al ver cómo un país es arrasado por un conflicto y su población expulsada dando paso a la ocupación y el manejo extranjero). Una vez más, asistimos a planteamientos que obvian las causas y omiten hablar sobre el origen del desplazamiento y el lucrativo mercado de la guerra, o a quién interesa Siria sin las sirias y sirios.

Pero aún queda un golpe maestro más… ¿Qué ha llevado a que Alemania se convierta ahora en el adalid de la acogida y en el motor de toda la Europa «acogedora» unida? Si atendemos a las declaraciones de la brillante Merkel, quizás no tengamos que plantearnos mucho más. Tal y como ella misma expone, la propuesta es acoger por un lado estas cuotas mientras se expulsan de forma contundente a las personas que «no cumplan el perfil de refugiad*», más concretamente «migrantes económicos». A esto sumamos su unión junto a los gobiernos de Francia y España de ser implacables con los inmigrantes «ilegales», una situación sobrevenida para muchas personas que tenían regularizada su situación administrativa pero que con la crisis y la imposibilidad de encontrar empleo se han visto empujadas nuevamente a la irregularidad, por incumplir el requisito de cotización. Otras propuestas, en línea con esta «mano dura», son el refuerzo de las devoluciones inmediatas en frontera, incrementar el apoyo a Frontex para convertirlo en un cuerpo de vigilantes con carácter privado y continuar la externalización de fronteras usando a países como Turquía1.

Superar las fronteras impuestas a través de la acción ciudadana

Pero en este proceso debemos llenarnos de energía y orgullo porque, una vez más, la ciudadanía no se limita a seguir las directrices de sus gobiernos y reacciona ante un mundo injusto. A pesar de la batalla sin escrúpulos que se ha mantenido contra la migración (tanto directamente, con políticas inhumanas, como mediáticamente, buscando hacerla culpable de la crisis económica o sistémica), son miles las iniciativas de personas, organizaciones y ciudades que han querido reaccionar ante la tragedia. En las reuniones de la plataforma han sido muchas las personas que han expresado su indignación y dolor ante las imágenes del sufrimiento a las puertas de nuestros Estados. Son múltiples los municipios declarados ciudad-refugio, las personas coordinadas para hacer llegar recursos a personas en asentamientos fronterizos, las que están ofreciendo sus casas o su disponibilidad para acompañar la acogida a nivel tanto material como personal. Este proceso muestra un interés por superar las fronteras físicas y mentales que nos hacen ver a la otra como diferente para centrarse en el apoyo y la ayuda mutua, incluso cuando los propios contextos son de carestía y lucha cotidiana.

Una vez más, las instituciones son más parcas y lentas que la respuesta ciudadana y es importante que estas prácticas se consoliden y trabajen al margen de los procesos institucionales. Por un lado, esto permitirá traspasar las barreras impuestas, no limitándose a lo gubernamentalmente reconocido como derecho, sino a considerar como tales aquellas situaciones reclamadas por la ciudadanía a través de procesos de lucha que suponen una vivencia de dignidad2. Por otro, esos procesos pueden provocar la transformación de marcos institucionales por la presión ciudadana y el recordatorio de que las estructuras estatales tienen solo razón de ser como instrumentos al servicio de los pueblos.

Una vez más, las instituciones son más parcas y lentas que la respuesta ciudadana y es importante que estas prácticas se consoliden y trabajen al margen de los procesos institucionales

Si las instituciones no responden, debemos organizarnos nosotr*s y generar canales, al tiempo que debemos exigir la transparencia y la incorporación de medidas en el proceso. ¿Debemos aceptar que la acogida sea solo de 60 personas en toda Andalucía —como han llegado informaciones— si la fuerza ciudadana da para mucho más y existen personas que lo necesitan? Desde la Plataforma pensamos que debemos fijar la mirada (y la actuación) no solo en aquellas personas que se encuentran en fronteras lejanas sino, también, en todas aquellas que sufren vulneración de sus derechos dentro de nuestras fronteras en Ceuta y Melilla, en los centros de internamiento y temporales en Andalucía. Todas ellas deben ser bienvenidas. ¿Acaso el movimiento de vivienda esperó a la respuesta institucional ante la crisis existente y que hubiera ocurrido si se hubiera mantenido dentro de sus límites?

Es el momento de aprovechar esa energía para ir mucho más allá de esta crisis y, entre todas, cuestionar el sistema migratorio desde la política de fronteras, a la situación en el contexto de crisis o la violación de derechos que supone la Ley de Extranjería. Es el momento de plantearnos una respuesta ciudadana con todas las personas que sufren estas políticas en Andalucía y en Sevilla con quienes comenzar otra forma de relación vecinal y de apoyo mutuo. Debemos cuestionarnos dinámicas que hacen que en procesos de movilización en los barrios (desde el 15M hasta ahora) no se cuente con la presencia de vecin*s que un día vinieron de otro lugar pero que ya hace tiempo que son ciudadanía sevillana. Tenemos la oportunidad de compartir con ellas otras formas de entender el mundo, de organizarse, relacionarse y debatir sobre temas comunes como la educación, la vivienda o la economía.

La Plataforma Somos Migrantes continuará su trabajo uniendo fuerzas con cuantas iniciativas se produzcan y centrando sus acciones en el análisis de las causas, la denuncia de las políticas inhumanas de los gobiernos, el desarrollo de jornadas formativas y de articulación ciudadana donde analizar la situación y las propuestas de acción, el trabajo en red con otras ciudades-refugio y el apoyo a personas refugiadas y migrantes.
 

1 Estas declaraciones han sido publicadas en múltiples medios de comunicación:

http://www.lmcordoba.com.ar/nota/218927_merkel-expulsara-de-alemania-a-inmigrantes-con-certificado-de-pobreza-; http://www.huffingtonpost.es/2015/10/14/deportacion-migrantes-ue_n_8292318.html

2Como expuso Joaquín Herrera Flores, los derechos humanos son las conquistas de la dignidad humana .

La Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda en Sevilla

Desde octubre de 2011, en diferentes ciudades del Estado comenzó un proceso para tejer una red ciudadana que pusiera pie en pared a la generación de deuda, con indicios de ilegitimidad, que el Gobierno español y los gobiernos autonómicos y locales, junto con la Unión Europea, estaban utilizando como justificación para aplicar sus políticas de austeridad.

El 25 de marzo de 2012, este proceso tomó forma con la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD), conectándose desde el principio con la Red ICAN y el CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), fundado en 1990, con presencia en más de 25 países de 4 continentes.

En junio de 2013, se constituye el nodo local de la PACD en Sevilla a iniciativa de un grupo de personas que provenían de distintos espacios y colectivos, conectados por el 15M y tras unas jornadas organizadas por Izquierda Anticapitalista sobre la cuestión de la deuda. Cada uno/a desde su trayectoria de movilizaciones, análisis y denuncias, se había hecho consciente de la importancia de la deuda, de cómo su crecimiento exponencial era la causa y el origen de todos nuestros males.

Nos unió la certeza de que la deuda no era una cuestión de expertos, sino que había que extender el debate y las propuestas a la calle para hacerle frente, sobre todo, desde la ciudadanía. Arrancamos nuestro nodo, con tres ámbitos de actuación diferenciados:

El primero, de análisis teórico y metodológico, necesario para definir en qué contexto socioeconómico y político se desarrolla la deuda, qué deudas queríamos auditar, quién debería participar en este proceso, cómo y con qué objetivos. En este ámbito se han realizado talleres de formación, jornadas propias, participación en distintos foros estatales e internacionales y se ha colaborado en la redacción de un informe sobre el rescate bancario.

Un segundo ámbito de difusión y sensibilización. Necesitábamos hacer más accesible el lenguaje, sacar el debate de los grupos minoritarios ya sensibilizados a las redes sociales y a la calle, para sumar apoyo social a un tema complejo que genera confusión e incertidumbre a la población en general. Para ello, elaboramos materiales audiovisuales y campañas en redes sociales, y participamos en todos los espacios de debate, actos y conferencias donde tenemos oportunidad.

Por último, el ámbito de la movilización y la organización, necesario para dejar constancia de nuestras reivindicaciones: el no pago de la deuda que la ciudadanía considere ilegítima. Para ello, impulsamos acciones en la Semana de Acción Global contra la Deuda, que se celebra en octubre, y nos sumamos a las movilizaciones existentes en la ciudad, aportando el análisis transversal y las reflexiones que venimos desarrollando desde la PACD.

Tras una primera etapa de crecimiento centrado en la autoformación y la difusión, centramos nuestros esfuerzos en concretar una estrategia sobre el proceso de auditoría, de forma que sirviera como herramienta para la concienciación y repulsa hacia la deuda. Por ello, una de nuestras líneas principales ha sido el impulso de los Observatorios Ciudadanos Municipales (OCM). Están apareciendo por toda la geografía española, acercando a la población toda la información para la supervisión y el control del gasto en la administración pública.

Su desafío es doble: enfrentarse al silencio y la opacidad de la administración, y usar un lenguaje claro que todos podamos entender. La deuda de los municipios no es solo con los bancos. Existe una deuda tan importante como esta, y es con la ciudadanía. Necesitamos conocer, tener información y difundirla para que el control sobre nuestros gobernantes sea mayor y para que se sepan vigilados por una herramienta independiente y ciudadana.

Uno de nuestros retos para este nuevo curso es el impulso de un OCM en nuestra ciudad, para ello toda colaboración será poca y desde este artículo hacemos un llamamiento a quienes queráis participar en este proyecto, para que contactéis con nosotros. El pasado 24M se hizo patente, mediante la eclosión de las candidaturas de unidad popular, el potencial de una mayor implicación de la sociedad en política, de involucrarse en la gestión de lo común y de la búsqueda del buen gobierno.

El mandato de la ciudadanía ha sido claro: no solo queremos nuevos representantes, también queremos una nueva forma de política donde ser escuchados y donde podamos conocer todas las actuaciones de nuestros gobiernos. Estamos cansadas de pagar por aquello que no queremos y que, en muchos casos, no debemos.

Como producto de estas demandas emitiremos este mismo septiembre un documento marco con las medidas que entendemos imprescindibles para abordar el problema del endeudamiento local, exigiendo mayor transparencia de las cuentas municipales y de la gestión de los recursos públicos. Estas medidas van, desde la publicación y difusión de modificaciones presupuestarias, listado de servicios externalizados, etc., hasta la implementación de una Auditoría Ciudadana de la Deuda que señale responsabilidades en la gestión y evite situaciones corruptas e ilegítimas en el futuro.

De llevarse a cabo, estaremos más cerca de frenar el endeudamiento que nos devuelve a la espiral recortes-pobreza y corrupción. En este sentido, son vitales en esta estrategia experiencias como la moción del Ayuntamiento de Morón, que declara parte de su deuda ilegítima; la creación de los OCM en Espartinas o Alcalá de Guadaira; y la consolidación de la Red de Auditorías Municipales de Andalucía (RAMA) que impulsamos en noviembre de 2014 con la intención de compartir experiencias y unir fuerzas. Han pasado muchas cosas en poco tiempo, pero estamos, sin duda, ante un gran cambio histórico.

En noviembre de 2014, la PACD-Sevilla se incorporó a la Red Andaluza contra el TTIP, formada por 18 colectivos, y con ella a los movimientos a nivel estatal e internacional contra la firma del TTIP. Este tratado tendrá incidencias sobre la deuda soberana y la pérdida de bienes y derechos de la ciudadanía. En palabras de nuestro compañero David García: «El TTIP es la mayor amenaza que la mayoría de la población europea hemos vivido, y pararlo no puede ser ya solo nuestro objetivo, sino que debe convertirse en nuestra obligación máxima para con las generaciones que nos seguirán».

¡NO DEBEMOS, NO PAGAMOS!

Marinaleda

La cooperativa de este histórico pueblo del centro de Andalucía abre una nueva etapa gracias a la economía social

Está en tu mano

No es fácil conocer un pueblo que sea, a su vez, varias cosas bajo una misma denominación. Marinaleda es un buen ejemplo de ello ya que da nombre a un municipio, a una lucha histórica, a una comunidad y, quizás lo más importante y tangible, a una cooperativa como modelo laboral: Marinaleda Sociedad Cooperativa Andaluza (SCA). En definitiva, un Pueblo, con P mayúscula. Esta entidad, dedicada a la transformación y el envasado, lanzó a mediados de mayo una campaña de emisión de títulos participativos por un valor total de 600 000 euros donde cada título equivalía a una aportación de 1000 euros.

El objetivo principal era evitar la banca usurera con el fin de financiar nuevas ideas para la cooperativa. A esta operación le pusimos el nombre de «Está en tu mano», no pedíamos caridad y mucho menos ayuda a la especulación capitalista, solo la solidaridad directa y el apoyo mutuo entre iguales. Existen varios proyectos que ya están sobre la mesa listos para perfilar, como la creación de una fundación que adquiera y gestione las tierras donde se producen alcachofas, habas, pimientos, etc., actualmente propiedad de la Junta de Andalucía y cedida para su uso. Esta idea está incluida dentro de una hoja de ruta llamada «Plan Estratégico 2015-2025» en el que, de manera gradual, se evaluarían diversas propuestas como la implantación en nuevas redes de consumo o analizar el modelo de distribución. Una vez interiorizada la presentación previa llevada a cabo en no pocas reuniones para concretar los retos a corto plazo, la primera reacción posible fue la más humana, echarse las manos a la cabeza y pensar: «¡¿seiscientos mil euros?!». La segunda reacción, ante el plazo acordado de conseguirlo en 40 días, consistió en levantar las manos en actitud de petición divina; hasta la persona más atea se encomendaría a cualquier figura religiosa de manera irracional fruto de la influencia judeocristiana.

Una vez definida la campaña de emisión de títulos participativos —lo primero era centrarse y no parar de rascarse la frente— nos dispusimos a recopilar información que convenciese y animase a la mayor cantidad de gente posible a aportar para los nuevos planes de Marinaleda SCA. Por delante teníamos un papel en blanco, tan grande como las 1200 hectáreas de trabajo, y pensar en los elementos más básicos para comenzar la campaña: un vídeo, un dosier que resumiera el proyecto, una gran capacidad de abstracción para pensar en qué dudas podría tener quien quisiera participar y los protocolos para hacer posible la campaña de economía social más importante que se hubiese realizado en el Estado español. ¿Cuál era, quizás, nuestro ingrediente clave? Conocer bien a la gente que gestiona Marinaleda SCA para definir dónde queremos ir; cualquier agencia de comunicación venida de otro planeta, con muchas palabras en inglés en su catálogo de servicios, difícilmente hubiese sido capaz de diseñar un plan de actuación factible. Finalmente, Coop57 iba a ser la encargada de gestionar la emisión de los títulos participativos avalada por su filosofía y la experiencia en este tipo de campañas concluidas de manera exitosa. La apuesta por la soberanía alimentaria, una forma de relación democrática en el trabajo como es el cooperativismo y el reparto justo de la riqueza son los objetivos de una máxima jornalera andaluza: «la tierra, de quien la trabaja».

Al comenzar la campaña, parecíamos un cantante de blues con una docena de armónicas preparadas en la correa ante cualquier canción del repertorio, ya fuese intensa, ligera o larga, teníamos los pulmones preparados para soplar y tocar la mejor composición posible según fuesen las circunstancias. «¿Arrancamos? / ¿Ahora? / ¿Estamos entrando bien? / ¡Actualiza la página!», fueron los comentarios más repetidos a las doce del mediodía del pasado 19 de mayo. Hay que recordar que el blues fue el género creado a partir de las canciones interpretada por esclavos y esclavas trabajadoras a destajo del algodón en EE. UU., la melancolía era lógicamente la parte predominante y guarda una gran similitud tanto con el flamenco en general como con varios de sus palos en particular. Éramos petenera y queríamos convertirnos en alegría, pero debíamos trabajarnos el fandango propio de la tierra. Levantar el telón de un proyecto ambicioso no era cosa fácil, Marinaleda no es un tema banal en el imaginario político con la fama que adquirió a principios de los 80 exigiendo dignidad para el campo andaluz. En los 4 primeros días nos dimos cuenta de lo que verdaderamente suponía este pueblo del centro de Andalucía no solo en el territorio del Estado español, sino en Europa y Latinoamérica. Quizás esta campaña era la primera ocasión en la que se iba a medir el verdadero impacto de Marinaleda en el terreno político y, por qué no decirlo, filosófico. Esa respuesta directa que se recogió en la primera semana no hablaba solo castellano, catalán o euskera, principalmente, también italiano, portugués y francés. Como teníamos en mente traducir los dosiers informativos a lo largo de la campaña, tuvimos que acelerar este proceso viendo que muchas peticiones de información venían de distintas zonas del Mediterráneo.

El ritmo de emisión de títulos participativos ha sido continuo y regular, recibiendo notas de apoyo e incluso de agradecimiento para formar parte de este impulso a Marinaleda SCA. ¿Quién se iba a imaginar, hace años, que se podían realizar operaciones financieras de tal magnitud sin necesidad de la banca convencional? Gracias a la estabilidad de entidades como Coop57 o Fiare, se ha asentado la idea de que es posible un cambio de paradigma liderado por la ciudadanía al margen de grandes estructuras que fomentan la concentración de riqueza en pocas manos. Marinaleda siempre fue ejemplo de ello poniendo por bandera que la dignidad era y es horizontal, ya fuese en plena huelga de hambre, denunciando la especulación inmobiliaria o generando puestos de trabajo en un modelo democrático como la cooperativa.

Para esta localidad de 2800 habitantes, se abren nuevas posibilidades gracias al gran apoyo social que tiene este punto rojo de Andalucía. Está en nuestras manos.

Andalucía entera, como la cooperativa de Marinaleda

Escribir el contexto de Marinaleda en 2015 es quizás uno de los ejercicios de reinventar la rueda más claros que pueda haber en el terreno de la política. No solo le han dedicado reportajes los periódicos más importantes —como el Wall Street Journal o el británico The Guardian—, sino que suelen aparecer en ellos, al menos, una vez al año. Ni las famosas viviendas a 15 euros al mes ni los precios irrisorios de las piscinas son explicables en una mente en la que solo hay máximas como «beneficio económico», «rendimiento de capitales» o «flexibilidad del empleo». Por desgracia, poca gente conoce la nueva fábrica de conservas cuya actividad se ha llevado a cabo durante años en la propia finca El Humoso.

El trabajo, tanto del Ayuntamiento como de la propia cooperativa de Marinaleda, hicieron posible estas instalaciones de unos 700 metros cuadrados. Esta fábrica, vista en retrospectiva, es el resultado tangible de toda una lucha que comenzó en agosto de 1980 cuando se anunciaban las huelgas de hambre. Pocos años antes, tras las primeras elecciones municipales, casi todas sus calles cambiaron de nombre borrando cualquier rastro de la represión franquista, que por suerte no hacía olvidar lo más importante de un pueblo, su memoria histórica. Pasaron los años y las reivindicaciones se intensificaron, llegando a la mitad de la década con multitud de ocupaciones como la de La Cordobilla, donde las mujeres de Marinaleda tuvieron un papel primordial.

Llegada ya la década de los 90, todas las acciones del pueblo, auspiciadas y apoyadas por el conjunto del SOC en Andalucía, llevaron a que el municipio rojo por excelencia pudiese gestionar y trabajar las 1200 hectáreas de la finca El Humoso. Esto no hacía más que empezar, era necesario una organización y una logística, no era fácil que toda la extensión contase con el goteo y organizar las campañas ya era una realidad. El modelo elegido fue una cooperativa, no podía ser otro, como ejemplo de esfuerzo colectivo del que pocas comunidades pueden presumir. Las dificultades y sus soluciones para repartir la riqueza no venían solamente del propio trabajo ni de sus miembros, el campo andaluz era cada vez más víctima de la política institucional que desatendía uno de los sectores más importantes en la economía andaluza: la agricultura. La Junta de Andalucía, especialmente, ya sabía lo que se traía este pueblo cuando se levantaba. Si en Marinaleda no podía repartirse la riqueza de manera autónoma debido a decisiones supramunicipales, ocupación. El Palacio de San Telmo o Canal Sur TV fueron algunos de los objetivos, sin olvidar la Expo 92, las mujeres de Marinaleda pueden contar mejor esta historia gracias al trabajo de Susana Falcón Y lo dieron todo (Atrapasueños, 2015), recopilando sus vivencias y dificultades como mujeres que nunca abandonaron la lucha.

Hombres y mujeres que siempre tuvieron el puño cerrado exigiendo dignidad pero manteniendo la mano abierta como símbolo de fraternidad y solidaridad, ya fuera en el trabajo diario de la cooperativa o exigiendo justicia social.

Marinaleda SCA y Coop57

La emisión de títulos participativos ha sido llevada a cabo por Coop57, cooperativa de servicios financieros éticos y solidarios compuesta ya por más de 3100 personas socias colaboradoras de todo el Estado español, coherentes con sus ideas y que depositan sus ahorros en esta entidad. Hasta aquí, es algo que ya hemos ido conociendo tanto en la teoría como en la práctica, pero cuando vemos una oportunidad de salirnos del «circuito» convencional de consumo, las dudas se disparan debido al blindaje que el sistema capitalista brinda a nuestra precaria zona de confort.

¿Qué son los títulos participativos?

Una emisión de títulos participativos es una herramienta de las cooperativas para solicitar financiación directamente a la sociedad, sin necesidad de pasar por la ventanilla de la banca convencional, de manera que no colaboramos con la imperante red financiera basada en la especulación. Con ello, la cooperativa usa ese dinero recibido para invertir en nuevos proyectos devolviéndose después de un año, en el caso de Marinaleda SCA, con un 1,5% de retribución.

¿Es la primera vez que se hace?

No, y esperamos que tampoco sea la última. En el caso de Coop57, ya son varias las campañas concluidas de manera exitosa para entidades, especialmente de Barcelona y Madrid. Varios ejemplos son:

  • La Fundació Futur, dedicada al empoderamiento de personas en riesgo de exclusión social, financió en 2009, con 300 000 euros, una serie de proyectos que mejoraba sustancialmente su actividad, el impulso de comedores escolares ecológicos.
  • L’Olivera, una cooperativa de inserción social con 40 años de existencia que da trabajo a personas con discapacidad y se dedica al vino y al aceite, recogió 400 000 euros para potenciar la entidad tras una importante inversión realizada entre 2007 y 2008. Actualmente, da trabajo a más de 60 personas en Lleida y Barcelona.
  • La Xarxa de Consum Solidari (Red de consumo solidario) necesitaba inversión para su red de distribución de panela y mediante Coop57 recabaron 60 000 euros.
  • Un proyecto de producción ecológica certificada llamado «Ecosecha», de la Cooperativa madrileña Gneis, lanzó dos, por un total de 93 000 euros, en 2009 y 2010, para la adquisición de maquinaria necesaria en su quehacer diario.

¿Qué se hará desde Marinaleda SCA?

A lo largo del verano de 2015, se perfilará el Plan Estratégico 2015-2025, que incluirá:

  • La puesta en marcha de la Fundación Marinaleda, prevista para adquirir los lotes de tierra de la finca El Humoso. La propiedad será colectiva, indivisible e inalienable y su gestión, necesariamente, habrá de desarrollarse por cooperativas que cumplan con los principios de la economía social y solidaria.
  • La elaboración de un nuevo plan de comunicación.
  • La apuesta por los cultivos sociales y ecológicos.
  • Nuevas relaciones con otras entidades que potencien la labor de Marinaleda SCA y el resto de cooperativas del pueblo.
  • La decisión de avanzar en el sector del ciclo corto de distribución.

Estas son algunas de las propuestas inmediatas que acometeremos con los nuevos recursos financieros materializando una de las máximas del movimiento jornalero andaluz, «la tierra, para quien la trabaja». Y todo sin bancos especuladores gracias a la solidaridad colectiva y el apoyo mutuo.

Web: www.estaentumano.info

15 - 2 construyendo posibles WEB
15 - 1 construyendo posibles WEB

 

Está en tu mano

No es fácil conocer un pueblo que sea, a su vez, varias cosas bajo una misma denominación. Marinaleda es un buen ejemplo de ello ya que da nombre a un municipio, a una lucha histórica, a una comunidad y, quizás lo más importante y tangible, a una cooperativa como modelo laboral: Marinaleda Sociedad Cooperativa Andaluza (SCA). En definitiva, un Pueblo, con P mayúscula. Esta entidad, dedicada a la transformación y el envasado, lanzó a mediados de mayo una campaña de emisión de títulos participativos por un valor total de 600 000 euros donde cada título equivalía a una aportación de 1000 euros.

El objetivo principal era evitar la banca usurera con el fin de financiar nuevas ideas para la cooperativa. A esta operación le pusimos el nombre de «Está en tu mano», no pedíamos caridad y mucho menos ayuda a la especulación capitalista, solo la solidaridad directa y el apoyo mutuo entre iguales. Existen varios proyectos que ya están sobre la mesa listos para perfilar, como la creación de una fundación que adquiera y gestione las tierras donde se producen alcachofas, habas, pimientos, etc., actualmente propiedad de la Junta de Andalucía y cedida para su uso. Esta idea está incluida dentro de una hoja de ruta llamada «Plan Estratégico 2015-2025» en el que, de manera gradual, se evaluarían diversas propuestas como la implantación en nuevas redes de consumo o analizar el modelo de distribución. Una vez interiorizada la presentación previa llevada a cabo en no pocas reuniones para concretar los retos a corto plazo, la primera reacción posible fue la más humana, echarse las manos a la cabeza y pensar: «¡¿seiscientos mil euros?!». La segunda reacción, ante el plazo acordado de conseguirlo en 40 días, consistió en levantar las manos en actitud de petición divina; hasta la persona más atea se encomendaría a cualquier figura religiosa de manera irracional fruto de la influencia judeocristiana.

 

Una vez definida la campaña de emisión de títulos participativos —lo primero era centrarse y no parar de rascarse la frente— nos dispusimos a recopilar información que convenciese y animase a la mayor cantidad de gente posible a aportar para los nuevos planes de Marinaleda SCA. Por delante teníamos un papel en blanco, tan grande como las 1200 hectáreas de trabajo, y pensar en los elementos más básicos para comenzar la campaña: un vídeo, un dosier que resumiera el proyecto, una gran capacidad de abstracción para pensar en qué dudas podría tener quien quisiera participar y los protocolos para hacer posible la campaña de economía social más importante que se hubiese realizado en el Estado español. ¿Cuál era, quizás, nuestro ingrediente clave? Conocer bien a la gente que gestiona Marinaleda SCA para definir dónde queremos ir; cualquier agencia de comunicación venida de otro planeta, con muchas palabras en inglés en su catálogo de servicios, difícilmente hubiese sido capaz de diseñar un plan de actuación factible. Finalmente, Coop57 iba a ser la encargada de gestionar la emisión de los títulos participativos avalada por su filosofía y la experiencia en este tipo de campañas concluidas de manera exitosa. La apuesta por la soberanía alimentaria, una forma de relación democrática en el trabajo como es el cooperativismo y el reparto justo de la riqueza son los objetivos de una máxima jornalera andaluza: «la tierra, de quien la trabaja».

Al comenzar la campaña, parecíamos un cantante de blues con una docena de armónicas preparadas en la correa ante cualquier canción del repertorio, ya fuese intensa, ligera o larga, teníamos los pulmones preparados para soplar y tocar la mejor composición posible según fuesen las circunstancias. «¿Arrancamos? / ¿Ahora? / ¿Estamos entrando bien? / ¡Actualiza la página!», fueron los comentarios más repetidos a las doce del mediodía del pasado 19 de mayo. Hay que recordar que el blues fue el género creado a partir de las canciones interpretada por esclavos y esclavas trabajadoras a destajo del algodón en EE. UU., la melancolía era lógicamente la parte predominante y guarda una gran similitud tanto con el flamenco en general como con varios de sus palos en particular. Éramos petenera y queríamos convertirnos en alegría, pero debíamos trabajarnos el fandango propio de la tierra. Levantar el telón de un proyecto ambicioso no era cosa fácil, Marinaleda no es un tema banal en el imaginario político con la fama que adquirió a principios de los 80 exigiendo dignidad para el campo andaluz. En los 4 primeros días nos dimos cuenta de lo que verdaderamente suponía este pueblo del centro de Andalucía no solo en el territorio del Estado español, sino en Europa y Latinoamérica. Quizás esta campaña era la primera ocasión en la que se iba a medir el verdadero impacto de Marinaleda en el terreno político y, por qué no decirlo, filosófico. Esa respuesta directa que se recogió en la primera semana no hablaba solo castellano, catalán o euskera, principalmente, también italiano, portugués y francés. Como teníamos en mente traducir los dosiers informativos a lo largo de la campaña, tuvimos que acelerar este proceso viendo que muchas peticiones de información venían de distintas zonas del Mediterráneo.

El ritmo de emisión de títulos participativos ha sido continuo y regular, recibiendo notas de apoyo e incluso de agradecimiento para formar parte de este impulso a Marinaleda SCA. ¿Quién se iba a imaginar, hace años, que se podían realizar operaciones financieras de tal magnitud sin necesidad de la banca convencional? Gracias a la estabilidad de entidades como Coop57 o Fiare, se ha asentado la idea de que es posible un cambio de paradigma liderado por la ciudadanía al margen de grandes estructuras que fomentan la concentración de riqueza en pocas manos. Marinaleda siempre fue ejemplo de ello poniendo por bandera que la dignidad era y es horizontal, ya fuese en plena huelga de hambre, denunciando la especulación inmobiliaria o generando puestos de trabajo en un modelo democrático como la cooperativa.

Para esta localidad de 2800 habitantes, se abren nuevas posibilidades gracias al gran apoyo social que tiene este punto rojo de Andalucía. Está en nuestras manos.

Andalucía entera, como la cooperativa de Marinaleda

Escribir el contexto de Marinaleda en 2015 es quizás uno de los ejercicios de reinventar la rueda más claros que pueda haber en el terreno de la política. No solo le han dedicado reportajes los periódicos más importantes —como el Wall Street Journal o el británico The Guardian—, sino que suelen aparecer en ellos, al menos, una vez al año. Ni las famosas viviendas a 15 euros al mes ni los precios irrisorios de las piscinas son explicables en una mente en la que solo hay máximas como «beneficio económico», «rendimiento de capitales» o «flexibilidad del empleo». Por desgracia, poca gente conoce la nueva fábrica de conservas cuya actividad se ha llevado a cabo durante años en la propia finca El Humoso.

 

El trabajo, tanto del Ayuntamiento como de la propia cooperativa de Marinaleda, hicieron posible estas instalaciones de unos 700 metros cuadrados. Esta fábrica, vista en retrospectiva, es el resultado tangible de toda una lucha que comenzó en agosto de 1980 cuando se anunciaban las huelgas de hambre. Pocos años antes, tras las primeras elecciones municipales, casi todas sus calles cambiaron de nombre borrando cualquier rastro de la represión franquista, que por suerte no hacía olvidar lo más importante de un pueblo, su memoria histórica. Pasaron los años y las reivindicaciones se intensificaron, llegando a la mitad de la década con multitud de ocupaciones como la de La Cordobilla, donde las mujeres de Marinaleda tuvieron un papel primordial.

Llegada ya la década de los 90, todas las acciones del pueblo, auspiciadas y apoyadas por el conjunto del SOC en Andalucía, llevaron a que el municipio rojo por excelencia pudiese gestionar y trabajar las 1200 hectáreas de la finca El Humoso. Esto no hacía más que empezar, era necesario una organización y una logística, no era fácil que toda la extensión contase con el goteo y organizar las campañas ya era una realidad. El modelo elegido fue una cooperativa, no podía ser otro, como ejemplo de esfuerzo colectivo del que pocas comunidades pueden presumir. Las dificultades y sus soluciones para repartir la riqueza no venían solamente del propio trabajo ni de sus miembros, el campo andaluz era cada vez más víctima de la política institucional que desatendía uno de los sectores más importantes en la economía andaluza: la agricultura. La Junta de Andalucía, especialmente, ya sabía lo que se traía este pueblo cuando se levantaba. Si en Marinaleda no podía repartirse la riqueza de manera autónoma debido a decisiones supramunicipales, ocupación. El Palacio de San Telmo o Canal Sur TV fueron algunos de los objetivos, sin olvidar la Expo 92, las mujeres de Marinaleda pueden contar mejor esta historia gracias al trabajo de Susana Falcón Y lo dieron todo (Atrapasueños, 2015), recopilando sus vivencias y dificultades como mujeres que nunca abandonaron la lucha.

Hombres y mujeres que siempre tuvieron el puño cerrado exigiendo dignidad pero manteniendo la mano abierta como símbolo de fraternidad y solidaridad, ya fuera en el trabajo diario de la cooperativa o exigiendo justicia social.

 

Marinaleda SCA y Coop57

La emisión de títulos participativos ha sido llevada a cabo por Coop57, cooperativa de servicios financieros éticos y solidarios compuesta ya por más de 3100 personas socias colaboradoras de todo el Estado español, coherentes con sus ideas y que depositan sus ahorros en esta entidad. Hasta aquí, es algo que ya hemos ido conociendo tanto en la teoría como en la práctica, pero cuando vemos una oportunidad de salirnos del «circuito» convencional de consumo, las dudas se disparan debido al blindaje que el sistema capitalista brinda a nuestra precaria zona de confort.

¿Qué son los títulos participativos?

Una emisión de títulos participativos es una herramienta de las cooperativas para solicitar financiación directamente a la sociedad, sin necesidad de pasar por la ventanilla de la banca convencional, de manera que no colaboramos con la imperante red financiera basada en la especulación. Con ello, la cooperativa usa ese dinero recibido para invertir en nuevos proyectos devolviéndose después de un año, en el caso de Marinaleda SCA, con un 1,5% de retribución.

¿Es la primera vez que se hace?

No, y esperamos que tampoco sea la última. En el caso de Coop57, ya son varias las campañas concluidas de manera exitosa para entidades, especialmente de Barcelona y Madrid. Varios ejemplos son:

  • La Fundació Futur, dedicada al empoderamiento de personas en riesgo de exclusión social, financió en 2009, con 300 000 euros, una serie de proyectos que mejoraba sustancialmente su actividad, el impulso de comedores escolares ecológicos.

  • L’Olivera, una cooperativa de inserción social con 40 años de existencia que da trabajo a personas con discapacidad y se dedica al vino y al aceite, recogió 400 000 euros para potenciar la entidad tras una importante inversión realizada entre 2007 y 2008. Actualmente, da trabajo a más de 60 personas en Lleida y Barcelona.

  • La Xarxa de Consum Solidari (Red de consumo solidario) necesitaba inversión para su red de distribución de panela y mediante Coop57 recabaron 60 000 euros.

  • Un proyecto de producción ecológica certificada llamado «Ecosecha», de la Cooperativa madrileña Gneis, lanzó dos, por un total de 93 000 euros, en 2009 y 2010, para la adquisición de maquinaria necesaria en su quehacer diario.

¿Qué se hará desde Marinaleda SCA?

A lo largo del verano de 2015, se perfilará el Plan Estratégico 2015-2025, que incluirá:

  • La puesta en marcha de la Fundación Marinaleda, prevista para adquirir los lotes de tierra de la finca El Humoso. La propiedad será colectiva, indivisible e inalienable y su gestión, necesariamente, habrá de desarrollarse por cooperativas que cumplan con los principios de la economía social y solidaria.

  • La elaboración de un nuevo plan de comunicación.

  • La apuesta por los cultivos sociales y ecológicos.

  • Nuevas relaciones con otras entidades que potencien la labor de Marinaleda SCA y el resto de cooperativas del pueblo.

  • La decisión de avanzar en el sector del ciclo corto de distribución.

Estas son algunas de las propuestas inmediatas que acometeremos con los nuevos recursos financieros materializando una de las máximas del movimiento jornalero andaluz, «la tierra, para quien la trabaja». Y todo sin bancos especuladores gracias a la solidaridad colectiva y el apoyo mutuo.

Web: www.estaentumano.info

 

CSOA Andanza, un espacio okupado por la vida

Andanza es un centro social okupado y autogestionado situado en la calle San Luis de Sevilla. Este espacio llevaba 7 años abandonado hasta que, hace algo más de un año, un grupo de activistas sociales decidió okuparlo. Así nació un nuevo espacio en el casco histórico de Sevilla donde resistir y generar alternativas frente a un sistema que nos asfixia y oprime. La finca que lo alberga tiene más de 3000 metros cuadrados y es propiedad del SAREB, entidad financiera creada con dinero público, más conocida como «Banco Malo».

¿De qué nos okupamos?

El CSOA da cabida a multitud de actividades e iniciativas surgidas desde la autogestión y la horizontalidad, poniéndose a disposición del barrio y de quienes lo habitan, así como a movimientos sociales y a todas aquellas personas que buscan y crean otras formas de vivir y relacionarse.

De esta manera, Andanza se convierte en un importante punto de encuentro para los colectivos e individualidades, generándose en él sinergias entre las diferentes luchas sociales que se llevan a cabo en el contexto actual, favoreciendo el diálogo y la cooperación entre la diversidad de movimientos sociales. Como en otros Centros Sociales Okupados y Autogestionados, en Andanza se hace activismo político y social de muchas formas distintas, fomentando un acceso libre a todo tipo de manifestaciones artísticas y culturales y siendo un espacio de divulgación y creación de pensamiento crítico.

Además, este espacio es un símbolo de la resistencia social ante los procesos especulativos y de gentrificación en la ciudad de Sevilla. El barrio de San Luis-Pumarejo ha sido históricamente un barrio lleno de vida, de iniciativas culturales y con una importante conciencia política. Las luchas vecinales han estado presentes desde hace décadas generando multitud de espacios autogestionados que han resultado ser un éxito. Así, a día de hoy se cuenta en el barrio con espacios como el Centro Vecinal Pumarejo, el Huerto del Rey Moro, el Ateneo Libertario La Ballesta, el Jardín Liberado, etc. A pesar de todo esto, los espacios no dan abasto ante la ingente propuesta de actividades que generan las personas que habitan la zona y Andanza resulta clave para dar cabida a todo aquello que sigue surgiendo desde abajo.

En Andanza se reúnen colectivos, se hacen talleres, hay presentaciones de libros, charlas, ciclos de cine, hay espectáculos de música, circo, danza y teatro. En Andanza también se come, se ríe, se habla, se hace política… Y todo esto de forma libre, fuera de las lógicas capitalistas, creando redes de apoyo y solidaridad, promoviendo el empoderamiento popular, compartiendo saberes y experiencias.

Andanza es arte, acción política, filosofía; es ocio y creación colectiva. Se trata de un espacio de libertad en el que experimentar formas de vida y existencia al margen de las estructuras de poder político, económico y cultural impuestas.

Andanza resiste

Lo que es y lo que se hace en Andanza parece resultar una amenaza para los poderes establecidos y se han puesto manos a la obra para intentar acabar con este proyecto. Así, hace un par de meses se inició el procedimiento judicial, llamando a declarar a dos personas que habían sido identificadas el día en que se hizo pública la okupación del espacio.

En esta situación, con riesgo de desalojo inminente y cumpliendo su primer año de vida, la Asamblea del centro social decidió luchar por el espacio en todos los frentes posibles. La estrategia principal es la de continuar llenando de vida y actividades el centro, demostrando la necesidad de lugares como este y su voluntad de permanencia. Por otro lado, iniciamos una campaña de información en el barrio y a todas las personas y colectivos que han formado y forman parte de este espacio con el fin de que conozcan cuál es la situación y muestren su apoyo y solidaridad. Una de las acciones promovidas para solidarizarse con el centro social ha sido la de presentar autoinculpaciones como usuarixs de este. Esta acción tiene un valor simbólico importante ya que, aunque no supone ningún tipo de responsabilidad penal para lxs autoinculpadxs, se han entregado al juzgado de instrucción del caso 400 escritos de este tipo, tanto individual como colectivo.

Además, la Asamblea peleará también en el frente judicial, autoinculpándose una de sus integrantes con el fin de ser llamada a declarar y defender el proyecto, sus valores y principios ante la jueza instructora del caso. En esta lucha vamos más allá y se realizó un informe técnico que ha sido presentado a la Junta de Andalucía denunciando a la SAREB, solicitando que esta inicie de un expediente informativo y sancionador contra «el enemigo». El Banco Malo está incumpliendo sus deberes de propietario, vulnerando la Ley 4/2013, de 1 de octubre, de medidas para asegurar el cumplimiento de la función social de la vivienda.

Es el enemigo por muchas cosas, no por vulnerar una ley del parlamento andaluz. Es malo porque coacciona a vecinxs (de renta antigua) con el fin de echarles de sus casas o matarles de un disgusto; porque se crea para salvar a la banca, mientras roba y asfixia al resto; porque ni sabe lo que posee; porque queremos parques, plazas, lugares para vivir, y los tiene bajo llave.

Por todas estas razones, la Asamblea del CSOA Andanza no está dispuesta a ceder ante las presiones de unas autoridades que no reconoce. Aun así, el riesgo de desalojo es inminente. Por esto, desde la Asamblea de Andanza se pide apoyo y solidaridad a todos los grupos y personas que han construido y llenado de vida el espacio durante más de un año, con el fin de resistir y luchar colectivamente por el mantenimiento de este espacio que es nuestro.

Andanza es un útero

La Asamblea de Andanza, desde su creación, se autodefine como feminista ya que las personas que la componen entienden el feminismo como una lucha transversal que ha de estar presente permanentemente. El colectivo es consciente en todo momento de que la heteronormatividad nos atraviesa, a nosotrxs y a nuestros espacios. Por ello, se da una falta de correlación entre la teoría y la praxis política en los movimientos sociales, que se suelen definir generalmente como feministas pero que en sus prácticas cotidianas dejan mucho que desear.

Así, en Andanza se hace un trabajo constante por reconocer y visibilizar comportamientos, discursos y actitudes heteropatriarcales con el fin de erradicarlas. Esto supone un trabajo y un aprendizaje constante y compartido. Para llevar a cabo este proceso de deconstrucción resulta fundamental crear un clima de confianza en el grupo, en el que trabajar los vínculos y los cuidados de manera colectiva. En este clima de autocrítica y revisión constante, los compañeros toman conciencia de la necesidad de ahondar en lo personal para poder transformar lo colectivo y, así, surge la iniciativa de crear una asamblea feminista de hombres en la que cuestionarse sus prácticas cotidianas y formarse en feminismo de manera colectiva, en un grupo de confianza, acompañados, cuando ha sido necesario, por sus compañeras.

En esta misma línea, las II Jornadas Anakofeministas, que se celebraron en Andanza el pasado mes de enero, fueron clave para la puesta en común de los desequilibrios en cuanto al género en el seno de nuestros espacios y nuestras luchas. No hay que pasar por alto lo conflictivo de esta autocrítica en el interior de los movimientos sociales, ya que algunos «compañeros» se resisten a identificar sus privilegios y contradicciones. Aun así, tras estas jornadas se constituye otra asamblea feminista de hombres, lo cual es valorado de forma muy positiva ya que pone de manifiesto tanto la necesidad como la voluntad de los compañeros de trabajar el feminismo y sus masculinidades.

Además, hay que destacar el peso y la presencia de mujeres en la okupación y la construcción del espacio y del proyecto de Andanza, mujeres que en su mayoría militan también en colectivos feministas, algo que queda patente en la energía del espacio.

El año 2014 fue clave en la lucha autónoma feminista: los grupos e individualidades trabajaron conjuntamente para hacer frente al proyecto de reforma de la Ley del Aborto. Este frente común revitalizó la lucha feminista y favoreció la apertura de cauces de comunicación y espacios de encuentro entre los diferentes colectivos, siendo Andanza un lugar de referencia al ser un punto de encuentro y confluencia entre distintos colectivos feministas de la ciudad.

De este proceso y de las sinergias en él generadas comienza a gestarse un proyecto que a día de hoy ya se ha materializado. El movimiento feminista autónomo de Sevilla toma conciencia de la necesidad de un espacio propio y comienza a construir el proyecto de la Casa Revolucioná de Mujeres. Esta iniciativa se crea a través de un proceso asambleario, casi mágico, que dura más de tres meses, en el cual se hace un importante trabajo de autoconocimiento y reflexión, sentando los principios y las bases de este hito histórico que es la creación de un CSOA no mixto en la ciudad.

Oda a la sensibilidad (el arte en Andanza)

El arte se expande como un mensaje del común, del todo, en contraposición al vacío. Es la semilla. La necesidad humana de hacer arte como un arma viva de resistencia en un oasis dentro de la nada de las metrópolis y el capital. En este espacio liberado se generan las condiciones adecuadas para un acceso libre y consciente a la cultura, posibilitando que se den diferentes manifestaciones artísticas como dispositivos de comunicación y movimiento más allá del mercantilismo, recuperando así una herramienta importante mediante la investigación de la reciprocidad entre la decisión de aprender y la transmisión de lo aprendido.

Cuando nos hacemos sensibles ante el mundo, aparece el deseo, y a partir de este comienza el despliegue de su paisaje. En lo común, lo interno se materializa hacia lo externo y se fortalece cuando en la exposición de la idea asumimos los riesgos para traspasar los miedos. El arte y el espacio liberado, una buena mezcla para el autorreconocimiento puesto en común. Que mi imaginario sea cuestionado por las demás, sea valorado como libre expresión y complementado, se mueva, vibre. Nos echamos el cable para generar la energía. Entonces cambiamos. Rompemos con el arte de la mera contemplación dando paso al arte como hacer, como acción, como reflexión, como comprensión de las sensaciones, emociones, como un mar de soluciones creativas a problemáticas comunes en este desierto compuesto de un solo plano.

Así, cada persona en ese punto de reconocimiento está en la posibilidad de crear arte, ya no tiene solo carácter contemplativo sino que quién quiera es creadora de arte como ente con capacidad expresiva ya fuera del aislamiento del monopolio artístico de la élite.

Al tomar consciencia política, entendiendo pues la política como una expansión de lo privado a lo público, de lo individual a lo colectivo, de lo interno a lo externo, no nos queda otra que destruir las formas organizativas impuestas, la estructura que nos empuja hacia ese aislamiento, esos miedos, esa incapacidad para la transformación, el cambio, la creación.

El neoliberalismo impone a sangre y fuego su economía, su modelo político y cultural, su forma de vida, articulándolo todo a través del Estado. Liberar espacios para construir y crear colectivamente desde fuera de su lógica se convierte entonces en un movimiento primordial. Danzar para ARTEcularlo todo desde nosotras mismas. Okupamos para que no especulen con nuestras mentes. Nos okupamos de darle al arte la vida que el Estado le ha ido arrebatando, y por eso tiene miedo, y autoritariamente instrumentaliza el arte para su beneficio, siempre económico en última instancia. Y es que el arte se convierte en un fenómeno de una potencia transformadora tal que llega a ser realmente peligroso para este sistema asesino, putrefacto e inerte, que se presenta como inmutable, como el único posible.

Nosotras deseamos y elegimos cantar, gritar, saltar, dar un giro y hacer malabares con su sistema muerto. Nosotras queremos esculpir, amasar, dibujar, grafitear y escribir nuestras vidas con nuestros propios instrumentos.

14-15 Const posible - foto cedida ANDANZA 2 WEB
14-15 Const posible - foto cedida ANDANZA WEB

La Ortiga, un proyecto colectivo

Del consumo agroecológico a la economía alternativa

Un poco de historia

A finales de los 80 surge en la Universidad de Córdoba el Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC) que, de la mano de su trabajo de acompañamiento a los movimientos jornaleros y sus apoyos en Latinoamérica, introduce en Andalucía la agroecología. Esta convergencia entre universidad y movimientos sociales generó en los 90 un importante desarrollo de cooperativas de producción ecológica ligadas al Sindicato de Obreros del Campo (SOC), así como de grupos de consumo en las ciudades andaluzas1.

En este contexto se crea La Ortiga a comienzos de 1993, como asociación de consumidores y productores ecológicos. De un lado, productores ecológicos de la Cooperativa La Verde (Villamartín) y de la Cooperativa CUNA (Sevilla) y, de otro, consumidores y consumidoras de Sevilla ligados a movimientos sociales y a la universidad. Ambos confluyen para poner en marcha la primera experiencia andaluza de canal corto de comercialización de verduras y frutas ecológicas.

Los principios que guían la actividad y todas las decisiones son totalmente opuestas a las lógicas de las empresas capitalistas

En paralelo, y justo a continuación, nacen otras asociaciones agroecológicas en Andalucía: El Encinar (Granada), Almocafre (Córdoba), La Breva (Málaga) y, poco después, El Zoco (Jerez).

Como consecuencia, en 1995 se crea la Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos (FACPE) como un espacio de coordinación e intercambio de experiencias, a la que se incorporan más tarde otras entidades como La Borraja (Sanlúcar de Barrameda), Almoradú (Huelva), Serranía Ecológica (Ronda), La Talega (Alcalá de Guadaira) o Asociación Guadalhorce Ecológico (Valle del Guadalhorce).

Nuestro desarrollo

La Ortiga nace así como un grupo de consumo que funcionaba exclusivamente con el esfuerzo voluntario de sus socias y socios, con actividad limitada a uno o dos días a la semana. En esos días, se encontraban directamente productor@s y consumidor@s para, además de realizar la compra, intercambiar opiniones, compartir experiencias y echar un rato junt@s.

La etapa en la sala El Cachorro de Triana, entre 1994 y 1998, fue memorable para todas y todos los que lo vivieron. Se realizaron multitud de eventos públicos, tertulias, fiestas, etc., y La Ortiga se consolidó en nuestra ciudad como una iniciativa pionera de consumo ecológico.

El periodo de 1998 a 2001 fue una época de fuertes cambios y de reflexión colectiva sobre nuestro futuro. Pensamos que era necesario abrir la experiencia a la sociedad de Sevilla, ya que en esos tiempos no había en nuestra ciudad ningún punto de venta de alimentos ecológicos. Se decidió así abrir una tienda al público, con horarios cercanos al comercial y comenzar con la profesionalización de la actividad económica.

Tras varios meses de asambleas masivas y jornadas de debate, en el año 2001 se consensuaron los principios ideológicos de La Ortiga que han guiado el desarrollo y marcado el futuro del proyecto hasta la actualidad.

Fruto de estos acuerdos, en octubre de 2001 La Ortiga se constituye como Sociedad Cooperativa, por la convicción de que este modelo jurídico era el más adecuado a la actividad económica que se estaba desarrollando, por su vinculación histórica con las luchas obreras y campesinas y por el carácter social y democrático del modelo cooperativo.

En la actualidad, La Ortiga tiene 2 tiendas abiertas, más de 600 socias y socios y 6 personas contratadas de forma indefinida.

Nuestros valores

La Ortiga se integra plenamente en el modelo de la economía alternativa y solidaria.

Es una entidad sin ánimo de lucro, es decir, los posibles beneficios en ningún caso se reparten entre sus socios y socias. Su razón de ser y los principios que guían la actividad y todas las decisiones son totalmente opuestas a las lógicas de las empresas capitalistas.

El funcionamiento interno de La Ortiga es horizontal y democrático. Los socios y las socias son quienes deciden sobre la marcha del proyecto y velan por el mantenimiento de sus principios desde su participación voluntaria y sin remuneración en los distintos espacios de la organización: la asamblea, el consejo rector, las vocalías y los grupos de trabajo. Mantiene de esta forma un modelo de organización participativo, que es real y no puramente formal.

Además, la gestión económica y las decisiones son compartidas con todas las socias y socios en las asambleas. Esto incluye la aprobación de los criterios para la formación de los precios, en los que se tienen en cuenta aspectos como ser un alimento de primera necesidad o la cercanía.

Como iniciativa de economía alternativa y solidaria, la situación de las trabajadoras y trabajadores de la cooperativa es otra de las prioridades, creándose empleo de calidad y fomentando su participación en las decisiones y en la vida social de la cooperativa.

Como es lógico, ya que está en sus orígenes, La Ortiga apuesta por un modelo productivo agroecológico, que no se basa de forma exclusiva en la certificación por tercera parte, ya que se añaden criterios agroecológicos, sociales, de cercanía y de confianza que van más allá del cumplimiento de la normativa oficial europea: el Reglamento (CE) nº 834/2007. Para ello, La Ortiga se rige por un sistema de certificación participativa de ámbito andaluz, que ha sido construido de forma conjunta con otras organizaciones de la FACPE.

Por último, La Ortiga está conectada con las redes y movimientos sociales de nuestro entorno, entre los que podemos citar a la Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos (FACPE), la Plataforma por una Andalucía Libre de Transgénicos (PALT), la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), la banca ética FIARE y Radiópolis.

Los sistemas participativos de garantía (SPG)

La agricultura ecológica está regulada legalmente en Europa desde 1991, en el marco del Reglamento (CE) nº 834/2007. La existencia de este reglamento ha permitido dejar unas reglas claras para el reconocimiento de una producción agraria o ganadera como ecológica y, por tanto, para la comercialización de alimentos bajo la certificación ecológica. Esta certificación es emitida y controlada por las entidades certificadoras acreditadas por ENAC, unas de ellas de carácter privado y otras de carácter público, que tienen los diferentes sellos ecológicos reconocidos. Por ejemplo, CAAE y Sohiscert, como entidades privadas, o los consejos reguladores existentes en otras comunidades autónomas, como entidades públicas. Por esta razón, se conoce como un sistema de certificación por tercera parte.

Los SPG realizan una evaluación de la conformidad mediante metodologías diferentes. Conciben la certificación como un proceso en el que las partes interesadas (productores/as, consumidores/as, técnicos/as) se encuentran, dialogan, intercambian conocimientos, generándose una mejora continua en los modos de producir. A partir de este encuentro, se fomenta la cohesión social, las relaciones de confianza y los procesos de mejora continua. Se evalúan actitudes y no productos concretos al margen de su contexto. Se da garantía de comportamientos, de forma integral, de las personas implicadas.

En este sentido, las organizaciones de la FACPE llevamos tres años aplicando un SPG consensuado a nivel andaluz, que se regula mediante el documento Criterios aplicables para las producciones ecológicas en el marco del SPG FACPE, además de los reglamentos internos adaptados a cada organización. En el documento de criterios se establecen los puntos de obligado cumplimiento y se valoran diferentes aspectos de la unidad productiva (finca), elementos del territorio, elementos de la producción, elementos energéticos y elementos socioeconómicos que no son tenidos en cuenta en la normativa europea y que a nosotros nos parecen fundamentales.

En La Ortiga, el mantenimiento y seguimiento de este SPG2 se realiza desde la vocalía de calidad, manteniendo así un trato directo con sus productor@s soci@s, haciéndose un seguimiento de las fincas, colaborando en la planificación de las producciones, acordando conjuntamente los precios para todo el año y realizando así un comercio justo, todo ello basado en una relación de confianza mutua.

Las cooperativas y los grupos de consumo agroecológico

La alimentación actual se encuentra completamente insertada en un modelo económico marcado por la globalización capitalista, con una liberalización cada vez más acentuada de los mercados a nivel mundial y la consecuente deslocalización de la producción. Consumimos alimentos de cualquier lugar del planeta que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa y que se venden en grandes plataformas comercializadoras prácticamente uniformes en todo el mundo.

Los impactos de este modelo están siendo catastróficos, tanto a nivel socioeconómico como ambiental, por no citar las consecuencias para la salud de los consumidores y las consumidoras.

Por un lado, l@s agricultor@s y ganader@s no pueden sobrevivir con los precios que les impone el mercado global, viéndose obligados a subsistir de las subvenciones agrarias (cuando las hay) o directamente a desaparecer. Desde el ingreso en la UE, en España han desaparecido más de un millón de explotaciones familiares.

Desde la agroecología se está construyendo un movimiento por una agricultura social, local y sostenible

Por otra parte, el avance de la frontera agrícola y ganadera es la principal causa de la deforestación en muchas regiones del mundo. Así, la expansión de la cabaña ganadera para producción de carne y el cultivo de soja —gran parte de ella sembrada ilegalmente y en condiciones sociales y laborales deplorables— son los principales motores de la deforestación. La soja producida es exportada y forma parte de los piensos que alimentan los pollos, vacas y cerdos que componen nuestra dieta.

Además, las técnicas de la agricultura industrial provocan la destrucción de la biodiversidad en las áreas en las que se aplica: eliminación de setos, uso de abonos de síntesis que provocan la rápida disminución de la materia orgánica existente en el suelo, uso de venenos que destruyen toda la vida animal, contaminación de los acuíferos, con graves consecuencias para la supervivencia de muchas especies de anfibios y reptiles, etc. Se calcula que casi la mitad de las especies de aves existentes en Europa están en peligro por la agricultura intensiva.

Otra de las consecuencias es la pérdida del patrimonio genético de la agricultura y la ganadería. En las últimas décadas se ha perdido una parte muy importante por la sustitución de centenares de variedades de semillas tradicionales por una o dos variedades híbridas de cada especie y por la sustitución de las razas autóctonas. La biodiversidad agrícola es uno de los pilares de la seguridad alimentaria, que está de esta forma en grave peligro.

Como ya hemos citado anteriormente, otro de los grandes sinsentidos del modelo alimentario actual es el transporte masivo de alimentos a escala mundial: «Garbanzos de México y manzanas de Francia e Italia que recorren distancias kilométricas en barco/camión de más de 9000 y 2000 km respectivamente, con impactos ambientales asociados aproximadamente comprendidos entre 200 y 300 kg CO2/t, entre 10 y 15 veces más que el impacto ambiental asociado al trasporte local (50 km en camión o 300 km en tren). Vino de Chile que recorre más de 12 000 km antes de presentarse en nuestra mesas o carne de porcino procedente de los países bajos o Alemania que viaja, en este último caso, más de 2900 km en camión con un impacto ambiental asociado de 473 kg CO2/t, más de 20 veces superior si la producción y el transporte fuese local (50 km en camión)»3.

Desde la agroecología se está construyendo un movimiento por una agricultura social, local y sostenible. Este movimiento está creciendo a gran velocidad y supone ya una alternativa real al modelo agroalimentario imperante. Ahora nos toca también a nosotr@s cambiar nuestros hábitos y apoyar de forma activa las iniciativas de consumo agroecológico existentes.

Para todas y todos, y especialmente para l@s que penséis que la alimentación ecológica es cara y no os lo podéis permitir, recomendamos encarecidamente la lectura del texto Ahorrar sin ir al super4 de Gustavo Duch.

Finalmente, recomendamos también la lectura de la entrevista a Mª Dolores Raigón Los alimentos ecológicos tienen mayor valor nutritivo5, donde se hace una introducción sencilla y clara sobre las diferencias entre los alimentos ecológicos y los convencionales y se repasan distintos asuntos de actualidad de la agricultura ecológica.

1 Daniel López García y Mireia Llorente Sánchez (2010). La agroecología: hacia un nuevo modelo agrario. Ecologistas en Acción.

2 Para consultar los detalles del SPG de La Ortiga-FACPE, los documentos están disponibles en la dirección: www.laortiga.com/index.php/doc/spg-facpe/detail

3 David Pérez Neira y varios autores más. Informe: ¿Cuántos kilómetros recorren los alimentos antes de llegar a tu plato?, Amigos de la Tierra.

4 https://gustavoduch.wordpress.com/2013/01/19/ahorrar-sin-ir-al-super/

5 http://www.ecoavant.com/es/notices/2014/07/m-dolores-raigon-los-alimentos-ecologicos-tienen-mayor-valor-nutritivo-2100.php

10 AÑOS CONSTRUYENDO REALIDADES

Compartir nuestro primer año de vida material con los diez años que lleva nuestro querido Luis ofreciendo cultura, de la que nos interesa, de la no hegemónica, en su discreta y coqueta, aunque potentísima librería La Fuga, nos llena de felicidad. Pero a este sentimiento se le une el de esperanza y empoderamiento, al ver que también celebramos aniversarios de proyectos que día a día muestran y demuestran que otra realidad es posible. La Casa Grande del Pumarejo, la Oficina de Derechos Sociales y el Colegio Público Huerta de Santa Marina, llevan 10 años trabajando colectivamente por configurar un mundo en el que lo más importante sean las personas independientemente del origen, la edad, el género…

Que estos diez años sean solo el principio del principio y que todas lo podamos disfrutar y sigamos caminando en esa dirección. ¡Salud y larga vida a los proyectos que construyen realidad deseable día a día!

Huerta de Santa Marina. Diez años ocupándonos

Érase una vez, hace diez años… ¿un palacio?, ¿un castillo? No, un colegio público, el colegio Macarena, lleno de niños y niñas, pero muy viejo, un colegio que estaba descuidado como la escuela pública.

Un día se rompió el techo y las familias decidieron defender a sus niños y niñas… ¿de un dragón?, ¿de una bruja? No, de la desidia de los gobernantes. Y defendiéndolas, defender también a la escuela pública

huerta-de-santa-marina

No volvieron a llevarlas a ese cole y dieron clases en la calle y lucharon… ¿con espadas?, ¿con fuego? No, con palabras y con organización. Encontraron un edificio vacío, con un gran patio y un ficus maravilloso, que ya fue un colegio en su día y que entonces albergaba algunas dependencias de la UNED y un aparcamiento en el patio. Decidieron que tenía que volver a ser un colegio: abrieron la puerta, entraron y se quedaron. Negociaron permanecer en él hasta que arreglaran su colegio y… ¿colorín colorado, este cuento se ha acabado? No, como este colegio era más grande, siguieron llegando niños y niñas. A la hora de volver al antiguo, ya no cabían. Nos separamos entre todas, haciendo asambleas por clases, expresando nuestras preferencias, en un proceso laborioso que terminó con todas las familias contentas, sin comer perdices, pero cada una en el cole que quería. Exigimos programas educativos iguales en los dos colegios hermanos.

Teníamos un colegio nuevo en el barrio, un edificio recuperado por grandes y pequeñas al que había que ponerle nombre.

Se lo pusimos entre todas, derrochando pasión y debates: Huerta de Santa Marina. En 1936, a punto de inaugurarse, empezó la guerra; entonces, un grupo de maestras republicanas ocupó el colegio para que no fuera hospital de campaña. Luego, los que ganaron la guerra le pusieron Padre Manjón, a pesar de que el nombre que iba a tener bajo la República era «Huerta de Santa Marina».

Y, ¿colorín colorado, este cuento se ha acabado? No, hicimos una asociación de madres y padres a la que llamamos «Somos Escuela», porque lo somos. Los estatutos establecieron toda la capacidad de decidir en la Asamblea. Cambiamos «dirigir» por «coordinar», dándole una estructura flexible a la Junta de Coordinación para que pudiera cambiar cada curso.

Desde entonces, hemos vivido experiencias individuales y colectivas intensamente; hemos crecido como personas y como comunidad; hemos conocido a Luciano, que nos ha regalado un huerto que también crece y que simboliza la educación inclusiva que queremos, en la que nadie sobra; hemos organizado el programa de huertos escolares; hemos discutido, hemos despedido, hemos recibido, hemos construido barrio luchando contra la despeatonalización de nuestra Alameda, a favor de que haya espacios públicos que disfrutar, con bancos y árboles; nos hemos encerrado para proteger nuestro querido Huerto del Rey Moro; hacemos un mercadillo 3R, intentando salir de un modelo económico en el que no creemos; establecemos redes de solidaridad y espacios de convivencia; tenemos un fondo solidario para que nuestros niños y niñas hagan todas las mismas cosas, y sus familias devuelven lo que reciben de la comunidad con sus saberes, que son muy valiosos para nosotras; hacemos una fiesta de fin de curso que es la verbena del barrio, bailamos juntas; hemos construido la Red de Ampas del Casco Antiguo y organizado jornadas en defensa de la escuela pública. No hemos parado, las perdices siguen felices y nadie se las come, ni siquiera hemos tenido tiempo de mirarlas.

La tribu se fortaleció hace dos años, cuando las familias empezamos a entrar en las clases mediante la creación de los grupos interactivos. Este año, 10 años después de la ocupación, nos iniciamos como comunidad de aprendizaje. Estamos en la fase de los sueños, soñando el cole que queremos, al que nos dirigimos, sin calabazas, sin carrozas, sin zapatos de cristal, trabajando en intentar vivir felices. Y, colorín colorado, este cuento no ha hecho más que empezar.

ODS, diez años de lucha contra la precariedad y por la defensa de los derechos sociales

Este año se cumple el décimo aniversario de la ODS (Oficina de Derechos Sociales de Sevilla), un colectivo nacido en 2004, de carácter autónomo y formado en su origen por activistas de movimientos sociales, trabajador@s sociales y abogad@s.

ODS

Hace diez años, formamos este colectivo con la idea de crear un proyecto que tuviera continuidad en el tiempo y cierta solidez, después de deambular de un proyecto a otro durante años de militancia. Tras meses de reflexión, decidimos crear la ODS. Los objetivos que nos marcamos fueron la creación de nuevas formas de lucha contra la precariedad, la defensa de los derechos sociales y la conquista de nuevos derechos.

Nuestra práctica es el sindicalismo social, una nueva forma de hacer política y sindicalismo de base que parte desde la autoorganización de colectivos que padecen la precariedad en primera persona: precari@s, emigrantes, obrer@s, jornaler@s, trabajador@s invisibles, con contratos temporales, hipotecad@s de por vida, etc.

La ODS investiga sobre las nuevas formas de organización: se abren asesorías de información legal y social en distintos barrios, se construyen espacios de formación y talleres, se dan clases de castellano como espacios de aprendizaje y encuentro para inmigrantes, se elaboran guías de derechos básicos, se hacen acciones e intervenciones frente a situaciones de vulneración de derechos, se crean espacios comunes entre precarios/as, autóctonos y migrantes, etc.

Durante estos diez años, la ODS ha fomentado iniciativas como la lucha de los sin papeles mediante la creación en 2009 de la primera asociación de inmigrantes sin papeles de Sevilla, la lucha por la despenalización del top manta, la participación en la lucha vecinal desde la Casa del Pumarejo o la plataforma Barrios en Lucha. Asimismo, ha participado en la creación de distintos grupos de mujeres trabajadoras del servicio doméstico cuya base ha sido la cuestión de los cuidados como crítica feminista radical a una sociedad organizada en función de los intereses de los mercados, no de las personas. Gracias a esta lucha desde el año 2006, hoy se ha consolidado una Asamblea de Mujeres del Servicio Doméstico en la ODS.

Queremos destacar nuestra participación en la organización de los May Day de 2005 a 2007: un proceso-evento que tuvo la capacidad de construir espacios de lucha contra la precariedad dentro de un marco político más autónomo y con la participación de sindicatos alternativos.

También queremos mencionar la Caravana por la Libertad de Movimiento, una mani que se celebró en 2005 en las mismas puertas de la frontera sur de Europa, en Ceuta, y en la que pudimos compartir con los compas inmigrantes su vida y realidad.

En el año 2010 realizamos un documental sobre la realidad de la inmigración en Sevilla, titulado Nuevos vecinos en la plaza, que formaba parte del DVD Catálogo de prejuicios de la inmigración.

No queremos olvidarnos de la importancia de participar durante estos diez años en la construcción de un espacio de referencia política para los movimientos sociales: el Centro Vecinal Pumarejo y la Plataforma por la Casa Pumarejo. Hoy día, este espacio está más que consolidado y alberga a numerosos colectivos y proyectos, además de mantener viva la lucha por la Casa Pumarejo.

Por último, destacar que en el año 2011 la APDH reconoció a la ODS con el Premio Anual de Derechos Humanos, algo que nos emocionó y nos ayudó a fortalecer el proyecto.

Hoy la ODS sigue viva y en construcción permanente. Esperamos seguir reinventándonos en los próximos diez años.

El «Pumagma» cumple 10 años

www.pumarejo.es

La lucha ciudadana en defensa de la Casa del Pumarejo empezó en el año 2000. Son muchos los hitos importantes en esta briega, aunque nos centraremos aquí solo en uno de ellos.

Y es que se han cumplido diez años desde que la Plataforma por la Casa del Pumarejo creara el Centro Vecinal Pumarejo como un espacio para la actividad social. Quizá sea la iniciativa más ambiciosa y prolífica de cuantas se han emprendido en pro de y en torno a esta emblemática casa, a través de la cual la ciudadanía ha generado mucho, diverso y valioso procomún.

pumarejo

Situémonos en septiembre de 2003, cuando la plataforma llevaba ya tres años de andadura, centrada en presionar a los responsables públicos con competencias para atajar el mal estado del vetusto edificio y el desalojo que amenazaba a sus vecinas. Hasta entonces, la entidad había abierto el patio a diversas actividades y promovido el Mercadillo Cultural Pumarejo, que aportaba vida a la plaza cada sábado. Pero consideró conveniente dar ya un gran salto en la revitalización de la casa, como pieza clave de su salvaguarda y supervivencia, apostando por la creación en su interior de un espacio para el encuentro y el trabajo de la «cuidadanía».

Así, se ocupa y acondiciona un gran local cerrado desde hacía años, mientras se debate cómo funcionará el futuro espacio de uso y gestión comunitarios. El 8 de mayo de 2004 abre sus puertas el Centro Vecinal Pumarejo.

Inicialmente, el centro es solo el local sito en una esquina del edificio. Pero, al tiempo, se muestra insuficiente para acoger tanta actividad y, además, conviene seguir revitalizando, usando y cuidando una casa con muchos espacios ociosos y abandonados. Toca ampliación: progresivamente, se ocupan, arreglan y abren otras tres dependencias. En una de ellas, que se nombra «Espacio Rosa Moreno» en homenaje a una anciana vecina muy querida y combativa que ya nos había dejado, se instala en 2009 una biblioteca: nace la Bibliopuma.

En estos diez años, el Centro ha acogido, promovido o ayudado a generar una gran cantidad y variedad de actividades, actos y enredos: reuniones de entidades y colectivos, mesas redondas, exposiciones, charlas, talleres, actuaciones, fiestas, encuentros, cursos… Y muchos son los colectivos que ha albergado: Oficina de Derechos Sociales, Liga de Inquilinos, Mujeres Supervivientes de Violencias de Género, Taller de Español, Arquitectura y Compromiso Social, Taller de Costura, Asociación Vecinal La Revuelta, Taller de Italiano, Ecologistas en Acción, Taller de Yoga, Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Moneda Social Puma, MercaPuma…

Desde la Asociación Casa del Pumarejo, la entidad que aglutina ahora la vitalidad del edificio, el futuro que perseguimos para este es que, una vez sea por fin rehabilitado por el Ayuntamiento (que es su propietario único desde hace cuatro años), en su planta alta se habiliten 26 nuevas viviendas sociales, mientras que la baja mantenga la actividad de los establecimientos existentes, y algunos más, así como de los espacios de uso comunitario ya en funcionamiento, cuya gestión ha de seguir a cargo de la propia ciudadanía autoorganizada.

Apuntando hacia esto último, el colectivo logró que en mayo de 2011 el Ayuntamiento acordara reconocer oficialmente la gran labor realizada en pro de este señero edificio y su vida, catalogado como Monumento en 2003 por sus altos valores patrimoniales tanto arquitectónicos como etnológico o «de uso»1 , concediéndole a la entidad por 15 años la gestión de las dependencias de uso social ya en funcionamiento, más una vivienda.

Fuera del convenio firmado al efecto quedaron finalmente los asuntos por los que la asociación realmente había estado batallando durante años con el gobierno municipal: cómo se ejecutarán las obras de rehabilitación, cómo se beneficiará el barrio de dicha actuación, cómo se realojarán mientras las vecinas y comerciantes de la casa… Desde entonces ha sido prácticamente imposible, y muy improductiva en lo concreto, la interlocución con el Ayuntamiento.

La última y elocuente muestra: en julio le planteamos una serie de arreglos urgentes de seguridad y mantenimiento en el muy castigado patio de la casa; aportamos informes técnicos y ofrecimos los fondos, las especialistas y nuestra disposición para acometerlos, aun correspondiéndole ello a la propiedad. Aún esperamos respuesta…

Pero ya abordaremos ese tema otro día.

1 BOJA nº 147 de 1 de agosto de 2003.

Mensajería instantánea libre y responsable

Desde hace unos años, servicios de mensajería como WhatsApp están llevando a la obsolescencia a los tradicionales SMS. Estas tecnologías reciben el nombre de mensajería instantánea (en lo sucesivo, MI) y se caracterizan porque permiten una comunicación escrita en tiempo real.

La MI, especialmente desde su uso masivo en los smartphones, ha modificado nuestra forma de comunicarnos y, por tanto, nuestra forma de vida. Esto no tendría que ser necesariamente negativo si ocurriera «según natura» pero, en nuestra sociedad, estos cambios se estudian, prevén, experimentan y provocan, dentro del proceso de desarrollo del software de MI.

Una mensajería instantánea deseable

La MI sigue un modelo llamado cliente-servidor. Brevemente explicado, muchos dispositivos cliente (smartphones u ordenadores) solicitan y reciben un servicio de un dispositivo servidor (uno o varios ordenadores de gran capacidad), estando de acuerdo en unas reglas de comunicación, que conforman un protocolo. El servidor almacena información de las personas usuarias: contraseña, lista de contactos, historial de conversaciones, etc.

Desde un punto de vista técnico-social se pueden definir cinco criterios deseables en un sistema de mensajería instantánea justo y responsable: (1) el modelo social que adopta la entidad que presta el servicio y sus prácticas: no es lo mismo que nuestra lista de contactos y conversaciones las almacene una multinacional que un colectivo activista, ni apoyar lo primero que lo segundo; (2) libertad para auditar, modificar y reutilizar el código del software y los protocolos: si se usa software libre en cliente y servidor, si los protocolos son estándares, y otras prácticas que nos previenen de los monopolios; (3) las personas usuarias de distintos servicios pueden comunicarse entre sí: esto impide que un servidor hegemónico (con más personas usuarias) nos coaccione para usar sus servicios y no otros; (4) se protege la información frente a terceras personas: mediante mecanismos de cifrado; (5) la información es procesada sin exponer la privacidad de las personas usuarias: se permite ocultar nuestra presencia u hora de última conexión, no se envía al servidor toda nuestra lista de contactos, podemos controlar que otra persona pueda comunicarse con nosotras o no, etc.

Los tres primeros criterios (justicia, libertad e interoperabilidad) son primarios, ya que si no se cumplen, los otros dos (privacidad y seguridad) quedan comprometidos per se.

WhatsApp, Hangouts, Line… Tras la piel del cordero

Al analizar la aplicación de MI más hegemónica del momento, encontramos que se trata de un servicio prestado por una multinacional (actualmente es propiedad de Facebook, en tela de juicio por lo abusivo de sus términos de servicio). Se basa en software propietario, tanto en la aplicación cliente como en el servidor, y usa un protocolo no estándar1. No permite la comunicación con personas usuarias fuera de WhatsApp. Aunque, eso sí, cifra la información. El código no es auditable, por lo que no sabemos exactamente qué hacen cliente y servidor, ni cómo cifran2. Por último, asocia tu usuario a tu número de teléfono, notifica tu presencia a otras personas3 y comunica a toda tu agenda que estás usando el servicio.

El resultado es que WhatsApp no cumple ninguno de los cinco criterios deseables de responsabilidad. Otras aplicaciones como Line o Hangouts se encuentran en un estado similar. Incluso Telegram, que se vende como libre, no es más que una cortina de humo, pues solamente la aplicación cliente es de código abierto. Además, no está gestionada por la comunidad, sino por los hermanos Durov, fundadores e inversores de la red social hegemónica en Rusia (Vkontakte).

Este modelo abusivo no es nuevo, sino que parte de la segunda mitad de los noventa, cuando las empresas empezaron a valorar los beneficios potenciales de la MI, y surgieron servicios como MSN Messenger (Microsoft) y similares, todos basados en software propietario, dependientes de empresas y no interoperables.

Hacia modelos más justos y soberanos de comunicarnos

En el año 2000, la comunidad libre liberó la primera versión de un protocolo estándar de MI llamado XMPP, y en torno a él se empezaron a desarrollar clientes y servidores libres. Actualmente, existen muchos servidores que proporcionan este servicio, interoperables entre sí y en su mayoría dependientes de colectivos, asociaciones y empresas medianamente responsables (RiseUp, SuChat, DuckDuckGo, etc.). También existen clientes libres para prácticamente todas las plataformas de telefonía móvil y ordenadores. Existen también mecanismos de encriptación para garantizar la seguridad y se cuida razonablemente la privacidad (los nombres de usuario no tienen por qué depender del número de teléfono y dejan a la persona usuaria el control de la lista de contactos).

Desde la aparición de XMPP, la única mejora real que han aportado los nuevos sistemas de MI propietarios ha sido una eficiente transferencia de archivos multimedia. La integración con la agenda de los teléfonos móviles, en principio deseable, tiene como principal objetivo contribuir a una difusión vírica de la aplicación y garantizar posiciones hegemónicas al oligopolio de la MI, a costa de nuestra privacidad.

Manos a la obra

A día de hoy, XMPP es la opción que más libertades nos otorga. Eso sí, exige que lo hagamos todo por separado: (1) Crear una cuenta en un servidor libre (www.suchat.org, www.dukgo.com, www.riseup.net); (2) Instalar un programa para conectarnos: Pidgin para Windows o Linux (www.pidgin.im), Adium para MacOS (www.adium.im), Xabber para Android, (F-Droid o Google Play), ChatSecure para Iphone o Android (Applestore o Google Play); (3) Añadir manualmente los contactos, ya que estos no van asociados al número de teléfono.

Para facilitarnos la vida un poco, existe Kontalk, una opción muy parecida a las aplicaciones hegemónicas, pero gestionada por la comunidad libre. Provee cliente para móvil y cuenta con un servidor a través de nuestro número de teléfono. Además, se instala de manera automatizada. En su próxima versión, que aparecerá durante el último trimestre del año, funcionará con XMPP, eliminando así sus barreras de comunicación actuales.

El estándar XMPP permite que cualquier centro social, asociación, mercado social o cooperativa instale su propio servidor de MI e interopere con otros servidores XMPP existentes, garantizando así la soberanía sobre nuestra información y nuestra lista de contactos. O, en su defecto, nos permite delegar el control de nuestros datos a colectivos o entidades de confianza. A pesar de que rara vez una soberanía de recursos estuvo tan al alcance de nuestra mano, seguimos siendo usuarias de WhatsApp, entregándole dócilmente las agendas de nuestros teléfonos y permitiéndoles generar un mapa completo de quiénes somos y con quiénes nos relacionamos. A cualquier gobierno le sería más barato financiar WhatsApp por completo que diseñar un complejo programa de control poblacional a través de mensajería SMS. Como una vez alguien mencionó, lo que George Orwell nunca llegó a predecir es que pagaríamos las cámaras de nuestros bolsillos.

1 El protocolo de WhatsApp se basa en XMPP con ciertas modificaciones no publicadas. A pesar de que técnicamente podría interoperar con el resto de servidores XMPP, Facebook decide estratégicamente mantenerlo aislado.

2 Si el cifrado no ocurre entre los dos usuarios que se comunican no es seguro. Un mensaje que se descifra al llegar al servidor y luego se vuelve a cifrar para enviar al receptor equivale a que la oficina de correos abra nuestras cartas, las lea, y las envíe a su destinatario.

3 Es la opción por defecto, aunque puede desactivarse.

tabla MI ET6

El Gazpacho Rojo

Gazpacho Rojo es un colectivo formado por personas preocupadas ante el panorama agrícola y alimentario, pero sobre todo con muchas ganas de crear y de transformar. Hace algo más de cuatro años que un grupo de personas, todas urbanitas, empezamos a organizarnos. Estábamos preocupadas no solo por el tipo de alimentos que consumíamos, también por lo que hay detrás del circo de la gran distribución y compra de alimentos del sistema agroalimentario globalizado. «¿Qué tipo de agricultura estamos promoviendo con nuestro consumo? ¿Qué impactos tiene nuestra alimentación sobre el planeta? ¿Y sobre el territorio más cercano?». Nos hicimos estas preguntas y quisimos cambiar las respuestas.

Comenzó entonces un camino que seguimos recorriendo, lleno de aprendizajes y alegrías y no exento de frustraciones propias de los procesos colectivos. Empezamos acercándonos a la Huerta de Julián y Mari, situada en la zona norte de Sevilla, donde se encuentran las últimas huertas productivas de la ciudad. Participamos en la construcción de un nuevo modelo de la Huerta junto con El Enjambre Sin Reina. También apoyamos a la Red Sevilla EcoArteSana desde sus principios, una red formada por productor@s y grupos de consumo que apuestan por los canales cortos de comercialización. Poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que se iban consolidando nuestras actividades de consumo y nuestras relaciones personales.

Entonces nos planteamos aquello del «modelo replicable», es decir, hacer del Gazpacho algo que pudiera ser útil también a otra gente que quisiera organizarse. Empezamos a contar nuestra experiencia y a compartir nuestras herramientas. No solo explicando cómo hacemos los pedidos o recogemos las verduras, sino contando cómo el hecho de gestionar una nevera llena de acelgas y calabacines te puede cambiar la vida.

¿Qué tipo de agricultura estamos promoviendo con nuestro consumo? ¿Qué impactos tiene nuestra alimentación sobre el planeta? ¿Y sobre el territorio más cercano?

Actualmente, tenemos 12 cestas de hortalizas que salen fresquitas de la Huerta una vez por semana y que repartimos en nuestro local entre las cerca de treinta familias que conformamos el Gazpacho Rojo. Desde los inicios, nos propusimos adquirir un compromiso con las personas que trabajan en la Huerta, garantizándoles la compra de cestas semanales y proponiendo un vínculo de confianza a partir del cual queríamos tejer nuestra relación. Queríamos garantizar a los productores/as un salario digno, la viabilidad del proyecto y participar en la planificación de la Huerta. Por supuesto, el compromiso y la confianza han sido mutuos. La comunicación es sencilla, ya que cada semana algún integrante del Gazpacho nos trae las novedades de la Huerta al reparto, junto con las lechugas y los ajetes. Además, cada temporada recibimos las «crónicas hortelanas» que narran las experiencias vividas por l@s hortelan@s a pie de huerta. Las decisiones importantes se toman entre todas las personas que forman parte del proyecto, ya sea produciendo o consumiendo, en asambleas que nos reúnen cada seis meses.

Compartiendo los beneficios y los riesgos de la Huerta, sentimos que este proceso nos ha enriquecido a muchos otros niveles. Nos ha enseñado a pensar en colectivo, a unir fuerzas, a entender otras posturas y a tomar decisiones de manera participativa. Los pocos kilómetros que separan la Huerta de nuestros hogares han ido forjando un largo camino de aprendizajes, afectos y cambios —en lo individual y en lo colectivo—, pero también en nuestra forma de entender nuestro entorno más cercano. Nos hemos aproximado a una realidad que estaba muy cerca físicamente, pero que muchas veces desde la ciudad parece lejana: el origen de nuestra comida y el mundo de quien la produce. Nos hemos seguido haciendo preguntas y cambiando poco a poco los hábitos. Cocinar con lo que da la huerta implica cambios en nuestras compras. Sin darnos cuenta, dejamos de echar de menos los tomates durante el invierno y pasamos a celebrar la llegada de los primeros brócolis. Intercambiamos recetas, recuperamos los saberes de nuestras abuelas (¿cómo se cocina un hinojo?) y hay quienes, regalando excedentes a las vecinas, han mejorado la convivencia en el bloque. Este cambio de conciencia, que empezó con una cesta de verduras, no solo ha cambiado nuestra relación con la comida, sino que nos ha llevado a replantearnos nuestro consumo en general y a plantearnos cuestiones como cuáles son nuestras prioridades de vida y qué cambios tanto personales como colectivos necesitamos hacer para conseguirlas.

Intercambiamos recetas, recuperamos los saberes de nuestras abuelas y hay quienes, regalando excedentes a las vecinas, han mejorado la convivencia en el bloque

Las verduras y la Huerta forman parte de nuestra cocina pero también de nuestras conversaciones, encuentros y quehaceres cotidianos. De la mano del Gazpacho, hemos tenido la oportunidad de conocer a otras personas, colectivos, grupos de consumo e iniciativas con las que se han ido forjando lazos que creemos que, de alguna manera, fortalecen un tejido social cada vez más amplio y diverso, que intenta construir un nuevo modelo de sociedad en el que sean las personas y la vida las que están en el centro.

Y así, desde las cocinas y desde las calles, hacemos el Gazpacho Rojo, pensando y sintiendo aquello de que «comiendo también se lucha».

Más info: http://www.gazpachorojo.org/

Lo cotidiano es político

[…] Te despiertas con el sonido de fondo de una reposición de un programa de Radiópolis. No sabes cómo, pero llegas a la ducha y comienzas a pensar tu día mientras te enjabonas con un champú de esos que hacen poca espuma. Es martes. Destender la ropa. Recoger la cesta de verduras. Hoy me toca cuidar a mi «sobrino». La asamblea de la Andanza se ha vuelto a cambiar de día y te coincide con las verduras. Sales de la ducha, te vistes y desayunas una tostada de pan ecológico —que has comprado a una panadera local— y aceite del Mercado Social (¿este era de La Rendija o de Casa Cornelio?). Sales de casa para currar. Por el camino te cruzas con caras dormidas pero conocidas, que te saludan a tu paso. De nuevo apareció la pintada en el callejón de Divina Pastora: «Machete al Machote» (el viernes hay concentración contra la reforma de la ley del aborto). Llegas a San Luis con sus puñeteras obras (¡qué fresquita está a la calle cuando no hay asfalto!). Llegas al curro. […]

Comenzando

Esta descripción puede que sea un tanto idealista. Puede también que, con matices, se acerque bastante a la cotidianidad de algunas personas que leen este artículo. «Cotidianidad» son aquellas acciones que discurren en la vida diaria de las personas. Hechos, acciones o prácticas que ocurren de forma recurrente pero que no por ello dejan de tener una importancia trascendental para comprender los imaginarios sociales y políticos de las personas que los realizan. A través de las experiencias cotidianas se configura el espacio público, se hace la calle, se construye barrio, ciudad, territorio. Lo cotidiano se torna importante, también, porque el propio contexto socio-económico y político lo ha mercantilizado y precarizado, convirtiéndose en un ámbito que reconquistar. Así pues, este artículo se cuestiona por qué es necesario politizar las acciones cotidianas y habla de algunas experiencias activistas que lo hacen. Por otro lado, se pregunta por qué la problemática de la sostenibilidad se ha convertido en el nuevo eslogan del capitalismo neoliberal, y reflexiona sobre las aportaciones que realizan estos activismos a ese debate. ¡Vamos a ello!

Mercantilizar la cotidianidad, precarizar la vida

La progresiva conquista por parte de las lógicas mercantilistas de todos los ámbitos de la vida cotidiana es un hecho. El neoliberalismo, como proyecto político que es, se apropia de la esfera pública mediante la articulación de tres cuerpos institucionales fundamentales: el Estado, el mercado y la ciudadanía1. Así, mediante las presiones que ejerce sobre el Estado, consigue que este moldee a la ciudadanía de acuerdo con las lógicas del mercado. Pero el neoliberalismo también se ha apropiado de la esfera privada. De hecho, el proceso de acumulación capitalista se ha realizado a costa de los trabajos invisibles necesarios para el mantenimiento de la vida, que mayoritariamente han sido, y son, realizados por mujeres2. El ámbito ambiental tampoco se ha librado del proceso de neoliberalización. Se pueden identificar cuatro mecanismos que el capitalismo pone en marcha para verdearse3: (1) limpiar la imagen de las tradicionales formas de explotación capitalistas cuestionadas por sus impactos sociales y ambientales —usando la tecnología como el nuevo paradigma de modernización ecológica—; (2) concebir nuevos modelos de crecimiento económico y así mantener vigente el paradigma del desarrollo —por ejemplo, creando mercados por la reducción de la contaminación—; (3) acaparar una mayor cantidad de recursos naturales y servicios ambientales para la reproducción del capital —sobre todo para las corporaciones—; y (4) apaciguar, invisibilizar o atomizar la protesta social y la resistencia ligada a las luchas por el agua, la soberanía alimentaria, la diversidad y la defensa del territorio.

Así pues, el proyecto político del capitalismo neoliberal desarrolla una forma de poder que pretende establecer mecanismos de control totales, cercando la vida por los cuatro costados4. Mecanismos de control que afectan tanto a los cuerpos físicos —no es casualidad ahora el proyecto de la reforma de la ley del aborto— como a los cuerpos sociales —ordenanzas cívicas por ejemplo— o a los territorios en los que habitamos. Mecanismos que afectan a los instrumentos formales disciplinarios —las leyes, por ejemplo—, pero que también se cuelan en estructuras informales —los hábitos, las costumbres, los hechos cotidianos—. Es en este sentido que considero necesario reconquistar las esferas que el capitalismo ha invadido. Asumir esta invasión sin más, es perpetuar el metarrelato que naturaliza la propia existencia del capitalismo como sistema único, universal y eterno. Así que, mientras conquistamos el Parlamento y el Congreso —que, por lo visto, parece que ahora sí que podemos—, ¿por qué no reconquistar también nuestra cotidianidad?

La cotidianidad como un dispositivo político

Existen una serie de experiencias de activismo que pivotan entre estrategias de resistencia y protesta, y estrategias basadas en experiencias prácticas. Estas experiencias prácticas pretenden ensayar formas de cotidianidad diferentes a las que propone el sistema capitalista neoliberal. Hablamos de formas de organización colectivas en diferentes facetas de la vida cotidiana a las que, de alguna manera, se les atribuye una significación política. Por aterrizar la cosa, me refiero a grupos de consumo —como Gazpacho Rojo, por citar uno de tantos—, a grupos de crianza —como La Pelícana—, a monedas sociales —como el Puma—, a bancos del tiempo —como el de El Ecolocal, a mercados sociales —La Rendija, Casa Cornelio—, a colectivos feministas —Setas Feministas, Mujeres de Negro—, pero también a espacios ocupados —como el Centro Vecinal del Pumarejo, el Huerto del Rey Moro, o el CSOA Andanza— o espacios que, sin necesidad de pasar por la ocupación, están ensayando nuevas formas de generar común —como puede ser Tramallol—.

Los ejemplos que traigo no están exentos de contradicciones. Las contradicciones propias con las que nos encontramos en nuestra vida cotidiana. Solo por citar una, negar que perviven actitudes patriarcales machistas en muchos de nuestros espacios supuestamente liberados sería, además de incierto, peligroso. Sin embargo, considero que estas experiencias son dispositivos políticos radicales, en tanto que van a la raíz de nuestras acciones diarias, al centro de nuestra cotidianidad. Con respecto al debate de la sostenibilidad, cabría plantearse qué aportan estas formas de activismo. A priori, parecen ser el caldo de cultivo para cuestionar los mecanismos que el capitalismo verde comienza a desplegar. Presentan un potencial de enorme valor porque son espacios y experiencias en las que: (1) se propicia la autoorganización colectiva; (2) se promueve cambiar lo no deseado, transformar —algunas de forma más o menos explícita—; (3) se aprende a vivir con lo diverso — aunque hay experiencias más abiertas que otras—; (4) se ensayan y proponen acciones concretas y multidimensionales —sociales, económicas, ambientales— para un sistema en crisis; (4) se genera un conocimiento basado en la práctica que después es utilizado para reteorizar conceptos; (5) se dibuja una red de afectos, de apoyo mutuo.

Está claro que la cotidianidad es solo una escala más en la que desarrollar propuestas que subviertan las dinámicas del capitalismo neoliberal. Hay otras, importantes y necesarias. Sin embargo, lo cotidiano tiene un alto potencial para la transformación social. Es un contexto idóneo para repolitizar los aspectos que la democracia representativa ha pretendido alejar. Acerca la política, la baja del atril, la lleva al mercado, a las relaciones personales, a la comida, al barrio, al día a día.

Es martes. Destender la ropa. Recoger la cesta de verduras. Cuidar a mi «sobrino». Lo cotidiano es político.

1Wacquant, Löic. 2012. Three steps to a historical anthropology of actually existing neoliberalism. Social Anthropology 20, 66–79.

2Herrero, Yayo. 2011. La centralidad de los cuidados, las mujeres y la sostenibilidad. En Cambiar las gafas para mirar el mundo. Una nueva cultura de la sostenibilidad. (Eds) Y. Herrero, F. Cembranos & M. Pascual, 181–200. Madrid: Libros en acción. Ecologistas en Acción.

3Rodríguez-Panqueva, D. 2011. Capitalismo verde, una mirada a la estrategia del BID en cambio climático. (L. M. Navas-Camacho, Ed.) Censat Agu. Bogotá, Colombia.

4Hardt, M., & Negri, A. 2002. Imperio. Paidós estado y sociedad; 95 (p. 432).

Semana de Lucha Social 2014:

De la Indignación a la Acción

La Semana de Lucha Social_SLS es una iniciativa que desde hace años aglutina acciones y espacios de reflexión conjunta de activistas y movimientos sociales de la ciudad de Sevilla. Su objetivo principal es visibilizar las distintas luchas sociales que se desarrollan en esta ciudad y potenciar el apoyo mutuo y la colaboración entre distintos colectivos y barrios que trabajan en ella.

Fue hace tres años, en mayo de 2011, cuando asistimos por última vez a una SLS en nuestra ciudad, coincidiendo casualmente con el surgimiento del movimiento ciudadano 15M. Desde que «la revolución nos pasara por lo alto», se ha vivido una importante transformación social. Tanto los colectivos ya existentes como los surgidos desde entonces hemos aprendido y desarrollado antiguos y nuevos modelos de organización. La incorporación de un buen número de nuevas activistas de diversa procedencia a estos movimientos ha generado un proceso de reorganización de las mismas y ha demostrado su capacidad para evolucionar.

Entendíamos, por tanto, que era necesario en este momento generar un espacio de coordinación que, en torno a un evento concreto, nos permitiera comenzar a tejer nuevas redes de colaboración entre los diferentes espacios. De esta manera, la expansión del movimiento experimentada en los últimos años podría redundar en el refuerzo de las estructuras de coordinación y cooperación.

Finalmente, un total de 30 colectivos, entre los que encontramos asambleas barriales del 15M, mareas y plataformas ciudadanas, colectivos feministas, antifascistas, de solidaridad internacional, ecologistas, sindicatos alternativos, centros sociales, medios de comunicación social, etc., han respondido a esta invitación y han trabajado conjuntamente durante cinco meses para la organización de la Semana de Lucha Social 2014.

Bajo el lema «De la Indignación a la Acción», hemos decidido unirnos y denunciar cómo privatizaciones y recortes, desahucios y deuda ilegítima, corrupción y rescates, leyes mordaza y del aborto, represión legal y policial… son todas caras de una misma estrategia de las clases dominantes: la de la dinamitación de las garantías sociales, derechos y libertades conseguidas por los trabajadores y trabajadoras a lo largo de muchos años y que hasta ahora entendíamos como irrenunciables.

Una gran cantidad de actividades han sido organizadas en diferentes puntos de la ciudad en torno a diversos ejes temáticos. Se ha hablado de autogestión en el ya desalojado CSOA Sin Nombre, y también en las inauguraciones de los nuevos centros sociales de La Soleá, en San Pablo y de la Calle San Luis 40 (¡un desalojo, otra ocupación!). La renta básica como derecho humano universal fue tratada en el eje de economía junto a la dictadura de la deudocracia. En el eje de feminismos, Perras Silvestres presentó el documental Voces Insumisas. La marea verde y USTEA le dieron un repaso a la LOMCE. La Oficina de Derechos Sociales acompañó al Colectivo de Mujeres Empleadas del Hogar de Sevilla en el pasacalles organizado por los colectivos de Macarena Norte contra la precariedad. De la mano de Ecologistas en Acción, tuvimos la ocasión de conocer los conflictos medioambientales de Sevilla, invisibilizados en su mayoría. Se generó un espacio para la comunicación social donde tres medios comunitarios locales —Radiópolis, Diagonal Andalucía y El Topo— hablaron del derecho a la comunicación social, junto a una integrante de la radio comunitaria La Tribu de Buenos Aires. También SODEPAZ formó parte del eje de comunicación haciendo un análisis revelador de la contrainformación sobre Cuba y los países del sur. Además, en estos momentos en los que muchas de las leyes que nos azotan parecen salir directamente de la sacristía, tuvimos la oportunidad de disfrutar de una mesa redonda en torno al «Estado laico», tema con una carga simbólica especialmente importante en esta ciudad.

Y después de toda esta rica actividad, el jueves 1 de mayo se celebró la manifestación unitaria de los sindicatos alternativos —amenizada por un colorido Akelarre Feminista—, que ponía el culmen a ocho días de intenso trabajo y encuentros.

Entendemos que la Semana de Lucha Social representa una herramienta más para la reflexión conjunta y el trabajo coordinado de los movimientos sociales de la ciudad. Tras su evaluación y análisis, los colectivos organizadores hemos acordado crear un espacio de articulación y apoyo mutuo que nos permita la elaboración de estrategias conjuntas y la construcción colectiva de una agenda social emancipadora. Allí os esperamos.

Gansa VC subasta lo público

14-2 PRESENTANDO REALIDADES SUBASTA-web

En 2004, Rosario Piudo —de 87 años— fue desahuciada de su casa, en la plaza de la Encarnación, 5. Debía 39 euros al casero. Quiso pagar la deuda, pero el propietario se negó. El inmueble se expropió en 2007 para convertirse en vivienda pública destinada a situaciones de emergencia.

Diez años después, el Ayuntamiento especula con el edificio cediéndolo al mejor postor.

El 23 de abril, la misma plaza se llena de unos visitantes peculiares. Con los bolsillos llenos —eso hacen creer— participan ansiosos del espectáculo que ven ante sus ojos. Lo público se vende. Se vende barato. Se vende con gente, sin gente, rehabilitado, histórico, se vende vivienda, ¡hasta una comisaría se vende! Se subasta la Giralda y la compran. El Palacio de San Telmo, las Naves del Barranco… hasta las Setas, que pueden contemplar —insulsas y declinando— desde sus mismas sillas. Señoras de bien declaran el morbo que les da ponerle precio a la vida y las historias que otras mujeres dejaron, transpirando, en esos muros. Señores de corbata imposible compran la Casa del Pumarejo para hacerse una piscina.

Última joya: el mismito edificio donde vivió Rosario Piudo. Precio final: 1.000.039 €.

El derecho a la comunicación social en la Semana de Lucha Social sevillana

Tres medios ciudadanos citados en el recién ocupado CSO Andanza. Tres iniciativas integradas en el Foro de Educación, Comunicación y Ciudadanía para charlar sobre el derecho a la comunicación social.

La primera duda alada que me cruza el entrecejo es saber en qué consiste este derecho. Y surgen otros interrogantes. ¿Por qué nos sumergimos en la ardua tarea de ejercer un derecho supuestamente reconocido en nuestra vacía Constitución a través de iniciativas horizontales? ¿Realmente existe un derecho a la comunicación sobre el papel de boletines oficiales? ¿Existe ese derecho hasta que no se incrusta en las necesidades básicas de nosotras, las personas, como un alarido necesario y vital? ¿Leemos, escuchamos lo que hacen otras compañeras? ¿Nos tomamos el tiempo necesario de compatibilizar ese límite impreciso entre coherencia, cuidado de los procesos y expansión de los proyectos de comunicación? ¿Debe marcarnos los ritmos la Administración ante supuestos avances legislativos que posibiliten afianzar ese derecho? ¿Y para qué?

El Topo, periódico tabernario bimestral. Diagonal, periódico quincenal. Ambos en papel, ambos huelen a tinta y a artesanía, y a prensa de la que da gusto leer porque ahonda desde los enfoques libertarios. Radiópolis, radio comunitaria entretejida con las manos de muchas socias que agarran un micro y alzan sus voces y cuentan el cuento exactamente como les dictan sus inquietudes, sus pálpitos, y quieren lanzarlos a las ondas confiando en que haya oyentes que se hagan cómplices al otro lado, y se provoque una voz al unísono que sume, no se sabe qué, pero que sume.

Laura, compañera que nos visita y que viene de una radio comunitaria bonaerense, habla del proceso participado y debatido de la ley audiovisual argentina de los tres tercios.

Finalmente, por derivas nutricias, nos disfrutamos hablando de los cuidados en esos proyectos donde queremos expresarnos. Y me quedo con eso, con los cuidados, con sacarlos a la palestra y exorcizarnos y querernos. Si, definitivamente tenemos el derecho, es nuestro.

Contra la precariedad de la vida, lucha social

El sábado 26 de abril por la mañana, el Colectivo Macarena Norte, junto a las compañeras del Colectivo de Mujeres Empleadas del Hogar de la ODS y la gente de la marea verde contra la LOMCE de Sevilla, salimos de pasacalle por los barrios obreros de la Macarena. No es habitual que entre estos bloques se escuchen otros gritos que no sean los de «¡¡Goool!!». Y, menos aún, con un llamamiento a la unión de clase entre nativos y emigrantes, con una perspectiva de género ineludible y, en definitiva, en contra de la precarización de nuestras vidas. Disfrutamos.

Tras pasear 2 horas por nuestras calles en un ambiente festivo y combativo con música, con lectura de comunicados e intervenciones espontáneas, llegamos al colegio San José Obrero donde la marea verde —con un teatrillo— y las Mujeres Empleadas del Hogar —con una charla—, plantearon sus reivindicaciones más concretas. Después de la comida popular se dio por concluida la jornada por la escasísima asistencia a la charla antifascista programada.

Nuestra valoración es muy positiva: si bien no pasamos de medio centenar, el ambiente fue muy bueno, la gente en general se paraba y recibía bien los mensajes dejando claro lo oportuno y necesario de llevar la crítica política a los barrios. El centro ha de ser una caja de resonancia, pero si no llevamos la lucha a nuestras plazas no saldremos de la autocomplacencia militante.

Gracias a lxs que estuvisteis, a lxs que quisisteis y no pudisteis (no bebáis tanto), y ánimo a todxs en la lucha todas las semanas del año.

Con el coño en lo alto y medias de rejilla

14-15 COÑOINSUMISO-web

La Hermandad del Sagrado Coño Insumiso a la Explotación y la Precariedad meció a su virgen el pasado 1 de mayo por las calles de Sevilla a ritmo de trompeta y tambor. El paso fue alzado por costaleras ataviadas con capirotes de diferentes y vivos colores que destacaban entre el luto de la comitiva que retocó su vestimenta con mantillas, flores, medias de rejilla y chapas reivindicativas.

Así engalanadas, procesionaron festejando su carácter diverso: «somos incorrectas, tenemos pelos, bigotes, michelines, granos, arrugas, manchas, y amamos nuestro cuerpo». Y se manifestaron insumisas a un sistema capitalista que señalan como «asesino, heteropatriarcal y racista». En sus cantos y sus consignas recordaron que este se sustenta en la invisibilización absoluta de los trabajos domésticos y de cuidados, y en la desvalorización del trabajo remunerado de las mujeres.

Haciendo un acto de apropiación y subversión de los códigos y prácticas de los estamentos que pretenden convertir la vida y los cuerpos de las mujeres en mercancía, algo más de un centenar de mujeres se hicieron oír, en este acto, reafirmándose como «sujetos políticos con voz, agentes de cambio con poderío, fuertes y libres».

Esta iniciativa, a la vez que un posicionamiento político enmarcado dentro de la Semana de Lucha Social de Sevilla, ha pretendido ser un reconocimiento al compromiso y a la creatividad de las compañeras de Málaga, quienes, festejando el 8 de marzo de este mismo año, salieron a la calle procesionando por primera vez su Coño Insumiso.  

10 años de Huerto del Rey Moro

Hay experiencias personales y colectivas que proceden o se gestan —en ocasiones, inconscientemente— en procesos previos. A su vez, son motivación de otras experiencias que siguen enriqueciendo nuestros procesos colectivos e individuales. El Huerto del Rey Moro, 10 años después, constituye una experiencia que responde a ambas categorías.

Conocimos su existencia casi por casualidad. El hallazgo se produjo embebido en el laborioso proceso de reivindicación y lucha social que desde hace años ha consolidado una férrea identidad de la movilización social sevillana.

En la zona histórica, este escenario de movilización social provenía de una amalgama de grupos y personas que andaban trajinando. Algunos de los procesos a destacar fueron la movilización contra el parking de la Alameda, aún de actualidad, y los desmanes de los planes Urban, un proceso sistemático de especulación de viviendas que provocó la indignante expulsión de una importante red social de vecinos y vecinas que habían nacido en esta zona.

En este contexto, tras las ocupaciones y la puesta en marcha de la Casa del Pumarejo y de Casas Viejas, este movimiento encontró un solar de 5000 m² en pleno barrio de San Julián, entre las calles Sol y Enladrillada. Tenía un arbolado de buen porte y, junto a la Casa del Rey Moro, estaban declarados como Bien de Interés Cultural.

La zona norte del casco histórico siempre había carecido de espacios públicos y verdes de calidad. Se había impuesto la invasión de los coches y de los veladores en las plazas. Este espacio ofrecía una magnífica posibilidad para disfrutar del mayor espacio público no construido en esta zona tras la Alameda de Hércules.

Se convocó una reunión con asociaciones y colectivos de todo signo social y político de los barrios de alrededor, a madres y padres de los colegios del área y a toda persona interesada en conocer este espacio y estudiar su situación legal y administrativa para ver cómo aprovechar su potencial. Hacían falta objetivos comunes, táctica y estrategia.

Un grupo de 10 a 15 personas empezó a reunirse periódicamente en el Centro Cívico de San Julián. Descubrieron que el Huerto del Rey Moro (HRM) era propiedad municipal; pretendían construir viviendas según el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU); y alicatar como espacio público un minijardín y pequeños equipamientos.

Teniendo en cuenta que existían miles de viviendas abandonadas solo en el centro de Sevilla y que no existían espacios públicos ni intención de generarlos desde la administración, este grupo de personas constituyó la Asamblea de Amigas del Huerto del Rey Moro «La Noria». Se convirtió en un espacio asambleario y participativo abierto a toda persona interesada en reivindicar el HRM como un espacio público de ocio y esparcimiento al grito de: «¡¡Espacio público pa´l barrio!!».

Así comenzó una prolija actividad de difusión de la existencia del espacio y su potencial, incluso a la Administración Pública, que culminó con la ocupación simbólica del espacio el 15 de febrero de 2004 y la celebración de una comida popular. Fue una ocupación simbólica porque el espacio estaba vacío, solo lleno de naturaleza tranquila y ausencia de humanidad latente. Era un espacio de disfrute libre de coches, pero había que lucharlo.

El HRM se podía disfrutar con actividades puntuales: comidas populares, cine de verano, jornadas arqueológicas o alguna actuación. Pero algunas personas del vecindario pensaban que eran una serie de okupas haciendo lo que querían cuando querían y que el ayuntamiento, mientras, no hacía nada.

Con la intención de que el espacio tuviera otras actividades más cotidianas y de facilitar otra percepción del vecindario más suspicaz, se propuso a los colegios la creación de unos huertos escolares en el HRM. Esta actividad permitiría que el espacio estuviera a diario abierto a la juventud y la infancia.

Así se dio a conocer el espacio a la juventud y las familias que se entusiasmaban con la sorpresa de un espacio verde, semisalvaje y espectacular en pleno centro de Sevilla. Allí había unos pequeños huertos escolares y los jipis okupas hacían unas paellas gigantes con fuego y tó.

Como consecuencia, familiares de la juventud participante en los huertos se interesaron por tener un pequeño bancal en el HRM. La Asamblea aprobó facilitar huertos para unas 6 familias, con la premisa de que fueran participativos y autogestionados. Solo los huertos escolares contaron con un convenio entre las AMPAS, Ecologistas en Acción y el área de Participación Ciudadana.

A pesar de la consolidación en el disfrute, uso y reivindicación del espacio por parte de una ciudadanía diversa y responsable, el proceso de especulación pública y privada de esos años seguía devorando implacablemente todo solar que generaban a través del urbicidio.

Así, la Junta de Andalucía (JA) y el Ayuntamiento de Sevilla intentaron, como en otras ocasiones, iniciar un proceso de desenfoque y enturbiamiento de la realidad. Confundiendo las relaciones que debían tener con la ciudadanía. Argumentaron que no se podía hacer lo que nosotros quisiéramos y blablablá.

Esto produjo la ocupación de la oficina del Área de Rehabilitación Concertada (ARC) de la JA por parte de familias, incluyendo niñas y niños, perros y bicicletas, en protesta por la postura inamovible y unilateral de la Administración, tras lo cual desestimaron sus intenciones y desaparecieron. «O lo que yo diga, o al cajón», como dijo el director del ARC.

Visto lo visto, y ante una inusitada demanda de nuevos huertos, se abrió la participación a un mayor número de vecinas y vecinos en la autogestión del espacio. Se presentaron unas 70 personas. Este momento marca la mayor intervención vecinal, con una ocupación de unos 1200 m² y un desmadre de asambleas, dimes y diretes en todos los tonos y maneras, gestación de amistades eternas así como rencillas y enemistades que el tiempo y el espacio han sabido disipar.

Era el quinto aniversario de la ocupación y la asistencia de amigas y amigos del HRM fue masiva: más de 2000 personas. La Asamblea del HRM estaba presente en la Coordinadora de Barrios en Lucha, en la Plataforma de Huertos Urbanos y en otros procesos de movilización, articulación y coordinación de recursos ciudadanos. En cinco años, el HRM se había convertido en un nuevo brote del proceso de movilización y acción ciudadana que necesita de atención y acción constantes para no sucumbir.

Cinco años después, la riqueza y complejidad de lo allí acontecido se ha reflejado en múltiples tesis, proyectos y trabajos. Poco queda de aquel espacio vacío inicial, de aquel potencial silencioso y a la espera. Hoy es un espacio familiar, pues han sido las familias gestadas en estos diez años las que han llenado diariamente de vida y cuidados este espacio, que sigue enriquecido por la participación y colaboración ciudadana implicada responsable y coherente.

Confiamos en que otras experiencias y procesos sigan aconteciendo y enriqueciendo nuestra vida y las posibilidades de las ciudades como espacios de convivencia. Felicidades a todas las personas que de una u otra forma participan o han participado del HRM, generando un proceso horizontal y abierto que ha permitido construir uno de los espacios públicos más singulares que conocemos.

¡Volviendo al Mercado!

Un edificio no es un espacio acotado por cuatro paredes, al igual que un ser humano no es un conjunto de células. No es solo vigas, ladrillos y hormigón; todos los edificios tienen algo detrás: una vida, una historia… Os queremos hablar de un edificio que para mucha gente había pasado completamente desapercibido y que desde nuestra asociación estamos intentando que vuelva a tener vida y que siga con su curiosa historia.

Aparentemente, el edificio del Mercado Cruzcampo estaba abandonado, pero no era así. «El frutero» resistía cual aldea gala ante el asedio de las tropas romanas. Miguel Ángel, que así se llama el frutero, estaba ya algo cansado de que vinieran gente de uno y otro partido político a hacerle promesas que siempre quedaban en nada. El resto de los placeros habían terminado dejando el Mercado por culpa del estado de abandono en el que lo tenía el Ayuntamiento, pero él quería permanecer allí porque aquel negocio había sido de su padre y ese era su lugar.

Nuestra asociación, Descentrados, acababa de nacer con la intención de devolver la cultura a los barrios. De ahí el nombre de Descentrados, no es porque estemos algo loquit*s (que también).  Ya que la mayoría de los espacios y actividades culturales se encuentran en el centro de la ciudad, creímos buena idea buscar la rehabilitación de espacios abandonados de una manera participativa, sirviendo de unión entre tod*s l*s interesad*s en darle un nuevo uso.

El  Mercado Cruzcampo nos pareció un sitio ideal para comenzar con nuestra labor. Con las encuestas en mano y muchas ganas fuimos por el barrio a preguntar a todo el mundo. Much*s vecin*s (sobre todo l*s más jóvenes) ni siquiera conocían el mercado pero tenían muchas ideas  acerca de lo que se podía hacer allí: una biblioteca, talleres para personas mayores, actividades culturales, usos sociales, pequeños comercios locales… 

Un edificio público no debe ser un coto privado del Ayuntamiento. L*s vecin*s son l*s que van a darle uso y por tanto deben poder decidir qué se hace en ellos. Descentrados actuó como ente aglutinador de todas las opiniones de vecin*s, asociaciones y comerciantes de la zona, pero para conseguir que la gente opinara teníamos que lograr que conocieran el Mercado y por eso comenzamos a realizar actividades alrededor de él.

Las actividades que hemos hecho desde marzo de 2012 han sido variopintas, algunas con más éxito y otras con menos: desde una exposición fotográfica de los vecin*s del barrio empapelando el Mercado (dentro del proyecto internacional InsideoutProject) a un modesto cine de verano, pasando por conciertos de flamenco o jazz, actividades para niños pequeños, un partido de fútbol con reglas absurdas, etc. Todo ello, para qué nos vamos a engañar, ha hecho que nos encariñemos con el Mercado, ya no solo es un edificio: nos parece un lugar entrañable y único.

Parece ser nuestras acciones no pasaron inadvertidas para el Ayuntamiento. Un día recibimos la llamada de una comisión del distrito que se había creado para tratar el tema del Mercado Cruzcampo invitándonos a exponerles nuestras ideas. El encuentro fue bastante decepcionante al comprobar que la información que recibimos en la comisión por parte del Ayuntamiento era bastante reducida. Al parecer, la titularidad del Mercado era de una empresa llamada La Vizcaína, que disponía de una concesión de 50 años, hasta 2014. Desafortunadamente, era imposible contactar con los dueños de dicha empresa porque hacía años que había desaparecido. Sin embargo, nuestras pesquisas detectivescas (usamos Google) nos llevaron a descubrir que en realidad la concesión terminaba en enero de 2013 y que no era tan difícil dar con el paradero de los dueños de La Vizcaína, a los que llamamos por teléfono. Cuando descubrimos todo esto intentamos convocar una nueva reunión de la comisión pero descubrimos con estupor que ya no éramos bienvenid*s.

Como el Mercado ya era titularidad del Ayuntamiento de Sevilla, nuestro siguiente paso fue interesarnos por abrir un puesto en él de manera simbólica y apoyar al único comerciante que quedaba allí. Nuestra sorpresa fue que era imposible pedir un puesto. El Área de Consumo ni siquiera consideraba ya a nuestro querido Mercado Cruzcampo como un mercado de abastos más de la ciudad. Tras una desagradable entrevista, la responsable de Consumo nos transmitió que ese Mercado estaba abandonado porque nadie del barrio lo apreciaba y porque desde hacía años nadie había solicitado puestos en él.

A las pocas semanas, a través de una acción en la calle, recibieron unas 20 solicitudes de vecin*s de la zona para un puesto que, por supuesto, fueron rechazadas.

Después de un gran trabajo participativo que ha durado más de dos años, empezamos con la elaboración de un proyecto (perfectamente adaptable y modificable) que recogiera las necesidades y propuestas del barrio. El proyecto se centra en tres pilares fundamentales:

– La creación de la Plataforma Mercado Cruzcampo que gestione el uso del espacio y participe en el proceso de rehabilitación. Estará formada por asociaciones, comerciantes y vecin*s interesad*s en el proyecto.

– La adaptación del espacio para un triple uso: comercial, social y cultural. Un pasillo mantendrá la distribución actual de puestos para la parte comercial. Otro pasillo será convertido en una gran sala polivalente de formación y talleres. Una tercera ala será habilitada para exposiciones, biblioteca, sala wifi, etc. El espacio central se aprovechará para la colocación de una tarima-escenario. Todos estos espacios podrán independizarse o unirse según la necesidad.

– Una financiación diversificada, que aúne fondos públicos, patrocinios privados, colaboraciones, escuelas taller, etc.

Tras la presentación del proyecto a l*s vecin*s, queremos mostrárselo al Ayuntamiento de Sevilla, que al fin y al cabo es quien tiene que ceder el espacio para su rehabilitación y quien tiene la obligación de implicarse con l*s vecinos en este proyecto. Para ello lo hemos subido a la nueva plataforma web (1) que ha creado el Ayuntamiento y que permite a cualquier ciudadan* presentar propuestas. L*s vecin*s del distrito San Pablo–Santa Justa pueden consultar y votar por las propuestas que les resulten más interesantes. La propuesta más votada de cada mes podrá ser presentada en el próximo pleno de la Junta Municipal del Distrito. Entre tod*s, una ciudad mejor es posible.

Descéntrate… ¡si te atreves!

Mercaos Sociales –

Transformación Social desde el Consumo

Un nuevo tejido socioeconómico se está abriendo paso en Andalucía y, en particular, en Sevilla. Esto está sucediendo al margen de las grandes superficies comerciales, las enormes cadenas de supermercados y las redes de franquicias internacionales. Una forma diferente de entender la relación entre las personas productoras y consumidoras, cuyo objetivo compartido es la creación de redes que permitan cubrir una parte significativa de las necesidades de sus participantes desconectando así la economía real doméstica de la economía capitalista en la medida de sus posibilidades.

En estos espacios la ciudadanía puede ejercer su opción de consumo, apoyando a iniciativas de economía libre y solidaria, además de a empresas de inserción que proponen bienes y servicios con compromiso social.

Hablamos de los Mercaos Sociales andaluces. Proyectos que han surgido principalmente en el último año en diversos rincones de la comunidad y que se inspiran en otros que ya llevan décadas funcionando, como por ejemplo las cooperativas de consumo como La Ortiga (1). La Tejedora (2), pionera de los Mercaos Sociales, nació en diciembre de 2011 en Córdoba. Otras iniciativas similares han ido surgiendo después gracias a la energía de las personas que la constituyen y las ganas de compartir su proyecto.

Actualmente, en la provincia de Sevilla existen tres Mercaos Sociales (MS en adelante):

Estos proyectos, aunque diversos e independientes entre sí, comparten una serie de objetivos y criterios que apuestan por la justicia ecológica y social.

¿Cuáles son estos criterios?

La puesta en valor de la producción de bienes y servicios locales, ecológicos, artesanales, cooperativos y de comercio justo.

Establecer un diálogo abierto y continuo entre quienes producen y quienes consumen mediante redes de apoyo mutuo.

¿Qué productos podemos encontrar en estos Mercaos?

Mieles, mermeladas, panes ecológicos, conservas vegetales y de pescado, cervezas artesanas locales, vinos de la tierra, productos de higiene y cosmética ecológicos, ropa para bebes, juguetes y mucho más. Esta lista de productos está abierta a nuevas propuestas surgidas de la participación activa de las personas socias.

Pero como hemos indicado anteriormente, cada proyecto tiene sus particularidades propias. Tanto La Alacena como Casa Cornelio son proyectos del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) que partieron de la apuesta del mismo por el empleo digno y contra la precariedad laboral. Según Lolo, responsable de Casa Cornelio, estos proyectos buscan apoyar el cooperativismo histórico andaluz desde un consumo local, artesanal, ecológico y de comercio justo. Toñi, compañera de Casa Cornelio, va más allá y comenta que «es un proyecto con vocación social y de marcada tendencia ideológica a favor de la autogestión obrera. Hacemos nuestro el modelo de las cooperativas del SOC y compartimos los principios del movimiento cooperativo (ayuda mutua, esfuerzo propio, responsabilidad, democracia, equidad, igualdad y solidaridad)».

En Casa Cornelio, las personas socias han organizado también Grupos de Consumo de productos frescos, que reciben frutas y verduras ecológicas cada 15 días, procedentes de las cooperativas que colaboran en el proyecto.

Para participar en Casa Cornelio, nos cuenta Dani, «solo hay que pasarse por allí». Las personas consumidoras pasan a ser socias del mercao y pueden participar en todos los ámbitos que en él se desarrollan, ya sea proponiendo nuevas iniciativas productivas, ayudando a su gestión o proponiendo actividades diversas que se desarrollan en el local.

En el MS La Alacena de Alcalá de Guadaira, además de los productos no perecederos, también se recogen semanalmente cestas de productos de la huerta, siempre ecológicos, y pan artesanal hecho con ingredientes ecológicos. Las personas de la asociación se comunican por correo electrónico haciéndose pedidos por esta vía, asegurando que se recoge todo producto perecedero que llega el día acordado.

El MS la Rendija, promovido por la Asociación el Enjambre sin Reina, Buenaventura Comunicación Social y la ONGD Ingeniería sin Fronteras, es el tercer MS de Sevilla. En su sede tienen lugar también multitud de charlas, talleres, coloquios, cine fórums, debates y cursos. El espacio es cedido además para el uso de otros colectivos y movimientos sociales. Esta diversidad y riqueza —tanto de personas como de iniciativas— trae como consecuencia que además de bienes y servicios, se generen e intercambien aprendizajes colectivos, innovación tecnológica, cultura, relaciones sociales, proyectos y valores, recuperando la función originaria de los mercados como lugares de encuentro e intercambio.

Otra característica importantísima de los MS es la invitación a la participación activa en el proyecto tanto de las personas productoras como consumidoras. El acto de consumir deja así de ser automático, ciego, desinformado y pasivo. El consumo se convierte en un acto de posicionamiento político en el que las consumidoras conocen por qué tipo de consumo están apostando, con sus valores y repercusiones socioeconómicas y ambientales.

El contacto continuo con las personas productoras hace que estas adapten sus productos y formas de producción a las necesidades reales del colectivo, siendo retribuidas de forma justa.

Estas iniciativas buscan la transformación social y apuestan de este modo por el poder transformador personal y colectivo del consumo. Los tiempos están cambiando. Y también las mentalidades.

Un debate aún abierto en el funcionamiento de los MS es la utilización de las monedas sociales locales. Actualmente, ninguno de los tres mercaos sevillanos trabaja con monedas sociales. Sin embargo, el MS Casa Cornelio ya ha empezado a estudiar la posible utilización de la Moneda Social Puma (3) en sus intercambios. Según nos comenta Toñi, «es importante encontrar el equilibrio euro/puma, para poder asumir los gastos que nos vienen en euros como el alquiler, la luz y el agua». Además, señala la necesidad de hacer partícipes cada vez a más iniciativas productoras en la red de la Moneda Social, para poder así asumir su uso como moneda de cambio, «pero seguro que poquito a poco lo lograremos».

En todo caso, con la decisión de realizar las transacciones únicamente en euros, el MS La Rendija se ha abierto más al público. «La gente del barrio empieza a entrar, empieza a conocer los productos y a comprar como en un comercio más. También comienza a entender la filosofía de lo que ofrecemos y eso está muy bien», señala una socia. De paso, así se intenta evitar la endogamia que a veces acompaña a este tipo de iniciativas. Sin embargo para Toñi, de Casa Cornelio, todavía hay mucha gente que percibe este tipo de espacios como tiendas gourmet a las que ir para darse un caprichito, y no como tiendas del día a día. «Este es un tema importante en el que trabajar si queremos llegar cada vez a más gente», afirma Toñi.

¿Por qué pertenecer y colaborar con estos proyectos?

Aquí los tres MS sevillanos coinciden en invitar a la ciudadanía sevillana a participar: «Porque son proyectos de economía alternativa y solidaria, autogestionados y autónomos que se mantienen gracias a las aportaciones, las iniciativas y el consumo responsable de sus socias y amigos. Necesitamos tu participación para que proyectos como estos se conviertan en una alternativa real a las relaciones de producción y consumo dominantes en nuestra sociedad».

(1) http://www.laortiga.com/

(2) http://www.latejedora.org/

(3) http://monedasocialpuma.wordpress.com

Nota: ¡En Granada también tienen su MS! – http://mercaosocialgranada.org/

El Topo. El periódico tabernario más leído de Sevilla.