Una lucha de toda la vida

Entrevista a Antonio Buenavida, activista por la vivienda

De editor a activista. ¿De dónde te viene a ti esto de la agitación política?

Más bien primero activista y después editor, delineante, librero, empresario… o mejor, empresariete. Aunque la vida me llevó a deshacerme de mi empresa, pero eso es otra historia. El activismo creo que me viene de nacimiento. Me criaron dos mujeres. Mi madre biológica, que dejó a mi padre a los cinco años —un médico militar granaíno al que no conocí—; no quiso saber más nada de él, a mí me contó que había muerto. Y mi madre de crianza, Mariquita la de Perlacia. Crecí en una casa de vecinos del Arenal. En mi casa no había un ambiente político, era la época en la que hablar de ciertas cosas era tabú, tanto que una vez me estaban las dos bañando en un barreño encima de la mesa y, al ir a bajarme, yo salté gritando «¡abajo España!». Ellas me mandaron callar, asustadas, y jurar que nunca repetiría algo así.

También recuerdo que ya de chiquillo en mi pandilla me apodaban el Justiciero. Siempre he llevado ese rollo. El mecanismo de defensa de un huérfano, supongo. Estudié en el colegio Padre Manjón, para más señas. Y después, becado al Instituto San Isidoro, pero un año porque perdimos la beca por un problema administrativo y tuve que hacer FP. Por esa época me organizo políticamente. Octavillas, resistencia pasiva. Con dieciocho años me voy a Mallorca a trabajar en los talleres de un periódico y me junto a las Juventudes Comunistas. Una necesidad mía el juntarnos para hacer cosas, defendernos, proponer. Me implico en ocupaciones varias, y en la lucha «Salvem el Puig».

Saltamos en el tiempo. Háblanos de cómo ha cambiado tu barrio, San Bernardo. De arrabal popular a uno de los barrios más caros de la ciudad.

Manolo Palomero, un luchador histórico, siempre decía que a este barrio «le habían echao la cruz». San Bernardo fue abandonado sistemáticamente buscando su degradación. Calles llenas de mierda y basura, para acabar vendiendo corrales de vecinos por 300 000 pesetas. La gentrificación entró de lleno, aunque en esa época no sabíamos cómo se llamaba. No exagero: calculamos que hoy en el barrio no hay más de cincuenta personas que lleven más de treinta años en él.

Este siempre fue un barrio de élite obrera, con gente de la fábrica de artillería, de la pirotecnia, con cigarreras y ferroviarios… Y con sus núcleos combativos y politizados. En el 36 incluso hubo alguna resistencia al golpe militar. La represión posterior fue brutal y la posguerra aún peor, al nivel de que en la parroquia no ponen a un cura normal, sino a uno castrense.

Otro salto. En 2005 once familias amenazadas ocupáis un edificio de viviendas sociales. Aquello se popularizó como «las abuelas ocupas». ¿Cómo cuajó la ocupación de San Bernardo 52?

Yo tenía en San Bernardo mi hogar, una imprenta y una pequeña librería y editorial. Llegan los especuladores, compran muy barato las dos propiedades. Me engañan, me trajinan y me obligan a cerrar la librería, aunque pude abrir otra en la Puerta de la Carne. Imagínate como le estaba yendo a mis vecinas.

Viendo que nos pasaban por encima, teníamos que juntarnos y defendernos. Me pasé un tiempo observando al personal y pensando cómo abordarlos. En palabras de otro luchador, David Gómez, cómo percutirlos. Un día me encuentro a un vecino por la calle y me dice «lo que tenemos que hacer es ocupar esa casa que está allí vacía». Esa noche no pude dormir. Ya tenía la experiencia de participar en el CSOA Casas Viejas y en el barrio ya existía el CSOA Sin Nombre. ¿Podríamos hacer confluir el movimiento okupa con ka con las necesidades vecinales? A las seis de la mañana seguía dando vueltas por los cuarenta metros cuadrados del piso, ¡sí! ¡Sí! Vamos a ponernos en marcha.

Con mi vecino Angelito fui tocando puertas. Y con muy buena acogida nos juntamos unas doce o trece familias con el mismo problema en una plataforma de inquilinos amenazados. Buscando un realojo reivindicativo —ocupas con ce—, ahí podrían llegar mis vecinos. Se vendió muy bien, hasta nos llamó la Ana Rosa. No podían hablar malamente de nosotros aunque quisieran.

Siguieron seis meses de asambleas, de irse conociendo, de reunirse con arquitectas, abogados y okupas que nos asesoraban. Asambleas en círculo, horizontales, comunicándonos y compartiendo nuestros temores. Las relaciones humanas, si son auténticas y horizontales, son terapéuticas. Y así nos sanamos. Y así cogimos fuerza y nos preparamos para hacerlo, acompañados de otras muchas personas solidarias, con muchos conocimientos, pero como un colectivo que actuaba a una.

El edificio de viviendas sociales lo había construido Urbanismo sobre terreno municipal. Llevaba terminado y vacío tres años, tenía varias viviendas, era público y estaba en nuestro barrio, en la misma calle de la que nos estaban expulsando. A familias que llevaban viviendo aquí desde hacía generaciones. Tenía mucha legitimidad aquello. Y la fuerza que nos daba tener a la gente joven de la Sin Nombre al lado. Fuerza y práctica, porque ahí estaban las compañeras que acudían siempre. Un gusto vivir asambleas con okupas y gente del barrio, mujeres casi todas —los maridos se implicaron luego—.

Y diecisiete años después, aquí estamos haciendo esta entrevista. Faltan siete vecinas de aquellas que ocuparon. Pero aquí han vivido sus últimos años, felices, en su barrio, sin que las mandasen al extrarradio o a un asilo. Y el resto aquí siguen.

Del 15M a la experiencia de las corralas, pasando por la Liga de Inquilinos. Háblanos del ámbito político y humano de estas experiencias, Antonio.

En esa época yo ya estaba en lo libertario. Tenía que ser congruente entre mis ideas y las luchas, que fueran cosas acompasadas. Mi experiencia me había hecho confiar en esos métodos, verlos funcionar.

A la cabeza de la lucha por la vivienda en Sevilla estaba el Centro Vecinal del Pumarejo. Cuando empecé a tener problemas de vivienda pude ver que allí había más gente peleando, organizada. Me acogieron fantásticamente, tuve todo el apoyo y la comprensión. Ya existía una oficina autogestionada de atención al inquilino y una asamblea vecinal. Ya estaban los mimbres para tejer la Liga de Inquilinos. Implicarnos en la ocupación de San Bernardo 52 nos dio experiencia y bagaje, mucha fuerza y mucho impulso. Y sobre todo muchas esperanzas; ver que podíamos ganar, por lo menos, alguna batalla. Como en todo, la Liga pasó por momentos malos que me llevaron a dejar de participar en ella. Pero había una masa crítica de personas implicadas y politizadas ahí, que seguidamente lanza la iniciativa Barrios en Lucha. Un instrumento para poner los conocimientos y las habilidades de todas al servicio de los barrios donde sabíamos que había conflictos pero que, carentes de asociaciones de vecinos y de experiencias de lucha, tenían complicado tirar p’alante. La idea era ofrecerles un ¿cómo se hace?, ¿cómo sabemos hacerlo? para que pudieran transmitirlo a otros, y así sucesivamente. De talleres de pancartas a uno de comunicados de prensa, mapeos de la ciudad, coordinación, trabajo de medios. Técnicas que me resultaban novedosas. Y siempre, buscar relacionarnos de una manera distinta y mejor.

Y en esto que surge el 15M y nos pilla en la mejor de las circunstancias, calentitos, currando. Montamos la Intercomisión de Vivienda, que ha sido —creo yo— un pico del movimiento por la vivienda en Sevilla. Estaban casi todos los colectivos ciudadanos, asambleas de noventa personas. ¿Qué pasa? ¿Qué problemas tenemos? Había que presionar para que se buscaran soluciones por parte de quienes corresponde garantizar el derecho a la vivienda. Pero también había que dar soluciones inmediatas a la gente que estaba a punto de irse a la calle, o directamente en la calle. Y empezaron a ocuparse edificios vacíos: las corralas. Diez, quince corralas, no recuerdo. Para mi que fueran tantas fue un poquito excesivo. Tantas ocupaciones simultáneas nos debilitaron. Hay que aprender de ello, hace falta mucha gente alrededor porque en estas luchas se crean tensiones y conflictos muy difíciles. Gente sin casa, gente al límite. Hace falta mucha gente para encauzar los sentimientos, las necesidades. Y para defendernos de los buitres, que no faltaron en estas luchas. Pero bueno, qué bien montado todo. Salimos en la portada del New York Times. El de Reuters nos publicaba todo y hasta nos hicimos amigos. Esta relación con los periodistas me recuerda a lo bien que lo hicimos en el movimiento «La calle es de todos». Esta relación con los medios me enseñó mucho también. La prensa tiene unos resquicios que bien usados reportan un eco mediático crucial: nunca ha sido más popular en España el movimiento okupa que entonces. Un movimiento que siempre ha sido el último de todos los movimientos sociales y el más señalado.

Y llegamos al hoy, Antonio. Cuéntanos qué te arropa hoy.

Resulta que a principios de la pandemia me pongo un poco malito y me empiezo a poner amarillo. Voy al médico y tras mucho trajín descubrimos que tengo un cáncer de páncreas galopante. Que me va
a llevar con suerte dentro de un año. O, más probablemente, por la evolución que está teniendo, antes del verano. Un moribundo es lo que soy. Esa es mi condena. O no, porque estoy muy bien, más que bien. Estoy disfrutando esta última vida de momentos amplios. De sentirme acogido, apoyado, respaldado, querido por compañeras y compañeros, por gente a la que admiro.

Estoy mejor que en brazos, quillo. Recibir todo este cariño, sentirme parte de esta gente que se junta en mi casa o en el homenaje que me montasteis el otro día. Nos conocemos, sabemos quiénes somos, no pensamos todas igual pero compartimos cosas fundamentales. La horizontalidad y la democracia radical. Eso nos es común a todas. Mi gente, la que comparte mis ideas y con la que he luchado. En la lucha se han creado los lazos más fuertes, es donde nos hemos podido conocer en profundidad.

Si el nacimiento se celebra, yo estoy aprendiendo que el morimiento también se debe de celebrar. Y mi morimiento está siendo glorioso, ¡glorioso! Así lo siento. Tengo la suerte de que la gente que a mí me gustaría que me aplaudiera lo está haciendo; yo he buscado el aplauso de esa gente, su complicidad. Y aquí los tengo a mi lado. Quiero que sea una muerte digna, como he procurado que sea mi vida. Sentir que mi vida me pertenece a mí. Sobre ella no decide ni Dios, ni los tribunales, ni la Policía, ni la moral de nadie. Decido yo, cosa que molesta mucho a alguna gente. Y en este sentirme dueño de mi vida es donde me uno a la Asociación Derecho a Morir Dignamente. Me han ayudado a hacer mi testamento vital y ahora vamos a redactar la petición de eutanasia. Esa palabra que quieren maldecir, cuando lo que significa es una muerte digna, feliz, que es la que yo quiero para mí. La muerte me está ofreciendo una perspectiva distinta de las cosas porque tengo compañía, seguramente si estuviera solo o mal acompañado esto podría ser terrible y triste. En lugar de lo maravilloso que está siendo, alegre, lleno de vida y de amor.

No estoy enfadado con la vida ni con la muerte. El otro día reflexionaba: me he pegado la gran vida, la gran vida que yo quiero, el haber podido hacer lo que he hecho. Un lujazo que normalmente no podemos permitirnos, por no tener tiempo, por no saber, por estar a otras cosas. A mí me han venido las cosas muy bien, la coyuntura y la gente que ha estado alrededor; he podido hacer cosas, que en conciencia necesitaba hacer, y he podido hacerlas en la mejor de las compañías. Gloria a ustedes.

TONY BURGUILLOS –DEL CBC DE SEVILLA– ENTREVISTA A El Topo

A LA INVERSA

No llegan a ser las once de la mañana y un par de topers están sentados en una icónica y taurina cafetería del sevillano barrio del Arenal, donde han quedado con el afamado periodista sevillano Tony Burguillos. La situación es extraña porque el CBC de Sevilla —medio más conservador y añejo de la ciudad— va a entrevistar a El Topo por su octavo aniversario. Se comenta en los foros taurinos de internet que algún redactor jefe se pasó dándole al DNI aquella mañana. El encargado de la pieza llega por el final de la calle con su CBC del día bajo la sobaquera, casi una hora tarde y con un Marlboro por la mitad entre labio y labio. Al reconocido Hijo Predilecto de Andalucía y polémico articulista local no se le puede exigir puntualidad, comentan lxs topers entre sí, mientras este se pide «lo de siempre», que resulta ser un whisky doble y una tostada de manteca colorá.

—A mí, lo primero de todo, me tenéis que explicar eso de que ustedes tienen un periódico. ¿Cómo que un periódico? ¡Si salís ca dos meses y llegáis tan tarde a las noticias que todavía no habéis contao la Expo del 92! —Burguillos suelta una risotada mientras toma el primer gran buche de su vasito ancho—.

—Deje que le expliquemos, señor Burguillos. No somos una publicación diaria, pero sí periódica —Tony Burguillos levanta una ceja—. Y nuestro proceso requiere tiempo, por la forma y los parámetros bajo los que lo hacemos. Nuestros contenidos son siempre elegidos en asamblea, entre todos y todas, por consenso y…

—¡Ya me estáis aburriendo! —interrumpe mientras golpea la mesa con la mano— ¿Es que no podéis contarme algo divertido?

—¿Divertido? Disculpe, pero creo que hacemos un trabajo serio y respetable —el periodista del CBC suelta una risa faltona—.

—¿Ahora a hacer propaganda de Bildu y defender a los okupas se le llama trabajo serio? ¡Me tengo que reír! ¿Y qué es eso de asamblea? ¿También levantáis las manitas para aplaudir como los sordos cuando alguien acierta a escribir una columna sin darle patadas al diccionario? ¿O estáis cuatro horas para poneros de acuerdo sobre cualquier chorrada? ¡Ja!

—Bueno, señor Burguillos, entendemos que a usted no le gusten las asambleas, pero a nosotras nos funcionan muy bien. Normalmente, son bastantes resolutivas y gustosas. Después de ellas, ponemos un plazo muy cómodo para escribir los artículos, para que nadie tenga que andar con prisas ni agobios. Y, una vez escritos, necesitamos otro margen de tiempo para que las personas que ilustran lean las piezas y hagan su parte. Finalmente, le dedicamos tiempo a las correcciones, la maquetación y el envío a imprenta.

—Vamos, que un poco más y hacéis un plan quinquenal por cada número que sacáis. ¡Estos rojos, como son…! Bueno, explicadme ahora por qué en vez de estar jugando al pádel con el alcalde, estoy aquí entrevistándoos para el CBC de Sevilla. ¿Qué habéis hecho para merecer tal distinción?

—¡Pues estamos sacando un número redondo, señor Burguillos! El número cincuenta de El Topo. Y, además, a finales del año pasado cumplimos ocho años. Para celebrarlo, hemos decidido hacer un número especial en colaboración con otros medios de comunicación libres. Ahora bien, ¿por qué el CBC te ha enviado? Eso, ya, no lo sabemos.

—Ahora que lo decís…, a nosotros no nos habéis invitado. ¿Qué pasa, el CBC no es un medio libre?

—Señor Burguillos, vamos a ver. ¿Acaso su medio no es propiedad de unas cuantas personas o empresas?

—¡Pues claro!, ¡cómo todo!

—Como todo no, Burguillos, El Topo no es de nadie.

—¿Cómo no va a ser de nadie? ¡Todas las cosas son de alguien!

—Que no…, que El Topo no es de nadie. En todo caso, es un pequeño hijo de cada persona que está en la asamblea, trabajándolo con mimo y dedicación.

—¡Paco, porme otra! —Burguillos no deja de beber whisky animosamente. Hace rato que lleva media camisa por fuera del pantalón y una babilla le recorre la comisura de los labios de manera bastante desagradable. La entrevista continúa a trompicones—. Sigo sin entender por qué el CBC no es un medio libre. ¡No nos habéis invitado a escribir!

—Vamos a ver, Burguillos, ¿cómo vais a ser libres? ¿No se anuncia Iberdrola en tu medio? ¿O el Banco Santander no os compra portadas a saco?

—¡Pero hablamos de Semana Santa, igual que ustedes! ¿Os creéis que no nos hemos dado cuenta de que ahora nos hacéis «apropiación cultural» de esa con la Semana Santa? ¡Que el otro día me saltaron los Canifatos del 4×4 y no veas como adoran a Cristo Rey!, ¿eh? O los dos muchachos esos que se visten de costaleros…

—Hombre, es que es una fiesta del pueblo. Lo que pasa es que los ricos se apropian de todo y claro…

—Pues la Semana Santa es un coñazo, ¡no dais una!

—¿Cómo?

—¿Qué?

—¿Acabas de decir que la Semana Santa es un coñazo?

—Yo no he dicho eso.

—Sí que lo has dicho.

—¡Calla, coño, que por aquí vienen los obispos y te van a escuchar! Para una cosa que me gustaba de los rojos y ahora vais de capillitas, ¡si es que yo me cago en vuestros muertos!

—No, si tiene usted razón. Pero nos mola defender cosas de fachas para molestar. Aunque, entre usted y yo, la broma se nos está yendo de las manos. De todas formas, señor Burguillos, como se enteren en el CBC de que no le gusta la Semana Santa…

—¡Ah, si eso ya lo saben! Los que no se pueden enterar son los cofrades, que nos meten mucha panoja en publicidad.

—¿Ve? Eso no nos pasa en EL Topo. Por eso somos libres.

—¿Qué pasa, ustedes no tienen publicidad o qué?

—Tenemos suscripciones, que son las que soportan el proyecto…

—¡Juan!, ¿cómo estás, primo? Ahora te veo, ahora… —interrumpe Tony para saludar al alcaldísimo que está dándole a la mantequilla fuerte contra una rebanada de pan—.

—Como iba diciendo, también hay entidades sociales que nos apoyan económicamente.

Entidades sociales es la forma que tenéis de decir que os paga algún grupo albano comunista venezolano, ¿verdad? ¡Se os ve venir de lejos!

—Si crees que la cerveza Bandolera es una tapadera…

—Hey, chico, ¿te estás riendo de mí? —Tony Burguillos cambia el gesto. En el bar se hace un silencio—.

—Señor Burguillos, le ruego que no se enfade, estaba bromean…

Pero es demasiado tarde. Burguillos saca una escopeta recortada de no se sabe muy bien dónde, encañona al chico de El Topo y aprieta el gatillo. La compañera topera valora, rápidamente, levantarse y huir, pero no todos los días aparece El Topo en un periódico de tanta tirada. Apechuga con la situación, se sacude los sesos de su amigo y pide continuar la entrevista. Paco, el dueño del local, limpia los restos con una bayeta que algún día fue amarilla, con tanta normalidad que parece que no es la primera vez que lo hace.

—¡Joder, Burguillos, cómo se pone!

—¡Ustedes, que me ponéis negro! ¡Ya me habéis cansado! ¡Tú, llama y ponme con el que mande!

—Señor Burguillos… Es que aquí no manda nadie. O mandamos todas y todos, mejor dicho. Que no hay jefe, vaya. Que, como te hemos explicado antes, lo hacemos en asamblea. Sí que hay un equipo de coordinación y gestión de ilustraciones que…

—Todos y todas y todes… —Tony remeda a la entrevistada con un tonito irritante—, ¿de verdad esperas que te crea? ¡Subvenciones! ¡Eso es lo único que buscáis los rojos! ¿Cuántos millones recibís en subvenciones para sostener esta chusma de periódico?

—¡Ojalá! ¡Que va, Burguillos, si estamos pelaos! Nos mantenemos con las suscripciones y, aunque nunca han sido muy elevadas, con las crisis y la pandemia han bajado. Así que, si algún lector o lectora del CBC se anima a suscribirse, nosotrxs encantadxs.

—¡Qué vergüenza, aprovechando para hacer publicidad!

—Es que, Tony, somos cuatro gatos. Bueno, tres contando al que te has cargao con el escopetazo. Tenemos muchas ganas de ampliar el número de suscripciones. Aprovechamos cualquier momento para esto. Hasta con el CBC, así está el nivel…

—¡Venga ya, si tú vas con un chándal Nike como buena perrofla.

—¿Qué Nike? ¿Qué dices? Aquí pone «Mike», que esto es del Charco de la Pava.

—¡Joder!, pues no te acerques que me vas a pegar algo.

—¿Qué intenta decirme?

—Pues que vosotros, tan libres que sois, con tanto poliamor y tanto folleteo en las okupas, a saber qué tenéis cogío.

—Hombre, señor Burguillos, creo que está un poco fuera de lugar ese comentario. Pero sí, somos libres, muy libres en muchos sentidos, y si te interesa deconstruir tus relaciones sexo-afectivas, echa un ojo a la hemeroteca de El Topo, que estrenamos página web y tenemos un buscador muy hermoso.

—¿Deconstruir? ¿Qué carajo es eso, Dios mío de mi alma?

—Pues… es como desmontar un lavavajillas, cambiarle las piezas estropeadas y luego volver a montarlo.

—¿Tú crees…, tú crees que si le enseño a mi parienta esos artículos sobre el sexo afligido me dejará que salga de cancaneo por ahí?

—Burguillos, por favor, no funciona así… ¿Lo dejamos aquí ya?

—Pues sí, vamos a ir terminando. Ya preguntaré en el CBC qué hago con esto.


Las viviendas, para vivir, no para especular

Entrevista a Javier Gil, Sindicato de Inquilinxs de Madrid

Estamos rodeadxs de tantos bloques, tantos pisos, tantas urbanizaciones, tantos chalés y tantas ventanas que parece imposible que habitar una vivienda sea un privilegio. ¿Una casa vacía es una casa o es otra cosa? Javier Gil, investigador y portavoz del Sindicato de Inquilinxs de Madrid, nos trae las claves para desmontar el sistema inmobiliario-especulativo que maneja los metros cuadrados de nuestra precariedad.

¿A qué te dedicas?

Actualmente estoy trabajando para un Instituto de Urbanismo y Vivienda, el Institute for Housing and Urban Research de la Universidad sueca de Uppsala, donde investigamos los procesos de financiarización de la vivienda en España en relación a las políticas y a los movimientos de protesta que este tema ha generado. También estoy en otros proyectos colectivos donde estudiamos los impactos de Airbnb en distintas ciudades en España, y le dedico mucho tiempo al sindicato de inquilinas e inquilinos de Madrid, que es una organización que fundamos en 2017 junto a compañerxs de otras ciudades. Desde ahí, las personas que vivimos de alquiler presionamos para que no haya abuso por parte de los caseros, para que haya cambios legislativos, para visibilizar lo que ocurre en torno a la vivienda, etc.

Parece que toda presión es poca

Hay que presionar todo lo posible porque nos enfrentamos a un contexto muy desfavorable para las personas que vivimos de alquiler. En el Estado español el modelo inmobiliario que se ha desarrollado desde el Franquismo hasta la actualidad ha sido impulsar el mercado en propiedad como la única forma digna de vivir. Ese modelo surge a costa de desproteger el mercado del alquiler, atacarlo y convertirlo en precario e indigno, ya que vivir de alquiler en España se asociaba con gente joven o gente que había fracasado socialmente; incluso el concepto de clase media pasaba obligatoriamente por tener una casa en propiedad o incluso, a partir de los 2000, tener una segunda casa en la playa. Eso era ser clase media, en lugar de tener un capital económico o cultural. En 2008 el modelo se rompe, pero en ese momento no solo nos enfrentamos a la crisis del modelo hipotecario, sino que también nos encontramos con un contexto de ausencia de políticas de vivienda reales y con un mercado del alquiler muy desprotegido. Cuando fundamos el sindicato de inquilinxs pensábamos que la ley de ordenamientos urbanos era muy chunga, y luego nos dimos cuenta de que los propietarios intentan vulnerarla, saltársela y ser aun más duros con lxs inquilinxs. Los inquilinxs desprotegidxs, no organizadxs, son inquilinxs a lxs que se les puede hacer de todo en este país, por eso es muy importante organizarse para luchar contra los grandes grupos de presión financieros inmobiliarios, pero también para no permitir que en la cotidianidad de nuestros barrios y de nuestras ciudades se permitan abusos que van desde firmar contratos con cláusulas abusivas, que no te quieran arreglar la caldera o no te quieran devolver la fianza; y, sobre todo, que no te suban el alquiler de forma abusiva, que es algo que lleva pasando en España desde 2014. La PAH ha parado miles de desahucios, por medio de la desobediencia civil se han solucionado los casos de miles y miles de personas y aun así no ha habido cambios legislativos (precisamente por el poder de los bancos), es un ejemplo muy claro de que o te organizas y luchas o estás perdida.

¿Alguna vez las políticas sociales le han hecho caso a la falacia constitucional de que la vivienda es un derecho fundamental?

El problema con la vivienda es que el modelo español está basado en criterios especulativos. Durante los primeros años del Franquismo y después de la guerra civil había que solucionar los problemas de vivienda y ahí sí que se aprobaron determinadas leyes como contratos de alquiler de duración indefinida o prórroga forzosa. Muy pronto la política de vivienda fue utilizada por el Franquismo en una dirección que no nos gusta, cuando aquel ministro decía: «No queremos un país de proletarios, sino de propietarios». El acceso a la vivienda en propiedad era una forma de pacificar a esos movimientos obreros que empezaban a surgir en torno a las ciudades industriales, movimientos que en otros lugares de Europa tenían mucha fuerza, para que se adhirieran a los principios de las élites y del régimen. Aunque se reconozca en la Constitución como un derecho a cumplir y, además, se menciona que la administración tendrá que intervenir contra la especulación, vemos que ha sucedido todo lo contrario. Da igual lo jurídico y lo legislativo porque se ha incumplido y porque lo que ha pasado en España es reconocido internacionalmente como un modelo fallido, basado en la especulación. Lo más preocupante es que de 2008 en adelante, en vez de reestructurar el sistema ya que está claro que ha fallado, lo que ha pasado es que se ha intentado restaurar en lugar de buscar uno nuevo.

¿Tendremos una ley de vivienda?

De momento parece que el acuerdo es real y que va a salir algo; es un avance muy importante que haya una ley de este tipo en España porque aquí todo lo que sea limitar las posibilidades de especular nunca se ha legislado. En este acuerdo se determina que por ley no puedan subirte el alquiler o que si el casero es un gran propietario, que te lo bajen. Aun así tiene un alcance limitado porque se deja un montón de cosas fuera: que una persona que tenga 15 viviendas y no se considere multipropietario es un error. Es una medida que de por sí es importante pero que se queda a medio camino, y sabemos que es por la presión que está recibiendo. Esta ley debería avanzar, salir y ser más garantista de lo que ya es, pero está habiendo mucha presión para que no salga adelante. En España se ha legislado para que suba el precio de la vivienda y los alquileres, ese ha sido el modelo de desarrollo del país. Ahora aprobar una ley que vaya en la dirección contraria es muy difícil porque hay mucho dinero en juego y sobre todo porque son los bancos y los grandes fondos de inversión que han entrado de 2014 en adelante los que tienen que perder o, mejor dicho, menos que ganar.

El programa de ayudas al alquiler que acaba de sacar el Gobierno para jóvenes, ¿sirve para algo?

Solo ayuda al sector financiero, al sector de los propietarios, porque es una forma de transferir dinero público al sector privado. Cuando tienes problemas con los alquileres abusivos, la solución no es que el Gobierno te pague parte de ese alquiler, la cuestión debería ser que el Gobierno intervenga para que baje ese precio, porque no hablamos de que no haya vivienda para todo el mundo: España es uno de los países de Europa con más viviendas construidas por habitante; el problema es cómo se organiza y cómo se regula ese mercado. Los precios de la vivienda se han disociado de la economía de los hogares y de la economía del país porque hemos vivido un proceso especulativo. En España se ha regulado para que vuelvan a subir los precios precisamente porque los bancos, después de desahuciar a medio millón de personas, se habían convertido en las grandes inmobiliarias del país, entonces no se podía permitir que los bancos vieran cómo el valor de sus activos, todo ese ladrillo tóxico, fueran perdiéndose con el paso del tiempo, por eso había que intervenir en el mercado para que esos precios subieran.

Volviendo a la pregunta, si tu casero te sube el alquiler y tú no tienes dinero para pagarlo, a lo mejor estas dispuesta a abrir un conflicto con él, eso es lo que decimos en el sindicato: frente a un alquiler abusivo, niégate a pagarlo, organízate con nosotras y lucha. Si de repente te dan 200 euros se puede asumir la subida abusiva. Esto es transferir dinero al sector privado, no es política de vivienda. Si los precios son elevados y están disociados se tendrá que intervenir para que bajen, para que sean acordes y la población con sus ingresos pueda pagarlo. No es normal que la población que no es «vulnerable» , que tiene trabajo y salarios medios, de repente no pueda pagar el alquiler o este se lleve un 40% de su sueldo.

Las personas que tienen una hipoteca también están desprotegidas

Claro, el modelo hipotecario ha fallado y ahora solo puede ser una solución para aquellas personas a las que sus familias pueden adelantarle 30 000 o 40 000 euros. Sin ayuda familiar no hay hipoteca, es un modelo al que solo las personas más privilegiadas pueden acceder o determinados sectores de las clases medias, pero no es un modelo por el que se pueda apostar ni que reconozca la vivienda como derecho: no garantiza que todo el mundo al margen de su renta o patrimonio familiar pueda acceder a una casa.

La Sareb, Idealista… ¿qué hay detrás de esos personajes y cómo nos afectan a la gente que buscamos un hogar?

La Sareb forma parte de la gran estafa que ha sido el ladrillo en España. Es una entidad que se crea supervisada por la Unión Europea, es un intento de que los bancos españoles no quiebren porque eso supondría una amenaza para el euro y para el sistema financiero europeo, ya que, si España cae, puede llevarse a Europa por delante. Es una forma de garantizar que todos los bancos pueden encasquetar todos sus activos tóxicos, ya que la Sareb se los compra a muy buen precio. Es otra forma de socializar las pérdidas del sector privado. En cuanto a Idealista, está comprado por un fondo de inversión muy importante y se ha convertido durante los últimos años en el Ok diario del sector inmobiliario, porque genera un ataque constante a todo lo que vaya en contra del sistema especulativo.

¿Qué modelos de vivienda pueden ser referentes a seguir?

Los modelos que nos sirven deberían pasar por desmercantilizar la vivienda. Durante años el modelo ha girado en torno a que cada vez más la vivienda sea un recurso intercambiable de los mercados globales de capital y ahora el objetivo sería todo lo contrario, que no haya fondos de inversión jugando con el dinero de la clase trabajadora estadounidense, comprando viviendas en la periferia de Madrid porque esas viviendas solo les sirven par obtener una rentabilidad y que las viviendas sean para las personas; y que tras el fracaso del modelo propietario de hipoteca que ha sido la causa de a donde hemos llegado, apostar por la propiedad colectiva o municipal sería una desmercantilizacion hacia la remunicipalización del suelo y de la vivienda. Eso de dar suelo público a lo privado es una locura: en el suelo público se debería construir vivienda pública para la población, no vivienda privada para especular. Hay que apostar por parques de viviendas públicas donde toda la población pueda vivir en vivienda pública, no que sea algo de pobres, que sea un derecho igual que garantizar la sanidad universal al margen de su renta, debería suceder lo mismo con la vivienda, y apostar también, ya que el modelo de la hipoteca está asociado a un tipo de familia, por otros modelos de convivencia, más comunitarios, donde se fomente las relaciones de cuidados y ocio entre las personas que habitan los bloques. Estos son proyectos que ya se están dando.

¿Está funcionando la ley catalana de control del alquiler?

Lleva vigente trece meses, es pronto para evaluar políticas, pero de momento lo que vemos es que los municipios donde el precio de los alquileres se ha regulado, han bajado mucho más que en el resto. Además siempre dicen que cuando se regularizan los precios baja la oferta, pero en este caso la oferta ha crecido, tanto que ha batido récords de contratos de alquiler firmados.

Si no podemos alquilar, comprar ni okupar: ¿dónde vamos a vivir?

Cada vez tenemos menos posibilidades de habitar las ciudades, ya no solo los centros urbanos, sino las ciudades en sí mismas. Se van generando procesos de especulación, turistización, se facilitan los desahucios legislativamente, se permiten los desokupas, que son grupos parapoliciales que se encargan de desahuciar a familias vulnerables que han tenido que recuperar una vivienda vacía a un banco para echarles al margen de un procedimiento judicial, entonces te das cuenta de que la ciudad no facilita que pueda ser habitada por la población y es más habitable por turistas, por gente que está de paso y la población local se ve cada vez más expulsada, más lejos, con las consecuencias negativas que eso tiene sobre las vidas de las personas. Por eso nos toca no permitirlo, resistir contra ellos, visibilizarlo, obligar a los políticos a posicionarse y a apostar por modelos de desarrollo económico para las ciudades que, de alguna manera, no se basen en este tipo de procesos.

«Hacemos algo único sin haber inventado nada»

ENTREVISTA A VOLANTE DE LA PUEBLA

Volante de la Puebla son José Esteban y Paco o, según su propia definición, «dos tíos que tampoco pinchan mucho, ponen una canción detrás de otra y te hacen un show mientras escuchas a Rocío Jurado con música electrónica». Los meten en eso que llaman nuevo andalucismo mientras agitan referencias de las raves, las verbena y el folclore andaluz. Ellos tienen claro lo que hacen. Tienen un concepto y nos lo van a contar.

Ahora que la pandemia está un poco domesticada con las vacunas, ha sido el verano el que nos ha impedido tener una cita presencial para charlar con estos dos mostruos escénicos que son Volante de la Puebla. La que escribe estaba en Rota, donde ellos habían actuado apenas un par de días antes; a Paco lo pillamos en su casa, acompañado de un ventilador que se gira de un lado a otro cual corista de exigua coreografía, y J.E. para en una gasolinera para atendernos en su huida en busca de playa en plena ola de calor.

Por poco que les pegue, afirman que está siendo un verano de poca fiesta y mucho curro.

Eso es lo que tiene el éxito y ser uno de los grupos de moda del verano andaluz. Además, habéis tenido una campaña gratuita por parte de VOX ¿no? ¿Qué pasó exactamente?

— Paco: Eso viene de cuando actuamos en Vértigo Festival, en Martos, Jaén. Allí existe un grupo que se llama Martos para España o algo así. Nosotros dentro del espectáculo incluimos una copa dorada que simulaba un cáliz y durante el número bebimos de esa copa. Esa imagen la utilizaron para decir que era una ofensa a los sentimientos religiosos. Utilizaron como pretexto que no había seguridad por el covid, pero lo que hicieron fue acusarnos de ofensa religiosa y a un chaval que llevaba un bikini de estos de Borat, le criticaron diciendo que había que tener poca vergüenza para presentarse así en un sitio en el que había niños. Y a partir de este colectivo se hizo eco VOX Martos, que dijo que no se podían permitir este tipo de espectáculos y encima financiados por el Ayuntamiento. Y para reparar todos los daños causados por nuestro espectáculo organizaron una misa de reparación.

— J.E.: ¿Qué artista conoces en todo el mundo que después de un espectáculo le hayan hecho una misa de reparación? Eso es muy grande.

Parece que VOX a todo lo que pretende censurar le da más visibilidad.

— J.E.: Bueno, a partir de eso de Martos se han hecho eco varias páginas de costaleros en Sevilla y gente vinculada con la religión católica y en esos perfiles han subido vídeos nuestros y ahí sí que ha habido muchos comentarios tipo «sois una vergüenza, hijos de puta, quitaos el costal, os vamos a matar a palos, ¡dónde vamos a llegar!» y esto ocurre a raíz de que VOX se haga eco. Es la religión católica y nos desean la muerte.

¿Entonces a partir de eso habéis recibido mucho odio en redes?

— J.E.: Desde entonces nos escriben por privado en Instagram y en Facebook, no en nuestra página pero sí en estas páginas que han publicado los vídeos. Cada día hay 50 comentarios más, alguno de apoyo, pero la mayoría de querer pegarnos dos ostias, que nos quitemos el costal…

Vamos a rebobinar un poco hasta los orígenes de Volante de la Puebla. Surgió para una cuestión muy concreta: el aniversario de la Cía. Milagros, ¿arrancasteis como algo puntual o ya le veíais futuro al proyecto?

— J.E.: Esto surge en Madrid. Nosotros teníamos en mente hacer algo aunque no era todavía lo que fue después. La idea era poner música y ambientar a la gente. Estábamos en Madrid e íbamos a todas las fiestas y pensábamos: «nosotros esto lo ambientaríamos mucho mejor». En el cumpleaños de la Cía. Milagros ya tenía unas cuantas canciones hechas en plan folclórica y a Paco se le ocurrió meter un concepto. La primera opción era las Meninas, pero él se inventó una cosa que teníamos que ponernos en la cabeza que hacía imposible ponerse los cascos. Era imposible hacer un show de una hora y pico con eso en la cabeza.

Ese aniversario fue el primer contacto que tuvimos con el público y no se parece a lo que hacemos ahora para nada. Ahí poníamos canciones que nos gustaban a los dos y que nos ambientaban y ya está. Había incluidas algunas folclóricas pero no era el concepto. Lo folclórico estaba ahí medio dibujándose todavía. Y a raíz de que lo presentamos con un proyecto al ICAS hicimos un dosier y a medida que íbamos avanzando, íbamos dándole una línea. No pensábamos en actuaciones porque estábamos en medio del confinamiento. Hasta que nos propusieron actuar en la sala Fanatic.

— Paco: Lanzamos un vídeo antes de la actuación para ver cómo funcionaba y lo petó, funcionó muy bien. No teníamos muchos seguidores 100 o 200, pero le dedicamos mucho tiempo en Instagram y salió bien.

Os enmarcan siempre en el rollito del nuevo andalucismo con Califato 3/4, Derby Motoreta Burrito Kachimba y otros tantos, ¿cómo lo veis?

— Paco: Yo veo normal que nos enmarquen ahí porque al final partimos de una base que es la nuestra, de la cultura de Andalucía, toda nuestra base tanto musical como estética viene de ahí.

— J.E.: Las referencias son las mismas. Por ejemplo, en nuestro show sacamos una hoja de palma y Califato 3/4 en uno de sus vídeos saca una también y dijimos: «ay, no la vamos a sacar para no ser iguales» ¡pero, si es que venimos de lo mismo! Cada uno con su rollo, con su estilo… Para mí sería maravilloso un concierto con ellos, Los Voluble y después nosotros.

La izquierda muchas veces se empeña en resignificar la bandera aunque no haya mucho que rascar y, sin embargo, se critica mucho el folclore andaluz cuando es una cosa que hemos mamao.

— J.E.: Claro, nosotros tres probablemente estemos bautizados, vamos a bodas dentro de la Iglesia católica, a entierros… Aunque yo no pertenezca a nivel ideológico a la Iglesia católica su influencia cultural está en mi vida. O el flamenco, aunque no te guste el flamenco lo escuchas en todas partes. ¿Cómo te escapas de eso? No puedes. Si tú no utilizas eso, me parece estupendo, pero si lo usas, es que es lo nuestro. Lo nuestro es el breakbeat, la rave y el flamenco. Es que no hay más.

— Paco: Yo desde que está habiendo estas polémicas alrededor del cristianismo, quería apostatar pero ya no lo voy a hacer. Además, hay un refrán que dice: «donde está el santo está la fiesta». Ahí lo dejo.

— J.E.: ¿A cuántas romerías hemos ido? Y las romerías se hacen por un santo, te guste o no. Las fiestas populares están vinculadas a la Iglesia católica. Y no es que tengamos que apropiarnos de nada, es que vivimos inmersos en eso.

Por otra parte, lo de mezclar música de Semana Santa y breakbeat ya se hacía en las raves de los 90, ¿no?

— J.E.: Ahora es como más mainstream. A mi me llegó en los 90 la versión de Camarón breakbeat. ¿Qué estamos inventando nosotros?

— Paco: Lo hemos hablado mucho. Son referencias que cogemos de nuestra
adolescencia y que tenemos grabadas a fuego. Todas las remezclas de breakbeat con Semana Santa vienen de cuando teníamos 13 o 14 años y flipábamos.

Y ¿cómo lleváis petarlo con un proyecto diseñado para disfrutar y bailar en una época en la que todos los conciertos hay que verlos sentados?

— Paco: El espectáculo nace en la pandemia, así que está pensado ya desde su inicio para que la gente lo vea sentada. También somos actores y hemos incluido recursos escénicos para que se pueda disfrutar, aunque no se pueda bailar a tu aire, de pie. De hecho, ya hemos tenido algunos conciertos de pie y funcionan igual de bien. Al final somos animadores y estamos ahí arriba para hacer que la gente se lo pase bien. A mí no me raya que nos vean sentados, me preocupa más ahora, cuando todo el mundo pueda moverse libremente.

— J.E.: Claro, ahora cuando se pueda estar de pie, hablando o haciendo lo que quieras, nos soprenderemos porque no estamos acostumbrados a eso y nos iremos adaptando a que estén a tope bailando o a que ni siquiera te estén echando cuenta. Cuando hemos hecho los conciertos sentados, nosotros somos el foco de atención absoluto. Está pensado así, hacemos coreografías y recursos para que la gente esté entretenida. Lo que hemos aprendido durante todos estos años a nivel escénico y de dinámicas lo hemos aplicado haciendo el espectáculo al que a nosotros nos gustaría asistir.

Destaca mucho en vuestro espectáculo la puesta en escena, ¿cuál es el concepto que subyace?

— Paco: Nosotros, al principio, a nivel estético queríamos hacer un cubo que fuera un paso de Semana Santa con luces LED blancas. Y eso va a venir en un futuro, ¿eh?

— J.E.: Hacemos el espectáculo que a nosotros nos gustaría ver. No creo que estemos haciendo una revolución pero sí hemos unido muchas cosas que nos gustaban y que igual estaban dispersas y las hemos plasmado en un show. Juntas un montón de factores que hacen que sea algo único sin haber inventado nada.

Por otro lado, Paco, cuando estuvimos en Valencia, vio que había una sensación de hermanamiento muy potente. Nuestra puesta en escena reivindica lo que somos: andaluces y maricones, y nuestra posición en el mundo, a veces de una manera más literal y otras menos. No podemos obviar eso, que somos andaluces y que nos tienen machacaos.

Pero ese día en Valencia Paco de repente dijo: «es que mucha de la gente que estamos aquí junta disfrutando fuera en la calle corre peligro, es que te pueden pegar una paliza y aquí estamos dos vestidos de costaleros, otro con estética drag, otra persona tal…». Nuestro show es un espacio seguro y eso, en tiempos en los que en la calle te pueden matar de una paliza, es muy importante. Es necesario generar y visibilizar estos espacios seguros. Cuando reflexionamos sobre esto nos emocionamos porque se están viviendo momentos muy duros con los ataques a la comunidad LGTBIQ+.

Por ir acabando, y para que José Esteban pueda llegar al fin a la playa, ¿proyectos futuros?

— Paco: Vamos al Teatro del Barrio en Madrid.

— J.E.: Nos va a entrevistar Radio 3. Esto lo soñé yo hace muchos años y ahora se está cumpliendo. Ya solo nos falta que nos hagan una sesión en el Reina Sofía.

— Paco: Y con pensamiento de empezar a producir música propia. Ya tenemos pensados todos los videoclips pero no tenemos la música, así que tenemos que empezar a crearla porque, si no, no vamos a poder grabar los cacho de videoclips que tenemos en mente. Por otro lado, seguimos con nuestros proyectos personales.

— J.E.: Yo continúo con mi espectáculo de teatro Vierdingo: salir de fiesta de un viernes a un domingo. A partir de septiembre vuelven los bolos y, además, empiezo como director de una obra que se llama El Viaje, escrita por Antonio Hernández Centeno que se estrena el 29 de octubre en el Teatro de la Fundición.

— Paco: Yo estoy trabajando ahora también en el vestuario del nuevo espectáculo de la Cía. Milagros.

Por ultimísimo, ¿queréis decirle algo que se nos haya quedado en el tintero a las lectoras de El Topo?

– (Paco) Que son una maravilla y que menos mal que estáis ahí.

El amor es mutuo.

Hablan las mujeres de Hytasa

La historia de la fábrica contada por sus trabajadoras

Hytasa, la gran industria textil del franquismo, tardó más de 10 años en admitir mujeres en la línea de producción. Este es parte del relato que no te habían contado. Virginia Linde, responsable del proyecto literario y audiovisual «En busca de la hilandera», recupera su lucha. El proyecto nace del encargo que recibe de la Asociación Rosa Chacel, que lleva más de 30 años trabajando en Cerro del Águila, Juan XXIII y Rochelambert, creando redes y espacios para las mujeres de la zona.

Pepi quiere ser técnica de revelado, aunque en realidad ya lo es porque su padre, el fotógrafo de Cazalla de la Sierra, le ha enseñado todos los secretos del laboratorio, se mueve con desenvoltura entre la ampliadora y los líquidos. Estamos en 1958, la autarquía está acabando y los planes de estabilización exigen un aumento de la producción que solo será posible con la entrada de las mujeres solteras en las fábricas. Así que, mientras los laboratorios de fotografía se cierran para Pepi —porque según los que entienden no son el lugar más adecuado para una mujer—, las puertas de Hytasa se abren para que ella y cientos de mujeres engrosen las secciones peor valoradas tanto social como económicamente.

Pepi, vas a ser una de las pioneras en la mayor industria de la ciudad, una fábrica que ha tardado 20 años en admitir mujeres entre sus filas: ¿cómo se vive una situación así?

Pues se vive sin darle muchas vueltas, porque yo lo que quería es trabajar y en Cazalla no había nada, así que, como no me dejaron estar en el revelado, entrar en Hytasa fue una oportunidad. Pero tampoco éramos muy conscientes de ser las primeras mujeres ni de estar abriendo puertas, porque estábamos aisladas; no teníamos contacto con nadie de la fábrica; no podíamos usar el comedor ni veíamos nada que no fuera nuestra nave de zurcido; es que, por no poder,
no nos querían ni dejar ver cómo era la fábrica. Nuestra maestra del taller tuvo que pelear mucho para que nos dejaran dar aunque fuera un paseo por allí, porque no sabíamos de dónde venía nada, ni cómo funcionaba aquello.

Cuando entras solo podéis trabajar mujeres solteras, ¿verdad?

Claro, esa era la ley: al casarte tenías que irte. Y si habías estado un tiempo mínimo, el Estado te recompensaba con un dinero que se llamaba dote que te venía muy bien si estabas montando la casa, pero claro, tenías que dejar tu puesto. Lo que pasa es que Hytasa te llamaba cuando volvías del viaje de novios y te ofrecía trabajar desde casa, que bueno, era una sorpresa, aunque no cotizaras ni ganaras lo mismo, pero era algo. Yo estuve casi 10 años trabajando desde casa, sacando piezas para la fábrica: según hacías, así cobrabas. Pero claro, esos 10 años no contaron para mi pensión: Yo podría tener una pensión de casi 20 años y no de 8 como tengo. Pero bueno, como entrabas sabiendo que te irías al casarte, procurabas ilusionarte con la nueva vida que ibas a empezar con tu marido, tu casa, convertirte en madre, intentabas no darle muchas vueltas a lo que perdías y pensar en lo bonito que estaba por delante, porque para una mujer en aquellos años tampoco había tantas opciones.

Mientras Pepi trabaja desde la clandestinidad de su casa, el taller sigue llenándose de mujeres jóvenes solteras, como Isabel. Ella quiere trabajar en una oficina y se prepara para ello en una academia de secretariado. Le encanta la contabilidad y es un hacha con los balances, pero en su expresión oral se percibe un problema de dislexia que en 1966 no se sabe ni diagnosticar ni tratar. Ante este panorama, desde la academia aconsejan a sus padres que abandone los sueños de ser secretaria, porque nadie querrá contratarla, pero como en algo hay que trabajar, a Isabel le ofrecen la posibilidad de formar parte del taller de zurcido de Hytasa.

Isabel, tú llegas a la fábrica casi por casualidad, con apenas 14 años y sin haber cosido en tu vida: ¿cómo viviste la entrada en el taller? Me imagino que sería una situación bastante intimidante para alguien de tu edad…

Para mí trabajar en Hytasa fue un privilegio, porque la mayoría de mis amigas estaban —como se decía entonces— internas de servicio, de criadas, y estar en una fábrica era una suerte. Además, mi mundo hasta ese momento había sido muy pequeño, tuve una infancia muy feliz en la que apenas me relacionaba salvo con mi familia y algunos vecinos y de repente en la fábrica conocí a muchas amigas y a personas con vidas diferentes a las mías. En el taller hablábamos mucho entre nosotras, teníamos una relación maravillosa, yo además era de las aprendices más jóvenes y me sentía muy arropada por las compañeras.

Eras de las más jóvenes pero eso no te impedía defender lo que te parecía justo. ¿Que pasó cuando acudiste al sindicato vertical?

A los 2 años de estar en el taller tenías que hacer un examen por el que pasabas de aprendiza a oficiala, que ya era tu puesto definitivo y cobrabas más. Y alguien le soltó a una compañera que era muy tímida, muy buena persona y muy callada, que ella no iba a pasar el examen; y yo eso no lo podía concebir, primero, porque, como te digo, mi compañera era una bellísima persona y no era justo que la asustaran así, y segundo, porque normalmente todo el mundo pasaba la prueba. Así que aquel día al salir del taller me planté en el Duque, que allí estaban las oficinas del Sindicato Vertical, para poner una queja. Yo desde la inconsciencia no me planteaba lo grave que podía ser aquello, porque eres joven y tampoco piensas mucho las cosas, solo ves lo injusto, pero tuve suerte porque al hombre del sindicato debió hacerle gracia verme allí tan pequeña y tan resuelta, diciendo que porqué tenía que venir nadie a asustarnos a las aprendizas del taller —porque yo no daba el nombre de mi compañera para no señalarla, yo decía que era algo contra todas— y total, que me tranquilizó, me dijo que me fuera a mi casa que no íbamos a suspender… Y al llegar a mi casa, pues claro, se lo tuve que contar a mis padres y mi padre pues se enfadó, porque él era represaliado de la guerra y le daba miedo que nos señaláramos, pero en el fondo detrás de su enfado yo creo que estaba orgulloso de su hija, de cómo había salido a defender a una compañera. Nosotras éramos jóvenes, pero sabíamos en qué mundo vivíamos y nos apuntamos a Comisiones Obreras. Pagábamos nuestra cuota en secreto porque el sindicato era ilegal, pero en general ni los sindicatos ni los trabajadores del resto de la fábrica les hacían mucho caso a las zurcidoras, nunca nos invitaban a las asambleas; como era una sección solo de mujeres no contábamos para ellos, sin embargo, nosotras estábamos ahí cuando hacía falta, como en las huelgas, porque también formábamos parte de Hytasa.

Es 1970 y los vientos del cambio agitan al régimen y a Hytasa. Licinio de la Fuente, ministro de Industria, emite el decreto de 20 de agosto que prohíbe explícitamente el despido de las mujeres casadas. Mientras tanto, Hytasa admite trabajadoras en secciones mecanizadas, terminando con la política de segregación que ha imperado hasta entonces. Carmen y sus compañeras van a transformar el ecosistema de la fábrica trabajando por primera vez mano a mano con unos hombres que no van a ponerlo fácil: ¿es así?

Y tanto que va a ser así. Ellos no nos querían en las máquinas y hacían todo lo que estaba en sus manos para hacernos sentir unas intrusas y para intimidarnos. Pero nosotras no nos achantábamos, porque sabíamos que teníamos el mismo derecho que ellos a estar allí. Yo estaba muy ilusionada con entrar en Hytasa, me encantaba mi trabajo, la fábrica, la relación tan bonita que tenía con mis compañeras… yo llevaba ya algunos años trabajando en el servicio, siendo una niña, mi hermana y yo sacábamos adelante a mis hermanos pequeños y entrar en Hytasa lo vivimos como un regalo y una oportunidad, por eso tampoco iba a permitir que los hombres me aguaran la fiesta. La resistencia de los hombres sirvió para que nos uniéramos más entre nosotras. Allí nadie te explicaba nada de tu trabajo y se supone que los que llevaban tiempo tenían que enseñarnos, pero, claro, no querían, así que tuvimos que aprender solas, entre nosotras, y vaya si lo hicimos, nada nos paraba. Costó trabajo, pero nos ganamos nuestro sitio a pulso.

Las mujeres trabajadoras de la generación de Carmen tuvieron que enfrentarse con demasiada frecuencia a los dilemas de la doble militancia. Por eso tras pagar el peaje de la aceptación de los hombres y superar la tensión de la llegada a las secciones mecanizadas estos no dudaron en contar con ellas para legitimar las luchas sindicales que, imparables, impregnaban el ambiente de la fábrica. Carmen: con lo mal que os lo hicieron pasar, ¿no se os pasó por la cabeza dejarlos tirados como ellos hicieron con vosotras?

Para nada, es cierto que no se comportaron con nosotras, que aquello no era justo porque las mujeres no entraron en la fábrica para mandar al paro a ningún hombre, pero nosotras creíamos en la unión de la clase trabajadora y por eso, cuando nos pedían ayuda para movilizar y para crear consciencia en las secciones, acudíamos por supuesto, porque por encima de todo estaba la justicia social y la lucha contra la dictadura.

Y lo demostrasteis con creces en la gran huelga: ¿que pasó entonces?

Pues pasó que la fábrica llevaba 30 años sin subir los sueldos, teníamos unas condiciones de trabajo muy duras y el movimiento sindical y los movimientos sociales en los 70 estaban en plena ebullición, así que votamos y fuimos a la huelga, que fue la primera huelga de Hytasa. Yo estoy muy orgullosa de lo que conseguimos las compañeras porque, aunque no quede nada escrito de aquello, sin las mujeres no habríamos podido aguantar tanto, más de un mes sin trabajar movilizando cada día a esa plantilla inmensa. Nosotras gestionamos en gran parte la caja de resistencia, recaudamos dinero y apoyo en muchas asambleas, recorrimos las fábricas, la universidad y hasta organizamos un partido de fútbol femenino con las compañeras de Induyco que fue un éxito de convocatoria y recaudación. Gracias a esa caja de resistencia ninguna familia de la fábrica pasó hambre en lo que duró la huelga, con la que conseguimos la mayor subida de sueldo de la historia de la fábrica.

Estamos despidiendo los años 70 y los vientos de la desindustrialización agitan la vida de nuestra joven democracia. Hytasa es un gigante con pies de barro y con un sistema productivo incompatible con los nuevos hábitos de consumo. La crisis del textil embarcará a la fábrica en diversas estrategias para abaratar costes y adelgazar la carga de trabajo. Es 1979, la fábrica crea un taller clandestino con el que externaliza la última fase del proceso que continúa siendo completamente femenino y manual: el zurcido. Bajo el formato de escuela taller y con la complicidad de la parroquia del barrio —que cede los locales en los que se ubica—, mantendrá una plantilla de 40 mujeres muy jóvenes trabajando a destajo para la empresa, sin derechos, sin seguros, sin garantías laborales y a muy bajo coste.

Mª Ángeles y Loli ingresan en el taller con 14 años protagonizando una revuelta histórica que obligará a la fábrica, vía judicial, a aceptarlas como trabajadoras de pleno derecho con todas las garantías. ¿Cómo es posible que unas adolescentes que apenas conocen sus derechos sean capaces de sentar a la gran Hytasa en el banquillo?

Es verdad que entramos hechas unas niñas, pero nos ponen a trabajar como a adultas y, de alguna manera, esa responsabilidad nos hace ver que lo que está pasando no es justo, por eso, aunque no tenemos herramientas suficientes para nombrar lo que está pasando, sí tenemos capacidad para ir a denunciar y defendernos. También piensa que estábamos muy unidas, las 40 íbamos todas a una, lo teníamos clarísimo. El juicio fue tremendo, aquello parecía una excursión escolar, pero ganamos y la fábrica tuvo que admitirnos. El recibimiento por parte de la plantilla no fue tan cálido como esperábamos, la empresa empezaba a ir mal y de algún modo nos culpaban de aumentar los problemas de balance —y eso que les perdonamos parte de la deuda—, pero con el tiempo conseguimos ganarnos nuestro sitio.

Mª Ángeles tu entras como zurcidora rasa, sin derechos, y sales con el fin de la sociedad anónima laboral, ¡menudo proceso!

Pues para mí ha sido el camino de mi vida. Una lucha muy intensa y con momentos muy duros de la que hoy me siento profundamente orgullosa. Pasé por muchas secciones y posiciones, y adquirí una gran madurez profesional y personal. Pese a todo tengo la satisfacción de haber peleado hasta el final por mi puesto de trabajo.

«La mayor dificultad de una cooperativa es la horizontalidad de quiénes la componen»

Ismael Rojas, asesor y Socio de Autonomía Sur

Nos vamos de excursión al Prado, a la sede de Autonomía Sur, a charlar con Ismael Rojas. Acaba de abrirse el periodo de presentación del IVA del primer trimestre del año, y, aun así, tarda cerocoma en quedar con nosotras. Es raro el proyecto colectivo que no se haya sentado alguna vez a charlar con él. Gestor de nuestras vidas y militancias varias, hoy le pedimos que nos siga respondiendo dudas, pero ninguna sobre papeleo

¿Quién es Ismael Rojas?

Técnicamente soy un socio trabajador de la cooperativa Autonomía Sur, que acaba de cumplir diez años. Estudié empresariales después de trabajar en la hostelería y ver que era bueno con los números, y luego me metí con la economía social. Soy una persona muy trabajadora, demasiado, excesivamente responsable y padre de dos criaturas: Lola y Alba.

¿Cómo puede ser que la gente hable tan bien de ti, que generes tanta confianza, cuando trabajas en un área tan poco agradable como la asesoría?

Eso es porque mi padre y mi madre me transmitieron muy bien esa forma de ser. Me alegra mucho y a la vez me genera mucha responsabilidad. No me gusta llamar a las entidades clientes, es un término muy mercantil, son amigxs o entidades. Además, trabajando en un entorno tan cerrado como es el nuestro, me da pánico meter la pata en un proyecto. Por eso si hay una equivocación es nuestra responsabilidad y nos duele más por lo profesional que por la multa.

Hace unos meses entrevistábamos a Ferrán Aguiló, activista y cooperativista libertario en Barcelona en proyectos como La Dinamo, La Borda. Nos decía que «si algo se puede hacer, es colectivamente». Ismael, ¿por qué cooperativismo y cómo se lucha desde las cooperativas?

Por eso mismo, por hacerlo con más personas. Nuestra lucha es fomentar la unión, la horizontalidad y el cooperativismo. Nuestro objetivo fundamental es el fomento de la economía social y solidaria y la horizontalidad de los proyectos. Que no haya una que mande o malmande sobre las demás. Y lo hacemos porque creemos que todo va mejor si estamos más unidas. Y cuesta muchísimo con las dificultades y la poca experiencia de cooperativismo y asociacionismo que tenemos en Andalucía. Pensamos que es la manera de salir de las situaciones de crisis. De hecho, vienen más entidades en épocas de crisis. Cuando las cosas van bien, no tanto. En este sentido, creo que la reflexión sobre economía social andaluza es necesaria.

¿Como está en Sevilla el mundo del cooperativismo?

Está débil. La nueva reforma de cooperativas fomentaba la creación de cooperativas pequeñas, de dos personas. Si miramos las cooperativas, las asociaciones, con las que trabajamos son de muy pocas personas, son muy débiles, de muy poco compromiso. Es verdad que la economía es débil y no hay más gente porque no se puede facturar más y este círculo capitalista en el que vivimos no permite generar más economía horizontal, pero es débil. Si nos comparamos con Barcelona u otros puntos de Europa, este tipo de economía societaria se lleva de mejor manera. Cuando empecé hace diez años esperaba ver unos resultados mayores.

Parece que existen ciertos mitos en relación al cooperativismo. Como que crear una cooperativa es algo muy complicado.

Yo siempre digo que una cooperativa es una forma jurídica como otra cualquiera. Los mismos impuestos que una sociedad limitada, las mismas obligaciones con la Seguridad Social, con los ayuntamientos y con la Junta. La dificultad que tiene una cooperativa seguramente sea la propia horizontalidad de quienes la componen. No hay una herramienta de gestión para eso. En una sociedad limitada es muy fácil: gestiona quien tiene el dinero. En una cooperativa, en una asociación, mandan todas. Y al tener la poca costumbre y la poca tradición de que eso sea así, se generan muchísimas tensiones. Pasa en todas y, lamentablemente, nosotros ahí no podemos entrar. Aconsejamos a veces, aunque últimamente pensamos que es mejor quedarse callados.

¿Y es más fácil cuando vienen de movimientos asamblearios?

En el mundo asambleario, sindical o político saben gestionarlo mejor. Pero económicamente es una cosa nueva. Quienes vienen no suelen tener experiencia empresarial, no vienen de familias de empresarios, sino de trabajadores, normalmente. Y esa falta de experiencia también la notamos. Es difícil convertirse de repente en empresarios. Y esa es la segunda parte. Hablar de dinero es una cosa sucia, necesaria pero sucia, y en una horizontalidad de entidades más: ¿por qué ganas tú más que yo?, o ¿por qué no cobramos…?

¿Es cierto ese rumor que dice que dentro de los proyectos militantes o cooperativos es donde hay peores condiciones laborales y más precariedad? ¿Y cómo es la relación de dependencia con las subvenciones?

Todas las asociaciones nos autoexplotamos y, es más, por lógica y por entrar en el sistema empezamos a defraudar, cotizamos menos de lo que estamos trabajando internamente. Y lo hacemos de esa manera porque no podemos cobrar más dinero porque no ingresamos más. Nos adaptamos y nos precarizamos. Todo el mundo en una cooperativa, en una asociación, quiere ser contratado en el régimen general, pero muy poca gente puede llegar a desarrollarlo. La pregunta es siempre «¿cuánto dinero tienes?», y, sobre lo que tengas, te damos de alta. Si tienes 500 euros, un tanto por ciento es para la Seguridad Social y te vas a quedar con 300. Queremos estar bien con la ley, pero con las limitaciones de recursos que hay. Todo el mundo quiere un salario digno, pero no llegamos al salario mínimo interprofesional, que cuesta 400 euros además de los 1000 euros.

Sobre las subvenciones, nuestro compañero Óscar García Jurado siempre decía que una subvención es ir dopada a la cooperativa; te quitan el dopaje y te vas fuera, ya no acabas la carrera. Tenemos entidades que son dependientes, no de la subvención o licitación como tal, sino por la actividad que desarrollan, dependen de prestarle un servicio a un ayuntamiento, a una consejería o ministerio, y son frágiles. Duran en función de lo que dure el proyecto.

Con el mundo tal y como está, hay sociedades mercantiles, sociedades anónimas de grandes empresas que ya entran en nuestros sectores porque tienen solvencia técnica y económica, y algunas que son tan dependientes que después de 15 años con licitaciones se ven fuera porque ha llegado un Florentino Pérez con una empresa social. Nosotras tenemos otras herramientas (Coop57, CAIS, etc.) y vamos a hacernos fuertes frente a todo eso: motor financiero, energético, solvencia técnica… que nos sirva para competir con ellas.

¿Cómo se gesta el proyecto de Autonomía Sur? ¿De dónde viene y hacia dónde está caminando?

La cooperativa viene de una sociedad limitada laboral. La fundaron Luis (abogado) y Óscar (economista) con dos personas más, aunque no fueran socixs trabajadorxs, porque creían en constituir una cooperativa como forma jurídica.

En 2011 se constituye como tal aprovechando la reforma de la ley de cooperativas andaluza. Entra un equipo en la parte jurídica, conozco a Ana y me propone para entrar y crear un área de asesoría. La primera cooperativa que se constituyó con Autonomía fue el grupo Narco y, a día de hoy, tenemos unas 80 y más de 300 entidades entre asociaciones, cooperativas, algunas SL (que es un debate, pero si las gestionan bajo determinados principios, las cogemos) y muchas autónomas con principios asociativos.

Tras estos 10 años, ¿qué tiene planteado Autonomía Sur, hacia dónde va?

Nos dejamos llevar. Suena feo decirlo, pero no hacemos ni campaña de captación; nos van llamando entidades, sindicatos, algunos ayuntamientos… Sin tener que buscarlos. Ahora somos menos románticas a la hora de entrar en los proyectos, antes éramos unas adolescentes, decíamos que sí a todo. La energía la poníamos nosotras. Una pasión… Ahora nos centramos más en los proyectos que nos gustan. Tenemos la suerte de poder elegir. Pocas veces llega una empresa convencional que busque nuestros servicios, pero si lo que hacen no nos gusta o nos parece sucio, no lo aceptamos.

Y os vais reliando con Som Energía, Coop 57…

Yo soy socio de Coop57 y miembro de la comisión técnica, que consiste en analizar la situación cuando una entidad viene a pedir dinero. Y es una comisión técnica de entidades que están tiesas y a veces las valoraciones son con el corazón y no con la calculadora. Pero la mayoría sale.

Otro relío que tenéis es el Blog El Jornal Andaluz en El Salto.

Es cierto. Eso es culpa de Luis Ocaña. Yo soy más de calculadora y Luis a todo el mundo le dice que sí, al blog, a los boletines… Es una responsabilidad. Lo mueven Luis y Dani. Luis mueve a mucha gente que participa, pero es verdad que eso es parte también de nuestra esencia. Es como un asesoramiento gratuito, se tiene que hacer y se hace.

Bueno, pero parece que eres capaz de hacer sexi informar sobre la declaración de la renta.

Bueno, sí. Sexi y fácil, para que lo entienda mi hija. Yo tengo que transmitir esa información para colectivos que no tienen ni idea y tienen que entenderlo. No puedo ponerme técnico.
Me ha gustado lo de hacerlo sexi. Es cierto que hay que hacerlo fácil de entender, eso es muy importante para nuestro colectivo.

Defender derechos laborales y sociales en este contexto (y siempre): ¿cómo lo estáis viviendo?

Aquí pasa que, como se defienden desde el punto de vista jurídico tantos derechos laborales, se ve como que algo se está consiguiendo, pero la realidad es que hay mucha explotación laboral y mucha mierda empresarial. Se vive con ganas de seguir dándole leña a los empresarios que están fuera y siguen haciendo esto. Con la crisis, empleando las herramientas que tenemos como siempre lo hemos hecho. Es verdad que estamos viendo muchos más despidos, muchas más irregularidades, saltándose a la torera las condiciones de los ERTE. Es complicadillo.

Los sindicatos que nosotras llevamos están fuertes, están atendiendo bien, se está haciendo bastante al respecto, pero, como en todas las crisis, vemos lo que entra y por la parte jurídica es siempre la misma mierda. Hemos pasado de tantos días por despido a que sean menos días por año trabajado… Pero nosotras como siempre, echando todos los recursos y todos los medios.

¿Qué salida le ves a la economía andaluza? ¿Cómo ves el panorama?

Nuestros principios siempre han sido el fomento de la economía social y solidaria: es nuestra premisa de la que no nos podemos desviar. Con largo trabajo, que no es como al principio que decíamos en uno, dos, tres años, esto esta todo ya montado, hemos llenado un edificio entero de entidades de economía social, que va. Con calma, poco a poco, aprender, transmitir las experiencias, nuestras y de todas las entidades.

Nos hemos enterado de que fuiste tesorero eclesiástico: ¿puedes explicarnos eso?

Esto viene de mi tío Pepe que era el párroco de Punta Umbría y mi familia veraneaba allí. Las misas eran al aire libre, con mucha gente, y la colecta era muy interesante. O se llevaba al banco todo lo recogido o se contaba antes para llevarlo al banco ya contado y esas cuentas eran las que hacía yo. De ahí «tesorero eclesiástico». Separaba las monedas y las contaba. Podíamos ser seis personas contando monedas durante cuatro horas; imaginaos la cantidad de metal que podía haber ahí.

¿Has visto las cuentas de El Topo?

Jajajaja, no, pero es sostenible. El Topo aguanta fuerte.

«El individualismo es una ficción impuesta»

Entrevista a MAR GALLEGO, feminista y contaora

En resiliencia, asertividad y apoyo mutuo nuestras abuelas nos dan mil vueltas. Aun así, siempre hemos buscado muy lejos los referentes, espejos donde a nuestra imagen le faltaban demasiados detalles como para poder reconocerla. Mar Gallego es una romancera contemporánea que recupera las historias de las que somos protagonistas. Son historias que podrían haber dejado de contarse, pero que nuestros cuerpos jamás olvidarán.

Empecemos por las grances, esa generación de mujeres depositarias de nuestra memoria: ¿cuáles son sus relatos? ¿Desaparece su memoria con ellas?

No desaparecen del todo porque la memoria es algo colectivo. Lo llevas en las células. La memoria es la capacidad de recordar porque lo que recuerda es el cuerpo, no solo el retrato oficial. Lo que has vivido no solo implica lo que tú vives en tu propia generación, sino que tu cuerpo recuerda lo que han vivido generaciones anteriores; lo que pasa es que el viaje corporal ha sido históricamente reprimido y hay mucho interés en que no sintamos el cuerpo. La alianza entre capitalismo y patriarcado también implica que nos desconectemos de nuestros propios cuerpos porque así vamos a comprar muchísimas cosas por el camino. Ahora que ha muerto mi tía yo le decía a mi hermana «que suerte haber tenido esos referentes», el de mi tía y el de mi abuela y el de mi madre y el de la calle. Yo lo tengo en mis genes y mi memoria, pero no solo yo, sino muchas mujeres de mi generación, y eso se acaba imponiendo con el tiempo. Yo noto que nosotras vamos reproduciendo esos discursos día a día. La colectividad no es una necesidad de construir, sino que es inevitable casi. El individualismo es una ficción impuesta. El propio cuerpo es una colectividad.

Subiste una imagen brutal de una mujer en el campo en blanco y negro con el lema: «Yo sería tu revolución si me vieras». ¿Dónde hemos estado mirando todo este tiempo?

Lo vivo como un choque con el discurso que se considera politizado o lo que se considera activismo. Ahora con las asambleas por el 8M me chocan las inercias que se llevan a cabo desde los propios feminismos. Estamos hablando de las mujeres pero esa forma de hacer política tiene una tradición que es muy heteropatriarcal que no ha puesto los cuidados en el centro.
Vamos a una asamblea y los puntos del día ya están configurados, cuando a lo mejor lo primero sería preguntarnos cómo estamos, qué necesidades tenemos, cómo están nuestros cuerpos, sabiendo que llevamos el peso, la culpa, los cuidados… No vemos eso porque en realidad hemos separado lo personal de lo político. Estamos hablando de determinadas cosas en una asamblea y luego cuando salimos hablamos de lo mal que nos hemos sentido. Esas dos parcelas se tienen que fusionar. No verlo tiene que ver con las dinámicas que se establecen dentro de lo que normalmente se ha considerado como político, y nosotras hemos recibido esa forma de entender el hacer política.

A veces pienso que tanto como hablamos de todas las mujeres, qué pasaría si a esas asambleas asistiera un grupo de mujeres como nuestras abuelas o nuestras madres. No entenderían nada y lo digo sin infantilizar, sino desde la autocrítica. A esa parcela se la ha desposeído del carácter político e indudablemente lo tiene. Veo mucha más política en una persona que está haciendo activismo de base sin saber que eso es activismo porque está cubriendo necesidades reales y está llegando donde un feminismo organizado con 400 mil personas que salen a la calle no está llegando. No estamos consiguiendo convertir el feminismo en una alternativa real de base o una amenaza para el sistema patriarcal ¿Qué hacemos para que ese feminismo realmente sea una alternativa vital? Las mujeres que no se consideran politizadas crean sin saberlo un espacio donde hay otras mujeres que se sienten parte de una comunidad. Un grupo de amigas que dan una salida emocional. Puede parecer una chorrada, pero estamos en un sistema en el que la salud mental no se tiene en cuenta y ya estas mujeres están dando una salida vital a un «no tengo con quien desahogarme», por ejemplo.

¿Qué te parece esa apropiación precisamente de conceptos como el poderío o el andalucismo de multinacionales como Heineken con el anuncio de la Cruzcampo?

Me lo han preguntado muchas veces y parece que Cruzcampo nos marca qué es aquello de lo que tenemos que hablar. Me pasa como con el periodismo, que estos son los sitios donde se pone el foco y a mí me interesan más las sombras. Detrás de esto hay una instrumentalización de un trabajo que mucha gente lleva haciendo años, para un determinado objetivo que es beber cerveza. El resto de personas que está generando relato tenemos nuestra propia agenda y nuestros propios objetivos a la hora de construir algo y lo seguimos teniendo. Con muchas diferencias, porque hay mucha diversidad. Pero no me voy a poner ahora a escribir sobre Cruzcampo.

¿Qué papel tiene el feminismo institucional en la lucha feminista? ¿Es un apoyo o un estorbo?

Yo no tengo una opinión cerrada con respecto a lo institucional, tengo la sensación de que como en todos sitios, se cuecen habas. Con mis compañeras del colectivo Código Malva, de Chiclana, me muevo a nivel asambleario y últimamente sí que estamos un poco fritas con la institución, en el sentido de que solo se nos llama un 8M o un 25 de noviembre. Y nos parece que no hay cuidados en esa forma de hacer política, estamos cansadas de que el feminismo sea un tema o una materia y no un ecosistema. Estamos cansadas de que no haya transversalidad, de que las mujeres seamos un colectivo siendo más de la mitad de la humanidad. No vemos que usen sus herramientas para ponerlas al servicio de un cambio real en la equidad.

Si la institución no lo hace, pues ahí tendremos que estar nosotras para meterle caña. No es una satanización y no se puede esperar que todos los cambios vengan de la institución, eso no sería deseable. Pero evidentemente la institución tiene que ser una herramienta transformadora.

En tu libro hablas de no-lugar refiriéndote a esa gente del campo que cuando emigra a la ciudad, siente que todo su saber no vale nada. Es la historia de muchas de nuestras familias.

En el caso de Andalucía estamos atravesadas por muchos factores que hacen que nuestro saber no se reconozca. Primero por nuestra vinculación con lo rural (el 90 % del territorio andaluz se considera rural) y esto se entiende como sinónimo de incultura, no se considera que haya saberes. Ahí, obviamente, el urbanocentrismo opera muy fuerte. Es como una cultura donde se nos ha dicho que no tenemos cultura. En segundo lugar, que históricamente ha sido un pueblo económicamente pobre.

Pero ese pensamiento hegemónico se resquebraja en momentos como este de pandemia. Las grandes ciudades se convierten en infiernos. El concepto de ciudad no está dando lugar a una alternativa de vida que no sea la de la muerte. Lo que realmente sirve para una sociedad alternativa donde la vida esté en el centro es a lo que no le damos valor. De manera hegemónica no solo se nos ha dicho que eso no vale, sino que además esos saberes deben ser superados. No son un lugar donde quedarse. 

Yo ahora mismo por cuestiones económicas estoy viviendo en la casa familiar y vivo un conflicto interno que me hace cuestionarme qué hago con 38 años viviendo con mi padre. Y no estoy romantizando la precariedad, pero el sistema me dice que no me puedo quedar aquí. Sin embargo, ha llegado un momento en que le veo más sentido a vivir con mi padre. Los cuidados son más colectivos, él se siente acompañado, yo también,
mi tío que se acaba de quedar viudo se siente también acompañado… imaginaos la diferencia entre esto y que yo busque el modelo individualista de vivir en un piso sola. No vemos esas alternativas de vida.

Sobre el tema de la pobreza, al que también aludes en tu libro: nuestras madres y abuelas reconocían la pobreza que vivían. Aunque parece que ahora «vivimos mejor», nos cuesta reconocer que seguimos siendo pobres.

Hay un libro de Remedios Zafra, El entusiasmo, que habla de esto. Históricamente lo que se ha considerado pobreza es una persona que está en las últimas, y solo eso. Y eso es pobreza extrema. Pero luego hay otros tipos de pobreza, y sí que es verdad que hemos evolucionado, pero no ha cambiado lo que históricamente se considera pobreza, porque también podríamos considerar que es pobreza emocional lo que estamos sintiendo. También es pobreza que tú tengas un trabajo nuevo cada dos meses; esa inestabilidad laboral es pobreza, la incertidumbre es pobreza.

Yo recuerdo de chica ir con mi madre a las monjitas a pedir. Obviamente eso es pobreza, pero yo he podido licenciarme en Periodismo y esa formación me da un privilegio, pero eso no es sinónimo de que yo no esté sufriendo precariedad. Quizá a mí me cueste mucho más trabajo verbalizar esa necesidad, porque yo siempre voy a tener en cuenta que en comparación con mi madre soy una privilegiada. En Andalucía en general, por lo que veo a mi alrededor, la precariedad es de verdad… Es como que la pobreza es algo que no te pasa nunca a ti, pero eso pasa con todo, también con la violencia de género. Es el peligro de hacer de las experiencias un tema. Estamos viviendo un montón de cosas que no las vemos porque son temas. Cuánta violencia no vivimos en nuestro día a día, y dices: «¿me está pasando a mí?», y no lo reconoces porque no es violencia, es mi vida, es mi historia.

Todo lo que estamos hablando es muy mental, tiene que ver con una disociación con el entorno. Tendemos a hacer relatos muy binómicos desde una coherencia que no tiene nada que ver con la materialidad de la vida. Podemos ser precarias y ser privilegiadas, podemos ser pobres y podemos tener una carrera, pues sí. Hay que romper esos binomios porque eso es una trampa para quien está oprimida. Una vez me llegaron a decir, sobre los relatos de las mujeres, que yo estaba haciendo apología de la pobreza. Parece que si sufres una necesidad no tienes un saber, no puedes hablar, esto para nosotras es una trampa, porque al final quienes hablan y generan discurso son solo las privilegiadas, y hay que tener en cuenta que la necesidad no invalida un discurso
ni una verdad. Yo hago feminismo por necesidad, el día en el que deje de hacerlo por necesidad, seguramente mi feminismo no valga. 

¿Cómo van tus proyectos y tus colaboraciones?

Estoy en un momento de standby, creo que no soy la única; no sé qué está pasando que está todo el mundo un poco harta de la situación y también diciendo «si la vida va a ser así de mierda pues voy a hacer lo que me gusta». Mantengo la web de Como vaya yo y lo encuentre porque me sale, tampoco vivo de eso. Me gusta comunicar y me gusta esa miradita del proyecto, de todo lo que estamos hablando aquí, de cuando hay una realidad social meterle la miraíta, el miramiento.

Ahora tengo muchas ganas de meterle caña en el proyecto a lo que implica construir en colectividad, que generemos entre todas el relato, porque hay mucha gente en el proyecto y me parece un espacio muy bonito. Siento que se ha conseguido un amor, una comunicación con amor desde el no juicio. 

El libro sigue y está yendo muy bien, y eso me está ayudando. Está llegando a mucha gente, Andalucía está por todas partes. Para mí es una cosa muy emocionante y muy bonita, sobre todo por la intergeneracionalidad. Es un libro que todo el mundo me ha dicho «me lo he leído yo y luego se lo he pasado a mi madre», y en algunas presentaciones esas mujeres han venido con el libro, y eso me parece muy bonito. Recuerdo a una mujer en Córdoba que me dijo: «es mucho dolor el de las mujeres andaluzas, el que nosotras tenemos». Hay que entenderlo como un relato que no forma parte del pasado, que esas mujeres existen y las tenemos delante.

Estoy también metida en un proyecto de ensayo que no tiene nada que ver con el feminismo andaluz. Estoy trabajando así, dedicándome a cosas que me gustan y ya luego le busco la salida. Algunas conferencias, sigo en Píkara como colaboradora y me doy la libertad de hacer lo que me gusta, pero no mucho. He elegido esta forma de vida porque prefiero vivir de las cosas que me gustan. Hace muchos años que para mí estar en una oficina era la muerte y hay un momento en el que dije: nunca más esa sensación de estar muriéndome minuto a minuto.

¿Qué es lo que más te toca el coño?

Yo creo que me toca mucho el coño las cosas que no tienen sentido, por eso me he ido de alguna empresa, porque que si yo estoy haciendo algo necesito que sirva para algo. Parte también de esta cultura-cultureta-culta-hegemónica que se haya puesto en valor el que las cosas no sirvan para nada; incluso en el arte se dice: «cuanto menos sirva más arte es», y yo creo que las cosas tienen que servir para algo, y si no sirven es que nosotras le estamos sirviendo a ellas.

Humor absurdo, andalucismo y cultura de barrio

Entrevista al Malacara

En las elipsis de nuestro jolgorio lingüístico se esconden los verdaderos significados, aquello que late, para lo que no existen palabras. Entre las aspiraciones de letras huecas y las zetas que suenan pero no se escriben, aparecemos vestidas de quienes somos. Malacara traduce los disparates más incomprensibles de la política y la vida posmoderna y los transforma en porvorone, croqueta y polofra.

¿De dónde sacas la energía y el ingenio para publicar prácticamente cada día?

Yo creo que son bromas muy fáciles, no me cuesta mucho. Lo que más me costó en su día fue consagrar un formato, por así decirlo. Cuando ya tienes tanto la estructura puramente formal como el estilo de contenido, en ese momento, ya todo viene rodado.

Según nosotras, Malacara tiene un humor absurdo y a la vez inteligente. No pensábamos que fuera tan fácil de hacer. Nunca habríamos pensado ver un meme sobre el examen del mapa de los ríos y que además hicieran tanta gracia.

Eso me resulta fácil, aunque tengo mala memoria. Pero son cosas que todxs hemos visto muchas veces en el instituto. Y también para eso me ayuda mucho el Baby Yoda, me encanta el meme ese.

Hemos podido leer en otras entrevistas que empezaste con Malacara por divertimento, sin un objetivo concreto. ¿En qué se ha convertido actualmente, a nivel profesional y personal? ¿Hacia dónde va?

Empezó siendo una cuenta puramente de humor y de cosas que me gustan a mí. Lo sigue siendo y espero que así continúe. Pero, aunque siempre he tenido mis opiniones, al principio sí tenía menos trasfondo político. Ahora tiene más, aunque siempre sin rendirle cuentas a nadie, sin ser militante de ningún partido. Me empecé a dar cuenta de que con el humor se podía introducir el mensaje que yo quisiera. Sobre el bien o sobre el mal. Entonces, a partir de ahí empecé a poner un poco más de contenido político, opinión, crítica… pero siempre desde mi punto de vista. No sé hacia dónde va. Sé de dónde viene y no es lo mismo que al principio, y en esa transformación puedo intuir la línea que se dibuja. El camino no va hacia una mayor seriedad, yo creo que la gente está harta del ambiente de hostilidad que tenemos en las calles y los medios todo el día. Yo creo que con el humor puedo ir colándome en las casas y hacer llegar mi mensaje. Me gusta la transformación que ha tenido Malacara. Además, yo sí leo los comentarios que me deja la gente y veo por dónde tengo que tirar, qué reflexiones tienen cabida…

Resignificar productos culturales que todas conocemos y llevarlos a lo cotidiano y al humor acerca a la gente, ¿no? Hace que nos sintamos identificadas con lo que se transmite de una forma que no está directamente relacionada con la política, porque reconocemos al Baby Yoda o al jugador de fútbol.

Sí, yo creo que el uso de códigos un poco transversales y a través de un humor o un contenido «horizontal», que no está pensado por una élite, ni por un agente de publicidad, es más cercano. Intento cada día, no digo ponerme al Juan y Medio, pero sí salir a la calle y escuchar las conversaciones de la gente, tenerle cogido el pulso a la sociedad al minuto. Me sé muchas expresiones que tenía mi abuela, que en paz descanse, o gente de mi barrio, o de cuando era joven. Te acuerdas de un comentario que te pareció gracioso de un colega tuyo y dices «esto que estaba aquí en la ultratumba, igual con el Harry Potter lo puedo meter». Yo creo que van por ahí un poco los tiros, la gente entiende esos códigos.

Esto tiene mucho que ver con otras preguntas que queríamos hacerte: ¿cuáles son las claves para que tu humor llegue a un público tan diverso? ¿Qué referentes tienes?

A mí me gusta mezclar, intentar utilizar tanto cosas que decía mi abuela o que puedo escuchar en otro monólogo de un artista andaluz, frases que escucho en mi barrio o una canción de Triana; intentar mezclarlos con códigos o con estructuras que utilizan monologuistas de otros sitios o Woody Allen en las películas que rompen la cuarta pared… Sobre todo hago gilipolleces. Intento hacer algunas cosas de esas que he mencionado, pero no me salen. Normalmente hago tonterías de quién se ha comido el polvorón y eso. Como referentes, siempre me ha gustado el humor, desde que entré en la Universidad. Series como The office, Larry David… he visto un montón de películas y series de humor y la verdad es que me mola, this is why.

Y hablando de referentes o ejemplos existentes en el humor sevillano concretamente, ¿tú crees que hacía falta una visión de la sevillanía sin lo casposo, sin lo rancio? ¿Reflejar cosas nuestras, de Sevilla, que todxs reconocemos, pero sin que la broma sea siempre desde o sobre la casposidad, el capillita, el señorito…?

No había pensado en eso concretamente, pero quizás pueda tener algo que ver con lo que hemos hablado. Volvemos a lo primero, quizá haya mucha gente que se sienta representada. Hay una parte muy importante de Andalucía y de la gente de Sevilla que ha estado sistemáticamente, por los medios de comunicación y por la cultura de masas, silenciada durante no 50 años ni 100, sino 200 o 300; muchísimo tiempo. Creo que es bueno que esa parte de la gente, que es mucha, cuente también. No va a ser solo gracioso el señorito, aunque también tiene su cosa. Yo me he reído mucho con los Morancos, no los critico. En los debates electorales que hacían estaba el señorito, muy fielmente representado; pero no ocurría lo mismo con el otro, que era plumoso, con la bandera del Che, los clichés izquierdosos… Yo no creo que eso sea la izquierda andaluza ni la juventud andaluza. Por eso creo que está bien que lo haga yo y que lo haga todo el que quiera. No es la única cuenta que hace esto.

Percibimos que de un tiempo a esta parte, en las redes sociales hay un movimiento andalucista centrado en lo cultural, como puede ser Er Prinçipito Andalûh, o cuentas de memes andalucistas, también desde el ámbito musical. ¿Concibes Malacara dentro de ese movimiento o crees que refuerza esa carga identitaria?

Desde luego. Con el movimiento andalucista se está viendo que algo está pasando y la gente se está dando cuenta. Estas páginas quizá son bandera de eso o quizá son síntoma de eso. Está calando un mensaje, quizá justificado, de que Andalucía ha sido históricamente y constantemente ninguneada una y otra vez, sobre todo cierta parte de Andalucía, por ejemplo, la que habla con la zeta, como las mofas a la ministra Montero. Yo no comparto con el PSOE absolutamente nada, pero criticar a esta señora porque hable con la zeta me parece repugnante. Algo está pasando y yo me alegro porque aquí parece que todo el mundo está orgulloso, menos nosotros que somos gilipollas. A nadie se le ocurre imitar chistosamente a una persona que hable catalán en un acento muy marcado. ¿Qué pasa?, ¿solo se tienen que reír de nosotros?

¿Sientes que a veces se molestan más andaluces y andaluzas por tu forma de escribir que gente de fuera?

No. Alguna vez me ha pasado, pero muy minoritariamente. Yo creo que la peña lo ha entendido bastante bien. También es verdad una cosa: aunque hayamos hablado de que Malacara llega a mucha gente, la página tiene su público y no es precisamente peña predispuesta a ofenderse por ese tipo de cosas. Me explico: estos memes y estas cosas no van para gente de 60 o 70 tacos, que son, a lo mejor, los que no tienen esa sensibilidad para entender que detrás de eso hay una crítica o se quiere poner en valor el acento andaluz, los dialectos, las hablas. La visión primera es que me estaba metiendo con los andaluces, que me lo decían al principio. Yo creo que después, con todo el tiempo que ha pasado, ya no me lo comentan. No hay mucha peña que se mosquee. Cuando esta mujer, la ministra Montero, habla en andaluz, a mí me parece muy bien porque de siempre, cuando nosotros hemos salido de aquí, o hemos llegado a un puesto de responsabilidad o hemos hablado en público, empezamos a «hablar bien», entre comillas.

Nos llaman la atención publicaciones con un claro posicionamiento político, como las que hablan del colapso, del capitalismo, del posmodernismo o de todo a la vez. ¿Qué nos puedes decir de eso? ¿Cómo se puede hacer política desde el humor?

Para mí la política es una cosa seria y el humor es otra cosa. Hacer política con memes todo el rato creo que es un error, y meter todo el rato política en mis memes también es un error, pero en su justa medida, sí. Hay cosas que por su seriedad creo que no se deben tratar en un formato de humor. Creo que es compatible, pero a veces se abusa un poco de eso y se usan memes ahora porque están de moda, y la política lo que hace es fagocitar todas las cosas que están de moda.

Yo creo que se nos está yendo la olla con ese rollo. ¿Se puede hacer política con memes? Sí, se puede y se debe. Pero se lo recomendaría a quienes hagan el bien, jeje. A los que hagan el mal, no. De hecho, los que más utilizan las redes sociales son los de VOX, el Salvini… toda esta peña de extrema derecha son los primeros que se meten en tiktok.

Yo lo que creo, en el fondo, es que hay una falta de nivel en la política bastante importante. Entonces, el uso de memes y del humor hace que el mensaje llegue a más gente, pero se gana en superficialidad del mensaje. Por ejemplo, ya no nos leemos los programas de los partidos políticos, así que voy a hacerme un tiktok y voy a explicarlo mal, voy a omitir cosas… Eso es el populismo, no hace falta que lo explique. Entonces yo creo que el abuso del humor y los memes es un síntoma de cómo está la sociedad. Además, esta gente nos va ganando la batalla. La izquierda siempre ha sido más rigurosa, a los otros les da igual con tal de ganar. Van a cuchillo. Me estoy yendo por las ramas… Bueno, no sé, yo en conclusión estoy muy contento con la página, la verdad.

De la misma manera que percibimos ese posicionamiento político, no lo percibimos tan claro respecto al género, a cuestiones feministas. Malacara es un personaje no neutro en cuestiones políticas, ¿qué ocurre en cuanto al posicionamiento de género?

Yo considero que, como hombre, debo opinar lo mínimo posible sobre el feminismo. Apoyo el movimiento y tengo mis opiniones, pero normalmente no las comparto. No solo en la cuenta, tampoco en mi vida, con mis amigos, etc. No la voy a cagar con mi opinión, los tíos llevamos opinando 4 000 millones de años y creo que no es un tema sobre el que tenga yo que opinar. No considero que yo sea una voz autorizada para hablar de ese tema. No sé qué os parece, pero es la verdad. Por twitter leo mucho debate feminista y veo un montón de tíos como yo opinando sobre el tema. Deja de opinar, opinas de todo, ¡todo el día! ¡Este debate no es tuyo! No opinar es un posicionamiento consciente que tengo. No soy voz autorizada y no opino sobre aquello que no sé ni es mi tema. De otras cosas, como el posmodernismo y no sé qué… pues muchas cosas me las invento, otras las he estudiado, otras las he leído y otras las he visto en mi barrio. Ocurre a veces que desde algunos lugares se habla de feminismo para «cumplir cuota», desde la izquierda es a veces un elemento más al que hay que sumarse. Por ejemplo, me recuerda eso al último spot de Podemos del día de las mujeres escritoras: eran todos tíos hablando de las mujeres que leen. Siempre acaban siendo ellos los protagonistas. Yo sí me considero feminista, pero no voy a hacer campaña de eso.

¿Cómo has llegado a que los memes sean tu forma de expresarte?

Empezó como humor, sin objetivo, pero cuando vi el arma que podía ser, me dije: «voy a usarla un poco.» Creo que es un derecho que me he ganado, el poder opinar sobre los temas que yo quiera. Meto humor, el precio a pagar es que de vez en cuando también meto mi opinión. Y me alegro de saber que hay mucha gente que recoge el guante. Otra gente no, otra gente me dice que deje de hacer política, «¡dedícate a lo tuyo!» Eso sí me sienta mal. Es como si me dijeran bufón, vuelve a lo tuyo, a los chistecitos, lo otro déjanoslo a los listos. Po no, no me da la gana.

Vemos importante en tu proyecto la función de reivindicación de la cultura de barrio. Cada vez miramos más hacia Europa y la vida en comunidad está cada vez menos representada. Malacara nos recuerda que eso es parte de nuestra vida.

Eso es importante y me gusta hacerlo, que esté presente en Malacara. El hecho de poner esas cosas en valor, el hecho de que el barrio es importante, que no todo es el dinero. A veces parece que a la sociedad se le ha ido la pinza, por ejemplo, a Sevilla con el turismo, intentando internacionalizarse cada vez más, y se olvidan otras cosas. Quizá mis memes recuerdan a momentos de grupo, de adolescencia o de estar en la calle, situaciones que te recuerdan cuando eras más feliz, en pandilla, y culturalmente, visibilizar el orgullo de ser andaluces y andaluzas. Yo creo que esa es la clave, el orgullo. La gente tiene que valorarlo e irse a Madrid sin cambiar el acento, y que no te digan qué graciosx eres o que no te entienden.

Escribir con saliva maga

Entrevista a Andrea Abreu, escritora

Nos sorprendimos al vernos las bocas. En esta era donde lo cívico supera la ficción, desnudarse y descubrir otras bocas sentadas en la terraza de un bar es todo un acontecimiento. Charlamos con Andrea Abreu mientras bebíamos agua con gas (con hielo y limón) para sofocar el calor de principios del otoño en la Alameda. No logramos determinar si éramos demasiado chicas o demasiado viejas para pedirnos una cerveza.

¿Cómo va la gira?

Jajaja. Hay dos cosas que me están ocurriendo: estoy realmente contenta con lo que estoy viviendo y sobrepasada por las circunstancias. Como nunca me había visto en esta realidad: nunca había hecho una gira, nunca me habían entrevistado tantos medios, nunca había estado tan expuesta, pues siento que de alguna manera no tengo las herramientas adecuadas para enfrentarme, y es como si viviese una realidad continuamente desde fuera; me veo a mí actuar.

Sé que es una analogía un poco bestia, pero he vivido bastantes muertes en mi vida y, para sobrevivir al impacto de la muerte, una tiene también la sensación de vivirlo desde fuera; luego ya, cuando pasa el tiempo, eres consciente de que esa persona que querías se murió y te da to el bajón, pues lo mismo, pero en positivo.

¿Cómo surge editar con Barret, editorial pequeñita de la periferia como tu escritura?

Barret tiene un proyecto editorial, que se llama «Editora (o editor) por un libro», en el que eligen un escritor o escritora que les gusta —anteriormente habían sido Patricio Pron y Sara Mesa— y, en esta ocasión, eligieron a Sabina Urraca. Mi novio me había regalado un curso con ella para que yo continuase escribiendo una novela que había empezado cuando me mudé a Madrid, Mejores amigas. En el curso leía los fragmentos de esa novela de la que no estaba nada orgullosa, no conectaba con la historia. El último día de clase Sabina me dijo que Barret le había propuesto ser editora y quería sacar mi novela.

Me flipé toda. Tenía claro que no me iba a dedicar al periodismo, que no iba a tener éxito en la literatura y estaba asumiendo que tenía que dedicarme a intentar sentirme bien; sacar dinero para pagar el alquiler y seguir adelante. Tenía 6 o 7 meses para entregar la novela y dio la casualidad de que durante el taller empecé un libro de relatos que se llamaba Panza de burro, donde narraba historias de personajes que vivían en áreas rurales de Canarias y que eran muy solitarios y extraños. La forma en la que yo escribía esos relatos imitaba el habla de los barrios rurales y más en concreto mi barrio natal, Los piquetes en Icod de los Vinos, en Tenerife.

Como la forma en que me sentía cómoda en ese momento para escribir era esa, pensé en fusionarla con la idea de novela que tenía en Mejores amigas. A partir de ahí replanteé por completo la novela y me puse a escribir a piñón durante unos seis meses, todos los días de mi vida, y la saqué adelante.

Creo que otra editorial no me hubiera comprado la historia porque no había ningún precedente de una novela que narrase la realidad rural de los barrios de Canarias desde el habla, utilizando elementos
referenciales kinkis. Para mí, Panza de burro es una burrada que se me ocurrió de repente y Sabina me dejó que me pasase. Después, si había que pulir o limpiar, se hacía; y además Barret nunca me dijo «esto no».

Parece que las lectoras estaban esperando un libro así.

Yo también estoy realmente sorprendida por la forma en la que la gente lo está recibiendo y tengo esa sensación. Por lo general las historias que se narran en España parecen que son de ninguna parte: se huye de la riqueza cultural y referencial de localizaciones concretas. Tratamos de parecernos a cosas mucho más anglosajonas y todo se transforma en un subtítulo de Netflix que no se sabe determinar de dónde viene. A mí me ayudó leer mucha literatura latinoamericana actual que utiliza el habla y los contextos muy locales, muy micro (Fernando Melchor con Temporada de huracanes o Papi de Rita Indiana). Tenía que acudir a latinoamérica para encontrar historias que me hacían sentir bien. Para mucha gente las referencias que utilizo de mi infancia, de los 2000, son insuficientes, no son valiosas como para aparecer un libro, y me he dado cuenta a raíz de una conversación con el poeta venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, de que parece que la fotografía que yo saqué en Panza de burro no estaba en el álbum de la literatura, y puede ser que mucha gente sienta que necesitaba esa fotografía.

Cuando en literatura se utiliza una voz infantil no parece real, y eso no pasa en tu libro.

Una cosa muy complicada en la literatura es escribir desde la voz de una niña o un niño. Puede quedar tan poco creíble que se utilizan fórmulas como la de Elisa Victoria en Vozdevieja o en mi libro: una perspectiva adulta atravesada por un lenguaje infantil. La gente me pregunta si voy a seguir escribiendo así, pero es imposible porque el lenguaje de Panza de burro nace y muere en Panza de burro. Es una herramienta que uso para narrar esa historia, un momento muy concreto de la preadolescencia, y está cruzada por las jergas y referencias de aquel momento.

Como andaluzas sabemos el esfuerzo que supone y el peso que tiene que en algunos contextos aparezcan textos escritos en lenguas periféricas.

En la novela hay una especie de periferia dentro de la periferia. Siempre digo que en Canarias hay islas dentro de las islas, y esas son los barrios rurales. Yo no estoy narrando una periferia dentro de España y dentro de Europa, una realidad colonial al fin y al cabo, si no que estoy hablando también de una realidad que está en la periferia de Canarias. Una cosa que he entendido con el tiempo es que hay mucha desigualdad y mucho clasismo entre las áreas metropolitanas y las rurales en Canarias. De hecho hay un término que se utiliza para designar a la gente del norte de Canarias que es mago, pero no mago de magia, sino de persona bruta e inculta. Entonces Panza de burro es la historia de unas niñas magas, una reivindicación de la identidad maga y una autoaceptación, porque a mí me ha costado muchísimo tiempo, supongo que a ustedes les ha ocurrido parecido, entender que mi forma de hablar es completamente válida y que puedo utilizarla en contextos oficiales. Toda la vida se nos ha enseñado a avergonzarnos de nuestra forma de hablar, nos han obligado a modular y rebajar el acento cuando en realidad no puedes huir de ello.

¿Cómo ha sido volcar lo verbal en el papel?

Cuando fui a escribir la novela y tenía claro que quería trasladar la oralidad, primero acudí al diccionario del español canario y me quise ceñir a las reglas, porque creo que es importante que haya un registro para que haya legitimidad hacia el exterior y se entienda que hay una forma propia de hablar, pero me di cuenta de que buena parte de las palabras que yo utilizo no estaban registradas o estaban registradas de otra forma. En el canario al vencejo se le llama andoriño, pero en mi barrio se le dice aldoriño; y ahora, ¿qué hago? Me sentiría muy forzada escribiéndolo así. Como soy consciente de que esto es un registro, decidí que no solo iba a llevar el lenguaje al límite con el léxico, sino también con la forma, porque me di cuenta de que para contar mi historia la lengua canaria se dejaba fuera toda la realidad que yo viví y mi forma de hablar. Así que decidí registrar yo misma a través de mi texto palabras que no se han registrado.

¿Cómo se ha recibido en tu entorno?

Hay dos reacciones muy claras: gente a la que le ha encantado porque se ha visto representada, sobretodo la gente de mi barrio porque por primera vez aparecen en un mapa cultural, y por otro lado los mayores palos que me he llevado ha sido de gente de Canarias. Yo pensaba que iba a ser desde la península desde donde iba a recibir más leña, y creo que es porque en los medios se ha presentado mi escritura como la nueva escritura canaria millennial, y les parece que estoy obviando toda la tradición del uso del habla en la literatura canaria. Yo soy consciente de que formo parte de una tradición del uso de la oralidad en la literatura: sin haber leído a Víctor Ramírez no hubiese podido escribir mi libro. Somos parte de una cadena de tradición.

A través de la historia de amistad de dos niñas tratas muchísimos temas: el turismo, la homofobia, la pobreza, etc.

Es una elección política al elegir dónde pones la mirada. Hay una parte de elección consciente de temas que yo siempre había tenido enquistados y hay otra parte de naturalidad, ya que buena parte de experiencias yo misma las viví: el control de la alimentación, de la sexualidad, la transfobia, el descubrimiento de la internet sin ningún tipo de tutela. También un elemento que no se suele mencionar, y que para mí es primordial, es el abuso de poder de los niños para con las niñas en la infancia.

En la novela hay mucha presencia de cuidados de las mujeres: ¿esto forma parte de ti?

La abuela, que es muy importante en la novela, representa los valores tradicionales. En el caso de la abuela de Isora ese control de la alimentación, ese sentimiento de culpa judeocristiano que intenta trasladar a la niña… Creo que las figuras de las abuelas para mí han sido primordiales porque me han hecho entender que se puede ser mujer de otra forma. Las mujeres de mi infancia son como mi madre: mujeres fuertes que cuidan de la tierra, que van a trabajar. No son mujeres que se quedan encerradas en la casa sirviendo a un hombre, aunque también tienen esa parte, pero no esperan a nadie para hacer las cosas que tienen que hacer. Ese modelo de mujer me marcó profundamente. En la infancia me sentí muy acompañada por las mujeres de mi entorno. Igual que me transmitieron valores de los que me intento desprender, también me transmitieron una forma de ser mujer muy fuerte, muy válida y eso ha influido en que yo escriba. Mi madre me ha enseñado a no tener miedo.

¿Desde cuándo escribes?

Por lo general está este cliché de que «un gran escritor tiene que haber leído mucho para empezar a escribir», pues en realidad yo de pequeña como era una echaíta palante que flipas, empecé a escribir porque me dio la gana y yo creía que yo era poeta. El primer evento literario importante es que cuando tenía 10 años gané un premio de poesía escolar. A partir de ahí me pasé unos años escribiendo y presentándome a los premios. Luego, en el instituto parecía que no estaba de moda escribir relatos, era como vergonzoso, y me alejé por completo de ese mundo sentimental. Como desde pequeña había bailado me centré en el baile, pero de repente ganó las elecciones Rajoy; empezamos a manifestarnos y comencé a interesarme en la ecología, el feminismo, etc., y ahí empecé a leer textos políticos, sobre todo relacionados con el pensamiento anarquista y di el salto a la literatura. Entonces me obsesioné por completo con que tenía que saldar una deuda con la cultura y me lo quería leer todo. Sentía que tenía muchos huecos culturales que no iba a poder tapar. Poco a poco perdí la vergüenza y entendí que todo el mundo es válido.

El Topo es un periódico libertario, hablemos de anarquismo: ¿cómo te relacionas con él?

Es complicado porque ahora mismo participo de muchos contextos que tienen que ver con iniciativas gubernamentales o estatales, y creo que estoy entrando en confrontación con mis valores de mi yo de 19 años. Por un lado están mis ideas políticas y por otro mi necesidad de comer y tener dinero. Estoy en una confrontación porque quiero seguir teniendo estos valores, pero me encuentro con la realidad de la vida y es muy difícil combinarlo. Pero aun así, siempre que tengo dudas sobre lo que debo hacer dialogo con la Andrea de los 19 e intento seguir lo que ella haría. Porque en esa época que sufrí incluso depresión porque no me gustaba cómo el mundo estaba planteado, senté las bases de mi pensamiento y de las cosas que no quería en mi vida; eso es lo que me guía.

¿Eres más Isora o la narradora?

En Panza de burro construí dos personajes, no son dos personas, y yo tengo un poquito de cada una. Igual que pasa con los personajes de las novelas de Elena Ferrante, que te sientes identificada un rato con una amiga y otro con otra, pues lo mismo con mi novela. Lo que a veces me planteo es cómo contaría Isora su historia. Probablemente también sentiría envidia de la otra niña y querría ser como ella. Creo que todas hemos sido las dos amigas, la que sigue y la que es seguida.

¿Estás escribiendo alg0 nuev0?

Voy a ser sincera: tengo ganas de encerrarme en una cueva de cabreros y no salir. Nunca había tenido la sensación de que alguien esperara que hiciese algo, siempre lo había hecho todo por propia iniciativa y encontraba en la escritura un espacio de libertad. Ahora, sin embargo, siento que soy escritora y esa es mi labor. Esa presión me bloquea un poco, pero creo que necesito distanciarme un rato de mi exposición en redes y reconectar con mis ideas y con mis lecturas y ahí empezaré a escribir. Tengo dos ideas: una es como una biografía ficcionada de mi abuelo materno y, por otro lado, un libro de relatos también ambientado en Canarias, que recoge la idea inicial que tenía de Panza de burro de hacer un libro de relatos. Pero a lo mejor dentro de un mes dejo la escritura y me meto en Bachata Lovers… Tengo la sensación de que quiero vivir y ya está.

Pregunta para las escritoras revolucionarias: ¿qué es lo que más te toca el coño?

En este momento lo que más me toca el coño es que se me acerquen señores mayores del mundo de la literatura y me digan «para la edad que tienes escribes muy bien».

Cristina Morales

«Nosotras no gestionamos fortunas, gestionamos la miseria»

Llegamos a las 5 de la tarde al callejón Celinda. Como si fuera su casa nos invitó a café, a sentarnos en el sofá y a charlar. Éramos muchas y libres, nos sorprendimos unas de otras, nos reímos. Hablamos de lo común, de la autogestión, de contradicciones y sueños. Cristina Morales escribe y revoluciona a cada lenguetazo de realidad que salpica hasta lo más profundo. Machos, lean y siéntanse aludidos.

Has venido a Sevilla para encontrarte virtualmente con María Galindo en Solidaridad Internacional, ¿qué relación tienes con ella y con Mujeres Creando?

Hasta hace muy poco tiempo mi relación con María Galindo era de absoluta admiración y nada más; de ser lectora suya. A través de ella supe de la existencia de Mujeres Creando.

No sé cómo llegó a mí un mensaje de Solidaridad Internacional que me invitaba para ayudar a la consecución de dinero para las ollas comunes que se están haciendo en La Paz, para mujeres en situación de prostitución que se han quedado a dos velas con el covid en Bolivia. Así se planteó que pudiera ser una charla entre ella y yo. Luego me dijeron que iba a haber más gente en la mesa: alguien de Mujeres Creando y la presidenta de honor de Solidaridad Internacional, Cristina Hoyos. Y a mí me parecía alucinante que estuviera la Cristina Hoyos, digo: mira cuánto arte va a haber ahí en la mesa.

Tú eres de Graná, ¿cuál es tu vínculo con Andalucía? Porque se te conoce como una escritora catalana.

Yo he estado en Graná hasta hace 7 años. Como los centros del poder editorial están en Barcelona, no empiezo a publicar y a ser conocida hasta que llego allí. Llegué en 2012 y mi primera novela, Los combatientes, que ahora reedita Anagrama, sale en 2013.

Mi primer libro lo publiqué en Granada, un libro de cuentos que se llama La merienda de las niñas, en una editorial también de Granada que se llama El Cuaderno del Vigía. Pero la carrera literaria mayoritariamente la he hecho en Barcelona. Quizás por eso se asocia, y tampoco es falso, mi carrera como escritora está allí.

¿Qué análisis haces de cómo Lectura fácil obtiene el Premio Nacional de Literatura tratando temas tan ajenos e incluso contrarios al poder hegemónico? A parte, claro, de por su calidad literaria.

Habría que preguntarle en primer lugar al jurao, porque al Premio Nacional no te presentas, te lo dan. Hay unos libros que el jurao propone a lectura y te lo dan y, si bien, como todos los premios, hay posibilidad de influir, en mi caso yo no era para nada un perfil sobre el que hacer presión. Hay un acta donde se dicen las razones, que son estrictamente literarias.

A parte de eso, si yo pudiera apuntar algo diferente sería que hay un momento de oportunidad política de premiar a una escritora más joven, pensando que el año anterior se lo habían dado a Almudena Grandes, escritora de un feminismo muy institucional, y el anterior a Aranburu con Patria, una novela absolutamente conservadora, hegemónica, nacionalista… Hay algo de bulle-bulle que no puede ser sino respuesta de las manifestaciones masivas del 8M los años atrás. Eso es como muy evidente, no me atrevería a ir más al detalle de nada. En teoría el premio se da por un valor literario.

Ese papel de enfant terrible, esa provocación que suscitas… ¿cómo lo llevas?

Yo siempre digo que la provocación cae en el lugar de la recepción, que el que se sienta provocao que se lo haga mirar. El que se sienta provocao por según qué expresiones de una persona que habla con tranquilidad, con honestidad, de cómo ve el mundo, sin necesidad de autocensurarse, como puedo ser yo en diferentes ocasiones —no siempre, no siempre me siento libre de hablar, no siempre afino—, que se haga ver qué es lo que le provoca, que se haga ver por qué le hace tan mal que alguien hable libremente.

Nos parece interesante cómo eres capaz de hacer tambalear ciertas reflexiones o generar provocación, incluso a determinados sectores más afines ideológicamente.

Está muy bien que la literatura sea capaz de afectar, porque hay veces que se dice que como es ficción, como ficción hay que tomarla. Que sea ficción no significa que esté fuera de la realidad, la ficción es parte constructiva de nosotras mismas: es un pilar. La ficción genera discurso, modos de desear.

Entonces está bien que la literatura pueda afectar y está muy bien cuando alguien reconoce que se da por aludido, porque hay un lugar de distinción en no darse por aludido. «Lo que dice la ficción no me afecta, a mí me afecta lo que dicen las sentencias del Supremo o las noticias», como si no fuera una construcción ideológica.

Parece que hay más realidad en la ficción que en la prensa o en los libros de historia. En la autoficción que se está generando, sobre todo entre escritoras, están los discursos que son verdad.

Verdad es la palabra. Hay verdad, hay verdades. Sobre todo desde los movimientos más alternativos o marginales se reniega un poco de estas palabras, como pueden ser verdad, realidad… Por una cosa así posmoderna relativista, parece que la verdad es algo que solo existe en la religión, pero creo que hacemos bien diciendo que hay una verdad, aunque quizá mi verdad no sea la tuya.

Es curioso porque mi madre es historiadora especialista en el Siglo de Oro, y para ella y sus colegas es fundamental la lectura de literatura para entender la historia del momento, la literatura y la arquitectura, la música… fundamental para entender la época.

Ahora puedes vivir de la escritura. En entornos y espacios autogestionados siempre hemos tenido muchos conflictos con el dinero, cómo nos relacionamos con él siempre termina siendo un tabú. ¿Cómo llevas tú esa relación con el dinero?

Pues con el dinero es que… como las mujeres nunca han tenido derecho a tener dinero, por eso nos hacemos estas pajas mentales. Tenemos que pedir permiso o pedir perdón por tener dos duros o por querer cobrar dos duros, ¡me cago en la leche!

Yo me acuerdo siempre de Virginia Woolf, que era una burguesa, una mujer que tenía dinero y se lo gastaba. Era de las pocas mujeres que conducía, le gustaba tener sus buenos coches, sus abrigos, sus vestidos… Y digo esto por mencionar a una escritora que es un referente feminista y que también lo es porque en algún momento decidió que no tenía por qué pedir permiso ni perdón por hacer uso del privilegio que en algún momento se le daba. Y no podemos compararnos porque nosotras no gestionamos fortunas, gestionamos miserias.

No tenemos discurso construido sobre esto. Yo ahora, que por primera vez en la vida me veo con capacidad de invitar a las amigas, estoy aprendiendo a cómo hacer esto sin que nadie se sienta incómoda.

Hay un personaje de cómic, una superheroína, Pícara, de los X-Men, que es muy poderosa porque a quien toca le chupa todo el poder, se queda con la energía de quien toca. Pero claro, ¿que ha hecho el creador de este cómic? Pues que ella no puede tener contacto amoroso con nadie. Hay un castigo: la mujer poderosa no puede tener amor. Una cosa u otra, tienes que elegir.

¿Crees que es posible que en algunos entornos se hayan podido generar algún tipo de molestias por la información que vuelcas en la novela, por cuestiones de seguridad o por sentirse expuestos? ¿Crees que eso ha pasado?

No ha pasado en absoluto. De hecho las compas de Can Vies, que es uno de los espacios que sale, y de Acción Libertaria de Sants, han sido las primeras lectoras y defensoras del texto.

Y bueno, si hay gente que se haya sentido dolida o molesta, esa gente no se me acerca. Pero los espacios que he frecuentado y sigo frecuentando son esos espacios que aparecen en la novela, más o menos con las mismas personas, y son defensoras del texto. Y están contentas de que una compañera se vea con un lugar de foco en su discurso, que saque el discurso del gueto, lo lleve a otro lugar y eso tenga una incidencia.

¿Cómo te has acercado a las personas que la sociedad etiqueta con «necesidades especiales»?

Mi contacto directo con estas presas ha sido a través de la danza, compartiendo clases de lo que se llama «danza integrada» o «danza inclusiva», que son unos nombres muy desafortunados desde mi punto de vista, pero últimamente ya hay profesionales que lo llaman «danza bastarda», como Jordi Cortés, que es coreógrafo. Entonces yo he compartido clases como alumna y también elenco. Ese ha sido mi acercamiento más directo y a través de esta disciplina artística, la danza, ya se han creado amistades de tipo personal.

Queremos preguntarte sobre la espectacularización que conlleva tu momento ahora, no solo tu profesión, sino estar pa fuera, estar en la prensa…

Yo solo hago cosas relacionadas con lo literario, que tenga que ver con lo literario o con mi papel y profesión como escritora. De las 27 000 ofertas que me llegan de ser tertuliana de programas yo paso.

¿Y no se te presiona por parte de Anagrama para que tengas redes sociales?

Anagrama nada, otras sí. Cuando estaba en Lumen, que es la que tenía Introducción a Teresa de Jesús antes, había una gran presión; pero Anagrama es, desde luego, la mejor editorial en la que he publicado jamás; donde se entiende que tu trabajo es escribir, publicar en el sentido de acompañar la publicación, de corregir galeradas, y solo si te apetece presentas tu libro, solo si te apetece, respondes una entrevista. Ellas te dicen «esto tiene una gran relevancia pero en tu mano está», y también la mayoría de las cosas que me llegan son de tipo literario. Pero otras muchas que me llegan son para posar en YoDona, para ser tertuliana en un programa de la TV3 o entrevistarme el Broncano. No voy a ponerme ahí… Eso sí que sería una espectacularización, sería hacer de mí un mono de feria total. Una cosa es que yo tenga una imagen pública que es innegable, que existe, y otra es ponerla a disposición de… no me gusta utilizar palabras como insultos especistas; iba a decir unos tiburones, unos buitres, qué culpa tienen los tiburones y los buitres. Además, si pagaran sería otra cosa. Una es puta pero cara. Si tú me quieres a mí allí generando contenido, porque careces de contenido, eres un extractivista de contenido, tú me pagas y yo me lo pienso, me pagas bien, por lo menos lo que tú ganas. Sin embargo te lo venden como promo, oportunidad, oportunidad para que te pisoteen, te ninguneen, saquen de ti una plusvalía que flipas, estás incómoda… Yo me pondría de una mala leche a la mínima del Broncano…

¿Y la compañía de danza de la que formas parte?

Iniciativa Sexual Femenina: la mejor. Somos tres compañeras que estamos girando una pieza que se llama Catalina, y ahora empezamos a producir otra que está basada en los martirios, que se llama La mártir Felícita.

Felícita y Perpetua son dos santas que la comunidad LGTB católica tiene como referentes lésbicos. La historia es preciosa porque al parecer una de ellas era una señora pagana y la otra su esclava. Las dos eran de la religión politeísta del Imperio romano, pero secretamente profesaban el cristianismo. Como se niegan las dos a sacrificar a los dioses romanos las van a someter a un martirio en la plaza pública, en un coliseo, y son representadas como que son muy amigas y ya en el siglo XIX las representaciones de ellas son pasando la última noche antes del martirio yaciendo juntas. Entonces, la noche previa al martirio se ve que hacen el amor, se acuestan, y la historia es de gran sensualidad. El siglo XIX lo pone superprecioso todo, pero ya las representaciones románicas las muestran cogidicas de la mano a las dos. Es como un desafío no solo a la heteronorma, sino también clasista, porque está la señora con la esclava; y también al hecho de que ella es una madre que por su fe o por irse con la esclava deja a su hijo. Estas son las primeras lecturas que estamos haciendo.

¿Qué es lo que más te toca el coño?

Hostía, tío… Bueno, pues cuando reconozco la agresión y conscientemente, por no liarla, no respondo. O sea, me están agrediendo en mi cara, me están macheando en mi cara, me están claseando en mi cara, y yo por no liarla no respondo. Porque no es el momento o porque lo estoy sacrificando por otro bien, a veces es un bien colectivo de la comunidad donde estás. Creo que eso es lo que motiva que yo escriba Lectura fácil, todas esas veces que lo tengo delante, lo reconozco, a veces incluso sabría cómo responder y no respondo, y otras porque no tengo las herramientas y no sé responder. Pero aun así percibo el dolor, y aunque no sepas responder, pues ahcer algo, lo que salga, coño. Aunque sea un gruñido o eso que nos permitimos tan poco las mujeres que es un golpe en la mesa, hostia, o un portazo, una hostia bien da, ¿no?

Mi marío, que es profesor de artes marciales, me dice «Cristina, tú tranquila que aunque no seas especialista en arte marciales, a ti por la calle difícilmente va a venir a encarársete alguien. Tú le vas a pegar un bufío…», que eso es un arma también, una respuesta contundente a nivel simbólico, a nivel verbal. «Si con las herramientas que tienes te lanzas, eso ya es amedrentador total». La realidad nos lo demuestra: un encaramiento, un pecho abierto ante un agresor… Coger menos solapas, me toca el coño coger menos camisetas. Hacen falta más zarandeos de camisetas de machos… y sobretodos en nuestros espacios liberados, ¡claro! ¡claro! ¡claro!

Ferrán Aguiló, cooperativista y activista

Cuando hablamos de derechos, hay que tener al mercado lo más lejos posible

Lucha estudiantil, dictadura, fiasco de transición, activismo sindical, movimiento ecologista, libertario, vecinal; cooperativas de trabajo, de consumo, distribuidora de productos ecológicos. Si algo se podía hacer, era colectivamente. Compartimos (vídeo) charla con Ferrán Aguiló. Las topas dándole vueltas y más vueltas y resistiéndonos a eliminar preguntas para ajustarnos al tiempo de la entrevista, y es que nos salen hasta debajo de las piedras. Ferrán, en su casa de la cooperativa de viviendas La Borda, con dos carteles detrás: «Los cuidados nos hacen libres» y, el otro, una foto de la Casa del Pumarejo.

¿Quién es Ferrán Aguiló?

Soy activista y cooperativista, y soy tanto una cosa como la otra porque proviene de mi tradición libertaria. Prefiero que la definición de quién soy provenga de lo que hago.

Te hemos escuchado decir que el proceso vital, en tu caso, ha ido encajando. ¿Cómo ha sido ese encaje de piezas de tu puzle vital-emocional-político?

En mi adolescencia descubro que para cambiar las cosas lo quiero hacer colectivamente, quiero crecer compartiendo. Como todo el mundo, ha habido momentos más abocados al activismo abandonando lo personal. En otros, continuaba económicamente trabajando para un patrón y aceptando la explotación para el activismo, hasta que en los 90 entro en el cooperativismo y descubro el hecho de que puedes generar un nuevo modelo económico ya, desde ahora, y no esperar a que llegue el colapso. Cuando ves que es necesario afrontar la coherencia en el terreno del consumo, también te planteas cuestiones, como que el consumo está ligado a un determinado tipo de producto, de energía, y entras en contacto con las cuestiones de cariz ecológico y de responsabilidad respecto al clima y al planeta, y vas moviendo esas piezas.

En un ciclo largo de vida, si no has tenido la tendencia a encasillarte y especializarte, sino que continuamente estás viviendo en un autobús, en mi caso en una furgoneta haciendo bolos cada día con diferente gente explicando cuestiones que puedan cambiar cosas, acumulas oficios, agrupas criterios. En esa especie de puzle de recorrido vital se han ido conformando esas tres patas que están relacionadas con el libro La utopía es posible, en el que se habla del Proyecto A de Horst Stowasser que a finales de los 80 y principios de los 90 me hizo ver que necesitábamos de lo político, lo económico y lo personal. Ese triángulo se ha ido complementando con esos recorridos, y es por eso que digo que estoy en una fase en la que, aun teniendo mucho por hacer, tengo los tres ámbitos alineados.

Las amigas nos vemos envejeciendo todas juntas, cuidadas, cerca de nuestras redes, en el barrio… Sabemos que un proyecto así no nace de la nada, sino que viene de un recorrido político y vital potente. ¿En qué experiencias os inspirasteis para imaginar La Borda? ¿En qué se diferencia este modelo de la propiedad privada o la vivienda en alquiler público?

Colectivamente, en el barrio de Sants, Barcelona. Además de otros procesos (antifascismo, feminismo, ocupación, lucha vecinal, etc.) hay un momento en el que se dan las condiciones para reivindicar un espacio, Can Batlló, en un proceso de empoderamiento, de crecimiento grupal y en el que el foco se pone en reivindicar una antigua fábrica textil para consolidar necesidades culturales, de prestación de servicios para jóvenes y gente mayor. Ahora celebramos los nueve años; cuando entramos no nos hacíamos idea de la capacidad de actividad y contexto de explosión social que tenía el espacio.

Entramos a Can Batlló en 2011 y en 2012 se abrieron 2 líneas: cómo acceder a la vivienda de una manera diferente (todos explotados, con alquileres excesivos) y cómo potenciar el cooperativismo y la economía solidaria. Así que la vivienda surge desde lo colectivo. Cuando preparábamos la ocupación no pensábamos en el tema de la vivienda, pero sí que queríamos inspirarnos y nos hicimos una pequeña gira para visitar proyectos y estuvimos en Madrid, con la gente de La Tabacalera y Patio Maravillas, y en Sevilla, en el Pumarejo, que nos inspiró mucho. Más tarde volvimos a releer el Pumarejo en clave arquitectónica, sus espacios y recorridos. La Borda reproduce un poco la corrala madrileña y andaluza. Nos inspiró además el caso de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Apoyo Mutuo (FUCVAM), o el modelo danés, alemán… provenimos de ahí, pero también de Marinaleda y de otros sitios más.

El proceso para llegar al terreno de pensar que se podía emprender colectivamente el derecho a la vivienda viene de ejercer otros, como el derecho a la ocupación. Ahora hemos acabado viviendo juntos 40 adultos y 15 niños en el edificio de La Borda. Estamos en un momento en el que el interés por nuevos modelos de habitar ha crecido, no somos ni propietarios ni arrendatarios, somos usuarias y usuarios. Defendemos, a través de la propiedad colectiva, la equiparación del derecho a la vivienda con otros que ya tenemos (como el derecho a la salud o la educación). Cuando hablamos de derechos hay que tener al mercado lo más lejos posible.

Reivindicamos la propiedad colectiva de la vivienda a través de la autoorganización de quienes tienen esa necesidad. Uno de los modelos es la cooperativa de vivienda en cesión de uso: personas que se agrupan, que interactúan con la administración para conseguir suelo y con un control activo del proceso (desde la arquitectura hasta los cuidados). Pueden ser propietarias del edificio y del solar, o del edificio y el solar es cedido. Ahora mismo este modelo está interesando a mucha gente que ha sufrido el confinamiento, que ha descubierto que sus casas son una mierda, que hay que tomar el sol en una ventana; hay quien ha vivido en una sola habitación con sus hijos. Otra cuestión sería cómo vivimos la última fase de la vida. Lo que ha pasado en las residencias es una salvajada y responde a que se haya dejado en manos del mercado los cuidados a las personas de cierta edad con necesidades específicas. Ante eso, la gente como yo, los seniors, hemos decidido organizarnos y plantearnos otros modelos de vida.

Tenemos el hándicap de tener que desaprender muchas cosas. La gente de más de 60 venimos de un recorrido en donde para ser alguien había que tener una propiedad, ser disciplinado, trabajar y ganar una pensión. Transitar del modelo individual al modelo cooperativo y de propiedad colectiva cuesta mucho a veces. Vosotras no vais a tener las condiciones materiales que tuvieron vuestros padres, por ello es tan importante ese acompañamiento a la recuperación de la conciencia colectiva de este colectivo. Que estén floreciendo cooperativas senior no garantiza el modelo de acceso a la vivienda y mucho menos el modelo de los cuidados, hay que ser prudentes.

Can Batlló es un referente en el Estado como espacio autogestionado y cooperativo vecinal y político, donde la articulación entre movimiento autónomo de raíces okupas y la negociación por la cesión de uso con el Ayuntamiento ha tenido su recorrido durante años. ¿Qué aprendizajes sacáis?

Del proceso vivido en Can Batlló hemos aprendido mucho para La Borda porque también estamos en relación con la administración por la cesión de uso. Un primer salto que tenemos que dar quienes provenimos del activismo de confrontación con el sistema es asumir que la construcción de oportunidades realizables en este momento nos obliga a entrar en un terreno que llamamos «la dialéctica de la fricción». Estamos en fricción con el sistema representativo, ya sea municipal, autonómico o estatal. En cualquier caso, es asumir la contradicción de dialogar y mantener cierta relación con una administración con la que en otras épocas hemos estado en confrontación directa. Hemos de ser capaces de afirmar que vamos a asumir esas contradicciones, pero sin que nos absorban ni nos fagociten a través de la negociación. Para entrar en esta dialéctica sin que nos neutralicen, debemos disponer de un músculo social que facilite que si tenemos que tensar la cuerda, sepan que hay precios que les pueden salir caros, tanto de imagen como de conflicto directo. Debemos tener musculatura participativa que sea transversal, para que la imagen que se proyecte sea la de gente que trabaja por un determinado objetivo desde la diversidad. Cuanto más se abra, mejor, manteniendo la transversalidad y el músculo social, teniendo claro que lo que tenemos lo tenemos porque lo defendemos. Lo básico es tener esas cosas claras, son las que nos hacen movernos como nos movemos en Sants, es una práctica cotidiana. Nosotras, de broma, decimos que cada semáforo ha tenido una lucha en este barrio, y es que nos lo hemos currado todo: los parques, las cooperativas de profesorado para la infancia, etc.

Hablando de fricción, planteas una vuelta al concepto de acción directa. ¿Te apetece contarnos esas otras acepciones y cómo lo aplicas en tu cotidianidad?

La acción directa tiene muchas acepciones. Normalmente se ha vinculado al carácter revolucionario o de confrontación directa. En un conflicto de perfil alto, sería el hecho de que la gente, que es una parte del conflicto, actúa sin intermediarios para solucionarlo con los medios que tiene a su alcance. Pero se puede llevar a otros terrenos. Tiene más valor cuando es participada o comprendida por una parte importante de la población sometida al conflicto, porque la acción directa queda legitimada por quienes la practican y además es fácil conseguir los objetivos que se plantean. Un ejemplo reciente es el de Can Batlló. El mecanismo de presión fue amenazar un año y pico antes con entrar en el espacio si ni la administración ni la propiedad movía ficha. En la asamblea que se constituyó se planteó que una parte de la gente se formara en un grupo de acción directa (sin explicar exactamente las herramientas que se utilizarían, pero sí que sería noviolenta) que estaba ligada a la ocupación. Lo importante no era que la propiedad o la administración supiera que teníamos las habilidades para entrar, porque dentro de esa asamblea había gente que provenía de movimientos ya muy practicados con ese tema, sino que toda la asamblea asumió esa manera de actuar y que la gente que no iba a estar en la propia acción directa se constituiría en grupos de apoyo externos para defender la seguridad de las activistas. Eso se explica así y parece fácil, pero realmente fue un cambio cualitativo estratégico muy importante. Todo el mundo entendió que llegaríamos a eso. A pesar de que nos entrenamos, lo preparamos, teníamos las rutas de acceso, cámaras que grabarían si había agresiones, etc., la presión fue tan alta que finalmente nos entregaron las llaves de una nave. Esta es la historia de Can Batlló, que está ligada directamente al uso de la acción directa como manera de presión.

Pero el ejercicio de la acción directa está también ligada a la convivencia y a la autogestión. Acción directa también es que cuando se de un conflicto en las relaciones que tiene un barrio o en una escalera de vecinas, pongamos por delante de la intervención desde fuera de un cuerpo policial, una autoridad, etc., los máximos medios para que las personas que están en el terreno del conflicto busquen las herramientas para solventarlo. Estamos intentando alejar de los procesos de cambio a los profesionales de la intervención externa como son los sindicatos convencionales, las autoridades policiales y toda una serie de personas que lo que hacen es usurpar la capacidad que tenemos de solución de conflictos, para, a la vez, inutilizarnos como individuos sociales y continuar marcándonos la ruta porque somos incapaces. La acción directa ayuda en la práctica cotidiana, incluso en la más sencilla, sirve para empoderarnos como personas.

Una película, un libro, una canción

La película es Jonás, del director suizo Alain Tanner (1976). Esa película habla de cierto desencanto de unas personas que vivieron el 68 y que, de alguna manera, finalmente optan por ir afrontando desde la perspectiva individual cómo ser coherentes con ellas mismas. Hay algunas personas cuya coherencia personal trasciende y transforma sus entornos. Tiene un aire un poco ingenuo y jipi, pero hay un contexto anticapitalista que atraviesa la película y que además conecta con la realidad y con el desencanto que sufrimos algunas respecto al 68. Muchas personas de nuestra generación lo vivieron también con la Transición.

Respecto al libro, el que he mencionado antes: La utopía es posible. Está editado por la gente de Utopía Libertaria Colección, de Argentina.

Y, por último, El blues del autobús de Miguel Ríos. No por la persona política con tendencias a irse hacia la socialdemocracia, sino por lo que transmite en el mensaje y con lo que siento identificado: ese tema del recorrido, del irse moviendo para ir transmitiendo. Cuando leía a los clásicos anarquistas y libertarios, y veía la de viajes que se pegaba por ejemplo Anselmo Lorenzo, que no dejaba de patearse toda la geografía, o algunos que venían desde Italia hasta incluso aquí, y decías «¡pero esos tíos no paran en casa en la puta vida!».

La letra dice «Que controlo sabiendo que es mi vida lo que doy, no hay trampa ni cartón, soy como veis que soy». ¡Ah! y «siempre miro hacia el sur».

Antonio Sáseta

«La precisión en Las Meninas es sobrecogedora»

Entrevista a Antonio Sáseta Velázquez (Sevilla, 1949) en el marco de la exposición-homenaje en torno a su trayectoria docente y profesional Antonio Sáseta. Mágico Maestro, que, por las circunstancias actuales, se está realizando en forma digital en quijeta.nam42.cc hasta que el confinamiento social se reduzca y sea posible un encuentro en La Carbonería.

A partir de la geometría has construido en tus investigaciones un sólido planteamiento sobre el cuadro de Las Meninas que revela incoherencias en el relato más asentado sobre esta pintura. ¿Cuánto cuesta plantear alternativas al discurso hegemónico y al saber popular?

El discurso hegemónico es monolítico, para alterarlo se exige pedigrí, aunque no por inatacable es más verídico, más bien al contrario, está lleno de falsedades como nos demuestra la historia… para un pobre es imposible acceder al castillo y, por otra parte, ¿a quién le interesa? Allá ellos con sus rigores y sus pelucas.

Velázquez, muy cercano al rey, representa a través de Las Meninas un apoyo explícito a Felipe IV ¿Es una mirada que enfatiza un rey «humanista» frente a un rey «conquistador»?

Ya dije que Las Meninas no me parecían ni un encargo ni un permiso, sino un regalo, un regalo para un amigo, un consuelo en momentos muy tristes, no creo que eso suponga un apoyo explícito de tipo político a Felipe como rey, en todo caso como persona, como padre o como amigo. No existen «reyes humanistas» eso es una quimera, al menos los que hemos soportado por estos lares. Al repasar la historia, solo en la familia de Felipe IV, encontramos un bisabuelo Carlos capaz de pasar a degüello a 50 000 hugonotes, sin importarle romper la unidad de la Iglesia y permitir el aplastamiento del pueblo azteca exprimiéndolos de su oro para sobornar a los príncipes alemanes y así conseguir la corona del Sacro Imperio; un oscuro abuelo Felipe, imperialista y pusilánime; un padre Felipe, beato y estúpido, que sin inmutarse condena a cientos de miles de pobres moriscos al destierro por el simple pecado de ser diferentes; y Felipe el Planeta, rijoso, mujeriego, indiferente a las penurias de su pueblo… ¿dónde está ese «humanismo»? Lo único que se puede decir a favor de Felipe IV es que tenía buen gusto, fue servido por los más grandes artistas: Rubens, Quevedo, Calderón, Velázquez, y, desde luego, no era un burgués. Produce una amarga sensación melancólica, compararlo con la pobre corona actual, con esa despreciable afición por el dinero que han demostrado sus descendientes.

Velázquez, según tu teoría, tenía un pensamiento científico muy elevado para su época, atreviéndose con experimentos sofisticados como el de la linterna mágica. ¿Fue una excepción o existía una comunidad con ese espíritu científico? ¿Los grandes poderes, más allá del rey, apoyaban ese espíritu experimental?

Durante mucho tiempo se tuvo a Velázquez desde luego como un gran pintor, pero más bien como artesano que como intelectual. Hoy conocemos, por su biblioteca, consignada en su testamentaría, que era poseedor de cientos de libros que representaban lo más puntero de la ciencia de su tiempo, tratados de Aritmética, Geometría, Óptica, Geografía, Astronomía, Arquitectura, etc. Curiosamente muy pocos libros religiosos. Se hace necesario, pues, pensar en Velázquez como un intelectual, un teórico versado en los aspectos científicos más avanzados de su tiempo. Además, convivía con los más grandes artistas de la época en España y en Italia; no es inverosímil que dominara la teoría y la práctica de la óptica y otros aspectos científicos. La ciencia era vista con recelo por la Inquisición, acordémonos de las sospechas de nigromancia que despertaba un personaje como Juan de la Espina, aunque era practicada, con gran relieve, por los jesuitas; nigromancia, magia negra, pero estamos en la corte, en palacio, aquí no hay miedo, se pueden hacer con impunidad experimentos que fuera despertarían peligrosas sospechas.

Una de las revelaciones de tu investigación fue darte cuenta que «en Las Meninas todo encaja». ¿Casual? ¿Se encontró Velázquez una serie de relaciones espaciales que le hicieron plantear el cuadro o todo lo pensó originalmente como una escenografía?

El proceso de reconstruir el espacio representado por Velázquez es una dulce experiencia, poco a poco, pero fielmente, el propio cuadro te va proporcionando la información necesaria, con mínimos pero suficientes indicios, lo que falta sería obvio en su tiempo, y lo más sorprendente que se descubre es la extremada precisión del sistema, es sobrecogedor. El sistema espacial es de tal precisión que un simple giro de ±2 grados descompondría toda la imagen. ¿Cómo logró Velázquez tal precisión? Lo ignoro. ¿Casualidad?: imposible. No conservamos ningún apunte, boceto, ni comentario. El sevillano era una persona muy callada, ni siquiera dibujó: la radiografía del cuadro nos lo demuestra. Posiblemente, Velázquez dibujaba tan bien que ya ni dibujaba…todo el cuadro está compuesto a partir de tres números mágicos: 10, 16, 26. Esta serie de Fibonacci y sus duplos representan todo el universo velazqueño… ya digo: ¿casualidad? ¿Quién puede creerlo? Además, recordemos que Velázquez decoró esa sala, el cuarto bajo del Príncipe, cuando años antes ejercía de arquitecto de los espaciales áulicos del Alcázar viejo de Madrid. ¿Puso allí el espejo que refleja a los reyes pensando ya en el cuadro? ¿Se encontró el espacio como un ready made? ¿Representó una escena que se produjo con anterioridad o solo pintó una escena que se podría representar? Quién sabe, pero debo insistir, tal precisión excluye cualquier casualidad.

Además de experto en Las Meninas y arquitecto, eres escenógrafo, geómetra, diseñador de lámparas, lector de ciencia ficción y tebeos… ¿En qué te ha servido la cultura popular profesionalmente?

Si la cultura no es popular, no es cultura. La artesanía, la otra historia, no la de los grandes acontecimientos, sino la de la gente, las costumbres, el saber tradicional de los que no tienen nombre, la rebeldía desvergonzada y antisistema del teatro, los modelos ancestrales, el conocimiento de las características lumínicas y climáticas locales frente a formalidades importadas, descontextualizadas y mal comprendidas… ese es, quizás, el bagaje profesional sobre el que me he apoyado toda la vida.

Entras en la Escuela de Arquitectura en el año 1993, justo tras la Expo 92 y sus consecuencias urbanas. ¿Qué se podía contar a tus alumnos tras ese reventón de la ciudad?

Reventón quizás de gentrificación, que en aquellos años se despierta como una nefasta epidemia sobre la ciudad, expulsando al vecindario tradicional de los barrios del centro; recordemos actuaciones como el Plan Urban, financiadas con fondos europeos, diseñadas para la reforma y rehabilitación de barrios antiguos y lo que se logró, como digo, fue echar a la calle a los vecinos y sustituirlos por una pequeña burguesía forastera y actuaciones turísticas… todo muy lamentable. Lo más indeseable que trajo la Expo 92 fue una invasión de enchufados y paniaguados, que cayeron como una plaga sobre las administraciones, gestionadas por el PSOE, y que ha perdurado casi hasta nuestro días. ¿Qué se les podía contar a los alumnos? Señalar algunas pocas muestras de arquitectura entre tanta pamplina y parafernalia decorativa. Lo más significativo fueron algunas actuaciones bioclimáticas, muy novedosas para aquellos tiempos en que los arquitectos habían olvidado lo importante que es el clima para su trabajo. Nosotros hablábamos de las personas, de la responsabilidad social como profesionales, de lo que se había hecho rematadamente mal y se insistía en ello, como el urbanismo que se practicó en la posterior llamada «burbuja inmobiliaria» y que treinta años antes ya se había demostrado como práctica perversa y nefasta.

Tras más de 25 años de profesor en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, de la que te acabas de jubilar. ¿Te ha dejado la burocracia un vacío difícil de llenar?

¿Y a quién no? Esa perversa burocracia que congela la lucha de clases y establece diferencias insalvables a base de contratos indefinidos, vitalicios, y contratos eventuales, pendientes de un hilo, para el mismo trabajo, solo por haber realizado una oposición que, tacaña, se resiste a convocar; solo por esa diferencia imposibilita la continuación de ninguna labor docente a quienes, como yo, no somos funcionarios, en el momento quizás, de mayor madurez, experiencia y conocimiento. El daño que produce esa burocracia es manifiesto. Por otro lado el alumnado ha cambiado en los últimos años: piensa que esos jóvenes son hijos de la crisis, más de uno ha visto cómo sus padres perdían el trabajo y la casa, y a lo mejor yo también he cambiado, el caso es que la conexión que lograba años atrás ya no se producía con facilidad y el proceso docente me producía desasosiego y desencanto, y bueno…, todo lo que empieza acaba, todo lo que tiene principio tiene final, así que digamos, «hasta aquí hemos llegado».

Nuestro querido Ramón Salido dice que el bar Barros [donde Antonio se reunía con estudiantes y cualquiera con curiosidad antes, durante y después de las clases] fue durante años el mejor estudio de arquitectura de Sevilla, ¿qué crees que hacía a ese espacio tan singular?

El bar Barros no tenía nada de particular, solo estaba enfrente de la Escuela y se podía fumar. Los despachos, y en general los espacios docentes de ese edificio, son torpes, oscuros, obsoletos. Al aire libre, a la sombra en las mañanas de primavera, delante de un café y con un cigarrillo entre los dedos, se podía hablar, discutir, analizar, cómodamente; es lo mínimo que se puede pedir. ¿Cómo pretendía la administración encerrarnos en un despacho estrecho y sin ventanas? Y eso que propusimos soluciones al departamento, pero la rutina burocrática lamina el ingenio arquitectónico, al parecer, eso y el sostenimiento de privilegios de algunos que ambicionaban dos despachos para ellos solos.

La digitalización y la globalización abrió una ventana para experimentaciones de distintos tipos. ¿Se ha cerrado esa ventana definitivamente o el cambio climático es una continuación inevitable de ese proceso?

El cambio climático será la mayor amenaza para la humanidad en los próximos años, mucho peor que las epidemias o las crisis económicas. Para hacer frente a esa hidra de siete cabezas habrá que inventar soluciones que exigirán cambios de mentalidad radicales. El sistema actual que vivimos será incapaz de hacer frente a los problemas que se avecinan. Si se quiere salir adelante de esa situación habrá que demoler el actual capitalismo neoliberal e instaurar nuevas formas de producción y otras relaciones socioeconómicas muy diferentes. ¿Será capaz la humanidad de transformar el sistema y conseguir hacer frente a los problemas en tan corto periodo de tiempo como proponen los modelos climáticos? Seguramente, si somos capaces de sacarle partido a nuestros conocimientos. De todos modos la cuestión se planteará como de vida o muerte, nunca se habrá enfrentado el ser humano a problemáticas tan graves.

Para finalizar, asististe a las clases de Agustín García Calvo [colaborador histórico de El Viejo Topo] cuando estaba de profesor en la Universidad de Sevilla. ¿Nos cuentas algo sobre él?

Don Agustín ha sido el más grande poeta vivo que he conocido. Sus clases, sus charlas, sus discusiones, sus conferencias, a lo largo de mi vida, me han abierto una forma nueva, distinta, de ver la realidad. Solo te contaré que lo que más admiraba de don Agustín era aquella forma tan natural de vestir cuatro o cinco camisas una encima de la otra, cuyos cuellos aparecían superpuestos; siempre me pareció de lo más original y elegante. Intenté muchas veces imitarle pero mi crianza pequeño burguesa me lo hacía imposible… lástima.

Flamencas como arma política

Pilar Albarracín juega con el folclore andaluz y lo transforma en arte reivindicativo que interpela hasta lo más profundo de la condición humana.

Atravieso la fachada de una calle cualquiera de Sevilla para adentrarme en un estudio colmado de candelabros dorados sacados de pasos de Semana Santa. Por las alturas se posan, y observan curiosos, dos pavos reales (no reales). En una bolsita, dispuestas para ser pegadas, diez uñas postizas con motivos tribales y cofrades. Sobre una mesa de trabajo dos copas de vino tinto.
Así me recibió un caluroso mediodía de invierno en Sevilla la artista multidisciplinar Pilar Albarracín, una mujer que le da la vuelta a las tradiciones y estereotipos de Andalucía para expresar sus inquietudes y utilizarlos como agentes de cambio. El pasado 28 de febrero cerró las jornadas sobre Conservación de Arte Contemporáneo en el Museo Reina Sofía con una ponencia sobre cómo conservar la memoria de lo maravilloso que se genera al presenciar una obra artística efímera. Arte, maravilla y magia, tres palabras que revolotean entre las piezas de la artista sevillana.

¿CUÁNDO Y POR QUÉ NACE PILAR ALBARRACÍN?
Nace en 1968, el 27 de septiembre por la noche tarde, de madrugada. Y del por qué, no tengo ni idea.

¿Y COMO ARTISTA?
Supongo que empecé a trabajar sin ser muy consciente de que me iba a dedicar a esto. Luego, que seas un personaje o no, lo decide la gente más que tú. No es mi voluntad.
¿CUÁL ES TU MOTIVACIÓN A LA HORA DE CREAR?
Es una curiosidad de conocer otras cosas, de experimentar, buscar respuestas a preguntas.

¿CON QUÉ DISCIPLINA TE SIENTES MÁS CÓMODA?
Con todas por igual.

¿QUÉ QUIERES CONTAR?
Por un lado que el arte tiene una capacidad movilizadora real y que creo que hay que creer un poco en la magia, en la magia de la vida que es posible. También el sentido del humor, que es necesario para poder sobrellevar todo lo que va surgiendo, de una forma más enfocado hacia lo positivo.

¿POR QUÉ LA ESTÉTICA ANDALUZA?
Cuando empecé mi serie de trabajos aquí en España era porque había estado fuera y me había dado cuenta de la idea tan superficial que tenía la gente de nosotros, que era algo así como: España igual a tortilla de patatas, paella, flamencas, toros; y somos muchas más cosas.
Utilizo la estética andaluza pero la compagino con otras estéticas que me gustan. ¿Por qué no usar lo que tienes más cerca y que también se merece una relectura desde otro posicionamiento? Me gusta por evitar prejuicios empezando por lo más cercano.

EN 1993 PARTICIPASTE EN ‘100%’, LA PRIMERA EXPOSICIÓN ESPAÑOLA SOLO DE MUJERES QUE
ACOGIÓ EL CAAC EN SEVILLA: ¿CÓMO FUE?
Fue una experiencia bastante buena para mí, me aportó muchas cosas porque además de ser una exposición también pretendía abrir la visión sobre el feminismo en España y en otros países. Había charlas, encuentros con artistas, comisarias, teóricas feministas, etc. Me encargaron una pieza específica y sí, para mí fue un antes y un después.

¿CÓMO VES EL PANORAMA PARA LAS MUJERES ARTISTAS?
Creo que con el tiempo ha ido mejorando pero aún queda mucho, tanto en el tema de la mujer como otros colectivos que están bastante castigados.

¿CUÁL ES TU EXPERIENCIA COMO MUJER ARTISTA EN SEVILLA?
He tenido que aprender a manejarme, ya que siempre he estado en contextos donde la mayoría eran hombres, esa ha sido mi realidad constante. Últimamente me ha molestado que se hayan utilizado términos como «exposición de mujeres» o «exposición feminista» por asuntos políticos, numéricos, cuando en el fondo no ha habido una verdadera intención de cambiar las cosas, las realidades.

FLIPO CADA VEZ QUE VEO TU OBRA VIVA ESPAÑA:¿DE DÓNDE SURGE LA IDEA?Las ideas no me salen de golpe, va siendo un cúmulo de preocupaciones, curiosidades. Esta obra en concreto está dentro de un grupo de trabajo al que pertenezco donde charlamos sobre la identidad española, y en este caso juga­ba con la idea de la canción Viva España que es una melodía muy reconocible fuera de nuestras fronteras y que te cues­tiona sobre la identidad.

¿CÓMO CREES QUE LO VIO LA GENTE?
Me encanta crear esa confusión rápida en el ámbito cotidia­no, en el espacio público, cuando los transeúntes que son el público, no sabe qué está pasando. La gente se preguntaba si yo era la alcaldesa, pensaban que era alguien famosa. En esos momentos te das cuenta del mal que hace la tele y la prensa amarilla, que van inculturizando.

MI SENSACIÓN ERA LA DE AGOBIO SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE DESPEGARTE DE LA IDENTIDAD…
…y también de las apariencias. Normalmente mis obras tie­nen diferentes lecturas y estratos de información y ya cada cual busca el más cercano. Viva España habla de la perse­cución de las famosas hasta el agobio. Te imaginas que es alguien importante simplemente porque rellena un tipo de cliché.

¿QUÉ VISIÓN CREES QUE TIENEN EN EL EXTRANJERO DE TU ARTE: ¿LO ENTIENDEN?
Lo entienden estupendamente. Si quitas la primera capa que es puramente estética (el uso del color, las faldas de volantes, los lunares, etc.) lo que hay detrás es cualquier cultura. Yo trabajo con mis estereotipos, pero todas las cul­turas tienen una imagen estereotipada.

¿CÓMO CREES QUE SE INTERPRETA AQUÍ TU ARTE?, ¿QUÉ COMENTARIOS HAS RECIBIDO?
De todo tipo: buenos, malos, eso es lo interesante. Si siem­pre fuera bueno sería preocupante, pero tengo la satisfac­ción de que a mucha gente le llega mi trabajo.

¿QUÉ BUSCAS CON TU ARTE: CONTAR, HACER CRÍTICA O ESCANDALIZAR?
Escandalizar no me gusta; contar y hacer una crítica es lo que intento. Que cómo lo hago le pueda resultar escanda­loso a alguna gente me da igual, no es mi propósito. Me parece que las cosas por sí solas, si hacen resonar algo en las personas que lo reciben, es suficiente. El escándalo es un punto más que no me interesa. Entiendo que presentar las tradiciones de otra manera saca a la gente de su espacio de confort.

¿CÓMO VIVISTE LA ACCIÓN VIOLENTA EJERCIDA CONTRA EL CUADRO DE CHARO CORRALES, RASGADO EN LA EXPOSICIÓN ‘MACULADAS SIN REMEDIO’EN CÓRDOBA?
Me parece que muchos problemas vienen de la mala edu­cación general, desde la escuela, y para mí la libertad, y por supuesto incluyendo la libertad de expresión, por ser nuestro medio de comunicarnos con los otros, es lo más importante. Creo que nos queda mucho por aprender. Te­nemos una gran labor de inculcar nuevos valores para que las generaciones del futuro sean más abiertas, y no que tengan que tolerar, porque al final tolera quien puede. Me sorprende que haya actos tan duros por culpa de la falta de respeto a otras opciones posibles, validísimas. Es muy fuerte que en el siglo XXI siga habiendo gente con tantos prejuicios.

ADEMÁS EN EL ARTE TE EXPONES TANTO…
El arte debería ser el laguito donde calmar tus heridas y tus llagas, eso lo decía Lorca. Ahora el arte es un poco más de lo mismo.

¿ESTÁ CONTROLADO?
No es general, pero hay una gran parte del arte que está acomodado. Las inquietudes que a veces mueven al artista son inquietudes personales de ser artista y ya, y no tanto de generar mensajes reales que se podrían transmitir. El arte es una herramienta política, social, de cambios en el sistema educativo, en la cultura…

¿CÓMO UTILIZAS TU ARTE EN ESE SENTIDO MÁS REIVINDICATIVO?
Yo lo hago como yo puedo, y relacionado con mi arte más conectado a lo folclórico, me parece que está muy bien no avergonzarnos de algo que es nuestro porque además es extrapolable a cualquier cultura, ¿por qué unas ensalzan lo suyo, lo característico, lo particular, y otras se avergüenzan o quieren ser como los otros? A veces considero que en Es­paña tenemos bastante complejo y nos parece que lo que hacemos no es tan bueno, cuando es buenísimo. Tenemos una riqueza cultural impresionante y no nos lo creemos.

APARECES COMO PROTAGONISTA EN MUCHAS DE TUS OBRAS: ¿POR QUÉ?
Cuando empecé a trabajar lo hice experimentando con mi cuerpo, con mi relación conmigo misma y también mi re­lación con el medio. Surgió así. Ahora estoy trabajando con otras personas. Se transmiten cosas diferentes si tú eres la artista y eres el motivo de tu trabajo que si trabajas con otras artistas. Hay muchas diferencias, por ejemplo la im­plicación. En una parte de mi trabajo no salgo y significa otra cosa.

El arte hecho por mujeres es un arte que es muy experimentado en los propios cuerpos, y eso me gusta por­que hay una continuidad en el arte vinculado al cuerpo: acción, performance, fotografía como documentación, etc.

¿CUÁL HA SIDO TU EVOLUCIÓN COMO ARTISTA?
Yo ni me he dado cuenta, yo he seguido y ya, y de pron­to han pasado 30 años. Puedo decir que es bastante difícil compatibilizar tu vida privada con tu trabajo. Ser artista no es un trabajo, es una formad de vida, y tienes que modular todo a la vez: la maternidad, el día día, etc.

Ser artista no es algo que te tenga que gustar mu­cho, es algo que te tienes que creer, que sea muy profundo, muy tuyo, muy verdadero, para llevarlo con naturalidad, si no, sería muy pesado.

¿LA VIDA DE LA ARTISTA ES UNA VIDA SOLITARIA?
Al final siempre estas muy cómoda trabajando sola, en un espacio apartado, eso no quiere decir que no me guste tener una vida social o compartir con colegas, pero me gusta te­ner mi espacio, entonces está bien. Lo que es difícil a veces es cómo encontrar tu espacio con los otros, con las otras, tu espacio de compartir. El primer año al volver a Sevilla me preguntaron qué es lo que echaba de menos y lo que más echaba era las charlas con mis amigos. En Madrid, donde tenía mi grupo de colegas, quedábamos para cenar y al fi­nal eran horas y horas de charla, de compartir, de debatir, y ese movimiento te genera preguntas, te da respuestas; eso lo echo de menos, mi núcleo de gente. Es muy importante tener compañeros y compañeras con los que debatir, com­partir experiencias, eso es lo que te hace tener preguntas para generar más trabajo.

El mundo del artista es solitario pero alegre, porque lo más triste es quien está rodeada de gente y está sola. Yo estoy sola ensimismada en mi mundo, pero des­pués tengo mi gente con la que tengo una conexión super especial y da igual que estén lejos. Lo triste es estar solo y acompañado.

¿CÓMO ES TU DÍA A DÍA?
Yo me levanto temprano, sobre las 7, y tengo un estudio con varias personas que vienen a trabajar o a estudiar sobre las temáticas que nos interesan. Así vamos abordando los proyectos. Actualmente estoy empezando a desarrollar dos nuevas vías: la tesis (llevo dos años investigando) y también estamos trabajando en piezas vinculadas al mundo del so­nido. Es ver el arte desde otras perspectivas.

¿CÓMO TE SIENTES CUANDO EXPONES UNA OBRA?
Doy por terminada la obra cuando la he hecho. El momento de ser expuesta es otro estadio diferente. Siempre te gusta que a la gente que confía en ti y le interesa tu trabajo, le guste, le agrade, le genere cuestiones… pero para mí en ese momento ya está terminada. La retroalimentación que re­cibes a veces coincide con lo que quieres contar y a veces te transmite cosas nuevas.

¿CUÁNDO EMPIEZAS ALGO SABES CÓMO VA A TERMINAR?
Para nada, puedo intuir algo: si estoy muy contenta, muy excitada, con mucha ilusión, casi siempre acaba bien. Lue­go depende, puede acabar bien para mí y no gustarle a la gente. A veces no me gusta el resultado pero pienso que transmite algo. El proceso es siempre una apuesta.

¿QUÉ DIFERENCIAS HAS ENCONTRADO ENTRE TRABAJAR EN ESPAÑA Y EN OTROS ENTORNOS?He empezado a trabajar aquí, pero siempre con una visión internacional, así que depende de las personas con las que trabaje. Lo más representativo aquí es la situación general del artista de precariedad: cuesta mucho recibir una retri­bución por tu trabajo. Poco a poco las instituciones públi­cas y privadas se están acostumbrado a valorar y pagar por tu trabajo, porque la realidad del artista, si vive solo de su arte, es muy complicada.

Si no tienes otro trabajo, o si no eres rica o tienes una pareja que te mantenga, vivir del arte no es fácil. O entras en unos circuitos de comercialización de tu trabajo o mercado donde mover tu trabajo o es muy difícil vivir, porque las instituciones no contemplan que el artista hace un trabajo que tiene que ser remunerado: ganan los carpin­teros, los guardias de seguridad, la gente de la sala; todo el mundo cobra menos el artista por el motivo que llevo escu­chando toda la vida: «eso le sirve al artista de promoción», pero con la promoción no se paga la luz ni se come. Tene­mos que seguir luchando por encontrar un equilibrio entre el trabajo y la dimensión más económica del arte.

¿SIENTES QUE TU TRABAJO SE RECONOCE?
Sí, recibo muchas muestras de ello y estoy encantada, pero me gustaría que eso fuera extensible a otras personas que conozco que no tienen tanto reconocimiento, pero que cuentan con una labor de años de trabajo maravillosa.

¿FUE DESDE EL PRINCIPIO?
Hay artistas que luchan por un reconocimiento y su ilusión es conseguirlo, y luego hay otro tipo de artistas, entre las que me incluyo, que trabaja en esto porque es lo que sabe hacer, y después puedes tener reconocimiento o no. Eso te puede aplacar o tener ansias de más. A mí cuando viene alguien y me dice que mi trabajo le gusta o le toca la fibra sensible, o que le ha evocado algo, a mí me encanta, porque es el mayor pago a mi espíritu. Pero luego está la parte más mercantil que, para bien o para mal, es necesaria, porque para producir una obra tienes que pagar a otras personas y esa parte no quita la otra, se complementan, y te da la opor­tunidad de llegar a mucha gente e ir creando un colchonci­to de personas que se sienten menos solas.

¿CONSIDERAS TU ARTE ANDALUZ, SEVILLANO O ESPAÑOL?
No lo considero. Hombre, mucha gente me ha dicho que hay pocxs artistas españolxs que se note que son españolxs, y que a mí se me nota. Eso me parece fenomenal, creo que está bien que se note tu raíz.

¿CÓMO SIENTES TU RELACIÓN CON EL ARTE?
El arte al fin y al cabo es investigar, si no, no tiene mu­cho sentido. Investigar es apostar, trabajar con la parte que nunca trabajas. Es interesante también tener cierto reconocimiento porque al valorar tu obra y entrar en el sistema es posible romper con lo establecido, concienciar, abrir los ojos.

 

María González Vidal. Directora del Mes de Danza

«Proyectos como este son más necesarios que nunca, con la unificación de la ciudad y la masificación del turismo»

"Proyectos como este son más necesarios que nunca, con la homogeneización de la ciudad y la masificación del turismo"

El Topo: La primera, facilita. ¿Quién es María González?

Desde mi infancia he tenido una inquietud por la novedad, por el conocimiento. Mi madre me recordaba hace poco que cuando yo era pequeña, ella estaba deseando que aprendiera a leer porque me pasaba todo el tiempo persiguiéndola, que estaba a tope de trabajo, pidiéndole que me leyera esto y lo otro. En lo que hago hay mucho de curiosidad hacia lo cultural, lo artístico, un mundo que siempre me ha fascinado. Hasta tal punto es así, que cuando tenía 17 años me provocaba frustración porque yo sentía que no era artista, pero me seducía y no encontraba mi sitio en el artisteo, y hasta rozaba un cierto complejo de inferioridad por no ubicarme. Hasta que de pronto encuentro absolutamente mi sitio como mediadora entre el hecho artístico, creadores, artistas y público, y cómo facilitar ese tránsito. Así es como me defino yo, una mediadora de la cultura, haciéndome cómplice, favoreciendo el hecho artístico desde lo que soy.

ET: Te llamas María y te apellidas González, pero tienes un acentazo… ¿Cómo llegas a Sevilla?

He decidido a partir de ahora hablar de Vidal, que es mi madre, y reivindicar su apellido. También os confieso que para identificarme en internet tengo que poner María González Danza, como si Danza fuera mi segundo apellido.

Soy hija de emigrantes, mi padre es andaluz y mi madre gallega. Se conocieron en Francia y yo nací allí. Mis padres, migrantes por razones económicas —creo que la mentalidad cuando es por tema político es diferente—, se tomaban esto como algo provisional. En casa se ahorraba para volver, no se gastaba. Siempre hablaban de volver a España y a mí me entraba pánico, yo no quería saber nada de eso. La imagen que yo tenía de España era la de la aldea de mi madre en las Rías Baixas de Galicia. Ahora, con mi hermano, tengo momentos muy entrañables y cuando vamos para allá nos sentimos de allí de una manera profunda, hay algo que tiene que ver con los recuerdos de infancia, con lo más profundo, pero con 16 años no me imaginaba allí. Yo he sido muy parisina, he disfrutado mucho de París, he sido una niña de capital y no quería saber nada de España.

Descubro otra faceta de España a través de una chica que conozco en París y que vivía en Madrid haciendo diseño de moda. Os hablo de 1986 (yo tenía 20 años), me invita a Madrid y vuelvo varias veces, conozco la España de la movida, otra España. En medio de todo esto, otra amiga francesa se viene a vivir a Sevilla y voy creando el vínculo con Sevilla, y también a través de ella conozco a una coreógrafa y bailarina de aquí, de Camas, Salud López, de la compañía Octubre Danza. Vengo a Sevilla en primavera, de vacaciones, a visitar a esta amiga y caigo seducida por la ciudad, los naranjos, el cielo azul, el olor a azahar, la feria (todo el pack), y en un momento de crisis con París, sin tener muy claro qué hacer con mi vida y con la sensación de que al estar en una ciudad más pequeña me iba a ayudar a ubicarme, al año me instalo en Sevilla.

Mis padres vuelven cuando se jubilan, a los años. He sido la primera en volver. Cuando yo ya veo que se hacen muy mayores, me los he traído para acá y mi hermano sigue en París. Este es el mapa familiar.

ET: ¿Cómo llegas a la danza contemporánea?

Paradójicamente, yo empiezo con la danza contemporánea aquí en Sevilla. No sabía nada de danza antes; allí había ido a ver cuatro espectáculos a lo sumo, y descubro la danza contemporánea aquí y a través de Salud López. Empiezo a trabajar con ella, que acababa de crear la compañía Octubre Danza, y le llevo la producción, distribución y gestión de sus proyectos.

Salud ha sido un motor brutal para la creación coreográfica andaluza. Siempre ha ido por delante y, en parte, si Mes de Danza existe, también es por ella.

Acaba de llegar Fernando Lima, coreógrafo y bailarín, al equipo de La Imperdible, que quiere hacer una pequeña muestra de danza. Yo trabajando para Octubre Danza y Salud hablándome de hacer un festival de danza. Fue el impulso para que yo le presentara un proyecto a La Imperdible más ambicioso. La conjunción de la llegada de Fernando Lima, la iniciativa de La Imperdible y mi trabajo con Salud López. Ahí empezamos la aventura conjunta, así nace Mes de Danza.

Al principio todo estaba concentrado en La Imperdible a lo largo de un mes, más o menos intensivo, y poco a poco lo sacamos de allí y nos paseamos por la ciudad. Hay un momento, cuando ya estoy llevando la dirección única del festival, que hago un análisis para ver qué necesita el sector, y es visibilidad. Para favorecer la presencia de programadores, distribuidores, periodistas y la atención del público, lo concentramos en el tiempo. A pesar de llamarse Mes de Danza —mantenemos el nombre porque ya es una marca—lo hemos concentrado en una semana.

ET: El equipo que formáis el proyecto, ¿sois conscientes de todo lo que ha generado el festival?

Hicimos un trabajo brutal de memoria, de archivo, con el libro que sacamos con motivo de los 20 años. También está el histórico de la web, una gran base de datos, pero estamos tan en la urgencia constantemente, que muy pocas veces miro hacia atrás para darme cuenta de todos los campos que hemos abierto. Soy consciente a ratos, pero no de todo lo que ha generado este festival. Otra característica de Mes de Danza es que va más allá de una mera programación: es un laboratorio, un generador de proyectos.

ET: Y, por centrarnos en lo más reciente, ¿cómo ha sido la última edición de Mes de Danza?

Hemos acabado una edición espléndida, pero he empezado un festival debiéndome aún parte de 2018 y, por supuesto, no he visto nada de 2019. A nivel de sostenibilidad de proyecto, esto te pone en una situación complicada.

Hay unos procedimientos que tienen que ser revisados, que no funcionan de cara a proyectos culturales de estas características. Este año se ha llegado a una situación límite y es necesario que las administraciones piensen cómo poner en marcha procedimientos que realmente ayuden a los proyectos a crecer, evolucionar y estar, en vez de poquito a poco llevarnos al suicidio. Los dos pilares que deberían repensar son el Ayuntamiento y la Junta. Te ahogas en burocracia, el dinero llega tarde, de principio a fin falla el procedimiento. Es una verdadera yincana. Paradójicamente, los pequeños apoyos son los que hacen que los proyectos se sostengan, las ayudas llegan cuando tienen que llegar, es fácil firmar un convenio… Todos los gestores culturales que estamos a la cabeza de un proyecto de iniciativa privada estamos en la misma situación.

En relación a la danza, pienso en el Centro de las Artes de Sevilla, en Endanza… Es muy difícil en esta ciudad nacer, crecer y mantenerse en una evolución: estamos siempre empezando de nuevo. Este proyecto es necesario más que nunca con la uniformización de la ciudad, la masificación del turismo, y el ciclo de danza en espacios singulares pone de relieve lo singular de cada lugar. Ahora, más que nunca, esto debe seguir.

Otro de los problemas con los que me encuentro son las ayudas, y es que los textos que las regulan están muy centrados en lo cuantitativo (cifras de público, de compañías, etc., que obviamente hay que atender) y no puede ser el único norte. Las ayudas son las mismas para un festival de pop-rock, que para un festival de danza pequeño. No hay que ser un genio de la gestión cultural para darte cuenta que lo que tienes entre manos no tiene nada que ver.

Mes de Danza es un espacio amable y se lo dejo claro al equipo, que funciona muy bien en este sentido. El no que te ponen por delante en muchas circunstancias de la vida no lo quiero, no es nuestra lógica, va a ser un sí, y será hasta donde podamos. Estamos por la labor. También el artista tiene que cuidar, porque también me he encontrado con la prepotencia y el egocentrismo del artista.

ET: Nos interesa mucho la pata social de proyectos como Bailar mi barrio, Mi cole baila, A cielo abierto

Manejamos dinero público, la cultura es algo fundamental, pero hay otras necesidades aun más básicas que la cultura, como es el comer, tener un techo…, y esto tiene que estar resuelto para tener espacio en tu mente para otras cosas. También es verdad que las herramientas culturales te empoderan para tú hacer frente, por eso el tema social para mí es esencial, tiene que ir en paralelo a la cultura, pero pienso que la cultura tiene que mantener este espacio de libertad y no debe estar sometida a lo social. A mí me repatea que tenga que haber equis número de espectáculos con discapacitados, por ejemplo, porque esto crea unas perversiones terribles. Mi manera de trabajar lo social es asociándolo a una cultura profesional (al final es hacer que la sientan suya, hacerlos cómplices, que se identifiquen, que la disfruten).

A cielo abierto es una red a nivel nacional que reclama la calle como espacio de difusión, exhibición y acercamiento al público. Me gustaría dar un paso más y que la calle también fuera un lugar de creación —como hacemos con Bailar mi Barrio—, no solo de exhibición. Somos doce festivales que programamos en espacios singulares, creando un diálogo entre la danza y el espacio arquitectónico. A mí me gustaría que algún día pudiéramos poner en pie un espectáculo pensado para un lugar concreto. Tiene que ver con la salida de las artes escénicas de los espacios y escenarios tradicionales y, también, con la precariedad. En Francia, en los 80, se apuesta de manera contundente por la danza y hay compañías que eligen políticamente optar por la calle, como la compañía Ex Nihilo, una compañía francesa que optó, como opción política, por trabajar en la calle. En España, muchas de las compañías deciden salir a la calle porque no hay posibilidades de programación en teatros. Por eso las primeras piezas son fragmentos de sala en la calle —algunas que ni funcionaban en calle— y, poco a poco, las compañías han pensado en crear para el espacio público.

ET: Nos han chivado que ahora te ha dado por estudiar Historia del Arte

Os tengo que confesar que me he especializado en danza contemporánea porque la vida me lo ha puesto por delante. Mucha gente me pregunta si he bailado —creo que porque tengo este físico que parece que se me ha pegado— y yo nunca he sido bailarina, aunque intento bailar swing. Podría haber sido gestora cultural especializada en música, todas las artes me parecen interesantes. La vida me podía haber llevado por otro camino.

Mes de Danza es un trabajo muy solitario a lo largo del año y necesitaba también regenerarme, que me llegara otro tipo de información, estar en un espacio en el que yo pudiera aprender. Aparte, no tengo titulación oficial en España porque nunca me he preocupado en convalidar y, como no sé lo que va a pasar, también soy práctica y espero acabarla en menos de cuatro años.

ET: Para acabar, recomiéndanos una pieza de danza

Tengo muy presente, porque van a venir al Central, Mal Pelo (María Muñoz y Pep Ramis). María es la mejor de las bailarinas que ha tenido España, es la diosa de la danza. Tiene un solo mítico sobre las Variaciones Goldberg de Bach, bicheadlo, porque es una maravilla, la tía está iluminada.

Les tengo tal admiración porque ellos compraron una masía en Girona y tienen un centro de residencias que es un espacio brutal, L’animal a l’esquena, y son unos cracks artísticamente, pero también a nivel de gestión. Cuando hicimos el libro de los 20 años, le pedí a María que me escribiera el prólogo.

Revolución por fuera y por dentro

ENTREVISTA A FERNANDO LÓPEZ RODRÍGUEZ

Quedamos en Tramallol, el espacio que alberga a Lanónima en la actualidad. Ponemos la grabadora con muchos sonidos de fondo, gente que pasa y saluda, una asamblea de Cactus, un taller, alguien que discute por teléfono... Jaleos, como no podía ser de otra manera si vamos a entrevistar a Fernando, metido en casi todos los movimientos sociales de la ciudad. «De Sevilla de toda la vida, de aquí de Marteles, el pasaje peatonal entre Enladrillada y Sol.» Sus padres se unen en el año 40 y se van a vivir a la Corza, donde vive un hermano de su padre (de la Corza conoce a Antonio Buenavida, de una ocupación vecinal muy buena que se dio en los 80 y que nos daría para otra entrevista). Se refugian allí, nacen sus primeros hermanos y, después, consiguen una vivienda de alquiler en Marteles, y nace la otra mitad. Son ocho. Años después, se van a San José Obrero. «La familia de mi padre era republicana, tenía hermanos en prisión —condenados a muerte, aunque al final no los mataron— y mi madre que también fue rapada en su pueblo, preparada para la muerte».

El Topo (ET): ¿Cómo es Fernando visto por Fernando?

Fernando (F): Un tío bastante nervioso, muy activo, necesito estar haciendo algo, maquinando algo, por eso estoy en todos los movimientos sociales. Como me gusta lo que se va a hacer, me lo tomo muy como si fuera mi casa. No sé eso por qué será, si huyo de algo, como un tiempo que no quiero ver, a lo mejor se me ha quedado la costumbre…

He sido un tipo que he tenido mis problemas de comunicación en relación al cómo soy, quién soy y, a lo mejor, por ahí viene ese estar siempre activo, para no ver esa parte de mí que no encaja en ningún sitio. Aunque ya está todo encajado. Me estoy refiriendo al tema de la sexualidad. Desde pequeño veo que soy distinto al resto de los amigos. Soy igual que todos, pero distinto, en la medida en que algunos de mis amigos me despiertan deseos.

Con 17 años empiezo a tocar el tema de la revolución por fuera, y eso me lleva a la revolución por dentro, quién soy, cómo soy, qué pasa conmigo. Dentro de la organización política en la que me integro, Juventudes Comunistas, voy viendo como también hay compañeros como yo, pero no se puede hablar del tema, somos gente normal con vidas normales.

En una ocasión, en una asamblea clandestina del Partido Comunista a las afueras de Sevilla, se plantea que hay compañeros que quieren pasar a la organización y que son homosexuales. Se dice que son buena gente pero que no nos podíamos arriesgar, en una situación de detenciones, torturas e interrogatorios, eran débiles y podrían no aguantar. Era el año 1969.

ET: Hubo también tiempo de prisión…

F: Me metieron en la cárcel porque nos cogieron haciendo pintadas con las consignas de aquel tiempo: «Libertad sindical derecho de huelga» y «salario mínimo 300 pesetas». Como éramos de Juventudes, teníamos consignas sindicales, fuera de la legalidad, pero más suaves. «Libertad presos políticos», era una consigna más grave para miembros del PC, no para los jóvenes. En la célula de mi barrio, San José Obrero, éramos unos 15 y un compañero al que cogieron pintando dio el nombre del resto.

Estuve tres meses en la cárcel. Los presos políticos (por pertenecer a organizaciones políticas que buscaban la destrucción del Estado, nos decían) estábamos aparte de los presos comunes.

La organización funcionaba como organización política también dentro de la cárcel, con sus responsables, vínculos con la calle, bolsa común, comíamos juntos, paseábamos juntos. Te das cuenta de que hay compañeros que sienten como tú. Vemos cómo los presos comunes se enrollan entre ellos, se emparejan para evitar violaciones, para protegerse y nosotros teníamos que ser los más puros, no hablar con nadie. Los mismos funcionarios de la cárcel participaban de esto, tenían sus ligues, pero nosotros no podíamos. La disciplina del partido no permitía relacionarnos. El régimen nos separaba, pero la organización también: era un doble aislamiento. Yo veo a amigos míos de la calle entre los comunes y los saludo y hablo, y ya ahí había ciertas disidencias y no estábamos de acuerdo con aquellas cosas. Éramos disidentes. Los comunes se divertían y desde luego que éramos los más tontos del mundo. Seguíamos muy reprimidos, tenía mi novia y lo otro estaba ahí, sin haber tenido nunca una experiencia.

Salí con libertad provisional con el dinero que dieron mis padres y la caja de resistencia del partido. Nos defendió Manuel del Valle, el que fue alcalde de Sevilla. Salimos absueltos y a la calle otra vez.

ET: ¿Cómo fue la lucha en la clandestinidad desde el Corte Inglés?

F: Mientras estaba en libertad provisional entré a trabajar como vendedor en moda joven de El Corte Inglés. Junto a compañeros que trabajaba en las calles comerciales y grandes almacenes, Puente y Pellón, Sierpes, Vilima… pretendíamos crear las Comisiones Obreras del comercio. Se estableció una reivindicación que era la del sábado por la tarde sin trabajar. Nos concentrábamos en el Duque, tirábamos octavillas desde la azotea del Corte Inglés y el día de la concentración me detuvieron por segunda vez. «No te muevas y sigue para adelante», me encañonaron y para la comisaría de la Gavidia.

Sabía a lo que estaba expuesto. Pasaba miedo cuando estaba en el calabozo y decían mi nombre. Arriba no sabía lo que me esperaba. Qué tipo de guantá, de patá, y la cara de odio y las ganas de comerte vivo. Abajo, en los calabozos, descansaba.

Si estabas arriba no te daban agua, si te estabas meando te meabas encima. Formaba parte de la tortura. Agáchate, pero no te apoyes, patadas en el lado de la pierna con palos, duele mucho la pierna, cabezazos contra la pared… pero lo que más me imponía eran las caras. «Te voy a matar, me pones de los nervios, me voy que te voy a matar», para ver si firmabas la declaración que ellos querían. Como no se podía estar más de 72 horas, aguantábamos y para la cárcel. Mi familia necesitaba mi sueldo y a mí me despidieron sin derecho a nada. Era 1972. Paso cuatro meses, una navidad, un fin de año. Los abogados que nos llevaron fueron Aurora León, Adolfo Cuéllar y José Julio Ruíz Moreno, los abogados de temas políticos del momento.

En el PC nos indicaban qué libro había que leer, estaba mal visto el tema porros, qué tipo de música escuchar, qué amistades tenías, y cada vez estábamos más incómodos. La segunda vez en prisión conozco a gente que piensa de otra manera: gente de la CNT, gente del Partido Comunista Internacional, que eran maoístas, relacionados con lucha armada, y me abren la mente a otras realidades. En el 1972, cuando salgo para ir a la mili, pierdo el vínculo con el PC.

ET: ¿La mili era peor que la prisión?

F: Salgo en libertad provisional porque me iba a la mili. El capitán tiene la lista de los reclutas señalados y ahí estamos unos cuantos a los que nos mandan a la oficina del capitán y nos advierten: «a la más mínima que ocurra aquí algo, sois los culpables. No quiero ver libro, papelito ni nada, y de aquí vais a un consejo militar, estáis vigilados, ya lo sabéis».

A los señalados nos mandaron como castigo a un destacamento en la sierra de Córdoba, un polvorín de municiones viejas. Nuestro trabajo era quemar una montaña de balas, un peligro. Estábamos en un barracón de chapa, en colchonetas llenas de chinches. Comíamos de un rancho que subía un burro del cuartel más cercano: comíamos frío y mal, y mientras olíamos el asado de los militares. Hacíamos turnos de 2 horas, cama y garita. Así estuvimos, con una calor tremenda, 6 meses. Eso no había cuerpo que lo aguantara. Cuando nos licenciamos, en la cartilla te ponían «persona que no merece ninguna confianza», para futuros trabajos. Uno de los chatarreros que va al Pelícano era compañero mío allí, Antonio Coronilla, sería interesante hablar también con él.

ET: Muere Franco y, ¿qué pasa contigo?

F: Después de la mili yo seguía teniendo el juicio pendiente y mi novia y yo nos fuimos, antes de que me mandaran otra vez a la cárcel. Íbamos en tren camino de Francia, pero paramos en Barcelona y allí nos quedamos en casa de compañeros de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), previo al PT.

En Barcelona empiezo a ver que hay mucha gente que se ha quedado igual que nosotros, sin papeles, y nos quedamos 8 años, hasta que muere Franco y con la ley de Amnistía volvemos a Sevilla, y obligan a El Corte Inglés a reincorporarme. Era 1979. La gente del PT ocupamos una barriada entera en Virgen de los Reyes en el Cerro del Águila (allí conocí a José Ignacio) y nos metimos mi mujer y yo en una casa.

ET: El feminismo, ¿cómo lo ves y lo vives?

F: Gracias a esta forma de ver el mundo, la vida, nos relacionamos mejor y detectamos al enemigo mejor. Antes era el capitalista, ahora también es el machista. Te sirve para entender la revolución, tus errores; nos faltaba esta manera más completa de ver la vida. Conozco este movimiento cuando vuelvo a El Corte Inglés con la amnistía y tengo un primer contacto con compañeras. Las más luchadoras dentro de El Corte Inglés son mujeres. Nos conocemos y me enseñan otras maneras, viven de otra manera, son lesbianas algunas, me coge en la época del MHLA, Movimiento Homosexual por la Liberación de Andalucía.

Siento que tengo que abrirme y hablo con mi mujer, le digo que quiero conocer todo esto, sacarlo, probar. Mi mujer considera que es la influencia de estas mujeres, un capricho pasajero, pero no es así, yo soy el mismo, pero más completo. Esto supone un escándalo en la familia y al final nos tenemos que separar. Ella quiere que continuemos juntos, pero yo no quiero una doble vida. Me reconozco bisexual. Tengo treinta y tantos. Los compañeros del PT con los que milito en la ocupación ya lo saben, en el trabajo también se enteran.

Tengo mi primera relación con un hombre: visibilizábamos mucho nuestra relación pero, cuando se rompe, llego a creer que las relaciones de pareja, entre hombres, no son posibles.

ET: En los 80 vino la heroína…

F: Probé la heroína al poco tiempo de volver a El Corte Inglés, en 1978. Un compañero del MHLA tenía un bar gay, el Charlotte, y lo quería dejar. Con mi compañero de entonces montamos Sangre Española (en relación a la sangre derramada en la Guerra Civil). Después vendría otro bar, el Bourbon. Entrábamos en el momento punk, en una fase musical diferente (yo venía de Joan Baez, Víctor Jara, Bob Dylan… y nos metemos con David Bowie, Lou Red, Iggy Pop). La clientela era muy contestataria, muy punk y eso iba asociado a la heroína. Estaba en pleno corazón del activismo y con el tiempo llegaron las primeras víctimas.

Yo quiero dejarlo y me fui a Cuba, el único país donde no había, en el resto de sitios encontrábamos por todos lados. Estuve casi un año sin consumir. Allí en Cuba conozco a la madre de mis hijos, no le oculto nada y se viene conmigo para España. Conseguí dejar la heroína con su ayuda en 1995.

ET: ¿Cómo te reincorporas a la movida política?

F: Me reincorporo al movimiento político sevillano después de todo eso. Me buscaba la vida haciendo figuras de papel, hasta que una antigua amiga de la CNT me consiguió un trabajo fijo en el mantenimiento de un edificio en Sevilla Este. Mis manos me gustan, creo que son muy habilidosas. Yo no sé hacer nada, son las cosas que responden bien a mis manos.

Del 15M me entero por las redes sociales, voy viendo que está la cosa calentita y quiero volver a integrarme. En el 1 de mayo de 2011 me encuentro a muchos antiguos compañeros y les hablo de la convocatoria del 15M y me dicen que son contrarrevolucionarios, burgueses. De ahí a la acampada de las Setas y me encantó lo que estaba pasando, se abre otra puerta y a partir de ahí llega otro cambio. Le digo a mi pareja, la madre de mis hijos, que quiero tener otras relaciones, aunque seguimos viviendo juntos, cada uno a su bola. Lo hicimos así unos pocos de años, hasta Lanónima, cuando decidimos dejar de convivir.

Después colaboro con casi todas las corralas, estoy en la intercomisión de vivienda, paso por Andanza, Lanónima, que es el punto de encuentro de todos los movimientos libertarios, autónomos. Me siento realizado en la asamblea de Lanónima y es necesaria, tiene que existir. Con los institucionalistas solo no podemos vivir, no vamos a demasiados sitios, no son de gran utilidad, y el movimiento libertario sí tira del carro e insufla una mirada más crítica.

ET: Para terminar,  recomiéndanos un vinilo que te guste mucho

F: He mojado en todo y también en la música de ese tiempo, el rock and roll prohibido. En los registros que hacía la policía en mi casa, se llevaba discos como prueba, discos y libros. Discos que no se vendían aquí, que entraban por la base de Rota y por la base de San Pablo.

Un disco revolucionario para mí fue el del plátano de la Velvet Underground, el London Calling de los Clash o el God Save the Queen de los Sex Pistols.

ET: ¿Tienes esperanza?

F: Sí, mucha. Cada vez tenemos mas identificado al enemigo.

Huerta La Alegría – Cultivando comunidad

Leticia Toledo Martín es agricultora, a secas, ni menos ni más. Aunque huye de las etiquetas, es la hortelana de la Huerta La Alegría, un proyecto que satisface las necesidades de verduras y frutas locales de temporada de unas 200 personas. En torno al proyecto se ha creado una comunidad que busca nuevas formas de intercambio económico que trasciendan lo monetario y donde las relaciones personales y las necesidades de las integrantes estén en el centro.

Agroecóloga, activista por la soberanía alimentaria y el ecofeminismo, integrante del Consejo Editorial de la revista Soberanía Alimentaria, ¿quién es Leticia Toledo Martín?

Lo que me define mejor es mi pasado familiar campesino. La agricultura como cultura de la tierra y no como iniciativa empresarial productora de bienes para el capital. Son mis bisabuelas y bisabuelos quienes me han dejado este legado que aún hoy creo que me queda grande, ya que lo vivo como un proceso de aprendizaje continuo.

Empecé en la agricultura desde el activismo y la búsqueda de la transformación social. Cuando vivía en Córdoba creamos un colectivo de trueque, Kotruko, donde también experimentamos con la moneda social (el truko). Esta iniciativa bebe de la crisis en Argentina a principios de los 2000 y de todos los proyectos de autogestión que de allí surgieron. Hablamos de 2002-2003, en Córdoba había una ebullición de proyectos sociales autogestionados. Pero nuestro Kotruko se encontró con sus limitaciones ya que más allá de intercambiar ropas, trastos usados y servicios, no producíamos nada ligado al territorio. Aquí entró en juego el término territorio, las tierras vacías, las casas vacías y el movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que nos servía de inspiración y aprendizaje. También entablamos contacto con el Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC) y a nivel estatal empezaba a formarse una red de iniciativas agroecológicas con gran variedad de formatos. Este contexto generó un proceso de reflexión en el colectivo que viró hacia el cultivo de la tierra, ya que hubo personas que cedieron sus tierras y personas que nos ofrecimos a trabajarlas. Es así como montamos la asociación cooperativa agroecológica La Acequia en Córdoba, que fue mi gran paso por la universidad de la vida. Hasta entonces nunca había currado en serio en el campo.

Aun huyendo de las grandes etiquetas, tú no haces agricultura convencional. ¿Qué principios y valores definen tu actividad?

Las relaciones la definen. Cuando la gente me pregunta cómo hacer para tener acceso a mis verduras les hablo de relación, de apoyo mutuo, de compromiso, de espacios de cuidados mutuos. Es una forma de entender las relaciones y los intercambios económicos, nuestra interdependencia. El sostén de mi actividad son las relaciones que establecemos las personas que participamos en el proyecto, poniendo en juego nuestras necesidades y echándolas a dialogar. Desde hace tiempo le doy vueltas al tema del poder en las relaciones económicas: el campesinado que yo he conocido en mi familia y su falta de autoestima y valoración en contraposición a la sobrevaloración de quien tiene dinero, puede comprar y decide. Sin embargo, en la Huerta La Alegría estas relaciones desiguales y de clase son subvertidas haciéndose más horizontales.

Me sorprende que te hayas presentado desde lo colectivo y que sin embargo actualmente este proyecto lo lleves adelante tú sola, ¿cómo es eso?

Los colectivos y sus cositas (risas). Te diría que es un conflicto personal en el que llevo varios años.  Por momentos me he sentido cansada de lo colectivo, pero ese cansancio no me ha venido porque no me lo crea. En los 15 años que llevo en esto los procesos colectivos han ido modificándose y yo con ellos. Los últimos pasos que yo di en Córdoba tras años de trabajar el campo en colectivo fueron hacia una «profesionalización» de la actividad. Estuvimos muchos años «jugando a las casitas» en esto de la autogestión, pero poca gente tomaba riesgos para llevarla hasta sus últimas consecuencias. Llegamos a un punto donde el siguiente paso hubiera sido formalizar una cooperativa donde colectivizar los esfuerzos y los riesgos y es ahí donde realmente nos damos cuenta de nuestras limitaciones. Que lo de colectivizar está muy bien, pero ¿hasta dónde colectivizamos? Y las dos veces que hemos llegado a este punto, la cosa no ha terminado de funcionar. Unas veces por un conocimiento desigual de la huerta y de la sistematización del trabajo y otras por diferentes niveles de compromiso. A día de hoy ninguna de las personas con las que emprendí estos proyectos colectivos sigue trabajando en el campo y, sin embargo, para mí no cabía duda de que ese era mi camino. Tras estas dos experiencias ya decidí venir a la tierra de mi familia, lo que conllevaba recomenzar sola.

Entonces, ¿no se llegó a dar el caso de que los proyectos se cayeran por falta de viabilidad económica?

Bueno, eso siempre ha estado ahí. Esa era una de las contrariedades entre tantas otras. Cuando te encuentras con mucha precariedad durante muchos años, seguir pensando que ese es tu trabajo es duro. Yo me he visto muy precaria pero en esa precariedad salían otras creatividades y a algunas nos servían para continuar, pero no a todas. Y ahí vuelve a salir el tema del poder, entender que cada una tiene sus habilidades y que todas juntas suman más que cada una de las individualidades. Pero esto no lo he encontrado. Lo que me he encontrado es que ciertas habilidades son privilegiadas y dotadas de un poder que no se otorga a otras, y eso es difícil de gestionar. No fuimos capaces y ahora me encuentro en las tierras familiares con un proyecto personal que llevo adelante con mucha ayuda de mi padre, quien en realidad desde que me dedico a la agricultura siempre ha estado ahí.

¿Y cómo estoy ahora transformando esto de lo colectivo para no quedarme huérfana? ¿Cómo gestiono que ya no estoy en colectivo y casi ni siquiera participo en nada más allá de mi huerto? Y hablándolo con colegas me decían: «tienes que ampliar el ángulo desde el que miras al proyecto. ¿Cómo puedes decir que no es un proyecto colectivo?» Y es cierto, el hecho de que el funcionamiento no se base en asambleas y todas las decisiones se discutan no quiere decir que no lo sea. La Huerta La Alegría es un proyecto colectivo y probablemente de los más sólidos y fuertes en los que he estado. Siento ahora mismo muchísima seguridad vital, me siento muy apoyada, y además creo que también estoy consiguiendo hacer partícipe a la gente del proyecto en la medida de sus demandas y posibilidades. Seguramente si ahora propusiera hacer asambleas regulares y un domingo de trabajo colectivo en el campo al mes, el proyecto se caería porque no es lo que el grupo necesita. No son las individualidades las que sostienen el proyecto, sino un tipo de relación entre nosotras muy orgánico.

En ocasiones parece que caemos en la sacralización de la asamblea como templo único de lo colectivo, ¿no es así?

Claro, pero bueno esta es la forma de funcionamiento a la que hemos llegado, que es muy parecida a la que tienen las AMAP (asociaciones de  agricultura sostenida por la comunidad) en Francia. Diversas colectividades para diversos territorios y personas. Desde esos colectivos que empezaron jugando a las casitas, como he dicho, con muchísima implicación, como Crestas y Lechugas, La Alegría de la Huerta, El Julián y La Mari, etc., en Sevilla, hemos ido llegando esas mismas personas y muchas otras nuevas a otras formas de organización que se adaptan mejor a nuestros ritmos sin renunciar a nuestra participación y nuestro compromiso. Todo forma parte de ese proceso de politizar nuestra alimentación, no viene de la nada.

¿Cuáles son ahora las mayores dificultades que te encuentras a la hora de realizar tu actividad?

Ampliando un poco la mirada, yo diría por este orden: tierra, semillas, agua y una buena red de proyectos campesinos en el territorio. No se puede crear una islita ecológica, sostenible, autosuficiente y que dé de comer a muchas personas. Esto está ligado a un sistema en el que fallan muchas cosas. El acceso a la tierra, que creo que como lucha se abandonó hace mucho tiempo, sigue siendo una gran dificultad. En la mayoría de proyectos que he nombrado hemos estado saltando de tierra en tierra. La relación con la tierra es cada vez más especulativa y menos de sustento. Actualmente cultivo 1,4 hectáreas que eran de mi abuelo, que pasaron a sus hijos no sin dificultades y una parte de ella está en venta. Esto es una limitación para poder proyectarte en el mismo territorio a medio-largo plazo.

El agua la saco de un pozo que cada año está más vacío y tarda más en recuperar. Y hay que sacarla con electricidad. Me he planteado el uso de fotovoltaica para bombeo pero a día de hoy amortizarlo sería un esfuerzo excesivo para el proyecto. Tenemos una dependencia energética brutal que aún está lejos de resolverse. Por eso pedí una ayuda para jóvenes agricultoras que me fue concedida, pero los requisitos burocráticos, entre ellos la titularidad de la tierra, me impidieron su cobro. Estas subvenciones no están pensadas para proyecto «atípicos».

Y las semillas, de las que dependemos totalmente y que cada vez más están en manos de multinacionales. Este es un eje de trabajo clave para la autonomía. Llevo trabajando 15 años recuperando variedades locales. También colaboro con la Red Andaluza de Semillas en algunos proyectos de recuperación. Se puede decir que tengo un nivel de autosuficiencia de semillas bastante alto, pero aún así sigue siendo una limitación. Las redes campesinas tradicionales de intercambio de semillas ya casi no existen y se está dejando en manos de las multinacionales la mejora de las variedades. Nos falta conocimiento, que se ha ido perdiendo, y tiempo.

Y, por último, facilitaría mucho las cosas una buena red de proyectos campesinos en el territorio que se complementen. Por ejemplo, una ganadería extensiva que se coma los restos de las cosechas y abone la tierra generaría una sinergia muy necesaria. El acceso a abono ecológico de animales libres de antibióticos y hormonas se ha convertido en un lujo.

¿Cómo crees que ha cambiado el trabajo campesino durante las últimas generaciones en tu familia?

Mi padre te hablaría de la dureza del trabajo, de los medios que tenía. Los utensilios de los que disponemos hoy en día para trabajar facilitan mucho la faena. Pero para ellos el trabajo en el campo no era solamente la agricultura, era mucho más. Generalmente tenían también ganado, tenían que hacer los mercados, y eso implicaba muchos conocimientos diversos. Eso era una vida dedicada a currar. Yo por ejemplo me he especializado y profesionalizado: hago huerta exclusivamente, lo que me facilita la vida muchísimo. La capacidad que tenemos hoy día de producir en una hectárea con los medios energéticos y materiales es mucho mayor, con todas las contradicciones que esto conlleva. Pero un tema que les sorprende mucho a los mayores es el funcionamiento del proyecto en sí. Les fascina el nivel de autoestima en comparación con cómo ellxs trabajaban y se valoraba su trabajo. Cuando yo cultivo sé para quién es, quién se va a comer esa verdura. Mi trabajo no es tirado en vano ni nadie lo infravalora, todo lo contrario. Les sorprende muy gratamente que mi trabajo sea tan apreciado, no solo económicamente, sino que es importante para la gente. Es cierto que no sucede lo mismo en todos los proyectos ya que hay compañeras que se quejan de lo poco que se valoran sus productos o los pocos espacios de venta que encuentran. Y un gran problema que veo a mi alrededor en gente que produce ecológico es la cantidad de verdura que tiran. Yo no tiro nada y eso marca una gran diferencia, porque todo mi trabajo está valorado.

¿Crees que la agricultura campesina podría alimentar a toda la población mundial?

Si la que no alimenta a la población mundial es la agricultura industrial. La mayor parte de la población mundial se alimenta de la agricultura campesina, lo que sucede es que no genera dinero y eso no le interesa a los productores de agricultura industrial, que buscan grandes márgenes de beneficio.

Sin embargo, hay gente que dice que consumir ecológico es cosa de pijos.

Claro, porque se ha desarrollado una agricultura ecológica totalmente separada de las necesidades básicas del territorio y se ha insertado en el libre mercado con los mismos principios con los que funciona la agricultura industrial. Sí, esa es de pijos, pero la agroecología que se lleva pensando mucho tiempo y de la que se alimenta gran parte de la población mundial no lo es.

Este número de El Topo aborda la emergencia climática desde diferentes perspectivas. ¿Cómo se siente la crisis climática desde la huerta?

En los 15 años que llevo trabajando la huerta no puedo sacar grandes conclusiones, pero sí que resaltaría las lluvias torrenciales. De un tiempo a esta parte estos fenómenos extremos están sucediendo de manera más habitual. Estamos acostumbradas los largos periodos de sequía, pero no a las grandes trombas de agua. Y otra cosa que estoy observando en los últimos años es el alargamiento de la primavera. El invierno llega tarde, se alarga la primavera, el calor duro viene a final de agosto y se mantiene en septiembre y octubre. Eso en la huerta genera procesos de floración que antes en julio se podían cargar los tomates o los calabacines, pero ahora florecen y hay tomate verde, por ejemplo. Pero, sobre todo, se nota el otoño, las verduras de otoño llegan a primavera y crecen muy rápido. Son percepciones de cuatro años para acá, se necesitaría mucho más tiempo de observación para detectar cambios de patrones reales.

Bueno Leti, muchas gracias por compartir y ¡larga vida a la Huerta La Alegría!

Gracias a ustedes y ¡nos vemos en el Pichilín!

«Hay un vínculo fortísimo entre las voces femeninas que funcionan en lo comercial y la imagen que quiere el patriarcado»

Mediodía en un bar. Tres topas y Rocío. Té rojo, charlamos, terminamos de ajustar las preguntas. Suena su teléfono, Bohemian Rhapsody. Ahora sí, empezamos la entrevista. Tres horas de conversación fluida que acabaron de la mejor manera posible, con Rocío cantando y nosotras emocionadas.

Se dice de ti que rompes los estereotipos flamencos, empezando por la transmisión familiar y acabando por el faranduleo

Ahora los espacios son otros y las maneras de relacionarnos y aprender son otras. Me flipa la visión romántica del flamenco y las tabernas. Mi abuelo tenía una taberna y yo me he criado en las peñas, pero creo que hoy en día a esos espacios apenas se va. Me da pena, pero alrededor de eso hay mucho de mito. Queda menos bonito decir las horas que estoy con Spotify o con Youtube aprendiendo cantes. Y es cierto que eso se hacía antes de una manera mucho más informal, pero la sociedad ha cambiado. Si somos sincerxs, en el momento en el que se profesionaliza algo, todo cambia. Si tengo tres actuaciones a la semana, el día libre quiero estar en mi casa tranquila con mi perra, porque además tengo otra actuación al día siguiente. Antes, como todo se movía en ese mito de la fiesta, llegabas hasta las trancas a una actuación y no pasaba nada. Ahora si actúas así en un escenario no te llaman más. Lo que se permitió a la generación anterior a nosotrxs no se nos permite. Y esto ha hecho que todo cambie muchísimo.

La Piriñaca decía que «cuando canto a gusto la boca me sabe a sangre». ¿Tu tesis sobre la técnica vocal en el flamenco te ha ayudado a encontrarte como cantaora?

A mí me ha servido mucho porque yo cuando empecé a cantar ponía la cejilla al ocho para todo y me salieron nódulos a los dos años. En el flamenco empezamos a hacer cantes de gran dificultad técnica sin haber tenido una mínima noción, solo por imitación. Hay algunxs que de una manera innata encuentran una técnica que le funciona muy bien y a otrxs nos cuesta mucho más y lo hacemos de una manera más consciente. Afortunadamente, hay muchas maneras de llegar y eso es algo que siempre me ha obsesionado. Recuerdo que destrocé una cinta VHS con una actuación de Maite Martín de las veces que la vi para fijarme en cómo colocaba la voz. Hablar de técnica vocal en el flamenco es muy complicado al ser un arte de tradición oral y con muchas escuelas. Lo que planteo en mi tesis es que todas las personas tenemos todas las posibilidades de colocación a la hora de cantar pero, por diversas cuestiones, nos sentimos más cómodas o nos suena mejor una cosa que otra. Lo enfoqué como una herramienta en búsqueda de la libertad —cómo puedo tener más colores y más recursos— que tener un tipo de voz no tiene por qué limitarte a un solo tipo de cante.

En la tesis también hay una parte que está centrada en la menstruación. Me basé en el libro de Erika Irusta (Diario de un cuerpo) e hice lo mismo con la voz: apunté cómo me sentía cada día y me di cuenta que hay momentos de mi ciclo en los que me cuesta más afinar o hacer filigranas y, curiosamente, son momentos en los que recibo más devolución del público.

Últimamente estoy muy obsesionada con ese tema y con las distintas colocaciones: las que están más en la máscara (frontal y paranasal) son más dulces, de más precisión; y esmoidal y esfenoidal tienen más fuerza, más resistencia. Cuando me voy para atrás y abro el sonido me han dicho que sea más contenida (técnicamente que me vaya para adelante); y comercialmente lo que lo peta es eso, cantar adelante, dulce. Si quieres estar en radio, y eres mujer, no abras la voz.

Por eso veo que hay un vínculo fortísimo entre las voces femeninas que funcionan en lo comercial y la imagen que quiere el patriarcado. No se quiere una voz sonando fuerte ni con un posicionamiento de un timbre menos amable: todo tiene que ser muy bonito, que estemos muy bien vestidas, muy cuidadas. A mí me han pedido que me contenga, que no me vaya de la dulzura, de lo comedido, que saco demasiado la voz.

Saliéndonos de lo estrictamente musical. Te hemos visto en un campo de refugiados en Lesbos, cantando a mineros en huelga en lo profundo de una mina leonesa. ¿Cómo vives ese compromiso político? ¿Tiene que ver con el arte o viene de antes?

Ha sido mi forma de pensar siempre, pero hacer público ese compromiso es algo que he hecho sobre todo en los últimos años. Yo por carácter tiendo mucho a ser muy correcta, pero llegó un momento en que me aburría a mí misma. Dejé de sentirme cómoda con cantes que había hecho muchas veces. Entonces me decidí a compartir lo que pensaba. Si te pones a componer es lo que te sale. Si buscas letras, esas son las letras que quieres cantar. Ha sido algo progresivo. Me cuesta mucho separar lo que soy de lo que hago. Una canta como es y mis debilidades y cualidades como artista creo que son las mismas que como persona.

Ahora bien, siempre ha habido artistas excepcionales que no tienen ningún posicionamiento político y a mí me parece muy bien. Igual que me parece bien quienes lo han tenido siempre. No es nada nuevo.

¿Y cómo llegas al feminismo?

Me ayudó el máster (de estudios avanzados de flamenco). Había una asignatura que se llamaba Sexuación en el Arte y lo primero que pensé es que eran ganas de buscarle tres pies al gato. No creía que hubiera tanta diferencia entre la mujer y el hombre en el arte, así que fui a hablar con la profesora, Assumpta Sabuco, y le comenté mi inquietud. Ella me dijo que le parecía interesante mi posición, pero me pidió que siguiera yendo a ver qué tal y al poco me alegré. Hicimos un ejercicio de revisión de críticas flamencas destacando la diferencia en la descripción de mujeres y hombres. Impresionante. Nosotras sensuales y dulces, y ellos la fuerza. Hay veces que hace falta ser muy explícita porque si no estás en ese punto de conciencia no te das cuenta. A partir de ahí dejé de normalizar ciertas cosas que tienes tan integradas que no ves.

¿Y estos temas se hablan entre compañeras?

No. No se hablan mucho. No hay conciencia. A veces creo que tengo desdoblamiento de personalidad porque a lo mejor estoy escuchando una charla de Paul B. Preciado y al rato estoy con personas que ni se han planteado la perspectiva de género. Pero hay que ser comprensivas con otras partes del proceso y respetar el momento en el que está cada una. También es muy importante observar esto desde lo económico. Desgraciadamente, cuando tienes seguridad económica te permites decir ciertas cosas mucho más fácilmente. Cuando he necesitado el dinero para pagarme la luz y el agua, he tenido la boca más chica. A mí me ha coincidido con un buen momento y me lo he podido permitir, pero entiendo la situación de otras compañeras. Soy menos comprensiva con los hombres. Ahí tengo una guerra con los críticos. Me cuesta entender ciertos artículos. Por ejemplo, cuando ese señor (se refiere a una crítica de Manuel Bohórquez a la que ella respondió públicamente) que, por ser hombre, heterosexual y vivir en el primer mundo tiene ciertos privilegios de los que no es consciente, dice que el flamenco no es machista, cuando no ha tenido que aguantar que se pasen con él en una peña. Eso no pienso consentirlo, me parece muy injusto. Soy comprensiva con mis compañeras, pero no con los hombres que intentan seguir ejerciendo su fuerza contra nosotras, con más o menos conciencia.

¿Hay mujeres críticas de flamenco?

Soy muy fan de Silvia Cruz Lapeña y de Sara Arguijo. Son menos, pero creo que esto va cambiando. La entrevista que me hizo Silvia ha sido de las más interesantes que me han hecho nunca. Me dijo una cosa que me encantó: que era mucho menos nuera perfecta de lo que nos quieren vender los críticos y que ella no lo compraba. Y me dio una alegría empezar una conversación así. Eso me da libertad para salir de ser una bienqueda.

Según los carteles de los festivales más prestigiosos, las figuras más destacadas formáis parte de un flamenco heterodoxo. ¿Es este flamenco heterodoxo la nueva ortodoxia del flamenco?

Totalmente. Ese es el movimiento que se ha dado y además muy rápido. En tres o cuatro años la contracultura ha pasado a ser cultura y al revés. Por eso yo siempre he apoyado visiones muy abiertas. Porque sobre todo en el cante ha costado mucho trabajo ocupar ese espacio. Enrique Morente lanzó el testigo, pero ha costado. Ahora, una vez que ha pasado, el capitalismo lo ha hecho suyo, como hace con todo, y de repente se ha llevado por delante mucho de lo que le daba sentido a esa visión. Igual que antes me parecía necesario que conviviesen las distintas formas del flamenco, ahora tenemos que seguir luchando por lo mismo porque casi están en desventaja quienes cantan con unas maneras más ortodoxas y más tradicionales. Y es muy necesario que ese pilar esté ahí, lo que pasa es que eso no genera tanto dinero. Por eso al capitalismo le interesan más otros nombres que llenan estadios y al final se acabará entendiendo que eso es flamenco. Ha pasado todo muy rápido y lo que antes me parecía un discurso revolucionario ahora me parece muy consumista.

Es complejo porque se necesitan las dos corrientes para evolucionar. Que haya diversidad es lo positivo, que la paleta sea cuanto más grande mejor nos enriquece a todxs, aunque sí creo que hay que repensar a dónde vamos. Frente a la idea de que el flamenco es de minorías, vemos que hay grietas por las que se puede colar y puede ser de masas. Por eso creo que es un momento para replantearnos el a dónde. Y si alguna vez el flamenco fue una zona de resistencia de algo, en el momento en el que nos incorporemos de esa manera tan clara al capitalismo más desenfrenado, lo hemos perdido.

De las tablas del Primavera Sound a las de las peñas de media Andalucía, del ruidismo de Los Voluble a la experimentación de Raúl Cantizano. ¿Se podría decir que tienes un pie en Radio3 y otro en Radiolé? ¿Cómo te sientes en esa frontera entre lo moderno y lo rancio?

En Radiolé creo que no quepo, en Canal Sur puede ser. Lo de tener un pie en cada lado a mí me apasiona, lo necesito. Yo diría que ese es el hilo conductor de mi propuesta artística. Recuerdo que tuve un mánager que me decía que no debía ir a las peñas porque así se quema la ciudad e impide que te lleven a un buen teatro con un buen caché. Pero yo necesito estar ahí también, para componer, para rebuscarme, para estar a gusto y encontrarme yo en mi centro.

¿Qué has visto en el Jueves?

Pues, sobre todo, vinilos y cintas. Cuando vas a una tienda buscando algo concreto es difícil que otra cosa te sorprenda, pero si vas al Jueves, donde no puedes ir buscando algo concreto, te encuentras sorpresas. De repente ves discos antiguos de artistas consagrados en los que hacían de palmeros a otros artistas. O descubres artistas que no conocías, como Emilio el Moro, al que me aficioné en el mercadillo. Me gusta el mercadillo del Jueves de la calle Feria por las sorpresas que te vas encontrando.

Te hemos visto dando clases en el IES Carmen Laffon. ¿Te interesa la enseñanza?

A mí la parte didáctica me ha interesado mucho, aunque ahora cada vez me interesa menos. Al principio estaba muy a favor del flamenco en la Universidad y ahora no lo veo tan claro. Vamos a intentar meter lo menos posible la mano que al final la cagamos. Eso estoy pensando últimamente. Pero en este tipo de proyectos sí creo. Fui un día a la semana al bachiller de artes escénicas durante un curso y ver gente tan joven tan volcada con el arte me emociona mucho. Es muy distinto enseñar a futuros profesionales que a personas a las que les gusta el flamenco. Es una cuestión de actitud. El arte en general es algo tan vocacional que, si en algún momento te lo vas a tomar como tarea, mejor no lo hagas.

De hecho, una de mis obsesiones, por las que he seguido estudiando, es que tengo que prepararme para otras cosas, porque si alguna vez no quiero estar en un escenario no voy a estar. Por respeto a la gente, al arte y sobre todo a mí misma. Porque tener que estar en un escenario si no quieres es una sensación muy desagradable.

¿Y te ha pasado alguna vez?

Me ha pasado. He tenido rachas. Afortunadamente no me ha pasado mucho, pero tuve una crisis hace unos cinco años y me duró unos meses. Y me pongo plazos. Me digo que si en nueve meses esa sensación no se ha quitado no cojo contratos. Luego me recupero, pero es un momento en el que no me sale ni la voz, siento que no tengo nada que ofrecer. Es una sensación extraña porque tienes que aguantar el tipo. Respetarme y conocerme también ha sido un trabajo y no vivirlo desde la presión, sino buscarme otras opciones, otras puertas.

Decía Juan Talega que «pasados los 40 es cuando se empieza a cantar con fundamento». ¿Cómo te ves dentro de 10 años?

A mí ahora me apetece mucho —y esto es una primicia— hacer un disco de flamenco tradicional de guitarra y voz, que es algo que no he hecho, algo más antológico. Y siento que ahora es el momento: estoy bien de facultades y he tenido tiempo para interiorizar los distintos palos. Cada edad tiene su momento. Ahora estoy disfrutando mucho de tener algunos cantes que llevo haciendo desde hace muchos años, haberlos revisitado y permitirme pasarlos por mi filtro sin la imitación exacta. Espero tener ganas de disfrutar de lo que cada etapa ofrece, eso es lo que tengo en mente y todo lo demás queda abierto.

CONTRA EL ESTADO

Emmanuel Rodríguez, escritor y miembro de Traficantes de Sueños

Estamos a finales de marzo, la vorágine electoral aún queda lejos y esperamos que nos permita analizar con cierta calma algunos de los temas que dan vueltas por la última obra de Emmanuel Rodríguez: las apuestas municipalistas del pasado ciclo, la extraña fijación de la izquierda con la piedra estatista, cómo se hace la revolución cuando lo revolucionario suena rancio.

Cuestiones eternas que esa cosa que llamamos izquierda rumia con mejor o peor tino desde antes de Twitter y que ahora, con un nuevo ciclo electoral por delante, la irrupción de la ultraderecha en el panorama y una crisis del régimen que parece que se ha resuelto de gatopardas maneras, parece necesario abordarlas desde otro lugar si queremos andar hacia algún sitio.

Emmanuel Rodríguez viene a la X edición de la Feria Anarquista del Libro de Sevilla a presentar su libro La política contra el Estado. Por una política de parte, y allá que nos vamos nosotras a echar el rato con él, a meterle mano a sus tesis y a intentar dispersar la neblina cortoplacista que ya empieza a envolvernos con las nubes electorales.

Pero empecemos por el principio. Emmanuel Rodríguez es doctor en historia, sociólogo y uno de los responsables del proyecto de producción y comunicación política Traficantes de Sueños. Además, estuvo involucrado en el movimiento municipalista de Madrid que cristalizó con la candidatura de Ahora Madrid y la alcaldía de Manuela Carmena. Para empezar a meternos en verea, dejamos que él mismo nos introduzca el tema.

Hola, qué tal. ¿Esto de qué va?

En primer lugar, el libro, aunque lo escriba yo, son síntesis de discusiones que se tienen por ahí y básicamente es el producto del aburrimiento con el ciclo institucional en el que hemos participado, sobre todo, desde la parte más municipalista. Y aunque sabíamos que no iba a salir muy bien, todo ha ido más rápido de lo que imaginábamos, los procesos de institucionalización han sido mucho más acelerados de lo que conocíamos en otras ocasiones. El libro pretende plantear preguntas que afloran en un momento bajista, después de ciclo alcista del 15M, haciendo un recorrido intelectual y político por la vieja pregunta de la revolución a lo largo del siglo XX y sobre el poder y las instituciones hasta hoy.

El concepto de democracia fue una de las piedras de las reivindicaciones frente al régimen del 78, pero parece que ha ido perdiendo fuelle. ¿Podemos recuperar dicho concepto de alguna manera o, como el Estado, se lo hemos entregado ya al enemigo?

Las palabras se usan y se desgastan. El concepto democracia en el siglo XVIII no parece que agrade a nadie. Cuando surge el 15M, sorprende que la palabra de oro fuera democracia, porque conectaba con algo que no está claro pero vemos que baila entre dos polos: por un lado, una reivindicación de una democracia vinculada a la descomposición del Estado, que recuerda al federalismo de Margal, de construir de abajo arriba, la democracia directa, con cierto fetichismo del procedimentalismo y todo eso de la democracia 3.0. Es decir, un intento de estirar la democracia hasta sus límites. Y, por otro lado, un alma más conservadora y meritocrática que entendía la democracia como la vuelta a una imagen nostálgica de la democracia de los años 80: que aquello que las instituciones dicen que son, lo hagan de manera correcta y aquello para la que yo me he formado en la sociedad, se me dé. Parece que esta segunda hipótesis, que muchos apoyaban, es la que llevó a cabo Podemos. De ahí que el resultado del 15M en principio fuera tan decepcionante, pero se pueda explicar.

Parece que el asalto a los cielos post 15M no era tan buena idea al fin y al cabo, ni ha traído tan buenos resultados. ¿Abandonamos ya la idea de tomar las instituciones y volvemos a la organización y la autogestión?

Uno puede reivindicar una vida sin espectáculo, sin mediación, donde todo es autoorganización, un comunismo desde abajo. Se puede reivindicar, es gratis; pero en la realidad vivimos en una sociedad absolutamente mediada por instituciones y aparatos del Estado. No es una cuestión de ponerse en el polo de la institución o el polo de la autoorganización, porque este segundo polo no está dado. De hecho, este libro parte de la tesis de que la figura central actual en la sociedad es una clase media, no entendida como nivel de renta, sino como ciudadanía con derechos que participa de los consensos y se integra en la sociedad capitalista. Y nosotros no estamos al margen de eso. Lo que sería necesario es ver cómo se pueden construir las condiciones para la autoorganización, y para eso no se exige por principio una renuncia a lo institucional, siempre que lo institucional esté subordinado a otra cosa que todavía está por construir. La paradoja es esa: en una posición de debilidad tú no puedes confiar en una política de atajo, de que la contraparte se construya a través de las instituciones del Estado, porque estas están justamente diseñadas para hacer lo contrario.

Y sin embargo, lanzáis un proyecto como Bancada Municipalista, ¿creéis que ese equilibrio institución-contrapoder se puede dar? ¿Ha cambiado algo para que ahora vaya a salir de otra manera?

No. Esto no es un proyecto prioritario y no todas lo ven necesario. Dentro de las hipótesis iniciales del municipalismo, hay algunas que han fracasado estrepitosamente y otras que no. La más ambiciosa, que a través del control institucional se iba a ser capaz de generar organización, ese rollo partido-movimiento no se ha dado. Y Podemos ha hecho todo lo posible para que no se diera. La segunda hipótesis es que esto era un proyecto de recambio de élites y eso se ha dado. Hay nuevos intelectuales, nuevos referentes, nuevos medios de comunicación… y la posibilidad era estar dentro o quedarse fuera. Apostamos por participar y generar algunas interferencias y eso sí se consiguió. Y que los intereses de muchos colectivos tuvieran una voz dentro del Ayuntamiento. Ahora, sin mucho convencimiento, sí creemos que no está mal tener una posición institucional que esté vinculada a ciertas dinámicas de los movimientos. Pero no es prioritario y lo que venga no va a salir de que tengamos 2 o 3 concejales.

Propones crear focos de contrapoder fuerte en base a instituciones populares: ateneos, centros sociales, sindicatos… Pero llevamos muchos años haciendo este tipo de políticas y no parece que traspasemos los límites de nuestro gueto ni que vaya a empezar la revolución por ahí.

Si me preguntas que si lo que hacemos nosotros funciona, te diré que no, es una cosa obvia. Somos una militancia tirando a envejecida y muy clase media. Hay una parte popular pero no es la que tira, la que ha creado los proyectos: los centros sociales, las cooperativas, determinados sindicatos… Durante el 15M se atisbó algo distinto que estaba muy bien, de la parte más creativa de los movimientos sociales surgió una suerte de oficinas de derechos sociales, un sindicalismo de la vida diaria, lo que pijamente se ha llamado biosindicalismo y que ha tenido capacidad de tejer con sectores migrantes, sin papeles, manteros y que derivó en el movimiento por la vivienda, dando lugar a uno de los ejercicios de sindicalismo más original en un ciclo económico no solo de crecimiento fordista, sino sobre todo financiero. Ahí se da un ejemplo de lo que podría ser una nueva potencia sindical en lo que creo que ha sido el movimiento más vivo hasta hace dos días. Ha puesto en el foco los modelos de acumulación españoles, las finanzas asociadas al sector inmobiliario y al turístico y a la vez como sistema de financiación del consumo.

Y se ha dado la discusión entre los movimientos sobre si optar por la vía de la lucha sindical o la institucional, el debate se dio, por ejemplo, en Barcelona, que se optó por la vía institucional. Resumiendo, ¿a través de estas iniciativas activistas vamos a ser capaces de cambiar el mundo? No, pero que son las que articulan de alguna manera la posibilidad de crear contrapoder, sí. Considero que esto es imprescindible; que sea suficiente, no. Tienen que entrar en la lucha aún sectores sociales no previstos.

Pones en tu libro el ejemplo de Bolivia como sociedad donde existe una autonomía fuerte gracias comunidades afianzadas, ¿cómo trasladamos esto a sociedades donde la individualidad, la atomización y el aislamiento son la norma? ¿Cómo construimos comunidad?

Se dice que nuestras comunidades están completamente rotas y probablemente lo estén. Estamos aislados en la vida social y reunidos en lo político a través de las instituciones públicas.  Pero también es verdad que hay un montón de formas de sociabilidad que están continuamente produciéndose y más aún en el tipo de experiencias políticas a las que pertenecemos. Nuestras formas de vida están muy atadas a lo colectivo. La cuestión en un horizonte a futuro es saber si esta forma de vida en la que nos mantenemos se va a mantener para siempre. ¿Pensamos que el Estado va a ser capaz de mantener mecanismos de provisión social que, aunque sea con alfileres, van a sostener la vida de la gente? Pues es probable que no. El reto es ser capaz de articular mecanismos de autoorganización que partan de la necesidad, pero también de otras esferas que no son  las principales, sino también culturales.

El movimiento feminista es uno de los que más potencia está teniendo, no solo en el Estado, sino a nivel internacional. ¿Hay posibilidad de que sea capaz de articular las diferentes luchas parciales desde la reclamación de desmercantilizar las vidas y hacerlas sostenibles?

Una de las cosas que pone en el centro el feminismo, que es esencial, es que cualquier articulación política tiene que partir de lo que llamamos la reproducción de la vida, que no son solo los cuidados, sino todos los ámbitos que no pasan por el trabajo productivo en términos marxistas, es decir, el que no genera plusvalor. Uno de los problemas del movimiento obrero hoy es que tiene poco poder estructural: no hay muchas situaciones donde si algo para se interrumpe la cadena de valor, porque nuestro trabajo cada vez produce menos valor. El único ámbito donde tenemos la capacidad de articularnos es a través de la reproducción. El feminismo y las luchas que vienen tienden a confluir en ese terreno central.  

Ante este panorama, la revolución como horizonte ¿es ya una idea imposible?

La revolución mola, ¿no? Es una palabra que genera tantas evocaciones, tanta potencia que no podemos decir que ya no nos interesa, que no nos revoluciona. Seguramente va a haber un montón de crisis políticas parciales donde vamos a conseguir modificaciones puntuales de normas, leyes… Habrá países que se fragmentarán, vamos a ver muchas revoluciones políticas en los próximos cien, doscientos años, pero el viejo mito de la revolución social, aquella en la que se producía una transformación completa de los sujetos que organizan la sociedad en un corto periodo de tiempo, yo eso no me lo creo. Creo que es algo a desechar. La revolución es siempre el cambio de élites del Estado, eso es lo que entendemos por revolución, salvo en la tradición anarquista. Es un cuento ideológico, pero no es la cuestión central. La cuestión es imaginar, en un futuro donde se descomponen muchas cosas, cómo estimular la imaginación política. Básicamente, a partir de lo que ya haces, qué tipo de potencialidad política puedes construir desde ahí. ¿Puedes imaginarte comunidades urbanas que gestionan algunos recursos y que sean capaces de construir eso como una experiencia política? ¿Pueden ser estas realidades las que se fuercen a sí mismas a construir un nuevo horizonte político? Esa es la clave hoy. Por ejemplo, con el caso de las cooperativas, ¿pueden no ser únicamente un mecanismo de externalización de servicios sino convertirse en un campo de experimentación de producción real?

Las preguntas se nos amontonan pero decidimos darle tregua, parece que no vamos a encontrar la fórmula mágica para tumbar al capitalismo en la próxima media hora, pero nos apuntamos algunos ingredientes para la receta: comunidad, autonomía e imaginación.

«No hay ninguna gran ciudad ni ninguna gran cumbre que no tenga su contracumbre»

David Gómez, activista 

Si hay una cara visible de los movimientos sociales sevillanos que luchan por el derecho a la ciudad desde hace varios lustros, esa es la de David Gómez. Amable, sensible, incansable, creador de un vocabulario propio, optimista. Hablamos con él de turismo, ciudad y militancia y, como siempre, fue un placer, joven.

¿Por qué un chaval de Córdoba acaba implicado en la construcción de Sevilla?

Yo en Córdoba no había hecho nada, estaba en otras historias. En Sevilla no empecé de inmediato, fue una casualidad, aunque alguna sensibilidad tendría que haber. Viviendo con mi abuela en la Barzola cuando estudiaba, descubrí una farola en una avenida sin la tapa de registro. Me puse en contacto con el Ayuntamiento y mandé un escrito que no tuvo ninguna respuesta. No sé qué me indignó más, si que esta gente pudiera dormir tranquila cuando había vecinos que se podían electrocutar… o que no contestaran. Años más tarde, me encontré a Javier Queraltó, que era el concejal entonces, y le dije: «tú tienes la culpa de que yo me reliara en estas cosas». Así empezó.

Unos años más tarde creé la asociación Taller de Ecología Urbana, centrada en la habitabilidad del espacio público. Pero mi bautismo de fuego se produjo en la segunda mitad de los noventa, cuando vivía en San Lorenzo y se puso en marcha el Plan Urban para el que se organizó, por imperativo de Europa, un Consejo Vecinal. Ahí entramos varias asociaciones y nos conocimos muchas personas, pero qué sensación de impotencia nos dejó aquello.

Por esos mismos años, rescatan la intención de hacer el aparcamiento en la Alameda que Javier Queraltó y otros arquitectos jóvenes, en el año 76 y 77, consiguieron parar. Este, en 1998, fue el segundo intento. La plataforma contra el aparcamiento volvió a unirnos a gente diversa que luego hemos seguido trabajando juntas para otras cosas. Gente de la que te fías, con la que me gusta trabajar… esas confianzas y esos haceres y confianzas se han reciclado para otras luchas.

Por aquella época también formabas parte de Arquitectura y Compromiso Social.

ACS llevaba funcionando dos o tres años cuando yo entré. No recuerdo si fue por un seminario anual temático, quizás el de accesibilidad. Yo en ese momento estaba muy motivado con ese asunto, también por una casualidad. Estaba tomándome un café en la Alameda y vi como una abuelita de ochenta y tantos años largos era incapaz de subir un bordillo de quince centímetros. Nunca me había fijado antes en eso.

Otra de las plataformas de las que has formado parte ha sido la de la Liga de Inquilinos. ¿Crees que sería un momento para retomarla?

La Plataforma de Inquilinos nace a partir de la lucha por la Casa del Pumarejo que empezó en el año 2000. Cuando estábamos inmersas en ese proceso empezaron a acercarse personas a pedirnos ayuda. Venían con cartas de Urbanismo que no entendían y que les avisaban del tiempo que les quedaba para desalojar sus viviendas. Entendimos que necesitaban atención y se creó en 2004 la PIA (Plataforma de Inquilinos Amenazados). Después organizamos unas jornadas en la Casa de las Sirenas en las que tratamos el problema de los asustaviejas, los inquilinos amenazados… Y se conectó con el Plan Urban.

La PIA (2003-2004) nace de esa urgencia por intentar parar el desalojo de estas ancianas. Algo después decidimos darle más formalidad cuando vimos que había suficiente número de personas afectadas para crear una Liga de Inquilinos. Así lo hicimos y la bautizamos La Corriente en honor de Eduardo Corriente, que fue presidente de Copavetria, una asociación pionera de defensa de los patios y corrales de Triana.

Durante un tiempo estuvo funcionando, a pesar del esfuerzo que supone unir a militantes con personas afectadas que venían con miedo, sin experiencia en trabajos colectivos, desconfiando de las intenciones del resto, con vergüenza… Después se fue desinflando. Llegó la explosión de la burbuja inmobiliaria y el foco pasa a las hipotecas y ahí el perfil sociológico es otro. Aparecen las plataformas de afectados por la hipoteca, la PAH o Stop Desahucios en otras ciudades y por ahí se va canalizando esa lucha. Pero quizá sí que va llegando el momento de retomar algo diferente. Quizá deberíamos pensar algo que trascienda el problema de las hipotecas o de las abuelitas. Una lucha que aúne otros perfiles por el derecho a la ciudad o el derecho al hábitat o a una vida digna.

Cómo sería Sevilla sin las luchas en las que has participado, con otras muchas, claro, pero en las que tú has tenido un papel fundamental. Cómo sería el plano de Sevilla…

No lo sé, nunca he hecho ese ejercicio, pero sería curioso plantearme ¿a qué he dedicado mi vida y para qué ha servido? He estado en unas cuantas movidas, sí. Citando a José Ignacio Aguilar (abogado y activista de muchas de estas luchas), ante una intervención muy derrotista en alguna asamblea, dijo: «los poderosos ganan muchas veces, seguramente la inmensa mayoría, pero cuando los no poderosos se unen, no torpean demasiado, persisten y se organizan medianamente bien… la mayoría de las veces ganan». Quizás alguna palabra es mía, pero esta frase me parece clave. Si la gente sale del aislamiento y curra un poquito… Solo con eso, es tal el silencio que hay, que una pequeña voz se escucha mucho.

Proyectos faraónicos tenemos unos cuantos de los que ahora atraen a muchos turistas.

El primer proyecto para la Encarnación se paró. Aunque visto lo que acabó levantándose allí, podría haber salido mejor el primero, y eso que llevaba un parking de 500 plazas que iba a incrementar el tráfico por la calle Imagen e iba a ser un caos. Aquel proyecto iba para delante, pero coincidió con un cambio de gobierno municipal y se paró para convocar un concurso público. Y ese concurso lo gana el Metropol Parasol de Jürgen Mayer, conocido por todas como Las Setas. Yo pude acceder a todos los proyectos, los 65 que se presentaron. Se preseleccionaron diez, cinco eran normalitos (una plaza, un mercado…) y otros cinco muy locos. Pues de esos cinco eligieron el más loco. Y es que Jürgen Mayer dijo: voy a poner Sevilla en el mapa.

Y es verdad que viene turismo a verlo específicamente, pero si la gente que pasa al lado supiera que ha costado 130 millones de euros, faltando tanto dinero para equipamientos, para cosas que hacen más fácil la vida a la ciudadanía… quizás se miraría con otros ojos. Y eso sin entrar en temas de paisaje urbano, patrimonio…

La inauguración se la amargamos, eso sí. A través de Barrios en Lucha organizamos un encuentro para que no le saliera totalmente gratis la «gran escultura». Hicimos la comparativa de otros gastos que pueden hacerse con ese dinero. 130 millones de euros son tres hospitales generales equipados hasta la bandera, por ejemplo. Y es verdad que eso es competencia autonómica, pero imaginaos cuantos equipamientos deportivos podrían ponerse en los barrios con ese dinero. Que por cierto, el dinero que se gastó lo hemos ido conociendo poco a poco. Por aquel entonces estaba en unos 90 millones y vamos ya por 130…

¿Las cosas solo pasan en el centro?

El centro es un sitio muy tensionado por su densidad de población, su uso, su significado urbano, patrimonial, sitio de mayor atracción turística, mayor concentración de instituciones y comercios… Hay muchas investigaciones que concluyen que la ciudad está demasiado volcada en el centro. Los barrios están muy mal equipados. El PGOU vigente desde 2006 detectó este problema y planteaba que en cada distrito debería haber un pequeño centro, una zona peatonal, comercial. Ahora bien, fue aprobarse el PGOU y estallar la burbuja. Es verdad que el PGOU preveía la construcción de 50 000 casas, existiendo entonces 40 000 vacías… que era una barbaridad, pero si hubieran podido construir, a lo mejor también hubieran hecho alguna de estas cosas.

Lo que hay es una impresionante carencia en los barrios de una mínima calidad urbana. Muchos barrios son meros aparcamientos de coches. Cuando me detectaron colesterol y me castigaron a andar, decidí ir por los barrios y empecé a ver cosas… Sitios donde la arquitectura y el urbanismo son para salir pegando voces. Coches y coches… Y así no sé cuántas periferias habrá, seguramente será el mal uso de ciertos paradigmas arquitectónicos y urbanísticos de hace ochenta años, que cuando se aplican se hace mal y tarde. 

Es decir, las cosas también pasan en otros barrios, pero en el centro es más fácil por los contactos, la cercanía, por las luchas… hay más facilidad en la contestación.

Una vecina de Bellavista, ¿tú crees que está preocupada con la turistificación o con la gentrificación?

No creo que lo piense en su medio, pero la gente que está siendo echada de los barrios más centrales se están moviendo y están elevando los precios en otros barrios. Es como tirar una piedra a un estanque… la onda va a llegar. A lo mejor no de la misma manera, pero llega.

Si el centro va a ser un escaparate y cada vez más difícil y más caro, todo se irá transformando, esa gente se tendrá que ir y habrá movimientos migratorios internos.

¿Andalucía qué opciones tiene al turismo? ¿Qué alternativa tiene esta tierra al modelo productivo basado en el turismo?

La única alternativa a los monocultivos es que nuestros gestores no piensen de cuatro en cuatro años. No tienen un esquema, tiempos que requieren tiempo, acuerdos entre partidos…

Si solo tienes ese horizonte de cuatro años, eso es una planificación estratégica, potencialidades, pero eso va más allá de los mandatos, y eso aquí no lo disfrutamos. No son extraterrestres, han salido de esta sociedad, pero no… Hace tiempo que Europa dijo que la industria estaba en el norte y el sur para las vacaciones… Pero nuestras autoridades no han aprendido nada. ¿Qué se aprendió de la burbuja inmobiliaria? Nada, estamos en otra burbuja, que ahora llamamos turística, sí, pero mientras podamos ganar dinero…. Por otro lado, ¿quién hubiera dicho que Sevilla iba a ser un referente aeronáutico…? Julián Sobrino (arquitecto y experto en arquitectura industrial de Sevilla) dice que ese mito de que Andalucía nunca ha sido industrial no es verdad, la Fábrica de Vidrio fue un referente en la industrialización de Andalucía. Más tarde hubo una apuesta política por potenciar unos territorios y no otros.

Es muy arriesgado hacer depender todo del turismo, todos los huevos en un mismo cesto. El turismo representa el 13% del PIB de Andalucía y genera muchos puestos de trabajo, vale, pero muy precarios, porque esos precios competitivos ¿de dónde salen? ¿De la contención de beneficios empresariales? No creo.

Para cuándo un banco con ADN del Gómez para clonarlo.

El virus del enredo, una vez que te entra por alguna movida, ya lo tienes. Siempre ha sido un trabajo colaborativo, unos aprendemos de otras y este tipo de historias no se pueden clonar, pero pueden generar otras luchas. Cuando ayudamos a Basilio Moreno a que salvara su casa en Retiro Obrero, pues ya que estaba en la calle defendiendo su casa, aprovechó para defender la Fábrica de Vidrio. Que salgan y hagan algo por sí mismos y de paso colateralmente se beneficien otras, con la educación que tenemos individualista, es un logro. Los proyectos pioneros también sirven, una pequeña victoria te ayuda a ver que no siempre se pierde.

¿Qué come el Gómez que no pierde el optimismo?

Café.

¿Tienes previsto acabar la carrera?

No, estuve muchos años intentándolo, pero cuando llegaba noviembre ya no iba más a clase. Me entretuve demasiado, esta carrera duraba seis años, pero la media eran nueve, si te entretienes, ¡es muy fácil dejarlo…! Yo para terminar la carrera me tendría que ir a un convento y a lo mejor me quitaría las asignaturas que me quedan.

En unos días se celebra en Sevilla la Cumbre Mundial de la Industria Turística, una de las razones por las que este número de El Topo es monográfico. ¿Qué significa esto?

Bueno, primero que no hay ninguna cumbre que no tenga su anticumbre. Hace dos años empezaron a echar a amigxs del barrio, escuchamos cada vez más el tracatrá de las maletas por las calles y hasta los políticos han empezado a hablar de ello, aunque solo les preocupe la competencia desleal a los hoteles y a los pisos turísticos legales. Está de moda hablar de los problemas del turismo, aunque va muy lento. Ya han incorporado que hay que procurar que no moleste al vecindario. Esta gente se pasa el mandato estudiando y diez minutos antes de las elecciones sacan lo que sea. Por eso la anticumbre es necesaria. No significa que vaya a cambiarlo todo, pero todo lo que se hace, te lo llevas puesto. Aunque no sirviera para nada, aunque la policía no te deje llegar a la manifestación que se convoque, solo por las redes que se crean y el trabajo realizado, ya merece la pena organizarla.

Proyecto NUDO.

Comunidades de aprendizaje y educación para el desarrollo

Comunidades de Aprendizaje (CdA) es un proyecto basado en actuaciones educativas de éxito dirigidas a la transformación social y educativa que pone el énfasis en la interacción y la participación comunitaria. María Jurado y Pablo Navarro, desde la Fundación APY, han pilotado un proceso de investigación con cinco centros educativos públicos de Sevilla adscritos a las Comunidades de Aprendizaje para conocer su potencial en el marco de los paradigmas de la educación emancipadora de las ONGD

Durante décadas de educación pública en Andalucía parecía asumido que la salida a la exclusión de las poblaciones desfavorecidas era la educación formal y el éxito educativo. ¿Existe en el propio sistema educativo andaluz un grupo de centros que cuestionan ese planteamiento?

El cuestionamiento no es nuevo, siempre ha habido voces críticas dentro del sistema educativo que avisaban de que el problema era mucho más complejo que garantizar que haya plazas para todo el mundo. Lo principal del proyecto CdA es que aboga por la igualdad de oportunidades en el seno de los centros y por que sea el sistema educativo el que se adapte a la diversidad del alumnado, frente a la normativa andaluza que incorpora mecanismos para atajar la diversidad sacando a las personas diversas de las aulas y conduciéndolas por itinerarios segregados del hegemónico.

Las organizaciones sociales siempre estamos buscando la forma de dar oxígeno a los colectivos ninguneados y excluidos, mientras que en la educación formal la tendencia es a dar «café para todos». Y es en esa contradicción en la que nos alineamos con el proyecto CdA, ya que surgen como un rechazo a esa política educativa en la que no se asume que dar por igual a personas cuyas condiciones son desiguales es una forma de generar exclusión y de despojar a muchos niños y niñas de sus derechos, entre ellos el derecho a la educación. Cuando se busca que ganen todas por igual sin atender a la diferencia no hay una ganancia colectiva y, desde luego, siempre hay alguien que vuelve a perder.

Otro elemento muy atrayente de las CdA es que no conciben los procesos de transformación escolar como aislados del entorno, sino que aspiran a que el centro sirva como espacio de transformación del entorno social, un espacio abierto a la participación de las familias, de las organizaciones sociales y que, a la vez, sea capaz de comprometerse e intervenir como un actor más en las problemáticas que le rodea. A esta necesidad responde la organización de las tertulias literarias, las tertulias dialógicas, los grupos interactivos de aprendizaje, etc., que ponen en el centro la interacción social y la generación de relaciones de igualdad y de apoyo mutuo.

Una de las apuestas clave de las Comunidades de Aprendizaje andaluzas es el empoderamiento de quienes participan de este proceso para producir cambios estructurales que superen las desigualdades fruto del actual modelo de desarrollo en Andalucía.

Bueno, lo que hemos visto en los centros con los que hemos estado trabajando es que tienen serias limitaciones en el abordaje del trabajo comunitario y de trasformación del entorno cercano. En primer lugar, tienen limitaciones de tiempo y de recursos humanos para poder dedicarse a colaborar o para ser parte de las plataformas y otros espacios de participación comunitarios fuera de los muros del centro escolar, y eso es de difícil solución sin el apoyo y la flexibilidad de las autoridades educativas. Pero, por otro lado, también existe bastante desconocimiento de las necesidades que no son estrictamente educativas de las familias y del alumnado, y de las posibilidades de formar parte de luchas sociales más amplias de defensa de derechos colectivos e individuales presentes en su territorio.  

Los espacios de lucha social son importantes porque te dan herramientas y legitiman las motivaciones de aquellas minorías que dentro de cada aula y de cada claustro son las que realmente quieren transformar su realidad y movilizarse frente a las injusticias. Y ahí es donde las organizaciones podemos ayudar a las CdA a crear y mantener esos espacios de generación de alternativas, porque es donde se mueven cosas dentro de las personas.

Eso sí, si el personal docente no está indignado con las circunstancias en las que viven sus alumnas y alumnos, con las desigualdades en el entorno que rodea al centro o con las relaciones de poder dentro del mismo centro, ser una CdA puede quedarse en aplicar las metodologías y llevar a cabo las experiencias exitosas, pero sin que eso conlleve un proceso educativo emancipador.

Vemos cómo van surgiendo centros CdA en entornos sociales y económicos muy diferentes, y que se generan dinámicas distintas en función de estas desigualdades.

A partir del trabajo en educación de nuestra ONGD vimos que había una serie de centros, como el CEIP Andalucía en Sevilla, que ya estaban trabajando con metodologías para la transformación social y para el empoderamiento, que son elementos que queremos introducir en la educación formal, y que incluso contaban con reconocimiento en la normativa andaluza.

En Andalucía hay un marco legal que tiene sus contradicciones pero que, en la práctica, está siendo aprovechado por equipos directivos y docentes concienciados que lo adaptan a sus necesidades y a los que ser reconocidos como CdA les facilita escapar de una parte de la rigidez del sistema educativo público para atender a las poblaciones complejas o en situación de exclusión. Por la metodología alternativa que aplican, se le presupone un enfoque político que no siempre tienen, pero es cierto que hay centros en los que el proceso de constituirse en CdA les ha hecho emprender un viaje hacia la educación emancipadora porque las personas implicadas han adquirido una conciencia crítica social y política que no se adquiere en un centro clásico.

Al investigar, nos dimos cuenta de que, a nivel estatal, el proyecto general de CdA no tiene necesariamente una orientación emancipadora, es decir, todos los centros tienen como eje central la transformación, pero no coinciden en muchos casos con una defensa de la justicia social.

El proyecto de Comunidades de Aprendizaje promueve una serie de elementos que funcionan a partir de evidencias científicas, que pueden ser entendidos como  recetas que siempre funcionan al aplicar en los centros.

Sí, y ese enfoque emancipador que mencionábamos antes choca con un funcionamiento un tanto doctrinario por parte del movimiento en relación con las metodologías y su énfasis en el éxito académico, los avales científicos, las altas expectativas… De ahí lo que ocurre en algunos de los centros adscritos en otras comunidades autónomas que son centros privados o concertados que lo presentan como un reclamo hacia el mercado de la pedagogía alternativa y se orientan a una población de clase media alta, sin ninguna intención de transformación social.

Hay un conflicto entre este discurso más empoderador y el corsé que supone la búsqueda de la legitimidad científica. Por eso, muchos centros que tienen una disposición a que la educación sea una herramienta de transformación hacia la justicia social como el CEIP Huerta de Santa Marina o el CEIP Adriano del Valle en Sevilla se unen al proyecto CdA, pero lo adaptan a su realidad social y a sus objetivos, porque si no, se queda como una metodología vacía.

La despolitización de la sociedad hace cada vez más frecuente el rechazo a una educación comprometida con el cambio social: ¿cómo recuperar el concepto de educación como propuesta política que permite a las personas tomar conciencia sobre su realidad para transformarla?

La educación para el desarrollo tiene objetivos de movilización y crea espacios de protagonismo y de entrenamiento en herramientas para el análisis crítico de la realidad, la construcción de alternativas y la priorización de estrategias colectivas para alcanzar logros comunes. Por eso, hemos tenido una relación muy complicada con los centros escolares cuando tenían la expectativa de que llegásemos a sus aulas con actividades puntuales de trasmisión de valores prosociales al alumnado. Las CdA nos permiten tener con la comunidad educativa un trabajo educativo más coherente con nuestra identidad y de una forma de relación más equitativa con los centros.

Cada agente dentro de la comunidad educativa de la CdA tiene que ser consciente de que desempeña un papel en el proceso colectivo, pero que no se produce transformación sin que seamos capaces de modificar nuestras propias premisas y formas de trabajo, y que son procesos muy exigentes en formación y en capacidad de mantener los acuerdos alcanzados. Estar en una CdA te exige una cierta presencia y que tu relación vaya más allá de las actuaciones concretas de las ONGD, que no sea llegar, dar tu rollo e irte: hay que formar parte de sus comisiones donde hay familiares, docentes, etc.

Decía Foucault que la escuela, igual que la cárcel o el manicomio, son lugares totalitarios. ¿Las CdA se cuestionan las relaciones de poder en la enseñanza-aprendizaje?

Si quieres que el alumnado deje de ser sujeto pasivo de la educación y genere su propio conocimiento de forma activa, tienes que revertir algunas de las relaciones que se dan en el interior de los centros escolares. Tienes que asumir que la escuela es un sistema en el que existen relaciones de poder y poner en el centro del proyecto educativo el objetivo de compartir la toma de decisiones en la comunidad educativa con el alumnado y las familias.

El horizonte de las CdA no puede ser conseguir logros de éxito educativo con su alumnado sin cuestionarse a sí mismas como agentes de socialización en los que se generan y perpetúan relaciones de poder entre docentes y alumnado, equipo directivo y docentes, claustro y familias, etc.

Un punto en el que las organizaciones pueden ayudar a las CdA es apoyar en el análisis de las relaciones de poder y de las metodologías pedagógicas obsoletas que afectan a la participación del alumnado, de las familias y otros agentes en la comunidad educativa. Porque desde la práctica de las ONGD en los procesos de educación para el desarrollo y en fortalecimiento de la participación en red podemos aportar herramientas prácticas validadas para promover la implicación de agentes, metodologías para la toma de decisiones colectiva, para la generación participativa de conocimiento, etc.

Decía Freire que «la educación liberadora no produce, por sí misma, el cambio social, pero no habrá cambio social sin una educación liberadora». ¿Qué necesitan las CdA para conseguir un impacto real en las condiciones de vida de su entorno?

El proyecto CdA bebe de la educación popular en todo esto del enfoque dialógico y de los principios pedagógicos de Freire, pero esto entra en contradicción con esa fascinación que tienen con lo académico, y termina generándose una relación en la que «los académicos» les dicen al personal docente como tener éxito en su trabajo, de forma que terminan reproduciendo relaciones desiguales a las que se enfrentan. Tras el proyecto que hemos desarrollado, vimos que en la práctica muchas veces se despolitizan por el miedo a ser puestos en cuestión.

Son escuelas alternativas en el sistema público y el alcance de sus logros en términos de promoción de la equidad y la justicia depende de los apoyos que reciben, de la formación de las familias, de las posturas más o menos críticas del claustro y del equipo directivo y del compromiso real por este modelo por parte de la administración educativa. Los centros más críticos necesitan que organizaciones y colectivos sociales participen en su proyecto educativo para que sumen su experiencia y le den contenido al mismo.

La propia educación para el desarrollo está en un momento de reformulación hacia posturas que defiende el fortalecimiento de las personas y sus organizaciones, no solo para la participación y el fomento de una ciudadanía global, sino también para la transformación crítica de su entorno más inmediato, el empoderamiento individual y colectivo, y las CdA permiten esa entrada en los centros escolares con el objetivo de contribuir su trabajo.

Las organizaciones sociales también tienen que establecer un tipo de relaciones que supongan un compromiso y un respeto por los procesos colectivos que surgen del centro educativo y que no sea una exhibición de actividades sin conexión que no responden a ningún eje priorizado por el alumnado o la comunidad educativa. Para eso, también hay que cuestionar el sistema de participación y de financiación de las propias organizaciones sociales, para que no seamos esclavas de políticas públicas de subvenciones que no permiten mantener un trabajo estable e independiente allí donde se están generando los cambios sociales y se está cuestionando el desorden político y social actual.

Más sobre el proyecto NUDO en:  http://nudo.apyeducacion.es/

La música es agua, comida, aire y luz

El Topo entrevista a una persona que acaba de nacer de nuevo habiendo salido vivo de una guerra loca. Un superviviente multidimensional, poliédrico. Porque su supervivencia no solo refiere a una guerra, a perderlo todo, a la salida de un país; sino también al vacío, a empezar de nuevo, a volver a integrarse y, sobre todo, a volver otra vez a soñar. Él ha decidido guardar su anonimato. De ahora en adelante será nuestro amigo sirio.

Nuestro amigo sirio y yo nos conocemos en una velada musical organizada por otro amigo en su casa. Después de deleitarnos con exquisitas neverías y selectos espirituosos, nuestro amigo sirio y un colega suyo desenfundaron sus instrumentos y nos regalaron un pequeño recital a dos laudes, algo poco usual en la música oriental. Sus ojos brillaban, su nariz aleteaba, rezumaba ilusión y ganas de compartir en cada nota asincopada, en cada glissando, en cada microtono de su bayati. Al segundo temazo esa energía había hecho desenfundar sus instrumentos al resto de comensales, quienes íbamos tímidamente empezando a interactuar con ese lenguaje musical bastante desconocido para la mayoría. Subidón, trance, emoción pura, cuando empieza a colarse entre las aportaciones más o menos acertadas de cada uno de los instrumentos presentes un tema que me es familiar. ¡No doy crédito! Y es entonces cuando el clarinete y el laúd se funden en una conversación mágica, habitando lugares diferentes pero respirando el mismo aire que el laúd hace vibrar. Para mí, ese tema es un clásico del repertorio Klezmer de música askenazí y se llama Der Terk In Amerika. Para él, el tema se llama Ghazali y es tradicional de su ciudad, Alepo, hoy devastada. Llevando la investigación algo más lejos después supimos que el tema parece tener su origen en el imperio otomano, existiendo también versión turca Uskudara y griega Apokseno topo, entre otras.

Hoy, recordando este momento, nos reímos de las apropiaciones culturales, de la búsqueda de lo puro, en un mundo que es mestizo a sangre y fuego. Hemos quedado para recordar, para recuperar, para superar la pérdida y festejar, y compartirlo. Para nuestro amigo sirio la música es agua, es comida, es aire, es luz. ¡No se puede vivir sin la música! Él me cuenta que empezó a cantar de niño en Siria, cuando su profesor de música le dijo a los seis años que tenía muy buena voz y lo mandó al coro. Comenzó así su travesía por diferentes coros y grupos palestinos. Porque nuestro amigo sirio, no se lo pierdan, también tiene pasaporte palestino, viéndose su familia obligada a refugiarse en Siria. Durante una pequeña gira que hicieron en compañía de un laudista, cuando él tenía alrededor de once años, quedó hipnotizado por el sonido del laúd e intentó persuadirle de que le enseñara a tocarlo. El músico se resistió y a forma de larga le dijo: «Cuando termines el bachillerato te enseñaré». Y así quedó chafado nuestro querido amigo a sus once añitos con una espinita clavada en el ombligo.

La revolución comenzó en Siria en marzo de 2011, país de gran diversidad cultural y étnica, donde cohabitaban árabes, turcos, armenios, kurdos y refugiados palestinos. En sus calles confluían juramentos en arameo con poemas en kurdo, lamentos en azerí con canciones en turkomano. Poco antes, en diciembre de 2010, la revolución de los jazmines en Túnez fue la mecha que prendió la llamada primavera árabe, extendiéndose a lo largo del medio oriente y el norte de África. El aumento de la represión política, económica y social, el desempleo elevado y la corrupción conformaron un cocktail que ya hacía prever el fatal desenlace.

Según ACNUR, hasta la fecha unos 6,6 millones de personas han sido desplazadas internamente y 5,6 millones han huido de Siria, lo que significa más de la mitad de su población total que rondaba los 20 millones en 2011. Si añadimos el más de medio millón de muertes y el más de un millón de heridos el resultado es un país borrado del mapa.

Llegados a este punto y ya con un nudo en el estómago decidimos hacer un alto en el camino, tomar aire y recuperar la música como lenguaje cómplice, que no nos fatiga. Tocamos un tema tradicional sirio Hal Asmar El-Lon, que traducido viene a ser algo así como «el chico moreno», y que habla del deseo de una muchacha por el mencionado afortunado, cosa bastante inusual en las letras de canciones árabes tradicionales. Nuestro amigo sirio la canta desde la pérdida, desde la memoria y desde la rabia.

Nuestro amigo sirio toma aire y nos comparte que «las personas sirias en el exilio estamos actualmente desilusionadas, solo pensamos en nuestros nuevos caminos y en nuestras vidas, presentes y futuras. La Siria actual es un país perdido, pueblos destruidos, gente asesinada, mucha pobreza, diferentes milicias y un Gobierno sin poder. Quien controla la situación actualmente son las milicias y Rusia. Sin esperanza en un posible futuro y sin poder volver al pasado. Es una pérdida absoluta, es vivir el perder»

Nuestro amigo sirio fue el primero de su familia en sentirse obligado a salir de Siria en marzo de 2013 huyendo de una guerra que duraba ya casi dos años. Primero para escapar del servicio militar obligatorio que empezaba a llamarle a filas. En segundo lugar con el objetivo decidido de conseguir sacar al resto. Su destino fue Argelia ya que allí acogen a las personas de origen palestino sin cortapisas y además podía trabajar sin problemas. Trabajó durante dos años como ingeniero eléctrico para conseguir pagar los costes de sacar al resto de su familia de Siria, mafias y pasajes incluidos. Su salario y lo obtenido de la venta de la vivienda familiar en Alepo fueron suficientes para reunir los 50 000 €. Su familia salió vía Turquía para terminar llegando al norte de Europa donde actualmente residen.

Personalmente me resulta muy difícil ni siquiera poder imaginarme con un mínimo de realismo lo que debe ser sufrir una realidad tan difícil. Le pregunto cómo ha cambiado su vida y la de su familia tras el trauma de la guerra y la huida: «hemos cambiado muchísimo. Hemos crecido mucho. Hemos cambiado nuestra forma de pensar. Me siento afortunado por haber vivido la guerra y haber salido porque soy otra persona. Soy mucho más valiente y he ganado muchísima confianza en mí mismo». Nos confiesa que nunca hubiera imaginado que llegaría a creer en él mismo tanto. Echa una carcajada y dice «¡llegar a la Luna se me quedaría corto!, me siento muy afortunado, ahora valoro muchísimo más el estar vivo, he cambiado mi forma de recordar el pasado y de mirar al futuro». Durante todo este tiempo asegura haberse llegado a conocer muy bien: «una de las grandes claves de la buena vida es saber quién eres, conocerte y reconocerte muy bien, aprender a describir tu identidad»

Por su lado, nuestro amigo sirio tuvo que conseguir entrar a Europa por el sur. Desde Argelia entró de polizón a Marruecos hasta Nador, ciudad desde la que esperaba pasar a Melilla con el grueso de trabajadores y trabajadoras marroquíes que cada día cruzan la frontera. En la frontera entre Marruecos y Melilla existen tres puertas controladas por las que entran y salen sobre todo marroquíes pero también españoles y españolas que van a trabajar al otro lado. El plan consistía en escamotearse durante las horas punta en esa marea humana de mano de obra explotada para lograr pasar el control del lado marroquí. Lo intentó muchas veces, le distinguían por no parecer marroquí y le echaban para atrás. El día que lo consiguió lo intentó dos veces bien temprano en la mañana. La primera le volvieron a descubrir pero tenía una corazonada, no desistió y volvió con otra camiseta diez minutos después y esta vez lo logró. Una vez llegado al control español enseñó su pasaporte sirio y pidió el asilo. Realizado el trámite burocrático y en espera de la resolución de la demanda fue enviado al CETI de Melilla en el que pasó cincuenta días mientras estudiaban su caso. Finalmente fue enviado a Málaga donde fue asignado bajo custodia a CEAR, quien le traslada a un centro de acogida en Sevilla. «Cuando llegué a Sevilla me enamoré sin saberlo. El plan era una vez llegado a Sevilla ir a ver a la familia al norte de Europa y quedarme allí. Así lo hice, llegué donde estaba mi familia y reclamé poder quedarme allí.» Esto abría otro nuevo trámite de traslado de la solicitud de asilo entre países de la UE y durante ese tiempo nuestro amigo sirio no terminaba de ver claro eso de vivir en el frío norte, en el más amplio sentido de la palabra frío. Finalmente terminó renunciando a sus derechos de refugiado en el norte de Europa para venirse a Sevilla, donde solo había estado una semana.

Le pregunto sorprendido cómo tomó la decisión de volver a Sevilla y su 30% de paro en 2015 y me responde: «Intentar reconstruir mi vida en Sevilla ha sido la única decisión puramente emocional que he tomado jamás». Al parecer, durante una conversación con el abogado de su familia en el exilio, a la sazón poeta, éste le espetó para intentar aclarar sus dudas: «nunca vivas con una mujer a la que no quieres ni en un lugar que no te haga feliz». Y así siguió su pulsión y retornó a Sevilla, al mismo piso de acogida compartido donde había pasado su primera semana en Europa, con un plan escrito en su bolsillo a modo de salvavidas y que detallaba objetivos y fechas concretas.  Plan que ha ido cumpliendo casi al pie de la letra; aprender el idioma, conocer a gente, hacer amistades, integrarse, sentirse bien, trabajar…Ahora trabaja en el mundo de la ayuda humanitaria, en la acogida de personas refugiadas, en la misma organización que le acogió a él. Sin embargo, su objetivo es terminar trabajando en el ámbito de la ingeniería, su verdadera vocación y profesión. Tras estudiar un máster lleva casi un año buscando empleo sin suerte hasta ahora.

Sorprendido de su determinación y tesón le pregunto qué le ha dado Sevilla durante estos tres años: «me ha ayudado a recuperar una parte de la memoria, porque parte de ella se rompió en Alepo. He ocupado parte de ese hueco de mi memoria dejado en Siria, del que dependo emocionalmente para sobrevivir». Continua: «vivir es tener recuerdos, sobrevivir es olvidar. Aquí volví a recuperar los buenos recuerdos, a recuperar el presente».

Cuando empezó a recuperar la entereza, a respirar, nuestro amigo sirio decidió agradecerle al pueblo que tan bien le había acogido. Sintió la necesidad de hacer cosas porque sí, de devolver el altruismo con el que muchas personas le habían vuelto a aferrar a la vida. Ni corto ni perezoso, en marzo de 2016 tras tres meses y una semana en Sevilla, decidió abrir una página en caralibro donde ofrecía una parte de su tiempo para compartir sus conocimientos y destrezas con las personas que pudiesen necesitarlas: matemáticas, física, árabe, música, compañía, apoyo para superar situaciones complicadas legitimado por una guerra atroz. Al cabo de pocos días varios medios de comunicación se hacían eco de su iniciativa, todo el mundo quería conocer a quien quería dar después de haberlo perdido todo. Recibió miles de llamadas y de ofertas, incluso de dinero, pero él no quería recibir, quería dar. Y así fue como ha conocido a mucha gente y sobre todo a gran parte de sus amistades cercanas, verdadera comunidad de apoyo en su nuevo destino.

Nuestro amigo sirio nos explica que ha descubierto el verdadero significado de la palabra integración: «es la principal vía para poner a salvo tus sentimientos y pensamientos cuando te has visto obligado a abandonarlo todo, no puedes volver atrás, y llegas a una nueva realidad en la que estas obligado a reconstruirte. Este proceso pasa por volver a confiar en el nuevo aire que respiras, a escuchar los nuevos pájaros que cantan, a pasear sin miedo por las calles que ahora te acogen». Nos recuerda con brillo en los ojos la primera vez que el cuerpo le pidió echarse una cervecita con alguien que le dio charla en una esquina cualquiera. «Puedes llegar a un nuevo territorio, a un nuevo espacio, sin estar todavía en él, en todo tu ser, de forma plena. Integrar es liberarte a ti mismo a la vez que liberas al nuevo otro. Es confiar de nuevo, compartir alegrías y tristezas, riquezas y pobrezas, confidencias y pamplinas. Trazar puentes entre los olores, los sabores, los sonidos que envolvían a la vieja lluvia y los que moja la nueva, rellenando así la memoria con nuevos recuerdos sin sentirte obligado a borrar los antiguos».

Nuestro querido amigo sirio necesita sentir que su tránsito está llegando a su fin, que está consiguiendo estabilizarse, porque le da la necesaria confianza y seguridad para resolver sus problemas cotidianos. Consiguió al cabo de dos años eternos su estatus de refugiado como palestino. Nuestro pequeño cantante ha acabado su bachillerato, toc, toc, toc: «maestro, estoy listo para aprender a tocar el laúd».

«Creo que soy un perfecto frustrado»

En esta ocasión entrevistamos a Antonio Romera, el Chipi de La Canalla. Quedamos a la una de la madrugá en Tramallol, el espacio de trabajo colectivo donde anda componiendo su próximo disco. Me esperaba en la puerta y comenzó a tocar un ritmo pretendiendo que lo reprodujera: —¡Imposible! —Pues tócame las palmas por sevillanas… En ese momento estaba componiendo unas sevillanas mezcladas con ritmos afrobeat. Durante la entrevista continuó tocando la guitarra como si nada; parece que lo hace todo «por casualidad».

El Topo: Buenas noches, Chipi. Para empezar, ¿nos cuentas quién eres?

Chipi: ¿Por qué respondo: por lo que he hecho, por lo que quiero hacer o por lo que no he hecho?

Como quieras, responde a las tres, empieza por donde quieras.

Empezaré por lo que no he hecho… Soy un músico frustrado, un escritor frustrado, un cantante frustrado y creo que soy un perfecto frustrado… [risas]. No me da la vida para hacer las cosas que me gustaría. En realidad, pienso que tampoco me gustarán tanto cuando no las hago. Lo que más me gusta del mundo es estar bien, estar tranquilo. Todos los trabajos que me agobiaban los he dejado. Y ahora me dedico a algo que me deja más tiempo para estar con la niña, con la familia, para estar bien. Cuando veo el concepto de éxito de la gente, luchar, trabajar duro todos los días, pienso que si eso es el éxito no voy a tener éxito en mi vida. De ese, claro, de lo que yo considero éxito, que es estar bien, ahí soy el número uno.

Y ¿qué es lo que haces? ¿Qué te hace sentirte tan bien?

Hago todas las cosas con las que me siento frustrado pero no le dedico tanto empeño como necesitaría para obtener el resultado que se supone que tiene que tener o que a veces me gustaría que tuviera. Toco la guitarra muy mal, escribo muy mal, canto muy mal…pero hago esas cosas siempre. Es lo que hago, escribir guiones, escribir espectáculos, escribir canciones, escribir textos. Lo hago porque me apetece y algunas veces cuadra para alguien o para algún espectáculo y encima tengo la suerte de ser remunerado, pero no lo busco… De hecho, las veces que me han propuesto escribir para gente aunque sepa que va a generar dinero en autores, si no me gusta no lo hago; siempre me ha dado pereza, no me apetece.

¿Por qué Chipi?

En mi barrio todo el mundo tenía motes, los pájaros, los matarratas, los lateros… Mi familia es de los Luna, pero a mí me pusieron Chipi. No creo que tenga una explicación. Lo que sí sé es que viene de chipirón, por chiquitillo sería.

No sé si tú lo sabes pero en El Topo somos muy fans de La Canalla…

¿Y eso por qué, canija? Mira que La Canalla no hace ni promo, de hecho montamos el grupo porque queríamos hacer lo que nos apetecía, pero no esperábamos que fuera a tener tanta aceptación, no pensábamos que iba a durar 10 años. Montamos La Canalla porque queríamos sacar a pasear las canciones, no teníamos muchas expectativas, sin embargo, ya ves. De hecho, algunas veces nos ha planteado alguna compañía hacer promociones, y la banda no está por eso, ni yo tampoco.

Esa es una de las preguntas que te quería hacer: ¿qué relación tenéis con los sellos discográficos «importantes»?

Huimos, porque es incompatible con la filosofía del grupo. Llegaría un momento en el que nos pondrían a actuar en una tele, nos pegarían dos bocinazos, nos dirían que tenemos que tocar exactamente lo mismo una y otra vez, y eso no iba a suceder nunca.

Nosotros hacemos los discos y después las canciones siguen vivas, siguen tocándose, unas veces de una manera, otras veces de otra… Cada día la canción depende del estado de ánimo de cada uno, del barrunto que le dé, eso es inevitable. En el momento en que hiciéramos otra cosa, los músicos se aburrirían de tocar y yo probablemente también me aburriría de cantar.

Has hablado antes de que iría totalmente en contra de la filosofía del grupo ¿Cuál es la filosofía de La Canalla? 

En el grupo todos tenemos claro que la música está viva, a menos que estemos trabajando de mercenarios con alguien y haya un papel delante. A los músicos lo que les gusta es tocar e improvisar, pero no improvisar por gusto, sino por la necesidad de ser coherente. Vamos cambiando, unas veces apetece hacer un solo de una manera y otras veces de otra. No tenemos ninguna limitación al respecto. De manera que unas veces estamos más satisfechos de la versión que nos ha salido y otras veces menos, pero lo que sí tenemos claro es que si la hiciéramos exactamente igual nunca íbamos a estar contentos. El grupo ahí no hace concesiones. Nos ponemos algunos límites, para que se entienda la letra o por respeto al resto de compañeros en el escenario, pero es por coherencia con el grupo, no es una imposición.

Para las compañías, las canciones tienen que durar tres minutos, el estribillo tiene que entrar a los cuarenta y cinco segundos, el solo no puede durar más de ocho compases… Pero en La Canalla, como son músicos que vienen del jazz, eso no iba a suceder, estaba claro. Aunque sabemos que no es comercial, nos apetece hacerlo así. Al final te das cuenta de que las compañías no entienden tanto cómo funciona la gente, sino que intentan convencer a la gente de cómo tienen que pensar. Si tú no molestas con las letras, no molestas con la música y lo reduces todo a una estética sin concepto, que no dé mucho que pensar. Es verdad que hay un público muy activo que consume. Solo lo tienes que poner en los programas de televisión con tirón y cuando lo vean lo van a comprar, porque son gente que consume estética. Pero eso no quiere decir que los proyectos con fondo no puedan vender. También hay muchas minorías, lo que pasa es que están desperdigadas, es más complicado llegar a ellas porque no tienen un único canal. Eso pasa con la política también, la gente que no piensa se concentra y la gente que piensa se dispersa. La Canalla es un grupo de muchas minorías, y aunque estén dispersas, no sé si por ir tocando o por el boca a boca, se ha producido una especie de sinergia que hace que la gente nos vaya conociendo. O nos llaman de Quito y pienso… ¿esta gente?  Eso es que algún majara que lo ha visto y le ha gustado se lo ha pasado a otra majara y así sucesivamente, al final nos vamos juntando todos los majaras…

¿Por qué La Canalla?

Este proyecto empezó desde la letra, me apetecía hacer como un bestiario de Kafka, hacer retratos de personajes. Siempre he escuchado mucho folclore latinoamericano, andaluz, etc.  Lo que más me llamaba la atención del folclore es que hacían retrato social. Unas veces de situaciones, otras veces de personajes, otras veces de anécdotas históricas, y en la copla se retrataba mucho el personajismo de la gente del entorno. La gente retratada solían ser personas de las que nunca hablaba nadie, y si hablaba alguien lo hacía desde otro estrato. Esta es la gente de la canalla. A este grupo social, los demás, por salud emocional, los invisibilizan. Se ignoran, no existen. Es el pesado que viene a pedir dinero, pero en ningún momento importa cómo se llama, dónde trabaja o dónde trabajaba; qué le gustaría ser o en qué circunstancias vive. Y hay mucha gente en ese estrato del mundo de la canalla que no está retratada, porque ahora el folclore se ha quedado en un ritmito y en un tonito, pero el concepto de retrato social lo ha perdido prácticamente. Yo me propuse hacer retratos de esa canalla y todo lo que cuento son historias de personajes de ese mundo. Por ejemplo, para La niña de fuego me basé en una chavala rumana que iba dejando mecheros con una notita por las mesas de los bares. Tenía unos ojazos, pero nadie se había fijado en ella. Es una historia de amores imposibles como María de la O, pero en este caso era la chica que «daba por culo con los mecheros». Yo intento que hasta esas canciones de amor estén impregnadas de ese personajismo de la canalla.

Cuando me preguntan qué tipo de música hacéis me cuesta un poco de trabajo describirla [risas]. ¿Cómo la describirías tú?

Antes, cuando tenías mil pesetas y te querías comprar un disco, no te la jugabas. Si habías escuchado blues y te gustaba, te comprabas otro disco de blues. Había gente que escuchaba blues, gente que escuchaba rock, etc. Y así, por no jugártela, podías acabar con cien discos del mismo estilo. Ahora con internet te sale la música por las orejas. No creo que ahora haya nadie que piense que le gusta solo un estilo musical. Ahora no tenemos tantos prejuicios expurgando canciones de diferentes estilos musicales. Por otro lado, nosotros lo que hacemos son canciones y tanto la música como la letra o el tono de la letra están al servicio de la historia: la melodía, los arreglos, todo. Por ponerte un ejemplo, Canasto y algodón es un blues pero está hecho en subdivisiones de tres en un tiempo de soleá porque habla del mestizaje entre la música negra americana que llega aquí con las bases de Morón o  de Rota y el flamenco de la zona. En realidad, la historia de los dos personajes de la canción no deja de ser una metáfora del mestizaje de la música. La música deja de convertirse en una traba para terminar utilizándose como una herramienta para contar una historia porque, al fin y al cabo, las canciones lo que hacen es contar cosas. Unas veces una historia, otras veces una emoción o un sentimiento, lo importante es contar algo. Nosotros utilizamos la música y la letra de la misma manera, al servicio de la historia, por eso te puedes encontrar de todo.

Y emocionan un montón.

Algunas emocionan y otras dan coraje.  Es lo que pasa con Construcción y deconstrucción del amor. Son 14 versos que se van ordenando de forma diferente, de manera que la primera estrofa describe una situación de amor, en la siguiente son los mismos versos y los mismos elementos que configuran el amor, pero desordenados, y la historia se tensa. En la tercera estrofa la historia acaba en tragedia, pero son los mismos 14 versos. Es «hombre quiere a mujer», la misma mujer, el mismo hombre, todo igual; lo que cambia es el transcurso del tiempo de la primera a la tercera estrofa. Es el tiempo que necesita una persona para que su amor mute a ese horror, y de la misma forma la música hace eso, empieza con una melodía maravillosa pero se va deconstruyendo hasta que se convierte en un estruendo insoportable y cuando termina… La primera vez que lo estrenamos en el teatro Falla todo el mundo se quedó como diciendo: «¿esto no es verdad, no?».  Yo me sentí muy orgulloso. Habíamos conseguido el efecto que esperábamos, pero a la gente le dolió un montón. No solamente se emocionan a través de las canciones, sino que unas veces se ríen y otras veces lo pasan mal, y si consigues el objetivo, es para sentirte satisfecho.

Ahora, un tema que genera controversia. ¿Qué hay de los comentarios machistas que haces en los conciertos?

Claro, la clave está en diferenciar entre yo y el personaje. ¿A qué te refieres?

Por ejemplo, a las referencias recurrentes a la suegra o a la parienta en tus parlamentos entre canciones.

Yo en La Canalla soy un mierda. Soy despreciable, igual que la gente de la canalla a la que hace alusión. Yo escupo, bebo, fumo. Ese personaje al que represento tiene que ser así de despreciable y de irreverente. No puede ser correcto, no tendría sentido, porque su discurso no sería creíble. Antes te comentaba que el mundo de la canalla ha sido contado por burgueses, y eso es lo que pretendo evitar.  Aunque he ido aprendiendo con el tiempo, me he criado al lado del barrio del Cobre, en Algeciras. Intento comportarme como allí. Intento no ser correcto.

Y con respecto a las canciones, no podemos olvidar que los que hablan son personajes de la canalla. Si no hablo haciendo un papel, no podría hablar nunca en primera persona.

También los personajes están contextualizados en la historia, si estamos hablando de un hombre de 50 años, y es el hombre de 50 años el que está hablando, es inevitable que use un lenguaje machista porque, entre otras cosas, si no, no se va a entender. Siempre que se haga un retrato conviene ser fiel a los comportamientos de las personas retratadas.

Aun así, sí que estoy muy pendiente de estas cosas, yo no voy a ir en contra de cómo me gustaría que fuera el mundo. De hecho, esto me genera problemas en muchas ocasiones. Cuando trabajé para la Seminci me negué a que en la presentación de los premios ellos fueran «tipos con criterio y renombre» y ellas «solo actrices jóvenes» y monas. Tendrán que salir mujeres con criterio también, ¿no? Y más cuando la presentadora está denunciando casos de abusos de poder por el productor de turno o se está reivindicando el papel de las mujeres en el cine. Hay que ser coherentes.

Para terminar, ¿qué le dirías a la gente que lee El Topo?

Les diría que hay una necesidad imperiosa en la gente que tiene conciencia de mover a la gente hacia su conciencia. Lo hacen todos, los mierdas también pretenden mover a la gente hacia su conciencia, hacia donde les conviene. Nosotros lo tenemos peor, es más difícil mover la gente que piensa.

Son reductos como El Topo los que sirven para generar esa conciencia. El Topo va a seguir existiendo mientras siga habiendo ganas de contar cosas… Ni la gente de El Topo va a dejar de contar lo que sabe que tiene que contar, ni nosotros nos vamos a poner a componer para Bustamante…

Después de dos horas de entrevista y antes de despedirnos, me tocó un tema en primicia que estaba componiendo para su próximo disco… Deseando escucharlo.

Rap en andalú, denominasión de orihen

Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz (FRAC)

En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica.

Paul Lafargue

Trabajo es tortura de la Inquisición.

FRAC

Algún día el yunque, cansado de ser yunque, se convertirá en martillo.

Mijaíl Bakunin

Si les sobra y no reparten

 ¡Exprópiese!

Si no tienen vergüenza

¡Exprópiese!

Si actúan como cobardes

¡Exprópiese!

¡Exprópiese!, ¡exprópiese!, ¡exprópiese!

FRAC

El 7 de abril se celebró una fiesta antirrepresiva en Sevilla en beneficio de las seis personas de la Macarena en prisión preventiva por la ocupación de unas viviendas. La Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz, FRAC, encabezó el cartel de los grupos que tocaron solidariamente en el evento. Visitaron Sevilla por esta causa y la redacción de EL TOPO tuvo la oportunidad de sentarse distendidamente con ellos a merendar en casa de Amparo y charlar sobre la situación de los circuitos alternativos de la música andaluza, la represión política y la autogestión, entre otras cosas. Aquí, el resultado de esta amena charla-merienda.

Si por casualidad, y muy remotamente, existiera aún alguna lectora de EL TOPO que no hubiera asistido a un conciero de la FRAC o no hubiera escuchado alguno de vuestros temas colgados en la web, ¿cómo le explicaríais qué es la FRAC?

La FRAC es un colectivo autogestionado —de música ecológica andaluza, libre de transgénicos y sin maltrato animal— que hace música con mensajes normalmente molestos para los malos. Ante todo financiado colectivamente porque, aunque viajemos mucho, somos unos obreros de todo esto y da pa lo que da. Se financia viajando,  haciendo conciertos y mechandising, como otros grupos, pero la FRAC se diferencia en que también tiene una cuota militante, por eso decimos que es un colectivo. Hay un carné de miembro del grupo. Con el carné de militante los conciertos son gratis y hay descuento en merchandising. Pero realmente quien se saca el carné de militante de la FRAC no lo hace por los beneficios, lo hace porque cree en la autogestión y porque entiende cómo funcionamos la FRAC, que no nos vendemos. No intentamos entrar en circuitos donde quizás pueda ser más fácil ganar dinero pero también perder la dignidad. 

Somos más un colectivo que un grupo; la FRAC no tiene fans, tiene militantes. La palabra fans no nos gusta. Venimos de una larga historia de autogestión del ocio, hemos estado implicados siempre en movimientos sociales, por eso la fórmula que terminó saliendo fue un grupo en forma de colectivo militante y por eso siempre nos salen movidas solidarias. Desde el año 2007 en el que empezamos, el grupo ha ido avanzando y según lo que nos iba saliendo bien hemos ido decidiendo por dónde tirar.

Hacéis música, rap, reggae, dub, dancehall con mucho ritmo de carnaval. Tenéis una puesta en escena con referentes identitarios andaluces. La madroñera de piconera, la camiseta de equipos de fútbol gaditano o los cuplés de carnaval, forman parte de vuestra identidad musical andaluza. ¿Cómo se explica que la FRAC tenga más bolos de la meseta para arriba que en Andalucía?

En el año 2016, la mitad de los conciertos fueron en Andalucía y la otra mitad fuera, alrededor de un 30% de estos en Cataluña y el Levante. Y en 2017 tuvimos directamente más conciertos fuera de Andalucía. Hay diferentes culturas territoriales, allí arriba hay una conciencia mayor de lo que es ser colectivo. Te viene un grupo de chavalxs de 19 años organizadxs y te proponen tocar y no te regatean el precio, tienen más experiencia en autogestión de la cultura y el ocio. Arriba es más fácil tocar en la calle, autogestionando una barra, por ejemplo, todo el mundo es consciente de que hay que consumir en esa barra. Obviamente hay más dinero, pero también tiene mucho que ver la cultura política, sin olvidar el uso que hacen del espacio público. En Andalucía no faltan espacios, pero faltan colectivos organizados que los usen, como ocurre en Cataluña con las fiestas populares. Aquí las fiestas populares son en casetas y no hay tantas casetas alternativas, posiblemente por el formato, porque se necesita solvencia para montarlas. En cambio, el espacio público no requiere de una inversión tan grande.

¿Y se entiende a un grupo gaditano allí arriba? ¿Entienden el carnaval?

Al principio piensas que no te van a entender, pero la verdad es que la gente termina entendiéndonos fuera, se interesan, preguntan e investigan sobre Andalucía a partir de nuestras letras.

Es verdad que el carnaval va con nosotros. En Cádiz cualquiera que se dedique a una disciplina artística en el carnaval le da la cara por algún lado. O hace algo en la calle, o sale en el teatro, sea del estilo de arte que sea, termina mezclado con el carnaval.

También hay que tener en cuenta, por ejemplo, que en Cataluña vas en el coche y pones la radio y hay cuatro emisoras que te ponen grupos que no suelen aparecer en radios comerciales y son grupos locales que después puedes ver tocando en las plazas de los barrios. Esa cultura musical, más allá de lo comercial, la tienen, y eso hace que puedan estar abiertas a entender nuestra música, incluso el carnaval.

Allí, en el circuito valenciano-catalán, incluso comercial, tienen un piquito de conciencia. La música algo social vende, hace dinero. Nuestro estilo no es tan marginal allí.

Además no hay una música identitaria catalana. Cuando llega un grupo andaluz, y allí el que más o el que menos tiene un padre o una abuela andaluza, nos escuchan. De primeras podemos parecerles exóticos, pero luego les rompemos estereotipos de lo que se vende como andaluz entre el cuñariado catalán y terminan investigando letras y viniendo a Cádiz. 

En los últimos años, las autoridades españolas han investigado y procesado a varias personas que se dedican al arte por «enaltecimiento del terrorismo» y «humillar» a sus víctimas: los titiriteros, Valtonyc, Hasél o La Insurgencia entre otras. ¿Consiguen sembrar miedo entre la gente que hacéis música desde la disidencia política? ¿Habéis revisado vuestras letras alguna vez pensando en una posible represión?

No. Rotundo. Nosotros desde el principio, aun sin experiencia, no hemos escrito nada que nosotros hayamos sentido que no lo debíamos cantar. Siempre hemos andado entre la ironía y el doble sentido, que es algo natural tanto del carnaval de Cádiz como de nosotros. Es verdad que lo hemos hablado: ¿aquí que va a pasar? ¿Nos tocará a nosotros? Pero siempre creemos que no. Es que si nos toca a nosotros ya tiene que estar la cosa chunga. Aunque no todo el mundo entiende la ironía… y si algún día cae… pues habrá que sacar pecho. Yo creo que a Cristóbal Montoro le jode más que le digan tu puta madre al modo castellano, a que le digan gafacarvo al modo gaditano. La ironía gaditana por ahora nos hace de salvavidas.

En nuestro propio espacio de conciertos le hemos dado cabida a otros músicos represaliados y tenemos la precaución de revisarle las letras antes, claro (léase con  ironía gaditana).

Que no revisemos nuestras letras no quiere decir que no nos preocupe la represión política a la libertad de expresión como a cualquier persona comprometida socialmente. Vamos a seguir haciendo letras hasta que caiga este régimen antidemocrático en el que vivimos. Muy recientemente hemos sacado el tema Los bordones son unos padrones… y nohotros disléxicos, donde rimamos las letras por las que han sido condenados otros músicos en muestra de apoyo como ya han hecho otrxs compañerxs.

Vamos a soñar un poquito: ¿qué panorama de la música andaluza sería el deseable? ¿Cómo sería vivir dignamente de la FRAC?

Para nosotros lo ideal no es tocar en grandes festivales, porque ahí se pierde la esencia y se pierde todo. Los grandes festivales, para los grupos que no están en primera línea, suponen trabajar gratis o casi gratis a cambio de promoción y que se reapropien de tu trabajo grandes marcas y empresas. Para nosotros el objetivo ideal es mejorar y reforzar el circuito alternativo en el que ya estamos. El circuito en el que estamos es casi calle, pequeños locales, fiestas de barrio, movidas sociales o con reporte social. Mejorar este circuito para nosotros sería mejor que subir a la champions league. Mejorar este circuito no es solo mejorar las condiciones de los músicos sino de todos lxs compañerxs que trabajan con nosotros, los técnicos de sonido o la gente que trabaja en las barras, que muchas veces están explotadxs en festivales. Buscamos dignificar este trabajo. En realidad se trata simplemente de mejorar las condiciones, ya no es por cobrar más dinero, es comodidad para tener el alojamiento, cierta logística y evitar tenerse que preocupar de cosas que al final son las que nos acaban quemando en el día a día cuando todas las semanas tienes que enfrentarte a tareas que, o las hacemos nosotros, o no se hacen.

¿Cómo hacerlo? Nosotros por ahora intentamos mantener un mínimo en nuestras condiciones; hay unos sitios donde las tienes que pelear más que en otros, lo hemos ido mejorando poquito a poquito. No entramos a competir precios, tenemos un repertorio propio, te puede gustar o no. Cuando tocamos para el lucro de negocios, por ejemplo, pues intentamos sacar más margen; cuando es para temas sociales pues, por supuesto, el margen es menor. Intentamos buscar un cierto equilibrio sindical que ponga en valor nuestro trabajo. A nosotros nos parece bien que la gente que pueda tocar gratis lo haga, lo que preferimos es que lo haga para movidas sociales y no en espacios que son negocios con un fin de lucro. Y dejen ese espacio para los grupos que quieren ganar algo. Si tú quieres tocar siempre van a existir eventos y colectivos que lo necesiten y espacios que siempre van a aceptar que se toque gratis, pero hay que ser consecuentes. Tocar gratis en un festival que en el que te ponen publicidad de ron en el escenario, no tiene ningún fin social. El Sindicato de Músicos de Cataluña denuncia estos abusos de los macrofestivales y pelea un salario mínimo que tienen establecido en 114 € por persona, lo cual cubriría dignamente todos los gastos de seguros sociales. Aquí yo creo que nos valdría casi la mitad… Es muy necesario un sindicato de músicxs y técnicxs de sonido en Andalucía para dignificar las condiciones de este circuito en el que nos movemos. En eso estamos.

Bueno, pues ya casi terminamos, que hay que tirar para la sala a tocar al festival antirrepresión. Antes de ir a por los caracoles, ¿qué más le dirías a lxs lectorxs de EL TOPO?

Sabemos que las lectoras de EL TOPO son personas conscientes y con pensamiento crítico, así que les pedimos que sean consecuentes y que cuando vayan a festivales piensen en los grupos que se mantienen al margen de los macroeventos y que se mueven en circuitos alternativos. Que se apoye la autogestión porque es la única salida digna a este horror de sistema en que vivimos. Lo creemos firmemente.

Si te gusta el rap, Cádiz, el reggae, la identidad como resistencia, el fútbol de barrio, los dobles sentidos, el dub, la dignidad de en mis jambres mando yo, la ironía, la crítica sin censuras, el carnaval, el dancehall y la autogestión, te gusta la FRAC. Para saber más de la FRAC, escuchar todos sus temas y hacerse militante, razón aquí: https://www.frac2007.es/

«Hay un uso perverso del sistema jurídico para atacar derechos fundamentales»

Helena Maleno, activista de la organización Caminando Fronteras, sigue pendiente de la causa abierta en su contra por la justicia marroquí. El proceso se inició a instancias de una denuncia de la policía española después de que el caso fuera archivado por la Audiencia Nacional. En la investigación judicial se la acusa de asociación de malhechores y de favorecer la inmigración irregular. Maleno, que ya ha declarado en dos ocasiones ante el Tribunal de Apelación de Tánger, ciudad en la que vive desde hace 16 años, podría ser condenada a cadena perpetua. Sobre este episodio de su vida y sobre otras muchas cosas estuvimos hablando con ella allí, en su casa, rodeada de parte de su familia y de llamadas y mensajes constantes de las muchas personas que cuentan con ella para hacer un poco menos difícil el tránsito migratorio.

¿En qué momento se encuentra el proceso judicial?

El juez de instrucción ha terminado la investigación y tiene que decidir si archiva el caso o continúa y abre el juicio. En ese caso, no sabemos que pasaría. Esperamos que archiven como archivó la justicia española, porque no hay razones para el delito ni pruebas que puedan vincularme a ningún delito. El problema es que esto ya ha dejado de ser una cuestión jurídica para convertirse, sobre todo por el lado español, en una cuestión política. Se criminaliza la solidaridad para poder poner en práctica ciertas políticas, como ya hemos visto con la ley mordaza. Es decir, hay un uso perverso de las leyes y del sistema jurídico para atacar derechos fundamentales.

¿Qué crees que hay detrás de esta acusación?

Creo que las fronteras se han convertido en un gran negocio para las empresas armamentísticas y las industrias criminales vinculadas a esas empresas. Estas políticas de la Unión Europea, como el resto de las políticas relacionadas con las fronteras que se están llevando a cabo en el mundo, tienen como objetivo la defensa de los intereses de grandes lobbys empresariales y económicos, no los derechos de la ciudadanía. De hecho, nuestra situación como defensoras en fronteras se ha deteriorado desde que los intereses económicos de estas industrias han entrado en juego. Lo vemos en  Latinoamérica con las empresas extractivas. ¿Por qué muere Berta Cáceres? ¿O por qué juzgan a los bomberos de Proem Aid y a mí? Pues porque evidentemente no se trata solo de políticas. Se trata de grandes intereses económicos. La industria armamentística mueve muchísimo dinero, son industrias criminales que luego vinculan y alimentan otras industrias criminales como el tráfico de órganos, el tráfico de seres humanos, la trata de personas, etc. No es nuestra solidaridad la que alimenta las mafias, es su sistema económico el que las alimenta y las necesita. Cuando las mujeres esclavas sexuales van a Europa es porque hay demanda, Europa quiere esa esclavitud. Esas industrias criminales y esa industria de la guerra están seleccionando las esclavas y esclavos que llegan a Europa. Tenemos esclavas sexuales, tenemos esclavas en el servicio doméstico, tenemos todos los esclavos laborales, etc. Al final es un sistema que se repite a lo largo de la historia: el Imperio romano era un sistema parecido, el colonialismo era un sistema de esclavitud y este es también un sistema de esclavitud. 

El proceso judicial ha generado un gran revuelo mediático centrado en tus llamadas a Salvamento Marítimo, que han sido la excusa para la denuncia de la policía española. Sin embargo, eso es solo una pequeña parte del trabajo que hacéis en Caminando Fronteras. ¿Cuál es vuestra labor?

Lo que se hace es acompañarlxs en el acceso a una serie de derechos básicos que se les niegan porque les despojamos de la condición de personas. Puede ser ayudarles en la inscripción de un crío en el registro civil para que no desaparezca en la frontera con Argelia y acabe en el tráfico de órganos, por ejemplo. Ese es nuestro trabajo fundamental y, entre esos derechos que se les niega, está el derecho a la vida, sobre todo en los momentos del cruce, en los momentos de tránsito migratorio, en el desierto, pero también en el Mediterráneo. En esa defensa del derecho a la vida se inscribe nuestro sistema de alertas que lo único que pretende es que no se muera nadie porque hay medios para que no ocurra. Por otro lado, queremos implicar a la ciudadanía en esto, queremos que los pueblos se encuentren. Lo bonito de lo que ha pasado, si hay que sacar cosas bonitas, es ese encuentro. Creo que después de 15 años de discurso de racismo, odio y xenofobia, es la primera vez que la ciudadanía le está diciendo a las autoridades que el derecho a la vida debe estar por encima del control migratorio. Pero hay muchos más derechos que queremos recomponer, no solo por la dignidad de esas personas, sino por nuestra dignidad democrática. No son solo ellxs los expulsadxs del sistema, lo dice Saskia Sasen en su libro Expulsiones. Ella explica muy bien cómo el Sur global está expulsado del sistema, pero es que en el Norte global está ocurriendo con los desahucios, por ejemplo. Fíjate lo grave que es la situación, que tenemos que recuperar el sentido del derecho a la vida. A los mínimos que hemos llegado.

Ese mínimo tan mínimo es lo que ha facilitado la casi unanimidad en el apoyo social que ha suscitado este proceso. ¿Y cómo funciona en el día a día ese acompañamiento?

Pues, por ejemplo, esta llamada que acabo de tener es de un chico que ayer sufrió una agresión racista. Ha llamado desde el hospital para contar que ayer lo atacaron cuando entraba en casa por la noche y cuando ha llegado le han hecho una radiografía y le han consultado si va a denunciar. No va a hacerlo porque no tienen documentación, pero nos ha pedido ayuda para la farmacia, para poder ponerse una vacuna contra el tétanos porque la agresión ha sido por arma blanca. Sabemos que hay derechos a los que no puede acceder, pero hay otros a los que sí. Registrar a lxs niñxs es otro de los trabajos que hacemos que a veces es bastante complicado porque tiene un componente transnacional. El otro día en España había una chica que llegó y a un fiscal se le ocurrió separarla de su hija pequeña hasta que salieran las pruebas de ADN. Hicimos un informe enviando toda la documentación que teníamos —porque con esa madre y esa niña ya habíamos hecho un trabajo de acompañamiento— pidiendo que hicieran rápido el test. Son informes que hacemos para chavalas que sabemos que ya han cruzado, que a veces son víctimas de trata. Nosotras nos ponemos en contacto con otras organizaciones para que sepan que la chica en cuestión a lo mejor no va a salir de la red en ese momento, pero va a necesitar apoyo si decide dar el salto, para que pueda hacerlo. En fin, este tipo de cosas.

Todas las personas que conocemos tu trabajo desde hace años hemos admirado tu nivel de compromiso, de entrega. ¿De dónde viene esa conciencia y esa decisión de dedicarte en cuerpo y alma a la lucha por los derechos humanos?

Yo lo que me pregunto muchas veces es por qué la gente no lo hace. No entiendo como puedes vivir de espaldas a una realidad. No entiendo la falta de humanidad, de empatía. Vengo de una familia de El Ejido, pobre, jornalera, anarquista, con unos valores muy fuertes. Era una familia muy humilde, pero recuerdo a mi abuela metiendo en casa a personas a darles de comer si lo necesitaban, aunque fuera nuestra comida la que le daba. Una hospitalidad que es habitual en Andalucía. Por eso me chocó mucho que, viviendo esa vida de explotación, cuando cobraron fuerza los invernaderos y llegaron lxs migrantes, los excluyéramos, los negáramos y los utilizáramos por su rentabilidad económica. Yo estoy muy en contra de esa visión mercantilista de las migraciones, ese: «necesitamos nosecuantos migrantes para pagar las pensiones». Hay muchas organizaciones que usan ese discurso, sobre todo para justificar la llegada de migrantes ante la opinión pública, ante el fuerte racismo institucional; pero yo estoy en contra de eso, un ser humano no puede ser medido en cuotas de mercancías. Y en cuanto a mi compromiso… No sé, yo tengo una vida además de esto, soy mamá, tengo dos hijos, un perro, una gata, dos tortugas… Tengo una vida normal. Lo que quiero decir es que todo el mundo puede lanzarse a hacer cosas, que no hace falta ser nadie especial, yo no soy especial.

Eso es cierto, pensar que alguien debe ser especial para comprometerse puede ser una excusa para no hacer nada. En cualquier caso, tu entrega supera la media. Has contado muchas veces que has sufrido amenazas e incluso han intentado matarte. Se acude a ti desde hace muchos años porque vives de primera mano lo que ocurre en la Frontera Sur. Lo que haces no es fácil. ¿Cuándo y por qué viniste a Marruecos y decidiste quedarte?

A Marruecos me vine harta de la situación en España. Llegué en 2001 para unos meses en principio, conocí a otras compañeras que ya vivían aquí y trabajaban con migrantes. Vine un poco para descansar de toda la mierda que se estaba produciendo en España que no entendía: ese recorte de libertades, la situación en El Ejido… Crucé para verlo todo desde la distancia y, efectivamente, desde aquí vi las cosas más claras. Estamos metidos en nuestra burbuja de Norte global y cuando tomas distancia y ves el Norte desde el Sur entiendes muchas cosas y son más explícitas las contradicciones. Yo he aprendido mucho a tener otra mirada de las cosas. He aprendido con los compañeros y compañeras con los que estoy cada día. Es muy importante conocer otras miradas, te hace sentirte menos el ombligo del mundo. A veces también reconozco que el discurso de las compañeras y compañeros racializados puede resultar muy duro; sobre todo cuando entramos en los feminismos y hablan de ser euroblanca o no. Yo no me siento representada con ese concepto, por ejemplo, pero también les entiendo. Somos tan mierda, hay un racismo tan institucional, hay un neocolonialismo tan fuerte, que nos atraviesa a nosotras también. Es nuestro privilegio y nosotras hacemos uso de nuestros privilegios como un tío lo hace de los suyos. Es lo mismo. Yo soy una privilegiada, al fin y al cabo, pero intento que los privilegios no me alejen de la otra persona. Es decir, que el privilegio no te impida ser solidaria. Que el privilegio no te ciegue o no lo tengas porque estén pisoteando a otra gente. Eso hay que reformularlo y eso es lo que desde aquí yo he aprendido a mirar

¿Qué ha supuesto lo ocurrido en Tarajal en 2014 en cuanto a la toma de conciencia de lo que ocurre en la Frontera Sur?

Tarajal ha sido y es una vergüenza para nuestra democracia. Es una vergüenza que no haya nadie en la cárcel cuando pasan estas cosas en cualquier punto de la frontera por la única razón de que es la frontera y se busca la protección del territorio. Estoy segura de que cuando miremos desde la historia, ese episodio será considerado uno de los más vergonzosos de esta época. Sin embargo, también ha sido un punto de inflexión en el trabajo con las familias y con las comunidades. Tarajal podía haber pasado sin pena ni gloria porque querían ocultarlo, pero algunos compañeros que estuvieron allí a pie de playa —a quienes acompañamos desde Caminando Fronteras en esa búsqueda de derechos de la que hablábamos antes— nos lo contaron y nosotrxs nos peleamos para que esa información saliera. En ese sentido creo que fue un triunfo político de las comunidades inmigrantes. El hecho de que se haya mantenido el caso abierto con el enfoque que se ha mantenido o que se ganara ese primer recurso en la Audiencia Provincial, ante el archivo del caso por parte de la jueza, estaba empapado del trabajo con las familias, de ese intento por transformar el dolor en justicia. Con Tarajal se ha iniciado el proceso de búsqueda de la verdad, de la recuperación de la justicia y de la no repetición, que eso ya en otras fronteras del mundo como Latinoamérica es algo que había empezado hace mucho tiempo. Tampoco hay que olvidar que España es un país donde no hay reparación, donde sigue habiendo gente en las cunetas. Entiendo que es muy difícil cuando todo lo que te han dicho es que tienes que olvidar, que puedas entender que debería iniciarse un proceso de reparación sobre lo que ocurre en las fronteras de tu país. En cualquier caso, es importante sacar este discurso y Tarajal lo está logrando.

¿Cómo vives esta repercusión mediática de lo ocurrido El Intermedio, TV3, personajes públicos diciendo que su única bandera en este momento es Helena…?

Es un poco abrumador. Lo mediático lo hemos cuidado mucho porque hay un procedimiento judicial en medio y yo tenía que cuidarme, porque hablar constantemente de lo ocurrido me revictimiza y me he expuesto menos de lo que los medios hubieran querido. Lo que sí es cierto es que ha habido un desarrollo de pensamiento que no se ha producido porque yo salga en muchos sitios, sino por la conciencia que ha generado el conocimiento del trabajo que hacemos. No es que Helena sea la bandera de nadie, sino que lo es el derecho a la vida que defendemos. Se han escrito textos de reflexión sobre la situación que vivimos, sobre la historia del Estrecho, sobre política, a partir de mi caso y eso es lo importante. De hecho, creo que eso también falta en el Estado español: discurso, pensamiento, reflexión. Sí, es gracioso que yo era muy conocida por lxs africanxs desde hace tiempo, sin embargo, ha sido ahora cuando me han conocido en la otra orilla.

«Toda forma de resistencia por pequeña que sea tiene sus efectos»

El pasado mes de octubre vino Belén Gopegui a presentar su última novela Quédate este día y esta noche conmigo (Pinguin Random House, 2017). Tenemos la inmensa suerte de tener a esta defensora de lo buenito entre nuestras suscriptoras y personas cercanas. La editorial nos invitó a la convocatoria oficial a un hotel para que charláramos, y así lo hicimos. La situación era rara, no lo vamos a negar, aunque rápidamente nos centramos en su libro: una novela intergeneracional que, entre otras cosas, critica la deshumanización tecnológica, centrándose en el omnipresente y omnipotente Google. Afortunadamente, después tuvimos la suerte de poder conversar y almorzar en un ambiente mucho más distendido, compartiendo sabores, olores y charlas sobre temas cotidianos.

¿Cómo surge la idea de esta novela?

En realidad, empecé a escribir otra novela, pero mi experiencia es que cuando no dejas pasar suficiente tiempo entre una novela y otra a veces terminas escribiendo la misma; entonces la abandoné… Pero había un personaje que me interesaba, que es Olga, y decidí empezar a escribir la novela de Mateo con Olga. Y vi que ahí me encontraba cómoda, porque no me lo planteé como una novela, sino como una forma de hablar de algo que me preocupa.

La novela plantea una reflexión sobre el papel de Google en nuestra sociedad. ¿Cómo podemos enfrentarnos al poder que tiene?

El primer problema de Google es que es una empresa, igual que Facebook. Las redes sociales son empresas que comercializan una necesidad que es muy real: la de comunicarnos y tejer redes —no puede haber nada más bonito—. Pero cuando eso se utiliza para obtener beneficios, todo se trastoca. Y el segundo problema es que son monopolios, no hay cuatro Googles, no hay cinco Facebooks. No podemos elegir, y eso hace que ellos pongan las reglas y creen la necesidad al mismo tiempo. Creo que hay salida en pequeños proyectos, igual que pasa en los medios de comunicación: servidores de correos que hay que apoyar. Pero es todavía más difícil que con los medios de comunicación porque la estructura que se necesita es mayor y no se puede competir. Creo que en este momento esto debería formar parte del proyecto político que tengamos: deberían ser servicios públicos porque están trabajando con algo que es común; con nuestros datos, con nuestra vida y, por lo tanto, no deberían poder lucrarse con ello.

¿Pensaste en algún momento cambiar el nombre de Google en la novela por miedo a alguna represalia legal por su parte?

No, nunca pensé ponerle otro nombre porque tampoco digo nada que sea mentira; no creo que Google pudiera hacerme nada. Pero no se me hubiera pasado por la cabeza cambiar el nombre. No es como cuando escribí Acceso no autorizado, que es una novela en la que aparece una vicepresidenta que se parece a Mª Teresa Fernández de la Vega. Ahí yo sí atribuía a ese personaje cosas que esa vicepresidenta no había hecho, por tanto creé un personaje de ficción. Pero aquí, todo lo que digo de Google es cierto. Google se ha convertido en parte de la realidad, como si hablas de una carretera concreta o un bosque, no hay que cambiar el nombre.

Los personajes de la novela, Mateo y Olga, ¿pueden considerarse una resistencia contra lo que representa la multinacional?

Sí, los personajes quieren subvertir, por así decirlo, las reglas de Google. La forma que ellos tienen de enfrentarse es pequeña pero las acciones pequeñas pueden tener sus efectos. En Google, si quieres solicitar un trabajo tienes que adaptarte a un formulario, y Mateo y Olga rompen su formulario con la voluntad de desconcertar, no solo a la empresa, sino a las personas que trabajan en la empresa —esto es algo que a veces se nos olvida—. Es curioso que cuando se habla de colectivos se suelen escuchar quejas como  «¿y que son los colectivos?» En realidad no es nada, no existen. Sin embargo, cuando se trata de empresas que también son colectivos, a nadie le importa; todo el mundo acepta que el Real Madrid existe o que existe Bankia o que existe Google.

Bueno, pues Google, exactamente igual que un colectivo autogestionado que okupa un centro, está formado por personas. Mateo y Olga lo que hacen es ver qué pasa si rompen el código. Y en lugar de dirigirse solo a la empresa (la persona jurídica) se dirigen a las personas con cuerpo que hay detrás. Y parece que la subversión funciona de alguna manera porque la persona que recibe esa solicitud, el becario, manifiesta su sorpresa y su interés por ellos.

¿Está esa persona en el papel en el que quieres colocar a la lectora o lector?

Antes que nada, conscientemente he querido que no se sepa si esa persona es becaria o becario o una máquina. Yo creo que la persona que lee está siempre un paso detrás, nunca es solo el personaje. Incluso en las novelas escritas en segunda persona, quien lee sabe que está viendo algo que está pasando ahí, es decir, no es que quiera que la lectora se identifique con lo que ocurre, sino que se relacione, que contemple lo que le ocurre a un becario o becaria muy especial cuando recibe una solicitud diferente. Escrita además a cuatro manos, por dos personas en principio muy diferentes: una persona bastante mayor que es una mujer matemática, y por un chaval joven. Vemos qué tipo de reacción experimenta, y busco que la lectora se plantee qué reacción experimentaría ella, pero como una cosa más, no ocupando un lugar automático.

Respecto al interés que planteas por la inclusión y el respeto a la diversidad, no puedo dejar de destacar el personaje de Olga, y esa relación imposible de etiquetar que se crea entre ambos personajes

Esto me hace especial ilusión que me lo digas, porque cuando escribes hay algo que pasa del libro a quien lee —que a veces no sabes lo que es— pero también es verdad que hay objetivos que te propones, y estos eran dos de ellos. Uno era que la relación no pudiera etiquetarse, y otro era incorporar al censo de los personajes femeninos otro tipo de mujeres porque está muy limitado. Si viniera alguien de fuera, a partir de la literatura pensaría que las mujeres solo se dedican a enamorarse y a sufrir.

De hecho, que incluso en contextos como el nuestro sorprenda el protagonismo de una mujer de 60 años matemática jubilada es bastante ilustrativo. Y manteniendo una amistad con un chico 40 años más joven, con el que surge un debate permanente y estimulante. Pero volviendo a la historia y a ese proceso de selección en el que se habla incluso de no premiar a quien lo hace mejor, sino de provocar que alguien lo haga: pero, ¿es necesario que la literatura nos ayude a ver este tipo de cosas que en el día a día no vemos?

Yo creo que los departamentos de recursos humanos solo con ese nombre están muy despistados, están generando todo el tiempo literatura sobre lo que quieren o sobre lo que no quieren y, la verdad, es que no saben lo que quieren. Para la novela, por una parte indagué sobre cómo Google selecciona a su personal, y por otra parte, hablé con varias empresas que hacen cosas parecidas a las que hace Google, para ver cómo elegían, y te das cuenta de que el problema es que eliges en función de para qué quieres y como eso no se puede decir explícitamente, «¿Para qué te quiero? Para explotarte» Si quieres a alguien para explotarlo pues ya la propia forma de elegir es insuficiente, y si además no puedes decirlo, sino que tienes que venderlo diciendo «te quiero para que participes en un proyecto que mejore el mundo», pues todo se complica. Además, se producen muchas dificultades. El otro día me contaban que si trabajas en Facebook tienes derecho a una amplia gama de servicios como peluquería gratis, guardería, etc. Todos esos servicios forman parte de tu salario social, por así decirlo, sin embargo, esas peluqueras o responsables de guardería no tienen a su vez peluquería gratis, por ejemplo. Es un mundo tan ficticio y tan interesado que es difícil que el proceso de selección pueda aportar algo.

Esa ficción que en realidad son esas redes sociales como Facebook, no presenta una especie de espejo deformado o roto de nosotras mismas, en el sentido de que condiciona lo que ofrece a raíz de la propia información que tú le das. Es decir, tú le das información y a la vez te estás configurando a ti como persona

A mí me parece que lo terrible de todo esto que es que no podamos intervenir. Esos algoritmos están creados por alguien con determinados objetivos. Podría ser el objetivo contrario, podrían pensar «vamos a generar algoritmos que permitan que todo el mundo desarrolle su capacidad de ponerse en el lugar de los demás» y, por lo tanto, podría ser todo al revés. Por ejemplo, si tú buscas información sobre alpinismo, pues te vamos a ofrecer información sobre mar, y a lo mejor es un criterio útil o no, pero es un criterio tan válido como el contrario, solo que el contrario no es que tú sepas más de alpinismo, sino que compres más. Es decir, es un criterio que no contribuye a desarrollar las facultades humanas, que al final es de lo que se trataría. A mí me parece horriblemente mal por eso mismo, porque hasta ahora éramos conscientes de lo que no se podía discutir. Cuando alguien decía por ejemplo «me parece muy mal el sistema educativo porque se llevan todo el día diciéndole a los niños que no fumen, pero nunca les dicen, yo que sé, cómo dar un masaje cardíaco». Bueno pues esto se puede discutir, y habrá personas que defiendan una opción y otras que defiendan la otra, pero sabes de qué estás hablando; mientras que con un algoritmo no lo sabes y esto es lo que me parece muy mal.

Y en tu caso, ¿cómo te llevas con las redes sociales? ¿Tienes perfiles?

Tengo observatorios. Procuro en la medida de lo posible fastidiar al algoritmo, y tengo una cuenta falsa en Facebook donde, de vez en cuando, abro cosas que no me interesan nada, para despistar e intentar que no averigüen que la cuenta es mía. Aunque supongo que lo podrían hacer. Pero por lo menos me divierto y me permite ver lo que pasa. Hay unos amigos que me han hecho un perfil de Twitter, que a veces está bien porque puede haber gente que me quiera localizar y puede hacerlo por ahí. A veces les riño porque a mí me cuesta todavía mucho lo de la auto publicidad y creo que es una cosa generacional; y no sé si habría que hacerla o no, pero bueno, yo no participo activamente.

Antes de venir hemos hecho una búsqueda en Google con tu nombre, y sus tres primeras propuestas al poner Belén Gopegui eran: Belén Gopegui pareja, Belén Gopegui hijos y Belén Gopegui marido y el cuarto el último libro

¿En serio?, ¡qué horror! (lo comprueba en su propio móvil y se queda sorprendida) ¡Además marido! ¿Y si fuera marida qué?

La novela está asociada a un momento tecnológico muy concreto, es posible que dentro de 40 años Google ya no tenga nada que ver con esto. ¿Eso es algo que te importa?

Yo escribo también libros de los que podríamos definir como que también pueden leer las niñas y los niños, porque yo creo que cuando se escribe literatura para gente que no está formada tienes que escribir de forma diferente, pero no de tal manera que no pueda leer el libro un adulto. Ahí sí que es verdad que todo envejece antes porque, por un lado, es necesario que hables de lo que están haciendo los niños y las niñas en ese momento; pero por otro lado, me he dado cuenta de que si empiezo la historia con una niña jugando a la Wii y ocho años después no saben lo que es la Wii… En el caso de adultos me importa menos porque si yo leo una novela de Tosltoi describiendo un viaje en tren a 20 kilómetros por hora, tengo la capacidad de pensar y saber que los trenes de entonces eran más lentos que los de ahora.

Además no parece que el mensaje de fondo del libro caduque tan pronto

Yo creo que ya nadie piensa en la posteridad: antes sí, pero ahora que ni siquiera sabes si el planeta va a durar. Escribir implica la construcción de un relato de manera que se pueda entender, si no, es que está mal. Si para entender qué significa Google no basta con leer el libro, sino que necesitas tener información de fuera, yo creo que el libro no estaría bien del todo.

Para terminar ¿unas palabras para las lectoras de El Topo?

¡Que gracias por existir! Me gusta mucho que exista y que sigáis cavando galerías para que lleguemos a algún lugar mejor.

Pamela Yates, Directora de cine y activista humanitaria

Directora de cine y activista humanitaria. Pamela Yates ha denunciado en sus películas crímenes de guerra, casos de racismo y genocidios en Estados Unidos y en Latinoamérica y es además cofundadora y socia de Skylight Pictures, una productora comprometida con la difusión de temas sociales, derechos humanos y la búsqueda de justicia desde su creación en 1981. Después de Cuando las montañas tiemblan (1983) y Granito: cómo atrapar a un dictador (2011), 500 años (2016) cierra la trilogía llamada Saga de la Resistencia. Tras su estreno en el pasado Festival de Cine de Sundance, la XIV Muestra de Cine Social LA IMAGEN DEL SUR ha proyectado en Córdoba este documental, donde Yates habla de los más recientes hitos de Guatemala, el empoderamiento colectivo y la resistencia indígena, distintivos de su obra.

 ¿Por qué decidieron comprometerse en Skylight con la justicia social y la lucha por los derechos humanos?

Soy de una región minera de carbón en las montañas Apalaches de Pensilvania. Era pobre económicamente, pero rica en cultura, y en el corazón de la cultura estaba la narración oral que se burlaba de los ricos propietarios de minas y contaba historias sobre los heroicos mineros. Era una forma de lidiar con la dolorosa pobreza y la desigualdad. Me gusta pensar que sigo ese legado en la narración fílmica. También tuve la suerte de llegar a la mayoría de edad como cineasta en paralelo con el surgimiento del movimiento de derechos humanos en todo el mundo. Ese movimiento y la gente en él me inspiró, conté sus historias y me gusta pensar que nuestras películas ayudaron a hacer crecer el movimiento.

¿Qué repercusión han tenido los documentales de la saga tras su estreno en Sundance?

Desde que 500 años se estrenó en Sundance, dos días después de la inauguración de Trump como presidente, los estadounidenses se relacionaron directamente con el tema de la resistencia maya y abrazaron a las mujeres de la película que habían venido de Guatemala para presentar 500 años. Y se nos ocurrió la idea de volver a lanzar Cuando las montañas tiemblan (1983) y Granito: How to Nail a Dictator (2011), junto con la nueva película para fortalecer a los activistas recién acuñados en los Estados Unidos y alimentar el movimiento allí. Como 500 años trata temas universales de resistencia frente al racismo, la corrupción, la codicia y el odio, los estadounidenses se relacionan con la película y la han hecho suya. Esperamos llevar la Saga de la Resistencia a diez ciudades de Estados Unidos en 2018, y por supuesto estamos también llevándolas a las tierras altas de Guatemala, donde tendremos talleres sobre documentalismo y memoria histórica en cinco ciudades, dirigidos por Irma Alicia Velásquez Nimatuj, y Andrea Ixchíu, las dos protagonistas de 500 años.

¿Qué ha significado 500 años en la saga y en su carrera?

35 años … tres películas … una historia: es el corazón de lo que hago y de lo que me importa.
Guatemala envolvió sus brazos alrededor de mi alma y nunca me dejó ir. 500 años es especialmente satisfactoria porque trata la construcción de un movimiento exitoso y las tres décadas de búsqueda de justicia, creando la base para el caso de genocidio contra el general Efraín Ríos Montt – el primer juicio contra un perpetrador de genocidio de indígenas en las Américas desde la conquista española.

En ese sentido, el general Otto Pérez Molina, acusado también de genocidio en la década de los ochenta, llegó a la presidencia de Guatemala en 2011 hasta que en 2015 se emitió una orden de captura contra él por corrupción. ¿Qué falla en el país para que se sigan cometiendo errores parecidos?

Aunque los mayas consideran que Otto Pérez Molina cometió genocidio, nunca fue formalmente acusado de ello y la mayoría de los guatemaltecos de las ciudades no lo asoció con el genocidio. Fue elegido presidente antes del juicio de Ríos Montt. Otto Pérez Molina perpetuó un programa de «mano dura», debido a los altos niveles de delincuencia, un legado de la impunidad de los años de la guerra.

¿Cuáles son los elementos que han hecho que los pueblos indígenas hayan pasado de ser considerados una comunidad evolucionada a una raza inferior exterminada?

La antigua civilización maya se considera gloriosa y se utiliza para atraer a los turistas en todo el mundo, pero los mayas contemporáneos son despreciados y discriminados. Muchos viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Como dice Irma Alicia Velásquez Nimatuj, que es maya K’iche’ en 500 años: «Yo puedo tener un doctorado. Yo he podido tener la posibilidad de viajar y prepararme dentro y fuera del país. Pero para esa élite criolla que está en la cúspide de la pirámide, yo no dejo de ser india. Jamás voy a dejar de ser india».

En todos sus trabajos hace hincapié en la responsabilidad de los gobiernos latinoamericanos ante las atrocidades que acontecen en sus países. ¿Hasta qué punto asumen esa responsabilidad?

Desde la década de 1960 hasta la década de 1980, la Doctrina de Seguridad Nacional Anticomunista de Estados Unidos ayudó a financiar, entrenar y armar dictaduras militares en toda América Latina, así los ejércitos latinoamericanos llevaron a cabo torturas, desapariciones y asesinatos generalizados. El movimiento de derechos humanos que surgió en relación con este régimen represivo finalmente los derribó, buscó justicia y un recuento de sus crímenes. Hoy América Latina está libre de dictaduras militares directas, aunque las fuerzas militares en la región ciertamente ejercen el poder. En Guatemala, los militares nunca han asumido la responsabilidad del genocidio contra los mayas, de hecho niegan que el genocidio haya ocurrido alguna vez, pero cada genocidio en cualquier parte del mundo tiene sus negadores.

También dice que las instituciones deberían tener la defensa de los derechos humanos como un objetivo político pero, ¿cuál es la realidad?

En el caso de Guatemala, ha sido la sociedad civil la que ha presionado por los ideales de los derechos humanos y la búsqueda de justicia, no el gobierno. Importantes líderes de la sociedad civil han llegado a ocupar cargos clave como fiscal general y director del Comité para la Unidad Campesina (CUC) debido a sus posturas sobre la centralidad de los derechos humanos. Así es cómo se originó el caso por genocidio contra Ríos Montt. Nuestro objetivo debe ser infundir los derechos humanos en todas las instituciones, incluso en los Estados Unidos.

Efectivamente, si esas instituciones nacionales fallan a la hora de perseguir y juzgar crímenes entran en escena instituciones internacionales como la Corte Penal Internacional, de la que también habla en sus documentales. ¿Actúa o todo queda en papel mojado? ¿Cuál ha sido y es el papel de Estados Unidos en todo esto?

Estados Unidos destruyó la democracia en Guatemala y la Primavera de Guatemala en 1954 derrocando a Jacobo Árbenz, dando paso a un legado de brutales dictaduras militares. Vemos el efecto de esto a lo largo de nuestra trilogía de películas en Guatemala. Como ciudadanos estadounidenses, debemos apoyar e impulsar las fuerzas progresistas en nuestro propio gobierno: los que defienden los derechos humanos, los que alentaron la formación de la Comisión contra la Impunidad (CICIG) que se ve en 500 años, los que presionaron para que se juzgara el genocidio de Ríos Montt. La Corte Penal Internacional, de la cual Guatemala es miembro, solo se ocupa de casos en que los gobiernos de los países donde se cometieron los crímenes no hacen justicia a nivel nacional. Y en Guatemala La CICIG, en alianza con la Procuraduría General, está liderando una increíble iniciativa de justicia para abordar los crímenes contra la humanidad del pasado y la corrupción gubernamental del presente.

Mariano Estrada, director de CLACPI (Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas), insiste en la situación de riesgo de los comunicadores indígenas en Latinoamérica. ¿Alguna vez se ha sentido amenazada?

Sí, muchas veces. Adquirí cierta notoriedad porque había aparecido en Granito, testificando en audiencias preliminares contra Ríos Montt. Una organización de derechas, la Fundación Contra el Terrorismo, publicó un inserto en el diario líder en Guatemala con los titulares Los Rostros de la Infamia y mi foto estaba allí. La inserción pedía a los guatemaltecos que considerasen y recordasen esos rostros como «enemigos del estado».

Según un informe del 2015, Guatemala tiene la cuarta tasa más alta de feminicidios del mundo, con un promedio de dos casos diarios, siendo la tasa de impunidad de un 99%. ¿Cómo lo percibe como mujer? Y como realizadora, ¿se ha planteado rodar algún documental sobre el tema?

La violencia política del pasado creó la cultura de la impunidad en la actualidad, donde cualquier crimen puede cometerse sin castigo. La matanza de mujeres es una manifestación especialmente horrible de esta violencia endémica. Las mujeres pobres y las personas LGBTQ son las más vulnerables a la violencia sexual y la muerte. Ya se han realizado buenas e incisivas películas sobre esto con importantes campañas multianuales de divulgación y participación. Una en particular que recomiendo es Justicia para mi hermana, de Kimberly Bautista.

Siempre nos olvidamos de la juventud y tal y como muestra 500 años es fundamental. ¿Qué papel cree que ha jugado y juega la juventud -en particular las y los estudiantes- en las luchas y movimientos sociales de Guatemala? 

Mi papel es trabajar con los jóvenes de Guatemala para crear un verdadero reflejo de su historia. Son tan inteligentes y creativos en la creación de Redes de Afecto que ayudan a construir movimientos y nos dan esperanza al mostrarnos el camino a seguir.

Contacto con medios de comunicación CIC Batá: Julia Zafra

(laimagendelsur@cicbata.org) 957 78 00 40 (ext. 211)

“Hay que plantarse y decir no a muchas cosas, aunque sea políticamente incorrecto”

José Luis Tirado, cineasta, autor de ‘No. Un cuento flamenco’

Nos citamos con José Luis en su casa y al llegar lo encontramos hablando por teléfono con el Gran Wyoming sobre la denuncia al Intermedio por las bromas sobre el Valle de los Caídos. El franquismo, la censura y la transición abren la conversación. 

José Luis Tirado. Te preguntas cómo pueden seguir después de tantos años teniendo crédito. Bueno te lo puedes creer porque la transición fue lo que fue, no hubo una condena pública de la dictadura ni del fascismo.

El Topo. ¿Se puede desatar ese nudo que dejaron tan bien atado?

J.L.T. Se puede desatar pero desde distintos frentes. No basta con declaraciones de buena voluntad. Hay un frente sociológico y generacional. La Historia se enseña desde ese revisionismo que subraya lo de las muertes en los dos bandos, que en ambos hubo buenos y malos…Y la cuestión es que había un régimen democrático, que se produjo un golpe de estado que triunfó en medio territorio mientras que el otro medio quedó fiel a la República. Y donde triunfó no hubo guerra, hubo solo represión, una guerra de tapias y de cunetas. Incluso en Navarra, donde no hubo ni resistencia, hubo más de 3000 asesinados… Era un régimen para instaurar el terror y acabar con todo tipo de pensamiento de izquierda y democrático y lo han conseguido. Por eso, no sé si se puede desatar pero se debe. Es una cuestión de justicia histórica. Yo creo que la transición está por hacer y no sé si lo que hay que hacer es una transición o una ruptura que no se hizo en su momento.

El Topo. Escultor, documentalista, ahora un musical…La especialización no va contigo

JLT. Tiene que ver por un lado con mi formación, que es multidisciplinar, también con un cierto sentimiento renacentista contemporáneo de tocar muchas disciplinas y no tener prejuicios. Yo igual he editado una revista -que forma parte de un proceso artístico y de creación- como he hecho una película o una escultura. Depende de los medios, depende de los tiempos, de los momentos, pero sobre todo de los contenidos, que te marcan como contarlos. Y de la eficacia, porque el trabajo que se hace es para cuestionar las ideologías dominantes e incidir desde el punto de vista social. A mí me ha enriquecido, no desde un punto de vista comercial porque no he hecho una carrera como escultor, por ejemplo, pero eso no me importa. Y luego hay que estar abierto a los nuevos formatos.  Cuando hacía escultura y quería contar una historia tenía que mover un camión. Ahora con las nuevas tecnologías no hace falta ni el DVD, por las redes puedes llegar a mucha gente. Esto no quita que modele con la luz, o que en un momento dado haga una escultura porque lo demande la situación. La última que he hecho ha sido en Puerto Real como homenaje a la lucha de Astilleros.

E.T. En tu obra hay una serie de temas recurrentes como las fronteras y la inmigración. Desde Paralelo 36 ¿Cómo ha cambiado la situación?

Yo creo que ha empeorado. De hecho, cuando hicimos Paralelo 36 la llamada “inmigración ilegal” que llegaba por el Estrecho era el 1% de toda la inmigración total de estas características, el 99% entraba a través de los aeropuertos, pero lo del Estrecho era más escandaloso y dramático. Eso ayudó a poner el punto de mira sobre el tema migratorio por extensión, pero es una realidad sesgada. Ahora es peor porque los medios de represión son más sofisticados. Aunque esa sofisticación en los controles de fronteras no ha impedido lo que pretendía, sino que ha encarecido los viajes y los ha hecho más peligrosos. Y luego está el tratamiento banal que se le da en los medios de comunicación en general. Y ese discurso fascista de “vienes a quitarme el trabajo” ha calado porque es fácil de digerir para la población en general. Con la guerra de Siria, por ejemplo, en la que se distingue entre exiliados económicos y exiliados políticos o civiles…. Es todo un mundo de eufemismos. Y los pactos con la UE y la creación de ‘campos de concentración’. A mí todo esto me afecta porque conozco nuestra historia. Cuando veo esos campos en Grecia o Turquía me acuerdo de los republicanos españoles que pasaron la frontera y fueron detenidos por el gobierno de Vichy que los entregó a los nazis para llevarlos a los campos de concentración. Y los veo viviendo en esas playas del sur de Francia con policía y una valla de espinos detrás y delante el mar. Es la misma situación. Ahí ha habido un retroceso. Por eso hay que seguir peleando y llamar a la desobediencia civil.

ET. ¿Qué papel crees que tiene el documental o la creación audiovisual como la que haces para modificar el relato hegemónico y crear conciencia?

La virtud que tuvo Paralelo 36 fue que era la primera vez que no salía un intermediario de los inmigrantes interpretando su drama. El objetivo de todo ese trabajo ahí donde ha llegado (y ha llegado a muchos sitios, se ha traducido a cuatro idiomas) ha sido que la gente se ponga en el lugar del otro y verlo realmente como es y no con todos esos filtros que el sistema construye. Que el otro/a eres tú. A lo mejor no ahora, pero tu pueblo sí que lo ha vivido y quien dice que no puede ocurrir de nuevo con todos esxs españolxs que viven fregando platos en otros países. De repente un conflicto de visados se puede convertir en linchamiento.

E.T. Otra característica de tu obra es el acercamiento a las tradiciones populares desde una perspectiva crítica como en “El caso Rocío”.

Yo creo que desde una óptica contemporánea las tradiciones están para cuestionarlas, independientemente del valor sociológico o antropológico que puedan tener ciertas actividades. En “El caso Rocío” accedí a una tradición a través de un trabajo ya elaborado como el que hizo Fernando Ruiz Vergara en el año 1980, tratando de hacer un documental sobre una fiesta pero con una mirada crítica. A Fernando se le presentaron unos ancianos contándole que el Rocío está muy bien pero que los hermanos mayores de esas hermandades fueron los que asesinaron a gente en el 36. Como era honrado le dio voz a esa historia y por darle voz a esa historia sucedió lo que sucedió (la película fue secuestrada judicialmente y objeto de una querella por calumnias que obligó a Ruiz Vergara a pagar una indemnización de diez millones de pesetas y una multa de cincuenta mil). Por eso en “El caso Rocío” me pareció interesante analizar no sólo la fiesta sino también la transición. Esa sentencia, esa persecución, esas denuncias de escarnio a la religión católica…Todo ocurrió durante la ‘modélica’ transición española. Y el fallo final por el Tribunal Supremo de Madrid fue en 1984 cuando estaba Felipe González ya en el poder. Y la censura sobre la película sigue vigente. Se ha insistido a la Administración para que revise esa sentencia y la declare nula y no se ha movido ficha. Por eso el documental tiene ese doble interés para mí: recuperar una obra que me parece magnífica y a una persona que fue condenada, vilipendiada y apartada totalmente del mundo audiovisual y de la sociedad en general. Además de revisar y cuestionar lo que se nos ha vendido como transición.

En este momento se incorpora a la conversación María Rosa Hidalgo, directora de producción de ‘No. Un cuento flamenco’

¿Cómo surge la idea de hacer un musical?

La verdad es que en todos los documentales que he hecho la música ha tenido una presencia importante. He trabajado sobre todo con Fran Cabeza de Vaca y él a su vez ha contado con otros músicos. En este caso también influyó mi participación en FLO 6×8 como realizador y mi visión del flamenco -al que tengo asimilado como un lenguaje muy cercano al poder por lo utilizado que ha sido a lo largo de la dictadura- y me parecía necesario plantear otros parámetros. En 2014 hago un primer boceto de guion. En 2015 empezamos el rodaje y es muy importante subrayar que es una producción sin ningún tipo de ayuda institucional – más allá de la cesión de espacios de ensayo por parte del Instituto Andaluz del Flamenco- y con un sistema colaborativo. Es decir, hemos intentado hacer una obra interesante con un modo de producción alternativo. Y esto es fundamental, porque, aunque tenemos derecho a las subvenciones porque ese dinero es nuestro, decimos que no porque no vamos a agachar la cabeza y dejar de hacer algo porque no las haya. Por otro lado, ninguno de mis documentales ha tenido nunca ningún tipo de subvención, lo que pasa es que el documental es más fácil. Coges a unos amigos y te tiras tres años trabajando para sacarlo. Esto no, aquí había implicadas 72 personas en total. Es cierto que muchas somos activistas y entendemos el arte como una forma de intervenir en la sociedad, pero también ha sido posible gracias a un ejercicio de malabares como el que ha hecho Rosa gestionando los tiempos libres de gente que o trabaja o busca trabajo. Es una historia que sucede en un día y medio, pero está rodada en seis meses…

M. Rosa Hidalgo. Es fácil cuando hay una jornada de trabajo clara. Es fácil hacer un cronograma de rodaje así porque todo está ligado a un momento determinado, pero aquí tienes que hacerlo encajando la realidad del día a día de cada persona

José Luis Tirado. Y luego el guion se termina adaptando a esa realidad también. Hay una escena multitudinaria pero el resto son dos, tres, cuatro personajes y todo eso forma parte del puzzle de producción que hubo que llevar a cabo.

ET. El estreno en salas de la película también se ha basado en la colaboración con la propuesta de ‘cine bajo demanda’

RH: Yo creo que lo bonito es como hemos buscado las maneras en todo el proceso. Cuando llegó el momento de distribución nos pusimos en contacto con Youfeelm, la plataforma de cine bajo demanda, que realmente es una metodología similar a la del crowdfunding: aportaciones de mucha gente para conseguir que el producto final salga. A nosotrxs nos evita el gasto de alquiler de las salas, que en este país es una barbaridad. Es verdad que no sabes cómo va a funcionar pero en Sevilla fue sorprendente, en tres días estaba el 100% vendido, en Madrid se logró el 100% también en poco más de una semana. Y todo esto garantiza un recorrido de la película que te permite seguir. Es verdad que es un trabajo digital en tu entorno continuo, cuando empezamos la campaña yo comenzaba mis mensajes pidiendo disculpas por la invasión que iba a suponer el envío diario de información, pero la verdad es que funciona. Y me gustaría recalcar que todo esto lo hemos hecho desde la honestidad, sin utilizar herramientas de marketing agresivo, sino desde la verdad.

J.L.T. Esto tiene que ver con el título también. Hemos titulado No, porque hay que decir No a muchas cosas desde hace mucho tiempo y no tiene que ver con la coyuntura política y menos de ningún partido, pero hay que decir No a la precariedad, a la política de recortes, a los ajustes, a la desigualdad, a las injusticias, y a tantísimas cosas. Hay que ser propositivo, de acuerdo, pero también, aunque sea políticamente incorrecto, hay que decir que no. Y también hay que decir que No a la dinámica de: tienes un proyecto, lo elaboras, pides ayudas y si no te las dan lo guardas en un cajón. La distribución de la película está en relación con la forma de producción. Ha sido una producción en la que todos somos productorxs porque todos hemos trabajado a cuenta, afortunadamente luego habrá ingresos porque se venden los derechos de antena, hay algún festival que paga, etc. Y con esta forma lo importante es que llegas de verdad a público. Nos hace gracia ver nuestro cartel al lado de Piratas del Caribe pero eso es lo de menos. Lo importante es que lo ha visto gente en Madrid, Barcelona o Valencia. A parte de la distribución paralela en los nuevos cineclubs, en los festivales, con experiencias impresionantes como la de Marsella, dónde acudieron muchísimos hijos y nietos de españoles exiliados. Hicimos dos pases y los dos se llenaron. Y también recibes palmadas como el premio que nos han dado en San Francisco a la mejor película musical ¡Una película flamenca, urbana contemporánea! Y todo esto nos dice mucho al equipo de producción.

R.H. Hay un momento también cuando lo presentamos en el SEFF, que tuvo varios pases, uno de ellos en el programa Europa Junior para chavales de institutos y luego en el centro penitenciario y con públicos tan distintos todo el mundo se levantó, en la cárcel se hicieron muchas preguntas… Lo que queda claro es que somos más parecidxs de lo que pensamos y utilizamos un lenguaje universal que tiene que ver con lo que somos como seres y creo que esa es una de las grandezas de esta película.

¿Y unas palabras para las lectoras de El Topo?

Ellxs entenderán esto porque el Topo es una iniciativa muy similar. Es también un esfuerzo desde lo colectivo, que sean las personas implicadas las que escriban sobre los temas que conocen o viven. Es una experiencia que debería copiarse en todas las ciudades ¡Chapeau por El Topo!

«Lo de Tarajal pudo ser premeditado, un escarmiento para que nadie más cruzara por ahí»

Entrevistamos Mariano Agudo, director de Samba. Un nombre borrado, un documental de Intermedia Producciones que sigue el rastro de uno de los catorce jóvenes que murieron en 2014 en Tarajal al lanzarse al agua para pasar a nado a Ceuta y que fueron disparados por la Guardia Civil.

¿De dónde viene la idea de hacer esta película?
Pues empezó cuando conocimos a Mahmoud Traoré, en una marcha al CETI de Ceuta en septiembre de 2005, para denunciar que la Guardia Civil había disparado en la valla de Ceuta causando varios muertos. Él fue la primera persona africana que conocimos al llegar a Ceuta. Cuando salió del CETI vino a Sevilla y nos llamó y desde entonces tenemos un vínculo muy fuerte.

Y luego ocurrió la tragedia de Tarajal
Sí. Queríamos hacer algo con Mahmoud, pero que no se limitara a la historia de su viaje personal, sino que contara algo sobre inmigración a través de la mirada —para mí ya muy mestiza— de alguien que lleva tiempo aquí. Me interesaba ver la inmigración a través de esa mirada. Cuando pasó lo de Tarajal nos afectó mucho a todxs y a partir de ahí decidimos hacer algo y que él fuera el hilo conductor.

¿Cuál es la historia de Samba. Un nombre borrado?
La historia comienza cuando Mahmoud se entera de que uno de los chavales desparecidos es de un pueblo senegalés cercano al suyo, Sinchan Banjai cerca de Temantó y ahí empieza a investigar y eso le lleva a conocer gente que está relacionada con lo que ocurrió en Tarajal o que vive de alguna manera el contexto de la migración. Dentro de la película, Tarajal es un hecho concreto por el que se encuentran unas personas en su camino, pero en esa ruta de búsqueda de pistas van apareciendo otros temas, como los de lxs migrantes que llevan un tiempo asentados en Roquetas y no tienen derechos, como el problema de la pesca industrial en Senegal, que provoca que mucha gente tenga que emigrar, etc.

Pero además de ser el punto de partida de la historia, ¿profundiza la película en lo ocurrido en Tarajal?
Buscamos dos testigos que estuvieron con Samba hasta su muerte y nos aportan información policial sobre los fusilamientos de Tarajal, porque fue un fusilamiento, no un accidente como le han dado en llamar. Yo creo que pudo ser premeditado, como un escarmiento tras una entrada de gente que hubo por allí el año anterior y que se celebró mucho. Con lo ocurrido en Tarajal la señal era que nadie más iba a entrar por ahí.

A Samba le borraron el nombre, como indica el título. ¿Es este hábito de no identificar una forma de potenciar la ceguera al respecto en la que parece inmersa la ciudadanía?
Cuando ves a las personas no identificadas en el cementerio de Ceuta, lo único que recoge la ficha es si es varón o mujer y la raza. Esto lo incluimos en el documental porque nos parece el summum de la despersonalización. Pero no siempre hubo esa ceguera ciudadana al respecto. Recuerdo la primera vez que llegaron cuerpos de personas inmigrantes muertas a las costas de Tarifa en 1998. La gente de Tarifa salió a la calle, hubo protestas, había una especie de conmoción general, un cuestionamiento de cómo era posible que una tierra de emigrantes pudiera permitir eso. Pero a partir de entonces entran los medios de comunicación y 30 años más tarde la gente se muere y ya no pasa nada, sobre todo porque se han creado muchos clichés alrededor del fenómeno migratorio que han conseguido despersonalizar a lxs inmigrantes y borrar sus nombres. Por eso nos interesaba mucho ir al cementerio de Ceuta donde están enterrados todos estos cuerpos que, o la familia no reclama o no se les permite reclamar. Es decir, no les dan visados para que puedan venir a recoger los cuerpos. Esto se lleva denunciando un tiempo.

¿Cómo ha sido el paso por Senegal durante el proceso?
Tuvimos una investigación larga hasta que logramos contactar con algún familiar. Hicimos un primer viaje de investigación en 2015 que nos sirvió para colocarnos sobre el terreno pero en el que no pudimos encontrar a la familia de Samba. Después vino un segundo viaje en el que ya habíamos localizado a la familia y hablamos con ellos para contarles el proyecto. Ahí descubrimos algo que no esperábamos: en casi todos los pueblos de la región de Mahmoud, Casamance donde paramos, había algún desparecidx. Este es un tema tabú. La gente no habla de lxs desaparecidxs porque siempre hay esperanza de que vuelvan, pero es un tema que ni el propio gobierno de Senegal quiere sacar porque les gusta propagar una imagen positiva del país. Reproducen la idea de que lxs senegaleses dónde van triunfan, que son conocidxs en todo el mundo por su música, por su alegría, etc. Y no tiene nada que ver con el trato que reciben cuando vienen aquí a trabajar. Hay un tabú respecto a contar cosas desagradables y se extiende a lo relacionado con la inmigración. Después de este, ya hicimos un tercer viaje para rodar con la familia de Samba.

¿Cómo fue la relación con la familia y la comunidad?
El segundo viaje fue para hablar con ellxs y pedirles permiso. Es una sociedad muy protocolaria, tienen unas jerarquías sociales muy marcadas, hay que saber tratar a las personas mayores y hay unos códigos que hay que conocer, pero nosotros teníamos la suerte de ir con Mahmoud, que era de la misma comarca, dónde hablaban el mismo idioma local y él, además, es una persona muy respetuosa y muy arraigada en su cultura.

Por muy preparado que se vaya el choque cultural es inevitable, ¿no?
Fue muy duro, porque el padre de Samba nos dijo que gracias a nosotros confirmaba que su hijo estaba muerto, porque todas las noticias previas que tenían eran muy vagas. El tabú de la muerte está muy arraigado y no le decían claramente qué había pasado. Incluso personas que habían viajado con él y habían intentado cruzar con él Tarajal y lo vieron caer no decían nada. El padre estuvo sentado durante mucho tiempo en la puerta esperando que volviera el hijo. Detrás está la esperanza de que el hijo esté viviendo una etapa dura, pero ganando dinero para volver. Saben que la primera etapa de lxs migrantes es muy dura y no quieren llamar para decir que están mal, así que aguantan. Él esperaba que su hijo estuviera en esa situación.

Ese miedo a reconocer el fracaso es una constante en los procesos migratorios
Eso se reproduce siempre. Tú no quieres decepcionar a los demás, quieres que piensen que has triunfado cuando vuelves. En este caso de migrantes de esta zona rural de Kolda, el proceso sería que llegas a Dakar en avión, alquilas un pedazo de coche y con él vas al pueblo porque eso es lo que se espera. Si no vuelves así se entiende que estás decepcionando y casi faltando el respeto a tu familia, porque la familia cambia de estatus cuando tú migras independientemente del dinero que puedas mandar. Es un orgullo que su hijo haya logrado llegar a Europa. Eso supone que tú has formado a tu hijo bien. Y descubrimos que muchas migraciones son en cierta medida colectivas, no es el caso de Mahmoud, por ejemplo, que es el que conocíamos, pero sí que vimos que es algo recurrente. Hay algo de decisión de la comunidad: si eres fuerte, eres listx y eres honradx, eres el mejor para mandar dinero. No sólo prospera la familia de quien se va, sino toda la comunidad.

¿Entonces hay una especie de selección también?
En parte sí. Yo he visto chavales que se sienten presionados con la migración y tienen un poco de miedo, pero saben que la familia quiere que salgan y no quieren decepcionarlos. La familia no tiene la información que tenemos aquí sobre los riesgos del camino. La información no llega y hay muchos responsables de que no llegue. Se puede culpar a los migrantes de que no cuenten la verdad de su sufrimiento, pero también ha habido una serie de campañas institucionales por parte del Gobierno español con unos vídeos muy oscuros y muy sensacionalistas sobre lo mal que viven los inmigrantes para emitirlos en los países de origen y al final la gente acaba por no creérselo. Piensan que son solo burdas campañas para que no vengan.

Los dos últimos proyectos de Intermedia tienen que ver con África o la africanidad. Primero Gurumbé y ahora Samba
Es curioso, porque estábamos trabajando en este proyecto cuando conocimos a Miguel (Miguel Ángel Rosales) y nos presentó el suyo y flipamos. Cuando vi uno de los primeros cortes de Gurumbé me respondió muchas preguntas que yo me había estado haciendo en el proyecto de investigación. Y cuando vi la evolución de su película y cómo termina, pensé ¡la nuestra arranca con el final de esta! Se podrían poner juntas un día, en una sesión conjunta.

¿Cómo ha sido ese salto al presente que ha supuesto este documental, después de haber trabajado mucho más con el pasado con temas como la memoria histórica?
Un paso fuerte. A mí me ha marcado muchísimo por la dureza de lo que estábamos abordando: la muerte de un joven, un desaparecido. La cuestión de lxs desaparecidxs la habíamos tocado con la memoria histórica en algún documental, en Guillena 1937, por ejemplo, pero aquí vemos como se sigue reproduciendo esa insensibilización de la sociedad ante lo que les pasa a los otros, que no pasaba en el año 88. Entonces —podéis verlo en los informativos— la gente se tiraba a las playas a ayudar a quienes venían en las pateras. Sin embargo, en tan pocos años nos hemos insensibilizado y de esto tienen mucha culpa los medios de comunicación, las campañas institucionales y las ONG y cómo han abordado la inmigración. También me ha marcado la responsabilidad de contar desde el presente algo que está sucediendo ahora: ¿cómo interpretarlo? Porque sobre memoria histórica hay mucho escrito, hay teorías, etc. Y sobre los fenómenos migratorios es verdad que hay mucha gente que está escribiendo, pero hay cosas sobre las que no he encontrado documentación, aunque la haya. Por otro lado, este documental lo hemos coguionizado Mahmoud y yo, y trabajar con él algunos temas también ha sido complejo. Él a veces me ha puesto algunas barreras, probablemente por mi mirada occidental. Y esto también tiene que ver con el hartazgo de que hablen de sus problemas personas que no son africanas. Ahí hemos tenido un trabajo de búsqueda de consenso que yo no había tenido antes porque había contado las cosas partiendo de que conocía los códigos de la gente con la que trabajaba.

¿Ha sido para ti más extraño que otros temas que has tratado?
Sí. Quizá no puedes evitar caer en cierto orientalismo, en algunos estereotipos. Es muy difícil descontaminarse de todo lo que hemos consumido y consumimos en los medios de comunicación.

Ahora cada vez se están haciendo más documentales sobre inmigración. Es un tema que seduce tanto al periodista, como al antropólogo, como al cineasta, etc. Pero quizá, aunque tengan una intención de denuncia, no hacen más que ahondar en el estereotipo, en el otro. Intermedia, con ese trabajo previo y el hecho de contar con Mahmoud habéis evitado esto. ¿Qué diferencia un tipo de cine concienciado con otro que intenta vender esto, pero provoca lo contrario?
Nosotros somos muy conscientes de que el documental no es un fin en sí mismo, sino que queremos hacer una intervención social con eso. Quizá el documental sea una excusa para que se hable de determinados temas o se hagan campañas en torno a él. Aquí lo que queríamos era sumar esfuerzos para que lo ocurrido en Tarajal no quedara archivado. Que no se fueran de rositas el ministro del Interior o el director general de la Guardia Civil, ni los propios guardias civiles que no tienen por qué obedecer esa orden de disparar a gente que se está ahogando. Que se ponga en cuestión en este país que no hay un protocolo de fronteras, como ha reconocido el propio ministro Juan Ignacio Zoido. Y no lo va a haber, porque el objetivo de Frontex es que no pasen. Desde 2014 han muerto 10 000 personas y este último año han aumentado en un 25% y a los guardias civiles que estuvieron en Tarajal se les ha condecorado en un acto bochornoso en Ceuta. No queremos que el documental sea algo aséptico, queremos mancharnos. También estamos participando en una campaña que se está organizando para que puedan escolarizarse los siete hijos de Samba.

¿Cuándo se estrena?
No lo sabemos, todavía estamos presentándolo a festivales que es un buen marco para empezar a moverse. Queremos estrenarlo como muy tarde en noviembre, pero lo que sí tenemos claro es que la vuelta es muy importante y por eso queremos que se vea mucho en Senegal. Es muy importante el aprendizaje e intercambio mutuo entre ambas culturas.

¿Qué nos dices para terminar?
Que a pesar de que el poder haya conseguido crear estos estereotipos y esta despersonalización e insensibilización, creo que hay amplios sectores de la población que sí están muy implicados e interesados en la multiculturalidad y el mestizaje en todas sus formas. Si hubiéramos hecho este documental cuando empezó Intermedia hubiéramos tenido más choques, creo que ahora tenemos la mente más abierta. Quiero creer que si vuelve a suceder lo de la valla va a haber respuestas de la población. 

«No es fácil politizar la experiencia corporal»

El Topo. Para empezar, cuéntanos quién eres tú, a quién representa tu cuerpo

J.L. Moreno Pestaña. Soy profesor de filosofía en la Universidad de Cádiz. Me doctoré en filosofía, y posteriormente hice una tesis de habilitación en sociología en la EHESS de París. Tengo dos líneas de trabajo, una sobre historia y sociología de la filosofía española y francesa, principalmente Foucault sobre quien hice mi tesis doctoral y mi primer libro importante[1]. La otra línea es la sociología de la enfermedad mental. Dentro de esta línea hice mi estudio de los trastornos alimentarios[2] con el que obtuve la tesis de habilitación en Francia (requisito para dirigir investigaciones y poder ser catedrático).

Y luego está la militancia. Yo empecé a militar muy joven, pero tuve una ruptura con la entrada en prisión por la insumisión. A la salida tuve que digerir una especie de reinserción después de la vida militante. En mi agenda de trabajo y de estudio no había nada que fuera políticamente claro y esto era algo que no tenía bien integrado porque para mí la identidad política era muy importante y entonces, cuando aparece el 15M, no sólo recupero la militancia, sino que también empiezo a estudiar cuestiones de sociología política que hoy me ocupan tanto como la historia de la filosofía.

Mens sana in corpore

Hay una fracción del mundo griego, podíamos decir la fracción olímpica, representada por las grandes oligarquías y especialmente por la potencia reaccionaria por excelencia, Esparta, que tiene en el mundo olímpico una suerte de «Internacional» —salvando el anacronismo— conservadora. Y luego hay una reacción muy fuerte a lo que representan los ideales olímpicos tanto en el mundo democrático como en el mundo intelectual. Se critica cómo la inversión en deporte o la excesiva atención al cuerpo, suponen una dificultad para la participación y la intervención política. Es en el mundo romano, donde la diferenciación de clases y política es más fuerte, cuando empiezan a construirse estereotipos de los cuerpos plebeyos y patricios.

Pero, en cualquier caso, para un griego y para la medicina de antes del XVIII y XIX, la medicina hipocrática, el cuerpo tiene una dinámica que no podemos transformar. La idea de esculpir un cuerpo es algo que no tenía lógica. Por tanto, podemos decir, para los griegos «mens sana el cuerpo no importa tanto» o «la mente sana exige no ocuparse demasiado del cuerpo».

¿Y para ti?

Después de 16 años trabajando con personas con trastornos alimentarios, una de las mejores cosas que puede hacer la sociedad es dejar de atribuirle al cuerpo valores que no tiene. Para mí es completamente ridículo incorporar una ortodoxia corporal para poder ser valioso en el mercado de trabajo, para poder acceder a ciertos medios sociales, etc. Otra cosa es que después de dos siglos eso sea fácil de cambiar

¿Cuándo se produce ese cambio de visión?

Cuando acaban las hambrunas en Occidente. Eso es en el siglo XIX, cuando la gordura deja de ser un símbolo de distinción social. Hay procesos que comienzan en el siglo XV y XVI, pero el cambio fundamental es en el XIX, cuando tenemos a una burguesía que se empieza a distinguir por la delgadez, una medicina que empieza a decir que el cuerpo se puede transformar a voluntad y la asociación de la delgadez con la cultura. Las vanguardias artísticas, la juventud byroniana, la bohemia francesa… La forma de oponerse al burgués vulgar es por medio de la estilización del cuerpo y todo eso va alcanzando a toda la burguesía y las clases altas en el siglo XX. Pero para que todo eso ocurra y se extienda es muy importante la idea de que el cuerpo se puede transformar y lo puedes modificar a voluntad. Antes no existía. También es cierto que siempre ha habido resistencias. En Francia la hubo por parte de los jóvenes comunistas, en Estados Unidos con el feminismo y el feminismo negro, etc. Es decir, no es algo homogéneo y no pasa en todos lados de la misma manera. El momento en que el cuerpo es estilización absoluta de la ideología es en los años 30, con el fascismo y con el modelo estalinista. Es el momento en el que el hombre y la mujer deportiva se convierten en uno de los centros de la escenografía ideológica.

Ahora mismo, en el contexto capitalista actual: ¿qué es y para qué sirve el cuerpo?

En primer lugar, para simbolizar la pertenencia a las fracciones más cultas de la clase dominante y a la clase dominante en su totalidad. Es decir, estadísticamente vemos que, conforme nos movemos a las zonas con más titulaciones académicas y más feminizadas, tenemos el índice de masa corporal más bajo, esto es diferente por países, pero con una tendencia global a que haya una lógica común entre todos.

En segundo lugar, da acceso a sectores del mercado de trabajo que son sectores donde se fusiona el estilo de clase con la actividad profesional. Por ejemplo, entre las actividades profesionales, los médicos son los que dan un IMC más bajo, o los escritores, o los artistas… Podemos suponer, según las entrevistas, que ahí sí se fusiona la actividad profesional con un origen de clase. Pero ahora, tenemos exigencias corporales en oficios proletarios como el de camarera o el de dependienta. Oficios que se conocen como aristocracia estética proletaria, que son personas con un trabajo físico muy duro con poco tiempo para cultivar racionalmente el cuerpo. Hace poco, las categorías socio profesionales más pobladas en España eran camareros, dependientes y profesores, que son categorías superfeminizadas. No significa que sea igual en todos o todas las camareras o dependientas, pero es bastante habitual. El cuerpo sirve para mucho.

Y relacionado con todo esto está la moda: ¿la consideras una herramienta de control?

De control y de expresión. Cuando hablamos de cuerpo nos referimos a tres cosas: la morfología física, es decir, que tipo de cuerpo hay que tener si eres hombre o mujer; una inversión en ropa y en abalorios; y un estilo suficiente para saber utilizar las dos anteriores de forma apropiada. Eso exige mucho trabajo. Por tanto, es un medio de control y un medio de realización porque mucha gente se siente orgullosa de ese trabajo y es una forma de realización humana como cualquier otra. Cuando se hace sociología, uno se pregunta por qué hay cosas que están muy valoradas y otras muy degradadas. Si lees a los filósofos y teóricos críticos, hay una falta de penetración enorme en todo el trabajo intelectual ligado a las actividades femeninas alrededor del cuerpo y eso es porque se tiene una mirada extremadamente dominocéntrica, es decir, desde la visión dominante del mundo que dice que el cuerpo es importante pero no deja de ser banal, son más importantes las actividades intelectuales, etc. Se trata de una forma de capital cultural que ha sido atribuido tradicionalmente a un grupo social dominado, pero que exige una inversión de trabajo enorme.

Entendemos que cada grupo social tiene su cuerpo y, ¿existe también una descontextualización territorial del cuerpo?

Hay una unificación de los modelos corporales hace ya mucho tiempo. Eso era verdad cuando los clásicos de la sociología del cuerpo escribían. Hay una tendencia a la unificación generalizada porque sobre todo para las clases dominadas, ascender por medio del cuerpo es más fácil que ascender por medio de la cultura. Además, el cuerpo depende mucho del azar biológico y eso es algo que las clases dominantes no pueden controlar del todo. Para muchos hombres y sobre todo para muchas mujeres, el trabajo sobre el cuerpo, la documentación sobre el cuerpo, es algo que se produce en el grupo de iguales, con amigas, por medio del acceso a noticias e informaciones que no son difíciles y eso hace que nos encontremos modelos corporales muy ortodoxos en grupos sociales muy desfavorecidos. Eso no quiere decir que no haya diferencias en grupos sociales sobre todo cuando se cruzan con diferencias étnicas.

La belleza tiene un significante negativo para las mujeres, pero ¿lo tiene también para los hombres?

Yo he entrado en esta historia tirando del hilo de los trastornos alimentarios y he hablado sobre todo con mujeres, pero creo que es evidente que la belleza está cargada con elogios que van unidos a la superficialidad. Si le dices a alguien que ha ascendido a través de su inteligencia no es lo mismo que decirle que lo ha hecho a través de su belleza. Lo segundo se considera un insulto, lo primero no. Por eso para muchas mujeres es opresivo acusarles de que la belleza es opresiva porque son los recursos que tienen y que utilizan.

Esto que dices puede generar una cierta inquietud, porque es verdad que estas cuestiones están asociadas a las mujeres, pero últimamente también están entrando los hombres

En cuanto a los hombres más titulados es evidente que sí. Incluso desde hace mucho tiempo no se discute que buena parte de las innovaciones estéticas que conocemos son efectos de hombres. El patrón de la delgadez es algo que imponen hombres sobre sí mismos, pero no cualquier hombre: Emile Zola, Lord Byron, etc. En el mundo de la cultura y de la política, la delgadez es un patrón que imponen ellos. Que las mujeres, tradicionalmente más ligadas a las cuestiones estéticas por la división sexual del trabajo y la dominación asuman eso, no quiere decir que ellas sean las creadoras. De hecho, la estética de la delgadez es mucho más dañina para una mujer que para un hombre, porque el ideal femenino paraliza el cuerpo de las mujeres en los 14 o 15 años y el ideal de belleza masculino puede ser opresivo, pero al menos construye un cuerpo fuerte.

Sin embargo, es un patrón que se relaciona desde el discurso hegemónico y mediático con la salud. Estar delgada es estar saludable frente a la amenaza de la obesidad

Si la gente de los Fat Studies (estudios sobre gordos) y la gente crítica con el discurso anti obesidad llevan razón —y yo creo que la llevan— la morbilidad está asociada a la obesidad mórbida, pero no al sobrepeso ni a buena parte de lo que se conoce por obesidad. Es decir, la relación con la salud es falsa. Lo que está asociado con la morbilidad son las dietas yo-yo y los cambios permanentes de peso, por ser cambios imposibles de mantener a medio plazo. Los cuerpos no se modifican fácilmente e intentarlo puede ser mucho más dañino que mantenerlo en lo que se conoce como gordura, sobrepeso o incluso la obesidad más leve. Pero es que detrás de ese discurso hay una ideología higienista disfrazada de mil cosas, toda la industria farmacéutica del adelgazamiento, la industria del azúcar que vende discursos contrarios por razones comerciales, etc. Además, hay muy pocas personas en las ciencias sociales que nos dediquemos a esto y si no formamos parte de las ciencias de la salud tenemos una legitimidad escasísima. Y por último tenemos unas capas cultas que participan del elogio de la delgadez. Colectivos como Stop Gordofobia tienen un papel militante muy importante.

¿Puedes explicarnos que es el capital erótico?

Capital erótico es el valor que tiene el cuerpo en los diferentes mercados con la idea de que hay un patrón de cuerpo que, si consigues acceder a él y mantenerlo, te proporcionará réditos en las interacciones cara a cara y en tu forma de presentación. Es decir, para que haya un capital tiene que haber una especie de modelo de equivalente global, un patrón general de cuerpo. Puede haber modulaciones, igual que se producen con el capital económico, pero hay un modelo general de belleza que te proporcionará beneficios. Ese modelo incluye la morfología, la manera de vestir, la energía con la que te mueves, etc. Hay una serie de códigos difíciles de controlar que te permiten tener un impacto positivo. Como todos los capitales, tiene características particulares. Un capital ligado al cuerpo necesita cultivarse continuamente, no se puede heredar, excepto en características muy generales.

¿Qué opinas del capital erótico, del uso de la imagen que está utilizando la nueva política?

Lo primero que hay que constatar es la monotonía con la que se seleccionan los prototipos corporales, ¿es el azar o hay un filtro? No lo sé. Hay algunas excepciones, pero en general hay una morfología tipo, una forma de hablar estandarizada. O el azar hace que los individuos con características similares pero que son seleccionados por otras razones (cualidades intelectuales, tradición de lucha, etc) hayan confluido en una especie de espacio corporal monocorde, o hay filtros corporales muy fuertes que tienen que ver con el origen de clase y la procedencia social de buena parte de la élite de esos partidos. En líneas generales creo que cada vez hay más peso de los recursos estéticos en política y eso va unido a una selección de clase, no solo clase social sino de lugar de procedencia (ser de Madrid no es igual que ser de Burgos…). Hay que promover la variedad social en las élites políticas, no puede ser que se recluten en una fracción tan pequeña y tan ortodoxa de la ciudadanía, esto desde el punto de vista democrático es un desastre. Y todo esto genera grandes debates y discusiones en EEUU, pero aquí no produce nada.

¿Qué dirías, para acabar, a la gente que lee El Topo?

Es importante que se hagan periódicos de calidad y con arraigo territorial y social como este. Por otro lado, que no es fácil politizar la experiencia corporal, que hay un campo de lucha enorme en el ámbito de la salud, ¿a qué llamamos sano y enfermo?, en el campo del trabajo ¿vamos a aceptar o no que el cuerpo juegue como un recurso para acceder al empleo? Y en el espacio del género, que está unido a los otros dos porque quienes están más afectadas son las mujeres. Son debates que hay que tener.


[1]          Convirtiéndose en Foucault: sociogénesis de un filósofo. Ediciones de Intervención Cultural, S.L. 2006

[2]          Moral corporal, trastornos alimentarios y clase social. Centro de Investigaciones Sociológicas.2010

El profesorado, en general, no está formado para desarrollar una educación alternativa

Francisco F. García Pérez, Paco García para quienes le conocemos, es profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. Es miembro del consejo de dirección de diversas revistas de educación y autor de diversas publicaciones relacionadas con la educación. Actualmente centra su investigación en la enseñanza de la participación ciudadana y en la formación del profesorado.

El Topo: Paco, ¿cómo llegaste a trabajar en educación? ¿Vocación? ¿Casualidad?
Paco García:
Creo que todo lo que nos ocurre en la vida es fruto de múltiples causas que terminan construyendo lo que uno es; y entre esas causas supongo que juegan un papel importante las propias preferencias, inclinaciones, inquietudes, que a su vez vienen condicionadas por el medio en que te has desenvuelto desde pequeño. En el pueblo en que transcurrió mi infancia, como hijo de familia jornalera, supongo que mi futuro, en los años sesenta del pasado siglo, no pasaba por estudiar sino por ser obrero del campo, como mi padre; pero tuve la oportunidad de empezar a estudiar y no la desaproveché; pude tener becas y completé esos ingresos dando clases durante las vacaciones. Pienso que esas circunstancias me aproximaron a cierta idea «social» de formar a los demás. Por otra parte, en mi familia había una herencia cultural, procedente de mi abuelo socialista, que fue asesinado con 46 años por los fascistas, hace ahora exactamente 80 años. Era un hombre admirable, creía en el poder de la cultura para hacer libres a las personas, y ese germen arraigó en mi familia. Yo, sin duda, lo he recibido. Posteriormente, mis estudios universitarios de geografía e historia me llevaron, inevitable y gustosamente, al mundo de la educación. Desde que conseguí mi plaza de profesor en el Instituto Martínez Montañés de Sevilla, en 1976, mi idea de ser enseñante y contribuir, así, a la transformación social, no ha hecho más que fortalecerse.

ET: ¿Cuál ha sido tu experiencia como «educador»? ¿Qué cosas relevantes destacarías?
PG: He tenido la suerte de tener experiencias muy diversas y muy ricas como educador, primero en los veinte años en que fui profesor de geografía e historia en el IES Martínez Montañés y luego en los ya otros veinte en que soy profesor en la Facultad de Educación, además de las muchas oportunidades que he tenido de desarrollar actividades de formación del profesorado en cursos de los Centros de Profesorado (CEP) y en actividades similares. En todo caso, tengo claro que uno sigue aprendiendo a ser «educador» cada día, y ese aprendizaje procede, en gran parte, de la interacción con nuestras alumnas y alumnos, una experiencia que, por otra parte, nos ayuda a mantenernos con ilusión cada día en una profesión que no es fácil… Creo que mi verdadera escuela como profesor fueron mis años en el Martínez Montañés, en donde inmediatamente me di cuenta de que la formación —un tanto pobre en contenidos y nula en didáctica— que había recibido en la universidad me servía de muy poco para enseñar a aquellos adolescentes y jóvenes. También he tenido la oportunidad de vivir muchas experiencias en el campo de la renovación pedagógica, entre las que destaco la etapa de experimentación curricular (hacia 1985-1989) previa a la reforma del sistema educativo con la LOGSE (1990), así como también mi trabajo en el Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) de la Universidad de Sevilla. Ya en esa época nuestras actuaciones se enmarcaban en el Proyecto IRES (Investigación y Renovación Escolar), un programa de investigación y acción educativa, en cuyo marco venimos desarrollando desde 1991 experiencias de innovación y líneas de investigación que tienen como centro la idea de «investigación» aplicada tanto al aprendizaje del alumnado como a la formación del profesorado. En el contexto de este proyecto se ha generado una gran cantidad de publicaciones relacionadas con la renovación de la educación —en especial, la revista Investigación en la Escuela, que editamos desde 1987— y se ha consolidado una red de profesores que compartimos planteamientos educativos, la Red IRES (http://www.redires.net/). También ha sido relevante mi pertenencia al colectivo Federación Icaria (Fedicaria, http://www.fedicaria.org/), que propugna una didáctica crítica de las Ciencias Sociales y edita (desde 1997) la revista Con-Ciencia Social.

ET: ¿Qué se está enseñando hoy en día en las escuelas, en particular, y en la educación reglada, en general? ¿Realmente es «educativo» lo que se está haciendo?
PG:
Esta es una cuestión clave que cualquier educador o educadora consciente se tendría que plantear: si sirve para algo lo que hoy estamos enseñando… y si hay alternativas. A riesgo de simplificar, yo diría que, básicamente, hoy se siguen enseñando los mismos contenidos que desde hace más de un siglo están presentes en el sistema escolar, con las mismas —o parecidas— disciplinas, con la misma estructura de definiciones, descripciones, clasificaciones… siendo, en el fondo, poco relevantes las novedades (en datos, ilustraciones, maqueta o sugerencias de actividades). De forma que el conocimiento que sigue apareciendo como «valioso» y «verdadero» es el que queda recogido en los libros de texto. Ese conocimiento, que responde a unos códigos consolidados desde hace mucho tiempo, se halla fuertemente arraigado como «cultura escolar», adaptado a ese medio peculiar que es la escuela y considerado como «natural» por la mayor parte de los actores del sistema educativo (profesorado, alumnado, familias, administración). Por eso es tan complicado llevar a cabo un cambio radical del mismo. Pero, por otra parte, es evidente que hoy la misma sociedad espera del sistema escolar que proporcione otros conocimientos, otra formación, a los jóvenes ciudadanos y ciudadanas que se forman en su seno y que se van a integrar en dicha sociedad. ¿Qué sentido tiene que muchas familias estén siendo desalojadas de sus viviendas por no poder hacer frente al pago de sus hipotecas mientras que en la escuela se informa —cuando se hace—, de forma puramente teórica, sobre los derechos ciudadanos recogidos en la Constitución, entre ellos el derecho a la vivienda? ¿Que se sigan estudiando los sectores económicos de manera tradicional cuando vivimos en una economía fundamentalmente financiera, en la que los grandes grupos empresariales controlan directa o indirectamente diversos tipos de actividades y la deslocalización es un despiadado mecanismo de búsqueda de la rentabilidad? ¿Que se continúe enseñando una historia meramente narrativa, que sigue teniendo como eje fundamental los hechos políticos y militares, sin abordar problemas tan relevantes como por qué España puede considerarse como una nación de naciones o por qué ha sido tan largo y costoso el proceso de consecución de derechos para los ciudadanos (y en especial para las mujeres)?… Y así podríamos seguir citando ejemplos que nos mostrarían hasta qué punto la educación escolar parece ignorar los graves y urgentísimos problemas de nuestro mundo, como el agotamiento de los recursos, el aumento de las desigualdades o el cambio climático. Es terrible. No es «educativo» lo que se está haciendo…

ET: ¿Y hay realmente alternativas a esta situación tradicional?
PG: Claro que hay alternativas. Es más, ya muchos enseñantes trabajan en vías alternativas, aunque su trabajo resulte poco conocido, pero esas profesoras y profesores están abriendo un camino de futuro. Para quienes trabajamos en el Proyecto IRES y para mucha gente que está comprometida con el cambio de la educación —y, por supuesto, para muchos teóricos de la educación como Edgar Morin— la clave estaría, ante todo, en reformular el sentido de la educación. La educación tiene que servir de verdad para comprender los problemas sociales y ambientales de nuestro mundo y aprender a afrontarlos, pero no como entrenamiento para un futuro lejano, sino como actuación comprometida ya en el presente. Los alumnos y alumnas son ya ciudadanos de su presente y tenemos que darles la participación que les corresponde. Pero el sistema escolar, tal como está estructurado, no favorece sino que dificulta esta opción; los centros escolares son el contexto menos adecuado para trabajar problemas, para dar participación efectiva al alumnado, para facilitar la acción y el compromiso social real… Habría que cambiar la estructura de espacios y de tiempos escolares, con centros escolares de escala más reducida, con una arquitectura más acorde con estos planteamientos, que fueran verdaderos espacios de actividad social vinculada al entorno, con participación real de toda la comunidad…

ET: Pero es que la escuela, tal como la conocemos, tiene varios siglos de existencia y su transformación no parece fácil… Además, ¿es la única y la mejor solución para educar a la gente? En el fondo, ¿qué es lo que nos «educa»?
PG: En efecto, quizás tengamos que plantearnos de manera radical esta cuestión, que parece gozar de un consenso sostenido: la «bondad» de la escuela como tal. Hay algunos estudiosos que han abordado esta materia. Concretamente, el historiador Raimundo Cuesta (miembro del colectivo Fedicaria, que antes he citado) la afronta en un interesante libro, Felices y escolarizados: crítica de la escuela en la era del capitalismo (editado por Octaedro en 2005). En todo caso, no se trata de tirar por la borda el sistema escolar que la sociedad contemporánea ha construido y estructurado, a pesar de que seamos conscientes de que ese sistema se puede comportar de hecho como un mecanismo de reproducción de un modelo social que no compartimos. La escuela pública es también una conquista social, y tenemos que aprender a desenvolvernos en esa dialéctica, pues la escuela puede ser un contexto educativo potente si conseguimos irla transformando en la dirección que antes decía. No sé si es la mejor solución para educar a la gente; en todo caso, es la solución más disponible que tenemos. Hay que hacer que la escuela que defendemos sea verdaderamente una «escuela pública», no meramente una escuela estatal, sino una escuela con auténtico sentido de lo público. Por lo demás, habría que apoyar con decisión las iniciativas de colectivos que están buscando alternativas educativas bien fundamentadas… Lo que realmente educa son las experiencias con verdadero sentido «cultural» para quienes las viven y participan en ellas.

ET: ¿Qué pasos habría que dar, pues, para que la educación cambie en la línea que deseamos? ¿Y qué podemos hacer todos y todas las que queremos un cambio radical de la educación?
PG: Pues los pasos creo que tendrían que ir en el camino que estoy esbozando, sabiendo distinguir entre la meta y el camino que nos lleva hacia esa meta, aquello que decía Eduardo Galeano sobre la utopía: «La utopía está en el horizonte; camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar». Quiero decir que tenemos que aprender a actuar en el día a día, sabiendo que la meta es lejana, pero caminamos hacia ella. Tenemos que actuar de forma crítica y en los resquicios del sistema, asumiendo que la transformación radical de ese sistema solo podrá llegar por la acción constante, comprometida, en red, de quienes estemos dispuestas y dispuestos a seguir luchando por ello.

ET: Pero, ¿está preparado el profesorado para desarrollar una educación alternativa?
PG: Pues esa es otra de las claves. El profesorado es una pieza fundamental del cambio educativo y sin duda podemos decir que, en general, no estamos formados para desarrollar una educación alternativa, pues el sistema de formación del profesorado, básicamente, sigue siendo un sistema reproductivo, coherente con la dinámica dominante en el sistema escolar convencional. La formación del profesorado tendría que estar mucho más vinculada a la práctica docente real y al desarrollo de experiencias de enseñanza innovadora que trabajaran en las aulas los problemas sociales y ambientales, como más arriba comentábamos. Es decir, utilizar la «práctica» como campo de análisis y de reflexión que dé lugar a una formación «teórica» más conectada con la realidad escolar, y que, a su vez, vuelva a remitir a la práctica como campo de experimentación, en un proceso constante de interacción que requeriría, desde luego, otra estructura de formación de docentes. En todo caso, ya hay muchas profesoras y profesores que están desarrollando una docencia ejemplar y que, por tanto, constituyen referentes modélicos para quienes queremos transformar radicalmente la educación.

ET: La sociedad… ¿desea realmente «otra» educación?
PG:
Bueno, esa es la pregunta del millón… Y se podría responder que sí y que no… De nuevo estamos ante la dialéctica a la que antes me refería: la sociedad como colectivo modelado por el sistema dominante con seguridad «no desea» otra educación; pero también somos sociedad quienes queremos otra educación y luchamos por ella… Y mucha gente terminaría queriendo otra educación si tuviera oportunidades de conocerla y de vivirla en experiencias cercanas. Pues ¡a la tarea!

«Me gusta ver La Fuga como retaguardia»

Durante esos días previos a las grandes festividades navideñas en los que las ciudades bullen como si algo importante estuviera a punto de pasar, el equipo de Las Topas (quédense con este nombre) decidimos acercarnos a conversar con Luis Gallego: alma, corazón y cerebro de la librería La Fuga, que acaba de celebrar sus 12 años de existencia. Hablamos sobre el proyecto, su historia, su relación con la comunidad, y de paso le pedimos que nos recomendara algún libro imprescindible. Diciembre es temporada alta de librerías y eso lo notamos nada más entrar: pilas de libros acumulados, gente buscando regalos, repartidores con cajas; y nosotras (arregladas a las 11 de la mañana por una comida navideña a la que iríamos varias horas después) sentadas alrededor de Luis que intercalaba con paciencia sus labores de librero con las respuestas a nuestras preguntas que, inspiradas por el momento y el entorno, empezaron con una propuesta algo delirante.

El Topo: ¿Luis, qué te parecería que tus amigas escribieran un bestseller…?

Luis Gallego: Pues bien… [dice temeroso y con cara de sorpresa].

ET: Bueno, dejemos eso para otro momento y hablemos de ti empezando por el principio. De cocinero a librero. ¿Cómo, cuándo y por qué?

LG: Trabajé un par de años de cocinero y era muy duro: sin vida, sin tiempo, muy cansado… Y, por casualidad, por esas fechas (2003-2004) se nos ocurrió a otros dos amigos y a mí crear una librería-cafetería. Eso me pareció una forma de salir de esas condiciones laborales tan duras y a través de un proyecto que me apetecía. Pero desde esa primera idea de librería-cafetería hasta lo que finalmente fue La Fuga ocurrieron muchas cosas. La primera fue que me quedé solo con el proyecto, y como la cocina como forma de ganarme la vida no me gustaba nada, decidí tirar para adelante con la librería. Una vez tomada esa decisión llegó el momento de darle forma a la idea. Tenía claro que no iba a ser solo un trabajo, y como había estado vinculado a la militancia de una u otra forma pensé que podía ser una herramienta, en un principio pensada para movimientos sociales y poéticos, y después también artísticos.

ET: La Fuga librerías: femenino y plural. ¿Cómo se te ocurre el nombre y hacia dónde conduce esta escapada?

L.G. Las razones del nombre las hemos comentado alguna vez. A posteriori podemos encontrarle muchas justificaciones teóricas, sacarle juego político o poético, podemos hacer referencia a Deleuze, a la huida del trabajo asalariado, lo que queramos; pero en realidad viene de una conversación en un bar con amigos poetas buscando nombres en la que después de varias ideas nos gustó cómo sonaba La Fuga. El resto tiene que ver con la suerte de frecuentar determinados ambientes y colectivos. Por aquella época (2004), a la vez que curraba en cocina, iba al mercadillo cultural del Pumarejo a vender cómics de Miguel Brieva y otras publicaciones: fanzines anarquistas, obreristas y de tema político. A partir de ahí se generó una relación de confianza con Miguel que se ofreció a colaborar con el proyecto haciendo el logo que creó a través de descartes de trabajos que había hecho para otros colectivos. Así aparece el plural «librerías», de un descarte, y al ponerlo nos gustó a los dos como quedaba, además del juego que provocaba lo de hablar de librerías en plural siendo un único local y estando yo solo [risas].

ET: Por algún lugar de tu web leíamos sobre las personas que acompañan y dan vida al proyecto: «Ellos forman la trama y son mis argumentos» (final del poema Compañías de José Mª Gómez Valero). Lo tuyo no es solo una librería…

LG: Efectivamente, como pone en la web se pretende que más allá de conseguir vivir más o menos de esto, sea una herramienta para comunidades de diferentes tipos: política, artística, poética… Pero además es que yo esto me lo creo, aunque hablar de comunidades se haya convertido ya en un lugar común, yo realmente considero que debería ser una herramienta. Antes hemos hablado de broma de ser vanguardia, pero a mí me gusta considerarme retaguardia. Más que proponer una línea política o decir qué es lo que hay que hacer, como librería creo que hay que estar detrás, justificando teóricamente, en todo caso, prácticas políticas concretas. Hay debates sobre si la línea política se propone desde el conocimiento, desde el ensayo, la intelectualidad, pensamiento o como queramos llamarla, o desde la retaguardia. Es decir, los libros los considero una justificación teórica a posteriori o en las que se pueden basar las prácticas políticas concretas. Hay un libro, A través de los muros de Eyal Weizman (errata naturae, 2012) que describe cómo el ejército israelí utilizó a Deleuze, a Foucault, los situacionistas y todo el armamento teórico de la izquierda (el libro lleva como subtítulo «cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana») para justificar distintas formas de continuar con la ocupación de los territorios palestinos. Conceptos como «enjambre» o «pliegue» los utilizaban para justificar sus prácticas políticas. De ahí parte lo de la retaguardia, porque si no hay una práctica política concreta la teoría es muy abstracta y se puede utilizar para una cosa y la contraria.

ET: Y ahí juegan un papel muy importante las actividades que organizas, ¿no?

LG: Sí, la organización de las actividades lo enfoco de esa manera. Ahora La Fuga forma parte de Lanónima, un nuevo ateneo autogestionado para llevar a cabo actividades políticas, educativas o culturales. Una iniciativa, por cierto, que me recuerda a experiencias anteriores como el Lokal, un espacio alquilado con la misma intención a finales de los noventa y principios de la década del dos mil. Pues en esa idea de servir de herramienta para prácticas concretas, como decíamos antes, me parecería interesante que se decidieran actividades desde la asamblea de Lanónima y a partir de ahí La Fuga aportara los contactos adquiridos tras sus 12 años de vida, o hiciera soporte de alguna forma que acompañe esa demanda de formación o información sobre determinados temas por parte de los movimientos sociales. Esa es una de las formas de entender la librería como herramienta. Otra es ceder el espacio cuando se ve que puede ser interesante, porque alguien quiera presentar aquí algo o porque de alguna forma le sirva este espacio. Por otro lado, por los años que lleva abierta la librería se han creado unas redes a nivel estatal que pueden utilizarse con colectivos y movimientos afines. Y otra herramienta importante, aconsejada por lxs compañerxs de Traficantes de Sueños, es la grabación de todas las actividades que se llevan a cabo en el local para que puedan acceder a ellas todas las personas o colectivos a los que pueda ser útil. En general, a mí me gusta considerar la librería como parte de una red más amplia tanto de espacios como de colectivos donde cada uno nos vamos apoyando de distinta forma. Es decir, yo intento hacer cosas con Tramallol, con Lanónima o con La Imprenta cuando estaba abierta, igual que lo hago en el espacio de la librería. A veces hay gente del mundo del libro que se sorprende de que vaya a un sitio o a otro, que haga cosas fuera del espacio físico de La Fuga, pero para mí participar en actividades de Tramallol o en Lanónima es lo mismo que hacerlas en La Fuga. Son igual de «casa» esos espacios o el Pumarejo u otros que la librería. Creo que constituimos una red y que somos intercambiables en el buen sentido. La elección de uno u otro a mí me gusta pensar que se hace en función de necesidades de espacio o simbólicas. Y dentro de esa red a un nivel no espacial pues también son igual de importantes colectivos como El Topo o Radiópolis. Todos formamos parte de esa red, de esas herramientas de las que se dotan los movimientos sociales de Sevilla. Si son experiencias que se sostienen significa que la gente le da un uso y son importantes para ella. La Fuga la conforman las personas que tiene alrededor —más allá de que compren libros— que van allí a hablar de política o de poesía. Mientras tenga un uso seguirá, y si no, pues se caerá.

ET: La línea de contenidos sobre poesía, narrativa, cómic y teoría y práctica de los movimientos sociales, ¿estaba definida desde el principio?

LG: Sí. Toda. De hecho, esa línea tan clara por la que se me conoce en los movimientos sociales también hace que se me encorsete como librería de ensayo en el mundo del libro en general; y es cierto que es muy importante, pero no es lo único que hay en La Fuga. Esa es una pelea que tengo a nivel profesional, que tengo mucho de ensayo, pero quiero que se sepa que también hay cómic, poesía y narrativa. Además, creo que todo puede estar relacionado. Otra cuestión a la que siempre le he dado muchas vueltas es que se denomine como librería política o librería alternativa. La Fuga es una librería sin más, es decir, un espacio donde hay una selección de libros concreta, que puede tener una determinada ideología política, pero que puede ser solo de poesía o de otro tema, pero una selección que puedo defender y trabajar. Eso para mí es una librería a secas. Añadirle el adjetivo de alternativa o política… justifica que lugares como La Casa del Libro o FNAC o Beta también sean consideradas librerías y no supermercados culturales a los que les da igual vender Libertad de elegir de Milton Friedman que El apoyo mutuo de Kropotkin. Son establecimientos a los que solo les importa vender. Una librería es otra cosa. Por eso no me gusta que por el hecho de hacer una selección se le ponga una etiqueta determinada a una librería.

ET: ¿Te has relacionado o relacionas con otras librerías de la ciudad? Si es que sí, ¿cómo? Si es que no, ¿por qué?

LG: Más que con librerías de Sevilla, tengo mucha relación con librerías de todo el Estado. Es más fácil colaborar con gente de fuera que de Sevilla porque se pueden organizar giras de presentaciones, por ejemplo. En la misma ciudad no vas a organizar dos presentaciones del mismo libro; sin embargo, puedes hacerlo con espacios de Granada, Cádiz, Madrid. Más allá de eso hay muchas librerías de aquí que admiro mucho, como Casa Tomada, por ejemplo, que me parece un proyecto para quitarse el sombrero; Quilombo, que está empezando ahora y no es fácil; y las que llevan toda la vida como Céfiro, que va a cerrar ahora porque se jubila el dueño, que me merecen todo el respeto. Yerma, Palas… que llevan 20 o 30 años… El Gusanito Lector. Tengo mucho respeto por muchas de ellas —a otras les podían dar por saco [risas]— más allá de que colabore o no. 

ET: Bajón post 15M, el debate instituciones/calle, la AIT desfedera a la CNT, Trump, el Brexit, el fracaso de Syriza, anarquistas y autónomos en su bucle… ¿Un libro para no cortarnos las venas? 

L.G. ¿Un libro solo? [Se toca la cara… lo piensa…] Voy a decir tres para hacer batiburrillo. No son novedades. Uno, El apoyo mutuo de Kropotkin, que se acaba de reeditar (Pepitas de Calabaza, 2016) y es interesante retomarlo; después, para darle un giro feminista, Amaia Pérez Orozco con Subversión feminista de la economía (Traficantes de Sueños, 2014); y ¿Chusma? de Alèssi dell’Umbria (Pepitas de calabaza, 2006) a partir de las revueltas de las «banlieues» de 2005. En este libro se describe a esa clase trabajadora o subalterna, a los «canis», sin mitificarlos, pero sin dejar de plantear cuál es su situación en los barrios franceses que describe. Pero sobre todo le encuentro una gran potencia política a uno de los párrafos finales en el que plantea que la idea del hombre como lobo para el hombre de Hobbes es una profecía autocumplida. Es decir, plantea cómo se han ido dando las condiciones para que esto sea así. Y para complementar esta visión ahí está Amaia Pérez Orozco y su reflexión sobre la vida que merece la pena ser vivida y cómo podemos organizarnos para sostenerla de forma colectiva. Por último, también lo podemos relacionar con Kropotkin y el apoyo mutuo, para ver otras formas de organización social y otras líneas políticas. Sobre todo ahora que estamos viendo los límites que tiene el asalto institucional que se ha ensayado estos últimos años. Con esos tres libros se podría hacer una cosita curiosa.

ET: La Fuga acaba de cumplir 12 años. ¿Cómo te ves dentro de otros doce?

LG: Uff [risas]. Pues un amigo librero me dijo hace poco que él me veía como a estos libreros mayores gruñones, malafollá, que echan para atrás… Y últimamente me he visto teniendo reacciones de ese tipo, creo que tiendo a eso cada vez más… Lo que espero es no acabar así todo el tiempo, que eso solo sea el diez o el veinte por ciento del tiempo, no más allá. Aunque reconozco que cada vez entiendo más el carácter seco granaíno [más risas].

ET: ¿Qué le dirías a la gente que se lee las entrevistas de El Topo?

LG: ¡Ánimo! No sé… ¡suscribirse! ¡Ánimo! A poquito a poco…

Miguel Ángel Rosales:

"La esclavitud le dio un gran impulso al capitalismo español en el XIX"

Coincidiendo con su presentación en el Festival de Cine Europeo de Sevilla del documental Gurumbé. Canciones de tu memoria negra, hablamos con su director, Miguel Ángel Rosales, sobre la película y sobre ese episodio silenciado de nuestra historia. El documental ha sido galardonado en varios festivales como el de Sáo Paulo o el Iberoamericano de La Rábida. Recientemente ha sido seleccionada entre las mejores películas del African Diaspora Film Festival y acaba de ser nominada como mejor documental para los premios al cine andaluz de ASECAN

En el antiguo Hospital del Pozo, en la plaza del Pozo Santo, hay un cuadro de autoría anónima que refleja los estragos de la peste que asoló Sevilla en 1649. La escena se ubica en el patio del Hospital de las Cinco Llagas (actual Parlamento andaluz) y describe el caos del momento a través de figuras variopintas: curas, soldados, monjas, familias ricas huyendo y gente asustada en general. Pero escudriñando un poco descubrimos entre todas ellas a un personaje que apenas se distingue pero que cuenta con varios elementos que lo diferencian del resto: está en el centro, se está muriendo y es negro. «Es curioso —dice Miguel Ángel Rosales—, porque creo que este cuadro representa a la perfección la historia de la población negra de Sevilla. El personaje está tan en el centro que no lo ves, parece una sombra». Sobre esas sombras y su presencia durante siglos en la península ibérica, sobre la importancia de la esclavitud en el desarrollo de la economía española y su ocultación de los libros de historia, sobre la influencia de esa población en las manifestaciones culturales andaluzas habla Gurumbé. Canciones de tu memoria negra, un documental dirigido por Miguel Ángel Rosales y producido por Intermedia Producciones que ya ha pasado por la SEMINCI, el Film Africa de Londres o el Festival Iberoamericano de Huelva, y que acaba de estrenarse en el SEFF.

El Topo: ¿Cómo surge el proyecto?

Miguel Ángel Rosales: [ríe] Esta es una pregunta difícil de responder porque cuando se hace se espera que hable de una especie de iluminación repentina, y no es así. Todo empieza en una reunión de amigos, entre los que estaban José Miguel Hernández y Lénica Reyes —posteriormente asesores musicales del proyecto—, en la que empezamos a hablar de la influencia negra en la música andaluza, un tema que ellxs estaban estudiando en la Universidad Autónoma de México. A partir de ahí empezó a interesarme el tema y lo que había detrás, es decir, que esa influencia en la música implicaba la existencia de una población negra en Andalucía durante siglos. Esto me hizo volver a cuestionarme como se ha escrito la historia de este país y cuántos episodios han sido silenciados. Cuando empecé a leer investigaciones sobre este tema me di cuenta de que era algo completamente desconocido y de que había numerosas investigaciones que hablaban de entre un diez y un quince por ciento de población negra en ciudades como Sevilla o Cádiz.

¿Por qué crees que ese episodio ha sido silenciado?

Yo creo que entra en la lógica de cómo se ha construido toda la historia de España. En realidad se puede decir que ha habido un mismo régimen desde el s. XV que ha ido escribiendo la historia oficial y, dentro de esa historia oficial, se ha insistido en transmitir una homogeneidad etnorreligiosa del país opuesta a su realidad histórica. Es cierto que se han tenido que admitir capítulos demasiado evidentes como la presencia musulmana (aunque quitándole importancia) o la judía, pero todo lo demás ha sobrado. La historia oficial de España siempre ha tachado de «leyenda negra» todo lo que no convenía a la imagen de un país esencialmente católico y racialmente homogéneo.

Hay países que sí han incorporado el capítulo de la esclavitud dentro de su historia oficial, ¿quizá porque fue más evidente?

No sé si era más evidente. La discusión que se tuvo aquí sobre la abolición de la esclavitud podía ser igual de candente a nivel político de lo que es ahora el independentismo.

Lo que sí es cierto es que en esos otros países después de la Segunda Guerra Mundial hubo cambios sociales, se produjo una crítica de la identidad y de los valores, y aquí no. En España nos sumimos en un agujero de 40 años que cimentó aún más la historia oficial de la España etnorreligiosa. La historia de España se puede entender como el triunfo de un régimen totalitario etnocida en el s. XV que dura prácticamente hasta el s. XIX y que tiene una especie de traca final con el franquismo. Eso explicaría que tengamos una visión tan deteriorada y homogeneizada de nuestra propia historia. Christiane Stallaert, participante de la película, lo muestra en algunos de sus libros, que por cierto cayeron bastante mal en algunos círculos académicos españoles.

¿Cómo era esa población esclava de la Península? ¿Tenía unas características propias? ¿Qué nos cuenta el documental?

Lo que caracteriza a la península ibérica es que es el único sitio en Europa donde hubo poblaciones esclavas negroafricanas que terminan formando poblaciones autóctonas y mestizas. Es decir, en el s. XVI o XIX podemos hablar de afroespañoles o afroandaluces. El papel de la esclavitud para las economías de Reino Unido, Francia u Holanda fue importantísimo, y no solo para los ricos, algunos pequeños empresarios tenían sus acciones de esclavxs, pero era una esclavitud en diferido. Aquí, en la península ibérica, había una población que llega al 10 o el 15%, podía haber un 10% de población esclava y otro 2/3% de mestizaje. Esto supone que, al no ser agentes pasivxs, hubo una influencia cultural. Hacían muchos tipos de trabajo: agrícolas, domésticos, en las minas, pero hay una gran parte de esxs esclavxs en las ciudades que trabajan en la calle, van al mercado, venden cosas, son ayudantes de artesanos y muchxs de ellxs no duermen con sus amxs, sino que pueden volver a dormir a sus casas. Ahí hay una mínima participación en la vida de la ciudad y eso obviamente crea un mestizaje, unos contactos.

Una participación que les lleva a tener un papel pionero incluso en la Semana Santa

Aquí en Sevilla la primera hermandad de Semana Santa que se funda es una hermandad de esclavxs, como cuenta Isidoro Moreno en el documental[1]. Hermandad que se funda antes de 1492, lo que pone de manifiesto la cantidad de población negra que había y la demanda de esclavxs que existía previamente a la explotación comercial de América. Lo que estaba ocurriendo es que había muchxs esclavxs que cuando dejaban de ser útiles se veían en la calle y, parece ser, esto provocó un debate moral en el seno de la Iglesia, llevando a un obispo de la época a poner en marcha un hospicio para recogerlos. Ahí se origina la Hermandad de los Negritos, en principio para integrar religiosamente a lxs esclavxs y tenerlxs controladxs, pero también fue utilizada por ellxs mismxs para organizarse. Parece claro que hubo muchos casos de rebeldía y de fuga. De hecho, probablemente los fugados que venían de las zonas rurales de Extremadura tuvieron un papel importante en el aporte de población negra libre que había en los arrabales de Triana y de San Gil en Sevilla. Esto tuvo que pasar muchísimo en Sevilla, Huelva, Cádiz o Granada. Hay muchas crónicas de la época que hablaban de las fiestas que formaban lxs negrxs, algunas de ellas diciendo que eran un escándalo, sobre todo en zonas limítrofes entonces como Santa María la Blanca.

¿De qué época estamos hablando?

Se tiene constancia de que en Sevilla hay una población negra importante desde 1442, cuando se funda la Hermandad de los Negritos, hasta 1800. En Cádiz, a finales del s. XVIII hay otra vez un 10/12% de población negra y mestiza. Su desaparición en Sevilla tiene que ver por un lado con la epidemia de peste del siglo XVII, porque la gente rica huyó y quienes se quedaron fueron lxs pobres; y, por otro, con el mestizaje que hubo y que hace que probablemente una gran parte de la población de la Baja Andalucía tenga en sus genes la memoria de aquellas poblaciones negroafricanas.

Uno de los puntos de partida del documental es indagar sobre la influencia de este colectivo en nuestras tradiciones musicales culturales, especialmente el flamenco.

Sobre eso hay todo un campo de investigación abierto muy difícil de rastrear, pero lo que yo he querido contar en la película —que no pretende hacer ninguna tesis sobre el tema ni ninguna afirmación categórica— es que, si hablamos de que el flamenco nace a principios del s. XIX recogiendo un enorme legado de música popular que viene de siglos atrás, y tenemos crónicas clarísimas de que la población negra esclava participó de todo eso hasta el s. XVIII, ¿cómo se puede pensar que no esté influido por ello? Es decir, esa música que después está viajando, yendo y viniendo entre el golfo de Guinea, América y la península ibérica, influyéndose de un lado a otro, es lógico creer que tiene raíces negras. Hay estudios muy interesantes a este respecto realizados por etnomusicólogos como José Miguel Hernández o Lénica Reyes[2].

Por otro lado, hay cosas bastante evidentes como que casi no hay otras músicas populares en toda Europa que tengan ritmos mezclados de 3 y 2. Si escuchamos toda la variedad de músicas populares del Mediterráneo, hay muchas similitudes con la música andaluza en elementos como los melismas (la forma de modulación de la voz) pero hay una cosa que marca el flamenco y es una impronta rítmica que es única en todo el Mediterráneo. Si escuchas cierta música libanesa o iraní notas la influencia porque la presencia musulmana en la Península dejó una huella clara, pero la impronta rítmica es única y en el baile es aún más claro. ¿Qué tiene que ver la forma de zapatear y pisar del baile flamenco con cualquier otra música europea o mediterránea? El flamenco pisa y pisa como lo hacen los africanos, es una manera de llamar a la tierra, de golpear el suelo. Gran parte de las músicas africanas son músicas polirrítmicas que mezclan los ritmos de 3 y 2, y eso es lo que ha heredado y ha quedado tanto en el flamenco como en otras músicas del entorno afro-caribeño-andaluz.

Otra evidencia de la existencia de las poblaciones negras de la que se ha hablado poco es su presencia en el teatro del Siglo de Oro[3]. De hecho, es a partir de estas obras como se va extendiendo el estereotipo del negro que después retomaran los imaginarios racistas del s. XVIII.

Una ideología que sigue estando presente. ¿Podemos hablar de paralelismo entre aquella situación histórica y la actualidad?

En la película se trata este tema, pero no podemos establecer un paralelismo, es imposible. Los procesos, los tiempos, la voluntariedad, son diferentes. Lo que sí está claro es que todo viene del mismo proceso: la esclavitud, el colonialismo y ahora el postcolonialismo han creado una situación en África que obliga a la población a irse porque no hay futuro o, en el peor de los casos, por la situación de violencia en que se vive. Como dice Abuy Nfubea, miembro del movimiento panafricanista de España y participante en el documental, «esclavitud, colonialismo y migración no son lo mismo, pero tienen las mismas lógicas». Al final también es un proceso de regularización y control de la mano de obra que necesita el sistema para producir capital: tanto la esclavitud como las regulaciones de inmigrantes tienen que ver con la fijación de mano de obra y con el derecho o no de ciudadanía, de existencia social.

Y esa similitud con la narrativa de ficción provoca que se vea como una película más, en vez de como una realidad cercana.

Que se sepa que muchas de las grandes fortunas inglesas se hayan construido sobre la esclavitud y no importe nada me parece escandaloso. Y esto también ocurrió en España, uno de los bancos principales creados en el s. XIX fue el Banco Hispano Colonial, fundado por Antonio López y López que era un esclavista que regresó de América a la Península cuando allí el movimiento abolicionista cogió fuerza y la esclavitud ya era inadmisible en Europa. De hecho, España se pone las botas durante los 50 o 60 años en los que sigue manteniendo la esclavitud de manera ilegal. Muchas grandes fortunas españolas se amasan o crecen en ese negocio: Koplovitz, Vidal Cuadra, Güell, los Epalza, la casa de Borbón… Antonio López crea la primera banca de crédito, tal y como se entiende hoy, y con ese dinero se hacen, entre otras cosas, el ensanche de Barcelona o el barrio de Salamanca de Madrid. En general, se puede decir que la esclavitud le da un gran impulso al capitalismo español en el s. XIX.

¿Qué crees que podría hacerse hoy día para subsanar de alguna manera lo ocurrido?

Creo necesaria una reparación que debe venir a través de un reconocimiento histórico de ese episodio, integrarlo de una vez en nuestra historia. La retirada de algunos nombres del callejero como O´Donell, por ejemplo, férreo capitán general de Cuba y cruel represor de esclavos cimarrones; o Cánovas del Castillo, que era un defensor acérrimo, (dado los intereses económicos que tenía en el negocio) como puede comprobarse en algunos de sus discursos en el Congreso; la estatua de Antonio López y un largo etcétera. Todo eso sería positivo, pero lo realmente reparador sería que se modificaran las políticas migratorias, que se acabara con los CIE y las devoluciones en caliente, que los medios dejaran de dar la misma imagen sesgada de lxs migrantes africanxs, o que cambiaran las políticas económicas que crean violencia y pobreza en las sociedades africanas.


[1] Moreno, I. La antigua hermandad de los negros de Sevilla: etnicidad, poder y sociedad en 600 años de historia. Universidad de Sevilla, 1997.

[2] http://www.gerinel.org/index.php

[3]Sobre este asunto se extiende Baltasar Fra Molinero en su libro La imagen de los negros en el teatro del Siglo de Oro. Siglo XXI, 1995.

El tiempo de las cerezas

Octavio Alberola, pensador y activista libertario, y Juan Felipe, director del documental El tiempo de las cerezas. Le temps des cerises, canción de amor convertida en himno de la Comuna de París, es la alegoría perfecta para este documental que revisa un periodo breve e intenso, aún inédito, de la historia del movimiento libertario. Ideado por Juan Felipe, cuenta con las voces, entre otros protagonistas, del veterano activista Octavio Alberola.

En junio de 1977, cuando se celebran en Barcelona las Jornadas Libertarias, Octavio Alberola formaba parte de la oposición activa al régimen franquista desde el exilio y la clandestinidad. Una lucha que empezó en México, al que llegó con 11 años junto a sus padres exiliados, en las Juventudes Libertarias, el grupo universitario 28 de julio y más tarde el órgano secreto Defensa Interior. Desde allí organizó acciones simbólicas para denunciar ante la opinión pública una dictadura que seguía reprimiendo y matando y estaba normalizándose: «Pensábamos que era el momento de poner en evidencia a esas potencias occidentales que estaban aceptando a Franco. Y es cuando se reunifica la CNT, lo que da más fuerza. Y en el mundo entero se habían producido los movimientos de liberación nacional de los países que habían estado colonizados, despertando ilusiones», rememora. «Era un deber moral de no quedarte parado».

En 1963, el régimen fusila a Delgado y Granado, mientras la CNT exiliada de Toulouse «empieza a dar marcha atrás y paralizan la ayuda. Nos quedamos solo los jóvenes para continuar. Y continuamos».

Alberola consigue entrar en Francia y denunciar maniobras de Falange. También en Torrejón de Ardoz, donde hubo detenciones por la reivindicación de Franco del peñón de Gibraltar. De vuelta a México, lo detienen. Estalla el Mayo del 68 francés y llega el año 74, con la detención en Barcelona de Salvador Puich Antich, finalmente fusilado. «Llegamos tarde. Tras el secuestro del director del Banco de Bilbao en París nos detienen otra vez. Me encuentro en Francia, sin papeles, a principios del 75. Meses después se muere Franco y empieza la llamada ‘transición’. No puedo salir del país, tengo un proceso judicial que no llega hasta el año 81», del que logra salir absuelto por un jurado popular.

Mientras, en el interior, las nuevas generaciones se preparan para otro tipo de oposición. Corren nuevos aires, ansias de libertad. El 2 de junio de 1977, más de doscientas cincuenta mil personas acuden a la llamada de la CNT, el mitin más grande de la Transición. Quince días después, medio millón de personas se meten en el parque Güell de Barcelona en las Jornadas Libertarias. La CNT vive su eclosión, emerge con potencial de encuentro y unidad. Hasta el caso Scala en 1978 y su posterior represión; a partir de ahí, la CNT se va deshinchando y a la par el movimiento libertario.

«Decir que fue un error, reconstruir la CNT, a posteriori, no me vale para nada. Porque ¿y ahora qué hacemos?», se sincera Octavio Alberola en El tiempo de las cerezas. «La mayor lección que he aprendido es que lo que importa es lo que se hace. Si la gente quiere conseguir cosas, tiene que luchar; si no lucha, no las conseguirá nunca», sentencia.

Historia de un tiempo

El tiempo de las cerezas hace suya la frase de Jacques Lacan de que «la verdad tiene estructura de ficción» y se plantea por qué todo se desmoronó; cuenta la historia de un tiempo que nunca acaba de llegar. Y lo hace saliendo del gueto libertario, como explica su guionista y director, Juan Felipe: «El éxito que tuvo mi anterior trabajo Indomables. Una historia de Mujeres libres entre la ‘población civil’, es decir, fuera de ámbitos confederales, se debe, creo, a que, a pesar de ser una historia ambientada en la Guerra Civil, sus heroínas no eran personajes famosos ni intervinieron en grandes gestas militares, sino que se trataba de personas que contribuyeron a mejorar lo que había hasta ese momento. Sus historias eran historias cotidianas y lo que contaban era su cotidianidad. Eso me llevó a la conclusión de que si queremos trasmitir valores libertarios fuera de los ambientes explícitamente libertarios es preciso que nosotros/as los entendamos. Y para entender el presente no podemos seguir mirando exclusivamente al 36, porque ayer mismo también pasaron cosas. La inmensa mayoría de quienes hoy nos llamamos ácratas ni tan siquiera estábamos operativos cuando murió el dictador. Somos herederos/as del verano del 77, no de la década de los 30. Por eso pienso que tenemos que buscar respuestas más acá del 36, muchísimo más acá».

Las respuestas surgen de los testimonios de gente que vivió en primera persona aquel momento irrepetible. Junto al propio Alberola hay más de un exsecretario de CNT y de CGT, gente de la contracultura como el director de Ajoblanco, Pepe Ribas, activistas de todo pelaje. Grupos de afinidad, autonomía obrera, espontaneísmo, huelga, represión, otro tren que se va…

El proceso

Cuando comenzó el proceso de producción de El tiempo de las cerezas, que ha durado casi dos años, «la mirada estaba puesta en otra parte, y me explico: El objetivo del documental siempre ha sido intentar explicar y sobre todo entender qué pasó con el movimiento libertario en la Península, que de ser un movimiento muy potente pasó a quedarse en lo que es ahora, prácticamente algo testimonial. Y como mucha gente de mi generación, creía que la clave estaba en el V Congreso de la CNT de 1979. Mi visión era exclusivamente anarcosindicalista, pensaba que las diferentes corrientes de la CNT eran centro y periferia del movimiento libertario, hasta que descubres otros actores en la escena y te das cuenta del error que hay en tu mirada. Por suerte, el proceso de creación de un documental es una fuente permanente de conocimiento. En mis trabajos me dejo llevar por los hechos y no al revés, son los protagonistas y sus historias las que van haciendo el guión; resulta un poco caótico trabajar así, pero creo sinceramente que es más honesto. Según voy realizando entrevistas y voy leyendo y viendo documentos me doy cuenta de dos cosas: primero, que el movimiento libertario, afortunadamente, va mucho más allá del anarcosindicalismo, hay mucha más vida fuera de él que dentro. Y por otra parte, que el problema venía ya de su primer verano, que al Congreso de 1979 el anarcosindicalismo llega ya roto».

Película oculta
En este documental hay un punto de inflexión, el descubrimiento de un trozo de película oculta, revela Juan: «Es un fragmento que el movimiento no publicó de los debates que se dieron en el Saló Diana en las Jornadas Libertarias de Barcelona, donde acudieron más de medio millón de personas buscando cómo organizarse dentro de CNT. Y allí se percibe que ya en el 77 se rehuía el debate. No se quiso abordar aquel presente. Todo giraba en torno a un pasado glorioso. Cuando el ateísmo se convierte en religión pierde su razón de ser. Y claro, llegados hasta aquí el anarquismo organizado no da respuestas a la situación actual. No es que no las tenga, que las tiene, pero no están adecuadas a estos tiempos. Yo ya intuía que los aparatos del Estado no fueron los únicos responsables de desmontar el entramado ácrata en España, pero no me podía imaginar hasta qué punto es nuestra responsabilidad que el movimiento libertario español esté como está. Sin descartar la mano sempiterna de Martín Villa, la inexperiencia, la falta de estructuras y de formación, los miedos y las desconfianzas, y la neurosis obsesiva que impregna el anarquismo organizado desde el mismo momento en que se iba perdiendo la guerra, han ido cerrando puertas. Y esto me da mucha rabia. Porque hay muchos compañeros y compañeras que se están batiendo el cobre en las empresas, en las calles, creando o participando en diferentes iniciativas sociales, en radios libres, editoriales…».

Desnudar el mito

Y es que Juan Felipe defiende que para entender la historia del movimiento libertario es preciso desnudarla del mito. «La militancia de segunda fila resulta que está siempre en primera línea. Siento entonces la necesidad de sacar mi cámara del centro del anarcosindicalismo buscando otro tiro de cámara, otra perspectiva. Y lo que veo es, por un lado, a muchísima gente joven que beben de las fuentes del Mayo francés. Por otro lado, antiguos militantes cenetistas que se batieron el cobre en las cárceles franquistas, y a un exilio que no se ha enterado de lo que ha pasado en este país en cuarenta años. El cóctel es explosivo. Todos hacen el intento de agruparse bajo las siglas históricas, con mucha generosidad, pero el anarcosindicalismo no es capaz de adaptar su horizonte a la subjetividad de los tiempos. Para hacer el documental se realizaron más de 20 entrevistas, de las cuales 18 ven la luz en el mismo. Cada una con su verdad, ya se sabe, si hay 18 anarquistas hay 19 versiones y no necesariamente contradictorias. Al fin y al cabo eso es el pasado: una suma de recuerdos y de deseo. Bien es verdad que hay personajes que no se dejaron entrevistar, algunos por pudor, otros por la atávica desconfianza hacia el desconocido».

Decir que fue un error reconstruir la CNT a posteriori no me vale para nada. Porque ¿y ahora qué hacemos?

– Octavio Alberola

Añade Juan: «Ciertamente, con tantas entrevistas daría para hacer otro documental por lo menos (risas). Pero un documental no es un libro, no cabe todo. Un libro lo lees en el tiempo que sea necesario, lo tomas, lo retomas cuando quieras. Un vídeo es un vídeo, lo ves del tirón o no lo ves. Además, un documental, lo vistas como lo vistas, no deja de ser un chapón, así que lo que pase de una hora…».

La acogida

El tiempo de las cerezas se estrenó el 17 y 18 de diciembre del pasado 2015 en la Filmoteca de Zaragoza, dentro de las jornadas culturales del XI Congreso de CNT-AIT. «Allí arrancó y desde entonces llevamos ya en torno a 50 proyecciones en diferentes zonas de la Península. De estas, destacaría algunas que también tendrían la cualidad de ‘estreno’, como por ejemplo la que se dio el 13 de enero en el Centre de Cultura Contemporánea Octubre de Valencia, que se quedó pequeño ante el gran número de personas allí presentes que propiciaron además un intenso y apasionado debate. También se puede catalogar de ‘estreno’ la presentación al mes siguiente en la Cineteca de Madrid (Matadero) donde a pesar de hacer un día horroroso hubo un buen grupo de gente que se quedó en la puerta sin poder entrar a la sala. O el pasado mes de mayo, en el que la Fundació Salvador Seguí de Catalunya llenó la sala grande de los cines Girona de Barcelona. Por supuesto, guardo muy buen recuerdo de Alicante, Bilbao o de Tirso de Molina en Madrid. Han sido muchas las presentaciones, y se hace imposible enumerarlas todas. El Mediterráneo (sobre todo Catalunya) junto con Madrid es por donde más se ha movido; queda pendiente la zona andaluza, donde ya hay algunos contactos, además de Murcia y de las islas Canarias».

Hay que pisar el presente mirando al futuro de frente, y al pasado por el retrovisor

– Juan Felipe

Así, «la acogida está siendo bastante buena», cuenta su director. «De hecho, la primera edición está a punto de agotarse. Las presentaciones y los debates que suscita el documental están resultando todas entrañables. Desde la CGT de Alicante a la CNT de Madrid. De Valencia a Bilbao, de Barcelona a Valladolid, no ha habido dos iguales. Siempre se produce una discusión animada y nunca sabes por dónde va a salir. Lo que tienen todas en común es que los debates se producen desde el más absoluto respeto y siempre, siempre, en absoluta libertad. Es como si el aroma de aquellos días nos hubiera imbuido y fuésemos capaces de replanteárnoslo todo sin límites históricos».

No rehúye Juan la perspectiva de género. «Lo que siempre fue igual en todas partes y resulta bien llamativo es que cuando las mujeres participan más en el debate este resulta ser siempre más enriquecedor, y abordan más las posibles conexiones con lo actual. Supongo que porque las chicas plantean cuestiones a partir de lo que han visto, y no tanto de lo que falta. Los varones, casi siempre, o han estado allí o han leído mucho sobre el tema y quieren sacar a relucir lo que falta o lo que sobra, intentando presentar su tesis, su conocimiento. Debe ser genético esto de competir a ver quién mea más lejos».

Siempre vuelve…

«Siempre vuelve el tiempo de las cerezas, la primavera, la revuelta. Pero es un tiempo breve, no nos puede pillar desprevenidos porque pasa pronto. Es como un tren que se detiene solo para que subas o baje; si dudas sigue su camino y has de esperar al siguiente», defiende Juan Felipe.

Por eso, «por supuesto que hay esperanza, que pasará otro tren, eso forma parte de lo simbólico del título El tiempo de las cerezas. Y se vio en mayo de 2011 en Sol. Eso pretendo reflejar en el documental. Hay mucha gente libertaria en el Estado español. Casi toda fuera de las estructuras digamos ‘oficiales’. Que van sin mochila, que la historia no les pesa. En mi análisis y en mi propia evolución personal llego a la conclusión de que hay que pisar el presente mirando al futuro de frente, y al pasado por el retrovisor. No se debe olvidar nuestro ADN político, pero tampoco caminar de espaldas».

La izquierda ante el colapso civilizatorio

Entrevista con Manuel Casal Lodeiro

En el marco del curso «Estrategias para la resiliencia local: transiciones hacia el decrecimiento y el buen vivir», Solidaridad Internacional Andalucía[1] entrevistó a Manuel Casal Lodeiro[2] acerca de los límites y potencialidades de las políticas institucionales para enfrentar el actual proceso de colapso civilizatorio. Manuel es activista ecosocial, actualmente coordina 15/15\15, revista para una nueva civilización[3] y acaba de publicar su libro A esquerda ante o colapso da civilización industrial[4]. A continuación publicamos un fragmento de la entrevista.

SIA: ¿Se puede ayudar a construir el poder ciudadano desde las instituciones locales? ¿Es necesario acceder a las instituciones?

MCL: Necesario en el sentido de imprescindible, no. Pero sí conveniente, por dos motivos principales.

Primero, porque es más eficiente energéticamente. Es decir, que si no tenemos que malgastar energías luchando contra el Ayuntamiento, podremos dedicarlas a la mejora de la resiliencia, a proyectos reales…

Segundo, porque siempre tienen a su disposición una serie de recursos (físicos, económicos, de alcance social y mediático…) que nos vendrían muy bien para acelerar la transición y realizarla más suavemente.

En resumen, pueden ayudar de dos maneras básicas: no poniendo frenos (legales, burocráticos, económicos, políticas en sentido opuesto…) a la transición liderada por la ciudadanía, y en un segundo nivel, poniendo sus recursos al servicio de esa transición dándole una cobertura lo mayor posible.

Este optar por aprovechar las instituciones creo que encaja muy bien con los principios de la permacultura. Es decir, tenemos un factor de innegable relevancia en nuestro ecosistema sociopolítico, que está ya ahí, que son los ayuntamientos, que no podemos controlar del todo, pero que podemos estudiar cómo aprovechar e influir en su funcionamiento para que nos ayude a cumplir los objetivos del conjunto del sistema que queremos diseñar. O sea, no ser tan ingenuos como para apostarlo todo a esa carta (sería equivalente en la analogía permacultural a optar por un monocultivo con agroquímicos) ni tan puristas como para renunciar a usarlos y sacarles partido a la hora de construir resiliencia local (equivaldría a echarse al monte a comer bellotas abandonando los campos de cultivo). Yo lo veo como una aplicación posible de la permacultura social.

Eso no quita que considere fundamental abrirse a considerar que las instituciones locales no tienen por qué ser únicamente las vinculadas al Estado y que hay gente que propone, sobre todo desde ópticas próximas al anarquismo, la creación de institucionalidades paralelas de tipo ni privado ni estatal (no digo público porque es un término poco preciso, ambiguo) sino comunal y autogestionario como las que ya existen hoy día en Chiapas o el Kurdistán y que existieron durante siglos también en nuestro entorno hasta que fueron barridas por el éxito del Estado industrial basado en la energía fósil. Es decir, hablaríamos de una convivencia, una coexistencia —a ser posible coordinada, sinérgica— del municipalismo y del comunalismo o ecocomunitarismo. Esto tiene mucho que ver con el concepto de copoder.

¿No corremos el riesgo de que esas nuevas formaciones políticas y gobiernos municipales desactiven a los movimientos sociales?

Sí, por supuesto. Ese riesgo está siempre ahí y en la llamada transición española pudimos comprobar lo real que es, de hecho, aún estamos sufriendo las consecuencias de aquella desactivación efectuada conscientemente por determinados partidos supuestamente de izquierda. La clave está en que los movimientos estén vacunados y teniendo el colapso muy en mente, asuman que la vía institucional o estatal no nos va a salvar, y que por tanto sería trágicamente estúpido dejarse cooptar para ceder el protagonismo a un Estado muy debilitado, casi moribundo. Es decir: hay dos factores que deberían servir de barrera para esa desactivación: por un lado, la experiencia histórica de los años 80; por otro lado, saber que el Estado va a reducir muchísimo su potencial como mecanismo para satisfacer o resolver los problemas y necesidades sociales.

Al mismo tiempo, los movimientos sociales deberían rechazar y denunciar el discurso hueco del participacionismo y reclamar una auténtica soberanía. Esto es, deberían mantenerse firmes en reclamar que las formaciones políticas cedan el poder de decidir a la sociedad. Está muy de moda tras el 15M lo de convocar «asambleas abiertas» y ese tipo de discursos de una presunta «radicalidad democrática». Pero si una asamblea no tiene el poder de decidir realmente nada —pasando incluso por encima de la voluntad de los partidos o de los gobiernos municipales si fuese el caso—, al final su principal resultado consiste en desmovilizar y frustrar a la gente que tiene realmente ganas de implicarse para cambiar las cosas desde abajo. La asamblea tiene que ser deliberativa, horizontal (que todos sus participantes tengan igual poder) y decisoria; si no, es una pantomima. Sin devolver la soberanía al pueblo realmente, no habrá cambiado en el fondo nada y esas formaciones no serán más que aggiornamentos de la vieja política. En ese sentido no veo avances con respecto a modelos más veteranos pero más radicalmente democráticos, como el de Marinaleda. Necesitamos un «municipalismo comunero», como dice Joám Evans.

En resumen: comunidad empoderada (mediante la autogestión), democracia directa, asamblearismo decisorio y conciencia de que el Estado todopoderoso ya no volverá.

¿Cuáles son a tu entender los principales retos a los que se enfrentan los gobiernos municipales en el contexto de esta crisis?

El primero es conocer realmente la dimensión y las características de esta crisis múltiple. Asumirla en todas sus probables consecuencias, porque muy pocos lo hacen. Hablo de reconocer, tal y como reclama el manifiesto Última llamada[5] (que algunos de ellos firmaron), que lo que estamos comenzando a vivir es una crisis de civilización y que, según numerosos indicadores, apenas nos queda un lustro, es decir, apenas el tiempo que durará el mandato de estos gobiernos, para enderezar el rumbo y evitar un colapso trágico. Yo suelo insistir en que las personas que han entrado a gobernar nuestros municipios este año tienen una responsabilidad histórica, aunque creo que no acaban de asumirlo. Si lo asumiesen estarían ya renegando públicamente del crecimiento económico como un mito suicida, estarían preparando planes de emergencia para una reconstrucción urgente de la resiliencia local a todos los niveles… Da igual que usen las palabras tabú decrecimiento, transición pospetróleo o no, pero tendrían que estar ya manos a la obra priorizando esta cuestión, por supuesto sin abandonar las cuestiones más de corto plazo. ¿Es que no comprenden que sin mirar más allá del día a día, estamos perdidos? El cortoplacismo político, económico y social, es una tara que tiene nuestro sistema que amenaza con destruirnos como especie.

Por tanto, el segundo reto sería, una vez se lograse esa conciencia plena de los responsables políticos acerca de la situación de colapso en la que hemos entrado sin remedio (es decir, olvidarnos de una sostenibilidad ya imposible, como dice Dennis Meadows), practicar políticas coherentes con esa consciencia del colapso civilizatorio, buscando construir resiliencia. También en paralelo, contribuir a concienciar a la población, para así retroalimentarse de esa comprensión social del panorama que tenemos por delante (algo como lo que hicieron los shogun del siglo XVII en un Japón enfrentado a la deforestación y la sobrepoblación, que usaron una estrategia para la concienciación social basada en los valores confucionistas de la autolimitación para así sostener culturalmente sus drásticas medidas de gestión medioambiental y de recursos). En la medida en que ayuden a la gente a comprender los radicales y urgentes cambios necesarios, se estarán ayudando a sí mismos a aplicarlos con éxito.

¿Cómo podemos incorporar a la agenda política estrategias y medidas que se enfrenten a esta crisis sistémica y global, para que estén a la altura de la gravedad y la urgencia de los impactos de la crisis energética, el cambio climático o el derrumbe del sistema económico-financiero?

Nosotros no «podemos» incorporarlas, porque dicha agenda no está en nuestras manos. En cualquier caso existirían en mi opinión dos vías principales de hacerlo posible: la primera y más efectiva sería precisamente trasformar el sistema político introduciendo la democracia directa, de manera que se abriera el camino para que este tipo de propuestas pudieran ser debatidas, decididas y puestas en marcha por la propia gente. Y entonces sí que nos encargaríamos la gente común de incorporar esas cuestiones a la agenda, aunque tendríamos que trabajar muchísimo la cuestión de hacer pedagogía del colapso para hacerlo posible, claro está. Esto puede funcionar especialmente a nivel local (ayuntamientos, etc.). Es la propuesta de la Vía de la Simplicidad, de Ted Trainer, por ejemplo, o del Partido da Terra, aquí en Galicia.

La otra, más convencional, sería lograr introducir esa cuestión en los programas políticos de ciertas formaciones, quizás mediante lo que he denominado «estrategias hipócritas» en mi libro A esquerda ante o colapso da civilización industrial. Hay quien vería esto como más fácil, sobre todo para ámbitos más extensos como el regional o el estatal, siguiendo las teorías de Jared Diamond, quien dice que las estrategias de abajo arriba funcionan mejor en escalas pequeñas y las top down mejor para entidades estatales, centralizadas, al cargo de territorios extensos y grandes poblaciones. Según esta estrategia, si se concentran los esfuerzos en convencer a una élite política más o menos abierta al cambio y a los valores de la emancipación (por ejemplo, haciéndoles pasar de la socialdemocracia al ecosocialismo), para que comprendan y consideren que hay que actuar con urgencia en el plano de la resiliencia, eso permitiría poner en marcha más rápidamente ciertas medidas que si hubiese que trasformar toda la cultura y los valores de millones de personas. Y esas medidas pueden explicarse más abiertamente o ser más disimuladas, pueden llevarse en el programa electoral o no… conformando el abanico de subestrategias de las que hablo en mi libro.

Pero no es tan fácil optar por una sola de estas dos estrategias principales (desde arriba o desde abajo), porque para que unas medidas desde arriba contasen con apoyo, habría que trabajar también la movilización y concienciación social desde abajo. Y para que las medidas que naciesen desde abajo no fuesen anuladas por medidas opuestas desde el poder estatal, habría que contar con gobiernos comprensivos, afines. Es lo que llamamos algunos estrategias mixtas o duales, y que creo que serán las más efectivas.

¿Crees que es sostenible el Estado de bienestar en el contexto de esta crisis sistémica y global? ¿Cuál debe ser el papel del Estado?

No me parece en absoluto sostenible el Estado de bienestar que hemos conocido en estas pasadas décadas. Los Estados de corte socialdemócrata en las últimas décadas son maquinarias descomunales que consumen grandes cantidades de energía, en buena medida fósil, es decir, no renovable. En otras palabras: es el petróleo lo que sostiene en último término nuestros hospitales, nuestros colegios, la policía, todos los servicios públicos y miles de puestos de trabajo del funcionariado… Tanto directa como indirectamente, claro, porque sin flujos siempre crecientes de energía fósil no hay crecimiento económico, y si no hay crecimiento no hay impuestos suficientes para mantener económicamente una estructura tan compleja como es un Estado industrializado moderno. Nuestra civilización ha llegado al punto de los rendimientos marginales decrecientes de la complejidad, que Joseph Tainter comprobó que había precedido históricamente al declive y colapso final de numerosas civilizaciones; es decir, cada vez necesitamos más y más recursos para sostener avances cada vez menores o incluso simplemente para mantener lo que hay.

Quizás sea posible otro Estado del bienestar, pero sería mejor llamarlo de otra forma, dentro de un muy necesario cambio cultural —de lenguaje en este caso—: un Estado del bienvivir o algo así…

El papel del Estado debe ser, idealmente, el de contribuir a la necesaria transición civilizatoria poniendo a su servicio todos sus recursos… ¡mientras los tenga! Y, desde luego, no derrocharlos en vías sin salida (como perseguir con medidas keynesianas la imposible vuelta al crecimiento económico) o directamente cediéndolos al expolio capitalista neoliberal. Eso es algo que solo podemos calificar de genocida a la vista de la situación de colapso en la que estamos entrando. Ese sería el objetivo de máximos. El de mínimos sería pedir que, por lo menos, no entorpeciera… que dejase hacer a la sociedad y a las organizaciones de base, y ahí volveríamos a lo de las estrategias mixtas arriba-abajo.


[1]  www.solidaridadandalucia.org

[2]  www.casdeiro.info

[3] www.15-15-15.org

[4] esquerda.colapso.info

[5]www.ultimallamada.org

 

 

 

Siria sin lxs Sirixs

Medios de Comunicación y falsas dicotomías

De madre gallega y padre sirio, Leila Nachawati Rego es una de las voces que logra aportar algo de luz sobre el conflicto sirio, del cual asegura que no ha venido de la nada y advierte, a quien hoy pretenda entenderlo, que le falta un contexto de cincuenta años. Es especialista en comunicación y derechos humanos en Oriente Medio y norte de África, y profesora de Comunicación en la Universidad Carlos III de Madrid.

ET: El discurso de parte de la izquierda en occidente parece haberse quedado anclado en el «no a la guerra de Irak». Olvidamos que el pueblo sirio también tiene voz y su historia no depende de las reacciones de occidente exclusivamente. ¿Cómo podemos hacernos una idea global del conflicto sin mirar solamente desde aquí?

LN: La población española, en general europea y buena parte de la población mundial está muy traumatizada por la guerra de Irak. Hay un justificado grito de «no en nuestro nombre» con el que cualquiera podemos empatizar. Además, la ocupación estadounidense de Irak destruyó el país y es, entre otras cosas, una de las responsables del surgimiento de Daesh. Es decir, los desastres que ha generado esa ocupación han sido incalculables, es normal que haya un trauma como sociedad que se acentúa porque se tomaron muchas decisiones sin el acuerdo de la ciudadanía.

Otra cuestión es que se instrumentalice ese «no a la guerra» por ciertos sectores que solo reaccionan cuando se trata de potencias occidentales. En la cuestión siria no hay solo implicados como Francia, Inglaterra o EE. UU. Yo entiendo que nos importe como occidentales qué tipo de intervenciones o injerencias se hacen en nuestro nombre, pero es muy iluso pensar o reaccionar como si la guerra hubiese empezado ahora, como si los bombardeos de Francia sobre Raqqa cambiasen algo, cuando la realidad es que ya ha habido cinco años de masacres, de un gobierno reprimiendo a su propia población. Lo que no es legítimo es condenar solo los ataques de ciertas potencias y hacer la vista gorda cuando se trata de otras, ahí es donde buena parte de la izquierda sigue en ese esquema de Guerra Fría. En vez de pensar que tanto EE. UU. como Rusia son potencias imperiales, igual que lo son Arabia Saudí e Irán, cada una con sus propios intereses que no son los del pueblo sirio, se establecen estas dicotomías de si no estás conmigo estás contra mí. Una no tiene que elegir entre un imperio y otro, sino que debe posicionarse con la población. Qué ocurre, que no sabemos quién es esa población, no escuchamos a la población siria, nos quedamos atrapadas en esa dicotomía geoestratégica.

ET: Actualmente, en ciudades sirias como Raqqa, la comunicación con la población civil es casi imposible. Toda la zona está aislada y no hay red de telefonía móvil desde hace casi dos años. Hace unos meses, Daesh prohibió los servidores de internet por satélite. ¿Cómo ha evolucionado en estos últimos años el periodismo ciudadano en Siria?

Es muy interesante el caso concreto de Raqqa porque fue una de las primeras zonas que se liberó del gobierno de Asad, una dictadura de 40 o 50 años que por desgracia solo lxs sirixs conocen hasta qué punto era un Estado del terror orwelliano. Fue una de las primeras zonas que consiguió independizarse del gobierno de Asad y durante unos meses se vivió un periodo de florecimiento cultural, intelectual y artístico. Las paredes se llenaron de grafitis, el periodismo ciudadano comenzó a contar lo que estaba ocurriendo dentro del país ya que los periodistas extranjeros cada vez tenían más difícil el acceso a Siria. Hubo una especie de experimentación con la autogestión, con el autogobierno, en esos meses en los que Raqqa se convirtió en un experimento de lo que podía ser la Siria libre, la Siria de la diversidad, pero sin Asad, sin dictadura. Entonces llego Daesh, se infiltró, quitó todas las banderas de colores y puso la bandera negra de Al Qaeda primero y la de ISIS después, fue una revolución secuestrada. Todo el hueco que iba dejando el régimen al irse y donde los activistas querían construir un modelo de autogestión de futura Siria lo fue ocupando ISIS. Se llevó a doce de esos periodistas ciudadanos que estaban contando lo que pasaba y en una ejecución sumaria los mató a todos, a las mujeres les prohibieron vestirse si no era con la cobertura completamente negra, no se puede cantar, no se puede ir a cibercafés a menos que estén muy controlados por ISIS, o sea, no se puede vivir. Ni siquiera se puede rezar porque, como decía un amigo mío, hasta la gente más conservadora y más religiosa ha tenido que volver a aprender a rezar según sus nuevos mandatos.

Cuando hablamos ahora de Raqqa como la capital o el feudo de ISIS a veces visibilizamos eso y nos olvidamos de que allí hay mucha gente secuestrada. Hay gente todavía que sigue arriesgando su vida para contar desde dentro cómo se vive bajo la ocupación. La ocupación del Daesh es la otra cara de la moneda de la ocupación del régimen. Uno es un fascismo de rostro laico y otro es un fascismo de rostro barbudo, ninguno permite que la población elija su propio destino.

ET: El miedo, el rechazo o el racismo están latentes en nuestra sociedad. La islamofobia se retroalimenta con la situación de muchos jóvenes occidentales que se unen a las filas de ISIS. ¿Qué estrategias sería conveniente adoptar para que esto no se propague tan fácilmente, para revertir los discursos del miedo?

Por un lado, contra ISIS es obvio que la estrategia tiene que incluir algún componente militar, tampoco vamos a ser ilusas y pensar que vamos a sentarlos en un congreso de paz a ver qué opinan; son psicópatas nihilistas que buscan la destrucción del otro, no te sientes a negociar nada con ellos. Pero es cierto que una solución solo militar tampoco sirve para nada. Se necesita una solución mucho más amplia a medio y largo plazo que pase por muchas cuestiones, algunas en origen, es decir que partan del lugar donde surgen los conflictos. ISIS surgió en Irak a partir de la ocupación estadounidense, es un hijo de esa ocupación y es un hijo de la impunidad desatada por Asad en Siria. Solo construyendo gobiernos fuertes y democráticos se encontrará una solución. Esto no es buenista, es realista; solo creando una estabilidad en estos gobiernos dejará de existir esa impunidad que hace que la gente se lance en los brazos de ISIS porque no les dan ninguna otra alternativa. Pero si hay un proceso transicional con el que de alguna manera salgamos de esta fase de masacres diarias contra la población civil, pues ya estaremos en otra fase de la que será más fácil salir del horror.

Es obvio que no vamos a erradicar una ideología que se alimenta del odio, de la discriminación, de la marginalidad y de la impunidad bombardeando casetos semiderruidos en Siria cuando ya los tenemos aquí.

ET: Te consideras activista digital. ¿De qué manera las nuevas tecnologías de la información se pueden transformar en herramientas útiles para comenzar a contar de forma diferente?

Yo creo que escuchando. Internet permite mucha más escucha de la que teníamos hasta hace unos años, cuando necesitábamos intermediarios. Ahora mismo si quieres saber lo que está pasando en Siria y oír a su gente tienes la oportunidad, hace 20 años era imposible. Aun así, es importante tener criterio y formación. Se lo digo a mis alumnos y alumnas de Comunicación, que hagan sus propias redes de confianza. Creo que la labor de lxs periodistas debe ser cada vez más la de curación de contenidos, debemos saber verificar todo ese magma de contenidos que hay en el océano de internet y conocer las herramientas para ello. Hoy en día, hay periódicos que publican fotos que no pertenecen a los contextos de la noticia y ni siquiera conocen las herramientas para verificarlas. También es muy importante que haya gente que sepa subtitular, traducir, que tenga contacto en distintas zonas para que puedan contrastar la información. El trabajo de desgranar los contenidos es muy importante porque las que están dentro del conflicto nos facilitan mucha información y el hecho de que nosotras no sepamos o podamos verificarla no puede implicar que se ignore. Toda esa gente que hace de puente, que entiende las claves de la región, que se interesa y se hace experta, será cada vez más necesaria y más útil porque hay demasiada información, estamos intoxicadas y hace falta ponerla en contexto.

ET: Se preguntaba Andy Carvin si la línea entre mostrar o no imágenes gráficas, entre dar o no visibilidad a crímenes que merecen no caer en el olvido, existe todavía. ¿Sigue significando algo esa línea?

Se produce una cosa muy preocupante que es la comoditización de la violencia, que es que tú estás viendo una foto de un plato de espaguetis que ha compartido tu hermana y al día siguiente o en el mismo timeline ves a un niño descabezado. Creo que eso nos está acostumbrando a normalizar algo que no es normal, a consumir imágenes altamente terribles que yo nunca compartiría si no es con muchísimo contexto, con trasfondo y al final de un análisis.

ET: Los medios generalistas presentan a las personas refugiadas como gente sin historia, sin pasado, sin voz y sin espíritu de lucha, la noticia está hecha más a nuestra medida. ¿Por qué crees que ocurre esto?

Cuando un fenómeno se repite demasiadas veces, se normaliza. Por ejemplo, nos llamó mucho la atención el niño Aylan ahogado en la orilla, pero es que a mí todos los días me llegan imágenes de niños y niñas naufragados. Se ha convertido en algo normalizado y ya no nos escandaliza. Estamos en una sociedad en la que la información es un producto, entonces se agota y queremos otra cosa. Yo recuerdo que con las revoluciones árabes queríamos otra y otra y después a nadie le interesa qué pasó con Libia, qué pasó con Yemen, no hay un seguimiento, interesa la inmediatez.

Yo apelo sobre todo a la cuestión de que lxs refugiadxs no son solo víctimas, son sujetos políticos también. Tendemos a privarlxs de agencia, hablamos de ellxs en tercera persona como si no estuvieran ya aquí y no formasen parte de nuestra realidad sociopolítica, como si no fuesen voces. Por ejemplo, todavía seguimos diciendo que huyen de ISIS cuando el 90% huyen de las bombas de barril de Asad.

¿Cómo es que tenemos refugiadxs llegando a diario a Europa y todavía no hemos escuchado en los medios generalistas que están huyendo de Asad, con quien todavía estamos estableciendo dialogo político? ¿Qué está fallando? Pues que los observamos desde la condescendencia como víctimas pasivas, en el mejor de los casos con compasión, en el peor, con rechazo, pero nunca de tú a tú como sujetos políticos.

ET: Una de las cosas más preocupantes en Siria son las miles de detenciones y desapariciones forzosas de periodistas, activistas y defensorxs de los derechos humanos. En el contexto actual, con el país destruido, hay quien se pregunta si tiene sentido seguir hablando de libertad de expresión.

Sí, pero lo es, lo es. La libertad de expresión es la madre de todas las libertades. Si no tienes eso, no tienes nada, no estás viva. Hay que honrar eso porque fue por lo que los sirios y las sirias salieron a las calles. Es decir, en Siria se podía vivir bien si no te metías en nada, como decían aquí con Franco. Hay gente que aun describe esa época con placidez y también hay gente que ahora mismo tiene nostalgia de esos tiempos tranquilos en Siria. Incluso yo a veces pienso, ojalá no hubiera pasado porque por lo menos mi país estaba entero y ahora no existe. Pero es que en realidad es imposible volver atrás cuando las personas rompen el muro de la represión y la censura, querían expresarse, querían hablar. Existía un terror tan tremendo que es que hasta tus propios pensamientos eran controlados. Yo recuerdo una amiga que me contaba que se había despertado de un sueño con sudores fríos porque había soñado cosas que no podía pensar y temía que supieran lo que había soñado, es decir, si esto no es 1984 es que no es nada.

Uno de mis mejores amigos se llama Bassel Jartabil, es desarrollador de software, estuvo detenido en una cárcel de Asad y desde hace 4 meses no sabemos nada de él. Hay riesgo de que lo hayan ejecutado, de que lo vayan a ejecutar, no sabemos nada de él. Y es uno de los líderes de la cultura libre en internet en la región del mundo árabe. Es el líder de Creative Commons Siria y estaba trabajando, antes de que se lo llevaran, en unas maquetas de la ciudad de Palmira, un lugar que ISIS está destruyendo por completo. Hacía fotografías para construir unas maquetas 3D para que no se perdiese la memoria de lo que era Palmira, para que si en algún momento se realiza una reconstrucción de Palmira, cada esquina de ese lugar maravilloso estuviera documentada. Ese trabajo que estaba haciendo Bassel es tan importante que te demuestra hasta qué punto tanto para Asad como para Daesh el enemigo es ese, entre ellos son la némesis, se complementan, se retroalimentan, porque uno justifica al otro. Asad existe porque, si no, está el caos de ISIS; ISIS existe porque es la alternativa a Asad. Lo que ninguno de los dos soporta y lo que los dos intentan destruir son a las librepensadoras, a las personas que quieren otra cosa, a la gente que quiere una democracia y que defiende la libertad de expresión, y contra ellas carga. Gente como mi amigo Bassel, por quien mantenemos una campaña que se llama freebassel.org, demuestran hasta qué punto se están intentando cargar unos y otros lo que queda de un posible futuro de Siria, para que cuando haya que sentarse a negociar un gobierno transicional no haya nada más que Asad e ISIS con lo que trabajar.

20 y 21 entrevista - Paula Alvarez 2

Juan Sebastián Bollaín:

ilusiones utópicas en la Sevilla posible

Arquitecto y cineasta, Juan Sebastián Bollaín (Madrid, 1945) ha desarrollado desde Andalucía una carrera heterodoxa, discontinua y sorprendente que comenzó en 1978 con La Alameda, un documental ya mítico en la propia representación de la ciudad de Sevilla y de su subsuelo cultural menos tópico. Aunque luego ha cultivado también el largometraje, son sus primeras obras, de metraje más corto, las que mejor valoración y mayor trascendencia han tenido, convirtiéndose en testimonios fundamentales de la Sevilla underground. Sus seis películas primeras, restauradas por la Filmoteca de Andalucía, se proyectaron en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, como parte de un merecido homenaje. Pueden conectarse tanto con el cine apropiacionista y guerrillero en el que derivó la línea más transgresora de la Nouvelle Vague en el entorno de Mayo del 68 como con cierta poética autorreferencial de las vanguardias europeas de principios del XX. Lo sorprendente es que Bollaín llega a esa confluencia sin prejuicios teóricos, solo por su vocación libertaria y autodidacta, y gracias a su deseo de transformar cada encargo de prospección urbanística en un artefacto audiovisual que cuestione y movilice.

El Topo (ET): Usted cuenta que, como espectador, llegó antes a las películas de Godard que al cine de Hollywood, a la deconstrucción del relato clásico antes que al relato clásico en sí. ¿Le ha definido eso como creador?

Juan Sebastián Bollaín (JSB): Pasé mi infancia en un pueblo sin cine, pero con 13 o 14 años, mi padre me regaló una cámara de 8 mm y luego, ya en Sevilla, me aficioné a ir a los cineclubes. Me hice fan de Godard, de Rohmer, de Truffaut… Es difícil valorar si todo eso me influyó, uno no tiene la suficiente distancia. Lo que sí es verdad es que tengo una visión bastante desprejuiciada. A menudo los principiantes siguen un sendero teórico que es molesto, es una rémora, pero yo estaba liberado de eso. Iba descubriendo el cine después de haber rodado muchas películas caseras y eso me hacía desconfiar de todo lo que me contaban. Iba «inventando» el cine, probando soluciones para cada problema que se me presentaba. Ese fue mi acceso al cine: rodar sin tener ni idea.

ET: En cualquier caso, hay muchas coincidencias en sus películas con las propuestas de los Nuevos Cines. Por ejemplo, una voluntad casi pedagógica de mostrar los medios, así como un gusto por las técnicas artesanales y los formatos amateur (Super-8, especialmente), tan vinculados a cierto cine de guerrilla o de vanguardia.

JSB: Por aquella época en la que empecé a hacer cine, era rompedor que aparecieran en la pantalla las cámaras, los elementos del rodaje. Y me sumé porque me gustaba pero también porque siempre me ha obsesionado la libertad. Cada vez que hago algo, me pregunto: ¿cómo puedo ser más libre?, ¿cómo podría decir esto de una manera más libre? Si se hace en el momento adecuado, mostrar los trucos es una poderosa llamada de atención al espectador, te permite mirar con otros ojos lo que estás viendo y dejar claro que es una manipulación. Con respecto a los formatos, es lo que teníamos y lo aprovechábamos. Lo digital no existía. Todo lo hacíamos a lo bestia: transparencias, trucos primitivos…

ET: Otra ruptura constante en sus películas, y especialmente en su tetralogía «Soñar con Sevilla», es la de las relaciones convencionales entre banda sonora e imagen.

JSB: Me gusta mucho trabajar el contraste para quitar o añadir significados y la relación entre imagen y sonido ofrece esa oportunidad. Si no eres demasiado racional, si dejas que colabore un poco el azar en eso, una secuencia a lo mejor dice mil cosas más que si le incorporas el sonido esperado.

ET: En Sevilla en tres niveles, en concreto, también integra otra ruptura lógica, jugando con el tiempo como una dimensión más casi espacial.

JSB: Es muy loca esa película [risas], no solo se juega con el espacio y con el tiempo, sino también con las propiedades físicas de la materia, haciendo que los edificios griten o canten flamenco. Es una vez más el resultado de la pregunta: ¿cómo puedo ser más libre?

ET: Toda esa búsqueda de sugerencias a partir de relaciones insólitas forma parte de una actitud más amplia, en la que sospecho que coincide con otros creadores: la idea de que cualquier transgresión no puede abordarse solo desde el plano del contenido, de la historia, por entendernos, sino que es imprescindible transgredir también desde la forma.

JSB: Claro, por muy revolucionaria que sea una historia, si está contada de manera anquilosada, aquello no va. Es más, en el cine a veces se pretende que sea la razón lo que domine; y en el cine la razón cuenta, porque hay palabras y hay logos, hay lógica, pero por encima de todo eso cuenta el golpetazo no racional, intuitivo, de lo que te llega desde la pantalla.

ET: ¿Cuánto hay de hallazgo y cuánto de preparación en una película como La Alameda?

JSB: Parece casi el resultado de una escritura automática, nadie advierte todo lo que hay detrás. Hay espontaneidad incluida en el proceso, claro, pero detrás hay una cantidad enorme de horas de trabajo y de cuidado del estilo. Tengo cuadernos y cuadernos de entrevistas y de notas escritas para esa película. En general, todas mis películas están muy trabajadas. Y me gusta que haya una mezcla: por un lado un camino pactado, una escritura cerrada, y por otro un dejarme hacer, una actitud zen, buscarle acomodo a lo que venga. Creo que eso da una gran riqueza.

ET: ¿Siente que la etiqueta «documental» ha limitado o ha mejorado la recepción de su obra?

JSB: Es que no la he tenido nunca muy en cuenta. He trabajado a menudo por encargo de alguna institución, pero he procurado forzar lo encargado incluyendo la ficción. Siempre mido hasta donde puedo llegar, aunque a veces me llevo chascos, traspaso ciertos límites y eso crea muchos problemas. Que mi trabajo se defina como documental o ficción no me interesa. Depende. Se mezclan en una misma película, son instrumentos eficaces, cada uno a su manera, para hacerte llegar a algo. Me gusta moverme entre los dos sin prejuicios. Y el falso documental, con el que cada vez se atreve más gente, me parece que tiene una potencia fantástica si se hace bien.

ET: Esos encargos le han venido casi siempre por su otra dedicación principal, la arquitectura. Sus películas tienen, entre otros, el valor de concebir el cine como una herramienta portentosa para pensar el espacio público, la idea de ciudad que tenemos y la que podemos tener.

JSB: Hay muchas visiones y muchos ciclos de cine y arquitectura. Y cineastas como Antonioni o como mi admirado Orson Welles en cuya obra la arquitectura tiene un papel importante. Pero no es frecuente que se use el cine para motivar una reflexión sobre hechos sociológicos o políticos ligados a un contexto urbanístico concreto. Al menos yo no conozco muchos ejemplos. Los arquitectos son muy dados a soltar tratados, pero a mí me da rabia ser pedante hablando de urbanismo. Tener que hablar razonable y pedantemente sobre las cosas me hastía, me causa rechazo. Por eso me gusta hacer películas para hablar de esos temas.

ET: Sus comienzos en el cine coinciden con una efervescencia contracultural en Sevilla que se ha llegado a identificar como una «movida» sevillana, más salvaje, menos controlada desde la oficialidad que la famosa movida madrileña. ¿Se sentía parte de eso?

JSB: No había mucha conexión entre los distintos artistas, al menos en mi percepción. Yo he tenido amigos concretos que se dedicaban a la música, como Gualberto, por ejemplo, o al teatro o a la pintura; pero no siento haber formado parte de un movimiento colectivo. Vivía mi movida personal, como creador de cine, con los cuatro gatos que éramos, y esa relación a veces era turbulenta, intensísima, pero con personas concretas, como Fernando Ruiz Vergara [director de Rocío (1980) documental emblemático de la contracultura andaluza]. Hacer cine era muy complicado, claro, pero tampoco lo cargábamos con una trascendencia histórica, no nos sentíamos pioneros, todo eso se valora con posterioridad.

ET: Nunca ha militado, pero ¿considera que su cine es político?

JSB: Yo creo que sí, que a la larga lo es, porque irrumpe en la sociedad desde un ángulo que permite un movimiento y una crítica. Y que a lo mejor ayuda a los que sí son militantes, fuerza una mirada.

ET: Lo que más me asombra es su intención de dejar constancia en las mismas películas de esa potencialidad del cine para expandir el imaginario colectivo, para desbaratarlo, para liberarlo. En un momento de Sevilla rota, la narradora francesa que pone voz a su posible alter ego explica que no le interesa la coherencia sino «experimentar con la posibilidad que tiene el cine de mostrarnos cosas mágicas».

JSB: Todavía cuando rodé casi un cuarto de siglo después Sevilla 2030 (2003), cierta prensa me masacró por escenas como una en la que mostrábamos una piscina olímpica en la catedral de Sevilla. ¿Quién puede creer que yo, como arquitecto, recomiende que se haga eso? No sabían ver que son metáforas, explosiones mentales para invitarnos a imaginar otra ciudad. El objetivo está claro, la famosa frase de André Breton que a mí me gusta recordar: «La utopía es más eficaz que el pragmatismo». Intento provocar. Trato de que el espectador se incomode. Que se incomode y se entusiasme o se deprima, pero que luego se mueva. A la larga, lo que hace que el mundo se mueva es una visión ilusionante de las cosas. Y eso es la utopía.

Nota 1

Esta entrevista ha sido publicada originalmente en el catálogo de la XII edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, celebrado en noviembre de 2015.

Nota 2

La mayor parte de la obra audiovisual de Juan Sebastián Bollaín (incluidas sus primeras películas, a las que se hace referencia en este texto) está disponible para su visión libre en Internet, recogida en la Plataforma de Difusión e Investigación Audivisual Plat.tv (www.plat.tv).

La ciudad abollainada

«La ciudad abollainada» fue el sugerente título de una de las actividades paralelas del homenaje a Juan Sebastián Bollaín llevado a cabo por el Festival de Cine Europeo de Sevilla en su última edición. El acto consistió en un recorrido por determinados lugares de Sevilla a bordo de un autobús de Tussam organizado por La Matraka y guiado por el actor Alex Peña, cuyo eje giró en torno a «los usos que la ciudadanía hace o haría imaginariamente de su ciudad». A lo largo de la ruta, se proyectaban imágenes de películas de Bollaín presentadas por Peña, a la vez que se disfrutaba en cada parada de escenas ideadas por el maestro de ceremonias al estilo de las propuestas del propio director. El indio de Kansas City con el cartel de «se traspasa», una pareja practicando sexo delante de un Polvillo del Polígono de San Pablo o un par de nazarenos jugando al golf en la Avenida de Andalucía, se unían así en la memoria de lxs participantes a aquellas otras imágenes propuestas por Bollaín en su cine, como la piscina olímpica instalada en la Catedral, una academia de kárate en Santa Marina o el Alcázar en alquiler.

Durante una hora, un público entregado que llenó el autobús, se imaginó una ciudad intervenida (Alex Peña sabe mucho de Intervenciones), se divirtió con un guía brillante y participó en el homenaje a un director atípico y comprometido que acabó cantando y bailando con el resto de pasajerxs Están clavadas dos cruces como colofón final. 

Bollain 07- por Carmen Gallego

La desjerarquización de internet trae consigo otras formas de censura

Remedios Zafra es escritora y profesora de Arte, Estudios de Género y Cultura Digital en la Universidad de Sevilla. Su obra está centrada en el estudio crítico de la cultura contemporánea, el feminismo y los estudios sobre identidad en las redes.

El Topo. En Ojos y Capital planteas la doble vertiente del mundo red en el que vivimos. Internet es a la vez un espejo del capital y un instrumento de resistencia. Evidentemente, las tecnologías están capacitando la autoorganización de muchos movimientos, la descentralización, los nodos distribuidos pero también el activismo de salón, explosiones de solidaridad marcada por la agenda (como los refugiados sirios) o cierta volatilidad en los compromisos.  Sin olvidar que, salvo grupos reducidos, nos estamos organizando a través de redes que son propiedad de empresas con intereses comerciales (la “herramienta del amo” como diría Audre Lorde) ¿Es posible subvertir ese uso?

Remedios Zafra: Creo que en todo uso de la tecnología hay implícita una elección entre formas que domestican y formas que emancipan, es decir, que la tecnología nos permite repetir mundos y crear nuevos. Pero las elecciones no siempre son expresas ni están tan claramente polarizadas, normalmente la vida cotidiana transcurre en la infinidad de gradientes que hay entre esa doble vertiente a la que apuntas y que aparecen en el libro: Internet como espejo del capital pero también como instrumento de resistencia.

Intervenir en esos mundos es posible en tanto son artificiales y convenidos, pero para favorecer una intervención consciente de las personas hay que crear condiciones de libertad e igualdad, es decir condiciones que nos permitan visibilizar lo que se nos ha vuelto invisible, frenar las inercias de época y posicionarnos. Y aquí la dificultad.

El poder hegemónico (y el capital como clara manifestación de ese poder contemporáneo) siempre tiende a domesticar y conservar mundos como forma que garantice mantenerse como poder. A mí me preocupa que los mecanismos de los que disponemos para “subvertir el uso” de la red como herramienta para la emancipación, están cada vez más delegados en el capital y en la industria digital controlada por unas pocas empresas. Y me preocupa especialmente porque son momentos en los que se está rebajando el papel del pensamiento y la educación.

Me llama la antención que pudiendo ser usada de muchas maneras, las tendencias de la época (especialmente, la celeridad y el exceso) y de la máquina (su biopolítica) refuercen formas de hacer que favorecen la actuación rápida e irreflexiva de unirnos impulsivamente en masas online para al poco olvidarnos. Esa volatilidad en los compromisos a la que te refieres creo que es característica de la vida en red, donde todo se nos muestra con una vigencia cada vez más efímera, como una vida en presente continuo que cada día renueva los temas sobre los que posicionarse. Un posicionamiento que pocas veces implica algo pensativo sino algo intuitivo y automático, a modo de click o simple “me gusta”.

El sujeto desarticulado de tiempo y de lo social, pasa rápido por las cosas, cohesionándose con los otros en vínculos más ligeros. Cierto que los números que nos unen en muchas causas solidarias y sociales son fascinantes (millones de seguidores, de firmas, de apoyos…) pero millones de personas habitualmente solas detrás de sus dispositivos electrónicos, a los que cada posicionamiento no obliga demasiado y que si acaso, “comparecen”, pero no sienten estar “vinculados” entre sí.

De hecho la hipótesis que sugiero en mi libro “Ojos y capital” apunta a cómo en la contemporánea primacía del ver a través de las pantallas, la experiencia se sostiene cada vez más en lógicas que disuelven viejas formas de colectividad y que condicionan cuantitativamente los nuevos regímenes de valor y reconocimiento del otro, a través del control de la visualidad y la exigencia de velocidad. Lo que considero es que, entregados al exceso del habitar en red, hoy el sistema se pervierte poniendo en juego dos ganancias sustanciales: el poder sobre la gestión tecnológica de la visibilidad como garantía de existencia y valor (que organiza solidaridad y agendas), y la auto-implicación en lo que entregamos en las redes de manera más o menos consciente para nuestra propia dominación. Como contrapartida, creo que nos movilizaría el conocimiento y la conciencia, querer cambiarlo. Muchas personas queremos creer en la capacidad subversiva frente a este poder silencioso, de hecho no imaginamos un futuro tecnológico que no vaya unido a una renovación ética.

E.T: Una de las cosas que, en principio, habría posibilitado Internet es al acceso a un conocimiento desjerarquizado. Sin embargo, el dominio de las grandes empresas a la hora de filtrar la sobredosis de información está, en cierto modo, imponiendo su lógica del capital. En este contexto, ¿los espacios digitales autogestionados pueden ser un verdadero foco de contrapoder?

R.Z: Pues, a mi pesar, debo decirte que tengo mis dudas sobre la eficacia de este contrapoder. Cuando Internet tenía más de erial y no estaba (tan) colonizado por el capital, la potencia de ese contrapoder era muy fuerte y visualizar nodos autónomos de diferencia era posible. Sin embargo en estas décadas hemos visto cómo muchos de estos espacios autogestionados han quedado aislados de “lo social”, apropiado por la industria a través de la normalización de las redes sociales. Creo que estas nuevas dinámicas obligan a sumar otras estrategias de contrapoder que no teman “infiltrarse” en las herramientas que hoy territorializan la red, para instrumentalizarlas, incluso subvertirlas, desde dentro.

Cierto que los espacios autogestionados son fundamentales como ejemplo de posibilidad y como ejercicio de libertad, pero no suficientes para cambiar mundo y lograr capacidad de contagio. La infiltración del “otro” allí donde queremos un cambio opera además como necesidad de “ser vistos” y tener voz en una red excesiva, entre otras cosas, por desjerarquizada y global. De hecho, creo que la desjerarquización que caracteriza a Internet y que puede ser metáfora de una forma descentralizadora y más democrática de conocimiento y convivencia, trae consigo nuevas formas de censura, justamente la que provoca la saturación de voces y el exceso de datos e información.

La hipervisibilidad de la época excede los ojos hasta imposibilitar su abordaje, su gestión. Y como consecuencia deriva en nuevas formas de exclusión. El exceso hace reclamar a gritos: “¡Qué alguien nos ayude a filtrar, a ordenar, a almacenar, a jerarquizar!” lo que, curiosamente, antes reclamábamos horizontal y desjerarquizado. Entonces la pregunta nos interpela (a nosotros y a la máquina) ¿quién decide el orden y la visibilidad en el exceso?, ¿qué significa un orden?, ¿qué poder detentan quienes ordenan y hacen ver y, en consecuencia, dan “existencia” a las cosas online (que parecieran ser cada vez más “las cosas del mundo”)?

Por otro lado, pienso que la transformación de la vida a través de la preeminencia del exceso en la imagen y mediante la tecnología, no debiera delegar este poder en las industrias de búsqueda y en quienes programan nuestro hábitat tecnológico como nuevo poder (¡oh, grandísimo dios Google!). Se trataría de conocer las condiciones del hábitat online, de advertir que delegar las decisiones en filtros de posicionamiento nos significa a favor del poder hegemónico que tiende a igualar ojos a capital. Y que esto no supone que debamos otorgar a lo visualmente masivo otro calificativo que “masivo” (en ojos, dedos, o visitas), sin presuponer conocimiento, atención o conciencia en dicho gesto. Sería como confundir oclocracia (gobierno de la muchedumbre) con democracia (a la que se presupone un posicionarse consciente).

Hoy se pone de manifiesto el espejismo de una cultura-red donde la máquina y sus dispositivos se han camuflado como neutrales, o se nos han hecho invisibles. Pero también los conflictos se apoyan en la parálisis derivada del exceso del ver sin descanso, sin parpadeo, en una sintomática crisis -o tal vez nuevo estatuto- de la atención. Un ver que -por la dimensión de lo que abarca y la potencia de las distintas aplicaciones tecnológicas disponibles- parece responder desorientado, como cuando a los niños se les rodea de juguetes y regalos y se bloquean, o se angustian, sin saber por dónde empezar; hasta que terminan por hacerse dóciles, siguiendo las indicaciones y flechas propios de un parque de atracciones.

E.T: Planteas también que “La inmersión en la red en Occidente se vive con la naturalidad de quien respira” provocando incluso una especie de cambio de paradigma. En la cultura-red duele más la falta de visibilidad que la falta de privacidad…Me parece una reflexión muy interesante ¿Nos la puedes explicar?

R.Z: Esta es una de las ideas que más me interesan de la cultura-red y que ya se esbozaba en mi libro anterior “Un cuarto propio conectado”. No es casual comenzar “Ojos y capital” con las palabras de Eco en las que sugiere: “actualmente, a medida que tantos luchamos con la manera de definirnos en el mundo moderno, existe una amenaza mayor que la pérdida de privacidad: la pérdida de visibilidad.”

Creo que advertir cómo muchas personas sienten que la “pérdida de privacidad” no es ya la amenaza, sino que lo es “la pérdida de visibilidad” habla efectivamente de un nuevo paradigma. Algunxs antropólogxs se refieren incluso a un cambio del sujeto, una suerte de post-humano cambiado por la tecnología y el mundo en red, capaz de desacralizar el valor cultural que hemos dado a “lo privado”. Lo inquietante, entre otras cosas, sería cómo opera y se gestiona este cambio, pues pareciera que la industria y sus “nubes” digitales (actuales y por venir) están ya preparadas para acoger sin disensión nuestros archivos de vida (donde se diluye la diferenciación pública y privada). Y me pregunto sobre el valor de lo que donamos y nuestra conciencia sobre ello, sobre a quién estamos donándolo y qué supone.

Ser vistos no es ya una posibilidad en el mundo conectado, ser vistos es una exigencia, una característica a la que los humanos deberán habituarse en el futuro cercano. De hecho, el cambio ya está operando y tanto una primera mirada de cerca a los amigos conectados, como una mirada de lejos a los números que nos incluyen en “los muchos”, nos devolvería como respuesta que no buscamos escondernos, que ya no importa de la misma manera la privacidad. Muy al contrario, lo perseguido cada vez más apunta a la “hipervisibilidad”. Para nadie que habite la red, la privacidad es lo que era hace años. Hoy todo (lo bueno y malo que decimos/hacemos) se olvida a un ritmo trepidante, eclipsado por el ahora, delegamos la memoria en la máquina y sabemos que “algo quedará archivado”. Aquel concepto occidental de privacidad mantenido no sólo desde un prisma moral, sino desde un prisma ante todo material y político está cambiando y esto es importante. No sin motivo la regulación política de los espacios y de su visibilidad ha permitido por mucho tiempo delimitar una frontera de ceguera para los ojos ajenos. Curiosamente, ahora es sobre todo esa intimidad de lo privado lo que retransmitimos desde nuestras habitaciones conectadas, a las que demandamos “más de nosotros mismos”. Las redes son altavoces de la privacidad de sus usuarixs. Es más, no es tanto lo profesional y público sino lo privado, lo afectivo, lo íntimo, lo más visibilizado y valorado por quienes miran.

Sin duda, puede que algunas generaciones pre-Internet sigan (sigamos) valorando el valor de la privacidad en la vida off/online, la importancia de “autogestionarla” pero tengo la impresión de que compartir vida privada se ha normalizado en la red con una naturalidad que nos hará dejar de verla como algo a esconder. Lo que está en juego es cómo se gestiona este cambio beneficiando a las personas y no a “unos pocos” que lo rentabilizan. Cierto que esta normalización apunta a una desidealización de lo que durante siglos hemos protegido tras los muros del hogar y de la habitación propia, pero trae consigo numerosas lecturas críticas sobre las que debiéramos profundizar. Lecturas sobre si el poder de visión de lo privado nos hace más o menos vulnerables, sobre la política que supone visibilizar para quienes han estado recluidxs en el hogar, y muy especialmente, sobre las formas en que estos “yoes” digitalizados son usados no sólo como usuarixs sino como “productos” de quienes aquí detentan el poder (empresas y capital). Igual debiéramos incluir en esta entrevista unos renglones en blanco para que cada lector/a piense en ello…

E.T.: El manifiesto hacker decía que en la red  “nosotros existimos sin color, sin nacionalidad, sin prejuicios religiosos” pero no parece que tuviera en cuenta el feminismo, al que tampoco se hace alusión en ninguna de las Declaraciones de derechos del Ciberespacio. ¿Ha conseguido el ciberfeminismo en estos 30 años ‘feminizar’ las redes?

R.Z.: No, no lo ha conseguido, pero está en ello y no debiéramos perder la esperanza. Los cambios hacia la igualdad son cambios lentos pero debieran serlo asentados, sin pasos atrás. Mirar al pasado nos hace observar la sorprendente actualidad de los logros conseguidos, lo reciente y por tanto la fragilidad de una igualdad muy joven, apenas de años, que muchas personas consideran fijada e incuestionable, cuando constantemente está puesta en juego.

Para mí el feminismo (y el ciberfeminismo) no pueden ser tendencia ni moda, sino posicionamiento en la vida y por tanto ejercidos como una carrera de fondo, como una mirada que interpela al mundo sobre las muchas desigualdades que estructuran (invisibles) la vida y la tecnología.

Apuntas a manifiestos y declaraciones que se han utilizado como referencia de contrapoder en Internet y creo que enfocas una llamativa zona de sombra, que el mundo hacker y el del ciberespacio han sido (siguen siendo) mundos tremedanmente masculinizados; mundos que no han dudado igualarse a lo social cuando la ausencia de las mujeres es clamorosa. Y esto causa herida, dolor, desigualdad, porque no debe pasarnos desapercibido la parcialidad de aquellos territorios en los que la homogeneidad reina, donde todos se parecen demasiado. A mí me parece sospechoso y me punza que el mundo hacker como el de la producción tecnológica venga protagonizado y representado por hombres jóvenes de determinadas partes (localizadas) del mundo. Creo que debemos facilitar que la filosofía hacker sea plural y diversa, crear las condicioens para que las mujeres produzcan y puedan subvertir mundos tecnológicos, para que todos aquellos “otros” a los que apuntan los manifiestos también.

Es curioso cómo a medida que la red avanza, las mujeres pasan a ser cada vez más usuarias y prosumidores de Internet (antes fueron tecleadoras, maquiladoras, mediadoras de tecnología…), pero las mujeres siguen sin estar de manera normalizada en los territorios de la “produccion e ideación” tecnológica ni en los del activismo técnico; tampoco en muchos de los que generan valor y archivo de futuro, como Wikipedia, donde los últimos datos hablaban de menos de un 13 % de editoras. Que esto ocurra no se simplifica en una mera respuesta de “no están porque no quieren”. A poco que buceemos en las estructuras de formación, pero también de afición y ocio, que animan y condicionan nuestros mundos y expectativas veremos propuestas totalmente sesgadas en función del género, condicionantes, explícitos y sutiles, pero siempre “reiterados” que animan a hombres y a mujeres a una apropiación de los “tiempos” muy distinta, a vidas de producción o consumo, de trabajo público o de dedicación a cuidados (privada), cuya dicotomía y desigualdad son tan perversas que causan escalofríos.

Enfrentar esas repeticiones es algo que pretende el feminismo, bajo la sensación de que lo que induce a tolerar el poder invisible de la tecnología en la apropiación y gestión de tiempos de nuestra vida cotidiana, no es que actúe como potencia que niega, que dice “no” a que una mujer sea (por ejemplo) hacker, sino como potencia que atraviesa las cosas, que produce imaginario, que produce saber, que suscita placeres. Y no están en el poder los saberes de quienes (como las mujeres) han sido tradicionalmente descalificados.

E.T.: Pensábamos que Internet, al ser un espacio horizontal y anónimo, permitiría más libertad a las mujeres pero no ha sido así. La creadora de videojuegos trans Rachel Bryk se suicidó tras el acoso que sufrió; la socióloga Anita Sarkeesian que denuncia el machismo en los videojuegos ha sido acosada y amenazada… los casos de feministas hostigadas en Internet son múltiples. ¿Se agudizan los mecanismos de opresión en las redes?

R.Z: A mi modo de ver, el género habla de la mayor y más global de las desigualdades y formas de opresión, sobre la que se construye el resto. Y esta desigualdad está hilada fuertemente a muchas personas que ni siquieran se cuestionan sobre ella. En un momento en que la red es un altavoz del mundo, el mundo se nos está mostrando violento y desigual. De hecho, creo que el machismo y la violencia (inmaterial, pero igualmente potente, y tanto simbólica como explícita) es muy evidente en un medio como Internet. Lo es no sólo porque en tanto las voces aumentan en la red, “todo aumenta”, todo se registra y se visibiliza en Internet, sino como muestra de lo poquísimamente asentada que está todavía la igualdad.

El patriarcado (por el que se parte de una consideración de supremacía de los hombres) es una estructura muy poderosa construida durante siglos y que se evidencia en los comportamientos, prácticas y actitudes de manera casi espontánea, sin que medie una clara premeditación. Cuando ese poder se sabe atacado se evidencia con ejercicios de abuso de poder y de violencia. Yo considero fundamental integrar en la lucha por la igualdad a todas las personas, y dejar de pensar que la igualdad y el feminismo son sólo cosa de mujeres, ayudar a entender que es algo de todxs y bueno para todxs, ayudaría a construir una sociedad igualitaria en la que podamos aspirar a ser aquello que queramos ser, sin que las cosas estén sentenciadas de antemano como cosa de hombres o cosa de mujeres.

Pero retomando tu pregunta sobre la singularidad de Internet, creo que lejos de lo que mucha gente piensa, la red opera no tanto como máscara fantasiosa sino como liberación de las máscaras cotidianas, es decir como lugar donde dejarnos llevar bajo la sensación de osadía y protección que da el anonimato, mientras nuestro cuerpo físico habita protegido en una habitación conectada. Y este contexto agudiza el acoso. A ello se suma que el mundo de la producción tecnológica, el contexto hacker, y claramente el de los videojuegos siguen siendo territorios muy masculinizados y estereotipados, como efecto, todavía muy sexistas.

En internet además, sumado a la coporatividad de algunos grupos, cabe tener en cuenta que la colectividad a menudo funciona como una masa uniforme, rápida y casi incendiaria (por rapidez y dimensiones) que se suma al violento (aunque sólo sea en ojos que miran silenciosos), y creo que aquí podemos aspirar a algo más, quiero decir que podemos aspirar a pasar de una colectividad que se desentiende o se resguarda en el anonimato de mirar sin que le vean, a un “nosotrxs” comprometido.

Pero además la cosa se agrava cuando vemos cómo en los últimos años los medios han dado cabida a una proyección del “feminismo” distorsionada y sesgada, por la que muchas personas siguen considerándolo como algo negativo y no se han parado a pensar “qué significa” (queridx lectorx, le pido unos segundos, para buscar en el diccionario esta palabra, para no asustarse, para no simplificarla bajo ideas preconcebidas que circulan por la red y que en nada responden a algo tan simple como “un pensamiento y práctica que trabaja por la igualdad de hombres y mujeres”).

Pienso que la pedagogía sobre la igualdad de las personas, sobre el desmontaje de las historias de opresión y dominio de unos sobre otros, son sumamente necesarias. Que lo es también cuestionar la forma en la que se construye también el género masculino con unos clichés que debiéramos ser capaces de superar. Ni las niñas tienen por qué ser débiles, ni los niños agresivos. Son asignaciones artificiales y como tal “desmontables”.

Los casos que comentas, en su dureza, son tristemente representativos de la cotidianidad de la red para muchas mujeres que denuncian sexismo y se ven amenazadas y acosadas, y lo peor es que si no se denuncia ni se toman medidas, sus ejemplos operan como formas de disuasión para quienes quieran seguir denunciando.

No obstante, pienso que necesitamos mucha crítica y autocrítica sobre este asunto, pero no sólo desde el feminismo y el compromiso con la igualdad, la política, la educación y la legislación, sino también desde el compromiso de cada ciudadanx con el asunto.

Confieso que me estremezco al comprobar el rechazo a la diferencia, la agresividad en los pronunciamientos y la nula empatía de quienes amenazan, y de los silencios o risillas de quienes presencian un acoso. La náusea es casi incontenible, y la respuesta social más que necesaria. Como necesario es desmontar estereotipos e identidades (no sólo en las mujeres, todos cargamos con una presión simbólica que debemos poder cuestionar). Imprescindible es la crítica cotidiana al sexismo, entendiendo que esto no es cosa de un grupo de mujeres valientes, toda la sociedad debiera implicarse como forma de construir un mundo mejorado.

E.T.: Este año se cumple el bicentenario del nacimiento de Ada Byron, cuya figura es fundamental en tu libro “(h)adas. Mujeres que crean, programan, presumen, teclean” y la Universidad Autónoma de Madrid ha organizado un Simposio sobre su papel en la historia de la computación. ¿Crees que este tipo de gestos reflejan un reconocimiento real de las mujeres en la ciencia?

R.Z.: Los gestos son relevantes porque funcionan como un interruptor en las conciencias de la gente. Y los actos de este tipo son importantes por su valor simbólico y de visibilidad (con los que comienza todo reconocimiento), pero no son suficientes. De hecho, a veces me persigue la duda de si detrás de muchos actos de este tipo no se esconde la excusa de “con esto basta”, como manera de compensar con un “día de” o un “homenaje a” la dejadez de no enfrentar el problema en sus distintos niveles, desde la transformación de los sesgados imaginarios de género hasta la intervención en los diferentes mecanismos de exclusión de las mujeres que encontramos en los ámbitos científicos y tecnológicos.

Indudablemente, hablar de ello es necesario, como primer paso para movilizar conciencias. Resulta llamativo que todavía muchas personas no se hayan cuestionado por qué quienes protagonizan sus libros, ficciones, noticias y ámbitos de poder y conocimiento siguen siendo hombres. Qué no se hayan preguntado por qué no son capaces de recordar a ninguna científica. No es baladí esta cuestión, porque en ese silenciamiento reverbera una exclusión que tendemos a normalizar.

¿A nadie extraña que los creadores de los inventos tecnológicos que hoy condicionan nuestra vida en la red y con la tecnología sean sólo hombres? A mí, particularmente me chirría que se parezcan tanto y más si cabe que todos presuman de haber convertido afición y vocación en trabajo tecnológico. Pues creo que muchas veces las medidas para incentivar la implicación de las mujeres en la ciencia y la tecnología se limitan a la educación formal y creo que es en los espacios en red, en las aficiones, en el tiempo propio dedicado a aquello que nos mueve y nos “punza” donde cada vez más se resuelven las expectativas y decisiones de las personas.

Personalmente, me incomoda mirar al pasado a través de las historias que han trascendido. A menudo los museos y las enciclopedias que seleccionan lo relevante me agotan, incluso cuando aparecen mujeres, son tan pocas y su excepcionalidad es tal que pueden funcionar como modelos imposibles que muchas rechazarían. Me seduce relativamente lo que en cada momento se ha considerado digno de ser archivo humano, pero ante todo me irrita la exclusión de las mujeres y la conversión de una versión del pasado en la historia de todos. La ausencia de las mujeres en los campos de saber no sólo es una pérdida para el conocimiento humano sino una injusticia que perpetúa la desigualdad pues nos niega referentes”, modelos que operen como un “querer ser”.

La historia de las mujeres que pueden elegir es demasiado reciente. Es todavía frágil y está además localizada en una parte del mundo. El ejemplo de Ada Byron es muy interesante por muchas razones, no se la conoce por ser “hija de Lord Byron” (como tantas mujeres a la que la historia sólo ha visibilizado por su relación con otros hombres) sino que se la conoce por ser la “primera persona en programar”. Bucear en su historia nos devuelve una educación pero también una pasión vital por las matemáticas que fue promovida por su madre, con quien se educó. Ada es muchas cosas pero ante todo es también un ejemplo de posibilidad, una referencia que dibuja una relación con la tecnología como expectativa de “futuro posible” para personas que se miran y mirarán en ella.

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¡Lucha tu yuca, taíno!

Una visión libertaria de Cuba Isbel Díaz Torres es biólogo, poeta y activista social. Al igual que el historiador Mario Gonzalo Castillo Santana. Ambos forman parte del Observatorio Crítico Cubano1, del Taller Libertario Alfredo López y de la antirracista Cofradía de la Negritud, entre otros. Vinieron de gira en verano, para difundir la campaña de crowdfunding que les permita abrir sede, y esta es su visión libertaria y crítica de la realidad cubana.

1 http://observatoriocriticocuba.org

– Empezando por los últimos acontecimientos oficiales en Cuba. La embajada estadounidense de nuevo abierta. Y próxima visita del Papa. ¿Cuál diríais que es la situación política, económica, social, de libertades, etc, ahora mismo en la isla?

Isbel: Cuba vive un sostenido e inequívoco proceso de restauración capitalista, liderado por las élites político-militares empoderadas en la isla. Este proceso –que implica la liberalización de la economía, con la habilitación de conocidos mecanismos de inversión extranjera, renegociación de la deuda externa, obtención de créditos en organismos internacionales, promoción de “Áreas Especiales de Desarrollo” al margen de las legislaciones laborales vigentes y con flexibilización para el libre actuar de las empresas foráneas, entre otras;– cuenta con el entusiasta apoyo de buena parte de la población, que manipuladas por los medios de información (todos estatales) creen que estas “aperturas” tendrán un significado positivo para sus economías domésticas, sobre todo aquellas medidas orientadas a la promoción de la propiedad privada, en la forma de pequeñas empresas llamadas “cuentapropistas”, y que en realidad son el germen de la clásica explotación de unas personas sobre otras. Todas estas transformaciones económicas de los últimos años no han llevado aparejado cambios en las estructuras políticas, que persisten en un esquema antidemocrático, no participativo, no transparente, y de represión del pensamiento y la expresión en menor o mayor grado. En Cuba no existen movimientos sociales, y la representación política es legal solo a instancias del Partido Comunista de Cuba y la Unión de Jóvenes Comunistas, dos instituciones burocratizadas que de “comunistas” solo llevan el nombre. Estas son algunas de las medidas tomadas: los precios de los productos en los comercios minoristas en divisa son grabados hasta con un 240% de su valor; se avanza en la aplicación de un complejo sistema tributario que establece 19 tipos de impuestos, tres contribuciones, y tres tasas; se aprobó una nueva Ley de Seguridad Social que aumentó en cinco años la edad de jubilación; se sigue reduciendo la cantidad de alimentos que llegaban mensualmente a la población con subsidio estatal; se recorta el gasto público en las esferas de Salud (cierre de consultorios y policlínicos, concentración los servicios especializados), cultura (reducción de presupuesto, cierre de premios), y deporte (reducción de presupuesto), avanza el reconocimiento y legalización de la propiedad privada y los micronegocios privados; a partir de 2011 se comenzó el despido masivo de miles de trabajadores provenientes del sector estatal, con el fin de alcanzar la cifra de 1,5 millones de personas en cinco años; continúa la militarización de la sociedad, con la ubicación en el Consejo de Estados, de Ministros, Buro Político y Comité Central, y la Asamblea Nacional de altos jefes militares fieles a Raúl Castro y su programa; así como el empoderamiento de empresas subordinadas al ejército, que controlan renglones como la producción agrícola, las infocomunicaciones, la seguridad ambiental, las inversiones, el turismo, la construcción, y en cualquier sector estratégico en vías de expansión. Por último, la aprobación de un nuevo Código de Trabajo que promueve la explotación privada del trabajo obrero, no garantiza la real participación obrera en la gestión y toma de decisiones, reduce las vacaciones remuneradas para los empleados por cuentapropistas (a quienes no concede el derecho a establecer Convenios Colectivos de Trabajo), deja fuera de su cuerpo a los cooperativistas y otros trabajadores, esconde sus Reglamentos asociados, y no reconoce el derecho a la huelga.

– Una de vuestras preocupaciones es el ecosistema y su degradación debido a esta posible alianza con el capitalismo salvaje. ¿Qué amenaza a la isla?

Isbel: Hasta el momento las implementaciones realizadas obvian ostensiblemente los ámbitos social y ecológico, sin que indicadores de sostenibilidad como “conservación”, “derechos humanos”, “participación social” puedan ser verificados. Muchos de los objetivos económicos propuestos implican acciones de irreversible impacto ambiental negativo, entre ellas la deforestación y sobreexplotación hídrica asociada al desarrollo del turismo, sobre todo la promoción de campos de golf a todo lo largo de la isla, incluidas Reservas de la Biosfera como la Península de Guanahacabibes. Estos campos de golf están asociados a inmobiliarias en las que el país coloca como principal incentivo la concesión del derecho de superficie por 99 años a los extranjeros, a quienes permitirá además que adquieran propiedades a perpetuidad. Por otra parte está el mantenimiento de una matriz energética contaminante basada en el petróleo. El país continúa invirtiendo millones en infraestructura. Después de la intensiva modernización de las plantas termoeléctricas llevada a cabo hace diez años, ahí están ahora los trabajos en la refinería de Cienfuegos, el ducto de Cienfuegos a Matanzas, el almacenaje para 600 mil barriles en Matanzas, el megapuerto de El Mariel a un costo de unos mil millones de dólares, a lo que se suma además la implementación de técnicas de fracking para extraer crudo de los yacimientos más explotados del país, ubicados en Boca de Jaruco. Como último ejemplo, la promoción de tecnologías agrointensivistas, en específico el cultivo de semillas transgénicas, es otra de las áreas que demuestra que el gobierno cubano no se detendrá ante nada en su búsqueda del crecimiento económico. En la actualidad, en manos de empresas militares cubanas como CUBASOY, de manera no transparente, avanza la introducción de cultivos transgénicos en la agricultura cubana, sobre todo maíz y soya, que forman parte de la dieta humana básica en la isla. El proceso se realiza sin informar a la población de tales características y sus posibles implicaciones higiénico-ambientales.Además, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología trabaja en la producción de otros organismos transgénicos como: boniato, tomate, papa, arroz, y una variedad de pez como la claria transgénica.El actual acercamiento de EE.UU. implica un nuevo riesgo, dado que sabemos que el 70 % de los alimentos procesados en ese país contienen productos transgénicos. Debido a la saturación de su mercado y a la fuerte oposición a sus productos agrícolas en Europa, las firmas estadounidenses de semillas y en general de agronegocios, han vuelto su mirada a China y América Latina, para aumentar en crecimiento y ganancias.En una jugada de politiquería barata, estas grandes empresas promotoras de transgénicos han formado la Coalición Estadounidense de Agricultura por Cuba (USACC), con el “noble” propósito de lograr el levantamiento del bloqueo, pero que en realidad buscan extender su mercado.

– Como opositores libertarios, ¿os sorprenden estas últimas transformaciones? ¿sufrís algún tipo de advertencia para que todo se desarrolle según lo previsto?

Isbel: No hay sorpresa posible, puesto que los anarquistas del Taller Libertario Alfredo López hace cinco años venimos advirtiendo el real carácter del sistema cubano. No ha habido ningún cambio de sentido, sino que ahora estos cambios tienen lugar con alguna celeridad y más al desnudo, confirmando nuestras denuncias. Muchas de las transformaciones, sobre todo las más cosméticas, han funcionado como respuesta a los sistemáticos pedidos de la oposición de derecha en la isla: acceso a la telefonía móvil, acceso a los hoteles de lujo, eliminar las prohibiciones para viajar fuera de la isla, liberalizar la comercialización de casas y automóviles, avanzar en la profesionalización del deporte, ampliar elacceso a Internet. Si miramos estos cambios, obtendremos una imagen distorsionada de la realidad social, donde estas medidas tienen un muy reducido impacto popular, y contribuyen al crecimiento de las desigualdades, provocando una ya evidente e inmoral estratificación de la sociedad, con el establecimiento de élites empresariales, militares, y partidistas, que se reparten los beneficios. Para los libertarios cubanos, nuestras demandas han tenido una respuesta justo en el sentido contrario, como hemos visto. No obstante, el sistema insiste en invisibilizarnos, estrategia que implica mecanismos de represión más sofisticados y poco evidentes, diferentes a las tradicionales golpizas y arrestos irregulares con que tratan a la tradicional disidencia de derechas. Nuestros activistas reciben amenazas personales por parte de oficiales de la Seguridad del Estado, entidad que se empeña en infiltrar sus agentes en nuestras filas. Además, recurren a nuestros centros de trabajo con el propósito de desacreditarnos, acusarnos de contrarrevolucionarios asalariados por el imperio yanqui, agentes de la CIA, y cuanta calumnia puedan inventar. Uno de nuestros militantes ha perdido su empleo en dos ocasiones por su labor libertaria, pero eso no nos amedrenta. Nuestros teléfonos tienen escuchas permanentes, y todas nuestras acciones son supervisadas por agentes vestidos de civil. No obstante, como hace mucho renunciamos al anonimato y al trabajo clandestino, nada de eso nos detiene. La peor parte es que tal actividad del Ministerio del interior, muchas veces interfiere con nuestro empeño de laborar en las comunidades, y de ampliar nuestra membresía.

– ¿Qué es el Observatorio Crítico cubano? ¿Cómo nace y qué actividades desarrolla? ¿Cuáles son las dificultades que tenéis que sortear? ¿Y el apoyo de la gente?

Isbel: El Observatorio (OC) ha tenido dos momentos. Hasta el 2014 fue una red que implicaba la suma cualitativa de varios proyectos socioculturales que, desde una red de colectivos autogestionarios, contribuían al desarrollo de los contenidos liberadores y populares latentes en la sociedad cubana. Investigadores, críticos, profesores, artistas, promotores culturales, activistas comunitarios, comunicadores, e integrantes de movimientos emergentes, compartimos un espacio de diversidad, diálogo y protagonismo solidario. En esos escenarios de Cuba y el planeta, analizábamos y articulábamos vivencias, prácticas y saberes liberadores como alternativa a alienaciones capitalistas, autoritarias y coloniales.

La red fue consecuencia natural (y deseada) de los eventos anuales promovidos por la Cátedra Haydée Santamaría desde el año 2006, pero consolidó su funcionamiento a partir del 2009. Desde ese momento el proyecto global creció considerablemente en activistas, alcance, profundización de sus posicionamientos y creatividad en sus dinámicas organizativas.

A partir de 2015, sin embargo, a raíz de analizar nuestro real impacto y la crisis de varios de los proyectos constituyentes, el OC pasó a configurarse ya no como una red, sino como un colectivoactivista auto-organizado por integrantes que creen posible, hoy y mañana, un mundo donde la vida cotidiana tribute a la consecución de la libertad y las potencialidades plenas de cada habitante del planeta. Nos definimos como antiimperialistas, anticapitalistas, antiautoritarias, ecologistas, respetuosas de la pluralidad y diversidad, antirracistas, antisexistas, solidarias, horizontalistas, antiburocráticas y antimilitaristas.

Nuestro propósito es crear espacios libres de relaciones de dominación y promover el activismo afín a los principios abrazados por nuestro proyecto. Para ello, interpelamos crítica y propositivamente la realidad política y social, actuamos en las comunidades, operamos plataformas tecnológicas, convocamos encuentros, y concertamos acuerdos. Nuestro espacio decisorio soberano es la Asamblea de nuestros integrantes.

Las dificultades han sido las mismas que señalamos anteriormente, pues los anarquistas que integramos el Taller Libertario Alfredo López, también formamos parte de este colectivo más plural.

– En lo laboral, ¿qué pasa en los centros de trabajo? ¿hay paro? ¿hay explotación?

Isbel: Las luchas obreras de los siglos XIX y XX han sido apagadas por los desempeños de la actual Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que insiste en mantenerse fiel a las élites partidistas, sin importar los caminos que estas emprendan, huérfanas de un posicionamiento crítico y verdaderamente anticapitalista y antiautoritario. El XI Congreso de la CTC celebrado en 1961 confirmó la pérdida de autonomía cuando los delegados renunciaron a casi todas las conquistas históricas del movimiento obrero: los nueve días de licencia por enfermedad, el bono suplementario de navidad, la jornada semanal de 44 x 48 horas, el derecho de huelga y el incremento del 9.09%, entre otros. La CTC ha sido justamente la herramienta que ha usado el gobierno para implementar sus recientes medidas (los despidos masivos, el aumento de la edad de jubilación, la aprobación de un Código Laboral antiobrero, y otros). En los centros de trabajo reina la desidia y el desencanto. Con un salario promedio de 20 dólares al mes, los trabajadores cubanos acuden diariamente a sus puestos en las empresas estatales sin esperanzas de mejorar sus condiciones de vida, sin poder decidir en las decisiones empresariales, sin ningún control sobre la producción ni los destinos de esta. Es por eso que la perspectiva de un nuevo explotador con una cara más moderna y tecnologizada (las empresas inversoras extranjeras) han despertado la esperanza en ese sector de la población. No quieren convenios colectivos de trabajo, ni vacaciones pagadas, ni Órganos de Justicia Laboral… lo que quieren en un salario mayor al actual, y si es en divisas, tanto mejor.

– Se habla por lo bajo, en los medios de comunicación occidentales, de racismo y homofobia. ¿Qué hay de cierto?

Isbel: Es cierta la reemergencia en Cuba de expresiones de racismo y discriminación racial, tanto a nivel de individuo y sociedad, como al interior de las instituciones estatales y en general las estructuras de poder. La profunda crisis de los 90 y la pequeña “retirada” del Estado, junto a las forzosas aperturas que debió permitir entonces, condujeron a que el racismo oculto aflorara, esta vez con una carga de cinismo y desnudez verdaderamente ofensivos. De tal modo, las actuales reformas económicas relacionadas con la liberalización del mercado, ensayadas sin ninguna legislación que proteja de modo efectivo los sectores más vulnerables, han significado a la postre ejercicios de discriminación racial. El racismo institucional ha pasado con total “naturalidad” a las exclusiones por motivo de color de la piel en los micronegocios vinculados al turismo, a la sub-representación de negros en las aulas universitarias, y su sobre-representación en cárceles y barrios marginales.Después de más de 50 años del triunfo revolucionario de 1959, al interior de las poblaciones afrodescendientes también se reproducen los estereotipos discriminatorios, y se siguen los patrones de consumo y estándares de belleza producidos desde las élites de poder económico y político, quienes a su vez los toman de los estándares globalizados.

Las Lesbianas, Gays, Bisexuales, y Transgéneros hemos obtenido logros significativos en los últimos años, después de sufrir una profunda represión durante las primeras décadas posteriores a 1959. Un rol decisivo en ello lo ha tenido la presencia de esa comunidad y sus problemáticas en la obra de los artistas del patio. No obstante, el principal impulso ha sido dado por el involucramiento de Mariela Castro (hija del actual presidente), con un trabajo de visibilización y sensibilización sobre esta realidad.En el último congreso del PCC, se logró incluir un acápite que refrendara el derecho de las personas a no ser discriminadas por motivo de orientación sexual. Sin embargo, la concreción de esta política en leyes y prácticas reales todavía no se ha logrado aún. En su esencia, la actividad política, al menos la legalmente reconocida, permanece en manos de determinados sectores e instancias oficiales, dejando a un lado (cuando no silenciando) una tímida y precaria actividad de actores independientes. El activismo LGBTI, por ejemplo, no logró colocar el tema de la discriminación en el ámbito laboral dentro del nuevo Código de Trabajo, a pesar de que muchos y muchas lo planteamos en nuestras asambleas; sino que lo logró la diputada Mariela Castro. Ello no significa, por supuesto, que no exista un activismo LGBTI desde la sociedad civil; sino que su influencia real permanece casi nula, a consecuencia del actual ordenamiento socio-político de la isla. Es por eso que las modificaciones del Código de Familia, famosas en la isla pues se dice que contienen una propuesta de reconocimiento a la unión legal entre personas del mismo sexo, ha sido relegado para su aprobación durante años.

El incipiente activismo independiente por los derechos LGBTI en Cuba, lucha por una legislación sustantiva que legitime nuestros derechos, y nos proteja de manera efectiva de las discriminaciones en los ámbitos públicos, institucionales, familiares, así como servicios públicos de la economía estatal y privada; insertada en una Ley General Contra las Discriminaciones. También demanda el libre acceso de grupos civiles (no estatales) a los medios de comunicación para desarrollar campañas públicas contra la discriminación, amplificar las demandas, visibilizar nuestra realidad y problemáticas, y construir comunidad. Por supuesto, la demanda por la libertad de asociación es parte de esta lucha, que estimule el crecimiento y organización de la sociedad civil sensibilizada con la promoción y defensa de nuestros derechos. La comunidad busca el reconocimiento legal de las familias homoparentales, base fundamental para una necesaria legalización futura de la adopción y acceso a los métodos de reproducción asistida; así como la necesidad de un cambio de estrategia para garantizar el reconocimiento de las uniones legales en parejas homosexuales, de cara al inminente cambio constitucional que se cocina ahora mismo de espaldas a la gente.

– Habéis introducido el concepto de memoria histórica…

Mario: Hemos estado personalmente al tanto de lo que en España se ha discutido intensamente bajo el alero de un concepto como el de “Memoria Histórica” y la diversidad de posturas que se han generado, y especialmente cómo este concepto ha sido puesto en buena medida en función de nacionalizar y estatizar la memoria colectiva en torno a la llamada guerra civil y la dictadura franquista. Acá, sin embargo, cuando hablamos de memoria histórica casi siempre le hemos puesto un apellido: popular y proletaria, dos palabras que han sufrido un descrédito casi universal, y Cuba no ha estado fuera de ello. Pero en una sociedad donde el dispositivo policíaco-cultural del Estado cubano ha monopolizado para sí la representación folklorizada tanto de lo popular como de lo proletario, y donde las nuevas sensibilidades conservadoras y de derechas que se están delineando han borrado estas palabras de su vocabulario (como en todos lados), varios en nuestro circuito ácrata y de activismo contra el racismo y el coloniaje cultural hemos ocupado este juego de términos para definir un accionar público que libere del régimen de amnesia oficial a tantos nombres de luchadores y luchadoras sociales, experiencias liberadoras, espacios y saberes producidos desde el mismo mundo popular y proletario en la Isla. De otra forma hoy simplemente no quedarían huellas de sus existencias, quedando condenados a la infame memoria histórica del poder y sus intelectuales orgánicos (cínicos desencantados o entusiastas militantes, producen lo mismo). Creo que un componente importante de nuestros empeños por desarrollar una perspectiva libertaria y antiautoritaria en Cuba debe pasar por producir otra memoria histórica sobre el devenir de nuestra sociedad, que alumbre y contraste las alternativas que han existido al orden establecido durante más de medio siglo.

– ¿Qué salvaríais de la revolución?

Isbel:

  • Su voluntad (en algún momento) de levantarse como experimento político-social-económico diferente a las democracias burguesas que dominan el mundo.
  • El alcance universal de sus servicios de salud y educación (que hoy están en peligro), y a pesar que a nivel de calidad, estos dejan mucho que desear.
  • Su antiimperialismo, dando por descontado que siempre fue un discurso parcializado, pues no incluía las prácticas también imperialistas de Rusia o China, y que hoy mismo está totalmente apagado.
  • Un cierto sentido de igualdad y dignidad, que aún persiste escondido entre la gente, y que es herramienta fundamental para identificar las injusticias, y desmontarlas.

Mario:

  • Las energías de renovación espiritual, de descolonización cultural, de dignificación del mundo popular, el deseo de conocimiento universal que en ciertos sectores sociales y momentos puntuales generó el hecho revolucionario de 1959 en Cuba.

– La izquierda occidental se niega a ser crítica con el estado autoritario y le echa la culpa siempre al embargo. Toda crítica es capitalista. ¿Qué les diríais desde vuestra mirada libertaria y dentro de la isla?

Isbel: No es posible seguir pensando que la represión, la falta de libertad, la corrupción, la falta de transparencia, solo son condenables cuando las ejerce la derecha. Regímenes autoritarios que se autoproclaman de izquierda, han sido expresión inequívoca de estos mismos desmanes, y Cuba no es excepción. Además, no es posible construir el socialismo con reformas capitalistas. Un trabajador despedido es un trabajador despedido, en Cuba o en España. Sé que Cuba ha sido siempre un referente para la lucha mundial por su oposición al imperialismo yanqui, pero ya ni eso nos queda, después del actual acercamiento entre ambos Estados, y el inminente levantamiento del bloqueo. Los libertarios cubanos hemos estado solos por décadas, pero ahora, con la emergencia de gobiernos “progresistas” en América Latina, nuestra circunstancia es menos particular, y se asemeja mucho más a las luchas de los libertarios en Venezuela, Argentina, o Brasil. Si les interesa Cuba, busquen las verdades fuera del discurso oficialista (que en esencia desprecia las luchas de los explotados en el mundo). No digo que sean mis palabras las depositarias de la verdad; solo digo que allí, en el poder de las élites militares y partidistas que dominan todos los medios de comunicación en la isla, definitivamente no está la verdad.

Mario: Yo les diría que Cuba además de ser una sociedad que ha servido de referencia para buena parte de los partidos de izquierda en el mundo, es una sociedad con un Estado, un gobierno, cárceles, barrios burgueses, clases medias cosmopolitas, barrios marginales, con racismo, sexismo, centralismos. Cuba, además de los importantes indicadores de calidad de vida que puede exhibir al mundo, es también una sociedad común que sufre los embates diversos del estatismo, los imperialismos y el capitalismo nacional. Esas embestidas no disminuirán, sino que se harán mucho más agresivas y evidentes, y los esfuerzos dialécticos que en un pasado cercano sirvieron de fundamento a los famosos “apoyos críticos a la Revolucion [El Estado] Cubana”, en los próximos años ya no servirán de mucho. Por tanto, hágannos parte de ese mundo que sufre y se enfrenta a esa máquina de opresión estandarizada y global que se puede encontrar en todos lados.

Ante los rumbos que están tomando los timoneles del Estado cubano, seguir sosteniendo que cualquier crítica a Cuba es pro-capitalista es un acto de arrogancia ideológica fenomenal y suicida, frente a una derecha neoliberal y pro imperialista cubana que cada día gana más espacio y adeptos. La solidaridad internacional debe servir de contrapeso a la solidaridad de la derecha internacional que también está muy consciente de lo que significa destruir el mito Cuba, a pesar de todas sus falencias.

– Cuáles son vuestros proyectos.

Isbel: Son muchos los proyectos en los que estoy involucrado. El Guardabosques es un proyecto ecologista que ha ido radicalizándose con el paso del tiempo. También formo parte del Proyecto Arcoíris, un grupo anticapitalista e independiente que lucha por los derechos de la comunidad LGBTI. De más reciente creación es CUP (Consumidores y Usuarios Protegidos) que intenta activar a la gente en pos de la autodefensa de sus derechos ante los abusos y atropellos de las instituciones estatales y privadas cubanas. Pero el más integral, el que más energía me consume, es el Taller Libertario Alfredo López. Ahora mismo estamos lanzando un crowdfunding para obtener plata y poder tener en 2016 nuestra sede: un Centro Social y Biblioteca Libertaria. Con esta sede funcionando muchas de nuestras dificultades podrán ser resueltas, y nuestro impacto social será tremendo. Esperamos poder contar con la ayuda de todos y todas.

Isbel Díaz Torres (1976). Licenciado en Biología. Poeta. Como activista social, forma parte del Observatorio Crítico Cubano, del colectivo ecologista El Guardabosques, del Taller Libertario Alfredo López, del colectivo LGBT Proyecto Arcoíris Anticapitalista e Independiente, del colectivo antirracista Cofradía de la Negritud. Columnista fijo en el portal digital Havana Times. Co-fundador y co-editor de los boletines digitales: Compendio OC, Ahí te Va, y El Guardabosques.

Mario Gonzalo Castillo Santana (1975). Licenciado en Historia. Master en Estudios Interdisciplinarios en América Latina, el Caribe y Cuba. Como activista social, forma parte del Observatorio Crítico Cubano, del Taller Libertario Alfredo López, del colectivo antirracista Cofradía de la Negritud, y del Grupo de Acción Cultural Anamauto. Es integrante del Grupo de Trabajo Anti-Capitalismos & Sociabilidades Emergentes (CLACSO). Ha desarrollado activismo e investigación militante en torno a las sociabilidades y las culturas políticas de las inmigraciones chinas y africanas a Cuba, así como del mundo del trabajo cubano y la impronta del anarquismo.

20 - 21 entrevista 1 WEB

Lucio «Acción Directa» Urtubia

Un albañil

Lucio Urtubia nació en Cascante (Navarra) hace 84 años en el seno de una familia muy humilde. Oyó hablar de anarquismo por primera vez de boca de su padre, carlista convertido al comunismo tras su paso por la cárcel, que una vez le dijo: «si pudiera volver a empezar, sería anarquista». Contrabandista durante el servicio militar, desertó y huyó a Francia donde empezó a relacionarse con las Juventudes Libertarias de la Fédération Anarchiste y conoció, entre otros, a André Breton y Albert Camus.

Poco después de su llegada a París, le pidieron que escondiera a un miembro del maquis antifranquista que resultó ser el histórico Quico Sabaté, con quien compartió casa hasta la muerte de este.

Sabaté le facilitó direcciones de familias y libertarios exiliados en Francia y de miembros de la antigua CNT española que seguían en activo en Barcelona, Zaragoza, Madrid y Pamplona. Lucio, ante la detención y encarcelamiento de Quico, empezó a emularlo realizando incursiones en territorio español; posteriormente emprendió una serie de «expropiaciones» y «recuperaciones» (según sus palabras) por Europa, para conseguir fondos para la causa revolucionaria, acompañado por una ametralladora Thompson heredada de Sabaté. Más tarde abandonaría estas actividades «por miedo a hacerles daño a los empleados de los bancos».

En la década de los 60 se unió con otros compañeros libertarios para falsificar moneda, con la que financiaban a numerosos grupos de todo el mundo, a la vez que procuraban desestabilizar las economías capitalistas. Al mismo tiempo, en plena invasión de la bahía de Cochinos, propuso a la embajadora de Cuba en Francia, Rosa Simeón, destruir con explosivos intereses estadounidenses en Francia, a lo que esta se negó. Sin embargo, resultó tentada con la propuesta que le hizo de falsificación masiva de dólares estadounidenses. La embajadora medió para presentarle a Ernesto Che Guevara en 1962. Urtubía expuso al Che su plan de falsificación a gran escala de dólares, pero el entonces ministro de Interior de la Revolución Cubana rechazó la propuesta, provocando el desencanto de Lucio.

Aunque, sin duda, su golpe maestro fue la falsificación de cheques de viaje del First National City Bank. Fabricó 8000 hojas de 25 cheques de 100 dólares cada uno, que casi provocaron la quiebra del banco. Este dinero fue utilizado para la ayuda de movimientos guerrilleros en Latinoamérica (Tupamaros, Montoneros, etc.) y Europa. A pesar de la espectacularidad de la falsificación, solo fue condenado a 6 meses de cárcel, gracias a la ayuda que le prestaron casi todos los abogados progresistas de Francia y a un acuerdo extrajudicial con el City Bank, que retiró los cargos a cambio de las planchas de grabación y una compensación económica.

Su vida ha sido una continua aventura: cinco órdenes internacionales de busca y captura —incluida la CIA—, preparó el secuestro del nazi Klaus Barbie en Bolivia, colaboró en la fuga del líder de los Panteras Negras, intercedió en el secuestro de Javier Rupérez, medió en el caso de Albert Boadella, simpatizó con los Grupos Autónomos de Combate-Movimiento Ibérico de Liberación y con los posteriores Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI)…

Siempre defendió el trabajo: «somos albañiles, pintores, electricistas, no necesitamos al estado para nada»; «si el paro y la marginación crearan revolucionarios, los gobiernos habrían acabado ya con el paro y la marginación». Actualmente continúa viviendo en París, en la rue des Cascades, en el barrio de Belleville, y las puertas de su casa siguen abiertas a las causas revolucionarias.

Tuvimos la suerte de poder compartir un rato con él durante la pasada Feria del Libro Anarquista de Sevilla. Aquí os dejamos sus reflexiones.

Lucio: El individuo es lo que es por lo que hace, no por lo que dice. Menos cuentos. Menos cuento con los curas y con los políticos. Y menos cuento entre nosotros.

El Topo: ¿Sabes que la CGT nos dio una medalla?

LU: Creo que es muy interesante lo que estáis haciendo. No es fácil. Hay que tener ovarios para hacerlo.

ET: La satisfacción personal no se traduce en bienes materiales, pero vivimos mucho más tranquilos. Si quieres, empezamos.

LU: Cuando quieras. Pregúntame lo que quieras, aunque hay que saber preguntar. Hay gente que pregunta cosas muy infantiles.

ET: ¿Quién es Lucio?

LU: Una persona anónima, un trabajador muy pobre, que nació en unas condiciones muy difíciles y que está recibiendo lo inesperado, lo inexplicable. No sé por qué, porque nadie es más que nadie. Ni yo mismo me creo lo que estoy viviendo.

ET: ¿Y qué es lo que estás viviendo?

LU: La utopía, lo imposible, que no existe. Quien me lo iba a decir a mí, que casi no había puesto los pies en una escuela. Mi educación me la dieron las hermanas carmelitas, como pudieron dármelas, pobres mujeres. Me hablaban de dios, del diablo, de la virgen ¿Qué sabían ellas de nada? ¿Qué sabemos? Todo eso ha sido y es mi riqueza. Yo soy de los que digo «no creo en nada pero creo en todo». Incluso creo que esta sociedad, a mis 84 años, se puede cambiar.

ET: ¿Por qué crees que se puede cambiar?

LU: Por la experiencia de toda una vida. Creo desde la experiencia que lo tenemos todo. Pero ese tener no sirve de nada si no sabemos utilizarlo.

ET: ¿Te consideras anarquista?

LU: ¡Hombre! No se puede ser otra cosa hoy día. Ojalá que la iglesia hubiese tenido razón. Ojalá que el comunismo hubiese tenido razón. Ojalá que el socialismo lo hiciese bien. Pero sabemos que por esas vías no vamos a ningún sitio. Como anarquista, yo no tengo la solución. Nadie la tiene. Hay que dejar de hablar de certezas. Pero sabemos que el individuo, en el momento que llega al poder, cae en la corrupción y la imbecilidad. El ser humano se estropea en el momento que llega al poder. Cambia completamente.

ET: ¿Se estropea al llegar al poder o la gente que aspira al poder ya tiene «un toquecito dao»?

LU: Puede ser, sí. Pero el poder da otras posibilidades de ver, de pensar, y las personas cambian completamente para peor. Eso es una desgracia para el ser humano.

ET: ¿Qué destacarías de tu vida?

LU: Destaco que no estoy en contra de la riqueza, de lo que estoy en contra es de la mala utilización de la riqueza. Soy muy egoísta. Pero no desde un punto de vista económico. Soy egoísta desde el hacer. Uno es lo que es por lo que hace. Si uno hace, es. Y uno puede hacer bien o puede hacer mal. La iglesia, por ejemplo, sabemos que lo ha hecho muy mal. Sabemos que no ha habido jamás un estado decente. Todas estas cosas las sabemos hoy día. Y quien no quiera reconocerlas, peor para él. ¡Ojalá tuviese la solución! Pero la solución no es el estado.

ET: ¿Cuáles eran tus motivaciones cuando hacías falsificaciones tanto de documentación como de cheques de viaje?

LU: Yo he sido un trabajador, un albañil, hemos vivido tanta injusticia… En ciertos momentos hacen falta medios para salir adelante. Al principio, en París, yo tuve la suerte, sin tener un duro, de llegar a montar nueve imprentas con más jóvenes anarquistas. Jóvenes que sin tener medios, creaban, y se creaba toda la infraestructura que se podía: libros, folletos, fanzines, etc., para el mundo entero. Se pagaban cuando podían pagarse. El camino se hace al andar. Aprendimos que podíamos hacer mil cosas. Pasamos de la propaganda y los folletos a los pagarés de ciertas empresas y organismos. ¡Qué maravilla, las artes gráficas! Si sabemos utilizarlas… Hacer papeles para la gente que no tiene ¡Qué placer poder hacerlo! Eso no es ningún crimen, el crimen es dejarse coger.

ET: ¿Qué causas has apoyado?

LU: Ni lo sé. He ayudado a latinoamericanos, norteamericanos, ETA, acción directa, anarquistas, CNT. Yo tenía la infraestructura, pero no era el dueño. Era el administrador de todo. Si un grupo me pedía 50 DNI, yo se los hacía. ¡Qué placer hacer a un argentino, vasco! ¡A un francés, español! Teníamos la posibilidad de falsificar cualquier DNI de cualquier país. Ese es mi egoísmo. Si das, te darán, ahora si no das, no recibirás nunca nada. Se pueden hacer muchas cosas una vez tienes resueltas tus necesidades más básicas.

ET: ¿Has apoyado revoluciones en algunos países?

LU: Claro. ¡Ese es el ideal! Por eso me conocen. He hecho lo que he podido, con todos los defectos que tengo. Yo estoy por la solidaridad. No estoy por dar todo, porque si das todo solo puedes dar una vez, ya no tienes para dar una segunda.

ET: ¿Y con Andalucía has tenido mucha relación?

LU: Sí, mucha. Sois unos privilegiados. Estoy enamorado de Andalucía por su anarquismo. Andalucía no puede ser otra cosa que anarquista. Aquí la gente no tiene dinero, pero no es pobre. Hay más pobres en París y en Barcelona, sin duda. La gente aquí no está triste. En mi barrio hay mucha gente triste.

He tenido también mucha relación con la CNT y la CGT. Soy lo que soy por ellos. Pero nunca he militado directamente. Yo solo he puesto mi granito de arena. Al igual que hay gente que sabe dibujar, imprimir, diseñar, yo lo que he tenido es coraje, nunca miedo.

ET: ¿Tú nunca has tenido miedo?

LU: No. Creo que he sido muy inconsciente. Uno no sabe.

ET: ¿Qué piensas de las pequeñas revoluciones cotidianas?

LU: Eso es lo que hay que hacer. Lo que estoy viendo con vosotros es genial, estoy entusiasmado. El sistema creado por la corrupción y las religiones hay que cambiarlo, porque en el momento que entras, te come. A nivel de riqueza, estoy por las pequeñas empresas. Yo he sufrido muchas críticas por ser creador de empresas. He creado dos pequeñas empresas. Quise montar una cooperativa, tal y como me habían enseñado los anarquistas, pero una cosa es ser revolucionario y otra cosa es ser albañil. Tuve que cerrar. Luego creé otra empresa con otro amigo e inmediatamente funcionó. Después de las dificultades que existen para crear algo, lo importante es la continuidad y la utilización de lo que has creado. Los anarquistas me han criticado mucho por esto, pero si yo pudiese crear cientos de empresas, las crearía, con poca gente, gente responsable. Lo que veo con vosotros, en este local [Tramallol] distribuido como lo tenéis y en las condiciones que funcionáis, después de cuatro años habéis pasado ya lo peor. Son cosas como estas las que hay que crear. No quiero decir que esto sea la solución, nadie tiene la solución, pero algo así como esto yo no lo he visto nunca en ningún sitio. Gente como vosotros, con distinta educación y orígenes, me parece muy positivo lo que estáis haciendo.

ET: Has sido exiliado político, albañil, empresario… Con ese pasado, ¿cómo se llega a tener contacto con la cúpula del gobierno francés?

LU: Mis contactos han venido a través de magistrados que han conocido por abogados mi práctica. Los abogados conocen tu vida mejor que tú. Lo único que puedo decir es que mi práctica y mi forma de vivir me han servido para seguir adelante: si me he salvado de ciertas situaciones, ha sido siempre con la verdad. A la única persona a quien mentí cierta vez fue a una jueza. Ella tenía todas las pruebas de lo que me reprochaban y yo las negaba. Por último, le dije: «señora, es que defiendo mi libertad», y ella entendió perfectamente que no la estaba tomando por imbécil. He tenido mucha suerte.

ET: ¿Te consideras un hombre con suerte?

LU: Sí, he tenido mucha suerte por haber realizado y seguir realizando lo que hago. ¿Es que no es una suerte enorme el conoceros a vosotros y el estar compartiendo lo que estoy compartiendo en el mundo entero? Es una suerte enorme.

ET: Antes dijiste que luchar es amar. ¿Por qué?

LU: Es la base de todo. Una persona que no lucha es miserable y boba, no sabrá nunca lo que es querer.

ET: ¿Hay algo que te gustaría contar que no hayas contado ya?

LU: Me gustaría poder sacar un pequeño libro para la juventud. Voy mucho a los institutos y colegios y eso es un privilegio. Y a los chavales les encanta. Lo que yo digo es lo que yo he vivido, sin guardar rencor a nadie. ¡He visto tantos crímenes en mi tierra cometidos por la iglesia! Eso sí, no olvido.

Muchos jóvenes querrían hacer enseguida, pero antes de hacer hay que aprender. Los mismos orígenes no te aseguran los mismos resultados.

ET: Y, para terminar, ¿tú que prefieres, un cruasán con mantequilla y mermelada o unos churros con chocolate?

LU: ¡Churros con chocolate! ¡Faltaría más! Incluso al lado de la Macarena, fíjate tú… Pero ya os digo, seguid luchando y construyendo espacios como este, porque además, una vez conseguida la viabilidad, es como una droga, le das todo el esfuerzo necesario sin lamento alguno, engancha mucho.

20-21 Entrevista Lucio 1 - WEB

#RadiópolisSeQueda

Radiópolis es el medio comunitario de referencia de Sevilla. Durante sus ocho años de existencia ha dado voz a las reivindicaciones de los barrios, ha abierto sus puertas a los colectivos sociales, ha puesto en marcha el primer Festival de Música Libre y forma parte de redes de medios comunitarios estatales y latinoamericanas. Su trabajo ha sido reconocido con varios galardones, entre ellos el premio a la defensa de los DD. HH. otorgado por APDHA. Estos días se encuentran en plena negociación con el Ayuntamiento que intenta desalojar la emisora de la Torre de Torneo. Cientos de personas han mostrado su apoyo a Radiópolis reclamando que se quede. Entrevistamos a María Limón y Hazeína Rodríguez, de la Asamblea de Radiópolis.

El Topo: La antigua Torre del cambio de agujas de Torneo (de titularidad municipal) es el emblema de Radiópolis y en ella se ubica desde 2007 cuando el propio consistorio le cedió el espacio. Ahora, el Ayuntamiento la incluye en los terrenos que dará a la compañía teatral La Imperdible para su reubicación. ¿Qué ha pasado y en qué momento os encontráis?

María Limón: El conflicto surge porque el terreno previsto como equipamiento social para la construcción del teatro de La Imperdible no puede dedicarse a ese fin, ya que en ese espacio se prevé la construcción de un puente desde Torneo hasta la torre Pelli. A partir de ahí, el Ayuntamiento le ofrece a La Imperdible el terreno adyacente a nuestra torre y, de paso, la torre. Esto genera una primera reunión donde nos trasladan la necesidad de reubicarnos, pero a la vez ha supuesto la activación del proyecto y nos ha permitido comprobar el inmenso apoyo con el que contamos… y esto nos hace muy felices, porque en los desiertos de la gestión de repente ves que hemos sembrado. En cuanto al momento actual, en la asamblea que celebramos el día 15 de marzo decidimos que Radiópolis se queda en la Torre y por eso es por lo que vamos a luchar. Estamos absolutamente legitimadas para quedarnos y tenemos toda la documentación que así lo demuestra.

ET: ¿Qué es Radiópolis y cómo ha evolucionado en estos ocho años?

Hazeína Rodríguez: Radiópolis es un confluir de muchas diversidades. Es un ente muy vivo. Por allí pasan muchísimos colectivos y personas, no solo quienes hacen la radio sino quienes a lo largo de estos ocho años han sido entrevistadas de una forma diferente a como se hace en otras cadenas. Radiópolis también es una forma de generar conocimiento, de potenciar los debates que se dan en los barrios y de visibilizar historias que no salen en otros medios.

ML: Radiópolis emite 50 programas, y eso es mucho en una radio comunitaria. Por otro lado, al ser una actividad vinculada al voluntariado van y vienen los contenidos y las personas que intervienen y eso le da dinamismo. Radiópolis es espontaneidad. El primer programa se improvisa, no hay una metodología (que debería haberla) pero eso también te da riqueza. Se trabajan las entrevistas conjuntamente. La línea entre entrevistador y entrevistado es difusa. También es un espacio cultural con la Torre Encendida y la realización de conciertos y actividades.

Ahora el discurso de Radiópolis ha incorporado otros lenguajes, se ha abierto una vía a la cultura libre, a redes como la de decrecimiento, al cooperativismo social. Se ha renovado muchísimo en estos ocho años. Empezó como un proyecto dentro de los presupuestos participativos en el que no había demasiada participación ciudadana.

HR: Pero la falta de esos presupuestos ha recuperado la participación.

ML: La crisis ha causado la desaparición de algunos medios comunitarios, pero también supone una oportunidad. Ahora en Radiópolis el discurso es el de quienes estamos reinventando fórmulas para convivir de otra manera y construir un modelo social distinto. Otro elemento fundamental de esta nueva etapa es la colaboración con otros medios que no son radio.

HR: Con ellos intercambiamos contenidos en diferentes formatos transmedia, pero también participamos en la Red de Medios Comunitarios (ReMC). Emitimos programas que se hacen en Madrid, Galicia o Asturias y allí se emiten programas de aquí. Eso nos permite conectar distintas realidades locales similares. También formamos parte de la red latinoamericana.

ML: La retransmisión en directo de un acontecimiento como las Marchas de la Dignidad del año pasado, con un millón y medio de personas en la calle, fue posible gracias a esa red. Ningún otro medio lo hizo. El trabajo en red en esta etapa es la gran revolución de Radiópolis.

HR: Y a nivel legislativo se ha hecho un trabajo enorme en el último año y medio con el Foro Andaluz de Comunicación. Hemos elaborado parte de la nueva propuesta de Ley Andaluza Audiovisual.

ML: También en colaboración con la ReMC. Por ejemplo, hemos propuesto que el Consejo Audiovisual de Andalucía sea participado por la ciudadanía. Eso es un cambio acorde con todo lo que se está reclamando desde la nueva política y los nuevos partidos. Y todo esto unido a los tres tercios, la reivindicación de que el espacio radiofónico sea repartido.

ET: ¿Por qué son importantes los medios comunitarios?

HR: Fomentan la participación y el empoderamiento de los propios colectivos que participan. No es posible la instrumentalización que hay en otros medios porque son los propios protagonistas quienes cuentan su historia.

ML: Y están enraizados en una comunidad. Reflejan esa comunidad porque van desde lo local a lo global. Otra de las funciones que cumplen es que facilitan que la gente tome conciencia de ese derecho a contar su propia versión de los hechos.

ET: ¿Cuál es el estado de salud actual de Radiópolis, más allá del conflicto actual?

HR: A veces, como ahora, parece que vivimos en colapso permanente, pero ese colapso es el que te ayuda a resistir y a ser creativa, a reinventarte para seguir adelante. Es verdad que no es la situación ideal y no debería ser así. Hay muchas historias que cubrir, y es muy desagradecido porque no sabes si vas a seguir existiendo mañana.

ET: ¿Cómo fomentáis la participación?

ML: Hay diferentes formas de participar en Radiópolis. Abrimos espacios, comisiones de trabajo, llamamientos, etc. Se puede participar haciendo un programa pero también colaborando en la gestión del medio. Estas últimas semanas han sido muchas las personas y colectivos que han apoyado a Radiópolis en su reivindicación. Muchas ciudadanas que han hecho suyo el mensaje de «Radiópolis se queda». En la Asamblea del día 15 de marzo participaron más de 70 personas proponiendo ideas, estrategias, apoyos e involucrándose en las diferentes comisiones de trabajo que se han creado.

Pero en el día a día, los propios programas atraen a su gente. El boca a boca funciona, teniendo en cuenta que cualquiera que llega a la radio y plantea que quiere hacer una cuña para una manifestación, por ejemplo, la hace.

HR: Gestionar un medio requiere ya de por sí muchísima participación. Y hay que tener en cuenta que el derecho a la comunicación es mucho más difícil de vender que el derecho a la vivienda o el empleo. Parece un derecho en segundo plano, aunque para nosotras sea evidente la importancia de la comunicación: la información es poder y contrapoder.

ML: En general, no se es consciente de lo que supondría un apagón informativo ni de las consecuencias de la Ley Mordaza, el canon, etc. No se es consciente de que sin información estamos muertas. La pluralidad informativa se da por hecha, como algo adquirido automáticamente con la democracia. Los medios públicos no se cuestionan. No se exige el derecho de acceso que se incumple de manera reiterada e insidiosa. Nosotros hemos pedido a la RTVA que nos den medios técnicos porque es nuestro derecho, porque son públicos y así se garantiza el derecho de acceso.

ET: ¿Creéis que Radiópolis ha conseguido llegar a los barrios de la ciudad?

ML: Radiópolis surgió dentro de unos presupuestos participativos como la radio de los barrios de Sevilla. No era como otro medio comunitario que está vinculado a un barrio concreto sino a toda Sevilla y veíamos que esa función no se estaba cumpliendo. ¿Cómo lo articulamos para llegar a ellos? A través de los informativos. Las radios comunitarias normalmente no tienen informativos propios porque es muy costoso y muy complicado. Eso ha sido un gran paso en Radiópolis y ha supuesto mucho trabajo, pero yo creo que es la mejor manera de llegar a los barrios.

HR: Por otra parte, aunque muchos de los colectivos que participen sean del centro, los temas que tratan son transversales: soberanía alimentaria, tratado de libre comercio…

ET: ¿Qué le diríais a la gente que aún no os escucha?

HR: Los programas de la radio comunitaria no tienen nada que envidiarle a los programas de los medios convencionales. Tienen mucha calidad y, más allá de los contenidos, lo importante es el compromiso que hay detrás.

ML: Transmiten calidez. Aunque es otro formato y hay que hacer el oído a consumir de otra manera ¿Qué le diríamos a la gente? Pues, como con El Topo: que es difícil pararse a leer o a escuchar algo en profundidad, pero merece la pena.

HR: Y si contáramos con más medios y todo fuera menos precario, los programas serían aún mejores.

ML: En relación a la financiación, reclamamos un modelo mixto (autogestión más financiación pública) como el que se da en otros medios. Hace unos meses visitamos Argentina invitadas junto a Onda Color y La Trama ComunicAcción con el proyecto E-MOTIVE. Allí conocimos una emisora, La Tribu, que lleva 30 años y funciona con ese modelo, lo que permite que una serie de personas que están implicadas en la radio tengan un salario mínimo, aunque sabemos que esto genera debate entre los medios comunitarios. Yo creo que lo público hay que resignificarlo, el dinero público es nuestro también. Partiendo de eso, entendemos que las personas que están gestionando el medio de manera más intensiva tienen derecho a una retribución y eso es posible con un modelo mixto. Allí lo hacen porque están amparados por una ley audiovisual que les permite, por ejemplo, tener publicidad, aunque vinculada a la economía social y colectivos locales. Nosotros la tenemos prohibida por ley y esa es una de nuestras reivindicaciones. La publicidad de lo local también te vincula a la comunidad.

Ahora estamos debatiendo un modelo de esas características en el que conviva la financiación pública con la autogestión, sin perder esta como tronco central.

ET: Otra parte fundamental de Radiópolis es el Festival de Música Libre.

ML: El festival es nuestra marca. Este año celebramos la quinta edición. El año pasado hubo 150 solicitudes de grupos para participar. Para Radiópolis es una fuente de ingresos fundamental porque teníamos deudas anteriores. Además, genera comunidad, promociona la música local… La radio sevillana para difundir grupos locales es Radiópolis, hay 4 o 5 programas dedicados a la música local.

ET: Vuestro trabajo ha sido reconocido con varios premios, entre ellos el de Derechos Humanos de APDHA.

ML: En esta nueva etapa hemos recibido tres premios: el Premio Andaluz de Entidades de Voluntariado en modalidad comunicación, la contramedalla andaluza de la CGT y el de Derechos Humanos de APDH.

HR: Pero los más emocionantes son los que vienen de la base social que son los que ratifican que tu trabajo está siendo bueno. Tanto el de CGT como el de Derechos Humanos reflejan eso. Además, estos premios son para toda la gente que hace posible la radio.

ML: El de Derechos Humanos ha sido especialmente emocionante. Los derechos humanos son nuestro referente por lo que su reconocimiento es muy importante.

ET: ¿Qué suponen para el futuro de Radiópolis tanto los premios como el apoyo que estáis cosechando a raíz de la amenaza de desalojo?

ML: Te das cuenta que cada vez está más consolidada. El apoyo que sentimos nos da más ánimo para seguir. Hasta ahora, la actividad de Radiópolis ha sido grande, pero a partir de esta experiencia y del calor que nos está transmitiendo la gente participando en la campaña de distintas maneras (con sus fotos, sus mensajes, su implicación en los grupos de trabajo y las asambleas), creemos que va a ser mayor. Con tanta gente alrededor, ¿quién no se siente capaz de defender hasta el final un proyecto que es de todas y para todas? Un medio de comunicación comunitario es fundamental en estos tiempos. No solo por la pluralidad de voces que existen, sino por el modelo de gestión y participación que practicamos.

ET: Un mensaje de despedida.

HR: ¡Agarrad los auriculares porque esto no ha hecho más que empezar!

Puedes escuchar Radiópolis en el 88.0 FM de Sevilla o en http://radiopolisradio.blogspot.com.es/

20-21 entrevista 2 - Ilustra Hazeina

El debate estaría en discutir cuáles son los trabajos socialmente necesarios, cuáles son los trabajos socialmente prescindibles y cuáles son los trabajos dañinos

Amaia Pérez Orozco nos acompañó en la celebración del aniversario compartido de EL TOPO y La Fuga, para presentar su libro Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida (Traficantes, 2014). Antes del evento, tuvimos la posibilidad de conversar con ella sobre economía feminista y otros temas.

 

EL TOPO: ¿Quién es Amaia Pérez Orozco?
Amaia:
Me parece una pregunta dificilísima [risas]. Vivo en Madrid, nací en Burgos, mi familia materna es vasca. Soy feminista y lo que hago está relacionado con el cuestionamiento del sistema socioeconómico y del modelo de desarrollo desde los ecofeminismos, e intento hacerlo tanto desde el ámbito de lo militante como desde la esclavitud del salario. Trabajo desde los distintos lugares que habitamos tratando de hacer una crítica feminista al sistema.

ET: ¿Estudiaste economía?
A:
Estudié la licenciatura de economía y estuve desesperada hasta que descubrí que existían perspectivas críticas (en la carrera no me hablaron ni de Marx). El último año descubrí la economía ecológica y la economía feminista. Ahí me animé a continuar mi doctorado en economía. Me marché de la universidad en la que estaba, me fui a un doctorado más crítico y lo hice en economía, incorporándole la perspectiva feminista.

ET: ¿Qué ofrece la mirada feminista de subversivo a la economía convencional?
A:
Las miradas feministas a la economía son muy diversas y se caracterizan precisamente por eso y por asumir que no tienen la verdad absoluta. Además, están cuestionándose a sí mismas permanentemente. Creo que eso en sí mismo es subversivo. Pero dentro de esa diversidad hay tres elementos definitorios de las perspectivas feministas en torno a la economía que son en sí subversivos.

El primero, la apuesta por descentrar los mercados en términos amplios, por decir que economía no es lo que mueve dinero. Economía es el conjunto de procesos que sostienen la vida, sea a través de los mercados y los flujos monetarios o no. A la economía, lo que le interesa entender es si la vida se está sosteniendo, si se sostiene bien, se sostiene mal, qué tipo de vida se sostiene con el sistema económico. Ese es el primer elemento definitorio, que está muy vinculado con la recuperación de los trabajos históricamente invisibilizados hechos por mujeres. Pero no solo se trata de recuperar esa dimensión oculta, sino de cambiar el centro de atención tanto analítico como político.

El segundo, sería intentar entender las dimensiones heteropatriarcales del sistema socioeconómico como peculiaridad concreta del feminismo. Es decir, intentar entender cómo mujeres y hombres estamos posicionados de distinta manera en intersección con otros ejes de desigualdad, no solo en relación a donde están unas y otros, sino a cuáles son los valores heteropatriarcales que arrastra el sistema económico en el que estamos: el menosprecio al mantenimiento de la vida, la reproducción, etc.

Y el tercer elemento consiste en intentar entender el mundo para transformarlo. No para dar una verdad universal objetiva y limpia, sino una verdad parcial, comprometida con la transformación. Hay que apostar por ser sinceras, por expresar el lugar político desde el que hablamos y desde el que queremos transformar. No podemos pretender que lo que decimos sea objetivo, en el sentido de neutral. Debemos ser honestas con el lugar desde el que hablamos y comprometernos con la transformación.

Los tres elementos son en sí subversivos porque subvierten la forma de entender la ciencia. Subvierten la centralidad de los mercados capitalistas y cuestionan de raíz las desigualdades de género en intersección con otras. Es decir, la estructura desigual del propio sistema.

ET: ¿Qué relación ves entre la economía ecológica y la economía feminista?
A:
Creo que tienen muchísimos vínculos. Las dos se han convertido en ramas de pensamiento económico en sí mismas, no son derivaciones de otras, y las dos rompen con la centralidad de los mercados poniendo la vida en el centro. La economía feminista presta más atención a cómo se sostiene la vida humana; la economía ecológica pone más atención en cómo se destruye la vida planetaria, cuáles son los impactos en términos ecovitales del proceso económico. También creo que las dos se ven sometidas a intentos de dulcificarlas y quitarles la potencia subversiva. La economía ecológica tiene su contraparte en la economía ambiental, que al final es integrar los recursos naturales valorándolos en términos monetarios para incorporarlos en el sistema pero sin cambiarlo. La economía feminista tiene la economía del género, que es lo de «añada mujeres y revuelva», es decir, «déjalo todo igual y desagrega datos por sexo», más o menos. En mi opinión, tienen una gran potencia de confluencia, aunque no es automática, o sea, las dos recuperan dimensiones invisibilizadas, las dos hacen un cuestionamiento radical, pero la confluencia hay que trabajársela. Aunque ahora estamos en un proceso de confluencia fuerte.

ET: La salarización del trabajo doméstico es una reivindicación feminista histórica. Silvia Federici plantea en su libro Revolución en punto cero una evolución del propio concepto, pero lo sigue reivindicando. ¿Qué piensas tú al respecto?
A:
En primer lugar, no he leído a fondo a Silvia Federici, por lo que nada de lo que diga debe interpretarse como una crítica fundamentada a su discurso. Yo lo que creo es que los feminismos tuvieron clara, en un momento dado, la reivindicación en torno al trabajo asalariado (aquello de «queremos empleo, trabajo nos sobra»), pero nunca ha habido consenso sobre qué hacer con el resto de dimensiones del trabajo: los trabajos no remunerados, los trabajos de cuidados, los trabajos invisibilizados. La apuesta por la salarización del trabajo doméstico ha sido la apuesta de una parte del feminismo, pero no de todo el movimiento. Para mí, es sintomática esa incapacidad que hemos tenido para decidir cuáles eran las reivindicaciones al respecto.
Es decir, en un momento histórico tuvimos clara la idea de la emancipación a través del empleo, pero seguía el debate respecto a qué hacer con la otra parte: ¿salario para el ama de casa?, ¿reparto y socialización? Y de ahí pasamos a ver los límites de la estrategia de la emancipación a través del empleo, es decir, que el empleo es otra forma de esclavitud. Queremos autonomía financiera, queremos autonomía vital, pero no necesariamente pasa por el empleo y, desde luego, no por ponerlo en el centro de la vida. Hemos visto claro que esa no es nuestra apuesta. Y en el otro lado de la ecuación seguimos con el mismo debate.
Ahora mismo, no veo factible la apuesta por el salario para el ama de casa y no me parece interesante el debate que genera sobre monetizar o no todos los trabajos no remunerados. Creo que el debate ahora debería estar en discutir cuáles son los trabajos socialmente necesarios, cómo los podemos valorar de manera justa y cómo los podemos organizar de manera justa, e intentar entender en qué medida esos trabajos se están haciendo en el mercado capitalista o fuera. Yo creo que la mayoría se hacen fuera. Pero no todos los trabajos de «no mercado» son necesarios, los hay prescindibles. Por ejemplo, tener la casa como los «chorros del oro» no es necesario, es un instrumento de sumisión de las mujeres, por lo tanto, tampoco quiero salarizarlo.

El debate estaría en discutir cuáles son los trabajos socialmente necesarios, cuáles son los trabajos socialmente prescindibles y cuáles son los trabajos dañinos. Este debate solo se puede dar si nos preguntamos cuál es la vida que queremos sostener, es decir, qué es socialmente necesario para sostener qué. Y, mientras, hay que ir pensando medidas concretas para —a día de hoy, que todavía somos esclavos del salario— generar ingresos e ir rompiendo con esa centralidad salarial y gestionar los recursos de una manera distinta. Ir viviendo con menos dinero, por decirlo de alguna manera.

Creo que eso no lo trae el salario del ama de casa y tampoco pone en primera línea del frente la pelea cotidiana con los tíos, es decir, la pelea por un trabajo equitativo y justo en el día a día. Creo que es importante situar el debate a nivel de sistema, decir que el sistema es heteropatriarcal y ser conscientes de que eso significa que hay sujetos concretos que se benefician de ello y no son solo los grandes banqueros, son los tíos con los que convives, o las mujeres que se deshacen de responsabilidades encasquetándoselas a otras. Me parece que es una discusión que sitúa al enemigo demasiado fuera. Hay otras formas de entrar en el debate que ponen más de relevancia lo que para mí son las preguntas clave: ¿qué queremos entender por vida que merezca la pena ser vivida y cómo la vamos a sostener?

ET: EL TOPO es un proyecto que se sustenta mayoritariamente en los cuidados, en esas funciones invisibilizadas incluso a veces para nosotras mismas. ¿Serías capaz de darnos algunas pautas para incorporar la visión de la economía feminista en nuestras prácticas?
A:
Creo que la clave de las miradas feministas a la economía está en no hacer las cosas por inercia ni por dinero, sino por el sentido social que ves en ellas. Eso ya, de por sí, es una apuesta transformadora. A partir de ahí, cómo lo haces sostenible, cómo repartes los trabajos, cómo los valoras, etc., es complicado. Por ejemplo, un elemento que para mí es importante es si reproduce o no la división sexual del trabajo, pero desde una perspectiva compleja. Es decir, es cierto que hay una división clásica que se sigue perpetuando: quién limpia el baño, quién recoge la sala… Pero luego hay otra que es una valoración desigual de los trabajos. Hay trabajos que tienen proyección pública y otros que tienen proyección hacia dentro, unos que tienen mecanismos de reconocimiento individualizados (esta persona hace este trabajo porque lo hace muy bien) y otros que los tienen colectivos y lo que hace se diluye en el resto.
Y, por otro lado, hay que tener en cuenta si es un trabajo que tiene un producto que se valora en sí mismo o lo que hace es sostener las condiciones para que luego sucedan cosas, es decir, es un trabajo que no deja huella porque su producto se renueva permanentemente. Hay que estar alerta a las dinámicas de relaciones de poder internas. Y también hay que estar alertas al tiempo de dedicación que exige el proyecto y si es incompatible con el resto de dimensiones de la vida y de responsabilidades que tienes tanto hacia ti misma y tu propio bienestar, como hacia las relaciones de cuidados que estableces con otra gente. Creo que son cuestiones importantes, ¿cómo lo veis vosotras?

ET: En EL TOPO estamos haciendo un esfuerzo por trabajar estas cuestiones. Intentamos ahora hacer las cuentas de cuidados.
A:
¿Y cómo lo hacéis?

ET: Intentamos contabilizar las horas.
A:
La cuenta de los tiempos está bien, pero es verdad que hay personas que dedican menos tiempo pero de una manera más intensiva, mientras que otra gente se lo toma con calma, es decir, tampoco más horas significa siempre más dedicación. Hay un punto que es imposible captar en horas. ¿Cómo captas esa atención a que la gente esté bien, a recibir, a incorporar…?

ET: …A inventar eventos que creen comunidad
A:
Y la organización de ese tipo de eventos no queda en ningún lado…

ET: ¿Y qué te parecen proyectos como EL TOPO? ¿Crees que son necesarios?
A:
Yo creo que medios de comunicación críticos que se escapen del control capitalista son fundamentales y, además, me parece muy importante el papel, así que sí que le diría a la gente que se anime a echar un cable. Por otra parte, siendo muy sincera, me genera dudas la proliferación de medios alternativos, no sé qué capacidad de coexistencia tienen. A mí, como alguien de fuera del periodismo, me parece genial que existan todos, porque creo que cada uno cubre una parte que no cubre el resto, pero no sé cuán sostenible se hacen, no solo pensando en su supervivencia, sino en que sean necesarios socialmente.

ET: Para terminar, llega la pregunta surrealista: «Amaia, Amaia, ¿son ciertos los rumores que confirman que como yo te amo, nadie te Amaral?»
A: [Risas] ¿Eso qué es? ¿Una crítica al amor romántico?

ET: Por ejemplo.
A:
Pues tenemos un lío con el amor romántico… Llamamos amor romántico a cualquier cosa y desde luego hay que politizarlo. Las formas de amor que tenemos son muy dañinas pero no solo en el amor sexo-afectivo, sino el amor de madre, por ejemplo. ¡Tenemos mucho lío!

 

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Subversión feminista de la economía

Compartimos aquí parte de la charla que Amaia Pérez Orozco nos regaló durante nuestro aniversario compartido  El Topo a la Fuga.

Presentación de su libro:

SUBVERSIÓN FEMINISTA DE LA ECONOMÍA

APORTES PARA UN DEBATE SOBRE EL CONFLICTO CAPITAL-VIDA

El reto de EL TOPO es su continuidad, avanzando, enraizando…

El Topo cumple un año y hace balance con sus suscriptor*s. Son tantas las buenas palabras que nos han dedicado, que lamentablemente no hemos podido ponerlas todas. Estas son algunas de sus reflexiones. ¡Gracias!

El Topo: ¿Cuál es tu valoración del primer año del proyecto?

Óscar: En el entorno de afinidad de Sevilla, El Topo se ha consolidado como proyecto soci

al visible y a tener en cuenta dentro de las herramientas para narrar la realidad que tratamos de construir. Queda, no obstante, trabajo por hacer en este sentido: ¿funcionaría El Topo fuera de nuestros «guetos»?

Leandro: Veo un enorme esfuerzo detrás de este proyecto. Veinticuatro páginas muy densas cada dos meses, sin el más mínimo retraso. Mucha gente colaborando, muchas firmas y muchos temas. Una línea coherente, aunque con aportaciones diversas y matizadas. Buenas ilustraciones. Buena redacción (buena corrección, se nota). Formato sobrio, pero (y además, habría que decir «mejor») bien maquetado. Le puedes coger cariño, apego, afición… adicción. Sin olvidar la web (con todos los números disponibles y los vídeos) ni las redes sociales. Esa es una buena batería de instrumentos de comunicación si están bien conjuntados.

Blanca, Alberto y Alicia coinciden: Muy positiva, temática variada, elaboración y redacción cuidada. Muy profesional.

Néstor: Creo que El Topo ha conseguido mantener una altísima calidad en sus textos e ilustraciones. Como síntoma… ¡apetece coleccionarlos! Lo percibo un poco como una enciclopedia (camuflada en formato de periódico) que, siguiendo el índice de la actualidad, va tratando los temas con la profundidad necesaria para que sus contenidos no pierdan vigencia.

Manuel Jesús: Creo que es una iniciativa excelente, la propuesta de contenidos es espectacular, los artículos exponen una perspectiva completamente distinta de la que se puede encontrar en los medios de comunicación convencionales.

Sofía: Un éxito rotundo gracias a vuestro entusiasmo y vuestro éxito en saber conectar. Muy interesante aunque un poco denso a veces.

Helène: Valoro la libertad de expresión y el espíritu crítico.

ET: ¿Por qué crees que son importantes proyectos comunicativos como El Topo?

Óscar: Nos permite narrar nuestra realidad, tal y como la vemos quienes la creamos. Esto es importante porque, si no, todo registro escrito de lo que hacemos estaría filtrado por las lógicas capitalistas y patriarcales hegemónicas. Tenemos que alcanzar la soberanía sobre nuestra información, somos responsables de nuestra propia historia, ¿vamos a dejar que la cuenten otros y otras?

Leandro: Me gusta lo que dice Luis Berraquero hablando de las experiencias de activismo: «considero que estas experiencias son dispositivos políticos radicales, en tanto que van a la raíz de nuestras acciones diarias, al centro de nuestra cotidianidad. […] Son espacios y experiencias en las que: (1) se propicia la autoorganización colectiva; (2) se promueve cambiar lo no deseado, transformar —algunas de forma más o menos explícita—; (3) se aprende a vivir con lo diverso —aunque hay experiencias más abiertas que otras—; (4) se ensayan y proponen acciones concretas y multidimensionales —sociales, económicas, ambientales— para un sistema en crisis; (4) se genera un conocimiento basado en la práctica que después es utilizado para reteorizar conceptos; (5) se dibuja una red de afectos, de apoyo mutuo» (Lo cotidiano es político, El Topo 5, p. 14). El Topo es uno de los órganos de expresión de estas experiencias en Sevilla. Y se puede convertir en unos de sus principales medios. Una expresión que exige formulación, elaboración de pensamiento y confrontación con el público. Un gran reto para el equipo que se ha lanzado a esta tarea.

Blanca: Es importante porque, aunque en muchas cosas se ciña a Sevilla y Andalucía, para los que vivimos en sitios donde apenas hay espíritu colectivo, vemos que sí existe y que sí es posible.

Néstor: En este momento somos muchas las personas que deseamos, que soñamos, que necesitamos un cambio radical en nuestra sociedad. Una revolución ilusionante que transforme los valores de sus miembros, modifique nuestros objetivos y comportamientos personales y nos anime a implicarnos en la administración de lo público. Los medios de comunicación independientes y autogestionados son una pieza importante en esta transformación, y asociarnos a los mismos nos permite participar de alguna forma en la misma.

Alberto: Para mí lo más importante es la libertad que entiendo que tenéis para publicar artículos sobre una gran variedad de temas y no solo de manera periodística, sino también en primera persona, contados directamente por las protagonistas.

Alicia: Me aporta conciencia colectiva, no conozco al resto de personas que están suscritas a El Topo, pero estoy segura de que si alguna vez me encuentro con alguien que no he visto nunca y me dice que está suscrita a El Topo vamos a tener una larga conversación.

Manuel Jesús: La sociedad está viviendo unos tiempos convulsos, donde la mentira se ha institucionalizado. Los medios de comunicación son afines a los poderes económicos y la información que trasladan es completamente subjetiva. Es necesario buscar fórmulas de comunicación que den otra visión de la realidad. Proyectos como este facilitan a la sociedad otra perspectiva de los problemas, distinta pero muy interesante.

Sofía: Para ponernos en relación a personas, grupos, redes de distinta procedencia y/o con distintos cometidos. También para poner en valor, de forma pública, y hacer extensivos a la sociedad tantos y tan diversos proyectos e iniciativas que no aparecen en otros medios.

Helène: Son importantes porque defienden una forma popular de informar a la gente y de acompañarla en la elaboración de un espíritu crítico.

ET: ¿Qué crees que aporta El Topo en comparación a otros medios?

Óscar: Es un medio más fresco y desenfadado, por lo reducido del proyecto y de su difusión. Además, es más cercano, más local.

Leandro: Una interpretación desde dentro de las personas y los movimientos críticos de la ciudad. Intenta aportar reflexión, equilibrando lo urgente y lo importante. Asume el compromiso de contribuir a articular argumentos que den sentido al conjunto de esas experiencias. Es un regalo hecho con mucho cariño, auténtica artesanía que hay que saber apreciar.

Blanca, Alberto y Alicia coinciden: Me abre otra ventana al mundo y me conecta con otra gente. Me gusta que se traten temas que apenas se tratan en los otros medios.

Néstor: La profundidad con la que El Topo excava sus galerías informativas contrasta con la superficialidad con la que otros divagan sobre la actualidad. La selección de qué es noticia, por un lado, y el análisis concienzudo del contexto (histórico, socioeconómico, cultural…) y de las implicaciones de la misma distinguen a El Topo de los otros medios. Por otro lado, la indudable independencia de este periódico y de cada un* de sus colaboradores te garantiza que las ideas en él reflejadas, y con las que puedes estar más o menos de acuerdo, son «verdad» para sus autores. La sinceridad periodística es, hoy por hoy, un bien a valorar muy positivamente.

Manuel Jesús: Imposible encontrar medios verdaderamente independientes. El Topo aporta claridad, una visión sin las influencias económicas que cambian la representación de la realidad.

Sofía: Alegría, la de saber que estáis ahí para dar voz a la gente que se escucha menos. Conocimiento: es una forma más —y muy importante— de estar al día, de seguir formándose en sentido amplio, de poder conectar con lo que me interesa, porque no sois solo noticias, sino «conocimientos crítico» de distintas realidades que conocéis de primera mano. Ética: no hay interés ni económico ni de poder en lo que hacéis. Eso es un punto de partida que pocos medios (¿alguno?) comparten.

Helène: La mayoría de los medios pretenden «informar» pero lo único que hacen es contar hechos sin análisis, sin crítica, sin opiniones diversas. El Topo permite opinar y luego actuar.

ET: En el contexto social actual, ¿crees que los medios de comunicación autogestionados son viables? ¿Está la sociedad dispuesta a pagar por ellos?

Óscar: Creo que una debilidad de los movimientos sociales es que nos paramos demasiado esperando obtener la prueba de que lo que hacemos funcionará, y tardamos demasiado en actuar. Todas las ideas nacieron en la cabeza de las personas, pero ninguna se construyó sin salir de ahí. Hay que actuar, sobre los cambios de quienes estuvieron y para que nuestros cambios sirvan a quienes vendrán. Lo que intentéis generará cambios, y abrirá caminos para otras y otros.

Leandro: Supongo que con la enorme oferta que existe eso es difícil. No da tiempo ni siquiera a asomarse a una pequeña parte de los textos, sonidos e imágenes que se ofrecen. ¿Cómo atraer a alguien más allá del que ya está, del que se asoma a El Topo para verse a él/ella mismo o sus amigos cercanos?

Blanca: Son viables si de verdad se quiere tener una independencia y mantenerla, si de verdad no hay un ánimo de lucro. Y es viable si se cree en ello. La sociedad, creo, paga por lo que cree que merece la pena. Y paga más a gusto si cree que es parte de ese proyecto y si de lo que le hablan le es cercano o le afecta directamente.

Néstor: Actualmente contribuyo económicamente con tres medios independientes y autogestionados, y creo que El Topo fue el primero en recibir mi apoyo. Esto quiere decir que en el último año mi actitud ha cambiado sustancialmente y me encuentro en mucha mayor disposición de colaborar en el mantenimiento de estas iniciativas. Y tengo la sensación de que no soy un caso aislado. En tanto en cuanto los medios de comunicación autogestionados vayan logrando sus inherentes objetivos de transformación social, estarán avanzando también hacia un contexto más proclive a permitir su viabilidad económica.

Alberto: Creo que sí. Supongo que el secreto está en ofrecer algo que no se encuentra normalmente o fácilmente, en acercarlo a la gente y despertar su curiosidad.

Manuel Jesús: La viabilidad será la que la sociedad demande. Es cierto que es difícil, pero está cambiando la percepción de la ciudadanía, se buscan medios nuevos, sitios donde contrastar la información, es el momento.

Sofía: Es algo que hay que ir viendo, pero creo que nunca como ahora ha habido tanta gente dispuesta a hacer algo porque sí, porque se lo cree de verdad, porque lo necesita para seguir (ilusionada) viviendo, tanto como respirar o comer. Además, si no es a través de la autogestión, ¿qué nos queda?, ¿las mentiras que nos cuentan l*s politic*s y sus secuaces que se han adueñado de todos los medios informativos para aburrirnos hasta el hartazgo?

Helène y Alicia coinciden: La gente está dispuesta a pagar por ellos, pero ¿qué gente? Es difícil llegar a un equilibrio entre la calidad de las informaciones y el hecho de «ser viable». Los medios que proponen una comunicación de calidad pierden, en general, su dimensión popular.

ET: ¿Cómo te imaginas a El Topo en el próximo año? ¿Qué le deseas?

Óscar: Me imagino un El Topo económicamente viable. Nos da mucho miedo darle importancia a este aspecto, pero la tiene, porque tenemos que comer de nuestras ideas, de nuestros proyectos. Si no, no son reales por muy bien que funcionen. Si nuestras ideas se quedan en un hobby, estamos obligadas a ganarnos la vida fuera de ellas. Y entonces estamos generando cambio social en nuestro tiempo libre y deshaciéndolo en horario laboral. Si nuestro trabajo genera cambio social, el trabajo se convierte en nuestra vida, pero en el buen sentido: hacer lo que queremos nos da de comer.

Leandro: Me lo imagino en el segundo año de una larga vida. Es fácil (es un decir: nada es fácil) hacer una preciosidad un año para ser recordado con nostalgia por los viejos del lugar. El reto es la continuidad avanzando, enraizando.

Blanca, Alberto, Alicia y Manuel Jesús coinciden: Me gusta mucho tal cual es. Y para el próximo año le deseo más páginas y ¡mil suscriptores más! A lo mejor se mueve un poco más y nos trae más asuntos de fuera de Sevilla.

Néstor: Yo creo que los contenidos de El Topo trascienden en muchos casos su vocación inicial de distribución local. La calidad de sus más que noticias, ensayos y reflexiones, así como de sus genuinas ilustraciones, lo hacen apetecible para un montón de locales dentro y fuera de su ciudad de origen.

Además de ampliar sus bases de asociados, también le deseo mantener y ampliar sus bases de colaboradores: no hay duda de que el mayor capital de El Topo será siempre el humano, empezando por los entrañables y combativos especímenes que bimestralmente lo engendran.

Sofía: Que siga por el camino que va, ahondando siempre en las verdaderas razones de los conflictos sociales, dando voz a tanta gente diversa, buscando formas para conseguir la verdadera justicia social y teniendo una visión feminista de las realidades de las que habla, ¡como habéis venido haciendo hasta aquí! Y si es posible, con más soci*s, ¡que cada un* traiga a otr*!

Helène: Con muchas contribuciones de otros países, con una radio (¿en la web?), siendo un medio de comunicación muy popular. Y bravo por las ilustraciones.

NOTA

Participantes: Óscar Martín (Córdoba), Leandro del Moral (Sevilla), Sofía Segura (Villanueva del Ariscal), Néstor J. Torrecilla (Zaragoza), Alberto Andrés (Munich), Helène Samzun (Paris), Blanca Tadorián (Melilla), Alicia Robles (Higuera de la Sierra), Manuel J. Cabello (Gines).

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Entrevista a Fernando Mansilla

Fernando Mansilla (Barcelona, 1957) es músico, poeta, dramaturgo y ahora novelista. Canijo (Rancho Editorial, 2013), esa historia ambientada en la Sevilla de los 80 con reminiscencias bukowskianas (aunque su novela favorita es La Regenta), se acerca ya al millar de ejemplares vendidos. Pero, más allá del personaje, Mansilla es un hombre tranquilo y un gran conversador. Con él y con Lola, su compañera, disfrutamos hablando de lo divino y de lo humano.

Mansilla: «Echo de menos el albero de verdad, la tierra. Echo de menos el mercadillo de los domingos, echo de menos las candelas que hacía la gente los sábados por la noche»

El Topo: ¿Cuándo y cómo llegaste a Sevilla?

Fernando Mansilla: Llegué en el 81. Vine hasta aquí desde Mallorca porque allí el sur y Sevilla se veían como algo mítico, como un sitio donde se vivía muy bien, siempre hacía muy buen tiempo y se fumaba muy buen hachís. Conocíamos los Smash, sabíamos que había grupos interesantes. Era como una tierra prometida. Luego venías y no era para tanto, claro. Además de esa idea de Sevilla, por aquel entonces yo estaba con una chica que quería bailar flamenco y quería aprender aquí, así que nos vinimos.

ET: ¿Qué te hizo quedarte aquí?

FM: Pues enseguida conecté con un grupo de teatro La Pupa, ahora La Imperdible, yo tocaba el clarinete y entré como músico. Después conocí a Lola [su pareja], tuve una hija aquí y eso ya fue definitivo.

ET: ¿Qué profesión dirías que tienes?

FM: Yo soy ante todo escritor. Empecé a escribir y como nunca tuve muchos contactos editoriales, se me ocurrió montar escenas medio teatrales, medio musicales, con lo que escribía para darlo a conocer. La música me gusta mucho, soy un melómano convencido, pero no soy músico.

ET: ¿Pudiste vivir del arte?

FM: Sí, pero haciendo muchas cosas. Para mí, vivir del arte también ha sido ir a tocar al barrio de Santa Cruz y recoger dinero con la gorra. De hecho, fui de los primeros en tocar allí y tenía mucho éxito, gané mucho dinero. Luego vinieron muchos otros y ya había competencia y ya no era lo mismo

ET: ¿Y cómo crees que se las apaña la gente ahora?

Ahora es más difícil para la gente que vive en la calle. Entonces, Sevilla era una ciudad muy cómoda. Ahora, aunque sigue siéndolo en comparación con ciudades grandes como Barcelona, no es igual. Y entre los músicos callejeros hay mucha más competencia.

ET: ¿Cómo ha cambiado la Alameda desde que llegaste a ahora? ¿Cómo han cambiado los colores, por ejemplo?

FM: El albero. Eso es lo que más coraje me ha dado. De todas las transformaciones del barrio, lo que más rabia me ha dado es que quitaran la tierra. Ese es el color que más destacaría que ha cambiado. Bueno, y luego el colorido del Mercadillo, la vida que había aquí… Esa es otra cosa que destaco como cambio negativo. Como algo que echo de menos.

ET: ¿Y cómo crees que han cambiado los olores?

FM: Antes olía mucho a podrido con la pescadería de la calle Bécquer, que olía fatal. Ahora huele menos todo, está todo como más domesticado.

[Interviene Lola, su compañera]: La Alameda de antes era más literaria, más dramática. Pero ahora está muchísimo mejor porque se ha recuperado para la gente.

FM: Viéndolo en retrospectiva, echas de menos aquella intensidad, aquella aventura que era pasear por aquí. Pero claro, eso también tenía una parte negativa, porque era violento y eso nunca es agradable. Con el paso del tiempo, estas cosas las ves con más romanticismo, más literarias.

ET: ¿Y los sabores?

FM: Desde la Agustina, que en paz descanse, se han refinado mucho las tapas con todo esto del diseño. No sé. Yo echo un poco de menos la cocina más tradicional, las tapas de antaño. Pero las de la Agustina, no [risas], eso era todo grasa.

Lola: La comida ha pasado de cutre a una cutrería en plan fino con las franquicias. Por lo menos por aquí en la Alameda, que parece que vivimos como en el El ángel exterminador, atrapados y sin salir de aquí para nada [risas].

ET: ¿Y los sonidos?

FM: ¿Han cambiado realmente? No detecto un cambio en la ciudad. Quizá echo de menos que antes se podía ir a un bar a escuchar música a un volumen considerable. Ahora, en alguno hay música que te gusta, pero se escucha muy flojita. Parece que todo se ha aminorado. Lo que si destaco es que hay mucha paranoia con los ruidos, con la música alta, con molestar al vecino. Hay más tiquismiquis con ese tema y tampoco es para tanto. Domina la norma en todo. Pero en relación al sonido de la ciudad en general, no detecto ningún cambio.

Lola: ¿Que se ha ampliado el sonido de la Semana Santa más tiempo por toda la ciudad?

FM: No, no creo, ¿sí?

Lola: Antes, la Semana Santa se celebraba en Semana Santa y ya está. Pero ahora, por menos de un pitillo sacan una procesión. Ellos pueden molestar y los demás no. El Ayuntamiento pretende sacar los ruidos que no les interesan a la periferia.

FM: Cuando yo iba a tocar a Santa Cruz la flauta y ponía la gorra éramos unos cuantos músicos los que tocábamos por aquella zona. Ahora hay muchísimos, algunos muy buenos, otros muy malos, pero ese cambio está muy bien.

ET: Háblanos de la evolución de la Alameda. ¿Qué te parece la composición humana?

FM: A mí hay cosas que me gustan mucho. Hay mucha vida. Está muy agradable para tomarte una tapa o una copa. Echo de menos el albero de verdad, la tierra. Echo de menos el mercadillo de los domingos, echo de menos las candelas que hacía la gente los sábados por la noche. Era más salvaje. Y ahora eso es impensable. Eso es lo que echo de menos. Por otra parte, ahora está la tranquilidad con la que te paseas por la Alameda. Me imagino que para la gente mayor es mucho más agradable, ya no tienen la paranoia de que te asalten los chorizos.

ET: ¿Ves gente mayor por la Alameda?

FM: Sí. Veo gente mayor, familias, gente joven. Por la mañana se ve mucha gente mayor desayunando en Las Columnas, paseando al perro. A lo mejor por la noche no, tanto pero por la mañana sí.

Lola: Esta siempre ha sido una zona muy popular. Han intentado «apijarla», pero no lo han conseguido.

ET: ¿Qué pasó con el 92 con las personas?

FM: Decidieron acabar con todo el trapicheo y empujaron a todos esos reductos que quedaban aquí de camellos y consumidores hacia el Polígono Norte. En un par de pasadas los echaron a todos.

Lola: La policía los conocía a todos. Por eso lo hicieron tan rápido.

FM: Se demuestra el control absoluto que tienen de las calles. Entonces interesó «apijar», como decía Lola, el barrio. Encarecer los alquileres, la vivienda. Además, es algo que tiene fecha. En el año 96 se acabó la venta de droga aquí. Lo sé porque fue el año que me fui a Murcia y cuando volví el paisaje humano había cambiado radicalmente. Ya no había nada de trapicheo. Los desplazaron al Polígono Norte.

ET: ¿Cree el señor Mansilla que existe el canal mundo, el sincronismo, la casualidad, que estamos en manos de una ingeniosa Diosa fortuna?

FM: No. Creo que no. Creo que está todo bastante escrito. Hay un destino genético que nos mediatiza muchísimo. Luego nos creemos que somos capaces de intervenir mucho en nuestras vidas y creo que no tanto.

Lola: Pero tendremos alguna voluntad de decisión, ¿no?

FM: Sí. Alguna. Pero poca. Es una opinión. Creo que hay un orden cósmico que no percibimos. Que nuestra razón es incapaz de percibir y va mucho más allá de lo que podamos pensar.

ET: ¿Cómo vives tu espiritualidad?

FM: Yo estoy flipado totalmente por el misterio de la vida. El misterio es como el motor de todo. El misterio tan apabullante que es venir aquí a morirse. Es una chispa que me tiene alucinado. Sé que no percibo nada. Esto es una alucinación muy grande. Pero detrás de este telón hay algo que de momento no percibimos y algunas veces parece que entiendes algo, pero enseguida se te olvida.

ET: ¿Qué opinas de la situación de los ultramarinos?

FM: Yo estoy aquí luchando. Tengo mis tiendas. Voy a la plaza. No sé qué va a pasar con eso, pero percibo que hay mucha gente a la que le gusta y que lucha por que permanezcan las tiendas, así que no soy demasiado pesimista. Hay gente que quiere savia de barrio y volver a eso. Es muy difícil luchar contra la economía porque los supermercados son más baratos y la gente quiere ahorrar. Esa es la putada, que los ultramarinos son caros. Es lo que tenemos en contra. Aunque yo lo pago muy a gusto. Además, es caro por un lado, pero por otro te ahorras el desplazamiento a los grandes supermercados.

ET: ¿Y qué nos dice la situación de los ultramarinos sobre la situación de la ciudad?

FM: Los ayuntamientos ahogan mucho a la gente que tiene negocios, con muchos impuestos. Podían darles un poco más de correa. Favorecer que la gente montara sus propios negocios. Les agobian mucho. Eso es lo que me cuenta la gente que tiene tiendas.

ET: ¿Crees que las tapas de cartoné tienen futuro? Teniendo en cuenta el inminente apagón energético.

FM: ¿Cómo? [risas] Hasta hace poco había aquí un negocio de un chaval que hacía libretas de cartoné. Ojalá. Qué buen futuro. Me gustan las libretas con tapas de cartoné.

ET: ¿Qué aperitivo recomendarías?

FM: El cuscús de El Paladar, el salmorejo del Eslava… Pero si tengo que elegir uno, el cuscús de El Paladar.


ET: ¿Qué canción le pondrías a Sevilla de banda sonora?

FM: Hay tantas y tan chulas… No sé… Se me viene a la cabeza lo que cantaban los Pata Negra de «Pasa la vida… pasa la vida…», por ejemplo. Siempre que pienso en Sevilla, si estoy fuera, se me viene esa canción a la cabeza.

ET: ¿Qué tal la experiencia con Pony Bravo? [El grupo sevillano hizo una musicalización de «Canijo»].

FM: Genial. De puta madre. Queremos grabar un disco con fragmentos de la novela y su música. He disfrutado muchísimo con ellos todo el proceso, desde los ensayos, porque son muy currantes y muy formales. Y el resultado ha sido estupendo. Hacer eso con trozos de novela es muy difícil. Lo había hecho con poesía, pero no con prosa, y salió muy bien. Además, es que ellos me han caído muy bien. Aunque ya los conocía. Nos ayudaron en nuestro disco Literatura de Baile.

ET: ¿Qué le dices al mundo?

FM: Que esto se acaba muy rápido y hay que disfrutarlo. Para mí, la vida es una experiencia increíble. Sé que he venido aquí a morirme y, ¿qué voy a decir más? Lo que decíamos antes de la espiritualidad. Que somos parte de algo divino. Que entre todos conformamos algo que se nos escapa totalmente. Tengo cierto optimismo hacia lo que nos espera. No es que crea en la vida eterna ni nada de eso, pero creo que nos espera algo muy bueno.

ET: Te has convertido en un mito y crecemos con tus poemas y tus letras. Has logrado acercar la poesía a la calle. La puesta en escena de la poesía es algo que no hace mucha gente. ¿Crees que hay un movimiento poético en Sevilla?

FM: Quizá ahora no nos damos cuenta, pero dentro de unos años se verá este tiempo como un momento muy rico. Hay muchos locales pequeños en los que se hacen cosas casi todas las noches. Las salas de teatro más o menos van funcionando. En Sevilla hay movimiento. Hay una riqueza cultural importante. En cuanto a la poesía, tengo que decir que habitualmente no la leo, por eso prefiero ponerla en escena.

Lola: La poesía se lee poco. La mayoría de las veces te decepciona porque los poetas hablan de cosas personales y no las entiendes. Por ejemplo, a mí me gusta Machado porque es muy claro. Lo bueno de Fernando es que pone los textos en escena y la gente lo entiende mucho mejor. Es una posibilidad de leer sus textos mucho más fácil. Pero, ¿qué voy a decir yo? A mí es que me encanta lo que hace.

canijo

Silvia Federici.

Revolución en punto cero. La Revolución Feminista en construcción

Durante el pasado mes de mayo, la pensadora y activista feminista Silvia Federici, autora de Calibán y La Bruja, pasó por Sevilla dentro de su gira de presentación del libro Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas que acaba de editar en castellano la editorial Traficantes de Sueños. Tras ofrecer sendas conferencias en la Universidad Internacional de Andalucía y en la Pablo de Olavide, encontró un hueco para conversar con mujeres que pertenecían a diferentes colectivos que operan en Sevilla. Acudieron integrantes de Mujeres Diversas y del Movimiento por la Vivienda de Sevilla. Allí mantuvimos una enriquecedora y emocionante conversación entre todas.

El Topo: ¿Cómo y cuándo entró el feminismo en tu vida?

Silvia Federici:No es una pregunta fácil de responder. Ha entrado en mi vida, creo, de una formaindirecta, subterránea. Desde muy temprano. Creo que he sido una criptofeminista durante muchos años, antes de conocer el feminismo. Incluso mucho antes de que me hiciera feminista, o mucho antes de que se desarrollaran los movimientos de mujeres, sentía una rebelión contra esta especie de posición, esta especie de identidad a la que se esperaba que me doblegara.

Yo crecí en Italia, en el periodo de posguerra, cuando la cultura general aún estaba muy influida por la idea del rol de hombres y mujeres del fascismo. Y, a pesar de que las relaciones sociales estaban cambiando, era una concepción muy patriarcal de las relaciones familiares. Fue un factor muy importante en mi vida. Podía haberme convertido en una especie de feminista rebelde precoz.

Pero el feminismo entró directamente en mi vida a finales de los sesenta, cuando estuve en Estados Unidos y empezaban los movimientos de mujeres por los que me sentí inmediatamente atraída, aunque solo a partir de 1972 comencé a comprender que el feminismo podía realmente abrir la puerta a un entendimiento, a una nueva comprensión de la sociedad.Entre los años 1969 y 1972 formé parte de varias agrupaciones de mujeres, grupos de estudio, principalmente. También en agrupaciones que debatían sobre eltipo de actividades en que podíamos participar. Pero en 1972 ocurrió algo. Contacté con una mujer que estaba empezando a organizar la campaña internacional Salarios por Trabajo Doméstico y ese mismo año, en Padua, Italia, celebramos un encuentro internacional en el que se sentarían las bases para el Comité Feminista Internacional. Una organización que finalmente lanzó la campaña Salarios por Trabajo Doméstico.

ET: ¿Y se puede decir que cambió entonces tu forma de ver el mundo?

Foto de Gema Luque Higueras

SF:El feminismo transformó mi vida. Me abrió un mundo completamente nuevo con respecto a los hombres, en relación con las mujeres, en relación con mi madre. Durante mucho tiempo, cuando crecía en Italia, el centro de mi atención era mi padre, porque era profesor, mientras que mi madre era ama de casa.Mi padre siempre parecía más interesante. Y el encuentro con el feminismo transformó la relación con mi madre. Empezamos a establecer una relación de igualdad y solidaridad. Fue una transformación enorme. Un importantísimo momento de cambio en mi vida.

Realmente, cambió mi relación con los hombres. Pero aún más importante, me concedió una comprensión completamente nueva del poder de las mujeres. Y me di cuenta de que, inconscientemente, siempre me había sentido así, siempre había sentido esta fuerza, en mi cabeza, incluso de pequeña. Pensaba que las mujeres son las que han sufrido más y por eso tienen una mayor capacidad de resistencia. 

Más tarde, comencé a ver el feminismo de una forma más teórica también, de una forma que me permitió transformar mi existencia. Además, colaborar con otras mujeres fue algo muy influyente. En uno de los artículos de Revolución en punto cero explico que la experiencia de encontrarme por primera vez en una habitación con 500 mujeres fue algo que no puedo describir. Esa experiencia de estar rodeada por mujeres que no estaban interesadas solo en los hombres, un mundo en el que los hombres no eran el centro de atención en sus vidas. A menudo, con otras amigas, hablábamos sobre hombres, hablábamos sobre amoríos…pero, en ese caso, estábamos en un espacio en el que el interés era por nosotras mismas, en el que nos encontrábamosinteresantes las unas a las otras.Y ver a todas estas mujeres a mi alrededor fue una experiencia tan poderosa…De hecho, me siento mal por las nuevas generaciones que han crecido cuando los movimientos de mujeres no eran un movimiento de masas tan importante.

ET: Lo que cuentas de tu madre nos ha sucedido a muchas de nosotras. El feminismo permite entender mejor a nuestras madres, estrechar lazos de solidaridad, entendernos mejor las unas a las otras. Acaba con la idea de que es el hombre quien mantenía la familia…

SF: Precisamente, aquel Comité Triveneto de Padua por el Salario por Trabajo Doméstico, que ya no existe, tenía un grupo de mujeres que escribía canciones feministas y sobre salario doméstico. Una de estas canciones estaba dedicada a las relaciones de la mujer con la madre.

ET:Tu libro Calibán y la Bruja ha sido una lectura muy reveladora para muchas de nosotras. Visibilizas muchos de los procesos que impuestos desde el poder relegaron a las mujeres a la esfera privada-reproductiva. Problematizas la idea de progreso y el tópico institucional de que siempre vamos a mejor. Muchas coincidimos con la sensación de malestar que nos generó su lectura,pero, ¿cómo viviste tú el proceso de escritura?, ¿cómo viviste el periodo de investigación?

SF:Antes de empezar, quisiera decir que muchas de las teorías, de las ideas principales que han dado forma a mi investigación, procedían de los movimientos de mujeres. No es invención mía la cuestión de la separación entre producción y reproducción, la cuestión del trabajo doméstico no remunerado. Esta nueva perspectiva política surge a partir del discurso de muchas.

Es muy importante para mí porque, en general, no creo que ninguna idea política importante provenga del individuo. Cualquier idea política importante procede siempre de grandes transformaciones sociales y movimientos de lucha.

Respecto a Calibán y la Bruja, su escritura fue una experiencia muy emotiva. Creo que gustó tanto por lo que hace sentir. Hay mucho dolor en ese libro. No fue un proceso distanciado de escritura, no fue un escrito académico. Hay mucho de mi propia vida, de mis propios sentimientos. En el segundo capítulo, que trata sobre los movimientos heréticos, relato mi propia conexión con la zona de Italia de la que provengo—que siempre fue un lugar de paso desde Francia hasta Alemania a través de Italia— y siempre lo consideré como una tierra de herejes. Fue una forma de volver a conectar con la historia de las áreas de las que mi familia procede, de donde vengo.

Y la cuestión del progreso es también muy importante en mi vida. Quizás, porque vengo de una generación que creció inmediatamente después de la guerra. Mi familia nos habló a mi hermana y a mí sobre lo que había supuesto la guerra desde que tuvimos edad de comprender, y la idea de progreso nunca me convenció. Me di cuenta desde muy pronto que este mundo es muy injusto. Creo que es una de las razones por las que las generaciones del 68 y el 69 fueron tan combativas. Por otro lado, esta experiencia del mundo había destruido muchos mitos, como el del progreso, precisamente. Y luego, por supuesto, a los 15 o 16 años…la gran lucha anticolonial, Mao, Cuba, etc., fue muy importante. Después, el viaje a Estados Unidos, el movimiento cívico, el encuentro con la realidad de la esclavitud… no podía identificar capitalismo con progreso. Había que estar completamente ciego para creer que el capitalismo había traído el progreso. La Ilustración, el siglo de la razón, fue el periodo en el que la esclavitud estuvo más extendida. Fue la cúspide en el desarrollo del sistema de plantaciones. La era de la razón fue la era de la esclavitud. No fue difícil para mí escapar de esa perspectiva que presenta al capitalismo como progreso.

Y una experiencia muyimportante y emotiva fue el encuentro con las brujas, que fue increíblemente dolorosa. Lo he dicho muchas veces, tenía que cerrar el libro y distanciarme, porque me veía caminando arriba y abajo por la habitación de noche, tras leer sobre las torturas. Es fácil imaginar lo que debía haber significado ser quemado vivo, o ver a tu hija o amiga quemadas vivas, o a tu amante, quemada viva. Fue algo que me agitó y confirmó mi visión del mundo capitalista. El de un mundo que realmente necesitamos trascender y transformar en algo completamente diferente.

ET: Creo que, igual que hoy aquí, en estos 20 días que has estado viajando por España has podidoconocer muchos movimientos sociales y, también, la realidad de los ataques que sufrimos todos los días.

SF: Sí.

ET: Ayer, en tu conferencia, hablaste sobre los retos pendientes: llamaste a la revolución feminista «inacabada» y comentaste que el feminismo, con su institucionalización, se ha quedado en el olvido. ¿Qué recomendaciones harías a los movimientos sociales que has conocido?

SF: Creo que esta visita me ha enseñado, en particular, cuántas mujeres están luchando y en cuántas actividades diferentes. He visto el mismo problema aquí que en Estados Unidos. Muchas actividades, mucha participación y espíritu de lucha…y una pregunta: ¿cómo conectarlo todo? ¿Cómo crear suficiente poder para transformar la institución de forma efectiva? Es un problema al que todas nos enfrentamos y que denominamos «la elaboración», «la construcción de los objetivos comunes». La revolución feminista sin finalizar, para mí, es la creación de un nuevo tipo de feminismo, de una forma mucho más estratégica y abierta, reenfocando su atención y sus energías en la cuestión de la reproducción. Creo que la reproducción, hoy, es el centro de la crisis que estamos sufriendo, que es una crisis económica, pero también cultural. Y es una crisis de las comunidades en las que vivimos, que han sido desintegradas y asaltadas de muchas formas: económicamente, socialmente… Por eso necesitamos involucrarnos en un proceso de reconstrucción del tejido social y crear nuevas formas de cooperación, nuevas formas de solidaridad.

Para mí, este progreso tiene que venir del área de la reproducción. Porque es en este campo en el que, de alguna forma, las relaciones de poder del sistema capitalista nos atrapan, en las que somos más vulnerables. Pero también es donde se puede empezar a transformar nuestra relación con el sistema. Y la razón por la que llamé a este libro Revolución en punto ceroes porque, para mí, la reproducción es el punto cero. La reproducción es hoy un campo en crisis. Se nos ha quitado tanto…pero la intensidad de la crisis nos obliga a ir más allá del presente, ir más allá de las relaciones del capitalismo para entender que es imposible. No pueden producir nuestras vidas. Así, la crisis total que vivimos puede convertirse en un momento de creatividad. El punto cero es eso. El final de una posibilidad y el comienzo de otras nuevas.

ET: Para terminar, ¿nos podrías decir tu flor favorita, tu libro favorito, tu canción favorita y tu comida favorita? O, al menos, alguna de ellas.

SF: ¿Comida?… ¡Verde, verde oscura! Las flores son fáciles, dos: violetas y amapolas. ¿Libros? No tengo uno favorito.Puedo nombrar uno que fue una inspiración para Revolución en Punto Cero: el libro de la escritora egipcia Nawal Al-Sa’DawiMujer en punto cero. Me gustó mucho, me emocionó y lo traduje al italiano. Punto cero en este libro es el fin de todas las ilusiones. Trata sobre una mujer que ha matado al hombre que la explota y ha sido condenada a muerte y no quiere recibir clemencia porque se da cuenta de que en este mundo no hay justicia para las mujeres. Ve la muerte como un viaje por un mundo posiblemente mejor. Me parece que esta muerte es una metáfora para decir que esto no es un cambio total. El rechazo de la gracia es como decir: «este mundo no es para mí, quiero un mundo diferente». El punto cero es el fin de la ilusión pero también el inicio de un nuevo viaje, un viaje que puede ser por un mundo mejor. Por eso seleccioné este título.

ET: ¡Muchísimas gracias!

SF:¡De nada!

ET: ¿Y la canción?

SF:¡Ah, la canción! Hay muchas canciones. Algunas del cancionero de la mujer. Algunasque son muy intensas y cuando las canto me hacenllorar. También canciones del movimiento comunista en Italia de los años 50 en el que se habla de la esperanza que todavía tenía la población en un mundo mejor después de la Segunda Guerra Mundial y el movimiento partisano. Un ciclo de canciones muy fuertes, porque expresan esta esperanza e ilusiones tan amargas. ¡Cuando las escucho se me rompe el corazón!

ET: Ahora sí, ¡¡¡muchas gracias, Silvia!!!

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Victorias desde abajo

Crónicas del estallido es un libro que muestra la influencia de los movimientos sociales en muchos de los cambios vividos en América Latina en los últimos años. Sus autores, Martín Cúneo y Emma Gascó, han recorrido durante 15 meses los 10 000 kilómetros que separan Argentina de México recogiendo testimonios de cientos de activistas que en cada país han sido capaces de  frenar privatizaciones, expulsar multinacionales y crear alternativas.

El Topo: ¿Cómo surge la idea?

Martín Cúneo: La idea de escribir sobre la victoria surge desde Diagonal, donde trabajábamos. Fue una reacción a las críticas a la escasez de noticias positivas sobre las luchas de los movimientos sociales. Entonces decidimos contar lo que se puede conseguir desde abajo.

ET: Y la financiación… viene del Banco de Santander, ¿no?

Emma Gascó: [risas] El viaje lo pagamos de nuestro bolsillo, el trabajo posterior lo hicimos en una casa que nos dejó mi madre y la publicación  ha sido posible gracias, por un lado, a la colaboración de Diagonal, Omal (Observatorio de multinacionales en América Latina) y Coopi (Coordinación por los derechos de los pueblos indígenas) y, por otro, al crowfunding. Hubo unos 400 mecenas que compraron el libro antes de publicarse.

ET: ¿Funciona el crowdfunding?

EG: En nuestro caso funcionó como venta directa. Necesitábamos 2500 € y conseguimos más de 7000 €

MC: Queríamos que se distribuyera el libro, más que obtener beneficios, y así pudimos enviar ejemplares a Latinoamérica al mismo precio que aquí.

EG: Nos parecía interesante que un libro que esperamos que tenga utilidad, tuviera un precio razonable. Por eso, el trabajo de maquetación y corrección lo hemos hecho nosotros o gente cercana. Y se ha hecho con licencia copyleft.

EG: El crowfunding también ha permitido que enviemos libros a muchas de las personas que han participado. Suelen quejarse de que no saben qué se hace con sus historias y esto lo ven como otra forma de colonización.

ET: Antes de comenzar el trabajo, ¿hicisteis un viaje previo o fue todo sobre la marcha?

EG: Habíamos estado  allí antes. Martín, además, es argentino y había sido coordinador de Global, la sección dedicada a Latinoamérica en Diagonal, y eso le propició muchos contactos con los que empezamos a trabajar.

ET: ¿Y a quién va dirigido este libro?

MC: Hay varios niveles. En primer lugar, a la gente que ya está movilizada tanto aquí como en América Latina. Es un poco «libro de autoayuda para activistas».

ET: Cómo ser activista y no morir en el intento…

MC: Sí [risas]. Este libro posibilita mirar la situación con un poco más de perspectiva y confirmar que la acción de los movimientos sociales siempre tiene alguna consecuencia positiva.

EG: En otro nivel, también hemos intentado llegar a gente que no está tan convencida y por eso hemos utilizado un lenguaje más claro.

MC: Al final nos ha salido un libro de «historias de abajo» que puede interesar a cualquiera que se haya preocupado alguna vez por América Latina o quiera conocer qué efectos tuvo allí el neoliberalismo y cómo se le hizo frente. Un proceso que se vive aquí ahora.

ET: «Crónicas del estallido». ¿Por qué ese título?

EG: El sentido que le damos ahora es, por un lado, el estallido de la gente que dice: «Basta. Hasta aquí hemos llegado»; y, por otro, el estallido del sistema que se devora a sí mismo.

ET:De todas las experiencias que habéis conocido, ¿cuál sería la que más os ha llegado?

EG: A mí, en concreto, una de las que más me ha llamado la atención es la de las Madres de Soacha que destaparon uno de los casos más terribles del gobierno de Uribe. En 2008, siendo ministro de Defensa el actual presidente Juan Manuel Santos, se aprobaron dos leyes que permitían al ejército recibir primas por los muertos en combate; para ganarlas, llegaron a secuestrar a numerosos chicos de procedencia humilde a quienes asesinaron haciendo pasar por  guerrilleros. Algunas madres de estos jóvenes se asociaron para denunciar y reclamar justicia. Su lucha, a pesar de las amenazas, logró la condena de algunos altos cargos y la destitución de otros. Además, llevó el asunto a terreno internacional haciendo pública una historia que apunta tanto a Uribe como al actual presidente, considerado como uno de los artífices de la paz en Colombia.

MC: A mí, el que más me impresionó fue el movimiento indígena ecuatoriano. En 1990, cientos de miles de indígenas llegaron a Quito sorprendiendo a los propios quiteños. Lanzaban lemas como «Fuera las multinacionales» o «El indio unido jamás será vencido». Dos años antes de la Expo 92, ellos se movilizan y consiguen ya algunos de sus objetivos. Logran, por ejemplo, que no se firme el Tratado de Libre Comercio (TLC). No son los únicos, pero sí son la punta de lanza de otros sectores y crean un polo social que derrumba un sistema político y permite que surja una figura como la de Rafael Correa. Son un ejemplo de cómo los movimientos son capaces de cambiar un país.

ET: Aunque habláis de un espacio muy diverso y complejo, ¿os habéis encontrado con lugares comunes en las movilizaciones?

EG: La organización horizontal se repite. A raíz de la caída del Muro y la descomposición de la URSS, en América Latina los partidos comunistas pierden peso y al crecer la precariedad y los niveles de desempleo, los sindicatos tradicionales también se debilitan. En ese contexto, mezclado con el movimiento indígena cuya base es la organización horizontal, surgen fórmulas menos jerárquicas.

MC: Otra cosa en común es que la mayoría se organiza y lucha por cosas muy concretas. Quieren expulsar a una empresa o quieren más ayudas sociales.  No tienen un bloque ideológico  claro detrás.

ET: El papel que desempeñan las mujeres en estas luchas es fundamental.

EG: Es cierto, pero en realidad, aquí también, lo que ocurre es que la práctica periodística y la construcción del relato las esconden.

MC: Sobre todo porque tanto aquí como allí los portavoces y los líderes son los hombres. Aunque ellas son mayoría, es difícil que hablen.

EG: Buscábamos movimientos feministas como los de aquí pero en muchos lugares las mujeres se definen como feministas y en otros no. No se organizan al margen de los hombres sino dentro de la comunidad y critican el feminismo occidental al que tachan de colonial, neoliberal e individualista. La lucha por el territorio y la lucha por el derecho a decidir sobre su cuerpo están muy unidas.

ET: ¿Cuál es el peso del movimiento indígena en estas luchas?

MC: Varía mucho en función del país. En Bolivia y en Guatemala, constituyen la mayoría de la población. En el resto de países, es difícil saber el número exacto.  La manera en la que se ven a sí mismos, también cambia muchísimo entre unos lugares y otros.  Hay quienes reivindican la  identidad indígena con orgullo y quienes no. Por otra parte, el indigenismo  ha influido en la forma de funcionamiento de numerosos movimientos sociales dentro y fuera de Latinoamérica. Las huellas del zapatismo han sido evidentes en el movimiento antiglobalización y en el 15M.

ET: ¿Cómo es la relación con criollos y mestizos?

EG: Sigue habiendo racismo entre unos y otros. Sin embargo, también hay avances. En Guatemala, el movimiento indígena es el que está rehaciendo el tejido social a través de las llamadas «consultas de buena fe» en las que preguntan a la población (incluyendo ladinos y blancos) sobre cuestiones como la implantación de una mina o una represa. Desde 2005, se han hecho hasta 74 consultas con mucha participación.

MC: El mestizo siempre ha intentado ignorar su parte india, pero ahora muchos de ellos también han recuperado su identidad indígena

ET: ¿Hay más conciencia de clase o de etnia?

MC: Yo creo que se suman. Esa es una de las riquezas que tiene el movimiento indígena, que consigue enriquecer el análisis marxista. El  enfoque que falta es el de género.

EG: Ha habido muchos ejemplos de partidos comunistas o movimientos de liberación nacional que no tuvieron en cuenta el enfoque de etnia y eso causó muchos estragos. En Guatemala, uno de los problemas de la guerrilla es que no tuvo en cuenta que la mayoría de la población era indígena.

MC: Algo parecido ocurrió en Nicaragua con los sandinistas, que no tuvieron en cuenta que toda la parte atlántica era indígena y acabó produciéndose un conflicto armado entre ellos. Rectificaron a tiempo y concedieron una de las primeras autonomías indígenas.

EG: Luego hay ejemplos, como el de Sendero Luminoso, que no se han conocido bien aquí y que fue una guerrilla mesiánica y racista que acabó con el 54% de los 70 000 muertos de todo el conflicto interno de Perú.

ET: ¿Cuál ha sido el papel de la teología de la liberación?

EG: El historiador José Antonio Aguirre Rojas nos contó que Mayo del 68 supuso tal revolución cultural que fue capaz de romper las bases hasta de una institución tan conservadora como la Iglesia. Ahí surge la teología de la liberación y se extiende por toda América Latina. En Centroamérica, ha jugado un papel muy importante. En el Cauca (Colombia), la teología de la liberación es una de las semillas junto al partido comunista y el movimiento indígena.

MC: Y en el zapatismo, igual. Hay una herencia de los movimientos indígenas, los partidos comunistas y la teología de la liberación. En casi todos los movimientos indígenas encontramos esas tres patas.

EG: Ahí hemos tenido que desmontar algunos prejuicios. A veces, desde aquí, no somos conscientes de que hay otra Iglesia.

ET: ¿Qué restos hay de la colonización española?

MC: A todos los entrevistados les preguntábamos: «¿qué queda de la colonia? ». Y siempre respondían: «todo».

Sigue presente la desvalorización de lo propio y la admiración de lo blanco, lo extranjero, lo europeo. Los grandes apellidos europeos continúan dominando la economía.

ET: La crisis de la deuda y el laboratorio de pruebas del neoliberalismo en Latinoamérica. ¿Qué paralelismos hay con la situación actual aquí y cómo consiguió combatirlo la gente?

MC: Eso es el libro entero [risas]. La crisis empezó en el 82 cuando México declara que no puede pagar la deuda externa. En ese momento, se acaba el crédito barato tras  una etapa con mucho dinero en el mercado por el auge del petróleo. Después de eso, los países que quieren dinero deben agachar la cabeza y vender todo lo vendible al servicio del capital internacional. Ahora, dos décadas después, todos los presidentes que vendieron sus empresas públicas a empresas españolas han sido encausados o están proscritos en sus países.

Las consecuencias de la crisis fueron las mismas que aquí: despidos, subidas de IVA, bajadas de impuestos a las grandes rentas, rescates de bancos… Es decir, nacionalización de las pérdidas y privatización de las ganancias.

EG: Lo llamativo es que, viendo que allí no funcionó, se deje que ocurra aquí

ET: La memoria histórica es muy corta

MC: La ciudadanía está un poco en estado de shock porque en cuanto se opone a una cosa hacen otra aún más bárbara.

ET: ¿Qué habría que hacer para cambiar la situación aquí?

MC: La legitimidad tiene que ganar a la legalidad. Hay que dar pasos (como parar los desahucios) que fuercen al gobierno a cambiar o a irse.

Gamonal ha sido un ejemplo. Ahí se fue acercando la legalidad a la legitimidad y se contaba con el apoyo de la gente. No se trata de que el movimiento tenga que ser siempre pacífico pero sí debe tener siempre apoyo social detrás.

EG: Allí hemos visto casos en los que ha sido importante la creación de partidos, pero esa institucionalidad solo sirve cuando hay mucho movimiento en la calle. Sola no funciona.

ET: ¿Habéis tenido contacto con movimientos armados?

EG: Hemos hablado con personas que ahora no están movilizadas pero que formaron parte en el pasado de alguna guerrilla. En Perú, por ejemplo. A día de hoy, suelen criticar la jerarquía en la toma de decisiones y su lejanía de la población.

MC: Son distintas épocas. Bajo una dictadura, es lógico que haya movimientos armados. En cambio, cuando tienes otras herramientas no conviene porque se implica menos gente, limitas la influencia del movimiento. Es una cuestión de inteligencia política. Aunque cada sitio merece un debate detallado.

ET: ¿Qué pensáis sobre la autogestión de fábricas? ¿Podría ser una opción aquí?

MC: Allí, es una opción que ha demostrado ser válida no solo cuando hubo un cierre masivo de fábricas, sino también ahora que el desempleo ha bajado. Las fábricas ocupadas y autogestionadas funcionan incluso mejor que con el patrón. Evidentemente, ha habido casos que han fracasado, pero hay muchos ejemplos de éxito.

ET: ¿En qué países se han producido ocupaciones además de Argentina?

MC: Brasil, Uruguay, Venezuela… Pero sobre todo en Argentina porque allí ha habido apoyo del gobierno,  aunque también haya metido la zarpa y haya generado división.

ET: Y para acabar, decid algunas palabras de ánimo.

MC: «Animarsus » [risas].

EG: Que se puede. Las cosas no ocurren de un momento a otro, no son fáciles y a veces no se ve el horizonte. Son procesos que requieren formación, que requieren tesón, que conllevan sacrificio y conflicto, pero se puede.

20 ENTREVISTA 2 - Famdegua - Guatemala
Activista de DDHH de la organizacion Famdagua de Guatemala
21 ENTREVISTA - LA PAROTA - ACAPULCO
Comuneros de Acapulco detuvieron construccion de una presa que anegara sus tierras

Reincidentes

30 Años de Rock, Ciudadanía y Lucha Social

El grupo sevillano celebra sus casi 30 años de existencia con un nuevo trabajo que incluye dos discos —Canciones para no olvidar y Canciones para construir—, además del documental Erre que Erre. Un recorrido por los últimos 25 años de la historia social y política del Estado español y Latinoamérica, con la trayectoria de Reincidentes como hilo conductor. Aunque inmersos en la gira, logramos quedar con su vocalista, Fernando Madina. La cita es en el Aljarafe sevillano y comenzamos hablando de periodismo.

El Topo: ¿Qué opinas de la situación de los medios de comunicación?

Fernando Madina: La prensa surge en la Revolución Francesa y los primeros medios eran los boletines de opinión de los diferentes partidos. Eso significa que nace para ser vocera de unos intereses. Partiendo de ahí, la prensa es necesaria y es necesario contrastar los diferentes medios para conocer los intereses de todos los grupos políticos, económicos y sociales. Aquí, durante el franquismo, la prensa fue la vocera del régimen. Después de la transición se vendió una diversificación ideológica de los medios, pero realmente son contados los que no están al servicio del poder. Ahora, los medios son de derechas o más de derechas. La prensa de izquierda apenas existe porque la izquierda no tiene actualmente los recursos necesarios. Solo internet ha «democratizado» algo la información. Lo que es cierto es que la visión de un quiosco en cualquier ciudad del Estado deja mucho que desear porque no puedes comprar nada.

ET: ¿Y cómo te informas tú?

FM: Para los sucesos de alto calado y absoluta inmediatez lo mejor es internet: Twitter, nodo50, Kaosenlared o Rebelión. El País tenía una sección de internacional muy buena, pero últimamente parece alinearse con otras posiciones, sobre todo en relación con Latinoamérica y en concreto con Venezuela. Pero también hay otra manera de ver la prensa que es leerla al revés. Si lees El Mundo o La Razón e interpretas al contrario lo que dicen, probablemente estarás bien informado.

ET: ¿Crees que la gente está dispuesta a pagar por lo que lee?

FM: El problema es que internet te posibilita no pagar por la prensa. Si el Neolítico y la Revolución Industrial fueron dos grandes hitos de la historia, el tercero ha sido internet. Internet provoca la desvalorización del trabajo periodístico y eso ha generado que desaparezcan periódicos como Público, porque incluso sus lectores no lo comprábamos. Y es una pena, porque el trabajo periodístico es necesario para alimentarnos ideológicamente y para conocer el mundo. Nuestra contradicción como gente de izquierdas es que queremos que haya una prensa de izquierdas, pero no la pagamos.

ET: Hay medios como El Topo que han elegido centrarse en lo microlocal para profundizar en cuestiones cercanas que no se tratan en otros medios.

FM: A mí me interesan más las noticias internacionales. Lo que ocurre aquí al lado puedo verlo, pero lo que pasa en Siria, no. No digo que no haya que informar sobre un desahucio, al contrario, pero para conocer lo que de verdad está pasando en Palestina o en los territorios saharauis necesito un medio que me lo cuente. Pero es cierto que la cercanía le da valor a una noticia. A mí siempre me ha llamado la atención que haya muertos que valen más que otros. Un guardia civil asesinado por ETA puede valer diez mil veces más que diez mil niños muertos en Sudán. Yo abogo por una prensa más internacionalista.

ET: ¿Celebráis el 25 o el 30 aniversario de Reincidentes con este proyecto? Porque hemos visto en algunos sitios 25, en otros 27…

FM: Nuestra idea era celebrar los 25 años, pero se cruzaron en el camino nuestros amigos de Narco para hacer un disco juntos y aparcamos el proyecto un par de años. Después, lo retomamos cuando se cumplen 27 años, que es una cifra un poco rara, pero a alguien del grupo se le ocurrió: «25 de Reincidentes más los tres de Incidente Local… 30 años» [risas].

ET: ¿Cuándo surge exactamente?

FM: Reincidentes nace en las navidades del 86 al 87 e Incidente Local empieza tres años antes con Barea (guitarra), Manuel (batera) y yo (voz). Después cogí también el bajo [risas].

ET: Es cierto que cantar y tocar el bajo es difícil, solo David Summers y tú habéis sido capaces [risas].

FM: Ahí nace el grupo y una amistad inquebrantable de los tres. Poco a poco el rock radical vasco que se hacía en esos momentos (La Polla, Kortatu…) nos hace encaminarnos hacia un estilo concreto, porque al principio éramos muy eclécticos, queríamos tocar de todo. Desde los alemanes Nena, a The Cure, Psicodelic Furs y, por supuesto, Leño.

ET: ¿Qué os llegó antes, el rock o el compromiso social?

FM: El rock. De hecho, todavía, al componer, no incorporamos la letra de las canciones hasta que la música no está acabada. Es la música la que nos cuesta desarrollar. Luego ya no solo llegó el compromiso social por el empujoncito del rock radical vasco, sino por nuestras propias inquietudes, nuestra propia evolución personal y como trío. Yo formaba parte del movimiento estudiantil, Manuel también, Barea estaba en el movimiento sindical; ya empezamos a relacionar la música con la política y se convirtieron en indisolubles, aunque no en dictatorialmente únicas, Reincidentes también tiene letras que no son políticas. Hay que divertirse también.

ET: Os planteáis el rock como un acto político, pero ¿cuánto peso creéis que tiene en esto el mero espectáculo y cuánto la movilización social?

FM: Desde la perspectiva de la banda, el porcentaje que el grupo le quiera dar. En nuestro caso, siempre hemos pensado que es el 50%. Desde la perspectiva del público, depende de su situación. Emisor y receptor son igual de importantes. Por otra parte, depende del espacio. No es lo mismo tocar en una sala donde la gente paga por verte presentar tu último disco que tocar en la fiesta del PCE. Nosotros, desde luego, pensamos que lo intentamos al 50%.

ET: ¿Pero tenéis la sensación…?

FM: ¿…De que la gente nos conoce más por la letra? Sí, tenemos la sensación [risas]. Es verdad que siempre se crean etiquetas y a nosotros se nos ha catalogado como punk-rock sociopolítico, algo que se corresponde más o menos con la realidad. Nos gusta que nos traten como músicos de rock que intentan poner un granito de arena para una transformación social.

ET: ¿Y creéis que la gente que canta vuestras canciones es consciente de lo que dicen?

FM: Siempre he estado convencido de que el rock es un estilo de por sí rebelde, no necesariamente rebelde políticamente, sino rebelde en general, generacionalmente, en actitudes… Y gran parte de la juventud demanda esa rebeldía porque no la tiene en otro sitio. Ve una realidad plana y globalizada y tiende a buscar mensajes críticos. Por eso nos buscan.

ET: Entonces, ¿vuestro público es siempre joven?

FM: Excepto este año que con Aniversario está apareciendo gente mayor, hasta hace poco hemos cambiado de generaciones de una forma increíble. Nos daba hasta corte. Es verdad que con el paso del tiempo hay personas que se descuelgan un poco del rock, como las que retratamos en la canción Mi generación, que crecen, tienen hijos y parece que a partir de ahí deja de interesarles. Ahora, en plena crisis —no solo económica, sino también de valores—, los grupos que mantenemos e incluso redoblamos esfuerzos a esos niveles, estamos empezando a recuperar a cierta gente, no demasiada, pero alguna que se acuerda que eran de izquierdas y progresistas y les gustaba el rock y el heavy. El arco de edad que manejamos en esta última gira es mucho más amplio.

ET: ¿Cómo funciona Reincidentes a nivel laboral?

FM: Somos una cooperativa desde que empezamos a cobrar. Nos pareció la mejor forma de formalizar la situación laboral. Siempre hemos trabajado de manera asamblearia, desde la primera decisión que tuvimos que tomar. Los tres veníamos de esa tradición política en el movimiento estudiantil y sindical. Siempre hemos creído en la democracia directa y a la hora de convertirnos en empresa lo lógico era ser cooperativa.

ET: ¿Hay paralelismo entre la realidad de vuestros inicios en los 80 y la de hoy? ¿Cómo es posible que las letras de la Polla Records, o las vuestras de entonces, sigan vigentes?

FM: La clave está en el sistema productivo. Sigue siendo el mismo, lo que ocurre es que generó en los países ricos de la Europa Occidental una especie de espejismo que se llamó ‘estado del bienestar’ y que se logró a costa del empobrecimiento de muchos países. Ahora, ese sistema productivo ha dado una vuelta de tuerca porque parece que considera excesivos los logros sociales y ha generado una crisis que nos está acercando al esclavismo, aunque algunos sigan beneficiándose. Se ha generado una involución y, cuando se va para atrás, las letras de hace 25 años siguen vigentes.

ET: ¿Y los movimientos sociales de entonces y ahora?

FM: Los movimientos ciudadanos surgieron con fuerza cuando acabó la dictadura, aunque siempre estuvieron fragmentados. De eso ya se ocuparon los errores de la propia izquierda y el poder. Y de esa fragmentación parte una debilidad que luego ha sido básica. El poder económico nos ha posibilitado unos mínimos a todos para estar callados; si a eso se une la fragmentación, los valores de respuesta dejan de existir. Cuando han dado la vuelta de tuerca, esa fragmentación ha dificultado el volver a empezar. La eterna historia de la izquierda. Esperemos que en un futuro, si el enemigo sigue apretando, nos miremos a la cara, acordemos unos mínimos y tiremos adelante contra ellos con todo.

ET: ¿Qué significa Marinaleda para vosotros?

FM: Marinaleda es un ejemplo de democracia directa, de compromiso, de constancia, de hacer del trabajo un valor para construir una vida mejor y más digna y de que derechos humanos básicos como el cuidado de la vejez, la sanidad o la educación, estén garantizados aunque sea a nivel municipal. Puede tener errores —cuestiones de liderazgo, por ejemplo—, pero los aciertos son tan grandes que los problemas son secundarios.

ET: ¿Cómo se explica que el modelo de Marinaleda no se propagara a más localidades?

FM: Sí se propagó en pueblos de alrededor como Badolatosa o Herrera. Viene de una tradición histórica del anarquismo andaluz; en Cataluña y Euskadi también hay algunos ejemplos. Ha habido otras experiencias, aunque las que hubo eran más peligrosas aún que Marinaleda, que al fin y al cabo está a 102 km de la ciudad más poblada. Si en vez de Marinaleda, hubiera sido Granada, a lo mejor hubieran sacado los tanques. También lo intentó Anguita en la primera legislatura como alcalde de Córdoba cuando propuso que el pleno municipal fuera una asamblea, aunque la gente no participó. La mayoría de la población se conforma con votar cada cuatro años. Hay una tradición política heredada de la dictadura que ha hecho mucho daño. Foto de Javier Esquivias

ET: ¿Qué opinas de la SGAE y los derechos de autor?

FM: Creo que desde el principio debía haber sido un organismo bajo la responsabilidad del Ministerio de Cultura. Las leyes, el entramado fiscal y la propiedad intelectual, deberían ser regidos por el Estado. Es verdad que son conceptos resbaladizos. Nosotros nunca hemos hablado mal de la piratería. Si una discográfica edita nuestro disco en España pero no en Perú, por ejemplo, y allí se lo descargan, pues no me voy a quejar porque eso significa que iré a tocar a Perú. Pero insisto en que la SGAE debería ser más institucional y da la sensación de ser un chiringuito montado por un sector de artistas concretos cuya contabilidad es opaca. Y lo peor es que si no estás ahí lo poco que generes se lo van a quedar ellos. Por otro lado, también pienso que de alguna manera hay que proteger al artista y al creador.

ET: ¿Estás familiarizado con los Creative Commons y licencias libres?

FM: No estoy familiarizado. Pero muchas bandas amigas lo están haciendo. Nosotros lo apoyamos. Es una respuesta válida a la corrupción que se ha producido en la defensa de los derechos de autor. Nosotros hemos optado por la autogestión. Para nosotros, se acabaron las discográficas y las distribuidoras. Distribuimos Aniversario nosotros mismos. Queremos que todo lo relativo a nuestra creación lo gestionemos nosotros. Si la SGAE no lo va a hacer y las empresas intermediarias solo intentan sacar beneficio, los creativos deben tomar las riendas de su producto. Pero insisto en que yo soy estatalista, creo que estas cosas deben estar reguladas.

ET: ¿Cómo veis el panorama punk-rock actual? ¿Quién toma el relevo?

FM: Este tipo de rock nunca fue bien visto hasta que BMG y Warner se dieron cuenta de que Ska-P, Extremoduro o Rosendo podían ser objetos de consumo. Pero luego vino la caída. Ahora es el indie, el pop… Del rock quedan los dinosaurios, o lo que venga de fuera, que no puedes evitar. Hemos vuelto a las salas, hay menos festivales, se nos radia menos, no se nos televisa nada. Lo bueno es que —a pesar del conservadurismo social y de que parezca que solo existimos los que llevamos tocando 30 años— hay miles de bandas haciendo rock y punk con mucho nivel técnico y letras muy buenas. Y además, si internet llega a ser la herramienta de democratización que parece, esas bandas tendrán más oportunidades, a pesar de que la promoción sea igual de importante en la red.

ET: Y cambiando de tono para terminar, ya sabemos que apoyáis numerosas causas ¿Vais a hacer algún concierto en solidaridad con Justin Bieber?

FM: [Risas] …No. Mejor lo haremos para apoyar a Ortega Cano, que es más de aquí. ¡Free Ortega Cano!

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Entrevista a las Corraleras – Corrala Utopía

La Corrala Utopía constituye un referente del movimiento por el derecho a la vivienda dentro y fuera de Andalucía. El edificio de San Lázaro, en el barrio de la Macarena, ha cumplido más de un año y medio de ocupación y las 36 familias que lo habitan mantienen el espíritu de lucha del primer día. Un equipo de El Topo se ha reunido con varias vecinas de la Corrala para hablar del presente y el futuro.

corraleras web

Dignidad, orgullo, lucha… Son las palabras más repetidas entre las vecinas de la Corrala para referirse al proceso iniciado en mayo de 2012 con la ocupación de un bloque vacío de viviendas, propiedad de la entidad bancaria Ibercaja. Tras más de veinte meses de reivindicaciones, manifestaciones, acampadas y reuniones con el banco y las administraciones, continúan sin llegar a un acuerdo y la amenaza de desalojo no desaparece. Ellas no se rinden «porque no tenemos nada que perder», dicen. No quieren caridad ni que les den los pisos, solo una casa con agua y luz por la que puedan pagar un alquiler social.

La cita es en una concentración contra los recortes sociales en el Parlamento de Andalucía. Hace dos años, casi ninguna de ellas había participado en acciones reivindicativas. Ahora son asiduas a actos de protesta y no solo en relación con la vivienda. Tras finalizar, compartimos un rato con Toñi Rodríguez, Marisa Delgado y Aguasanta Quero, tres mujeres muy diferentes entre sí cuyas vidas se han unido en una lucha común. Tres mujeres que transmiten fuerza en cada una de sus palabras.

El Topo: ¿Cómo recordáis el principio de la ocupación? ¿Cómo se gestó todo?

Aguasanta: La ocupamos el 16 de mayo de 2013. Antes estuvimos trabajando y reuniéndonos durante cuatro meses. Éramos 14 familias y queríamos conocernos porque sabíamos que lo que íbamos a hacer no era un huevo que se echa a freír, sino que íbamos a tener que convivir. Todas teníamos el mismo problema tanto de vivienda como económico. Ocupamos el bloque. Se hizo público. Fueron entrando otras familias con el mismo problema. La verdad es que aquel día yo no sabía si podía estar dos horas o podía estar siete, pero aquí llevo veinte meses.

ET: Un elemento fundamental de todo este proceso es que se trata de una iniciativa llevada a cabo principalmente por mujeres.

A: Hay hombres también, pero es verdad que el paso lo dimos las mujeres. Los hombres están ahí, pero las mujeres somos más «echás palante». Ellos ayudan en el mantenimiento de los bloques y dan sus opiniones pero las que llevamos el mango de la sartén somos las corraleras.

ET: La ocupación de La Utopía os convirtió de la noche a la mañana en un referente social y de lucha. ¿Qué significa eso para vosotras?

A: Nos produce mucha satisfacción a todas porque es muy bonito, no solo para las 36 familias de la Corrala sino por lo que supone de lucha contra el problema de la vivienda que hay en Sevilla.

ET: De hecho, a partir de La Utopía fueron muchas las familias que decidieron dar el paso y ocupar otros edificios vacíos, no solo en Sevilla sino en el resto de Andalucía: seis en la capital, dieciséis en toda la comunidad autónoma, aunque no todas ellas se han mantenido. ¿Cuál es vuestra relación con el resto de corralas?

A: Al principio se hacían actividades juntas pero ahora la batuta la lleva La Utopía, que es la que está haciendo más movilizaciones. Las otras están más despegadas.

ET: ¿Cuál es la situación actual de la Corrala?

Marisa: El 10 de enero se reanudó la mesa de negociación con el Ayuntamiento, Ibercaja y la Junta y de momento no hay desalojo.

A: Ni lo hay ni lo va a haber. El día 11 hubo una manifestación para pedirle la expropiación del edificio a la Junta de Andalucía.

M: Una manifestación que estuvo organizada por la plataforma de apoyo a la Corrala, en la que participan 33 asociaciones.

ET: ¿Cuál es vuestra relación con las administraciones después de todo este tiempo?

M: Llevamos 20 meses y no hay respuesta política real, no han buscado una solución. El Ayuntamiento lo único que ha hecho es cortar los suministros y hacer una campaña de desprestigio hacia La Utopía. Es increíble que pisen los derechos como lo hacen. En los plenos a los que hemos asistido nos ha sacado la Policía. Hay una persecución directa hacia personas que lo único que hacen es defender los derechos humanos.

ET: ¿Seguís sin abastecimiento de agua y luz?

M: Sí. Lo único que ha hecho el Ayuntamiento es poner una fuente. Los servicios sociales te tratan con la punta del pie en vez de ayudarte, sin embargo, la delegada de Asuntos Sociales, Dolores de Pablo-Blanco, ha afirmado alguna vez que no ayudan a la Corrala porque la Corrala no quiere ayuda.

A: Yo creo que si el Ayuntamiento desde un principio hubiera querido ayudar lo habría hecho dejando el abastecimiento de agua, ya que el señor Zoido además de alcalde es el presidente de Emasesa. Sin embargo, lo único que ha hecho es poner una fuente.

Toñi: …Y la fuente después de que os llevarais 14 horas encerradas…

A: Nos llevamos 14 horas encerradas porque nos engañaron. Habíamos pedido a la delegada del distrito Macarena, Evelia Rincón, que solicitara el suministro por emergencia social porque había muchas personas, incluidos niños. Ella en un principio dijo que sí, pero después de varias horas esperando volvió a decirnos que lo único que podía hacer era poner una boca de riego en los jardines con agua durante una hora. Nos negamos porque es imposible abastecer a 36 familias con una hora de agua al día. A raíz de aquello nos encerramos en el Ayuntamiento y allí nos dijeron que al día siguiente iban los camiones. Esperamos durante una semana y como en ese plazo no llegaron fuimos a Emasesa. Después de 14 horas dentro nos dijeron que lo único que podían hacer era instalar la fuente. Una vez instalada, un grupo de la Universidad de Sevilla creó un sistema para llevar el agua de la fuente hasta el bloque, pero el procedimiento se hacía a través de una manguera que retiraba la Policía cada vez que pasaba porque decía que era ilegal.

ET: Vuestro proyecto ha despertado la admiración de numerosas personas y movimientos sociales. Os invitan a actividades y habéis organizado un evento como el Corrala Rock, celebrado en diciembre y al que asistieron más de cuatro mil personas. Todo eso supone una exposición pública a la que, imaginamos, no estabais acostumbradas.

T: En el Corrala Rock estaba muy nerviosa por hablar delante de tanta gente que no conocía. Pero una vez que empiezo a hablar no lo pienso, me sale del corazón y quiero que me escuche todo el mundo, no solo los que están delante. Quiero que me escuchen fuera, la gente que tiene la mente cerrada y no quiere ver lo que está pasando.

M: La Utopía es un referente de dignidad para otros movimientos sociales no solo en relación al problema de la vivienda. Hemos apoyado muchas causas: a los estudiantes, a la sanidad.

ET: ¿Cuáles pensáis que son las claves del buen funcionamiento de la Corrala?

M: La Corrala es una muestra de que la unión funciona a pesar de estar sin luz, sin agua y perseguidos de alguna manera. Es una utopía real. Yo me enteré de su historia a través de una charla en la universidad. Fui a visitar la casa invitada por ellas y allí había gente muy normal que llevaba toda la vida trabajando y que se había quedado sin casa y sin trabajo. Y esa necesidad extrema les llevó a ocupar un piso no por placer sino para vivir. Y a mí me pasó lo mismo. Después de muchos años trabajando, estudiando y pagando mi alquiler, de repente me quedo sin trabajo y sin poder pagar una vivienda.

T: Si no lo hubiéramos luchado nos hubiéramos desinflado como ha ocurrido con otras corralas. Lo que pasa es que hemos entrado tías «echás palante». Nosotras pensábamos que solo valíamos para limpiar y llevar la casa y ya está. Y hemos demostrado que somos mujeres-hombres y llevamos el trabajo de la casa, de la calle y todo lo que venga. ¡Y a lo que ha llegado una!, yo de mi casa no salía. Mi vida era mi trabajo, mi hijo, mi casa. No tenía amigas. Tenía 44 años cuando entré en la Corrala y me dolió mucho perder mi casa y quedarme en la calle. Pero ahora me alegro de lo que ha pasado por todo lo que he sacado de mí. Por todo lo que he hecho y que nunca pensé que sería capaz de hacer, además de por la gente tan maravillosa que he conocido.

M: Hay una mezcla…Si no fuera por la Corrala no nos habríamos conocido porque somos muy diferentes. Nuestras vidas no tenían nada que ver. Y en la casa a veces coincidimos y a veces no, pero todo lo discutimos de manera asamblearia y al final siempre llegamos a buen puerto, hemos creado una familia. En todos los pisos de alquiler en los que he vivido, nunca he tenido una relación con el vecindario como tengo con mis vecinas de la Corrala. Yo nunca me hubiera imaginado ocupando ningún sitio pero de repente en una situación ilegal me he sentido más protegida y más querida que nunca.

A: Quien entra no se quiere ir.

T: Lo que se lucha se valora más aunque se pierda y mira donde hemos llegado y esto no se va a quedar parado. Vamos a seguir, aquí o donde sea.

ET: ¿Cómo veis la situación actual? ¿Qué mensaje os gustaría hacer llegar a la ciudadanía?

T: Yo pienso que como no nos apoyemos no conseguiremos nada. La gente tiene miedo. Pero sería bonito que se uniera todo el mundo, incluido la policía y los militares (risas). Y que se reconociera el derecho al trabajo y se pague menos por la luz y el agua. El agua es lo principal, eso no debería costar dinero porque cae del cielo. Y si el agua y la luz cuestan menos y te garantizan tu casa, todo funcionaría. Si hay pisos cerrados que se caen, ¿por qué no dejan a una familia que viva allí? Esto se tiene que solucionar sí o sí.

M: Los organismos públicos deben tomar medidas tanto en relación al trabajo como a la vivienda y otros asuntos. Cada vez hay más familias desahuciadas y la gente no se va a quedar en la calle. Desde luego yo no me voy a quedar nunca a vivir en la calle. Jamás. Porque es un derecho universal, porque he trabajado siempre que he podido, he pagado siempre que he podido. Nosotras vamos a defender La Utopía hasta el final, pero si tenemos que ir a otro sitio iremos porque hay muchísimas casas vacías. No hacemos nada malo, ejercemos nuestros derechos mientras que los organismos públicos los pisotean.

A: Y la gente está perdiendo el miedo a pesar de leyes como la de seguridad ciudadana.

M: El miedo se agota.

A: Yo solo digo una cosa: que pongan todas las piedras que quieran que ya las iremos quitando.

Antonio Sáseta

LA PRECISIÓN EN LAS MENINAS ES SOBRECOGEDORA

Entrevista a Antonio Sáseta Velázquez (Sevilla, 1949) en el marco de la exposición-homenaje en torno a su trayectoria docente y profesional Antonio Sáseta. Mágico Maestro, que, por las circunstancias actuales, se está realizando en forma digital en quijeta.nam42.cc hasta que el confinamiento social se reduzca y sea posible un encuentro en La Carbonería.