Ilustra Yaiza Schmid

Humor absurdo, andalucismo y cultura de barrio

Entrevista al Malacara

En las elipsis de nuestro jolgorio lingüístico se esconden los verdaderos significados, aquello que late, para lo que no existen palabras. Entre las aspiraciones de letras huecas y las zetas que suenan pero no se escriben, aparecemos vestidas de quienes somos. Malacara traduce los disparates más incomprensibles de la política y la vida posmoderna y los transforma en porvorone, croqueta y polofra.

¿De dónde sacas la energía y el ingenio para publicar prácticamente cada día?

Yo creo que son bromas muy fáciles, no me cuesta mucho. Lo que más me costó en su día fue consagrar un formato, por así decirlo. Cuando ya tienes tanto la estructura puramente formal como el estilo de contenido, en ese momento, ya todo viene rodado.

Según nosotras, Malacara tiene un humor absurdo y a la vez inteligente. No pensábamos que fuera tan fácil de hacer. Nunca habríamos pensado ver un meme sobre el examen del mapa de los ríos y que además hicieran tanta gracia.

Eso me resulta fácil, aunque tengo mala memoria. Pero son cosas que todxs hemos visto muchas veces en el instituto. Y también para eso me ayuda mucho el Baby Yoda, me encanta el meme ese.

Hemos podido leer en otras entrevistas que empezaste con Malacara por divertimento, sin un objetivo concreto. ¿En qué se ha convertido actualmente, a nivel profesional y personal? ¿Hacia dónde va?

Empezó siendo una cuenta puramente de humor y de cosas que me gustan a mí. Lo sigue siendo y espero que así continúe. Pero, aunque siempre he tenido mis opiniones, al principio sí tenía menos trasfondo político. Ahora tiene más, aunque siempre sin rendirle cuentas a nadie, sin ser militante de ningún partido. Me empecé a dar cuenta de que con el humor se podía introducir el mensaje que yo quisiera. Sobre el bien o sobre el mal. Entonces, a partir de ahí empecé a poner un poco más de contenido político, opinión, crítica… pero siempre desde mi punto de vista. No sé hacia dónde va. Sé de dónde viene y no es lo mismo que al principio, y en esa transformación puedo intuir la línea que se dibuja. El camino no va hacia una mayor seriedad, yo creo que la gente está harta del ambiente de hostilidad que tenemos en las calles y los medios todo el día. Yo creo que con el humor puedo ir colándome en las casas y hacer llegar mi mensaje. Me gusta la transformación que ha tenido Malacara. Además, yo sí leo los comentarios que me deja la gente y veo por dónde tengo que tirar, qué reflexiones tienen cabida…

Resignificar productos culturales que todas conocemos y llevarlos a lo cotidiano y al humor acerca a la gente, ¿no? Hace que nos sintamos identificadas con lo que se transmite de una forma que no está directamente relacionada con la política, porque reconocemos al Baby Yoda o al jugador de fútbol.

Sí, yo creo que el uso de códigos un poco transversales y a través de un humor o un contenido «horizontal», que no está pensado por una élite, ni por un agente de publicidad, es más cercano. Intento cada día, no digo ponerme al Juan y Medio, pero sí salir a la calle y escuchar las conversaciones de la gente, tenerle cogido el pulso a la sociedad al minuto. Me sé muchas expresiones que tenía mi abuela, que en paz descanse, o gente de mi barrio, o de cuando era joven. Te acuerdas de un comentario que te pareció gracioso de un colega tuyo y dices «esto que estaba aquí en la ultratumba, igual con el Harry Potter lo puedo meter». Yo creo que van por ahí un poco los tiros, la gente entiende esos códigos.

Esto tiene mucho que ver con otras preguntas que queríamos hacerte: ¿cuáles son las claves para que tu humor llegue a un público tan diverso? ¿Qué referentes tienes?

A mí me gusta mezclar, intentar utilizar tanto cosas que decía mi abuela o que puedo escuchar en otro monólogo de un artista andaluz, frases que escucho en mi barrio o una canción de Triana; intentar mezclarlos con códigos o con estructuras que utilizan monologuistas de otros sitios o Woody Allen en las películas que rompen la cuarta pared… Sobre todo hago gilipolleces. Intento hacer algunas cosas de esas que he mencionado, pero no me salen. Normalmente hago tonterías de quién se ha comido el polvorón y eso. Como referentes, siempre me ha gustado el humor, desde que entré en la Universidad. Series como The office, Larry David… he visto un montón de películas y series de humor y la verdad es que me mola, this is why.

Y hablando de referentes o ejemplos existentes en el humor sevillano concretamente, ¿tú crees que hacía falta una visión de la sevillanía sin lo casposo, sin lo rancio? ¿Reflejar cosas nuestras, de Sevilla, que todxs reconocemos, pero sin que la broma sea siempre desde o sobre la casposidad, el capillita, el señorito…?

No había pensado en eso concretamente, pero quizás pueda tener algo que ver con lo que hemos hablado. Volvemos a lo primero, quizá haya mucha gente que se sienta representada. Hay una parte muy importante de Andalucía y de la gente de Sevilla que ha estado sistemáticamente, por los medios de comunicación y por la cultura de masas, silenciada durante no 50 años ni 100, sino 200 o 300; muchísimo tiempo. Creo que es bueno que esa parte de la gente, que es mucha, cuente también. No va a ser solo gracioso el señorito, aunque también tiene su cosa. Yo me he reído mucho con los Morancos, no los critico. En los debates electorales que hacían estaba el señorito, muy fielmente representado; pero no ocurría lo mismo con el otro, que era plumoso, con la bandera del Che, los clichés izquierdosos… Yo no creo que eso sea la izquierda andaluza ni la juventud andaluza. Por eso creo que está bien que lo haga yo y que lo haga todo el que quiera. No es la única cuenta que hace esto.

Percibimos que de un tiempo a esta parte, en las redes sociales hay un movimiento andalucista centrado en lo cultural, como puede ser Er Prinçipito Andalûh, o cuentas de memes andalucistas, también desde el ámbito musical. ¿Concibes Malacara dentro de ese movimiento o crees que refuerza esa carga identitaria?

Desde luego. Con el movimiento andalucista se está viendo que algo está pasando y la gente se está dando cuenta. Estas páginas quizá son bandera de eso o quizá son síntoma de eso. Está calando un mensaje, quizá justificado, de que Andalucía ha sido históricamente y constantemente ninguneada una y otra vez, sobre todo cierta parte de Andalucía, por ejemplo, la que habla con la zeta, como las mofas a la ministra Montero. Yo no comparto con el PSOE absolutamente nada, pero criticar a esta señora porque hable con la zeta me parece repugnante. Algo está pasando y yo me alegro porque aquí parece que todo el mundo está orgulloso, menos nosotros que somos gilipollas. A nadie se le ocurre imitar chistosamente a una persona que hable catalán en un acento muy marcado. ¿Qué pasa?, ¿solo se tienen que reír de nosotros?

¿Sientes que a veces se molestan más andaluces y andaluzas por tu forma de escribir que gente de fuera?

No. Alguna vez me ha pasado, pero muy minoritariamente. Yo creo que la peña lo ha entendido bastante bien. También es verdad una cosa: aunque hayamos hablado de que Malacara llega a mucha gente, la página tiene su público y no es precisamente peña predispuesta a ofenderse por ese tipo de cosas. Me explico: estos memes y estas cosas no van para gente de 60 o 70 tacos, que son, a lo mejor, los que no tienen esa sensibilidad para entender que detrás de eso hay una crítica o se quiere poner en valor el acento andaluz, los dialectos, las hablas. La visión primera es que me estaba metiendo con los andaluces, que me lo decían al principio. Yo creo que después, con todo el tiempo que ha pasado, ya no me lo comentan. No hay mucha peña que se mosquee. Cuando esta mujer, la ministra Montero, habla en andaluz, a mí me parece muy bien porque de siempre, cuando nosotros hemos salido de aquí, o hemos llegado a un puesto de responsabilidad o hemos hablado en público, empezamos a «hablar bien», entre comillas.

Nos llaman la atención publicaciones con un claro posicionamiento político, como las que hablan del colapso, del capitalismo, del posmodernismo o de todo a la vez. ¿Qué nos puedes decir de eso? ¿Cómo se puede hacer política desde el humor?

Para mí la política es una cosa seria y el humor es otra cosa. Hacer política con memes todo el rato creo que es un error, y meter todo el rato política en mis memes también es un error, pero en su justa medida, sí. Hay cosas que por su seriedad creo que no se deben tratar en un formato de humor. Creo que es compatible, pero a veces se abusa un poco de eso y se usan memes ahora porque están de moda, y la política lo que hace es fagocitar todas las cosas que están de moda.

Yo creo que se nos está yendo la olla con ese rollo. ¿Se puede hacer política con memes? Sí, se puede y se debe. Pero se lo recomendaría a quienes hagan el bien, jeje. A los que hagan el mal, no. De hecho, los que más utilizan las redes sociales son los de VOX, el Salvini… toda esta peña de extrema derecha son los primeros que se meten en tiktok.

Yo lo que creo, en el fondo, es que hay una falta de nivel en la política bastante importante. Entonces, el uso de memes y del humor hace que el mensaje llegue a más gente, pero se gana en superficialidad del mensaje. Por ejemplo, ya no nos leemos los programas de los partidos políticos, así que voy a hacerme un tiktok y voy a explicarlo mal, voy a omitir cosas… Eso es el populismo, no hace falta que lo explique. Entonces yo creo que el abuso del humor y los memes es un síntoma de cómo está la sociedad. Además, esta gente nos va ganando la batalla. La izquierda siempre ha sido más rigurosa, a los otros les da igual con tal de ganar. Van a cuchillo. Me estoy yendo por las ramas… Bueno, no sé, yo en conclusión estoy muy contento con la página, la verdad.

De la misma manera que percibimos ese posicionamiento político, no lo percibimos tan claro respecto al género, a cuestiones feministas. Malacara es un personaje no neutro en cuestiones políticas, ¿qué ocurre en cuanto al posicionamiento de género?

Yo considero que, como hombre, debo opinar lo mínimo posible sobre el feminismo. Apoyo el movimiento y tengo mis opiniones, pero normalmente no las comparto. No solo en la cuenta, tampoco en mi vida, con mis amigos, etc. No la voy a cagar con mi opinión, los tíos llevamos opinando 4 000 millones de años y creo que no es un tema sobre el que tenga yo que opinar. No considero que yo sea una voz autorizada para hablar de ese tema. No sé qué os parece, pero es la verdad. Por twitter leo mucho debate feminista y veo un montón de tíos como yo opinando sobre el tema. Deja de opinar, opinas de todo, ¡todo el día! ¡Este debate no es tuyo! No opinar es un posicionamiento consciente que tengo. No soy voz autorizada y no opino sobre aquello que no sé ni es mi tema. De otras cosas, como el posmodernismo y no sé qué… pues muchas cosas me las invento, otras las he estudiado, otras las he leído y otras las he visto en mi barrio. Ocurre a veces que desde algunos lugares se habla de feminismo para «cumplir cuota», desde la izquierda es a veces un elemento más al que hay que sumarse. Por ejemplo, me recuerda eso al último spot de Podemos del día de las mujeres escritoras: eran todos tíos hablando de las mujeres que leen. Siempre acaban siendo ellos los protagonistas. Yo sí me considero feminista, pero no voy a hacer campaña de eso.

¿Cómo has llegado a que los memes sean tu forma de expresarte?

Empezó como humor, sin objetivo, pero cuando vi el arma que podía ser, me dije: «voy a usarla un poco.» Creo que es un derecho que me he ganado, el poder opinar sobre los temas que yo quiera. Meto humor, el precio a pagar es que de vez en cuando también meto mi opinión. Y me alegro de saber que hay mucha gente que recoge el guante. Otra gente no, otra gente me dice que deje de hacer política, «¡dedícate a lo tuyo!» Eso sí me sienta mal. Es como si me dijeran bufón, vuelve a lo tuyo, a los chistecitos, lo otro déjanoslo a los listos. Po no, no me da la gana.

Vemos importante en tu proyecto la función de reivindicación de la cultura de barrio. Cada vez miramos más hacia Europa y la vida en comunidad está cada vez menos representada. Malacara nos recuerda que eso es parte de nuestra vida.

Eso es importante y me gusta hacerlo, que esté presente en Malacara. El hecho de poner esas cosas en valor, el hecho de que el barrio es importante, que no todo es el dinero. A veces parece que a la sociedad se le ha ido la pinza, por ejemplo, a Sevilla con el turismo, intentando internacionalizarse cada vez más, y se olvidan otras cosas. Quizá mis memes recuerdan a momentos de grupo, de adolescencia o de estar en la calle, situaciones que te recuerdan cuando eras más feliz, en pandilla, y culturalmente, visibilizar el orgullo de ser andaluces y andaluzas. Yo creo que esa es la clave, el orgullo. La gente tiene que valorarlo e irse a Madrid sin cambiar el acento, y que no te digan qué graciosx eres o que no te entienden.

Por

Marta Medrano y Ana Belén García

Equipo de El Topo