nº59 | entrevista

Canarias vive en una urgencia permanente

ENTREVISTA ENTREVISTA A CANARIAS RESISTE — II

En el número anterior entrevistábamos a las compañeras feministas @canariasresiste y hablamos de la dificultad que supone habitar un territorio fragmentado, del poder de enfocarnos en lo que nos une a la hora de tejer redes, de los cuidados, de escuchar para construir… En este número presentamos la continuación; ojalá les emocione tanto como a nosotras.

CANARIAS RESISTE: Hay una tendencia ahora mismo que caracteriza a la inmensa mayoría del pensamiento crítico y de izquierdas, y es que hemos visto la interseccionalidad, los ejes de opresión y los privilegios como categorías que nos colocan en un lugar de poder y de veracidad. Las estamos utilizando como forma de legitimarnos en función de las opresiones que encarnemos y por el contrario, de los privilegios que ostentemos.

Es decir, seguimos creyendo que para ser alguien, y tener una voz legítima en el activismo, tenemos que encarnar cuantas más opresiones, mejor. Pareciese que hay una especie de deseo bastante generalizado de querer autoafirmarse con distintas categorías opresivas y no pasar de ahí: «Soy esto, esto, esto, lo otro y esto más también y además, todo esto va a aparecer reflejado en mi perfil de Instagram, lo voy a poner con distintas etiquetas para que quede bien claro y son estas palabras las que me legitiman».

Tener una presencia poco menos que incuestionable o estar legitimada prácticamente para hacer lo que me dé la gana en el activismo o, incluso, ser una persona violenta , pero siempre estoy, de algún modo, amparada en esas categorías.

Yo creo que no, que las opresiones que tenemos no las podemos ver como un ranking. Y, sin embargo, estamos todo el rato compitiendo por ver quién es la más oprimida, quién es la más pisoteada por este sistema y, a mí me parece muy jodido estar compitiendo en base a opresiones. Y creo que de ahí se nutre mucho esto de lo que hablamos, esa vigilancia permanente de a ver quién comete el error, esa dictadura de la coherencia permanente.

Sinceramente, es agotador y creo que viene de no permitirnos ocupar el lugar que nos dan los privilegios, porque todas las personas también somos privilegiadas con respecto a otras, del mismo modo que también podemos ser más oprimidas que otras, pero de nuevo, hablamos de lo que te comentaba antes, ¿es preferible estar poniendo tanta atención a esos privilegios y opresiones que nos diferencian o a aquello que nos une y que nos han hecho compartir un mismo espacio, un mismo momento, una misma inquietud y ver desde ahí qué es lo que podemos conseguir?

Porque al final, estamos todo el rato peleándonos entre nosotras y eso creo que favorece, desde luego, a los de siempre.

En el perfil de Instagram y en el fanzine publicado en 2020, se habla del concepto ‘canariedad’. ¿Qué es?¿Cómo se explica?

El concepto de canariedad, como tal, se empieza a usar desde los años ochenta, desde ese repunte de identidad canaria que hay justo después del final de la dictadura franquista. Ahí comienza el interés por asignarle un palabro a lo que de algún modo es una identidad, idiosincrasia, cultura étnica aterrizada en un contexto y en un territorio. No es hasta hace muy pocos años que la palabra vuelve, pero con otra connotación; un valor más comercial.

De unos años para acá, vuelve a irrumpir en los imaginarios y en los debates, pero también en las conversaciones más cotidianas; ya puedes escuchar hablar de canariedad a cualquier vecina en distintos pueblos, de distintas generaciones. O sea, ya la palabra no pertenece a un grupo reducido que tiene que ver tanto con la independencia canaria y con el movimiento independentista, sino que la palabra se ha democratizado.

Esto tiene su lado bueno y su lado malo, porque si bien es cierto que creo que ha permitido a mucha gente, sobre todo joven, conectar con una identidad, con un territorio y con una cultura, también se ha vaciado de contenido al convertirse en un eslogan.

Este concepto está siendo utilizada por los supermercados Hiperdino, por la empresa de bollería industrial Eidetesa y hay muchos más ejemplos donde la canariedad se convierte en un simple eslogan comercial. Y de algún modo, las marcas se han beneficiado de esto para llamar a la población canaria a consumir productos locales.

Entonces, para mí, la canariedad, y en eso estoy muy de acuerdo con la filósofa Larisa Pérez, no podemos entenderla ni en modo singular ni como una especie de etiqueta que homogeniza toda la sociedad canaria ni tampoco sin sujetarla a los beneficios y a las discriminaciones que caracterizan esta situación o estadío que de algún modo es la canariedad.

Y citando a esta autora en su entrevista en Píkara Magazine, «canariedad son tanto los privilegios como las opresiones que encarnan esta identidad». Por ejemplo, un privilegio es que a pesar de ser territorio africano, tenemos un pasaporte que nos permite circular por la Unión Europea. Otra cosa será en qué condiciones y en qué circunstancias migra la población canaria a Europa. Insisto, frente a la población africana, somos unos privilegiados que no se enfrentan a las mismas políticas migratorias racistas.

Sin ir más lejos, hace unos días, salía un titular en Diario de Avisos denunciando condiciones de vida nefastas, precariedad absoluta y de auténtico malvivir. Un malvivir que creo que es bastante generalizado para mucha de esa población migrante que ha salido y que se ha ido a Londres, Francia…

Y en este reportaje se refleja perfectamente esa otra cara de la moneda. Es cierto que los canarios tenemos la facilidad de movernos por el territorio de la unión europea, por tener un pasaporte que nos lo permite y formar parte de un país miembro, pero bajo qué condiciones lo hacemos y hacia dónde vamos y qué trabajos ocupamos mayoritariamente si tenemos que salir de las islas.

Por otra parte, frente a esos privilegios que, insisto, con sus matices, no anulan el privilegio que es poder circular libremente, están las discriminaciones y en el perfil de Instagram lo hemos denunciado bastante. La discriminación por el acento, la discriminación en el deporte, que se haya denunciado en Madrid que haya gente canaria utilizando instalaciones deportivas. Y con lo que respecta más al feminismo, la sexualización y exotización de los cuerpos canarios en general, pero concretamente de los cuerpos de las mujeres y otras feminidades. Cómo estamos en ese umbral de cuerpos hipersexualizados y cosificados, por supuesto, lo cual responde a lógicas coloniales.

En resumen, todo esto nos llevaría a pensar en las canariedades en plural más que en una canariedad legítima, única, inamovible y por supuesto homogénea. Pues no, porque mi canariedad es muy distinta a la que puede tener el actual presidente del Gobierno que, a lo mejor, hablamos con las mismas palabras y utilizamos las mismas expresiones, nos gusta el folklore, los sabandeños y el salto del pastor, pero cuidado, que su experiencia canaria y la mía no son idénticas solo porque compartamos una serie de rasgos o de gustos e intereses culturales genéricos.

¿Cuáles son las luchas que encarna ahora mismo el movimiento? ¿Cuáles son los objetivos que se plantea el movimiento en Canarias?

(Suspiro.) Creo que los movimientos sociales en Canarias y, concretamente, el feminismo no estamos tanto proyectándonos en el futuro, sino habitando el momento presente
y quizás, el futuro más inmediato, pero la verdad es que vivimos en una urgencia permanente.

Tú lo sabes, siendo canaria (ahora suspiro yo), que en estas islas vivimos en una urgencia permanente en la que si hoy consigues detener un macroproyecto que quiere destruir una playa, a lo mejor al día siguiente ya están anunciado otro, en otra playa, en otra isla o con otros intereses, pero estamos continuamente en una brega sin descanso y eso nos hace habitar sí o sí el presente.

Y ahora mismo, el presente en Canarias pasa por cuestionar el modelo de economía que nos caracteriza, dependiente por un lado de la exportación de monocultivos como el plátano y el tomate, y el modelo de dependencia del turismo. Para mí, además, es un patrón económico bastante habitual en contextos con historia colonial; esto en el Caribe y en distintos territorios de América Latina se puede percibir muy fácilmente; la dependencia siempre del exterior.

Tanto en la exportación del monocultivo, con el grave problema que eso supone para Canarias, para su suelo y para la escasez de agua, como lo que respecta al turismo, que es un sector inestable, sujeto a un montón de variables y luego, por supuesto, es un sector feroz, que destruye, que devora y que ocupa, si se le deja, todo el territorio si no es limitado de forma institucional.

Estamos en ese punto. Lo bueno de todo esto es que ahora mismo estamos viviendo en Canarias un momento que debería decir que es bastante histórico porque hasta hace unos años no se podía ni poner en cuestión el turismo. Todas hemos estado alguna vez en una conversación, hace diez años, en la que al cuestionar el modelo turístico la respuesta era: «Bueno, y ¿de qué vamos a vivir?, ¿de los plátanos o de las papas?».

Hoy por hoy, esa ya no es la respuesta; el debate ha alcanzado distintas esferas de la sociedad canaria llegando, incluso, a los medios de comunicación más hegemónicos. Ya no hay una glorificación constante y permanente, aunque aún existe, del turismo, sino que también están apareciendo voces críticas en los medios y RRSS. Estamos dándonos cuenta de que somos un territorio muy pobre, muy precarizado, con muchas dificultades para prácticamente todo lo que compete poder tener una vida digna y, es ahora cuando estas ideas están alcanzando mayor presencia.

Y, por supuesto, una defensa del territorio brutal. Pasó hace unos meses
con Salvar el puertito de Adeje y Salvar la Tejita, en Tenerife, el macro muelle de Agaete en Gran Canaria, ahora en La Palma quieren hacer un ecoresort con campos de golf y, mientras, la población afectada por el volcán está viviendo en contenedores. En todas las islas te vas a encontrar un frangollo así en el que los intereses políticos e institucionales quieren continuar con esta rueda pero ya la gente está diciendo: «No vamos a seguir tragando, en estas islas vive gente, no somos un parque temático, no somos unas islas paradisíacas solo para el turista y para quienes se lucran de todo este tinglado que tienen montado».

De algún modo, esta idea de Canarias como paraíso lleva un tiempo tambaleándose y estamos en ese punto, de que no queremos tolerar más injusticias, mas discriminaciones y, sobre todo, más vidas con estas características.

Para cerrar, una pregunta que me genera mucha curiosidad, ¿cómo mantenéis el perfil de Instagram? Un perfil con una cantidad de información increíble abarcando una variedad de temas: historia, cultura, lenguaje amazigh, crítica política, análisis mediático, biografías documentadas…

Antes, todas las que iniciamos el proyecto estábamos más volcadas en este perfil y teníamos como objetivo hacer tres publicaciones semanales, lo que supone una carga muy grande de trabajo. Hay que recopilar la información, sintetizarla porque es importante que la información no apabulle, diseñarla, maquetarla, presentarla…

Ahora estamos en un modo mas al golpito, como decimos acá, en el que si no publicamos esta semana no nos vamos a fustigar. Y nos sentimos superagradecidas por el acogimiento y el apoyo que hemos tenido, del afecto incluso que nos llega en mensajes de personas de muchas partes del mundo. Gente canaria que vive en Nueva York, Holanda, Londres… desde diferentes ciudades del Estado español. Desde el Caribe nos llegan también de gente no canaria que ve muchas cosas de su cultura reflejadas en nuestro contenido.

Estas cosas son el fuelle que nos hace seguir teniendo energía y motivación para compartir nuestro contenido que, la verdad, mucho nos llega de manera aleatoria, estando pendiente de la actualidad a través de los medios y también un proceso de escucha activa para con las personas de nuestro alrededor, de nuestros barrios y pueblos.

Nos apoya