La amnesia rusa

Rusia, como España, sufre de amnesia colectiva. Una amnesia parcial y selectiva que deviene en una (mala) memoria políticamente interesada, propagandística y, también, militarista.

En el siglo XIX, con ayuda de los recién nacidos medios de comunicación de masas, tomó cuerpo una propaganda imperial diseñada para justificar el colonialismo y las guerras que lo acompañaron. Se trataba de una propaganda racista y mesiánica, según la cual los imperios tenían una misión civilizadora que cumplir sobre pueblos «inferiores». El discurso imperial se caracterizó por un militarismo que privilegiaba la guerra como método de «resolución de conflictos» internacionales y llamaba al rearme de las grandes potencias, un rearme que acabaría llevándolas a la Primera Guerra Mundial.

Restos de aquellos barros son fáciles de identificar en la propaganda actual de los herederos de los viejos imperios (no solo) europeos. Rusia no es la excepción y, en los últimos años, se ve quizás con mayor nitidez el sesgo militarista de la propaganda con la que Moscú difunde su memoria nacional.

Así, la memoria «oficial» de la Federación Rusa, la que se ve masivamente en la tele, la que ha sido diseñada por el Kremlin, la que circula por la mayor parte de los libros de texto y las series más populares, se reconoce por su militarismo. Según la mirada que guía esta memoria, el Ejército y las diferentes policías serían los únicos garantes de la seguridad, mientras la paz, nacional e internacional, se logra rearmando al país, preparándolo para la batalla. La guerra es recordada y asumida como el estado «natural» de la sociedad rusa a lo largo de su historia.

Rusia es, desde este punto de vista, un país atemporalmente en guerra, rodeado de enemigos externos que quieren acabar con su condición de potencia y su unidad nacional. La historia presente en los manuales escolares es la de la defensa militar de esa condición y de esa unidad. Los informativos y las series de televisión recuerdan a diario, también, que los enemigos externos tienen agentes dentro del país dispuestos a dañar los intereses de Rusia. Traidores, lo peor de lo peor. De hecho, la historia de los traidores es esencial para la propaganda militarista, porque justifica la represión interna. Traidor es, en la práctica, quien pone en duda la propaganda oficial.

Los rusos llevan demasiado tiempo recibiendo este tipo de propaganda. En las grandes librerías, los textos militares ocupan un espacio abrumador. El Ejército es propietario de un popular canal de televisión, así como de multitud de periódicos y otros medios. Las políticas de memoria son elaboradas, mayormente, por la Sociedad Histórico-militar de Rusia, organización generosamente financiada por su supervisor, el teniente coronel Vladímir Putin. La enorme presencia social del Ejército, herencia de zares y soviéticos, ha hecho que las políticas de memoria giren, a menudo, en torno a esta institución. Y la cultura militarista tolera de mala gana la disidencia.

Las enmiendas que, en 2020, se introdujeron a la Constitución prohíben insultar la memoria del país, mentir sobre ella. En la práctica, por desgracia, esto equivale a castigar a quien contradice la memoria oficial. En los carteles que animaban a participar en el referéndum que aprobaría esas enmiendas, niñas en uniforme soviético de la Segunda Guerra Mundial invitaban a la población a «defender la memoria de nuestros antepasados». Los antepasados, en esos carteles, eran «solo» los soldados del Ejército Rojo que vencieron a Hitler y que, sobra decirlo, merecen ser recordados. La Unión Soviética perdió más de veinte millones de sus ciudadanos en aquel conflicto, por lo que no es de extrañar que sea la joya de la corona de las políticas de memoria. Pero es la Victoria militar (con mayúsculas) lo que realmente se celebra el 9 de mayo, día de fiesta nacional en Rusia. No hay un rechazo al conflicto armado, más bien lo contrario: su glorificación. Tampoco existe discusión oficial sobre las contradicciones tras la victoria, sino la demostración de que, en ese rubro, el militar, la URSS (hoy Rusia) era una superpotencia.

La memoria militarista recuerda al soldado leal, la batalla victoriosa, al ciudadano obediente, al héroe de guerra, ve al pueblo en su calidad de defensor de la unidad nacional y al Estado como un cuartel, disciplinado y listo para la lucha. Esta memoria rinde culto al comandante en jefe y busca que los ciudadanos sientan orgullo patrio, el orgullo de ser temido internacionalmente. No hay lugar, así, para la memoria del ciudadano soviético represaliado en los campos de concentración de su propio país, para el desertor, para el muerto de miedo, para el que «eligió» luchar para el enemigo porque no había otra salida o porque la elección era entre lo malo y lo peor, o quizás porque sabía que «los suyos» no eran de fiar. En la memoria militarista no hay lugar para la duda ni la debilidad.

Las políticas de memoria tienen, claro está, consecuencias políticas. Una memoria imperial y militarista difícilmente va a construir una sociedad más equitativa y democrática. Al contrario, si me enorgullezco de la estructura jerárquica y militarizada de mi país, a la que asocio con los grandes momentos de su historia (habitualmente, victorias militares), seré quizás más proclive a aceptar políticas autoritarias y belicistas en el presente. Si, además, he aprendido a identificar disidencia con traición, hay muchas opciones de que no mire con simpatía a quienes denuncian la amnesia interesada de las autoridades.

A pesar de ello, hay quienes siguen luchando por otra memoria para Rusia. Como era de esperar, son tachados de traidores que trabajan para el «enemigo occidental» y, a menudo, encausados por la Ley de Agentes Extranjeros, que condena (selectivamente) a quienes reciben dinero de fuera de Rusia. Es el caso de Memorial, organización dedicada a la recuperación de la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos. Fundada en los años de la Perestroika, Memorial ha sido condenada por incumplir esa Ley y, si las apelaciones no prosperan, tendrá que cesar su actividad en los próximos meses. Se trataría del cierre de una organización que ha denunciado, en las últimas décadas, las barbaridades contra los derechos humanos en lugares como Chechenia, olvidados por (casi) todos, que ha apoyado el periodismo independiente e investigado la represión política durante el periodo soviético.

El cierre de Memorial es un acto más de la represión contra la disidencia, justificada en el militarismo interiorizado ya por muchos, pero aún no por todos. Es, también, un paso en la dirección contraria para que Rusia se recupere de su dolorosa amnesia.

Comida rápida, lucha larga

Nuestros primos franceses, CQFD, nos cuentan una historia atípica que va de lo global a lo local: desde el mercado de la comida basura hasta una batalla colectiva anclada en un barrio popular del norte de Marsella. Es la historia de un «fast food» que después de años de lucha se convierte en cantina solidaria y centro social.

A «los del McDo» de Saint-Barthélémy, les hemos visto por todos los lados en Marsella: durante los días de furia que prendieron la ciudad después de los derrumbes mortales de inmuebles del 5 de noviembre del 2018, en los piquetes de los Gilets Jaunes, en manifestaciones contra la brutalidad policial… Conciertos de rap, fiestas, asambleas abiertas… Salta a la vista: la lucha aquí no es solamente sindical. Además del empleo, se defiende un espacio de sociabilidad y de resistencia. Un destino improbable para un restaurante de comida rápida.

Cuando, al principio de 2018, el franquiciado que lo manejaba declaró querer deshacerse del McDonald’s de Saint-Barthélémy, nadie daba un duro por les 77 empleades. Hay que precisar que, al cabo de los años, estos hombres y mujeres de barrios populares —algunes llevaban la gorra del McDo desde hace 25 años (¡no es habitual en la empresa!)— lo habían hecho todo para desatar las iras de la empresa matriz, siendo ella quien conservaba el 50% de las acciones y el poder bajo la mesa. «Encarnan lo opuesto al modelo predicado por la multinacional. Son tocapelotas de los que había que deshacerse», resumía su abogado, Ralph Blindauer, apodado el Barón Rojo.

Tocapelotas, sí. Donde McDonald’s practica una rotación intensa tanto con su clientela como con sus empleados (comida rápida, trabajo rápido), la lucha colectiva permitió imponer derechos inéditos al tío Ronald: una mutua, una decimotercera paga, horarios que respetaran el ritmo de vida de madres solteras que se doblan el lomo en la cocina… Esta correlación de fuerzas permitió desempeñar una función social poco común en una zona siniestrada, sin bares ni comercios en los bajos de edificios. Incluso llegó a servir como lugar de encuentro y de inserción profesional. Alrededor de los polígonos construidos en los anos 60 para reemplazar el asentamiento chabolista más grande de la ciudad, donde el paro juvenil hoy en día roza el 50%, el McDo hacía tristemente de bote salvavidas. Era el segundo mayor empleador del sector, detrás del hipermercado Carrefour. Fuera de las estadísticas, un tercer empleador: el tráfico de cannabis se ha vuelto tan floreciente que da lugar a frecuentes ajustes de cuentas con armas de guerra…

Atípico: el ambiente familiar delante y detrás del mostrador se contraponía con el estrés anónimo de un restaurante de comida rápida «normal», donde tanto el empleado como el cliente son sometidos a la cadencia mecánica de un sin vivir hiperrentabilizado. Y eso era un mal ejemplo, según McDonald’s Francia, que manipuló las cuentas para justificar una quiebra fraudulenta. Para ello, el franquiciado empeoró artificialmente el déficit: el establecimiento Saint-Barth, el único en una zona de 160 000 habitantes gobernada por el Rassemblement National (Agrupación Nacional) de Marine Le Pen, ya no figuraba en la aplicación que permitía realizar pedidos por internet.

Para defender sus empleos, los Saint-Barth no se quedaron en los recursos judiciales: huelga, ocupación del local día y noche, interpelación a los políticos, conciertos de apoyo… Un activismo apoyado por otros Mcdo de Marsella y de fuera. Hemos visto incluso una representante de un restaurante de Cambridge (Inglaterra) venir a corear, puño en alto: «I believe we will win!» Y la consagración: el conflicto marsellés incluso ha tenido los honores de ser portada del New York Times. En la multinacional estaban furiosos.

El carismático líder, el sindicalista Kamel Guemari, tuvo derecho a un tratamiento preferente. «Un día, le ofrecieron varios cientos de miles de euros por renunciar. Otro, unos conocidos matones vinieron a amenazarle: “Deberías aceptar el dinero, piensa en tu familia”», denunció el abogado Blindauer. Plata o plomo… Cuando al principio de 2020 surge la pandemia del coronavirus, los McDo de Saint-Barth pensaban haber perdido la batalla, tal vez incluso la guerra: una administradora judicial designada por el tribunal de comercio venía de aprobar la bancarrota programada por la multinacional. McDonald’s pensaba vender el terreno a buen precio en una zona bajo fuerte presión inmobiliaria.

Con el confinamiento, los habitantes de los barrios de la zona viven un empeoramiento dramático de sus condiciones de vida: cuando eres precario y sobrevives gracias a trabajillos en negro, no hay teletrabajo que valga. Quedarse encerrado en casa es encontrarse solo ante el hambre y la angustia. Fuera, la policía vela por que nadie salga sin razón válida: contrato de trabajo o certificado médico. Situación explosiva que provocó disturbios en otros lugares, como en algunos suburbios parisinos o en el sur de Italia. Entonces los McDo no lo dudan mucho: ocupan de nuevo el restaurante y transforman la sala, las cocinas y las cámaras de frío en plataforma de distribución de paquetes alimentarios, que enseguida se vuelven indispensables para miles de familias.

Recordemos que en 2018 Marsella conoció una crisis única: un derrumbe de dos inmuebles en pleno centro de la ciudad provoca la muerte de ocho personas, luego, en pánico, las autoridades expulsan a miles de habitantes, por temor a que el mismo drama se reproduzca: un marsellés de cada diez vive en un alojamiento insalubre. El enfado hace que la derecha, en el poder desde hace 25 años, pierda la alcaldía en 2020 a favor de una unión de partidos de izquierda y de la «sociedad civil». Hoy, sometido a presión, el nuevo equipo municipal acaba de comprar el terreno a la multinacional para entregarlo a les trabajadores. La plataforma de distribución alimentaria sigue funcionando, acoplada a un proyecto de restaurante que será a la vez un lugar de formación para jóvenes y un comedor solidario, donde la clientela pagará según sus recursos y donde los productos utilizados provendrán de granjas cercanas.

Las letras luminosas de la insignia mundialmente conocida han sido recicladas para formar un nuevo nombre, L’après-M (juego de palabra entre «después del M» y «por la tarde»). Las paredes se pintaron de azul, malva y rosa, cual ostentoso camuflaje para una guerrilla urbana colorida… Y mira por dónde, hasta una delegación zapatista les visitó hace poco.

Traducción del francés: Elías Sánchez Radouane

#DECIDIRESMIDERECHO

DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO EN ECUADOR

Los colectivos feministas ecuatorianos llevan alrededor de tres décadas educando, presionando y movilizando para lograr un acceso real a los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y otros grupos en situación de vulnerabilidad social. En estos momentos, la lucha se concentra en la despenalización del aborto por violación.

El pasado 28 de septiembre, día internacional para la reivindicación del derecho al aborto, una nutrida marcha recorría las calles de Quito al ritmo de consignas como: «Hay que abortar este sistema patriarcal», «Aborto libre y seguro pa que no muera otra mujer» o «Yo sabía que a los violadores los cuida la policía». Esta marcha formaba parte de una manifestación feminista a mayor escala que, al mismo tiempo, se reproducía en otras ciudades de Ecuador y del resto de América Latina.

El derecho al aborto, que la Organización de las Naciones Unidas define como uno de los derechos humanos que los Estados deben garantizar en aras de eliminar la discriminación contra las mujeres, presenta diversas situaciones legales en la región latinoamericana. Los únicos países que permiten el aborto libre y seguro son Cuba (donde es gratuito desde 1965), Uruguay (desde 2012) y Argentina (desde enero de 2021). Ni siquiera en estas naciones la regularización garantiza que las personas gestantes puedan decidir con total libertad. En Uruguay, los colectivos feministas denuncian que el acceso al aborto en instituciones médicas (obligatorio para que el procedimiento no esté penalizado) suele incluir el intento de desalentar a las mujeres de su decisión. En Argentina, denuncian que no se cuentan con los recursos suficientes para atender todos los casos en condiciones apropiadas. Pero, al menos, en estos lugares el derecho al aborto libre y seguro está reconocido de manera oficial.

Por otro lado, hay varios países que solo consideran legal un aborto cuando se da en determinadas circunstancias, que suelen orbitar alrededor del riesgo grave para la vida de la persona gestante, de una malformación fetal irreversible o de que el embarazo sea consecuente a una agresión sexual. Ejemplos de países que aplican este tipo de legislación son México, Guatemala, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia o Chile. Igualmente, en estos casos es posible que se dé una inobservancia de los derechos recogidos en las diferentes Constituciones. Por ejemplo: no todas las víctimas de agresión sexual deciden interponer una denuncia. Por último, algunos países (como El Salvador, Nicaragua, Haití o la República Dominicana) prohíben y penalizan el aborto en cualquier caso y circunstancia, colocando a mujeres y niñas gestantes que no desean ser madres en la tesitura de elegir entre la maternidad forzada o el riesgo a enfrentar penas de prisión (y quizás, también, la maternidad forzada).

En el caso del Ecuador, el aborto se permite bajo dos supuestos médicos: cuando se trata de un embarazo ectópico (en el que el óvulo se implanta fuera del útero, por lo que el desarrollo del feto es inviable) y cuando existe un riesgo grave para la vida de la persona gestante. Anteriormente, además, se protegía el derecho al aborto de mujeres diagnosticadas con discapacidad mental embarazadas a raíz de una agresión sexual. Esta distinción fue denunciada, debido a su contenido inconstitucional, por diversos colectivos feministas y, en abril de este año, la Corte Constitucional avaló la impugnación del artículo, con lo que se abrió un proceso de revisión de la ley en el que existe la posibilidad de la despenalización general del aborto por violación.

Sin embargo, para el resto de circunstancias, las personas que desean abortar necesitan recurrir a otros medios. Entre las vías que se encuentran más institucionalizadas destacan dos. La primera sería el aborto quirúrjico en clínicas médicas privadas, que deciden asumir el riesgo de la ilegalidad. El mayor problema de esta opción es que no resulta económicamente accesible a buena parte de la población ecuatoriana. La segunda sería a través de pastillas abortivas. Esta opción se encuentra regulada por varias organizaciones feministas que ofrecen acompañamiento durante todo el proceso a las personas gestantes que acuden en busca de ayuda. Su principal valor es que suponen espacios seguros en los que no se cuestiona la decisión de las mujeres ni tampoco los plazos de tiempos (basándose en la premisa de que las trabas sociales e institucionales pueden implicar importantes retrasos en el proceso). Aquí el problema reside en que los medicamentos no cuentan con una efectividad total y que el aborto puede resultar fallido o complicarse, lo que obligaría a la mujer a acudir a un centro médico, donde, si se descubre que ha llevado a cabo un aborto voluntario, se expone a la denuncia. En Ecuador, la persona gestante que aborta libremente puede ser penada con cárcel de seis meses a dos años, mientras que la persona que la ayuda a llevar a cabo el aborto puede ser encarcelada de uno a tres años y ser inhabilitada si pertenece a la profesión sanitaria institucional.

Por otro lado, cabe señalar las dificultades añadidas a las que se enfrentan las habitantes de entornos rurales, en los que la tasa de desempleo y el porcentaje de economía informal son significativamente más elevados que en los medios urbanos. Esto se traduce en un menor poder adquisitivo y, por ende, un mayor desafío para las mujeres, que necesitan desplazarse a las ciudades para proceder a un aborto. Las idiosincrasias o jerarquías establecidas en las comunidades indígenas y afro son particularidades que también deben ser consideradas, en cuanto pueden suponer impedimentos diferentes para las mujeres de estas comunidades que deciden abortar.

El aborto, todavía, es una práctica socialmente estigmatizada por buena parte de la población ecuatoriana. Ningún gobierno, ni siquiera los llamados progresistas, han considerado prioritarios los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. La objeción de conciencia puede ser alegada por el personal médico incluso en los casos de emergencia obstétrica amparados por la ley. El actual presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, de ideología conservadora, ha manifestado con anterioridad su oposición al derecho al aborto. No obstante, durante la campaña electoral aseguró apoyar la decisión de la Corte Constitucional de analizar la despenalización del aborto por violación y llegó a afirmar que las mujeres no deberían ir a la cárcel por abortar.

Ahora, las corrientes feministas ecuatorianas esperan el devenir del proceso legal para la despenalización del aborto por violación. Este sería el inicio del camino que las llevaría a conseguir el derecho al aborto libre y seguro; una ardua lucha activista, a escala global, en la que nunca han faltado los escollos, pero que, pese a todo, sigue avanzando firmemente, pues estamos seguras de los derechos que nos pertenecen y nada dispuestas a dar pasos atrás.

El rumbo de Palestina hacia su verdadera liberación

Cuando hablamos de Palestina, siempre nos viene a la mente la mal llamada ocupación (colonialismo). Nos viene a la mente la imagen de las bombas que caen sobre la Franja de Gaza, los muertos de las masacres, los también mal llamados asentamientos israelíes (colonias) en Cisjordania, las demoliciones de viviendas, las detenciones de las y los presos palestinos, las personas refugiadas. Y todos y todas tenemos claro que el máximo culpable de toda esa desgracia es Israel, con el apoyo incondicional de Estados Unidos y el beneplácito de la comunidad internacional.

Pero en esa relación de culpables a menudo nos olvidamos, u obviamos por ignorancia y desconocimiento en la mayoría de los casos, de un culpable más que es clave para que el mayor de todos los culpables, Israel (¿o el segundo mayor?), pueda llevar a cabo sus planes sin impedimentos y teniendo a su merced a un brazo ejecutor que obedece las órdenes como el peor de los lumpen: estamos hablando de la ANP, la Autoridad Nacional Palestina, una institución que ha traicionado, y traiciona, a la causa palestina. Un reducto de poder al servicio de Israel y Estados Unidos, resultado fiel de los fracasados Acuerdos de Oslo, que ha llevado a la deriva el proyecto de creación de un verdadero Estado palestino cohesionado y soberano.

Los Acuerdos de Oslo, más que unos acuerdos de paz, fueron unos acuerdos que consolidaron la hegemonía sionista en toda la Palestina histórica. Que cortaron de un hachazo las esperanzas de construcción de un Estado palestino soberano y al que toda la población refugiada pudiese regresar. Unos acuerdos en los que la participación palestina, absolutamente al margen de las demandas y del sentir del pueblo palestino, aceptó el colonialismo sionista israelí, aceptó la solución de los dos Estados a partir de las fronteras de 1967; la humillación de no regir en prácticamente ninguno de los asuntos que deberían ser de su competencia; las migajas de un gobierno civil y de los que quedaron excluidos lo militar y lo económico. Aceptó claudicar ante el gran amo sionista y ser represor y carcelero de su propio pueblo, y colaborador con las autoridades sionistas para frenar cualquier disidencia.

La traducción práctica de dichos Acuerdos en estas casi tres décadas ha sido la concesión de todos los privilegios a la entidad sionista, con importantes logros estratégicos y un absoluto retroceso para Palestina, con fuerte crecimiento de las colonias ilegales en Cisjordania, con la construcción de más de 700 kilómetros del muro del apartheid dentro de los territorios ocupados; con más represión, más violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional; más destrucción de viviendas palestinas; más usurpación de tierras, y una marcada profundización de la ocupación militar.

Antes de la firma de Oslo, en el año 1991, tuvo lugar la Conferencia de Paz de Madrid  que sirvió como preludio para Oslo. Madrid fue un éxito sin paliativos para Israel, pues mejoró la posición de la entidad sionista en la comunidad internacional, manteniendo desde entonces relaciones diplomáticas con un número de países considerablemente mayor que el que tenía antes de la conferencia de Madrid.

Está más que demostrado que el binomio Madrid-Oslo no ha servido más que para perpetuar el sistema de apartheid del régimen sionista contra la población palestina. Desde entonces, el sistema colonial israelí ha alcanzado niveles nunca vistos, con centenares de miles de colonos sionistas que se han trasladado a Palestina, que han provocado una escandalosa limpieza étnica en Jerusalén y que han creado bajo el paraguas del Gobierno israelí multitud de colonias ilegales en Cisjordania, robando tierras palestinas, y expoliando sus recursos naturales.

Ante esta situación, en la que Israel no ha dado ni un solo paso hacia sus tibios compromisos de Oslo, el paradigma de dos Estados sobre la Palestina histórica se vuelve completamente imposible. Las voces internas y externas que piden la disolución de la Autoridad Palestina, y piden un nuevo enfoque que verdaderamente ponga rumbo a la liberación de Palestina, se multiplican. Y es en este contexto en el que nace Masar Badil.

La Conferencia de la Ruta Alternativa Palestina, o Masar Badil, es un movimiento compuesto por personalidades y representantes de asociaciones y organizaciones civiles y populares de la Palestina ocupada y la diáspora. Coincidiendo con el 30 aniversario de la Conferencia de Paz de Madrid, se está organizando entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre una conferencia denominada «Palestina: la ruta alternativa». Masar Badil hace un llamado al pueblo palestino dentro y fuera de Palestina, a todas las organizaciones y movimientos de estudiantes, jóvenes y mujeres, para participar activamente en el lanzamiento de una gran movilización popular en aras de acabar con el enfoque de los acuerdos de Madrid-Oslo, y la construcción de una nueva etapa que sea la base popular para la renovación del movimiento nacional en la diáspora y un hito en la historia del pueblo palestino.

Masar Badil es una iniciativa hecha por y para la nueva generación palestina, que pretende construir un espacio de organización política, social y cultural para que la juventud palestina ocupe el lugar que le corresponde en la lucha por el retorno y la liberación nacional, la recuperación de la Palestina histórica desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo y el derecho al retorno de las y los refugiados como un objetivo irrenunciable.

La Conferencia de octubre no es un fin en sí mismo, sino tan solo el principio de un gran proyecto que suponga un punto de inflexión y que sea capaz de reconducir el proyecto de liberación nacional, que apueste por nuevos paradigmas alejados de procesos de negociación eternos, vacíos y aniquiladores de la causa palestina. Porque como dijo el gran líder revolucionario palestino Ghassan Kanafani, «si fracasamos como defensores de la causa, lo correcto sería cambiar a los defensores, no a la causa».

FRAGILIDAD, EXTERNALIZACIÓN Y HERENCIAS COLONIALES: CEUTA COMO ESPEJISMO

La externalización de las fronteras de la UE es un ejercicio político cuestionado ya desde sus inicios en 2003. No solo consiste en fortalecer el sistema de vallas y visados, sino que implica todo un juego de poder y una tensión con los países vecinos de la UE que se compensa por un sistema de ayudas económicas que van tomando forma en función de los escenarios políticos, desde la política euromediterránea, pasando por la política europea de vecindad o aterrizando en el fondo fiduciario de ayuda de emergencia a África que en estos momentos vincula peligrosamente la cooperación al desarrollo y el control de fronteras europeas que ya empieza en el Sahel.  La prioridad del control migratorio en la agenda política europea es una pieza más que los diferentes países del Sur asumen y reformulan. La visión etnocéntrica está en creer que solo la UE tiene sus prioridades geoestratégicas vinculadas a la externalización y no llegar a comprender que el resto de los países del mediterráneo occidental y oriental, o del Sahel, combinan sus agendas políticas con la obsesión europea del control migratorio, en un juego tensionado por múltiples factores, donde la geoestrategia de cada país es una pieza más en el militarizado entramado de la industria de la migración. 

La fragilidad de este equilibrio saltó por los aires recientemente. El 17 y 18 de mayo en Ceuta unas 10 000 personas cruzaron la frontera desde Benzú y Fnideq. Es importante señalar que esa misma frontera —justo antes de que la pandemia de la covid-19 fuera la excusa perfecta para sellarla— era atravesada diariamente por unas 20 000 personas, vecinas de estos territorios colindantes. Cruzaban de día y volvían de noche. El tratado de Schengen así lo permitía. Con un pasaporte de las ciudades vecinas de Ceuta y Melilla, la población vecina podía ser mano de obra precaria en el servicio doméstico, en el porteo de mercancías o en la construcción. Una parte de esas personas que cotidianamente visitaban estos territorios y eran precarizadas por la economía de las fronteras, fueron moneda de cambio en la escenificación de una crisis diplomática que se explica desde el enfrentamiento hispano-marroquí pero que tiene una profunda lectura con implicaciones más trascendentes en una dimensión internacional. 

El conflicto no resuelto sobre la soberanía del Sáhara Occidental ha sido el escenario de fondo de esta crisis diplomática, pero la realidad es que lo que subyace es un enfrentamiento entre las oligarquías transnacionales que se van a instalar en el Sáhara y van a explotar sus recursos naturales; multinacionales estadounidenses que con tecnología israelí y con la connivencia de la UE y sus empresas de economía verde planean una apropiación de sus recursos naturales. Es ese capital transnacional que se come los derechos de todas las personas y de sus identidades y sus reivindicaciones. 

El Parlamento Europeo, en un ejercicio de demagogia e hipocresía, apuntó con su dedo acusador a Marruecos por usar la migración como arma política, como si la UE no estuviera plenamente armonizada en esta instrumentalización que pisotea los derechos de las personas refugiadas, legitima las devoluciones en caliente, ignora a las familias que buscan a sus familiares ahogados por las necropolíticas e ignora los derechos de la infancia y la adolescencia migrante justo a la puerta de esta exquisita Europa de los derechos humanos.

El autocrático régimen marroquí y la Europa de los derechos humanos van de la mano en la deficitaria protección de la infancia y la adolescencia migrante, de los niños, las niñas, los adolescentes y los jóvenes que se mueven solos y desafían las fronteras y sufren el racismo de ser «los niños no acompañados» en el sistema de protección. Ni la exquisita Europa de los derechos que rápidamente acusa a Marruecos es capaz de perseguir el discurso de extrema derecha que incita al odio y a la xenofobia y ningunea a estos chicos y chicas; ni las vacías declaraciones de la monarquía marroquí van aparejadas de la más mínima coherencia y diligencia en la protección de estos chicos y chicas, con los que negocia como moneda de cambio con la obsesión de Europa por expulsarlos de su territorio. 

Mientras las bombas caían en Gaza… 

Mientras Omar Radi y Souleiman Raissouni, en detención preventiva desde hace nueve y diez meses respectivamente, agonizan en una huelga de hambre… Y Europa calla. Ignorante del precio de la libertad de expresión al sur del Estrecho de Gibraltar…

¿El desasosiego de un pueblo malagradecido?

CHILE: Notas sobre la revuelta popular de octubre

Como en muchas casas de Chile, mi abuela se almorzaba viendo noticias. Recuerdo la indignación con que se llevaba la cuchara a la boca. No podía evitar quejarse de la democracia fraudulenta en que vivíamos. «Cobardes», «vendidos», «ladrones» eran algunas de las palabras que pronunciaba al masticar. Comer era un acto bruxista y rabioso, con la carga de algo mayor que, en ese tiempo, todavía no era capaz de nombrar. Así fue como crecí con la interrogante de si acaso ese era un diálogo exclusivo de mi familia, herencia de los allanamientos, exilios y presidios que vivieron en dictadura, o si, al contrario, era algo de lo que todo el mundo hablaba.

Las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2011 sirvieron para demostrarme que no éramos lxs únicxs. La transición había consolidado un modelo neoliberal descarnado. Seguíamos —seguimos— bajo la Constitución escrita en dictadura. Los gobiernos «democráticos» habían terminado de vender Chile con una facultad impresionante para, al mismo tiempo, empobrecerlo y asignarle un precio absolutamente a todo, excepto al aire. Entonces surgieron demandas como educación gratuita, fin al lucro o desmunicipalización: «La educación chilena no se vende, se defiende», gritábamos.

Sin embargo, el movimiento estudiantil creció bajo una impronta solitaria. El resto de la sociedad nunca se plegó del todo a sus manifestaciones, o al menos no significativamente. Recuerdo la dicha con que algunas personas de la generación de nuestros padres aplaudían desde la vereda al vernos marchar. Más de alguna vez les escuchamos decir que ellxs ya habían luchado, que ahora era nuestro turno. Por supuesto que lxs entendía, pero también me irritaba su pasividad ante lo que, a todas luces, era un problema ciudadano. Ahora comprendo que sus palabras no tenían amargura, sino decepción.

Tuvieron que pasar ocho años para que por primera vez se desbordara una agitación popular. Ya no fragmentada, ni puramente estudiantil, sino que masiva y transversal. Herencia del movimiento feminista, las luchas por la recuperación de las aguas, el movimiento No + AFP y la histórica resistencia en Wallmapu, entre muchas otras causas.

Las declaraciones del ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, tras el alza de $30 al pasaje del Metro de Santiago, fue el choque eléctrico que faltaba. En su declaración invitó a la gente a levantarse más temprano para así evitar la tarifa de horario punta (superior a la del metro de Londres, según el ingreso medio). La indignación fue inmediata y a los pocos días se desató una evasión masiva del transporte público impulsada por lxs estudiantes secundarixs: «Evadir, no pagar, otra forma de luchar», decían. Ese salto de torniquetes fue una interpelación directa al Gobierno, pero también al sentido común de un pueblo, hasta entonces aletargado, que todavía no se desprendía totalmente del amor mal correspondido al que se refería Violeta Parra.

Las evasiones convulsionaron la ciudad. A cada rato se incendiaba una estación. El Metro cerró sus puertas y las cubrió de fuerzas policiales. El resultado fueron miles de personas aglomeradas a sus afueras esperando retornar a sus hogares, resignadas a irse a pie. Fuego, protestas, detenidxs, enfrentamientos. Ese 18 de octubre marcó el inicio de la revuelta popular más grande de la que hayamos tenido registro o lo que los medios y analistas llamaron «estallido social». Suerte de erupción inexplicable, desasosiego de un pueblo malagradecido.

Llegada la medianoche, Sebastián Piñera anunció el estado de emergencia. Pero ¿qué significaba eso exactamente? Tengo una imagen encriptada de mi primer paso por el centro a la mañana siguiente. Caminaba por San Francisco en dirección a la Alameda cuando vi pasar el primer camión con milicos armados. Recuerdo el súbito de estar viendo en blanco y negro, como a través de un lente documental de los setenta. VHS, recorte del pasado. La ciudad de nuevo militarizada, acoplada por el eco de las botas. Me crucé con gente igual de muda que yo. No había claridad de lo que se venía. Estábamos —estamos— bajo un gobierno primo-hermano de la dictadura, que lejos de recuperar el orden público, con eso marcaba a fuego la necesidad de una rebelión impostergable.

Sería injusto pretender abarcar aquí ese periodo. Todas las muertes, violaciones a los derechos humanos, disparos en la cara, represión, terrorismo de Estado y violencia político-sexual perpetrada por Carabineros. Los centenares de personas a las que le arrebataron los ojos y a las que hoy el mismo Estado entrega prótesis. Nuestras calles están teñidas de impunidad, mientras en el fondo, se iza la bandera.

Imagino que regreso a la provincia donde nací. Como de costumbre, atravieso la ciudad caminando hasta la casa de mi abuela. En la cocina no ha cambiado nada. El mantel de hule es el mismo, ella es la misma. El televisor sigue prendido. De pronto, una pausa comercial interrumpe el ruido blanco del noticiero. Seguimos masticando, mi abuela vuelve a lamentarse.

Pandemia y populismo autoritario

La gestión de la covid19 en Serbia

La prolongada pandemia debida a la covid19 ha revelado la verdadera naturaleza del régimen político en Serbia: su incompetencia e irresponsabilidad para brindar a la ciudadanía unos servicios públicos adecuados, al tiempo que ha puesto todos los recursos públicos al servicio de un objetivo, asegurarse las próximas elecciones presidenciales a principios de 2022.

Hace menos de un año, el Gobierno de coalición del presidente, Aleksandar Vučić, y su Partido Progresista Serbio, declaró el Estado de Emergencia y el toque de queda de manera ilegal e inconstitucional con la intención de controlar la pandemia. Tenían a su disposición instrumentos legales para asegurar el buen funcionamiento del Estado y de los servicios públicos, especialmente del sistema de salud. Sin embargo, impusieron unas medidas que debían ser el último recurso. Pronto las comparecencias del presidente, el primer ministro y el llamado equipo de crisis se convirtieron en acusaciones, se culpaba a la ciudadanía del aumento de contagios porque no respetaban las medidas impuestas. El Gobierno anunció que no se consideraría responsable de un eventual colapso del sistema sanitario.

El Estado de Emergencia se usó indebidamente para lograr un control aun más fuerte sobre el panorama mediático, el cual ya se caracterizaba por enormes interferencias (directas e indirectas) de los partidos gobernantes en las políticas editoriales de los medios públicos y privados. La mayoría de los medios privados en Serbia se han olvidado de los principios del periodismo independiente para garantizar beneficios económicos a través de publicidad pagada por el Estado. En Serbia existen pocos ejemplos de periodismo independiente y con un alcance bastante limitado.

En 2020, Freedom House declaró a Serbia como un país solo parcialmente libre. El deterioro de la democracia ha sido una tendencia gradual desde 2012, cuando el actual Gobierno neoconservador llegó al poder. Durante los últimos años, académicos nacionales e internacionales han aplicado una terminología diversa para describir la situación: «fachada democrática», «autoritarismo electoral», «régimen híbrido» y similares.

Todos coinciden en la identificación de los problemas: el uso indebido de los recursos públicos para la campaña electoral permanente del Gobierno; la presión constante sobre la plantilla de gobiernos locales, instituciones públicas y compañías participadas por el Gobierno cuyos trabajadores deben votar por los partidos gobernantes para conservar el empleo; la exclusión del pluralismo y la representación equitativa de los actores políticos y sociales en los medios de comunicación; el control del poder ejecutivo sobre la Fiscalía, el Poder Judicial y varias instituciones reguladoras independientes; y, en el caso de que la victoria electoral esté en peligro para el régimen, la intimidación a la oposición y sus votantes a través de amigos criminales.

¿Qué esperaba la ciudadanía en el último año? Quería un sistema de salud solvente, capaz de soportar la presión de la pandemia, y medidas de apoyo económico que permitieran quedarse en casa. Quería una solución creativa para el falso dilema de «salvar la salud o la economía», como si ambos no estuvieran relacionados. En cambio, el Estado respondió declarando un Estado de Emergencia, que no evitó ni el alto número de personas contagiadas de covid19 ni las altas cifras de personal sanitario que enfermó o falleció. Además, las ayudas económicas llegaron tarde y se limitaron a un desembolso único de 100 euros a todxs los ciudadanxs adultxs, sin importar sus condiciones socioeconómicas. Estas medidas no ayudaron de manera efectiva a lxs más vulnerables que, a menudo, ni siquiera están identificadxs.

A mediados de mayo de 2020, el Estado declaró «la victoria sobre la pandemia». Se revocaron todas las medidas adoptadas e incluso se permitieron partidos de fútbol con público con el objetivo de escenificar la vuelta a la normalidad. El Gobierno organizó rápidamente elecciones parlamentarias, que los partidos de oposición boicotearon debido a irregularidades constantes. Esto resultó en un parlamento que solo representa a la coalición gobernante. Al mismo tiempo, las elecciones provocaron un aumento del contagio entre la población.

Después de la constitución del nuevo viejo gobierno, se decretó un segundo confinamiento y el portal de medios independiente Balkan Investigative Reporting Network publicó un informe demostrando que el Gobierno había mentido y manipulado las estadísticas oficiales de fallecidos. La ciudadanía se rebeló y llevó su ira a las calles. Reclamaban la verdad y unos servicios adecuados. En cambio, se enfrentaron a la brutalidad policial y la represión. Durante una semana, las calles de Belgrado y otras ciudades se convirtieron en una zona de guerra. Por primera vez desde que asumió el poder hace 8 años, el Gobierno recurría a un aparato represivo estatal y policial y pidió ayuda a criminales para que se ocuparan de los ciudadanos en la calle.

Actualmente, todavía estamos luchando contra la pandemia, que supuestamente ya habíamos contenido con éxito, teniendo aún un alto número de contagios. El presidente y su Gobierno están apostando todo a una carta: la rápida vacunación de la ciudadanía. Su actitud se resume en: «no nos pregunte cuánto cuesta, no nos pregunte si Serbia está en el programa de pruebas de vacunación», pero el resultado es que Serbia se encuentra entre los países europeos que tienen el mayor número de dosis por población.

Parece que el régimen considera la vacunación como la solución mágica para una campaña preelectoral exitosa que los impulse en las presidenciales de 2022. Además, la vacunación funciona como una cortina de humo para cualquier pregunta sobre la naturaleza del régimen, la deteriorada economía y los derechos humanos y el bienestar socioeconómico de la ciudadanía.

Bolivia, un pretexto

Bolivia apareció tímidamente en los medios internacionales cuando fue derrocado Evo Morales. La icónica foto de la presidenta rubia a la que un militar en uniforme de guerra le colocaba una suerte de banda presidencial y la escena en que entraba al llamado Palacio de Gobierno con la biblia en la mano y diciendo «nuestra fuerza es dios», recorrieron el mundo.

Fueron pocos los segundos en los que este hermoso país salía confusamente en un extremo pequeño de un periódico internacional, confundido como siempre con Colombia. Russia Today mandó corresponsales pero pasaron fugazmente a dar cuenta de lo que ellos por conveniencia llamaron «golpe de Estado1». El País de Madrid, sorprendentemente, nos pidió entrevista y análisis; pero, como decimos por acá, «es porque se ha muerto el obispo» y hasta que otro obispo muera, que pueden ser 40 años, no volveremos a emerger en sus medios.

No aparecemos con nuestros remedios ancestrales contra la covid19, no aparecemos para contar las fabulosas ollas comunes que somos capaces de organizar en tiempos pandémicos, no aparecemos para hablar de arte, ni de filosofía, sino para no hablar y ser foto de muertes y derrocamientos disparadas por algún fotógrafo candidato al World Press Photo. Somos el territorio del desastre, aunque por acá se vive y se fiestea muy bien; somos el territorio de la ignorancia, aunque los saberes ancestrales sustentan nuestras vidas; somos el territorio de la no ciencia y del no pensamiento; somos el territorio paisaje, aunque venimos alimentando al capitalismo con materias primas estratégicas desde hace más de 700 años.

Es por eso que en este articulo, que me honra El Topo con pedírmelo, quiero hablar de este país que habito tan solo como un pre-texto para hablar de horizontes, utopías y revoluciones.

Izquierda versus derecha y privatización de la política

Pido al mundo, por favor, no simplificar la realidad política de mi país y reducirlo todo a una disputa entre derecha vs. izquierda. No es que el movimiento al socialismo (MAS) es de izquierda; le pasa como al PSOE, partido socialista de España, es solo un nombre. Ni el PSOE es la izquierda,
ni el MAS es la izquierda, y lo que está en el tablero político es algo más complejo que un enfrentamiento entre derecha e izquierda, progresismo versus conservadurismo.

Las categorías derecha versus izquierda son hoy categorías insuficientes para explicar la política en ningún contexto por varias razones. La primera y más evidente es la incapacidad de la llamada izquierda de diferenciarse de los postulados fundacionales del neoliberalismo y de acatarlos a rajatabla. La segunda es la emergencia de nuevas categorías y complejidades políticas que escapan a ambos conceptos. Y la tercera es la emergencia de un nuevo fascismo diferente que la izquierda no logra ni ver, ni interpretar, ni contener. Es más en Bolivia los pactos de gobernabilidad del movimiento al socialismo han incluido la alianza con fuerzas fascistas conservadoras como las iglesias fundamentalistas cristianas a través de la otorgación de personerías jurídicas para operar en el país y realizar sus campañas de extirpación de idolatrías contemporánea2.

Estamos ante el fenómeno de la privatización de la política y la transición entre un neoliberalismo y un neoliberalismo fascista pandémico.

El derecho al voto no garantiza nada y los marcos que ofrecen las democracias liberales representativas son procesos de despojo de decisión colectiva sobre los asuntos fundamentales de cualquier sociedad. Las elecciones son aparatos gigantescos de marketing y manejo o, mejor dicho, manipulación de la opinión pública. Tenemos derecho a elegir, pero no a ser elegidxs, y sobre todo no tenemos derecho a decidir nada, ni siquiera qué cosa vamos a consumir.

¿Quién gobierna Bolivia?

En un régimen patriarco/colonial/capitalista un país como Bolivia ocupa el lugar ineludible de proveedor de materias primas cuyos precios serán determinados en función de las necesidades y los cambios tecnológicos a decidir en los centros de poder que no son los estados del norte imperial, sino poderes supraestatales transnacionales.

Un gobierno como el boliviano es una suerte de administrador del proyecto colonial bajo un régimen de ausencia de soberanía estatal. Los problemas seculares de Bolivia de carencia de salud, seguridad social a largo plazo, acceso a la educación y a la tecnología, acceso al trabajo seguro y en muchos casos derecho a la subsistencia, son problemas irresolubles dentro un régimen colonial extractivita de despojo. Los estados nacionales no son estados soberanos en ninguna latitud del mundo, pero, cuanto más al sur bajamos, los márgenes de soberanía son menores o inexistentes.

Es por ello que la pregunta de ¿quién gobierna Bolivia? debería ser en el mejor de los casos sustituida por ¿quién administra en el país el proyecto colonial imperial y bajo qué condiciones?

Esto obliga a pensar las cuestiones centrales no dentro los marcos estatales y ese es un gran desafío para las luchas sociales.

Las luchas circunscritas al marco de la producción y las tensiones dentro de la producción no son en un país como Bolivia las luchas centrales porque el problema no es el dilema patrón/proletario. De hecho, el proletariado ha desaparecido y las luchas por el agua, por la Amazonia, por todas las formas de soberanía sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas son las luchas fundamentales que tienen la fuerza de hacer temblar estructuras.

[1] En Bolivia aún hoy hay una gran disputa entre la tesis del golpe de Estado que victimiza a Evo Morales y la tesis de la reconquista de la democracia que justifica las masacres y la emergencia del fascismo. Se trata de una discusión muerta y polarizada en la que Mujeres Creando ha insertado una visión no binaria más compleja que se puede leer en varios de nuestros artículos referidos al tema.

https://www.paginasiete.bo/opinion/maria-galindo/2019/11/20/quien-gobierna-bolivia-237916.html

[2] Movimientos como «con mis hijos no te metas» y otras formas de fundamentalismo fascista actúan en Bolivia fuertemente: tienen colegios, universidades y medios de comunicación. Los permisos para acceder a esto han sido otorgados en su mayoría por el Gobierno de Evo Morales.

Arde Moria, Arde la Europa de los pueblos

«Somos una brigada de cinco personas voluntarias-activistas que viene desde Sevilla con destino a la isla griega de Lesbos…». Así empezaba la primera de ocho crónicas que envié al periódico La Marea en abril de 2016. Sofía, Cristina, Alba, Kike y yo, pasamos diez días en la isla en plena «crisis de los refugiados», con el propósito de trabajar in situ y de forma directa con las personas que, desde países como Siria, Afganistán, Irak o Paquistán buscaban refugio en esta Europa nuestra. Pretendíamos también servir de apoyo a algunas de las ONG que trabajaban en Lesbos. Otro de nuestros objetivos fue siempre la denuncia, y ese fue el motivo por el que escribí las crónicas que enviamos cada día y que fueron leídas por gente que desde España nos ofreció su solidaridad. Y esa solidaridad nos llegaba, y de qué modo, cada día, cuando visitábamos los campos de refugiados, cuando organizábamos cientos de cajas con ropa que desde toda Europa llegaba a las naves de las ONG, cuando esperábamos cada noche en Campfire la llegada de alguna patera con refugiados y refugiadas desde las costas de Turquía, o cuando acudíamos a las reuniones que se convocaban en el campo de Pikpa para organizar las acciones pacíficas que llevamos a cabo ante la visita del padre Francisco a Lesbos.

Me impresionaba cada día la solidaridad potente y sin fisuras que viví en la isla, la de tantas personas voluntarias que trabajábamos desinteresadamente mañana, tarde y noche, en tareas que iban desde la ayuda directa (comida, ropa, techo, asesoramiento legal a las personas demandantes de refugio) hasta la planificación de acciones de denuncia ante la situación que vivían los miles de migrantes (en 2016 el Gobierno griego hablaba de unos 50 000) que llegaban a Lesbos desde Turquía. Igualmente me sentía impresionada por la dejadez con la que la Unión Europea mantenía a estos solicitantes de refugio: recluidos y hacinados en lugares como Moria, sin apenas atención por parte gubernamental. En el campo de Moria, ahora devastado por las llamas, se les trataba como a posibles delincuentes o delincuentes en la práctica: restringiéndoles la movilidad, negándoles el derecho de petición de asilo o dejando estas peticiones en limbos jurídicos de los que era prácticamente imposible salir.

Y allí estábamos. Activistas de todo el mundo para ayudar y denunciar, para solidarizarnos en nombre de nosotros y nosotras y en nombre de familiares, amigas, compañeros, hermanas que quedaron en nuestros lugares de origen y que desde allí nos mandaban su energía, su ímpetu, en ocasiones su dinero, haciendo así necesaria y hermosa nuestra presencia en Lesbos. Para mí, en esos momentos y en ese lugar se hizo presente la Europa de los pueblos, la que trabajaba a favor de la acogida de personas que buscaban una vida mejor huyendo de guerras provocadas en la mayoría de las ocasiones por intereses geopolíticos, y por la esquilmación de los recursos naturales de sus países de origen por parte de esas mismas potencias económicas, políticas y militares que ahora les volvían la espalda.

Desde aquellos días de la primavera de 2016 en los que tuve la enorme suerte de estar y ser en Lesbos, y hasta el incendio del campo de Moria en septiembre de 2020, mi preocupación por «el problema migratorio» aumenta a la par que avanza el fascismo en Europa, que ha sido potenciado y dejado crecer (como mala hierba) por algunas de las instituciones «que nos representan». Ello ha originado que parte de la ciudadanía europea tenga miedo a que «se les robe» lo conseguido con la implantación del estado del bienestar, y tiene como consecuencia que se preste oído a discursos xenófobos y a que se pongan en práctica actitudes egoístas, violentas y racistas. Estos falsos discursos de odio han sido intencionadamente distribuidos por gobiernos como el húngaro o el polaco, y por partidos fascistas que se sientan hoy para nuestra vergüenza e indignación en parlamentos democráticos de Europa.

Sin embargo, ante estos discursos fascistas, sigo convencida de que la solidaridad es la alternativa, porque la solidaridad es la ternura de los pueblos.

La solidaridad de la Europa de miles de hombres y mujeres que siguen exigiendo en 2020 el estudio de las verdaderas causas de las migraciones, la regularización de estas, la promoción del empleo, sobre todo juvenil, en continentes como África, devastada por años de robo de sus recursos, empobrecida por políticas dirigidas a que puedan circular libremente los bienes y las mercancías, pero no las personas.

La ternura de la Europa de los pueblos, que pide el fin de la Europa-fortaleza, el fin de los tratados como el de la vergüenza, firmado en 2016 entre la UE y Turquía, o como los que, externalizando las fronteras, España firma y mantiene vigente con Marruecos, Mauritania o Senegal. Convenios engañosos con los que la Unión Europea condiciona la ayuda oficial al desarrollo al control de la migración (y de paso a la adopción de jugosos acuerdos comerciales).

El compromiso de la Europa de las personas, que se niega a criminalizar a los demandantes de refugio o a considerarles como «competidores» en nuestro derecho al reparto de los «pocos recursos» existentes en esta sociedad del capital. En todo el continente europeo se mantienen en pie organizaciones y miles de hombres y mujeres que se movilizan a favor de políticas efectivas de rescate en el mar, para evitar los ya famosos cementerios como el del Mediterráneo.

La firmeza de la Europa de la gente, que exige la supresión de las concertinas en Ceuta y Melilla y el cierre de los CIEs en la frontera sur, que aboga por la implantación de rutas seguras y legales para las personas que buscan refugio, la que denuncia la devolución en caliente de los inmigrantes, la que pide estrategias de acogida a personas en situación administrativa irregular… ¡ninguna persona es ilegal!

La exigencia de la Europa de la ciudadanía, que está en contra de la suspensión temporal del derecho de asilo de Grecia, la que solicita que se garantice la salud física y mental de las personas migrantes y, por supuesto, la que denuncia alto y claro acuerdos como el de la vergüenza, anteriormente citado, o como el pacto migratorio que recientemente se ha presentado en Bruselas y que está en fase de estudio, mediante el que se dificulta la demanda de asilo y se refuerzan cruelmente las fronteras de Europa.

La Europa de los pueblos contra la Europa-fortaleza. La Europa solidaria y tierna que viví en Lesbos en 2016 frente a la Europa que cierra sus fronteras y que legisla y pone en práctica políticas que demasiadas veces van en contra de los derechos humanos.

Creo, siento, que en septiembre de 2020 no arde solo Moria. En la hoguera inquisitorial que Europa ha encendido y que nos retrotrae a tiempos que parecían superados, está en peligro de arder también la Europa abierta y progresista, la que luchó y venció al fascismo, la de la acogida y la democracia. La Europa de los pueblos.

Anarquistas en el levantamiento contra la dictadura

Bielorrusia

A partir de la noche del domingo 9 de agosto, en respuesta a unas elecciones ampliamente consideradas fraudulentas, en Bielorrusia estalló un movimiento masivo de protesta contra Aleksandr Lukashenko, la fuerza que ha gobernado el país durante un cuarto de siglo. La policía arrestó a miles de personas y disparó y asesinó a manifestantes. Aparentemente el Gobierno cerró internet y los teléfonos fijos durante varios días con la esperanza de sofocar las protestas, mientras afirmaba que ello era obra de fuerzas extranjeras. La candidata de la oposición Svetlana Tikhanouskaya fue detenida y aparentemente obligada a leer un guion que afirmaba que Lukashenko había ganado las elecciones y que instaba a la gente a «obedecer la ley» y mantenerse alejada de las protestas callejeras, tras lo que huyó a a Lituania. A pesar de todo, las protestas continúan. Y en este contexto, en el que el Estado ha tomado medidas enérgicas contra todas las formas de oposición política, l-s anarquistas se encuentran entre los únicos grupos organizados capaces de participar en las manifestaciones callejeras.

Ya en 2017, l-s anarquistas participaron en la vanguardia de una ola de protesta contra la ley que obliga a personas desempleadas a pagar un impuesto adicional al Gobierno. Y es que, aunque algunos describan a Bielorrusia como el último reducto socialista de la era soviética, la clase dominante está involucrada en el mismo proceso de acumulación de riqueza y represión de la disidencia que vemos en otros lugares. De modo que no vemos el movimiento de protesta en Bielorrusia como una reacción a un régimen «atrasado» que puede resolverse simplemente introduciendo la democracia, sino más bien como un nuevo punto caliente, junto con Portland y Belgrado, en la lucha mundial contra las consecuencias del capitalismo y el autoritarismo.

Por necesidad, la nueva ola de protestas es descentralizada y en gran parte sin líderes, adhiriéndose a tácticas y principios anarquistas aunque tememos que, incluso en el mejor de los casos, esta horizontalidad no garantice un resultado positivo. Movimientos de resistencia mayoritariamente horizontales han sido repetidamente cooptados y canalizados para reinventar las mismas estructuras estatales autoritarias, incluidos los movimientos que provocaron el colapso de la Unión Soviética hace tres décadas. Desde nuestra perspectiva, lo más importante que puede suceder en momentos tumultuosos como este es que la gente desarrolle un análisis más profundo de las estructuras de poder y de lo que se necesitará para lograr una liberación real.

Para comprender los desarrollos específicos que han llevado esta crisis a un punto crítico en Bielorrusia, recomendamos un artículo del colectivo anarquista Pramen. También es importante leer su análisis de por qué una democracia electoral más creíble es inadecuada para abordar los problemas que enfrentan las personas en Bielorrusia: No debemos olvidar que los anarquistas están en contra no solo de esta elección presidencial, sino de cualquier presidente en general. El pueblo bielorruso sabe desde hace mucho tiempo que el poder corrompe a tod-s. Lukashenko puede ser reemplazado por un político de oposición, que mantendrá el poder en el país y continuará la represión contra su propia población. Debemos levantarnos, no para conseguir un nuevo presidente, sino para vivir sin presidentes. La descentralización del poder debe ser un factor clave en la transición de la dictadura a una sociedad libre.

L-s izquierdistas autoritari-s han querido ver las maquinaciones de actores estatales occidentales en estos eventos buscando explicarlos, como en otras teorías de la conspiración, tal que maniobras malévolas de una única entidad, oscura y omnipotente, como la CIA. Sin embargo, el levantamiento en Bielorrusia no es particularmente conveniente para ninguno de los actores geopolíticos involucrados. Aunque le da a Putin la oportunidad de presionar a Lukashenko para que le haga más concesiones, también podría desestabilizar a Rusia. Por otro lado, dificulta los intentos de Estados Unidos de establecer una relación más amistosa con Lukashenko para ganar una mayor influencia en la región. En un momento en que la violencia estatal, la crisis económica y una pandemia catastrófica han desacreditado a los gobiernos de todo el mundo, amenaza con sentar un precedente para una revuelta masiva que podría extenderse. Much-s comentaristas han señalado que los eventos en Bielorrusia podrían servir como modelo de lo que podría suceder en los Estados Unidos si se impugnan las elecciones de 2020.

En todo el mundo, las estructuras estatales están fallando a la gente y provocando movimientos sociales rebeldes. Las corrientes políticas que se vuelvan influyentes en estos movimientos determinarán qué es posible en la próxima generación de luchas. Si no hay poderosas corrientes anarquistas involucradas o si inmediatamente descartamos movimientos enteros debido a la participación de algunos elementos reaccionarios, haremos inevitable que más gente marginada y desesperada sea arrastrada a movimientos sustitutos organizados por nacionalistas, neoliberales y otros autoritari-s, con consecuencias desastrosas. En el movimiento de los chalecos amarillos en Francia fue muy importante que l-s anarquistas se involucraran y lucharan para desplazar los elementos fascistas y nacionalistas que intentaban popularizar su modelo de resistencia contra el gobierno centrista de Macron. Asimismo, deberíamos canalizar recursos y solidaridad a los elementos anarquistas en la lucha en Bielorrusia.

No toda la actividad revolucionaria es positiva. Cuando los fascistas tomaron la delantera en la revolución ucraniana, se hizo importante comprender cómo sucedió esto e identificar que la victoria de la revolución no representaba un paso hacia la liberación. Pero el futuro del levantamiento en Bielorrusia aún no está escrito: podría ser reprimido, podría ser cooptado por demócratas neoliberales o nacionalistas, o podría convertirse en un punto de referencia para la revuelta popular. Lo que suceda a continuación se determinará en el escenario mundial, ya que luchas como esta se desarrollan en seis continentes. Hacemos un llamado a tod-s l-s que se preocupan por el futuro de la humanidad a profundizar los lazos internacionales de solidaridad, intercambiar tácticas y recursos, y comprender estas luchas en un contexto global.

Lawfare: ¿Guerra judicial o guerra política?

A decir de Dunlap, el militar estadounidense que le dio difusión al término, el lawfare es una guerra por la vía legal, el uso de la ley como un arma para destruir al enemigo y, de manera más general, una herramienta de poder blando. En América Latina, desde las antípodas de esta interpretación, pero sin descartar su componente bélico, se está utilizando el término para definir la forma que adopta el conflicto entre proyectos políticos progresistas y la restauración neoliberal de la mano de derechas dispuestas a hacerlo todo para recuperar su espacio en la esfera política formal. Periodistas, abogadxs e intelectuales utilizan de modo recurrente el concepto para referirse a la persecución política por la vía judicial: la utilización de la ley como un arma para destruir al adversario que no pudo ser vencido por la vía electoral.

Se trata de una guerra que opera doblemente desde arriba: porque es implementada por un Poder Judicial que se eleva por encima de los demás poderes del Estado y porque se trata de un ámbito integrado por una minoría privilegiada con la capacidad de promover una creciente judicialización de la política. De este modo, un sector a todas luces elitista (con escaso recambio desde los gobiernos dictatoriales hasta hoy), presiona por delinear el destino político (por lo tanto, económico y social) de un Estado. En los hechos, esta judicialización opera valiéndose del doble rasero de la ley y la selectividad, otorgando mayor visibilidad, atención y recursos a unos casos vinculados a determinados grupos y líderes políticos y dejando al margen otros.

Pero esta tarea de selectividad y de enorme proyección del poder judicial sobre la política puede ser exitosa a la hora de criminalizar al enemigo político, porque cuenta con el apoyo y la complicidad de los medios de comunicación concentrados. La persecución por la vía judicial se combina con una campaña de persecución mediática, linchamiento y desmoralización que alcanza su punto cúlmine cuando penetra en la opinión pública en momentos políticos clave: durante períodos electorales, apenas asumido el gobierno, en coyunturas de referéndum. Decenas o cientos de titulares en la prensa escrita, cientos de horas de televisión y radio, así como la permanente réplica de opiniones en las redes sociales, machacan a miles de cerebros, una y otra vez, con relatos manipulados en contra de ciertos grupos y sectores políticos. No es casualidad que los sectores criminalizados estén generalmente asociados a gobiernos progresistas o de izquierda.

En los últimos cinco años observamos cómo las «voces expertas» (de think tanks, universidades y organismos internacionales) encuentran eco en los medios de comunicación concentrados y las redes sociales, manufacturando un consenso en torno a la corrupción como principal problema/enemigo de la democracia, señalando de modo sistemático a los gobiernos de izquierda. Centran su discurso en el clientelismo y la supuesta ineficiencia de sus economías, el tráfico de influencias y favoritismos. Articulan las denuncias con lo que consideran la causa de estos males: el mayor protagonismo otorgado al Estado para regular la economía, la repolitización del Estado, la mayor visibilidad e importancia otorgada a lo público. Desde este ángulo, se trata finalmente de un ataque a las políticas que se apartan (con mayor o menor alcance y éxito) del consenso sobre el libre mercado.

Resulta significativo que en los hechos, gobiernos como el de Alianza País en Ecuador con Correa como presidente, los gobiernos del Movimiento al Socialismo en Bolivia o del Partido de los Trabajadores en Brasil no solo se caracterizaron por un compromiso con la justicia social (con mayores o menores logros y tensiones), sino que además hayan sido más eficientes (desde cualquier punto de vista) que los gobiernos de derecha que los sucedieron por la vía de las urnas, el golpe de Estado tradicional o el golpe blando, respectivamente. Entonces ¿por qué tiene éxito este argumento de la corrupción y la ineficiencia? Cala profundo debido a los numerosos prejuicios anclados históricamente en palabras como socialismo, comunismo o izquierda, en el marco de la reproducción de la ideología hegemónica. Opera como catalizador de un sentido común «antipolítico», habilitando la desertificación de la política. La cruzada contra la corrupción se sintetiza en «que se vayan todos», «son todos corruptos», etc. A lo que se suma el miedo por la vía legal (lawfear) que infunden a través de la judicialización sistemática de militantes, funcionarias y exfuncionarias, activistas. No te metas en política, parecen decir. No solo porque probablemente terminarás siendo una corrupta, sino porque aunque no lo seas, te culparemos de serlo (sin pruebas ni debido proceso) frente al tribunal supremo de la política, que es la opinión pública. El lawfare es una guerra contra la política (como posibilidad de cambio y justica social) librada desde el ámbito jurídico y su campo de batalla es la opinión pública.

Y la derecha lo sabe, pues hace algunos años viene adquiriendo un gran protagonismo en los medios de comunicación haciendo valer sus acciones (stocks) y poniendo al día rápidamente su lenguaje a las redes sociales. Comprende la necesidad de generar una apariencia de legitimidad recurriendo al marco legal internacional (diferente a lo sucedido durante el franquismo o las dictaduras cívico militares en América Latina). Puede incluso retomar el discurso de la democracia y los derechos (no sin cinismo) para recuperar su protagonismo en el Gobierno. Se impone así una aparente vía legal para restaurar o reforzar el neoliberalismo, que en los hechos opera con violencia, como desestabilización, como golpe de Estado blando que en un momento dado puede incluso quitarse el disfraz y dejar a la vista los ya conocidos vínculos con las (naturalmente aliadas) fuerzas de seguridad, como lo experimentamos en Bolivia.

Por un feminismo que no justifique los golpes

Aunque han pasado cinco meses del golpe patriarcal, racista, fundamentalista y clerical, en Bolivia, el debate continúa; a pesar de los muertos y las balas, hay quienes lo niegan y quienes lo aceptan como si nos hicieran un favor pero a la vez lo justifican. El racismo ha ganado a la razón o tal vez les ha comido el corazón.

Cuando la dignidad se va haciendo costumbre

El proceso de cambio en Bolivia, como las organizaciones sociales hemos llamado a las transformaciones del país en los últimos trece años, fue hecho desde las comunidades; desde los pueblos originarios y la memoria ancestral del vivir bien; desde los sectores empobrecidos e ignorados; y fue principalmente un proceso de dignidad, de mirarnos al espejo sin vergüenza de ser quienes somos, aymaras, quechuas, guaraníes, ayoreas, originarias; de no tener vergüenza de nombrarnos, de saber que nuestro único destino no es ser explotadas como sirvientas o peones en la casa del patrón. La dignidad nos ha devuelto la fuerza, la memoria. Los terratenientes, los patrones no soportan nuestra dignidad, les falta su poder si no pueden hacernos agachar la cabeza y humillarnos, les falta su dinero si ya no pueden explotarnos.

La nacionalización de los hidrocarburos, la Asamblea Constituyente, las autonomías indígena y campesina, el Estado plurinacional, la descolonización y la despatriarcalización, no como teoría, sino como acción, son parte de la dignidad y de los logros de este proceso. Cuestionamos y borramos el nacionalismo que siempre ha sostenido al fascismo y al genocidio de los pueblos en el mundo. Todo eso fue un atrevimiento, una provocación, un atentado contra la oligarquía blanca terrateniente fundamentalista y empresarial del país que gestó el golpe.

El golpe fue racista, patriarcal y escarmentador

Al día siguiente de las elecciones del 20 de octubre comenzaron las movilizaciones. Las calles de las principales ciudades fueron ocupadas por grupos paramilitares con armas de fuego, cascos, escudos, motocicletas que generaron terror. Su ataque era dirigido. Retenían a mujeres indígenas, mujeres de pollera, las golpeaban, les escupían, las orinaban, las obligaban a arrodillarse y a pedir perdón; las humillaban para escarmentarnos por habernos atrevido a soñar y hacer un país distinto. A los pocos días la policía se amotinó para actuar conjuntamente con los paramilitares.

Sobre el cuerpo de las mujeres se hizo el golpe.

El 8 de noviembre se intervinieron las radios comunitarias, se cortó la señal de la televisión nacional, destrozaron sus equipos y amenazaron a las reporteras comunitarias con violarlas. El 9, grupos cívicos quemaron casas de dirigentes sociales y autoridades del MAS y las de sus madres, secuestraron a esposas e hijas de diputados y amenazaron con violarlas si las autoridades no renunciaban: una tras otra llegaron las renuncias. El 10, la violencia estaba desatada con complicidad de un twitter de la OEA que cuestionaba el resultado de las elecciones. Evo presentó su renuncia. Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, que encabezaba el golpe, entró a la casa de gobierno con la bandera y la biblia en la mano. Se comprometió a sacar a la Pachamama y poner al país en manos de dios; quemaron la wiphala, símbolo de los pueblos originarios… sentimos una nueva colonización.

Se sumaron los militares y el 12 de noviembre su comandante posesionó a la presidenta de facto, Jeanine Áñez, brazo político de la oligarquía que financia. Áñez ordenó represión, militarización y es responsable de la masacres de Ovejuyo, Senkata y Sacaba. Los militares disparaban desde helicópteros, los policías disparaban en tierra y los paramilitares abusaban sexualmente de las mujeres en las calles y en las casas. El golpe se hizo sobre nuestros cuerpos, el golpe fue al pueblo antes que al Estado porque ahí residía el poder, porque ahí estaba la dignidad.

Un feminismo que no ve no alcanza

Como feministas comunitarias sentimos el golpe en nuestros cuerpos, pero sentimos además un golpe dentro del feminismo y desde la academia. Mientras la violencia racista era evidente, algunas feministas decían que era una campaña política como si no hubiera existido el racismo siempre, como si no tuviéramos una historia de colonización. Las voces reconocidas del feminismo como María Galindo anunciaban que en Bolivia no existía un golpe de Estado, sino desobediencia civil y borrachera de poder; se sumaron académicas de distintos territorios diciendo que Evo cayó por su propio peso; colectivos feministas negaron el golpe, lo alimentaron con su silencio o lo redujeron a una disputa entre machos, la machocracia. Para nosotras no sintieron el golpe en sus cuerpos por sus privilegios de clase, porque no iban a ser asesinados sus hermanos ni humilladas sus madres. Des-idealizamos entonces el feminismo: hay feminismos y feministas racistas y coloniales.

La comprensión falocéntrica del poder y la fijación con el Estado no ha dejado que algunas feministas y académicas vean que el proceso de cambio lo hemos hecho las organizaciones y los pueblos indígenas. Y que no pasaba solamente por el Gobierno, incapaces de mirar más allá del Evo, que no dimensionaron que el golpe no solo quería la administración del Estado, sino la de nuestros cuerpos, libertades y autonomías, ingenuas o funcionales. Creyeron que el fascismo tenía palabra y que iba parar la violencia si Evo renunciaba: no lo hizo. Que iba a ser un Gobierno transitorio y no lo es; que iba a convocar a elecciones que ya han sido suspendidas; que iba a dejar de perseguir y sigue llenando las cárceles de presas y presos políticos.

Otra vez hemos presenciado la soberbia que define al feminismo liberal individualista, aunque se autodenomine anarquista, y a la academia colonial que se sienten por encima del bien y del mal, y que desde la comodidad de sus escritorios y de sus libros puede juzgar el actuar, en este caso el morir de un pueblo, y así negar el golpe. Nuestras vidas no valen. Las vidas de los indios y las indias no cuentan en sus teóricas revoluciones. Podían opinar y especular, pero en este caso tienen una responsabilidad histórica porque su palabra desarticuló la denuncia internacional y la solidaridad feminista. Mientras, el golpe sigue ahora vestido de pandemia y nuestra resistencia también continua, vestida de memoria, sabemos que para sobrevivir al virus hay que sacar al golpe.

Feminismo Comunitario Antipatriarcal.

Resistencias comunales frente a parques eólicos en el istmo mexicano

En estos tiempos de jornadas mun­diales contra el calentamiento global, asistimos a un escenario de alarman­te colapso donde las manifestaciones se centran en exigir a los Gobiernos y a las empresas que asuman medidas serias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Se trata de medidas concretas que contengan esta inminente catástrofe ambiental a la que nos conduce el régimen de combustibles fósiles.

«El fin del petróleo ahora» se lee en las manifestaciones de Pa­rís. Una crisis energética señalan las expertas y, por tanto, una transición energética como alternativa se vuel­ve una carta de buenos deseos en las cumbres de cambio climático; es decir pasar de un régimen de combustibles fósiles a uno de fuentes renovables de tipo eólico, hidroeléctrico y solar. Sin embargo, ante la emergencia del colapso corremos el riesgo de velar la lógica colonialista en la que aún se in­sertan estas medidas que suponen ser una alternativa.

Es decir, la exigencia de pro­ducir energías renovables como una alternativa en la era del capitaloceno o antropoceno que vivimos puede llegar a ocultar e incluso a justificar como mal menor el trastorno ecoló­gico, cultural y político que miles de aerogeneradores están provocando actualmente en el Istmo de Tehuan­tepec, Oaxaca, la región más estrecha de México que separa al Océano Paci­fico del Atlántico.

En esta latitud del mundo habitamos una diversidad de pueblos indígenas milenarios: ikoots (hua­ves), ayuuk (mixes), angpøn (zoques), chontales, binnizá (zapotecos), chi­nantecos y tzotziles. Es justamente aquí dónde se está instalando el co­rredor de parques eólicos más gran­de de América Latina. De acuerdo al informe de la asociación Ecologistas en Acción se contemplan 5 mil aerogeneradores a lo largo de aproximadamente 100 mil hectáreas, cuya tenencia de la tierra es princi­palmente comunal y ha sido habitada históricamente por los pueblos zapo­tecas e ikoots.

Los 28 parques eólicos ya instalados, constituidos por 2123 ae­rogeneradores, tienen como principal destino abastecer de electricidad a las corporaciones del sector privado mientras decenas de comunidades de esta región no tienen acceso a la ener­gía eléctrica. Por tanto, el corredor que se despliega en el Istmo de Te­huantepec está muy lejos de ser una transición encaminada a garantizar la suficiencia energética de los habi­tantes de la región y el país.

Por el contrario, las tierras y territorios de los pueblos están siendo expoliados, puesto que la instalación del corredor eólico en la airosa plani­cie no ha respetado la tenencia comu­nal de las tierras zapotecas e ikoots y, peor aún, ha agudizado la violencia regional criminalizando a las asam­bleas comunitarias y agrarias que se oponen a este megaproyecto «verde», tal como lo ha registrado el Observa­torio para la protección de los Defen­sores de Derechos Humanos.

Es relevante señalar que las principales empresas inversoras son de capital español: Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Acciona, Renovalia y Gamesa. Después le sigue la inver­sión francesa, Électricité de France, y la alemana SIEMENS. La producción de energía renovable en México está situada en la lógica de despojo y viola­ción a los derechos humanos, agrarios e indígenas.

Tal como se manifiesta en el caso más latente en estos momentos suscitado en la comunidad zapoteca de Unión Hidalgo, Istmo de Tehuan­tepec, dónde actualmente la empresa Électricité de France (EDF) está invir­tiendo un monto de 3 mil millones de dólares para un nuevo parque eólico denominado «Gunna Sicaru» proyec­tado sobre 4400 hectáreas.

Lo crítico de este caso se refleja en las arbitrariedades que priman en la Consulta Indígena. Esta, que supone apegarse al convenio 169 de la OIT en los hechos, no ha respe­tado el carácter previo, ya que el 29 de junio de 2017 la Secretaria de Energía de México otorgó a la comisión regu­ladora de la paraestatal francesa un permiso para generar energía justa­mente nueve meses antes de que se promoviera la Consulta Indígena. A ello se le suma que desde el 2016 la empresa firmó contratos con peque­ños propietarios omitiendo el carácter comunal de las tierras.

Este caso nos revela el co­lonialismo que aún impera en lo que supone ser una alternativa al calenta­miento global, cuyas medidas siguen insertas en la lógica de despojo y vio­lencia contra los pueblos indígenas.

Lo que aquí está en cuestión son formas de existencia, puesto que una de las principales oposiciones a estos megaproyectos eólicos tiene que ver con la tenencia comunal de la tierra. Los pueblos indígenas históri­camente han defendido este carácter de las tierras ya que es la base mate­rial y espiritual de sus formas de vida. Una forma de vida que en esta región del mundo llamamos comunalidad: esto para referir a la asamblea como organización política y toma de deci­siones; las fiestas como las instancias de disfrute de lo común; el trabajo co­lectivo; la milpa (cultivo milenario de maíz, frijol, calabaza y chile), y el terri­torio comunal.

Esta forma de vida en co­munalidad para los pueblos ikoots y zapotecos que viven de la pesca en la planicie sur del océano Pacífico es de larga data y que exista aún revela que ha funcionado durante siglos e inclu­so en tiempos de colapsos, como lo fue durante el siglo XVI con el proceso de colonización, que implico debacle de­mográfica y un viraje al modo de pro­ducción, uno de tipo policultivo a otro de tipo monocultivo.

Es así como la instalación de miles de eólicos en toda la planicie sur del Istmo de Tehuantepec está signi­ficando el trastorno de un paisaje, la deforestación de árboles nativos y la privatización de territorios. En ese sentido es cuestionable que resulte una verdadera alternativa en los tiem­pos de crisis ambiental que atraviesa el planeta.

En este escenario catastró­fico de cambio climático las posi­ciones que sitúan a la energía eólica renovable como una alternativa no deben soslayar el despojo de los te­rritorios indígenas y la continuidad de las dinámicas colonialistas que allí anidan. Ante esto, se cuestiona que una transición energética justa no debe costar el exterminio de los pueblos indígenas y, por el contrario, ahora más que nunca hay que asumir que los modos de vida comunales de los pueblos indígenas —que siguen resistiendo frente a las renovadas formas de despojo «verde»— son en sí mismas alternativas de muy larga data aún vigentes.

Golpe en Bolivia: imperialismo sin rodeos

En comicios del 20 de octubre de 2019, el Movimiento Al Socialismo (MAS) ganó por tercera vez las elecciones a la presidencia, con las figuras de Evo Morales y Álvaro García Linera. La diferencia de 10 puntos por encima de los demás candidatos no fue aceptada por la oposición, que convocó de inmediato a una segunda vuelta. En paralelo, la Organización de los Estados Americanos (OEA) también desconoció el resultado y deslizó la posible existencia de fraude mucho antes de presentar informe final de su auditoría de los comicios (donde tampoco presenta pruebas fehacientes del presumido fraude). Los comités cívicos —dirigidos por empresarios de ultraderecha, como Camacho— desataron la violencia en las calles. La Policía Nacional se replegó a los cuarteles exigiendo un alza salarial. Grupos civiles armados y uniformados amedrentaron a dirigentes del MAS, ministros y cargos públicos para obligarlos a renunciar; prendieron fuego a sus casas y violentaron a sus familias. Finalmente, el Ejército se volteó y pidió la renuncia de Evo Morales. Para evitar el derramamiento de sangre, él y el vicepresidente, Álvaro García Linera, presentaron su renuncia.

En Bolivia hubo un golpe de Estado. ¿Por qué? ¿Qué se disputa en Bolivia en términos políticos y geopolíticos? ¿Qué actores e intereses estaban especialmente interesados en evitar —incluso vía golpe— otro gobierno del MAS?

Trasfondo geopolítico

Desde la llegada del MAS y su política soberana en torno a los recursos naturales, la disputa por el acceso y apropiación del litio y gas estuvo de fondo en las tensiones entre Bolivia y Estados Unidos, como se expresa en los cables de Wikileaks e informes de think tanks (laboratorios de ideas) estadounidenses. Un año antes de las elecciones, la consultora de seguridad y «estrategia Stratfor» planteaba en una serie de informes, un escenario «posible» de disturbio, inestabilidad y potenciales sanciones de EE UU en caso de una victoria de Evo Morales.

Antecedentes

El MAS llegó al Gobierno como resultado de luchas y resistencias sociales y políticas históricas en Bolivia que culminaron en las guerras del gas y del agua a principios de los años 2000. El MAS inaugura su Gobierno con una asamblea constituyente que refunda al país con el apoyo de esos movimientos y sectores políticos para, por primera vez, incluir económica, política y culturalmente a las mayorías de las diversas etnias indígenas.

Esta nueva Bolivia, refundada como Estado plurinacional, contó desde el inicio con la oposición de una porción importante de la elite local, en particular la que habita los departamentos de la llamada «medialuna». Estos grupos, en contacto permanente con la embajada estadounidense en Bolivia (como lo prueban los cables Wikileaks), organizaron y auspiciaron una violenta desestabilización en el año 2008 con miras a separarse del resto del país. El objetivo no fue logrado.

Años más tarde, en el referéndum de febrero de 2016 sobre la reformulación de la Constitución para la repostulación de Morales y García Linera, parte de esa oposición enarboló las banderas del procedimiento democrático para posicionarse en contra de la repostulación. Pero no se quedaron allí: organizaron un montaje judicial-mediático reproducido también en redes sociales (el caso Zapata) para acusar a Evo Morales y sus principales colaboradores de tráfico de influencia y corrupción. Dos meses después de las elecciones, se supo que los documentos acusatorios eran falsos. También se supo que el triunfo del NO en ese referéndum estuvo condicionado por el impacto del caso Zapata en la opinión pública. En esa ocasión adquirieron protagonismo varios personajes y organismos del tercer sector de la derecha anti MAS, del ámbito político, empresarial y periodístico: Óscar Ortíz Antelo, Carlos Mesa, Tuto Quiroga, Raúl Peñaranda, Samuel Doria Medina, la fundación Milenio, la Agencia Nacional de Prensa, la fundación Nueva Democracia. Son precisamente estos actores, sumados a algunas nuevas caras e instituciones (Waldo Albarracín, Vaca Daza, etc.), los que impulsaron y legitimaron el golpe en Bolivia en octubre de 2019.

El hilo que urde la trama de una red de derechas que involucra entre muchos otros a estos actores, es el vínculo con el sector privado y el gobierno de EE UU, en particular a través de organismos de asistencia para el desarrollo (USAID, NED, etc.) que financian a organismos del tercer sector locales. Tienen acceso privilegiado a la prensa hegemónica y amplia presencia en las redes, dan conferencias en universidades de Europa o EE UU, reciben premios, son portadores de «opiniones válidas». Esta red involucra organismos regionales, como la OEA, laboratorios de ideas expertos en América Latina, como el Inter American Dialogue o fundaciones como la FAES de Aznar. Alcanza también al ámbito militar pues, desde los 60, la asistencia económica proveniente de EE UU es acompañada por programas contrainsurgentes: varios de los altos mandos militares y funcionarios del Gobierno involucrados en el proceso golpista pasaron por academias e instituciones castrenses estadounidenses.

Imperialismo de siglo xxi (o de siempre)

El golpe al MAS concatena varias experiencias golpistas de finales de siglo xx y lo que va del siglo xxi, todas con fuerte presencia y responsabilidad de una red internacional liderada por derechas locales asociadas al sector privado y al Gobierno estadounidense, pero que también involucra a la derecha española, entre otras. Pone en evidencia que el imperialismo sigue siendo constitutivo del capitalismo, guardián de democracias neoliberales y siempre listo para arremeter con todas sus fuerzas y recursos contra cualquier proyecto político que en los hechos dispute realmente —con las limitaciones y contradicciones propias de cualquier proceso humano, político y colectivo— al neoliberalismo.

Este artículo forma parte de un trabajo más amplio, titulado EE UU y la construcción del golpe en Bolivia publicado en el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

Protestas en Ecuador y una nueva ola anti-neoliberal en América Latina

En el último mes Ecuador (y sobre todo Quito) se volvió un campo de lucha debido a que el Gobierno de Lenin Moreno retiró el subsidio a las gasolinas en el marco de una serie de reformas promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).[1] Organizaciones indígenas, sociales y barriales se movilizaron para protestar en contra de esta medida logrando su derogación. Sin embargo, las protestas mostraron la ilegitimidad del Gobierno y los reclamos contra el brutal giro neoliberal. En lo inmediato, urge comprender la situación de las empresas petroleras en Ecuador, en un contexto latinoamericano donde la extracción es cada vez más cara y contaminante[2], siendo un recurso disputado no solo por transnacionales estadounidenses, sino por empresas rusas, chinas y de la Unión Europea. En un análisis más profundo, vale describir el contexto institucional y político en el que estallaron las protestas.

El petróleo en Ecuador (y EEUU)

Según información de la Agencia de Energía de Estados Unidos (EIA), la empresa que controla el sector energético en Ecuador es Petroecuador, que se fusionó en 2012 con la empresa estatal de exploración y producción de Petroamazonas. En 2013, Petroamazonas tomó posesión de las Operaciones Río Napo, una empresa conjunta entre Petroecuador y Petróleos de Venezuela (PDVSA). El control de la producción petrolera entre Petroecuador y Petroamazonas ronda el 80% del total de la producción ecuatoriana. Petroecuador cuenta con tres refinerías: Esmeraldas, La Libertad y Sushifindi. La producción restante está en manos de Repsol (España), Eni (Italia), Tecpetrol (compañía estatal Argentina) y Andes Petroleum, consorcio entre la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) con un 55% de participación y la Corporación Petroquímica de China (SINOPEC) con 45%.[3]

De esta producción se exporta el 70% y Ecuador es el tercer mayor proveedor de importaciones de petróleo crudo a la costa oeste de EEUU, solo detrás de Arabia Saudita y Canadá. Lo interesante es que, a su vez, EEUU exporta derivados de petróleo a Ecuador (y es allí donde se consolida la relación asimétrica y dependiente). En diciembre de 2018 mediante licitación se adjudicó a la empresa Lukoil Pan Americas (LLC) la importación de 1,3 millones de barriles de Nafta Ron 87.[4]

La liberalización de precios, acompañada de las licitaciones petroleras presiona para abrir el mercado energético nacional ecuatoriano. A ello se suma la intención del Gobierno de concesionar la refinería Esmeraldas debido a fallas y problemas de contaminación.[5] Por último, la evaluación de construcción de una refinería nueva en Ecuador por parte de privados otorgará al capital privado toda la cadena de producción energética, desde la extracción hasta la comercialización. Es decir: una reforma energética cabal, sin ser declarada como tal. A lo anterior se suma la salida de Ecuador de la OPEP hacia 2020 y el plan del Gobierno de Lenin Moreno de incrementar la producción[6].

La restauración del neoliberalismo en Ecuador

Lo que sucede en Ecuador guarda similitudes con el caos de Brasil. Allí, para justificar la apertura total del sector de hidrocarburos (quitar el monopolio a la estatal Petrobras) se argumentó la incapacidad e ineficiencia del sector público, y se lo combinó con una guerra política por la vía judicial (lawfare) —el famoso caso del Lava Jato por el cual Lula da Silva sigue preso—.[7] En efecto, apenas asumió su mandato, Lenin Moreno acusó a sus compañeros de partido (Alianza País) de corrupción; especialmente a Rafael Correa (incluso lo denunció para su captura por la Interpol, que no procedió) y Jorge Glas, exvicepresidente (preso desde 2017). Se desató en Ecuador una persecución política por la vía judicial que se ha exacerbado con las movilizaciones del último mes: allanamientos domiciliarios, detención y prisión preventiva para líderes políticos y sociales, especialmente aquellos vinculados al círculo de Rafael Correa (como es el caso de la prefecta de Guayaquil, Paola Pabón). Hay exfuncionarios asilados y refugiados políticos en diferentes países.

La lucha contra la corrupción, de la que Moreno ha hecho su mantra de gobierno, tiene por objetivo la reinstauración del neoliberalismo por la vía judicial y se ajusta con bastante exactitud a los parámetros planteados desde EEUU para lograr economías y sociedades «estables» (objetivo que parece no lograrse en Ecuador). Esta afinidad con los mandatos del norte no sorprende cuando se revisan los WikiLeaks, donde Lenin Moreno aparece como informante de la embajada de EEUU. Esos documentos fueron publicados deliberadamente por Julian Assange, otra de las víctimas de lawfare y que fue expulsado de la embajada ecuatoriana en Londres por orden de Moreno —es probable que en febrero de 2020 sea extraditado a EEUU, donde es considerado criminal número uno por atentar contra la seguridad nacional—.

La lucha anti-neoliberal en América Latina

En Ecuador, como en América Latina, los recursos, en particular los hidrocarburos, marcan el pulso de la disputa global entre un EEUU que va perdiendo hegemonía y nuevas potencias que emergen y se meten de lleno en la batalla, como Rusia o China. En este escenario, los pueblos, la naturaleza y la soberanía parecen quedar al margen, pues al estar en la periferia, son «pueblos de segunda», la naturaleza es reducida a un «recurso» y la soberanía es un lujo que no pueden darse en su condición de subordinación en el sistema internacional. Es el territorio donde se estrenó el neoliberalismo, a sangre y fuego.

Sin embargo, es también en América Latina donde germinó la Revolución de Octubre en Guatemala (hace más de 70 años), la Revolución boliviana (a inicios de los 50) y la Revolución cubana; el gobierno comunista de Joao Goulart en Brasil (a principio de los 60) y la vía democrática al socialismo de Salvador Allende; donde se crearon los gobiernos progresistas del siglo xxi (experiencia única en el mundo, en este siglo, donde el Estado intervino deliberadamente en la economía para promover la redistribución de riquezas y recursos). Los pueblos no olvidan.

Tal como las comunidades indígenas, partidos políticos de oposición y otros sectores de la sociedad sorprendieron a Lenin, en un reclamo contra la profundización del neoliberalismo, también sorprendieron a Piñera en Chile, un Chile considerado como «ejemplo de neoliberalismo». Incapaces y desconectados de las necesidades de la gente de a pie, solo atinaron a desatar una brutal represión. Deberán saber que eso no será suficiente para acallar los históricos reclamos por una vida digna. 


[1]*https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2019/03/20/Ecuador-Selected-Issues-Paper-and-Analytical-Notes-46683

[2]https://issuu.com/topotabernario/docs/eltopo36

[3]https://www.eia.gov/beta/international/analysis.php?iso=ECU

[4]https://www.elcomercio.com/actualidad/petroecuador-importacion-nafta-gasolina-eeuu.html

[5]https://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/ecuador-busca-inversor-para-construir-nueva-refineria-de-hasta-300000-barriles

[6]https://www.primicias.ec/noticias/economia/ecuador-elevara-produccion-crudo-tras-abandonar-opep/

[7]https://www.celag.org/brasil-y-el-cono-sur-en-la-geopolitica-estadounidense/

Energía en Latinoamérica

Cuando el consumo alcanza la producción 

Hace cinco años comenzábamos con las estadísticas energéticas en Latinoamérica. Aprovechando los datos que ofrece el BP Statistical Review of World Energy, revisamos el estado de producción y consumo de los diferentes países y diferentes fuentes en nuestra región. Estos análisis mostraban entonces que si la producción de energía seguía creciendo al ritmo promedio en el que lo hacía entre 2004 y 2014 se chocaría con el consumo que crecía a ritmos mucho más vertiginosos, y esto debería suceder en 2021…

Sin embargo, señalábamos entonces, la caída en la producción de petróleo arrastraría antes al consumo de petróleo y con ello se desbarrancaría todo el sistema. Así fue, no hubo que esperar a 2021, la producción de energía tocó techo en 2013-2014 y de allí en adelante se mantuvo una caída constante (principalmente en la producción de petróleo y en menor medida de gas y carbón). Sólo las energías renovables pudieron recuperar fuerza pero a un ritmo que no alcanza a los niveles de las fósiles y mucho menos cuentan con las mismas utilidades.

Así estamos hoy: les mostramos el cuadro y les dejamos que vayan pensando un título apropiado.

Calma, mi vida con calma…

La producción de petróleo está en caída, haciendo espejo con el crecimiento de los años 90. Una curva de Hubbert sin más.

El petróleo representa el 45% del mix energético en 2018, es sin duda la fuente de energía más preciada y ya no nos sobra, se terminaron las décadas de región exportadora. Incluso si dejamos de lado a Venezuela que, evidentemente no está con la capacidad política, tecnológica y financiera de desplegar todo su potencial en la producción del viscoso oro negro, vemos que en la suma del resto de países llevamos tres años de caída constante. Las únicas razones para dejar en puntos suspensivos al colapso definitivo es que el año pasado la región fue condecorada con los hallazgos más importantes del mundo: 4.500 millones de barriles en Guyana (y 1.000 millones más en los inicios de este) y 130 millones de barriles en Brasil (que se sumarían a otros 500 millones que pasaron de “reservas” a “reservas probadas”). 

Las nuevas reservas de Guyana son semejantes a la suma total de reservas probadas de petróleo de Colombia, Ecuador y Perú por lo que tendrán que luchar contra la llamada “maldición del petróleo” en un país agrícola que no llega a un millón de habitantes. Por otro lado, las reservas más grandes del mundo siguen estando en Venezuela (303 mil millones de barriles) aunque las dudas sobre la rentabilidad de producir esos petróleos extrapesados le dan un enorme suspenso a los abultados números. 

El hecho de pasar a ser una región importadora de petróleo suena un tanto extraño. Nos hemos acostumbrado a vernos como una región que exporta materia prima y adquiere productos industrializados y ahora resulta que estamos a un pie de ser importadores. No hay mucho que analizar, mientras México vio desaparecer su gran cuenca de Cantarell, su vecino, EE.UU. realizaba una vertiginosa escalada productiva de Tight Oil por medio del fracking. Hoy México importa más desde EE.UU. que lo que le exporta, en un intercambio de diferentes productos petrolíferos donde en la cuenta monetaria gana el vecino del norte por vender los productos ya refinados.

Los gases de la vaca muerta 

La meseta del gas que se puede observar se convierte ya en declive si se compara con las necesidades en aumento que está teniendo hoy esta fuente de energía tanto en América Latina como en el resto del mundo.
 

El foco está actualmente en Argentina que viene invirtiendo dinero público en subsidiar la extracción de gas en Vaca Muerta a costa de que algunas operadoras se muevan de zonas de mayores reservas petroleras a esta cuenca donde predomina el gas. De todos modos un informe elaborado por IEEFA llama la atención sobre lo riesgoso que es para las empresas y lo peligroso que es para el fisco del Estado el plan de subsidios vigente, al mismo tiempo que ambientalistas y comunidades originarias llevan sus reclamos sobre el efecto del fracking en el agua y en el desarrollo de otros emprendimientos productivos.

El carboncito

El carbón se mantiene tanto en producción como en consumo y su demanda dependerá de la capacidad de las renovables de cubrir las necesidades eléctricas, tanto acá como en el resto del planeta.

Las renovables vienen creciendo sostenidamente pero es difícil de comparar si se las pone al lado de las caídas de producción de fuentes fósiles

Decrecimiento y descreimiento

Para la mayoría de la gente estos gráficos no significan mucho, para eso es interesante traducirlo a valores de PBI, que si bien tampoco aclaran demasiado gozan de mayor difusión. A nivel global es necesario que se efectúe un crecimiento en el consumo de energía para que pueda crecer el PBI y lo mismo sucede en caso que haya declives … Entonces qué sucederá con la segura caída del consumo de energía en la región, sería lógico que caiga el PBI… Por ahora lo que observamos es, aún con estancamiento en el consumo de energía, que el PBI no puede acompañar un mísero 1% de aumento poblacional…

El problema parece ser que cuando no hay crecimiento, la sociedad culpabiliza a los gobernantes y en eso puede elegir tanto a Bolsonaro, dando un giro de timón absoluto luego de una década de PT, o decirle basta al neoliberalismo “Washington-friendly” de varias décadas en México y poner a López Obrador en el gobierno. En el tercer país en importancia, Argentina, bastó solo un año de caída de PBI para terminar con el nacional desarrollismo de una década de crecimiento incesante y optar por Macri, un neoliberal que el año pasado batió todos los records de endeudamiento con el FMI, organismo que luego de la crisis del 2001 era visto casi como el mismísimo demonio por la sociedad argentina.

El objetivo de nuestras publicaciones anuales en torno al declive de los recursos energéticos es básicamente alertar sobre la necesidad de planificar el decrecimiento. Si bien hemos tenido toda clase de sátrapas en nuestros gobiernos, ante el malestar de la economía podemos terminar eligiendo a otros peores por las razones equivocadas.

Tenemos claro que el decrecimiento no vendrá dirigido por gobiernos de tinte verde/eco/ambientalista que de modo planificado consensuarían con la población reducir el consumo, y así las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) caerían rápidamente. No, el decrecimiento está sucediendo más allá de los deseos de gobiernos neoliberales o nacional desarrollistas. Es el efecto de la imposibilidad geológica, tecnológica y económica de aumentar la producción de hidrocarburos más allá de ese pico dibujado en los gráficos.

Sin embargo, este obstáculo al que se enfrentan que llamamos decrecimiento, ya está generando políticas racionales pero en una lógica errada, en la lógica de la recesión, suponiendo que deben capear la crisis y luego volverán a la senda natural del crecimiento. En esa lógica es pertinente recurrir al endeudamiento mientras realizan diversos planes de ajuste. Suponen que volverán suficientes años de crecimiento para pagar la deuda y sus intereses, e ir bajando de a poco el desempleo.

Los países que parecen estar comenzando una lógica distinta son los netamente importadores de hidrocarburos como Chile, Uruguay o Costa Rica, que en los últimos diez años han visto aumentar los precios del petróleo y el gas y tomaron la única salida posible que es aumentar a toda prisa las nuevas energías renovables. El problema al que ahora se enfrentan es que sus países vecinos ya están dejando de ser exportadores de esos combustibles que siguen alimentando el transporte, calefacción y a las termoeléctricas (estas son el sostén a la inconstancia, inmadurez y poca versatilidad de la energía eléctrica eólica y solar).

El desafío es particular en cada país pero, como vemos, también es regional, sin embargo aún parece que declamar que la energía declina(rá) o que la economía decrece(rá) es un tabú. Esperamos contribuir a la difusión para que se generen los debates o estudios necesarios que aclaren el panorama sobre el futuro inmediato y a mediano plazo de la región. El problema es grave socialmente, hay que evitar el desastre tremendo que significaría un decrecimiento no programado pero a la vez es la única manera de bajar de manera efectiva las emisiones de GEI y comenzar el  camino hacia una sociedad más sostenible.

EE UU vs China:

guerra comercial, geopolítica y cinismo

El Gobierno y una parte del sector privado estadounidense, se empeñan en una guerra comercial con China que en apariencia responde a los caprichos de Trump. Se habla menos —porque preocupa más a Occidente— de que China se perfila como el próximo líder tecnológico a nivel mundial, lo que desata serias disputas por la primacía geoeconómica y geopolítica.

La guerra comercial: bombardeo de aranceles

EE UU ha declarado una guerra comercial contra su competidor número uno a nivel mundial centrada en la imposición de aranceles, que generaron una reacción de China en la misma dirección. Esto ha implicado un aumento en los costes para las empresas y las consumidoras estadounidenses, la proyección de una disminución de la producción económica anual en China y un escenario de ansiedad ante una posible desaceleración del comercio mundial.

Al tropel de aranceles contra productos chinos se agregan medidas controversiales que exacerban las tensiones: una orden ejecutiva de Trump que restringe la venta de productos Huawei y ZTE Corp en EE UU. A su vez, el Departamento de Comercio de EE UU, colocó a Huawei en la lista negra que prohíbe a personas y empresas estadounidenses vender productos a estas compañías, a menos que cuenten con una licencia especial del Gobierno (licencia que puede ser denegada en virtud de la seguridad nacional o para resguardar los intereses de EE UU en el exterior).

La clave de la disputa es que China está liderando el desarrollo de la tecnología 5G, que implica un cambio profundo en tecnologías de la comunicación y la información: permitirá un tiempo de respuesta de la red de un milisegundo y una velocidad de conexión 100 veces más rápida que la actual red 4G, además de un ahorro de energía del 90% respecto a los sistemas actuales. Todo indica que en 2020 esta tecnología llegará a las principales ciudades del mundo y China será la gran exportadora.

La nueva Guerra Fría tecnológica

Así, la ira de Trump contra el gigante asiático se explica por el hecho de que en breve China pasará de ser un Estado que copia recetas, a diseñar tecnología punta. Y es que China ha aumentado exponencialmente su inversión en ciencia y tecnología, como lo muestra la política industrial «Hecho en China 2025», que apunta a lograr mayor autonomía en áreas clave de la economía. A esto se suman las joint ventures con empresas de tecnología de punta extranjera, a cambio de abrir acceso al enorme mercado chino y el crecimiento exponencial en el pedido de patentes.

Mientras tanto, en EE UU los expertos declaran la existencia de una crisis en STEM (ciencia tecnología, ingeniería y maquinaria) sin precedentes que está beneficiando el desarrollo tecnológico en otros países a costa del rezago tecnológico en EE UU. Esto pondrá en peligro no solo el «bienestar económico», sino la «seguridad» estadounidense, pues la tecnología 5G «podría aumentar la capacidad de espionaje de Beijing sobre gobiernos y empresas occidentales» —le quitaría a Occidente el monopolio que viene detentando en este rubro— como muestra Wikileaks.

Lo bueno de este escenario (según los expertos estadounidenses) es que los retrotrae al lanzamiento del Sputnik soviético en los años 60. En ese momento hubo un giro por parte del Estado y sector privado de EE UU para empujar y reforzar el desarrollo científico tecnológico: «los estadounidenses se focalizaron en ganar la carrera espacial en cada aula, en cada campus universitario (…) Estamos acercándonos rápidamente a otro momento Sputnik», advierten.

Dos apuntes sobre la Guerra Fría

El primero, sobre el cinismo: los procesos económicos nunca están escindidos de la política y las posibilidades de cambio. En la periferia —América Latina, África y buena parte de Asia— la Guerra Fría fue muy caliente: una guerra contrainsurgente que se cobró millones de víctimas y que aniquiló procesos revolucionarios o reformistas por doquier. Contrainsurgencia especialmente financiada por EE UU y las potencias occidentales (en un revival de dominación colonial). Lo cínico es que es en esos mismos territorios donde existen hoy pueblos que carecen del acceso a avances tecnológicos propios del siglo XX: no tiene agua potable, no tienen luz o alcantarillado, no tienen internet, porque no tienen luz y deben soportar los avatares climáticos desatados por esta guerra tecnológica (desertificación, montañas de basura y residuos químicos, etc.) que termina beneficiando a un puñado de corporaciones transnacionales y a minorías privilegiadas a costa de mayorías empobrecidas y un planeta al borde del colapso. Son víctimas directas (no «colaterales») de las diversas guerras libradas por las potencias.

El segundo: la guerra tecnológica es siempre guerra por recursos estratégicos, disputa geopolítica. ¿Quién se apropiará de los recursos necesarios para estar en la punta del viento? Ejemplo: EE UU importa casi el 80% de los metales de tierras raras de China, minerales utilizados para todas las nuevas tecnologías: celulares, baterías, vehículos eléctricos, energías verdes, aplicaciones militares, insumos médicos, etc. Es probable que China se niegue a brindarle acceso a estos recursos clave. Fuera de China, las mayores reservas de tierras raras del mundo se encuentran en Brasil. El Gobierno de Bolsonaro está «orgullosamente» alineado al Gobierno estadounidense, en particular en materia de seguridad. Pero sigue siendo uno de los principales socios comerciales de China a nivel latinoamericano. Así, EE UU busca ampliar su influencia en ese país, especialmente en el ámbito militar, como una forma de garantizar mercado (y de paso consolidar el cerco militar contra Venezuela, para garantizar futuro acceso al petróleo de ese país). Las Fuerzas Armadas de EE UU tienen clara la necesidad de garantizar el acceso a los recursos estratégicos. Es un alto precio que deben pagar los pueblos latinoamericanos.

Desde el Sur reclamamos: más dignidad, más justicia, más conciencia. No a las guerras.

Brumadinho:

una tragedia anunciada

Viernes 25 de enero de 2019. Brasil se despertó con la noticia de que una presa, perteneciente a la explotadora minera multinacional Vale, se rompió en las proximidades de Brumadinho, ciudad localizada en la región de Minas Gerais, sudeste de Brasil.

Más de 200 personas murieron, 41 siguen desaparecidas y 135 se quedaron sin casa. Diversos movimientos sociales, especialistas, periodistas e incluso el Ministerio Público Federal y la Procuraduría empezaron a hablar de la «tragedia anunciada».

El motivo es la regularidad de casos parecidos por falta de una fiscalización adecuada y de la impunidad de las empresas responsables. Maria Dalce Ricas, superintendente-ejecutiva de la Asociación Minera de Defensa del Medio Ambiente (AMDA): «Los daños ambientales son muy grandes debido a las características de la región. Esta tragedia lleva a una conclusión que no puede ser ignorada durante más tiempo: si las presas no tienen seguridad, entonces no son posibles más explotaciones minerales con presa».

La Procuraduría del Ministerio Público Federal ya alertaba sobre la posible rotura: «Especialistas alertaban sobre el grave riesgo existente en las innumerables presas del país, tanto por la falta de gestión adecuada como por la falta de fiscalización eficiente». Desde 2016 se intensificó la actuación del Ministerio Público Federal (MPF) en la región, entre las varias conclusiones de ese trabajo están la fragilidad del marco regulativo, la desestructuración de órganos de control y la falta de punición rápida y efectiva a los responsables. «La legislación brasileña no estaba adaptada, los órganos de fiscalización ambiental no recibieron la debida valoración y no se aplicaron las sanciones adecuadas. En ese escenario, no parece adecuado hablar de accidente cuando hablamos de la catástrofe de Brumadinho», concluyó la nota lanzada por el Ministerio Público.

Alessandra Cardoso, asesora política del Instituto de Estudios Socioeconómicos (Inesc), dijo a BBC Brasil que el hecho de que la represa llevara inactiva desde hacía tres años, sin recibir residuos, habría desgastado la estructura. Para ella, cuando una mina o presa paraliza sus actividades, «la tendencia es que la empresa le ponga menos atención» a los criterios de seguridad.

Según Vale, la balsa rota había pasado las inspecciones de seguridad en junio y septiembre de 2018 que establecieron que era una infraestructura segura.

El lodo de la Vale llegó a una aldea del pueblo indígena Pataxó, a 26 km del lugar de la rotura. Según lxs indígenas, el agua del río empezó a sufrir cambios. «El agua estaba clara, pero hoy está roja oscura. Ya hay peces muertos», afirma el líder de la aldea. Después de lo ocurrido, seis ayuntamientos pidieron a la población que se alejara del río, ya que el nivel del agua podía subir con la cantidad de lodo.

Víctimas no humanas

Además de las dificultades en calcular el número exacto de personas fallecidas, hay muchas incógnitas relacionadas a las especies no humanas (los animales) que también fueron víctimas de la rotura de la presa de Vale. Activistas, ONGs y veterinarixs voluntarixs hasta la tarde del día 27 no habían sido autorizados a actuar en la zona.

Además de solidarizarse con las víctimas humanas, pidieron que se rescataran los animales. La compañía declaró en una nota de prensa que se rescataría a los funcionarios y las personas de la comunidad, pero no mencionó qué haría en relación con los animales y la reparación ambiental.

Bloqueo de los bienes de la compañía

La justicia embargó 11 billones de reales brasileños de Vale (alrededor de 2,75 mil millones de euros). El objetivo era garantizar los recursos para reparar los daños causados, indemnizar a las personas afectadas y costear los destrozos ambientales.

OTROS CASOS

Mariana

El 2015, otra presa de la misma compañía (Vale/Samarco) se rompió en Minas Gerais dejando 19 fallecidos. Aldeas enteras fueron inundadas por el lodo y los impactos socioambientales llegaron a las ciudades de Minas Gerais y Espirito Santo. 22 personas y 4 empresas respondieron ante la justicia, 21 de ellas por homicidio. Para el Ministerio Público Federal faltaron medidas para prevenir la tragedia y las muertes. Solo en Ibama se presentaron 25 multas, pero la compañía las recurrió y no tuvo que pagar ninguna.

Ese fue el mayor desastre ambiental de Brasil. Solamente un mes después fueron retiradas 11 toneladas de peces muertos. Tres años después, los Estados todavía sufren los impactos socioambientales. Además de eso, varixs habitantes perdieron sus casas sin que haya comenzado la construcción del sitio donde iban a ser reubicados.

Miraí

En 2007, otra presa se rompió en la ciudad de Miraí, localizada también en Minas Gerais. Hubo una fuga de 2 280 000 m³ de lodo tóxico, resultado de una mezcla de agua y argila (utilizada para lavar la bauxita). La tragedia dejó a 4 mil personas desalojadas. No fue hasta 2014 cuando la empresa fue condenada a pagar una indemnización. De acuerdo con un documento divulgado por el Ayuntamiento de Miraí, el perjuicio para la ciudad se contabilizó en 73 985 millones de reales brasileños (18 496,25 millones de euros). Nueve veces más que el presupuesto anual del municipio.

Cataguases

En 2003 se rompió una presa de celulosa en Cataguases (Minas Gerais), con una pérdida de 520 mil m³ de residuos compuestos por residuos orgánicos y sosa cáustica. Los residuos afectaron directamente a poblaciones de pescadores que vivían del río, además de áreas de Rio de Janeiro.

¿QUÉ DICE EL PRESIDENTE?

Durante su campaña, el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, declaró en varias ocasiones que quería acabar con el Ministerio de Medio Ambiente. Cuando fue elegido, una de las primeras medidas fue vincularlo al Ministerio de Agricultura, y este pasaría a interferir directamente en las decisiones de licencia ambiental para grandes empresas en áreas de preservación ambiental, tierras indígenas y comunidades tradicionales. La liberación de esas obras pasó a manos de los principales interesados en sacarlas adelante: los terratenientes y grandes empresarios.

Este nuevo contexto tiene impacto en grandes proyectos, como es el caso de Vale, que devastó la ciudad de Brumadinho. El motivo es que cuanto más blandas son las investigaciones sobre los posibles impactos ambientales, más probable es que los mismos vuelvan a repetirse.

La turistización y gourmetización de los mercados de abastos

Los mercados de abastos no solo en España, sino también en otras partes del mundo, se están convirtiendo en espacios de ocio y turismo destinados, cada vez más, a grupos de medio y alto poder adquisitivo.

Pareciera que la única forma de salvaguardar los mercados es ponerlos en competición con otros destinos turísticos o de consumo de ocio. Pero el riesgo es que, al transformarse de esta forma, pierden su condición de servicio público. Históricamente, los mercados, han servido a las poblaciones más modestas y vulnerables que buscan alimentos y productos esenciales a precios asequibles y una forma de ganarse la vida como comerciantes. Hoy en día, todavía cumplen esta función, sobre todo en ciudades del sur global, pero están cambiando sustancialmente. Muchos han languidecido acosados por la competición de los supermercados, las compras por internet y la desinversión por parte de las autoridades públicas, mientras que otros han renacido como destinos turísticos y espacios de ocio.

El problema es que, en esta transformación, la función pública de los mercados de abastos se debilita o desaparece: ya no se venden productos de necesidad sino productos gourmet, comida para llevar o artesanías. Los precios de los productos y del alquiler de los puestos suben y las personas usuarias y las comerciantes originales empiezan a desaparecer.

España está a la cabeza de este proceso con algunos mercados como la Boquería de Barcelona o el de San Miguel de Madrid como verdaderos modelos internacionales. El Instituto Municipal de Mercados Barcelona (IMMB), por ejemplo, recibe visitas de todo el mundo que buscan replicar lo que allí ya denominan «el modelo de mercados de Barcelona». Este modelo busca remodelar los mercados para hacerlos más competitivos, eliminar y reducir puestos que no son «sostenibles», e incorporar espacios de restauración y supermercados. Aunque este modelo ya se critica por asociaciones de vecinas y vecinos y el Ayuntamiento ha debido de tomar medidas contra la turistificación de los mercados, este «efecto Boquería» se exporta por parte del IMMB a través de su servicio de consultoría.

En América Latina, la tendencia de los mercados gourmet está también haciendo mella. En Ciudad de México, por ejemplo, se cuentan ya cuarenta mercados gourmet, varios de ellos inspirados en el mercado de San Miguel de Madrid (Cordero y Salinas, 2017). En el histórico mercado de San Telmo en Buenos Aires, resisten algunos puestos que venden fruta, carne, productos de primera necesidad y antigüedades, pero en los últimos cinco años la oferta ha cambiado radicalmente hacia el turismo con puestos que venden fish and chips, hamburguesas gourmet, pastelería francesa, comida vietnamita, artesanía de la Patagonia o souvenirs de Mafalda.

En el Reino Unido, esta gourmetización se manifiesta de varias formas. Por un lado, los mercados más históricos, sobre todo en el norte del país, están siendo remodelados incorporando nuevas áreas de restauración a modo de «patio de comidas» con puestos de street food (comida callejera). Muchos mercados también están empezando a abrir hasta más tarde y crear eventos de ocio nocturnos, con música en directo o noches temáticas.

Un modelo al que se aspira en el norte de Inglaterra es al de Altricham, a diez kilómetros del estadio de fútbol del Manchester United. Después de años marginado por el Ayuntamiento, se ha convertido en el epicentro del renacimiento comercial de esta población tras una renovación realizada por un visionario con experiencia en el negocio inmobiliario. Ahora, el mercado atrae a una clientela joven y acomodada y sirve comida y bebida artesanal y gourmet en una atmósfera informal de mesas corridas. Ya no queda nada de los anteriores comercios con sus mercerías, cafeterías modestas y tiendas de regalos que atraían a grupos de ancianos y ancianas que venían a pasar el día.

En Londres, la presión inmobiliaria está empujando a muchos mercados hacia este modelo turistificado y gourmetizado. Un estudio publicado por la Autoridad Metropolitana de Londres (2017) contabiliza hasta 280 mercados cubiertos y mercadillos y confirma una tendencia al alza de mercados gestionados por empresas privadas con finalidad de lucro. Estos mercados se enfocan en comida para llevar, comida callejera y comercio especializado de productos artesanales, moda retro o artesanía. El objetivo no es vender productos esenciales a precios asequibles, sino todo lo contrario, vender productos con alto margen de beneficio.

Otra tendencia en esta misma línea, es el auge en el Reino Unido de montar mercados al aire libre con el único objetivo de animar las calles y atraer a consumir en los centros urbanos que compiten con los centros comerciales y con las compras en internet.

Lo que vemos es que estas transformaciones en los mercados en el Reino Unido, aunque se podrían englobar en los procesos de turistificación, no apuntan tanto a atraer turistas nacionales o internacionales, sino a atraer a capas locales de población joven y con un poder adquisitivo medio o alto que tradicionalmente no han consumido en los mercados de abastos. La mercadotecnia es similar a la del turismo ya que, cada vez más, las clases medias se comportan como turistas en sus propias ciudades descubriendo espacios urbanos marginales como barrios pobres, barrios étnicos y comercios tradicionales, entre los cuales, los mercados de abastos.

El peligro es que esta tendencia hacia la gourmetización de los mercados es difícilmente compatible con la función de los mercados de abastos como servicio público. El resultado es que las personas comerciantes y usuarias más tradicionales, que suelen tener un perfil de clase media trabajadora, acaban también siendo marginadas y desplazadas.

No podemos dejar de mencionar, sin embargo, que estas transformaciones no son inevitables o irreversibles. En el Reino Unido, sobre todo en Londres, hay numerosos grupos y asociaciones luchando por mantener los mercados de abastos como espacios accesibles a todo el mundo, con productos asequibles que sostengan en particular a grupos de población vulnerables, minorías étnicas e inmigrantes (González y Dawson, 2018).

NOTAS 

•Autoridad Metropolitana de Londres (2017) Understanding London Markets. London: GLA. https://www.london.gov.uk/sites/default/files/20171219_gla_markets_report_web.pdf

•Cordero, L. y Salinas, L. (2017). «Gentrificación comercial. Espacios escenificados y el modelo de los mercados gourmet». Revista de Urbanismo, 37, 1- 12.

•González, S. y Dawson, G. 2018. Resisting gentrification in traditional public markets: Lessons from London. En: González, S. (ed.) Contested Markets, Contested Cities.. London: Routledge.

Marruecos:

derrumbe de una monarquía o transición hacia una democracia

Además de lo que viene bien resumido en el periódico digital El Topo Tabernario con fecha del 16 de julio de 2015 y titulado «Una historia del Rif», cabe añadir que ese mismo conflicto entre la población del Rif y el Estado makhzen que viene trazado en la historia, tiene continuación directamente después de la independencia declarada oficialmente en 1956.

Las negociaciones con el presidente de la exrepública del Rif, Abd-el-Krim el Jatabi, ya exiliado en la capital egipcia del Cairo, no pudieron llegar a ningún acuerdo por diferencias de fondo, ya que Abd-el-Krim cuestionaba la independencia de Marruecos ofrecida por el Estado francés. Mientras, en el Rif se organizaban manifestaciones y debates en los zocos de los diferentes pueblos, que culminaron con la presentación de 18 reivindicaciones entre las que se incluía facilitar el retorno de Abd-el-Krim a su país y la elaboración de una constitución democrática.

Con el acuerdo y participación de (toda) la élite política de Marruecos y con la ayuda de la aviación española, comenzó en octubre de 1958 una matanza atroz generalizada que duró más de cuatro meses, donde se asesinó indiscriminadamente a la población. 

En enero del 1984, durante la denominada «intifada del Rif», en la que se reivindicaba el derecho a organizarse en las escuelas, fueron detenidas más de 500 personas tras unirse a las protestas los marineros del puerto de Alhucemas y el campesinado de los pueblos cercanos a la ciudad. Durante las protestas, que duraron más de 15 días y acabaron con la intervención del ejército, se produjeron varias muertes, aunque hasta hoy no se sabe el número exacto de víctimas.

Tres años después, fueron asesinados dos estudiantes, Said y Farid, durante unas manifestaciones estudiantiles en Imzuren, a veinte kilómetros de la ciudad de Alhucemas, en las que hubo centenares de personas detenidas.

También cabe señalar que durante la fase que separa la intifada del Rif del 84 y las protestas políticas que revindicaban un cambio hacia la democracia en febrero de 2011, se detuvo y condenó a centenares de estudiantes provenientes del Rif y que seguían sus estudios en las universidades de Tetouan, Ouejda, Fes y Rabat por la falta de centros universitarios en el Rif.

Circunstancias del levantamiento y nacimiento del movimiento Hirak

El 14 de octubre 2016 el rey designa a Abdel ilah Benkiran presidente de Gobierno después de que su Partido Justicia y Desarrollo (PJD) ganase las elecciones por segunda vez consecutiva contra todo pronóstico, ya que el Estado makhzen había dado su apoyo logístico  al partido fundado por El Himma, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), que acabó en segundo puesto con 102 diputados, a 15 del primero.

La ciudad y provincia de Alhucemas no eran ajenas a estas circunstancias, y se realizaron varias protestas de todos los partidos que se presentaron a las elecciones con el partido ganador, el PJD, también en otras partes de Marruecos, en contra del PAM y pidiendo la dimisión del gobernador de la provincia, por su involucración directa en falsear los resultados de las elecciones.

Dos semanas después de la designación del presidente del Gobierno y tres después de las protestas en contra de la falsificación de los resultados de las elecciones a favor del PAM en Alhucemas, se difunden el 28 de octubre 2018 a través de las redes sociales las fotos y vídeos del atroz crimen que acabó con la vida del difunto Mohsin Fikri.

Miles de personas salieron esa misma noche a la calle para condenar el asesinato de Mohsin Fikri y para pedir responsabilidades; y entre esos miles de personas cogió la palabra Nasser Zafzafi, que iba a ser el carismático líder de lo que se llamaría el Hirak del Rif.

Violación de derechos humanos durante las detenciones y durante los juicios

Las manifestaciones duraron más de un año. Durante la última semana de mayo empezaron las detenciones y después los juicios, con condenas que llegaron hasta 20 años de prisión como en el caso de Nasser Zafzafi.

Todas las personas detenidas que fueron llevados ante los juzgados (más de 600 militantes) cuentan en sus relatos oficiales ante los jueces o ante los fiscales que fueron maltratadas y torturadas físicamente y psicológicamente, lo cual fue recogido en un informe por el CNDH siendo una institución del propio Estado.

Esas violaciones de derechos humanos y el asesinato de Imad El Attabi, que recibió una bala en la cabeza durante las manifestaciones del 20 de julio 2017, están resumidamente recogidas en el informe anual de 2017 de Amnistía Internacional y en un informe de Human Rights Watch, que pide a través de una carta abierta al rey de Marruecos que intervenga para que se lleven a cabo investigaciones sobre las denuncias de tortura de los manifestantes del Hirak del Rif a manos de la policía.

Antes de las elecciones de 1921 tiene que haber una solución viable al conflicto

Ante una crisis socio económica, política e institucional sin precedentes en el reinado de Mohamed VI, les será imposible a los actores de la nueva estrategia del Estado makhzen entablar un sincero diálogo sin la ayuda de mediación política fiable. La iniciativa de crear una comisión de eurodiputadas en Estrasburgo entre el 10 y el 14 de diciembre de 2018 bajo la dirección del diputado andaluz Miguel Urbán, con el fin de hacer seguimiento a la situación de Nasser Zafzafi y del resto de personas en prisión, puede jugar ese papel en Marruecos.

Se espera que se retomen nuevos caminos y senderos de lucha por la liberación de las personas prisioneras del Hirak después de las sentencias que dictará el tribunal de apelaciones de Casablanca durante los próximos meses y que previsiblemente no variarán dada la represión a la que la región del Rif está siendo sometida hasta hoy.

El pueblo rifeño residente en Marruecos y en el extranjero, a pesar de las divergencias ideológicas, se mantiene unido en la defensa de la liberación de las personas presas del Hirak y quiere hacer todo lo posible para parar las represiones en el Rif.

Nos esperan momentos difíciles hasta que llegue ese momento en que se libere a las personas presas por motivos políticos de las cárceles de Marruecos y alcancemos por fin esa transición hacia la democracia.

Verde, oscuro, casi negro. Las ciudades del futuro

La cámara se aleja y vemos a un hombre oriental con gafas de sol haciendo un extraño baile. Al fondo una reluciente ciudad, no muy alejada de cualquier ciudad central del mundo. Es una de las ciudades más representadas de la historia de internet y, sin embargo, poca gente la conoce. Se llama Songdo y está en Corea del Sur.

Appa, gangnam style!

Songdo se ha desarrollado como ciudad del futuro, un potencial centro global de negocios que aprovecha su posición privilegiada por el desplazamiento de la economía al este. Una ciudad verde, donde el sistema de recogida de basuras está automatizado desde los hogares a través de conductos controlados por menos de diez personas. En los hogares se está implementando un sistema de telepresencia que pretende conectarlos con servicios remotos educativos y de ocio. En laboratorios de la multinacional Cisco se han desarrollado chips de implante para la geolocalización de niños y componentes domóticos controlables por el móvil. Songdo quiere ser una encarnación contemporánea de la ciudad ideal planeada por el Estado, normalmente bajo el refulgente maquillaje de la ciudad verde y ecológica, inapelable.

Es un proyecto y un relato que se repite en otras latitudes. En Arabia Saudí se ha presentado Neom, cuya construcción empezará en 2025 . Pretende ser una ciudad «donde habrá más robots que personas», con un tamaño de 33 veces Nueva York. Quiere ser también otro centro global de negocios, la capital árabe para un mundo postpetróleo, alimentada solo por energía eólica y solar, domotizada y automatizada. Es una estrategia de urbanización que lleva años en marcha en la región y que tiene otros destacados ejemplos como Masdar City, en Abu Dhabi.

Aunque el territorio en el que este fenómeno se ha dado con mayor fuerza es China, donde para resolver masivos movimientos de crecimiento y migración se han proyectado varias ciudades, diseñadas por reconocidos equipos de arquitectura e ingeniería. Tan solo un arquitecto estadounidense, William McDonough, recibió el encargo de desarrollar protocolos de diseño para doce ciudades, capaces de alojar a 400 millones de personas, una cifra que nos da una idea de la escala de un fenómeno imparable de nueva urbanización. Ciudades como Dongtan o Huangbaiyu, promesas verdes ahora consideradas proyectos fracasados, nunca llegaron a realizarse en su plenitud.

Las ciudades anteriores nos muestran un horizonte. Un espejo en el que los desarrollos urbanos se miran, pero son solo posibles en condiciones geopolíticas sometidas a un brutal aceleramiento y en el perpetuo estado embrionario de las ciudades-promesa: fracasadas algunas, sin llegar a sus expectativas otras y completamente inexistentes, algunas.

¿Cómo encuentran su nicho en la ciudad ya consolidada estas utopías tecnológicas?

Boardwalk empire

En Nueva York, la apertura de un concurso público para reinventar las cabinas de teléfono ha dado paso a un ambicioso proyecto de acceso wifi gratuito y otros servicios digitales a través de marquesinas. La empresa prestataria se llama Intersection. Surge de Sidewalk Labs, una rama de innovación urbana de Alphabet, la matriz de Google. Ésta tiene ambiciones globales: ha empezado a operar en Londres, trabaja con el Departamento de Transporte de EEUU en el análisis de datos móviles para la gestión del tráfico y ha desarrollado en Canadá un primer barrio inteligente: Quayside.

Quayside viene a ser una pequeña ciudad ideal, la «comunidad más medible del mundo». Construida «desde internet», llena de sensores climáticos y de presencia, con transporte público autónomo y un modelo de zonificación urbana nuevo, más liberal, basado en sensores que verifican la compatibilidad de usos urbanos en vez de en la delimitación de áreas homogéneas de usos compatibles. «Un modelo para todos los vecindarios ecológicos del mundo.»

Estos serían dos modelos posibles bajo los auspicios de un mismo actor: el proceso de renovación urbana que incluye la capa digital en su ADN y el desarrollo de nuevas infraestructuras de servicios urbanos. Ambos procesos están basados en la recolección masiva de datos y en el desarrollo de prototipos capaces de cambiar las reglas del juego y recentralizar sectores consolidados u obsoletos.

Al mismo tiempo, las grandes tecnológicas invierten parte de su enorme capital en el sector inmobiliario. Funcionan como instituciones ancla: capaces de influir decisivamente sobre la economía de las ciudades y la consolidación de su marca. Las ciudades compiten entre ellas por albergar sus sedes: normalmente dentro de enormes y significativos desarrollos urbanos asociados al prestigio de estrellas de la arquitectura. Amazon, por ejemplo, es el mayor propietario del centro de Seattle, su ciudad original, donde da trabajo a 25 000 personas.

La ciudad y este tipo de desarrollos locales son, además de una oportunidad de diversificación de la inversión, una enorme oportunidad: un tablero de juego donde conseguir ventajas competitivas clave en un momento en que todas confluyen en los mismos sectores. Compiten por ver quién capitanea la automoción sin conductor, la logística robotizada, la domótica y el potencial volumen de datos de llevar el «internet de las cosas» al hecho urbano bajo la promesa de la eficiencia, la ecología y el servicio ultrapersonalizado al ultraindividuo. Como se afanan en repetirnos, «los datos son el nuevo petróleo». Las patentes se reproducen día a día, en una espiral sin fin de desarrollos, espionaje y lucha comercial. Y es este contexto, también, en el que hemos de situar estos procesos de urbanización física y digital.

Blade Mirror

Sin duda hay aspectos seductores en estas ciudades del futuro y es absolutamente necesario reinventar la ecología urbana pero los riesgos de delegar demasiado estas lógicas en las manos equivocadas (las de otros) son enormes. Este tipo de urbanismos (desde Songdo a Quayside) son la máxima expresión del control digital de la vida cotidiana: desde el mercado o desde el Estado e, inevitablemente, desde su híbrido monstruoso.

El situacionismo nos decía aquello de que la lucha por la ciudad es la lucha por el futuro, porque este solo puede ser desde la cultura, de la que la ciudad es la máxima expresión. Apostemos por otra cultura de la ciudad, es decir, apostemos por otro futuro, donde su sombra digital todavía pueda ser nuestra. 

Más allá de la compasión en las fronteras

Una vez más, el espectáculo de la infancia en las fronteras irrumpió en el panorama internacional, esta vez cristalizado en el llanto de menores de edad en los centros de detención para migrantes custodiados por la Patrulla Fronteriza en la frontera sur de los EE UU. De nuevo, la fuerza conmovedora de una infancia ahogada, encerrada y traficada por la creciente securitización (política impuesta al considerar la migración como una amenaza a la seguridad), arrancó nuestros sinceros deseos de un mundo mejor.

Los llantos de criaturas encerradas y separadas de sus familiares provocaron una epidérmica y fugaz condena a las políticas de Donald Trump. Y ya está, nada más. Tenemos tanta costumbre a que la infancia nos conmueva y nada más, que solo nos provoca pena, conmoción e impotencia. A principios de mayo, la política de «tolerancia cero contra la migración» de Trump, posibilitó poder presentar cargos criminales contra cualquier persona adulta que cruzara de forma irregular la frontera. Este procedimiento penal implicaba separarles de lxs menores con quienes viajaban. Unxs 2300 menores de edad fueron separadxs de sus familiares y detenidxs aparte entre mayo y junio de 2018. Son menores principalmente hondureñxs, guatemaltecxs y salvadoreñxs, que a menudo llegan huyendo de un contexto de violencia estructural, por lo que muchxs de ellxs son potenciales refugiadxs en México y en EE UU.

Pro Pública [1]recogió los llantos de estos niños y niñas separados y detenidos y, en pocos días, la presión internacional alcanzó tal dimensión que Trump firmó un decreto bajo los focos de la prensa. Este decreto no clausuró la posibilidad de aplicar la vía penal, sino que tan solo posibilitó lo que ya antes ocurría, que las familias no fueran separadas. La frontera poderosa que proclamaba Trump seguía siendo la consigna de guerra para liquidar cualquier resquicio de respeto a los derechos fundamentales de las personas migrantes.

Pero la infancia migrante, vista como objeto de compasión, está también presente en nuestras fronteras mediterráneas. Cómo olvidar el cuerpo de un niño sirio de tres años ahogado en una playa turca; y el clamor mundial que provocó en contra de las políticas migratorias asesinas europeas. Y nada más. El clamor se acalló y decenas de niños y niñas más siguieron muriendo ahogadas a las puertas de Europa los meses siguientes, pero ya no fueron noticia porque no fueron el primero y ya no tuvieron el derecho a la exclusiva de Aylán Kurdi. Una vez más, las políticas de la compasión se centraron en crear un sujeto compasivo y consumible, merecedor de nuestra inquietud y nuestra profunda tristeza; merecedor de una cooperación al desarrollo mediocre, racista y colonial, que también se alimenta del espectáculo de la infancia dócil y dulce. Y nada más. El inmovilismo que provoca la visión compasiva de la infancia pobre nos deja de brazos caídos. Pareciera que los derechos humanos no tuvieran mucho que ver con la infancia y la adolescencia migrante. Pareciera que el maltrato institucional hacia la infancia y la adolescencia extranjera no tuviera que ser denunciable. Pareciera que el racismo instalado en la mediocridad e insuficiencia de medios que acojan, acompañen, restituyan y cuiden a estos infantes de fuera, no pueda ser combatido. Nada más.

Sin embargo, las movilidades infantiles y adolescentes y el sujeto político que conforma esta población migrante menor de edad está poniendo en crisis la lógica del control fronterizo en el mundo. Las fronteras se pensaron para personas adultas. El discurso humanitario y el espectáculo de la infancia son insuficientes para nombrar y comprender la complejidad y las contradicciones de nuestros estados del bienestar ante una niña o un adolescente extranjero, solo, jugándose la vida debajo de los ejes de un camión para cruzar el Estrecho de Gibraltar escondido en la bodega de un ferry.

Los niños, niñas y adolescentes que se mueven de forma autónoma y migran sin cuidados adultos han sido y son parte activa en los procesos migratorios modernos y contemporáneos. Existe en estas movilidades una dimensión que permite desligar los intereses de la familia de los intereses de las personas menores de edad. Estas no son comprendidas únicamente dentro de las lógicas de dependencia de la familia, sino que la edad —como el género— descifra las relaciones de poder dentro de la familia y permite la subjetivación de sus integrantes. Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que migran de forma autónoma tienen unas circunstancias, recursos y objetivos propios. Las movilidades adolescentes nos hablan de fracaso de los sistemas educativos y de la precaria inserción laboral en los países de procedencia. Nos hablan de las violencias cotidianas, del deseo de buscar una vida digna.

En este contexto contemporáneo, la migración de los menores extranjeros de países del sur global a países del norte global, llama la atención de la academia, de las políticas de protección de la infancia y de extranjería, de los organismos internacionales y de las organizaciones de defensa de derechos humanos por varios motivos. Por un lado, son menores a proteger —según el derecho internacional— pero también son migrantes a controlar —según las legislaciones de extranjería— y, desde mediados del siglo XX, se generaliza un consenso sobre la construcción de la infancia como sujeto de derechos y merecedora de una forma específica de protección. Este consenso ha desarrollado toda una serie de formas de gobierno, legislaciones e instituciones internacionales centradas en la protección de los niños y niñas. Sin embargo, cuando el sujeto a proteger es un «menor de edad extranjero», se quiebran las titularidades de sus derechos: «no son de los nuestros», dicen algunos políticos.

Por otro lado, al hablar de una nueva forma de moverse, no solo nos referimos a las trayectorias que algunas personas menores llevan a cabo atravesando diferentes fronteras y países, estando expuestas a diferentes formas de violencia, extorsiones y situaciones de vulneración. También nos referimos al valor simbólico de la migración, que cuestiona las relaciones de género y generación dentro de la familia. Esta movilidad autónoma cuestiona la idea de una menor indefensx y pasivx; quiebra un sistema de dependencias y cuidados precario e implica una inversión en los roles sociales.

Nuestra frontera andaluza cada verano también exhibe la llegada de chavalería marroquí que cruza sola. Estxs adolescentes se han construido desde los medios de comunicación convencionales y discursos políticos heteropatriarcales y adultocéntricos, como un colectivo hipervisibilizado, criminalizado, invasivo, ingobernable y peligroso. Se les fotografía escondidxs y asustadxs en los bajos de los camiones que llegan a los puertos internacionales. Frecuentemente no se analiza más allá y se perpetúa una visión mediatizada y superficial sobre estos chicos y chicas y sus motivaciones y movilidades.

Frente a la visión compasiva e inmovilista urge comprender que solo la defensa de la titularidad de sus derechos es el primer paso para una acogida digna. Derechos y no compasión. Y nada más.


[1] Medio de comunicación que publicó la situación de personas menores en los centros de detención de EE UU.

El tiempo de las hormigas

Hace 5 años, 2013, sucedieron en Nicaragua dos cosas en particular en el ámbito de lo público: la primera es que el Gobierno decretó la ley 840, con la que otorgaba la concesión de una parte del territorio nacional a una empresa china, para la construcción de un megaproyecto que en teoría concluiría con un canal transoceánico, que competiría con el canal de Panamá. Muchas personas cuestionaron el proyecto con serias objeciones medioambientales, por la concesión de una parte importante del territorio y prebendas a una empresa extranjera, y por la autoridad que la ley le daba al Gobierno para expropiar las tierras por donde atravesaría el Canal, desde el Pacífico hasta el Atlántico. Otras personas, en las que me incluyo, sospechamos que el proyecto era una farsa para la expropiación de esas tierras. Como producto de esto irrumpió un potente movimiento campesino en defensa de la tierra, con modelos no tradicionales de liderazgos: la campesina Francisca Ramírez es su voz más reconocida.

La segunda es que en ese año hubo una serie de recortes al INSS (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social) y las personas mayores salieron a protestar. Ya había sucedido muchas veces pero, en ese momento, jóvenes estudiantes les fueron a acuerpar y acompañar. Estas y estos estudiantes fueron reprimidos por pandillas y miembros de la Juventud Sandinista que atacaban con protección policial. Golpes, maltratos, acosos sexuales, robos, detenciones; fueron algunas de las situaciones que se vivieron entonces. Mucha gente de la sociedad civil se sumó a la protección de este grupo de jóvenes y mayores. Una generación se estaba pariendo así misma como parte del futuro del país.

Para entender ese momento debemos regresar más aún en el tiempo:

El período conocido como Revolución Popular Sandinista empezó con el derrocamiento del dictador Somoza en 1979 y se acabó en 1990, cuando Daniel Ortega perdió la presidencia de Nicaragua en unas elecciones. Entonces ese partido manifestó las profundas grietas y diferencias que lo aquejaban desde mucho antes, y el FSLN se rompió. Buena parte de su dirigencia y una parte de sus bases se alejó.

Daniel volvió a la presidencia en el 2006; lo logró a través de un pacto con Arnoldo Alemán (uno de los políticos de derecha más corruptos del mundo), con las iglesias evangélicas y con la parte más conservadora de la Iglesia católica. Volvió un FSLN transformado, con un discurso y estética cercanos a una letanía religiosa.

Lo primero que hizo fue desmarcarse, alejarse y satanizar a los movimientos sociales, los grupos feministas y cualquier atisbo de pensamiento crítico de izquierdas y de ciudadanía en general. Lo segundo, aliarse con el poder económico en manos de la empresa privada y pactar con ellos el ejercicio de gobierno. Pronto hizo reformas a la ley electoral para permanecer en el poder; cooptó el instituto electoral y desde ahí corrompió todos los comicios. La relación con el país se volvió radicalmente clientelar: en el segundo país más pobre de América, las obligaciones sociales del Estado se aplican como si fuesen regalos del presidente para la gente mas pobre. 

Las decisiones cuestionables del ejercicio de gobierno (como la concesión canalera), la corrupción de sus instituciones, la confusión de Estado-partido-familia, el nepotismo y el enriquecimiento de la familia Ortega, empezaron a acumularse.

Abril del 2018. De repente, a todo esto se sumó algo más; algo que tiene que ver con el bono demográfico y con la transformación de modos de «ser social» de las generaciones emergentes. Y ese algo hizo que de repente todo cambiara.

En las semanas anteriores a las actual crisis, protestaban por la (falta de) respuesta del Gobierno frente al incendio de Indio Maíz, 6300 hectáreas de una zona de reserva protegida, que a su vez acumula una serie de conflictos territoriales e identitarios. En este contexto un grupo de jóvenes encaró a un profesor en la universidad que además es el jefe de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional; su respuesta fue muy autoritaria —y grabada con un teléfono celular—. Este video corrió como la pólvora, aumentó la indignación de una parte de esta generación y despertó la de otra parte.

Así estaban las cosas cuando el Gobierno decretó nuevas reformas al INSS. El estudiantado protestó apoyando a las personas mayores y fue reprimido por fuerzas paramilitares protegidas por la policía, como es lo habitual en Nicaragua. Pero aquí empezamos a ver ese algo que estaba bajo las aguas: no se retiraron, sino que continuaron protestando y se sumaron muchas y muchos más. Las fuerzas del Gobierno continuaron reprimiendo, se sumaron más aún y en más ciudades. Continuaron reprimiendo y se sumó la gente del campo.

La vicepresidenta intervino en los primeros días y sus palabras fueron gasolina en un incendio: calificó a personas que formaban parte de una protesta desarmada como «minúsculos alentadores de odio», «mediocres», «vampiros que reclaman sangre».

El Gobierno intentó acercarse a los empresarios, pero estos también se habían alejado. El presidente tardó varios días en comparecer. Lo hizo cuando ya había once personas muertas, muchas presas y muchas desaparecidas. En este momento, los motivos de la calle se habían transformado en una solicitud de justicia.

Compareció dos veces en total y no habló de justicia, se limitó a hablar de las reformas aplicadas. Después de cada una de sus intervenciones la agresión policíaca y paramilitar aumentó y las víctimas también. Ahora ya no solo están pidiendo justicia, sino una reforma estructural del Gobierno con garantías internacionales y, en muchas voces, inclusive la renuncia del bloque de Gobierno.

La izquierda internacional tradicional, en medio de su propia crisis interna, observa estupefacta lo que sucede, sin saber «a quién le van» y sin entender que pasó con la otrora inspiradora Revolución. Dentro del país, el movimiento feminista está jugando un papel relevante en las denuncias y en las propuestas; y las más jóvenes parecen atentas a lo interno de su movimiento denunciando modelos tradicionales de liderazgo. 

Mientras escribo estas líneas van contabilizadas 285 personas muertas, cerca de 1500 heridas, 46 personas con lesiones permanentes y 156 personas desaparecidas, y muchas detenciones arbitrarias. Dentro de la certeza de la imposibilidad de que el Gobierno permanezca en el poder, las salidas de la familia presidencial y del conflicto son inciertas y el nivel de violencia no para de crecer.

Sin embargo, pensando en el futuro, el movimiento campesino y la generación emergente son elementos novedosos en la construcción de país. Traen bajo el brazo contenidos fundamentales como la protección medioambiental y el rechazo a los caudillismos patriarcales propios de nuestras latitudes. Analizarlos en clave de éxito o fracaso es estrecho. Necesitan tiempo y espacio, ahora mismo no lo tienen.

A la derecha de los datos

A varios cientos de metros de la estación londinense de Tottenham Court Road, donde todos los días se cruzan decenas de miles de turistas, commuters y otros anónimos animales urbanos, se sitúa un edificio acristalado. Es la sede inadvertida de una compañía que afirma poder cambiar las actitudes individuales a través de los datos. Se llama Cambridge Analytica.

Entre Aristóteles y Hitler

Rebobinamos a 1993, cuando un antiguo publicista de Saatchi&Saatchi funda la empresa Strategic Communication Laboratories (SCL). Su intención es renovar la propaganda, actualizarla y usar en ello la investigación académica. SCL está vinculada con los estamentos más conservadores de la sociedad inglesa y tiene ambiciones globales: opera en el cabildeo electoral internacional y se vende en las ferias de tecnología militar como contratista dentro del ámbito de las psy ops. Tienen una reputación de éxito y llegan a trabajar para el Ministerio de Defensa inglés y para agencias del Gobierno estadounidense. Y en ese contexto atraen la atención de Stephen Bannon, cabeza de Breitbart News, un medio alineado con la denominada alt-right y financiado por Robert Mercer, un acaudalado inversor de un fondo de alto riesgo y antiguo programador de IBM, del que Bannon era mano derecha. Todo va rodado: Bannon consigue el apoyo económico de Mercer para fundar una filial de SCL y operar en Estados Unidos: Cambridge Analytica (CA), de la que Bannon acaba siendo vicepresidente. El objetivo de SCL: tener una cuña de entrada definitiva en el poderoso y rico mercado estadounidense, donde un precedente judicial de 2010 había reducido los límites de la financiación para campañas electorales. El objetivo de Bannon y Mercer: modernizar la maquinaria conservadora y no quedar detrás de los demócratas en la carrera por el uso de datos como arma electoral, en lo que la exitosa campaña de Obama había sido pionera. Pero para ello necesitaban datos, muchos datos personales.

Turcos mecánicos

Amazon Mechanical Turk es un servicio online de «microempleo»: por uno o dos dólares se realizan distintas tareas que requieren, supuestamente, poco tiempo. Por ejemplo, los «turcos» —en referencia a los autómatas mecánicos del siglo XIX— etiquetan imágenes, hacen dibujos o rellenan encuestas. Y la idea de CA era crear una campaña peculiar: para cobrar había que descargar una aplicación que se conectaba al perfil de Facebook. En aquel momento las aplicaciones podían acceder no solo a tus datos, sino también a los de tus amistades. Las fuentes hablan de un número impreciso entre 100 y 320 mil turcos mecánicos en la campaña de CA y se calcula que cada perfil de Facebook tiene de media más de trescientas amistades. Llegaron a generar una base de datos de decenas de millones de personas (las cifras varían según la fuente, llegando hasta el 15% de la población) sin el consentimiento de la gran mayoría, que ignoraba que se estaban minando sus datos. La compañía ha llegado, según algunas fuentes, a perfilar psicológicamente al 70% de la población estadounidense.

Estos datos, conjuntamente con otros comprados u obtenidos a saber de dónde y cómo, empiezan a ser usados por lobbies y diferentes empresas, alineadas con la alt-right o con el Tea Party. Con la peculiaridad de que todas estas campañas que contrataban a CA eran financiadas de manera directa e indirecta, a su vez, por Robert Mercer, convertido ya en uno de los máximos donantes de la política estadounidense. Y de repente aparece Donald Trump. Mercer lo apoya y, tras reunirse con él, consigue poner a Stephen Bannon a dirigir su victoriosa campaña.

Pero una trama de este tipo no puede ser invisible mucho tiempo y en 2015, antes de la victoria de Trump, aparecen las primeras filtraciones. Las reverberaciones llegan a Amazon, que suspende la cuenta de CA, y a Facebook, que se limita a pedir que se borren los datos obtenidos de manera contraria a los términos de servicio. Y la reacción acaba siendo tan contundente que contratan a uno de los investigadores principales de la campaña de CA en su ramal de investigación.

El vegano del pelo rosa

Marzo de 2018. Una persona declara frente al Parlamento británico y relata cómo se forma una empresa en Canadá para operar en el Reino Unido. Esta tiene como cliente a Leave.EU, la organización vinculada al partido ultraderechista UKIP que hizo campaña por la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Esta empresa estaba vinculada a CA y, afirmaba, además de haber prestado el «asesoramiento» habitual, había estado envuelta en una serie de maniobras de dudosa legalidad que habían permitido millonarias subvenciones a la campaña fuera de los límites marcados por la ley británica. Esta persona también confirmó a la prensa que la campaña de Trump usó los datos de Facebook que CA había borrado, lo que provocó una nueva crisis de credibilidad en la red social y su «política de privacidad». Simultáneamente a estas revelaciones se destapa un vídeo grabado con cámara oculta, donde el CEO de Cambridge Analytica alardea de usar el soborno y el chantaje para decantar procesos electorales.

Volvamos al Parlamento. La persona que declara se llama Chris Wylie y fue el arquitecto de la estrategia de datos de CA. Un joven brillante que vuelve a poner en valor al denunciante (whistleblower) como figura esencial en la lucha contra los sistemas lógicos de poder y control. Su relato nos habla de una ultraderecha global que establece alianzas y sintoniza con poderosos cómplices del sector tecnológico y conectada a la Presidencia estadounidense. Una derecha que no necesita llegar al poder para crear enormes bases de datos con las que apoyar decisiones estratégicas y campañas de comunicación como las que contribuyeron a las victorias de Trump o el Brexit. Bases alimentadas por la pasividad generalizada que acepta de facto el intercambio de datos por servicios «gratuitos» digitales, y por la irresponsabilidad salvaje y codiciosa del capitalismo en la nube. Money is money.

Qué sorpresa

Podemos dudar de la eficacia actual del uso de datos para el perfilado de la población y la confección de climas de opinión. Son tecnologías lejanas y aparentemente herméticas. También podemos reconocer que han sido parte de terremotos políticos decididos por márgenes muy estrechos, donde cualquier tipo de ventaja sobre el adversario es clave. Podemos decir que, por supuesto, nada nos sorprende, e incluso valorarlo como algo muy lejano a nuestra realidad política mientras le damos un like a este artículo.

Abril de 2018. Se hace público que Stephen Bannon es uno de los nuevos asesores de campaña de VOX, partido ultra-conservador español.

Alerta antifascista

El fascismo avanza en Europa.

«Primero vinieron a buscar a los socialistas, y yo no dije nada,
porque yo no era un socialista.
Luego vinieron para los sindicalistas, y yo no dije nada,
porque yo no era un sindicalista.
Luego vinieron a buscar a los judíos, y yo no dije nada,
porque yo no era judío.
Luego vinieron a buscarme, y no quedó nadie para hablar por mí.»

Martin Niemöller

Neonazis con antorchas marchando por el centro de Sofía, Trump, fascistas paramilitares de Jobbik en Hungría, el Frente Nacional de Marie Le Pen, el Partido del Pueblo Danés, Amanecer Dorado en Grecia, Hogares Sociales, los Auténticos Finlandeses, UKKIP, populismo, nacionalismo, anti-inmigración, esvásticas en las calles de nuestros barrios, discursos xenófobos normalizados en los parlamentos de ciudades de media Europa.

El auge de un nuevo fascismo es difícil de negar hoy día. Lo sorprendente es que a los minoritarios grupos de extrema derecha que resistían en muchas capitales se han sumado ahora numerosos partidos que copan el espacio político institucional. Una extrema derecha de marca blanca que conquista el espacio discursivo, dando guerra en la batalla cultural y peleando cada vez más por posiciones hegemónicas. Este fascismo 2.0 se ha quitado complejos, se ha sentado tranquilamente en sus sillones institucionales y está aprendiendo a manejar los códigos para ganar la guerra del sentido común.

¿Qué podemos hacer desde el antifascismo para recuperar el espacio perdido? ¿Por qué no estamos en los barrios dando alternativas? ¿Por qué nuestro discurso se queda en la periferia? ¿Por qué las propuestas antifascistas no son consideradas como una alternativa frente al desencanto que provoca hoy el poder establecido?

Estas y otras preguntas son las que se plantean Patrick Öberg y Emil Ramos cuando se lanzan a sacar adelante el proyecto de The Antifascists, un documental que, a partir de ataques de la extrema derecha en Suecia y Grecia, traza un retrato del movimiento antifascista hoy y los tópicos que lo rodean.

The Antifascists nos lanza un guante, y dibuja los retos que los movimientos antifascistas tienen por delante: desmontar los discursos fascistas que se basan en eslóganes llamativos pero carecen de una construcción lógica que resistan el análisis. ¿Cómo desactivar lemas cargados de populismo y posverdad?; no dejar que el fascismo avance en las calles, mostrar la repulsa ante la coacción que ejercen públicamente; no dejar que copen espacio en las instituciones. En definitiva, no perseguir a nadie por cómo piense, pero no permitir que organizaciones con un discurso de odio y violencia sobre las que son diferentes puedan llevar a cabo sus fines.

Más allá de Grecia y Suecia el fascismo avanza posiciones en Europa. Una Europa azotada por la crisis económica y receptora de migración se convierte en el caldo de cultivo perfecto para el populismo fascista en las calles y las organizaciones políticas de extrema derecha en los parlamentos.

En Austria el Partido de la Libertad de Austria, un grupo racista y populista de extrema derecha, ha ganado terreno tras las últimas elecciones. En Bélgica, tiene representación institucional Vlaams Belang, acusado y condenado por promover el racismo, la xenofobia y la homofobia. En Bulgaria el Ataka, y el RPF, con escaños en el Parlamento, son los promotores principales de los linchamientos a la comunidad romaní. En Francia está el Frente Nacional, en Alemania, el NPD, cuyo líder aparece posando con fotos de Rudolf Hess, y el AfD. Aunque la historia oficial se empeñe, el fascismo no terminó en la Italia de Mussolini; ni el nazismo desapareció después del juicio de Núremberg y del final de la Segunda Guerra Mundial.

En España, hasta ahora, los movimientos fascistas no han conseguido salir de la marginalidad política ya que la respuesta a la crisis ha llegado en clave popular y «de izquierdas» (15M, Mareas, sindicatos de base, etc.). Los intentos del  Hogar Social Madrid y similares (émulos del fascismo del tercer milenio italiano) de marcar el debate político se han encontrado casi siempre con contestación y falta de apoyos, pero el tema catalán ha provocado desplazamientos y se están dando movimientos que podrían ser peligrosos. La centralidad de ese debate genera monstruos y extrañas alianzas por lo que hay que estar más alerta que nunca.

El avance institucional del fascismo tiene sus principales consecuencias en el terror sobre las comunidades más vulnerables. El antigitanismo en Europa es un buen ejemplo de ello. Un antigitanismo que va de la mano del avance de las organizaciones fascistas.  La violencia policial y los asesinatos impunes perpetrados en Bulgaria, Rumanía y Rusia contra romaníes; las expulsiones de personas gitanas en Serbia, Kosovo, Alemania, y el alarmante caso de Francia que sobrepasó las 11 000 personas expulsadas en 2015, respaldan las palabras de Amnistía Internacional durante 2014: «Los Estados europeos no están reduciendo la discriminación, la intimidación y la violencia contra los gitanos y, en algunos casos, incluso las alimentan».

Las personas refugiadas de guerras en Europa corren la misma suerte. En Alemania, las fuerzas de seguridad registraron 3533 ataques contra solicitantes de asilo y albergues de personas  refugiadas en 2016. Los ataques dejaron a 560 personas heridas; 43 de ellas eran niños y niñas, según los datos provistos por el propio Ministerio del Interior.

El discurso y las prácticas fascistas repiten el mismo esquema una y otra vez: dirigir la rabia y el odio contra las poblaciones más vulnerables en lugar de señalar al poder político y económico como el origen de la precariedad de las vidas.

Frente a esta preocupante realidad, nos encontramos con una izquierda institucional débil en las calles, con altas dificultades para generar organización de base, un movimiento sindical desprestigiado por los sindicalismos del régimen y unos discursos emancipadores no traducidos a la sociedad mayoritaria.

Mientras, el antifascismo continúa en la marginalidad política. Asociado en el imaginario colectivo creado por los medios de comunicación con la violencia gratuita y la radicalidad.

Urge un movimiento antifascista amplio en Europa. Cualquier persona que luche por una sociedad más justa tiene el deber ético de declarase antifascista sin miedo a la criminalización que se impone al término. Necesitamos una respuesta a la altura de las circunstancias; que el antifascismo abandone el gueto político y las prácticas autoreferenciales y genere un frente amplio. Traducir los discursos y crear movimiento de base son los principales retos que se nos presentan. El poder lo tienen los medios de comunicación y de producción pero nosotras tenemos la razón.

Las mujeres nigerianas cuentan para gritar

Pisadas humanas, sello de neumáticos, railes oxidados o estelas de zodiac se entrelazan para atravesar África. Los guide men (guías) conocen estos caminos, al igual que conocen el negocio de la trata de personas. Uno de ellos señaló las cuatro diferencias que existen entre el viaje que realiza un hombre nigeriano y el que vive una mujer nigeriana. Sus afirmaciones estructuran este artículo.1

Primera diferencia: las mujeres siempre vienen escondidas, no como los hombres

Nigeria, el gran elefante negro al que le chorrean las patas de petróleo, es considerado según el grupo Development Finance International como el último en la lista de 152 países ordenados según el compromiso para reducir la desigualdad. Los gobiernos duermen con las empresas y sobre las sábanas firman los contratos de extracción de los productos internos de la región. La estimación nacional de población empobrecida en Nigeria es del 70%. Los Programas de Ajuste Estructural llegaron en la década de los ochenta, cortaron la cabeza a los servicios públicos y allí se quedaron en la bacanal de la desescolarización o la privatización de la sanidad.

En un país donde los apagones son diarios, las niñas al nacer son llamadas «media corriente». La antropóloga Kokunre Eghafona señaló durante la entrevista que le hicimos que con dicha asignación «desde la infancia queda esa idea psicológica de que la chica es menos que el chico». A la discriminación de partida, articulada sobre el tablero ya descrito en el párrafo anterior, a las mujeres se les añade la responsabilidad social de hacerse cargo «de los hombres en su vida: primero de su padre, de sus hermanos y, más tarde, de su marido», continúa Eghfona. Como consecuencia de su organización de parentesco, la mujer se encuentra en «una situación de desprotección», nos dice. Al casarse la joven abandona su familia para irse a casa del marido. Sin embargo, no será ella, ni su hija, sino el primogénito varón quien herede la casa y las pertenencias.

Entre las rocas del pedregal estructural se escucha a una joven prepararse para dejar su país. Va a Europa, allí donde le han dicho que «la leche fresca sale del grifo» y que «podrá estudiar». Una nueva viajera comienza la ruta y tendrá que correr hasta llegar a «las casas que no tienen ventanas, como cárcel» y viajar de noche, «escondidas, siempre escondidas». Ocultarlas es asegurar que no las devuelvan o las secuestren «otros», porque valen mucho, son mercancía, como repite el guía varias veces a lo largo de la entrevista.

Segunda diferencia: cuando vienen mujeres, siempre dicen (los hombres) que es buen negocio porque las mujeres vienen a Europa para pagar

Las personas sin recursos económicos y administrativos que quieren ejercer su derecho a migrar harán rebusque para localizar esa posibilidad que tantas veces, en el caso de Nigeria, les coloca en el tráfico ilegal a ellos y en el vértigo de la trata de seres humanos a ellas «como resultado de las restricciones en las regulaciones para conseguir un visado», apunta la coordinadora de la ONG Girl Power Initiative, de Nigeria. En el caso de los hombres, generalmente no se les posibilita el viaje «a menos que el chico pague todo el dinero por adelantado», continúa. En el caso de las jóvenes o de las mujeres, concluye, «no se les pide que paguen por adelantado, quizá tan solo una cantidad de registro. Es cuando llega a Europa que se le pide que devuelva una cifra que vendrá determinada por la relación con el tratante». La cantidad, según nos comparten las mujeres, va desde 25 000 a 60 000 euros, a pagar con «el cuerpo, no con otra cosa, con el cuerpo».

Nigeria es la primera nacionalidad no europea de trata con fines de explotación sexual en el Estado español. Hablamos de uno de los tres negocios más lucrativos del mundo, junto con las drogas y las armas. Según Naciones Unidas, la trata en sus distintas formas de explotación mueve tres mil millones de dólares anuales.

Tercera diferencia: la chica se puede vender

Tras los telones que son las fronteras todo está permitido y oculto por quienes quieren mantener sus privilegios enjaulados. Detener la migración en Marruecos está subvencionado por la Unión Europea y co-ejecutado por los dispositivos españoles de seguridad nacional. «Cuanto más altas sean las vallas más fuerza le estaremos dando a las redes de trata de seres humanos» sentencia Pilar Martínez (Médicos del Mundo-Bélgica) Asegurar que la migración venga gravemente endeudada y en situación irregular, certifica que ésta pueda cubrir las demandas de explotación extrema que precisan nuestros modelos económicos de consumo. Los invernaderos, las aceras de las calles o los sótanos de la clandestinidad permitida y fomentada, esperan sus cuerpos.

Este parón al otro lado del Mediterráneo, en el caso de las jóvenes nigerianas, puede alargarse durante años. Tiempo en el que viven episodios de violencia que solo pueden ser escuchados si aceptamos la capacidad de deshumanizar, cosificar a las otras, a las mujeres. Describiendo su experiencia en el camino, nos comparte una menor: «Tú puedes dormir con más de 20 hombres en un día, y cuando te despiertas tú sientes algunos dolores en tu cuerpo, muchas cosas. Y no es bueno… Tú puedes no sentir tu cerebro rápido, tú comienzas a volverte loca, y si te vuelves loca, nadie va a ayudarte». Y añade una compañera que «la mayor parte de los guide men venden chicas en Marruecos, lo que no es bueno. Ellos te dicen que te van a llevar a Europa, pero cuando estás en Marruecos te venden a otra madame. Y la otra madame puede que te venda a otra persona».

Explica el guía entrevistado que si «lleva como quince o veinte personas y quiere pagar (el paso) como 1500… Dice, vale, llévate estas dos chicas y déjame pasar. Puede vender a esta chica a 800 o 1000 euros».

Cuarta diferencia: las chicas no tienen nada que decir. Las chicas no pueden hablar, pero los hombres sí

Mientras enrollaba lana a una rama en uno de los talleres que hicimos, una joven nos dijo: «en el campo donde yo he vivido en Oujda (Marruecos), las mujeres no tienen derecho de hablar. No tienes que hablar, si hablas te pueden pegar. Lo único que puedes hacer es callar porque si no te pueden pegar, sentir dolor tan fuerte en tu cuerpo que no puedes levantarte». Una de las características de la trata nigeriana es la pretendida imposición del silencio a las jóvenes.

«Crece bajo la idea de buena chica y una buena chica no pregunta», señala la coordinadora de Girl Power Initiative. Pero, saltándose los modelos, ellas no solo han contado sus historias, sino que muchas lo han hecho, como dicen «para que mis hermanas en África no tengan que vivir lo que yo he vivido». Y los relatos de las que están en esta orilla fueron escuchados por aquellas que los recibieron en Nigeria, a través de un montaje audiovisual, sentadas en pupitres de escuela o alrededor de la barra de un prostíbulo. Al terminar la proyección las manos en alto no paraban de mostrar el diálogo entre iguales que ya no podía detenerse. «Traigámoslas de vuelta», dijo una. Otra, mirando fijamente a la cámara preguntó «¿por qué no hacen nada los gobiernos?»

De jóvenes viajeras, a mujeres tratadas, y de ahí a agentes de transformación social con sus iguales. Ellas son mujeres que gritaron al cielo, mujeres desviadas de la noma que siguen dispuestas a romper silencios.

1Una muy pequeña muestra de las voces de las más de trescientas jóvenes y mujeres con las que hemos podido trabajar en España, Marruecos y Nigeria están recogidas en el texto entrecomilladas sin cita. El anonimato las protege, también las hace una.   

Crónica del caso Santiago Maldonado:

amenaza del retorno a un pasado sin derechos

La mirada de Santiago Maldonado nos advierte que la Argentina ha entrado, una vez más, en zona de riesgo.

El 1º de agosto pasado, Santiago y varias personas que habían estado protestando a favor de los derechos del pueblo mapuche en el sur de Argentina fueron perseguidas por la gendarmería en territorio ancestral de esa comunidad. Según muestran las filmaciones, la represión terminó en una cacería desigual porque cerca de cien gendarmes con cascos y armas, en vehículos todoterreno, persiguieron con furia a Santiago y a siete mapuches que estaban a pie y desarmados. La resolución oficial del Ministerio de Seguridad hablaba de despejar la carretera, pero hay testigos que aseguran que el viceministro en persona los animó a actuar con violencia y sin orden judicial, incluso ingresando ilegalmente en las tierras mapuches, asentadas en una extensísima propiedad que figura a nombre del famoso empresario textil italiano Luciano Benetton.

El 1º de agosto fue la última vez que se vio con vida a Santiago Maldonado, un joven de 28 años, solidario, lleno de valores y convicciones sobre la justicia; comprometido con los derechos sociales en general y con la defensa de los derechos de los pueblos originarios en particular. Lo aterrador para la sociedad argentina es que, después de estar casi 80 días desaparecido, el cuerpo de Santiago apareció flotando, misteriosamente, en el mismo río patagónico donde ya los expertos y las autoridades habían estado buscando con anterioridad. Apareció hundido en el mismo lugar donde, según muestran las filmaciones, hubo disparos y se vieron a las camionetas de gendarmería acorralarlo. Santiago no sabía nadar y tenía pánico al agua.

Los detalles macabros son muchísimos y, algunos de ellos, muy importantes para resolver el crimen; pero bastará centrarse solo en algunos hechos para demostrar cómo en la Argentina, en apenas 21 meses de mandato del presidente Mauricio Macri, se han incrementado las medidas violatorias de los derechos ciudadanos, se ha deteriorado el Estado de derecho y ha crecido la impunidad ante la mirada estupefacta de la ciudadanía y la total complicidad de los grandes medios de comunicación.

Las violaciones en el caso de Santiago son escandalosas. El Estado no solo desprotegió a su familia, sino que la hostigó con acusaciones falsas en las que ellos no eran las víctimas sino los culpables. En los casi tres meses que el joven estuvo desaparecido, se publicaron en los medios hegemónicos decenas de mentiras que, como dijo el juez argentino de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Raúl Zaffaroni: «Parecían sacadas del viejo arsenal de la dictadura militar». Que Santiago estaba en Chile; que en una pelea lo habían matado de una cuchillada; que lo vieron cortándose el pelo; que estaba haciendo dedo en una carretera a mil kilómetros de la Patagonia…

De los mapuches dijeron que estaban vinculados a Al Qaeda; que los financiaba la guerrilla colombiana de las FARC y que ellos habían matado a Maldonado.

En el ínterin, el Gobierno no cesó de defender a la gendarmería, evitó investigar y hubo un prolijo plan de ocultamiento que incluyó irregularidades en los «Libros de guardia de gendarmería», lavado de las camionetas utilizadas que podían tener pruebas y cortes en la filmación oficial del operativo.

Si esto fuera todo, ya sería gravísimo, pero lo peor es que hay mucho más además del caso Maldonado.

Es bien conocida la detención ilegal de la dirigente social Milagro Sala, a quien se mantiene en la cárcel desde hace un año y medio incumpliendo las determinaciones de Naciones Unidas sobre «detenciones arbitrarias» y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que consideraron su detención como «arbitraria» y que por eso «debe ser inmediatamente liberada».

Simultáneamente, en estos casi dos años de gobierno, Macri y su gabinete hicieron varios intentos —afortunadamente por ahora fallidos— para retroceder en los importantes avances que Argentina ha hecho en «Derechos Humanos y juicio a los criminales de la dictadura militar»: quiso detener a Hebe de Bonafini, la conocida Madre de Plaza de Mayo; se busca cerrar la Universidad de las Madres, creada por ellas; se intenta buscar un perdón para los acusados de violación de Derechos Humanos (popularmente conocida como ley 2 x 1), en otras medidas. A esto debe sumarse el crecimiento de los casos de «gatillo fácil» por parte de la policía; allanamientos sin autorización; intervención de los sindicatos; limitaciones gravísimas a la libertad de expresión: dejando sin trabajo a periodistas cuestionadores; y aumento de la represión como hacía muchos años no se veía en Argentina: contra maestros, mujeres, trabajadores y manifestantes pacíficos que marchaban acompañando a la familia de Santiago Maldonado reclamando su aparición.

¿Qué busca con todo esto el gobierno neoliberal de Mauricio Macri?

Si se analiza este escenario y la escalada represiva de la que el caso Maldonado ha sido un hito, es factible pensar que el macrismo tiene como objetivo imponer en Argentina el estado de excepción. Es sabido que un modelo económico que apunta a una brutal concentración de la riqueza (en manos de la élite gobernante) en desmedro de las mayorías requiere un ejercicio fuerte de la violencia orientada al control y la disciplina.

El mencionado Ministerio de Seguridad, a cargo de una de las funcionarias históricamente más cuestionadas del país, Patricia Bullrich, ha sugerido en varias ocasiones la necesidad de medidas de emergencia, y ha viajado a Estados Unidos e Israel para pertrechar a las fuerzas de seguridad. Está claro que el discurso oficial no solo tolera sino que además impulsa a las fuerzas de seguridad a traspasar la línea roja de la ilegalidad. Al culpabilizar a la víctima y simultáneamente desligar de responsabilidades a los represores envían un mensaje claro: «obedezcan la orden de mano dura: hagan lo que hagan, desde el Ejecutivo estamos dispuestos a mentir, a cambiar pruebas y a ocultar evidencias para protegerlos». Esta impunidad cuenta con la apatía de gran parte de los jueces y con la colaboración irrestricta de los medios de comunicación masivos, abiertamente favorables al presidente Macri, que han ido desplegado una serie de explicaciones legitimadoras de la persecución a las clases más desprotegidas.

Esto nos dice la mirada transparente de Santiago Maldonado, un joven que encontró la muerte por soñar un país de iguales. La Argentina con todxs y para todxs está en zona de riesgo. El pasado violento y sin Derechos Humanos nos acecha.

Crónica de un viaje a la frontera sur

Cerca de quinientas personas, ocho autobuses, ¡cruzan la península de norte a sur!

Sí, la Caravana abriendo fronteras ha llegado hasta Melilla para denunciar la vulneración de los Derechos Humanos y llevar un mensaje de solidaridad a las personas que buscan refugio.

Todo empezó el 14 de julio. Parten desde distintos lugares del País Vasco hacia el polígono de tiro de Bárdenas, allí se concentran en un acto de protesta por las prácticas de ejercicios de guerra y la exportación de armas.

Por la tarde, en Madrid les esperan otrxs caravanerxs del este y el oeste. A la mañana siguiente ya cerca de cuatrocientas personas se reúnen para una primera acción frente al Congreso de los Diputados, donde se lee un comunicado con nuestros objetivos y peticiones. Como colofón, se forma una larga cadena humana en solidaridad con las personas migrantes para mostrarles que no están solas, que somos cientos y seremos muchxs más pidiendo el respeto de sus derechos.

La siguiente parada: Sevilla. Aquí les recibe una pequeña comisión que hemos estado preparando para su llegada desde hace tiempo, con mucha ilusión por unirnos a ellos. En el Parlamento de Andalucía, con todo el calor propicio de una tarde de julio y el que desprenden nuestros cuerpos con la alegría del encuentro, nos unimos y, juntos en manifestación, llegamos a la Alameda de Hércules. Allí les hemos preparado un acto de recibimiento con palabras de bienvenida del defensor del Pueblo Andaluz y representantes de entidades que han apoyado nuestra lucha común. Finalizamos con música de fusión Senegal-Andalucía.

Por la mañana, después de realizar nuestra primera asamblea, decidimos realizar una acción —aprobada por una ajustada mayoría— en el Aeropuerto de Sevilla, en protesta por lo ocurrido en el aeropuerto del Prat, donde impidieron viajar a once personas por intentar evitar la deportación de un senegalés.

Continuamos viaje hacia Algeciras, donde nos concentramos ante el CIE (centro de internamiento de inmigrantes) para pedir su cierre inmediato no solo por su estado ruinoso, sino porque se priva de libertad a personas que han cometido el delito de huir de la miseria, las guerras y la pobreza. Continuamos la aventura hacia Tarifa, donde nos recibe un levante de justicia que nos vapulea y nos aturde durante toda la noche, la cual pasamos a la intemperie en el campo de fútbol. A la mañana siguiente, una veintena de activistas, representando a migrantes fallecidos en la mortal travesía, recorremos los dos kilómetros que distan hasta el CIE de Tarifa, ubicado en una antigua fortaleza militar y que tampoco reúne las mínimas condiciones necesarias para vivir: presenta rejas en las ventanas y patios sin protección de los vientos como los que seguimos sufriendo esa mañana; con breves visitas médicas, hacinados… Un lugar que estremece a cualquiera con solo verlo de lejos, y todo por no tener papeles y luchar por un futuro mejor.

Por la tarde seguimos nuestro periplo hasta Málaga, donde las compañeras nos reciben con cánticos, poemas, bailes típicos; hasta la hora en que debemos coger el ferry que nos llevará rumbo a Melilla.

Por la mañana, una vez alojadxs en los distintos lugares donde vamos a pasar tres noches, llevamos a cabo una rueda de prensa y una exposición de fotografías ambulante que muestra la realidad que se vive en la frontera; y una acción en la playa de San Lorenzo, siempre acompañadxs por las familias que nos arropan y cuidan de nosotrxs, ofreciéndonos frutas, agua y algún tentempié. Por la tarde, en la universidad, recibimiento y talleres de muy diversa temática: derecho de asilo, menores extranjeros no acompañados (Menas), feminismo, interculturalidad, etc.

Al siguiente día comenzamos muy temprano en la frontera de el barrio chino. Como ya suponíamos, una barrera policial nos impide el paso y la visibilidad de las porteadoras. Tras una larga negociación, dejan pasar a cinco mujeres para atestiguar la actividad que todas las mañanas se realiza en este lugar; pero somos conscientes de que hoy está adulterada porque estamos nosotras. De hecho, una mujer nos comentó la excepcionalidad del día, dándonos las gracias. Aun así, las tensiones no se llegan a ocultar del todo. Cuando acabamos en aquel lugar nos fuimos caminando al siguiente paso fronterizo, el de Beni Enzar, donde no había nadie esperando. Un policía agredió a una mujer y, al percatarse de que lo habíamos visto, vino hacia nosotrxs y nos pidió la documentación. Entonces un grupo de porteadoras aprovechó el momento de descuido para saltarse la fila, la policía cargó contra el tumulto que se organizó y el paso se cerró inmediatamente hasta el día siguiente. De esta manera, nos quedó clara la arbitrariedad con la que se abre o cierra una frontera.

De este suceso presentamos queja ante la Delegación de Gobierno.

Ya por la tarde, pasamos un rato con los menores en un partido de fútbol organizado en la barriada de la Cañada Real, donde conocimos a estos niños que la sociedad criminaliza mientras que sus únicos deseos son estudiar o jugar.

La siguiente parada fue el CETI (centro de estancia temporal de inmigrantes) donde llegan los migrantes cuando logran pasar la frontera. Allí les invitamos a unirse a nosotrxs en un gran círculo de silencio por aquellos que lo intentaron y no lo consiguieron. El acto fue muy emotivo.

Nuestro último día en Melilla culminó con una gran manifestación: desde el centro, hasta donde el mar se une a la valla para ser frontera, para romper sueños, para impedir una vida mejor. Allí donde se deporta en caliente, donde el trato vejatorio y la represión es continua. Allí decimos adiós a la Melilla indiferente e insensible e intentamos darle impulso a la Melilla solidaria, la que colabora, ayuda y protege, para que no se sienta sola y sepa que, aun en la distancia, somos muchxs y seremos más.

En la tarde noche, Almería nos recibe con una alegría que nos anima y estimula. Entre cánticos y reivindicaciones, simulamos ser el mar de plástico en el que se ha convertido esta ciudad y del que somos conscientes al día siguiente al visitar los invernaderos y uno de los mejores asentamientos que crecen a su vera. Allí conocimos de primera mano historias de migrantes que viven en condiciones de infravivienda o que trabajan en situación de semiesclavitud.

Al mediodía llega la despedida pues muchxs tienen un largo camino de vuelta a casa. Lo hacemos entre abrazos sinceros, nuevos planes y recuerdos imborrables. También con la sensación de haber vivido una experiencia única, que nos hará mejores personas y que nos hace sentirnos orgullosxs de haber formado parte de este gran proyecto.

LA FATIGA DEMOCRÁTICA

Desde Francia con Amour

"Nos dijeron que los manifestantes no tenían ningún propósito. No les faltaba razón: solo querían vomitar el mundo" Romain Gary

Nos cansan

¡Oh que si nos cansan, pero no nos van a doblegar!.
Como sabemos, la farsa se gestó desde el principio. Fue el abad Sieyès – autor de ¿Qué es el Tercer Estado? y defensor de la nación como poder constituyente – quien nos enseñó la diferencia entre representación y democracia. El topo de la revolución – como le llamaba Robespierre – decía en 1789: «Los ciudadanos que designan a sus representantes renuncian y deben renunciar a hacer ellos mismos la ley; no tienen ninguna voluntad particular que imponer. Si dictaran sus voluntades, Francia no sería este estado representativo; sería un estado democrático. El pueblo, repito, en un país que no es una democracia (y Francia no debe serlo), no puede hablar, sólo puede actuar a través de sus representantes.» Breve lección para los devotos de la actual parálisis que ven – todavía – en las elecciones un fundamento democrático. La llamada Democracia no existe, o en cualquier caso, nunca donde se la nombra.

El imperio de la ley está en avanzado estado de putrefacción. La ley, despojo titubeante, que una vez mantuvo al Todo en orden, ni siquiera sabe de dónde le vienen los golpes: ¡bim! reforma laboral, ¡bam! reforma del derecho penal, ¡bum! juezas y jueces vilipendiados cuando tocan a políticos corruptos o a sus perros guardianes. Lo que hemos aprendido desde finales de 2015 es la tranquilidad con la que el ordenamiento jurídico ha mutado hacia un estado de excepción. Excepción que se ha convertido en regla.

Hemos re-aprendido a nuestra costa lo que Walter Benjamin señaló en su Tesis sobre la filosofía de la historia: «La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el que vivimos es la regla. Debemos llegar a una concepción de la historia que corresponda a este estado. Tendremos entonces ante nuestros ojos nuestra misión, que consiste en procurar el advenimiento del verdadero estado de excepción: así nuestra posición frente al fascismo se verá en consecuencia reforzada».

¿Cómo lidiar con este desastre, con el ascenso del fascismo, de los racismos, con el estado de excepción permanente, con el gobierno autoritario, con la destrucción de nuestras comunidades, con el exterminio de la biodiversidad? Preguntas tan enormes que casi nos abocan a esperar la llegada del Mesías. La tarea es inmensa, pero nada va a pasar mientras permanezcamos inmóviles. Una certeza: en la actualidad no hacer nada es suicida. Y vomitar no es suficiente.

Salimos a buscar noticias a ninguna parte atrapados entre la esperanza y la fatiga, entre la memoria comunalista y la decepción electoral. Aquí os presentamos algunas observaciones.

Algunas chispas en tiempos suicidas

Fueron cientos quienes optaron por galopar alegremente por las calles de París antes de la primera ronda de las elecciones «Pestilenciales». Esta ovejas negras oscilaban entre dos estados opuestos. Por un lado quienes cedieron a la omnipresente propaganda republicana y sus mandatos a votar. Por otro a quienes el zumbido de sus neuronas les decía que la máquina había gripado y estaba a punto de descarrilar. Esta última sensación se manifestó en pequeños detalles, ligeras fisuras, irrupciones de poesía callejera en los muros de Babilonia.

Sí, el gran circo electoral tiene al menos una virtud: los muros son menos grises de lo habitual en París. Pintadas más o menos inspiradas, más o menos políticas, más o menos irreverentes. Los carteles «oficiales» eran cuantitativamente más numerosos – La Francia Insumisa de Melenchon y el «Frexit» de Asselineau monopolizaron las discusiones, sus devotos rezumaban un stajanovismo optimisma rozando la patología – pero las llamadas al boicot no se quedaron atrás, incluyendo los de la autoproclamada «Generación ingobernable».

¿Anecdótico? No tanto. Estas inscripciones en los muros traducen la omnipresencia de un sentimiento cada vez más compartido: durante este final de campaña con hechuras de patio de manicomio, al rey republicano nunca antes se le había visto tan desnudo y ridículo. En el libro  La miseria de la política[1], un Comité Erótico Revolucionario resume la situación: «Lo podemos afirmar sin lugar a dudas: rara vez una campaña presidencial se ha llevado a cabo con tanto cinismo y demagogia, desprecio y mentira, con todos los candidatos presentándose como «anti-sistema» mientras son sus patentados defensores«.

Y puesto que el gran Barnum[2] es cada vez más lamentable, no sorprende observar movilizaciones, no ya contra los bufones responsables de la representación, sino contra el principio mismo de su existencia.

Debates entre primera y segunda vuelta

«Todo no ha sido exterminado, todavía queda un rayo de esperanza. Si no nos lo creemos entonces todo estará acabado. Yo me lo creo. Estas palabras son de Oreste Scalzone durante una movilización después de la primera vuelta. De origen italiano, Oreste jugó un papel central en el movimiento autónomo siendo co-fundador del movimiento Potere Operaio en 1969, activismo que le llevó al exilio francés. Esa noche evoca ante medio centenar de personas su libro colectivo La miseria de la política, alegato implacable contra el sistema político contemporáneo, recordando que «la crítica radical al capitalismo sólo puede proceder de un rechazo también radical a sus instituciones políticas y jurídicas.»

Este libro reúne diversas voces de la izquierda radical que han optado por el rechazo a las urnas como un preámbulo necesario. Clement Homs, coautor, dice la «política» y la «economía» son sólo esferas de la misma totalidad social, subsistemas complementarios que se refuerzan. El Estado es, pues, la otra cara de la mercancía, como la mercancía es la otra cara del Estado».

La acción política propuesta está al margen del sistema existente. Tratar de poner los cimientos de una insurgencia basada tanto en el rechazo como en la creación de nuevos posibles. La chispa es necesaria ya que permite abrir grietas. Otro orador habitual en contextos autónomos parisinos conocedor del México insurgente recordaba que «el espacio de autonomía zapatista fue creado al principio desde un enfoque de insurgencia violenta. Fue entonces cuando las bases más estables fueron capaces de desarrollarse».

La resaca

Es difícil describir la alegría generada tras una manifestación espontánea. Un paseo libre y ofensivo, salvaje. El galope de doscientas personas por las calles de París arañando la superficie de la apatía durante dos horas es de una eficacia política dudosa. Pero deja una pequeña victoria; la impresión de conquistar durante un corto período de tiempo un espacio donde lo político, aún siendo anecdótico y difuso, retoma algo de sentido. Una observación  bien formulada por Lola Lafon[3]: «Lo que hacemos esta noche es inútil. No cambiará nada. Escribiremos palabras en la ciudad. Algunas miradas pasarán[…], se pararán, las interrogarán. Un respiro de cuestiones en un espacio cuidadosamente ordenado de respuestas infalibles que se suceden unas a otras». Esto es exactamente lo que sucede este 24 de abril deprimente después del anuncio de la victoria de los psicópatas.

«Una cosa me sorprende enormemente,

[…] en estos tiempos científicos desde los que escribo,

que después de los escándalos cotidianos,

todavía pueda existir en nuestra querida Francia […]

un votante, un solo votante, este animal irracional,

inorgánico, sorprendente, que consienta

perturbar sus asuntos, sus sueños

o sus placeres, para votar a favor de

alguien o de algo. »

Artículo original de Émilien Bernard para el CQFD de mayo 2017. Traducido y adaptado por Óscar Acedo, Equipo de El Topo.


[1]Obra colectiva en la que participan Jérome Baschet, Oreste Scalzone y Clément Homs (2017, Divergences)

[2]Cirquero maestro de la manipulación psicológica

[3]Libro “Nous sommes les oiseaux de la tempête qui s’annonce” (2011)

Expolio y deportación: un flujo ininterrumpido

Cuando este Topo salió a la luz, ya había tenido lugar el vuelo de deportación a Nigeria. Activistas de la Campaña por el cierre de los CIE y el fin de las deportaciones trabajan para difundir la alerta.

Hoy es 23 de abril, y acabamos de enterarnos de que Frontex prepara un operativo de expulsión para el 3 de mayo. Así figura en la orden de internamiento de un migrante nigeriano encerrado en el Centro de Internamiento de Aluche. ¿En qué consiste la alerta? Se trata de llegar al mayor número de personas de nacionalidad nigeriana sin papeles para avisarlas de que, en estos diez días que preceden al vuelo, las posibilidades de sufrir una redada racista o de ser convocadas a la oficina de extranjería con cualquier pretexto –para ser detenidas allí– se multiplican. Desde que en septiembre de 2013 arrancara nuestra investigación de los operativos de deportación, ha ido aflorando progresivamente la atroz vinculación entre redadas racistas y dispositivos de expulsión, el carácter planificado y burocratizado de una tarea que, para los cuerpos policiales, se convierte en rutinaria: llenar un avión mediante verdaderas cazas de migrantes, perseguidxs en razón de su nacionalidad. Las brigadas de extranjería siguen funcionando, pues, por «objetivos», es decir, cupos: la misión es llenar cada avión con la carga humana correspondiente.

Si hasta hace unos años el ciclo de captura, encierro y deportación era más lento –la mayoría de lxs deportadxs pasaban varias semanas (hasta un máximo de dos meses) internadxs en un CIE antes de la expulsión–, en los últimos tiempos la maquinaria represiva se ha sofisticado, de manera que muchas de las detenciones se ajustan a los días y horas previas al vuelo para no tener que recurrir al internamiento. El período máximo de 72 horas de calabozo se convierte en tiempo suficiente para tramitar y ejecutar la deportación. Como si la cadena de montaje expulsora se adaptara al just in time de la producción flexible. Es la deportación exprés.

Por otro lado, en los últimos años esta maquinaria ha devorado a buena parte de la población reclusa extranjera. En diciembre de 2009 había unxs 27 000 presxs extranjerxs en las cárceles españolas; en diciembre de 2016, 10 000 menos. Del descenso total de la población reclusa –que cae en ese mismo período de 76 000 a 60 000 presxs–, el 60 % es de población extranjera. Daniel Jiménez Franco, en una reciente charla que ofreció en Cambalache, respondía a la pregunta «¿cuánto encarcela el Estado?» con una frase breve y contundente: «Todo lo que puede». En su libro Mercado-Estado-cárcel en la democracia neoliberal española, muestra cómo el encierro se multiplica durante el período del «milagro económico» y cómo el negocio de las cárceles pisa el freno bajo el impacto de la crisis de acumulación capitalista. Una de las principales maneras de vaciar los talegos –que conste que el número de presxs sigue siendo elevadísimo–, ha sido y es la expulsión del territorio.

La batalla por el contrato de las deportaciones

Desde el año 2013, el Ministerio del Interior saca a concurso el contrato para que las compañías aéreas se disputen el privilegio de fletar los vuelos de deportación. Contrato que, por valor de cerca de 12 millones de euros anuales, ha ganado en el período 2013-2015 la Unión Temporal de Empresas (UTE) formada por Air Europa (Grupo Globalia) y Swift Air. En 2016, otra UTE –Viajes Barceló y Air Nostrum (filial de Iberia)– ha arrebatado el macabro contrato a Globalia. El resto de compañías participan del régimen deportador a través de los vuelos comerciales: se trata de deportaciones de migrantes tomadxs de unx en unx, escoltadxs por un par de maderos que tratan de pasar desapercibidos en la parte trasera del avión. Hay todo un rastro en Europa de personas asfixiadas –asesinadas– por sus escoltas. Si formas parte del pasaje de uno de esos vuelos, pequeños actos de desobediencia –no sentarte en tu asiento, negarte a ponerte el cinturón de seguridad, protestar ante la tripulación, buscar la complicidad de otras personas para que te secunden– pueden significar la cancelación de la expulsión.

Reinventando Frontex y el Plan África

A escala europea, hace unos meses asistimos a la creación de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas. Entre las principales novedades de esta agencia sustituta o reinventora de Frontex está su capacidad de despliegue con agentes propios –1500 guardias, de los que España aporta 111–. La nueva agencia llevará a cabo «intervenciones fronterizas rápidas» ante la llegada «masiva» de migrantes –incluso contra el criterio del Estado donde se realice la intervención– y se propone incrementar exponencialmente su capacidad deportadora. Si la antigua Frontex sobre todo coordinaba y financiaba a los países de la UE para realizar vuelos en común, ahora la agencia fletará sus propias naves.

Por otro lado, mediante una estrategia similar a la que el Estado español llevó a cabo a partir del año 2006 con la aprobación del Plan África, la UE trata de gobernar su frontera sur mediante acuerdos de cooperación con países africanos a cambio de control migratorio y deportaciones. El objetivo es claro: «(…) el éxito de esta estrategia se medirá por la tasa de retornos», dice la burocracia europea. De los cinco países con los que se han suscrito estos acuerdos –Nigeria, Senegal, Mali, Níger y Etiopía–, tres son destino habitual de las deportaciones desde España. El del 3 de mayo habrá sido el tercer vuelo a Nigeria en los cuatro primeros meses de 2017. En los años noventa –nos decía un piloto–, viajaba en uno de esos aviones un inspector español con un maletín lleno de pasta para negociar la carga humana con las autoridades nigerianas. Veinte años después, lxs deportadxs siguen volando por la fuerza a Lagos. Y desde Nigeria sigue llegando a España un continuo flujo de petróleo y gas. También de mujeres para el floreciente mercado europeo del sexo. El crudo viaja protegido por los ejércitos occidentales. Ellas –en su doble condición de mercancía y de mujeres que luchan por una vida vivible– atraviesan un infierno –mucho más infierno que un simple e infinito desierto– para llegar a España. Aquí, el Estado, erigido en defensor de las víctimas de explotación sexual, monta redadas racistas en los clubes, las encierra en los CIE y los calabozos y las deporta en aviones de Barceló. Luego, promueve reportajes a doble página en El País contra la trata.

Trump:

el legado de Obama

Cuando los principales medios de comunicación están de acuerdo sobre un tema, conviene siempre indagar un poco. Tanto durante la campaña electoral como después de su triunfo, Trump parece presentar la síntesis de todos los «males». Indudablemente, se trata de un inescrupuloso empresario millonario que utilizó todo tipo de estrategias y discursos políticamente incorrectos para ganar votantes. ¿Pero, qué hay del escenario internacional y nacional construido por el gobierno demócrata? ¿Y qué sucederá con las promesas de campaña?

El terreno preparado por Obama

Más allá de la imagen y discursos, si consideramos decisiones y hechos se hace complicado hacer una separación entre «buenos y malos», como la que le gusta presentar a la prensa hegemónica. El gobierno de Obama llevó a cabo diversas intervenciones armadas y «humanitarias», terminó la guerra de Irak pero persistió en la de Afganistán y apoyó el desastre de Libia. El presupuesto de defensa durante su último gobierno ha sido uno de los más abultados de la historia de su país, alcanzando los 585 000 millones de dólares. Obama rescató a los magnates de Wall Street en la crisis inmobiliaria y abandonó a los trabajadores estadounidenses a su suerte. Pasado el pico de la crisis de 2008, los gerentes de grandes empresas comenzaron a ganar 343 veces de lo que ganan lxs trabajadorxs promedio en Estados Unidos. En 1980, esta diferencia era de 48 veces. Además, los gerentes de los 25 hedge funds más importantes pasaron de ganar 750 millones de dólares en 2006[i], a ganar más de mil millones de dólares en 2009.

En cuanto a las denominadas «minorías», lxs trabajadorxs negrxs y migrantes, la diferencia entre el salario de lxs trabajadorxs negrxs en el mismo trabajo desarrollado por lxs blancxs fue del 27%, la más alta de los últimos 40 años. Todavía el gobierno de Obama ha batido otro récord deportando a casi tres millones de personas. Y para lxs que se quedan existe un enorme complejo industrial-carcelario: Estados Unidos es líder a nivel mundial en cantidad de presxs (2,2 millones de personas en la cárcel y más de 4,8 millones en libertad condicional), siendo lxs negrxs y latinoamericanxs el 39% de la población carcelaria[ii].

Las promesas electorales

De una feroz retórica «anti establishment» durante su campaña, Trump gana las elecciones y deviene en un político para el establishment. Su equipo de gobierno reúne a privilegiados que suman una fortuna mayor a los 11 000 millones de dólares. Considerando que una de las «preocupaciones» eran las condiciones de lxs trabajadorxs mal pagadxs y precarixs, es difícil afirmar que estos millonarios se dedicarán, esta vez sí, a cambiar tales condiciones.

Trump se pronunció contra la expansión de empresas transnacionales y los tratados de libre comercio que generan desocupación y bajos salarios en EE. UU. Sin embargo, eligió a Rex Tillerson, gerente general de Exxon Mobil, como Secretario de Estado, el puesto clave de política exterior. Lo eligió porque «confía en sus conocimientos en materia de diplomacia extranjera, debido a su vasta experiencia como negociador de la petrolera, cuyas operaciones están presentes en más de 50 países». Esta experiencia es «especial» con Rusia, lo que ha reanimado los discursos apocalípticos de Guerra Fría. Pero Trump está en lo cierto: el petróleo constituye el corazón del imperialismo estadounidense, que al menos desde fines de la Segunda Guerra Mundial, se materializó especialmente en la imposición del mercado (a sangre y fuego) en los países que pretendían soberanía sobre sus recursos. Comenzando por el derrocamiento de Mossadeq en Irán (1953), pasando por las sanciones a Velasco Alvarado en Perú (1969), hasta las intervenciones en Oriente Medio y la guerra librada contra Venezuela en la actualidad.

Tales experiencias demostraron que los negocios funcionan mejor si están respaldados por la fuerza militar. De esto parece estar enterado el próximo secretario de Defensa, el general John F. Kelly, excomandante del Comando Sur. En una conferencia le preguntaron cómo eran las relaciones con los países de América Latina y afirmó: «…Le gustamos a todos los países de la región. Quieren asociarse a nosotros. Les gustan nuestras cosas ya sean de Waltmart o productos militares. Les gusta comprar cosas estadounidenses»[iii]. Este hincapié en una diplomacia o expansionismo comercial no se contradice con posibles medidas que protejan la economía estadounidense, combinación que fue clave para el posicionamiento de este país como potencia desde principio del siglo XX.

Indudablemente, una de las promesas que más aterraron a la comunidad internacional fue la amenaza de Trump de desvincularse de la OTAN debido al gasto desmesurado que implica para EE. UU. Sin embargo, se publicitó menos el hecho de que en su última gira por Europa, Obama presionó a los miembros de la Alianza para aumentar el presupuesto de defensa al 2% del PIB. Esto resuelve el reclamo de Trump, quien probablemente mantenga los cientos de bases en el extranjero, además del arsenal y despliegue de programas de seguridad e inteligencia sin necesidad urgente de aumentar el ya abultado presupuesto legado por Obama.

Por último, ante las denuncias de antisemitismo (y la elección del ultraderechista Stephen Bannon como Consejero), la postura de Trump fue siempre pro Estado de Israel, además de mantener excelentes relaciones (incluso vínculos familiares) con la elite judía. No, no abandonará al Estado de Israel a su suerte[iv].

Gracias a Trump tenemos frente a nosotros un indicio de realidad: demócratas y republicanos han cuidado y expandido las prácticas imperiales que obligan al mundo entero a estar atentos a las elecciones del presidentx del mundo cada cuatro años, quien es elegido mediante un sistema elitista y anquilosado, con cada vez menor participación en las urnas, organizado por y para una minoría privilegiada, la misma que financió la campaña de Hillary Clinton y que ahora procurará mantenerse en el poder con su colega Trump, quien, después de todo, no es «tan distinto».


[i]  Stone, Oliver y Kuznick, Peter (2012). The untold history of the United States. NY: Gallery Books, p. 554.

[ii]  Les, Leopold, «How did we become an incarceration nation?» Huffington Post, 11 febrero 2015 

[iii] Kelly, John F «Leading at the Nexus of Development and Defense» Conferencia en el Center For Strategic and International Studies, 23 octubre 2016, Washington.

[iv] Petras, James «Trump and the ‘collapse of capitalism´: foibles, fables and failures, the financial press and its keepers». Global Research, 23 noviembre2016.

Una historia de violencia.

Apuntes para entender a lsx maestrxs mejicanxs

El pasado junio lxs maestrxs mexicanxs de la ciudad de Oaxaca saltaron las fronteras de las noticias internacionales. Después de una semana de movilización y bloqueos de carreteras, las fuerzas de la policía federal se enfrentaron a lxs maestrxs organizadxs en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), dejando un saldo de 11 muertxs, decenas de heridxs y detenidxs.

Por otra parte, hace dos años que el magisterio de este país también trascendió las noticias cuando 43 jóvenes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa fueron desaparecidxs, dentro de un escenario en el que lo único transparente es la brutalidad de los hechos. Las protestas en la que estaban involucradxs en el momento de su desaparición eran cotidianas en el estado de Guerrero, uno de los más castigados por las fuerzas del Estado, debido a su historia insurgente. En este contexto y junto a la cantidad de pruebas que lo afirman, la coordinación del Estado con las mafias parece ser la idea más sensata.  

Estos sucesos tienen más relación entre sí que ser protagonizados por maestrxs mexicanxs. Tomando en cuenta sus diferencias y particularidades, ambos tienen la raíz en el profundo y antiguo proceso de descomposición social que vive México, sumado a la tradición de resistencia de una parte del magisterio del país. Sin embargo, es ahora, durante la legislatura del actual presidente Enrique Peña Nieto, cuando el nivel de tensión se reflejó en las noticias. Cuando el actual presidente tomó el Gobierno, empezó a gestionar —en coordinación con los partidos políticos en el marco del acuerdo «Pacto por México»— una serie de reformas estructurales para el Estado mexicano. Estas reformas fueron argumentadas como una manera de romper viejas inercias, estructuras corruptas e ineficiencias ancladas en los aparatos del Estado. Una parte de la ciudadanía y la mayoría de los movimientos sociales observan en estas iniciativas un intento de privatizar los recursos públicos, como por ejemplo el petróleo y los hidrocarburos, la salud y la educación. En este contexto fue aprobada la Reforma Educativa a inicios de 2013.

Como parte de esta reforma, crearon un examen homogéneo al que deben someterse lxs trabajadorxs del magisterio de todo el país. Una gran cantidad de maestrxs organizadxs protestan contra esta prueba, argumentando que su rechazo no es a ser examinadxs, sino a las consecuencias punitivas que derivan del resultado. En un proceso de tres fases, lxs maestrxs que no superen las pruebas serán despedidxs. Consideran que esta reforma es en realidad una reforma laboral disfrazada de interés por la educación.

Una analogía ilustra claramente esta idea. Manuel Gil Antón, de la asociación civil Educación Futura, hace la analogía del sistema educativo mexicano con un autobús descompuesto: «El sistema educativo es un viejo camión (autobús) muy maltratado que tiene cincuenta años de antigüedad, el motor está dañado, tiene los asientos chuecos y las ventanillas están rotas. El camión transita cuesta arriba por un camino lleno de baches y bajo una tormenta. El camino son las condiciones del país, con todos los problemas económicos, sociales, de inseguridad, delincuencia organizada, impunidad, violencia, asesinatos, desapariciones forzadas, corrupción desbordada, tráfico de influencias y cinismo descarado de las autoridades; y la tormenta es el momento político que se vive en un país sumido en el caos.

El chofer del viejo camión es el maestro, al que todo mundo le falta al respeto porque no puede meter bien las velocidades y se la pasa renegando. La gente quiere que el camión vaya más rápido en ese camino lleno de baches, y el gobierno decide ponerle una corbata nueva al chofer para mejorar el servicio. Pero como de todos modos no se avanza rápido, el gobierno le reclama al chofer y anuncia que le va a hacer una prueba para ver si sabe manejar, y si no pasa el examen decide enviarlo a cursos de capacitación y lo amenaza con el despido si no mejora; es decir, en lugar de arreglar la carretera inservible y reparar el autobús destartalado, le echa la culpa al chofer por los problemas del transporte»[1].

La administración de Enrique Peña Nieto significó el regreso en el 2012 del PRI al Gobierno, después de un periodo de 12 años de gestión del conservador Partido de Acción Nacional (PAN). Antes de eso, el PRI había controlado de manera homogénea todas las estructuras de Gobierno durante 71 años seguidos. Una de las maneras más eficientes del PRI de ejercer influencia y control en todo el territorio fue a través del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). De alguna manera, este sindicato es fruto de la corrupción y de las prácticas de políticas que se incubaron en este partido durante todas esas décadas. El SNTE ha sido aliado de los partidos, principalmente del PRI, en periodos electorales, intercambiando el voto de la población sobre las que el sindicato tenía influencia a cambio de favores políticos. Esta relación de poder, unida a la descomposición interna del sindicato han contribuido al imaginario de lxs mexicanxs que relata la figura del maestro como tramposo, haragán y corrupto.

En el mismo marco, en 1979, surgió la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, creada por maestrxs disidentes, y con una estructura actual de miles de maestrxs y varias reivindicaciones logradas a sus espaldas. Su trayectoria ha estado vinculada a los movimientos populares y tienen una presencia más fuerte en la Ciudad de México y en el sur del país: Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero. Estados con un mayor índice de insurgencia y población organizada.

En este momento, el Gobierno negocia las reformas y políticas públicas sobre educación con empresarios aglutinados en Mexicanos Primero y el sindicato SNTE, y tiene una confrontación abierta con la coordinadora CNTE, que se opone abiertamente a esta reforma y que piden ser tomados en cuenta en las soluciones que les competen. Mexicanos Primero es un grupo de empresarios ligados a los medios de comunicación, especialmente Televisa, que influyen enormemente en los gobiernos mexicanos y muy especialmente en la gestión de Peña Nieto. 

¿Por qué destruir la escuela pública en lugar de fortalecerla? Porque forman parte de una mentalidad que no se ha formado en lo público, sino en escuelas y universidades privadas; y creen que la excelencia académica es la base del progreso, sin tomar en cuenta muchos otros factores como la desigualdad y la descomposición que sufre el país.  Por otra parte, la privatización, ya sea de forma directa a través del fortalecimiento de la escuela privada, o de forma indirecta a través de la contratación de servicios privados en el entorno público, es un negocio muy jugoso en un país de 122 millones de habitantes. Para que esto sea una realidad tienen que desarticular las resistencias que se encuentran con todas las herramientas de las que dispone el poder. Nada extraordinario porque durante muchas décadas el relato del Estado hacia lxs maestrxs ha sido una historia de Violencia.


[1] Cita de Jorge A. Rosales Saldaña, La Reforma Educativa de Peña Nieto y Televisa

Nuit Debout:

El mes más largo

Las noches de la Nuit Debout (Noche en Pie), el movimiento nacido en París un 32 de marzo1, no tienen fin. Una suma de singularidades y encuentros imposible de resumir o definir. En las próximas líneas relataremos algunas de estas lunas, que no ocupan lugar en el calendario, que no pretenden iluminar y que no se pueden poner al día. Un humilde recuerdo de alegres despertares, salpicado de olvidos inciertos.

«Contrariamente al orden cósmico, existen en la historia días en que no sale el sol. Para mostrarse, las novedades se disfrazan, lo que sofoca al hábito prestado, el de ayer. Este momento frágil es también el de la decisión humana que va a elegir entre los destinos posibles. A ese instante que permite entrever una mutación, corresponde la huella de algunas palabras que en el resquicio de un sistema, anuncian el color de otra cultura que toma la palabra de manera diferente»2.

Michel de Certeau, «El poder de la palabra», 1968.

Noches sin sueño

Al principio uno se queda pasmado; porque se están cociendo otras luchas, porque recordamos los precedentes y nunca se sabe si acabará ardiendo, antes de que arda. No te zambulles de inmediato; antes metes la punta del pie para probar el agua. Es extraña esa sensación de nadar en mar enemigo: plaza de la République. En este modelo de no lugar haussmaniano aún se respira el sudor de los jefes de Estado desfilando tras los atentados. Vemos a quienes vienen a honrar a las víctimas; por ejemplo, a una señora con un abrigo chic que se pasea entre las velas encendidas en su recuerdo. Desde arriba, entre cánticos etílicos y gritos de revuelta, la observa la estatua de Marianne, el símbolo de la República, testigo de la historia. Junto a inscripciones en homenaje a Charlie y a los fallecidos en Bataclan, se puede leer: «¡A por los ricos!», « ¡Abajo el Estado, los maderos y la Unef 3!», «Solidaridad con los refugiados». Estos mensajes dicen más que una tediosa soflama: la escena ha cambiado.

Al principio, uno no sabe de qué hilo tirar para saber de dónde viene esa Nuit Debout de la que todxs hablan: Occupy, la plaza Tahrir, el 15M, las asambleas del barrio de Exarchia. Aquello que parecía impensable hace aún unos meses, quizás sí que esté sucediendo. En pleno estado de excepción, en un momento en que la derecha reaccionaria se había adueñado de las últimas grandes manifestaciones mediante las protestas contra el matrimonio homosexual, en que los fríos años de invierno del neoliberalismo entumecían nuestras aspiraciones políticas, en que creíamos menos que nunca… resulta que en esta irrespirable capital existía gente dispuesta a ocupar una plaza y a volver a abrir las ventanas a la primavera.

Cae la noche y se empiezan a montar los puestos: una librería libertaria, un comedor popular, una mesa para los economistas de izquierda, otra para los ecologistas, para los sin papeles, y la tienda del DAL, la asociación por el derecho a la vivienda que pidió a la prefectura autorización para la ocupación de la plaza. Se escucha el crepitar de las salchichas alrededor de las latas de cerveza abiertas. Muy guay pero… al asombro le sigue la desconfianza: ¿no será la Nuit Debout otra versión de la fiesta anual del Partido Comunista? ¿Una mera válvula de escape? En una mitad de esta inmensa plaza, la gente baila, da tumbos, festeja. Perroflautas, raveros, mendigos del lugar, pies negros con birras, estudiantes de secundaria, los pesados de los timbales y sound systems. El DJ está subido en una carretilla. Abajo, han garabateado en rotulador: «Nada detiene al pueblo que baila». Vale, Emma, lo del baile está muy bien pero ¿y la revolución4?

Quizás en la otra mitad de la plaza. Nos abrimos paso entre la multitud. Oculta tras un semicírculo de gente de pie, encontramos una marea sentada. Ante un escenario y altavoces, manos levantadas se mueven dibujando un oleaje de códigos: reconocemos los signos asamblearios que se veían en España tras el 15M o en las cumbres altermundialistas post Seattle: agitar las manos en señal de aprobación, cruzar los brazos en alto para el disenso total, agitar la mano con el pulgar y el índice levantados para pedir una respuesta directa, etc. Mil maneras de expresarse sin abucheos, bravos ni interrupciones.

Noche de verano

Aunque por la noche haga fresquete, de repente entramos en calor sentados en medio de desconocidxs, escuchando las enérgicas intervenciones que se encadenan. Proclamas titubeantes. Algunas personas se sacan chuletas con manos temblorosas, otras se vuelven poéticas, estallan, ríen. No hay un discurso igual, pero todos reciben la misma atención. A veces absurdos, a menudo sorprendentes, siempre atrevidos, una sucesión de primeras veces se intercalan con discursos más profesionales. Colectivos de migrantes, personajes varios, el exministro griego Varoufakis, poetuchos urbanos, vejetes soltando peroratas trasnochadas, jóvenes de los suburbios o miembros de esas comisiones creadas a medida que trascurren las noches. Es el turno de la Comisión de Feminismo: «No paran de manosearnos. ¿Cómo conseguir que las chicas se sientan a gusto aquí, o que la atención no decaiga pasadas las diez de la noche, tanto a un lado como a otro de la plaza? Todos y todas debemos organizarnos para que la Nuit Debout siga siendo acogedora. Aquellas de vosotras que queráis hablar, venid conmigo detrás del escenario y buscamos otro sitio donde sentarnos».

Una decena de mujeres vadean la asamblea para unirse a ella. Un anuncio de los moderadores interrumpe la escena: «Al otro lado de la plaza la policía ha rodeado a los músicos». En un abrir y cerrar de ojos no queda un alma en la asamblea: han ido a presionar a la poli. Diez minutos más tarde todo el mundo está de vuelta. A ras de suelo, se escucha el oleaje de comentarios de quienes vuelven a poner los oídos en la asamblea: «Sienta bien hablar», «¿Pero por qué hemos esperado tanto?».

Al día siguiente, sobre la una de la tarde, las nubes dejan por fin pasar algunos rayos de sol. Diseminados entre las carpas y otras tiendas que aún se están montando, se van formando lentamente pequeños círculos. En medio de cada uno, un cartel anuncia el tema de discusión. Por un lado están las comisiones: Libertad de Expresión, LGBT, Enfermería, etc. Y por otro los debates «oficiosos»: sobre antiespecismo, cómo actuar en la clandestinidad, cómo no convertirse en un partido… Nos sentamos junto al grupo que está discutiendo sobre violencia policial y controles de identificación por perfil racial.

Tras una sesión de educación popular sobre el estado de derecho, viene el debate. Abdalá, un anciano de rala barba blanca, impaciente, apenas si puede esperar su turno de palabra. «Hago un llamamiento a todas las personas de mayor edad como yo para plantarse delante de la policía e impedir que nuestros hijxs o nietxs tengan que sufrir controles. ¡Ya basta de tener miedo!». Llega el turno de un treinteañero cabreado: «Que te controlen cuatro veces al día, con brazos y piernas abiertas contra la pared, no sirve precisamente para reforzar el sentimiento de pertenencia a la sociedad. Y encima si uno se niega enseñar los papeles, ¡a la comisaría! De todas todas uno acaba sintiéndose humillado. Póngase en mi lugar por unos momentos, ¿eh?», lanza a una jueza, miembro del sindicato de la magistratura.

En otro círculo, un sin papeles se dirige desafiante —mira por donde— a la Comisión de Sin Papeles, compuesta ese día de una decena de personas. «¡Vaya mierda!», escupe cabreado. A pocos pasos, dos punkis le reprenden: «¡Ei, tranqui, no hace falta hablar así!». El otro se enciende: «¡Vosotros no os enteráis de nada!». Y dicho esto se larga con aires señoriales. Esta vez no ha salido bien. A veces, la cosa no va; a veces, sí. Alejada del tumulto, una mujer lleva una pancarta que indica que está especializada en «el Zorro y California a principios del siglo XX», el tema de su tesis. Un friki blancucho se acerca a ella y entablan un diálogo de besugos. Él le habla de videojuegos, y ella le responde hablándole de Bernardo. Claramente esos dos necesitan palique. Tan sencillo como eso. Enseguida, él le cuenta que dejó el colegio, que ese movimiento es para él una bocanada de aire fresco. Casi se pone a llorar. Justo detrás, alguien anuncia por el micro: «Raphaël nos va a contar su experiencia en Rojava». Un rubio grandote y pálido, con una cola hasta la cintura, se acerca y se pone a hablar de los hospitales de Kobane, de la guerra contra el Estado Islámico, del infame caos de la geopolítica, de los combatientes kurdos y lo valientes que son. Unas diez personas lo escuchan embelesadas. Y así el resto del día, mezclándose las causas más nimias y las más importantes, entre mensajes personales y vivificadores.

Tras una decena de noches y días en la plaza, de una cosa no hay duda: lo siento por quien se pique, pero esto no es un encuentro de pijos progres. No hay nada idílico, pero aquí todo, o casi todo, se intenta llevar a la práctica y se experimenta, con la torpeza y a veces con la suerte del/a principiante, precarixs en su mayoría. En definitiva, es estimulante. Alrededor de la plaza se imparten talleres: de jardinería, donde se intercambian experiencias sobre semillas; de género y sexualidad, donde se pierde más tiempo intentando explicar el concepto de espacio no mixto a los tíos allí agolpados que en discutir de los temas previstos; o incluso sobre mobiliario móvil, donde se enseña a fabricar bancos y mesas con ruedas hechos de palés cortados, lijados y pintados. Los primeros pasos, de pie.

Noche en blanco

Una noche más, una asamblea más. En el orden del día, un tema controvertido: los actos «violentos» en las manifestaciones contra la reforma laboral. Los medios de comunicación y políticos han instado a la Nuit Debout a posicionarse al respecto, así pues la Comisión de Comunicación está encargada de redactar un texto. Tras debatirla y votarla, la asamblea vuelve a rechazar la segunda versión por ser demasiado ambigua. La mayoría de la asamblea de hoy se niega a que la Nuit Debout condene públicamente la rotura de escaparates de bancos o las estrategias de defensa de los manifestantes ante la violencia policial. El portavoz de la comisión se cabrea: «¡Llevamos 48 horas currando —explica—; estamos muertos!». Invita a aquellxs que disientan a que se reúnan para volver a tratar el asunto. Vuelta a empezar: más de cincuenta personas presentan argumentos a favor y en contra durante tres intensas horas. Conclusión: la Nuit Debout no tiene por qué condenar nada, y lo que es más importante, no tiene por qué adoptar ninguna posición oficial sobre esos temas.

Ni representantes, ni comunicados, ni sometimiento a la lógica de los medios de comunicación: el movimiento ensancha su espacio de libertad. La plaza sigue siendo un espacio de encuentro, de opiniones encontradas, de experiencias diferentes o de estrategias complementarias. El rechazo al antiguo mundo exige ese rechazo a seguir sus lógicas; así, tanto las acciones como los discursos se van elaborando a lo largo de discusiones contradictorias. No obstante, el movimiento no olvida en ningún momento de donde viene ni sus prerrequisitos políticos, ya sea en la asamblea, en las comisiones o, por ejemplo, en un encuentro inesperado con taxistas que han venido a apoyar la ocupación de la plaza al acabar el servicio. «La precariedad afecta a todo el mundo, lo estamos comprobando con la ‘uberización’ de nuestro trabajo. Todos debemos luchar contra la reforma laboral. Nosotros, los más veteranos, os ayudaremos: no se aprobará», suelta Milan, conductor autónomo, un antiguo legionario seducido ahora por otros combates. El puñado de personas aún presentes a esta hora tardía se sientes felices por esta base común, mas por delante queda una larga noche donde deberán ponerse de acuerdo sobre cuestiones espinosas. Así, algunos llaman a los parados «dependientes del asistencialismo» y empieza la bronca. Una etapa necesaria: aquí se enfrentan los que de costumbre se ignoran o desprecian.

Noche de luna llena

En ese momento, tras el pasmo inicial, los recelos, la curiosidad y el entusiasmo, en los confines de la noche, con los ojos entrecerrados por las nubes de gases lacrimógenos y la falta de sueño, es cuando se quiere ver más claro. ¿Dónde empezó la noche y cómo se mantiene en pie? ¿Quién decide realizar tal o cual acción? ¿Insertar tal o cual debate en el orden del día? Sabemos de sobra que figuras como el periodista independiente François Ruffin y el filósofo Frédéric Lordon lideraron la iniciativa de ocupar la plaza un 31 de marzo, aunque no los vemos por aquí. Y están pasando demasiadas cosas como para creer que andan manejando los hilos en la sombra. Es lícito preguntarse cómo se organizan las asambleas de cada tarde-noche, ejes de la Nuit Debout.

Los primeros días se votaban las acciones que se llevarían a cabo de manera colectiva, los actos de solidaridad tras el testimonio de alguien, la organización de la plaza, las preguntas que debatiremos entre todxs. Luego se votó no volver a votar. Tal y como explica Gérard, un anarca cincuentón con gorra negra de la Comisión de Acción: «Todo iba demasiado sobre la marcha, aquí te pillo, aquí te mato; la gente venía por la noche a asistir al espectáculo. Para votar hace falta un tiempo de reflexión, saber lo que está pasando; si no, hablamos de democracia para turistas, grandes oradores y militantes profesionales». Se le sigue pidiendo a la gente que levante la mano, aunque las consultas han sustituido a las decisiones; lo que no ha resuelto nada, ya que el voto masivo sigue sirviendo a aquellas y aquellos que así lo desean para justificar la aprobación popular. En paralelo, la energía se ha ido concentrando en las comisiones, en las que se sigue votando para decidir sobre textos, acciones o estructuras. Así que las comisiones fueron abandonando la asamblea, que se fue vaciando de contenido político para convertirse en sesiones de micro abierto, con un ritmo sin duda social, pero que cansa rápido.

Tras un mes de ocupación, de lluvias, de tensiones y de violencia policial, se ha convertido en el tema central de la Comisión Democracia y Asamblea: ¿cómo estimular y darle vida a una asamblea que pierde velocidad? Entre lxs participantes, muchxs siguen los acontecimientos desde el principio. Pasamos así al Reino del Protocolo, en el que cada punto se valora y se vuelve a valorar, se somete al voto y a la expresión de todxs. Tras charlar durante horas sobre la pertinencia de crear subcomisiones que supuestamente acelerarían los debates, o de rebautizar la comisión5, una asidua se indigna: «Empieza a darme miedo esta escalada de procedimientos que crea subcomisiones de subcomisiones mientras olvida y ahoga los problemas».

Al final circula una ficha para quien desee encargarse de dinamizar la tarde-noche. Los tiempos de la asamblea se dividen en tramos de tres turnos de palabra libre, y luego tres turnos de comisiones. Dos sesiones: de seis a nueve de la tarde y de nueve a once de la noche. Hay varias funciones que cumplir: moderar, facilitar, apuntar los turnos y cronometrar (comprobar que lxs intervinientes no superan los dos minutos de palabra). Quienes se apuntan hoy lo hacen por primera vez, una prueba de que los debates de la asamblea no están monopolizados por un puñado de aspirantes a politicuchos, tal y como mantienen algunos rumores que circulan por la plaza.

Noche negra

Avanzamos. Pronto habrá nuevas manifestaciones masivas. La lucha contra la reforma laboral y contra quienes la han aprobado debe continuar. Además de la Comisión de Logística —indispensable para preparar la plaza todos los días—, las demás comisiones particularmente activas son: Acción, Convergencia de Luchas y Huelga General6. Nuestras noches acabarán en esta última.

Durante las jornadas tituladas «Siguiente paso» que se celebraron en la Bourse du Travail —el edificio que alberga a las centrales sindicales—, el equipo de Fakir —el periódico de Ruffin— lanzó la propuesta de una acción común entre el movimiento Nuit Debout y las organizaciones sindicales para el 1 de mayo, en forma de una jornada de reuniones y festejos. La Comisión de Convergencia de Luchas adoptó enseguida un texto que seguía las líneas generales de la propuesta de François Ruffin, y que luego aprobó la asamblea.

Para muchxs, sin embargo, todo va demasiado rápido. Las prisas y la eficacia han servido de pretexto para que la propuesta de Ruffin se salte varias fases democráticas: no se han debatido las modalidades de intervención de los sindicatos en la plaza, hasta ahora bastante en contra de las etiquetas tradicionales. La Comisión Huelga General se encarga entonces de llegar a un acuerdo con trabajadorxs —miembros de sindicatos o no—, agricultorxs, militantes, libertarixs, gente de paso, miembros de comisiones, etc. Primera decisión colectiva: aplazar la fecha de convergencia al 28 de abril/59 de marzo, día anunciado por algunos sectores en lucha para una nueva huelga.

Llegan luego los debates contradictorios. Según un participante: «Tienen que someterse a nuestras normas, no vamos a abandonar nuestros principios por los líderes sindicales».

Habla un asiduo de la plaza: «¿Os imagináis a los sindicatos llegando aquí con globos y banderas? Hemos conseguido que la Nuit Debout esté libre de colores partidistas y ahora queréis reventarlo todo seduciendo a los jefes de la CGT7 o de Force Ouvrière. ¡Es el principio del fin!». Un veterano responde: «¡Sin sindicatos no hay ni manis multitudinarias ni huelga general! Necesitan que la gente, que nosotros acudamos en masa; pero nosotros también les necesitamos para imponer una relación de fuerza. Dejemos que vengan sin imponerles normas y, una vez aquí, les decimos lo que pensamos sobre sus globos». Un cartero sigue metiendo el dedo en la llaga: «¡Dejad ya ese antisindicalismo primario! El sindicalismo es, sobre todo, ayuda y apoyo mutuo entre trabajadores explotados. Y yo, por ejemplo, me siento tan sindicalista como miembro de este movimiento». Los turnos de palabra van pasando, la cosa se caldea. «Hace tres días que decimos que no queremos reunirnos —dice con vehemencia una profesora que está perdiendo la sonrisa—. Sí a invitar a los sindicalistas, incluso a sus líderes. No a reventar todo lo que se está reinventando aquí. ¡No nos vais a robar la plaza!».

Tras tres días experimentando con la democracia directa, se llega a un acuerdo. Teniendo en mente la solidaridad entre estudiantes universitarixs y de secundaria, precarixs y trabajadorxs en lucha, Nuit Debout invita a los sindicatos y a sus representantes a debatir con la asamblea popular, con las mismas normas para todo el mundo. El día 28, tras la mani, empieza el debate. En primer lugar, la coordinadora estudiantil manifiesta su alegría por que el movimiento contra el contrato de primera contratación (precaria) coja fuerza. A continuación, lxs estudiantes universitarixs: «¡La represión no va a esperar a que nos organicemos! ¡No nos falta indignación, sino acción común!». Les siguen los sindicatos de base, como la sección InfoCom de la CGT: «No nos contentaremos con la retirada de la ley. Iremos más allá». A continuación, los colectivos de precarixs que vienen desde Montreuil, en las afueras de París, ponen los puntos sobre las íes: «Dejemos de defender el pleno empleo precario. Y de asimilar el paro con el mal. No trabajar significa también tener tiempo para pensar y luchar».

Una imagen que impresiona: Philippe Martinez, secretario general de la CGT, toma la palabra tras una delegada de la CNT8, con el mismo tiempo de palabra. Lo nunca visto. Empieza con un deseo piadoso: que la huelga general deje de ser un simple eslogan. Y luego recula: solo podrá decidirse en las asambleas de cada empresa en lucha. Una masa de unas mil personas le grita a la cara al unísono: «¡Huelga general! ¡Huelga general!». Fátima, antigua militante de la CGT, le da clases de organización a un líder tímido: «No, señor Martinez, no lo conseguiremos simplemente diciendo que cada empresa tiene derecho a decidir. Si quiere que la cosa se mueva, hay que escuchar a las bases, estimular las asambleas en los centros de trabajo, organizar cajas de resistencias y momentos como este, donde estamos todas y todos al mismo nivel».

La Nuit Debout consigue esa noche, entre tanta gente, algo inesperado: romper los muros de las centrales sindicales y de las empresas, ampliar la plaza de la République. Una liberación de la palabra que llama a la acción. Y se lleva a cabo: por la mañana, estudiantes y sindicalistas de base bloquean el acceso al puerto de Gennevilliers; por la noche, gran parte de la asamblea se dirige a apoyar a lxs trabajadorxs fijxs discontinuxs despedidxs del teatro Odéon; mientras, en medio de la plaza se fabrican construcciones permanentes. Los maderos cargarán más tarde con una brutalidad ciega. Al día siguiente, se retoma la solidaridad con lxs trabajadorxs de McDonalds en huelga, con lxs carterxs, con las trabajadoras del hogar, con lxs migrantes.

Pase lo que pase con este movimiento, no se acabará. El mal está hecho. El mes de marzo de 2016 será el más largo de todos. Ese en el que se construyó una herramienta más, capaz de atacar con fuerza y de reconstruir con alegría. ¡Marzo o muerte!

Artículo original aparecido en el periódico mensual CQFD: http://cqfd-journal.org/Nuit-Debout-le-mois-le-plus-long

TRADUCCIÓN: Cristina Fernández Orellana y Sergio España, traductores y activistas.

1 A la guisa del calendario revolucionario de 1793, a partir del 31 de marzo y de la ocupación de la plaza se han cambiado las fechas, de forma que no existe mes de abril. Así, por ejemplo, el 28 de abril es el 59 de marzo, etc.

2 Traducción de Claudia Mascarua.

3 La Unión Nacional de Estudiantes de Francia, sindicato considerado traidor por haber negociado con el gobierno.

4 La anarquista rusa Emma Goldman (1869-1940) pronunció la célebre frase: «Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa».

5 En la votación ganará la denominación «Comisión de Democracia en la Plaza».

6 Las tres comisiones se fusionaron días después con el nombre de «Comisión Lucha en Pie».

7 Confédération Général du Travail, sindicato de clase mayoritario en Francia, vinculado históricamente al PC francés y sin relación directa con la CGT española.

8 Confédération Nationale du Travail, sindicato anarcosindicalista francés vinculado históricamente a la CNT española.

Foto de Ferdinand Cazalis

Berta vive… ¡la lucha sigue!

Berta Cáceres Flores, activista, feminista, antimilitarista, rebelde…

¡¡¡Berta Cáceres, compañera de sueños, hermana de esperanzas. Las flores de la resistencia nunca mueren!!!

En la tarde del día 3 de marzo recibíamos la triste noticia del asesinato de una amiga: «¡La han asesinado mientras dormía, mientras soñaba nuestros mismos sueños!». Berta Cáceres, lideresa indígena, representante del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada en la madrugada, mientras dormía en su casa en La Esperanza, Intibucá, a unos 188 km de Tegucigalpa, por mano de hombres armados «desconocidos».

En Entrepueblos no salimos de nuestra conmoción, ya que fue siempre una referente en la lucha que emprenden los pueblos contra las grandes corporaciones internacionales en la usurpación de los territorios y sus bienes naturales, entre ellos el más fundamental: el agua que nos proporciona la vida. En este caso, ejemplo de muchas mujeres que encabezan estas luchas, hasta dejar su vida en ello.

Berta era fundadora y coordinadora general del COPINH y desde ahí era una de las voces en la primera línea de la defensa de los derechos del pueblo lenca en defensa de su territorio frente a las multinacionales.

La enorme generosidad de Berta Cáceres en el compromiso rebelde, solidario, activista, feminista, la había llevado a ser una de las voces más claras y valientes en la defensa de los pueblos indígenas, del campesinado, de las mujeres, de todos los sectores sociales más desfavorecidos y de la naturaleza. Sin duda perdemos uno de los referentes éticos más queridos en nuestro caminar en la solidaridad internacional.

Empezó a tener fuerza en mi interior cuando escuché su discurso en la larga entrevista de agosto del 2010, en su asistencia al encuentro del Movimiento de Mujeres por la Paz y contra la Guerra delante de la base militar norteamericana de Palanquero en Colombia, registrada por María Jesús Pinto, antropóloga social y compañera de Entrepueblos. En ella nos advertía a mujeres y hombres del «norte global» del creciente aumento del consumismo, la deshumanización de la vida y la falta de respeto con la naturaleza, y nos instaba a organizarnos para hacer frente a los intereses del capital y las grandes corporaciones. Desde entonces, la hemos seguido con verdadero fervor y respeto en sus manifestaciones.

No podemos decir que haya sido una sorpresa. Especialmente desde el golpe de Estado de 2009 en Honduras, Berta estaba en el punto de mira del crimen organizado por quienes no tienen ningún escrúpulo en anteponer sus beneficios, la especulación y sus privilegios a los derechos de los pueblos y a la sostenibilidad de la vida; el crimen organizado desde las cloacas del poder económico y político; el crimen organizado desde un sistema de acumulación, despojo y depredación que amenaza la soberanía y los derechos de todos los pueblos, que amenaza la vida.

En abril de 2015, Berta Cáceres recibió el premio Goldman, uno de los más prestigiosos del mundo en temas ambientales, otorgado por su colaboración en la defensa del territorio lenca amenazado por las consecuencias nefastas y la violencia de la construcción del Proyecto Hidroeléctrico Agua Zarca, de la transnacional china SINOHYDRO y la empresa hondureña Desarrollo Energético Sociedad Anónima (DESA). El pueblo lenca llevaba años denunciando la vulneración del derecho al agua como fuente de vida y de cultura frente al hostigamiento de empresas, paramilitares y Gobierno.

Berta Cáceres era madre de familia —tres hijas y un hijo—, lo que le hacía hablar del futuro de las generaciones con amor y ternura. Tenía medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por lo que debía gozar de protección especial por parte del Gobierno hondureño. Empero, Berta ha sido asesinada por un Estado que resguarda los intereses del capital local y de las empresas transnacionales que pretenden adueñarse de los territorios y de los bienes comunes. Su lucha por la justicia ecosocial y en favor de la vida fue motivo de que, en varias ocasiones, fuera llevada a juicio, perseguida y amenazada.

La lideresa hondureña denunció en repetidas ocasiones haber recibido amenazas de muerte en contexto de violencia. Honduras es el segundo país del mundo con mayor tasa de homicidios, con 58 asesinatos anuales por cada 100 000 habitantes en 2015. Estas cifras son debidas en gran medida a la violencia que la megaminería y las hidroeléctricas despliegan a la hora de hacer sus negocios a favor del capital privado y de la impunidad asegurada por los gobiernos cómplices. Según la ONG hondureña ACI-PARTICIPA (Asociación para la participación ciudadana en Honduras), más del 90% de los asesinatos y abusos sobre lxs defensorxs de los derechos humanos en Honduras siguen sin resolverse.

Otras mujeres de la región encabezan luchas similares y corren el mismo peligro de ser perseguidas, criminalizadas y asesinadas por alzar sus voces. En Ecuador, Rosa Ware, indígena shuar, se negaba a vender sus tierras y fue desalojada el 4 de febrero de 2016 por la empresa minera Ecuacorriente SA. En Guatemala, Diodora Hernández, mujer campesina maya-mam del pueblo de San José Nueva Esperanza, el 7 de julio de 2010 fue víctima de un ataque por parte de dos hombres de su aldea, quienes le dispararon dos veces en la cabeza y, aunque la dieron por muerta, sobrevivió con la pérdida del ojo derecho y otras lesiones. En juicios posteriores se ha demostrado que esos hombres fueron contratados por la empresa Goldcorp, que opera la mina de oro Marlin. En Perú, Máxima Acuña se resiste a salir de su propiedad, donde con su familia cultivan la tierra y la ganadería y está siendo acosada por los sicarios del proyecto minero Conga, en el norte del país. En El Salvador, Bolivia, Uruguay… y podemos seguir con el caso de otras mujeres de Asia y África… Muchos de estos casos son defendidos por la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de los Derechos Sociales y Ambientales.

En Entrepueblos, desde el primer momento nos convocamos para seguir el proceso de justicia y reparación por el crimen de Berta Cáceres, formando parte de la Misión Internacional que se trasladó al país del 17 al 21 de marzo pasados, junto con representantes de nueve países de América Latina y Europa. Pretendemos apoyar firmemente no solo el proceso de esclarecimiento del caso de Berta Cáceres, también al COPINH, al pueblo lenca y a todo el pueblo hondureño en sus luchas.

Invitamos a todas las personas interesadas en este artículo a seguir el Encuentro Internacional de los Pueblos «Berta Cáceres vive», celebrado del 13 al 15 de abril en Honduras y a la posterior gira por Europa y el Estado español de la que formará parte la hija de Berta Cáceres, Berta Zuñiga. Toda la información se puede consultar en: http://www.entrepueblos.org/

 

Gracias a la entrevista del mes: http://laentrevistadelmes.blogspot.com.es/

Hacia los conflictos sin periodistas

Hace veinte años, en las redacciones de los periódicos había una persona encargada de repartir los teletipos que entraban sin descanso. Clasificaba las noticias por secciones y cuando acumulaba montones significativos se daba una vuelta por la redacción lanzando los teletipos al centro de la sección. Cuando llevaba un urgente, lo anunciaba en voz alta para que no quedara sepultado entre los papeles que cubrían las mesas de trabajo. Era una forma rudimentaria de que las informaciones circulasen por la redacción.

Al caer el fajo de papel sobre la mesa, unx de lxs redactorxs se apresuraba a revisar los titulares y leía en voz alta los temas en los que tenía dudas sobre su grado de importancia.

Así, en la sección de internacional se aseguraban de que no se escapaba ningún acontecimiento importante que hubiera pasado en algún lugar del mundo. Material que complementaba el trabajo de lxs corresponsales en el terreno, lxs que eran capaces de contextualizar y establecer el grado de importancia de las noticias gracias a su contacto constante con la realidad del lugar que estaban cubriendo.

Alegando falta de recursos y con la excusa de la crisis, los grandes medios empezaron a transformar ese efectivo y riguroso tratamiento de la información, hasta convertir las noticias internacionales en un producto de lujo con poca demanda. Siempre han existido periodistas freelance o independientes en la cobertura de los conflictos, pero hoy su presencia determina que un acontecimiento se cuente realmente desde el terreno, o que exista un mínimo seguimiento. Y siempre ha habido un público interesado en conocer las causas y desarrollo de lo que está pasando más allá de sus fronteras.

La relación del consumidor de información con la actualidad ha variado obligatoriamente porque lxs editorxs y gestorxs de los medios de comunicación han establecido un nuevo orden de prioridades. Contar «lo humano», lo que, aunque ocurra lejos siempre es cercano, sobre lo que mayor empatía se puede proyectar, ocupa un lugar muy poco destacado en el esquema mediático de quienes deciden que una noticia merece ser contada.

Quieren creer que hoy no da tiempo a revisar físicamente el fajo de teletipos que caía sobre la mesa (ahora despachos de agencias en el ordenador) haciéndose una lectura vertical de su contenido por la apatía y falta de interés con la que a menudo se transmiten informaciones.

¿Quién decide que un conflicto es noticia?

El criterio de lxs editorxs, redactorxs jefe o jefxs de edición para decidir que un hecho es noticia se basa cada vez más en seguir la corriente de lo que establecen los medios de referencia.

Son pocos los que se aventuran a marcar un camino diferente, a apostar a través de una cobertura detallada y en el terreno, sin tener que regresar a la redacción en el mínimo tiempo posible, y que llegan a construir una información propia, única y completa.

A veces resulta incluso enfermizo, porque son los medios de la competencia los que acaban obligando a otro medio a mandar a un enviadx especial o buscar un colaborador que envíe crónicas desde el lugar de los hechos. De ahí viene que lectorxs u oyentes a menudo tengan la sensación de que están escuchando la misma noticia, con las mismas declaraciones e incluso los mismos planos durante todo el día.

Resulta incomprensible que cuando mejor comunicados estamos, cuando tenemos los medios para hacer un seguimiento pormenorizado de lo que está ocurriendo en cualquier lugar del mundo, con acceso a fuentes alternativas y pudiendo aprovechar las ventajas (económicas también) de internet para obtener testimonios y recabar datos, la percepción de estar escuchando, viendo o leyendo la misma noticia, sea tan fuerte.

La soledad de lxs periodistas «freelance»

Pasar parte de tu carrera como periodista freelance es una suerte. No tanto por la sufrida parte económica, sino porque aprendes a valorar los acontecimientos con un criterio propio, sin la contaminación del sistema de información establecido, lejos de lo que se supone que es una noticia y de si es importante contarla.

La carrera de fondo a la que se lanzan cada año muchxs periodistas para sentir que esta profesión sigue siendo importante, tiene hoy más sentido que nunca. Los grandes medios aprovechan que lxs freelance están obligados a cubrir necesidades básicas para seguir haciendo lo que les gusta, en lo que creen; y ni valoran (ni pagan) el trabajo de quienes sobreviven en condiciones muy precarias. Pero lxs freelance siguen encontrando sentido al trabajo que hacen y se han convertido, quizás por su militancia implícita con la propia profesión, en piezas clave para que los hechos no dejen de contarse.

Llegar. Observar. Preguntar. Contarlo

El sistema no ha variado. Los medios de comunicación tienen el deber de inquirir, de hacerse y hacer muchas preguntas para entenderlo todo y si detectan algún resquicio que puede ser interesante contar, hacerlo de la forma más equilibrada posible.

En relación a los conflictos, las crisis y las guerras, tampoco ha variado el planteamiento ni las pautas que sigue el/la periodista para cubrir un hecho, en cambio, sí que lo ha hecho la percepción de la realidad en las redacciones.

En el verano de 2015, algunos medios locales de la isla de Lesbos empezaron a contar que estaban llegando barcas hinchables que transportaban de forma clandestina a sirixs, iraquíes, afganxs y personas de otras nacionalidades desde la costa turca. Esas personas huían de la guerra, de la violencia y la persecución sistemática, con el objetivo de instalarse en un lugar seguro donde rehacer sus vidas con dignidad. La que pocas semanas después se bautizó como la «crisis europea de los refugiados» empezó a dar señales de alarma a través de las crónicas de lxs periodistas freelance que se apresuran a llegar a donde consideran que está la noticia, para situar el foco de atención de los grandes medios.

Lo ocurrido durante los meses posteriores, lo que sigue ocurriendo en las fronteras con las que se van topando los refugiados mientras avanzan hacia el norte de Europa, es una muestra de la apatía de los medios de comunicación ante uno de los acontecimientos más graves desde la Segunda Guerra Mundial.

En las redacciones de los medios españoles no se plantean que un periodista cubra de forma permanente la «crisis de los refugiados». Si los medios tuvieran interés en dejar constancia de forma analítica de lo que está ocurriendo, destinarían recursos para que la información sobre ese éxodo actual no se cuente a golpe de aniversario o cuando una imagen impacta tanto que no puede evitarse.

La cobertura de los conflictos conlleva una ardua lucha por el espacio y el tiempo en los medios de comunicación. La esperanza está, más que nunca, en los que de forma independiente son fieles a las razones por las que un día decidieron contar lo que está pasando, dejar constancia; y que siguen pensando que merece la pena seguir combatiendo la falta de valor ajena y la ignorancia que caracteriza a tantos supuestos medios de referencia.

Por una necesaria alianza entre las personas y la naturaleza

La humanidad se encuentra en un aprieto. Las diversas manifestaciones de la actual crisis civilizatoria —riesgo ecológico, dificultades para la reproducción social y profundización de las desigualdades— están interconectadas y apuntan a un encontronazo entre la civilización occidental y aquello que nos conforma como humanidad. Nos encontramos ante una situación de emergencia que amenaza la supervivencia digna de las mayorías sociales.

El capitalismo se ha expandido sin considerar las bases materiales que sostiene la vida. La lógica económica convencional se basa en una creencia peligrosa: la de que tenemos autonomía respecto de la naturaleza y al resto de personas. Ignora la existencia de límites físicos en el planeta y oculta, aunque explota, los tiempos necesarios para la reproducción social cotidiana. Persigue la meta del crecimiento económico, sin ser capaz de discriminar si llega a esta mediante la producción de bienes o servicios socialmente necesarios, o mediante actividades que destruyen materiales finitos y la capacidad regenerativa de la naturaleza sin satisfacer las necesidades básicas reales.

Después de décadas de aplicación de la doctrina del capital, hemos topado con los límites del planeta. Los territorios de los países empobrecidos, que han sido utilizados como mina y vertedero, también empiezan a dar síntomas de agotamiento, tanto en la disponibilidad de energía y de materiales como en el mantenimiento de los ciclos naturales.

El cambio climático es ya tan evidente que el negacionismo, tan eficazmente impulsado por los grandes lobbies transnacionales, retrocede. Aunque, como hemos visto en la última Cumbre de París, esa consciencia no se traduzca en una voluntad de transformación que plante cara a los problemas cruciales que hemos de afrontar.

Se suele decir que este deterioro ecológico ha sido el precio pagado para alcanzar el bienestar, pero no es así. Al contrario, se están profundizando las desigualdades en todos los ejes de dominación. Se ha agravado la situación de las poblaciones más empobrecidas que llevan décadas sufriendo esta guerra encubierta y los indicadores muestran cómo crece la distancia entre el Norte global y el Sur global.

Y las desigualdades también han crecido en las llamadas sociedades del bienestar: buena parte de la población se va hundiendo en la precariedad y millones de personas se encuentran en situación de exclusión; ya no cuentan ni son vistas. Especialmente sangrante es la situación de las migrantes. Desposeídas de su derecho a permanecer y expulsadas de sus territorios, muchas personas emprenden el mismo viaje que las materias primas y los flujos de riqueza, hasta que se topan con esas fronteras de la vergüenza que permiten la entrada de los recursos expoliados y de los capitales, pero no de quienes tratan de escapar de la miseria. Los que consiguen llegar viven señalados, sirviendo como elemento de distracción de los problemas estructurales reales.

Millones de personas en paro y muchas personas empleadas pobres. El empleo, base sobre la que se construye el bienestar en las sociedades occidentales ya no es un espacio de derechos sino generador de precariedad porque las propias condiciones laborales generan pobreza. Ha perdido su capacidad de protección y no puede cumplir sus funciones de proteger de la pobreza y evitar la exclusión.

Los gobiernos capitalistas han tratado de facilitar la regeneración de las tasas de ganancia del capital desmantelando los servicios públicos. Al poner los recursos que se destinaban a los sistemas de protección social al servicio de una hipotética «reactivación de la economía», buena parte de los mecanismos de protección pública desaparecen y son las familias quienes pasan a hacerse cargo de resolver la precariedad vital.

A muchos seres humanos solo les queda el colchón familiar para tratar de eludir la exclusión. Y dentro de los hogares, en los que predominan las relaciones patriarcales y desiguales, son las mujeres las que en mayor medida cargan con las tareas que se dejan de cubrir con los recursos públicos. Son quienes cargan con el trabajo y las tensiones que se derivan de la resolución de las necesidades cotidianas en contextos de miseria y sufren en sus cuerpos la violencia de los conflictos.

Solo se podrá abordar esta crisis compleja reorientando el metabolismo social, de forma que no se fuerce a las personas a competir absurdamente en contra de aquello a lo que le deben la vida. Nos atrevemos a apuntar a continuación algunos principios básicos que son insoslayables en esta reorientación.

El primero, es el inevitable decrecimiento de la esfera material de la economía. Se decrecerá materialmente por las buenas (de forma planificada, democrática y justa) o por las malas (a costa de que haya quien siga sosteniendo su estilo de vida material a costa de la expulsión y la precariedad de otros muchos).

El segundo, es el radical reparto de la riqueza y de las obligaciones. Luchar contra la pobreza es lo mismo que luchar contra la acumulación. Será obligado, entonces, distribuir el acceso a la riqueza, desacralizar y cuestionar la propiedad privada, poner límites a los excesos materiales y repartir los trabajos de cuidados entre hombres y mujeres.

Esta transición no será sencilla ni podrá ser realizada sin conflicto. ¿Sería posible afrontar este cambio sin que los poderosos y ricos sientan que las soluciones que permitan resolver la crisis civilizatoria amenazan su posición? ¿Pueden mantenerse los privilegios de las élites a la vez que se garantiza una vida decente a las mayorías y asegura la sostenibilidad ecológica?

Deberemos disputar la hegemonía económica (con el reto de diseñar un modelo productivo que se ajuste a la biocapacidad de la tierra y minimice todas las desigualdades), disputar la hegemonía política (para conseguir una organización democrática que sitúe en el centro una vida buena) y disputar la hegemonía cultural.

Este último terreno de disputa nos parece crucial. Este desastre solo se puede perpetuar porque cuenta con la complicidad inconsciente de las mayorías que han hecho suyas las nociones de progreso, riqueza, propiedad, libertad o jerarquía que son imprescindibles para el mantenimiento del régimen.

Necesitamos rearmarnos culturalmente para poder disputar los otros ámbitos. Conseguir un movimiento que impulse, aliente y exija estos cambios es ya una cuestión de supervivencia.

Genial idea:

material inédito de película

INTRODUCCIÓN

Eres luchadora de toda la vida, contra Franco, contra las miles de muertes inocentes en el estrecho de Gibraltar, contra los tendidos de 400 000 voltios a la puerta de tu casa, contra la guerra. Contra LOS MUROS. Y en estos momentos luchas contra el MURO de vivir en el vacío. Se te ha muerto tu hijo Íñigo cayendo de un helicóptero de salvamento marítimo, ahogado en el mar Mediterráneo y aún no sabes dónde se ha podido esconder. Y escribes. Para conjurar al ahogo. Nieves García Benito, profesora de Historia y escritora y guionista. Militante. La que grita. Porque la injusticia, el peligro y el miedo van a estar para siempre jamás entre los hombres y mujeres de este mundo.

LA INJUSTICIA

Hay una isla de los niños perdidos donde Peter Pan visita a sus amigos. Que es ficción porque está en todas partes y en ninguna. Peter, inadaptado que suelta amarras y vuela. Ayer, 17 de octubre, el portavoz de una ONG dice que desde el 1 de enero de 2015 hay 5300 niños, menores les llaman, perdidos por Italia, desde Lampedusa hasta los Apeninos. Dice. Y suelta números de niños perdidos que escucho como un mantra. 1000 en Reino Unido, 3000 en Alemania… quito la voz a la pantalla y aparece un partido de fútbol ¿Estará la isla de nunca jamás de Peter dentro de las ondas digitales? ¿En las analógicas? Vuelvo a conectar la guía del mando por si saliera un canal con un logotipo en colores donde los niños volaran. En minutos encuentro uno con un logotipo de niños en blanco y negro. Resulta que es de pago.

EL PELIGRO

Hay un mar Mediterráneo. Donde se suben a pateras, barcos de pesca y zódiacs miles de hombres, mujeres, niños y niñas con una mano a la que agarrarse, o sin mano, y bebés. Desde los troncos de madera perdidos ven los ferris Tarifa-Tánger, los ferris Turquía-Grecia… que atracan en la otra orilla. Los que se ahogan, nada ven. A los troncos de madera cuesta atarse porque ninguno es Ulises, el amigo de las sirenas, y los niños se van con ellas. Aunque a algunas se les resbalan cuando les dan de mamar entre las algas. No importa. Los rescatan soldados, policías, periodistas, quien pasee por la orilla, para enviarlos al canal de los niños perdidos.

EL MIEDO

Hay un invierno en los montes Balcanes muy cerca del conde Drácula de Bram Stoker, el que bebía la sangre de los que pasaban por allí sin ajos ni una cruz en su mochila. Cada vez con menos sangre, se caían, mareados. Y los lobos del conde les roían los huesos sin quedar ni para un análisis de ADN al cabo de los años, cuando una investigación de laboratorios farmacéuticos encontrara las claves de su muerte, posiblemente un suicidio. O que, en años, se siguiera averiguando el genocidio nazi convirtiéndose en noticia que alimentaban a lobos con cuerpos vacíos de judíos desangrados. Hay un invierno en 2015 por los montes Balcanes donde no se encuentra leña, porque no hay trigo limpio1 y en los restos de la era no arden las pajas corrompidas. Y el frío se hace miedo incrustado en seleccionadas imágenes del canal digital de los hombres perdidos. Apago el televisor y refugio mis pies helados en la calefacción de Iberdrola.

CONCLUSIÓN

UNA:

Sabes que el papa, no el papá, de Roma se llama Francisco, nombre de dictador y currante andaluz. Francisco, vestido de blanco como una novia, se asoma al balcón de la suite romana donde vive contando palabras como si escribiera un artículo, haciendo números como si resolviera un problema de matemáticas y, dice en un italiano casi nativo, porque es posible que sus abuelos argentinos fueran hijos de los Apeninos a los Andes: «Cada parroquia católica del mundo debe acoger a una familia de refugiados». Los que vagan zombis por los montes y los mares como un desfile organizado. Francisco no habla de trigo limpio. Sólo de amor. Francisco tiene una plaza con dos pasajes de columnas (284 de 16 metros cada una) que se abren simbolizando el abrazo de acogida de la Iglesia. Cada estatua de santo corresponde a una columna y representan a la Iglesia triunfante frente a la Iglesia militante. A manos llenas, Francisco, sería una buena idea que entre columna y columna construyeras un apartamento adosado con luz, agua y calefacción y los alquilaras a precio de VPO, a los organizados zombis, da igual en la calle triunfante o en la militante.

DOS:

Estás observando últimamente que están de moda los perros-compañía, y se entiende en esta soledad tan extrema en que vivimos. Sí. Mujeres ancianas muy solas. Hombres que pasean e hilan la hebra con el pienso de sus perros. Jóvenes sin mascota acudiendo a concursos para encontrar la colección de sus vidas. Un perro es bueno porque siempre te quiere. Antes, en los tiempos opulentos, una mujer anciana y europea lleva agarrada de su brazo a una dama de compañía, institutriz para viejos. Ahora, una mujer sudamericana con hijos por los Andes o polaca o ucraniana con hijos por los Urales es la institutriz de las damas. Los montes son muros naturales, casi todos. Los MUROS son construcciones. Desde Ceuta y Melilla hasta Gaza en Palestina, en Texas por Nuevo México, hasta China por Hungría. En los bajíos de un muro iban a mear los perros. Ahora no, porque se hieren con las concertinas. Pobres perros, ¡qué concierto! Mejor que entren en casa para hacernos compañía. ¡Si son como refugiados!

1 El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, se pregunta el 14/10/15 en el desayuno informativo Forum Europa, Tribuna Mediterránea: «¿Esta invasión de emigrantes y de refugiados es todo trigo limpio? ¿Dónde quedará Europa dentro de unos años? Hoy puede ser algo que quede muy bien, pero realmente es un caballo de Troya para Europa. ¿Vienen solamente porque son perseguidos?».

La «deuda»:

un problema principalmente jurídico

Uno de los problemas más importantes que deberán abordarse en este siglo es, sin duda, el problema del endeudamiento externo. Se desconoce que haya una continuidad estructural en el endeudamiento de hoy respecto a la deuda de otros periodos históricos. En torno a la deuda se han estructurado las columnas vertebrales de las economías y se ha ligado a ella su crecimiento. Las relaciones internacionales en su componente económico marcan el devenir de las naciones y condicionan la soberanía de los pueblos y el destino de las personas.

Para ello deberíamos dejar de lado los axiomas como «las inexorables leyes del mercado» y poner en marcha una estrategia eficaz y eficiente que aborde el problema. «No puede hacerse una reducción terminológica del problema, considerándola como “deuda social”, “deuda ecológica” o “deuda histórica”, que son expresiones utilizadas en algunos foros, pero desde el punto de vista jurídico no superan el marco discursivo, y no pueden ser utilizadas ante un tribunal»1.

Cada vez más, nos encontramos con tendencias doctrinales de carácter internacionalista, como puede ser el caso del derecho civil que sobrepasa, incluso, los límites del derecho nacional2. Las estructuraciones de deuda se realizan en las Cortes de Arbitraje —sin atender un precepto legal que regule su existencia— y suponen una violación de los principios básicos del derecho económico internacional. Las agencias internacionales de calificación de riesgo de deuda marcan el rumbo de los Estados y de su ciudadanía con una simple nota de prensa, haciendo subir o bajar los intereses de una deuda que en ningún caso es cuestionada debido a que operan bajo las «leyes de los mercados».

La falta de control por parte de los órganos ejecutivos del Estado (poder administrativo) sobre el endeudamiento es evidente, lo que proporciona un funcionamiento paralelo a la legalidad y a las democracias representativas más avanzadas en nuestros días. Esta falta de control se manifiesta en la actividad de estos órganos. En el caso de España, el Congreso de los Diputados o los Parlamentos o Cámaras difícilmente pueden controlar las actuaciones que se realizan, ya que el proceso se inicia a través de la Ley General Presupuestaria  y de los Presupuestos Generales del Estado que cada año determina el máximo endeudamiento neto a generar de un ejercicio a otro. A partir de dicha norma, el Ministerio de Economía y la Dirección General del Tesoro presentan un calendario y la «política de emisión de deuda» y las características generales a seguir durante ese año.

A continuación, el desarrollo se hace en forma de real decreto y de diferentes órdenes ministeriales, así como por resoluciones administrativas, que irán apareciendo a lo largo del año, al igual que las circulares del Banco de España, que ejerce un doble rol: el de «agente financiero» dentro del mercado y el de «supervisor del funcionamiento de los mercados», por las atribuciones conferidas. El control de las emisiones de deuda pública española queda, por tanto, fuera de la supervisión y la fiscalización del poder legislativo, el Congreso de los Diputados, los Parlamentos y las Cámaras de las diferentes comunidades autónomas.

En el ámbito internacional pasa algo parecido y para abordar este análisis debemos empezar reconociendo quién es el órgano internacional encargado de las negociaciones de deuda: el Club de París.

El Club de París3 es la «institución» por excelencia que trata las crisis fiscales de los países empobrecidos. Esta continuidad institucional, carente de marco legal regulador, es asegurada por el Estado francés, que tan solo aporta los recursos logísticos y un secretariado. Esta institución carece de estatutos y principios legales, lo que facilita un funcionamiento completamente arbitrario. Limita su actuación sobre todo a conseguir «arreglos» entre países, cuya finalidad es que los países deudores paguen las deudas contraídas. Estos «arreglos» tienen una característica en común: en todos los casos, dentro de las prórrogas o condiciones se exceptúan siempre los intereses de demora.

Así, el funcionamiento ordinario sería el siguiente: los países acreedores utilizan su poder político o influencia en la esfera internacional en las negociaciones —que es mucho más fuerte que el de los países deudores— ya que los acreedores otorgan poderes al Club de París para que negocie en su nombre, a cambio de ser onerosamente compensados por pagos de intereses de demora. Este tipo de negociaciones bilaterales son enmarcadas dentro de este club sin ajustarse ni al derecho nacional ni al derecho internacional: son los famosos «arreglos».

Por ello, es necesario establecer categorías objetivas para el seguimiento de la evolución de acuerdos en materia de endeudamiento internacional, debido a que las fronteras doctrinales entre el derecho internacional público y el derecho contractual privado comienzan a borrarse. Además, la actuación arbitraria y la violación de los derechos de los deudores son indiscutibles, como por ejemplo, la de trato igualitario justo en la negociación.

Como profetizaba Scalabrini Ortiz4: «Endeudar a un país a favor de otro, hasta las cercanías de su capacidad productiva, es encadenarlo a la rueda sin fin de intereses compuestos. Así, tarde o temprano el acreedor absorbe al deudor, situándolo en una posición de servidumbre indirecta que el acreedor impone al deudor dirigiendo así el destino del país y de sus gentes. También interviene en el manejo de la política interior y determina su destino».

1 Olmos Gaona, Alejandro; 2005; La deuda odiosa. El valor de una doctrina jurídica como instrumento de solución política.

2 Frankenbert, Günter y Knieper, Rolf; 2014; Problemas jurídicos de sobre-endeudamiento de los países en desarrollo. Relevancia de la actual doctrina de las deudas odiosas.

3 Frankenbert, Günter y Knieper, Rolf; 1984; Problemas jurídicos de sobre-endeudamiento de los países en desarrollo. Relevancia de la actual doctrina de las deudas odiosas; Perú: Revista de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

4 Olmos Gaona cita a Raul Scalabrini (2004) en el encabezado del capítulo “La lucha contra la usura internacional” en Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa y siempre se lo ocultaron; Buenos Aires; Ediciones Continente.

M5S – Pionero de la «nueva política» en Europa

En Italia, el Movimiento 5 Estrellas ha ocupado, en los últimos años, el espacio político que algunos definen como anticasta y otros como antisistema. Participó en las últimas elecciones nacionales de 2013 por primera vez y recogió 8,7 millones de votos (25% del total), lo que lo situó por pocos votos como segundo partido después del PD1. Sin embargo, ¿qué es en realidad este movimiento que aunque está en el parlamento no quiere definirse como partido? Intentamos abordarlo aquí con el objetivo de ir más allá de las definiciones simplistas de los grandes medios de comunicación que hoy dividen el mundo en dos categorías: el orden constituido y el populismo.

El fundador del movimiento se llama Beppe Grillo. Es un actor cómico que hasta los años 80 trabajaba en la televisión pública italiana, la RAI, que abandonó definitivamente en el 1993. Desde entonces empezó a recorrer los teatros italianos con sus propias actuaciones: una mezcla de sátira humorística, cabaret y pedagogía popular. Sus espectáculos hablaban de energías alternativas, de los robos de los bancos y de las grandes transnacionales.

Aunque sus espectáculos eran muy caros, los teatros se llenaban siempre. En 2007 organizó una recogida de 350 000 firmas para apoyar tres leyes de iniciativa popular que entregó al parlamento en bicicleta, utilizando su blog (que en poco tiempo se convirtió en uno de los blogs más seguidos del mundo) y organizando los vaffa-day2.

Nadie había prestado antes atención a esas propuestas, ni a todas las demás propuestas de ley de iniciativas populares provenientes de distintos sectores sociales, por ejemplo las de la tasa a las transacciones financieras (tasa Tobin) o la gestión pública del agua, entre otras.

En medio de los escándalos sexuales de Berlusconi, de una izquierda derrotada, de un partido supuestamente de centro-izquierda más neoliberal que la derecha, el Movimiento 5 Estrellas ha recogido un consenso de gente muy diferente. Conceptos como «poder ciudadano», «que se vayan todos», «fuera la casta da las instituciones», «transparencia en la política», «no somos de derechas ni de izquierdas» han capturado el deseo de cambio de la masa, creando un imaginario de nuevos parlamentarios revolucionarios y llevando hasta las instituciones a las nuevas generaciones. Para la mayoría de ellos, hasta el día antes de ser electos, la política no era más que una tertulia en la televisión. Una revolución basada en dos conceptos clave y reiterados infinitas veces: 1) ser honestos; 2) ser ciudadanos contrapuestos a la casta de los políticos que son todos unos corruptos.

Los grillini3 ignoran que nunca se ha llevado a cabo una revolución desde los palacios del poder y que pretender practicar una democracia directa en un sistema de democracia representativa es una contradicción ontológica. «No creemos que la democracia representativa sea buena, pero si nosotros estamos en la institución entonces es democracia directa, porque solo nosotros representamos a la ciudadanía».

Una visión fruto del individualismo y del egocentrismo que domina nuestro tiempo que va mucho más allá del movimiento de Grillo. Además, ¿a qué ciudadanos exactamente pretende representar el movimiento? En ausencia de marcos ideológicos definidos, ¿cómo se reparten y distinguen los ciudadanos?

La tendencia que se ha puesto de manifiesto en muchas de sus afirmaciones es muy simplista: quién cumple con la ley y quién no, una postura genéricamente legalista que ha provocado —en Roma, por ejemplo, donde el Movimiento por el Derecho a la Vivienda ha ocupado decenas de edificios en los últimos años— una fractura entre el Movimiento 5 Estrellas y los movimientos sociales.

La falta de profundidad política de su líder y de la mayoría de los parlamentarios no les permite un análisis más profundo y una postura clara frente a la verdadera estructura del poder. Si, por un lado, se acusa a los bancos de saqueos y robos; por el otro se pone constantemente el conflicto por encima de los demás políticos, desviando continuamente la atención de la raíz del problema que se pretende enfrentar.

Seguramente, el Movimiento 5 Estrellas no pretende representar a los miles de emigrantes que viven o quieren vivir en Italia. Grillo siempre ha tenido una postura muy conservadora frente al tema de la inmigración, lo que supone un dato importante en el contexto de confusión postideológica que vivimos: es un indicador claro entre un movimiento que se inspira en valores de igualdad y otro que reproduce el modelo exclusivista, basado en las fronteras capitalistas de un mundo donde el dinero es lo único que se mueve libremente sin controles ni límites. Los integrantes del Movimiento tienen posturas muy diferentes ante este asunto, que no forman parte en modo alguno de su programa electoral.

Otro hecho a resaltar es que en el Movimiento hay una total ausencia de mecanismos democráticos internos. «Movimiento 5 Estrellas» es una marca registrada propiedad de Beppe Grillo. Algunas decisiones de los miembros del Movimiento se toman a través de encuestas por internet sin ninguna transparencia ni control. No hay congresos donde se elija al jefe del partido o a miembros de una coordinadora. Recientemente, Grillo ha nominado una dirección de personas a su discreción. Desde el inicio de la legislatura, 26 parlamentarios han sido expulsados del partido, a veces con un juicio popular en internet que recuerda mecanismos políticos primitivos, o se han marchado debido a la falta de democracia interna.

Hay también cosas que debemos reconocerle a este movimiento: haber desnudado al rey. Su aparición forzó a Berlusconi y al Partido Democrático a pactar oficialmente después de años de falsa pelea y trabajo en común por debajo de la mesa. Gracias a ellos se ha hecho público que el Partido Democrático votó sistemáticamente durante 20 años la elegibilidad de Berlusconi, que como titular de concesiones públicas (de frecuencias televisivas) nunca hubiera debido ser elegible según la ley. Además, tiene el mérito de haber ejercido una dura oposición en defensa de la Constitución y, en más de un caso, del interés general público. El movimiento ha planteado también el debate de la renta básica y ha abierto un canal entre el Parlamento y la sociedad civil que estaba totalmente cerrado desde años.

Concluyendo, como todos los fenómenos políticos nuevos, también este movimiento merece un análisis lúcido fuera de la contraposición instrumental de los distintos actores en juego. Siempre considerando la anomalía italiana, que en la última década parece haber redescubierto la comedia del arte, esta vez no de manera artística, sino como guión de su historia política institucional.

1 Partido Democrático, resultado de las múltiples secesiones, transformaciones neoliberales y fusiones de otros partidos de centro con el antiguo Partido Comunista Italiano tras de la caída del Muro de Berlín.

2 Día de iros a tomar por culo, referido a los políticos.

3 Como se definen los seguidores de Beppe Grillo.

NO MÁS MUERTES EN LAS FRONTERAS:

POR LA LIBERTAD DE MOVIMIENTO, LA SOLIDARIDAD Y LA JUSTICIA SOCIAL

Más de setecientas personas han vuelto a perder la vida en el Mediterráneo. El goteo de muertes es continuado, imparable, convirtiendo el mar que separa África de Europa en una fosa común obscena. Cada cierto tiempo estas muertes, por su volumen, por su brutalidad, hace imposible mantener el silencio que se impone a la vergüenza del Mediterráneo. Muestra de ello fue el naufragio de Lampedusa. Cuando este ocurrió, con 300 personas muertas, se dijo que era el de mayores dimensiones ocurrido. Después de algo más de un año, se han duplicado las víctimas, se repiten estas palabras y se vuelve a escenificar una urgencia política que queda en inacción, demagogia y pasividad.   La muerte de 700 personas debería alertar fuera como fuese, al igual que alerta los accidentes de aviones, de ferries, trenes o automóviles. Alertar para poner soluciones factibles, eficaces; no para esconder y alejar el problema. Ya que, además, de un año a otro las víctimas aumentan de forma exponencial. ¿Cuántas muertes son necesarias soportar para entender que esta tragedia es una prioridad política europea e internacional? ¿Por qué estas muertes tienen menor importancia que las que ocurren dentro de nuestras fronteras, en el tránsito europeo diario, en la actividad migratoria y turística de esta parte del mundo que tienen como respuesta medidas rápidas y eficaces?   Estas muertes representan la desigualdad global. La inexistente solidaridad entre pueblos fomentadas por un discurso demagógico sobre las migraciones. Representan una cultura global de instituciones insolidarias, ingratas y codiciosas que eximen sus responsabilidades ante los conflictos que ellas mismas provocan. Muestran también las dificultades que existen en otras partes del mundo: la pobreza, la  persecución, las guerras, la falta de derechos. Situaciones crónicas, complejas, en la que se encuentran representados demasiados intereses. Son, a la vez, el reflejo de un mundo injusto, parcial, militarizado y explotador. Pues estas muertes van acompañadas de sistemas fronterizos, policías y militares, Centros de Internamiento, controles policiales y redadas, diferencias salariales y laborales, restricción de derechos y permisos, imposibilidad de reagrupación familiar y leyes de extranjería. Estas personas muertas son la viva expresión de un mundo tan desigual que estructura las personas en función de sus riquezas, generando personas con distintas categorías; es decir, con distintos derechos a la vida, al bienestar y al progreso personal y familiar.   Fronteras, CIE, redadas y explotación laboral son las premisas sobre las que se construye la riqueza europea – la de unos pocos, como ya sabemos -. Y es a la vez la base sobre la que se edifica la relación entre las personas de distintas culturas. Relaciones que se piensan en conflictos, en escasez, en desigualdad, en patriarcado, que cierran cualquier puerta a la solidaridad, al apoyo, al acogimiento, a la comprensión, a la igualdad.   Supuestos que justifican el día a día de las decisiones políticas e institucionales frente al fenómeno (muy antiguo) de las migraciones. Inactividad política, demagogia, racismo, xenofobia y violación de derechos fundamentales son los culpables de la muerte de miles de personas en el Mediterráneo y en las fronteras de la fortaleza europea. Son también culpables de que las personas puedan ser manejadas en su desolación por entramados mafiosos en los que suelen participar los propios Estados. Son responsables además de las tratas de personas, de las mafias, de la corrupción política, de la desesperación, de la explotación laboral, del malestar de las personas de regiones empobrecidas, del cierre de fronteras, de las soluciones militarizadas para el fenómeno migratorio y del crecimiento en Europa de movimientos racistas y xenófobos.   Existen soluciones a estas muertes indiscriminadas de personas. Existen soluciones para que estas personas perseguidas, empobrecidas, desahuciadas, desplazadas no tengan como única salida la muerte, ya sea en sus países o en el Mediterráneo. Gran parte de la solución está en la libertad de movimiento, en la generación de una cultura de solidaridad entre pueblos, en una alianza internacional que atienda las situaciones de las personas en conflictos y pobreza. Pasa por romper una estructura internacional basada en la desigualdad y la explotación que reduzca al máximo los conflictos y que subvierta la consigna velada de que la desesperación es beneficio. Pasa por entender una ciudadanía universal. Pasa por la caída de las fronteras, por la solidaridad y por la construcción de un mundo sin racismo, sin xenofobia, sin desigualdad y con derechos para todas y todos.   Por la libertad de movimientos, no más muertes en el Mediterráneo. Por una acción política rápida y humanitaria a los movimientos de personas de África a Europa y en toda la frontera europea. Por una solución europea de solidaridad, acogimiento y cumplimiento de los tratados internacionales para los refugiados. No a las leyes de extranjería. Por una ciudadanía universal.    

Periódico MAPA: en busca de resistencias en Portugal

Hace dos años, surgía en Portugal el periódico MAPA. Se vivía, a finales de 2012, un auge de las agitaciones y las protestas en las calles, junto a los movimientos en las plazas de diversas partes del mundo, como respuesta a la ofensiva cada vez más cruel dictada por el reajuste del capitalismo financiero en nombre de las justificadas crisis. En el caso portugués, se luchaba contra el programa de austeridad llevado a cabo con ahínco por el gobierno de derecha y por la Troika (Comisión Europea, FMI y Banco Central Europeo).

Al contrario de lo que indican las expectativas creadas en 20121, los dos años que siguieron a la creación de MAPA no pasarán a la historia por sus entusiastas protestas y levantamientos populares. Aún menos por la continuidad del ataque directo, cuya última acción relevante fue el levantamiento de las piedras de la calzada durante la huelga general del 14 de noviembre de 2012. A partir de esta fecha, fue evidente la estrategia de confinar a las personas en el miedo: atemorizadas por el desempleo y por la pérdida de expectativas futuras (la emigración se disparó), sufriendo además recortes salariales y de pensiones, pérdidas de condiciones mínimas de salud, educación, etc. Por otro lado, la represión y la vigilancia aumentaba en los barrios desfavorecidos y en las diversas protestas, encerradas estas en el no menos policial corsé sindical de la CGTP (intersindical comunista).

En la huelga general del 27 de junio de 2013, después de la marcha oficial de la CGTP cerca de 400 personas tomaron las calles y se dirigieron al puente 25 de Abril, lo que finalizó con 226 manifestantes detenidos. En octubre, ante los temores del Gobierno por la alteración del orden público, es la propia intersindical quien da marcha atrás a su convocatoria de marchar sobre el puente (un puente todavía hoy marcado por el recuerdo del bloqueo popular de finales de los años 90) en protesta contra el gobierno de derecha del actual presidente de la República. La CGTP asume una retirada ante la imposibilidad de controlar la convulsión social latente entre la gente. Al mismo tiempo, pierden dinamismo los movimientos no partidistas y anticapitalistas, como sucedió el 25 de abril de 2014, donde la festividad fue la cara más visible de las protestas, y no su combatividad.

En 2014, los 40 años desde la Revolução dos Cravos (la Revolución de los Claveles) de 1974 evocan un país «encravado» (estancado) por la herencia de una «paz social» impuesta por un sindicalismo debilitado y por la representatividad partidista. Este contexto está generando una incapacidad de reinventar la espontaneidad y de tomar las riendas, desde la calle, de los deseos de cambios revolucionarios hasta entonces vividos. El esperado circo electoral de 2015 vendrá a hipotecar todavía más las dinámicas de lucha, haciendo girar su discurso en torno otra vez al simple cambio gubernamental.

En este incómodo escenario, MAPA propone en sus páginas el desarrollo de la crítica en cuanto alimento del pensamiento y la práctica de la autonomía y de la libertad en todos los aspectos de la vida. Un proyecto creado a partir de un colectivo de diversidad anarquista que intenta traspasar la mera esfera ideológica para ir al encuentro de un mayor elenco de personas, sitios y circunstancias. Sin querer atascarse en el repetido diagnóstico del «problema de la pasividad en Portugal», algunas de las temáticas abordadas se cruzan con algunos campos donde actualmente se desarrollan luchas y resistencias. Su escala, por pequeña y local que sea, no le resta importancia, más bien al contrario. En buena medida, podríamos decir que su campo de interés se centra en la amplia cuestión de la reapropiación por parte de las personas, tanto de sus vidas como del espacio público y de su territorio.

A partir de las ciudades podemos observar cómo los procesos locales de transformación y las dinámicas urbanas (Coimbra, Porto, Lisboa, etc.) han sido aprovechados para limpiar y alejar de los ojos de los turistas y del comercio a lxs pobres, lxs inmigrantes y lxs marginados. Queremos acentuar aquí el importante papel en la resistencia que han tenido espacios alternativos como la CasaViva en Porto, BOESG, RDA, CCL, CSO Laranjinha o la Fábrica das Alternativas en Lisboa2. Por otro lado, se impuso el tema de la vivienda como frente de lucha —seguido por el colectivo Habita3— asociado a la nueva ley de arrendamiento. El gran aumento del precio de los alquileres que la acompaña se hace sentir por todas partes, especialmente en los barrios populares de la periferia de Lisboa, Setúbal o Porto. La vida en estos barrios es, a su vez, un permanente estado de sitio y un acoso policial. Una cuestión que es cada vez más urgente, atendiendo al número de muertos fruto de las redadas y otras actuaciones policiales —detenciones, palizas y persecuciones— que se suceden a cualquier hora del día y a propósito de cualquier protesta4.

En el campo, semejante análisis podría señalarse a través de la constante imposición de los modelos cosmopolitas en los pueblos y aldeas. No obstante, lo rural puede surgir como una fuente de resistencia cuando la misma lucha es fruto de las relaciones de proximidad, no solo entre las personas, sino también con su territorio. Nuestra atención se centra sobre todo en las luchas de carácter ecologista y de defensa del territorio, ya sea frente a las amenazas de las explotaciones mineras —como en Aljustrel o en la Mina da Boa Fé5—, de infraestructuras energéticas —desde los parques eólicos a las líneas de alta tensión— o ante el avance de la industria petrolífera y de explotación del gas (MAPA contribuyó a lanzar el debate sobre el fracking)6. Sin olvidar la nociva industria turística, con particular énfasis en la destrucción del sur y del litoral portugués.

Al final, terminamos preguntándonos a nosotrxs mismxs: ¿es MAPA un periódico de la ciudad para el campo o del campo para la ciudad? Sabemos que es en este punto de encuentro donde, por fin, se forjarán las resistencias y las alternativas.

1 Leer Sobre a Passagem de Alguns Milhares de Pessoas por um Breve Período de Tempo (Ed. Antipáticas, 2013) y Quem Arrisca não Petisca… Contribuições para uma luta anti-autoritária no contexto dos protestos anti-austeridade. Portugal 2011/12, (2013).

2 http://casa-viva.blogspot.pt/; http://boesg.blogspot.pt/ ; http://culturalibertaria.blogspot.pt/ ; http://rda69.wordpress.com/; http://laranjinhar.wordpress.com/; https://pt-br.facebook.com/fabricadealternativas

3 http://www.habita.info/

4 Ver en http://observatoriodocontroloerepressao.wordpress.com/ y sobre las luchas carcelarias en http://iscte.pt/~apad/ACED/

5 http://projectomineirodaboafe.wordpress.com/

6 http://gasnaturalnao.wordpress.com/ y http://movimentoantigasdexistobarreiro.wordpress.com/

El reto kurdo

Los kurdos constituyen el pueblo más numeroso del planeta sin estado propio. Un grupo humano de unos 40 millones de personas de los que un 45% vive en Turquía, un 25% en Irán, otro 25% en Irak y un 5% en Siria. Este pueblo, tradicionalmente de pastores y agricultores, tiene su territorio natural en una cadena montañosa denominada Kurdistán donde serpentean los ríos Tigris y Éufrates y se encuentran los valles más fértiles y las principales reservas de hidrocarburos de la zona.

Para entender las actuales demandas kurdas hemos de remontarnos a principios del siglo XX, cuando el colonialismo europeo inició el trazado de las fronteras de Oriente Medio tal y como las conocemos hoy.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, se desmoronó el Imperio otomano y sus vencedores —Francia, Inglaterra y Rusia— repartieron su territorio por medio del Tratado de Sèvres (1920), en el que se acordó la creación de un Estado llamado Kurdistán en la península de Anatolia. Ante las presiones de Turquía, este tratado sería invalidado y sustituido por el Tratado de Lausana (1923) que estableció las fronteras de la Turquía moderna y alejaba el sueño kurdo de contar con un Estado propio.

La creación de la República Turca marcó el comienzo de la pesadilla kurda. En su constitución se especificaba que solo eran reconocidas como minorías las «minorías no musulmanas» (armenios y griegos), procediéndose a la turquización de los kurdos que serían menospreciados y considerados turcos de segunda categoría o llamados despectivamente «los turcos de las montañas». En Iraq y Siria se procedería a la arabización de los kurdos y en Irán a su persianización. A partir de este momento, los kurdos —con una lengua propia de origen indoeuropeo y con un gran número de alevitas o yazidis (religiones sincréticas)— serán colonizados culturalmente y ampliamente perseguidos. Muestra de esta barbarie fue la prohibición de hablar kurdo, la eliminación de la palabra «Kurdistán», la prohibición de sus expresiones culturales y el desplazamiento forzoso de numerosas poblaciones kurdas. Ante esta situación, las insurrecciones se convirtieron en un fenómeno endémico en la región, que se caracterizó por levantamientos armados en Turquía, combinados con periodos de enfrentamientos en Irán e Iraq a lo largo de todo el siglo XX.

En este contexto revolucionario hay que destacar el proceso de liberación nacional de los kurdos de Turquía. En 1978 se constituye el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). Entre sus fundadores destaca Abdullah Ocalan, un estudiante de ciencias políticas que basa su ideario en el antifascismo y que se convierte en el motor de una organización de amplia base universitaria en la que conviven estudiantes kurdos y turcos. Durante la dictadura militar, el PKK logra una rápida implantación, con una gran influencia del marxismo-leninismo. Pasa de realizar actividades culturales de ámbito universitario al inicio de la lucha armada, que se producirá el 15 de agosto de 1984.

El PKK promulga la regeneración de la sociedad de Oriente Medio en base a la autogestión de las comunidades locales donde la multiculturalidad, la ecología y el feminismo serán los pilares fundamentales

En poco tiempo, el conflicto se extiende por todo el territorio del Kurdistán turco y los primeros 15 años de guerra arrojan unas cifras espeluznantes: más de 30 000 muertos y 2000 aldeas kurdas quemadas, lo que provocará una importante diáspora kurda hacia Estambul, Ankara y el exilio europeo.

A pesar de la dureza del conflicto y de la contrapropaganda del Estado turco, Ocalan —llamado popularmente «Apo» (tío, en kurdo)— se convertirá en el líder indiscutible para los kurdos de Turquía y Siria y su imagen en un fetiche omnipresente.

Frente a la represión del Estado turco y el poderío militar de su ejército (el segundo más numeroso de la OTAN), el PKK consigue desplegar a miles de combatientes entre el sudeste de Turquía y el norte de Iraq. Se trata de una guerrilla compuesta por unos 8000 guerrilleros de los que 3000 son mujeres con organización propia. El Partido de la Liberación de las Mujeres en Kurdistán (PAJK) no solo lucha por la constitución de un Estado kurdo, sino también por una sociedad libre de patriarcado, igualitaria y con justicia social, como reza su juramento de ingreso.

En 1999, Abdullah Ocalan fue detenido en la embajada de Grecia en Kenia por los servicios de inteligencia turcos, con la colaboración de la CIA y el Mossad. Ocalan, narcotizado, fue exhibido por sus captores de forma burlona ante los medios de comunicación internacionales y recluido en la isla-prisión de Imaril (Turquía) donde es condenado a pena de muerte, pena conmutada a cadena perpetua por la presión internacional.

Tras su detención, el PKK realiza un debate interno a partir del cual declara que la independencia no es su único objetivo, da por superado el marxismo-leninismo de sus orígenes y se decanta por un socialismo de influencia libertaria denominado «confederalismo democrático». De esta manera, el PKK promulga la regeneración de la sociedad de Oriente Medio en base a la autogestión de las comunidades locales donde la multiculturalidad, la ecología y el feminismo serán los pilares fundamentales.

Este pensamiento ha sido bien acogido por las mujeres de las aldeas kurdas, donde el patriarcado, los crímenes de honor y los matrimonios forzados están muy extendidos. Es interesante destacar que un buen número de las mujeres que componen el PAJK han llegado a la montaña buscando un refugio, después de haber abandonado a maridos maltratadores o haber sido víctimas de violencia sexual en sus comunidades.

El Partido de la liberación de las mujeres en Kurdistán (PAJK) no solo lucha por la constitución de un estado kurdo, sino también por una sociedad libre de patriarcado, igualitaria y con justicia social, como reza su juramento de ingreso

Durante el conflicto desatado en Siria para derrocar a Bashar-al-Asad, grupos yihadistas empotrados en la Coalición Nacional Siria ejecutaron públicamente a mujeres acusándolas de «delitos morales». Esto motivó que un gran número de milicianas kurdas del PAJK bajaran de sus bases en las montañas del Kandil (Iraq) para establecerse en el Kurdistán sirio y proteger a la población. Poco a poco, el PKK comenzó en Siria la formación de las milicias del YPG (Unidades de Protección Popular) responsables de mantener el orden y organizar los municipios. En la actualidad, es la fuerza más efectiva en Oriente Medio para frenar la expansión del denominado Estado Islámico (ISIS), una organización muy poderosa apoyada por Turquía y los Emiratos Árabes.

El pueblo kurdo desempeña hoy un papel fundamental en la reconfiguración política de toda la región. La resistencia y organización mostrada en Kobani —que ha sido portada de los medios internacionales con imágenes de mujeres kurdas armadas defendiendo a la población civil— ha unido a diferentes sectores kurdos de Turquía, Siria, Iraq e Irán. Es la primera vez que las principales fuerzas kurdas se unen en un frente común, de forma clara y contundente, para frenar el genocidio puesto en marcha por el Estado Islámico. Esto debe servir a la comunidad internacional para reconocer al pueblo kurdo la capacidad de autogestión de su territorio bajo principios democráticos y pluralistas.

Sin duda, hoy los kurdos se enfrentan a dos grandes retos: expulsar a ISIS del Kurdistán y aprovechar la oportunidad histórica que se les brinda para tomar el control de su territorio y gestionarlo por sí mismos.

¿Lo llamamos ya genocidio, o seguimos con que es conflicto?

Desde los Estados occidentales, la relación entre Israel y Palestina se conceptualiza como conflicto1, con unos actores —Israel y Palestina— y una solución basada en el diálogo y las negociaciones —dirigidas desde Estados Unidos con la colaboración de Europa—, y en nombre de la «paz». Marco que en los últimos 20 años ha permitido que Israel aumente aún más su poder, mientras que Palestina en general, y Gaza en particular, ha sido oprimida hasta dejarla al borde del colapso.

Sin embargo, desde la psicología, el análisis de la relación entre Israel y Palestina nunca puede ser entendida como «conflicto». Cuando en una relación una parte siempre gana y la otra siempre pierde, cuando hay desequilibrio entre las partes, y cuando además las agresiones tienen lugar con la total intención de hacer daño, se llama violencia, no conflicto.

El análisis de la violencia incluye tres tipos de actores: el agresor, que se acompaña de ayudantes y de animadores; la víctima, que en situación de vulnerabilidad es atacada constantemente, de manera intencional y desde el desequilibrio de poder; y los ausentes o espectadores, que saben lo que está pasando, no tienen una participación activa y, justamente, su implicación es la clave para que termine esta violencia.

En la relación Israel-Palestina el agresor es el sionismo, representado por Israel; sus ayudantes le proporcionan privilegios (Reino Unido y EE. UU.), apoyados por Europa y algunos países árabes; las víctimas han sido los palestinos, con tragedias como la Nakba y un genocidio permanente; mientras, el mundo espectador mira y calla (la ONU).

Gaza resiste

El penúltimo capítulo de esta narrativa de violencia son los 51 días que ha vivido Gaza de bombardeos continuos por aire, mar y tierra. Nunca un territorio tan pequeño y con tanta población ha sido sometido a un bombardeo tan cruelmente intenso y, además, bajo asedio.

El esquema seguido en esta Operación Margen Protector sigue siendo el mismo: se inicia con una operación de falsa bandera para «justificar» el ataque (desaparición de tres jóvenes colonos), bombardean masivamente infraestructuras y población civil (aplicación de la doctrina Dahiya), debilitan sistemáticamente a la víctima (bloqueo de Gaza), impiden su recuperación (bombardean hospitales, escuelas refugios, ambulancias, etc.), la culpabilizan de sus desgracias y niegan su colaboración con investigaciones sobre posibles crímenes de lesa humanidad. Al mismo tiempo, se despliega todo un aparato mediático diseñado para confundir y engañar. El objetivo sigue siendo el mismo que en 1948: la colonización del territorio sin su población. Ahora, en concreto, animados por el gas2 y el petróleo que hay en el mar de Gaza, y que no será explotado por Israel si Hamás sigue gobernando la franja.

En esta «operación» se utilizaron armas de destrucción masiva en tal cantidad que cuando el Pentágono fue informado de las bombas usadas en Shuja’eya, dijeron que eso «craterizaba»3 la zona causando el mayor daño posible a los civiles. El tipo de munición usada —DIME, bombas termobáricas y misiles GU-58— constituye otro crimen más.

Sin embargo, a pesar del poderío de esa máquina de matar (más de 2000 asesinados y más de 10 000 heridos), la resistencia de Gaza ha ganado el combate. Hay rumores que hablan de más de 800 bajas del ejército israelí. Aunque sigan ocupados, sin control de fronteras y sin nada, la resistencia ejerce su legítimo derecho a defenderse, reconocido en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas a todo Estado o entidad que esté bajo ocupación.

Israel, un Estado criminal desde su existencia

El Estado de Israel fue creado por una ideología racista y etnoconfesionista, el sionismo, que fue condenado por la ONU en 1975 por equipararse al apartheid surafricano. Esta estructura de poder permite el uso de toda estrategia, arma y artimaña para garantizar la seguridad del Estado ocupante, e ir debilitando, fracturando y oprimiendo al ocupado (recordemos, la víctima). Se crea todo un entorno diseñado con dicha intención: las colonias, el muro, sistemas de vigilancia, secuestros, demolición de casas, asesinatos, torturas, bombardeos masivos y hasta destrucción total. A pesar de la repetición de los crímenes, el Estado sionista de Israel nunca ha sido juzgado por ninguno de sus delitos, teniendo cientos de resoluciones de la ONU sin cumplir.

La razón de su existencia y de su impunidad la tienen sus ayudantes (EE. UU.) y sus incondicionales seguidores (Europa), que a su vez controlan la ONU, y consecuentemente al mundo. EE. UU. ha sido y es el gran ayudante de Israel, el que suministra todas las armas necesarias para cometer crímenes. Europa —súbdita de EE. UU.— considera a Israel como un socio privilegiado y miembro preferente de cualquier acuerdo y convocatoria. España (gobierne quien gobierne) cumple su papel de súbdita de Europa, repitiendo las consignas dadas: llamarle «conflicto» y, por ende, culpar a ambas partes equiparando a ocupante y ocupado, defender una solución de dos Estados4 que solo contempla la seguridad de Israel y reclama el desarme de la resistencia. El papel de algunos países árabes, incluida la propia Autoridad Palestina, también es de apoyo a Israel y sus aliados; Egipto, Arabia Saudí y Jordania son los Estados más sumisos a los deseos occidentales, y aunque tienen un discurso de apoyo a Palestina, por sus actos demuestran que su prioridad es mantener el statu quo del Occidente dominante. Mientras estas «pacíficas» soluciones occidentales se implementan, Israel controla-ocupa a todo el pueblo palestino en todas sus dimensiones (qué comen, si tienen agua, si pueden pescar, si pueden vivir) y continúa robando más y más territorios.

El mundo empieza a actuar

Parece que el patrón de asesinar, engañar y ser impune está perdiendo apoyos, y en la ONU se observa esta evolución. En la última reunión del 6 de agosto del Consejo de Seguridad, 31 Estados condenaron totalmente al agresor, mientras que solo 11 siguieron con la perspectiva de «conflicto». A pesar de esta condena apoyada por el 80% de los Estados, su secretario general Ban Ki Moon permanece en silencio.

La clave para cambiar una relación de violencia es detenerla y juzgar a los agresores. Los espectadores son quienes tienen el rol para hacerlo. A pesar de los engaños de los medios de comunicación y del silencio del secretario de la ONU, la humanidad se ha movilizado. Con ayuda de las redes sociales se ha denunciado el genocidio que se comete contra un pueblo, exponiendo las mentiras de Israel y las relaciones de complicidad de sus aliados. El movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS5) está llegando al punto de inflexión: de llamarle conflicto a denominarlo genocidio, lo que conlleva que son los pueblos quienes toman la iniciativa y presionarán hasta que Israel (1) termine la ocupación (2), reconozca los derechos de los palestinos y (3) los refugiados vuelvan a su tierra (resolución 194). Además de llevar a Israel y a sus colaboradores ante el Tribunal Penal Internacional.

1 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=116067

2 http://www.voltairenet.org/article184782.html

3 http://america.aljazeera.com/articles/2014/8/26/israel-bombing-stunsusofficers.html

4 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83417

5 http://boicotisrael.net/

08 POLI GLOBAL 1 Nayi al-Ali - Handala (la que mejor se vea)

Mujeres palestinas toman las calles en Jerusalén

Tan Indignadas estamos las mujeres palestinas de Jerusalén que tomamos las calles, y Sarah y yo estamos en las calles desde la mañana. Nosotras vimos cómo militarizaban el espacio de nuestra concentración y les dijimos todo cuanto quisimos, les demostramos que podrían poner todos los soldados y gente de seguridad que quisieran- ¡No pueden parar la resistencia de l@s palestin@s! La declaración adjunta se encuentra en ambos idiomas, la escribimos juntas con todas las ideas y la perspicacia de las maravillosas mujeres a nuestro alrededor, y esperamos continuar nuestra lucha. Sólo viendo nuestra primera manifestación de hoy en la Puerta de Damasco una sabe que no éramos sólo las activistas feministas, no sólo las mujeres de las organizaciones de la sociedad civil y las mujeres y feministas de ONGs; eran las transeúntes, que estaban de camino hacia el zoco, y se detenían para unirse a nosotras. Eran las vendedoras que dejaban su mercancía al lado y empezaban a corear con nosotras. Cuando nos trasladamos a la segunda manifestación frente a las oficinas de la Unión Europea, las mujeres escucharon nuestras consignas, salieron de sus casas y se nos unieron; luego, cuando fuimos a la tercera manifestación frente a la Cruz Roja, de nuevo se unieron a la marcha más mujeres… Estábamos todas nosotras, procedentes de diferentes lugares, edades, posiciones, partidos políticos que unimos nuestras manos para exigir detener la masacre en Gaza… y llamar a Israel estado terrorista. El mundo podría no oír nuestras voces y nuestras reivindicaciones, pero teníamos que hablar en voz alta, juntarnos, compartir historias de dolor y poder, mostrar nuestra solidaridad y amor unas a otras… como que el amor es una práctica de libertad.

Hacer la vista gorda ante los ataques terroristas de Israel sobre el pueblo palestino es hacerse cómplice de crímenes contra la humanidad

Hacer la vista gorda ante las masacres de Israel en Gaza hoy es ser cómplice de la brutalidad de Israel y los ataques genocidas contra el pueblo palestino. Nosotras escribimos esta declaración para condenar enérgicamente las recientes masacres y los crímenes de guerra de Israel cometidos contra la población civil y las familias de Gaza y exigir un cese inmediato de los asesinatos indiscriminados y el fin del asedio; y rechazamos firmemente la destrucción vengativa de la propiedad, las infraestructuras y el medio de vida de nuestro pueblo en Gaza.

El despojo continuo del derecho de l@s palestin@s a la vida y a un futuro seguro, la limpieza étnica desde 1948 y de hecho el desarraigo constante, el desplazamiento, la demolición de viviendas, la fragmentación de las familias, la apropiación de tierras y el encarcelamiento crean la desesperación y condiciones de vida sin esperanzas y sofocan nuestras posibilidades para el futuro. Estar en silencio en medio de continuos crímenes, aceptar la ocupación militar y la violencia colonial, aceptar el asesinato de mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, refugiados, campesinos y aldeanos, es aprobar las distintas maneras coloniales de despojo y negar a l@s palestin@s el derecho a una vida digna.

En el nombre de “Al-tajamo’ Al-nasawiy Almaqdasy”, un grupo de “Coalición de Mujeres de Jerusalén” y feministas del mismo lugar, de todos los segmentos de la sociedad, escribimos para expresar nuestra profunda condena de la continua pérdida de vidas, así como expresamos nuestro rechazo al silencio de las comunidades regionales y mundiales y la complicidad con el cruel proyecto sionista. Nosotras las mujeres estamos horrorizadas por la desposesión sin fin y con el sufrimiento de nuestro pueblo, en Cisjordania, en Jerusalén y en Gaza ocupadas. Nos negamos a aceptar la violencia como parte de la vida diaria de los refugiad@s palestin@s en los diversos campos, así como entre l@s palestin@s de 1948 en Galilea, Naqab, Tringle y más. Estamos indignadas con el terrorismo del régimen colonial de los asentamientos sionistas, así como su maquinaria de opresión que inscribe el dolor y marca los cuerpos y las vidas de nuestras familias, hijas, hijos y comunidades como objetos desechables, “Otros” no humanos y entidades no reconocidas, como cuerpos desnudos y vidas desposeídas del derecho a la vida, a la seguridad, e incluso del derecho a morir con dignidad.

Hoy nos encontramos como mujeres palestinas que rechazan cualquier negación de nuestro derecho a los derechos, y que se niegan a normalizar o justificar la violencia de la ocupación y la colonización israelí, al tiempo que exigimos firmemente el fin del régimen sionista, su maquinaria y su estructura colonial violenta. Han pasado más de 60 años de violencia estructural sionista, un largo periodo de despojo continuo, desplazamiento y desarraigo. Y hoy, en Gaza y por toda la Palestina histórica, volvemos a experimentar el desplazamiento y la fragmentación de nuestras familias y de nuestras comunidades, la creación de miles de refugiados adicionales, volvemos a sufrir la muerte de palestin@s y crímenes contra nuestro pueblo, volvemos a vivir la aniquilación de nuestro futuro y de los derechos de autodeterminación, mientras que el mundo está mirando.

Hoy nos encontramos como mujeres palestinas insistiendo en nuestro derecho a resistir ante la brutalidad del régimen colonial de los asentamientos, y haciendo valer nuestro inherente derecho a defendernos. Hablamos contra la persistente criminalidad y la victimización de nuestro pueblo; exigimos el fin del silencio, el fin de la ceguera voluntaria de la comunidad internacional y la afasia colonial que rodea nuestra catástrofe, y exigimos el derecho a hablar sobre nuestro trauma y nuestra firmeza. Hoy en día nos encontramos con el poder de nuestros antepasados, el poder de nuestra perseverancia y el poder de nuestra justa causa. Nuestra esperanza para el futuro y el amor por la vida alimentan nuestra lucha contra las continuas injusticias; continuamos nuestra larga historia de resistencia popular contra el estado sionista para una vida de seguridad y dignidad. Estamos aquí para hablar –no para ser observadoras voyeuristas, no para ser sepultureras– y sostenemos nuestra lucha para vivir la vida, no para matarla!

En nombre de la justicia de nuestra causa

1.- Primero y ante todo, exigimos el cese inmediato de las masacres y los crímenes de guerra que el estado de Israel está ahora cometiendo en Gaza. Exigimos el fin inmediato de considerar legal nuestro trato injusto y le instamos a detener los continuos ataques y masacres que comenzaron en 1948 en Deir Yassin, Qufr Qasim, Eilaboon, continuaron durante las incursiones en Hebrón y Jenin e incluso en los campos de refugiados de Sabra y Shatila en el Líbano, y continúan hoy en Shejaiyya y otros barrios de Gaza. Exigimos el fin de la brutalidad, el despojo y la demonización que se marca en el cuerpo de l@s palestin@s, en las familias palestinas, en la intimidad de las mujeres, en la sexualidad de las mujeres, en los cuerpos de las mujeres, en los cuerpos de las mujeres embarazadas, en los cuerpos de las mujeres pariendo, el dolor que se inscribe incluso en los cuerpos de nuestros muertos.

2.- Hacemos una llamada a la comunidad internacional y al mundo árabe, sus hijas e hijos, para que presionen a sus gobiernos y detengan la continua Nakba, incluyendo el muy sangriento ataque a Gaza hoy.

3.- Hacemos un llamamiento a las organizaciones de la sociedad civil, las organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos y organizaciones humanitarias a trabajar juntas para ayudar a poner fin a la ocupación israelí.

4.- Exigimos el fin inmediato al castigo colectivo que supone enjaular a l@s palestin@s en prisiones cerradas y abiertas, cazar a la gente en sus hogares, en sus lugares de culto, en sus escuelas e incluso en sus cementerios.

5.- Reivindicamos la preservación de la seguridad para las valientes mujeres palestinas que continúan resistiendo la opresión colonial a través de su contribución diaria, sus intentos cotidianos para brindar seguridad y protección a los más vulnerables de nuestra gente – sus seres queridos, sus bebés incluso en sus vientres, sus estudiantes, sus jóvenes, nuestr@s niñ@s, l@s ancian@s y necesitad@s – y para preservar nuestra historia, cultura y continuidad como pueblo.

6.- Instamos a la comunidad feminista internacional, incluyendo premios Nobel y otras activistas, a levantarse frente a la continua violencia que se dirige hacia los individuos palestinos y nuestra sociedad en su conjunto, y para trabajar fuertemente en la prevención de continuas masacres, el desplazamiento forzoso y la destrucción de nuestro tejido social.

7.- Hacemos una llamada a todos los pueblos del mundo que han sufrido atrocidades, deshumanización, desplazamientos y crímenes de guerra para estar con nosotras y hacer oír su voz.

8.- Exigimos la rendición de cuentas de los criminales, tanto si estos delincuentes son los representantes del Estado de Israel, organizaciones privadas o individuos, y detener a Israel por sus crímenes de guerra y obligar al Estado a respetar los Tratados Internacionales como la 4ª Convención de Ginebra, el Estatuto de Roma y otros tratados relacionados.

9.- Instamos a todas las personas de conciencia a apoyar el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), desinvertir en Israel, imponerle sanciones económicas y excluir a Israel mientras sea definido como Estado terrorista.

A 25 de julio de 2014

Traducción del inglés: Sofía Segura, MdN de Sevilla

mujeres-palestinas

Algunas claves sobre el conflicto en Ucrania

Desde que estallaran las protestas en Ucrania, la avalancha de noticias vertidas por los voceros oficiales ha sido extensa. Aun así, se antoja difícil interpretar con cierta claridad todos los intereses geopolíticos y estratégicos que están en juego. Según versiones oficiales, todo empezó con la negación del Gobierno de Ucrania a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea el mes de noviembre pasado. Desde entonces, se han sucedido destituciones, referéndums, combates y asaltos. Han llegado a nuestros oídos nombres de lugares inhóspitos, desconocidos hasta ahora, que han cobrado una relevancia inusitada. Abordamos la arriesgada tarea de intentar resaltar algunas de las claves escondidas detrás de este conflicto basándonos en la lectura del libro Rusia frente a Ucrania. Imperios, pueblos, energía de Carlos Taibo.

Rusia no es una potencia meramente regional. Su extensión y ubicación geográfica hace que sus movimientos —o, en su caso, la ausencia de estos—, ejerzan efectos sobre el panorama entero del planeta. Un Estado que cuenta con fronteras con la Unión Europea, Oriente Próximo y China, que mantiene contenciosos varios con Japón y que choca con Estados Unidos a través del estrecho de Bering no puede ser, por definición, una potencia regional.

Además, estamos ante un Estado que es uno de los principales productores de hidrocarburos, que posee derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y un arsenal nuclear importante. Todo esto trae como consecuencia que sea uno de los pocos Estados del planeta que guarda una cierta autonomía aun cuando la deriva del último cuarto de siglo ha perfilado una Rusia cada vez más inserta en la economía internacional y, por ello, cada vez menos independiente.

Pero no todo son potencialidades. Rusia afronta también retos geográficos importantes, entre otros: carece de una salida a mares cálidos, su clima impide el despliegue de una economía diversificada, sus ríos —que en la mayoría de los casos discurren de sur a norte— no pueden ser objeto de un uso comercial próspero y, finalmente, tiene una riqueza enorme en materias primas situadas en regiones alejadas e inhóspitas.

Mientras la UE, EE. UU. y la OTAN promueven sanciones de carácter meramente simbólico, Moscú se cuida de no interrumpir los suministros de gas hacia la Europa central

También merece la pena desmontar ciertos mitos sobre el presidente ruso Vladimir Putin. No ha conseguido reenderezar un maltrecho Estado federal, no ha cerrado convincentemente el conflicto de Chechenia, no ha plantado cara a unos oligarcas que siguen definiendo la mayoría de las reglas del juego en Rusia, no ha resuelto los problemas económicos y sociales que marcan la vida cotidiana de su pueblo y tampoco parece que haya recuperado una influencia relevante en el escenario internacional. Un hecho de extrema relevancia es que su proyecto es dramáticamente dependiente de los precios internacionales de las materias primas energéticas. Todos estos datos son claves para intentar entender los movimientos del gigante ruso.

En cuanto al conflicto que nos ocupa, los acontecimientos recientes en Ucrania y en Crimea ratifican que tendremos que acostumbrarnos a lidiar con conflictos sucios en los que resultará cada vez más difícil mostrar una franca adhesión a la posición de alguno de los contendientes. Parece razonable guardar las distancias ante la conducta de todos los agentes importantes que han operado, a finales de 2013 y principios de 2014, en Ucrania. Ahí están los movimientos de las fuerzas naranjas ucranianas que, empeñadas en la obligación de Rusia a venderles gas a precios de favor, tuvieron años atrás la oportunidad de demostrar, sin éxito, su valía cuando estaban en el gobierno en Kiev. Por su parte, Yanukóvich —apoyado por los oligarcas del oriente ucraniano— se empeñó en reproducir el modelo ruso de Putin, es decir, una combinación de magnates y represión. Ni Yanukóvich fue un dirigente empeñado en la defensa de las clases populares, ni Putin una suerte de Che Guevara del siglo XXI.

Pero las potencias occidentales también juegan sucio. Llevan 5 años entregadas a la tarea de explotar una mano de obra barata, acaparar el negocio de las materias primas y abrir mercados emergentes. Si la UE ha evitado cualquier compromiso de incorporación de Ucrania a la Unión, EE. UU. ha seguido con la búsqueda del control de riquezas y áreas geográficas. Rusia, por su parte, ha aplicado una lógica imperial lejos del agrado de los pueblos afectados.

Todas estas maniobras ocurren en paralelo a un enorme despliegue mediático lleno de simbolismo y espectáculo. Mientras la UE, EE. UU. y la OTAN enuncian sonoras declaraciones de solidaridad con los manifestantes ucranianos, Rusia alimenta el discurso nacionalista que sus dirigentes han esparcido entre la población. Mientras la UE, EE. UU. y la OTAN promueven sanciones de carácter meramente simbólico, Moscú se cuida de no interrumpir los suministros de gas hacia la Europa central. A Rusia no le interesa el hundimiento de las economías de la UE y de EE. UU., ya que el desmoronamiento del euro y del dólar provocaría una depreciación sensible en las reservas que atesora.

En este estado de cosas, hay quien anuncia una reaparición de la guerra fría. No parece que sea el caso debido a dos argumentos principales. A diferencia de lo que ocurrió antes de 1990, no se enfrentan aquí dos cosmovisiones o sistemas económicos diferentes. Aunque el capitalismo occidental y el ruso muestren matices distintos, comparten muchos proyectos e intereses. El segundo argumento atiende a parámetros económicos entre los que se encuentran, por ejemplo, la distancia abismal entre el gasto en defensa de las potencias occidentales y el que mantiene Rusia. Se aprecian también enormes disparidades en el tamaño de las economías: el PIB ruso, en paridad de poder adquisitivo, es un 15% del de la UE, y solo un 8% si se maneja el tipo de cambio oficial. Y hay enormes distancias, en suma, en lo que se refiere a población y peso en el comercio mundial. Mientras la UE cuenta con 500 millones de habitantes y corre a cargo del 16% de las exportaciones registradas en el planeta, y China tiene 1300 millones de habitantes y protagoniza el 8% del comercio mundial, Rusia está poblada por algo menos de 145 millones de personas y despliega un escueto 2,5% de las exportaciones.

Lejos de estos análisis, el discurso monocorde que emiten los medios de comunicación es el de una Rusia que se comporta como una potencia agresiva aun sin haber recibido agravio alguno. Antes bien, ha sido obsequiada con sucesivas ampliaciones de la OTAN, con un reguero de bases militares en el extranjero cercano, con el descarado apoyo occidental a las revoluciones de colores y con un displicente trato comercial. No es difícil, entonces, que Rusia entienda que está siendo objeto de una agresión dirigida a reducir las posibilidades de que resurja una gran potencia en el oriente europeo.

Ninguno de los contendientes parece mostrar consciencia a las secuelas de la corrosión terminal del capitalismo, a la imprevisión de la crisis ecológica y a la proximidad del colapso

El futuro no se presenta muy halagüeño para el este de Europa. Una Rusia débil, deseo de muchos grupos de poder occidentales, significará convulsiones frecuentes en un espacio donde se prevé que la rapiña gane muchos enteros. Una Rusia fuerte dará la oportunidad a muchos europeos orientales de comprobar cómo la presunta comunidad de cultura y valores del gran imperio local se traduce en imposiciones sin cuento.

Es más que probable que, dentro de poco, muchas de estas disputas nos parezcan menores. Ninguno de los contendientes parece mostrar consciencia a las secuelas de la corrosión terminal del capitalismo, a la imprevisión de la crisis ecológica y a la proximidad del colapso. Bien puede suceder que dentro de unos años, pasados los picos respectivos, nos parezcan triviales disputas sobre cómo y por quién deben extraerse el petróleo y el gas natural. Y nos resulte una broma pesada las intuiciones sobre los efectos saludables del cambio climático difundidas últimamente en Rusia. Ojalá no haya quedado atrás también la posibilidad de aplicar los frenos de emergencia de un tren que nos conduce, a marchas forzadas, hacia el abismo.

Taibo Arias, Carlos. Rusia frente a Ucrania. Imperios, pueblos, energía. Los Libros de la Catarata, 2014.

Los modelos latinoamericanos:

una reflexión libertaria

La discusión está en la calle: ¿estaría aportando la América Latina de los gobiernos de izquierda un modelo estimulante que daría respuesta a muchos de los callejones sin salida en los que nos encontramos en el Norte opulento o, por el contrario, y pese a los fuegos de artificio, debemos mantener todas las cautelas en lo que hace a lo que significan esos gobiernos? No olvidemos que muchos de quienes se sitúan en la primera de esas posiciones consideran que experimentos como el venezolano, el ecuatoriano o el boliviano demostrarían la posibilidad de respetar las reglas de la democracia liberal —en ellos hay elecciones razonablemente pluralistas— al tiempo que se despliegan políticas sociales que estarían cambiando el escenario en franco y afortunado provecho de los desfavorecidos.

                Antes de entrar en materia diré que, desde mi punto de vista, no se trata de negar que los gobiernos en cuestión han perfilado políticas preferibles a las asumidas por sus antecesores. Tampoco sería bueno que, dogmática y apriorísticamente, rechazásemos todo lo que significan, tanto más cuanto que lo razonable es reconocer que el acoso que padecen por los poderes de siempre a buen seguro que tiene su relieve. Y no parecería saludable, en fin, que cerrásemos los ojos ante determinadas derivas eventualmente estimulantes como las que hacen referencia a determinadas opciones de cariz autogestionario o a muchos de los proyectos vinculados, antes que con gobiernos, con las comunidades indígenas y sus singulares formas de organización y conducta.

Pero, anotado lo anterior, y voy a por lo principal, creo que estamos en la obligación de preguntarnos si experiencias como la venezolana, la ecuatoriana o la boliviana configuran un modelo sugerente y convincente para quienes bebemos de una cosmovisión libertaria. Y la respuesta, que me parece obvia, es negativa. Lo es, si así se quiere, por cinco razones.

                La primera de esas razones subraya el carácter visiblemente personalista de los modelos que nos ocupan, construidos en buena medida de arriba abajo, y en algún caso, por añadidura, con asiento fundamental en las fuerzas armadas. En un mundo como el nuestro, el libertario, en el que hay un orgulloso y expreso rechazo de liderazgos y personalismos, es difícil que encajen proyectos que se mueven con toda evidencia por el camino contrario.    

                Debo subrayar, en segundo lugar, que no se trata solo de una discusión vinculada con liderazgos y jerarquías: la otra cara de la cuestión es la debilidad de las fórmulas que, en los modelos que me ocupan, debieran permitir, más allá del control desde la base, el despliegue cabal de proyectos autogestionarios. A ello se suman muchas de las ilusiones que se derivan de la no ocultada aceptación de las reglas del juego que remiten a la democracia liberal, y en singular una de ellas: la vinculada con aquella que entiende que no hay ningún problema en delegar toda nuestra capacidad de decisión en otros.

                Anotaré, en tercer lugar, que en esos modelos el Estado lo es casi todo. Se pretende que una institución heredada de los viejos poderes opere al servicio de proyectos cuya condición emancipatoria mucho me temo que, entonces, se ve sensiblemente lastrada. Al amparo de esta nueva ilusión óptica a duras penas puede sorprender que pervivan, de resultas, los vicios característicos de la burocratización y, llegado el caso, de la corrupción. 

                Obligado estoy a señalar, en cuarto término, que existe una manifiesta confusión en lo que se refiere a la condición de fondo de la mayoría de los proyectos abrazados por los gobiernos de la izquierda latinoamericana. Esos proyectos han apuntado casi siempre a una ampliación de las funciones asistenciales de la institución Estado. Nada sería más lamentable que confundir eso con el socialismo (a menos, claro, que quitemos a esta palabra buena parte de la riqueza que le da sentido). Si, por un lado, no se ha registrado ninguna suerte de socialización de la propiedad —o, en el mejor de los casos, esta última ha hecho acto de presencia de manera marginal—, por el otro han pervivido inequívocamente, por mucho que se hayan visto sometidas a cortapisas, las reglas del juego del mercado y del capitalismo. 

                Me permito agregar una quinta, y última, observación: incluso en los casos en los que la vinculación de las comunidades indígenas con determinados proyectos institucionales ha podido limar algo la cuestión, lo suyo parece concluir que las experiencias objeto de mi atención han sucumbido con lamentable frecuencia al hechizo de proyectos productivistas y desarrollistas que se antojan reproducciones miméticas de muchas de las miserias que el Norte opulento ha exportado, las más de las veces —sea dicho de paso— con razonable éxito. 

                Vuelvo al argumento principal: si no hay duda mayor en lo que se refiere al hecho de que los gobiernos de izquierda en América Latina han contribuido —unos más, otros menos— a mejorar la situación de las clases populares, desde una perspectiva libertaria parece obligado mantener al respecto todas las cautelas. Y entre ellas una principal: la que nace de la certeza de que, con los mimbres desplegados por esos gobiernos, es extremadamente difícil que se asienten en el futuro sociedades marcadas por la igualdad, la autogestión, la contestación de la miseria patriarcal, la desmercantilización y el respeto de los derechos de los integrantes de las generaciones venideras. Al respecto nada me gustaría más que equivocarme.

El aborto, derecho humano de las mujeres desde una perspectiva global

El movimiento feminista lleva años reivindicando los derechos de las mujeres, su reconocimiento y legislación, su defensa y aplicación efectiva en todas partes del mundo. Estamos en un momento en el que, poniendo a la crisis como excusa, el poder político, económico y religioso aúna sus fuerzas para imponer una regresión a los derechos de las mujeres, entre los que se encuentra el derecho al aborto. La mayoría de países del mundo han firmado acuerdos, tratados y convenciones internacionales que deben garantizar todos los derechos de las mujeres. Aun así, se vulnera el derecho al aborto y los relacionados con el ejercicio de este, como el derecho a decidir, a la salud, a la dignidad, los derechos sexuales, los reproductivos, e incluso el derecho a la vida.

Como expuso Marta Dolado en el marco del Tribunal Internacional de Derechos de las Mujeres, Viena+20, Euskalherria 20131 celebrado en junio en Bilbao, «la restricción del derecho al aborto es una violación de los derechos humanos. […] Cuando un embarazo no es deseado y la ley requiere que la mujer lo continúe, esta situación puede constituir una intrusión gubernamental en el cuerpo de la mujer. […] El Comité de Derechos Humanos de la ONU ha indicado que las restricciones al acceso al aborto legal y seguro pueden llevar a situaciones que constituyen un trato cruel, inhumano o degradante».

Así ocurre en algunos Estados, como en El Salvador y Nicaragua, donde los gobiernos no dejan que las mujeres aborten en ninguna circunstancia, agravándose la situación al máximo, vulnerando el derecho a la vida. Relegan la vida de una mujer entendiendo que es un mero instrumento para el feto.

La legislación sobre el aborto es muy diversa según el país y el gobierno que esté al frente. No obstante, en la mayoría de Estados continúa estando castigado en el Código Penal. Mientras el aborto esté en el Código Penal, el derecho a decidir será negado y subordinado a la judicatura. Mientras abortar sea delito, habrá una inseguridad jurídica para las mujeres y profesionales que lo realizan. Solo la despenalización y un aborto libre y gratuito respaldan la libre decisión de las mujeres.

Ahora mismo, en el Estado español volvemos a vivir la amenaza del PP con una nueva ley de aborto dentro del Código Penal. Proponen volver a un sistema que solo admite la interrupción voluntaria del embarazo en algunos supuestos, cuestionando el derecho al aborto como derecho y volviendo a ser un delito con excepciones.

Una vez más, se quiere controlar el cuerpo de las mujeres. Estamos abocadas a la maternidad a pesar de que no sea nuestro deseo. Nuestro cuerpo pasa a ser un mero instrumento de gestación y no un ser con derechos. Estos se interpretan de tal forma que, en este pensamiento conservador, impera el derecho de un feto frente al de la mujer.

El gobierno desconoce o ignora los distintos acuerdos, tratados y convenciones internacionales que ha firmado y que deben garantizar todos los derechos de las mujeres. En vez de promover medidas que los cumplan, desarrollan leyes que los violan. Se nos elimina el derecho a decidir si queremos desarrollar nuestra capacidad reproductiva y tomar las medidas necesarias para llevar a término o no un embarazo; esto es, no tenemos autonomía para decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras vidas. No tenemos derecho a decidir, se subordina nuestra decisión a la valoración de la medicina y la judicatura, puesto que se interpreta que no tenemos capacidad para ello, tutelando las decisiones de las mujeres.

Cuando hablamos del derecho al aborto hablamos también del derecho a la autonomía. Justa Montero explicaba en el Tribunal que este derecho será efectivo cuando podamos practicar las decisiones tomadas y tener medios y servicios suficientes para ponerlas en práctica. Para ello, además de tener leyes que no restrinjan la libre decisión, el Estado debe garantizar medios suficientes para que podamos interrumpir un embarazo en la red sanitaria pública y castigar a quienes lo obstaculicen. De lo contrario, se estará discriminando a las mujeres.

Asimismo, cada mujer podrá tomar la decisión individual que considere según su moral, credo o circunstancia, pero no debemos admitir que la religión intervenga en la legislación de un Estado laico y aconfesional. Se deben promulgar políticas públicas que, además de respetar las creencias religiosas del ámbito privado, garanticen los derechos de las mujeres en el ámbito público. Hay que hacer frente al pensamiento que considera que las mujeres tenemos el derecho de ser madres y no el de decidir, y que lo principal es proteger al embrión y no a la mujer.

Los grupos antielección que se enorgullecen de hacer esa defensa a ultranza sobre la vida, no cuestionan que tenemos que «sobrevivir» como podamos. Cada día hay más recortes sociales, laborales y económicos avalados por el mismo poder que relega toda la carga de la reproducción social en las familias, que en definitiva recae en las mujeres. Hay que analizar la reforma de Gallardón en un contexto más amplio: no solo se está recortando el derecho al aborto, sino que se imponen una serie de medidas que suponen un retroceso en los avances de los derechos de las mujeres, abocándolas a las posiciones de ama de casa y cuidadoras a tiempo completo.

Es más, cuestionamos que realmente se pretenda proteger la vida, ya que las políticas restrictivas sobre el aborto conllevan a menudo muertes por abortos en clandestinidad de mujeres sin recursos.

A día de hoy, el aborto está criminalizado y estigmatizado tanto legal como socialmente. Hay que diferenciar entre un debate político y uno moral. La política no puede basarse en la moral de quien legisle, sino en la justicia para todas las personas, incluidas las mujeres. Si bien es un tema que se lleva reivindicando muchos años desde el feminismo, sigue siendo un tema tabú y hay que lograr que se genere una conciencia colectiva de la sociedad sobre esta vulneración del derecho. Todas tenemos que sumar fuerzas de los colectivos sociales para hacer frente a esta injustica.

Debemos exigir nuestro derecho a decidir, la despenalización del aborto y que este sea gratuito. En definitiva, que se cumplan los Derechos Humanos de las Mujeres.

1 www.tribunalderechosmujeres2013.blogspot.com.es

El Frente Nacional y la agitación del panorama electoral en Francia

A cuatro meses de las próximas elecciones europeas del 25 de mayo, algunas encuestas más o menos representativas y más o menos creíbles dan ganador al Frente Nacional. Por primera vez en la historia, el partido de extrema derecha ganaría unas elecciones a escala estatal. Según la última encuesta del IFOP (Instituto Francés de la Opinión Pública) del 26/01/2014, el FN obtendría el 23% de los votos, por delante de la UMP con un 21%. El Partido Socialista se quedaría con un 18%. Hace 5 años, en las europeas precedentes, el FN obtuvo el 6,3% de los votos. El hecho de que sea la extrema derecha quien encabece las encuestas está sacudiendo a la opinión pública francesa y pone de manifiesto, también en Francia, la quiebra de los viejos partidos tradicionales y del bipartidismo hegemónico. Equipo de El Topo

Uno de los fenómenos que más llama la atención en Francia es el ascenso del Frente Nacional (FN). Este partido suele ser visto como una amenaza directa contra los valores republicanos, tradicionalmente considerados como uno de los pilares de la identidad francesa. Por eso no puede haber ironía más cruel en que el FN haya desarrollado su discurso, precisamente, en torno a la identidad francesa.

El Frente Nacional (FN) fue fundado en 1972 por diferentes grupos de extrema derecha empeñados en convertir a Francia en una potencia mundial a través de una revolución social contra el aparato estatal. Su proyecto revolucionario consistía en emprender una campaña legislativa para poder combatir el Estado desde dentro. Esta «revolución» nacionalista debe pensarse más precisamente como una «contrarrevolución», heredera directa de los movimientos promonárquicos que se enfrentan con el sistema republicano desde la revolución de 1789. Sin embargo, el FN ha sabido marcar diferencias con sus antecesores, favoreciendo así sus intereses políticos.

El único partido político francés abiertamente liderado por una mujer es el FN; también es el único en cuya cúpula aparecen tres generaciones de una misma familia. Jean Marie Le Pen, actual presidente de honor, fue presidente del partido desde su fundación. Su hija, Marine Le Pen, lo sucedió en la presidencia en 2011. Su nieta, Marion Marechal-Le Pen, es diputada del partido ante la Asamblea Nacional1 desde 2012. Aunque la mujer y la familia sean dos símbolos en torno a los cuales se expresan algunos de los más profundos desacuerdos de la sociedad contemporánea, el FN ha sabido afianzar su imagen pública en torno a ellos. En lo que concierne a la mujer, el partido puede reivindicar una «leve» dimensión de género de la cual carecen los demás. Por otra parte, el tema de la familia, no solo en tanto estructura económica sino también como institución moral, es un elemento conciliador que cautiva en zonas rurales —debido a la importancia que ahí tiene el relevo generacional—, entre las comunidades religiosas donde la familia es sagrada, entre las facciones monárquicas y fascistas que simpatizan con la preeminencia de la sangre, y entre los movimientos de represión contra la homosexualidad. Republicano y monárquico, feminista y homofóbico, religioso y laico, progresista y tradicionalista: el FN es un partido que desafía las más elementales oposiciones.

El ascenso del FN se ha convertido en uno de los principales focos de renovación del Partido Socialista (PS) y la Unión por un Movimiento Popular (UMP)2. No se trata, en todo caso, de una renovación que preserve las distancias. Se puede ver, al contrario, que algunos puntos del programa nacionalista se han infiltrado en la ideología republicana, o peor, que la lucha por captar votos ha logrado imponerse ante la defensa de las ideologías. Pese a que se trata de un partido pequeño y minoritario —que no posee los representantes ni los votantes que se requiere para aspirar realmente a gobernar—, el FN ha logrado influir en el devenir de los dos partidos mayoritarios mucho más que sus propios votantes. Esto explica que haya políticas estatales que parecen haber sido redactadas por el FN, aunque hayan sido labradas en el PS o la UMP. Por ese motivo, los ataques contra la inmigración se han vuelto uno de los lugares más comunes de la vida política francesa, ya que la deportación de trabajadores extranjeros se ha convertido en el principal método de lucha contra el desempleo y el relanzamiento de la economía.

Los sondeos de intención de voto de las próximas elecciones municipales sitúan al FN en tercer lugar, con 8 puntos de intención de voto, muy por debajo de los autodenominados centro-derecha que encabeza los sondeos (46%) y centro-izquierda que se sitúa en segundo lugar (43%). Aunque hay un ascenso notorio en comparación con las elecciones municipales de 2008 (1,1%), el partido está lejos de alcanzar las cifras obtenidas por Marine Le Pen en las presidenciales de 2012 (18% de votos). Otro ascenso político importante es el de la abstención (solo un 57% de franceses garantiza votar en las próximas municipales, comparado con el 66,54% de las municipales de 2008)3. Este fenómeno resulta mucho más inquietante, no solo porque refleja una verdadera ruptura entre representantes y representados, sino también porque pone en evidencia la fragilidad del sistema de representación. Mientras los partidos tradicionales se dedican a manipular la información para demostrar lo imposible, los ciudadanos y las ciudadanas se han dedicado a esperar nuevos líderes que igualmente les prometan lo imposible. Es un círculo vicioso del cual es difícil salir. En cualquier caso, los ascensos de la abstención y del FN representan dos caras de una misma moneda, esto es, el crecimiento de las desilusiones electorales, tanto de quienes no encuentran propuestas políticas y económicas convincentes, como de quienes se identifican con toda crítica contra el poder establecido.

El «ascenso» del FN es ante todo un fenómeno mediático que gira en torno a Marine Le Pen, quien ha sabido forjarse una plaza en las pantallas. Un ejemplo elocuente de su carisma ocurrió cuando cantó la canción «Parole, parole»4 de Dalida para zanjar un debate político en televisión. Esta célebre canción en la cual Dalida se revelaba contra la irrealidad del amor fue empleada por Le Pen para sugerir que la semejanza entre el programa de la UMP y el de su partido era un simple juego de palabras. Siempre sonriente ante las pantallas y con una voz privilegiada, Marine Le Pen hubiera podido alcanzar el estrellato como cantante. No sería la primera ni la única en combinar una faceta artística con la acción política y una filosofía nihilista, como ocurrió hace no muchos años con un joven apasionado por la pintura que jamás logró entrar en una escuela de Bellas Artes y terminó escribiendo el capítulo más sangriento de la historia mundial contemporánea.

1 Cámara baja del Parlamento francés.

2 Principales partidos gobernantes, autodenominados, respectivamente, como centro-izquierda (PS) y centro-derecha (UMP).

3Fuente: Sondeo del Instituto CSA publicado el 19 de febrero de 2014.

4«Palabras, palabras» en español.

Ahora y siempre, fuera la guerra de la historia

Hace dos años y medio, un levantamiento ciudadano pacífico salió a la calle exigiendo libertad y justicia social en Siria. El estado sirio en manos de Bachar Al Assad respondió con una represión feroz, rechazando toda posibilidad de diálogo que no fuera sobre la base de la continuidad del régimen y provocando la escalada de una guerra civil que se ha convertido en una crisis geopolítica en la que diferentes estados defienden sus intereses en la región. El balance es espeluznante para el pueblo sirio: más de 100 000 personas muertas, 4 millones de desplazadas que han perdido todo y 1 500 000 exiliadas. Y un país devastado.

Dos años y medio después del inicio, el conflicto se ha agudizado. Diferentes países, por unos intereses u otros, han empujado a las partes a radicalizarse dejando que el conflicto se pudra para justificar una intervención directa que les permita ganar posiciones.

Hoy, Mujeres de Negro de Sevilla, nos encontramos en la calle diciendo «No a la intervención militar de ningún país en la solución del conflicto sirio».

El sistema patriarcal, en la defensa del capitalismo, amparado en su brazo militar y legitimado por los medios de comunicación, se cree con el derecho de injerencia y de castigo desde su tradicional doble moralidad y utiliza múltiples manipulaciones para llevarlos a cabo.

Un buen ejemplo es la ausencia de voces de mujeres, aunque podemos intuir que, como siempre, ellas son las mayores víctimas de la guerra. Está claro que no nos las hacen visibles, no tenemos testimonios directos de ellas. Los únicos que nos llegan son los de los hombres de ambas partes con sus armas, y todos ellos cargados de razones para destrozar la vida.

Como mujeres, pensamos que es tiempo de hacer memoria de otros conflictos para dejar de identificar la necesidad del castigo militarista con la resolución de un conflicto. Sabemos, tanto en lo personal como en lo colectivo, que toda «acción punitiva» va unida a la voluntad de mantener un orden determinado para la consecución de intereses determinados. Y que esta vez, una vez más en la historia, tras la devastación se crearán relaciones de dependencia. Y con una terrible consecuencia: una guerra generalizada en la región.

Por todo ello, Mujeres de Negro decimos:

  • No a más desastre y más trampas que reprimen y asesinan las voces civiles de mujeres y hombres que piden libertad y justicia desde la resistencia civil no violenta.
  • No a toda la situación de terror que, tanto el poder autoritario y represivo de Bachar Al Assad como las bandas armadas (con nombre de Ejército libre) generan contra la población.
  • No a más crímenes de guerra.
  • No a las futuras relaciones de dependencia con todas las potencias que quieren tomar directamente las riendas de la guerra.

Pensamos que existen alternativas que cuestionan este orden internacional impuesto:

  • Embargo inmediato de todo tipo de armas a los contendientes, exigencia de alto el fuego y desmilitarización del territorio.
  • Castigo y exigencia de responsabilidades a todos los estados, empresas y organizaciones que introducen armas y soldados para avivar el conflicto con el consecuente negocio que ello supone.
  • Campaña de promoción para la deserción del ejército y abandono de las armas.
  • Búsqueda de actores y espacios para la mediación y resolución pacífica del conflicto.

​Lo que el pueblo sirio necesita ya es la paz, el fin del conflicto. Lo indispensable para la población es poder vivir, alimentarse, tener un techo, acceso a la educación y la sanidad y poder expresarse libremente. La guerra impide todo esto. En la situación actual de Siria, cualquier intervención militar solo puede añadir destrucción a la destrucción, debilitando cualquier opción de diálogo político.

Las mujeres tenemos fuerzas, saberes y creatividad para acabar con estas dinámicas de locura y para tejer relaciones donde el castigo, las manipulaciones, los intereses especulativos y destructivos desaparecerán ante la fuerza de la coexistencia y el respeto por la vida.

¡NI ARMAS QUÍMICAS NI CONVENCIONALES!

POR UNA RESOLUCIÓN PACÍFICA DEL CONFLICTO