Consejos para afrontar las fachadas fachas de tu ciudad

El equipo de Lisergia, fiel a su voluntad original de servir de manual de supervivencia de la nueva era, trae una serie de recomendaciones homologadas para afrontar esta distopía contemporánea de exaltación patriótica. 

¿Se siente su humilde persona cada vez más soliviantada con la multitud de banderas de España que asolan la ciudad? ¿Te brota la psicoparanoia esquizoide cada vez que te cruzas con un ente musculoso con camiseta ceñida y pulserita rojigualda? ¿Y cuando compruebas que el estereotipo sociodemográfico más lumpen de tu barrio va al gimnasio y se prepara con esmero las oposiciones para policía? ¿Crees que la moda vintage se está pasando de rosca y nos empuja a la década de los 40? No somos un equipo de psicólogos ni albergamos las llaves de la revolución. Aun así, os traemos algunos consejos para no deprimirse ni implosionar en este contexto de distopía que se nos avecina.

La primera recomendación atañe a la resiliencia. No te dejes llevar por las anécdotas. Se te pueden revolver las tripas, pero neutraliza la bilis. Lo que vivimos es un proceso histórico y estamos en un pico visual. Conserva la calma, respira hondo y prepárate para lo que viene. Vale, no es un consejo muy bueno, pero brota desde lo más profundo de nuestro corazón.

En segundo lugar, será importante que busques gente afín y converses con ella. Darte cuenta de que no eres una persona sola en el mundo ayuda a sentirse mejor. También será necesario que blindes poco a poco tu conspiranoia personal para que no te engulla el espíritu de esta España democrática que es una, es grande y dicen que es libre. Queda con tus personas de confianza en sitios discretos y desactiva el localizador del móvil.

Además, es muy importante mirar a ambos lados antes de cruzar un semáforo. Y no esperéis tanto tiempo desde que termina el programa de la lavadora y tendéis la ropa, que luego se agujerea y coge olor. Estos dos últimos consejos no tienen nada que ver con el tema, pero son importantes para la vida. No lo hemos podido evitar.

Volviendo al tema, céntrate en las pequeñas cosas cotidianas que son las que aportan riqueza y belleza. Párate para oler una flor, atiende a la sinceridad de una mirada amiga, regodéate en las caricias del viento sobre tu rostro azabache. En definitiva, hazte comparsista. No, en serio, trata de imaginar qué geranios combinan mejor con el rojo y el amarillo de aquel balcón o en qué brazo te pondrás el brazalete del IV Reich de Ciudadanos.

Para no contaminarte en exceso, es muy importante que tú, que eres una persona radical y antisistema, te tapes los oídos en el bar, cuando esté la tele puesta o hablando tu cuñado. Y recuerda que cuñado no es solo la pareja de tu hermana o hermano. Un cuñado hoy día es quien te vende la fruta, conduce un autobús, presenta telediarios o preside un país como este. En cuanto oigas decir que «hay que ver los catalanes», «qué guapa es Inés Arrimadas» o que «el feminismo es igual que el machismo, pero al revés», huye. No hay salida. Corre. Puede que ya sea demasiado tarde. No mires atrás.

Antes de asumir que todo está perdido y comenzar a amar a tu país, autoengáñate: lo de las banderitas es porque ¡hay que ganar el mundial! Yupi. Es en Rusia. Será un circo millonario, una vergüenza capitalista que sostiene el patriarcado y está impulsado por una organización mafiosa y primermundista como la FIFA; pero no nos enturbiemos con perspectivas tristes y aguafiestas. ¡A por ellos, oeeee…!

En el fondo, hemos de reconocer que no tenemos muchos consejos reales y útiles para que no te deprimas en este contexto. Así que insistimos: huye. Costa Rica, Panamá, Perú, Ecuador… Son países emergentes de habla hispana y están cerrando también sus fronteras a la inmigración, pero igual aún hay un hueco para ti.

Hazte facha. Sí, asúmelo, únete al enemigo y no atiendas a razones, obedece tus impulsos primarios como reacción al miedo que inducen los grandes medios y contradice sistemáticamente los valores democráticos y cristianos que dices defender. A fin de cuentas, los márgenes se estrechan y has de ir situándote en el segmento ideológico adecuado y representativo de lo que es España. La derecha, la derecha o la derecha. Elige bien.

Mimetízate con el ecosistema que te ha tocado vivir. Aprende los códigos y asimila sus lemas. Todavía no es necesario que os tatuéis en la espalda «hablaespañolhijodeputa» junto al escudo del Real Madrid. Aún no. Pero bien podrías empezar a decir «si eres español, habla español», «Gibraltar es español», «Rusia es culpable», «España es diferente» o «somos centinelas de occidente». Estas cinco frases de actualidad —que bien podrías escuchar en cualquier mitin, en el programa de Ana Rosa o en boca de Miquel Iceta o Rafael Herrando— son en realidad las cinco reseñadas como Lemas del franquismo por la Wikipedia. Ay, cómo pasa el tiempo. Saltamos de un régimen a otro sin actualizar los eslóganes. ¿Dónde están los líderes del marketing político cuando se les necesita? Ya lo dijo Antonio de Nebrija en su primera Gramática castellana: «Siempre la lengua fue compañera del imperio». ​

Busca tu luz interior, ya que el exterior son tinieblas. Cierra los ojos, piensa «paz» muy fuerte, muy fuerte. Mira tu caca. No acabará con el problema, pero no te hace mal tampoco. Es una gran vía de autoconocimiento y una estrategia clave en materia de salud preventiva. No hay nada mejor en la salutogénesis.

Drógate. Ha sido de toda la vida la forma más divertida de escapar, refugiarse en la propia fantasía y no dar la cara. Es la llave mágica para silenciar nuestros miedos y mirar para otro lado. Eso sí, hay que drogarse con tino, mesura y conocimiento de causa. Cuidado con la 100% sativa, te puede sacar enanitos falangistas en cualquier esquina o clones de Sergio Ramos en cada Seat León que te cruces. Asimismo, adquiere conocimientos del uso y disfrute de la cocaína. Practica con talco y tarjetas de crédito dando cabezazos en los retretes. Te será muy útil para la socialización venidera en estos tiempos de apoteosis entusiasta de la hipoteca fija y de las aspiraciones de Albert Rivera.

Por último, asumiendo el desastre distópico que nos alumbra, suicídate. Al fin y al cabo, este rollazo es cuestión de subjetividades (nacionales) exaltadas. ¿Hay algo más subjetivo que la decisión consciente del devenir de la propia vida? ¿Por qué no tomar la salida de emergencia? A fin de cuentas, ya lo sabíamos: patria o muerte. ¿No querías muerte? Pues haber elegido patria. ¿Qué tiene de malo un poco de cicuta? Eso sí, para afrontar esta última recomendación subrayamos un consejo del maestro Yoda: «Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes». Sabemos que, en el fondo, fiel lector o lectora de EL TOPO, la fuerza está muy presente en ti. 

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