Un poquito de ‘ahe’ para el new age

En nuestra compleja, plural y metamórfica Cúpula lisérgica, y como seres de luz que somos, no tenemos derecho a ir por ahí excomulgando a la gente que afirma cosas con argumentos poco propicios. Pese a ello, en esta eclosión loca de necesidades milenaristas no resueltas, se intuye cierto peligro en la deriva que están tomando algunos discursos de la izquierda crítica con todo el lío de la pandemia pandemonium que nos azota. Cuando todo se vuelve sobredimensionado y caótico es más importante que nunca mantener la calma y la cabeza serena. Resulta preocupante que cualquier posicionamiento crítico respecto a las políticas sanitarias tomadas frente al covid sea aprovechado y apropiado por la extrema derecha y angelitos afines, tergiversando conceptos como la autogestión de la salud y llevando a mucha gente bienintencionada a territorios pantanosos y a posiciones cerriles en vez de hacia horizontes emancipadores.

En la misma línea, preocupa que cualquier cuestionamiento del estáblisment científico ante una sanidad extremadamente medicalizada y farmacológica sea tachado de terraplanista y magufo, por parte de un poder burgués con perfume progresista. Asimismo, y para animar este gazpacho, muchas de las teorías «al margen», florecidas bajo el paraguas de la new age, sirven desde hace décadas al gran capitalismo para transformarlas en objetos de consumo, mercados rentables para un target multirracial y de ideología ambivalente.

Por último, y en dirección contraria, inquieta que el cuestionamiento del método científico y el pensamiento racional abran las puertas a viejas y nuevas formas de dominación y engaño; que se menosprecie el conocimiento científico, o el conocimiento en general, y se ensalcen prácticas milagrosas e ideas alienantes para el ser humano.

Así que, por amor a la gente que critica de buena fe, vamos a centrarnos en esto de la nueva espiritualidad para entender su actual mala fama y hacer de trileros olvidándonos por un rato del asunto de lo científicamente comprobable. Popper, tápate los oídos o súmate a la reunión y ponte a pintar mandalas.

Para tratar de amortiguar el acoso y derribo hacia todo atisbo de espiritualidad y todo lo que huela a terapias alternativas, vamos a diferenciar términos. Lo primero es darle un poquito de ahe al new age y diferenciar lo que tiene ahe (gracia, simpatía) de lo que no. Lo que no tiene ahe es el new ajo, elitista, individualista y tan carne de mercado como la clientela del Ikea.

Bayer no nos va a prestar sus laboratorios. Aun así, queremos esfuerzos contundentes para corroborar la efectividad generalizada y universal de la homeopatía, el reiki, el Visnú o la astrología neodinámica. Y salir de una vez del «pues a mi me funciona» o «lo he visto en internet». Ante esta tesitura, parece oportuno dirigir un escrito a la OMS exigiendo que sometan a la comprobación científica, de forma exhaustiva y pública, a todas las corrientes y prácticas de lo que llaman new age. Y mientras esperamos sus conclusiones, sean las que sean, queremos rendir un homenaje a quienes dudan, con ojo crítico, de todo lo establecido. La duda enriquece y nos enternece. Aunque, bueno, también hay formas y discursos. Federico Jiménez Losantos en sus homilías mañaneras también presume de gran sentido crítico y desafiar al poder establecido.

Al new ahe le preocupa la dieta e intenta que sea lo más saludable y ecológica posible, pero si está comprada en el Corte Inglés y viene de monocultivos en países del tercer mundo donde se explota a les trabajadores, no interesa. Esto en apariencia se convierte en algo de difícil acceso para los bolsillos no pudientes, pero un poquito de conciencia en cada compra, el apoyo al comerciante local y el interés en lo que nuestro consumo provoca en nuestro entorno inmediato, conducen inexorablemente hacia el new ahe.

En lo espiritual, el new ahe está a favor del yoga y la meditación, tanto para aportar salud y relajación como para nutrir el espíritu. Pero si eso es para creerse mejor que quien prefiere drogarse o ver el fútbol, eso tiene poco ahe y bastante ajo de la élite del new age. El new ahe no tiene problemas con el paganismo, el panteísmo o incluso con la mística cristiana, islámica o la que sea. El new ahe no tiene problemas y acepta con respeto al prójimo, entre otras cosas porque «su intención es trascender, dándole sitio a sus propias inquietudes, en una mirada honrada hacia las verdades de su interior». A lo Kung Fu. Comerle la oreja al personal y pretender poseer la verdad iluminada no es introspección, es ser new ajo. Para el new ahe, la espiritualidad es, como dice Hakim Bey, «una dimensión que le falta a la lucha obrera histórica y no una manera que tienen las clases medias desposeídas de escaparse del aquí y ahora».

En lo colectivo, el new ahe practica la compasión en sentido budista, el sentimiento compartido, no con el sentido cristiano de penita y caridad por los pobres menesterosos. El new ahe tiene conciencia del lugar privilegiado que ocupa en el mundo y de todo lo que ello conlleva. El new ajo pisa una tierra que la mayoría de les mortales no pisamos y desprecia el bien común.

Sobre la salud y la enfermedad, al new ahe le molan cosas dispares como la bioenergía y las diversas técnicas de alteración de la conciencia, incluido el uso de algunas drogas comunes de tracción psicodélica. Su naturopatía tira más de los viejos remedios de abuela que de carísimos y exclusivísimos tratamientos muy especiales de mimimimimi. Son más, en ese sentido, de Silvia Federici que de cualquier urban white male expensive doctor. Por su parte, el new ajo sigue las corrientes marcadas por las marquesinas de publicidad. Si se pone de moda comerse un mojón y hacerse un enema con chía de las cumbres borrascosas de Ipanema, ya mismo estará el Corte Inglés incluyéndolo en su sección de Belleza y Bienestar. Aunque usen terapias no reconocidas por el sistema sanitario, la new ahe defiende la escuela y la sanidad públicas, mientras la new ajo en su vida ha pisado un ambulatorio y les importa varios cominos y pimientos (muy diuréticos y detox) la movida esa de lo común. Para eso, ya tienen sus clínicas, terapeutas y sus tours por India a visitar al Yogi deluxe. ¿Y qué leen? Pues la new ahe prefiere conformarse con la revista Integral que abrazar a Iker Jiménez; a Yayo Herrero que a Paulho Cohello ahí; a Jorge Riechmann que a Jodorowski. O directamente no lee nada, porque es un ser experiencial y no tiene que estar forzosamente relacionado con la intelectualidad. En cualquier caso, aprende o eso pretende, evoluciona, se pega carajazos, recula, se despeña y llora mucho.

Hasta que la OMS venga a dar la razón o a crucificar al new ahe, aprovechamos para mostrar nuestro cariño a esa gente que, mientras duda, grita jipimente «namasté», o «amén», o que «viva la hierbabuena», con ojo crítico pero compasivo. Así que, un respetito para los jipis del new ahe y fuego purificador para los new ajo. Ya hablaremos de la ciencia y la fe, pero otro día, ya si eso.

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La cúpula