Por un área metropolitana realmente sostenible

A los políticos que gestionan el área metropolitana de Sevilla se les llena la boca de sostenibilidad. Incluso, desde su Ayuntamiento se apuesta por que Sevilla sea Capital Verde Europea en 2023. Sin embargo, la realidad está muy lejos de su discurso hipócrita. Ya en 2001, el déficit ecológico de la provincia de Sevilla era de 3,2 ha/hab. y la huella ecológica de la aglomeración urbana de Sevilla superaba en once veces el territorio productivo disponible en la misma, según un estudio promovido por la Junta de Andalucía. Desde entonces, las cosas han seguido empeorando al aumentar, por ejemplo, el consumo energético total y las importaciones.

Los políticos sistémicos han demostrado, con el paso de las décadas, su incapacidad para conducir al área metropolitana de Sevilla hacia un futuro realmente sostenible. Ha llegado un momento en el que ya no podemos esperar más porque la crisis ecológica, con el cambio climático como ejemplo paradigmático, se agrava hasta llegar a puntos de no retorno con consecuencias catastróficas para la biodiversidad y la mayoría de la población. Por tanto creo que no podemos confiar en que los políticos sistémicos arreglen el problema. Cuando planteamos alternativas debemos huir de una lista, tipo recetario, de las medidas a llevar a cabo por un futuro más verde sin plantear cómo y quiénes las pondrían en marcha. En este contexto, es clave una visión glocal y holística, una praxis anticapitalista desde lo global a lo local y viceversa.

Ilustra Alejandro Morales

Creo que debemos seguir impulsando y ampliando, desde abajo, las luchas sociales actuales, así como generar nuevas luchas en pro de la defensa de nuestro entorno. Solo estas luchas conseguirán los avances profundos necesarios para alcanzar la sostenibilidad. Por un lado, estas luchas presionan a los políticos del sistema para que avancen y, más importante, generan redes de activistas con capacidad de poner en marcha, mediante la acción directa y la autorganización, alternativas democráticas y reales de mitigación y adaptación a la crisis ecológica. Además, esta autorganización ecologista desde abajo podría llevar al planteamiento de nuevas alternativas políticas radicales y masivas frente a los partidos reformistas e insostenibles.

¿En qué se plasma en la realidad de Sevilla este discurso teórico? Partamos de ejemplos concretos en nuestra área metropolitana. Recientemente, vecinxs de Montequinto se movilizan contra un nuevo aparcamiento que quiere eliminar un solar con arboleda y consiguen la paralización del proyecto y la construcción de una zona verde en dicho solar. Al mismo tiempo, la Asociación Sevilla Más Verde y la Red Ciudadana de Sevilla plantan árboles en la cornisa del Aljarafe y Ecologistas en Acción hace lo propio en la isla de Tercia. Cientos de vecinxs ponen en marcha huertos urbanos y suburbanos. La movilización vecinal consigue la paralización de la construcción de una nueva gasolinera en Pino Montano. Una plataforma ciudadana se moviliza contra un tanatorio con incineración en la Carretera Amarilla y las asociaciones de vecinas de Los Bermejales siguen preocupadas con el aumento del tráfico rodado en su barrio producto de un desarrollo urbanístico basado en el coche privado. La sección sindical de CGT en la fábrica de Renault apuesta por un futuro sostenible en la industria del automóvil con una reconversión hacia transportes más sostenibles, de mano de una mayor calidad en el empleo. Cada vez más vecinas denuncian públicamente la política arboricida del Ayuntamiento de Sevilla. A estas y otras luchas ecologistas en nuestra ciudad se unen ahora movimientos internacionales, presentes también en Sevilla, como Fridays For Future y Rebellion Extinction (Salmorejo Rebelde, en Sevilla) que plantean cambios radicales en el funcionamiento del sistema productivo para frenar a tiempo el cambio climático. Ha llegado el momento de coordinar todas estas iniciativas para golpear juntas en pro de objetivos glocales. Aquí es cuando entran en juego las alternativas que queremos y podemos impulsar en un principio. Y tenemos muchas ideas que crearían trabajo de calidad al mismo tiempo que mejorarían nuestro entorno radicalmente.

Pongamos en marcha cooperativas de valorización de residuos que vayan más allá del monopolio de Ecoembes basado en un modelo privatizado e insostenible que prima el reciclado frente a la reutilización y la reducción. Impulsemos cooperativas en el sector alimentario que pongan en contacto directo a consumidoras y productoras, y animen a la producción local, ecológica y masiva de alimentos frescos en el seno de nuestras ciudades (desde parques y jardines a terrazas y azoteas). Promovamos la participación masiva en cooperativas distribuidoras de energía renovable como Som Energia. Obliguemos a todas las administraciones públicas a instalar placas solares en sus cubiertas. Utilicemos las nuevas tecnologías para poner en marcha iniciativas de economía colaborativa controladas desde abajo para, por ejemplo, compartir vehículos. Apoyemos las huelgas en sectores claves de la economía como el energético o el del transporte, para que sean gestionados bajo control obrero. Abramos comedores, guarderías y lavanderías populares, exijamos fondos públicos para financiarlas al tiempo que las hacemos autosostenibles. La colectivización de los cuidados durante las huelgas feministas del 8M nos muestra el camino. Bloqueemos puntos claves de nuestra ciudad para el tráfico rodado hasta que el Ayuntamiento ponga en marcha rutas exprés de carril de uso único para buses eléctricos (bus de tránsito rápido, BTR). Organicemos una huelga general en pro de un transporte público gratuito y de calidad. Exijamos, mediante la ocupación del Ayuntamiento, que se extiendan las fuentes, el arbolado, las pérgolas, etc., en nuestras calles, contando con una participación ciudadana real a todos los niveles, para disfrutar de un clima urbano más acogedor y habitable. Con la movilización más o menos atomizada que hay ahora en nuestra área metropolitana tenemos fuerza para conseguir esto y mucho más si nos coordinamos con objetivos comunes.

Ahora necesitamos luchas sociales concretas para problemas concretos en sitios específicos, y de manera urgente. Las ideas expuestas en el párrafo anterior son solo algunas propuestas que podríamos poner en marcha mediante la movilización coordinada y sin sectarismos de los grupos que actualmente se movilizan en nuestra área metropolitana por un entorno de mayor calidad. Algunas de estas iniciativas se han llevado a cabo en diferentes ciudades. Como nos ha demostrado la experiencia de las últimas décadas, los políticos sistémicos locales no van a hacer lo necesario en Sevilla para reducir su huella ecológica a niveles sostenibles. Tenemos que hacerlo nosotras. Las primeras victorias, aunque sean en pro de objetivos modestos, nos darán fuerzas para seguir luchando. Tengamos claro en todo momento que el sistema socioeconómico capitalista es un cáncer en nuestro planeta. Con esta visión anticapitalista como bandera común, con organización en asambleas de base y con acciones concretas que mejoren nuestra calidad de vida, impediremos caer en las trampas del sistema como la institucionalización o la adoración a líderes más o menos carismáticos. De esto hemos aprendido mucho en los últimos años desde el nacimiento de Podemos. Necesitamos un terremoto político ambientalista, un 15M ecologista en Sevilla y más allá, que construya puentes entre las diferentes luchas sociales (desde los sindicatos a los movimientos feministas y LGTBIQ). Solo así tomaremos en nuestras propias manos la gestión de nuestro ambiente.

 

Jesús M. Castillo. Equipo de El Topo

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