Sindicatos: la lucha es el único camino

La lucha en los centros de trabajo no suele ser fácil. Ahí es donde se producen las riquezas y quien intenta repartirlas es protagonista de la lucha de clases. Esta labor la desarrollan, cada día, miles de sindicalistas, algunos desde sindicatos alternativos, solidarios y combativos que encuentran una resistencia especial en los empresarios. Entrevistamos a Faly, trabajador y delegado sindical del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as (SAT) en el hotel Hesperia de Sevilla.

Faly viene de una familia con tradición sindical. «Mi padre estaba sindicalizado en UGT y las luchas obreras, huelgas, solidaridad, etc. eran el pan nuestro de cada día, y yo soy una prolongación de todo eso. Lo mío viene de cuna». Desde estos inicios, Faly y sus compañerxs del sindicato llevan años luchando por mejores condiciones laborales.

La clave ha sido no doblegarse ante las adversidades, sintiendo y luchando junto con cada trabajador/a que lo necesitaba, no mirar la sindicalización del compañero/a para ir juntos, y estar al lado del más precario/a, denunciando cualquier irregularidad laboral.

Este trabajo de hormiguita, durante años y años, llevó al SAT a ganar las últimas elecciones sindicales en el hotel, consiguiendo la totalidad de delegados del comité de empresa.

Las labores sindicales son muchas e importantes, pero la pandemia lo ha alterado casi todo. Por ejemplo, durante la crisis sanitaria del coronavirus, «el comité de empresa ha llevado a cabo una labor de información y asesoramiento a toda la plantilla. También nos volcamos en ayudar a compañeras que, al no cobrar a tiempo, necesitaron ayuda alimentaria». Además, hemos colaborado con la plataforma estatal de camareras de pisos, la cual puso denuncia por el despido fraudulento ante el Defensor del Pueblo. Las reivindicaciones de este colectivo altamente feminizado y precarizado son muchas pero, principalmente, sobrecarga laboral, externalización y elevada eventualidad.

Las cosas han empezado a cambiar desde que el SAT ganara las elecciones en el hotel Hesperia: aún llevamos solo unos meses, de los cuales tres son en ERTE. En este tiempo hemos ido informando puntualmente a la plantilla de todas las incertidumbres por esta crisis sanitaria. Cosas básicas, como entrega de documentación que no se estaba llevando a cabo desde hace más de dos años, control de descansos, altas en las cotizaciones, llamamientos, transparencia en las horas sindicales, y comunicación al instante de todas las reuniones del Comité de Empresa con la Dirección. Además, tenemos una política de tolerancia cero a cualquier tipo de acoso.

El futuro de la sección sindical del SAT en el hotel Hesperia, como el de muchas otras, está lleno de retos si se quieren mejorar las cosas.

Uno de los nuevos cambios que nos quedan por cumplir es eliminar contrataciones eventuales. Para ello, dedicaremos todos nuestros esfuerzos en pasar el mayor número de personas de fijas discontinuas a personal fijo, y la plantilla eventual a fija discontinua o, directamente, a fija.

Para minar la imprescindible labor sindical, la clase dirigente impulsa desde sus medios de comunicación campañas de desprestigio contra los sindicatos, y mucha gente las repite como papagayos, sin conocer la realidad de los tajos. Faly nos comenta que el sindicalismo está siendo muy criticado, ya que las burocracias de los sindicatos mayoritarios están haciendo de cortafuego y su sindicalismo es el del pactismo a base de pérdidas de derechos con muy pocas respuestas. Los sindicatos alternativos somos una herramienta clave en lucha de la clase obrera. Aunque hoy en día no hayamos crecido como debiéramos, no me cabe la menor duda de que hoy «somos cientos, mañana seremos miles».

Mirando al futuro con la fuerza y la constancia que le caracterizan, Faly analiza que se nos vienen tiempos difíciles. La patronal tendrá toda la maldad para recortarnos en derechos tras la crisis sanitaria. Este comité de empresa no solo luchará para no perder derechos, sino que trabajará para recuperar derechos perdidos y bienestar. La lucha es el único camino.

Por

Jesús M. Castillo

Equipo de El Topo