nº51 | se dice, se comenta

Invisibles

Ser o no ser invisible, esa es la cuestión. Nadie es objetivamente invisible en un sentido corpóreo y, en términos relativos, solo los seres con la capacidad de camuflarse —pero en un sentido metafórico y desde el punto de vista del receptor, su falta de miras o sus sesgos cognitivos, tanto objetos como seres vivos— pueden ser invisibles a los ojos de otrxs. En este sentido, ser invisible no es tanto una cuestión del ser, sino de quien no quiere ver, o de a quien no le interesa, no le conviene, de quien no puede o no sabe ver. Es evidente que, en términos estrictos, el acto de ver es aquel que se realiza con los ojos, pero, cuando hablamos del ser, la cuestión de ver trasciende a los sentidos. Ser invisible es más una cuestión de condición, no de la condición del ser, sino de las condiciones que le rodean, pudiendo aludir a cualquier persona, grupo, objeto del universo, en el tiempo y en el espacio, de forma que lo invisible puede dejar de serlo en un momento dado, en un lugar concreto.

Y esa relatividad nos lleva de nuevo a la cuestión más relevante, que es la capacidad del o la receptora de ver o de no ver. En un mundo como el de hoy, desbordado de complejidad, encontramos numerosos casos de invisibilidad, y eso no quita que siempre los ha habido. Las personas invidentes, por muy irónico que parezca, pueden ser invisibles; las consideradas disfuncionales, las personas diferentes por cualquier razón. Y cuando digo disfuncional o diferente no quiero decir contrario necesariamente, sino simplemente desalineado con lo homogéneo. Ser homogéneo, no nos engañemos, es el requisito indispensable para que las demás personas puedan, quieran o sepan verte. Y que conste que ser invisible no tiene que ver con colores, creencias o ideologías, las personas invisibles existen dentro de sus grupos, entre amistades, dentro de una familia, en el arte o en la historia. La invisibilidad, al igual que otras cuestiones, son transversales, estructurales, son cuestiones de roles y no tanto del ser o no ser.

Nos apoya

Las comadres somos la comadre Vanesa y la comadre Begoña, dos amigas que nos conocemos desde hace ya varios años y que hemos tenido la suerte y oportunidad de emprender este camino juntas. Contando con que las dos tenemos una capacidad innata para relacionarnos con todo aquello que se mueve, sabíamos que teníamos que trabajar de cara al público y si estábamos sintiendo el proyecto como algo nuestro, mejor que mejor. Un proyecto que fuera una forma de vida y una apuesta por un futuro saludable y responsable. Para llevarlo a cabo y sentirlo aún más nuestro decidimos quedarnos en el barrio y así ha sido. Gracias al apoyo de familiares y amigos hemos podido “poner en pie” nuestra frutería – verdulería, un espacio que nos gustaría que lo sintierais como vuestro y que lo disfrutarais cada vez que os acerquéis. En Las Comadres no sólo queremos ofreceros productos de gran calidad, a buen precio; sino que nos gustaría aprender, intercambiar saberes y convertir nuestro local en un espacio de encuentro en el barrio.