nº72 · Ago 2026 | entrevista

«El catolicismo te representa a ti, no a Andalucía. En su nombre asesinaron a Federico»

Entrevista a Noelia Cortés

Noelia Cortés (Albox, 1996) es gitana, andaluza, feminista y amante de las letras. Ese amor por ellas ha hecho no solo que haya devorado libros desde muy temprana edad, sino que también haya querido aportar a ese arte que adora un ensayo (La higuera de las gitanas, 2022) y dos poemarios (Del mar y la muerte, 2021 y Rosal o reptil, 2026). Su hambre no se queda en la literatura, también ruge ante las injusticias sociales por las violencias que la atraviesan y que tampoco la dejan impasible ante la desigualdad social ajena. Cálida y brava a partes iguales como el mar que tanto adora, ha desarrollado su vida de una manera contundente y miscelánea, que no deja indiferente a nadie.

Has trabajado en ámbitos muy distintos: el cine, el activismo con organizaciones gitanas, incluso en Bruselas, el ensayo y la poesía. Mirando hacia atrás, ¿qué espacio o proyecto has disfrutado más hasta ahora? ¿Qué te ha dado cada uno de ellos que no encontrabas en los demás?

El ensayo y la poesía eran mi sueño desde niña, como la ratita de biblioteca que fui. Ahí está mi idioma. El cine, gracias a mi asesoría en Serás Farruquito, me ha regalado el ayudar al mejor bailaor de la historia a quitarse una piedra del corazón sin ser deshumanizado en el proceso. Jamás lo olvidaré, es lo más bonito que he vivido como artista. Es una persona profundísima. La palabra activismo siempre se me hace demasiado grande… Pero me encanta colaborar con grupos activistas, como Veus Gitanes, y usar la palabra escrita para dar guerra al antigitanismo.

Recientemente, hemos podido verte formando parte de actos institucionales, incluso en la Moncloa. ¿Cómo llevas esta parte de tu trabajo frente a grandes personalidades como el presidente del Gobierno? ¿Qué te dice tu entorno cuando te ven en directo por Televisión Española? ¿Qué impacto puede tener la oportunidad de estar en ese atril a una voz rebelde?

No me gusta tomarme este tipo de eventos de forma individual, porque lo que tiene valor es que un lugar como Moncloa y una figura como la del presidente se posicionen con el Pueblo Gitano, reconociendo sus aportaciones culturales y la persecución histórica y vigente. Me da mucha vergüenza ajena cuando la gente ve este tipo de cosas como un logro para la marca personal (no creas que no ocurrió aquel día por parte de la gente que menos tuvo que ver en nada). Fue un día precioso, coral, lleno de entusiasmo por parte de los involucrados. Creo que traducir este tipo de acontecimientos en publicidad propia es de un mal gusto impresionante. Todos estábamos felices por lo que suponía para los gitanos españoles.

En varias ocasiones has reflexionado sobre cómo la sociedad mayoritaria se apropia de símbolos, prácticas o estéticas del pueblo gitano, vaciándolas de su significado y desconectándolas de las personas que las sostienen. ¿Qué nos dice esa apropiación sobre las relaciones de poder? ¿Crees que vivimos un momento especialmente marcado por esa banalización de lo cultural?

Desde luego. Es que me atrevería a decirte que toda la estética de las payas españolas que quieren disfrazarse un poquito de diferentes está expropiada de las mujeres afro, dominicanas, boricuas, gitanas, árabes… El término baddie, sin ir más lejos, tiene todo un contexto racial detrás. Pertenece a las mujeres negras. Ahora, imagínate lo que se ha hecho en España con los rasgos identitarios gitanos: castigarlos institucionalmente, convertirlos en diana de exclusión social y ser vaciados y banalizados paralelamente como estética del folklore español, que es la mejor manera de borrar de la historia lo que realmente significan.

¿Crées que los movimientos sociales están incorporando realmente esa interseccionalidad incluyendo al pueblo gitano?

Personalmente, no lo siento así. ¿Dónde está esa interseccionalidad de los movimientos más visibles? En temas de género y orientación sexual, nada más —y ni eso, que todavía romantizan las religiones abrahámicas y cómo quitan cada vez más derechos a mujeres y homosexuales—. A veces, hay interseccionalidad en cuestiones de clase social. Se les acaban las palabras académicas y la labia analítica en cuanto tienen que comprender lo que se ha hecho y se hace con el Pueblo Gitano.

En los últimos años has utilizado X para denunciar públicamente situaciones de antigitanismo y otras formas de violencia y discriminación, generando un importante eco social. ¿Consideras que esa labor forma parte de tu militancia política y feminista? ¿Qué papel crees que desempeña hoy el ciberactivismo en la lucha contra el racismo, el antigitanismo y otras desigualdades? ¿Tiene capacidad real para transformar la sociedad o necesita ir siempre acompañado de la organización y la movilización fuera de las redes?

Las redes sociales no son nada, contienen el eco de quien las habita. A mí me parece que la lucha está fuera, pero que son una herramienta muy útil para informarse y para hacer llegar un mensaje, debido a que en este momento de la historia forman parte del idioma cotidiano. Lo que yo no puedo hacer es llamar activista a una persona cuyo perfil es una teletienda de las marcas que le contactan, que las usa para alentar retoques estéticos y que convierte en contenido inmediato cualquier cosa que le ocurre. Una activista es Paqui Perona, es Patricia Caro Maya, es Sara Torres. La lucha está fuera y las redes son maravillosas para que el eco retumbe en más paredes.

«La higuera de las gitanas» tiene un tono muy divulgativo y consigue explicar cuestiones complejas sobre antigitanismo, feminismo o memoria colectiva a partir de referencias cotidianas y experiencias compartidas por muchas personas gitanas. ¿Sentías la necesidad de escribir un libro así para dejar de tener que explicar una y otra vez los mismos conceptos? Con la perspectiva que da el tiempo, ¿crees que ha cumplido esa función pedagógica o todavía seguimos demasiado al principio de esa conversación?

Definitivamente, quería escribir un libro que nos ahorrase estar siempre asentando unas bases, en cualquier conversación. A cualquier hora. Es agotador. Creo que desde esta perspectiva ha hecho mucho bien en según qué círculos literarios en los que jamás se habían planteado estas cuestiones. No sé si ha cumplido una función pedagógica mayor. Hace poco me preguntaba el alcalde de La Unión, Joaquín Zapata, si me parecía que el ensayo era una voz mía anterior, perteneciente a un momento concreto en la historia, o si lo sigo sintiendo vigente. Me hizo pensar… Quizá sea algo que preguntaros a quienes lo leéis años después de su escritura y sacáis algo de la experiencia.

En tu nuevo poemario la naturaleza ocupa un lugar central, pero la mirada política sigue estando presente, aunque de una forma más sutil. ¿Qué querías explorar o expresar a través de ese diálogo entre paisaje, espiritualidad laica y experiencia humana? ¿Crees que la poesía tiene alguna responsabilidad de ser reivindicativa o puede ser profundamente política sin proponérselo?

Sentía la necesidad de recuperar la raíz que el evangelismo ha arrancado al Pueblo Gitano: la espiritualidad conectada a la naturaleza, desde siempre y hasta la reciente llegada de esta secta a nuestro camino. Me duele en el corazón que tantas personas gitanas llamen, despectivamente, paganismo a las prácticas que nuestras antepasadas conservaron durante siglos como una identidad sagrada. Necesitaba recordar que lo palpable, lo demostrable, lo que siempre nos ha refugiado, es la naturaleza y no el versículo. La poesía debe contar estas cosas. Para mí debe ser reivindicativa, he crecido leyendo a los poetas románticos ingleses. A Percy Shelley ya le expulsan de la universidad en 1811 por escribir sobre la necesidad del ateísmo.

A lo largo de tu obra hay una defensa de la belleza que no se separa de la memoria, de la justicia o de los vínculos con la tierra. ¿Escribir poesía ha cambiado tu forma de mirar la naturaleza o, al contrario, ha sido la naturaleza la que ha cambiado tu manera de escribir?

Ha sido la naturaleza la que ha moldeado mi manera de escribir. Mis padres siempre han trabajado en el campo, mis abuelos eran canasteros, mi primer trabajo fue en la lechuga con mi madre. Mis recuerdos de infancia durante Semana Santa eran irme junto al río en Albox con toda mi familia, hacer un arroz y correr por el campo abierto con mis primos, lejos de cualquier símbolo religioso. Estaba escrito en mi corazón que los poemas me salieran por este camino.

Tras la publicación de un ensayo y dos poemarios —el último recién llegado a las librerías—, tu faceta literaria sigue creciendo. ¿Estás trabajando ya en nuevos proyectos editoriales? ¿Te interesa seguir explorando la poesía o te planteas regresar al ensayo, o incluso adentrarte en otros géneros literarios?

Estoy trabajando en una novela, por primera vez. Saldrá el año que viene, con una editora gitana detrás. Al ensayo regresaré siempre y la poesía está presente en mi forma de mirar. Creo que escribiré muchos ensayos sobre mi forma de mirar la literatura, es lo que siempre he soñado hacer. Especialmente sobre las escritoras victorianas y sobre los poetas románticos ingleses. De momento, estoy leyendo y escribiendo como una loca para sacar adelante la novela. Y escribiendo un par de proyectos sobre la vida de Federico García Lorca, ambos de disciplinas y géneros que nunca antes había probado.

Siempre nos gusta terminar con algunas recomendaciones culturales. ¿Qué libro, qué película y qué disco recomendarías ahora mismo a quienes lean esta entrevista? Y, por último, ¿qué titular te gustaría leer —o escribir— algún día en El Topo?

Como película tengo que recomendar Serás Farruquito. En los años de trabajo en ella descubrí que Juan es un reflejo flamenco de la vida de Oscar Wilde. Cuando la veáis descubriréis lo mismo.

Como álbum recomiendo siempre Plaza Vieja de José del Tomate, que es una composición bellísima y única de guitarras y voces almerienses. Debería tener muchísimo más reconocimiento el trabajazo que hizo tan joven este pedazo de guitarrista.

Como libro… Voy a recomendar El cuento de la criada de Margaret Atwood. Por muy reconocido que sea, estamos en un momento de la historia en el que es esencial leerlo y tenerlo presente.

El titular que me gustaría leer o escribir en El Topo sería algo así como «El catolicismo te representa a ti, no a Andalucía. En su nombre asesinaron a Federico».

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