nº71 · May 2026 | la pildorita

Las aguas quietas

La memoria histórica en Argentina atraviesa un periodo de asedio institucional desde la llegada al poder de Milei que se manifiesta de forma visible en el espacio público. El 25 de marzo de 2025, apenas veinticuatro horas después de las movilizaciones por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una topadora (pala mecánica) de Vialidad Nacional derribó el monumento dedicado a Osvaldo Bayer en Río Gallegos, Santa Cruz. La justificación oficial aludió a supuestos problemas de drenaje en la zona durante las temporadas de lluvia. Pero la demolición, ejecutada sin previo aviso y en un clima político hostil hacia los símbolos de las luchas sociales, revela una voluntad ideológica de atacar referentes de la memoria popular y de la investigación histórica crítica.

Bayer fue una de las voces más incómodas de la historia argentina contemporánea. Nacido en Santa Cruz en 1927, investigó durante años la huelga de los peones rurales patagónicos de 1921 y reconstruyó una de las mayores matanzas obreras del país: más de mil quinientos trabajadores fusilados por el Ejército argentino bajo el mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela, que sería ajusticiado dos años después por el anarquista Kurt Wilckens. En la Argentina de mediados del siglo XX, la historia de esos obreros había quedado sepultada bajo el silencio oficial. Bayer abrió archivos, recogió testimonios y devolvió nombres, hechos y contexto a los vencidos. Ese trabajo de exhumación histórica, que se publicaría en cuatro tomos dentro de la serie Los vengadores de la Patagonia trágica (1972 – 1978) tuvo consecuencias inmediatas: sufrió censura, cárcel, amenazas, listas negras y, finalmente, el exilio en Berlín durante la última dictadura militar.

La demolición del monumento no admite una lectura inocente. Bayer había sido perseguido en vida, y su figura siguió siendo intolerable para ciertos sectores del poder incluso después de muerto. La topadora cayó sobre una efigie, pero también sobre una tradición de memoria crítica y reparación histórica. La escena, además, resuena en la Argentina de Milei: mientras se derriba a Bayer en Santa Cruz, los jubilados que protestan cada miércoles ante el Congreso vienen siendo reprimidos con gases, golpes y heridos. En ambos casos asoma la misma lógica: responder con violencia allí donde emerge una demanda de justicia.

La destrucción del monumento ocurrió, además, en un país donde la obra pública ha quedado virtualmente paralizada por un programa de recortes feroces, pero donde el Estado sí encontró medios y decisión para arrasar un símbolo de la memoria popular. Sin debate público, sin un procedimiento patrimonial respetuoso, sin una discusión transparente sobre el destino de la obra. Solo destrucción. En tiempos de motosierra, Bayer reunía todos los rasgos del enemigo perfecto: anarquista, intelectual, plebeyo, ligado para siempre a una historia de trabajadores asesinados por reclamar dignidad.

Frente a este acto de vandalismo estatal ha surgido una respuesta colectiva organizada que busca transformar los escombros en un nuevo cimiento de resistencia. Bajo la iniciativa denominada Reconstruir Bayer, el taller Arte Villalba —responsable de la obra original— junto a Esteban Bayer y la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer de Villa La Angostura, han puesto en marcha un ambicioso proyecto de reconstrucción: la creación del Paseo de la Memoria Osvaldo Bayer. Este nuevo diseño plantea un espacio de carácter interactivo y reflexivo que integrará los fragmentos del monumento demolido dentro de un sistema de gaviones. Estos contenedores albergarán también piedras recolectadas en los distintos sitios de fusilamiento de los obreros patagónicos, uniendo físicamente la materia rota por la topadora con la tierra que guarda la historia de los peones asesinados.

El proyecto de reconstrucción adopta la estética del contramonumento, rechazando la pasividad del pedestal tradicional para proponer una experiencia donde el visitante camine y confronte la herida histórica. Para hacer realidad este nuevo paseo, se ha lanzado una campaña de financiamiento comunitario que apela a la solidaridad como herramienta de arquitectura política. La meta económica establecida para la producción, traslado e instalación de la nueva estructura es de sesenta millones de pesos argentinos. Hasta la fecha, la movilización ciudadana y el aporte de organizaciones sociales han permitido recaudar 14.930.000 de pesos. Aunque la cifra es significativa, todavía resta un largo camino para cubrir el presupuesto necesario.

La situación actual en Río Gallegos es un testimonio de la fragilidad de los símbolos cuando se enfrentan a gobiernos que desprecian la construcción democrática de la memoria. Sin embargo, la reacción social demuestra que la memoria histórica no es algo que se pueda demoler con maquinaria pesada. Al intentar borrar a Bayer, el poder solo ha conseguido multiplicar su presencia en el debate público y fortalecer la red de solidaridad entre quienes defienden el derecho a la verdad. La reconstrucción del memorial es hoy una urgencia política para impedir que el silencio oficial vuelva a imponerse sobre la Patagonia, en un momento en que esta vuelve a ser terreno de saqueo, incendios y disputa por sus recursos. Mientras el fondo de reconstrucción sigue sumando voluntades, la efigie de Bayer se prepara para volver a ocupar su lugar frente al viento del sur, recordando que la historia de los olvidados siempre encuentra la forma de emerger entre las grietas que deja la injusticia.

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