¿Dónde están lxs canis?

Sevilla, junio de 2011. Miles de personas se concentran en la Encarnación en plena efervescencia del 15M. Alguien comenta con entusiasmo: «¡Está todo el mundo!». Y otra persona responde: «No estamos todos, faltan los canis».

Y así era. El movimiento 15M aglutinó a personas de procedencia diversa en relación a muchas variables: edad, sexo, profesión, barrios… pero canis, lo que se dice canis, prácticamente no había. En luchas relacionadas con la vivienda sí están, me recordaréis. Es cierto, a veces coincidimos, pero, reconozcámoslo, no hay muchas canis entre nosotras.

Lo cierto es que no conozco las causas de esta ausencia ni tengo datos ni espacio para llegar a una conclusión relevante, pero quiero compartir algunas reflexiones que me han surgido al respecto últimamente.

Ese mismo año en el que las plazas de este país lucían llenas de gente, el escritor británico Owen Jones, publicaba Chavs, la demonización de la clase obrera. Una obra en la que desgrana el organizado proceso de desprestigio de la clase trabajadora en el Reino Unido llevado a cabo por los gobiernos de Margaret Thatcher y posteriores. Un proceso que ha logrado extender el estereotipo del chav (Council Housed and Violent o habitante violento de viviendas protegidas) como el último reducto de la clase trabajadora, afianzando de paso la falaz idea de que todo el mundo (que no quiere identificarse con esa caricatura) es clase media. A lo largo del libro, Jones desmonta con rigurosidad este cliché, evidenciando el clasismo de la sociedad británica y denunciando la falta de representación política de la clase trabajadora.

Pero además del análisis histórico, llama la atención la anécdota contada por el autor para ilustrar el éxito de ese proceso de demonización. Cuenta Jones que fue consciente del desprecio a lo chav en una cena en Londres en la que todas las presentes eran personas concienciadas y comprometidas y en la que, sin embargo, todas acabaron riéndose de una broma relacionada con los chavs. Algo impensable en ese mismo entorno si el chiste hubiera tenido connotaciones racistas, machistas u homófobas.

¿Os suena? Cambiad «chavs» por «canis» y decidme con la mano en el corazón y la mirada puesta en la tele (o en Facebook, si no la veis) que no os habéis reído nunca ni un poquito de algún personaje cani. Habrá quien nunca lo haya hecho (enhorabuena), pero estoy segura de que la mayoría (como yo) ha caído en algún momento.

¿Significa esto que despreciamos a lxs canis y por eso no forman parte de nuestro entorno político? No tiene por qué. De hecho, pienso que es evidente la similitud con el Reino Unido en relación al proceso de destrucción de la clase trabajadora por parte del poder. Lo que sí denota, quizá, es una falta de interés hacia ellos en muchos casos. Eso es lo que podríamos evitar mirando de vez en cuando alrededor y preguntándonos: «¿dónde están los canis?».

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