Diario de máscaras

Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario. Clarice Lispector

Día lunes

Una ciudad por la mañana no es una ciudad por la tarde. Tengo los columpios para mí. Hay niños encerrados aprendiendo a ser adultos encerrados. Hay una adulta aprendida escupiendo rejas persianas paredes filas tarjetas horarios. Certezas que duran una hora hasta que entra otra por la puerta. Lávate las manos. No toques nada.

Día sábado

Escribo un verano roto. Como quien escribe un abril perdido. Como quien escribe cuanto (¿cuánto?) queda por deshacerse. Detrás de la ventana cerrada, una tarde ganada a la piscina. Al verano. Anticipo de abril sin paredes.

Día lunes

En el paso de cebra hay una niña que sabe. Sale del parque y sabe. De la mano de abuelo. Sabe. Le sonrío como si el mundo dependiera de ese instante. Me olvido de que no me ve la boca.

La niña sabe.

Mira adelante. Se gira para volver a mirarme.

Sonríe con toda la cara. Sabe, sabía, supo que sonrío, sin verme la boca.

Día martes

Me lo he saltado todo. He bajado la cuesta en bici y pasando frío. He bajado la cuesta pensando. Imposible escribir en el septiembre más aburrido.

El septiembre más aburrido de la historia de los septiembres.

Septiembre es otra cosa como abril era otra cosa. Pero se puede escribir el abril más triste de todos los abriles. El abril más perdido.

Hasta que no lo pierdes, no sabes que es más fácil perder un septiembre casi normal que perder un abril que se hacía el perdido. Al menos en abril había silencio. Y números que te clavaban un puñal en la ducha. De la ducha no salía agua, salían micropuñales, uno por muerto, siete de la mañana. Mentira, nueve de la mañana. No hay manera de escribir septiembre, octubre, noviembre sin ganas.

Día uno

Pincelada en negro. Brocha cargada choca contra pared: salpica. Un gesto violento, imaginado, un gesto mentira, nunca tiene forma. Nunca es cierto, imposible imaginar al bofetón cuando la cara sí es. Cuando la cara la tienes delante y podrías tocarla. No puedes. Prohibido tocar. Bastaría con quitar las mascarillas.

Dime eso a la cara.

Por

Marta Solanas

Equipo de El Topo