nº72 · Ago 2026 | a pie de tajo

El infierno laboral de Canal Sur

Quizá, hablar de precariedad en una empresa como Canal Sur suene raro, pero existe. Voy a intentar trasladar la situación de un colectivo de periodistas que trabajamos en la RTVA desde hace veinte años, con contratos temporales, recorriendo Andalucía y con muchas posibilidades de irnos a la calle con los cincuenta cumplidos.

Canal Sur nace en 1989. Una televisión y radio públicas incluida en el Estatuto de Autonomía, que se convierte, además, en el centro del ecosistema audiovisual andaluz. La mayoría de productoras viven si no de ella directamente, de las grandes participadas por ella. Una agencia pública empresarial que disfruta de un convenio colectivo justo, a años luz de la precariedad laboral que sufre el resto de medios andaluces. Fuera, gracias y por culpa de ella, la situación es crítica.

¿Y cómo se entra a trabajar en Canal Sur? Pues es fácil si tienes o has tenido vínculos con quienes detentaban el poder antes o ahora. O simplemente una madrina o padrino dentro. Si no, es más complicado. A finales de los noventa se abrió una bolsa de trabajo a la que nos apuntamos la mayoría de recién licenciadas de toda Andalucía. Esa bolsa de trabajo jamás fue publicada por la empresa, aunque, tiraban de ella para contratos temporales. Así de transparente. Como no se sabía el orden, si no te llamaban sería porque tendrías mala posición en la lista. Pasaron los años y un verano me acerqué a RR.HH. Allí me preguntaron si estaba en la bolsa. Dije que sí. «¡Ah, sí! —dijeron—. Aquí estás, ¿te puedes incorporar el lunes?». Tal cual. Así fue para mí y para varias decenas más. Aunque siendo rigurosas, a algunas las llamaron cuando debían.

Una vez dentro conocimos por fin esa bolsa no publicada. Y… ¡Oh, sorpresa! Descubrimos que decenas de personas por detrás nuestra llevaban años trabajando en la casa. Además de las muchas que jamás habían estado en la bolsa. Ahí empieza la relación tóxica con una empresa que, a la vez que te mima con unas condiciones laborales justas, puede deshacerse de ti en cualquier momento sin pestañear.

En 2007, la RTVA pone en marcha un proceso de estabilización por el que se hicieron fijas trescientas personas con al menos siete años de antigüedad. A nosotras no nos tocó. En 2008, convocan un concurso oposición libre, el segundo en casi veinte años de existencia. A la categoría de redacción nos presentamos unas dos mil personas para veintitrés plazas. Las consiguieron una parte de la sección de política de la redacción de la tele en Sevilla y dos o tres más. A nosotras tampoco nos tocó. No hubo aprobados sin plaza, por lo tanto, no hubo bolsa nueva. Mientras tanto, seguían los contratos de interinidad para nosotras en las distintas provincias andaluzas a través de la bolsa del noventa y ocho. En 2012, con la crisis, la Junta pone en marcha un plan de ajuste y se acaban los contratos. Nos vamos a la calle. Como son contratos de interinidad no hay derecho a nada. En 2018, cuando casi se había cerrado la herida, vuelven a llamarnos. En 2021 se pone en marcha un proceso de estabilización para más de doscientas personas, sesenta y tres redactores, pero tampoco nos tocó. Los años sin trabajar en la casa nos dejaron fuera. Ahora, la empresa prepara unas oposiciones, casi veinte años después de la anterior, a la que se presentarán miles de personas y que, vistas las anteriores, no ofrecen mucha confianza. Antes han sacado una nueva bolsa en la que el baremo tampoco nos ha beneficiado.

Nuestro colectivo, Estables por derecho, lleva mucho tiempo reclamando respeto. Después de veinte años de temporalidad y diez o doce cotizados en la casa tenemos derecho a la fijeza, como ocurre en cualquier otro organismo público. Peleamos por un concurso de méritos, que nos niegan. Y mientras nosotras luchamos, los contratos a periodistas afines no han parado. Cuando escribo esto me entero de que otra vez nos han ninguneado en la enésima reunión con la empresa… La relación tóxica que no acaba. «A ver si ahora me quiere de verdad», piensas… Pero no. Canal Sur no es la nuestra. Aún así, seguiremos peleando.

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