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A la derecha de los datos

A varios cientos de metros de la estación londinense de Tottenham Court Road, donde todos los días se cruzan decenas de miles de turistas, commuters y otros anónimos animales urbanos, se sitúa un edificio acristalado. Es la sede inadvertida de una compañía que afirma poder cambiar las actitudes individuales a través de los datos. Se llama Cambridge Analytica.

Entre Aristóteles y Hitler

Rebobinamos a 1993, cuando un antiguo publicista de Saatchi&Saatchi funda la empresa Strategic Communication Laboratories (SCL). Su intención es renovar la propaganda, actualizarla y usar en ello la investigación académica. SCL está vinculada con los estamentos más conservadores de la sociedad inglesa y tiene ambiciones globales: opera en el cabildeo electoral internacional y se vende en las ferias de tecnología militar como contratista dentro del ámbito de las psy ops. Tienen una reputación de éxito y llegan a trabajar para el Ministerio de Defensa inglés y para agencias del Gobierno estadounidense. Y en ese contexto atraen la atención de Stephen Bannon, cabeza de Breitbart News, un medio alineado con la denominada alt-right y financiado por Robert Mercer, un acaudalado inversor de un fondo de alto riesgo y antiguo programador de IBM, del que Bannon era mano derecha. Todo va rodado: Bannon consigue el apoyo económico de Mercer para fundar una filial de SCL y operar en Estados Unidos: Cambridge Analytica (CA), de la que Bannon acaba siendo vicepresidente. El objetivo de SCL: tener una cuña de entrada definitiva en el poderoso y rico mercado estadounidense, donde un precedente judicial de 2010 había reducido los límites de la financiación para campañas electorales. El objetivo de Bannon y Mercer: modernizar la maquinaria conservadora y no quedar detrás de los demócratas en la carrera por el uso de datos como arma electoral, en lo que la exitosa campaña de Obama había sido pionera. Pero para ello necesitaban datos, muchos datos personales.

Turcos mecánicos

Amazon Mechanical Turk es un servicio online de «microempleo»: por uno o dos dólares se realizan distintas tareas que requieren, supuestamente, poco tiempo. Por ejemplo, los «turcos» —en referencia a los autómatas mecánicos del siglo XIX— etiquetan imágenes, hacen dibujos o rellenan encuestas. Y la idea de CA era crear una campaña peculiar: para cobrar había que descargar una aplicación que se conectaba al perfil de Facebook. En aquel momento las aplicaciones podían acceder no solo a tus datos, sino también a los de tus amistades. Las fuentes hablan de un número impreciso entre 100 y 320 mil turcos mecánicos en la campaña de CA y se calcula que cada perfil de Facebook tiene de media más de trescientas amistades. Llegaron a generar una base de datos de decenas de millones de personas (las cifras varían según la fuente, llegando hasta el 15% de la población) sin el consentimiento de la gran mayoría, que ignoraba que se estaban minando sus datos. La compañía ha llegado, según algunas fuentes, a perfilar psicológicamente al 70% de la población estadounidense.

Estos datos, conjuntamente con otros comprados u obtenidos a saber de dónde y cómo, empiezan a ser usados por lobbies y diferentes empresas, alineadas con la alt-right o con el Tea Party. Con la peculiaridad de que todas estas campañas que contrataban a CA eran financiadas de manera directa e indirecta, a su vez, por Robert Mercer, convertido ya en uno de los máximos donantes de la política estadounidense. Y de repente aparece Donald Trump. Mercer lo apoya y, tras reunirse con él, consigue poner a Stephen Bannon a dirigir su victoriosa campaña.

Pero una trama de este tipo no puede ser invisible mucho tiempo y en 2015, antes de la victoria de Trump, aparecen las primeras filtraciones. Las reverberaciones llegan a Amazon, que suspende la cuenta de CA, y a Facebook, que se limita a pedir que se borren los datos obtenidos de manera contraria a los términos de servicio. Y la reacción acaba siendo tan contundente que contratan a uno de los investigadores principales de la campaña de CA en su ramal de investigación.

El vegano del pelo rosa

Marzo de 2018. Una persona declara frente al Parlamento británico y relata cómo se forma una empresa en Canadá para operar en el Reino Unido. Esta tiene como cliente a Leave.EU, la organización vinculada al partido ultraderechista UKIP que hizo campaña por la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Esta empresa estaba vinculada a CA y, afirmaba, además de haber prestado el «asesoramiento» habitual, había estado envuelta en una serie de maniobras de dudosa legalidad que habían permitido millonarias subvenciones a la campaña fuera de los límites marcados por la ley británica. Esta persona también confirmó a la prensa que la campaña de Trump usó los datos de Facebook que CA había borrado, lo que provocó una nueva crisis de credibilidad en la red social y su «política de privacidad». Simultáneamente a estas revelaciones se destapa un vídeo grabado con cámara oculta, donde el CEO de Cambridge Analytica alardea de usar el soborno y el chantaje para decantar procesos electorales.

Volvamos al Parlamento. La persona que declara se llama Chris Wylie y fue el arquitecto de la estrategia de datos de CA. Un joven brillante que vuelve a poner en valor al denunciante (whistleblower) como figura esencial en la lucha contra los sistemas lógicos de poder y control. Su relato nos habla de una ultraderecha global que establece alianzas y sintoniza con poderosos cómplices del sector tecnológico y conectada a la Presidencia estadounidense. Una derecha que no necesita llegar al poder para crear enormes bases de datos con las que apoyar decisiones estratégicas y campañas de comunicación como las que contribuyeron a las victorias de Trump o el Brexit. Bases alimentadas por la pasividad generalizada que acepta de facto el intercambio de datos por servicios «gratuitos» digitales, y por la irresponsabilidad salvaje y codiciosa del capitalismo en la nube. Money is money.

Qué sorpresa

Podemos dudar de la eficacia actual del uso de datos para el perfilado de la población y la confección de climas de opinión. Son tecnologías lejanas y aparentemente herméticas. También podemos reconocer que han sido parte de terremotos políticos decididos por márgenes muy estrechos, donde cualquier tipo de ventaja sobre el adversario es clave. Podemos decir que, por supuesto, nada nos sorprende, e incluso valorarlo como algo muy lejano a nuestra realidad política mientras le damos un like a este artículo.

Abril de 2018. Se hace público que Stephen Bannon es uno de los nuevos asesores de campaña de VOX, partido ultra-conservador español.


Ale trabaja en WWB, cooperativa andaluza de servicios tecnológicos basados en tecnologías libres.

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