nº54 · Sep 2022 | la pildorita

Putas, república y revolución

Hay libros que, aparte de entretenernos o enseñarnos algún dato histórico curioso, son capaces de hacer tambalear nuestras mismas convicciones y creencias. Son esas pequeñas joyas literarias las que merecen ser leídas, se comparta, a priori, una misma visión o no. El mismo título de este pequeño libro, parece dejar claro desde qué prisma se va a tratar tan sugerente tema como es la Prostitución (en mayúsculas) dentro del marco de la II República y del proceso revolucionario que acarreó la «guerra civil». Además, un prólogo escrito por Amalia Luna y un epílogo firmado por Georgina Orellano parece dejar claro desde primera hora que este no es un ensayo apto para abolicionistas y putofobxs que, ni siquiera, aceptan entablar debate.

Lo que no resulta tan evidente es que tampoco es apto para aquellas personas que viven acostumbradas a ciertos dogmas, por muy izquierdistas o libertarias que se declaren. Y es que aquí es donde creo que este pequeño ensayo ha dado con la clave desmontando dos creencias fundamentales que en realidad no se basan en ningún dato histórico: a) la revolución anarquista eliminó el problema de la prostitución; b) el problema de la prostitución dentro del feminismo y de las corrientes libertarias ha surgido en esta nueva ola.

Este libro, a mi entender, se ha convertido en un imprescindible de cualquier biblioteca personal o colectivizada. Pues ahonda en los debates y en las acciones que siguen marcando la agenda política hoy en día. Y es que la prostitución es uno de los temas clave (quizá el más fundamental) que necesita ser resuelto para que cualquier proceso revolucionario sea posible. Y con todas sus contradicciones y las dificultades que conlleve, sea cual sea la fórmula útil o emancipadora que dé cierre a este capítulo de la historia (si es que es posible), este libro deja un mensaje claro: esto solo será posible bajo una condición, que lxs putxs formen parte activa del proceso.

Nos apoya

Las comadres somos la comadre Vanesa y la comadre Begoña, dos amigas que nos conocemos desde hace ya varios años y que hemos tenido la suerte y oportunidad de emprender este camino juntas. Contando con que las dos tenemos una capacidad innata para relacionarnos con todo aquello que se mueve, sabíamos que teníamos que trabajar de cara al público y si estábamos sintiendo el proyecto como algo nuestro, mejor que mejor. Un proyecto que fuera una forma de vida y una apuesta por un futuro saludable y responsable. Para llevarlo a cabo y sentirlo aún más nuestro decidimos quedarnos en el barrio y así ha sido. Gracias al apoyo de familiares y amigos hemos podido “poner en pie” nuestra frutería – verdulería, un espacio que nos gustaría que lo sintierais como vuestro y que lo disfrutarais cada vez que os acerquéis. En Las Comadres no sólo queremos ofreceros productos de gran calidad, a buen precio; sino que nos gustaría aprender, intercambiar saberes y convertir nuestro local en un espacio de encuentro en el barrio.