nº60 | la pildorita

El terror feminista

Quienes ya empezamos a contar con alguna cana recordamos con cierta simpatía a Lorena Bobbitt. Una noche, John Bobbitt volvió a casa borracho, como solía hacer, agredió a la que era su mujer y la violó. Lorena no podía más. Cogió un cuchillo de la cocina y le cortó el pene.

A Valerie Solanas quizá se la conozca menos. Pero si hablamos del Manifiesto SCUM (Society for Cutting Up Men) o la señalamos como la persona que disparó a Andy Warhol, su historia ya nos viene vívida a la cabeza.

Que han existido mujeres violentas es sabido por todxs, pero lo cierto es que en el imaginario colectivo las acciones violentas por parte de mujeres han quedado relegadas a una suerte de anecdotario del que la mayor parte del movimiento feminista ha renegado. Movimiento (en su sentido más amplio) que ha hecho bandera del pacifismo y de la bondad innata de las mujeres. Valores tradicionalmente relegados al concepto de feminidad impuesto por el sistema patriarcal.

Por eso, este libro de Irene (El terror feminista. Breve elogio al feminismo extremista; Ed. Kaxilda) es imprescindible. Nos cuenta la historia de mujeres como María del Carmen García, que se encontró con el violador (62 años) de su hija (13 años) mientras este disfrutaba de un permiso penitenciario. Al verla, el violador le preguntó «¿Qué tal sus hijas?» María no pudo más que acercarse a la gasolinera más cercana y comprar todo lo necesario para volver al bar donde se encontraba el violador y prenderle fuego.

Noura, Judith, Diana, Christable o las suffragettes son los nombres de algunas de las protagonistas de este libro que nos propone repensar el feminismo desde la óptica del miedo a través de las vidas de aquellas que decidieron ir por el camino de la acción directa. Como puede leerse en su misma portada: «¿Hemos de perder tiempo haciendo ver que tenemos las manos limpias e intentando convencer al mundo entero de nuestra bondad e inofensividad? ¿Qué pasaría […] si los hombres empezaran a tener auténtico miedo?».

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Galería Taberna ANIMA, propiedad del austriaco Peter Mair, que en 1985 recaló por el Barrio de San Lorenzo y abrió este negocio.