nº70 · Feb 2026 | política local

Semillas de salud

Vivir en zonas más verdes se asocia con una mejor salud mental y menor consumo de medicamentos. Las zonas verdes urbanas mejoran la salud mental, la salud cardiovascular, reducen la mortalidad prematura, mejoran la esperanza de vida, favorecen el desarrollo cognitivo en la infancia y en personas mayores. También ayuda a mitigar la contaminación atmosférica y los niveles de calor y ruido. Tenemos estudios de sobra que demuestran lo que nuestro cuerpo nos dice: que tener cerca un parque, un poquito de verde del que poder disfrutar a diario nos ayuda a estar más sanos de cuerpo y mente.

La Organización Mundial de la Salud también lo sabe y recomienda que todo habitante de una ciudad debería tener acceso a un espacio verde de al menos 0,5 ha (5 000 m²) dentro de unos 300 m a pie de su vivienda. En Sevilla capital el 75% de la población vive en zonas donde estas recomendaciones no se cumplen. Todo ok.

Sevilla cumple a duras penas con el mínimo de zonas verdes recomendado por la OMS. La capital registra un 28,6% de zonas verdes, cuando la recomendación es tener al menos un 25%. Parte del problema es que las zonas verdes se concentran en zonas periféricas, quedando algunos barrios muy lejos del mínimo verdor indispensable.

Un caso paradigmático es el casco histórico que por su propia configuración urbana no cuenta con grandes parques intramuros. Calles estrechas, plazas duras, mucha piedra y poco suelo disponible hacen que el acceso cotidiano a zonas verdes sea, para buena parte de su vecindario, más una excepción que una realidad. Vivir en el centro de Sevilla tiene muchas ventajas, pero disfrutar de un parque cercano donde sentarse a la sombra, pasear o simplemente respirar un poco mejor no suele ser una de ellas.

Es importante aclarar una cosa: no hablamos de grandes parques emblemáticos a los que ir de vez en cuando, sino de espacios verdes cotidianos, de proximidad. Lugares a los que se pueda llegar en cinco minutos andando, donde bajar un rato después del trabajo, llevar a les niñes a jugar, o simplemente sentarse sin tener que consumir nada. Ese «verde diario» que no sale en las postales, pero que marca una diferencia enorme en la calidad de vida.

En barrios del casco norte, como el entorno de la calle Arrayán y Divina Pastora, esta carencia se vive de forma especialmente intensa. Tenemos el Huerto del Rey Moro, un espacio histórico mantenido fuera de las garras de la especulación por la tenacidad de las vecinas pero, la verdad, queremos más. El centro es una zona con alta densidad de población, mucho uso residencial y pocos espacios libres. Durante los meses de calor, cuando Sevilla se convierte en una auténtica sartén, la falta de árboles y de superficies verdes agrava el efecto isla de calor y hace que las temperaturas sean varios grados más altas que en otras zonas de la ciudad. No es una sensación: es un hecho medido y estudiado.

Por eso no resulta extraño que desde hace años exista una reivindicación vecinal clara para crear un auténtico pulmón verde en el barrio. No es un capricho urbanístico ni una demanda estética. Es una respuesta lógica a una necesidad básica de salud pública. Un pequeño parque de barrio puede parecer insignificante en el plano de una ciudad, pero en la vida diaria de quienes lo rodean puede marcar la diferencia entre vivir encerrados entre muros o disponer de un espacio para cuidarse, encontrarse y bajar revoluciones.

Los beneficios no son solo individuales. Las zonas verdes bien diseñadas favorecen la convivencia, reducen el estrés colectivo, generan espacios de encuentro intergeneracional y fortalecen el tejido comunitario. En barrios donde el espacio público escasea, un parque se convierte en una burbuja colectiva: un lugar compartido que mejora la vida social y que nos ofrece un lugar donde compartir, sentarnos, charlar, jugar, bailar, hacer deporte… No es casualidad que allí donde hay verde, la gente pase más tiempo en la calle y se conozca más.

Además, en un contexto de emergencia climática, los espacios verdes urbanos son una infraestructura básica, tan importante como el alcantarillado o el transporte público. Árboles y zonas ajardinadas ayudan a reducir la temperatura, filtran contaminantes, amortiguan el ruido y mejoran la calidad del aire. Invertir en verde no es un gasto superfluo: en una ciudad como Sevilla, durante bastantes meses al año, es pura supervivencia.

Sin embargo, se sigue apostando por un modelo de ciudad donde el verde llega poco, tarde o mal. Cumplir «a duras penas» con los mínimos globales no puede ser motivo de tranquilidad cuando sabemos que la distribución es profundamente desigual.

El Pulmón Verde de Arrayán representa algo más que un parque concreto. Es un proyecto diseñado de forma participativa por vecinos y vecinas que apuesta por una ciudad más justa, más habitable y más saludable. Una ciudad que entienda que el bienestar no se mide solo en metros cuadrados construidos, sino también en sombra, silencio relativo, aire respirable y espacios donde la vida pueda desplegarse con un poco más de calma.

Porque al final, más allá de informes, porcentajes y recomendaciones internacionales, la cuestión es sencilla y profundamente humana: todas las personas necesitamos naturaleza cerca para vivir mejor. Nuestro cuerpo lo sabe desde siempre, las vecinas también. Solo falta que el ayuntamiento se entere.

Nos apoya

Autonomía Sur, Sociedad Cooperativa Andaluza de Interés Social, es un proyecto colectivo de economía social con origen en 2005. Nuestro quehacer diario consiste en:

  • la asesoría y representación jurídica de personas y colectivos de trabajadores.
  • el asesoramiento a personas y entidades de economía social (autónomos, cooperativas, asociaciones, fundaciones, etc).
  • el estudio y elaboración de documentos de carácter técnico (evaluación de políticas públicas, empleo, territorio, etc).
  • el diseño y desarrollo de actividades formativas.

Defendemos los derechos laborales, analizamos la realidad e impulsamos nuevas fórmulas económicas democráticas, sociales y sostenibles. Y todo ello con dos objetivos: aportar una perspectiva transformadora a la construcción de la sociedad civil andaluza y evitar de manera estricta que nuestro trabajo pueda estar sirviendo a prácticas abiertamente contradictorias con nuestros valores y principios éticos y sociales.