nº72 · Ago 2026 | editorial

TODAS LAS MUERTES, TODAS LAS VIDAS

En la madriguera nos hemos despertado esta semana con la noticia de un cuarto suicidio —en lo que vamos de curso— que atraviesa al colectivo. Lo que nos atraviesa a una nos suele, no siempre, atravesar a todes, que para eso somos un colectivo.

Queríamos que esta pieza pequeñita hablara de Palestina, porque de Palestina hay que hablar siempre, y en este número no hemos encontrado cómo. Y ese es otro dolor que, admitimos, también nos atraviesa, pero es que, últimamente, se nos está haciendo un círculo cada vez más estrecho de muertes alrededor.

Hoy, la cifra de personas muertas en Ceuta ya asciende a setenta y dos.

Las cifras tienen esa capacidad terrible de anestesiar. Setenta y dos. Decenas de miles. Centenares. Millones. Cuatro. Un número termina sustituyendo a un nombre, una vida, una conversación pendiente. Y, sin embargo, el dolor nunca llega en cifras. Llega en la llamada que nadie quiere recibir. En el mensaje que tarda demasiado en contestarse. En la fotografía que ya no se hará, en el baile que se debían…

Vivimos en una época que nos obliga a acostumbrarnos a la muerte. La que sucede a unos pocos kilómetros de casa y la que atraviesa fronteras. La que el poder convierte en estadística y la que intentamos sostener entre abrazos porque no sabemos hacer otra cosa. Nos dicen que hay tragedias inevitables, guerras inevitables, fronteras inevitables, precariedades inevitables. Nosotras seguimos pensando que lo inevitable es solo la necesidad de mirarnos unas a otras cuando todo esto ocurre.

Quizá por eso hacemos El Topo. Porque escribir también es una forma de negarse a aceptar el silencio. Porque poner palabras donde otros ponen cifras es una manera de devolverles peso a las vidas. Porque creemos que el periodismo, cuando merece ese nombre, no solo informa: acompaña, incomoda y recuerda.

No tenemos palabras ni respuestas ni soluciones para este tiempo. Solo sabemos que no queremos acostumbrarnos. No queremos que Palestina sea una noticia más. Ni que el Mediterráneo siga tragándose vidas. Ni que el dolor de quienes tenemos cerca deje de sorprendernos porque ya es la cuarta vez.

El poder se empeña en hacernos creer que la guerra, las fronteras, el desamparo, la desesperación…, son el precio inevitable de vivir en este mundo. Nosotras seguimos defendiendo que ninguna muerte debería dejarnos indiferentes. Nos negamos a normalizar la barbarie; seguiremos nombrando a quienes faltan, seguiremos construyendo espacios donde la vida, todas las vidas, importen más que el negocio, el Estado o las fronteras.

Si algo hemos aprendido en esta madriguera es que un colectivo no existe para protegernos del dolor, sino para impedir que tengamos que atravesarlo en soledad. Seguiremos escribiendo. Seguiremos nombrando. Porque hay vidas que el Sistema convierte en números. Y porque nosotras seguimos empeñadas en recordar que, antes que cifras, fueron personas.

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