nº56 | política local

Sin luz, sin miedo

Barrios Hartos es una organización de izquierdas que intenta aunar la fuerza del vecindario, del pueblo, para mejorar nuestras condiciones de vida, las de la clase trabajadora. Desde nuestros principios hemos luchado por la sanidad —estaban dejándonos sin pediatras en atención primaria—, por la educación, hemos intervenido en todo lo que nos ha sido posible. Con el tema de los cortes de luz de este verano hemos adquirido mayor notoriedad.

La situación es límite en algunos barrios obreros de Sevilla, con continuos cortes prolongados de luz, sobre todo en las épocas más duras, con los picos de calor y de frío que alcanzamos en verano y en invierno. El vecindario está sufriendo, estamos sufriendo, un auténtico maltrato desde las instituciones, aparte, por supuesto, de la empresa capitalista y criminal que es Endesa.

A raíz de este hartazgo y desesperación, el pasado verano, con mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha organización, hemos cortado las calles en innumerables ocasiones —con y sin comunicación a la autoridad pertinente—, hemos hecho concentraciones, reclamaciones masivas en la tienda comercial de Endesa, actos de todo tipo como quema de facturas, megafonear las zonas para que la gente se una a la lucha, reparto de panfletos. Hemos hablado con algunas instituciones: el Ayuntamiento solo vende humo y nunca nos ha dado ninguna solución; la Junta ni siquiera nos atiende, simplemente se ha dedicado a insultarnos a través de sus vasallos de los medios de comunicación, que también son cómplices del poder. Y el 10 de septiembre aunamos casi 2.000 personas en una manifestación por la carestía de la luz.

Lo que más impactó fue la ocupación del Centro Cívico de la Plata, en el que estuvimos todo el mes de agosto, haciendo presión y no simplemente quedándonos encerradas donde nadie nos veía. El centro cívico fue el centro neurálgico donde hacíamos asambleas diarias, de entre 90 y 150 personas, para decidir acciones posteriores enfocadas a que pusieran transformadores y generadores en esta zona totalmente abandonada, ya que las instalaciones tienen más de cincuenta años y la compañía eléctrica no ha invertido en infraestructuras para que sus clientes tengan un servicio en condiciones. Es como un chiste de mal gusto en el que una se ve obligada a pagar a precio de oro por un servicio básico que ni siquiera recibe.

Esta tremenda injusticia ha hecho reaccionar a muchas personas afectadas y no afectadas, porque la gente tiene que saber que tarde o temprano —a no ser que seas de ese pequeño grupo privilegiado al que nadie toca en este país— les puede tocar esta papeleta. Los cortes se van extendiendo por la ciudad, hace mucho tiempo que las barriadas de Torreblanca, Pajaritos y Tres Mil Viviendas lo están sufriendo, pero en los últimos meses esta lacra se está extendiendo a pasos agigantados al barrio de Su Eminencia, Padre Pío, La Plata y Palmete y está llegando a zonas como el Cerro del Águila, Bellavista…

Así que tenemos que aprovechar la rabia de la gente para que, además de solucionar este problema tan grave, vayamos creando conciencia de clase y vayamos haciendo saber que tenemos problemas en común, porque somos de la misma clase y que solo juntas podremos enfrentarnos al enemigo, ya que sus tentáculos llegan a las instituciones públicas y a la mayoría de la clase política.

No podemos confiar en quienes dicen que están de nuestro lado y después terminan en los consejos de administración de empresas privadas cobrando auténticas barbaridades. Tenemos que despertar del letargo al que nos tienen inducidos para que, en vez de unirnos contra el enemigo común, perdamos el tiempo y energía en pelearnos entre nosotras con ciertas noticias que han dado. Nos quieren separar, nos quieren débiles, nos quieren individualistas… les da mucho miedo la fuerza de la unión y por eso a algún representante político cuando ve una camiseta de Barrios Hartos se le cambia la cara.

Nos queda mucho por hacer, pero hemos demostrado que con la lucha y la constancia se consiguen cosas.

En agosto pusimos a trabajar a una multinacional sin escrúpulos, conseguimos que instalaran algunos de los transformadores que prometieron, no todos, pero queda demostrado que ha tenido mucha más efectividad la manera de luchar que nosotras hemos defendido que confiar en las promesas que llevan años haciendo desde las instituciones, sobre todo en periodo electoral, y que se han ido demostrando mentira una y otra vez.

Lo que sale en los medios de comunicación no es la verdad, pero si no salimos en los medios de comunicación parece que no existimos, así que, aparte de lo duro y difícil que es hacer reaccionar a la gente, tenemos también que lidiar en cómo manejarnos con ellos. Son un arma de doble filo.

Y aquí seguimos en diciembre con la misma lucha, en la que concentramos la mayoría de nuestras fuerzas. De nuevo ha saltado la chispa con los cortes de luz, esta vez especialmente duros en la barriada de San José de Palmete. Y seguimos trabajando para unir fuerzas con quien quiera luchar con nosotras. Tenemos que tener cautela porque siempre hay infiltrados que intentan desestabilizar el movimiento.

Nos queda mucho por hacer, pero vamos por el camino correcto, con la cabeza muy alta, la conciencia muy tranquila y con mucha esperanza en que al fin la clase trabajadora se una en un solo grito, diciendo basta ya al maltrato al que nos tienen sometidos. Estamos tardando demasiado en reventar, hemos permitido que nos roben, así que ahora nos están matando. Hace tiempo que deberíamos haber explotado, pero bueno, aquí estamos nosotras esparciendo un poquito de pólvora y con el mechero ansioso por prender la chispa.                    

No te quedes en casa, no te quedes de brazos cruzados, únete, participa; cada acción cuenta, cada persona que se une a la lucha es una victoria. El ser es lo que hace; tu opinión no cambia nada, tus acciones sí. Desde Barrios Hartos os llamamos a la lucha.

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