¿MEJOR SOLA QUE ACOMPAÑADA?

Hay gente que piensa que los procesos colectivos no salen bien. ¿Soy yo una de ellas? Es difícil y a veces extenuante trabajar en grupo, confiar en él, generar un espacio lo suficientemente amplio para que dé cabida a diversidad de ideas y maneras de hacer, y también fuerte o compacto para que sostenga diferencias y discusiones. Y da miedo poner en manos colectivas aquello que amamos y de lo que dependemos: un hogar, un negocio, una lucha, un grupo de pertenencia. Y que pase algo y se desmorone el grupo, o nos cansemos, o se termine el colectivo, o desalojen la okupa, o se llegue a puntos irreconciliables…

Las asambleas, los consensos, los conflictos, crear comunidad, abordar los roles de poder, ceder, comunicar, confiar… Es mucho curro. Con lo facilito que es organizarse una sola, no sé porque nos enreamos tanto en colectivizar.

De hecho, está todo tan bien montao que unx mismx, o en pareja/familia (que en lo que nos ocupa es lo mismo, tomada la familia como unidad), funciona muy bien. Con tu casa, tu coche y tu perrx, tu alarma antiokupas, tu ocio y tu consumo, ¿qué necesidad tenemos de andar asambleándonos, debatiendo, mirando pa dentro, cuestionando y siendo cuestionadxs?

Me pregunto: ¿qué tienen de bueno? ¿De verdad siempre salen mal? ¿Es tan alto el coste que tiene? ¿O te dan más de lo que te quitan?

Quiero decir: ¿para qué necesito yo un colectivo con el que poder reflexionar sobre los feminismos y no sentirme tan sola cuando me doy de morros contra el patriarcado en cualquiera de sus formas?

¿Para qué el grupete de afinidad con el que consultar decisiones, dar puñetazos a un cojín y dar salida a la rabia en compañía, o disfrutar de una cena en compañía un miércoles cualquiera?

¿En qué momento se nos ocurre currarnos relaciones de amistad profundas y acogedoras como una familia elegida, o relaciones sexoafectivas abiertas a otras personas, afectos o proyectos?

¿Por qué un hogar, una cooperativa, un espacio autogestionado, una escuelita o un periódico en colectivo, horizontales y asamblearios?

Pues porque aunque dé miedo y sea difícil, y muchas veces la caguemos, y de algunos procesos colectivos salgamos quemadxs y renegando, quien lo probó lo sabe: en colectivo te sientes parte y comprometidx; surge la inteligencia colectiva como algo más poderoso que la suma de las partes; la red te sostiene o te guía si no sabes qué hacer para defenderte o compartirte; surge una energía mayor, un grito más fuerte, una risa más difícil de olvidar. Se alcanzan lugares y autonomías, se consiguen objetivos, se tienen más experiencias que actuando en soledad; en individualidad, no son posibles o, al menos, son mucho más difíciles.               

En fin, que sí, que a veces soy de esas personas que piensan que los procesos colectivos me tienen harta. Pero también hay días que pienso que me gustan. Y otros que incluso siento que no sé ni quiero hacer na que no sea junto a más cabecitas pensantes y cuerpos sintientes de personas afines.

Nos apoya

Las comadres somos la comadre Vanesa y la comadre Begoña, dos amigas que nos conocemos desde hace ya varios años y que hemos tenido la suerte y oportunidad de emprender este camino juntas. Contando con que las dos tenemos una capacidad innata para relacionarnos con todo aquello que se mueve, sabíamos que teníamos que trabajar de cara al público y si estábamos sintiendo el proyecto como algo nuestro, mejor que mejor. Un proyecto que fuera una forma de vida y una apuesta por un futuro saludable y responsable. Para llevarlo a cabo y sentirlo aún más nuestro decidimos quedarnos en el barrio y así ha sido. Gracias al apoyo de familiares y amigos hemos podido “poner en pie” nuestra frutería – verdulería, un espacio que nos gustaría que lo sintierais como vuestro y que lo disfrutarais cada vez que os acerquéis. En Las Comadres no sólo queremos ofreceros productos de gran calidad, a buen precio; sino que nos gustaría aprender, intercambiar saberes y convertir nuestro local en un espacio de encuentro en el barrio.