nº72 · Ago 2026 | construyendo posibles

En ocasiones leo muermos

Editorial Barrett

La Editorial Barrett, vecina y amiga, ha cumplido diez años haciendo como dice el equipo «lo que les da la gana». Y les ha salido muy bien. Aquí nos cuentan cómo ha sido esa década construyendo posibles.

Hace ya diez años decidimos fundirnos todo nuestro dinero publicando un libro titulado El misterio del amor, de Joan Miquel Oliver, que trata y disecciona, básicamente, un tema tan complejo como el amor, y lo hace a través de la historia de dos parejas de amigas y de una escultura en acero con forma de vulva gigante que cobra vida.

Ahora, desde El Topo, nos piden que escribamos doce mil caracteres sobre nosotras mismas. Entonces, a pesar de ser una editorial y estar acostumbradas a leer, al escribir nos asalta el síndrome de la impostora. Como diría Fernando Mansilla: «No sabríamos explicarte una bombilla», pero vamos a intentarlo.

Como muchos proyectos independientes, sociales y locales, llevamos diez años tratando de arruinarnos haciendo libros y, de momento, podemos decir orgullosas que aún no lo hemos conseguido. Tras años metidas en esta movida del libro, podemos decir que no es fácil ser una editorial independiente. Muchas lo saben, la lucha por hacerse un hueco es constante, y nosotras preferimos tomarnos las cosas con gracia, pese al riesgo de parecer menos serias, a modo de crítica no intencionada a lo que se ha impuesto como correcto culturalmente. Está mal visto decir de una misma que es diferente, y esto no implica que seamos más originales ni que no haya compañeras en el club de romper con lo establecido, pero es cierto que si algo hacemos desde Editorial Barrett es dejar atrás lo que el imaginario colectivo considera que es el mundo de la literatura. Las historias que publicamos hacen un poco lo mismo. No nos determinamos por una línea editorial concreta, pero todas tienen en común un cierto aire inconformista e incluso incómodo, donde la crítica, el carácter reivindicativo y, en algunas de ellas un humor poco común, comparten barra en el Vizcaíno. Si algo nos caracteriza en el equipo es el compromiso y el masoquismo. Suena a broma, pero no puede ser más cierto que estamos aquí por constancia y cabezonería.

Entendemos el sector editorial como un lugar de trabajo donde compartir y aportar nuevas ideas, buscamos la transparencia compartiendo información con otras compañeras. Publicamos tan solo ocho títulos al año, con la intención de salirnos de la burbuja del libro, que para quien no esté al tanto, puede llegar a ser igual de chunga que la inmobiliaria. No podemos evitar posicionarnos ante las situaciones que consideramos injustas, y es aquí donde nos sentimos más arropados por «el periódico tabernario más leído de Sevilla». Por ejemplo, durante la celebración de la Feria del Libro de Sevilla, y cada día, escribimos en una pizarra alguna frase de actualidad efervescente: sobre Palestina, el premio Planeta o el cribado del cáncer de mama. Hace unos años, nos pareció interesante decir que: «El Corte Inglés no es una librería», pero desde la dirección de la feria nos censuraron rápidamente, ya que, aunque «ellos estaban muy de acuerdo con la frase», el centro comercial se había enfadado y pedía nuestra expulsión. En Barrett, inmediatamente, cambiamos la frase a: «El Corte Inglés es una librería», lo cual tampoco gustó. ¿En qué quedamos? Al año siguiente volvimos a la feria del libro y nos encontramos con la sorpresa de que la policía nacional celebraba sus doscientos años de historia y, ¡oh!, tenían un estand y vendían libros con títulos tan sugerentes como Sesenta años de expedición del Documento Nacional de Identidad. Esto nos pareció un acontecimiento de proporciones bíblicas y decidimos hacerles nuestro homenaje, así que en la pizarra se podía leer: «Si la poli vende libros, nosotras deberíamos poder dar palos». Sorprendentemente, ni a la dirección de la feria ni a la policía les hizo tampoco mucha gracia.

Nos declaramos seguidoras incondicionales de los fanzines, los consideramos un formato subversivo, un espacio seguro alejado de las normas y los controles del ISBN y del Depósito Legal, donde escribir sobre lo que sea y como sea, y es por eso que nos interesa muchísimo estar informadas desde ahí y tomarlos como una referencia. Por esta razón, en abril de 2024, decidimos arrejuntarnos con güena gente para llevar a cabo una de las primeras bibliotecas de fanzines de la ciudad: Multizines Alhelí, con un logo que rinde homenaje al ya desaparecido Multicines Alameda. Gracias a la cabeza efervescente de Bernar, uno de los mayores fanzineros y genios que ha tenido la suerte de parir la ciudad de Sevilla, La Fuga Librerías y el apoyo de Skisomic (festival local anual de fanzines) decidimos comenzar donando todas nuestras colecciones particulares, catalogándolas en ocho categorías y conservándolas en un archivador amarillo al más puro estilo Riot Grrrl, que cuenta actualmente con un fondo de unos setencientos fanzines. Con Multizines Alhelí, nos sumamos así a una red de fanzinotecas como las de Barcelona, la de Fanzineología en Valencia o la del Archivo de Mujeres en Madrid, a secciones en bibliotecas públicas como la regional de Murcia, la BJG de Badajoz o Zines of the zone en Tabakalera en Donostia, entre otras.

Dentro de todo este tinglao cerebral, que mezcla la edición de libros con nuestros valores personales, nos inventamos la colección «Editora por un libro», donde algunas malas lenguas dicen que lo único que hacemos es pedirle a otra persona que trabaje por nosotras. El caso es que cuando llegó Panza de burro al mundo pensamos, «¡mira qué bien, un milagro!», pero en Barrett por aquellos tiempos no creíamos en los milagros y entonces pensamos que igual también tenía que ver con haber tomado ciertas decisiones, de estar cuidando minuciosamente el diseño del catálogo, de haber apostado por libros que se han vendido muy poco, ¡pero que son buenísimos!, como los tres títulos del escritor y matemático César Sánchez Sánchez, nuestro «autor maldito». Y la fama lleva a la fama, o si prefieres, un milagro lleva a otro milagro, y por arte de magia aparece en el catálogo La tiranía de las moscas, de la escritora cubana Elaine Vilar que, fíjate tú, gana el Premio Cálamo a Mejor Libro de 2021 en España. Y como por primera vez en nuestra vida teníamos algunos euritos en la butxaca, decidimos gastarlos en publicar un libro de 944 páginas titulado Mundo hormiga, escrito por nuestro director de cine favorito, Charlie Kaufman. De repente, fuimos invitadas a la Feria de Frankfurt, a Buenos Aires, a Santiago de Chile y a Praga como representación de la edición independiente de nuestro país. Mientras tanto, Panza de burro se traducía a más de quince idiomas, vendía más de cien mil ejemplares y están rodando una peli. Canijo, de Fernando Mansilla va a ser traducido al portugués, al francés y al inglés y también tendrá peli; publicamos Toda mi violencia es tuya, la primera novela de la actriz ganadora de dos Goyas Carolina Yuste y, ¡milagro!, ganamos el prestigioso Premio Llibreter a Mejor Álbum Ilustrado con Érase una forma. Poquito a poco seguimos sumando tochos al catálogo como Los sorias, de Alberto Laiseca y, recientemente La piel hembra, la nueva novela de Elaine Vilar, libro que incluso algunas personas colocan ya a la altura de Cien años de soledad, así que no nos queda otra que estar flipando.

Probablemente lo que nos define en Barrett es que hemos hecho y hacemos literalmente lo que nos da la gana, es decir, somos accesibles, tratamos de divertirnos trabajando, no vamos por ahí de elitistas culturetas y no nos hemos leído el Ulises veinticinco veces. Después de diez años, seguimos guiándonos por lo que nuestras amigas llaman «ideas locas de borrachos», esas ideas que nadie se atreve a llevar a cabo, pero que en nuestro caso siempre nos parecen realmente atractivas. Nos gusta darle vueltas a las cosas. Nos lo pasamos bien así, convirtiendo tonterías en proyectos realmente complejos, por eso no queríamos celebrar estos diez años con unos cuantos sándwiches de nocilla y ya está. Planteamos 2026 como una «piñata gigante», un burrito al que dar palazos y que expulse regalitos por doquier. Así surge el «Catálogo a ciegas», donde los ocho títulos que componen nuestro catálogo anual están publicados bajo el anonimato, sin dejar ningún rastro de la persona que lo escribe, para que así puedan surgir textos especiales, y que permita que las participantes se sientan con la posibilidad de «hacer alguna buena gamberrada literaria».

En un mundo donde los egos tienen un peso increíble, nos parece que hay que aplaudir que ocho grandes escritoras hayan decidido sumarse a esta movida. Queremos dar importancia a las historias, dejar de lado los nombres y presentaciones al uso, hacer también una crítica al copyright, entendiendo que una obra es, al fin y al cabo, colectiva, que todos los textos se basan en textos de otras personas, en otras películas o en otros discos. Probablemente ninguno de estos ocho libros aparezca en las listas de «Mejores Libros de 2026». ¿Se atreverá algún crítico literario a reseñarlos negativa o positivamente sin conocer sus nombres?

Esto es para nosotras una incertidumbre, un experimento, creemos que nunca antes se ha publicado todo un catálogo de forma anónima. Puede salir fatal, somos esa niña que mezcla a lo loco todos los productos del Quimicefa, pero ¿y lo bonito de la explosión? Se hacen en el mundo todos los días propuestas realmente aburridas que no buscan aportar nada y nadie se queja de ellas. Nos apetecía mucho hacerlo y no nos podíamos quedar con las ganas. El ser humano necesita respuestas y saber el nombre de estas ocho personas es algo que, evidentemente, tendrá mucho peso. Pero estamos convencidas que muchas otras lectoras van a descubrir textos increíbles que, a lo mejor, de otra forma no hubieran leído o hubieran hecho una lectura mucho más sesgada al conocer la autoría. Cada una de las participantes tiene firmado por contrato que únicamente podrá desvelar ella misma la autoría pasado un año desde la publicación del libro, pero a día de hoy podemos decir que nadie está interesada lo más mínimo en hacerlo. Así que animamos a todo el mundo a que lea sin prejuicios y que se deje envenenar.

Tampoco se habla nunca de la terrible presión que supone escribir y publicar un libro, sabiendo que muchas personas en redes sociales, y algunos medios de comunicación, estarán pendientes para alzarte a lo más alto o para hundirte la cabeza en un contenedor de orgánico. Por eso, este proyecto resume nuestra manera de trabajar estos últimos años, nace de otorgar un respiro, un heladito después de una caminata por Sevilla en agosto, de sentir, como si fuera la primera vez, el placer de escribir sin presiones externas. Estamos cansadas de ser la cantera y las lectoras de las grandes editoriales y agencias literarias, reduciendo así nuestras opciones de generar un fondo editorial potente y de continuar asentando nuestro catálogo. El mensaje es claro, ha llegado el momento de ser nosotras las que «robemos» y publiquemos a sus rockstars literarias. Otro aspecto importante son las agotadoras campañas promocionales, nosotras mismas las hemos vivido y hemos sido conscientes de lo que han supuesto a nivel de salud mental.

Y es gracias a esta idea como llega a Barrett nuestro primer poemario titulado Idealista. Un libro con una clara referencia a… Bueno, no diremos a qué, no vaya a ser que recibamos otro burofax. Nos encontramos ante una carta de amor dirigida a quienes sueñan con un techo bajo el que vivir. Creíamos que era necesario empezar el año así, ahora que tener una vivienda en este mundo capitalista (de mierda) se ha convertido en un privilegio.

Ahora somos diez años mayores, con más arrugas y más achaques, pero con las mismas tonterías encima. Llegamos ya al final de este texto pensando que nuestro siguiente objetivo en la vida, y proyecto editorial a corto plazo, debería ser ganar el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial y que, cuando nos entrevisten, lo podamos dedicar a nuestros colegas de Fulgencio Pimentel y Pepitas de Calabaza, que se lo merecen mucho más que Barrett. Prometemos fundirnos los treinta mil euros del premio en invitaros a todas, por ejemplo, a salmorejo.

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