Ilustra Joan Manel https://instagram.com/joan.manel

Armenia, el país que nunca existió (I)

El monte Ararat, donde la Biblia cuenta que se posó el Arca tras el Diluvio, es el símbolo nacional de Armenia. Aparece en su escudo, es omnipresente en su cultura material y es claramente visible desde la mayor parte de su territorio. Pero el Ararat no se encuentra en Armenia, sino dentro de las fronteras de Turquía.

A principios del siglo XX, durante el genocidio cometido por el gobierno otomano contra los armenios que vivían en la Armenia histórica —la actual Turquía oriental—, el monte Ararat quedó en territorio turco. Terminaban más de dos mil años de presencia armenia en la zona. También su patrimonio cultural fue destruido, sumando un genocidio cultural al humano.

Armenia es un pequeño país montañoso a caballo entre Asia y Europa, de la que cultural e históricamente se la ha considerado parte, aunque su ubicación en el Cáucaso meridional la sitúa en un imaginario terreno fronterizo entre ambas. Sin salida al mar, se encuentra encajonada entre Turquía, Georgia, Azerbaiyán e Irán. Con una superficie similar a la de Galicia, 30 000 km2, la habitan casi tres millones de personas.

Durante la era soviética los azeríes eran la segunda etnia del país, pero, debido a las hostilidades con el vecino Azerbaiyán en la disputada región de Nagorno Karabaj, prácticamente toda esta población emigró. Por el contrario, Armenia recibió un gran número de personas refugiadas armenias de Azerbaiyán, dando lugar a un Estado de carácter étnicamente homogéneo. Así, el idioma armenio es, además del oficial, el de la mayoría de su población. Cuenta con su propio alfabeto, distinto del latino, el griego o el cirílico.

Antigua república soviética, el ruso es de facto la segunda lengua del país. Otras lenguas minoritarias son el kurdo del norte —hablado por la minoría yazidí—, el asirio, el griego y el ucraniano. La mayoría de la población pertenece a la Iglesia Apostólica Armenia —cristiana ortodoxa—, considerada la Iglesia más antigua del mundo. Independiente de la URSS desde 1991, en 2015 —tras un referéndum—, Armenia pasó de ser una república presidencialista a una parlamentaria.

Por su situación, ha estado expuesta a una historia turbulenta y a continuas invasiones: asirios, griegos, romanos, bizantinos, árabes, mongoles, persas, otomanos y rusos. A lo largo de la Antigüedad y de la Edad Media el pueblo armenio se autogobernó bajo distintas dinastías y Estados. En el 301, se convirtió en el primer Estado que adoptó el cristianismo como religión oficial. En el siglo XVI, la Armenia oriental fue conquistada por los persas, mientras que la occidental cayó bajo dominación otomana.
En el XIX las partes bajo control persa fueron incorporadas al Imperio ruso. Es aquí, y en el marco de la Primera Guerra Mundial, donde ocurre el genocidio: los turcos acusan a los armenios de aliarse con Rusia y se utilizó tal pretexto para perseguirlos como un enemigo dentro de su imperio.

El genocidio

Considerado el primer genocidio del siglo XX, consistió en la deportación y el exterminio sistemático de un millón y medio de personas por parte del Imperio otomano. La fecha de inicio fue el 24 de abril de 1915, día en que las autoridades turcas arrestaron y ejecutaron a intelectuales y políticos armenios. Después, gran parte de la población masculina adulta fue asesinada en masa, ahorcados, decapitados, quemados o ahogados en el mar. A esto le siguió la deportación de toda la población restante —mujeres, niños, ancianos y enfermos—, escoltados a pie a través del desierto, privados de comida y agua y sometidos a robos, violaciones y asesinatos. El genocidio se desarrolló al amparo de la Primera Guerra Mundial, acontecimiento que las autoridades aprovecharon para intentar crear un Estado homogéneo compuesto por turcos musulmanes, por lo que exterminaron a armenios, asirios y griegos.

La falta de una legislación internacional y el momento político de entreguerras hizo que apenas se juzgase in absentia a los responsables. En 2020, Turquía continúa negando que este crimen se considere como un genocidio, y su mera mención pública supone juicio y probable condena a prisión. Internacionalmente, sólo treinta países han reconocido (no ya condenado) el genocidio —Alemania, Rusia y EE UU entre otros—. España no forma parte del grupo, pero sí lo han reconocido algunos Parlamentos autonómicos y muchos Ayuntamientos.

Con la revolución de 1917 y la consiguiente desintegración del Imperio ruso, Armenia fue independiente de nuevo. Pero a finales de 1920 el Ejército Rojo invade el país y en 1922 se convierte en parte de la Unión Soviética. Independiente de nuevo, tras descomponerse la URSS en 1991, la actualidad de Armenia se encuentra marcada por dos guerras con Azerbaiyán por el control de la región del Nagorno Karabaj, enclave mayoritariamente armenio pero que las autoridades soviéticas incluyeron en territorio azerí. La primera contienda, entre 1988 y 1994, que concluyó en una victoria armenia y la creación de la República de Artsakh; y la segunda en 2020, en la que Azerbaiyán, con un fuerte apoyo militar de Turquía, derrotó a Armenia, cambiando el statu quo de la región.

La diáspora

De los 12 millones de armenios que viven en todo el mundo, solo 3 viven en la República de Armenia, y unos ciento cuarenta mil en la disputada región de Nagorno Karabaj —o República de Artsakh para los armenios—, por lo que solo una quinta parte de la población armenia mundial reside en lo que se consideraba territorio armenio antes de la Primera Guerra Mundial, cinco veces mayor que el de la actual Armenia, abarcando las regiones orientales de Turquía, así como partes de Irán y de Siria.

Debido a su ajetreada historia siempre ha existido una diáspora armenia, en especial desde 1375, tras la desaparición del Reino Armenio de Cilicia. El exilio más importante comienza después del genocidio y los supervivientes se establecen en Rusia, los Balcanes, Oriente Medio y en distintos puntos del Mediterráneo. Años después, y motivada por la revolución islámica en Irán y la guerra civil libanesa, se produce una segunda diáspora hacia Estados Unidos, Canadá o Francia, entre otros lugares. La diáspora armenia siempre ha sido muy activa a la hora de ejercer presión en apoyo a la causa armenia y por el reconocimiento internacional y la condena del genocidio.

En la actualidad, las comunidades más importantes se encuentran en Rusia, Estados Unidos, Francia, Georgia, Ucrania, Canadá o Argentina, seguidos de Líbano o Australia. En España hay censadas 13 000 armenios y armenias, 400 de ellas en Sevilla.

Por

Ricardo Barquín Molero

Equipo de El Topo