nº72 · Ago 2026 | tema que te quema

NO TÍA, NOT IA

Neocolonialismo digital: la inteligencia colectiva, amenazada por la Inteligencia Artificial

¡Hola, mundo! ¿Hay alguien ahí? Cuando Internet llegó a nuestras vidas supuso una nueva ventana de oportunidades para conectar luchas, compartir debates y ampliar el terreno donde hacer incidencia. «Usar las herramientas del Sistema para ir contra el Sistema», pero, ¿qué pasa cuando las grietas para jaquear ese Sistema cada vez son más estrechas? ¿Qué pasa cuando esas herramientas están sosteniendo unas lógicas totalmente contrarias a lo que supuestamente nos representa o defendemos?

La conexión con la humanidad fue un instante fugaz que pronto se convirtió en la desconexión con nuestro entorno más próximo para vivir en la nube. «El planeta se va a la mierda», dices, mientras me clavas tu cartelerIA sobre una charla ecologista. Me siento como viendo un capítulo de Brainrot con combinaciones absolutamente imposibles que hacen que tu cerebro se rompa poco a poco. Aunque por suerte, a veces se rompe de golpe y el sonido de las neuronas desparramadas por el suelo hace que conectes con la realidad. ¿Hay alguien ahí? Me pregunto mientras escroleo y me asaltan diferentes convocatorias de colectivos, sindicatos minoritarios, asociaciones culturales…, todo parece ser hecho y diseñado por la misma persona o, mejor dicho, por nadie.

Cada vez que veo un cartel de un movimiento social hecho con IA, una parte de mi activista interior se rompe recordando ciertos encuentros y espacios que se daban hace menos de dos décadas.

En 2011, en el CSOA La Huelga, de Sevilla, se celebraron unas jornadas con el nombre de «Agroecolinux» cuyo objetivo era profundizar en los debates y conocimientos en torno a la soberanía alimentaria y tecnológica. Código abierto, software libre, construcción colectiva, conocimiento comunitario, compartir es bueno… En pocos años estos debates se han ido diluyendo al mismo tiempo que nos hemos hecho más y más dependientes de las empresas tecnológicas y de sus servicios.

Al igual que con la panacea de los transgénicos, que prometían acabar con el hambre en el mundo y que lo único que han conseguido es tener a un campesinado dependiente y a la pérdida de variedades locales de semillas y biodiversidad, nos están queriendo vender la IAG y las NNTT como una solución, ganamos en tiempo, en profesionalidad, en eficacia, etc., pero… ¿a qué coste y qué estamos perdiendo por el camino?

En teoría, teníamos clara la teoría: anticapitalismo, derechos humanos, ecologismo, feminismo, antirracismo, soberanía alimentaria, soberanía tecnológica… Cada acto de consumo era un acto político, pero ya no somos solo consumidoras, sino que también producimos y estamos alimentando a los tecnoligarcas y a sus oligopolios con nuestros datos. La información es poder y el expolio cultural que se está llevando a cabo no tiene precedentes.

La inteligencia artificial ha irrumpido en nuestras vidas, al principio en pequeñas dosis para luego acabar convirtiéndose en un tsunami que está arrasando con todo. La dependencia y la normalización está siendo absoluta, ya no solo a nivel laboral o personal, sino que se ha metido hasta las entrañas de lo que hasta ahora siempre ha sido un oasis para la crítica y la disidencia: los movimientos sociales de base. Más allá de las instituciones, de los sindicatos, de las ONGD, etc., siempre ha existido un lugar donde se miraba con lupa al Sistema, se debatía, se le contestaba, se creaba comunidad y resistencia y ahora esos lugares también han sido infectados.

Estamos normalizando el uso de la IA para todas las campañas de comunicación, y esta ha dejado se ser un derecho para convertirse finalmente en una mercancía con la que todas parecen querer comerciar. Esta ola de diseños y campañas de comunicación creadas con herramientas de inteligencia artificial, está llevando la globalización y la homogeneización a un nuevo plano.

Ya no importa desde qué país, ciudad o barrio anuncies tu actividad o lances tu convocatoria. Todo tiene el mismo color, la misma forma, y cuando te paras a analizar un poco más allá, encuentras una gran desconexión con la realidad. La representación en las cartelerías suele estar llena de errores no solo ortográficos, sino culturales, históricos, anacronismos, etc., que nos desdibujan como sociedades y que reescriben los nuevos y falsos imaginarios.

Es lo que hemos podido observar estos últimos meses con las ferias y fiestas locales de los pueblos, donde ha quedado patente la pérdida de identidad, diversidad y cultura local para acabar siendo todo «el mismo póster» que no aporta nada, es más, solo sabe restar, y deja de lado toda la riqueza que pueden aportar les creadores y artistas autóctones.

No solo es una cuestión estética, detrás de la inteligencia artificial existen suficientes realidades y consecuencias para que nos planteemos parar de participar en esta locura.

La información está ahí y la contradicción es imposible de ignorar, pero pareciera que no queremos colocarnos frente al espejo para preguntarnos ¿por qué hemos caído en las redes del neocolonialismo y cómo rompemos esta dinámica?, ¿cómo afrontamos este nuevo escenario?, ¿qué hacemos con las nuevas generaciones que se están educando en este modelo?

El coste humano y para el planeta crece de manera exponencial acercándose cada vez más al punto de no retorno. La «bestia» necesita alimentarse como una sanguijuela insaciable. Millones de personas explotadas en las minas para extraer minerales y tierras raras (tan necesarios para sostener el imperio tecnológico), millones de personas, en su mayoría mujeres, explotada para alimentar y entrenar a la IA, emisiones de CO2 y huella de carbono, consumo de agua potable, contaminación, nuevos centros de datos que se instalan e invaden nuestros territorios, relaciones con empresas y lobbys sionistas, contenido generado con sesgos racistas y patriarcales.

Afortunadamente, empiezan a sonar cada vez más voces críticas que nos invitan a pararnos y a reflexionar, iniciativas de resistencia que ponen sobre la mesa el debate sobre las lógicas del uso y su normalización en ciertos espacios no solo de activismo, sino también espacios culturales y en la educación pública.

Pause AI y Pull the Plug convocaron en febrero de 2026 una marcha contra los centros de datos ubicados en el distrito tecnológico de King’s Cross, Londres (sede en el Reino Unido de OpenAI, Meta y Google DeepMind), considerada la más grande de este tipo hasta la fecha.

Aragón recoge el testigo de la protesta con su campaña «No es sequía, es saqueo» que intenta frenar el impacto de la instalación masiva de centros de datos de Amazon en su comunidad, y posicionarse ante un «modelo de desarrollo basado en la explotación intensiva de recursos naturales y el incremento insostenible del gasto energético y de agua».

En 2025 la viralización de las imágenes producidas por IA con estética o estilo estudio Ghibli despertó debates y polémicas, tanto por la cuestión del impacto ambiental como la de la apropiación y derechos de autor. La IA también se alimenta de la creatividad y del conocimiento colectivo, se apropia de él, lo vacía de contenido y lo distorsiona. Esto ha provocado también movimientos y reacciones de artistas y creadores llegando incluso a popularizarse el sello de garantía «hecho por humanos» y una defensa de la «inteligencia artesanal».

En enero 2026, la Comic-Con de San Diego actualizó sus reglas para prohibir la IA en sus exposiciones.

Desde Futuro Vegetal nos cuentan cómo al principio usaron esta herramienta: «Nos parecía interesante ya que ninguna de las personas del colectivo éramos especialistas en diseño. Cuando descubrimos lo que implicaba no solo a nivel ecológico, sino sobre todo a nivel de derechos de autor, y la sustitución que se intenta hacer de los artistas apropiándose su trabajo, decidimos que eso no era compatible con los principios del colectivo». También resaltan la importancia de la empatía con otros colectivos: «Creemos que sí que hay un enfoque crítico general en los movimientos de izquierda, aunque siempre habrá grupos que la usen porque no tenga una alternativa mejor y en vez de ofrecer ayuda, muchas veces solo reciben críticas».

La campaña sevillana «La vivienda nos cuesta la vida», que ha roto moldes después de tantos meses rodeadas de difusión generada, es el ejemplo reciente y local que podría ser el punto de inflexión para darnos cita en un debate urgente y necesario. El pasado 19 de junio tuvo lugar en Sevilla la manifestación por la vivienda digna convocada por varios colectivos de la ciudad. Contra todo pronóstico y a contracorriente, la difusión de la campaña no fue la típica plantilla políticamente correcta, no fue un cartel generado, fue una explosión de creatividad y comunidad donde más de una docena de artistas gráficos participaron con sus propuestas de difusión para la convocatoria. De repente las redes se llenaron de colores, de diversidad, de un mensaje que, por fin, no solo te llamaba la atención, sino que te prendía la llama y que de repente hizo que todo se volviera otra vez más humano, y que trajo la certeza de que había alguien más ahí.

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