nº71 · May 2026 | política global

Cuerpos ante la isla que resiste

De la marcha a las mareas

Un grupo de participantes de la marcha a Egipto y de la Flotilla de la Libertad decidieron emprender otro viaje a Cuba, tras el bloqueo energético que sufre la isla por parte de Estados Unidos. Carolina Deb Parra nos cuenta cómo fue la experiencia.

Nuestros cuerpos, además de ser espacios simbólicos, también son espacios políticos atravesados por decisiones económicas, sistemas de dominación y estructuras de poder. En ellos se inscriben la historia, la cultura y las violencias que ordenan el mundo. El cuerpo es, quizás, lo primero que compartimos como seres humanos; pero no todos los cuerpos valen lo mismo, las diferencias no son accidentales: son producidas. Determinan quién puede hacer y quién no, y aunque todos compartimos la certeza de la muerte, no todos vivimos bajo las mismas condiciones. La vida, lejos de ser una experiencia casual, está organizada políticamente, lo que significa que hay vidas protegidas y vidas expuestas. Lo que debería ser digno y justo está atravesado por desigualdades estructurales que deciden, incluso antes de nacer, qué cuerpos serán sostenidos y cuáles no. Existen territorios donde estas decisiones se vuelven explícitas; lugares donde la geografía y la historia han sido intervenidas por intereses externos que reorganizan la vida cotidiana. Gaza, Cuba y tantos otros, no son solo espacios en conflicto: son cuerpos colectivos sometidos a regímenes de control. Los bloqueos, las sanciones y las ocupaciones son reales, son mecanismos concretos que administran la vida y la muerte. Desde la necropolítica, los poderes hegemónicos determinan quién accede a recursos básicos y quién queda expuesto a la precariedad o al exterminio.

Muchos cuerpos, después de la marcha a Egipto y de la flotilla, continuamos hacia la isla que históricamente ha resistido estas formas de dominación.

Los que llegamos y nos vamos

La llamada libertad de movimiento no es un derecho universal, sino un privilegio distribuido de manera desigual. Quienes podemos desplazarnos entre territorios, lo hacemos dentro de un sistema que habilita ciertas circulaciones y restringe a otros. Desde proyectos como Libereco de Movado y Made in Nómade, buscamos tensionar esas categorías y cuestionar la idea de movilidad como algo neutral a través de la creación de un cortometraje que surgió en Buena Vista y La Habana. Llegar a Cuba no fue solo un traslado geográfico, sino una entrada a una dimensión ideológica. Algunos llegamos por aire, otros por mar a través de iniciativas como Global Sumud o los 1000 Madeleins. Nos encontramos allí, civiles organizados, conectados por experiencias previas en Egipto y Túnez; Kris, Adak, Anika y muchos otros seres comprometidos y humanos.

El objetivo de esta movilidad no fue solo la entrega de recursos materiales: medicamentos, alimentos o vestimenta, sino también sostener vínculos y construir presencia. En un contexto global donde crecen los discursos autoritarios y las lógicas de fragmentación, generar conexión se vuelve urgente.

Los que nacen y permanecen

La isla resiste, más allá de una idea, resiste en quienes la habitan. Desde fuera, Cuba suele ser reducida a narrativas simples; desde dentro, la experiencia es mucho más compleja. El bloqueo impuesto por EE.UU. no es solo una medida económica: es una estrategia que impacta directamente en la vida cotidiana. Limita recursos, condiciona y reorganiza los tiempos. La falta de energía, de combustible, de insumos no es una condición estructural. Incluso con el petróleo que llega desde Rusia, ya en gran parte comercializado, el pueblo sigue enfrentando la escasez.

Así se evidencia cómo las decisiones externas se inscriben en los cuerpos: en el descanso interrumpido, en la alimentación condicionada, en la organización forzada, que dan como resultado la desigualdad permanente.

Trabajamos junto a personas cubanas en procesos creativos donde el cuerpo volvió a aparecer como espacio de expresión, pero también como territorio de tensión, atravesado por miedos reales, como el de exponerse públicamente. En Cuba, la resistencia no necesita ser explicada ni validada desde fuera, existe como práctica cotidiana, sostenida en lo colectivo, incluso bajo condiciones de presión constante.

El cuerpo: territorio de vida y muerte

El cuerpo no es solo experiencia, es memoria de lo que atraviesa un territorio. Allí, entendimos que las transformaciones no ocurren solo en el plano íntimo, sino en la forma en que decidimos posicionarnos frente a lo colectivo, reconociendo el lugar que ocupamos dentro de estructuras más amplias y de cómo decidimos intervenir en ellas.

Osmel y Miguel nos mostraron una Cuba que insiste en producir sentido, «energía» y comunidad, incluso cuando todo parece diseñado para impedirlo. No se trata de romantizar la injusticia, sino de sostener la verdad: la vida persiste, pero lo hace en condiciones impuestas.

Fue allí, en ese contexto, donde la idea de la muerte, por ejemplo, de nuestros seres queridos, tomó más fuerza. En medio de un territorio donde se disputa quién puede vivir dignamente, entendí de otra forma la partida de mi padre un día después de dejar la isla. Su muerte dejó de ser solo un hecho personal para conectarse con algo más amplio: las condiciones que atravesamos, las luchas que se heredan, la dignidad con la que se vive y también con la que se muere. Comprendí que nuestras historias individuales no están aisladas, sino entrelazadas con los contextos políticos que habitamos.

Cuba no queda como una idea, sino como un espacio que hizo real ese cruce: entre lo íntimo y lo colectivo, entre la pérdida y la permanencia.

A ti, que hiciste del cuerpo un instrumento de resistencia. A ti, que luchaste hasta el último aliento.

Dedicado a don Vicente Antonio Deb Vega, quien me enseñó el valor de la vida, la justicia y la libertad, mi padre.

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Tramallol es una remezcla de personas, saberes y proyectos. Un modelo de emprendizaje colectivo basado en la cooperación horizontal, el intercambio y la búsqueda de otras formas de gestión económica de la vida.