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Un relato de represión en Sevilla

El pasado 17 de febrero fueron detenidas en Sevilla seis personas durante la okupación fallida de unos pisos nuevos construidos sobre el desalojado y derruido Centro Social Okupado Casas Viejas. Tras la detención y los golpes, el juez encargado del caso decretó la prisión preventiva para todxs ellxs. Permanecieron encerradas dos meses y ahora se encuentran en libertad, pero acusadas de varios cargos, al igual que las otras  trece personas identificadas aquel día e imputadas, aunque estas en menor grado. Durante el tiempo que permanecieron en prisión, más allá de lo que hicieran con mayor o menor fortuna los colectivos directamente afectados y las personas más allegadas, la respuesta en la calle de los denominados movimientos sociales de la ciudad fue prácticamente nula, algo que, teniendo en cuenta la gravedad de los hechos, merece una reflexión.

Los inoportunos juicios de valor sobre la acción en sí, la confusión inicial entre la gente más cercana, los intentos de monopolización de las iniciativas por parte de un liderazgo indeseable, así como la particular idiosincrasia de un meneíllo sevillano —gregario y autorreferencial— pudieron ser las principales barreras a la extensión de la solidaridad. Cualquiera de estos obstáculos hubiese sido superado o neutralizado de haber tenido una red contra la represión bien engrasada en la ciudad. Una red no solo con los medios y contactos necesarios para articular el apoyo mutuo en un momento así, sino también con  la madurez en las decisiones y en los discursos propios de cuando ya se lleva un camino andado. Una red que nos habría dotado tanto de seguridad y confianza frente al recelo y el miedo como de sentido de comunidad frente a los personalismos o guetos. Pero brilló por su ausencia.

Así estaban las cosas por la sexta semana en prisión cuando un grupo de personas, de diversa procedencia, decidimos iniciar una campaña para la libertad de los Seis de la Macarena aprovechando lo que ya se estaba moviendo, para volcar las energías en una movilización potente que comprometiera a un mayor número de organizaciones y colectivos. El objetivo era visibilizar la situación y sacarlos de allí lo antes posible para evitar que pasaran en prisión todo el verano, ya que hasta entonces la acción legal y los apoyos recabados no habían sido suficientes. Actuamos sin pedir permiso a nadie ni convocar grandes asambleas que habrían resultado frustrantes.

El 13 de abril fueron puestos en libertad antes de que lleváramos a cabo las iniciativas que nos habíamos planteado, aunque decidimos seguir adelante cambiando el enfoque. La escasa repercusión social ante la gravedad de un encarcelamiento preventivo por okupar, en un contexto de represión generalizada en todo el Estado (raperos, Alsasua, Cataluña, etc.) obligaba a aprovechar el impulso. Prácticamente con el mismo calendario intentamos hacer un llamamiento a todos los colectivos represaliados de la ciudad para hacer frente común. Bajo el nombre Sin Miedo-Stop Represión Sevilla, seguimos adelante haciendo hincapié tanto en la criminalización de la pobreza y la disidencia como en la reivindicación de los derechos civiles y políticos, intentando aunar todas las sensibilidades que habitaban bajo la campaña.

La manifestación del 17 de mayo resultó de escasa asistencia, quizá por las prisas. Lástima, más aún cuando el objetivo era mostrar unidad frente a los centros de poder: juzgados, sede del PP, catedral y ayuntamiento; dándole así la vuelta a un espacio que suele ser un puro parque temático. Pero valoramos muy positivamente su diversidad, pues acudió gente de todo el arco de resistencias y la escenificación de la protesta a golpe de rap y poesía le dio todo el color.

Si bien nos quedamos en parte lejos de nuestros objetivos, pensamos que este esfuerzo de coordinación podría ser el germen de algo más constante en el tiempo —ya debatiremos cómo— que sirva para ir construyendo esa red de solidaridad evidentemente necesaria.

La realidad es que nos hace falta no solamente la fuerza de la unión, sino además dinamizar el debate, ya que ante los golpes represivos siempre respondemos acuciados por una urgencia que nos suele llevar al menos a dos vías muertas:

La primera vía consiste en descafeinar nuestro discurso reivindicando como nuestras las instituciones judiciales y las leyes garantistas propias de un Estado de derecho de una democracia capitalista, defendiendo así lo que en teoría queremos destruir. Una cosa es no renunciar a ellas para tu defensa legal y otra muy distinta vindicarlas. Cuando nos manifestamos públicamente debiéramos decir sin tapujos lo que pensamos: lo contrario nos ata de pies y manos. En esa línea, la negación del derecho a la autodefensa suele acompañar al campañismo antirrepresivo. Sin debatir aquí sobre si tácticamente lo más oportuno es devolver el golpe, desde luego es legítimo; negarlo es otorgarle al Estado el monopolio de la violencia, al menos en lo simbólico. Entre las poses de corderitos y las de malotes existe un espacio real.

La segunda vía se produce cuando lo antirrepresivo acaba siendo un movimiento en sí mismo, satisfaciendo así, en parte, objetivos del Estado. Por un lado, desviamos nuestra atención y energía de las luchas planteadas, pensando que la represión misma será un elemento movilizador y no justo lo contrario. Por otro, con la tendencia a presentarnos como las eternas víctimas, al final espantamos a la gente —les falta vocación de martirio— actuando como involuntarias cajas de resonancia de la estrategia del miedo. Para avanzar debiéramos, superando la especialización, tener ya todas asumidas la solidaridad entre nuestras resistencias, así como las posibilidades de represión para no ser desmovilizadas entonces. Deberíamos tener discursos más trabajados.

Habrá más ideas que plantear (acordes o no), seguro. Por eso, para después del verano está en proceso el crear un espacio de debate sobre todo esto, invitando a compañeras de Andalucía oriental con más experiencia así como a todas las personas de Sevilla que estéis interesadas. En breve, esperamos poder convocaros; no será difícil que os llegue.

Pablo R. Campaña Sin Miedo-Stop Represión.

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