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Sin justicia climática naufragará nuestro barco hundido

Aunque estamos «todxs en el mismo barco», el cambio climático nos exige un análisis sobre el poder.

Aunque no me gustan las distopías, las investigaciones sobre el cambio climático y sus notables consecuencias dificultan mantener la esperanza y la confianza en la capacidad de los seres humanos para organizarse y «colapsar mejor» (Jorge Riechmann). El acuerdo de París de diciembre de 2015 sobre el clima es poco más que papel mojado. Para mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 1,5C, el total de las emisiones de CO2 permitido debería ser entre 5 y 10 veces las emisiones anuales actuales. Ya es «poco probable» alcanzar este objetivo y requeriría cambios fundamentales y rápidos, según el borrador filtrado de un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Estoy de acuerdo con Nick Buxton cuando afirma que las distopías climáticas hacen poco más que paralizarnos y mantener el sistema capitalista y productivista intacto. No obstante, esta década será determinante para el futuro de nuestro planeta y de nuestras civilizaciones.

Es sorprendente que ante este enorme reto no exista prácticamente movilización alguna en el Estado español. Sí existen algunas iniciativas como la Red Sevilla por el Clima, pero hacen poco más que promover algunas pequeñas reformas poco profundas y apelar a cambios a nivel individual que ocultan las raíces estructurales. Sobre este tipo de actividades dice Nick Buxton: «Por muchas bombillas de bajo consumo que instalemos, no conseguiremos detener al gigante capitalista».

Planeta Tierra – un barco hundido

En un artículo publicado en la revista ROAR Magazine, el activista Kevin Buckland dice:

Nuestra respuesta a la crisis climática ha sido reorganizar las tumbonas del Titanic, pero lo que sea que estamos haciendo no está funcionando. Es hora de probar algo nuevo. En un barco que se hunde, la lógica y los marcos de referencia de cada quien deben cambiar, al igual que los marcos tradicionales de izquierda deben evolucionar en el emergente contexto de crisis. La lucha ya no es organizar las tumbonas para que podamos garantizar la igualdad de acceso para todas las personas. La pregunta crítica es: ¿cómo podemos organizarnos mejor para convertir estas tumbonas en botes salvavidas

Usando el símil del barco que se hunde, no todas las personas sufren el mismo impacto. No es lo mismo viajar de manera clandestina o en cuarta clase que quien en primera o segunda pueden seguir disfrutando de su viaje. Como tampoco es lo mismo para la tripulación que trabaja sin descanso.

Es decir «…el impacto del cambio climático no vendrá determinado, en última instancia, por los niveles de CO2, sino por las estructuras de poder. El impacto exacto de una catástrofe climática dependerá de las decisiones políticas, de la riqueza económica y de los sistemas sociales», como dice Nick Buxton.

Los efectos del cambio climático no se limitan a un aumento de las temperaturas a nivel global, sino que estamos ya «caminando sobre el abismo de los límites», como señala el reciente informe de Ecologistas en Acción y La Transicionera.

En este contexto, las estrategias para «garantizar la igualdad de acceso para todxs» a las tumbonas del Titanic sea por género, por clase, o por país de origen— ya no son suficientes; es decir, las respuestas tanto desde el ecologismo como desde el feminismo; del sindicalismo o del anarquismo, tienen que asumir el contexto del barco hundido, de la realidad de un cambio climático ya en marcha y de los límites físicos de nuestro planeta.

La justicia climática como nuevo marco

Tomar en serio el contexto requiere que nos organicemos ¡ya! Ni los Estados, ni las instituciones intergubernamentales, ni un capitalismo verde o la «cuarta revolución industrial nos van a salvar. Tanto la reducción rápida de emisiones de CO2 y metano como la adaptación justa a las consecuencias del cambio climático y de la escasez de recursos necesitan una organización social potente para hacer frente a las tendencias de exclusión social y de fascismo ya existente.

En el informe Caminando sobre el abismo de los límites se expone:

El capitalismo global es insostenible a corto plazo pues no hay base material que permita la supervivencia. Cometeríamos un grave error si nos cruzásemos de brazos mientras se desmorona, porque hay muchas formas de que esto suceda y unas son más deseables para las mayorías sociales y para los ecosistemas que otras. Además, los órdenes sociales que nazcan dependerán de las medidas que pongamos en marcha ahora.

Hacen falta nuevos relatos y visiones positivas de una sociedad más justa, sustentable y queer-feminista con menos consumo de energía y de materiales. En vez de buscar una justicia social en los países desarrollados (privilegiados) basada en acceso a más consumo, deberíamos desarrollar visiones y relatos de un decrecimiento que permita una justicia social tanto dentro de nuestros países como a nivel global. Desde la izquierda o desde los feminismos no podemos aspirar al acceso a más privilegios, sino que tenemos que desarrollar nuevas respuestas a la emergencia social ya existente. El movimiento ecologista, para salir de su gueto de clase media, debería asumir la emergencia social. El concepto de justicia climática podría proveer un nuevo marco que permitiría construir nuevos movimientos y nuevas alianzas en respuesta a la crisis ecosocial.

Nos organizamos

Aunque nos queda poco tiempo para al menos frenar el cambio climático y para suavizar sus consecuencias, no hay otra opción que trabajar con una «paciencia ardiente» (Rimbaud). Un movimiento por la justicia climática necesita procesos horizontales de organización, construir nuevas alianzas entre los movimientos queer, feministas, sindicalistas, ecologistas…; entre movimientos urbanos y rurales en los centros y las periferias globales. Al mismo tiempo, necesitamos nuevos liderazgos que surjan de las poblaciones marginadas, necesitamos visiones y prácticas que valoren la diversidad y trabajen activamente en la inclusión de todas las voces.

Además, necesitamos una multitud de estrategias, desde lo local hasta lo global, desde la resistencia noviolenta hasta la construcción de alternativas que nos permitan adaptar nuestras sociedades a las consecuencias inevitables del cambio climático y de los límites de recursos («colapsar mejor»).

Dentro de las estrategias, la desobediencia civil masiva debería tomar un papel importante: por una parte permitiría frenar las dinámicas destructivas del capitalismo productivista, extractivista y consumista (cerrar minas de carbón, prevenir la construcción de nuevos gaseoductos u otros megaproyectos destructivos), y por otra serviría como aprendizaje para afrontar tendencias (eco)fascistas y autoritarias en un futuro incierto.

La transición ecosocial y energética viene sí o sí, pero el resultado de esa transición debe ser una sociedad más justa e inclusiva. El modo en que vamos a colapsar depende de nosotrxs. ¿Nos organizamos?

 

Andrea(s) Speck

Andrea es integrante de La Transicionera.

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