El cambio climático mata

Algunos datos sobre sus efectos en la salud[1]

 

Las consecuencias nefastas de la emergencia climática en nuestros cuerpos son ya una certeza. Esta afirmación, lejos de ser una arenga catastrofista, viene avalada por informes de instituciones poco sospechosas de ecologistas radicales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). El último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas animaba ya a los gobiernos a tomar medidas drásticas.

El cambio climático tiene como consecuencia el incremento de fenómenos meteorológicos catastróficos, la variabilidad de los climas, que afecta a los suministros de agua y alimentos, los cambios de la distribución de los brotes de enfermedades infecciosas o las enfermedades emergentes relacionadas con los cambios de los ecosistemas.

Según los datos oficiales, las repercusiones sanitarias del cambio climático ya se están haciendo sentir: aumento del número de personas fallecidas por olas de calor, aumento de los desastres naturales y cambios de la distribución de enfermedades potencialmente mortales como el paludismo.

Los informes de la OMS aseguran que el cambio climático continuado tendrá profundas consecuencias negativas en algunos de los determinantes sociales y ambientales de la salud, como los alimentos, el aire y el agua. Y, por supuesto, serán los países empobrecidos quienes más lo sufrirán, ya que no disponen de infraestructuras sanitarias para dar respuesta a estos problemas.

Durante los últimos 50 años, la actividad humana, en particular el consumo de combustibles fósiles, ha liberado cantidades de CO2 y de otros gases de efecto invernadero suficientes para retener más calor en las capas inferiores de la atmósfera y alterar el clima mundial.

En los últimos 130 años el mundo se ha calentado aproximadamente 0,85 ºC. Durante los últimos 30 años, cada década ha sido más cálida que cualquier década precedente desde 1850.

El nivel del mar está aumentando, los glaciares se están fundiendo y los regímenes de lluvias están cambiando. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos y frecuentes.

Ilustra Cynthia Veneno

¿Y cómo afecta esto a nuestra salud?

Empecemos por el calor extremo. Las temperaturas elevadas contribuyen directamente a las defunciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, sobre todo entre las personas de edad avanzada.

Los niveles de polen y otros alérgenos también son mayores en caso de calor extremo. Pueden provocar asma, dolencia que afecta a unos 300 millones de personas en el mundo. Se prevé que el aumento de las temperaturas que se está produciendo aumentará esa carga.

Otra de las consecuencias es el incremento de desastres naturales, que se ha triplicado desde los años sesenta, y la variación de la pluviosidad. Cada año, esos desastres causan más de 60 000 muertes, sobre todo en países empobrecidos.

El aumento del nivel del mar y unos eventos meteorológicos cada vez más intensos destruirán hogares, servicios médicos y otros servicios esenciales, y más de la mitad de la población mundial vive a menos de 60 km del mar.

La creciente variabilidad de las precipitaciones afectará probablemente al suministro de agua dulce, y la escasez de esta puede poner en peligro la higiene y aumentar el riesgo de enfermedades diarreicas, que cada año provocan aproximadamente 760 000 defunciones de menores de cinco años. En los casos extremos, la escasez de agua causa sequía y hambruna. Se calcula que a finales del siglo XXI es probable que el cambio climático haya aumentado la frecuencia y la intensidad de las sequías a nivel regional y mundial.

También están aumentando la frecuencia y la intensidad de las inundaciones y se prevé que sigan aumentando a lo largo de este siglo. Estas contaminan las fuentes de agua dulce, incrementando el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y dando lugar a criaderos de insectos portadores de enfermedades, como los mosquitos. Causan asimismo ahogamientos y lesiones físicas, daños en las viviendas y perturbaciones del suministro de servicios médicos y de salud.

El aumento de las temperaturas y la variabilidad de las lluvias reducirán probablemente la producción de alimentos básicos en muchas de las regiones más pobres. Ello aumentará la prevalencia de malnutrición y desnutrición, que actualmente causan 3,1 millones de defunciones cada año. Según este informe de la OMS, es probable que los cambios del clima prolonguen las estaciones de transmisión de enfermedades y alteren su distribución geográfica.

¿Podemos medir estos efectos?

La medición de los efectos sanitarios del cambio climático solo puede hacerse de forma aproximada. No obstante, según las previsiones de la OMS, el cambio climático causará anualmente unas 250 000 defunciones adicionales entre 2030 y 2050; 38 000 por exposición de personas ancianas al calor; 48.000 por diarrea; 60 000 por paludismo; y 95 000 por desnutrición infantil.

La infancia, en particular la de los países empobrecidos, es uno de esos grupos de edad más vulnerables a los riesgos sanitarios resultantes y se verán expuestos por más tiempo a las consecuencias sanitarias. Se prevé asimismo que los efectos en la salud serán más graves en las personas mayores y en las personas con dolencias preexistentes. Por otra parte, las zonas con infraestructuras sanitarias deficientes son las que tendrán más dificultades para prepararse y responder si no reciben asistencia.

La situación de emergencia climática es crítica y la propia Organización Mundial de la Salud pide la intervención de los países para reducir las emisiones de dióxido de carbono. La contaminación del aire en las viviendas y la contaminación atmosférica provocan cada año unos 4,3 millones y 3,7 millones de defunciones, respectivamente.

En 2015, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó un nuevo plan de trabajo de la OMS en materia de cambio climático y salud que apuesta por la concienciación y la puesta en marcha de una agenda de investigación mundial. Además de interpelar a los Estados para que hagan «cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad para frenar el calentamiento global». Queda ver si los Gobiernos pondrán en práctica medidas transformadoras o se quedarán, como nos tememos, en el Green New Deal. El tiempo apremia y es la vida la que está en juego.

 

Equipo de El Topo

 


[1] Estos datos están extraídos del informe sobre cambio climático y salud de la OMS. El texto íntegro está disponible en su web https://www.who.int/globalchange/environment/es/

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