Deliveroo: huelga en tiempos de la ‘gig economy’

Cuando llega el día en que en lugar de ser despedida eres desconectada de la plataforma para la que colaboras, significa que el futuro distópico de nuestras pesadillas ha aterrizado de lleno en el ámbito de lo laboral.

Si ya tuvimos que sufrir la transformación de las luchas para adaptarnos al precariado como forma permanente de estar en la economía y en la vida, la llegada de la mal llamada economía colaborativa o gig economy (economía de bolos, en referencia a las condiciones precarias en las que habitualmente se mueven músicos o actores) ha convertido las relaciones laborales en vínculos difusos que dificultan aún más la respuesta a los múltiples abusos con que el neocapitalismo nos sorprende.

Deliveroo es una multinacional británica que ejerce de intermediaria entre restaurantes que quieren servir comida a domicilio y «colaboradores» que buscan un «trabajo flexible» realizando los repartos. Por este servicio de intermediación a través de su aplicación y plataforma en línea, Deliveroo se queda con un 30% del precio del pedido.

Deliveroo defiende —como otras iniciativas de capitalismo extremo que se camuflan bajo un falso modelo P2P— que simplemente pone en contacto a gente con necesidades con otras que pueden satisfacerla. Bajo este manto lo que se esconde son condiciones laborales fijadas unilateralmente y que llevan al límite la precarización de los derechos de las trabajadoras.

Las trabajadoras denuncian que Deliveroo mantiene una relación mercantil con ellas y deben darse de alta como trabajadores autónomos (es decir, como falsos autónomos). Estos se inscriben en una plataforma y anuncian su disponibilidad horaria. La empresa les asigna segmentos en los que deben estar disponibles por si surge algún reparto. Al principio, Deliveroo les aseguraba 2 pedidos mínimos a la hora, que se abonaban aunque no se realizaran, sin embargo, tras la creación de la sección sindical por parte de las trabajadoras («riders» en el neolenguaje de Deliveroo), la empresa ha anunciado por correo electrónico que si no hay repartos durante los turnos asignados, no se cobra nada.

Las trabajadoras han decidido unirse a través del colectivo Riders x Derechos, con el que exigen ser reconocidas como trabajadoras de la empresa, garantizar un mínimo de 20 horas a la semana, cobrar entre 8 y 8,5 euros la hora, contar con un seguro en caso de accidentes y bonificaciones por conducir de noche o con lluvia.

En una acción inimaginable en un principio, por la desarticulación existente —en este tipo de relaciones (más que líquidas, gaseosas)— entre las propias trabajadoras y entre estas y la empresa, las trabajadoras convocaron una huelga conjunta en las principales ciudades donde actúa Deliveroo. La convocatoria y la difusión contaron con una mucha visibilidad gracias a las redes sociales.

La empresa anunció a través de un comunicado un nuevo contrato de trabajo autónomo, el llamado Trade (para aquellos repartidores que acrediten que el 75% de su factura proviene de una misma empresa). Sin embargo, esto no satisface las demandas del colectivo ya que si en las horas de trabajo no hay pedidos que repartir, no se cobra.

Las trabajadoras continuaron con un calendario de movilizaciones tras la primera convocatoria de huelga a la que siguieron paros parciales y totales durante el fin de semana. Además, varias trabajadoras han denunciado las condiciones a la Inspección de Trabajo.

La empresa ha contraatacado ofreciendo acuerdos individuales a trabajadoras, contratando a nuevos empleados y despidiendo a las más activas (en el neolenguaje: desconectándoles de la plataforma por la que se asignan los turnos).

Por el momento, la empresa está siendo investigada por la Inspección de Trabajo para determinar si los riders son falsos autónomos y si existe fraude por el impago de las cotizaciones a la Seguridad Social. Esto ha supuesto la apertura de un debate sobre los factores que determinan cuándo existe una relación de «laboralidad» con estas nuevas empresas.

La plataforma Riders x Derechos ha continuado con su campaña de difusión y estableciendo alianzas con otros riders europeos de ciudades como Londres o Berlín. 

 

Maka Makarrita

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