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Comida casera

Devorar libros sería una metáfora indicada para hablar de cierto tipo de alimentación, tan necesaria como la del garbanzo, las papas o el arroz; que ya dijo el estagirita que toda la humanidad, por naturaleza, desea saber, y de ahí toda la filosofía y, por extensión, el placer por la comida. Que aun sabiendo que se trata de quitarse el hambre, ese gusanillo, cuando no es gusanazo que mata, esa alerta para no desfallecer; hemos desarrollado un gusto y una sofisticación en la cocina que trasciende las necesidades biológicas para atender a las poéticas en el susto del eneldo, el horneado tras la cochura, las hojitas de hierbabuena, el flambeado, un piquito más de sal o el ahumado con laurel. Y a pesar de ese prurito tan de todos de desnudarnos el alma y que se nos aplauda, y a ver si hay algo ahí fuera mi capitán, yo le encuentro, cada vez más, el gusto al mero hecho de hacer de cuenco y recibir, de alimentarme poemas embutidos, canciones en lata. Que leía hace poco en una entrevista a una artista que decía que pocos placeres mayores que el de meterse en la cama con un libro y yo lo suscribo; porque ahí te quiero ver ante el espejo, sin nadie a quien justificar nada, eligiendo, conociéndote, recibiendo estos alimentos, las palabras, los colores, los sonidos. Y de este banquete, sus placeres corolarios como reservarse un trago del café para cuando acabe el párrafo y ¡ay! Que solo de pensarlo se me fue el hilo y de tomar conciencia de esto lo recojo con una risita porque ha sido el tiempo mismo el que me ha hecho cosquillas; o evitar rascarse mientras el pianísimo del violín, no vaya a ser que suenes más y el picorcillo conviviendo con la melodía y otra vez las cosquillas. Y hacer un alto en la comida y el mundo como que más amplio, ¿no? Aunque todo esto si cuidamos la alimentación, que no es lo mismo con tranchetes. De hecho, para ser honesto recomiendo dejar de leer esto ahora mismo y agarrar el Quijote más cercano, que aún no conozco al harto de buen jamón. Pero claro, siempre un poco de arrogancia y de traición, porque si no, no estaría escribiendo esto. Si me permites, un mojón en el camino: este lo puse en la vida hace unos años, intentando aquello de vomitar piedras preciosas, que es como llama Ory a la poesía, esa manía de contar sílabas para ordenar el mundo, o no.

No esperes saber la verdad de la historia

pues solo palabras puedo ofrecerte

que aun ofreciendo alternativas a la muerte

sustentan su vivir en la pobre memoria

de los hombres límite y los dioses tristes

que por el velo que la vida les impone

encuentran unos con otros mil razones

huyendo de la piel frontera que fuisteis

mas, es inevitable emitir cantos

aduanas de tiempos venideros

pretextos de ulteriores secundarios

clamando a los cielos celeste gloria

mendigando en palabras asidero

No

no esperes saber la verdad de la historia.

 

por [Javier Galiana de la Rosa]

Músico y profesor en la CAMM de Málaga y la ESMUC de Barcelona

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