Trabajar por

Hay sutiles matices entre trabajar en, que hacerlo para o, incluso, con. En la mayoría de los casos, nos valdría igual una preposición que otra. Cuando hablamos de trabajar por, el matiz cobra más trascendencia. Entonces, descubrimos realidades diversas, como las formas en las que se pueden definir un número creciente de proyectos en el ecosistema actual de los medios de comunicación: independiente, horizontal, autogestionado, asambleario, alternativo…

Trabajar por un medio de comunicación conlleva, en la mayoría de los casos, conjugar el verbo compaginar con empleos que ofrecen la certidumbre de saber cuánto cobrarás a final de mes; con proyectos puntuales que van cruzándose en tu camino; con tus horas de sueño; con algunos findes, con tu familia y amistades… con tu vida. Compaginar tus opiniones sobre cómo orientarías el proyecto junto a otras, similares o radicalmente diferentes; compaginar el editor de textos con el de fotos, la tabla de Excel, las apps de mensajería y sus múltiples grupos, la lista de correo, el Doodle, el CMS, el Twitter, las reuniones y asambleas… compaginar remuneración con altruismo (léase también militancia).

Según el reciente Informe anual de la profesión periodística publicado por la Asociación de la Prensa de Madrid gracias fundamentalmente a las respuestas de más de mil periodistas, el grado de independencia con el que llevan a cabo sus labores informativas sigue teniendo nota de suspenso (4,5). Las presiones llegan, en su mayor parte, desde los directivos y suelen estar relacionadas con los intereses del medio. El mismo informe señala que la profesión se enfrenta a varios problemas en las condiciones laborales: escasa retribución, horarios excesivos, paro y precariedad. Es un sector que, además, se muestra especialmente vulnerable a las crisis y sujeto a una innovación digital constante.

En el lado de quien recibe el producto, los datos no son más alentadores: el Eurobarómetro, en lo relativo al Estado español, refleja que solo el 42% de las personas encuestadas confía en lo que escucha en la radio, porcentaje que desciende hasta el 34% cuando se trata de lo que lee en la prensa escrita.

Paradójicamente —o consecuentemente—, los efectos de esos datos para el conjunto de la ciudadanía ocupan un espacio muy reducido en la agenda informativa de los grandes medios.

Los datos que ofrece esas encuestas pueden dar pistas sobre algunos porqués de las personas, no solo profesionales del periodismo o la comunicación, que se embarcan en proyectos de este tipo; en trabajar por un medio de comunicación. Personas que creemos que los medios de comunicación pueden ser una herramienta muy poderosa de transformación social. Personas que creemos que hay que desarrollar espacios que acojan unas realidades demasiado complejas, incómodas o innovadoras como para encontrar acomodo en las páginas de las cabeceras convencionales. Personas que creemos que ni los anunciantes ni el porcentaje de acciones deben condicionar nuestra forma de comunicarnos. Y que nos ilusionamos al ver que, al otro lado, hay una comunidad cada vez más numerosa que se implica, acude a los eventos y que, incluso, se suscribe al medio, aun pudiendo acceder a cualquier contenido sin tener que hacerlo; personas con las que nos hemos encontrado en el valor y la utilidad de lo que hacemos.

Es ilusionante también que cada vez seamos más quienes participamos en estos procesos y que la sostenibilidad económica de los proyectos con vocación transformadora vaya dejando de parecer, necesariamente, un horizonte utópico.

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