Ilustra Rosa Olagüe García https://instagram.com/peligg.rosa

Referentes afrodescendientes y traducciones

Probablemente si eres un lector blanco, cishetero y que encaja en los cánones básicos de la sociedad europea occidental, nunca te habrás percatado de cómo tu contexto te ha facilitado encontrar y definir tu identidad, tus capacidades u oportunidades gracias a personas, películas, libros o cualquier cosa en la que te hayas visto reflejado. Esto es porque, por suerte, nunca has tenido que vivir en un mundo en el que tu persona es una minoría en comparación a las demás y siempre has podido encontrar a alguien con características e historias similares a las tuyas.

Por raro que parezca, es una situación privilegiada que algunos desgraciadamente no hemos tenido la oportunidad de vivir. La Real Academia Española define referente como ‘cosa tomada como referencia o modelo de otra’. Los blancos españoles habéis podido encontrar referentes positivos durante toda vuestra historia. Digo referentes positivos porque, vuestras historias, pueden estar protagonizadas por duques, estrellas del cine o aristócratas y a nadie le parecerá nada fuera de lo común. Sin embargo, es un suceso casi milagroso leer o ver la historia de un negro que no sea esclavo, pobre, desdichado, de clase baja o con un coeficiente intelectual bajo. No nos muestran al gitano, negro o asiático en situaciones afortunadas y agradables pero, desde luego, no tienen miedo a transmitir contenidos racistas en series como La que se avecina.

Me atrevo a decir que no nos lo muestran porque no se debe a una falta de contenidos sobre las realidades de la gente racializada, o sus capacidades para lograr éxito, sino a una falta de medios que hagan llegar estas historias a nosotros, y ya son décadas e incluso siglos los que llevan viviendo familias negras en este país sin haberlas tenido en cuenta a la hora de representarles como una parte más de la ciudadanía.

Sin embargo, a pesar de que lxs racializadxs tenemos una larga historia de carencia en cuanto a referentes, sí los ha habido internacionales aunque no nos han llegado tan fácilmente, ya que los medios nos mostraban lo menos posible hasta hace muy poco. Hoy en día tenemos la suerte de contar con afroespañolas como Lucía Mbomio, Eva Ruíz, Desirée Bela-Lobedde, o Famous y Nia de Operación Triunfo; además de contar con personas afrodescendientes internacionales tales como Viola Davis, Lupita Nyong’o, Beyoncé o Indya Moore (entre muchas otras artistas negras). Sin embargo, cuando nos alejamos del ámbito de la música y la televisión se nos va haciendo cada vez más difícil encontrar quien se parezca a nosotras y no precisamente por falta de personal. A la hora de buscar referentes en la literatura, tenemos una amplia cantidad de mujeres negras anglosajonas con las que podemos nutrir nuestro intelecto; con novelas, ensayos, poemas y demás, y aunque pueda parecer que no nos falta acceso a estas lecturas, ya que contamos con tremendas escritoras como Toni Morrison o Alice Walker que sí han sido traducidas, lxs hispanohablantes sí carecemos
de traducciones que nos faciliten la lectura pues no debemos suponer que cualquiera tenga un nivel tan alto de inglés como para comprender Barracoon: The Story of the Last Black Cargo de Zora Neale Hurston o The Wife’s Tale de Aida Edemariam.

Parece que todavía, en nuestra sociedad mayoritariamente blanca, no se nos da la importancia que tenemos como ciudadanos que somos y no son conscientes de que al igual que ellos han tenido la suerte de crecer con historias como Harry Potter, nosotrxs también deberíamos poder tener fácil acceso a una infinidad de libros cuyos personajes se asemejen más a nosotrxs, pues aunque muchos no lo entiendan, sí hay diferencias sociales y culturales entre blancxs y racializadxs, hasta en los más pequeños detalles de nuestra vida. Esto afecta especialmente a lxs más jovenes, justo en las edades que más necesitamos referentes, ya que pocos de los libros juveniles dirigidos a jóvenes negrxs están traducidos. Parece ser que, por alguna razón, ven más necesario traducir todos los libros de John Green y no cualquier romance entre dos personas racializadas (que abundan), que nos hagan sentirnos parte del mismo cuento de hadas. Poco a poco vamos teniendo más libros disponibles en español donde se hable de nosotrxs pero, aunque suelen tener el tema racial como tema principal, lo cual esta muy bien, ese no es el único objetivo.

Debemos empezar a ser conscientes de que, a pesar de nuestro color de piel, nuestros orígenes y lo que esto ocasiona en nuestro día a día, nuestra vida no solo se centra en eso. También podemos contar historias de fantasía, amor o humor donde no todo sea lo que hemos sufrido, a cuántos de nosotros han matado y cosas por el estilo. Esto no quiere decir que lo anterior no sea importante, pues tener consciencia de la historia de nuestra comunidad es algo que, tanto nosotrxs como lxs que no se ven directamente afectadxs, no debemos olvidar y sobre lo que no debemos dejar de informarnos. Pero lxs racializadxs no podemos rodearnos solo del dolor y el sufrimiento con el que cargamos desde hace siglos, ya que es una tortura para nuestra salud mental como lo sería para la de cualquier otra persona. Aparte de no dejar de escuchar cómo el mundo en el que vivimos nos rechaza continuamente, nos viene bien contemplar cómo salvamos el mundo de un gran villano o cómo formamos una banda de rap exitosa, para vernos capaces de algo más que de aguantar golpes y palos de todo el mundo.

Al fin y al cabo, para eso sirven los referentes y por eso nosotrxs, que tan pocos hemos tenido, los necesitamos tanto: para poder vernos cualificados para llegar todo lo alto que queramos con cualquier objetivo que nos propongamos. Como con muchas otras situaciones, lxs racializadxs nos hemos cansado de que nos invisibilicen y no nos tengan en cuenta. Ya es hora de que las editoriales españolas sean conscientes de que lxs niñxs y adolescentes racializadxs también existimos desde hace mucho en su mundo y sociedad y nos merecemos historias con las que podamos empatizar realmente con los personajes y sentir que la lectura nos refleja y nos pertenece para no crearnos inseguridades y sentimiento de marginación como llevan haciendo durante tantísimos años.

Por

Ara C. Oviedo

Afrofeminista