nº52 | política local

PATINETES ELÉCTRICOS

Sevilla avanza en su política de movilidad: al tiempo que peatonaliza calles, regula el alquiler de patinetes y bicicletas por parte de las empresas con tarifas fijas y zonas delimitadas para su uso. Un simple vistazo nos hace ver que, por su precio y características, está pensado para el turismo y el uso ocasional mientras que las bicicletas públicas son abandonadas.

En el año previo a la pandemia era fácil encontrarse por Sevilla con patinetes arrumbados en cualquier esquina, molestando. Las pocas personas que lo usaban tenían por costumbre hacerlo sobre aceras, provocando accidentes y generando un odio que duró unos cuantos meses y que acabó por dejarnos como postal típica de Sevilla a unos patinetes volcados sobre los contenedores. La pandemia paró el mundo (al menos, en cuanto a movilidad se refiere) y los Ayuntamientos de España tomaron nota para legislar.

PATINETE ¿ECOLÓGICO?

No hay más que pasearse por una gran urbe española o europea para darse cuenta de que los patinetes han resultado ser un enorme revulsivo en la movilidad. El patinete viene a rellenar un hueco que hasta ahora estaba vacío, que ni coches ni motos ni bicicletas eran capaces de ocupar. El patinete no es el vehículo sostenible que necesitamos para realizar una transición ecológica, pero avanza y mejora mucho con respecto al uso de los coches.

En su libro El socialismo puede llegar solo en bicicleta, el ecologista Jorge Riechmann reflexionaba de forma certera sobre el coche y el consumo excesivo de energía que realiza: para desplazar a una sola persona que pesa unos 70-100 kg, el ser humano en la etapa más ferviente del capitalismo inventó un cacharro que oscila entre 1 000 y 1 500 kg, diez veces más energía de la necesaria para desplazarnos. Y si a esto le sumamos que esa energía se ha producido con petróleo, la ecuación mortal del cambio climático ya está servida. Por no hablar de los problemas en la salud que suponen miles de tubos de escape repartiendo gases nocivos o la sangre que acompaña a la industria del petróleo en infinidad de países que han «padecido la suerte» de tenerlo bajo sus suelos. Además, hay que sumar al gasto energético de un vehículo lo que se invierte en construirlo. Un coche precisa de extraer materias primas, refinarlas, transportarlas, ensamblarlas… y su vida útil no suele superar los veinte años. La energía que se consume en estos costosos procesos es la eléctrica que, de nuevo, se ha creado mayoritariamente con petróleo o carbón. El caso de los coches eléctricos no mejora mucho la cosa, pues en su fabricación se consume energía similar, su peso es mayor y las enormes baterías de litio necesitan de mucha energía para su extracción y producción.

Frente a esto, nos dice Riechmann, las bicicletas son la luz al final del túnel: un medio de transporte muy fácil de construir que se repara con facilidad, que es barato y pesa poco. Y lo más importante: su energía para el desplazamiento proviene de nuestro impulso. Además, es una forma sana de desplazarnos. Por todos estos beneficios, irónicamente, la bicicleta no ha triunfado como medio de transporte en el sistema y ha quedado reservada para los paseos de los domingos. Es difícil que empresas o instituciones públicas habiliten lugares seguros donde dejarlas. Mucho más complejo es que instalen vestuarios para que una persona que trabaje en verano, al llegar a la oficina, pueda asearse. La formalidad en el atuendo y los duros horarios laborales de España obligan a que busquemos un transporte rápido y que no nos arrugue demasiado la camisa.

POR EL CAMINO DE EN MEDIO

El patinete eléctrico es la alternativa verde que el sistema acepta para resolver el embrollo de la movilidad. Pesa poco, se repara con relativa facilidad y promueve desplazamientos rápidos, imprescindibles en nuestras atareadas vidas. No resuelve el asunto del uso de la energía, que sigue siendo eléctrica y cuya producción no especialmente limpia. Por otro lado, depende de las baterías de litio, cuya producción es perjudicial para el medio ambiente. En general, el patinete eléctrico avanza en lo que se conoce como electronificación de la sociedad, esto es, ponerle cables, bluetooth y conexión wifi a cosas que no lo necesitan para cumplir su función básica o que no mejoran demasiado nuestra calidad de vida: el altavoz de Alexa, luces wifi, relojes digitales, cafeteras eléctricas, persianas también eléctricas e, incluso, mirillas que cuentan ahora con cámaras y pequeñas pantallas del otro lado. Cuantos más cachivaches inventamos, de más energía precisamos, además de cobre, baterías, chips… En resumen, el patinete se inserta en esta tendencia, y es un avance indudable frente al coche o la moto, pero no resuelve nuestra maltrecha situación climática.

PARA TURISTAS Y CLASE MEDIA     

Los patinetes que el Ayuntamiento ha aprobado acaban con el problema del caos que existía antes: ya no están tirados en cualquier lugar, sino que cuentan con zonas delimitadas para ellos. La tarifa está regulada y, se supone, las empresas cuentan con obligaciones además de pagar impuestos. Por contra, es una vuelta de tuerca más a la privatización del espacio público y el fin de toda posibilidad de recuperar el Sevici, un servicio que tanto bien hizo hace algunos años y que ahora se encuentra obsoleto, abandonado, sin promoción alguna y que cada vez usan menos personas.

El Sevici es un servicio donde, mediante un pago anual de 33 euros, una persona coge una bici las veces que desee. Sin duda esto supuso un impulso al transporte sostenible y compartido, ya que por una cuota reducida cualquier estudiante o currela podría desplazarse sin emitir CO2. Por contra, los patinetes y las bicis eléctricas cuentan con un precio por servicio de 1,20 €/minuto. Aunque venden abonos para reducir las tarifas, los trayectos al trabajo o a la universidad no descienden de los 3-5 euros diarios. Es decir, 30 a 50 euros semanales. El servicio, por su alto precio, no está pensado para el uso diario de estas personas sino más bien para el turista o los jóvenes de clase media-alta a los que no les pica el monedero. Un cambio de paradigma el cambiar del Sevici al patinete, de lo público a lo privado, que no ayuda a que el coche o la moto se quede en casa, es un gran escaparate para vender ecologismo pero una oportunidad perdida para tener un servicio público potente que haga que la sevillanía se pase al transporte «algo más» sostenible.                    

Por otro lado, estos servicios excluyen de sus zonas los barrios de Polígono Norte y Sur, Pinomontano o San Jerónimo. Y es que al Ayuntamiento no se le ha ocurrido exigir la igualdad entre todos lxs sevillanxs a la hora de ofrecer el servicio. Pudieron haber mejorado el Sevici, colocarle baterías, reducir su peso y mejorar su acceso, pero optaron por ofrecer al sector privado los beneficios de nuestra movilidad.

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