La llamada «crisis de los cribados» ha sido la consecuencia más visible de una estrategia consciente de desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud público andaluz. Alrededor de cuatro mil mujeres, según la asociación AMAMA, se han visto afectadas por ese «error de comunicación». De ellas, también según datos de la asociación, cerca de trescientas podrían haber desarrollado un cáncer. La Junta habla solo de veintidós.
La detección de un tumor a tiempo no solo salva vidas, sino que ahorra costes, por lo que son las propias administraciones las que promueven y presumen de programas de prevención. Pero para que esos programas cumplan su función hay que contar con un sistema sanitario público de calidad, y la sanidad andaluza vive un deterioro progresivo desde hace lustros.
Cualquiera que haya intentado sacar una cita en atención primaria lo habrá comprobado. Llegar a una especialista es una yincana, las esperas para una operación superan los tres meses y, cuando se reduce ese plazo en algunos días, se debe a los acuerdos con la privada. Y ahí está una de las claves del deterioro.
El fallo en los cribados no es un error puntual de un departamento concreto de uno de los hospitales de referencia de Andalucía. Esta negligencia forma parte de una estrategia de destrucción del sistema sanitario público, a través de la privatización de cada vez más servicios. Lo que agrava este episodio es que se trata de un error que ha podido acabar con la vida de muchas de mujeres, que han dicho basta ya. Por eso, le ha saltado a la cara al gobierno andaluz, y ha ocasionado la primera gran crisis de reputación que ha vivido en sus casi dos legislaturas.
Solo hay tres tipos de cáncer que pueden prevenirse a través de un cribado: mama, colon y cérvix. El procedimiento es sencillo: en el caso del cáncer de mama te llega una carta si tienes el perfil (mujer mayor de cincuenta años), en la que te citan para una mamografía. Una vez hecha te mandan a casa y, si hay indicios de alguna anomalía, te avisan para hacerte una segunda prueba. Si no hay aviso es que todo está bien, lo que supone que te relajas hasta la próxima revisión dos años después. O eso pensábamos.
En términos médicos, los resultados de las pruebas de imagen de nuestras tetas, se clasifican con el sistema BI-RADS y los resultados van del 0 al 6. El 0 es una prueba mal hecha y el 6 el cáncer confirmado. 1 y 2 significan que todo va bien, el 3 es potencialmente benigno, aunque con dudas que requieren seguimiento, con el 4 la sospecha de malignidad es mayor y con el 5 la probabilidad de que sea cáncer es del 95%. Con estos dos últimos no ha habido ningún problema.
Pero, durante un año y medio al menos, más de tres mil mujeres, cuyos resultados en la mamografía señalaban un BI-RADS 3, la cifra intermedia que requiere estudio detallado y confirmación, no fueron avisadas para hacerse una segunda prueba, con las consecuencias que ello puede acarrear.
Las primeras señales de que algo no funcionaba correctamente se remontan a enero de 2024, según asociaciones como AMAMA, el colectivo que ha encabezado las denuncias y movilizaciones. En febrero de ese año, la asociación presentó una de las primeras denuncias ante el SAS, tras comprobar que algunas mujeres no habían sido informadas de los resultados de sus pruebas durante más de un año. En pocos meses los casos se multiplicaron. Durante el verano de 2024, AMAMA trasladó a la Consejería de Salud su preocupación por los retrasos y por la falta de respuesta ante los cribados con resultados «no concluyentes».
El problema permaneció silenciado más de un año. No fue hasta finales de septiembre de 2025 cuando la Cadena SER destapó que unas dos mil mujeres estaban en un limbo diagnóstico: se habían sometido a mamografías cuyos resultados no habían sido comunicados por el SAS.
La primera reacción de la consejera Rocío Hernández y de algunos medios afines fue quitarle importancia diciendo que se trataba de tres casos puntuales. Solo un día después la Junta reconocía que se trataba de miles de mujeres y que era debido a un «fallo de comunicación». Como consecuencia, la consejera fue fulminada y la cartera de sanidad pasó al todopoderoso Antonio Sanz. Después, y tras las masivas movilizaciones de protesta en toda Andalucía, hablaron de una «profunda remodelación» de la sanidad y se han dedicado a anunciar medidas que no solucionan el problema de fondo: la privatización y la reducción de costes.
Poco se puede hacer si sobre les profesionales pesa la orden de mandar el menor número de pruebas posibles, o si hay una sola radióloga donde debería haber varias más. Si te envuelve la incertidumbre y te lo puedes permitir, vete a la privada. Y si no, te aguantas.
Y eso es lo que sintieron mujeres como Silvia. Porque todo se entiende mejor si ponemos nombres. A Silvia la avisaron un año después de hacerse una mamografía en el programa, para decirle que había anomalías. Le hicieron una ecografía que tampoco era concluyente y la citaron para una biopsia que tardó semanas en llegar. Una vez hecha vuelven a tardar semanas en decirle, entre disculpas, que no encontraban los resultados y debían repetirle la biopsia. Se la volvieron a hacer y afortunadamente el diagnóstico fue negativo. No tenía cáncer. ¿Podéis haceros una idea del nivel de ansiedad y terror que provoca una situación así extendida durante semanas o meses?
Otras mujeres han tenido peor suerte aún, como Anabel, que al llamarla un año después el cáncer estaba en un estadio mucho más grave y fue necesaria una mastectomía, o Yolanda, a quien tardaron más de tres meses en repetirle la prueba mientras el cáncer avanzaba, por lo que el tratamiento tuvo que ser mucho más agresivo.
Lo ocurrido es tremendamente grave y costará mucho arreglarlo y recuperar la confianza, pero hay que seguir peleando. Y si hay que buscarle un lado positivo a este desastre es el del grito de miles de personas en las calles, encabezadas por mujeres, exigiendo una sanidad pública y de calidad. Y si tengo que elegir una imagen para representar ese grito, me quedo con la de una mujer, Cora Calzada, encabezando una de las concentraciones con el torso descubierto y una mastectomía bilateral. Porque tenemos que seguir enseñando nuestras tetas, pero también las cicatrices que dejan cuando ya no están.

