nº62 | sostenibili-qué

Las mujeres llevan el clima a los tribunales

Un grupo de mujeres jubiladas de Suiza ha conseguido llevar a su país al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Argumentan que su derecho a la vida está amenazado por el aumento de las temperaturas, y que parte de la responsabilidad la tiene su país por no tomar medidas adecuadas contra el cambio climático. Son las mujeres de avanzada edad las que tienen un riesgo mayor de morir prematuramente por el calor.

Cada vez hace más calor en verano. Hasta que las emisiones de CO2, principal gas del efecto invernadero, alcancen cero (!) y venzamos nuestra dependencia de los combustibles fósiles, se seguirán incrementando las temperaturas. Nos acordaremos de los veranos de los últimos años como unos veranos frescos en un futuro no tan lejano. Llegaremos a 50 °C en Sevilla con una alta probabilidad en las próximas décadas.

Las olas de calor cada vez más intensas y frecuentes tienen un coste importante en la salud humana. Se estima que murieron hasta 70 000 personas por el calor en Europa en el verano del 2022, que fue el más caluroso desde que hay registros al nivel europeo. En España más de la mitad de las provincias alcanzaron un récord de temperaturas ese mismo verano con una cifra de muertos prematuros por calor de más de 10 000 fallecidos.

Aproximadamente el 90% de las personas que pierden la vida por calor tiene más que 65 años, y son generalmente las mujeres las que tienen una tasa de mortalidad por calor más alta que los hombres. La mayor esperanza de vida de las mujeres es solo una razón de su vulnerabilidad comparativamente elevada frente al calor. Hay evidencias que sugieren un rol de las hormonas (después de la menopausia) y diferencias de estilo de vida, con un riesgo más alto para personas solitarias y de bajo estatus socioeconómico.

El riesgo destacado que supone el calor para la salud femenina fue el punto de partida para un grupo de mujeres en Suiza, todas mayores de 64 años, para llevar a su país a los tribunales por no actuar suficientemente contra el cambio climático. Las KlimaSeniorinnen (Mujeres Mayores Por el Clima) empezaron a recurrir a los tribunales locales y nacionales en Suiza en 2016. Ahora tienen más de 2 300 miembros. Reclaman al gobierno suizo tomar medidas más ambiciosas para reducir los gases de efecto invernadero, conforme a lo que exige la meta del Acuerdo de París de no traspasar los 1,5 °C de aumento de la temperatura media global (por cierto: las temperaturas récord de 2023 ya llegaron a 1,48 °C por encima del nivel preindustrial).

En 2020, después de que los tribunales de Suiza habían rechazado el pleito de las mujeres, las KlimaSeniorinnen decidieron recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo. Fueron asesoradas por Greenpeace y otras asociaciones de medio ambiente. Les apoyó también un grupo de personas científicas de la Universidad de Berna que resumieron la base científica del caso en un comunicado a la corte, en forma de un informe amicus curiae (‘amigos de la corte’). Otros casos de litigio climático habían demostrado cómo el éxito muchas veces depende de la solidez de la evidencia científica presentada a los tribunales.

La clave está en poder demostrar un nexo causal entre las emisiones del imputado (sea un país o una empresa privada) y los perjuicios del demandante. La rama científica que puede generar este tipo de evidencia se llama ciencia de atribución. Las bases de este campo de investigación fueron sentadas en la década de 1970 por el científico alemán Klaus Hasselmann que en 2021 recibió el premio Nobel de Física por su importante contribución a entender la variabilidad del clima y pronosticar el calentamiento global.

Hoy en día la ciencia de atribución es un campo de investigación en pleno crecimiento,
con miles de estudios discerniendo formalmente la contribución del cambio climático a los daños relacionados con extremos climáticos cada vez más potentes (olas de calor, inundaciones, sequía) o con cambios continuos (aumento del nivel del mar, perdida de glaciares). Por la variabilidad natural del clima y los factores no-climáticos que determinan, la vulnerabilidad de los sistemas afectados, establecer la causalidad estricta entre cambio climático y los daños observados no es siempre una tarea fácil.

En el caso de las KlimaSeniorinnen, la base científica presentada fue suficientemente convincente y se cumplieron todos los requisitos jurídicos para que se admitiera la demanda a la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, junto a otros dos casos de litigio climático (de un exalcalde francés y de un grupo de jóvenes portugueses). Después de la audiencia, que tuvo lugar en marzo 2023, se espera la sentencia en los primeros meses de este año.

Si ganan las mujeres de Suiza, el caso podría sentar un precedente para otros países europeos que están vinculados por las sentencias del Tribunal en Estrasburgo en su interpretación del contenido de los derechos humanos. Para asociaciones y particulares en España podría marcar un punto de inflexión para retomar la vía de los tribunales en la lucha por una política climática verdaderamente ambiciosa.

En julio de 2023 el Tribunal Supremo de España dio la razón al Gobierno en el llamado «juicio por el clima». En este caso, tres organizaciones no gubernamentales (Ecologistas en Acción, Greenpeace, Oxfam) habían demandado al Gobierno español por las metas de reducción de emisiones poco ambiciosas, incluidas en la ley de cambio climático y la hoja de ruta hasta 2030 que exige la Comisión Europea. En vez de reducir las emisiones un 23% respecto a 1990, que es la meta actual del Gobierno, las ambientalistas reclamaron una reducción de un 55%.

La «normalidad climática» ya no existe. En los próximos años veremos una intensificación de los extremos climáticos. Vendrán olas de calor nunca visto. Afectarán especialmente a los más vulnerables, sea por situación económico, por edad o por sexo, violando los derechos humanos de estas personas. Esperemos que esta vez los jueces del Tribunal de Derechos Humanos den la razón a las mujeres valientes de Suiza, motivándonos a todas y todos en la lucha por frenar el cambio climático. Solo si conseguimos eliminar la energía fósil lo antes posible se mantendrá la posibilidad de vivir una vida digna en nuestro planeta.

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La moneda Puma comenzóa gestarse en septiembre de 2011 a partir de un Taller organizado por la Red de Decrecimiento de Sevilla, e impartido por Julio Gisberten la Casa Grande del Pumarejo.

A partir de este momento y hasta marzo de 2012, fecha en que comienzan a circular y funcionar los pumas, se constituyó un grupo motor que impulsó diferentes encuentros y talleres y diseñó de manera abierta, horizontal y participativa con su entorno cómo sería la moneda Puma.