nº61 | ¿hay gente que piensa?

HASTARKOÑO

Hay canciones que se convierten en himnos por las razones que sean. Su musicalidad, su contexto, o por ser susceptibles de ser bailadas como banda sonora del alba a la hora del cierre del último garito. Algo tienen en común todas ellas: manifiestan una realidad colectiva, cientos de personas sienten que ese mensaje les representa. Hastarkoño, el tema que sacamos grabado en directo con guitarra, multipercusión y violín justo antes de verano, es una canción de autoría colectiva en la que diferentes mujeres y disidencias aportaron su arte y su rabia desde que comenzamos a cantarlo, allá por las viñas francesas en 2017, a partir de una letra de Chicharrica.

La música que nace de este proyecto está viva y cambiante y la red es coautora de la misma: Lola 2Navajas, Camino, mi Lusi, Bu… elles van y vienen, como pajarillo en libertad.

Yo permanezco. Como artista, escribo bajo el yugo de las redes sociales y su exigencia de acompañar cada lanzamiento de una promoción súper guay y original. Hastarkoño, nunca mejor dicho, de tener que sumar esta tarea al carro enorme de quehaceres de una música autogestionada, decidí colectivizarlo: poner to esto en manos de mis comadres y que hablen las lobas.

Hastarkoño con una pataíta por bulerías, como ladrío de perra que ruge. Hastarkoño de que el arte esté precarizado, de no poder ir segura por la calle por ser una misma. Hastarkoño de los abusos de poder en el sector musical y de que a la peña no le entre en la cabeza que las chavalas podemos tener un papel además de ser intérpretes y vocalistas. Hasta la mismísima azaúra que tengo entre las patas de Puigdemont, de Abascal y de España; de tos los que miran pa otro lao cuando los problemas pasan en Andalucía… y hastarkoño de tener que aclarar que, cuando digo Andalucía, digo también Extremadura y Murcia.

Hastarmismokoño del precio de la luz, de tener que emigrar para poder tener una situación laboral digna y de que los tíos se peguen al culo de mi coche cuando voy por la autovía.

Hastarkoño de que me digan cómo tengo que utilizar las herramientas, de que se crean que una mujer no puede llevar un huerto y de que por estar detrás de una barra no me tratéis con respeto. Qué harta estoy del abandono de la ternura, de caer en dinámicas individualistas y de que mis hermanxs trans no puedan habitar en libertad según qué espacios públicos. Hastarkoño de este mundo de la prisa, de una sociedad dirigida por la producción masiva, sin ética y sin moral. Pero… alto ahí, un momento, señoras. De lo que no estamos hastarkoño es de intentar ver la vida con otra luz, otros colores; de poner intención en transformar la realidad. Que la escala de grises es infinita pa tanto blanco y negro.

Cada vez que, encima del escenario, terminamos la canción con el último quejío pienso: qué a gusto, joder. Y respiro. Y veo a les niñes de abajo suspirar aliviades. Así es Hastarkoño: un himno colectivo del desahogo.

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