EL TURISMO (NOS SIGUE EMPOBRECIENDO) TRAS LA PANDEMIA

El pasado 27 de septiembre se concentraron una treintena de organizaciones sociales frente al Hotel Inglaterra para denunciar que los perjuicios del modelo turístico siguen estando muy vigentes en la ciudad de Sevilla.

La pandemia nos ha demostrado que la apuesta incondicional por el turismo como pilar base de nuestro sistema económico y social tiene sus peligros y sus contrapartidas. Cuando en marzo de 2020 el chorro de turistas diarios que llegaban a puertos, aeropuertos y carreteras se cortó de raíz, la economía andaluza se desmoronó. La covid-19 nos obligó como sociedad a reflexionar sobre la fragilidad de este modelo, la hiperdependencia a otras economías y las injustas condiciones que necesita para su éxito. Parecía que debíamos pensar en un modelo más autosuficiente, que produjera algo. O eso pensábamos. Lo cierto es que el rumbo de la Administración y el empresariado turístico sigue siendo el mismo, destinando inmensas cantidades de dinero público a volver, lo antes posible, a la situación anterior: fondos de rescate para este sector privado, más suelo residencial destinado a negocios, más campos de golf y nuevas urbanizaciones, más privatización del espacio público, más facilidades en el planeamiento y la legislación, y un largo etcétera. Estas medidas ya se han tratado (y criticado) en El Topo de manera individual. Se trata de recuperar el turismo a cualquier precio.

El 27-S fue el Día Mundial del Turismo, pero ante esta realidad, nos parece que hay poco que celebrar. La riqueza que pregonan los dirigentes y empresarios del turismo (medida en PIB, entrada de divisas e inversiones) oculta la casi inexistente redistribución de beneficios, que se quedan en manos de unos pocos. Sin embargo, los efectos negativos del turismo los sufrimos la mayoría, a quienes este modelo turístico solamente nos empobrece cada vez más: nos sube el alquiler y nos expulsa de nuestras casas, nos cierra los comercios locales, nos despoja del espacio público, mantiene en el abandono a los barrios periféricos y solo nos deja un mercado laboral precario y temporal. Más que para celebrar, el Día Mundial del Turismo nos emplaza a reivindicar alternativas políticoeconómicas más justas y dignas para las sevillanas y sevillanos, así como el retorno del derecho a la vivienda y la mejora de las condiciones laborales para todas y todos como prioridad urgente.

El curso político empezó en Sevilla el 27-S con una concentración de organizaciones sociales, partidos y sindicatos en apoyo a Las Kellys, las camareras de piso, que sostienen con su trabajo y sus cuerpos este negocio a cambio de salarios mínimos, condiciones laborales extremadamente precarias y problemas de salud de por vida. Ellas pusieron de relieve las duras condiciones diarias de trabajo bajo presión, que desembocan en problemas de salud físicos y mentales, el incumplimiento de la prevención de riesgos laborales y las condiciones de parcialidad temporal y precariedad en sus contratos. Reclaman a la industria hotelera, que no ha dejado de construir nuevos hoteles (hasta veinticinco) en la ciudad mientras los/las trabajadores/as de la hostelería siguen afectados por un ERTE, que en sus establecimientos incluyan a las camareras de pisos en plantilla. La patronal hotelera sevillana no puede seguir aconsejando, como hace en su página web, la externalización del servicio de limpieza, por la temporalidad y precariedad laboral que tiene aparejada esta modalidad de contratación. La regulación estatal no las protege ante las prácticas abusivas de los empresarios hoteleros, las inspecciones de trabajo no son las deseables, el Comité de Seguridad y Salud Laboral no pide evaluaciones de riesgo específicas, los sindicatos mayoritarios no atienden sus demandas, etc., mientras, los hoteles obtienen beneficios astronómicos. Situaciones límites donde trabajan a marchas forzadas, enfermando y con condiciones indignas que les hacen tener la sensación de ser trabajadoras de usar y tirar.

Paralelamente, el 27-S, también se presentó, públicamente, una propuesta elaborada por más de una decena de colectivos y organizaciones sociales de Sevilla para la mejor regulación de los pisos turísticos. La implantación descontrolada e ilimitada de estos provoca la expulsión del vecindario con menos recursos a otros lugares de la ciudad y la despoblación en las zonas más tensionadas, donde la falta de residentes afecta al comercio de proximidad y bienes básicos y a la convivencia de su tejido social. Además, altera la vida pública de la zona y afecta, profundamente, a los criterios de la planificación urbanística que debe velar por equipamientos públicos y espacios libres por habitante. La modificación del planeamiento o la regulación que tiene el Ayuntamiento sobre la mesa se queda muy corta. Para empezar, no tendrá efecto retroactivo cuando entre en vigor, así que los propietarios, ante la noticia, no han dudado en registrar sus viviendas en el Registro de Turismo de Andalucía. Durante la pandemia, Sevilla ha adelantado a Málaga, por primera vez, en número de viviendas registradas, sumando mil más entre abril de 2020 y septiembre de 2021, y ha alcanzado casi siete mil registradas (en realidad son muchas más). Estas viviendas no se verán afectadas por la regulación del Ayuntamiento, así que la alta presión que ejercen en Triana y el centro no variará lo más mínimo. Además, el negocio está cada vez más controlado por empresas gestoras, fondos de inversión e inmobiliarias que especulan con un bien de primera necesidad. Esto dificulta el acceso de la población a una vivienda digna y asequible (art. 47 CE), al reducir, considerablemente, la oferta y, consecuentemente, aumentar el precio del alquiler de larga duración en toda la ciudad.

El turismo salvaje destroza derechos, cuerpos y ciudades. Su maquinaria vuelve a estar a pleno rendimiento y lo seguimos notando. Cada vez somos más lxs que nos salimos de esa corriente simple y acrítica que realza todas las bondades del turismo sin contradicciones y sin ver sus efectos negativos. Las últimas experiencias en Sevilla, donde organizaciones y colectivos de diferentes campos de acción (vecinales, sindicatos, partidos, ecologistas, políticas, etc.) han unido sus fuerzas, han sido muy enriquecedoras. El turismo es un fenómeno global, que afecta a muchos aspectos de nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras casas, nuestro planeta. Solo con esa visión poliédrica podremos cuestionar de forma exitosa el modelo e imaginar alternativas. El movimiento contra la turistificación es un movimiento por la ciudad, esto es, por nosotrxs sus habitantes.

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