DESDE UN CONFINAMIENTO INDIVIDUAL

Queridxs lectorxs:

Os escribo desde mi confinamiento hogareño donde, por segunda vez en menos de 6 meses tengo covid. Tanquilxs, estoy bien, pero quiero contaros qué es estar confinada y qué es ser una “covitosa”.

Todas las que vivimos la primavera de 2020 sabemos lo que es un confinamiento colectivo, pero quizás muchas de las que estáis leyendo esto no sabéis qué es y qué significa un confinamiento individual. Es ese en el que tu mundo se para entre cuatro paredes pero la gente sigue subiendo fotos en Instagram de sus cervecitas en las terrazas y sus rutas por la montaña.

Para empezar os diré que hay tres tipos de confinamiento individual, y yo los he tenido todos:

Cuando tienes síntomas y das positivo: Te sientes enfermx, y ya si has perdido el olfato y/o el gusto, ay amiga mía, corre a hacerte una PCR. Una vez esta da positiva, creo que más o menos sabemos todxs qué significa estar enfermx: mantita, peli, tele basura y mimitos si se lo has contagiado a tus convivientes. Quizás no sea el caso, quizás vivas con más gente y te toque quedarte en tu habitación, y te dejen la comida en una bandeja como si estuvieras presa, y cada vez que vayas a salir a mear o lavarte las manos, tengas que desinfectarlo todo. Este es el confinamiento por Covid clásico, y tiene sus derivas…

Cuando tienes un contacto con un positivo pero eres negativo: recibes una llamada, un whatsapp o audio de tu amiga (primo, madre, compañerx de trabajo o quien sea con quien hayas estado sin mascarilla y sin distancia de seguridad) diciéndote que tiene covid y que deberías llamar a tu médicx. En el mejor de los casos, tu contacto sabe explicarte qué tienes que hacer, pero la mayoría de veces no es así porque se acaba de enterar y le puede el estrés. También se supone que hay otros dos canales oficiales para enterarte, esa app que nadie usa y lxs rastreadorxs que, sinceramente, son como las cabinas telefónicas, no sabemos si funcionan pero están ahí y hay quien dice que le han llamado alguna vez, pero todxs sabemos que es un mito. En cualquier caso, después de esa llamada, muchas veces el cuerpo reacciona inconscientemente dándote señales de estar enferma: te duele la cabeza, te dan escalofríos… cuando te serenas y recibes tu negativo de la PCR te tranquilizas, no tienes que avisar a nadie y a quien le has dicho algo de “ten cuidado porque estuve en contacto con un positivo” ya puede relajarse. Ahora queda esperar, ver cómo pasar el tiempo y sentir un poco de alegría de que por lo menos, has esquivado el bicho.

Cuando tienes un contacto con un positivo y tú das también: Este tipo de confinamiento tiene un par de vertientes. La primera es muy similar al primero que os mencioné, la segunda es que seas asintomaticx y te tires el día currando, bebiendo, bailando, leyendo, viendo pelis, etc. La segunda es la más interesante, que es la que me pasó a mí. Esta es la extraordinaria vertiente de estar esperando tu PCR muy tranquilica y con precauciones con tus convivientes, porque ya pasaste el covid hace 6 meses. Pero, extraordinariamente, posiblemente por una nueva cepa o porque tu inmunidad no era para tanto, das positivo. Ahí es cuando empiezas a creer en dios porque sabes que te odia.

QUÉ PASA CUANDO DAS POSTIVO

Primer paso: avisar a todo el mundo con quien hayas estado en los últimos dos días desde el inicio de síntomas. Quienes hemos pasado por esto, sabemos que esa situación es bastante angustiosa e incluso nos crea ansiedad. Primero, porque sabes que esa gente se va a tener que confinar, quizás incluso pedir la baja laboral por ello y perder 10 días de sueldo por haberse tomado una cerveza contigo, haber ido a tu casa a jugar al catán o ir en tu coche de copiloto. La ansiedad también es porque no sabes cómo van a reaccionar, a mí me ha pasado de todo: comprensión, preocupación por mi estado de salud, ignorar que tengan que confinarse o hacerse una PCR o, incluso, cabrearse contigo. Es dar una mala noticia de la que las dos sois responsables (o quizás nadie), pero en la que tú te sientes la culpable.

Una vez todo el mundo está avisado queda el segundo paso, organizarse en casa. En mi caso, dos de mis confinamientos fueron con mi pareja y mi perro en una bajo interior de menos de 50 m2. Si tus convivientes no están contagiadxs tenéis que organizaros para hacer de comer, ducharos, etc y limpiarte y limpiarlo todo como si tuvieras toc. Mi tercer confinamiento empezó con la típica vertiente de tener que estar en el cuarto y salir a limpiarlo todo y acabó con una semana yo sola con el piso para mí, que, sinceramente, es lo más recomendable para la salud mental. A esto hay que sumarle el esfuerzo que hace la otra persona de dejarte la casa e irse a otro lugar. Ya que digo algo de la salud mental, mi médico me regaló 4 días más de confinamiento extras, un poco porque sí, ahí es cuando te das cuenta de que muchos médicos no tienen en cuenta la importancia de la salud mental, ni de cómo confinarse puede repercutir muchísimo en ello, pero esto da para otro artículo.

El estigma de estar confinada

Una de las cosas que más te preocupan al principio es ¿qué pensaran las demás? No quieres que nadie lo sepa, y más después de la policía de balcón que todas vimos en el confinamiento colectivo. Hay un montón de miedo al virus, a veces racional pero muchas veces también irracional, y la gente saca ese miedo irracional de una manera bastante dolorosa para las personas que estamos pasando el covid. De hecho hay hasta policías de las redes sociales. Si pones un mensaje sobre tu confinamiento, te preguntan si tienes covid y a todo tu entorno si estuvieron contigo. O cuándo ha sido, por si el café que os tomasteis hace 2 semanas iba con covid. Ahí empiezas a ver el estigma. En muchas ocasiones esas personas no te vuelven a preguntar cómo estás, sólo querían ponerte la etiqueta de covitosa y saber si eras responsable de los escalofríos que le habían empezado a dar o era su hipocondría.

Otra cosa que piensas es: “que no se enteren lxs vecinxs”. Con todo esto de cuando no se sabía cómo se contagiaba hubo varios bulos, la gente se ha quedado con eso y tienes miedo a que se enteren. No sólo quien comparte edificio, tus amistades, ese colega que tienes hipocondriaco o esa amiga que ya no recuerdas su cara sin mascarilla, que sabes que tienen pánico al bicho. Una amiga me dijo que hay que contarlo, contar a todo el mundo que lo tenemos, que lo hemos pasado, que hay que normalizar que nos puede pasar a cualquiera y que, en muchos casos, no pasa nada. Esto es importante para la salud mental, tanto para la gente que tiene miedo como que para que, si te llaman diciéndote que estuviste con alguien positivo, no te de ansiedad incotrolada.

Estigma de haber pasado el covid

Cuando te desconfinas te encuentras dos tipos de personas:

Las que se quieren sentar a tu lado en la cena, que te hacen bromas sobre la inmunidad y que se sienten hasta especialmente segurxs de hacer planes contigo porque es prácticamente imposible que lo vuelvas a tener. Esas personas te hacen sentir cómoda, pero a veces demasiado seguras de que esa inmunidad es inmortal y de que ya nunca jamás tendrás que pasar por ese mal trago. Tened cuidado, porque soy la prueba andante de que no es verdad.

Luego están las otras personas, las que te das cuenta de que, de repente, nunca tienen tiempo para hacer planes contigo. Suelen ser esas personas que tenías miedo a que lo supieran porque sabías su miedo. Ahí es cuando te sientes que eres una apestada, que hay un estigma todavía en las personas que lo hemos pasado. Como si fuera culpa nuestra y que por esa misma regla lo vamos a volver a pillar y, por ende, contagiar. Porque somos unas “irresponsables” por ir a cenar a casa de una amiga respetando el aforo o habernos tomado una cerveza con tu compi de curro después de un día de mierda, o simplemente porque nos lo merecemos. La verdad que este segundo grupo es el menos común y más reducido y, a medida que va avanzando la pandemia, va bajando la curva del miedo. Sin embargo, es el que más te duele, con el que más te quedas marcada. Por eso, ahora que estoy volviendo a pasarlo me torturé unos días pensando quién más querrá borrarse de mi agenda, y eso no ayuda al confinamiento.

Los cuidados colectivos

¿Os acordáis de que íbamos a salir de ésta mejores? ¿Qué los barrios iban a estar más unidos? Pues eso no sé si es verdad, pero si os confirmo que cuando una está confinada, te das cuenta de lo que son los cuidados colectivos, que siguen estando ahí, que son reales. Cuando comenté mis miedos por haber dado positivo de nuevo en una storie de Instagram me habló muchísima gente en señal de apoyo: ofreciéndose a llevarme comida, incluso gente con la que no tengo mucha confianza me decían que me traían cualquier capricho o que hiciéramos video-llamada. Gente que me ha seguido preguntando todos estos días cómo estoy. Personas que me mandan videos y fotos de sitios bonitos para que me anime e invitarme a ir con ella cuando salga, que me han ofrecido su contraseña de filmin, netflix o cualquier otra plataforma por el estilo. Tengo muchísimas amigas que me han hecho la compra, incluso algunas que les da verdadero miedo pillar y contagiar el covid han venido a traerme comida regalándome en esa compra un huevo kínder y eso hace que te emociones muchísimo. Han venido a verme al balcón varias veces e incluso durante horas, trayéndome lacasitos y diciéndome que no se iban hasta que no me vieran sonreír. Haciendo y creando planes para cuando esté en libertad, viniendo a dibujar el momento o a que vea a mi perro.

Todas estas personas con sus acciones, han hecho que esa mezcla de depresión, ansiedad y apatía que supone confinarse hace que te sientas bien, y más cuando tienes a tu familia a 487 km. Soy consciente de que mi confinamiento ha sido bajo varios privilegios, el de tener una casa sólo para mí, el de haber tenido el covid con síntomas leves y el de haber tenido estos cuidados colectivos. Vuelvo a repetir, una y mil veces, que los cuidados son revolucionarios.

Por

Luz Marina H.