nº70 · Feb 2026 | sostenibili-qué

El barrio o la vida

Defender la salud en espacios para el consumo

Los sistemas se deben a sus espacios y viceversa. A su vez, los espacios y su configuración impactan en nuestros cuerpos y con ello en nuestra salud. Este impacto no solo se debe a medidas puramente físicas sino que en ellos se generan inequidades y se configuran modos de vida que sanan o enferman.

Desde los medios de comunicación y las redes sociales nos bombardean con mensajes con una perspectiva individual sobre autocuidados y hábitos de vida saludables. Hoy el ser humano es más consciente que nunca de la importancia de la salud y de las consecuencias de su modo de vida sobre ella. Sin embargo, nunca estuvo más alejada la noción de que nuestro sistema productivo o el entorno en el que habitamos determina nuestra salud. De hecho, la configuración de nuestras ciudades, pueblos y territorios obedece más a las prioridades del sistema que a las necesidades de nuestros cuerpos. Y esto genera inevitablemente una distancia entre el cómo deberían configurarse y organizarse los lugares que habitamos para generar vidas más saludables y cómo realmente se configuran.

El impacto del territorio
en nuestra salud

La forma en la que organizamos el espacio, el para qué lo usamos y el para quién se piensa, produce y reproduce inequidades que impactan en la salud de las poblaciones. De hecho, la Organización Mundial de la Salud identifica el ámbito local como el entorno idóneo para reducir estas desigualdades debido a su capacidad para incidir directamente sobre los determinantes sociales que las generan. Estas desigualdades, que no olvidemos que son diferencias injustas y potencialmente evitables que aparecen en grupos de población social o geográficamente definidos, vienen marcadas por las dinámicas de poder que imperan en los territorios. Es decir, quien manda sobre el territorio, manda sobre nuestros cuerpos y nuestra salud.

Según un modelo de Borrel, donde aterriza el modelo de determinantes sociales de la salud en el entorno urbano, la salud en los entornos urbanos está determinada por los contextos físico y socioeconómico, la gobernanza y los ejes de desigualdad. Por ejemplo, hay una relación entre la presencia de espacios verdes en el entorno con la salud mental y la mortalidad por todas las causas, o la caminabilidad del barrio con mayor nivel de actividad física, mayor capital social o menor riesgo cardiovascular, etc. Los espacios aportan o roban salud a las gentes que lo habitan no solo por cosas tan claras como el nivel de contaminación o la eliminación de desechos sino también porque ellos definen nuestros hábitos. Para tomar decisiones que mejoren nuestra salud es necesario tener acceso a opciones saludables, es decir, si queremos fomentar una alimentación saludable y sostenible tendremos que lanzar políticas que primen el comercio de cercanía y que pongan los alimentos frescos más accesibles que los ultraprocesados, o si queremos combatir la soledad no deseada, tendremos que crear políticas que primen el cuidado o la formación de redes de sostén.

La vida en espacios
pensados para el consumo

A día de hoy las dinámicas de un sistema capitalista sin límites tensionan nuestras ciudades. Ciudades que sirven de cobijo a cuerpos extenuados que se adaptan a espacios insalubres y muy alejados del cuidado. Todo se mide monetariamente y las decisiones políticas sobre nuestros entornos giran en torno al cómo sacar la máxima productividad de cada espacio. La idea de una ciudad donde las vidas sean vivibles y que facilite las redes de convivencia y de cuidado que nos sostienen es solo una utopía en un sistema que prima el rendimiento económico inmediato.

La reconfiguración de nuestros territorios para hacerlos no solo transitables y cómodos para aquellas personas que no los habitan, sino rentables para aquellas que los explotan influye inevitablemente en la salud de las personas. El turismo convierte nuestros barrios en espacios donde las relaciones humanas solo son una transacción incidiendo en varios determinantes sociales de la salud e incrementando las inequidades.

De esta manera, nos encontramos que la subida de precios de la vivienda que el turismo ocasiona en los barrios, dificulta el acceso a una vivienda digna (los estudios confirman que vivir en viviendas precarias o sin espacios propios aumenta la incidencia de enfermedades crónicas y empeora la salud mental). También la transformación de los barrios y la pérdida del comercio local nos aleja de un consumo saludable. Un estudio realizado en Barcelona por el Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos de Barcelona (IERMB) recientemente, pone de manifiesto que los pequeños comercios de alimentación hacen más accesible la cesta de la compra saludable, fomentan la actividad física y favorecen una economía circular que impacta de forma positiva en los territorios. Por último, el cambio de configuración urbana empuja a explotar hasta el último resquicio del barrio para el turismo, sustituyendo los espacios de encuentro y de ocio saludable por gastro-bares y tiendas de souvenir donde la contaminación acústica y lumínica no tienen fin. Todas estas modificaciones del entorno, expulsan a las poblaciones de los barrios en los que habitaban, destrozando las relaciones creadas en torno al territorio y aislándolos de sus raíces. En muchos casos a las poblaciones de origen se les empuja a vivir en la periferia, alejados de aquella red que les sostiene y obligándolos a habitar colmenas que carecen de espacios de encuentro o zonas verdes en los que poder desarrollar opciones saludables de vida.

La idea de la «ciudad saludable» naufraga hoy día entre ciudades de cartón-piedra dispuestas a ofrecer al forastero todo lo que le prometen las vallas publicitarias. Hoy, cuando escucho a la nueva youtuber de moda hablar de la enésima enfermedad inventada para hacer caja o a la nueva terapia new age que promete descomprimir tu sistema nervioso, solo me viene a la cabeza la frase: el barrio o la vida, tu salud o su dinero.

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