nº69 · Nov 2025 | sostenibili-qué

llegó el verano que temíamos

Incendios forestales

2025 ha batido récords en incendios forestales, que se han convertido en el principal tema de debate público. Los bulos, la desinformación y las medias verdades han inundado la conversación, normalmente con soluciones simplonas que caben en un tuit. Sin embargo, un fenómeno complejo como este necesita una reflexión diferente, si queremos acertar con el diagnóstico y las propuestas.

Este año unas cuatrocientas mil hectáreas han sido afectadas por incendios forestales en España, una superficie similar a la isla de Mallorca, el máximo desde hace al menos treinta años. Durante lo que llevamos de siglo, solo otros tres años han superado las cien mil hectáreas, habiendo ocurrido seis de los doce peores incendios de nuestra historia en 2025. Habíamos visto situaciones así en otros países, pero es la primera vez que ocurre en esta dimensión en casa. Ha sido un verano duro para los bomberos y bomberas forestales (¡fuerza, Andrés!) y las pérdidas medioambientales, económicas y humanas han sido gravísimas.

¿Qué ha pasado? Para que ocurra un incendio forestal tiene que haber una causa de ignición (la chispa) y un combustible disponible para arder sobre el que el incendio se propaga (el monte seco). Vamos a analizarlos por separado.

La ignición

Este es el factor que siempre se resalta en el telediario, creo que porque permite al gobernante descargar toda la responsabilidad en la persona que pegó el mecherazo. Sobre las causas de ignición tenemos en la conciencia colectiva muchas falsedades. Aclaro: los pirómanos son una causa minoritaria, la recalificación de terrenos es prácticamente inexistente (no se quema para construir o poner molinos o placas) y no, los bomberos tampoco quemamos para tener trabajo.

En nuestro contexto, la mayor parte de los incendios son debidos a negligencias o accidentes. Una línea eléctrica en mal estado, una máquina forestal que trabaja en el monte, obras en un chalet en el campo, un vehículo que sale ardiendo en una cuneta… También la típica colilla que se tira, la barbacoa a destiempo, los fuegos artificiales en las fiestas del pueblo o incluso el guiri despistado que no sabe que en Andalucía el pasto prende más rápido que en Suecia.

Entre los intencionales, los que se prenden a sabiendas, las causas suelen ser las disputas contra la Administración, los conflictos entre vecinos (por ejemplo, por cuestiones de caza) o para ahuyentar animales silvestres que de una manera u otra molestan a alguien.

Durante este verano, hemos visto a representantes políticos proponer como solución a los incendios endurecer las penas a los incendiarios o poner pulseras de control a pirómanos. Estas soluciones son poco efectivas, ya que, repetimos, la mayor parte de los incendios no son intencionados. Y entre los que lo son, no es común que los culpables terminen condenados debido a la dificultad de identificarlos y probar su autoría.

La propagación

Si os preguntara si la Península Ibérica se está deforestando o reforestando, ¿qué pensaríais? Pensadlo por un momento… El mundo se está deforestando, pero los países ricos se reforestan y España no es una excepción. Hay más incendios porque hay más monte que quemar. Se ha escuchado mucho decir que el problema es que «las leyes ecologistas no dejan tocar nada». Pero esto no es cierto. Los aprovechamientos forestales están regulados para proteger sus funciones medioambientales, pero no prohibidos. Es más, es obligatorio que los propietarios de fincas ejecuten planes de prevención de incendios.

¿Entonces qué pasa? Una vez más la realidad es más sencilla. Es debido al abandono y despoblación del medio rural. Ya no hay pastores ni cultivos de montaña, porque nos alimentamos con agricultura y ganadería intensivas e industrializadas. Nos calentamos con electricidad y gas, no con leña. Y la vegetación recupera los terrenos abandonados.

Además, esa vegetación está más disponible para arder, durante más tiempo debido a los efectos del cambio climático. La peor ola de incendios ha coincidido, no por casualidad, con la peor ola de calor. La segunda peor ola de incendios, coincidió con la segunda peor ola de calor (en 2022). El cambio climático no provoca más incendios, pero contribuye a que sean más virulentos al provocar que la vegetación esté más estresada hídricamente, más seca.

¿Y la precariedad?

Que esos sean los factores fundamentales no significa que otros no influyan también. Cuando se recorta al límite, no pasa nada…, hasta que pasa. El último gran incendio que hemos tenido, en Guadalajara, ocurrió cuando ya se había enviado a casa a muchísima gente y llegó a estar corriendo completamente solo al principio. Un completo desastre… Además, si en invierno no hay personal trabajando, las labores preventivas en los montes públicos quedan sistemáticamente retrasadas.

Por otra parte, apagar incendios forestales es una labor dura y complicada, que necesita toda una vida de aprendizaje para hacerlo lo mejor posible. Cuando los dispositivos de bomberos y bomberas forestales están conformados por profesionales contratados de manera fraudulenta y temporal, como si fuera un trabajo de verano para estudiantes, los equipos de trabajo son muchos menos efectivos. Y se provoca un riesgo mucho mayor para los combatientes. No es casualidad que varios de los accidentes graves que hemos tenido este verano hayan sido protagonizados por bomberos forestales jovencísimos.

Cuidar tu dieta (mental)

Cuando vas a la frutería, buscas escoger las piezas en buen estado y no te llevas a la boca las podridas. En el mercado de las ideas, los bulos y las opiniones simplonas son fáciles de encontrar y satisfactorias de manera rápida, pero nos perjudican igual que la comida basura.

Para evitar (en lo posible) el impacto de los incendios, necesitamos una sociedad concienciada y con conocimiento; por ello, algunos bomberos forestales se dedican en exclusiva a la divulgación y educación ambiental, pero no siempre es suficiente. La información es labor de la población en su conjunto.

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