04 SALUD Y CUIDADOS-web

Viaje corporal

Soy Mónica Ortiz Ríos, psicóloga y sexóloga. Dedico mucha parte de mis días a trabajar sobre las intimidades de otrxs y el resto del tiempo a trabajar sobre las mías. Desmontando a la Pili Sevilla es casi un alter ego, forma ya parte de mí y expreso a través de él mis inquietudes sobre las sexualidades; con las otras inquietudes sobre el ser humano, los pensamientos y los sentimientos, me deleito en terapia. Mi espacio de trabajo, Tramallol, ese lugar donde se remezclan lo doméstico y lo político en perfecta alquimia. Lo doméstico es político, leí hace unos días.

Un reciente viaje a Tánger me despierta algo más que el interés por este fascinante lugar.

Un trayecto en barco con mujeres que cubren sus cuerpos por un caftán. Veo hombres que cuidan de sus bebés. Desembarco y en un desorden maravilloso me recibe un pueblo con sus aromas, su idioma, sus caras sonrientes. Al entrar al hotel me titulan «la jefa» porque he hecho yo la reserva y no mi compañero de aventuras. «No, no soy jefa, ja, ja, ja».

Seguimos felices paseando por una ciudad ruidosa, llena, rebosante de vida, alimentos, gallinas, gritos, olores a comida, paseos por calles maravillosamente descuidadas… bonitos adornos los pasos de cebra de la calzada. Nos sentamos a descansar en un café: delicioso olor a té y hierbabuena, hombres, hombres, hombres, hombres, mujeres, hombres, hombres, parchís, hombres, mujeres… El té está delicioso, esto es una maravilla… Paseamos por la ciudad, caftanes modernos, alegres, a juego con los pañuelos de la cabeza, algunos muy serios, sin adornos, espartanos… ¿De qué dependerá? ¿Del estado de ánimo de ese día para vestir uno u otro? Me encantaría saber por qué unas van vestidas de una manera y otras de otra. ¿Es azaroso? ¿Tiene significado? ¿Es pura ortodoxia? ¿Es por comodidad? ¿Es más simple que todo esto?

Al día siguiente, decidimos ir a la playa, esa gigante playa de Tánger. El desorden de la ciudad se repite en la playa. Grupos de mujeres esperando bajo sus sombrillas, nada de ropa de baño, caftanes, caftanes, caftanes, mujeres vestidas con ropa de la que yo uso pero para bañarse, mujeres bañándose en caftán. Niñas y niños en bañador. ¿Cuántos adultos habrá en esta playa ahora? Cinco mil personas, supongamos que la mitad mujeres: de dos mil quinientas mujeres, he visto a dos con trajes de baños; a unas ciento cincuenta con ropas de las que yo uso —falda y camiseta, vestido, pantalón y camiseta—; el resto, caftanes incluso para bañarse. Los hombres visten en bañador, bañador y camiseta, pantalón corto y camiseta… Me llaman la atención sus cuerpos delgados, está claro que no van al gimnasio.

¿Qué pasaría si yo me pusiera en biquini? Ahora. En esta playa. ¿Nada? ¿Miradas? ¿Me dirían algo? ¿Qué pensarían de mí? ¿Y de mi compañero?

No puedo parar de preguntarme: ¿Cómo viven su cuerpo estás mujeres? ¿Se miran? ¿Se miran desnudas? ¿Se investigan? ¿Por qué iban a mirarse menos que yo? No hay razón para pensar lo contrario, en realidad. ¿Hablan? ¿Preguntan? ¿Se cuentan experiencias? ¿Somos todas iguales en la intimidad? ¿Es diferente su sexualidad? ¿Qué les da temor o vergüenza del sexo? ¿Qué habrá que desmontar?

¿Cómo experimentan su cuerpo? Tal vez se sientan más libres para aceptar sus cuerpos. ¿No necesitan mostrarse como un maniquí? ¿Tal vez el tapar sus cuerpos las invisibilice totalmente? ¿Las acentúa? ¿Destacan por ello? ¿Se sienten más libres de vivir su cuerpo tal cual es sin el yugo de la estética? ¿La presión es similar, simplemente cambia el canon? ¿Qué significa mostrarse en público en biquini?

¿Y para los hombres? ¿Cómo viven su cuerpo? ¿Su masculinidad? ¿Ven absurdo ese modelo tan occidental de hombres metidos en gimnasios corriendo sin moverse como hamsters, tomando el sol de mentira y depilados? Estos son cuerpos reales.

Una cosa sí está clara: no solo no rige el mismo canon de belleza, sino que la presión sobre el cuerpo no es similar. Esos cuerpos de mujeres no están famélicos, ni operados; esos cuerpos de hombres son naturales, no están musculados por el gimnasio sino por la vida, no están depilados.

Decido indagar relajadamente en internet, que nunca se sabe. Encuentro varias páginas, no sé su rigor, que hablan de que la mujer «respetable» no enseña su cuerpo y otras páginas que dicen que en Tánger se puede ir vestida como una quiera. Las dos posturas pueden convivir. Me encuentro al preguntar/curiosear que algunos movimientos feministas en Marruecos han optado por cubrir su cuerpo como una forma de reafirmar su libertad y de no vivir condicionadas por su apariencia. Bueno, tal y como plantea uno de los axiomas básicos de la teoría de la comunicación humana de la cibernética «es imposible no comunicar» luego no mostrar mi apariencia comunica mucho sobre mí, es una declaración de intenciones llevada a la práctica. Y, desde luego, es una forma de vivir más libremente mi propio cuerpo. ¿Es también una forma de vivir diferente el género? ¿Es súper queer? ¿Tiene esto algo que ver con la forma en que me relaciono con mi sexualidad? ¿Es más o menos sano? Veo también liberador el vestir con esas otras ropas prohibidas, el enseñar el cuerpo como una muestra de rebeldía alegre y sana, de oposición vital, la resistencia a aceptar lo que te dan, la resistencia. La vida. Todo tiene una doble cara.

Esta también es una sociedad patriarcal, no se escapa, donde el hombre claramente vive una situación de privilegio sobre la mujer y por encima —o sutilmente por debajo, no lo sé— encontramos los detalles, los casos particulares, el trato amable de las personas, el contacto sonriente, los abrazos cercanos entre hombres, parejas heterosexuales que se cogen de la mano. Como sociedad patriarcal, seguro que queda mucho por desmontar, muchas quejas por gritar, mucho que desmantelar.

Hace solo unos días, en esta misma ciudad, una mujer española, Helena Maleno, ha sido atacada por un grupo de hombres con el insulto de «puta española, cristiana de mierda» por ayudar a los subsaharianos. A ella la insultaban por mujer, por puta, por española y por cristiana, a las mujeres negras les metían el dedo en sus vaginas buscando dinero… Misma mierda racista y patriarcal.

Aquí, como allí, hay muchas lecturas y muchas realidades. Aquí ya tenemos un camino andado de lucha por la igualdad, podemos tomar cafés solas en los bares, viajar solas, usar biquini y mostrar el cuerpo, y andamos en el camino de vivir más libremente nuestra sexualidad; allí, no sé cómo es la cosa. Aquí nos quedan luchas tipo «soy libre de vestir como quiera y eso no te da derecho a decidir nada sobre mi cuerpo».

Quisiera llevar esta misma frase a Tánger. Saber qué significa esto aquí.

Sé que los ojos con los que llegué se dejaron llevar por lo evidente, por lo llamativo, pero no soy capaz de responder a todas mis preguntas. Sé que estamos hablando de sitios diferentes, de contextos y culturas diferentes y de diferentes grados de igualdad/desigualdad, pero es en estas preguntas donde he quedado atrapada. Cómo influye esta diferencia estética en las experiencias personales de los cuerpos y de la sexualidad. Cómo se enuncia aquí al derecho a decidir sobre mi cuerpo y las ropas sobre él.

Quede este artículo como una gran duda en mi cabeza que quisiera responder.

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