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Trump: el legado de Obama

Cuando los principales medios de comunicación están de acuerdo sobre un tema, conviene siempre indagar un poco. Tanto durante la campaña electoral como después de su triunfo, Trump parece presentar la síntesis de todos los «males». Indudablemente, se trata de un inescrupuloso empresario millonario que utilizó todo tipo de estrategias y discursos políticamente incorrectos para ganar votantes. ¿Pero, qué hay del escenario internacional y nacional construido por el gobierno demócrata? ¿Y qué sucederá con las promesas de campaña?

El terreno preparado por Obama

Más allá de la imagen y discursos, si consideramos decisiones y hechos se hace complicado hacer una separación entre «buenos y malos», como la que le gusta presentar a la prensa hegemónica. El gobierno de Obama llevó a cabo diversas intervenciones armadas y «humanitarias», terminó la guerra de Irak pero persistió en la de Afganistán y apoyó el desastre de Libia. El presupuesto de defensa durante su último gobierno ha sido uno de los más abultados de la historia de su país, alcanzando los 585 000 millones de dólares. Obama rescató a los magnates de Wall Street en la crisis inmobiliaria y abandonó a los trabajadores estadounidenses a su suerte. Pasado el pico de la crisis de 2008, los gerentes de grandes empresas comenzaron a ganar 343 veces de lo que ganan lxs trabajadorxs promedio en Estados Unidos. En 1980, esta diferencia era de 48 veces. Además, los gerentes de los 25 hedge funds más importantes pasaron de ganar 750 millones de dólares en 2006[i], a ganar más de mil millones de dólares en 2009.

En cuanto a las denominadas «minorías», lxs trabajadorxs negrxs y migrantes, la diferencia entre el salario de lxs trabajadorxs negrxs en el mismo trabajo desarrollado por lxs blancxs fue del 27%, la más alta de los últimos 40 años. Todavía el gobierno de Obama ha batido otro récord deportando a casi tres millones de personas. Y para lxs que se quedan existe un enorme complejo industrial-carcelario: Estados Unidos es líder a nivel mundial en cantidad de presxs (2,2 millones de personas en la cárcel y más de 4,8 millones en libertad condicional), siendo lxs negrxs y latinoamericanxs el 39% de la población carcelaria[ii].

Las promesas electorales

De una feroz retórica «anti establishment» durante su campaña, Trump gana las elecciones y deviene en un político para el establishment. Su equipo de gobierno reúne a privilegiados que suman una fortuna mayor a los 11 000 millones de dólares. Considerando que una de las «preocupaciones» eran las condiciones de lxs trabajadorxs mal pagadxs y precarixs, es difícil afirmar que estos millonarios se dedicarán, esta vez sí, a cambiar tales condiciones.

Trump se pronunció contra la expansión de empresas transnacionales y los tratados de libre comercio que generan desocupación y bajos salarios en EE. UU. Sin embargo, eligió a Rex Tillerson, gerente general de Exxon Mobil, como Secretario de Estado, el puesto clave de política exterior. Lo eligió porque «confía en sus conocimientos en materia de diplomacia extranjera, debido a su vasta experiencia como negociador de la petrolera, cuyas operaciones están presentes en más de 50 países». Esta experiencia es «especial» con Rusia, lo que ha reanimado los discursos apocalípticos de Guerra Fría. Pero Trump está en lo cierto: el petróleo constituye el corazón del imperialismo estadounidense, que al menos desde fines de la Segunda Guerra Mundial, se materializó especialmente en la imposición del mercado (a sangre y fuego) en los países que pretendían soberanía sobre sus recursos. Comenzando por el derrocamiento de Mossadeq en Irán (1953), pasando por las sanciones a Velasco Alvarado en Perú (1969), hasta las intervenciones en Oriente Medio y la guerra librada contra Venezuela en la actualidad.

Tales experiencias demostraron que los negocios funcionan mejor si están respaldados por la fuerza militar. De esto parece estar enterado el próximo secretario de Defensa, el general John F. Kelly, excomandante del Comando Sur. En una conferencia le preguntaron cómo eran las relaciones con los países de América Latina y afirmó: «…Le gustamos a todos los países de la región. Quieren asociarse a nosotros. Les gustan nuestras cosas ya sean de Waltmart o productos militares. Les gusta comprar cosas estadounidenses»[iii]. Este hincapié en una diplomacia o expansionismo comercial no se contradice con posibles medidas que protejan la economía estadounidense, combinación que fue clave para el posicionamiento de este país como potencia desde principio del siglo XX.

Indudablemente, una de las promesas que más aterraron a la comunidad internacional fue la amenaza de Trump de desvincularse de la OTAN debido al gasto desmesurado que implica para EE. UU. Sin embargo, se publicitó menos el hecho de que en su última gira por Europa, Obama presionó a los miembros de la Alianza para aumentar el presupuesto de defensa al 2% del PIB. Esto resuelve el reclamo de Trump, quien probablemente mantenga los cientos de bases en el extranjero, además del arsenal y despliegue de programas de seguridad e inteligencia sin necesidad urgente de aumentar el ya abultado presupuesto legado por Obama.

Por último, ante las denuncias de antisemitismo (y la elección del ultraderechista Stephen Bannon como Consejero), la postura de Trump fue siempre pro Estado de Israel, además de mantener excelentes relaciones (incluso vínculos familiares) con la elite judía. No, no abandonará al Estado de Israel a su suerte[iv].

Gracias a Trump tenemos frente a nosotros un indicio de realidad: demócratas y republicanos han cuidado y expandido las prácticas imperiales que obligan al mundo entero a estar atentos a las elecciones del presidentx del mundo cada cuatro años, quien es elegido mediante un sistema elitista y anquilosado, con cada vez menor participación en las urnas, organizado por y para una minoría privilegiada, la misma que financió la campaña de Hillary Clinton y que ahora procurará mantenerse en el poder con su colega Trump, quien, después de todo, no es «tan distinto».

Silvina M. Romano, que es, ante todo, antiimperialista.

 


[i]  Stone, Oliver y Kuznick, Peter (2012). The untold history of the United States. NY: Gallery Books, p. 554.

[ii]  Les, Leopold, «How did we become an incarceration nation?» Huffington Post, 11 febrero 2015 .

[iii] Kelly, John F «Leading at the Nexus of Development and Defense» Conferencia en el Center For Strategic and International Studies, 23 octubre 2016, Washington.

[iv] Petras, James «Trump and the ‘collapse of capitalism´: foibles, fables and failures, the financial press and its keepers». Global Research, 23 noviembre2016.

 

    

 

 

 

 

 

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