Ilustracion Nathalie Bellon

Siempre importa, siempre es cerca. Violencias machistas.

Es finales de 2014 y el Grupo de Mujeres del Barrio firma en el número 7 de El Topo el artículo «De cicatrices, heridas y otras amputaciones».
   
Todo empieza por cada una reconociendo en sí misma esa sensación aguda de rabia, de impotencia, de retortijón en la boca del estómago, de pellizco en algún ladito de alma. Cada una por separado, en casa, viendo las noticias; en la calle, escuchando hablar sobre el tema.

 

Pasa un año, estamos a finales de 2015; seis topos más tarde, en El 13, Setas Feministas de Sevilla firman otro artículo, «Poderíos feministas contra las violencias machistas,» contándonos en primera persona –del plural– la mani estatal contra violencias machistas.
   
Y así nos pusimos en marcha activando nuestros poderíos: el de la disidencia sexual contra la heteronormatividad, el callejero contra el acoso en el espacio público, el furioso contra la victimización, el creativo contra la violencia institucional, el insumiso contra el amor romántico…
   
Hoy escribo para el número 21 de El Topo, lo hago desde Argentina, desde la casa de una amiga payasa y feminista. Hablamos de esa sensación, de ese pellizco que sigue presente. Hablamos de lo que había ocurrido días antes de mi llegada con la represión sufrida por tres mujeres que disfrutaban en tetas de la playa en Necochea, en la provincia de Buenos Aires, quienes tuvieron que enfrentarse a 20 agentes de la policía que las obligaron a vestirse según un artículo de 1973 que ampara la acción policial por el delito de «exhibición obscena» cometido por estas mujeres. Que nuestras tetas son obscenas ya lo sabemos: nos las censuran en las redes, nos increpan por amamantar en público, nos prohíben enseñarlas por la calle y se convierten, como nuestro cuerpo entero, en «campos de conquista, fábrica de satisfacciones, un expendedor de cuidados», como escribía hace unos días Irantzu Varela.
   
La respuesta a lo que había ocurrido con estas mujeres no tardó en llegar, la noticia corrió por las redes y a principios de febrero se convocó un «tetazo» en la capital porteña y en otros puntos de Argentina y del mundo. 

Seguimos hablando. Le cuento del catedrático de la Universidad de Sevilla que ha abusado sexualmente de 3 profesoras. Exdecano de la Facultad de Ciencias de la Educación, continuaba dando clases en el momento de la sentencia que lo condena a 7 años de cárcel por tres delitos continuados de abusos sexuales y un delito de lesiones psicológicas (el juzgado aplica la atenuante de dilaciones indebidas por el retraso del procedimiento, ya que los hechos ocurrieron entre los años 2006 y 2010). Ellas habían abandonado sus puestos de trabajo.

La charla continua, y mientras lo hacemos, la rabia aprieta.
   
María José Coni y Marina Menegazzo, dos tipas argentinas que viajaban juntas por Ecuador cuando las asesinaron para violarlas. Declaraciones por todos lados en las que se acusa a las víctimas de habérselo buscado por temerarias e imprudentes, por viajar solas, porque al parecer dos mochileras están solas, porque al parecer no podemos viajar solas, estar solas, vivir solas, darnos placer solas, bailar solas… La respuesta inmediata en las calles, manis, mensajes circulando para denunciar lo no tan obvio, que hacemos lo que queremos, que no necesitamos aprobación, ni nos preocupan las opiniones, ni queremos gustar, ni tenemos miedo.
   
Más charla. Ella conoce Sevilla, así que hablamos del barrio. Nuestras calles, mi calle, en la que vivo. Dos mujeres agredidas, una violada. Antes del viaje, otra más, otra compa más. Son las calles que transitamos, donde luchamos contra la privatización del espacio público, donde defendemos el derecho a techo, donde nos espanta la gentrificación, donde gritamos que la calle es de todxs, en esa misma calle nos está pasando.
   
Y salimos a tomar la noche, y denunciamos el acoso en los transportes públicos, y defendemos una noche y un ocio feminista, reclamamos espacios no mixtos de encuentro y militancia, trabajamos y sudamos en la autodefensa feminista, bailamos, follamos, viajamos, perdemos papeles, escribimos, nos cuidamos y descuidamos, parimos, dudamos y torpeamos, saludamos al sol, nos metemos de todo y más, leemos, discutimos, molestamos e incomodamos, nos juntamos, buscamos y mimamos mucho, en una lucha y un aprendizaje que sigue con más fuerza que nunca. Y con mucho amor y sin importarnos demasiado la respuesta, todo sea dicho de paso, ¿dónde andas en este tema, compañero?
   
Hay una regla del periodismo que dice que las noticias, cuanto más cercanas, más importan. Algo está cerca cuando compartimos referentes culturales, contextos lingüísticos, prácticas y, como no, cuanto menor sea la distancia. Pero nos toca Divina Pastora como nos toca Buenos Aires, La Algaba o la conchinchina. Claro que se nos ponen los pelos de punta cuando pasamos por el callejón en el que sabemos que violaron a una compañera, cada vez que caminamos por la calle donde agredieron a otra, pero también cada vez que conocemos un nuevo caso de feminicidio, aquí o allí.
   
Ya todo es cerca en este tema porque vivas nos queremos, y cuánto nos queremos.

 

 

Candela es miembro del CR del Topo

 

 

 

 

 

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