Retomando los barrios, resistiendo en lo común

Hay quien dice que toda buena historia siempre empieza con un capítulo dramático. Una consecución de sucesos que encienden una llama que parecía apagada. Nuestra chispa fue un desahucio. Uno de esos desahucios que nunca hizo volcar la tinta de periodista algunx. No porque el perfil de quienes tenían que abandonar su hogar fuera diferente al de otrxs desahuciadxs, sino más bien porque la orden de abandono del domicilio no había llegado a través de una notificación judicial, detrás no había ningún banco y la policía nunca se presenció para romper la cerradura que impedía expulsar de sus hogares a sus habitantes.

Esta expulsión llegó una mañana en forma de mensaje sentenciador: «su renta para el próximo mes se ha visto modificada. Su nuevo contrato de arrendamiento ha pasado de 400 a 600 € mensuales». Y así, sin más ruido que el de la mudanza de decenas de vecinxs, estos desahucios se llevaron a cabo invisibles casi para todxs. ¿El motivo? Eso que llaman Turistización.

Ilustra Lusia del Pino

Pero decíamos al principio que esta es una historia bonita. Porque en realidad, esta es la historia de cómo lxs vecinxs de una ciudad decidieron unirse y luchar de manera colectiva. Todo empezó a finales de noviembre del año 2017 cuando, desde la asociación de vecinxs La Revuelta, se planteó la necesidad de realizar un ENcuentro sobre Turistización, Resistencias y Alternativas (Entra). Poco fue necesario para que otros espacios vecinales y personas interesadas se volcaran en el proyecto y trabajaran juntxs para organizar el evento. Su éxito fue claro, muchxs fuimos lxs vecinxs que acudimos a escuchar a colectivos que intentaban frenar este proceso en otras ciudades. Los escuchamos con entusiasmo y con muchas expectativas, porque aquí, en Sevilla, aún no teníamos algo parecido.

Menos mal que lxs organizadorxs del evento tenían una carta guardada. El Entra no iba a quedarse en un simple evento informativo, el Entra era una semilla. Las asambleas se sucedieron tras el encuentro y allá por marzo de 2018 nació el Colectivo-Asamblea Contra la Turistización de Sevilla o lo que es lo mismo: Cactus. Esa planta que, como Sevilla, te dice: «mírame, pero no me toques».

Rápidamente decidimos salir de nuestras asambleas para presentarnos a lxs vecinxs con una campaña clara: «SobreVivienda al turismo». Se organizaron puntos de contra-información turística; acudimos a los medios que, cada vez más, empezaban a interesarse por nuestras posturas; participamos y montamos charlas en institutos, universidades, centros cívicos, etc., mostrando que, más allá del discurso hegemónico del turismo sostenible definido como un derecho y eje fundamental de la economía sevillana, existe una realidad muy distinta que habla de desahuciadxs, de pérdida de empleo, de destrucción de espacios comunes, de desaparición del tejido vecinal, de devastación de la naturaleza, de construcción de un hábitat hostil con los cuidados, etc.

A los seis meses de nuestro nacimiento apareció una noticia en todos los medios. El consejo internacional de viajes y turismo (WTTC) celebrará una cumbre mundial en Sevilla los días 2, 3 y 4 de abril. El gran grupo de presión del turismo (Airbnb, Uber, El Corte Inglés, American Express, etc.) iba a reunirse en nuestra ciudad, a puertas cerradas. Y no solo eso, sino que lo iban a hacer con todos los gastos pagados por parte de nuestro excelentísimo Ayuntamiento. Cerca de dos millones de euros nos gastaremos lxs vecinxs para que quienes vienen a echarnos de nuestros barrios puedan reunirse, comer, beber y dormir en nuestra ciudad. Y lo peor de todo, de esos dos millones, casi un millón fue robado de lo poco bueno que tiene el municipio: 300 000 € menos para el servicio de atención a la mujer, 195 000 € menos para el mantenimiento de barriadas, 40 000 € del servicio de la juventud, 150 000 € de cooperación al desarrollo, 220 000 € del servicio de atención al empleo, 40 000 € menos para la protección contra la contaminación, etc.

Pensaban que todo iba a salir bien, que nadie se interpondría en su proceso de convertir la ciudad en un parque temático. Pero no íbamos a dejarles pasar por encima de nosotrxs sin ofrecer resistencia. Y así surgió la idea de realizar una contra cumbre. La primera pregunta: ¿cómo? Comprendimos que esta problemática es poliédrica y, como tal, debíamos analizarla para intentar resistirla. Por ello hemos considerado crucial establecer diferentes ejes de trabajo (educación y juventud; feminismo y disidencias; laboral; ecología; economía; vivienda y movilidad; cultura y flamenco) y forjar alianzas con otros colectivos (AV La Revuelta, Ecologistas en Acción, AFUS, Bloque Crítico, AV Triana Norte, Jartura, ADA, APDH-A, Mujeres Supervivientes, Stop Tratados Internacionales de Comercio e Inversión, Casa Grande del Pumarejo, CPS, La Transicionera, Tramallol, Lanónima, AV San Diego, La Escalerita, MAE, El Topo, etc.).

Y nos pusimos manos a la obra, llamamos a todas las puertas, explicamos la situación que veníamos denunciando y, ya en diciembre de 2018, tuvimos la primera asamblea de colectivos para preparar el Encuentro Social contra la Turistización: Alternativas y Resistencias (ESTAR). Junto a los más de veinte colectivos de la ciudad, había que sumar a aquellos que en marzo participaron en el encuentro andaluz, a lxs compañerxs de la red-SET, que aglutina a colectivos de países del sur de Europa, y a otros tantos a lo largo y ancho de esta tierra de conejos.

El proceso está siendo de lo más emocionante y con muchos visos de transformar. Y creemos que deberíamos asumir que el éxito de este encuentro, que tendrá lugar los días 4, 5, 6 y 7 de abril en Sevilla, tiene más que ver con el proceso de participación que con el tema propuesto. Las mecánicas presentadas en las asambleas, que planteaban la necesidad de construir todxs juntxs desde cero las reivindicaciones, las actividades, las fechas, los eslóganes, las imágenes, etc., han sido claves para que en Sevilla volvamos a disfrutar de una contra cumbre, cosa que no ocurría desde hace más de 15 años.

Construir desde abajo no es solo posible, es necesario. Y esperamos que esta experiencia sirva de ejemplo y ayude a otros espacios a crear lo que desde arriba llaman «poder popular» y que, desde aquí abajo, pensamos que es el camino de la emancipación social. Si Sevilla tiene dos partes bien diferentes, como cantaban Pata Negra, una la de los turistas y otra donde vive la gente, nosotrxs tenemos claro por cuál va nuestra lucha. ¿Y la tuya?

Algunxs integrantes de CACTUS

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