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Nuevas soluciones frente al VIH: nuevos retos

Adhara, Centro Comunitario de VIH/Sida y otras ITS
En los treinta y dos años que llevamos conviviendo con el virus de la inmunodeficiencia humana o VIH, virus causante del sida en la etapa final del proceso infeccioso, la atención médica y el desarrollo de fármacos son los aspectos que más han evolucionado. Esto ha permitido que hoy en día pocas personas seropositivas en seguimiento médico especializado y tratamiento mueran a causa de la infección por VIH, así como que su esperanza de vida aumente y sea muy cercana a la de la población general. Sin embargo, la realidad es diferente para aquellas personas en situación de exclusión social (personas sin techo, personas indocumentadas, personas con problemas de adicciones sin supervisión) en las que las cifras de muertes anuales se sitúan en un número no desdeñable, lo que nos debería hacer sonrojar como sociedad por nuestro fracaso.
Muy pronto, después de los primeros casos de sida a inicios de la década de los ochenta, los médicos y epidemiólogos dejaron claras las vías de transmisión del VIH y, por tanto, las medidas preventivas para evitar la transmisión de la infección. Sin embargo, en España al igual que en el resto del mundo occidental los nuevos diagnósticos de infección por VIH se han mantenido estables año tras año en la última década, afectando especialmente a ciertos grupos de población considerados más vulnerables (hombres que tienen sexo con hombres, jóvenes y personas inmigrantes, entre otros).
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Actualmente, la comunidad científica tiene claro que la combinación de estrategias es la mejor apuesta para reducir el número de nuevas infecciones. Entre ellas destacan la educación en salud sexual y en prevención, el uso del preservativo y el diagnóstico precoz, el seguimiento médico y el tratamiento de las personas afectadas.
A pesar de que las vías de transmisión de la infección por VIH están bien definidas, esta información no llega de manera efectiva a todos los sectores de la población. Nuestra experiencia resolviendo las dudas y preguntas de los/las usuarios/as en un centro comunitario nos recuerda enormemente a los interrogantes de hace treinta años. La evaluación del riesgo de transmisión del VIH en cada una de las prácticas sexuales no es habitual, simplemente porque es una información desconocida para la mayoría. Si no se puede evaluar el riesgo de una práctica sexual tampoco se pueden asumir los riesgos que esta conlleva, ni las responsabilidades derivadas.
Por otro lado, la promoción del uso del preservativo como apuesta única frente a la epidemia del VIH ha demostrado no ser totalmente efectiva, o al menos en la medida en que se esperaba. Eso sí, los investigadores tienen claro que si no se utilizara el preservativo con la frecuencia con la que se ha hecho hasta ahora, las consecuencias en el número de nuevas infecciones y en la magnitud del problema sanitario serían nefastas.
Si bien las campañas de información desde el «Si da. No da» de 1989, pasando por el «Póntelo, pónselo» de 1990, o el más reciente «Yo pongo condón» de 2008 no han conseguido disminuir como sería deseable el número de nuevas transmisiones, nuevos y mayores esfuerzos han de realizarse para hacer llegar la información de manera efectiva a la ciudadanía. La actual ausencia de educación en salud sexual en los itinerarios educativos limita la correcta información de los jóvenes al inicio de su edad sexual activa. Además, los recortes económicos también han llegado a las entidades no gubernamentales, quienes en ausencia de servicios de la administración llevan asumiendo desde hace años la atención e información a personas en situación de mayor vulnerabilidad frente a la infección por VIH. En 2012, los presupuestos estatales redujeron en un 75 % las ayudas destinadas a entidades sin ánimo de lucro en su convocatoria del Plan Nacional del Sida.
Pero además de continuar en este entorno hostil con el desarrollo de ideas e iniciativas que hagan llegar la información y convenzan de los beneficios del uso del preservativo, también hemos de incorporar nuevas estrategias, entre ellas el diagnóstico precoz, el seguimiento médico y el tratamiento de las personas afectadas.
Se cree que una de cada tres personas que vive con VIH no sabe que lo tiene. Este desconocimiento no solo tiene consecuencias para la salud de la persona afectada, sino que además facilita y perpetúa las nuevas transmisiones. Recientemente se ha demostrado que personas con VIH en seguimiento médico y tratamiento tienen muchas menos posibilidades de trasmitir la infección. Esto es así porque la medicación reduce las cantidades del virus en los fluidos infectivos de la persona afectada, a niveles prácticamente indetectables, manteniendo al VIH en un estado de letargo en el que tiene muy difícil generar una nueva infección.
Pero todo diagnóstico pasa previamente por una prueba. En España, la prueba del VIH es gratuita y confidencial en el sistema público de salud, y además rápida y anónima en centros comunitarios y ONG. Pese a ello, la prueba del VIH no es una práctica tan habitual como aconsejan investigadores y expertos en salud pública. ¿Quién sabe dónde y cómo hacerse una prueba de VIH? ¿Qué médico o ginecólogo en nuestra visita nos ha propuesto hacernos la prueba? ¿Por qué es bueno que me haga una prueba de VIH?
Para aquellas personas con resultado positivo, es decir, que tienen VIH, el seguimiento médico y la medicación antirretroviral está incluida en la cartera básica de servicios del sistema de salud español. Medidas tomadas en la época de crisis actual, como es el caso del Real Decreto 16/2012 que excluye de la asistencia sanitaria a personas inmigrantes en situación irregular, hacen flaco favor a la salud pública y a las estrategias de tratamiento como prevención, sin olvidar la vulneración de los derechos humanos que suponen.
Pero, independientemente de las decisiones políticas que hacen oídos sordos a las opiniones e informes de científicos expertos, hay una causa que fundamenta, al menos en parte, el fracaso de todas las medidas aplicadas hasta ahora, y que asimismo pone en juego el potencial de las nuevas estrategias. El VIH/sida y las personas afectadas por él siguen siendo víctimas de un estigma y discriminación que poco ha variado desde los primeros casos en los años ochenta. Este fenómeno nos impide acercarnos a una información fiable y de utilidad, así como superar las barreras infranqueables que nos separan de tratar el tema con naturalidad en familia, en pareja o con amigos, con nuestro médico habitual, o incluso nos aleja de hacernos la prueba. Todo ello por no hablar de las consecuencias que genera en las personas seropositivas y su entorno social. Y este cambio de mentalidad sí que está en nuestra mano, o mejor dicho, esperemos que ocurra en nuestra cabeza.
 
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